bienes adquiridos a plazos en la sociedad de gananciales

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BIENES ADQUIRIDOS A PLAZOS EN LA SOCIEDAD DE
GANANCIALES
Joaquín Ataz Lbpez
Profesor Titular de Derecho Civil
Universidad de Murcia
1. PLANTEAMIENTO
A la hora de atribuir a un bien el carácter de ganancial o privativo, nuestro
Código Civil se rige por una serie de principios generales, establecidos fundamentalmente en los artículos 1.346 y 1.347, cuya aplicación resulta a su vez matizada por
otros preceptos dictados para casos particulares.
Entre los citados principios generales, se resalta por la doctrina la aplicación en
esta materia del principio de ~uhrogucicínrecil. según el cual son gananciales los
bienes adquiridos a título oneroso a costa del caudal común (artículo 1.347-3.O);
privativos los adquiridos a costa o en sustitución de bienes privativos (artículo
1.346-2.O); y en cuanto a los bienes adquiridos mediante precio en parte privativo y
en parte ganancial, de acuerdo con el artículo 1.354 «tour-r.cponderán pro indiviso a
la sociedad de gananciales y al cónyuge o cónyuges en proporción al valor de las
aportaciones respectivas».
Precisamente uno de los supuestos en los que éste último principio sufre una
excepción, es en el tema de los bienes adquiridos a plazos, cuya regulación específida, por parte de los artículos 1.356 y 1.357 es objeto del presente estudio. Excepción que, como veremos, está justificada por consideraciones de política legislativa, por aplicación de otros principios distintos al de la subrogación real, así como
por una lógica pretensión, por parte del legislador, de conseguir la máxima seguridad jurídica en cuanto a la calificación de los bienes, desde el mismo momento en
que éstos ingresan en el patrimonio familiar.
En efecto: En la adquisición de bienes a plazos, junto a la aplicación estricta del
principio de subrogació~ireal, hay que tener en cuenta otra serie de consideraciones
entre las que no es la de menor importancia el hecho de que, al fraccionarse y
diferirye en el tiempo el pago del precio en este tipo de adquisiciones, hasta que se
haya satisfecho el último plazo, no es posible conocer ni afirmar el carácter del bien.
Porque siempre cabe la posibilidad de que uno de los plazos se pague con dinero
procedente de un caudal distinto al de los anteriores plazos. Y en cualquier ca.so
hasta el pago del último plazo no sería posible determinar la proporción exacta en la
que los caudales privativo y ganancial participaron en la adquisición de dicho bien.
Y además en esta inseguridad en cuanto a la calificación de los bienes que se
ocasionaría en las adquisiciones a plazos, de aplicar estrictamente el principio de
subrogación real, hay que tener en cuenta que, una vez satisfechos todos los plazos,
la dificultad de determinar la procedencia privativa o ganancial del caudal con que
se pagaron todos y cada uno de los plazos, unida a la presunción de ganancialidad
establecida por el artículo 1.361, llevaría a que en la práctica estos bienes se
consideraran totalmente gananciales, o al menos gananciales en su mayor parte.
Por otra parte hay que tener en cuenta un dato de puro hecho como es el de que
en las actuales economías domésticas la adquisición de bienes a plazos puede
decirse que constituye la norma: al menos en las familias medias, y en cuanto a
cierto tipo de bienes cuyo pago al contado puede desequilibrar el presupuesto
mensual. Así ocurre especialmente con la vivienda familiar, que es adquirida a
plazos en la mayor parte de los casos, junto con otros bienes de uso común en el
hogar familiar, como los que constituyen el ajuar. Debiéndose tener en cuenta a este
respecto que precisamente vivienda y ajuar familiar son objeto de protección
específica por el legislador (Cfr. artículo 1.320 Código Civil).
Estas consideraciones son las que hacen que el Código, en los artículos 1.356 y
1.357, no establezca un régimen unitario para las adquisiciones a plazos, sino que
distinga tres supuestos, sometiendo cada uno de ellos a un régimen distinto: En
primer lugar los bienes adquiridos a plazos constante la sociedad de gananciales; en
segundo, los adquiridos antes del inicio de ésta, pero cuya contraprestación haya
sido satisfecha en todo o en parte constante la sociedad; y, por último, la adquisición a plazos de la vivienda y del ajuar familiar, sometida a un régimen especial dada
la importancia de tales bienes para la familia. En cada uno de estos supuestos, como
a continuación se verá, el legislador se inspira en un principio distinto: En ocasiones
se trata de favorecer la seguridad jurídica y la certeza ab initio en la calificación de
los bienes (artículo 1.356). En otras ocasiones la solución dada por el Código se
justifica en la fecha de adquisición de los bienes en relación con lo dispuesto en el
artículo 1.346- 1 . O (artículo 1.357-1. O ) . Y por último, el régimen especial establecido
para la vivienda y el ajuar familiar parece encontrar su razón de ser en el principio
de protección de la familia.
11.
ADQUISICION CONSTANTE LA SOCIEDAD
A la adquisición de bienes a plazos realizada constante la sociedad se refíere el
articulo 1.356 de acuerdo con el cual los bienes adquiridos por uno de los cónyuges,
constante la sociedad, por precio aplazado, tendrán naturaleza gunancicil si el
primer- dcremhol\o tuvier-ii tul (rrrácter. aunque los plazos restantes se satisfagan
con dinero privativo, Si, por el contrario, el primer desembolso tuviere carácter
privativo, el bien será de esta naturaleza.
De este precepto se ha dicho que establece una doble presunción, (<iuriset de
iure» l . Si bien tal presunción no se ve por ninguna parte. El Código es claro al
respecto: los bienes adquiridos a plazos constante la sociedad de gananciales, no se
presumen privativos o gananciales según el carácter del primer pago, sino que
efictivamente lo son. (Aparte de que la categoría de las presunciones xiuris et de
iuren es bastante discutible y discutida por la doctrina. Tema este en el que no
parece conveniente entrar ahora.)
