TEXTOS CHICAS 1. yo no soy bonita lesiones incompatibles con la

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TEXTOS CHICAS
1.
yo no soy bonita
lesiones incompatibles con la vida
Angélica Liddell
CONFESIÓN:
Éramos tres niñas.
Teníamos 9 años.
Obtenemos el permiso de nuestros padres para visitar las cuadras.
Era normal. Frecuente.
Los niños y las niñas podíamos visitar las cuadras cuando quisiéramos.
Estaban al lado de nuestras casas.
Eran las cuadras del cuartel.
Vivíamos entre militares y caballos.
Aquel día un soldado nos acompañó durante la visita.
El soldado preguntó: “¿Queréis subir a algún caballo?”
Nosotras contestamos: “Sí, a ése.”
Era el caballo más bonito de la cuadra.
El soldado aprovechó la situación.
Empezó a sudar.
Su cara se volvió roja.
Soy la primera en subir.
Para subirme al caballo el soldado me agarra de una forma extraña.
Pone su mano gigantesca bajo mi sexo diminuto mientras me levanta en el
aire.
Intenta apartarme las bragas.
Utiliza sus dedos para separar los labios de mi vulva.
Aprieta.
Duele.
Mantiene su mano entre mis nalgas y el lomo del caballo.
Mueve los dedos como gusanos.
Noto sus uñas.
El soldado aprieta con un solo dedo.
Le digo que quiero bajar.
El soldado aguanta un poco más.
Se ríe.
Aprieta mi vagina un poco más.
Por fin el soldado me baja del caballo.
Se pasa la mano por la nariz.
Se huele los dedos.
Sube a las otras niñas.
Recuerdo la vergüenza.
Teníamos 9 años.
Cuando salimos de las cuadras estábamos serias.
Calladas.
De repente una dice: “¿A vosotras os ha hecho algo?”
Yo digo que no.
Me da vergüenza decir que sí.
No. No.
La otra dice que el soldado le ha hecho daño ahí abajo.
Yo digo que no.
A mí no me ha hecho nada.
Me da vergüenza decir que sí.
Nada.
No sé.
A mí no me ha hecho nada.
Me encontraba mal.
No se lo conté a nadie.
Me marché a casa.
Y aquella noche vomité.
Y aquella noche vomité.
Y aquella noche vomité.
2.
porque no quiero ser como tú
(texto independiente de “patio de recreo”)
alejandro jornet
helena tiene diecisiete, la mirada razonablemente limpia, un montón de
llaves que ya no abren ninguna puerta y un tatuaje de gato en el tobillo
izquierdo,
porque no quiero ser como tú.
¿lo ves? eso te pasa por preguntar.
no iba a decírtelo,
pero es que hoy es lunes por la mañana
y la verdad es que ya me tienes bastante harta
con tanta interrogación.
(soy lo peor, ¿a que sí?
hace falta ser una mierda de tía para decirle algo así
a tu propia madre)
tú te lo has buscado:
no preguntes.
si preguntas, contesto.
porque no quiero ser como tú.
eso contesto.
y te jodo.
sé que te jodo.
pero aguantas bastante bien.
apenas se te nota que acabo de partirte el corazón:
tú eres una tipa moderna.
inteligente y moderna.
muy inteligente, muy culta y muy moderna.
ya ves, ahora me da no sé qué
haber presumido tanto,
cuando era niña,
de mami profesora de universidad.
y es que crecer no perdona.
ni puta falta que hace, me imagino que dirías.
no quiero ser como tú.
ni quiero ser lo que odias.
ni quiero ser lo que soy.
ni quiero ser, si me apuras.
no ser
es buena idea.
pero no se me ocurre cómo:
me da tanta pereza vivir como intentar suicidarme.
al fin y al cabo, soy una tipa equilibrada: no me seducen los llantos
ni las angustias vitales,
me dan por el culo los dramas
y desconfío de las respuestas que me pueda dar el tiempo.
no lo sabías, ¿verdad?
no sabes nada de mí.
esa suerte tienes:
si supieras lo que soy, te asustarías.
y yo no quiero asustarte
ni que te sientas culpable:
lo haces bastante bien.
en serio. eres una tía honesta,
no mientes,
no engañas,
no pretendes ser lo que no eres
ni saber lo que no sabes.
sólo que
te asusta lo que no entiendes
y necesitas ponerle un nombre.
