PASTILLAS PARA TODO - Teléfono de la Esperanza

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Número 229 I MAYO - JUNIO 2009
Revista del Teléfono de l a Esperanza
avivir
www.telefonodelaesperanza.org
LA MODA DE LA
AUTOMEDICACION
PASTILLAS
PARA TODO
¿Por qué
se drogan
nuestros jóvenes?
Fármacos, sí. Fármacos, no.
Hablan un médico naturista
y un psiquiatra
La fuerza interior
puede curar las
enfermedades del cuerpo
SUMARIO
SUMARIO
Carta del Director // La píldora milagrosa // 5
A fondo
Los milagros de la farmacopea // 6
Historia y actualidad sobre el uso de las hierbas medicinales
Por Herminio Otero
La obsesión por las pastillas // 14
De la automedicación a la polifarmacia
Por Alejandro Rocamora
Cúrate a ti mismo // 20
El poder curador de la mente
Por José María Jiménez
Pastillas para ‘ser felices’ // 26
¿Por qué se drogan nuestros jóvenes?
Por José Luis Rozalén
Entrevistas // 32
Con Antonio Carrillo, psiquiatra; y con
Domingo Pérez León, médico y experto
en medicina natural
Por Gloria Díez
Cine // 44
¿Droga o terapia?
Por Norberto Alcover
A pie de calle // 52
A toda pastilla
Por Antonio Saugar
Comunicando // 56
En memoria de Manuel Leopoldo
Director:
Pedro Miguel Lamet
Colaboradores:
Herminio Otero
Alejandro Rocamora
Redactor jefe y Publicidad: José Mª Jiménez
Fernando Alberca
Gloria Díez
José Luis Rozalén
Diseño gráfico:
Antonio Saugar
José Luis Mendoza
Coordinación:
Edita:
Impact 5
Teléfono de la Esperanza
Tel.: 917 818 795
Depósito Legal:
M-28.500-1973
Fotografías ©©:
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Dirección, redacción
y administración:
Francos Rodríguez, 51
(Chalet, 25)
Con la financiación de:
28039 Madrid
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Fax: 91 459 04 50
e-mail:
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Carta del Director
LA PÍLDORA MILAGROSA
Un grupo de españoles acaban de encontrar el “elixir de la eterna juventud” o algo parecido. Es más, ya está en las farmacias.
Según sus descubridores, científicos del CSIC, este producto
representa claramente “un avance mundial” contra el envejecimiento y para la prevención de importantes problemas
de salud; pues se ha demostrado que “la ciencia no sólo da
años a la vida sino vida a los años”.
La pildorita se llama Revidox, tiene un precio, cada una,
ligeramente superior al euro, se vende en cajas de treinta, y, como siempre, debe tomarse como complemento de una dieta sana y equilibrada y ¡durante toda la vida! Aparte de prolongar la vida celular y actuar
por ello como elixir contra el envejecimiento, este complemento alimentario no sólo rejuvenecería la piel,
sino también actuaría en beneficio del resto de órganos (corazón, pulmones, estómago), reduciendo los
problemas cardiovasculares y previniendo del cáncer. O sea, una maravilla.
Parece que los efectos de estas cápsulas se consiguen gracias a la aplicación de un método descubierto por
científicos del CSIC que incrementa hasta 2.000 veces los beneficios del resveratrol, una sustancia que está
presente en la uva, y por tanto, en el vino. Dicen que equivale a ingerir 45 kilos de uva o lo equivalente a
45 botellas de vino, pero sin el alcohol, claro.
Hace unos meses otros científicos británicos aseguraron tener casi lista otra píldora maravillosa contra los
accidentes cardiovasculares. Por no hablar del prodigio sexual de la Viagra y otras pastillas menos científicas para adelgazar, aumentar la memoria, quitar la depresión, y de la fama que alcanzaron hace algún
tiempo la jalea real o el ginseng.
Desengañémonos, hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, como ya decía don Hilarión, el boticario de la Verbena de la Paloma. Pero, seamos sinceros, esa portentosa tableta que nos devuelva al vigor
y las ganas de juerga de los veinte años no existe. Ni el tranquilizante que te quite la angustia existencial
de no haberte aceptado como eres o no haber perdonado a tus padres o vivir centrado en una culpabilidad
pasada o cualquier frustración sea cual fuere.
