Confia tus problemas y temores a Dios,Mujer no

Anuncio
Confia
tus
problemas
temores a Dios
y
La vida cristiana tiene sus
momentos de agitación producidos
por falta de dominio propio o por
la
influencia
negativa
de
interferencias;
también
las
enfermedades, la falta de dinero,
y frecuentemente, la falta de
buenos consejos en los momentos
más
difíciles,
fomentan
el
nerviosismo y la inquietud, muchas veces estos problemas
llegan al extremo de afectar nuestra salud.
Dios es un poderoso consuelo y una ayuda efectiva en las
tormentas de nuestro vivir y debemos siempre afirmamos por la
fe y dar a Dios la gloria en tiempos graves. Desde luego, la
Biblia también habla del consuelo de la palabra de Dios y los
consejos sabios de los hermanos, todo constituye una enorme
ayuda. Si la vida nos parece obscura por tantos problemas,
debemos pensar que más grande que nuestras dificultades, la
solución es Dios, y en él podemos confiar absolutamente en
todo, pues él cuida de nosotros.
Los malos amigos pueden ocasionamos un gran daño, pues sus
consejos quizás no se fundamentan en la realidad de nuestros
sufrimientos. Por eso dije “los consejos sabios de los
hermanos”. Job fue un personaje que tuvo que ir a través de
toda suerte de problemas. Su arma poderosa era su fe en Dios
que era inconmovible. Dios justificó, al fin, a Job y no a sus
amigos que no vieron el origen de las dificultades de ese
hombre de Dios.
Muchos problemas son causados por nosotros mismos. El temor
por un futuro incierto nos lleva al miedo-Pedro no estuvo
convencido del plan de su Señor; el miedo por problemas que,
para él ni existían, le hizo actuar
de manera tonta e
inadecuada. David se buscó muchos problemas que pudo haber
evitado. Jonas batalló contra algo que no pudo cambiar. La
confianza en el Señor hubiera quitado sus problemas antes que
aparecieran en sus vidas.
El Hijo de Dios tiene un enorme beneficio, pues puede
encomendar todos sus problemas, temores e inquietudes sobre su
Creador. La ayuda y providencia divina no son limitadas, el
mismo hombre limita sus posibilidades. Dios siempre es un
ayudador, sea en mucho o con poco. Desde luego, el cristiano,
tiene que obrar con iniciativa propia para resolver sus
problemas, pero hay momentos en que Dios puede cambiar todo
para nuestro bien. Dios hace concurrir todas las cosas para el
bien de los que le aman. He aquí una clara enseñanza del
apóstol Pablo a los cristianos romanos.
El simple hecho de que somos seguidores de Cristo no quita las
dificultades. Nuestra vida estará siempre rodeada de cosas
difíciles. Dios nos da la salida, debemos aprender a mostrar
quietud por la fe y la confianza en el Todopoderoso. El sabe
todas las cosas y desea ayudar al que cree que es apto para
toda ayuda.
Tanto Pedro como Pablo pensaban que podríamos poner todo lo
que nos aflige sobre Dios que tiene cuidado de nosotros. Jesús
mismo nos enseña que pongamos toda nuestra confianza en Dios.
En todo momento el cristiano puede ir delante del trono de la
gracia de Jesucristo para la ayuda oportuna. El salmista David
era un hombre poderoso, sin embargo, siempre confió en Dios
para que le resolviera sus problemas y para que le ayudara en
todo momento.
No debemos tener temor y decir que Dios no ayuda. Debemos
confiar en él y estar dispuestos a dejamos guiar por Dios. Sus
caminos no son necesariamente nuestros caminos, pero él
encuentra una solución. No a medias, sino con una ayuda
verdadera. No debemos tampoco dudar sino más bien creer que lo
que pedimos a Dios “ya lo hemos recibido” y así será. Nuestras
dudas producen más daño que bien. Es preciso reconocer que
Dios sabe todo y desea que estemos sin dificultades en nuestra
vida.
Ciertamente, el hombre ha de hacer su parte y Dios hace lo que
nosotros no podemos hacer, en vez de miedo, ten confianza; en
lugar de sentirte nervioso, vístete de paz, y cree que el
Padre celestial cuida de tí y de mi siempre, deposita todas
tus angustias sobre él.
Dios trata a su gente como un Padre. La idea de que Dios es,
para el cristiano, un Padre, debería inculcamos confianza. No
puedo recordar de que mi Padre carnal me haya dado promesas
que luego no haya cumplido, siempre ha hecho lo que con su
boca ha dicho a todos sus hijos e hijas. Dios ama la verdad,
Dios ama a sus seguidores, Dios desea damos estabilidad y
satisfacción en un sentido sano. Dios, el Padre de los
cristianos, tiene sumo interés en que todo marche bien en
nuestra vida. Si no confiamos en él aun y cuando somos
participes de las múltiples maravillas realizadas, entonces
como podemos considerar aspectos importantes tales como la
resurrección de los muertos y la vida eterna con Dios, en un
mundo en el cual reinará la justicia.
