Folleto Jornada Mundial Enfermos. Past. Salud

Anuncio
Unidos y organizados… ¡Por una Iglesia más Pastoral de la
humana! Salud
PASTORAL
DE LA SALUD
Unidos y organizados… ¡por una Iglesia
más humana!
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Unidos y organizados… ¡Por una Iglesia más Pastoral de la
humana! Salud
INDICE…
Introducción
2
Parte I
ANUNCIO
1. Mensaje del santo padre Francisco
con ocasión de la XXII Jornada Mundial del Enfermo 2014
4
2. Del sacramento de la unción de los enfermos según el
Código de Derecho Canónico
6
3. Fundamentos, motivación y aspectos de
la pastoral de la salud
7
4. Magisterio de la Iglesia y la salud
Breve síntesis
14
Parte II
CELEBRACIÓN
5. Santa misa
16
6. Hora santa por los enfermos
 Esquema 1
 Esquema 2
19
24
7. Rosario
por
los
enfermos.
27
Parte III
FRATERNIDAD
8. ¿Qué siente el enfermo?
29
9. La visita al enfermo ¿Cómo hacerla?
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INTRODUCCIÓN
El día del enfermo de cada año nos invita a acercarnos y a introducirnos en el complejo
mundo de la sanidad. Lo que pasa cada día en el mundo de la sanidad nos afecta a todos. Es un
lugar de encuentro para todos donde cada uno representa su papel. Para unos es asumir el
papel de enfermo que busca solución a su situación; para otros es asumir el papel de familiar
que está afectado por la situación que le toca vivir; para otros, es asumir el papel de profesional
que se hace cargo de cada situación y lucha para curar o para cuidar; finalmente, para otros el
papel de acompañar, orar y hacer presente el rostro de Cristo, de manera especial, por medio
de los sacramentos. Todos necesitamos descubrir o redescubrir un poco más este mundo
donde nos toca vivir, en alguna ocasión, el papel de usuario, de familiar, de profesional o, para
algunos en lo concreto, el de sacerdote.
La Pastoral de la Salud ha comenzado a organizarse como estructura en la
Arquidiócesis, en la cual existen muchas y variadas experiencias y equipos de trabajo
organizados dentro de esta pastoral; comenzamos a darle una estructura de organización para
buscar unidad y tratar de ser más eficaces a la hora de servir a la comunidad basándonos en las
directrices para la Pastoral de la Salud en México propuestas por la CEM y del II Plan
Diocesano de Pastoral.
Como bien dice la Guía para la Pastoral de la Salud en América Latina y El Caribe,
“…Vemos importante unificar criterios, directrices y lenguaje. Ya no hablamos de Pastoral de
enfermos, sino de Pastoral de la Salud en sus tres dimensiones: solidaria, comunitaria y
político-institucional, porque la acción de la Iglesia debe llegar a la realidad total de la persona,
donde ésta vive y actúa, y no únicamente a la situación de enfermedad.
Este pequeño folleto, que es una recopilación de artículos, documentos y demás, tiene
el objetivo de brindar, al igual que el esfuerzo de otras pastorales, algunas opciones y aportes
para tu ministerio sacerdotal al servicio de tu comunidad parroquial, a la luz de la próxima
Jornada Mundial del Enfermo el día 11 de febrero de 2014.
Su organización consta de tres partes: Anuncio, celebración y fraternidad/solidaridad,
donde la primera parte consta de documentos que hablan sobre la acción de la Iglesia en esta
pastoral sanitaria, tales como el Magisterio de la Iglesia en el mundo de la salud, los cánones del
CDC que habla sobre el sacramento de la Unción de los Enfermos y una pequeña parte de las
Directrices para la Pastoral de la Salud en México.
La segunda parte consta de un esquema para misa a celebrarse el día de la Jornada y
otro para hora santa. Además un esquema de rosario. Finalmente, la tercera parte se forma de
un artículo que habla sobre la vida del enfermo y su visita, así como un power point para
formación.
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Esperamos que este folleto cumpla sus objetivos y puedas utilizarlo eficazmente en tu pastoral.
Que la virgen María, salud de los enfermos, sea nuestra guía y ejemplo de caridad y ternura
para ser prójimos para los demás.
Equipo de Pastoral de la Salud.
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Parte I
ANUNCIO
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON OCASIÓN DE LA XXII JORNADA MUNDIAL
DEL ENFERMO 2014
Fe y caridad: «También nosotros debemos dar la vida por los hermanos»
(1 Jn 3,16)
Queridos hermanos y hermanas:
1. Con ocasión de la XXII Jornada Mundial del Enfermo, que este año tiene como tema Fe y
caridad: «También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16), me dirijo
particularmente a las personas enfermas y a todos los que les prestan asistencia y cuidado.
Queridos enfermos, la Iglesia reconoce en vosotros una presencia especial de Cristo que sufre.
En efecto, junto, o mejor aún, dentro de nuestro sufrimiento está el de Jesús, que lleva a
nuestro lado el peso y revela su sentido. Cuando el Hijo de Dios fue crucificado, destruyó la
soledad del sufrimiento e iluminó su oscuridad. De este modo, estamos frente al misterio del
amor de Dios por nosotros, que nos infunde esperanza y valor: esperanza, porque en el plan de
amor de Dios también la noche del dolor se abre a la luz pascual; y valor para hacer frente a
toda adversidad en su compañía, unidos a él.
2. El Hijo de Dios hecho hombre no ha eliminado de la experiencia humana la enfermedad y
el sufrimiento sino que, tomándolos sobre sí, los ha transformado y delimitado. Delimitado,
porque ya no tienen la última palabra que, por el contrario, es la vida nueva en plenitud;
transformado, porque en unión con Cristo, de experiencias negativas, pueden llegar a ser
positivas. Jesús es el camino, y con su Espíritu podemos seguirle. Como el Padre ha entregado
al Hijo por amor, y el Hijo se entregó por el mismo amor, también nosotros podemos amar a
los demás como Dios nos ha amado, dando la vida por nuestros hermanos. La fe en el Dios
bueno se convierte en bondad, la fe en Cristo Crucificado se convierte en fuerza para amar
hasta el final y hasta a los enemigos. La prueba de la fe auténtica en Cristo es el don de sí, el
difundirse del amor por el prójimo, especialmente por el que no lo merece, por el que sufre,
por el que está marginado.
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3. En virtud del Bautismo y de la Confirmación estamos llamados a configurarnos con Cristo,
el Buen Samaritano de todos los que sufren. «En esto hemos conocido lo que es el amor: en
que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1
Jn 3,16). Cuando nos acercamos con ternura a los que necesitan atención, llevamos la
esperanza y la sonrisa de Dios en medio de las contradicciones del mundo. Cuando la entrega
generosa hacia los demás se vuelve el estilo de nuestras acciones, damos espacio al Corazón de
Cristo y el nuestro se inflama, ofreciendo así nuestra aportación a la llegada del Reino de Dios.
4. Para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, nosotros tenemos un modelo
cristiano a quien dirigir con seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús y Madre nuestra,
atenta a la voz de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos. María, animada por la
divina misericordia, que en ella se hace carne, se olvida de sí misma y se encamina rápidamente
de Galilea a Judá para encontrar y ayudar a su prima Isabel; intercede ante su Hijo en las bodas
de Caná cuando ve que falta el vino para la fiesta; a lo largo de su vida, lleva en su corazón las
palabras del anciano Simeón anunciando que una espada atravesará su alma, y permanece con
fortaleza a los pies de la cruz de Jesús. Ella sabe muy bien cómo se sigue este camino y por eso
es la Madre de todos los enfermos y de todos los que sufren. Podemos recurrir confiados a ella
con filial devoción, seguros decque nos asistirá, nos sostendrá y no nos abandonará. Es la
Madre del crucificado resucitado: permanece al lado de nuestras cruces y nos acompaña en el
camino hacia la resurrección y la vida plena.
5. San Juan, el discípulo que estaba con María a los pies de la Cruz, hace que nos remontemos
a las fuentes de la fe y de la caridad, al corazón de Dios que «es amor» (1 Jn 4,8.16), y nos
recuerda que no podemos amar a Dios si no amamos a los hermanos. El que está bajo la cruz
con María, aprende a amar como Jesús. La Cruz es «la certeza del amor fiel de Dios por
nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro
sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y
salvarnos… La Cruz de Cristo invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña
así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene
necesidad de ayuda» (Via Crucis con los jóvenes, Río de Janeiro, 26 de julio de 2013).
Confío esta XXII Jornada Mundial del Enfermo a la intercesión de María, para que ayude a las
personas enfermas a vivir su propio sufrimiento en comunión con Jesucristo, y sostenga a los
que los cuidan. A todos, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, imparto de corazón la
Bendición Apostólica.
Vaticano, 6 de diciembre de 2013
FRANCISCO
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DEL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS
Según el Código de Derecho Canónico (Cann. 998 – 1007)
LIBRO IV DE LA FUNCIÓN DE SANTIFICAR LA IGLESIA
PARTE I DE LOS SACRAMENTOS
TITULO V DEL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS
998 La unción de los enfermos, con la que la Iglesia encomienda los fieles gravemente
enfermos al Señor doliente y glorificado, para que los alivie y salve, se administra ungiéndoles
con óleo y diciendo las palabras prescritas en los libros litúrgicos.
CAPÍTULO I
DELA CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO
999 Además del Obispo, pueden bendecir el óleo que se emplea en la unción de los enfermos:
1.- quienes por derecho se equiparan al Obispo diocesano;
2.- en caso de necesidad, cualquier presbítero, pero dentro de la celebración del sacramento.
1000 § 1. Las unciones han de hacerse cuidadosamente, con las palabras orden y modo
prescritos en los libros litúrgicos; sin embargo, en caso de necesidad, basta una sola unción en
la frente, o también en otra parte del cuerpo, diciendo la fórmula completa.
1001 Los pastores de almas y los familiares del enfermo deben procurar que sea reconfortado
en tiempo oportuno con este sacramento.
1002 La celebración común de la unción de los enfermos para varios enfermos al mismo
tiempo, que estén debidamente preparados y rectamente dispuestos, puede hacerse de acuerdo
con las prescripciones del Obispo diocesano.
