/// Las Ideas Heredadas del Amor Cortés en el Departamento de las

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G. Chaucer
/// Las Ideas Heredadas del Amor Cortés en el Departamento de las Aves
I
El cuadro es familiar para los lectores --o la audiencia-- medievales: un narrador-poeta
que se queda dormido y el relato de su sueño, que tiene lugar en praderas siempre verdes
y en un tiempo que es eternamente el mes de mayo. Allí se encuentran, personificados,
los vicios y las virtudes concebidos por la Edad Media, junto a personajes de mitologías
antiguas (clásica y germánica). En este marco conocido, el lector-oyente medieval avanza
hacia el encuentro de Natura y se dispone a asistir a una sesión en la que las aves de todas
las especies tratarán de conseguir pareja. Con especial atención se detendrá en el pleito
que protagonizan las águilas. Dada la tendencia de los medievales a pensar simbólico1
alegóricamente , no será difícil para el lector-oyente de la época homologar el pleito con
los que se presentaban ante las legendarias cortes de amor del Mediodía francés. El fallo
de tales cortes se basaba en los preceptos de un código que llamamos "amor cortés",
recogido in extenso en el De Arte Honeste Amandi de Andreas Capellanus.
En efecto, tres de las cuatro características que Lewis menciona como las esenciales del
amor cortés se ponen en práctica en la contienda de las águilas macho por conseguir los
favores de la hembra y en el debate posterior, del que participan todas las aves2. En
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primer lugar, el amor cortés es aristocrático, y no puede ser practicado sino por nobles .
De hecho, las otras aves no siguen los mismos procedimientos que las águilas para
conseguir pareja y nada les interesan las reglas que los nobles tienen que observar. La
gansa, por ejemplo, se enrola en las filas del carpe diem:
"...I saye I rede hym, though he were my brother,
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But she wol love hym, let hym love another."
Y, en su respuesta al pato, el halcón explica que el amor sólo es posible entre cortesanos:
"...Thy kynde is of so low a wrechednesse
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That what love is, thow canst nouther seen ne gesse."
En segundo lugar, el amante cortés es humilde y servicial, fiel vasallo de una dama
(domina) de rango superior. Está dispuesto a obedecer todos sus caprichos y a servirla
eternamente, protegiendo siempre su honor. Las águilas lo ponen claramente de
manifiesto cuando se someten voluntariamente al arbitrio de la majestuosa hembra:
"Unto my soverayn lady, and not my fere,
I chese (...)
(...) Whos I am al, and evere wol hire serve,
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Do what hire lest, to do me lyve or sterve;..."
"I dar ek seyn, if she me fynde fals,
Unkynde, janglere, or rebel any wyse,
Or jelous, do me hangen by the hals!
And, but I bere me in hire servyse
As wel as that my wit can me suffyse,
From poynt in poynt, hyre honour for to save,
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Take she my lif and al the good I have!"
Los propios postulantes incluyen los vicios que deben evitarse porque constituyen
infracciones contra el código cortesano del amor. No serán mendaces, no desobedientes,
ni jactanciosos, ni infieles, ni capaces de divulgar el amor, que debe mantenerse en
secreto:
"And if that I be founde to hyre untrewe,
Disobeysaunt, or wilful necligent,
Avauntour, or in proces love a newe,
I preye to yow this to be my jugement:
That with these foules I be al torent,
That ilke day that evere she me fynde
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To hir untrewe, or in my gilt unkynde."
El tórtolo, por su parte, agrega el elemento de la fidelidad eterna:
"Nay, God forbede a lovere shulde chaunge!"
(...)
‘For, though she deyede, I wolde non other make;
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I wol ben hires, til that the deth me take.’ "
Por último, el amor cortés es de carácter ritual. Está sujeto a una serie de reglas y de
ceremonias que se ordenan en una escala ascendente cuyo objetivo, ni platónico ni
cristiano, por cierto, es ese éxtasis tan misterioso y vago que los trovadores llamaban joi.
Las águilas se encuentran en la primera etapa, es decir, son pretendientes y, según la
determinación de Natura, deberán ser suplicantes durante un año. Lejos están de ser
aceptados y, por otra parte, la aceptación no garantiza al elegido su conversión en amante
carnal (drutz). Atravesar todo el camino es sortear una a una las dificultades, sin salirse
del reglamento, pues cada violación aleja al amante del fin. El proceso es gratificante, en
tanto al someter al servidor de amor a un estado de desasosiego permanente, lo
ennoblece. Por eso, la imposibilidad del amor no es excusa para no amar. Más aún,
estimula el sentimiento amoroso poniéndolo a prueba. Como todo ars, pues, el amor
cortés es entendido como una forma artificiosa --y, por ende, intelectualizada-- de amar,
con reglas que se imponen a los participantes y, a su vez, los eligen como tales. El
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artificio le confiere carácter estético; la rigurosidad, carácter ético .