Dios está en medio de todos, especialmente en los creyentes
fíeles. Dios conoce nuestra vida a perfección. Ante él todos
estamos desnudos y descubiertos. Sabiendo que las cosas son
asi, deberíamos armarnos de confianza, fe, y amor hacia él y
su Palabra, estando seguros de que Dios siempre encontrará un
camino que nos lleve fuera de nuestros problemas y temores. En
verdad, con él y en él, caminamos de victoria en victoria.
“Y sabemos que a los que aman a Dios. todas ¡as cosas íes
ayudan a bien, esto es, a tos que conforme a su propósito son
Humados ” (Romanos 8.28). Dios lleva nuestra vida de triunfo
en triunfo. La Escritura es para el discípulo de Jesús, guia,
instrucción y luz para el camino. Nuestra confian¬za en la
ayuda y providencia del Señor nos llevará al éxito.
—fíans J. Dederscheck Viena. Austria
Mujer no vivas en angustia
Sin duda hay momentos en la
vida, en que nos encontramos
demasiado solas… por diferentes
razones. Una puede ser que el
marido se fue para ya no volver,
otra que los hijos crecieron y
también se fueron de la casa, o
a veces sencillamente, podes
estar rodeada de gente y también
sentirte sola.
Hoy vamos a conocer la vida de una mujer que no tenía marido,
se ganaba la vida trabajando en tareas domésticas y un buen
día la echan de su trabajo, estando embarazada, y ya no tenía
un techo donde vivir, no tenía trabajo, sus emociones estabas
destruidas, porque su sensibilidad era aún mayor por estar
esperando un bebé. Por un momento se quedó sin nada!…alguien
para quien le fue muy duro volver a empezar…
Cuenta la historia bíblica, que hubo un matrimonio que se
llamaba Abraham y Sara. Ambos tenían un gran problema, no
podían tener hijos, porque Sara era estéril, sin embargo, al
correr de los años, en sus vidas aconteció algo muy
particular; un día se les aparecieron unos ángeles con la
noticia de que iban a ser padres! esa era una palabra
directamente de parte de Dios. Cuando la recibieron, Sara se
rió, y era lógico, ya que ella era muy anciana para tener un
hijo. Pero la palabra era firme de parte de Dios e
indudablemente ella iba a ser mamá! La cuestión es que iba
pasando el tiempo y el bebé no venía, entonces un día, ya no
aguantando más y muy desesperada, a Sara no se le ocurrió
mejor idea que decirle a su propio marido que tuviera un hijo
con su sierva que se llamaba Agar. Dice el pasaje bíblico:
“Dijo entonces Sarai a Abraham: ya ves que Jehová me ha hecho
estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizás
tendré hijos de ella. Y atendió Abraham el ruego de Sarai.”
Fíjense como habló Sara, ella dijo: “Ya ves que Jehová me ha
hecho estéril”: suena, como si dijera: “la culpa de que yo no
tenga hijos es de Jehová”, había pasado demasiado tiempo y
según el reloj de Sara, Dios no estaba haciendo nada. Ella en
ningún momento se puso a pensar en los desórdenes de
convivencia y generacionales, que esto traería. Ella solo
quería tener un hijo a costa de lo que sea.
Así fue que Abraham, no dijo nada ante esta petición, solo fue
y lo hizo así, como su esposa se lo había pedido. Y Agar, la
sierva, al quedar embarazada se sintió más poderosa que
Sara y comenzó a mostrarse rebelde ante su señora, tomándose
la atribución de despreciarla. Esto es lo que pasaría en
cualquier hogar donde las cosas se manejan por los designios
de la carne y no los de Dios. Aquí se fue añadiendo pecado a
pecado, ya que ante esta situación Sara le echó la culpa a
Abraham, haciéndolo responsable de todo lo sucedido y Abraham
“se la devuelve” a su mujer y le dice que haga lo que quiera
con Agar. Y Sara decidió echarla de la casa!
La Escritura dice que las obras de la carne son entre otras:
adulterio, lascivia, enemistades, pleitos, celos, ira,
contiendas, disensiones etc. Todo esto se había puesto de
manifiesto en el hogar de Sara y Abraham.
Pero Dios que es misericordioso no iba a permitir tal
injusticia contra Agar. Entonces se manifestó a ella…En ese
momento el Señor no se ocupó de Abraham ni de Sara, se ocupó
de la persona que verdaderamente había sido afectada por la
mala decisión de sus amos.
