El Renacimiento

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El Renacimiento
El Renacimiento fue un movimiento espiritual de liberación, como si el hombre hubiese
superado una etapa difícil, violenta, oscura en muchos aspectos y, de repente, volviera a
descubrir el Sol, la luz, los colores, la Naturaleza y, de rechazo, a sí mismo. Fue un
movimiento por el cual las artes, la cultura, las ciencias, las letras, la propia vida de los
pueblos, sufrió una sacudida en busca de la Belleza y de la Verdad. Las causas que lo
motivaron fueron múltiples, y diversos los factores que determinaron su aparición. Algunos
de tipo netamente material, y otros de índole religiosa o filosófica. La riqueza fue la primera
de las causas que permitieron una espléndida floración de artistas y de pensadores.
La Creación de Miguel Ángel
Las ciudades, libres de la miseria y de la opresión feudal propias de la Edad Media,
encontraron en el comercio una corriente vital que las renovó y encumbró. Las primeras que
experimentaron los beneficios del movimiento renacentista fueron las grandes ciudades
italianas, nacidas y enriquecidas por las corrientes mercantiles: Florencia, Venecia, Milán y
Roma. El dinero corría en abundancia en éstas y otras villas que pronto se convirtieron en
lujosísimas urbes, donde se levantaron hermosos palacios, en los que las damas lucían sus
encantos y los artistas encontraron los más generosos mecenas de la Historia. Los
mercaderes eran poderosos señores y en muchas ocasiones los nobles no desdeñaban el
patrocinio de costosas empresas comerciales que rendían grandes beneficios.
La Ultima Cena de Leonardo Da Vinci
A fines del siglo XV era posible realizar grandes negocios en la cuenca del Mediterráneo, a
pesar de los turcos. Pero el factor más importante que permitió la difusión de la cultura y el
pensamiento fue la invención de la imprenta y el perfeccionamiento de la fabricación de
papel. Hasta Juan Gutenberg (1397-1468), que era un ciudadano de Maguncia, se
imprimían grabados y estampas utilizando la técnica de las incisiones en madera. Pero este
sistema sólo se utilizaba para dibujos y algunas inscripciones forzosamente breves.
Gutenberg ideó los tipos sueltos, es decir, que cada letra correspondía a un tipo. Desterró la
xilografía y se dedicó a buscar un metal que fuese más blando que el hierro y menos que el
plomo.
El sacrificio de Isaac (1401-1402) es el bajorrelieve de bronce de Brunelleschi
Tres burgueses de Maguncia le apoyaron y llegaron a arruinarse por secundarle en su
invento. Cuando éstos cesaron de ayudarle, Gutenberg se sintió descorazonado, pero logró
asociarse a un orfebre llamado Faust y a un clérigo, Schoeffer, que consiguió la mezcla de
antimonio, plomo y estaño que permitió fundir los primeros tipos de imprenta. Faust estafó
a Gutenberg, y a la muerte de éste Schoeffer explotó la nueva industria. El primer libro
impreso en Maguncia en 1450 fue la Biblia de las 42 líneas. Durante el período denominado
"incunable", que termina en 1500, la imprenta se extendió por casi toda Europa. Manuzio en
Venecia, el año 1489, y Plantin en Amberes, perfeccionaron enormemente el nuevo invento.
El papel y la imprenta consiguieron una mayor difusión de la cultura, y como este hecho
coincidió con el movimiento reformista, una corriente renovadora recorrió Europa. La
autoridad del Papa y la disciplina eclesiástica se habían relajado de forma notable.
La Virgen y el Niño con san Antonio, de Donatello
En muchas ocasiones, Roma no era obedecida ciegamente como lo fuera durante toda la
Edad Media, a pesar de los Hohenstaufen. Y en muchos casos tuvo que doblegarse incluso
ante los nuevos soberanos absolutistas. No se olvide el saqueo de la Ciudad Eterna por las
tropas mercenarias de Carlos I. También influyó en esta renovación la afluencia de sabios
bizantinos huidos de Constantinopla cuando ésta fue tomada por los turcos. La ciencia
árabe, más profunda y libre que la cristiana del medievo, se difundió por Italia gracias a
ellos y preparó la aparición de hombres extraordinariamente revolucionarios en el sentido
científico, como había de serlo Galileo Galilei, por ejemplo. A esta serie de razones basta
añadir los descubrimientos geográficos, la certeza de la esfericidad de la Tierra y el pasmo
que produjo el hallazgo de nuevos mundos, de rutas insospechadas y, por tanto, de razas
nuevas o por lo menos de pueblos con otras costumbres y otras civilizaciones.
