DR. M. CARRERAS ROCA — M. CARRERAS PADRÓS

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DR. M. CARRERAS ROCA — M. CARRERAS PADRÓS
BOSQUEIO CARACTEROLOG1CO
DE A. MACHADO
A TRAVÉS DE SUS POEMAS
PUBLICACIONES MEDICAS BIOHORM. - SECCIÓN: MEDICINA E HISTORIA | N.° R.: B. 1023-63 | D. L : B. 27541-63 | EDITORIAL ROCAS. - DIRECTOR: DR. MANUEL
CARRERAS ROCA. COLABORAN: DR. AGUSTÍN ALBARRACIN - DR. DELFÍN ABELLA - PROF. P. LAIN ENTRALGO - PROF. J. LÓPEZ IBOR-DR. A. MARTIN DE PRAD O S - D R . CHRISTIAN DE NOGALES-DR. ESTEBAN PADROS - DR. SILVERIO PALAFOX - PROF. J. ROF CARBALLO - PROF. RAMÓN SARRO - PROF. MANUEL USANOfZAGA-PROF. LUIS S. GRANJEL-PROF. JOSÉ M / LÓPEZ PIÑERO-DR. JUAN RIERA-PROF. DIEGO FERRER-DR. FELIPE CID-DIRECCION GRÁFICA: PLA-NARBONA
De esta edición se han separado cien ejemplares
numerados y firmados por el autor.
Ejemplar n.° (g\
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DR. M. CARRERAS ROCA — M. CARRERAS PADRÓS
BOSQUEJO CARACTEROLÓGICO
DE A. MACHADO
A TRAVÉS DE SUS POEMAS
ANTONIO MACHADO — AÑO 1933
RETRATO
Mi infancia, son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte anos en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañana, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿ Soy clásico o romántico ? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía
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al cabo, nada os debo; debéis cuanto he escrito.
mi trabajo acudo, con mi dinero pago
traje que me cubre y la mansión que habito,
pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Este autorretrato de Antonio Machado, sirve de lema y frontispicio al trabajo que me propongo realizar
sobre sus rasgos temperamentales que se manifiestan, con singular claridad, a lo largo de su obra poética. Y
digo temperamentales y no caracterológicos, porque el carácter es, en definitiva, la acción con que la voluntad, el
albedrío y las vivencias personales pueden corregir y modificar las estructuras temperamentales básicas de un individuo, para conformar su personalidad específica. El estudio de la personalidad es complejo y no se deja encasillar en los esquemas útiles, pero meramente indicativos, de las biotipologías sistemáticas. En todo caso la
personalidad específica de un hombre ha de ser objeto, para su correcta interpretación, de una psicología profunda, de un psicoanálisis estrictamente individual. Ya el mismo Rene La Senne, en cuyo «Traite de caractériologie» me apoyaré, distingue en ésta un sentido «restringido», que el autor define «como el conocimiento
de los caracteres, si se entiende como el esqueleto permanente de las disposiciones que constituyen la estructura
mental de un hombre». Desde tal punto de vista restringido, la caracteriología responde, pues, más bien, al criterio clásico de temperamento o al de biotipología, y es en este sentido en el que yo cifraré el propósito de mi
estudio.
6
No es fácil la disección del carácter de un autor, a partir tan sólo de sus escritos, si no existe un contacto personal previo que permita captar toda la rica complejidad que entraña un conocimiento psicológico profundo. Sin
embargo, la obra de Antonio Machado refleja, con singular coherencia, el temperamento de su autor. Sin duda, las
manifestaciones temperamentales, cuando se dan con tanta pureza, son, por su mismo esquematismo, más fácilmente captables y aprehensibles y, por tanto, más idóneas para ilustrar un trabajo necesariamente limitado
como éste. Antonio Machado es, por otra parte, un digno y valioso ejemplo para demostrar la validez y la importancia de los estudios realizados por Rene La Senne y su Escuela.
