FILOSOFÍA ANTIGUA (II)

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FILOSOFÍA ANTIGUA (II)
TEMA 2 ─ FILOSOFÍA GRIEGA: ARISTÓTELES
II ─ FÍSICA: LA TEORÍA HILEMÓRFICA EN EL SENO DE LA PHYSIS
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- ------------------ARISTÓTELES: VIDA Y OBRA
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Datos biográficos.
(Estudiad la página 46 del libro de texto, Historia de la filosofía, de J. M. Matos y X. Martí Orriols. Edit.
Vicens Vives).
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CONCEPCIÓN ARISTOTÉLICA DEL SABER. PRINCIPALES OBRAS
Las obras de Aristóteles, atendiendo a quien se dirigen, acostumbran a dividirse en dos grupos:
a) Exotéricas, dirigidas al gran público, escritas en forma de diálogos en los que el mismo Aristóteles
dirige la conversación: Grilo, Eudemo, Protréptico, Sobre las Ideas, Sobre el Bien. Son de gran
calidad literaria y conservamos únicamente algunos fragmentos.
b) Esotéricas o pedagógicas. Son transcripciones o apuntes de las lecciones que Aristóteles les
impartía a los alumnos del Liceo. A éstas obras se debe la fama que tiene el Estagirita como escritor
árido y de estilo poco literario
Teniendo en cuenta la evolución de su pensamiento podemos establecer tres períodos:
Primer período: la Academia platónica. Sus ideas concuerdan con las de su maestro. De este
período son sus diálogos (obras exotéricas), como por ejemplo, Eudemo o Sobre el alma en el que
comparte la teoría de la reminiscencia platónica y de la inmortalidad y preexistencia del alma, con
argumentos que recuerdan el diálogo Fedón de Platón. Son teorías que más tarde rechazará.
Segundo período: transición y viajes. Es la época de Assos y Mitilene. Aristóteles somete a crítica
la teoría platónica y esboza sus propias ideas. Escribe gran parte de sus tratados lógicos, la Física, la
Ética a Eudemo, parte de la Política y, al menos, parte de la Filosofía primera o Metafísica.
Tercer período: Atenas (el Liceo). Aristóteles se muestra como el observador empírico y científico
que conocemos. Tradicionalmente es el momento en que se redactan las obras más importantes, las
obras esotéricas, aunque algunos lo discuten. Parece seguro que en esta época escribió la segunda
ética, es decir, la Ética a Nicómaco (editada por su hijo Nicómaco), también Sobre el alma y el resto
de los libros de la Política, la Poética y la Retórica.
A la muerte de Aristóteles, su discípulo Teofrasto, que había recibido en herencia su biblioteca, ocupa la
dirección del Liceo. En el siglo I a. C., Andrónico de Rodas, el undécimo director del Liceo, recupera,
ordena y publica (entre los años 40-20 a. C.) el corpus aristotelicum, que comprende grandes grupos de
obras en el siguiente orden: Lógica (llamada Organon, es decir, instrumento, y que comprende
Categorías, Sobre la interpretación, Analíticos…); tratados físicos (Física, Sobre el cielo, Sobre la
generación y la corrupción, Sobre los meteoros, Sobre el alma, Historia de los animales, etc.);
metafísica (catorce libros, que exponen una teoría acerca del ser, de sus principios y causas; y que
Andrónico situó a continuación de los tratados de física); tratados de ética (Ética a Eudemo, Ética a
Nicómaco, la más importante, dedicada a su hijo Nicómaco, Gran ética, de retórica y política (Política).
Esta ordenación de las obras de Aristóteles, hecha por Andrónico corresponde bastante exactamente a la
clasificación de las ciencias, hecha por el mismo Aristóteles, que vamos a exponer a continuación.
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Ciencias teóricas o especulativas. Son aquéllas que tratan de lo universal y de lo necesario (de lo
que es así y no puede ser de otro modo; de lo válido siempre). No responden al interés por la
producción ni por la acción, sino que son completamente desinteresadas, pues su finalidad es el saber
mismo, la contemplación, el puro conocimiento de la verdad. Por esto son ciencias en sentido pleno.