El bautismo de Cristo es una tabla pintada por Piero della Francesca hacia 1445.
Los trabajadores italianos, los campesinos y todo aquel que en Italia removía un palmo de
tierra estaba casi seguro de que su azada tropezaría, tarde o temprano, con un pedazo de
mármol labrado y, en caso de buena suerte, con un capitel o una estatua que sería pagada
a peso de oro y admirada por algún señor o comerciante, cuando no por un clérigo, o quién
sabe si por el mismo Papa, tan amante del arte romano antiguo como todos los italianos,
que de repente habían sentido despertar una pasión por todo lo que recordara la Roma de
los Césares. Lo clásico se puso de moda. Se volvió a aprender el griego y se perfeccionó el
latín que el italiano había relegado a un segundo plano. Estuvo de moda ser culto y por esta
razón los artistas de todas clases, desde el poeta lírico hasta el simple orfebre, fueron
agasajados y honrados. Así como la Edad Media fue una constante visión de Dios y una
interpretación de la vida como renuncia y preparación para la muerte, el Renacimiento fue
un amor extremado a la vida terrena, a la belleza y a la Naturaleza. Pero no se crea que
esta concepción fuese puramente materialista y excluyera la creencia en Dios. La Fe, la
Religión, incluso la vocación sacerdotal, durante el Renacimiento, no fueron incompatibles
con los goces del mundo. Así como durante la Edad Media el arte se inspiró siempre en
motivos religiosos, casi siempre en la literatura, ahora el arte encontró modelos vivos y
reales en los grandes hombres y en el paisaje como aditamento a escenas humanas. El
artista, enamorado del hombre, descubrió o redescubrió la belleza del desnudo que había
sido severamente prohibido durante los siglos anteriores.
Moisés de Miguel Angel
El Juicio Final o la Creación de Miguel Angel, hubiesen causado una terrible impresión
durante el siglo XIII, pero cuando estas maravillosas pinturas fueron contempladas por un
Papa renacentista no sólo fueron toleradas a pesar de sus desnudos, sino alabadas y
admiradas. Numerosas anécdotas recuerdan la reverencia con que eran tratados los
artistas. Carlos I de España, dueño de media Europa, se agachó para recoger un pincel que
se le había caído al Ticiano mientras pintaba en su presencia. Miguel Angel tenía siempre
mesa y cama puestas en el palacio de los Médicis. La admiración por el genio era total y
plena. Así, era frecuente que los artesanos suspendieran todas sus actividades y cesara el
trabajo en la ciudad cuando se inauguraba una estatua o el poeta favorito anunciaba que
iba a recitar una poesía inédita. Pico de la Mirándola, caballero perfecto, que murió en plena
juventud, se enorgullecía de poder echar una moneda al aire en el interior de la catedral y
conseguir que fuera a chocar contra su altísima bóveda. El Renacimiento fue un constante
torneo de fuerzas, belleza, ingenio, audacia y valor. Las potencias humanas, físicas y
espirituales, fueron tensadas al máximo y vibraron con una amplitud desconocida hasta el
momento. Las luminarias del Renacimiento alumbraron los siglos XV y XVI, y los posteriores
vivieron de su impulso hasta la Revolución Francesa. Incluso ésta y todo el movimiento
liberal son hijos del Renacimiento.
EL HUMANISMO:
Fue la traducción literaria del espíritu del Renacimiento. Su característica más destacada fue
un amor, a veces exagerado, por el mundo clásico, griego y latino, que llegaron a idealizar.