Por otra parte, en cuanto a la valoración crítica hecha por la doctrina al
contenido del artículo 1.356, hay que decir que ha sido muy dispar. Ha habido
opiniones críticas y opiniones favorables. Entre las primeras puede citarse la
efectuada por García Cantero, para quien el precepto supone que una iliquldez
meramente circunstancial al tiempo del primer pago condiciona la naturaleza del
bien. Opinando en consecuencia que la norma no puede tener sino valor dispositivo, pues el carácter ganancial -o privativo- de un primer desembolso, acaso
poco importante con relación al valor total, no puede eliminar la aportación mayoritaria de dinero privativo -o ganancial, según los casos- para calificar en consecuencia el bien adquirido 2 .
Aunque esta conclusión no parece muy acertada. La 11teraii;x;~:aei precepto no
permite suponer que estemos ante una norma dispositiva: aunque, claro está, sus
efectos pueden ser parcialmente evitados por los cónyuges al adquirir el bien de que
se trate, si declaran su voluntad favorable a la ganancialidad del mismo, de acuerdo
con el artículo 1.355.
Y en realidad acaso el artículo 1.356 no merezca tales críticas, porque al hacer
depender ei carácter del bien adquirido a plazos, nc de la procedencia del precio
total, sino del carácter del primer plazo, consigue evitar -a la hora de la califícación del bien- problemas de determinación del carácter del dinero utilizado en el
pago de los distintos plazos, lo que, evidentemente. redunda en una mayor seguridad jurídica y certeza del contenido patrimonial en las relaciones conyugales.
Quedando a salvo los intereses del otro patrimonio -que contribuyó en la adquisición del bien- mediante el sistema de reembolsos establecido; siempre que se
pruebe el carácter del dinero con que, en cada c a o , se satisfacieron los plazos.
Debiéndose aquí tener en cuenta la aplicación de la presunción de ganancialidad
en cuanto al carácter de los plazos pagados '.
1 Así opina Vázquez Iruzubieta, Régimen económico del rnutrimonio, Madrid 1982, pág. 223.
También Torraiba hace referencia a dicha presunción en Comentiirio.\ cr ILI rrformu de! De~.echodr
ftrrnilici, t . 11, TECNOS, Madrid 1983, pág. 1.638.
2 En la puesta al día de la 10." ed. de CASTAN: «Drreclzo Civil esprrñol comrín yJorn!*, t. V ,
vol. 1, Madrid 1983, pág. 383.
3 Eri este sentido Torralba, ob. cit. págs. 1.639 y 1.640
De manera que el artículo 1.356, aunque no elimina el problema de la determinación de la procedencia del dinero con el que se efectuó la adquisición -a efectos de
calificación del bien-, sí lo reduce sensiblemente, al hacer depender la naturaleza
del bien de la procedencia, privativa o ganancial, del primer plazo. Además de
que mediante la aplicación de este precepto se evita la incertidumbre que ocasionaría en estos casos el artículo 1.354, en el que se consagra la aplicación del
principio de subrogación real para el supuesto de los bienes adquiridos mediante
contraprestación en parte ganancial y en parte privativa, los cuales «corresponderán -según el citado precepto- proindiviso a la sociedad de gananciales y al
cónyuge o cónyuges en proporción al valor de las aportaciones respectivas».
Precepto éste cuya aplicación a las adquisiciones a plazos originaría numerosos
inconvenientes prácticos, no siendo el menor de todos ellos el de la necesidad de
esperar a que se hayan satisfecho todos los plazos para conocer el carácter
-privativo o ganancial- del bien 4. Mediante la aplicación del artículo 1.356,
de.\de el instante del primer pago se conoce la afección del bien al patrimonio
ganancial o a uno de los privativos, con lo que se refuerza la seguridad jurídica y
se mantiene el principio ya citado de atribuir a los bienes un carácter u otro
desde el momento mismo de su adquisición.
Aunque, como se ha hecho notar, el artículo 1.356, a pesar de suponer una
solución distinta de la prevista en el 1.354, no supone la total exclusión de este
último en las adquisiciones a plazos; sino que el artículo 1.356 será de aplicación
cuando el primer plazo se satisfaga con un caudal cuya procedencia sea en parte
privativa y en parte ganancial Si bien en tal caso la participación privativa y
ganancial en el bien, dispuesta por el artículo 1.354, no se haría depender del
total del precio, sino de la aportación respectiva de cada uno de los patrimonios
en el pago de ese primer plazo. Sin perjuicio, claro está -y como siempre-, de
que en la liquidación de la sociedad corresponda un crédito por el valor satisfecho en cuanto a los restantes plazos.
No puede hablarse por tanto de dos regulaciones distintas, ambas generales
en su campo de aplicación, sino que la posible aplicación del artículo 1.354 aun
en el caso de las adquisiciones a plazos, parece dejar claro que el artículo 1.356
no es sino una excepción al urttculo 1.354, justificada por la pretensión del
legislador de fijar definitivamente el carácter privativo o ganancial de los bienes
desde el mismo instante en que éstos ingresan en la familia. Es decir: frente a la
4 «En el supuesto de precio en parte aplazado d i c e Giménez Duart- no es posible saber en el
momento inicial el patrimonio o patrimonios que soportarán la parte pendiente del gasto. La aplicación sin más del principio del artículo 1.354 implicaría una inicial incertibumbre, que es lo que ha
querido evitar el legislador atribuyendo al bien ab initio un definitivo carácter. (en «los bienes
privrrrbo.\ y ganrinciciIi,.\ tr:r In ~.ej'or-rncide 13 de mciyo de 1981 » RCDI 1982, págs. 136 y 137. En el
mismo sentido ver Torraiba, ob. cit. pág. 1.638.