Así, por ejemplo, contemplamos el cielo y tratamos de saber la verdad sobre los astros como algo
satisfactorio y deseable por sí mismo, como fin y no como medio para la fabricación de un objeto o
para la conducta.
A las ciencias teóricas o especulativas pertenecen:
1. Las matemáticas: tiene por objeto la cantidad, abstraída de los seres en que existe y considerada
en sí misma.
2. La filosofía de la naturaleza, posteriormente denominada física: tiene por objeto la naturaleza
(physis), que Aristóteles va a caracterizar como aquello que tiene en sí el principio del
movimiento. Aristóteles la llamó filosofía segunda.
3. La filosofía primera o metafísica. Tiene por objeto el ser en cuanto ser, y sus principios y
primeras causas. Por eso, la filosofía primera será el fundamento de todas las demás ciencias (la
ciencia de las ciencias), pues su objeto de estudio, el ser, es el fundamento de los demás seres.
La filosofía primera ─dice Aristóteles─ también debe tener por objeto “el ser por excelencia”, es
decir, Dios (theós), y entonces aparece como una teología. El nombre de metafísica, con el que
se la conocerá más tarde, se le atribuye a Andrónico de Rodas (s. I a. C.).

Ciencias prácticas y poéticas o productivas. Estas ciencias tratan de lo universal, pero, a diferencia
de las ciencias teóricas, no tratan de lo necesario, sino de lo contingente (o posible), es decir, de lo
que puede ser de varias maneras. En consecuencia, no son ciencias en sentido pleno.
Las ciencias prácticas: se ocupan de orientar normativamente el comportamiento individual y
colectivo hacia lo que es bueno y aconsejable. Incluyen: la ética, que se ocupa de orientar y
organizar el comportamiento individual hacia el bien y la felicidad, la economía, que se ocupa del
gobierno de la casa (del griego, oikós, casa) y de la familia, y la política, que se ocupa de organizar
la vida y el comportamiento colectivo para asegurar el bien común.
Las ciencias poéticas o productivas (del griego poiesis, producción, fabricación): se ocupan de lo
relacionado con la producción o creación humanas. Se identifican con el arte o la técnica (tékne). La
constituyen las distintas artes, como la poética, la retórica, la medicina, la arquitectura, la zapatería,
la estrategia de la guerra, el arte de navegación…
A esta clasificación podría agregarse la lógica, disciplina que Aristóteles no catalogó entre las ciencias,
debido a que la concebía como un auxiliar o instrumento de todas ellas.
Filosofía primera o metafísica
Con los sofistas y Sócrates, la naturaleza dejó de ser objeto preferente de atención por parte de
los pensadores. Y Platón, aunque vuelve a ocuparse del mundo sensible, lo deja en un segundo plano de
realidad, por debajo de lo que se consideraba la auténtica realidad: el mundo de las Ideas. Será Aristóteles
quien vuelva a ocuparse de la naturaleza como algo central de su pensamiento. La observación y el análisis
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de los seres naturales fue una de las grandes pasiones de Aristóteles, y la mayor parte de su obra es el
resultado de ese estudio empírico.
Pero los seres naturales, objeto de la física, son un tipo de seres, no los únicos. Constituyen una región del
ser. Por eso, los fundamentos más profundos del ser natural no se encuentran en la física, ciencia del ser
natural, sino en la metafísica, ciencia del ser en general.
En efecto, la ciencia del ser (la metafísica) era para Aristóteles la filosofía primera en cuanto que trata del ser
en el sentido más amplio y general. Esta filosofía primera será fundamento de la física y de toda otra ciencia
que estudie alguna otra región del ser. Así, una disciplina tan abstracta como la metafísica va unida de forma
inseparable al estudio de la naturaleza, pues no se puede entender adecuadamente la explicación aristotélica
de la naturaleza y el cambio (física) sin conocer su concepción de la realidad y del ser en general
(metafísica). De esta manera, manteniendo una tradición que se remonta a Parménides, Aristóteles retoma la
pregunta sobre el ser.