La única condición mencionada por Lewis que no se aplica en el Parlamento es la del
adulterio. Sin embargo, aparecen dos condiciones estrechamente vinculados a él. El amor
cortés siempre es secreto y, además, es inexorablemente producto de la libre elección de
los dos amantes (a diferencia del matrimonio, que en la Edad Media era un mero vínculo
legal en el que no contaba la voluntad de los cónyuges, al menos la de la mujer):
"But nanetheles, in this condicioun
Mot be the choys of everich that is heere,
That she agre to his eleccioun,
Whoso he be that shulde be hire feere.
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This oure usage alwey, fro yer to yeere,..."
Con esto, el cuadro del amor cortés queda esbozado con sus características más
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importantes .
Ahora bien: la audiencia de Chaucer sabe que el Parlamento no se agota en la
presentación del amor cortés. Si no lo supiera, no se resignaría a que el poema terminara
con el pleito cortesano inconcluso y con un poeta desesperanzado del amor que retoma
sus lecturas con el fin de encontrar la forma de "volverse mejor" que parece no haber
encontrado en el sueño. Tampoco entendería qué función tienen el pato, el ganso o el
cucú en un pleito sobre cuestiones que no les conciernen en absoluto. Los medievales
saben que la representación de todos los estamentos sociales en las distintas especies de
aves no es gratuita. Más que a una corte de amor, el Parlamento se asemeja a uno de esos
típicos debates medievales en los que se presentan posturas encontradas sobre un mismo
tema. Aquí, el amor. Entonces, el amor cortés se reduce a materia de discusión y, por
tanto, exclusivamente discursiva y, si el poema dedica casi la mitad de sus versos a tratar
sobre él, presentándolo con todos sus atributos y oponiéndole críticas pertinentes, es
precisamente porque, de todas las concepciones acerca del amor que pueden existir, sobre
ésta se puede hablar: en tanto ars, el amor cortés es una teoría, pura materia lingüística, y
como tal es objeto de debate y análisis. A los otros amores, que se "sienten" sin más
explicaciones, sólo se les concede dos versos casi al final del poema, en los que se
informa que se llevaron a cabo felizmente en la mayoría de los casos. De ellos no se
habla, porque con ellos se hace. El cucú deja bien en claro que nada le interesan las
discusiones cortesanas, siempre que no se interpongan entre él y su objetivo:
"So I," quod he, "may have my make in pes,
I reche nat how longe that ye stryve.
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Lat ech of hem be soleyn al here lyve!..."
Quizá también por eso, los amores de las águilas no llegan a una resolución en el poema.
Aunque la fin’amors no es de ningún modo desdeñable para los amantes, es en el camino
que lleva a su consecución donde está el placer: camino que es en gran medida lenguaje,
porque en su recorrido se canta, se escribe, se debate y se sentencia. ¿Ironía final del
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poeta, que muestra la naturaleza contradictoria del amor a través de la puesta en abismo
de toda teoría --y, por ende, de toda escritura-- sobre él? ¿Deberemos agregar a todas las
genialidades que la historia de la literatura adjudicó a Chaucer la de haber intuido que se
escribe y se habla sobre el amor entre un amante y otro15, tal como lo hace el poeta del
Parlamento, que lee incansablemente y escribe sobre aquello que nunca experimenta?
Chaucer estaba inmerso en la tradición del amor cortés, la hereda junto con muchas otras
tradiciones medievales que aparecen en este poema (la convención del locus amoenus y
del mes de mayo, el catálogo, tan afecto al gusto medieval por el coleccionismo, los
poemas-ensoñaciones, la personificación de Natura, las citas de autoridad). "Herencia" no
es aquí una palabra ociosa: recibe esas tradiciones sin haberlas reclamado. El misterio del
arte medieval parece estar en los dos primeros sentidos de la palabra "copia": abundancia
y reproducción. La tradición se reproduce dentro de una nueva dispositio, que la
multiplica y la carga de nuevas significaciones. Esa relación de homeóstasis entre
innovación y conservadurismo se plasma, en Chaucer, en la escritura en lengua
vernácula. En el acto concreto de lectura y escritura que funciona como marco del sueño
en el Parlamento, se ve la lucha del escritor con la materialidad del lenguaje. Chaucer
hereda una tradición, pero la asienta en una lengua a la que está confiriendo estatuto
poético con el acto de su propia escritura:
"There are implied in Chaucer’s English not only the courtly folk, but the country and the new bourgeoisie,
who figure also as characters in his human comedy; and for all its diversity, the community implied in
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Chaucer’s English --in Chaucer’s poetry-- strikes us as a remarkably harmonious whole."