Las ruinas enterradas y olvidadas durante siglos fueron cuidadosamente removidas para
encontrar en ellas esculturas, capiteles, grecas y cualquier rastro de las civilizaciones
clásicas que fueron reverenciadas con unción religiosa. Las casas de los nobles, de los
clérigos o de los comerciantes ricos, que durante la Edad Media apenas si se habían
adornado con algún tapiz o imagen religiosa, se llenaron de bustos, esculturas, ánforas y
jarrones griegos y romanos. Las damas leían en su versión original las obras de los poetas
antiguos, y junto con el arte resucitó una pasión por el bien decir y por la literatura, que
tenía el hombre como tema central. Los precursores del gran movimiento literario
humanista fueron tres italianos del siglo XIV, hombres de la Edad Media que se adelantaron
al sentir de su tiempo y que deben ser considerados como los precursores del gran
movimiento humanístico y renacentista de los siglos XV y XVI: Dante, Petrarca y Bocaccio.
Dante Alighieri (1265-1321) nació en Florencia y se dice que a los nueve años de edad se
enamoró de una niña llamada Beatriz que murió a los veinticuatro. Dante idealizó de tal
modo este amor que la inmortalizó en varias de sus obras, especialmente en La Divina
Comedia.
A consecuencia de sus ideas políticas fue desterrado de Florencia y durante el tiempo que
permaneció ausente de su patria escribió este poema considerado como el más notable de
la literatura italiana. En La Divina Comedia, escrita en tercetos endecasílabos y a lo largo de
cien cantos, describe la peregrinación del propio autor acompañado por Virgilio, su poeta
favorito, que le lleva a visitar los círculos del Infierno, del Purgatorio y del Cielo, donde
encuentra a Beatriz, lugar al cual no le acompaña Virgilio. Se considera el poema más
importante desde los que escribiera Homero y dio lugar a un género denominado "alegórico
dantesco" en el que el más allá, la muerte y los problemas de la salvación estaban tratados
con prioridad. Dante colocó en distintos círculos del otro mundo sucesos y personajes que él
había conocido o tratado en su desgraciada vida, pues triste y desgraciada fue la existencia
del florentino, aunque después de su muerte fuese ensalzado con la máxima gloria de su
patria. Francisco Petrarca (1304-1374) fue un gran poeta lírico que cantó a Laura, una
mujer real y que además se cree estaba casada, por lo que el amor del poeta fue
puramente platónico. Sus Canciones son de una gran delicadeza. Su amigo Juan Bocaccio
(1313-1375) también tuvo una mujer que le inspiró, Fiammetta, pero es poco conocido por
su traducción poética y más famoso por El Decamerón, una colección de un centenar de
cuentos, algunos muy libres y hasta obscenos, que relatan un grupo de jóvenes refugiados
en una quinta cercana a Florencia donde se han reunido para huir del flagelo de la peste.
Como son diez, y cada uno explica un cuento diario y están aislados diez días, el conjunto
consta de cien novelitas. Estas tres grandes figuras fueron propiamente anteriores al
Renacimiento porque murieron en el siglo XIV, pero deben ser estudiados como los
primeros humanistas.
EL PENSAMIENTO CIENTÍFICO. Durante los siglos de la Edad Media la Religión había
guiado todo movimiento filosófico y científico. La decadencia de la Escolástica, llevada por
un verbalismo exagerado, la influencia de pensadores árabes, sobre todo Averroes, y la
interpretación naturalista de Aristóteles prepararon el camino de la ciencia renacentista.
Durante la Edad Media se habían producido posturas aisladas de libertad de pensamiento de
cara a la realidad de la vida, como las sustentadas por Rogerio Bacon y Ramón Llull, incluso
dentro del campo de la ortodoxia, pero dado el momento en que vivieron otros pensadores
de los siglos XV y XVI. La gran revolución científica del siglo XVII fue preparada por los
hombres de ciencia del Renacimiento. Nicolás Copérnico (1473-1543) era un canónigo y
médico polaco, cosas que en aquel tiempo eran compatibles. Ideó su teoría heliocéntrica,
según la cual todos los planetas giraban alrededor del Sol. Esta teoría, que muchos espíritus
juzgaron contraria a las Sagradas Escrituras y calificaron de heterodoxa, pronto se abrió
camino. Tres grandes pensadores la apoyaron y confirmaron con sus experiencias: Ticho
Brahe, de nacionalidad danesa, que estudió los eclipses, Juan Kepler, que determinó las tres
leyes fundamentales de la revolución planetaria, y Galileo Galilei, el más genial de los sabios
renacentistas. Galileo (1564-1642) fue el constructor del primer telescopio con el cual
estudió los astros. Invitada la Señora de Venecia a contemplar con su instrumento la
entrada de los buques en el Gran Canal, quedó maravillada, pero muchos de sus
compañeros se negaron a comprobar con sus propios ojos la realidad y prefirieron negarlo.