¿cuántas veces has pensado:
estás enferma, criatura
viendo sólo la punta del iceberg?
lo he leído en tu mirada:
nunca aprendiste a mentir.
¿qué dirías si supieras que pago por que me follen?
suena fatal, ya lo sé.
pero no hay nada mejor que una dosis de verdad
de vez en cuando.
al menos, con una misma.
y si, por fin, cualquier día te atreves a decirte
lo que de verdad sientes,
y a no pensar que, por eso,
estás o loca o enferma,
la imagen que te devuelve el espejo
te sienta mucho mejor.
(¿no ves lo guapa que estoy?)
vuelve a empezar el partido,
pero ahora tú pones las reglas.
no es tu caso, no has sabido:
te has dejado media vida persiguiendo una quimera:
cuántas horas compartidas con hombres que detestabas,
cuánto esfuerzo sobrehumano para creerte el lo quiero /
es un buen tío / soy yo, que no me aclaro,
cuánto mentirse a escondidas
sólo para tener a alguien que te acompañe en la cama.
y atenuar la soledad, claro.
(que, dicho sea de paso, se atenúa más bien poco).
volver una y otra vez a empezar la misma historia.
con sentido del humor,
recomponiendo, como se pueda, el corazón a pedazos
y mirando hacia el futuro.
pero es que el futuro no existe.
para mí, ni es un problema:
yo nací sin esperanza, no la perdí en el camino.
mejor así: te ahorras las decepciones.
cuesta un poco acostumbrarse, claro:
te ves muy rara al principio,
como que no tienes nada que ver con todo lo que conforma
el entorno en el que vives.
te ves rara y te castigas.
te culpas,
te maltratas,
prometes no volver a hacerlo.
y lloras porque no sabes qué pasa.
(tampoco es que ayude mucho ver como hacéis el capullo
sin dejar de dar lecciones,
mientras habláis de la vida y de su puta madre.)
estás sola y asustada.
creces, sola y asustada, a golpes de desconcierto.
aprendiendo las mentiras,
buscando cómo acoplarte.
y es una puta tortura.
a la mierda: odio los melodramas.
no quiero ser como tú:
sólo eso.
quiero que no hagas ningún esfuerzo por entenderme,
que me aceptes como soy sin preguntar,
que me abraces sin intentar consolarme,
que des por buenas mis risas, mis rarezas, mi dolor
y mis infinitos desiertos.
(¿lo ves? aún soy capaz de hacer poesía
de esta mierda: no todo está perdido.)
por favor, si puede ser,
juguemos, por una vez, las cartas que nos tocaron.
sin trampas, sin lamentarnos, sin intentar comprendernos,
sin preguntarnos jamás dónde me equivoqué,
sin que la culpa nos machaque el desayuno,
y sin sentirnos responsables de toda la basura del planeta.
sé que no es fácil. ¿y qué?
como dijo no sé quién, uno no deja de ir al colegio
porque sus profesores sean una calamidad.
así que ahora voy a acercarme a aquella
chica tan mona, para decirle al oído:
si me comes el coño,
te doy trescientos euros.
(¿ves para lo que vale el dinero
que ganas en la universidad?)
puede que diga que no,
pero, ¿y si me mira y sonríe?
sólo por ese momento
habrá valido la pena aguantar, en esta puta pocilga,
los últimos diecisiete años.
por eso
y por el placer que vendrá después de la sonrisa, claro:
no quiero ni imaginar
lo que será capaz de hacer aquella chica tan mona
con esos labios perfectos.