Antonio Machado corresponde al «sentimental», descrito como emotivo, no activo y secundario o de impresiones
persistentes. P. Malafert hace de este prototipo un retrato casi exhaustivo (PORTRAIT VIII), del que extraeré
los principales aspectos. Procederé previamente a bosquejar las características del temperamento sentimental e
ilustraré luego estos esquemas con fragmentos de poemas, entresacados del libro «Campos de Castilla».
Características básicas del tipo sentimental
Como nota más distintiva, cabe destacar su estado de tristeza permanente y casi insuperable. Y, como cortejo de
esta melancolía básica, una sensibilidad moral muy delicada, con un vivo sentimiento de sus debilidades y de sus
desengaños, que se avivan y multiplican por una imaginación quimérica difícilmente controlable. Por todas partes halla razones para acongojarse, inquietarse y atormentarse, no solamente por él mismo, sino por todos aquellos que le son queridos. Sin embargo, sufre más por los otros que con los otros. Esta falta de sintonía auténtica
le lleva a una disposición anímica por la cual se siente, si no despreciado, poco querido y olvidado. De ahí que
presente una susceptibilidad casi enfermiza, de la que nace una tendencia acusada a replegarse sobre sí mismo con
sus penas, aislándose en consecuencia, del mundo circundante. Es imaginativo, a veces fantasioso, contemplativo,
todo lo cual le hace propenso a la meditación; otra de sus características. Su inteligencia es predominantemente subjetiva, es decir, en ella la impresión domina sobre la percepción desnuda. Se le puede considerar incapaz
de salir de sí para elevarse al conocimiento científico, puesto que el saber científico se realiza en el conocimiento y
manejo de lo concreto, objetivo y extrapersonal. La abstracción pura no es su fuerte, antes se inclina a sutilizar
voluntariamente acerca de sus sentimientos, de sus estados anímicos (S. KiERKEGGARD). Su actividad exterior
y de empresa son casi nulas. Recela de los cambios de la agitación de la novedad, de todo lo que rompe el ritmo de
una rutina estabilizadora. Es consciente de su impotencia vital ya que no le falta una lúcida, aunque exagerada,
conciencia autocrítica. Todo ello aumenta una desazón difícilmente superable. Tiene ocasionales arranques de energía y concibe firmes proyectos, que al no realizarlos, le suelen hundir, luego, en desolaciones físicas y morales
mucho más graves. Completan el cuadro su resignación pasiva, su voluntad poco consistente, su temor a decidir,
a tomar partido. Y muchas veces compensa sus claudicaciones con arrebatos irreflexivos. Es habitualmente tímido, duditativo, irresoluto y débil, y halla mil justificaciones para diferir la acción. La duda suele tornarse obsesiva
(Hamlet).
Aunque superados por la sólida armadura de su educación moral y profesional, todos estos rasgos se insinúan y
confirman en Machado a través de su obra poética, que, analizada psicológicamente, constituye un auténtico diario
íntimo.
A partir de lo dicho, se puede colegir la psicodialéctica de la conciencia sentimental. Esta se cifra en su constante
lucha por la «paz interior». Como el biotipo sentimental es incapaz de una acción enérgica, diligente y oportuna,
trata de remontar las dificultades de su existencia apartándolas y proyectándolas en un plano de perspectiva contemplativa. Entonces, la propia angustia es vivida interiormente como un drama exterior dominado por la contemplación. Así se hace la ilusión de que ha objetivado su propia melancolía, como si se tratara de un espectáculo que
él ha de interpretar. No obstante este mecanismo defensivo, sigue atado a su propia historia. Esta estrategia le
sirve para defender su «paz interior» y ofrece simultáneamente dos frentes : protegerse de las contrariedades, desvalorizando las circunstancias adversas; y atacar su propia angustia a base de someterla a una reflexión autocrítica.
Esta psicodialéctica se hace patente en una multitud de facetas características que a continuación enumero, con la
consiguiente ilustración de textos del autor.