Allí el Señor envió su ángel para encontrarse con esta mujer,
dolida en su corazón, sola, sin rumbo y llevando un hijo en
sus entrañas. Salió al desierto y estando parada junto a una
fuente de agua, porque sin duda estaría muerta de sed, se le
apareció el ángel de Dios (JESUCRISTO) y tuvo una conversación
con ella. El Señor SIEMPRE está dispuesto a tratar TODOS
NUESTROS PROBLEMAS con nosotras y si es necesario se nos va a
aparecer en la noche más oscura de nuestras vidas, así pasó
con Agar…
Dios siempre se compadece de los desvalidos porque es un Dios
misericordioso. Ahora para sorpresa de Agar, el consejo del
ángel fue que vuelva a la casa de Sara y se ponga bajo su
autoridad otra vez. Pues allí Agar tendría un hogar donde
poder criar a su hijo, ya que ella era extranjera, era
egipcia, y le sería muy difícil encontrar una familia que le
diera trabajo.
Esto quizás no nos parece la mejor salida, pero por lo general
nuestros pensamientos no son los pensamientos de Dios, ni
nuestros caminos, sus caminos. Y también el ángel le dio una
palabra de fe, una promesa, pues le aseguró que su
descendencia sería poderosa en la tierra y también le dijo el
nombre que tendría que ponerle a su hijo: Ismael que significa
“Dios oirá”.
Y por esta aparición, Agar reconoció a Jehová como “el Dios
Que Ve”. Y a continuación ella dijo:
¿No he visto también aquí al que me ve? Ella entonces llamó a
aquel lugar: “el Pozo del Viviente que me ve”.
Podemos ver en esta historia que a pesar de todas las
injusticias que estemos pasando, no importa de qué tipo sean,
o de qué tamaño; DIOS SIEMPRE NOS ESTARÁ MIRANDO y estará
listo para actuar y revertir la situación.
Lo único que él necesita de nuestra parte, es que le
entreguemos a Él, el derecho de vengarnos por nosotros mismos.
Dice en la Palabra de Dios que “La ira del hombre no obra la
justicia de Dios”. Muchas veces nos vamos a encontrar
queriendo hacer justicia “por mano propia”, pero cuando
tomamos la decisión de poner TODO en las manos de Dios, nos va
a pasar como a Agar, un ángel vendrá en nuestro auxilio y nos
dará una palabra de aliento, una palabra de fe, y no sólo eso
sino que tendremos el privilegio de seguir adelante con
nuestra vida, con nuestros proyectos, porque a través de una
situación desesperante
podremos conocer otra faceta del
carácter de Dios, entenderemos que él es El Fuerte Que Ve todo
lo que nos pasa y esto cambiará el rumbo de nuestra vida para
siempre!
Autora: Silvia Truffa
"Mi marido no me entiende"
Si piensas eso entonces
formas parte de un gran
grupo de mujeres que se
sienten incomprendidas. ¿Qué
hay
detrás
de
este
pensamiento? La comunicación
en el matrimonio: tema
complejo.
Qué puedes hacer cuando lo han intentado todo para
transmitirle a tu esposo que no eres feliz y él parece no
comprender?
El concepto de hombre “despistado”, el que no tiene idea de
nada, es un desafortunado estereotipo; pero como todo
estereotipo, se basa en algo de verdad: los problemas que a ti
te parecen terriblemente evidentes para él no lo son. Esto no
es así porque él sea tonto ni porque no le importa, sino
porque su proceso mental es distinto al tuyo. Él se comunica
de manera diferente a ti, y también escucha de manera
distinta. Esto no es solo la forma en que Dios lo ha creado,
sino también la forma en que lo han educado.
Si no has aprendido a comprender y a ajustarte a estas
diferencias, bien puedes hallarte a punto de tirar todo por la
borda mientras tu esposo sigue en la zona de “tenemos un buen
matrimonio”.
Él puede creer que tu mal humor se debe al síntoma
premenstrual, a las finanzas, al cansancio, al estrés o a una
etapa por la que está pasando; y puede de veras creer que los
problemas se solucionarán.
Hemos visto ese patrón de conducta repetirse vez tras vez.
Como el marido no comprende qué es lo que preocupa tanto a su
esposa, no tiene idea de cómo responder a sus quejas. Cuando
por fin intenta hacer algo, es raro que sea lo que ella de
veras desea. El dolor de la esposa se agudiza y entonces
cierra aun más su corazón.
Al mismo tiempo le envía a él un mensaje de que sus esfuerzos
son banales e insinceros, de que está haciendo muy poco y
demasiado tarde. Esto hace que él se sienta incomprendido,
menospreciado y confundido y que, lleno de frustración se
refugie tal vez en su empleo –trabajando más o más tiempo–,
pasando más tiempo con sus amigos o con algún pasatiempo, o
tal vez dándose por vencido en cuanto a su intento de agradar
a su esposa.
