CAPÍTULO V I I MI VIAJE A BRASIL E n 1914, d e s p u é s de una enfermedad que me a q u e j ó varios meses y por la cual estuve internada en el hospital Maciel de Montevideo, retsolví irme a Francia y radicarme en París. Allí estaban Alejandro Sux, Marta N e w e l s t e í n y Félix Nieves, con quienes me escribía constantemente y existía u n afecto y muchos años de actuación en conjunto. M é pidieron que ni bien mejorara de mi dolencia, tratara de irme con ellos a Francia. M i entusiasmo y deseo de volver y conocer París, produjeroa en mi la necesidad y el deseo de transformar en realidad ese viaje, q u e en esos momentos me era muv difícil. N o tenia dinero para viajar y pensaba cómo poder hacerlo. F u e asi que p e n s é ponerme en contacto con algunos c o m p a ñ e r o s que trabajaban en los barcos franceses, y combinamos mi subida a bordo ayudada por ellos y sin ser vista por sus autoridades» P r e p a r é mi viaje, y u n buen día subí a bordo de una hermosa nave que realizaba el viaje soñado, de Montevideo a Francia, con escalas en, varios puertos. Los primeros dos o tres días fueron maravillosos, viajando con la ayuda de tan buenos amigos y compañeros. L o que menos pensaba ni sabia nadie, era en la forma en que yo viajaba. E n todos los viajes de alta mar, a los dos o tres días de viaje se pasa revista al pasaje de tercera, y al hacerlo, yo no pude evitar que me descubrieran, so pena de comprometer a los compañeros que h a b í a n sido solidarios conmigo. Aparecieron cinco polizones m á s , unos muchachos jóvenes que como yo, q u e r í a n conocer Francia o iniciar una nueva vida. Ellos con facilidad se metieron a hordo y se escondieron, porque en aquel tiempo para un hombre era fácil subir a cualquier nave; no se exigían tantos requisitos como ahora. E l c a p i t á n del barco los puso a trabajar, unos a pelar papas en l a 41 cocina, y otros a las m á q u i n a s , y a mi me pidió que quería hablar conmigo y que m á s tarde pasara por su cabina. A l encontrarme frente al capitán, e m p e z ó el interrogatorio, pero un interrogatorio amable. L o que m á s le llamó la atención fue c ó m o h a b í a Jiecho para subir y esconderme a bordo durante tres días. Y o traté de defenderme de la mejor forma posible, tratando de no comprometer a los compañeros que me h a b í a n ayudado. M e dijo muy amablemente que en treinta años que navegaba nunca se le habia introducido una mujer de polizón, y que si no fuera por los otros me hubiera llevado a Francia, pero que no tenia m á s remedio que hacerme desembarcar junto a los d e m á s en el puerto de Santos ( B r a s i l ) . L e pedí que me llevase Basta Rio de Janeiro, pues alli tenia algunos amigos y me seria m á s fácil defenderme. Accedió con muy buena voluntad y me dijo que me acomp a ñ a r í a al bajar la planchada para que la policía no me molestara, lo ^ u e yo le a g r a d e c í . D i o orden en la cocina para que me dieran de comer, cosa que yo ya lo venia haciendo desde que subí a bordo, pues el cocinero era u n buen amigo y compañero, pero el capitán lo ignoraba. S e g u í mi viaje feliz hasta llegar a Rio de Janeiro; al atracar el barco, me presenté con m i valijita al lugar donde él me habia indicado, y me a c o m p a ñ ó hasta el final de la planchada, e x t e n d i é n d o m e su mano, como si fuera u n a persona de mi amistad. F u e asi que la policía no me molestó para nada. Yo ya habia tenido la precaución de m u ñ i r m e de direcciones de los compañeros que vivían en todos los puertos en que el barco hacia escala. Cuando descendí eran las once de la noche y me encontré de pronto en una ciudad desconocida y sin conocer su idioma. L e p r e g u n t é , como pude, a unos changadores que estaban en el puerto, y me dirigí a u n a casa de pensión, donde p a s é la noche. A la m a ñ a n a siguiente me encontré en la hermosa ciudad de R í o de Janeiro, donde sus bellezas naturales y su edificación variada, con u n Telieve arquitectónico tan superior, deja al recién llegado en una prolongada a d m i r a c i ó n . Enseguida me puse a buscar la dirección de J o s é Borobio, que era una de las que llevaba y con quien habia actuado y tenia una gran amistad. L a conseguí fácilmente, pues los brasileños a quienes le pregunte me entendieron a pesar de no hablar su idioma, y siguiendo las indicaciones que me dieron, l l e g u é a la dirección buscada con facilidad. 