El dolor metafísico, su propia vida personal, se convierte en figura simbólica de todas las condiciones generales
de «la vida humana». Veamos a continuación algunos fragmentos de su poesía, en los que se refleja este dolor metafísico.
«Señor de la ruina,
adoro porque aguardo y porque temo:
con mi oración se inclina
hacia la tierra un corazón blasfemo.
«¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,
con doble faz de amor y venganza,
a Ti, en un dado de tahúr al viento,
va mi oración, blasfemia y alabanza !»
PORTADA
DE LA
PRIMERA
EDICIÓN
DE «CAMPOS DE CASTILLA»
8
Cabe añadir que el Dios del sentimental no es un objeto de entusiasmo y certeza metafísica, sino más bien un
oscuro puerto de paz, cuyo faro se entenebrece a cada momento. Otro aspecto de la religiosidad sentimental nos lo
ofrece la siguiente estrofa:
«¡ Oh, no eres tú mi cantar !
¡ No puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar !
en la que el autor no ve la grandeza esperanzadora y gloriosa de la muerte de Cristo, sino que su sensibilidad
queda simplemente horrorizada, detenida, pasmada, ante la crueldad del espectáculo, y es incapaz, por tanto, de
dar el salto a la trascendencia y al júbilo de la Redención. El hombre es el «ser caído» que, hundido en el cieno
de la vergüenza, intenta alcanzar a Dios sin lograrlo. La felicidad es inasequible. El lugar en el que encontraría la
dicha está en un paraíso lejano, lamentablemente perdido, pero que vive perdurable en el recuerdo.
... mas falta el hilo que el recuerdo anuda
al corazón, el ancla en su ribera,
o estas memorias no son alma. Tienen,
en sus abigarradas vestimentas,
señal de ser despojos del requerdo,
la carga bruta que el recuerdo lleva.
La poesía de estructura filosófica es otra característica constante del biotipo que nos ocupa. Tiende a expresar,
en consecuencia, la imagen poética en forma sentenciosa, apodíctica. Recíprocamente, el principio social o moral
busca el ropaje de la imagen simbólica o la metáfora expresiva.
«El hombre sólo es, rico en hipocresía.
En sus diez mil disfraces para engañar confía;
y con la doble llave que guarda en su mansión
para la ajena, hace ganzúa de ladrón.»
«¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades ?
Volvamos a la verdad :
vanidad de vanidades.»
«A quien nos justifica nuestra desconfianza
llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía
que dio a cascar al diente de la sabiduría.»
9
Suele manifestar también una especie de historicismo reflexivo. El presente está como empañado por el recuerdo
de otros tiempos más venturosos :
«Esos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifra que son fechas.
¡ Alamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas,
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre, pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva !»
«La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es aquella tan generosa un día
cuando Mió Cid Rodrigo el de Vivar volvía
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia.»
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.
En el telón de fondo, la proyección del drama de hoy contrasta con unos horizontes más luminosos.
...Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con una hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.
10
¡SORIA FRÍA, SORIA PURA
CABEZA DE EXTREMADURA...!
Destaco, antes de seguir adelante, la predilección que sentía dentro sí Machado por la pureza en todas sus facetas. La pureza constitirye para el sentimental un estado perfectivo que aporta una sensación de paz, al evitar toda
colisión conflictiva con las manchas morales inevitables del cotidiano vivir. La búsqueda de esta pureza se manifiesta en imágenes humanas idealizadas (la madre, el amor platónico, etc.), o bien en un «rapport» con la naturaleza, o en la fidelidad e indefensión de ciertos animales.
Insistiendo sobre lo dicho, vemos que considera la naturaleza más pura y acogedora que el propio hombre. Es otra
proyección sobre el telón de fondo; proyección que acerca a Dios, en el cual el alma se puede remansar y encontrarse a sí misma en el amplio sosiego de una inmensidad y eternidad propias a una paz más segura.