Galileo estudió las leyes del péndulo, inspirado por los movimientos de una lámpara que
oscilaba en la catedral de Pisa, descubrió el anillo de Saturno y realizó numerosas
investigaciones astronómicas. Ciego, perseguido y moralmente derrotado, tuvo que negar
su fe en la teoría copernicana del heliocentrismo a instancias de la Inquisición. Anterior a él
vivió Leonardo de Vinci (1452-1519) hombre inquieto, gran artista y también notable
científico.
Sus dibujos sobre la posibilidad de conseguir que un hombre volara gracias a unas alas, su
idea del tanque, y de numerosas máquinas nos muestran como una creación perfecta del
hombre del Renacimiento. Entre los primeros químicos, tiznados aún de alquimistas, se
encuentra Paracelso, suizo. Entre los médicos, el gran Vesalio, que fue el primero en
practicar la disección y la vivisección, corriendo por esta razón peligro de perder la vida. Los
descubrimientos anatómicos de Falopio de Modena y Bartolomé Eustaquio son recordados
porque algunos órganos de nuestro cuerpo se conocen con sus nombres (trompas de
Eustaquio, de Falopio, etc.). Pero los dos investigadores más geniales en el campo de la
Medicina fueron el español Miguel Servet (1511-1593), descubridor de la circulación
pulmonar de la sangre, asesinado por el fanatismo de Calvino y el inglés Harvey, que
estudió la circulación general del cuerpo humano y las funciones del corazón. Los
descubrimientos y exploraciones en América reportaron un progreso extraordinario en el
campo de la Geografía y la Historia Natural. No es posible detallar el número de especies
nuevas que se conocieron y el avance experimentado por la Cartografía, que pasó de los
incompletos y limitados mapas medievales a los casi perfectos portulanos o mapas del
Mediterráneo, y a los grandes mapa-mundis que lentamente iban reduciendo las áreas en
blanco de los países recién descubiertos. Las observaciones de Galileo, por ejemplo,
permitieron perfeccionar los relojes; en Holanda la industria óptica se dedicó a la
construcción de gafas, y en Venecia el arte del cristal y el espejo alcanzó gran perfección. La
transformación de la vida cotidiana era patente y se experimentaba la sensación de vivir en
un mundo renovado.
EL SIGLO DE ORO ITALIANO. A pesar de este nombre los siglos XV y XVI carecieron en
Italia de figuras comparables al Dante, pero sí ofrecieron mayor variedad de géneros y una
clara influencia oriental y clásica. Ludovico Ariosto (1474-1533) tuvo por mecenas el
cardenal Hipólito de Este. Su fama como poeta era tan grande que en cierta ocasión en que
cayó prisionero de un grupo de bandidos, al enterarse éstos de que habían capturado al
autor de Orlando furioso, no sólo le devolvieron la libertad sino que le colmaron de honores.
En esta obra relata las hazañas de Orlando y el sitio de París, atacado por los infieles. Las
hazañas de los cruzados para tomar Jerusalén fueron cantadas en un poema heroico
titulado La Jerusalén libertada, debida a la inspiración de Torcuato Tasso. Éste era un
hombre nervioso y desquiciado, que murió en un manicomio en 1595.
El nombre de Maquiavelo (1469-1527) y el maquiavelismo se han hecho famosos para
expresar el refinamiento de un gobernante que prescinde de todo escrúpulo con tal de
lograr sus fines. Exactamente quizás no era éste el propósito que inspiró a Nicolás
Maquiavelo al escribir El Príncipe, un arte de gobernar que ha servido de modelo a
muchísimos políticos, para los cuales todos los medios son laudables si están destinados a
conseguir un ideal. ERASMO Y RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue
considerado el hombre más culto de su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar
la sátira y la ironía en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los
causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad de su
tiempo. Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su intolerancia. Escribió
Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una despiadada sátira contra la sociedad
de su tiempo. Su influencia llegó a todos los rincones de Europa. En Francia el renacimiento
literario tuvo en Francisco Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.