42 A l encontrarnos, u n abrazo grande y la sorpresa de nuestro reen cuentro, con el consiguiente asombro de mi llegada a ésa. Para mí, todo era novedad, me encontraba en una ciudad preciosa pero donde se me h a c í a difícil comprender a la gente y que ellos me comprendieran a m i . E l p o r t u g u é s no es u n idioma difícil, pero en los primeros momentos, se hace difícil asimilarlo. Borobio enseguida me presentó y me puso en comunicación con u n grupo de c o m p a ñ e r o s que hablaban el castellano, y eso me facilitó mi estadía en R í o donde ya me sentía m á s cómoda. Mis intenciones eran las de seguir viaje para Francia, pero ya no era tan fácil, pues a d e m á s de la dificultad del idioma, allí no conocía a nadie. E l movimiento anarquista en el Brasil era en aquellos momenios bastante importante; u n grujx» considerable de estudiantes v hombres de letras trabajaban para llevar a la mentalidad del pueblo brasileño, la filosofía que contiene nuestro ideal de libertad y justicia para todos los hombres y los pueblos. Personalidades de gran relieve por su capacidad en la Universidad como los profesores J o s é Oiticica, Orlando Correa López y otros, tenían el respeto y la simpatía de todos. E n todos los sectores intelectuales estos c o m p a ñ e r o s tomaban parte, y donde eran profesores, no ocultaban sus ideas y por el contrario, tenían formado u n círculo de cariño y de respeto por todos sus alumnos, que creaba u n movimiento intelectual y de acercamiento al movimiento obrero. E l movimiento obrero también era bastante importante, no como en la R e p ú b l i c a Argentina, pero u n buen n ú m e r o de sindicatos respondían a la Federación Operaría de Río de Janeiro, que tenía una orientaciórv similar a la de la Argentina. A l poco tiempo de mi llegada, se declaró la guerra de 1914, que arrastró a muchas naciones a una lucha cruel y sangrienta. L a movilización de las tropas en los países que tomaron parte en la contienda, y los preparativos guerreros, dieron origen a u n movimiento de opinión en los países latino-americanos, y se veía en el frente de las pizarras de todos los diarios, grandes aglomeraciones de público, donde se discutía el pro y el contra de las causas que originaron la declaraciórr de la guerra. Brasil fue una de las naciones en que se produjo una conmoción m á s acentuada en los círculos políticos y comerciales, pues se discutía si se debía o no tomar parte en la contienda o mandar armas y tratar de abastecer a los beligerantes. Como consecuencia de la guerra se sintió 43 enseguida el aumento de precio de los artículos de primera necesidad y la falta de muchos de ellos; en aquel tiempo el comercio brasileño esa casi todo portugués, e importaba muchos artículos de Portugal, que a l a declaración de la guerra, empezaron a faltar. A mi la declaración de la guerra me favoreció, porque me puse a. trabajar enseguida en mi oficio. Allí las camisas de hombre de fina calidad v e n í a n todas de Oporto o de Lisboa. Sólo se fabricaba la camisa ordinaria, y al no recibirla m á s por la guerra, era necesario fabricarla en el país,^ lo que se h a c í a difícil por la carencia de personal competente. Enseguida me puse a trabajar con u n buen contrato en una gran fábrica de camisas, y a pesar de que hacía varios años que h a b í a dejado el oficio, en ese momento, pese a mí reciente llegada a ese país, se consolidó mi situación económica. Y a organizada mi vida, e m p e c é a tomar parte activa en el movimiento obrero y cultural. L a Federación Operaría de Rio de Janeiro o r g a n i z ó varios actos públicos con motivo de la guerra y me pidieron mi coliabolación, lo que yo de inmediato acepté, pero eso si, tuve que dar mis conferencias en castellano, porque desconocía el idioma brasileño, aunque individualmente intentaba irlo comprendiendo y hablarlo, pero no era posible hacerlo en la tribuna durante el transcurso de una conferencia. Todas mis conferencias fueren dadas en castellano y yo c o m p r e n d í a que eran bien interpretadas y comprendidas por las manifestaciones de los oyentes. M u c h a fue la actividad que d e s p l e g u é en los cuatro a ñ o s que permanecí en el Brasil. A mis veinticinco años, se manifestaba en m i , un deseo de trabajar y adquirir conocimientos profundos de la filosofía y teoría del ideal anárquico, que con tanto cariño conocí y me entregué desde niña a su difusión y propaganda, porque entendía, y entiendo, que es el único ideal capaz de libertar a los