Me viene a la memoria uno de los versos de Ernesto Cardenal en su Oración por Marilyn Monroe:
“Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes”.
Para mayor abundancia hoy está de moda automedicarse. La gente quiere comprar felicidad en la tienda de
la esquina, el herbolario o la farmacia. Piensa que la belleza y la alegría tienen un precio en el quirófano
de la cirugía estética o se adquiere con un plan mágico de adelgazamiento o un frasco de Prozac. Y nadie
puede negar que una aspirina a tiempo alivia el dolor de cabeza. Pero tampoco defender que haya un medicamente contra el dolor de estrellas, la pérdida de un ser querido o una enfermedad terminal.
Sin embargo, despertar por dentro, vivir en el instante, disfrutar del don de la vida y sus pequeños regalos,
mientras sigan a nuestro alcance, son “píldoras” al alcance de cualquier bolsillo que curan de la angustia
e incluso de la muerte al descubrir que es parte de la vida. Nadie piense que hablo en contra de la ayuda
impagable de médicos, psiquiatras, psicólogos, farmacéuticos, enfermeros, cuidadores y naturistas; ni
contra el poder que nuestra mente atribuya a sus prescripciones, que en definitiva suele ayudar más que la
virtualidad del medicamento.
Pero, desengañémonos, al final el único remedio para liberarse de las enfermedades, carencia y padecimientos de esta vida no viene de fuera ni puede tragarse con un vaso de agua, que toda curación para que
dure procede de dentro, de lo más profundo de nosotros mismos.
Pedro Miguel Lamet
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A Fondo
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A Fondo
LOS MILAGROS DE LA
FARMACOPEA
Por Herminio Otero
HISTORIA Y ACTUALIDAD SOBRE EL USO DE LAS HIERBAS MEDICINALES
Millones de personas en el mundo confían todavía en la ingesta de hierbas de todo tipo o de pastillas elaboradas a partir
de ellas, para lograr la salvación corporal. Y lo hacen de una
forma primitiva y ritual. Es el triunfo de la farmacopea, que
hunde sus raíces en el origen del ser humano y sigue teniendo
un éxito inesperado en el mundo actual.
Ya hace varios milenios,
los padres de la medicina científica, Hipócrates y Galeno, hablaban
de sustancias que, en
vez de ser vencidas por
el cuerpo (y ser asimiladas como simples alimentos), eran capaces de
vencer al cuerpo y, aunque
se tomaran en dosis ridículamente pequeñas comparadas
con otros alimentos, provocaban
grandes cambios en el cuerpo o en el
ánimo. Esa podría ser todavía una definición de
las drogas.
Antonio Escohotado resume que las primeras
drogas aparecieron en plantas como resultado de
una coevolución entre el reino botánico y el animal: los herbívoros de algunas zonas, por ejemplo, multiplicaron el marfil de sus molares para no
quedar desdentados a los pocos años de pacer en
ciertos pastos que comenzaron a absorber silicio.
Y algunas plantas desarrollaron defensas químicas ante la voracidad
animal, de modo que
se convertían en venenos morales para especies sin papilas gustativas o sin un fino olfato.
Y es probable que algunos
seres humanos mutasen al
probar sustancias psicoactivas: así cabe interpretar tantos
mitos, presentes en todos los continentes, que relacionan la comida de algún
fruto con el paraíso.
Al margen de que eso fuera así o no, durante
millones de años, gran parte de los vegetales y
frutos fueron venenosos y pequeños hasta que
“en la revolución agrícola del neolítico aparece
un grano no tóxico y a la vez suculento en los
cereales, así como muchas leguminosas comestibles y una amplia gama de frutos con abundante pulpa”.
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A Fondo
Esto dispara cambios de incalculable repercusión:
el modelo de horda animal evoluciona a formas
más afines a la colmena y al termitero: de las pautas de autosuficiencia se pasa a las de interdependencia, basadas en clases compartimentadas que
se reflejan en élites hereditarias de poder.