CAPÍTULO III
DE AQUELLOS A QUIENES SE HA DE ADMINISTRAR EL
SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS
1004 § 1. Se puede administrar la unción de los enfermos al fiel que, habiendo llegado al uso
de razón, comienza a estar en peligro por enfermedad o vejez.
§ 2. Puede reiterarse este sacramento si el enfermo, una vez recobrada la salud, contrae de
nuevo una enfermedad grave, o si, durante la misma enfermedad, el peligro se hace más grave.
1005 En la duda sobre si el enfermo ha alcanzado el uso de razón, sufre una enfermedad grave
o ha fallecido ya, adminístresele este sacramento.
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1006 Debe administrarse este sacramento a los enfermos que, cuando estaban en posesión de
sus facultades, lo hayan pedido al menos de manera implícita.
1007 No se dé la unción de los enfermos a quienes persisten obstinadamente en un pecado
grave manifiesto.
FUNDAMENTOS, MOTIVACIÓN Y ASPECTOS DE
LA PASTORAL DE LA SALUD
Directrices para la Pastoral de la Salud en México.
CEM. Dimensión Pastoral de la Salud.
Capítulo 1
Persona – salud – enfermedad
5. Conquistas y grandes desequilibrios. En el mundo de la salud mexicano está teniendo
lugar una profunda transformación, por factores culturales y por el progreso de la ciencia y de
la tecnología médica. Este cambio se da entre notables conquistas y grandes desequilibrios.
6. El concepto de salud. El concepto de salud está tomando nuevas e importantes
connotaciones. No se relaciona, pues, únicamente a factores físicos y orgánicos, sino que
involucra a las dimensiones psíquicas y espirituales de la persona, relacionándose con los
aspectos sociales y del medio ambiente en los que la persona vive. Una relación profunda se
nota entre salud, calidad de vida, mundo familiar, procesos de trabajo y aspectos sociales.
Entendemos por salud un proceso armónico de bienestar o "bien-ser" a nivel físico,
emocional, intelectual, social y espiritual que capacita al hombre a cumplir la misión a la que
Dios lo ha destinado, de acuerdo a la etapa de la vida en que se encuentra. Este concepto de
salud no excluye la enfermedad, ya que ésta forma parte de la vida del hombre; por eso
hablamos de grados de salud y de enfermedad.
7. El “derecho” a la salud. La salud, desde un punto de vista social, es un derecho
fundamental al cual toda persona debe tener acceso sin privilegios ni exclusiones. La salud,
pues, es una condición esencial para el desarrollo personal y colectivo. Esto plantea varias
exigencias, entre ellas articular la salud con la alimentación, la educación, el trabajo, la
remuneración, la promoción de la mujer, del niño, de la juventud, de los adultos, etc.
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8. La vida y la salud. La salud está ligada estrechamente a la vida y como tal tiene que ver con
la persona, la espiritualidad, la convivencia democrática, la cultura del reconocimiento de lo
diferente, la cultura de la alegría y de la fiesta, la convivencia con la naturaleza, la vivencia de la
relación con la tierra como madre de la vida y como casa y medio ambiente de todos los seres.
9. La enfermedad. Está cambiando el concepto de enfermedad. No se trata de una simple
patología, que se puede detectar a través de los análisis de laboratorio y de radiología, sino
también de un estado de “mal-estar” existencial, consecuencia de precisas opciones de vida, de
equivocadas gestiones del medio ambiente, de injusticias deshumanas, de decisiones políticas
que afectan la salud de los ciudadanos y no respetan la dignidad humana, de vínculos y
condicionamientos internacionales que obligan a un siempre mayor número de personas en
situaciones de pobreza. La sociedad se da cuenta que la enfermedad no es sólo el resultado de
una calamidad o desgracia que debemos aceptar de una manera pasiva o como fatalidad. Nos
damos cuenta de la responsabilidad personal y social que nos compete en el campo de la salud.
10. La salud “responsabilidad” personal y colectiva. Estar sano no es solamente ausencia
de órganos enfermos, sino posibilidad de vivir de manera autónoma, serena y solidaria;
posibilidad de afirmarse, de no quebrar el propio proyecto de vida o su sentido de superación.
Estar sano es poder convivir con los demás, respetar la vida, la naturaleza, la opinión y manera
de ser de los demás. Es tener la capacidad de perdonar, de reconocer los errores, de amar, de
establecer relaciones de amistad y compañerismo. Es aceptarnos a nosotros mismos, con
nuestras luces y nuestras sombras, aceptar a los demás con sus actitudes y comportamientos
diferentes a los nuestros. Es tener un mínimo de tolerancia a la frustración, a la incomprensión,
al fracaso, a la enfermedad, a los procesos de envejecimiento. Es ser solidario con los
sufrimientos y angustias de las personas que nos rodean, con las dificultades y problemas de la
comunidad; poseer un sentido de colaboración, de cooperación y ayuda al que lo necesita.
Estar sano es saber enfrentar los conflictos y las dificultades con una actitud serena, no
permitiendo que los problemas nos destruyan, nos paralicen, nos hagan perder el sentido de la
vida. Es tener capacidad de adaptación a situaciones nuevas, a los cambios que la vida
permanentemente nos está ofreciendo y que nos permiten estar en continua renovación y
crecimiento. Es ponerse metas, tener objetivos, ideales para vivir y para luchar; es ser creativo y
descubrir valores aún en las situaciones límite como son el sufrimiento, el dolor y la
enfermedad. La salud es tarea personal y responsabilidad social y colectiva. Es un bien-ser del
hombre que hay que cuidar, prevenir, defender, preservar, comunicar y agradecer. Estar sano
es un estilo de vida.
11. Socialización de la salud. Ha ido creciendo la intervención de los poderes públicos en el
sector de la salud: un enorme esfuerzo se hizo para construir hospitales, clínicas de salud,
dispensarios, para llegar a todos con las campañas de vacunación y otras de prevención de las
enfermedades. Al mismo tiempo ha ido creciendo, tal vez de una manera más rápida, la
conciencia del ciudadano y su reivindicación por servicios de salud eficaces y efectivos, menos
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burocratizados y más accesibles. Se ve acentuada la distancia entre lo que el Estado puede
ofrecer y lo que el ciudadano pide. Paradójicamente, frente a una oferta mayor del Estado, hay
una petición más grande por parte del ciudadano. Quien puede, “compra” los servicios de
salud en el mercado privado, a menudo un negocio muy rentable; quien no tiene suficientes
recursos económicos accede a los servicios públicos, lamentando situaciones de mala asistencia
y deshumanización.
12. Problemáticas destacadas. Los principios que orientan las decisiones legislativas y
administrativas a menudo se ven paralizados por escasez de recursos, lentitudes burocráticas,
conflictos políticos, ineficiencia organizativa, fenómenos de corrupción, creando decepción
entre los usuarios y la sociedad.
Un problema particular es el de los fármacos, demasiado costosos e inaccesibles para un grupo
numeroso de la población. Además algunas categorías de enfermos se ven marginadas de los
progresos de la salud: los más pobres y necesitados, los ancianos sin protección social, los
discapacitados físicos graves y mentales, los enfermos en etapa terminal, los infectados por el
VIH- SIDA, los enfermos crónico-degenerativos.
Los afectados por el VIH-SIDA, son hoy en día tal vez las personas que más padecen por su
enfermedad, por los costos humanos y económicos, por formas de marginación y estigma; se
trata, además, de personas generalmente de joven edad. El VIH-SIDA no es sólo una
enfermedad, es un fenómeno complejo que involucra a los profesionales de la salud, los
agentes de pastoral, las agencias educativas y culturales, los estilos de vida, aspectos
económicos, laborales, administrativos y políticos: todos estamos “afectados”. La actitud del
cristiano debe ser de acogida y apoyo para quien padezca esta infección, de promoción de
estilos de vida correctos y de valores que promuevan la dignidad de cada ser humano y un
manejo responsable de la sexualidad. Debemos, además, constatar como la problemática del
VIH-SIDA se entrelaza con los fenómenos de la pobreza, la migración, la situación de las
mujeres más vulnerables y los jóvenes en general (Documento de Aparecida, 421).
Los fenómenos de la deshumanización se asoman con siempre mayor frecuencia en las
estructuras para la salud: deshumanización por falta de recursos (o por el destino de los
mismos que penalizan algunas categorías) o por un déficit en las relaciones interpersonales.
Los temas éticos candentes, como la maternidad no deseada o el trato que se debe ofrecer al
moribundo, no siempre encuentran una solución respetuosa de la dignidad de la persona
humana, ofreciendo falsas alternativas y atajos como el aborto y la eutanasia.
Debemos, por fin, mencionar los problemas que afectan a toda la población, pero en particular
a los jóvenes: las adicciones, una cultura de la violencia, el alcoholismo. Se trata de plagas que
requieren una atención particular por las repercusiones que tienen en las familias.
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Debemos, por fin, mencionar los aspectos de explotación y contaminación del medio
ambiente, con sus repercusiones en el campo de la salud.
13. Rol de la Iglesia. A este mundo del sufrimiento y de la salud la Comunidad Católica de
México, por su misión, se siente llamada a abrirse, animada por la esperanza, por espíritu de
colaboración y por la voluntad de ofrecer su contribución a la salvación del hombre,
continuando la labor de Jesucristo.
El ejemplo de Jesucristo
14. La Pastoral de la Salud prolonga la misión de Cristo. La actividad desarrollada por la
Iglesia en el sector de la salud es una expresión específica de su misión y manifiesta la ternura
de Jesucristo hacia la humanidad que sufre.
15. El estilo de Jesús. La atenta contemplación de Jesús, su vida, sus palabras, sus gestos, su
forma de afrontar el sufrimiento y la muerte, su trato y relación con las personas,
especialmente con las enfermas, ayudarán al agente de salud y de pastoral de la salud a
configurar su estilo de presencia junto al enfermo y a desempeñar fielmente su misión en el
nombre del Señor.
16. Actitud de Jesús ante el sufrimiento. Jesús se nos muestra como un hombre que vive la
vida intensamente, con una profunda alegría interior arraigada en la experiencia gozosa del
Padre y de su Reino. Esta experiencia no lo aleja del sufrimiento de las gentes. Jesús se
conmueve profundamente ante el dolor de los demás (Mateo 9, 36; 14,14; 15,32).