Es un círculo vicioso que puede romperse. Si has intentado de
una y mil maneras y tu marido sigue sin captar la idea, debe
de haber un problema en la manera en que la “idea” le está
siendo comunicada.
Búfalos y mariposas
En parte, el motivo por el cual tu esposo parece tan
despistado es que la mayoría de los hombres son terriblemente
malos en cuanto a leer la mente, y no son mucho mejores en
cuanto a captar indirectas. En el mundo masculino, la
comunicación se entiende cuando es directa, concisa y
concreta. Incluso en las relaciones comerciales donde hace
falta tacto, los hombres van directo al grano y a veces con
osadía. Alguien dijo que la comunicación masculina es como un
búfalo: tal vez carezca de delicadeza pero no pasará
inadvertido.
Cuando las mujeres conversan entre sí es por completo
distinto. Pueden tener sus propios problemas de comunicación,
pero una de sus habilidades es descubrir intuitivamente los
mensajes sutiles de la otra. Ante el menor indicio de alguna
dificultad, las mujeres lo captan de inmediato y comienzan a
intercambiar palabras de apoyo y de interés en el asunto. Para
dar a conocer una necesidad uno no necesita ser tan directo
cuando habla con una mujer, sino que puede ser como el suave
roce de una mariposa.
Para la mayoría de los hombres, sin embargo, esa señal de la
mariposa pasa por completo inadvertida. De nuevo, no es porque
los esposos sean incapaces o no tengan sentimientos, sino
porque han sido creados de manera diferente y han aprendido a
comunicarse de distinta manera. Por eso tiene sentido que,
cuando un matrimonio comienza a tener problemas, las mujeres
aprendan a hablar en un idioma que sus esposos comprendan.
Necesitarás ser directa y hasta atrevida, pero con respeto y
sin atropellar su corazón.
Nuestro granito de arena
Ojalá que lograr que tu marido te escuche en verdad fuera
sencillo… pero no lo es. Comunicar tus frustraciones a tu
esposo requerirá de paciencia, habilidad y decisión de tu
parte. Puede hacer falta que aprendas algunos métodos nuevos
de cómo hablar y escuchar. Si puedes lograr esto, las
recompensas para tu matrimonio pueden llegar a ser cuantiosas.
Antes de comenzar, intenta aceptar que el método de escuchar y
prestar atención de tu esposo no necesariamente está
equivocado, sino que es diferente. En tu mente, dale la
oportunidad o el derecho a ser diferente. En vez de
etiquetarlo como “despistado”, opta por hablar con él de una
forma que pueda escucharte.
Planificar lo que va a decirse puede servir de ayuda. Como los
hombres tienden a responder a la comunicación básica y a ser
solucionadores de problemas, te sugerimos que dediques unos
momentos a concentrarte en lo esencial de la relación.
Pregúntate qué es lo que más necesitas por parte de tu esposo
en este momento. Según como seas para procesar las cosas,
puede ser que quieras hacerlo de un tirón, o tal vez dedicar
un par de días a meditar en el asunto.
Una vez que hayas planificado bien, ten en cuenta estos
sencillos pasos para comunicar con efectividad cada uno de los
puntos.
Elige un momento y un lugar: en mi
caso, descubrí que los sábados por la
mañana es un buen momento para
conversar seriamente con mi esposo.
Cuando nuestros hijos todavía vivían
con nosotros, buscábamos a alguien
que los tuviera en su casa por un par
de horas. Prefiero las mañanas porque
eso nos da todo un día para
procesarlo en vez de abordar conversaciones densas antes de ir
a dormir. Desayunar y permanecer un rato más conversando, café
de por medio, crea un ambiente más de compañerismo que de
combate.
Eso funcionó en nuestro caso, pero tu situación puede ser
distinta. Trata de elegir un momento y un lugar en que ambos
estén despabilados, que puedan tener privacidad y que nada los
apure.
Dale una oportunidad: muchas veces nos concentramos tanto en
nuestros propios problemas, que olvidamos que el otro también
está dolido. Puedes iniciar la conversación diciendo que estás
preocupada por ustedes como matrimonio, y que deseas saber si
él tiene alguna sugerencia para mejorarlo. En otras palabras,
quieres saber lo que él necesita de ti. Bríndale la
oportunidad de responderte en ese mismo momento o de pensarlo
por cuarenta y ocho horas, y luego comentarlo contigo. Si él
responde enseguida, escucha con atención sin protestar ni
defenderte. Debes saber escuchar, ser sincera y demostrar
interés. Ten a mano lápiz y papel, y dile que escribirás los
puntos más importantes para no olvidarlos.