5 En este sentido Girnénez Duart, «Los bienes ... cit.» pág. 137; Blanquer Uberos, .La
ideci dc comunidcid en in sociednd de gtrnonciiiie.\; nlcance, rnodniidades y excepcionr.sn AAMN
X X V (1.982) pág. 80.
aplicación estricta del principio de subrogación real -consagrada en el artículo
1.354se impone una solución distinta que facilita y simplifica la calificación
de los bienes.
Por otra parte hay que tener en cuenta que el artículo 1.356 se refiere a los
bienes adquiridos por u n o d e lo3 ccínyuges; por lo que parece que en el caso de
adquisición conjunta de un bien a plazos (que no es lo mismo que adquisición de
un bien por uno con dinero en parte privativo y en parte ganancial), será más
bien de aplicación el artículo 1.355 6 , de manera que los cónyuges, al adquirir el
bien, podrán atribuirle el carácter de ganancial; y si no dicen nada se presumirá
su intención favorable a tal atribución. a no ser que expresamente hagan constar
la procedencia privativa del dinero y la proporción en que cada uno de ellos
participa en el desembolso del primer plazo; caso en el que parece que el bien
habría de ser considerado como perteneciente proindiviso a ambos cónyuges en
la proporción dicha.
111.
BIENES ADQUIRIDOS ANTES DEL INICIO DE LA SOCIEDAD
Cuando la fecha en la que se adquirió el bien a plazos es anterior a? inicio de
la sociedad de gananciales, el artículo 1.357 dispone una solucaón distinta de la
prevista en el 1.356. Estos bienes -de acuerdo con el citado precepto- tendrán
siempre cciructer privativo, aun cuando la totalidad o parte del precio aplazado
se satisfaga con dinero ganancial. Con Pa excepción de la vivienda y el ajuar
familiares, respecto de los cuales, según el párrafo segundo de este mismo
artículo, será de aplicación el artículo 1.354 '.
En principio podría pensarse que la solución dada por el artículo 1.357-1.O es,
en el terreno práctico, la misma que la del artículo 1.356, porque se sobreentiende que si el bien fue adquirido antes del inicio de la sociedad el primer plazo
sería, lógicamente, satisfecho con dinero privativo. Sin embargo existe una diferencia profunda entre ambos respectos, porque el artículo 1.357- 1.O declara que
estos bienes serán ,iemprc privativo\, aunque la totalidad del precio se satisfaciera con dinero ganancial: es decir: aunque al iniciarse la sociedad no se hubiera
pagado aún ningún plazo. Ya no se trata pues de adoptar la solución más simple
6 Giménez Duart, loc. cit. supra. Ver también Torralba, ob. cit. pág. 1.639.
7 Excepción criticada por la doctrina en cuanto el principio de certidumbre jurídica, «tan
celosamente establecido por el Legislador en los artículos 1.356 y 1.357-1.O se viene abajo cuando se
trata de la vivienda y el ajuar familiar-» (Torralba, ob. cit. págs. 1.641 y 1.642). Igualmente Giménez
Duart («Los bienes privativos ... cit.. págs. 140 y SS.);el legislador atribuye siempre a los bienes u11
determinado carácter ab initio, y en cambio. en el supuesto más evidente de privaticidad, las compras en estado de soltería -o más bien: antes del inicio de la sociedad-. cambia aparentemente de
criterio, atribuyendo a la vivienda y ajuar familiares un carácter indeterminado hasta que su precio
sea totalmente satisfecho.
para favorecer la certeza en cuanto a la calificación de los bienes; sino que
estamos ante una excepción más radical al artículo 1.354. Ya no se trata sólo de
calificar el bien sin tener en cuenta el posible origeri en parte privativo y en parte
ganancial de la contraprestación; sino que aquí a la aplicación del principio de
subrogación real se impone la de otro principio, tan general como éste: el establecido en el artículo 1.346-1.O, de acuerdo con el cuaI son privativos de cada
uno de los cónyuges «ios bienes y derechos que les pertenecieran r l l comenzar. la
sociedad)). Lo esencia! aquí no es por tanto la procedencia del precio, sino el
momento de la adquisición 8. Es decir, que el artículo 1.357-1.O intenta indicar, al
menos en su primer párrafo, que en el posible conflicto entre la aplicación del
artículo 1.346-1.O y el 1.354, prevalece el primero. Se trata, en definitiva, de
evitar dudas en estos supuestos.
Es por ello por lo que puede decirse que el precepto estudiado no se refiere
sólo a adquisiciones a plazos, sino que su alcance llega más lejos y se refiere, en
general, a cuaiyuier rrdyuisfción con precio upíazctdo y, con independencia de
que su entrega haya sido o no fraccionada. Lo importante -repetimoses el
momento de la adquisición del bien. o mejor: del derecho sobre dicho bien;
porque si al iniciarse la sociedad aun no hubiera adquirido el cónyuge el derecho
de propiedad sobre el bien ya comprado, por no habérsele hecho la entrega por
parte del cornprador, parece que seguiría siendo de aplicación éste artículo, y se
consideraría privativo el bien, una vez adquirido; pues no tendría sentido considerar privativo el derecho de crédito, y ganancial ei resultado de la realización
de dicno derecho. Y quizás sea ésta la razón de que se haya llegado a decir que
el artículo 1.357 sería de aplicación incluso en aquellos supuestos en que el
comprador no hubiera adquirido aún la propiedad por existir un pacto de reserva
de dominio hasta la total satisfacción del precio aplazado.