Jesús no ama el sufrimiento ni lo busca, pero sabe aceptarlo cuando lo encuentra en su propia
vida, lo asume activamente como la ocasión más realista para mostrar su amor y confianza total
en el Padre (Juan 14,31; Lucas 23,46) y su amor y solidaridad incondicional a los hombres
(Lucas 23,34). El sufrimiento no desaparece pero es transformado y vencido por el amor (3)
(Carta Apostólica de Juan Pablo II sobre el Sentido Cristiano del Sufrimiento Humano, 14-18).
La experiencia del sufrimiento no lo endurece ni lo encierra en sí mismo, antes bien, lo hace
sensible al dolor ajeno y capaz de "auxiliar a los que se ven probados" (Hebreos 2,18) y de
identificarse con todos los que sufren (Mateo 25,35-40).
17. Actitud de Jesús ante la muerte. Jesús se sitúa ante su propia muerte de manera
consciente. La acepta libremente: "Nadie me quita la vida, soy Yo quien la da" (Juan 10,18).
Jesús muere como ha vivido, abandonándose en las manos de Dios (Lucas 23,46). Es la
consecuencia de su fidelidad a sí mismo, a Dios y a los hombres de quienes se siente solidario.
Esa fidelidad no le exime de sentir miedo, tristeza, angustia y soledad, pero al mismo tiempo
cuenta con la fuerza que le viene del Padre para asumirlos (Lucas 22, 40-46).
18. Los enfermos, campo privilegiado de la actuación de Jesús. El mundo de los
enfermos aparece en los evangelios como el campo privilegiado de la actuación de Jesús. Este
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es el signo y modelo de su acción liberadora y salvadora (Mateo 11,5; 12,28), pues la
enfermedad es vivida, en tiempos de Jesús, como una experiencia de abandono y desamparo,
de máxima pobreza, de la maldición divina y de la marginación social.
19. Jesús se acerca a ellos por amor. Jesús está cerca de los enfermos. A veces son ellos los
que salen a su encuentro (Mateo 9, 27), a veces son llevados por los familiares o amigos
(Marcos 2,4 ). En ocasiones es él quien se acerca a ellos o les llama (Lucas 13,12; 18,40).
Jesús se acerca a ellos movido únicamente por su amor. No le mueve el interés o un afán
proselitista (Marcos 5,19), ni un deber profesional, ya que no es médico. Tan sólo su amor total
a los necesitados. De Él se dirá: "Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos" (Hechos
10,38).
20. Los atiende en sus necesidades. Jesús busca el encuentro personal con los enfermos.
Los acoge, escucha, comprende, interpreta sus deseos, les infunde fe, aliento y esperanza.
Jesús libera a los enfermos de su soledad. Les ayuda a descubrir que no están solos y
abandonados por Dios. Les ayuda a creer de nuevo en la vida, la salud, el perdón y la
reconciliación con Dios.
Jesús pone un especial interés en romper la marginación en que se abandona a algunos
enfermos. Busca el contacto humano con ellos por encima de las normas que lo prohíben
(Marcos 1, 41) y los reintegra en la vida social dándoles posibilidades de oír, ver, hablar,
caminar y valerse por sí mismos (Marcos 7, 34-35; 8,25; Juan 5,8).
21. Cuenta con ellos. Jesús estimula el protagonismo de los enfermos, no anula su iniciativa.
"¿Quieres sanar?" "Levántate, carga con tu camilla y anda" (Juan 5, 6-8), "¿Qué quieren que yo
haga por ustedes?" (Mateo 20,32).
Jesús pone siempre de relieve la fe del enfermo: "Tu fe te ha curado" (Lucas 18,42). Acoge el
deseo y la fe de los que le piden la curación: "Que se cumpla según lo que deseas"(Mateo
15,28).
22. Jesús cura -sana- salva a toda la persona. Jesús no cura sólo la enfermedad física, ofrece
en la curación corporal la sanación interior de la persona; la libera de la culpa y la reconcilia
con Dios (Marcos 2,5); la abre al mensaje de la Buena Nueva (Marcos 7,34); la ayuda a
reconocer las causas del mal (Juan 5,14); le devuelve la paz y la salvación total de parte de Dios
(Juan 5,14).
23. Jesús dialoga con los alejados. El encuentro de Jesús con la samaritana (Juan 4, 5-30)
refleja su actitud y comportamiento con la persona alejada y muestra los recursos que utiliza
para llegar con ella a un diálogo pastoral. El encuentro nace de unas necesidades: la sed y el
cansancio de Jesús y el ir por agua de la samaritana. La conversación inicial está llena de
ambivalencias, de recelos y prejuicios. Jesús, partiendo de esta ambivalencia, la ayuda a situarse
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ante el problema, valora su sinceridad, le descubre el sentido nuevo a la vida y le revela quien
es. La samaritana experimenta, gracias a ello, un proceso de cambio interior que la lleva a
aceptar su propia historia y a ser ella misma portadora de la Buena Nueva a sus vecinos.
24. Acompaña a las personas en crisis. El encuentro de Jesús con dos discípulos camino de
Emaús (Lucas 24,13-35) es una muestra de su comportamiento con personas que están
atravesando una crisis. Jesús se acerca a ellos y se hace compañero de camino; se interesa por
lo que les pasa; les escucha y comprende su estado de ánimo; les enseña a leer, desde la fe y las
Sagradas Escrituras, el sentido de lo que está ocurriendo. Ellos reviven sus experiencias. El
gesto de acogida y la fracción del pan les lleva a recuperar de nuevo su fe personal y
comunitaria y el gozo interior. Jesús desaparece y los discípulos vuelven a la comunidad donde
comparten sus vivencias.
25. Enseña la relación con el prójimo que sufre. En la parábola del "buen samaritano"
(Lucas 10, 29-37) indica Jesús cuál debe ser la relación con el prójimo que sufre: no pasar de
largo sino pararse junto a él; conmoverse y compadecerse de él y de su desgracia; ofrecerle,
dentro de lo posible, ayuda eficaz, poniendo en ella todo el corazón y ofreciéndose a sí mismo
(4). (Carta Apostólica de Juan Pablo II sobre el Sentido Cristiano del Sufrimiento Humano,
28).
26. Jesús elige su grupo, lo forma y comparte con él su misión. Jesús dedica una parte
importante de su tiempo a ser educador y animador de agentes de pastoral. Elige un grupo de
colaboradores (Mateo 10, 1-4; Marcos 3, 13-19). Da preferencia en su trabajo a la formación
del mismo, siguiendo como educador su proceso paso a paso. En el grupo cada uno manifiesta
su manera de ser (Marcos 8, 32), su proceso de adaptación al mismo, sus intereses y egoísmos
(Marcos 10, 37), sus experiencias. Jesús los lleva con él y hablan de lo que han vivido (Marcos
1, 17); confronta sus intereses con los del Reino de Dios (Lucas 22, 24-30); manifiesta su
inconformidad con ciertas maneras de pensar de algunos del grupo (Mateo 20, 26-28; Marcos
9, 35); los envía a encontrarse con las personas y posteriormente revisa su actuación (Marcos 6,
30; Lucas 9, 10); los anima ante los fracasos (Mateo 5, 11-12); les ayuda a vivir la realidad hecha
de contradicción y de momentos difíciles, por fidelidad al Reino de Dios.
27. El estilo: la misericordia. La sanación que Jesús promueve nace del amor, de la
compasión, de la preocupación verdadera por el sufrimiento de la persona y el deseo de
liberarla. Este amor sanador de Jesús está hecho de cercanía, solicitud, tacto cariñoso, estima
del enfermo, respeto a su propia capacidad de curación. Cuando Jesús se detiene ante los
enfermos para perdonar, curar sus males, imponer sus manos, devolverlos a la convivencia, les
está mostrando que son dignos de ser amados. No es posible sanar desde el egoísmo, el
rechazo, el resentimiento o el miedo
Jesús sigue hoy junto al enfermo: la Iglesia “sanante”
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28. La salud como parte integrante de la misión eclesial. La lucha por la salud es parte
esencial de la responsabilidad misionera de la Iglesia y de la comunidad cristiana. Jesús confía a
sus discípulos esta misión y les habla explícitamente de la evangelización como tarea sanadora:
"Cuando entren en una ciudad curen a los enfermos que haya en ella y díganles: "Ya llega a
ustedes el Reino de Dios" (Lucas 10, 8-9).
29. Relación entre salud y salvación. Jesús, el Señor, por su Espíritu sigue estando presente
junto a cada enfermo como un compañero de viaje que comparte su situación, da sentido a su
existencia, infunde aliento, valor y paciencia para luchar; es consuelo en la inseguridad y
angustia, ofrece la vida de Dios que cura el mayor mal que es el pecado y posibilita al hombre
para vivir toda la existencia de una forma nueva. Podemos decir que Jesucristo es el anuncio y
el ofrecimiento de la Salvación de Dios bajo la forma de salud.
30. Hacia la salud “integral”... Jesús no desarrolla ningún discurso sobre la salud,
sencillamente genera salud tanto en los individuos como en la convivencia social. Su actividad
no se reduce a quitar enfermedades sino que se dirige a potenciar la vida en su máxima
expresión. La salud que Jesús promueve no consiste sólo en una mejoría física. Su acción
sanadora va más allá de hacer retroceder una enfermedad o eliminar un problema orgánico.
Jesús busca la salud integral de la persona, reconstruye enteramente al enfermo, hace emerger
al hombre sano. Jesús cura salvando a la persona y salva a la persona curando.
31. Hacia la salvación… Desde una perspectiva cristiana hemos de entender y vivir la salud
como experiencia de salvación en medio de nuestra condición humana actual. Nuestra salud
frágil, amenazada, llamada a ser cuidada constantemente de manera responsable y solidaria,
necesita siempre de una salvación definitiva: gracia y regalo del Dios de la Vida, quien
continúa, Resucitado, en la obra de la Iglesia a través de los Sacramentos, de la escucha de la
Palabra, de la solidaridad y fraternidad.
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MAGISTERIO DE LA IGLESIA Y LA SALUD
Breve síntesis
Discípulos misioneros en el mundo de la salud
Guía para la pastoral de la salud en américa latina y el caribe
CELAM. Departamento de Justicia y Solidaridad
Capítulo 4
Oportunas y significativas han sido las intervenciones de la Iglesia en el mundo de la salud. Es
alentador el Magisterio de Juan Pablo II, su sensibilidad y preocupación por los enfermos.