Debemos considerar que el término metafísica nunca fue utilizado por Aristóteles, que usaba la expresión
filosofía primera o sabiduría. El nombre de metafísica, que hoy utilizamos, tiene un origen accidental. Se
le atribuye al undécimo director del Liceo, el traductor y recopilador Andrónico de Rodas (siglo I a. C.). Por
una suerte de casualidad genial, el tal Andrónico, mientras realizaba la catalogación de los libros de
Aristóteles, etiquetó catorce libros (que trataban de cuestiones como el ser, la sustancia, los
accidentes…incluidas en lo que Aristóteles llamó “filosofía primera o sabiduría”), que le eran difíciles de
clasificar con la denominación “metà [tà] physicá”, que significa literalmente “después de los [libros]
físicos”. El caso es que el nombre de metafísica hizo fortuna, pues las cuestiones que abordan esos libros
van, efectivamente, más allá de la Física o estudio de los seres naturales.
Dicho esto, Aristóteles concibe la filosofía primera o metafísica como la ciencia del ser en cuanto ser, y
de sus principios y primeras causas. Pero como el ser, para Aristóteles, se presenta ante todo como una
substancia, la filosofía primera o metafísica será también la ciencia de la sustancia, pero de la sustancia en
tanto que es ser. Esta manera de concebir la filosofía primera o metafísica se denominará muy
posteriormente, ontología (del gr. tò òn, el ser, y logos, tratado, ciencia = ciencia del “ser”).
Sin embargo, en otros lugares de la filosofía primera o metafísica Aristóteles dice que “la ciencia por
excelencia debe tener por objeto el ser por excelencia “, es decir, Dios, entonces la filosofía primera aparece
como una teología (del griego theós, Dios, y logos, tratado, ciencia = ciencia de Dios). Lo más probable es
que esta concepción corresponda a los fragmentos más antiguos de la metafísica, escritos en una época en
que Aristóteles estaba fuertemente influido por el platonismo.
Analicemos lo que aporta en cada una de estas concepciones.
 La filosofía primera o metafísica como ciencia del ser
Para Aristóteles, la cumbre de las ciencias es la metafísica, como ciencia que se ocupa del ser en
cuanto tal, es decir, que se ocupa de todas las cosas en tanto que son. Esto quiere decir que la metafísica se
ocupa de los seres no en tanto que son este o aquel otro ser, sino en tanto que son. No se ocupa de los seres
móviles, ni de los seres vivos, ni de los seres de ficción o matemáticos, sino de lo que todos estos tienen en
común: que son. En esto justamente se diferencia de todas las demás ciencias: por su grado de
universalidad. El “ser” es lo más universal que existe. Por eso, la metafísica es un saber previo a todos los
demás, que tiene un carácter más particular o concreto. Y el “ser” es también lo más necesario: el ser es y no
puede no ser.
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Tipos de seres
En relación con el cambio, Aristóteles diferencia distintos tipos de seres:
a) Seres naturales. Son aquellos que tienen en sí mismos el principio y causa de su cambio o movimiento
(o de su reposo), es decir son aquéllos que cambian y se mueven por sí mismos. (sin intervención de la
mente del ser humano). Así, por ejemplo, una planta es un ser natural porque es capaz de cambiar y
moverse por sí misma, por su propio ser. También una piedra es un ser natural, porque está en reposo por
lo que ella misma es, por ser piedra. La ciencia que los estudia es la física.
b) Seres artificiales o manufacturados. Son dependientes de la mente del ser humano. Por eso, son objeto
de de estudio de las diversas artes o técnicas (tékne), porque estos objetos son fruto de la producción
técnica o tékne. Así, el banco de piedra, la espada o una escultura.
c) Seres matemáticos. Son los seres que no se mueven, pero tienen un gravísimo inconveniente: no son
cosas; existen en la mente, pero no separados de ella. La ciencia que se ocupa de ellos son las
matemáticas.
d) Ser supremo. Es aquel que es inmutable y también independiente de la mente humana. Ese ser es el
theós. Lo estudia la teología racional.
Los modos de ser
En relación a la manera en como se aplica la palabra “ser”a las cosas, puede haber distintos “modos de ser”.