Si el bien adquirido a plazos antes del inicio de la sociedad era un bien
mueblr, algún autor ha entendido que no podría aplicarse el artícuio 1.357, dado
que el artículo 9 de la Ley de 17 de julio de 1.965 -que regula las ventas a
plazos de bienes muebles- declara que el contrato de venta a plazos es, cuando
se trata de bienes muebles, un contrato real. que se perfecciona por la entrega;
por lo que si el primer plazo se satisface con dinero ganancial, el bien podría
considerarse ganancial en virtud el artículo 1 . 3 5 6 . No se trataría de un bien
8 Así Martínez Calcerrada. El nuevo derecho de Jiimiiirr. t. 11, Madrid 1981. págs. 189 y
209-210. En su opinión la norma trata de preservar de la autonomía ganancial los bienes que se
aporten como propios por los cónyuges.
9 En contra De los Mozos, en ~Comentnr-iosLII C Ó d i ~ oCivil y Compilaciones fbrníes 2 t.
XVIII, vol. 2 (arts. 1.344 a 1.410 del Código Civil) EDERSA, Madrid 1984, págs. 192 y 193. Para este
autor el artículo 1.357 no es aplicable cuando a pesar de estar concertada la compraventa no se ha
pagado ningún plazo, por considerar que este artículo se refiere a los bienes comprados a plazos.
Olvida sin embargo que el mismo precepto admite que la totalidad del precio se satisfaga con dinero
ganancial, y, por tanto, con posterioridad al inicio del régimen.
adquirido antes del inicio de la sociedad
primer piazo.
'O,
sino en el momento en que se pagó el
Pero en contra de tal interpretación hay que tener en cuenta que, además de
lo discutible de la afirmación de que la venta de bienes muebles a plazos es
contrato real l l , el artículo 1.357 parece lo suficientemente amplio y claro como
para incluir en él también estos supuestos. Expresamente declara que son siempre privcrtivos los bienes -cualquier bien- comprados a plazos por uno solo de
los cónyuges antes del inicio de la sociedad conyugal, con independencia de que
la totalidad del precio se satisfaga con dinero ganancial 1 2 . Si excluimos de su
ámbito de aplicación los bienes muebles, poca aplicación posible le quedará al
precepto, sobre todo si se tiene en cuenta que, como enseguida veremos, eI
párrafo segundo de este mismo artículo excluye también la vivienda familiar y el
ajuar.
Y en cualquier caso, sea como fuere, no parece que se pueda afirmar genéricamente que la adquisición de bienes muebles a plazos qucda fuera del campo de
aplicación del artículo 1.357- 1.O. Tan solo ocurriría así en determinados supuestos, ya que la ley de 17 de julio de 1 . 9 6 5 no resulta aplicable a cualquier adquisición de bienes muebles a plazos, sino tan solo determinadas ventas (no excluidas
por el artículo 4.O), realizadas en determinadas condiciones previstas en el artículo 2.O), de determinados bienes corporales no consumibles fijados por el Gobierno (artículo 20). E incluso en estos casos, para excluir la aplicación del
artículo 1.357 sería preciso que, concertada ya la venta, en el momento del inicio
de la sociedad aún no se hubiere satisfecho el primer pago, ni se hubiere entregado la cosa.
REGIMEN DE LA VIVIENDA FAMILIAR Y EL AJUAR
IV.
Como ya hemos señalado, el artículo 1.357-2.O declara que respecto de la
vivienda y el ajuar familiares se aplicará el artículo 1 . 3 5 4 , aún cuando hubieran
10
En este sentido Vázquez Iruzubieta, págs. 222 y SS.; Torralba, pág. 1.641.
11 No vamos a entrar ahora en la conocida discusión sobre la conveniencia o no de mantener la
vieja categoría de los contratos reales. Baste aquí con decir que de hecho el párrafo segundo del
mismo articulo 9 prevé la posibilidad de que se entregue la cosa sin recibir simultáneamente el
desembolso inicial; estando en tal caso el comprador obligado al pago de! .resto del precio, conservando el derecho a hacerlo en los plazos convenidos». Con lo que parece evidente que no es
necesario, para que la compraventa de bienes muebles a plazos surta efecto, que se haya pagado el
primer plazo. Como dicen Díez Picazo y Gullón, la propia ley desmiente que el pago del desembolso
inicial tenga carácter esencial para la perfección del contrato, <<yaque señala, como sanción de su
falta, la pérdida para el vendedor del derecho a exigirlo y la reducción de la obligación del comprador
a la satisfacción del resto del precio. (en Sistema de Derecho Civil, vol. 11. Madrid 1983, pág. 381).
12 En el mismo sentido Lacruz (Elementos pág. 367) y De los Mozos, Comentarios, pág. 192,
nota 16; el precepto se refiere a !os hienes <.<~mpc-(ido.,.
sido adquiridos por uno de los cónyuges antes de comenzar la sociedad, siempre
que parte del precio aplazado se haya satisfecho con dinero ganancial.
Acaso la razón de ser de esta excepción se encuentre en el intento de proteger u1 ccínyuge n o propieturio 1 3 ; dado que la propiedad exclusiva de uno de los
cónyuges sobre elementos tan importantes de la vida familiar como son el ajuar
o la vivienda familiar, podrían conceder al cónyuge propietario una preeminencia
que sería contraria a la deseable igualdad -no sólo formal, sino también material- entre los cónyuges 14. De manera que sería una consideración de política
legislativa la que justificaría la excepción contenida en este precepto a lo dispuesto con carácter general en el artículo 1.346-1.O: son privativos los bienes
adquiridos por los cónyuges antes del inicio de la sociedad I S .
Y decimos protección al cónyuge no propietario, porque no parece que el
legislador intente aquí favorecer a los acreedores de la sociedad, como hace al
convertir a la vivienda familiar y al ajuar en directamente afectos al pago de las
deudas de la sociedad. Sobre todo teniendo en cuenta que, al menos el ajuar,
entrará normalmente en su mayor parte entre los bienes declarados inembargables por el artícuio 1 . 4 4 9 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.