Las plantas, farmacia de la humanidad
El mundo vegetal ha estado presente en el origen
y evolución del ser humano hasta tal punto de
que la evolución de ambos corre de alguna forma paralela. De hecho, las plantas han constituido la farmacia natural de la humanidad desde los
albores de los tiempos. Los hombres del paleolítico hallaron en ellas los remedios necesarios para
las enfermedades que padecían.
el Éufrates prácticamente de nuestros métodos
actuales de medicación. Recurrían a gárgaras, inhalaciones, supositorios, enemas, cataplasmas,
decocciones, infusiones, píldoras, lociones, unturas y enyesados.
En una tablilla de barro de esa época se escribió
el primer catálogo de medicamentos y comenzó,
pues, la farmacopea: escritos en caracteres cuneiformes, se conservan los nombres de docenas
de drogas para tratar dolencias que todavía hoy
nos afligen: “para hacer gárgaras, sal disuelta en
agua; como desinfectante general para las heridas, vino agriado; como astringente, nitrato de
potasio, obtenido a partir de los productos nitrogenados de la orina; y para reducir la fiebre, corteza de sauce pulverizada, que es el equivalente
de la aspirina en la naturaleza.”
Los egipcios ampliaron este antiguo botiquín. En
el Papiro Ebers, del año 1900 a.C., se revelan
los conocimientos de los antiguos médicos egipcios. El estreñimiento era tratado con un laxante
a base de vainas de sen molidas y aceite de ricino; para la indigestión, se administraba una papilla de hojas de hierbabuena y carbonatos (hoy
conocidos como antiácidos); y para aliviar los dolores de una extracción dental, los médicos egipcios anestesiaban parcialmente al paciente con
alcohol etílico.
El hombre primitivo consideraba la enfermedad
como un castigo divino y la curación como una
purificación. Por eso medicina y creencias religiosas estuvieron íntimamente vinculadas durante
siglos: si alguien se ponía enfermo, era por haber
perdido el favor de los dioses. ¿Cómo recuperaba
ese favor y con él la salud? ¡Mediante una especie
de purga física y espiritual! (La palabra farmacia
tiene su origen en esta noción: en griego significa
“purificación a través de la purga”.) ¿No sucede
ahora un poco de lo mismo? No es de extrañar,
pues nos acostumbramos durante siglos.
Los griegos: mil especies vegetales
El primer catálogo de medicamentos
Un milenio más tarde, hacia el siglo VII a.C., los
primeros médicos griegos adoptaban algo así
como un enfoque holístico para tratar a sus pacientes: hacían el diagnóstico, prescribían el tratamiento de las causas físicas de la dolencia y
neutralizaban las influencias sobrenaturales (se
interpretaran como efectos de la cólera de los
dioses) que actuaban sobre el enfermo. La preparación de los medicamentos estaba gobernada
por Apolo, patrono de las curaciones, y Prometeo, un Titán que robó el fuego de los cielos para
beneficiar a la humanidad.
Charles Panatti nos recuerda en Las cosas nuestras de cada día cómo 3.500 años antes de Cristo, los sumerios disponían en el valle del Tigris y
El médico y cirujano griego Discórides (40-90 a.
C.) nos legó una obra en cinco volúmenes en la
que se describen 1.000 especies vegetales, re-
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A Fondo
El consumo en España de
productos homeopáticos,
plantas medicinales o
derivados se ha
incrementado de un 10
a un 15% en el último año
ferencia obligada de todos los estudiosos de las
plantas medicinales a lo largo de toda la Edad
Media (y todavía ahora).
La farmacopea o el arte de preparar los fármacos
La administración de sustancias fue paralela a la
ciencia médica y las dos evolucionaron a la par
durante siglos hasta que en 1397, en Florencia,
surge la necesidad de una nueva ciencia, la farmacopea: el arte de preparar los fármacos. En
un sentido amplio comprende el conocimiento del
origen, fuentes, propiedades, acciones y usos de
los medicamentos.