3.
¡Haberos quedado en casa, capullos!
Rodrigo García
Lo que es bueno para mí, a ti te perjudica. Te jodes.
Lo que es malo para mí, es cojonudo para ti. Me jodo.
Para mi padre lo bueno era pirarse de casa todos los viernes y sábados por
la noche, sin decir palabra y aparecer de madrugada. Sin decir palabra.
Para mi madre lo bueno era no decir palabra. Lo que se llama tragar.
Para mí, tragar era llevarme un vaso con agua todas las noches, a la cama,
a partir de los 12 años.
Porque hasta los 12 años no me llevaba el vaso con agua; me metía en la
cama, esperaba un rato y golpeaba la pared que separaba la cocina de mi
casa de mi habitación.
Y mi madre abría la puerta, sabiendo perfectamente lo que iba a escuchar:
la voz de una niña –que era yo- con la cara iluminada con exactitud por la
puerta entreabierta, una niña que pide un vaso con agua.
Mi madre ya tenía el vaso con agua en la mano. Y hacía que volvía otra vez
hasta la cocina y que regresaba a mi cuarto, con el vaso lleno de agua. (...)
Para mi madre, era divertido volver a verme cuando ya me había acostado
hace media hora y para mí era la forma de dormirme de una puta vez. (...)
Cuando pienso que se va a morir mi madre y que hemos hablado tan poco,
se me viene el alma al suelo.
También sabemos que si nos hubiésemos visto envejecer, si hubiésemos
hablado y hablado, nos odiaríamos.
Porque toda presencia encantadora, con el tiempo, se vuelve insoportable.
Entonces concluyo que cualquier camino elegido es el camino equivocado.
(...) Y hay que coger uno para poder decir: cómo me he equivocado.
O concluir que no hay que coger ninguno.
Pero no coger ningún camino es, todo el mundo se ha dado cuenta, una
elección imposible.
La única elección real, que es tomar o dejar tu vida desde el primer
momento, es precisamente la que se nos niega. (...)
Cambiar el rumbo, ¿quien cojones lo cambia?
Me caen babas cuando pronuncio la frase: cambiar el rumbo, quién lo
cambia. (...)
No entiendo nada.
Todo el mundo ha dicho qué espanto lo que me ha pasado y ya ni se
acuerdan.
Cada cual elabora los recuerdos como mejor puede.
A mí, ahora, por ejemplo, me gusta que los gatitos me coman el coño.
4.
A lo mejor me lo merezco
Maribel Bayona
ella
Tengo 24 años. Nacida en el seno de una familia de clase media
acomodada. Padre y madre con estudios superiores, separados, pero
eso no es un handicap. Colegio concertado, de curas, pero ya lo
superé. Instituto público de niños bien, interesados por la cultura. De
ahí guardo la mayoría de mis buenos amigos. Un hermano: un tío
cojonudo. Ciudad de residencia importante. No es la panacea, pero
tiene su encanto. Lugar de residencia, arrabalero. Pero es temporal.
Comparto piso con tres féminas. Es divertido y nunca te falta un
tampón cuando tienes la regla. Estudios superiores y artísticos.
Muchos hobbies. Hiperactiva. Vital. Mona, resultona. Pequeñita. Pocos
traumas. Niñez sana. Trabajo inestable, pero como para no quejarse.
Algo de suerte o estrella o luz o una coña impresionante, ya te lo
digo. Algunos triunfos. Algunas malas rachas, como todo hijo de
vecino. Un hombre de la hostia a mi lado. Un cuerpo que me
entiende. Una cama saciada. Nunca me ha faltado un plato de
comida, nunca me ha faltado un suetercito mono o el CD de turno,
nunca he tenido que renunciar a nada, nunca nadie me ha levantado
la mano, nunca me ha faltado un hombro donde esconderme, ni un
abrazo, ni un beso.