Sea como fuere lo cierto es que los principales problemas planteados por este
precepto no se refieren sólo a su finalidad o función, sino, especialmente, a su
presupuesto de aplicación y efectos.
En cuanto al primero, el precepto resulta aplicable en dos casos: la adquisición a plazos de la vivienda familiar y la del ajuar. Parece relativamente sencillo
entender qué es una vivienda familiar: aquella marcada por la nota de habitualidad y residencia en ella de la familia. Pero el concepto de «ajuar» plantea mayores problemas. Según el Diccionario de la Real Academia, ajuar es --en el
sentido que ahora nos interesa- «el conjunto de muebles, enseres y ropas de
uso común en la casan. Y en este mismo sentido hace referencia el artículo 1.320
a .los muebles de uso ordinario de la familia>>,y el 1.321 a alas ropas, el
mobiliario y enseres que constituyan el ajuar de la vivienda común de los espo-
13 «En realidad i f i c e Giménez Duart a propósito del artículo 1.320-, lo que el legislador
pretende proteger no es el patrimonio, sino el hogar o refugio familiar. (en .La orgunizacirin
económica del matrimonio tras la reformir de 13 de mayo de 1981» RDN julio-diciembre 1981,
pág. 88.
14 Quizás podría incluso considerarse que las limitaciones establecidas en torno a la vivienda y al
ajuar familiar -no solo en e1 artículo 1.357-2.O, sino también en el 1.320- provienen del deber de
contribuir a las cargas de la familia, que a su vez se deriva, según De los Mozos, de una igualdad
entre los cónyuges que no sea meramente individualista y que comprenda, junto a la igualdad de
derecho. la de deberes (ver <Protección jundica de la familia», en Anules de moral .social y
económica vol. L V , Madrid 1982, págs. 219 y SS.).
15 Como señala De los Mozos (en loc. cit. supra pág. 253) esta norma muestra la clara tendencia a proteger el hogar familiar. Protección que incluso, en opinión de García Cantero (en ~ P r o t e c ción jundica de la familia» cit. pág. 268) tendna alcance constitucional (art. 39-1 Const.) y obligaría a
su aplicación hasta en los territorios forales.
sos)). De forma que la pertenencia de un objeto concreto al ajuar se determina,
entre otros criterios, por el dato del «uso ordinario o común en la familia».
Se trata pues de un concepto abstracto, en el sentido de que no consta
de una serie precisa de objetos concretos, sino que sus componentes se determinan en cada momento por su destino y van cambiando a lo largo del
tiempo. Consideración ésta que plantea un problema en la interpretación del
artículo 1.357-2.O, porque éste se refiere genéricamente al «ajuar adquirido por
uno de los cónyuges antes del inicio de la sociedad)); y si el ajuar no es una cosa,
sino un conjunto de cosas autónomas, cabe que alguno de sus componentes se
haya adquirido en las condiciones expreiadas por el artículo 1.357-2.O, pero es
ciertamente difícil imaginar que todo^ y cudu utzo de lo.\ h i e n c ~que componen el
ajuar hayan sido adquiridos a plazos por uno de los cónyuges antes del inicio de
la sociedad.
No parece por tanto que sea posible una interpretación literal del precepto en
la que un ajuar -considerado como universalidad- haya sido adquirido por uno
de los cónyuges mediante precio ap!azado antes del inicio de la sociedad. Sino
que teniendo en cuenta que lo normal es que parte del ajuar sea adquirido por los
cónyiiges constante la sociedad, otra parte haya sido adquirida gratuitamente (en
donaciones propter nuptias), y otra sea aportada por los cónyuges, habrá que
entender que el artículo 1.357 se refiere tan solo a esta última parte, cuando
alguno de los bienes aportados en tales condiciones haya sido adquirido a plazos, o con precio aplazado, y parte del precio se satisfaga, posteriormente, con
dinero ganancial. Entonces esos bienes concretos serán gananciales en parte.
Aunque hay que tener en cuenta que, en definitiva, la pertenencia de un bien
concreto al ajuar familiar depende de su destino, y puede depender asimismo de
su valor en relación con la situación económica de la familia de que se trate pues
como declara el artículo 1.321 «no se entenderán comprendidos en el ajuar las
alhajas, objetos artísticos, históricos y otros de exti-aordinario valoi-N.Y el «extraordinario valor)), obviamente depende de la situación económica de la familia '% Si bien pudiera acaso entenderse que tal referencia al valor no es extrapolable al concepto mismo de ajuar, porque el artículo 1.321 se ocupa de un
supuesto muy particular como es la entrega del ajuar al cónyuge supérstite, sin
computárselo en su haber. De manera que los supuestos no parecen ser los
mismos. Aunque no hay que olvidar que, al menos socialmente, los bienes de
extraordinario valor, en relación con la posición de la familia, no suelen considerarse componentes del <(ajuar»:y que rara vez, cuando un bien es de extraordinario valor, se usa habitualmente.
Ió En contra Vázquez Iruzubieta que considera que el <<extraordinariovalor. a que hace
referencia el artículo 1.321 no es relativo, sino objetivo (en ob. cit. pág. 67). A lo que podría
objetarse que mientras el valor de una cosa pueda ser algo objetivo, la extraordinariedad, siempre
depende de lo que se considere .ordinario»; concepto éste que, obviamente es relativo. Ido que
ocurre es que puede considerar algo <<extraordinario-en función a la familia concreta de que se trate
o en funci6n al comhn sentir social.
Por otra parte tampoco hay que olvidar que en determinadas circunstancias
puede ser muy difícil discernir si un bien concreto forma parte del ajuar o se
trata más bien de un «objeto de uso persona1 que no sea de extraordinario
valor», privativo de acuerdo con el artículo 1.346-7.O. Así por ejemplo: una
enciclopedia adquirida a plazos ¿será parte del ajuar si la consultan todos O
varios de los miembros de la familia? ¿Será privativa si tan sólo la consulta uno
de los cónyuges? ¿Quizás el que no la adquirió?