Con calma y claridad comunica tus necesidades: trata de
mantener la calma para que tu esposo no se distraiga con tus
emociones y pierda de vista el mensaje. Si estás muy
contrariada y emocionalmente cargada, quizá sea una buena idea
que comentes este asunto primero a una amiga. Trata de exponer
lo que deseas de la manera más concisa y clara posible.
Alguien dijo en cierta oportunidad:
–Las mujeres con frecuencia verbalizan una serie de temas sin
un orden preciso y dando al mismo tiempo todas las opciones y
posibilidades.
Los hombres tienden a sentirse abrumados por semejante volumen
de información, y dejan de escuchar. Obtendrás una mejor
respuesta si te encasillas en cuatro cosas: qué necesitas,
cómo lo necesitas, cuándo lo necesitas y por qué lo necesitas.
Pregúntale lo que piensa: a veces la mejor parte de una
conversación es la que se produce luego de preguntas tales
como:
–Bien, ¿qué piensas de esto? ¿Crees que he sido justa o
injusta? ¿Te parece una ridiculez lo que digo?
Es también un buen momento para que uses las cuatro preguntas
que mencionamos líneas más arriba en cuanto a sus necesidades.
Pero ten en cuenta que los hombres no procesan las cosas
verbalmente como lo hacen las mujeres; por lo general
necesitan pensar antes de responder a una situación.
Comprendemos que hay veces en que uno no siente ganas de
hablar de ciertas cosas con el esposo, porque está desanimada,
y lo único que desea es darse por vencida. Aunque te
comprendemos, te suplicamos que permanezcas con él un poco
más. Te sorprenderás de la manera en que tu esposo reaccionará
cuando por fin te escuche.
Tomado del libro: La mujer que se da por vencida de Unilit.
El agradecimiento en tiempos
difíciles
El día que le dijeron a Donna Lott
que entregara las llaves de su auto,
su vida cambió para siempre. Al
haber sido declarada ciega, ya no
podía ir al supermercado, ni a la
escuela de sus hijos, ni a las casas
de sus amigos. A menos que su esposo
u otra persona la llevaran. Tenía
solamente 35 años.
Mi amiga Donna, una activa madre y esposa, había estado
perdiendo gradualmente la vista por la enfermedad llamada
retinitis pigmentaria (RP). Incluso mientras luchaba por
aceptar lo que significaba su diagnóstico, comenzó a tener
dificultades para cocinar y limpiar, arreglarse el cabello y
maquillarse, y finalmente, para identificar los rostros de sus
hijos. Hoy, la iluminación en muchos ambientes, ya sea de un
restaurante, de una tienda, o de la iglesia, es para ella un
problema. Equipos especiales de computación la ayudan a leer,
escribir, estudiar, y leer y escribir correos electrónicos,
pero los ojos se le fatigan rápidamente.
El sorprendente resultado de su experiencia es que, a medida
que la visión de Donna se volvía más débil y más
distorsionada, su agudeza espiritual se acentuó. Su tiempo con
el Señor se volvió más significativo al clamar a Él, y
comenzar a percibir su amor con más claridad, sintiendo su
propósito al permitir que sufriera de esa manera. Aun en los
días que no podía imaginar cuál podía ser el propósito, le
daba gracias por lo que estaba sucediendo.
¿Quieres decir ahora?
La Biblia nos manda a dar gracias. “Bendeciré al Señor en todo
tiempo”, escribió el salmista (Sal 34.1). Y el apóstol Pablo
se hizo eco de ese sentimiento en su primera carta a los
Tesalonicenses, cuando dice: “Dad gracias en todo, porque esta
es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1
Ts 5.18). Por difícil que esto puede ser de aceptar, “en todo”
significa en los momentos buenos y malos, incluso cuando no
tengamos ganas de hacerlo. Es fácil dar gracias cuando se
tienen un matrimonio sólido, buenos hijos y dinero en el
banco. Pero, ¿qué pasa cuando el matrimonio se desploma, los
hijos se vuelven rebeldes o escasea el dinero?
Cuando vienen tiempos difíciles, podemos elegir dar la espalda
a Dios. Pero el endurecimiento de nuestro corazón hacia Él por
la ira o el rechazo afectará nuestra capacidad para enfrentar
al sufrimiento de una manera provechosa, lo que hará difícil
escuchar su voz y recibir consuelo y fortaleza. La gratitud es
la puerta que tenemos que atravesar para ser cada vez más
conscientes de la bondad del Padre celestial en medio de
nuestras circunstancias difíciles. Tenemos que practicar la
disciplina de dar gracias aun más en los momentos difíciles,
porque al hacer esto Dios no solo transforma al sufrimiento,
sino que también nos transforma a nosotros.
