siempre vuelve

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CHARLY
SIEMPRE VUELVE
HACE 58 AÑOS NACÍA CARLOS ALBERTO GARCÍA MORENO. EL ÚLTIMO CUMPLEAÑOS LO
ENCONTRÓ EN PLENO PROCESO DE RECUPERACIÓN DE SUS ADICCIONES, Y ARRIBA DE UN
ESCENARIO. UNA VIDA CON MUCHAS IDAS Y VUELTAS AL INFIERNO: “CHARLY ESTÁ LOCO.
CHARLY ESTÁ CUERDO. CHARLY SE MUERE MAÑANA. CHARLY SALTÓ DEL NOVENO PISO.
CHARLY RESUCITÓ. CHARLY VOLVIÓ.” CHARLY Y SUS MIL CARAS, SUS CONTRADICCIONES Y
SUS LUCHAS INTERNAS.
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E
s dueño de una extraña capacidad, con la que solamente nace una persona en un millón: oído absoluto. Puede identificar una nota en el vacío, sin
necesidad de otra que sirva como referencia. A los 4 años ya
tocaba el piano, y a los 12 era profesor de teoría y solfeo. Cuando tenía 5, sus padres viajaron durante mucho tiempo, y Charly
se sintió abandonado por primera vez. Su cuerpo respondió
con vitíligo, una enfermedad de la piel que se origina, entre
otras cosas, por trastornos nerviosos. Le quedó la mitad de
la cara blanca, de ahí el particular bigote bicolor.
Pasó la infancia entre la escuela primaria, las clases de
piano y una educación que tenía como base la culpa y el castigo. Espiaba a su papá tratando de descubrir qué tenía ese
trago verde que lo ponía de tan buen humor, y terminó tomando menta a los 8 años. “Yo tocaba música clásica todo el
tiempo, y la música popular me daba asco, no entendía nada.
Tocaba Chopin, Bach (…) Comencé a componer cuando cumplí los nueve años; (…). Más tarde quise componer en serio,
pero mi maestra, que era una divina aunque muy aferrada al
catolicismo y a la música clásica, me hizo sentir que no había
lugar para mí en eso (lo clásico). (…) Y ahí es cuando llegan
Los Beatles”, declaró. Iba a un colegio militar, y se escapaba
del aula para ir a tocar el piano al salón de actos. Ahí nacieron sus primeras bandas y también allí conoció a Nito Mestre, con quien formó Sui Generis.
“Y también es muy raro estar
tocando sin drogas… Es la
diferencia entre subir a un
escenario borracho, tocar
cualquiera y decir cualquiera…”
Charly, en revista Rolling Stone, 2009
YO NO QUIERO VOLVERME TAN LOCO
Cuando le tocó hacer la colimba (antes era obligatorio estar un año en el ejército para los varones de 18 años, y dependía de un sorteo que te tocara hacerla o no), hizo de todo para zafar, hasta
tomarse un tubo de anfetaminas que le había dado su mamá para simular un soplo en el corazón.
De allí egresó con el diagnóstico de “maníaco depresivo esquizoide”, diagnóstico que ayuda a intentar entender un poco a Charly. Hay que escuchar su música y sus letras, sentirlas con la piel de
gallina, para seguir tratando entender. “Nadie me
enseñó cómo sentir. Nadie me enseñó cómo vivir”
canta en “La hija de la lágrima” su ópera-rock; y
todo se vuelve un poco más claro.
En la vida de Charly también hubo amor: María
Rosa Yorio, corista de Sui Generis. Convivieron y
tuvieron un hijo: Miguel. Durante la última dictadura militar, Charly fue uno de los que se quedó y
bancó acá. Después, las bandas que siguieron fueron La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán. Desde el ’82, hasta hoy, desarrolló su etapa de solista.
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CHARLY Y EL PCR
Esta foto es del 24 de mayo de 1974. Charly García
y Nito Mestre fueron a tocar al Complejo 17, un edificio de viviendas ocupadas en La Matanza, cuyo
cuerpo de delegados era dirigido por compañeros
del PCR, encabezados por Aureliano Araujo (segundo desde la derecha). Por esa época también realizó
recitales en la Facultad de Medicina con el FAUDI
(Frente de Agrupaciones de Izquierda, antecesora
de la CEPA). Después se alejó de las ideas de izquierda, entró en la vorágine de la vida “rockera”, y el resto es historia.
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SAY NO MORE
Siempre fue rebelde y también un bardero, alguien
muy descontrolado que rompía todo -literalmente- si
el sonido era malo, o algo no salía como había sido planeado. En sus peores momentos llegó a faltar a sus propios recitales. Su adicción a las drogas y al alcohol engendraron al monstruo, y lo fueron alejando cada vez
más de todo (incluida la música) y de todos. En el ‘93
tuvo un pico de descontrol. El escándalo se apoderó de
su vida y dejó miles de páginas en la prensa amarilla
que narraban sus noches de borrachera y bardo. Siguieron varias internaciones en clínicas de desintoxicación,
peleas con músicos, piñas callejeras y amistades polémicas, como la que tuvo con Menem, a quien le brindó
un recital privado. Después vino el salto a la pileta desde un noveno piso y un recital en la Rosada K en 2005.