Los problemas de interpretación de este precepto son, como se ve, muchos.
Pero mayores problemas se plantean aún en el caso de cambio de destino.
Porque tanto los bienes componentes del ajuar como la vivienda familiar constituyen conceptos que están en función de un determinado uso. Una vivienda es
familiar cuando en ella reside principalmente la familia; cuando, de hecho, constituye su residencia habitual. ¿Qué ocurre entonces cuando la vivienda que era
familiar deja de serlo? ¿Y si el que era mueble de uso común pierde tal cualidad?
En definitiva: se está haciendo depender de un dato de puro hecho, y que puede
cambiar, la naturaleza privativa o ganancial de la vivienda y de los componentes
del ajuar: lo cual tiene especial trascendencia - por su importancia económicaen la vivienda, que, cuando sea familiar, o mientras lo sea, no podrá saberse si
es ganancial o no, o en qué proporción lo es.
Por ello se ha dicho que esta norma es de liquidrrcicín 1 7 , en el sentido de que
hace referencia a la que sea vivienda familiar en el momento de la liquidación de
la sociedad; y sólo a ella se aplicará. Entretanto la vivienda adquirida por uno
solo de los cónyuges se consideraría privativa. Y en este mismo sentido se
manifestó el Colegio Nacional de Registradores al considerar, en la circular de 5
de junio de 1981 que la ganancialidad parcial de la vivienda familiar es una
norma de liquidación, y no para el tráfico. Según la citada circular «si así no fuera
se daría el absurdo de que los cambios de domicilio familiar irían convirtiendo en
parcialmente ganancial todos los pisos adquiridos a plazos antes del nacimiento
de la sociedad ganancial y pagados después de este nacimiento, según fueran
siendo ocupados por la familia. con lo cual se desbordaría la finalidad de la
reforman l X . Y al revés: dejarían de ser parcialmente gananciales conforme la
familia dejara de ocuparlos.
No obstante el artículo 91 del Reglamento Hipotecario mantiene, en su número
segundo, que «el posterior destino a vivienda familiar de la comprada a plazos
por uno de los cónyuges antes de comenzar la sociedad, no alterará la inscripción a favor de éste, si bien en las notas marginales en las que se hagan constar
con posterioridad los pagos a cuenta de¡ precio aplazado se especificará el carácter ganancial o privativo del dinero entregado*.
Este precepto ha servido para que ciertos autores mantengan que la norma
17
En este seritido Giménez Duart, Lo., hiene.5 privativos y grinunciale.5 ... cit., pág. 141.
18
Recogido en Torralba, ob. cit. pág. 1.642.
del articulo 1.357-2.O no es liquidatoria, sino que la vivienda familiar adquiere el
carácter de ganancial en parte desde que uno de los plazos se satisfaga con
dinero ganancial 19; y que, además, la inicial adscripción de un bien a un fin
concreto marca su naturaleza durante todo el tiempo de permanencia del mismo
en el matrimonio; con independencia de que cambie el destino del bien de que se
trate 2 0 . Pero tales conclusiones merecen un comentario:
En primer lugar no se ve porqué el artículo 91 del Reglamento Hipotecario
puede servir para afirmar que la norma del artículo 1.357 no es liquidatoria. El
Registro es un órgano de publicidad de los derechos reales sobre bienes inmuebles, y obviamente es deseable que contenga el mayor número de datos que en
su momento permitan determinar el carácter ganancial o privativo de un bien
concreto. En realidad e1 artículo 91 del Reglamento Hipotecario tan sólo dice
que en los casos en que acaso pudiera ser de aplicación el artículo 1.357 habrá de
hacerse constar el carácter ganancial o privativo del dinero empleado para satisfacer los plazos. Pero esto no prejuzga la aplicación del citado artículo 1.357,
ni mucho menos su interpretación. Esto es así porque, entre otras razones, el
destino dado a una vivienda -familiar o no- e s un dato de puro hecho al que
no puede extenderse la fe pública registra1 2 1 . El Reglamento Hipotecario lo que
pretende es que si se prueba, y cuando se pruebe, que una determinada vivienda
es familiar, quede constancia de los porcentajes satisfechos con dinero privativo
y los pagados con dinero ganancial, a efectos de aplicación del artículo 1.357
del Código Civil.
Precisamente por esto el mismo artículo 91 R. H. declara que el cambio de
destino de la vivienda no alterará la inscripción: porque /u fe pública registra1 no
Je extiende harta ese d a t o , que es de puro hecho. Y esta consideración nos lleva
a discutir también la afirmación de la irreversibilidad de la calificación de la
vivienda habitual como ganancial en parte, aunque cambie su destino dejando de
ser vivienda familiar.
Por supuesto, si se admite que la norma del artículo 1.357 es liquidatoria, la
discusión de esta segunda cuestión carece de sentido. Pero aun admitiendo lo
contrario, no se ve clara la razón de ser de tal irreversibilidad.
A favor de la misma se ha dicho que el artículo 1.357-1.O,viene a ser una
excepción del artículo 1.354, y el 1.357-2.O, al constituir a su vez una excepción
19
En este sentido Torralba, en ob. cit. pág. 1.642
20 En este sentido Torralba en ob. cit. págs. 1.642 y 1.643. Reconoce sin embargo que mediando nuevamente el consentimiento de ambos cónyuges, cabrá acceder a que las cosas se repongan
a su primitivo estado.