Dos siglos más tarde, en el siglo XVI, cuando
la lista de plantas curativas se vio enriquecida
con el descubrimiento del Nuevo Mundo y las
tradiciones de las civilizaciones que allí vivían,
comienza la era moderna de la farmacología,
precedida por los primeros grandes descubrimientos en el campo de la química. Comprender cómo actúan entre sí los productos químicos
para producir ciertos efectos en el cuerpo contribuyó a eliminar gran parte de las supersticiones
y la magia que todavía ensombrecían la medicina. En 1546 se publicó en Alemania la primera
farmacopea moderna, con una lista de centenares de drogas y productos químicos medicinales,
y con instrucciones explícitas para su preparación. Así, quedaron definidos sin equívocos medicamentos que hasta entonces habían variado
ampliamente en sus concentraciones e incluso
en sus elementos constitutivos.
Los medicamentos entraron, pues, en una etapa de mayor exigencia científica, pero pasarían
siglos antes de que la superstición se viera desplazada por la ciencia tal como hoy la entendemos. Una razón importante que explica la persistencia de concepciones erróneas es que los
propios médicos desconocían la existencia de los
elementos patógenos causantes de enfermedades, como las bacterias y los virus, y seguían
atribuyendo causas imaginarias a los males. Y
aunque aparecieran nuevos compuestos químicos, su efectividad en el tratamiento de las enfermedades todavía se basaba, ampliamente, en
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A Fondo
las pruebas por simple tanteo. Cuando una nueva droga daba buen resultado, nadie sabía realmente por qué o, lo que todavía era peor, cómo
había dado aquella respuesta.
En ese ambiente surgieron muchos medicamentos corrientes en el mundo actual: por pruebas
por tanteo.
Del olvido a la actualidad
La Fitoterapia, que estudia la utilización de las
plantas con finalidad terapéutica, ya sea para
prevenir, para atenuar o para curar un estado
patológico, no es cosa del pasado. Aunque Medicina y Botánica habían ido siempre de la mano,
la llegada del Racionalismo en el siglo XVII hizo
que la fitoterapia fuera relegada al olvido. Este
exilio acabó de completarse en los siglos XVIII
y XIX, cuando se empezaron a aislar y a sintetizar en el laboratorio los distintos principios activos que dieron lugar a los primeros fármacos de
síntesis en detrimento de los remedios naturales. Pero en la actualidad la farmacopea natural
experimenta un renovado interés. La gran industria farmacéutica ha encontrado un filón en
la eficacia de numerosas plantas medicinales y
las ha incorporado a sus medicamentos. Y sobre
todo, ha aumentado el interés del público, conocedor de que las plantas ejercen sobre el organismo una acción menos agresiva que otras
sustancias químicas. Las plantas no sirven para
las urgencias, pero son de ayuda inestimable
en la medicina preventiva o en las afecciones
crónicas. Por eso han surgido laboratorios dedicados exclusivamente al desarrollo de nuevos
preparados de plantas, sujetos a un control de
calidad exhaustivo. Ello ha llevado al resurgir de
una nueva fitoterapia.
La medicina se vuelve bio
En la actualidad, la medicina se ha vuelto bio:
insomnio, estrés, dolores musculares..., todo
parece tener cura si se busca un remedio en
una terapia alternativa: crema de caléndula
para calmar las irritaciones de la piel, suplementos de levadura de cerveza para el colesterol, soja para los sofocos... Andrea Arabia recuerda en Mujer hoy cómo desde la antigüedad,
las plantas se han usado para tratar enfermedades. Y hoy, tras décadas de investigación, vuelven a estar en el punto de mira de una sociedad
que apuesta por lo natural. De hecho, se estima que uno de cada tres españolas toma especialidades farmacéuticas derivadas de plantas
para tratar o prevenir alguna afección de forma habitual.
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A Fondo
Uno de cada tres
españoles toma de forma
habitual alguna especialidad
farmacéutica derivada de
plantas para tratar o
prevenir alguna afección
Aproximadamente, la mitad de la población de los
países desarrollados utiliza productos homeopáticos, plantas medicinales o suplementos de este
tipo de medicina, y en España su consumo ha aumentado de un 10% a un 15% en el último año.