Citaremos algunos de los documentos más recientes.
68. La Carta Apostólica Salvifici Doloris - El sentido cristiano del sufrimiento humano (1984).
Es el primer documento pontificio en el que el sufrimiento humano es tratado de manera
amplia y sistemática.
Juan Pablo II habla del "carácter creador del sufrimiento", porque "el sufrimiento de Cristo ha
creado el bien de la redención del mundo". (SD 24)
Además, y aquí está la afirmación más fuerte de la Carta Apostólica, habla del "valor salvífico
del sufrimiento", pues todos los sufrimientos humanos pueden ser penetrados por la fuerza de
Dios que se ha manifestado en la cruz de Cristo. Es verdad, sólo Cristo es fuente de salvación,
pero este poder salvador Él lo comunica a todo amor que se expresa en el sufrimiento
humano.
70. Exhortación apostólica Christifideles Laici (Cfr 53 y 54) - Vocación y misión de los laicos
en la Iglesia y en el mundo (1988). Se enfatiza cómo los enfermos están llamados a participar
en el crecimiento del Reino de Dios e invita a una "acción pastoral decidida `para´ y `con´ los
enfermos", agentes y sujetos de la Pastoral de la Salud: "también los enfermos son enviados
(por el Señor) como obreros a su viña".
72. Con la Encíclica Evangelium Vitae - El Evangelio de la vida (1995), Juan Pablo II denuncia
la cultura de muerte imperante en la sociedad de hoy y estimula a los fieles a ser "el pueblo de
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la vida y para la vida", con una acuciante llamada: "Anunciar el Evangelio de la vida; Celebrar el
Evangelio de la vida; Servir el Evangelio de la vida".(cfr. Capitulo 4)
73. Entre los documentos del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud merece una
mención especial la Carta de los Agentes de Salud (1995), "Custodios y servidores de la vida
humana". Estructurada en sus tres partes: Engendrar, vivir, morir. La Carta es una síntesis
orgánica y exhaustiva de la posición de la Iglesia sobre el valor de toda vida humana.
74. La Carta Encíclica Dios es Amor (2005). Benedicto XVI nos dice: "Practicar el amor hacia
las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y necesitados de todo tipo, pertenece a la
esencia de la Iglesia tanto como el servicio de los sacramentos y el anuncio del Evangelio. Por
lo tanto, la Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los
Sacramentos y la Palabra". (DCE22)
78. "Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida".
Brasil, mayo 13 al 31 de 2007. Documento de Aparecida
"La Iglesia ha hecho una opción por la vida. Esta nos proyecta hacia las periferias más hondas
de la existencia: el nacer y el morir, el niño y el anciano, el sano y el enfermo. San Ireneo nos
dice que 'la gloria de Dios es el hombre viviente', aun el débil, el recién concebido, el gastado
por los años y el enfermo. Cristo envío a sus apóstoles a predicar el Reino de Dios y a curar a
los enfermos, verdaderas catedrales del encuentro con el Señor Jesús".(cfr. Aparecida 106-113)
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Parte II
CELEBRACIÓN
SANTA MISA
“PROPUESTA LITÚRGICA”
Nuestra Señora de Lourdes
Se propone seguir el esquema litúrgico de “Nuestra Señora de Lourdes” o, si en la Eucaristía se
fuese a administrar la Unción de los Enfermos, el esquema de “Unción dentro de Misa”.
Monición de entrada
Cristo enseñó a sus discípulos a formar una sola comunidad de amor. Cuando ellos oraban
juntos, cuando compartían todas las cosas y cuidaban los enfermos, ellos recordaban las
palabras de Jesús: “Cuando ustedes lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos,
conmigo lo hicieron”. Hoy nos reunimos para ser testigos de estas enseñanzas y para pedir en
el nombre de Jesús, médico, que nuestros hermanos enfermos recuperen la salud. Invoquemos,
pues, mediante esta Celebración Eucarística, su fuerza curativa.
Proyecto de Homilía
1. Estamos celebrando la jornada mundial del enfermo, celebración que año con año ha ido
tomando importancia en nuestras comunidades parroquiales.
Y es necesario determinar lo que celebramos, porque podríamos pensar que festejar la
desgracia acaecida a un hermano es infundado, si lo que siempre deseamos para los demás,
evidentemente, es el bienestar y la salud. ¿Qué es, pues, lo que queremos celebrar con la
jornada mundial del enfermo?
2. El Papa Francisco, en su mensaje con ocasión de la XXII Jornada Mundial del Enfermo,
presentó como slogan el siguiente: “Fe y caridad: «También nosotros debemos dar la vida por los
hermanos» (1 Jn. 3, 16)”. El Papa antecede a la cita bíblica dos de las virtudes teologales: la fe y la
caridad; y es precisamente eso lo que queremos hacer hoy: una celebración llena de fe y
caridad, la oportunidad de animarnos todos en la fe porque aunque parezca que todo está
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perdido, Dios sigue con nosotros y entre nosotros, lo cual nos mueve a actuar caritativamente
con todas nuestras fuerzas en favor de aquellas personas que más lo necesitan.
3. «La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que
aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y
su finitud. (…) La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a
veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios». (CEC 1500-1501)
De ahí la importancia de la virtud de la fe, única capaz de iluminar nuestros entendimientos y
consolar nuestros corazones. En la enfermedad la persona enferma no está sola, puesto que
Dios ha querido en su infinito amor hacerse uno como nosotros, en la persona de su Hijo
querido: «El Hijo de Dios hecho hombre no ha eliminado de la experiencia humana la
enfermedad y el sufrimiento sino que, tomándolos sobre sí, los ha transformado y delimitado.
Delimitado, porque ya no tienen la última palabra que, por el contrario, es la vida nueva en
plenitud; transformado, porque en unión con Cristo, de experiencias negativas, pueden llegar a
ser positivas. Jesús es el camino, y con su Espíritu podemos seguirle. Como el Padre ha
entregado al Hijo por amor, y el Hijo se entregó por el mismo amor, también nosotros
podemos amar a los demás como Dios nos ha amado, dando la vida por nuestros hermanos.
La fe en el Dios bueno se convierte en bondad, la fe en Cristo Crucificado se convierte en
fuerza para amar hasta el final y hasta a los enemigos. La prueba de la fe auténtica en Cristo es
el don de sí, el difundirse del amor por el prójimo, especialmente por el que no lo merece, por
el que sufre, por el que está marginado». (Papa Francisco, Mensaje con ocasión de la XII
Jornada Mundial del Enfermo 2014, no. 2)
4. Esta fe en un Dios que nos ama y nos salva entregándose por nosotros, nos tiene que llevar
a esa misma experiencia de amor y entrega. Es aquí donde la caridad hace operativa nuestra fe.
Porque como diría el apóstol Santiago, «así es también la fe; sino tiene obras, está realmente
muerta». (Sant. 2, 14). En esto consiste en dar la vida por los hermanos, en salir de nosotros
mismos para ir al encuentro del otro, un encuentro de fe, en donde seamos capaces de
percatarnos de las necesidades de los hermanos y darles pronta solución en las medidas y
proporciones de lo necesario.
5. Así, nuestro mensaje para esta jornada mundial del enfermo tiene que ser un anuncio de
esperanza basado en la fe y en la caridad. Una esperanza para la persona enferma. De que no
está sólo, y que si está sufriendo, hay alguien que antes ha sufrido ya por él al grado de dar la
vida; y que cada dolor y dificultad es un modo de asemejarse a Aquel que nos ha salvado: Dios
está con él en sus sufrimientos; y además porque entorno a él se mueven muchas personas que
buscan su bien y lo aman: su familia, médicos, enfermeros, personas en el anonimato que
siempre están orando por él. Una esperanza de que las cosas pueden cambiar, y que Dios en su
infinita bondad es capaz de devolverle la salud y el bienestar.
Una esperanza para la familia de la persona enfermo. De saber que todos sus esfuerzos son el
signo de su amor y cariño por el enfermo. De saber que Dios no ha dejado sólo a ese familiar,
sino que lo va acompañando en cada momento. Sabemos que hay experiencias muy tristes que
a veces tambalean a las familias, y muchas veces no hay salida a la enfermedad; a esas familias
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les decimos que no desistan ni decaigan, pongan en manos de nuestro Señor Jesucristo a sus
seres queridos.
Una esperanza para los médicos. Cada uno de sus actos contribuye siempre al bien integral del
enfermo. Dios cura a través de ellos. Y este es el mejor coronamiento que pueden tener todos
los años de estudio y dedicación en esta disciplina.
Una esperanza para todos aquellos enfermeros y enfermeras. Ellos están en pleno campo de
batalla, y les toca convivir en el día a día con la enfermedad de las personas. A veces puede ser
cansado, pero cuando cada curación, trato y gesto lo hacen de corazón y con cariño, más de
una vez suelen robarse la sonrisa de un hermano enfermo, suavizando así el dolor del
hermano.
Una esperanza para todas aquellas personas que en el anonimato oran siempre por los
enfermos. Religiosas, religiosos, laicos sumamente comprometidos que siempre están en
oración. Para ellos cada éxito médico representa un aliento para seguir rezando por todos los
que sufren una enfermedad, y aunque no están en modo directo con el enfermo, no por ello su
oración deja de ser valiosa e importante.
Una esperanza para todos nosotros. La enfermedad y el sufrimiento no tendrán nunca la
última palabra, si sabemos guiarnos por la fe y vivir en caridad. «También nosotros debemos
dar la vida por los hermanos» (1 Jn. 3, 16). Nos toca ir asumiendo cada vez más, actitudes
concretas en favor de nuestros hermanos enfermos. Los hay que no tienen para comer: hay
que darles de comer; los hay que no tienen para vestir: hay que darles vestido; los hay que no
tienen quien los visite y atienda en el hospital o en su casa: hay que visitarlos y atenderlos; los
hay que no tienen donde vivir: hay que generar serios esfuerzos para que hayan lugares donde
darles asilo; los hay quienes no tienen para pagar su atención médica y medicinas: hay que
mover todas nuestras políticas y estrategias sociales para que tengan su derecho a la atención
médica y medicinas en modo gratuito y digno.