21 L a nota fundamental a efectos de aplicación del artículo 1.357 es la de la habitualidad de la
vivienda, que, precisamente, no consta en el Registro; ausencia que ha hecho pensar en las dificultades o injusticias que la aplicación del artículo 1.322 en relación con el 1.320. Al respecto puede verse
ia intervención de Poveda en aprotección jurídica de la familia. cit. pág. 265.
al 1.357-l.", supone un restablecimiento de la regla general -contenida en el
1.354- en lo que a vivienda y ajuar familiar se refiere; de manera que no habría
razón para entender que si deja de ser vivienda familiar vuelva a regir el artículo
1.357-1.022.
Pero no resulta del todo claro que el artículo 1.354 sea la regla general en esta
materia, pues este artículo sólo se refiere a las adquisiciones constunte la sociedad de gcinunciules, y el artículo 1.357 se refiere a bienes adquiridos a plazos,
. en materia de bienes
por uno de los cónyuges antes del inicio de 1~ ~ o c i e d a d Y
adquiridos antes del inicio de la sociedad, la regla es, como ya hemos dicho, la
establecida en el artículo 1.346- 1 . O , según el cual son privativos los bienes adquiridos antes de que empiece a regir la sociedad de gananciales. El artículo
1.357-1.O no hace sino repetir tal doctrina en el caso concreto de las adquisiciones a plazos, para evitar dudas sobre la aplicación del 1.354 a tales supuestos. El
precepto reafirma que lo decisivo para calificar el bien no es la procedencia del
caudal, sino el momento de su adquisición. De manera que la auténtica excepción es la que establece el artículo 1.357-2.O para el ajuar y la vivienda familiar *', que se regirán como si huhirr.crn ido udquiridos constante lu sociedad. Y
esta excepción se justifica por el destino de tales bienes; de manera que si dicho
destino cambia, nada parece impedir que cambie también la calificación dada a
los bienes 2 4 .
Cierto que en contra de esta solución podría decirse que, al admitir que un
mismo bien reciba distintas calificaciones durante la vigencia de la sociedad,
dificulta la necesaria seguridad que hay que tener en orden a la calificación,
como gananciales o privativos, de los bienes existentes en el matrimonio 2 s . Pero
la solución contraria, la que no admite la reversibilidad de la calificación de
ganancial de la vivienda familiar, sí admite, por el contrario, que una vivienda
inicialmente privativa pase, posteriormente, a ser en parte ganancial. Y si se
admite un cambio de calificación constante la sociedad, ¿por que no admitir los
restantes, dando igual trato al patrimonio privativo y al ganancial? Sobre todo
teniendo en cuenta que el sistema de reembolsos y créditos entre los patrimonios
garantizan, en la medida de lo posible, la recuperación del valor invertido en la
adquisición del bien.
Sea como fuere, el artículo 1,357-2.O resulta perturbador. Sobre todo si se
22
En este sentido Torralba. loc. cit. supra
23 Ver Giménez Duart: «Los bienes privativos y gananciales ... cit.», pág. 119; en el mismo
sentido del texto, considera el artículo 1.357-2.0 como una excepción del 1.346-1.".
24 De nuevo a propósito del artículo 1.320, tan relacionado con el 1.357-2.O, dice, con razón
Giménez Duart que si se pretende proteger el hogar familiar, la limitación desaparecerá tan pronto la
vivienda deje de ser el alojamiento habitual (en « L a organización ... cit.-, pág. 88).
25 Rompiéndose así el que Martínez Calcerrada llama .Principio de equivalencia o mantenimiento del carácter de los bienes* (en ob. cit. pág. 178). Si bien este #principio» queda roto por el
artículo 1.357-2.O, cualquiera que sea la solución que se adopte.
tiene en cuenta que si lo que se pretende proteger es el interés del cónyuge no
propietario, para evitar la disposición unilateral del otro cónyuge, tal interés
queda suficientemente protegido por la aplicación del artículo 1.320, según el
cual para disponer de los derechos sobre la vivienda habitual, aunque pertenezca
G uno ~ o ' l ode los cónyuge^, se requerirá el consentimiento de ambos, o en su
caso autorización judicial 2 6 . Y, como se ha señalado, el artículo 1.357-2.O no
añade gran cosa a esta protección de la vivienda y del ajuar familiares 2 7 , ni se
justifica una protección tan retorcida a través de la comunidad trilateral del
artículo 1.354 en su favor ".
De hecho, como ya hemos indicado, el artículo 1.357-2.O, lejos de conseguir
una mayor protección del hogar familiar, consigue que la afección de la vivienda
familiar frente a terceros, aunque parcial, sea doble: No sólo quedará afecta al
pago de las deudas que sean de cargo de la sociedad de gananciales, sino también al de lris deud~lxprivativas del cónyuge que contribuyó a su adquisición.
Porque, evidentemente, la consecuencia necesaria de un doble carácter de los
bienes es esta doble afección.
Acaso pudiera pensarse que la ganancialidad parcial de la vivienda y el ajuar
familiares consigue -frente al artículo 1.320- la no aplicación de su último
inciso. Es decir: que la manifestación errónea o falsa del disponente sobre el
carácter -familiar o no- de la vivienda, sí perjudique al adquirente de buena
fe. Ya que este precepto se refiere tan sólo al supuesto de disposición por el
cónyuge titular de un bien privativo, sin el consentimiento del otro; pero no a la
disposición de bienes gananciales, donde serían más bien de aplicación los
artículos 1.322 y 1.375 según los cuales la gestión y disposición de los bienes
gananciales corresponde conjuntamente n los cónguges (artículo 1.375), pudiendo el cónyuge que no consintió, o sus herederos, anular el acto de disposición para el que se requería su consentimiento (artículo 1.322).