Razones para dar gracias
Al igual que Donna, si estamos abiertos al Señor en los
momentos difíciles, nos damos cuenta pronto de cuán
dependientes somos de Él, y de que todo lo que tenemos en la
vida es un regalo. Pero a la humanidad siempre le ha resultado
difícil sujetarse a esta perspectiva. Pensemos en el huerto
del Edén: cuando Eva anheló el fruto, estaba anhelando tener
independencia, y desde entonces eso es lo que hemos estado
haciendo. En vez de aceptar nuestra dependencia de Dios y de
estar agradecidos por Él y por su voluntad, insistimos en
vivir la vida según nuestros planes. Entonces el sufrimiento
capta nuestra atención como lo hace una advertencia de
tormenta severa. Nuestras circunstancias parecen decirnos: No
solo se van a volver más difíciles, sino que tampoco puedes
controlar la situación. Aunque nos resulta difícil ver
nuestras pruebas de esta manera, Dios nos permite soportarlas
por su misericordia, para que comprendamos, una vez más, que
Él es el único nuestro Recurso. Las pruebas, entonces, se
convierten en una oportunidad para volver a Él. Aquí vemos
cómo lo que parece ser para mal, el Señor puede usarlo para
bien. Reconocer su poder para transformar el sufrimiento en
algo hermoso, es lo que nos permite dar gracias en medio del
dolor.
Un corazón agradecido es posible solo cuando hay humildad. Al
dejar nuestro orgullo y contrastar nuestra pequeñez con la
grandeza de Dios, entendemos que Dios es más grande de lo que
podemos imaginar. Nos maravillamos de que el Altísimo no solo
nos haya creado, sino también de que haya abierto un camino
por medio de su Hijo para que lo conozcamos. Cuando entendemos
verdaderamente lo lejos que tuvo que ir para sacarnos del
abismo, nos llenamos de una gratitud que sobrepasa las
circunstancias más espantosas.
El dolor y el sufrimiento pueden también ablandarnos el
corazón hacia otras personas. Dios nos consuela para que
podamos consolar a otros (2 Co 1.3-5). Después que mi
matrimonio se derrumbó hace diez años, me encontré con que mi
compasión por los demás se había quintuplicado, mientras que
mi tendencia a juzgar a los demás disminuyó. Aunque mi
situación seguía siendo dolorosa, me sentí agradecida por el
cambio que Dios produjo en mí por medio de ella. Podemos dar
gracias no solo porque Dios nos consuela, sino también porque
puede usarnos para consolar a otros que estén sufriendo.
Es fácil hacerlo
Los tiempos difíciles pueden parecer interminables, pero Pablo
los llama “leve tribulación momentánea” (2 Co 4.17). Él pudo
escribir estas palabras, a pesar de haber sufrido
persecuciones, cárceles, palizas, naufragios, mordeduras de
serpientes, y muchas otras cosas más. Con su palabra y su
ejemplo, nos insta a centrarnos en lo eterno. Aun las pruebas
que duran toda una vida en la tierra transcurren en un
instante, en comparación con la eternidad.
El recordar que Cristo sufrió, puede también movernos a
encontrar consuelo y a ser agradecidos por la manera en que
está transformando nuestras vidas. El fruto de rendirse al
Señor le dará una mejor comprensión de su sufrimiento y de su
amor por usted. Y en ese punto, podría sorprenderle lo fácil
que es estar agradecido.
Por Leanne Benfield Martin
Ana, de la esterilidad a la
fecundidad
El camino de Ramá al templo de Silo
era largo y seco. Todos los años, Ana
hacía el viaje de dos días para
adorar y ofrecer sacrificios al
Señor. Viajaba con su familia,
incluyendo a su esposo Elcana, además
de la otra esposa de éste, Penina, y
con los hijos de ésta. Pero,
desdichadamente, Ana era estéril.
Cada año, Elcana pagaba por los sacrificios que había que
ofrecer como expiación por los pecados de la familia, y
también hacía ofrendas de agradecimiento por la provisión de
Dios y sus bendiciones. Sus acciones indican que era un hombre
justo interesado por honrar al Señor. Sin embargo, la Biblia
nos dice que la familia de Elcana estaba profundamente
preocupada.
La esterilidad de Ana no era solo motivo de dolor para ella,
sino que también amenazaba la continuidad de su linaje. Los
hijos eran vistos como bendición de Dios, como prueba de su
favor, y como los futuros proveedores de la familia. Los
varones, en particular, perpetuaban el nombre de su padre y
acrecentaban su riqueza.