Se peleó con su hijo Migue, acusándolo de que había
sido él quien coló en la web su último ¿disco?, Kill Gil.
El último de los viajes al infierno fue en Mendoza,
donde quedó detenido después de destrozar la habitación del hotel y pasearse desnudo y a los gritos por los
pasillos. Ensangrentado, sin remera y con las manos
esposadas atrás, se lo llevaron atado a la camilla de la
ambulancia. Los que lo siguen, o los que respetan y admiran al gran músico sentimos mucha tristeza y bronca. Hubo una intervención judicial y, con el consentimiento de sus familiares, quedó internado en un
neuropsiquiátrico. Después, unos meses de encierro en
la estancia de Palito Ortega, con entrada restringida y,
por suerte, con estudio de grabación. Ahora transita su
recuperación. Los genios también caen, y su genialidad va desapareciendo tras un cóctel añejo de drogas
y alcohol. Charly desmitifica aquello de que, para inspirase mejor, hay que estar destruido. En estos últimos
años, la calidad de su música fue deteriorándose, amén
de que no podía sostener ni siquiera medio show en
pie. Pero los genios también pueden volver. Y el genio
creador de esa música sin tiempo volvió, a pesar de todo y de todos, y eso es lo que importa.
IMPERMEABLE Y CON MÁS
AGUANTE QUE NUNCA
Frío. Lluvia. Viento, mucho viento. Incertidumbre. ¿Se suspende? Y los organizadores que dicen
que no se suspende por nada del mundo. Una larga cola, plagada de vendedores de pilotitos multicolores. Algunos con paraguas, otros con capuchas y pilotos improvisados. Familias con hijos,
muchos ex-hippies, jóvenes con el brazalete de
SNM (Say no more), parejitas felices y grupos de
amigos. Campo y campo VIP, porque ahora hasta
en el campo de un recital se discrimina entre público importante (léase: con guita) y el popular.
A las 21:45hs. sonaron los primeros acordes del
tema instrumental “Operación densa”, de la banda de sonido de Pubis angelical. Ahí estaba Charly
y lo recibió una ovación general.
“¡Buenas noches! ¡Say no more!” fue el saludo y
arrancó con “El amor espera”. Terremoto en Vélez.
Alegría. Emoción. Calor y frío al mismo tiempo.
Empezó la ceremonia que hizo a Charly tan grande: sus canciones, y lo que éstas despiertan en la
gente. Sucesión de canciones tocadas como cuando fueron creadas, que marcaron las vidas de muchos y que no dejaron espacio para el respiro. Charly
de saco y sentado en el piano, una nueva-vieja banda ajustada como un reloj, con aires sinfónicos y
mucho rock. Impecable, aunque el sonido (mucho
viento, cambios bruscos de temperatura) dejó mucho que desear.
García cantó hasta donde ya no creíamos que
lo haría, con la garganta rindiendo aquello que
ya no se creía que podría rendir.
“Voy a presentar a mi ídolo y maestro”, anunció
Charly, hizo un silencio y siguió: “Luis Alberto Spinetta”. La entada del flaco, emocionado, disparó
un estallido tal, que el cielo no pudo menos que
sumarse: el diluvio coronó el abrazo de las dos potencias. Sonó “Rezo por vos” bajo una cortina de
agua que ya no importaba. “Si esto no es aguante,
el aguante dónde está”, cantaba el público. “Este
es el primer concierto subacuático del mundo. Yo
quería hacer música debajo del agua, ¿no?”, dijo
Charly, relajado y de buen humor, a pesar de tanta complicación inesperada. “Y Charly no se va”,
sonaba entre la gente. “Los que no se van son ustedes”, retrucó el nuevo Charly, modelo 2009. “¡Fuera lluvia! O más fuerte”. El agua comenzó a caer
cada vez con más intensidad. Anunció un rock and
roll, y llegó “Cerca de la revolución”, con solo de
guitarra del Negro García López. “Siempre que llovió, paró, ¡Say No More es impermeable!” dijo y se
puso un poncho, en homenaje a la Negra Sosa.
Al final, cuando todos estaban desagotando el
estadio, buscando refugios anti-lluvia, los músicos volvieron y se despidieron con “No se va a
llamar mi amor”, un cierre bien al palo después
de casi dos horas de show. “Nos vemos en la próxima tormenta”, se despidió. Gracias Charly.
Charly no fue la excepción y también cayó en las garras de las discográficas, que son las que se enriquecen
con el trabajo de los músicos. Muchas promueven el reviente para poder controlar mejor a sus presas. Así, los
que no quieren ser exprimidos y quieren hacer su carrera independiente, no tienen lugar en este mercado.
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“Demasiado Ego”.
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