Con poca sal en la mollera Hacer equipo

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nuestro mundo
Con poca sal
en la mollera
cos autorrecetados. Allí tenemos a Lola
Ayala y otros más, sugiriendo que se debe tomar tal o cual medicina. La ingesta de fármacos de manera desordenada
ocasiona no sólo que las personas fabriquen una orina costosa sino que provocan que su hígado y riñón trabajen horas
extras para eliminar lo que el organismo
no necesita. El uso indiscriminado de medicamentos igualmente favorece la disfunción del organismo.
La única solución viable, siempre, será la educación. Pero si nuestros maestros andan en marchas bloqueando la
vialidad pública, la educación no será
efectiva. Está claro que las autoridades
mexicanas tratan a sus gobernados como “tontos a medio cocer”.
Angélica López Gándara
E
s muy frecuente que autoridades de
todos los niveles propongan soluciones que no resuelven nada. Los gobernantes dicen no al razonamiento y
dan cabida a las ocurrencias. Así, muchas estrategias vienen de los que son
“de muy poca sal en la mollera” como diría don Quijote. Este es el caso de los legisladores del Distrito Federal que han
decido retirar los saleros de las mesas
de los restaurantes. Desean prevenir la
hipertensión arterial y no encontraron
otra forma sino ésta, absurda y sin probabilidades de éxito. Definitivamente estamos salados y cuando no, alguien nos
echa la sal.
En el imperio romano, 500 años antes de Cristo, se podía pagar con sal, misma que tenía un valor similar al oro, de
allí surgió la palabra salario. Después,
los químicos descubrieron que la sal no
era otra cosa que un compuesto de dos
elementos: cloruro y sodio (NaCl), que
ahora es conocido usualmente como sal
de mesa; un producto necesario para todas las funciones celulares del organismo animal. El cloruro de sodio también
es utilizado como conservador de alimentos y es el causante de la salinidad del
mar, de donde se extrae la mayor parte
de este compuesto para consumo humano. Además en la actualidad es la mayor
fuente de yodo, ya que hace aproximadamente 50 años se agregó este elemento a
la sal comercial porque se descubrieron
muchas comunidades en las que sus
habitantes desarrollaban bocio, es decir,
crecimiento de la glándula tiroides, en
este caso por deficiencia de yodo, que se
resolvió al yodar la sal. Así pues, es necesario ingerir este mineral igual que las
grasas, proteínas y carbohidratos. Desde luego, el problema de enfermedad
resulta de la cantidad excesiva en el consumo de alimentos.
Siguiendo la estrategia de atacar el
resultado de una mala práctica y no el o-
rigen, tratan a los habitantes de una ciudad como si fueran todos niños a los que
hay que castigar, en lugar de educar a los
que verdaderamente están en etapa infantil. Pues de acuerdo a la ley que prohibirá los saleros también se deberían
quitar de los restaurantes el sabroso tocino y todos los alimentos altos en grasa
animal ya que, sabemos, el colesterol es
importante participante en la hipertensión arterial.
¿Y qué podríamos decir de las porciones grandes? Igualmente tendrían que
castigar a todos los restaurantes de comida rápida que te sugieren engordar con
eso de “por cinco pesos le doy papas y refresco grandes?”. Recordemos que la obesidad aumenta la presión arterial, favorece la aparición de diabetes y cáncer, eso sin contar los problemas articulares,
entre muchos otros. De la misma forma,
habría que impedir el consumo de alcohol en todas sus formas, porque no sólo
es causante de muchas muertes por accidentes automovilísticos sino que es la
principal fuente de cirrosis hepática. Además, el alcohol a grandes dosis produce
hipertensión (aunque a dosis pequeñas
baja la presión arterial). Ante todo, esto
de quitar el salero de la mesa resulta ser
una medida por demás incongruente.
Sería mejor quitar de los medios de
comunicación, especialmente de las televisoras, los anuncios de tantos productos de mala calidad que promueven que
seamos un país dependiente de fárma-
Twitter: @lopgan
Hacer equipo
Luis Rey Delgado
H
ay muchas personas que trabajan
juntas bajo un mismo espacio físico, realizan una tarea en la que guardan
vínculos entre sí y se afectan unas a otras, y sin embargo no son un equipo
pues no operan con las condiciones mínimas necesarias para ser consideradas
como tal.
Los integrantes de un equipo experimentan un ‘sentido de pertenencia’, ya
que tienen objetivos comunes, aunque
características personales y actividades
diferentes. Este sentido de pertenencia
se los da el hecho de compartir las mismas intenciones y a la vez que se saben
aceptados y valorados por sus compañeros. Cada uno entiende la importancia
de lo que hacen colectivamente y la imposibilidad de lograrlo sin la participación individual, por modesta que sea.
En un equipo existen diferentes liderazgos y cada quien aporta lo que es y lo
que sabe hacer, ya que no todos son buenos en lo mismo. Pero también existe un
líder al cual todos respetan y siguen por
su ascendencia, su credibilidad y congruencia, no sólo por su afinidad y poSn • 45
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