Era contemporáneo de Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de
las artes y las letras, que había creado el Colegio de Francia. Rabelais era hombre muy
agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues fue poeta,
médico, monje y jurisconsulto. Murió siendo párroco de Meudon. Su obra más conocida es la
titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel, ambos grandes comilones y amantes de
la buena vida. En esta novela se burla de los defectos corrientes de su época, sin respetar
siquiera los temas religiosos. Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de "La
Pléyade", entre los cuales estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de
los clásicos. Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de
crítica que contiene altos conceptos filosóficos. En Alemania, el Renacimiento fue más tardío
y coincidió con las convulsiones de la Reforma. Un poeta, Hans Sachs, inmortalizado más
tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros cantores, obra que se inspiró en los
"minnensingers" medievales. Portugal, que se había lanzado a la gran aventura del
descubrimiento del camino de las Indias por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta
íntimamente ligado a las aventuras que vivió su país. La vida de Luis de Camoens (15241580) fue apasionante. Perdió el ojo derecho peleando en Africa, fue a las Indias y
naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin cuento
hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado. Cuando su buque se
hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran poema Os Lusiadas,
es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la India. Sus principales
protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa Venus.
LA POLIFONIA. La denominada "Ars Nova" trajo una gran libertad de formas musicales.
Representaba dicho estilo una revolución en la música religiosa, pero fue pronto admitido en
gracia a su belleza. El canto a muchas voces y en polifonía, es decir, utilizando distintas
líneas melódicas, alcanzó gran esplendor. Solía realizarse sin acompañamiento. Su principal
maestro fue Juan Pierluigi de Palestrina (1526- 1594). Su maestría era tanta que a pesar de
estar casado fue nombrado cantor de la Capilla Sixtina del Vaticano por decisión personal
del papa Julio III, ya que estaba prohibido que los seglares, y más si estaban casados,
actuaran como cantores. Años después Palestrina fue designado director de la famosa
Capilla, y en tiempo del papa Marcelo III escribió una de sus famosas misas a él dedicadas.
Aún no contaba treinta años de edad y a pesar de ello su vida fue azarosa debido a la
envidia que muchos clérigos tenían de sus éxitos. Finalmente murió pobre a los 72 años. Sin
embargo, el reconocimiento posterior de la Iglesia ha sido notable, pues su cuerpo, por
especial concesión, descansa en la basílica de San Pedro de Roma. Casi contemporáneo de
Palestrina vivió en España un gran músico: Tomás Luis de Victoria, autor de un oficio de
difuntos dedicado a la emperatriz María, hermana de Felipe II, y numerosos motetes y
composiciones de tipo religioso. No podía faltar en los palacios renacentistas el cultivo de la
música que durante la Edad Media había permanecido en las iglesias o bien como
manifestación popular. Aparecen ahora los instrumentos de teclado como el clavicordio, el
clave y la espinela que fueron precursores del piano.
LA ESCULTURA de esta época o tiene un carácter exclusivamente religioso o está al
servicio de la nobleza, y se manifiesta por medio de sepulcros o en la ornamentación de
palacios. Los desnudos y la belleza desenfadada, naturalista y libre de los renacentistas
italianos no encontró eco en España. Alonso Berruguete había sido discípulo de Miguel
Angel, a pesar de lo cual sus figuras muestran la severidad típica de la época de los
Austrias. La imaginería religiosa tuvo sus mejores representantes en Gregorio Hernández,
Juan Martínez Montañés y Alonso Cano. Algunas de sus numerosas esculturas policromadas
aún se muestran al fervor de los creyentes durante las procesiones de la Semana Santa
española. El arte de la orfebrería fue cultivado por Juan de Arfe (1535- 1602), a quien se
debe la maravillosa custodia de la catedral de Toledo, conceptuada como la más rica de
cuantas existen en el mundo. Otras manifestaciones de tipo artístico entroncadas con la
artesanía, como la fabricación de tapices, las cerámicas, etc., tuvieron en esta época
protección real y gran fama, incluso fuera de España.
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