6. Pudiéramos seguir con la lista; todos sabemos que existen muchas más necesidades de
nuestros hermanos. Pongámonos pues en marcha y cambiemos esta realidad, porque sólo
entonces nuestra celebración cobrará sentido; celebrar una jornada mundial del enfermo no es
para sentir lástima y dar solamente palabras de consuelo, sino que se tiene que perpetuar en
una fe llena de obras capaz de dar esperanza al hermano enfermo.
7. Así de grande fue la esperanza que sigue infundiendo la Virgen María en su advocación de
Lourdes, que celebramos hoy. Ella, mujer valiente y de acción, ha sabido siempre infundirnos
esperanza, puesto que no nos ha dejado en el abandono y sigue al pendiente de nosotros. Sólo
así se explica que tantas personas enfermas, diariamente visiten el Santuario de Lourdes,
buscando un milagro de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen María.
Pidámosle a ella que no deje de interceder y darnos su amor y cariño maternales.
Oración Universal
Hermanos, con la oración de nuestra fe, invoquemos humildemente al Señor, y roguémosle
por nuestros hermanos enfermos. Después de cada invocación diremos:
R. Te lo pedimos, Señor.
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- Muéstrales, Señor, tu misericordia y confórtalos por medio de tu gracia.
R. Te lo pedimos, Señor.
- Líbralos de todo mal.
R. Te lo pedimos, Señor.
- Alivia los sufrimientos de todos los enfermos.
R. Te lo pedimos, Señor.
- Concede también tu gracia a todos los que se consagran al servicio de los enfermos.
R. Te lo pedimos, Señor.
- Libra a nuestros hermanos enfermos de todo pecado y toda tentación.
R. Te lo pedimos, Señor.
- Concede vida y salud a estos enfermos, por quienes te pedimos.
R. Te lo pedimos, Señor.
- Dale ánimo y fortaleza a las familias de nuestros enfermos.
R. Te lo pedimos, Señor.
Dios nuestro, Padre de todo consuelo, que por medio de tu Hijo quisiste curar las dolencias de
los enfermos, atiende benignamente la oración de nuestra fe y, concédenos lo que te pedimos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
HORA SANTA POR LOS ENFERMOS
ESQUEMA 1
Primera Parte
Canto: Altísimo Señor
*Exposición del Santísimo
*Estación de Alabanza
Canto: Cantemos al amor
Presencia
Coro 1:
A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante Él mi angustia,
le digo: "Tú eres mi refugio y mi
lote en el país de la vida".
Coro 2:
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En el lecho me acuerdo de Tí, Señor,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá, porque su bondad
es más grande que los cielos.
Coro 1:
Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí,
que estoy solo y afligido.
Ensancha mi corazón oprimido
y sácame de mis tribulaciones.
Mi alma llora de tristeza,
consuélame con tus promesas.
Señor, no me defraudes.
Coro 2:
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias, porque
el Señor está cerca de los atribulados
y salva a los abatidos.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?..
Espera en Dios.
Coro 1:
Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor cuida de mí.
Antes de sufrir, yo andaba extraviado,
pero ahora me ajusto a tus mandatos.
Coro 2:
Me estuvo bien el sufrir,
así aprendí tus mandamientos.
Anota en tu libro mi vida de enfermo,
recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío.
Si el afligido invoca al Señor,
Él lo escucha, y lo salva de sus angustias.
¡Dichoso el que confía en el Señor!
Coro 1:
Mi alma -desde un cuerpo enfermoespera en el Señor, espera en su Palabra.
Mi alma aguarda al Señor
más que el centinela la aurora.
Coro 2:
El Señor ha escuchado mis sollozos,
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el Señor ha aceptado mi oración.
Se consumen de dolor mis ojos,
mi garganta y mis entrañas,
pero yo confío en Tí, Señor,
te digo: "Tú eres mi Dios".
Coro 1:
Señor, escucha mi oración,
no me escondas tu rostro
el día de mi sufrimiento.
No me quites tu Santo Espíritu,
devuélveme la alegría de tu salvación
y cantará mi lengua tu justicia.
Segunda Parte
Perdón
L. Te pedimos perdón Señor, por no descubrir tu rostro en nuestros hermanos enfermos y
ancianos.
T. Ten misericordia de nosotros.
L. Por no ayudar a los enfermos y ancianos cuando nos necesitan.
T. Ten misericordia de nosotros.
L. Te pedimos perdón por todos los pecados de omisión que hemos cometido hacia todos los
que sufren.
T. Ten misericordia de nosotros.
L. Señor, perdón, por no ayudar a que los enfermos y las familias, descubran en el dolor una
participación de la Pasión de tu Hijo, para que tengan parte en tú reino.
T. Ten misericordia de nosotros.
L. Te pedimos perdón porque a través del dolor, Tú tocas la puerta de nuestro corazón, para
sanarnos, y no hemos querido escucharte.
T. Ten misericordia de nosotros.
L. Perdón, porque en el Ofertorio de la Misa, cuando ofrezco la Hostia Santa, no pongo en la
patena a todos, los que están enfermos o atribulados del cuerpo y alma.
T. Ten misericordia de nosotros.
L. Perdón por el abandono y la soledad en que viven muchos enfermos y ancianos de nuestra
comunidad y el mundo entero.
T. Ten misericordia de nosotros.
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L. Perdón Señor, por no atender las quejas de nuestros enfermos y ancianos, que nos dicen, no
me atienden bien, nadie se preocupa por mí, no me cuidan como merezco, no que quieren, no
me comprenden ni escuchan.
T. Ten misericordia de nosotros.
L. Perdón Señor, por no aceptar tu voluntad, por no dar amor, por no escuchar, no consolar,
no dar alegría al que sufre de alma y cuerpo.
T. Ten misericordia de nosotros.
Tercera Parte
Oración
Señor, nosotros los enfermos, nos acercamos a Tí.
Haz que comprendamos nuestra vocación de que somos una empresa muy
grande para ayudar a los hombres y a las mujeres a salvarse unidos a Tí.
Dios mío, me quitas la salud, para darme la Santidad, Jesús está conmigo, yo
sufro con Él, Él lleva mi cruz y yo llevo la suya; dame valor para aceptar con una
sonrisa la prueba del sufrimiento y así podré contarme entre los discípulos de
Jesús.
Y Tú, Virgen Dolorosa, quédate maternalmente cerca de mí, dame valor para
aceptar mi dolor, dame tu amor, tu fe y esperanza para participar en la Pasión de
tu Hijo. Amén.
Cuarta Parte
Peticiones
1. Por los enfermos en fase terminal, para que encuentren fortaleza para llevar su dolor y
sientan el cariño de los que están cerca de ellos. Oremos.
R/Te lo pedimos, Señor
2. Te pedimos, Padre lleno de amor, por todos los miembros de la Iglesia que sufren.
Acuérdate que por ellos Cristo ofreció en la cruz el verdadero sacrificio. Oremos.
3. Enséñanos a descubrir tu imagen en todos los enfermos y a saber servirte a Tí, en cada uno
de ellos. Oremos.
4. Te pedimos por el Papa , Obispos, Sacerdotes y Seminaristas; protégelos con tu fuerza y
santifícalos con tu gracia. Oremos.
5. Te pedimos por las personas que cuidan a los enfermos y ancianos, dales fortaleza, paciencia
y amor para que sigan descubriéndote en ellos. Oremos.
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6. Por todos los que están enfermos del alma, para que en Tí, en tu Misericordia y en tu Amor,
encuentren la salud espiritual. Oremos.
7. Por nosotros, para que sepamos responder con generosidad al llamado del amor de Jesús,
siendo solidarios con el hermano que sufre. Oremos.
Canto: Padre nuestro
ORACIONAL POR LOS ENFERMOS
Señor Jesucristo, que para redimir a los hombres y sanar a los enfermos
quisiste asumir nuestra condición humana; mira con piedad a N., que está
enfermo y necesita ser curado en el cuerpo y en el espíritu.
Reconfórtalo con tu poder para que levante su ánimo y pueda superar todos
sus males, y ya que has querido asociarlo a tu pasión redentora, haz que
confíe en la eficacia de su dolor para la salvación del mundo. Tú, que vives y
reinas por los siglos de los siglos.
R Amén.
ORACIÓN DEL ENFERMO
¡0h Dios!, de mi debilidad y mi fortaleza,
de mi tristeza y de mi alegría,
de mi soledad y compañía,
de mi incertidumbre y esperanza.
En la noche de mi enfermedad
me pongo en tus manos de Padre:
Alumbra esta oscuridad con un rayo de tu Luz,
abre una rendija a mi esperanza,
llena con tu Presencia mi soledad.
Señor, que el sufrimiento no me aplaste,
para que también ahora
sienta el alivio de tu Amor
y sea agradecido a la generosidad
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de cuantos sufren conmigo. Amén
ESQUEMA 2
“HORA SANTA”
Reflexión bíblica
Lectura o guión para el que dirige. Se leen las citas bíblicas y se deja un momento de silencio.
(Se puede repetir si lo cree necesario).
1 Jn,8.16
«Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. Y nosotros hemos
conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en Él. Dios es Amor y quien
permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él»
Palabra de Señor.
TODOS: Gloria a Ti , Señor Jesús.
La Iglesia reconoce en los enfermos "una presencia especial de Cristo sufriente". Son las
palabras del papa Francisco en su mensaje para la XXII Jornada Mundial del Enfermo sobre el
tema "La fe y la caridad: también nosotros debemos dar la vida por los hermanos".
El Santo Padre recuerda también que Jesús tomó sobre sí la enfermedad y el sufrimiento,
transformándolos a la luz de "una vida nueva en plenitud" que cambia las experiencias
negativas en positivas.
Así, pues, siguiendo el camino de Cristo, que se entregó por amor, también nosotros
"podemos amar a los demás como Dios nos ha amado, dando la vida por nuestros hermanos",
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subraya el Papa. Además, "la fe en Dios bueno - escribe el Pontífice - se convierte en la
bondad, la fe en Cristo crucificado se convierte en fuerza de amar hasta el final e incluso a
nuestros enemigos”.
Acercándonos con ternura "a aquellos que están necesitados de atención - continúa el Santo
Padre - llevamos la esperanza y la sonrisa de Dios en las contradicciones del mundo". Una
generosa entrega a los demás que se convierte en el estilo de nuestras acciones.