Fue, tal vez, por la esterilidad de Ana, que Elcana había
tomado una segunda esposa, Penina. Ésta le dio muchos hijos e
hijas, pero en vez de que esto le diera un motivo para ser
amable o generosa, sus logros como esposa sacaron a la luz lo
peor de su carácter. Penina “la irritaba [a Ana], porque
Jehová no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año,
cuando subía a la casa de Jehová” (1 S 1.6, 7). Para Ana, el
tiempo dedicado para adorar al Señor significaba también
expresar una dolorosa humillación, y un recordatorio público
de que el Dios que ella amaba no había respondido sus
oraciones. En vez de eso, Él había decidido bendecir a su
rival, una mujer cruel y malintencionada.
Ana tenía varias opciones para aliviar su dolorosa situación.
Pudo haber señalado a Penina, culpando a esta maliciosa mujer
de todo su dolor y aflicción. Pudo haber insistido en que
Elcana enviara lejos a esta otra esposa, o haberle pedido que
engendrara un hijo con una criada suya para que ella lo criara
como suyo. Pero las acciones de Ana nos dicen que ella no
quería cualquier respuesta: quería la respuesta de Dios.
Después de llegar a Silo para adorar, Ana salió sin ser vista
por su familia, para orar. Oró para sí misma, y por sí misma,
lo cual era algo inusual. Los sacerdotes, en ese tiempo,
hacían sacrificios por las familias y oraban por ellas. El
hecho de que Ana le suplicara al Todopoderoso por su propia
cuenta, no era el procedimiento habitual.
Rompió con la tradición por su desesperación, no por rebeldía,
ya que el dolor que le producía sus oraciones sin respuesta la
había llevado a buscar la ayuda divina de manera diferente.
Mientras Ana oraba, su boca se movía con palabras indecibles
de sufrimiento. Le rogó a Dios que le diera no solo un hijo,
sino que también fuera varón, y prometió ofrecerlo como siervo
del Señor para siempre. Los primogénitos en Israel eran
siempre considerados propiedad de Dios, pero Él ya había
provisto una manera de “redimir” simbólicamente a cada hijo.
Sin embargo, Ana le prometió que no redimiría al niño, sino
que éste viviría en el templo y le serviría al Señor durante
todos los días de su vida. Poco después de regresar a casa,
Ana concibió un hijo, a Samuel, quien llegó a ser el último y
quizás
Israel
Samuel
David,
el más grande juez de Israel. Cuando la nación de
experimentó el cambio de gobierno a la monarquía, fue
a quien Dios llamó para ungir a Saúl, y después a
como reyes.
Al igual que Ana, nosotros también podemos sentir aflicción
por las oraciones sin respuesta; a veces tememos que podamos
incluso, perder la fe en el Dios que nos ama. Pero puede
también llevarnos a hacer peticiones atrevidas, ruegos que
pueden ser justamente lo que el Señor desea para nosotros, y
de parte de nosotros.
Si estamos alerta y somos pacientes, Él puede llevarnos a un
punto donde lo que se requiere de nosotros es que hagamos
valientemente una nueva petición.
Ana buscó la voluntad del Señor, no solo un escape temporal de
su dolor. Estuvo dispuesta a romper con la costumbre y la
tradición, para derramar su corazón al Señor y pedirle
osadamente que interviniera. Las acciones de Ana revelan que
entendía que
Dios tenía el control, y que solo Él podía cambiar su
situación y aliviar su dolor. A veces, nuestras peticiones
pueden quedar sin respuesta por razones que no podemos
entender. Es posible que hayamos sido elegidos para que Él
pueda revelarse a nosotros de una manera nueva. La oración no
respondida no significa que ha sido rechazada o ignorada.
Puede indicar, más bien, que el Señor está obrando en una
escala mucho más grande que la que podemos imaginar, porque Él
ciertamente “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Ef 3.20)
Charles Stanley
"Mi esposo no es cristiano"
En mi último viaje a México me llamó
la atención una señora que me
comunicó su desesperación por la
falta de interés de parte de su
marido en las cosas de Dios. Esta no
ha sido la primera persona que abrió
su corazón y me confió algo tan
entristecido como la del cónyuge que no cree en Dios.
No importa los detalles; los conflictos espirituales en el
matrimonio llegan a producir crisis en proporciones
alarmantes. Si tu marido o esposa no cree, estás al tanto de
esos desafíos.
La pregunta fundamental es ésta: ¿Hay esperanza de éxito en
matrimonios entre creyentes y no creyentes? En la verdad, con
la ayuda de Dios todo es posible. Pero en su mayoría el
creyente en la pareja no sabe qué hacer. Algunos se han
desanimado al ser ridiculizados por su compromiso en seguir a
Cristo. Sabemos que eso no es correcto y que debe haber algo
que se puede hacer.