pueblos de su esclavitud y elevarlos a la condición de seres libres. T a m b i é n e m p e c é a colaborar en algunos periódicos que en esos momentos a p a r e c í a n : " A Voz de Trabalhador", " A Voz do P a d e í r o " , "Guerra Social", de San Pablo, y alguna colaboración me publicó " A E p o c a " y "Jornal D o Brasil", que son los dos diarios m á s grandes y de mayor difusión en R í o de Janeiro. L a actividad no era sólo en la Capital; en los pueblos y localidades p r ó x i m a s a R í o se encontraba u n buen n ú m e r o de c o m p a ñ e r o s que acti44 vaban y organizaban mítines y conferencias, y entre ellos h a b í a también muy buenos oradores, como ser Elias da Silva, Orlando Correa L ó p e z , Joan Congalves, Caralampio, Trillos, Leal J ú n i o r y otros m á s . E n la C a v e a , que es una localidad muy p r ó x i m a a R í o , organizaban muy a menudo conferencias que atraían a mucho p ú b l i c o , porque el momento era muy oportuno para la demostración a los pueblos, del conflicto guerrero y de c ó m o se arrastraba a los hombres a la muerte y a la miseria, para defender intereses capitalistas y de los gobiernos, mientras se hacía case omiso de la incultura, del hambre y de la explotación de que eran víctimas los trabajadores. E n la C a v e a h a b í a u n local de grandes dimensiones, en la r ú a H e n ríque n^* 7, donde la a g r u p a c i ó n "Fraternidad y Progreso", formada por c o m p a ñ e r o s muy activos y de gran capacidad, organizaban grandes actos que eran muy concurridos y donde se realizaba una labor de propaganda y exposición de nuestros ideales. E n casi todos ellos yo tomaba parte y me sentía muy feliz y complacida de verme rodeada de tantos y tan buenos compañeros. U n o de los hechos que han dejado u n grato recuerdo para mi memoria y la confirmación una vez m á s del valor del ideal a n á r q u i c o cuando él se expone con acierto y plagado de sinceridad, me lo dio lo acaecido en una de las tantas conferencias mías. E n el a ñ o 1914 existía una institución en R í o de Janeiro integrada por militantes españoles llamada "Juventud de Tabueja", y en el aniversario de ese a ñ o del fusilamiento de Francisco Ferrer, organizaba u n acto p ú b l i c o en un gran salón, para recordar al gran maestro víctima del clero y del gobierno español. F u i invitada para dar la conferencia y como tema les di "La educación racional y el fusilamiento de Francisco Ferrer''. E s a institución era sostenedora de una escuelita en el pueblo de T a b u e j a , E s p a ñ a , y todos los componentes se esmeraban para que la escuelita de ese pueblo de C a l i d a no careciera de nada, pues desde allí se le enviaba, por intermedio de su comisión, todo lo que era necesario. Ese hecho fue para mi por d e m á s simpático y significativo, que desde el Brasil, fuera sostenida una escuela en E s p a ñ a ; el salón estaba colmado de p ú b l i c o y en el escenario su C o m i s i ó n Directiva presidía el acto; en el frente del escenario, la bandera brasileña y la española entrelazada, cubrían la pared, y en el medio de las dos, u n cuadro con la fotografía del rey Alfonso X I I I . 45 M i conferencia fue señalando la forma c ó m o Francisco Ferrer organizó y sostuvo las Escuelas Racionalistas en E s p a ñ a , y el crimen que el clero y gobierno h a b í a n realizado con el fusilamiento de u n hombre que había sacrificado su vida en bien de la cultura y de la humanidad. E n un pasaje de mi conferencia, el p ú b l i c o que colmaba el salón y los pasillos con entusiasmo nunca visto, e m p e z ó a gritar pidiendo que sacaran el retrato de Alfonso X I I I y pusieran en su lugar el del fundador de la Escuela Moderna, Francisco Ferrer. N o hubo otro remedio que suspender la conferencia y esperar que la C o m i s i ó n Directiva consiguiera u n cuadro con la fotografía de Ferrer y la colocaran en el lugar donde estaba la de Alfonso X I I I . Este h e c h a tuvo una aclamación tan entusiasta, que d u r ó varios minutos y dejó u n ambiente tan grato para nuestros ideales y para mí, que nunca pude olvidar ese hecho tan significativo, que me dio á n i m o y argumento para continuar mi conferencia, con una exposición clara y demostrativa del valor de los pueblos para realizar su e m a n c i p a c i ó n y conquistar su libertad, cuando ellos tienen capacidad y cultura. T o d a v í a hoy guardo desp u é s de 46 años, la carta que me m a n d ó la C o m i s i ó n Directiva