Para Aristóteles, “el ser se dice de muchas maneras”, o sea, hay muchas maneras en que podemos aplicar el
término “ser”a las cosas, aunque de modo análogo. Análogo es aquel término que se puede aplicar con
ciertos matices a las distintas cosas que encontramos en el universo, porque, aunque de modo diferente, todas
las cosas “son”. Del mismo modo que el término “sano”, el término “ser” tiene muchos sentidos. Sano se
dice de un alimento, del pasear, de una medicina, del color de la cara…, y en cada caso quiere decir una cosa
distinta: que conserva la salud, que la produce, que la devuelve, que es indicio de ella, etc.; incluso puedo
aplicar la palabra sano a un mismo individuo, por ejemplo, a Sócrates, significando modos de ser diferentes
que descubro en Sócrates (sano en lo físico, en lo psíquico y en lo ético), pero todas las aplicaciones
envuelven una común referencia a la salud. La salud es, pues, quien da unidad a todas esas cosas distintas. Y
otro tanto ocurre con la palabra “ser”: el ser es uno y múltiple, el ser da unidad a todo lo que se aplica. Así,
son “ser” cada uno de los seres individualmente considerados (silla, árbol, Sócrates, Dios…), los distintos
modos de ser que resultan de atribuir el verbo ser a los distintos seres particulares (como cuando decimos
que la silla es de dos brazos, que el árbol es de dos metros, que Sócrates es ateniense, que Dios es inmóvil…)
Según Aristóteles, son cuatro los modos fundamentales en que podemos aplicar el término análogo “ser”a las
cosas: el ser por esencia y ser por accidente; ser según las categorías; ser verdadero y ser falso; y ser en
acto y ser en potencia.
1. Ser por esencia y ser por accidente: la esencia de algo viene a ser aquello que le pertenece propiamente,
aquello sin lo cual tal cosa no sería tal cosa. De ahí que bajo esta clasificación el ser sería propiamente la
esencia. Así, pertenece a la esencia del hombre el “ser un animal hablante”. Accidente es aquel tipo de
ser que sólo circunstancialmente le corresponde a algo. Así, por accidente, un hombre puede ser albañil,
músico o cojo.
2. Ser según las categorías. Las categorías son las diversas maneras de ser que resultan cuando el verbo ser
aplica un predicado a un sujeto. Por eso hay tantas categorías como predicados. Precisamente la palabra
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griega kategoría significa predicado. El predicado se liga al sujeto mediante la cópula “es”, y las
distintas categorías pretenden ser los distintos sentidos de ese “es” que liga el predicado al sujeto, y por
ello los distintos modos del “ser”. Así, no decimos lo mismo, ni hablamos del mismo modo de ser
cuando aplicamos el predicado “hombre” al sujeto “Sócrates” (Sócrates es hombre) que cuando
aplicamos el predicado “filósofo” (Sócrates es filósofo) o que cuando aplicamos el predicado “bajo”.
(En la Edad Media se ha traducido categoría por la expresión latina predicamentum, y de ahí ha pasado
al español como predicamento).
De las diez categorías que cita Aristóteles, la primera es la sustancia y las nueve restantes son los
accidentes. La substancia (ousía) es una categoría esencial, las demás son modificaciones de la
substancia y la suponen como sustrato: son las categorías accidentales o, simplemente, accidentes:
cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, estado, acción, pasión. Con las diez categorías, se
podría llegar a ejemplos como éstos:
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─
─
─
Substancia (ser algo): caballo, hombre, Bucéfalo, Platón
Cantidad (cuánto): Platón es de (o tiene) de un metro sesenta de alto.
Relación (respecto a algo): Platón es discípulo de…, más alto que….
Lugar (dónde): Platón está en la Academia.
Tiempo (cuándo): Platón es del siglo IV a. C.
Posición (postura): Platón está de pie.
Estado (llevar puesto): Platón está calzado.
Acción (lo que hace): Platón está leyendo.
Pasión (lo que padece) Platón es encarcelado.