A veces lloro, a veces me siento jodidamente infeliz, a veces no sé
qué carajo hacer con mi vida, a veces me siento tan sola que me
subo a los tejados y maúllo, a veces consigo ser insensible a las
tragedias ajenas, a veces me daño para evadirme del mundo, a veces
sufro insomnio, a veces nada me llena, a veces todo me hastía, a
veces me miro tanto el ombligo que me lo perforé para distraerme un
poco, a veces me siento tan culpable de sentirme culpable de
sentirme culpable de sentirme culpable que mando todo a tomar por
culo, me bebo una cerveza, me enciendo un cigarrillo, enchufo el
equipo y pongo a Pastora que canta: tengo, tengo, tengo y si no me
lo invento. (Pobre niña rica, no te jode!)
5.
swimming pool
juli disla
B: Pues no, no se me ha pasado, como quieres que se me pase si te veo
todas las semanas y me lo pase bien contigo y tú me haces hacerme
ilusiones... y como no dices nada yo pienso que sí y va y es que no.
(Pausa)
No me importa lo que hagas, si eso te hace sentir bien. Solo es que me jode
que no entiendo por qué no quieres saber nada de mí. (...)
Sí, como amigos... ya me lo dijiste y lo estás cumpliendo. De eso no me
puedo quejar. Te invito a comer y tú vienes. Pero tú sabes que yo quiero
algo más. Y yo sé que tú sabes que yo quiero algo más. Y yo sé que sabes
que lo sabes y hago como si no supiera que lo sé. Ni que sabes que lo sé. Ni
que sabes que lo sabes...
(Pausa.)
Soy imbécil... ya lo sabes... ya sé que sabes que lo sé... (...)
Lo soy. Soy imbécil, soy imbécil... lo sé yo, tú y todos... desde el colegio me
llaman imbécil... después en el instituto también y en la facultad no me
llaman imbécil pero lo piensan y puedo leerlo en la frente de todos, de mis
compañeros, de los profesores y hasta del chico de la fotocopiadora, ese
que parece que no tiene opinión, ni piensa, ni habla, ese también lo piensa,
cuando me coge los papeles piensa: “¿qué quieres fotocopias de esto,
imbécil?” Más o menos cada día y medio oigo la palabra imbécil y si no me
la dice nadie, no sé como lo hago pero acabo diciéndomela yo. Soy imbécil.
(Pausa.)
Por lo menos soy imbécil consciente... claro que no sé qué es peor.
(Silencio.)
Mira, ya que hemos dejado clara mi imbecilidad, no puedo evitar... (...)
(Pausa.)
¿Quieres que lo volvamos a intentar?
6.
estem tan bronzejats que fem una mica de fàstic
patricia pardo, juli disla i alejandro jornet
mireia.
De tant en tant, escolte que algú toca el piano. I me’n recorde de
Freddie Mercury. Encara que no vaig saber qui era Freddie
Mercury fins a molt després que estiguera mort. Ho preferisc així:
és molt millor recordar algú que no has vist morir. Vore morir la
gent és una cabronada. Els xiquets no haurien de vore morir
ningú. Quina edat creus que tindria l’última xiqueta que ensenya
les mamelles a l’Interviú, quan va morir Freddie Mercury? No més
de dotze, segur. Eixes són les coses que m’emprenyen: saber
que, amb tota probabilitat, encara no han nascut les criatures que
eixiran despullades a l’Interviú quan jo estiga morta.
Em fa vergonya acabar els dies tristos follant. Per què hem de
fer-ho? Hauríem de comprar l’interviú, posar música de queen i
plorar. Em deprimeix estar segura que mai faig el que hauria de
fer.
Les neurones que viuen al meu cervell deuen estar
permanentment borratxes o drogades o per l’estil. Perquè si no,
no es pot entendre que en un moment vulga fer una cosa i un
segon després la contrària. Que, de vegades, tinga una por que et
cagues i d’altres, puga plantar-li cara a qualsevol cosa. Que
m’enamore desesperadament i, deu minuts després, oblide per
complet eixa persona. Que el món em semble un merder i, al dia
següent, senta que és meravellós viure. La meua vida és un caos
i jo sóc un caos dins d’un altre caos: un producte amb defecte de
fàbrica. Si no fora perquè de vegades m’estime tant, seria lògic
anar-se’n d’este circ. Però la veritat és que hi ha dies genials.