Se trata precisamente del águila, el halcón, el pato, el ganso, el tórtolo y el cucú que
asisten al parlamento y discuten porque defienden visiones del mundo diferentes, pero
que conviven en una síntesis armónica de amor cortés --discurso sobre el amor-- y amor a
secas --amor en acto--, difícil de entender desde la sensibilidad actual, que, incorporada la
herida cartesiana, obliga a analizar --en el sentido etimológico del término--
absolutamente todo17.
Julieta Barba
1-Cf. Eco, U.; Arte y belleza en la estética medieval; Barcelona, Lumen, 1997, cap.6,
para las generalidades del pensamiento simbólico en la Edad Media. Respecto de si este
poema es una alegoría o no, vid. Lewis, C.S.; La alegoría del amor. Estudio sobre la
tradición medieval; Bs.As., Eudeba, 1969, donde responde negativamente.
2-CF. Lewis, op.cit., cap.1.
3-Cf. No hay mejor prueba de que el amor cortés se educa que pensar en él
como doctrina que contribuye a la formación dentro de las reglas del comportamiento
cortesano. Cf. Lewis, op. cit., pág.12: “De este modo se convierte, por un lado, en la flor
y, por el otro, en la semilla de las nobles maneras que distinguen al señor del villano.
Únicamente el cortesano es capaz de amar, pero es el amor el que lo hace cortesano”.
4-Chaucer, G.; The Parliament of Fowls, en Benson, L. (ed. gral.); The Riverside
Chaucer; Boston, Houghton Mifflin, 1987, vv 566-7. Todas las citas de esta obra en el
presente trabajo corresponden a esta edición.
5-Ibíd., vv 601-2.
6-Ibíd., vv 416-20. Las palabras son del águila real. El subrayado es propio.
7-Ibíd., vv 456-62. La que habla es la segunda águila, de menor rango. Subrayado
propio.
8-Ibíd., vv 428-34. Palabras del águila real. Subrayado propio.
9-Ibíd., vv 582-88.
10-Gran parte de las ideas sobre el amor cortés que aquí se presentan se deben
a la exposición de Octavio Paz en La llama doble. Amor y erotismo, Bs. As., Seix Barral,
1996.
11-The Parliament of Fowls, ed.cit., vv 407-11. Subrayado propio.
12-Al menos, siguiendo la enumeración de Jacques Lafitte-Houssat en Trovadores
y cortes de amor, Bs.As., Eudeba, 1966, donde el autor reproduce los capítulos del De
Arte Honeste Amandi referidos a los preceptos del amor cortés.
13-The Parliament of Fowls, ed.cit., vv 605-8.
14-La naturaleza contradictoria del amor está explícitamente mencionada en el
poema, en las inscripciones de la puerta por la que hay que pasar en el sueño para llegar
al locus amoenus (vv 127-40).
15-Cf. Kristeva, J. Historias de amor, Bs.As., Siglo XXI, 1987, págs. 235-45.
16-Spiers, J.; “A Survey of Medieval Verse and Drama” en Ford, B. (ed.), Medieval
Literature: Chaucer and the Alliterative Tradition. Volume I of the New Pelican Guide To
English Literature, London, Penguin Books, 1994.
17-“Analizar”, descomponer la materia en sus elementos constitutivos” (Greek-English
Lexicon, Liddell-Scott and Jones, Oxford University Press, 1996). Para la capacidad de
síntesis del pensamiento medieval vid. Lewis, op.cit., pág. 149: “Chaucer y su público
sabían, mejor que algunas gentes de hoy, que la vida no es cosa simple. Ellos podían
pensar en dos cosas el mismo tiempo. Podían ver al mundo ordinario en torno del círculo
encantado del amor cortesano; habían estado también en ese mundo ordinario y a él
habían de volver; y lo dejan que hable, le dejan se ‘gran garganta’ por un instante, aun en
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