Por eso, creo que la primera cosa que puede hacer la creyente
casada con un hombre no cristiano, es conocer la perspectiva
bíblica de su responsabilidad. Un hermano que estuvo en la
misma situación, sugiere algunos principios que quizás le
pueden ayudar: “La Biblia da a las esposas y maridos
cristianos la responsabilidad de amar a su cónyuge,
con
un amor incondicional”. También tiene que dedicarse
a él, orar por él y animarle. Pero no debe ser responsable por
su situación espiritual. ¿Por qué? Porque la palabra de Dios
no espera que sea. Tu cónyuge es responsable por su salvación.
Punto final.
Aparte de eso, líbrate de todo sentimiento de culpabilidad.
Satanás utiliza la culpabilidad y los sentimientos de fracaso
y dudas de fe como trampas para quitarte del camino. El parece
susurrar en tu oído estas palabras: “Tu tarea es muy difícil;
tu marido o esposa se separará de ti si pones a Cristo en
primer lugar en tu vida”. Pero debes resistir esas trampas de
Satanás y deshacerte de los sentimientos de culpabilidad por
tu marido o esposa por no ser creyente. No eres responsable
por la situación espiritual de tu cónyuge.
Al concluir que sólo Dios puede cambiar a tu marido, te
sentirás libre de la culpabilidad y podrás empezar a hacer
otras cosas más productivas. Por ejemplo, en vez de insistir
con tu marido o esposa que vaya contigo a la iglesia o que lea
literatura cristiana, la Biblia enseña que hay maneras de
influenciar a tu cónyuge para Cristo si sigues los siguientes
pasos:
1. Usa tus frutos. Tus acciones dan el ejemplo. En vez de
pagarle con la misma moneda con burlas que quizás estés
recibiendo, demuestra tu bondad y tu compasión propia de una
mujer cristiana. Debes seguir el ejemplo de Cristo en la
manera en que trató a la mujer samaritana. El Maestro podría
haberla condenado o avergonzado, pero no lo hizo. El Señor le
enseñó misericordia y le ofreció un regalo inestimable: la
vida eterna. El apóstol Pedro confirma que la mujer puede
persuadir a su marido haciéndolo creer por sus acciones. Dice
así: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros
maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean
ganados sin palabra por la conducta de sus esposas,
considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Pedro
3.1-2).
2. Sé diplomática. Trata a tu marido con el mismo respeto que
tratarías a una persona de afuera. “Andad sabiamente para con
los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra
siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo
debéis responder a cada uno” (Col. 4.5-6). Debemos tratar a
los de afuera o los no creyentes con compasión. No sea que por
tus inversiones emocionales profundas en tu matrimonio no
puedas utilizar métodos creativos de evangelismo con tu
marido. Piensa cómo tratarías a un compañero de trabajo o a un
vecino con quién quisieras compartir el evangelio. ¿Has
considerado usar las mismas técnicas en tu matrimonio?
3. Ora con propósito específico. Tanto conocer las Escrituras
como orar específicamente por la conversión de tu cónyuge son
las cosas más efectivas que puedes hacer. Pide a Dios que te
ayude a derramar el amor del Padre sobre tu marido o esposa
(Rom. 5.5) y pide también su guía y valor para ti.
4. Evita trampas. No le lleves a la iglesia bajo pretextos
falsos. Si los mensajes son evangelísticos y sabes que él se
sentirá incómodo en el culto por no ser convertido, sería
bueno advertirle de que se tratara o traerlo en otra ocasión.
5.
Actividades de la iglesia. ¿Puedes imaginar alguna
actividad de la iglesia en que a tu marido le gustaría
participar? Puede ser una serie de predicaciones, una campaña,
o un seminario cuyo tema sea sobre el matrimonio y educación
de los hijos.
6. Incluye, no excluye. Es importante tener en mente que a
pesar de las diferencias, tienes un compromiso con tu cónyuge
y con Dios en cuanto al sacramento del matrimonio. Si guardas
rencores y no eres cariñosa, entonces estarás enviándole un
mensaje negativo. Sería preferible ser amable y considerada en
vez de andar amargada. Este sería el mayor testimonio que le
puedes dar.
Sobre todo, en el proceso de ganar a tu cónyuge para Cristo,
ten en mente que Dios estará a tu lado siempre. El será tu
protección, tu roca, mientras continúas en esa empresa tan
difícil. Dios te ama a ti como ama también a tu cónyuge.
Jesucristo dice así: “Así os digo que hay gozo delante de los
ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas
15.10).
El esfuerzo en convertir a un cónyuge a Cristo es grande, pero
la satisfacción del resultado es mayor aun. Por lo tanto, no
debes desmayar. Ten en mente siempre a Hebreos 10.39, que dice
aquí: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para
perdición, sino de los que tienen fe para preservación del
alma”.
La Voz Eterna
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