Para entender por qué en los ejemplos expuestos, aparece “es” o “está”, debemos considerar que el verbo
griego eînai (ser en castellano) tiene dos usos completamente distintos: un uso existencial (que se
traduce como existir o haber en castellano) y un uso atributivo o copulativo (que se traduce como ser o
estar en castellano). En los ejemplos, el verbo ser está usado, pues, atributivamente.
Sobre la inclusión de la substancia en el sistema de las categorías. Hemos dicho que las categorías o
predicamentos son las distintas maneras de decirse el predicado de un sujeto. Sin embargo, hemos
metido a la substancia en la lista de las categorías y esto plantea un problema. En efecto, si por
substancia se entiende la substancia segunda o forma (hombre, caballo), que es común a todos los
individuos de una misma especie o género, entonces no cabe duda de que la substancia segunda puede
ser un predicado de algo (por ejemplo, en “Platón es un hombre”, hombre es una substancia segunda que
se predica de Platón). El problema surge cuando se entiende por substancia la substancia primera (la cosa
concreta, el ser individual, por ejemplo: este hombre, aquel caballo, Platón), porque la substancia
primera no puede ser predicado de nada, no puede ser dicha de nada. ¿Por qué, entonces, la cuenta
Aristóteles como una categoría? Porque ya hemos dicho antes que las categorías no son sólo los distintos
tipos de predicados, sino también las distintas maneras de ser (entendiendo el ser no como cópula sino
como lo que es, lo real), y ser substancia no cabe la menor duda de que también es una manera de ser
Por último, señalar que mediante las categorías, se pretende una clasificación jerárquica de las entidades
del mundo.
3. Ser verdadero y ser falso: este tipo de clasificación del ser sólo se da en el juicio lógico. Ser verdadero
o ser falso es establecer una adecuada correspondencia entre sujeto y predicado. El ser, en este caso, es la
cópula del juicio, que es donde se establece la relación: por ejemplo: “Andrés es arquitecto”, en este caso
el “es” será verdadero o falso en virtud de la adecuación del predicado “arquitecto” al sujeto “Andrés”.
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4. Ser en acto y ser en potencia. Por ser en acto se refiere Aristóteles a la substancia tal como en un
momento determinado se nos presenta y la conocemos. Por ser en potencia entiende el conjunto de
capacidades o posibilidades de la substancia para llegar a ser algo distinto de lo que actualmente es. Un
niño tiene la capacidad de ser hombre: es, por lo tanto, un niño en acto, pero hombre en potencia. Es
decir, no es un hombre, pero puede llegar a serlo.
De alguna manera, por lo tanto, la potencia representa una cierta forma de no-ser: no se trata de un
no-ser absoluto, sino relativo, pero que es tan real como cualquier otra consideración que podamos hacer
de la substancia. Junto al ser en acto hemos de admitir, pues, el reconocimiento del ser en potencia. Por
supuesto que las potencialidades de una substancia vienen determinadas por la naturaleza de cada
substancia: una semilla podrá convertirse en planta y, por lo tanto, es potencialmente una planta; pero no
podrá convertirse en caballo.
Que la potencia representa una cierta forma de no-ser relativo se comprende mejor con la noción de
privación, a la que recurre Aristóteles para aclarar el significado de potencia. Que una substancia tenga
una determinada capacidad o potencialidad, significa simplemente que en la actualidad está privada de
esa forma de ser, es decir, que la privación se da en un sujeto, y no de un modo absoluto. Veremos con
más detalle, en la física, al analizar el cambio, el modo en que una cosa viene al ser a partir de su
privación
La potencia (dynamis) es de dos tipos: potencia activa, es decir, poder o capacidad de producir un efecto
en otra cosa (como la capacidad del fuego para derretir), y potencia pasiva, o posibilidad de pasar de un
estado a otro y de recibir la acción de una potencia activa (como la capacidad de la cera de ser derretida).
La potencia activa se encuentra en el agente (el fuego), y la pasiva en el que experimenta la acción (la
cera).