Llàstima que en altres pense que l’exterior em desconcerta,
l’amor em confon i el cel està núvol.
7.
A lo mejor me lo merezco
Elisabet Agulló
de algún modo, nunca supe aceptar que las cosas, como dicen, cuestan.
de pequeña bailaba. se me daba bien. pero nunca tuve intención de
aprender.
un día, mi madre sugirió llevarme a clases de baile.
cuando baile, quiero que sea porque he aprendido yo sola, dije.
hoy, con 25 años, todavía me sorprendo de toda la mierda que suponía
decir, defender y sentir aquello.
ha vuelto a sonar el despertador. y, una vez más, he huido. y he vuelto a
huir.
mi compañero de piso ha venido a despertarme. también he huido de él.
huyo, cada mañana, de enfrentarme a esa frase, saborear sus
consecuencias.
huyo, cada minuto, entre canción y mente, de esa frase que me recuerda
“llegas tarde. ahora ya tienes veinticinco”. y me arrepiento. y me arrepiento
de los demás.
de que siendo una niña lista, nadie apareciera en aquellos momentos y me
dijera al oído: “te equivocas”.
luchando con el pasado, me levanto y, con el café en la mano, disuelvo los
miedos que, al final de la ducha, han vuelto a aparecer. y así, mientras elijo
qué ponerme y mientras me pinto la cara para ir a clase de danza y
mientras me la vuelvo a lavar por parecerme absurdo y mientras enciendo
un cigarro como buen desayuno para un día duro y mientras bajo las
escalera descubriendo que me he dejado las llaves y mientras cojo un taxi
porque ya no llego y, una vez en la academia de danza, abro, por error, la
puerta de un aula de flamenco y la profesora me atraviesa el miedo con su
mirada y cierro y corro por el pasillo interminable de luces de neón hasta
llegar a mi aula y entro y digo: “llego tarde”. llego tarde, ya tengo 25.
8.
la celestina
fernando de rojas
(versión de soledad puértolas)
Castalia ediciones
ACTO XVII / Escena 1.ª
ELICIA.- (Sola) El luto está acabando conmigo. Nadie
viene a visitarme, son muy pocos los que
pasan por mi calle. No escucho las músicas de la
alborada ni las canciones de mis amigos. Tampoco
ruido de cuchillos ni otros sonidos nocturnos. Y, lo
peor de todo, en esta casa ya no entra dinero. Pero
soy yo quien tiene la culpa. Si hubiera seguido el
consejo que me dio aquella que me quiere bien, mi
verdadera hermana, cuando le participé las tristes
noticias de este negocio, no me encontraría ahora sola
entre estas cuatro paredes.
Al diablo se le ocurre que yo padezca dolor por quien,
de ser yo la muerta, no sé si él lo padeciera.
¿Por qué me lamento tanto por él? ¿No hubiera podido
matarme a mí también, tan loco e impulsivo como era,
del mismo modo que mató a la vieja a quien yo tenía
por madre? Voy a seguir el
consejo de Areúsa, que sabe del mundo mucho más
que yo, iré a verla más a menudo, me esforzaré por
vivir de otra manera. ¡Qué amable y provechosa
conversación tiene! No en vano se dice que vale
mucho más un día del hombre discreto que toda la
vida del necio y el simple. Voy a quitarme el luto, a
desprenderme de la tristeza y a despedir las lágrimas,
que ya han fluido en demasía. Llorar es lo primero que
hacemos al llegar al mundo y por eso es más fácil
empezar a llorar que acabar. Pero para eso sirve el
buen juicio. Los adornos y el maquillaje hacen
hermosa a la mujer, vuelven joven a la vieja, y a la
joven más joven. Con artificios y pinturas se atrae a
los hombres. Tomemos, pues, el espejo y el rímel, los
pañuelos blancos, los cuellos bordados, las ropas de
fiesta. Llevé el preparado de lejía para teñir mis
cabellos, que perdieron su color rubio. Hecho eso,
contaré mis gallinas y haré mi cama, porque la
limpieza alegra el corazón, barreré mi puerta y regaré
mi calle. Así verán los que pasen por delante que he
desterrado mi dolor.