Y María es el modelo cristiano "para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y
delicada”. " La Santísima Virgen, madre de los enfermos y de los que sufren, permanece "al
lado de nuestras cruces y nos acompaña en el camino hacia la resurrección y la vida plena",
asegura el Papa.
Además, para el Pontífice la Cruz "es la certeza del amor fiel de Dios por nosotros", que "nos
invita a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña a mirar siempre a los demás con
misericordia y amor, especialmente a los que sufren, a los que necesitan ayuda”.
Por último, el papa Francisco exhorta a vivir esta Jornada Mundial de los Enfermos "en
comunión con Jesucristo" apoyando a los que cuidan de los enfermos y los que sufren.
DICE LO SIGUIENTE)
Hablo al Señor
Todos:
-¡Señor Jesús, Tú eres mi Pastor!
Me conoces y me llamas por mi propio nombre.
Me alimentas con tu Cuerpo y con tu Sangre.
Me cuidas con cariño insospechado.
Me defiendes con tenacidad, y nadie ni nada me podrá arrancar de ti.
Haz que nunca me escape de tu rebaño, soñando en otros amores y en otras praderas, en las
que sería presa de mi propio egoísmo.
Jesús, Pastor Bueno, que te me das del todo y nada me falta...
Contemplación afectiva (Alternando con el que dirige)
Señor, el Hijo Unigénito de Dios. (Guía)
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor! (Todos)
Señor, el infinito y eterno, porque eres Dios.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
Señor, el Cristo, el ungido por el Espíritu.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
Señor, el Mesías esperado por los siglos.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
Señor, el Jesús nacido de María.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
Señor, el Hombre en todo semejante a nosotros.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
Señor, el Redentor nuestro, muerto en la cruz.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
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Señor, el Resucitado de entre los muertos.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
Señor, el que te sientas a la derecha del Padre.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
Señor, el dador del Espíritu Santo a la Iglesia.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
Señor, El Juez que un día volverás con gloria.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
Señor, el premio de todos los elegidos.
- ¡Hijo de Dios, Cristo Jesús, Señor!
(se pueden sentar y guardar unos minutos de silencio o poner un canto)
(De rodillas todos dicen a una sola voz)
Señor Jesús, Tú eres nuestro consuelo en nuestros dolores y dificultades. Tú
Señor eres lo que necesitamos para afrontar nuestro penar con valentía, alegría y así, poderte
ofrecer también nuestro dolor. Tú que sufriste los peores tormentos en tu cuerpo ayúdanos a
ser sensibles a los hermanos sufrientes.
Madre María, ¿quién más dichosa que Tú, que eres la Madre de Jesús, de Jesús que llena el
Cielo y la Tierra? Tu Corazón amante del que más sufre. Tú, dulzura de Dios mismo, te
pedimos lograr ser dulzura para nuestros hermanos sufrientes. ¡Hazme arder en el amor de tu
Hijo, Jesús!
(sentados se deja momentos de silencio o poner un canto)
(dejar que los asistentes se hagan un Autoexamen 5 min.sentados.)
¿Conozco el dolor en Jesucristo?... Es momento de preguntarnos sin miedo.
Ciertamente mi vida ha tenido momentos de dolor fuerte, más ¿cuántos de esos momento los
he vivido desde la cruz del Señor? ¿Me resisto? ¿Soy generoso para ir al encuentro del que
sufre? ¿Tengo miedo al sufrimiento? ¿Qué me detiene para darme a mi hermano sufriente en
cama? ¿Cómo descubro mi compartir la vida con el más necesitado?
Preces (todos de pie alternando con el guía)
Saber descubrir y respetar el dolor en Jesucristo es un regalo y saber descubrir a nuestros
hermanos que necesitan de nosotros es todavía una sensibilidad que sólo viene del Crucificado.
Pidámosle al Señor, que seamos capaces de mejorar en nuestra sensibilidad al más necesitado.
Todos diremos - Muéstranos tu rostro sufriente , Señor.
Si Tú eres la fuente de la alegría para todos los hombres, que todos encuentren en ti el sentido
para sus vidas y crezcan en la esperanza de una salvación eterna.
Todos: Muéstranos tu rostro sufriente , Señor
La serenidad de la vida no está ligada a los acontecimientos que pasan, sino a los bienes que
nunca acabarán; haz, Señor, que todos soñemos en los bienes del Reino que Tú nos trajiste y
que nos dispensas siempre por medio de tu Iglesia.
Todos: Muéstranos tu rostro sufriente, Señor
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Tú, Señor Jesús, Tú no quieres la enfermo abandonado; inspira a todos, en especial a los
gobernantes, sentimientos de solidaridad con los más necesitados.
Todos: Muéstranos tu rostro sufriente , Señor
Antes de separarnos de tu presencia en el Sacramento, danos tu bendición a nosotros, a
nuestros apostolados y amigos, que estamos buscando instaurar tu Reino de amor al
desgastarnos por nuestros hermanos enfermos tanto en lo físico como en lo espiritual.
Todos: Muéstranos tu rostro sufriente, Señor
Decimos Juntos ...
Padre nuestro...
Bendición con el Santísimo.
ROSARIO
POR
LOS
ENFERMOS.
Misterios dolorosos
1. Se inicia como de costumbre el rezo del Santo Rosario, y al concluir se lee la meditación que
está a continuación.
2. Se concluye el Rosario de forma habitual
1.- La oración en el huerto
Meditación: Hermanos enfermos, la Iglesia reconoce en Ustedes una presencia especial de
Cristo que sufre. En efecto, junto, o mejor aún, dentro de nuestro sufrimiento está el de Jesús,
que lleva a nuestro lado el peso y revela su sentido. Cuando el Hijo de Dios fue crucificado,
destruyó la soledad del sufrimiento e iluminó su oscuridad. De este modo, estamos frente al
misterio del amor de Dios
por nosotros, que nos infunde esperanza y valor: esperanza, porque en el plan de amor de Dios
también la noche del dolor se abre a la luz pascual; y valor para hacer frente a toda adversidad
en su compañía, unidos a él.
2-. La flagelación de nuestro señor Jesucristo.
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Meditación: El Hijo de Dios hecho hombre no ha eliminado de la experiencia humana la
enfermedad y el sufrimiento, sino que, tomándolo sobre sí, los ha transformado y delimitado.
Delimitado, porque ya no tienen la última palabra, sino que por el contrario, es la vida nueva
en plenitud; transformado, porque en unión con Cristo, de experiencias negativas, pueden
llegar a ser positivas. Jesús es el camino, y con su Espíritu podemos seguirle, seguirle en esa
configuración total,
unidos a Él, para que en medio del dolor experimentemos la alegría y el amor de sabernos
unidos y que no estamos solos.
3.- La coronación de espinas.
Meditación: Para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, nosotros tenemos
un modelo Cristiano a quien dirigir con seguridad nuestra mirada: es la Madre de Jesús y
Madre Nuestra, atenta a la voz de Dios y las necesidades y dificultades de sus hijos. A lo largo
de su vida lleva en su corazón las palabras del anciano Simeón, anunciando que una espada
atravesará su alma.
Ella sabe muy bien cómo se sigue este camino y por eso es la Madre de todos los enfermos y
de todos los que sufren. Podemos recurrir confiados a Ella con filial devoción, seguros de que
nos asistirá, nos sostendrá y no nos abandonara, pues es la Madre del Crucificado-Resucitado
y permanece al lado de nuestras cruces, acompañándonos en el camino hacia la Resurrección y
la vida plena.
4.- Jesús con la cruz a cuestas.
Meditación: a todos los que prestan asistencia y cuidado les invito a configurarnos con
Cristo, el Buen samaritano de todos los que sufren. En esto hemos conocido lo que es el
amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los
hermanos (1 Jn. 3,16).
Cuando nos acercamos con ternura a los que necesitan atención, llevamos la esperanza y la
sonrisa de Dios en medio de las contradicciones del mundo. Cuando la entrega generosa hacia
los demás se vuelve el estilo de nuestras acciones, damos espacio al Corazón de Cristo y el
nuestro se inflama, ofreciendo así nuestra aportación a la llegada del reino de Dios.
La fe en el Dios bueno se convierte en bondad, la fe en Cristo Crucificado se convierte en
fuerza para amar hasta el final. La prueba de la fe autentica en Cristo es el don de sí, en
difundirse del amor al prójimo.
5.- La crucifixión y muerte de nuestro Divino salvador.
Meditación: San Juan el discípulo que estaba con María a los pies de la Cruz, hace que nos
remontemos a las fuentes de la fe y de la caridad, al Corazón de Dios que es amor (1 Jn. 4, 816), y nos recuerda que no podemos amar a Dios si no amamos a los hermanos. El que está
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bajo la cruz con María aprende a amar como Jesús. La cruz es la certeza del amor fiel de Dios
por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro
sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y
salvarnos. La cruz de Cristo invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a
mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene
necesidad de ayuda. Quien se da así mismo, su recompensa es un eterno abrazo del Padre.
Parte III
FRATERNIDAD
¿QUÉ SIENTE EL ENFERMO?
Cada enfermo vive su enfermedad. Una frase atribuida a Marañon dice “No hay
enfermedades, sino enfermos”1, lo cual significa que cada uno vive y elabora –
psicológicamente hablando- su propia enfermedad. No hablamos de la enfermedad sino de la
persona que sufre la enfermedad. La enfermedad es un acontecimiento personal, insertado en
la historia del sujeto e inmersa en su contexto familiar y socio-cultural.
¿Cuáles son las dinámicas psicológicas más comunes que
experimenta el enfermo?
1
Cf. ROCAMORA A., Un enfermo en la familia. Claves para la intervención psicológica. (Biblioteca
Hospitalaria), San Pablo, Madrid 2000, p. 7.
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1.- En primer lugar la enfermedad es vivida como peligro: como una amenaza a la propia
identidad física, psíquica y social. Miedo al hospital o al tiempo de recuperación; miedo del
dolor; miedo del sufrimiento; miedo de la muerte; miedo de no poder controlar el propio
cuerpo, o perder la autonomía de vida; miedo a la dependencia; inquietud espiritual;
incertidumbre respecto al futuro.
Las emociones o sentimientos ligados a la dinámica del peligro son: el miedo y el
ansia.