Para designar el acto utiliza Aristóteles dos expresiones que con frecuencia aparecen como sinónimos:
enérgeia (que se puede traducir, sin más, por acto) y enteléchia (que carece de traducción). Enérgeia
deriva de érgon (acción, trabajo, obra) y es, por tanto, la acción mediante la cual algo pasa de la simple
posibilidad a su perfeccionamiento y acabamiento final; y a este término, perfeccionamiento y
acabamiento final, alcanzado por la acción es a lo que Aristóteles llama, en sentido estricto, enteléchia
(enteles es algo cumplido, acabado y perfecto; enteléchia deriva de télos, fin, y échein, tener, poseer: es
lo que ha sido llevado a término, plenitud, acabamiento y perfeccionamiento). Para Aristóteles, todo ser
natural tiende a su fin, que es la adquisición de su forma perfecta o enteléchia. Antes de lograr dicha
enteléchia ese ser atraviesa por diferentes estadios. Para la mariposa, su enteléchia es llegar a ser una
mariposa completa, y todo su desarrollo se concibe como la actualización de una potencia que ya se da
en las fases anteriores de huevo, larva y crisálida. Sólo cuando llega a ser una mariposa completa en
acto, termina el proceso de crecimiento. Otro ejemplo: el caballo adulto, sano y perfecto no sólo es
caballo en acto (como el potro o el caballo que cojea), sino además es caballo en su plenitud o perfección
(enteléchia).
 La filosofía primera o metafísica como ciencia de la substancia (ousía)
Para Aristóteles, la substancia es el “ser” propiamente dicho., la forma privilegiada de ser. Por
eso, la metafísica también es definida como ciencia de la substancia.
Aristóteles reprocha a Platón el haber afirmado que lo verdaderamente real ─el ser propiamente dicho o la
substancia─ era la Idea (concebida como existiendo separada de las cosas individuales). Para Aristóteles,
substancia, en el sentido más fundamental, es el individuo concreto y particular, lo que ordinariamente
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llamamos cosas u objetos (este hombre, aquel caballo, Platón). Así, este mundo recupera su plena realidad:
es al individuo ─y no la Idea─ a lo que hay que llamar “ser” o “substancia”.
Sin embargo resulta que Aristóteles extiende la denominación de substancia, y la aplica no únicamente al
individuo concreto. Por esto distingue dos tipos de substancias: substancia primera: el individuo concreto:
Platón); y substancia segunda: la especie y el género: hombre, animal.
La substancia primera (el individuo concreto) es el verdadero ser, lo verdaderamente real, lo que es apto
para existir por sí, lo que existe en sí y no en otro. Considerada en su aspecto lógico, la substancia es el
sujeto último de atribución: a ella se refieren todos los predicados, mientras que ella misma no se predica de
ningún otro sujeto. Ella es el sujeto en el que tienen existencia la especie y el género y las demás formas de
ser, los accidentes; por eso dice Aristóteles que la substancia primera “subyace a todas las cosas”.
Las substancias segundas (especie y género) hacen referencia a la esencia o forma común a todos los
individuos de un mismo tipo. La especie representa la esencia total del sujeto (Sócrates es hombre); el género
representa una parte de la esencia, común con otras especies (Sócrates es animal). Las substancias segundas
se refieren a la naturaleza o rasgos que hacen que algo sea lo que es y no otra cosa, son lo que tienen los
seres concretos de estable e inteligible (el universal), que es lo que se expresa cuando definimos algo.
Hay que dejar claro que, de los dos tipos de substancia, sólo la substancia primera es, para Aristóteles, la
substancia en sentido estricto, mientras que las substancias segundas son substancias en sentido secundario:
no subsisten en sí ni por sí, no existen “separadas” de la substancia primera, sino únicamente en ella. El
hecho de que Aristóteles les aplique el nombre de substancia se debe a que sin ser la substancia primera,
tampoco son accidentes; y se debe también a que las substancias segundas son el objeto de la ciencia. De
la substancia primera, es decir, de lo individual como individual, no hay ciencia, según Aristóteles. El
intelecto deduce la substancia segunda al encontrar lo común e igual en (no fuera de) múltiples particulares
distintos. Después se entiende la substancia primera a partir de la substancia segunda. Es decir, que lo
individual se entiende a partir de lo universal, como en Platón, si bien, al contrario que en Platón, el universal
no existe separado de las cosas particulares, y el entendimiento ha de hacerse con él a través de una
elaboración intelectual a partir de la experiencia sensible.