Sin embargo, frente a tal argumento hay que tener en cuenta que el artículo
1.320-2." seguiría siendo de aplicación en cuanto a la disposición de la «cuota
privativan; por lo que la enajenación sería, al menos, parcialmente eficaz para el
tercero de buena fe; con lo que se podría establecer -ahora sí- una cotitulari-
26 Como dice la citada Circular del Colegio Nacional de Registradores de 5 de junio de 1981,
«si lo que se pretende es evitar que el cónyuge propietario deje en la calle al otro mediante la
enajenación a sus espaldas de la vivienda familiar, ya tenemos para impedirlo el artículo 1.320; y si lo
que se quiere es proteger al viudo o viuda (suponiendo que la disolución se produce por muerte)
contra los herederos del otro cónyuge, basta que se considere parcialmente ganancial en su caso, en
la liquidación de la sociedad, el piso que en ese momento sea hogar familiar».
27
De los Mozos: Comentarios ...cit. pág. 193.
28 Y decimos -comunidad trilateraln, porque como es posible que en la adquisición del bien
hayan participado, además del patrimonio ganancial, ambos cónyuges, cada uno con su propio
dinero privativo, la aplicación del artículo 1.354 daría lugar a una comunidad con tres cuotas: una a
favor de cada uno de los cónyuges, y la tercera de la sociedad.
dad entre los cónyuges y el tercero adquirente; cotitularidad ésta que llevaría a
la posibilidad, por parte de1 tercero, de ejercer la acción divisoria cuando quisiera; e s decir: la enajenación o disposición del bien parcialmente ganancial, no
dependería de los cónyuges, o no dependería sólo de ellos, sino también del
tercero adquirente de buena fe.
De manera que no se ve la utilidad del artículo 1.357-2.O, teniendo en cuenta
la protección otorgada por el 1.320.
Pero es que, además, con respecto al ámbito de aplicación del artículo
1.357-2.O. hay que tener en cuenta que constituye una excepción del L.356-1.0,
por lo que, al menos literalmente, no resulta de aplicación en los supuestos
regulados por el 1.356. Es decir: que la vivienda familiar y el ajuar, cuando
hayan sido comprados a plazos, y el primer plazo haya satisfecho con dinero
privativo, se considerarán enteramente privativos en el caso de que la adquisición se hubiera realizado constante lcr sociedad.
Esta es ia conclusión que parece imponerse de la lectura de ambos preceptos:
Las adquisiciones a plazos constante matrimonio se regulan por el artículo 1.356;
y el 1.357 tan sólo se refiere a las adquisiciones realizadas antes del inicio de la
sociedad.
Obviamente esto hace aún más absurdo lo dispuesto por el artículo 1.357-2.O,
ya que es precisamente el hecho de hnher adquirido la vivienda unte5 de la
vigencia del régimen el que determina que ésta pueda ser considerada parcialmente ganancial; mientras que si se hubiera adquirido con posterioridad a tal
fecha, hubiera podido ser calificada como totalmente privativa. El despropósito
es evidente. Para salvarlo podría pensarse en una interpretación extensiva del
precepto, aplicándolo genéricamente a la adquisición de la vivienda a plazos,
con independencia de la fecha. Si bien hay que tener en cuenta ciertos argumentos que desaconsejan dicha interpretación.
Y quizás el principal argumento contra tal interpretación sea el de los problemas prácticos que podría causar una extensión de la regla del 1.357-2.O tan sólo
para salvar un aparente despropósito de la ley. Problemas prácticos que se
plantean no sólo por la dificultad ya examinada de solucionar los cambios de
destino que pueda sufrir una vivienda, sino por la misma remisión al artículo
1.354. Pues quizás sea este precepto -el 1.354- uno de los más desafortunados
de la reforma de 1.981.
No es este el lugar adecuado para estudiar los problemas planteados por el
citado precepto. Baste con señalar que al establecer una proindivisión entre el
cónyuge o cónyuges que participaron en la adquisición del bien, y el patrimonio
ganancial, olvida que el patrimonio ganancial es carente de personalidad jurídica 2 y . por lo que no puede ser en sentido estricto titular de una cuota en proindi29 Al menos Iiasta la aparición del nuevo artículo 1.354, la mayor de la doctrina estaba de
acuerdo en que la sociedad de gananciales es carente de personalidad jurídica propia y , en conse-
visión; aparte de los problemas prácticos que en torno a la gestión, administración y disposición del bien en parte privativo y en parte ganancial se plantearían
con toda seguridad. Porque, o se considera que existe una verdadera proindivisión -con lo que serían de aplicación las normas sobre la copropiedad, que no
siempre son adaptables a una sociedad conyugal- o se considera que no hay tal
proindivisión en sentido técnico, y en tal caso no se sabe bien qué significará el
que un bien sea en parte privativa y en parte ganancial.
No parece pues que merezca la pena ampliar el ámbito de aplicación del
artículo 1.357-2.O. Con ello se conseguiría tan sólo la ampliación de una regia
perturbadora, que puede ocasionar numerosos problemas prácticos, y que, lejos
de conseguir una mayor protección de la familia, o del hogar familiar, poco
aiíade a lo ya dispuesto por el artículo 1.320. y , por contra, convierte a la
vivienda y al ajuar familiar en directamente afecta al pago de las deudas, tanto
de la sociedad como del cónyuge o cónyuges que contribuyeron en su adquisición.
Acaso habría sido preferible que, si se pretendía superar la protección otorgada por el artículo 1.320, se dispusiera que, en cuanto a la vivienda y el ajuar
familiares, tendrían la consideración de enteramente gananciales en el caso de
que paste de la contraprestación hubiera sido satisfecha con dinero de tal naturaleza; haciendo nacer un crédito a favor de los cónyuges que participaron en la
adquisición de tales bienes con dinero privativo.
cuencia, no puede ser titular de una cuota en proindivisión. No obstante la doctrina, al comentar el
artículo 1.354, no ha resultado suficientemente este aspecto del precepto. Sobre el tema puede verse
Blanquer Uberos: «La idea de comunidad ... cit.», pág. 79, nota 55. Y De los Mozos: *Comentarios ... cit.», pág. 184.
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