felicitándome por el hecho sucedido. Brasil ha dejado en m í u n recuerdo muy grato en los cuatro añosí que estuve en él. D e s p l e g u é mucha actividad y se realizaron tantos y tanr tos actos, que no puedo menos que recordarlos. E n Niteroi varias fueron las veces que el salón no daba abasto para la realización de los mismos, pues era tanta la concurrencia que h a b í a que salir a la calle; es que e l momento era muy oportuno y los compañeros que en esos momentos militaban y ocupaban t a m b i é n las tribunas, eran de u n valor intelectual y cultural muy superior, pues sus exposiciones sobrepasaban la educación medía y las conferencias de los profesores Oiticica y Orlando Correa L ó pez, atraía mucho público y el entusiasmo y la propaganda ideológica que se realizaba creaba u n ambiente de acercamiento entre el movimiento obrero y el cultural. A d e m á s de los momentos gratos que p a s é , también' hubo algunos de intranquilidad, ya que en ocasión en que acababa de dar una conferencia en el Centro Cosmopolita, fui detenida por la policía y me trasladaron a Orden Social; allí fui interrogada y detenida varios días, acusada de fomentar desorden y rebelión contra las autoridades. D e s p u é s de varios días en que u n abogado hizo algunos trámites, fui puesta en libertad sin volver a ser molestada. 46 U n hecho que presencié y que fue de gran trascendencia, fue el derrumhamiento de u n edificio de 14 pisos que se estaba construyendo en la r ú a Silva Jardim n*? 1; este acontecimiento d e j ó bajo sus escombros a 40 obreros muertos y 163 heridos. Todo R í o de Janeiro se convulsionó, y la consternación fue tan grande, que se veía a la gente de u n lado para el otro buscando a sus familiares y removiendo escombros en los que aparecían los cuerpos mutilados o muertos de los obreros que allí trabajaban. L a construcción era el " N u e v a York Hotel", dirigida por la impericia del ingeniero y arquitecto Magalhaes Machado, ya que fue su falta de visión e incumplimiento a las ordenanzas municipales, lo que dio lugar a esta horrosa tragedia. E l Sindicato de la C o n s t r u c c i ó n se hizo cargo del entierro de los 40 c o m p a ñ e r o s que h a b í a n sido víctimas; y sólo viendo ese horrible espectáculo, puede uno darse cuenta de lo que significan 40 cajones con todo R í o de Janeiro a c o m p a ñ á n d o l o s hasta su ú l t i m a morada. Allí desaparecieron las clases sociales; todos, hombres, mujeres, se sentían afectados por semejante tragedia. Los oradores en el momento del entierro se sucedieron atacando rudamente a los causantes y responsables de la muerte de esos humildes trabajadores, que dejaban en la mayor indigencia a sus familiares. T a m b i é n a mi me tocó hablar en esa oración fúnebre, donde las palabras se ahogaban en la garganta de todos los oradores; la oración fúnebre del doctor Oiticica, fue tan profunda, sensible y tan grande, que llegó al corazón de todos los oyentes y en la penumbra del momento no se veía m á s que p a ñ u e l o s blancos que secaban las lágrimas derramadas en holocausto de tantas víctimas. Cuantos y cuantos recuerdos guardo en mi memoria de los años que p e r m a n e c í en Brasil, esos hermosos días pasados en la isla D o P a q u e t á , esa avenida Botafogo con su Pan de Azúcar al frente y tantas otras bellezas con que la naturaleza ha dotado a ese país. Varios son los viajes que hice a San Paulo y su recorrido me h a deslumhrado con tanta flora y tanta belleza que los ojos del viajero se quedan sorprendidos ante lo que es capaz de presentarnos la naturaleza. Los años fueron pasando y allí, donde al llegar sólo pensaba quedarme d í a s me q u e d é varios años, al lado de muy buenos amigos y compañeros y trabajando en muy buenas condiciones, pues organicé y dirigí la sección de camisería de una gran fábrica, y mi trabajo era muy bien retribuido porque era difícil encontrar en esos momentos quien 47 pudiera reemplazarme. Sin embargo yo sentía l a nostalgia y el deseo de regresar a la Argentina, donde estaba mi madre, la que me h a b í a notificado, que había conseguido d e s p u é s de muchos trámites, que m i deportación fuera anulada, por haber sido hecha cuando yo era menor de edad. Esta notificación de mi madre despertó en m í el deseo del regreso, pues desde el a ñ o 1910 no había tenido la satisfacción de estai^ al lado de mis familiares y de tantos y tantos amigos y compañeros como tenía en la Argentina. 48