Teoría hilemórfica
Aristóteles sostiene que la substancia primera, es decir, el individuo concreto (natural o
artificial) es un compuesto (synolon) de materia (hyle) y forma (morphé), lo que conocemos como teoría
hilemórfica o hilemorfismo.
Ni materia ni forma existen separadamente, sino siempre en el compuesto. No han sido creadas, son desde
siempre. Materia y forma componen, pues, un todo indisoluble, en el que la forma no es nada aparte de la
materia y la materia no es nada sin la forma (una excepción: el primer motor inmóvil o theós es sólo forma
sin materia). Si no hay materia y forma no hay substancia. En su necesaria referencia a la substancia a la
forma también se le denomina forma substancial.
La forma es lo que determina a la materia para ser algo. La forma es la esencia de la cosa, la substancia
segunda, la especie. Se puede decir que la forma es algo semejante a las Ideas de Platón (universales, eternas,
universales, inteligibles, eternas, inmutables, determinado), pero “embebidas en la materia”. (Con la teoría
hilemórfica se opone a Platón, que consideraba que la forma (Idea) existía separada de los seres particulares,
en el mundo de las Ideas).
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La materia es aquello de lo que está hecha una substancia. Se define también como la capacidad de recibir
una forma. La materia es el soporte o el sustrato de la forma (la madera es el sustrato de la mesa). En la
materia se distinguen materia próxima o segunda (el bronce, la tierra, o “esta carne y estos huesos”, etc.), y
materia primera, que es algo absolutamente indeterminado, la pura materia, la pura potencialidad de recibir
formas. Se llama primera porque es la componente material “primera” de la realidad física. Tiene las
siguientes características:
1. Es el sustrato absolutamente indeterminado. Entra en la composición de todas las cosas y no es ninguna
de ellas. Todos los cuerpos del mundo sublunar están hechos de esta misma materia común. Recuerda el
ápeiron de Anaximandro, o la materia caótica y primordial del Timeo de Platón. La madera o el bronce
no son materia primera o pura materia, sino que poseen ya una esencia o forma determinada, la de la
madera, la del bronce.
2. Es incognoscible. ¿Por qué? Porque la materia es aquello que nos queda de las cosas cuando las
despojamos de todas sus cualidades. Por ejemplo, tomemos una mesa. Vamos a quitarle cualidades. La
mesa es marrón, pues vamos a imaginarnos una mesa sin color. Tiene forma rectangular, pues vamos a
imaginárnosla sin forma rectangular, además de sin color, etc. ¿Qué nos queda? La materia con la que
está hecha, que en este caso pongamos que sea la madera. Diremos entonces que la madera es la materia
de la mesa, no la mesa.
Ahora bien, la madera tiene cualidades: es extensa, sólida, etc. Desde el punto de vista de una mesa, la
madera es su materia: Pero si acabamos de decir que la materia es lo que nos queda de las cosas cuando
las despojamos de todas sus cualidades, hay que decir que todavía no hemos acabado, pues la madera
sigue teniendo cualidades. Quitémosle, en nuestra imaginación, las cualidades a la madera: ya no es
extensa, ni sólida. Hemos acabado el proceso. Todo el rato hemos estado quitando cualidades a un algo.
Lo que ahora nos queda es ese algo sin ninguna cualidad. Pues bien, eso es la materia, la materia
primera.
3. Es eterna, no ha nacido ni puede perecer.
4. No existe independiente de la forma. Los cuerpos más simples que existen son, según Aristóteles, el
agua, el aire, la tierra y el fuego; y estos seres ya son un compuesto de materia y forma.
5. Es lo que permanece en todo cambio. Gracias a ella los seres cambian; es decir, el cambio se produce
por la modificación de la materia al añadírsele una forma.
6. Es, por tanto, pura potencia, no es nada en acto (digamos que es capacidad para ser, pero no ser pleno;
por lo que sólo llega a ser en unión con la forma).