El miedo puede manifestarse como preocupación razonable que empuje a la colaboración con
los agentes sanitarios, o como pánico que paraliza y puede desorganizar la estructura psíquica
de la persona. Frecuentemente el enfermo vive un estado de ansia, de tensión, una sensación
que no se alcanza a describir; pueden ser la incerteza por las causas de la enfermedad o por sus
consecuencias. Muchos enfermos viven la sensación de haber perdido el control de la
situación.
El ansia puede deberse a una preocupación excesiva que se deriva de una valoración
equivocada que el paciente da a las causas y a la gravedad de la enfermedad (Por eso es
necesaria siempre la información suficiente y clara al enfermo, para que haya un consenso
informado. La pregunta no es si decir o no la verdad al paciente, sino cómo decírselo).
Esto sucede cuando el enfermo recibe poca información respecto a su estado. El enfermo que
no sabe que padece, tiende a considerar la propia enfermedad más grave de lo que en realidad
es. Si el paciente pudiese hablar de sus propios miedos y si fuese informado en modo
adecuado, se lograría ciertamente, reducir su estado de ansia y esto ayudaría más a la terapia.
Ciertos pacientes, de hecho, buscan defenderse del ansia investigando lo más posible sobre la
enfermedad que padecen. A nivel psicológico es el mecanismo de defensa de la racionalización.
2.- En segundo lugar, la enfermedad es vivida como perdida. Como perdida de la posición
social, del prestigio en el trabajo, de la propia imagen, del rol en la familia, de las relaciones
habituales, de la salud (funciones físicas o de partes del cuerpo), de la intimidad, de la
autonomía, de la vida.
La reacción emotiva que le sigue a la perdida es la depresión, que se manifiesta como
sentimiento de abandono, de cansancio crónico, insomnio. El enfermo tiene la conciencia de
perder cosas muy importantes para él, por lo tanto se abate y se deprime. Los síntomas de una
depresión surgen, generalmente, después de que la enfermedad se ha manifestado, esto es,
cuando el paciente se da cuenta de cuáles son las implicaciones a nivel físico y bajo el perfil
psíco-social. Por esto, los síntomas de la depresión se pueden encontrar más fácilmente en las
enfermedades crónicas, invalidantes o mortales.
A veces la depresión es ligera y se manifiesta mediante el desinterés y la indiferencia hacia el
mundo externo; otras veces es más acentuada y se manifiesta mediante el llanto, la fuerte
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tendencia al aislamiento, los sentimientos de culpa hacia comportamiento antiguos -que son
interpretados como causas de la enfermedad- en una lógica de castigo, hasta llegar a
verdaderas y propias ideas o tentativas de suicidio. (podríamos hablar sobre esto también)
Cuando una persona siente y vive en este modo su enfermedad, puede fácilmente asumir una
actitud pasiva que le impide participar n la terapia; o de oponer resistencia a la enfermedad
misma. Varias investigaciones han demostrado que los individuos depresos, que se dejan abatir
o pierden el interés por si mismos, no solo tienen mayores probabilidades de agravarse sino
también de tener complicaciones graves en el curso de su terapia. Incluso necesitan mayor
cantidad de fármacos para lograr el mismo efecto.
3.- La enfermedad vivida como frustración (obstáculo en el logro de un objetivo,
impedimento, bloqueo: dificultades burocráticas, retardos en el diagnóstico, operadores
sanitarios irritables o no capacitados adecuadamente, fracaso del tratamiento, irritabilidad,
renuncia de proyecto futuros.
Las emociones ligadas a la frustración son la cólera o la rabia y la agresividad. La enfermedad
obstaculiza en modo más o menos grave, deseos y proyectos; hace más difícil la satisfacción de
las propias necesidades, desde aquellas más elementales, a nivel fisiológico, hasta aquellas más
altas, a nivel afectivo y de realización de las propias capacidades.
No siempre la agresividad es dirigida hacia aquello que ha provocado la frustración; ella, por
toda una serie de motivos, puede dirigirse, no solo contra el elemento frustrante, sino sobre
todo contra las personas más inmediatas al enfermos, dígase su familia o el personal sanitario.
Muchas veces puede ser que el enfermos, no pudiéndose molestar con la enfermedad –causa
real de su frustración- se la toma contra el personal de los operadores sanitarios (enfermeras,
camilleros, médicos, radiólogos, terapistas, etc.) o con los familiares, o incluso, con los
operadores pastorales (catequistas, ministros extraordinarios de la eucaristía, religiosas,
sacerdote, etc.) los cuales se convierten en verdaderos chivos expiatorios.
La cólera puede ser considerada como un mecanismo de defensa o puede ser utilizada en una
útil lucha por la salud. En algunos casos, por su excesiva intensidad o por la actitud defensiva
del paciente, puede tomar manifestaciones explosivas, de irritabilidad o violencia. Otras veces
la rabia viene introyectada y dirigida contra sí mismo convirtiéndose así en depresión y deseo
de autodestrucción.2
4.- La enfermedad vivida como castigo. El capítulo noveno del evangelio según San Juan
nos presenta un dialogo muy interesante, los discípulos preguntan a Jesús: “Rabbí, ¿Quién
pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?”3 Muchas veces los enfermos sienten que con
2
Cfr. Manuale di Pastorale Sanitaria, A cura di Gian Maria Comolli e Italo Monticelli, Camilliane, Torino
1999, pp. 205-208.
3
Juan 9,2
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su enfermedad y sufrimiento están pagando algo a Dios, y desde esa lógica aceptan el
sufrimiento y el dolor. Este mecanismo psicológico parecería valido para los adultos, pero es
incapaz de explicar el dolor inocente.
Las emociones ligadas a la culpa son el castigo, la expiación, la resignación.
Hemos de ayudar a los enfermos a descubrir un Dios de amor que ofrece la salud como signo
de la presencia del Reino. Un Dios de perdón que sana con su misericordia.
Antes de todo: la oración.
Primero habla a Dios de los hombres y luego habla a los hombres de Dios.
-El acercamiento. La primera aproximación siempre este llena de respeto y de oportunidad;
guardando siempre la sana distancia física y emotiva. Ni tan cerca que invada, ni tan lejos que
parezca miedo. El enfermo mismo nos va marcando el ritmo. Somos invitados a buscar el
pasar de la iniciativa geográfica –el que lleva ayuda- a la iniciativa psicológica –el que busca ser
ayudado-.
- El enfermo es un documento humano que estamos invitados a saber leer. Leer al
enfermo y a su ambiente (Observa atentamente su entorno buscando información que te ayude
a captar más profundamente al enfermo). Esto nos lleva a diferentes tipos de visitas: visitas
sociales y visitas pastorales. Al ser la salud un evento biográfico, también la enfermedad es un
evento biográfico, es decir se lee desde experiencias pasadas, tanto positivas como negativas.
- En el proceso de curación toda la familia está involucrada. Hemos de caminar rumbo a
la Alianza Terapéutica, en la que cada parte del todo colabora en el proceso de salud: El
enfermo, el médico, la familia, el personal sanitario. El enfermo es sujeto activo en su
recuperación. La medicina paternalista –donde el médico tiene toda la autoridaddespersonaliza al enfermo y lo convierte en un objeto.
- Saber escuchar. Qué dice y qué quiere decir, recordando lo que previene el Pontificio
Consejo para la Pastoral de la salud: “Las peticiones de los enfermos muy graves, que a veces
invocan la muerte, no ha de ser entendida como expresión de una verdadera voluntad de
eutanasia; ésas efectivamente son casi siempre demandas angustiosas de ayuda y de afecto”.4
Escuchar activamente implica atención para saber regresar al enfermo lo que nos ha dicho, es
decir saber reformular exactamente lo que el enfermo ha dicho para darle la oportunidad de
confirmar si hemos captado sus sentimientos.
4
Citado en: CONSEJO PONTIFICO DE LA PASTORAL DE LOS AGENTES DE LA SALUD, Carta de
los Agentes de la Salud, Ediciones Populares, Guadalajara 1998, p. 137.
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Una escucha activa implica: Escuchar los sentimientos. Suspender los juicios. Resistir
distracciones. Buscar los temas recurrentes. Esperar antes de responder. No tener miedo al
silencio.
-No precipitarse, no dar respuestas. Tú eres la respuesta. Nuestra respuesta a la situación
del enfermo es nuestra presencia. Es cierto que muchas veces el enfermo exige respuestas ¿Por
qué? Los psicólogos dicen que solo podemos plantearnos la pregunta ¿Para qué? Por qué
pertenece al misterio de Dios. Para qué pertenece a nuestra voluntad.
- ¿Y si me rechaza? No tengamos miedo al rechazo. A veces nuestro servicio a la salud y
al Reino es “soportar con largueza los defectos del prójimo”. También ésta es una obra de
misericordia.
- ¿Y si no es católico? Muchas veces encontramos personas que no son católicas, pero que
son personas enfermas, es decir necesitadas de una palabra y de una presencia. Eso es
suficiente para ofrecer nuestra ayuda solidaria. Ayuda como compañía, incluso orando aquello
que nos es común: Padre Nuestro, Salmos. Con ellos la escucha activa y la humanización de la
atención médica son de gran ayuda.
- ¿Y el enfermo dice siempre la verdad? Dice Angelo Brusco: “Lo que dice el enfermo no es
dinero constante”. El enfermo tiende, por la naturaleza de su situación, a ser egoísta y
concentrar la atención en él. Hemos de estar atentos para escuchar activamente y confirmar
después con su familia. Algunos tipos de enfermos, a causa de su situación pierden control
sobre lo que dicen o hacen.
- Empatía si, simpatía depende. Empalizar significa sintonizar con los sentimientos de la
persona enferma; significa entrar en su mundo interior, incluso sus miedos y sus esperanzas.
Simpatizar se puede usar como recurso para tratar de entrar en una relación mas profunda con
el enfermo; corre el riesgo de quedarse en lo superficial.
- El sufrimiento no tiene una respuesta, sino una presencia. Recordemos la experiencia de
Job, él no recibe respuesta a sus interrogantes, pero si descubre a Dios junto a él.5 Hay que
saber acompañar a quien sufre. Sufrir forma parte de la vida, no es ni un castigo ni un premio.