Ambos temas los encontraremos en los siguientes versos:
<t¿ Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,
la sierra gris y blanca,
la sierra de mis tardes madrileñas
que yo veía en el azul pintada ?
«Sentí tu mano en la mía,
tu mano compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
»¡ Soria fría, Soria pura,
cabeza de Extremadura!, ...
»En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva,
tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.
«¡Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncellas
en un convento a encerrarse... !»
El sentimental es, por otra parte, un misántropo. Se acomoda al drama del acontecer rutinario ya que en lo consabido halla una seguridad que se tambalea ante las novedades inesperadas. Para él, el hombre sensato vive más
apartado del mundo que inmerso en sus vanidades y modas, ya que en ellos nunca encontrará el anhelado reposo.
Su paz la ha de buscar en el silencio y la soledad: en ellas el poeta siente resguardados su libertad y sus sentimientos .
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«Huye de la ciudad... Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres
de chulos aburridos y ruindades
de ociosos mercaderes.
Por los campos de Dios el loco avanza.
Tras la tierra esquelética y seguiza
—rojo de herrumbre y fardo de ceniza—
hay un sueño de lirio en lontananza.
—Huye de la ciudad. ¡ El tedio urbano 1
—¡ Carne triste y espíritu villano !—»
La repugnancia por el quehacer práctico, la desconfianza por la acción utilitaria se descubre en los siguientes versos de un dramatismo conmovedor:
Hay dos modos de conciencia:
una es luz, y otra, paciencia.
Una estriba en alumbrar
un poquito el hondo mar;
otra, en hacer penitencia
con caña o red, y esperar
el pez, como pescador.
Dime tú; ¿'Cuál es mejor ?
¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos,
fugitivos,
que no se pueden pescar,
o esa maldita faena
de ir arrojando a la arena,
muertos, los peces del mar ?
«YO
EN
ESTE
PUEBLO
PASEANDO
SOLO, COMO
UN
FANTASMA»
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Todo lo dicho nos permite subrayar, consecuentemente, otra de sus características: la esquizotimia. El sentimental no siente que vive acón los demás», sino «ai ladon de los demás. De ahí su dificultad de sintonizar con las
manifestaciones afectivas de la multitud. Las fiestas populares, y la vida de sociedad le agobian. Como su actividad mental revierte constantemente en una introspección dolorosa, el mundo exterior acaba por tomar, a veces,
la apariencia borrosa y fatigada de algo fantasmal.
«Tan pobre me estoy quedando
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.»
«En el cénit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.»
Observamos también en el autor una facilidad en hacerse responsable y copartícipe de todo lo censurable, por no
ser capaz de dar el ejemplo que debiera. Conciencia escrupulosa.
«No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.»
Asimismo, a lo largo de toda su obra, se aprecia que la capacidad perceptiva de Machado discurre en una sola dirección. Todo lo que existe se mueve en el escenario del drama del cual es espectador. Lo que no guarda relación
con el «estado de su alma», no tiene valor significativo alguno. Es nada. Veamos un fragmentos de «Campos de
Soria», uno de sus poemas más sentidos.
¡ Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, oscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor
¡ Campos de Soria
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais ! ¡ Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas... !
Reiteradamente —la reiteración es típica del melancólico—, se trasluce su deseo de evasión, de felicidad completa, de pureza total, como han ilustrado ya otros pasajes anteriores.
También ha quedado expuesto que para el poeta el mundo interior es mucho más importante que el mundo exterior. Vivir es, pues, «nutrir el alma*. Las realizaciones del hombre, su progreso material, son mera anécdota. La
única obra importante del hombre es su propia vida interior. Esta vida interior que, paradójicamente, se desgarra
buscando la paz.
... yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.
Lo demás es adjetivo e incluso puede ser perjudicial. De ello deduciremos que la propia conducta es su empresa
esencial. Las necesidades corporales son secundarias. (Ascetismo defensivo o sea falso ascetismo.)
... Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
ANTONIO MACHADO -
AÑO 1939
15
Por encima de todo se exalta el reino de la lealtad, de la justicia, de la rectitud. De ahí su severidad de juicio
—suspicacia moral—•, su propensión a indignarse ante la injusticia, los abusos de poder, la picaresca politiquera,
las «honestidades oficiales», los tópicos mundanos y sociales, etc. El enojo irrumpe en su obra con una dureza
inusitada. La ironía se convierte en sátira. La agresividad del sentimental suele manifestarse en la sátira y el
sarcasmo, que no dejan de ser formas extremas de una inflexibilidad moral.
La envidia de la virtud
hizo a Caín criminal.
¡ Gloria a Caín ! Hoy el vicio
es lo que se invidia más.
... «¡ Dice un ujier ! Va sin remedio al palo.
El joven cuervo la clemencia espera.
Un pueblo, carne de horca, la severa
justicia aguarda que castigue al malo.*
—«Nuestro español bosteza.
¿ Es hambre ? ¿ Sueño ? ¿ Hastío ?
Doctor, ¿ tendrá el estómago vacío ?
—El vacio es más bien en la cabeza.»
«Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luego parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras,
florecerán las barbas apostólicas,
3^ otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡ por ventura ! pasajero,
la sombra de un lechuzo de bolero:
el vano ayer dará un mañana hueco.
Como la náusea de un borracho ahito
de vino malo, un rojo sol corona
de haces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona...
Por motivos de esquematización didáctica, he ilustrado cada una de las facetas más características del temperamento sentimental de Antonio Machado con textos especialmente idóneos. Pero tal disposición, si bien creo que
resulta ampliamente indicativa, no agota en absoluto el tema. En una forma y otra, en toda la obra del autor
transparece continuamente su talante melancólico. Y en un mismo poema surgen, a veces, mezcladas e imbrincadas, todas las notas dominantes que Rene Le Senne acumula sobre el talante sentimental. El ejemplo de Antonio Machado es, pues, una suerte de arquetipo capaz de enaltecer, por su sólida congruencia, las profundas exposiciones del investigador francés. Sin forzar las cosas, sin hábiles «calenibours», el biotipo sentimental —emotivo, no activo, secundario— se recorta y se perfila en la obra de nuestro gran poeta. No es ahora oportuno hacer
la crítica literaria del autor de «Campos de Castilla», pero sí cabe decir que la importancia de su obra no reside
en la investigación psicológica a la que me he sentido invitado, sino en que es, ante todo y sobre todo, auténtica
obra de arte. Y como tal medio de conocimiento del hombre, de la vida, del espíritu y de la existencia. La obra
del poeta, como la obra de los santos, sobrevuela su propia anécdota personal y sus propios condicionamientos
psicológicos para legarnos una verdad útil, objetiva, válida y aleccionadora. La emoción poética de Antonio Machado nos alcanza a todos y nos ilustra plenamente sobre la grandeza del hombre. Esta grandeza que, enraizada sobre estructuras somáticas, psicológicas y materiales las trasciende por obra de un misterioso soplo del espíritu. ¿ Cómo no hablar de condicionamientos ante la obra de Antonio Machado ? Pero ¿ cómo no hablar también,
ante ella, de libertad interior, de voluntariedad aspiratriz y de la gozosa e inabarcable riqueza de cada individualidad humana ?
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Bibliografía
«Traite de Caractériologie», RENE L,E SENNE (París, 1957).
«Campos de Castilla», A. MACHADO (Madrid, 1912).
«Antonio Machado», S. SERRANO PONCELA (Madrid, 1962).
«Versos para A. Machado», Antología Ruedo Ibérico (París, 1962).
«Antonio Machado», ALBERTO GIL NOVALES (Barcelona, 1966).
«La generación de noventa y ocho», P. LAÍN ENTRALGO (Buenos Aires, 1947).
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