Antes de nada, iré a ver a mi prima y le preguntaré si
ha ido a verla Sosia y qué ha hablado con él, porque
yo no lo he visto desde que le dije que Areúsa quería
hablarle. Quiera Dios que la encuentre sola. Aunque
nunca está sin la compañía de uno de sus muchos
galanes, que su casa es como las tabernas, siempre
llenas de borrachos.
9.
don juan tenorio
josé zorrilla
Cátedra. letras hispánicas
ACTO IV / Escena III
INÉS.
Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!,
que no podré resistir
mucho tiempo sin morir,
tan nunca sentido afán.
¡Ah! Callad, por compasión,
que oyéndoos, me parece
que mi cerebro enloquece,
y se arde mi corazón.
¡Ah! Me habéis dado a beber
un filtro infernal sin duda,
que a rendiros os ayuda
la virtud de la mujer.
Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto,
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.
Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora,
su palabra seductora,
y el amor que negó a Dios.
¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!,
sino caer en vuestros brazos,
si el corazón en pedazos
me vais robando de aquí?
No, don Juan, en poder mío
resistirse no está ya:
yo voy a ti, como va
sorbido al mar ese río.
Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan,
y tu aliento me envenena.
¡Don Juan!, ¡don Juan!, yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame , porque te adoro.
10.
el sueño de una noche de verano
william shakespeare
ACTO III / escena II
HELENA
¡Conque en esta alianza también está ella!
Ahora ya entiendo el juego que llevan:
unidos los tres, mejor me atormentan.
¡Injuriosa Hermia, mujer más que ingrata!
¿Con ellos conspiras, con ellos maquinas
para acosarme con tan zafia burla?
Todos los secretos que hemos compartido,
promesas de hermanas, horas que pasábamos
reprendiendo al tiempo presuroso
porque nos separaba... ¿Todo eso se ha olvidado?
¿La amistad en la escuela, nuestro candor de niñas?
Hermia, nosotras, como dos dioses artífices,
con nuestra agujas creamos una flor
sobre una misma muestra, sobre un mismo cojín
sentadas, cantando las dos en armonía,
cual si manos, costados, voces y almas
fueran de un solo cuerpo. Así crecimos juntas
como una doble guinda que parece separada,
pero que guarda unidad en su división:
dos hermosas frutas moldeadas sobre un tallo;
a la vista dos cuerpos, mas un solo corazón;
dos mitades iguales de un blasón,
mas de un solo título y una sola cimera.
¿Vas a partir en dos nuestro viejo cariño
uniéndote a hombres e hiriendo a tu amiga?
Eso no es de amiga, ni es de doncella.
Nuestro sexo, igual que yo, te lo reprobará,
aunque sólo sea yo la que esté herida.
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
¿No has mandado a Lisandro que me siga
en son de burla y que alabe mis ojos y mi cara?
¿Y no has hecho que Demetrio, tu otro amor,
que hace poco me trataba a puntapiés,
me llame diosa, ninfa, única, divina,
joya celestial? ¿Por qué le dice eso
a la que odia? ¿Y por qué Lisandro
reniega de tu amor, que le llenaba el alma,
y a mí, ¡válgame!, me ofrece el suyo,
si no es porque tú lo induces y consientes?
Y eso que no me veo favorecida,
colmada de amor o afortunada como tú,
sino mísera, amante mas no amada.
Lo que yo merezco es lástima, no desprecio.
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