Para terminar hay que recordar dos virtudes básicas para atender enfermos: Caridad y
paciencia. Recordemos siempre lo que decía San Camilo de Lelis a sus hijos camilos, y en ellos
a todos nosotros: “Lo primero, que cada uno de nosotros pida al Señor la gracia de una afecto materno
hacia su prójimo, de tal modo que podamos servirle con toda caridad en el alma y en el cuerpo. Deseamos, en
5
Job 42,5 “Solo de oídas te conocía; mas ahora te han visto mis ojos”.
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efecto, servir con la gracia de Dios a todos los enfermos con el mismo afecto que suele tener una
madre amorosa hacia su único hijito enfermo”.6
Dios nos conceda mucho amor para los enfermos y su mundo, recordando siempre las
palabras del Señor “Estuve enfermo y me visitaste”7.
LA VISITA AL ENFERMO
¿CÓMO HACERLA?
Solapada o brutal, la enfermedad provoca siempre una ruptura en el desarrollo de la vida del
ser humano. Enfermar... y perder así el equilibrio de la salud es una experiencia que «hace
daño» y que cuestiona en profundidad al hombre. Al perder la independencia, el enfermo se
convierte en un asistido. Los proyectos se desmoronan como un castillo de naipes... El
abandono del trabajo, la exclusión de la vida social... Se entra entonces en un mundo nuevo...
El cuerpo se convierte en un extraño. Él es el que dicta su ley incomprensible e insoportable.
Se experimenta el peso de la dependencia de los tratamientos y de las enfermeras. Estar
enfermo significa aguantar las visitas de la familia y de los amigos, sin defensa posible, incluso
en los días de mayor cansancio. La experiencia de la enfermedad revela la profundidad
fundamental de toda vida humana.
El éxito y la desbordante actividad se relativizan, de pronto, ante lo esencial: ¡Vivir! El hombre
toca los límites de la carne y del espíritu. Solo ante lo desconocido, la angustia se esconde
detrás de su puerta... Las preguntas religiosas, durante tanto tiempo escondidas, afloran a veces
6
Citado en: SANDRIN L., Como afrontar el dolor. Aceptar y comprender el sufrimiento. (=Biblioteca
hospitalaria), San Pablo, Madrid 1996, p. 144.
7
Mateo 25,36.
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a la superficie: ¿Para qué sirve la vida? ¿Para llegar a esto?... ¿Por qué y por quién sufrir...? ¿Me
habrá señalado Dios una cita con Él? Al igual que de cualquier otra prueba, también de la
prueba de la enfermedad, se pueden sacar enseñanzas: ¿y si esta enfermedad fuese una señal de
alarma que me invita a cambiar algo en mi manera de vivir? ¿Este retiro forzoso no puede
convertirse en una ocasión para tomar distancia y revisar mis prioridades? Y, a veces, se
descubre otro rostro de Dios que cambia nuestra manera de estar en el mundo y de
relacionarse con los demás.
La Visita Pastoral: ¿Cómo hacerla?
“Señor mío, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor” Gn. 18,3
Algunos elementos a tener en cuenta
El encuentro del agente de pastoral con las personas que sufre pone de manifiesto una de las
preocupaciones más constantes de la Iglesia a través de su historia. Tanto en el caso de que se
realice dentro del contexto hospitalario como si es en la atmósfera familiar, la visita pastoral es
un momento privilegiado para hacer sentir el apoyo de la comunidad cristiana a sus miembros
dolientes. La dinámica de la visita pastoral sufre la influencia de los humores y de los valores,
de las preocupaciones y experiencias de las personas que se encuentran, como ya hemos visto.
Hay visitas breves que confortan, otras largas que cansan; hay intervenciones que molestan,
otras que hacen madurar. Cada visita es una oportunidad de formación permanente que
permite al agente de pastoral captar cada vez mejor los vericuetos del alma humana, acercarse
con creciente respeto al sufrimiento de los demás, y ofrecer su humilde contribución al
crecimiento de los enfermos, ayudándoles a esclarecer lo vivido ya despertar las energías
recónditas en pro de su salud física, psíquica y espiritual.
El contacto pastoral se intensifica cuando está sostenido por la reflexión, y se perfecciona en la
medida en que el agente es capaz de diversificar los propios contactos iniciales y de corregir las
intervenciones inoportunas para dar espacio a la creatividad del amor. La estructura de una
visita pastoral está generalmente caracterizada por los siguientes contenidos:
Las motivaciones de la visita
Las razones que conducen al agente de pastoral a la cabecera del enfermo son muy diversas.
Para algunos, la visita a los enfermos forma parte de la rutina del trabajo; para otros se trata de
satisfacer el requerimiento de los familiares; y hay otros que han sido llamados por el mismo
paciente o por el personal de asistencia. Lógicamente, cada situación crea expectativas distintas
e incide en el espíritu de la visita. Por ejemplo, el estado de ánimo con el que se visita a un
paciente que ha solicitado hablar con el capellán es distinto de aquel con el que se realiza la
visita porque los familiares han ejercido determinada presión sobre un ser querido, mal
dispuesto hacia la Iglesia, a fin de conducirlo nuevamente a Dios. El riesgo está en crear
expectativas de mucho peso, si luego éstas no se realizan.
El contacto inicial
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Cuando se visita a un enfermo es conveniente presentarse y motivar la visita. Una presentación
sencilla, en la cual se da a conocer el propio nombre, sirve para personalizar el encuentro y
para crear un clima favorable al desarrollo de la relación. En esta fase inicial la capacidad de
observación por parte del agente de pastoral cumple una función significativa. Puede observar
el ambiente que rodea al enfermo (tal como el clima físico y los objetos particulares presentes:
flores, periódicos, fotografías, rosario, Biblia...) y captar las informaciones valiosas que tal
ambiente puede proporcionarle. Aún más importante es observar al paciente mismo: las
expresiones de su rostro, los sentimientos que deja entrever, para utilizarlos cuando se
considere oportuno, con el fin de alimentar el diálogo. Además, el visitante tiene que poseer la
capacidad de observarse a sí mismo y de valorar en qué modo su comportamiento y sus
reacciones pueden favorecer u obstaculizar el diálogo.
El desarrollo de la conversación
Los primeros dos minutos de una visita son cruciales. Los interlocutores se estudian mediante
el uso de distintos mecanismos verbales y no verbales.
Generalmente la conversación se orienta hacia uno de estos dos campos:
-conversión social: Se habla del "tiempo", de "fútbol”, de “política”, de las "últimas noticias”,
como método para explorar el terreno o para disipar un poco la ansiedad. Pero también puede
ser un método para evitar un verdadero encuentro. A veces el paciente prefiere mantener el
contacto a este nivel, hablando de cosas que se refieren al mundo externo, no a su mundo. El
problema nace cuando el agente no sabe captar las aperturas pastorales del paciente y
concentra su atención en la conversación “social”;
-conversación pastoral: El diálogo se centra en el paciente: éste habla de “miedo”, de
“condiciones físicas", de “preocupaciones familiares", de "necesidades religiosas" y otros temas
similares. La conversación adquiere un tono personal. La capacidad de captar estas inquietudes
y de contestar a ellas define el estilo pastoral.
La escucha es un factor determinante en el planteamiento de la relación. De la escucha nace la
confianza. La presencia de alguien que escucha y comprende facilita la tarea de abrir el propio
corazón, compartiendo estados de ánimo, tensiones y exigencias. El agente atento contribuirá a
aclarar los problemas y a sacar a la luz los valores y los recursos del enfermo.
Conclusión del diálogo
La conclusión de la visita constituye un último e importante momento. Hay agentes de pastoral
que no ven el momento de poner fin a un encuentro; otros tienden a concluirlo demasiado
rápidamente; otros a quienes el enfermo no tiene más remedio que despedir de la mejor
manera posible; y otros naturalmente, que saben calcular sabiamente el tiempo y la forma de
llevar a su término una visita pastoral.
El estilo de la conclusión de un encuentro varía de persona a persona y de acuerdo con las
situaciones. Son elementos recurrentes:
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- Un sencillo saludo formal;
- La promesa de volver o de un recuerdo especial en la oración;
- Una breve síntesis de los temas surgidos, subrayando progresos y metas;
- Una reflexión personal sobre la conversación mantenida;
- Una oración que resuma las preocupaciones y las esperanzas del enfermo.
Cada visita pastoral es una oportunidad para comunicar a Dios al que sufre; cada visita es una
oportunidad para encontrar a Dios en el que sufre. Cristo ha dicho: "El que recibe a un niño como
éste en mi nombre, a mí me recibe" (Mt. 18, 5). El nos ha dado ejemplo de cómo debemos
encontramos con nuestro prójimo: amó con su mirada, curó con sus manos, escuchó las quejas
de los atribulados, dio confianza a los afligidos, entró en el corazón de las personas y las guió
hacia Dios.
Actitudes que hay que evitar

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Asumir caras tristes
Ver la enfermedad más que a la persona
Ofrecer piedad, lástima (en lugar de respeto)
Usar frases hechas
Imponer propios valores o esquemas
Minimizar las pérdidas
Juzgar sus sentimientos
Pretender cambio cuando están a punto de morir
Dar falsas esperanzas
Insistir en que coman o hablen
Frases que hay que evitar
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


Es la voluntad de Dios
Se cómo te sientes
El tiempo cura todo
Hay gente que sufre mas
Con llorar no solucionas nada
Dios sabe cómo hace las cosas
Quien cree en Dios no llora
Preguntas para el diálogo
1. Después del primer encuentro con el enfermo al que he visitado, ¿me he dado cuenta de
cuál es su manera de vivir la prueba de su enfermedad?¿Rebeldía, resignación, angustia...?
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2. ¿En qué puedo ayudar al enfermo a adaptarse a su nueva situación y a su nuevo entorno?
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Si es dependiente...., ¿Cómo ayudarle a reencontrar una cierta autonomía?
Si está encerrado en sí mismo..., ¿Cómo ayudarle a salir de sí y a relacionarse con los
que le cuidan, con su familia y, eventualmente con los demás enfermos?
Si no está en su casa..., ¿Cómo ayudarle a reencontrar algunas referencias esenciales de
su marco de vida habitual?
Si es creyente..., ¿Cómo puedo ayudarle a reajustar su imagen de Dios y la relación que
mantiene con Él?
3. ¿Qué actitudes debo privilegiar en mis relaciones con el enfermo?
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¿Ponerme en su lugar o guardar las distancias?
¿Hablarle de lo que pasa fuera para distraerle un poco o sobre todo escucharle?
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