Menores de edad, blancos del Bloque Bananero Justicia y Paz

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Menores de edad, blancos del Bloque
Bananero
Justicia y Paz - Versiones
Miércoles, 24 de Agosto de 2011 10:00
Ser joven se convirtió en un problema en Chigorodó, Antioquia. Durante 1999, los menores de edad se
vieron amenazados por paramilitares que repartieron panfletos con los que intentaron justificar sus
crímenes.
Bajo la lógica criminal de que guerrilleros,
marihuaneros y miembros de pandillas
debían ser asesinados, así fueran menores
de edad, Cristiniano Palacios Rojas, alias
'Cocuyo', ordenó a los hombres del grupo
Los Urbanos del Bloque Bananero de las
Autodefensas Unidas de Colombia (Auc)
realizar este tipo de acciones en el Urabá
antiqoueño.
Así lo reveló la Fiscalía 17 de la Unidad de
El Bloque Bananero de las Auc estuvo a cargo Justicia y Paz en Medellín durante una
audiencia de imputación de cargos
de alias 'HH'. Foto Semana
adelantada contra Oscar Darío Ricardo
Robledo alias „Niche‟ y Reinaldo Antonio Salgado Aviles alias „Purrulú‟, a quienes los
responsabilizaron de los delitos de homicidio agravado, secuestro simple, tortura,
desaparición y desplazamiento forzados. De los 14 crímenes confesados por los
exparamilitares, cuatro fueron contra menores de edad.
Uno de los casos fue el de un joven quien fue asesinado por ser un supuesto colaborador de
la guerrilla y consumir drogas. Como casi todos los asesinatos cometidos por este grupo, a
este menor de edad lo sacaron de su casa tarde en la noche, lo llevaron a las afueras de
Chigorodó y allí le dispararon, pese a que las órdenes de alias „Cocuyo‟ habían sido utilizar
un cuchillo o una navaja para que las autoridades creyeran que se trataba de la delincuencia
común.
En otro caso relatado por la Fiscalía se estableció que a un menor de edad lo mataron por
pertenecer supuestamente a una pandilla de la localidad y siguiendo rumores que afirmaban
que era un violador, explicación que les sirvió a los paramilitares para justificar el crimen
ante la población. Sin embargo, los familiares, que estuvieron presentes en la audiencia,
rechazaron estas razones y explicaron que “ellos no son nadie para decidir quién debe
morir”; además, aseguaron que el joven lo único que hacía era “jugar fútbol y no andaba
con cuentos raros”.
Otro de los crímenes fue la muerte, en diciembre de 1999, de Aura Rosa David Oquendo,
quien intentó denunciar el asesinato de su hijo luego de que un grupo de paramilitares, en el
que se encontraban alias „Niche‟ y alias „Purrulú‟, le dispararan frente a su hermano menor
y sus amigos cuando volvían de dar una vuelta en bicicleta. Al enterarse de las intenciones
de Aura Rosa, alias „Cocuyo‟ la mandó a matar. Para que no quedaran rastros de su muerte
la tiraron al río. Su cuerpo sigue desaparecido.
Asimismo, este grupo controlaba las muertes que ocurrían en el municipio. Aquellos
asesinatos que no habían sido realizados por ellos eran investigados por los hombres de
confianza de alias „Cocuyo‟ y si se encontraban los culpables, los mataban. Esta fue la
razón por la que asesinaron a un menor de 17 años, a quien después de interrogarlo a los
golpes con el fin de sacarle información, lo dejaron en una vía pública lejos de donde vivía.
El hecho de no asesinar a sus víctimas en el mismo lugar donde los encontraban tenía que
ver, según lo afirmó la Fiscalía 17, con la orden dada por las Fuerzas Militares a los
paramilitares del Bloque Bananero de las Auc de no dejar los cuerpos en lugares aledaños
para que no se viera afectado el índice de criminalidad de la zona.
Por otro lado los paramilitares también se encargaron de eliminar a aquellos que
consideraban eran corruptos. En un comunicado enviado tras el asesinato de Víctor Zenon
González Murillo, concejal de Chigorodó, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y
Urabá (Accu) afirmaron que éste había utilizado el presupuesto del municipio para
comprarse grandes fincas, carros y otros lujos. En este documento hacían un llamado a la
población para que se convirtiera en “veedora de las acciones de los políticos con el fin de
erradicar la corrupción”.
Los conductores de camiones también fueron víctimas de los controles del grupo Los
Urbanos. Jaime Hernando Arboleda Jaramillo compraba víveres en la Central Mayorista de
Medellín y luego los vendía en Urabá. Su último viaje fue en 1999. Luego de que la
guerrilla le quitara casi toda la carga en un retén en Dabeiba, los ex paramilitares Oscar
Darío Ricardo Robledo alias „Niche‟ y Reinaldo Antonio Salgado Aviles alias „Purrulú‟,
fueron por él a un hotel de Chigorodó y se lo entregaron a alias „Cocuyo‟. El jefe del grupo
lo interrogó y lo torturó pues según sus informantes él traía comida para la guerrilla del Eln
y, además, vendía arroz a más bajo precio, lo que estaba prohibido por las Accu. Luego se
lo llevaron para Champitas, una vereda retirada del centro de Chigorodó, donde lo mataron.
Los desmovilizados aceptaron todos los cargos formulados por la Fiscalía 17 de la Unidad
de Derechos Humanos y, de paso, pidieron perdón a las víctimas presentes en la sala. Para
los familiares, lo importante de estas audiencias es que se sepa la verdad y que nada quede
impune. "Uno tiene la tranquilidad de que por lo menos se dijeron las cosas, pero a ellos les
da lo mismo matar a 1 que a 66 porque tienen todos los beneficios”, concluyó uno de las
asistentes.
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