7. Es un principio de individuación. Paradójicamente, es la materia la que individualiza las formas o las
especies, produciendo la multiplicidad y diversidad dentro de una misma especie. Todos somos hombres
por tener la misma esencia común, pero no todos somos iguales. Las diferencias sobrevienen por la
materia: ésta recibe de múltiples maneras la forma universal.
La materia segunda o próxima (el bronce, la tierra esta carne y estos huesos) es ya un compuesto de materia
primera y forma sustancial. Por ejemplo, en una estatua de Apolo en mármol, el mármol sería la materia, la
forma sería el ser el dios Apolo, con lo cual la materia mármol se ha transformado en un compuesto de
materia y forma: la estatua de Apolo. Ahora bien, si hemos distinguido esta materia, designándola como
mármol es porque tal materia (mármol) ya poseía una forma (la del mármol), ya era un compuesto de materia
y forma que lo hacía ser algo determinado: mármol. Pues bien, este mármol ya sería, por lo tanto, una
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FILOSOFÍA ANTIGUA (II)
TEMA 2 ─ FILOSOFÍA GRIEGA: ARISTÓTELES
II ─ FÍSICA: LA TEORÍA HILEMÓRFICA EN EL SENO DE LA PHYSIS
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materia segunda, y aquella materia de que está hecho, no sólo el mármol, sino también el hierro, las plantas,
la tierra, la carne, etc., y que no se puede dar si no es ya en unión de una forma, una materia absolutamente
indeterminada, y que entra en la composición de todas las cosas.
La materia segunda o próxima siendo también pasividad y capacidad de recibir formas, es, pues, una materia
más específica. La materia segunda se dice del concepto de materia en sentido relativo: respecto de la
estatua, su materia segunda es el mármol, respecto de la puerta, su materia segunda es el hierro, respecto del
hombre, su materia segunda es “la carne y los huesos”. La materia segunda no es pura materia (o materia
prima), sino que posee ya una forma sustancial o esencia determinada: la esencia del mármol, la esencia del
hierro, la esencia de las plantas, la esencia de la carne y la de los huesos.
Esta teoría hilemórfica que acabamos de exponer pretende ser una distinción ontológica, pero no física en el
sentido moderno. Esto significa que sólo de modo racional, conceptual, podemos distinguir entre materia y
forma de algo, porque en la realidad resultan inseparables: si quitamos la forma de algo, también desaparece
su materia, y viceversa.
Finalmente, materia─forma y potencia─acto son estructuras paralelas. La materia, en efecto, es o está en
potencia (pasiva) de la forma. Y la forma es lo que actualiza la materia, la perfecciona y confiere al ser su
potencia activa para obrar.
 Metafísica como ciencia del theós, el motor inmóvil
Aristóteles define también la metafísica como la ciencia de la substancia suprema: el theós. En
este sentido, la metafísica es teología racional. Dios es para Aristóteles un ser independiente, separado,
inmóvil, inmutable. Es el ser supremo, la plenitud del ser. Por eso será objeto preferente en la metafísica, y la
metafísca será para Aristóteles una ciencia divina..
No se trata de un dios creador. Pero, aunque está separado del mundo e incluso no lo conoce, tiene una
cierta relación con él, pues el theós constituye el motor inmóvil de todo el cosmos, su causa final:
textualmente, “como objeto de amor o deseo”, es decir, con una imagen literaria Aristóteles nos que “del
mismo modo que el ser amado es causa de la pasión del que le ama, por deseo de él”. Dios es causa final
respecto del movimiento del mundo, pues todo tiende a la perfección por el deseo de imitar al ser más
perfecto, que es el theós. Precisamente porque es así, el movimiento es paso de la potencia al acto (como
veremos con más detalle en la física), por lo que podría decirse que todo movimiento tiene como finalidad
ideal en el infinito el ser acto y nada más que acto; pues en ser acto radica la perfección de cualquier cosa
(Sin embargo, en la física, como veremos más adelante, el theós no mueve como causa final, sino como
causa eficiente).
FILOSOFÍA II - SELECTIVIDAD/ CURSO 2010 - 2011
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