En toda Europa, los productos homeopáticos representan el 1% de las ventas del mercado farmacéutico y el 7% del de medicamentos sin prescripción. En Alemania, el 60% de las prescripciones
médicas corresponden a productos fitoterápicos financiados, en parte, por la Seguridad Social.
Hay más datos: “El auge de la medicina alternativa y la demanda de productos bajo la etiqueta de
‘cien por cien natural’ es imparable. Actualmente, 100 millones de europeos emplean la homeopatía, y sus compuestos se utilizan en más de 80
países, principalmente en Europa, donde el 66%
de las madres la emplean para tratar a sus hijos,
tanto de forma preventiva como curativa. En España, más de 7.000 médicos los prescriben y el
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A Fondo
número de especialistas que integra la homeopatía dentro de sus tratamientos va en aumento”.
Y en países como Francia, Bélgica e Inglaterra la
homeopatía está integrada en los sistemas públicos de salud.
Terapias aliadas de la mujer
La fitoterapia es noticia permanente, como puede
verse en numerosos titulares en las revistas actuales. Pero la homeopatía (uso de remedios carentes de ingredientes químicos activos) y otras
terapias alternativas como la macrobiótica (búsqueda del equilibrio físico y emocional a través
de la nutrición), la musicoterapia, los masajes, la
aromaterapia... empiezan a ganar terreno incluso en el campo de la pediatría y se han convertido en los grandes aliados de la mujer. El consumo
de los medicamentos naturales y su prescripción
ha aumentado en nuestro país, sobre todo, en
las consultas de ginecología. Las mujeres embarazadas son las que más demandan alternativas
naturales a algunos fármacos, por tranquilidad y
para garantizar que, en ningún caso, se perjudica
al feto. Pero se emplean también terapias fitoterápicas para tratar el síndrome premenstrual, la
ansiedad, la obesidad y, sobre todo, para tratar
los síntomas de la menopausia, que es donde se
han constatado las mayores evidencias científicas, con la soja como planta estrella. El ginecólogo Javier Haya recuerda que “diversos estudios
han demostrado que las japonesas no tienen sofocos durante la menopausia, sufren menos fracturas osteoporósicas y menor tasa de enfermedad cardiovascular. Y estas ventajas se deben a
los beneficios clínicos de las isoflavonas consumidas a través de varios alimentos con soja”.
Por eso, cada vez más personas, especialmente las
mujeres, siguen confiando en los milagros de la
farmacopea y, más sensibles que nadie el mundo
natural, practican toda clase de dietas para curar
enfermedades o como régimen adelgazante, a veces con el peligro de una automedicación inadecuada o de unas dietas que enferman en vez de curar:
autodietas compulsivas (obsesión de seguir dietas
desequilibradas sin atención médica: así comienza en la mayoría de los casos la bulimía y anorexia
nerviosa), tratamientos con pastillas que contienen anfetaminas, laxantes y diuréticos, autodietas
vegetarianas (sin control medico o sin conocimientos reales sobre el vegetarianismo), macrobióticas
(la dieta de la cocina zen, si es muy rígida, puede
alterar los valores proteínicos)...
Con sentido de la realidad, habrá
que asumir que los milagros de
la farmacopea no son definitivos y que no hay dietas
milagrosas.
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A BENEFICIO DEL TELÉFONO DE LA ESPERANZA DE HUELVA
MARÍA
LÓPEZ
Con una gran hondura, a veces para expresar el dolor, a veces para el amor, el libro de poesía de María
López, editado por la Fundación El Monte, sorprende y prende desde la primera a la última línea.
Arranca con su dedicatoria a las perdedoras, y desgrana en verso corto y afilado su lamento sobre el
maltrato, sobre la huella indeleble de la violencia. Continúa con Coplillas para una boda, que cantan
al amor y a la fecundidad, llenas de sonrisa y esperanza. Y concluye con Creando, donde expresa su
personalísima visión sobre diversos temas, siempre desde una vivencia honda.
Casada, madre y abuela, María López estudió, en su juventud, Empresariales y, en su madurez, Orientación y Mediación Familiar en la Universidad de Granada. Trabajó como directora de Caritas Diocesana y,
en la actualidad, es la presidenta del Teléfono de la Esperanza en Huelva, su tierra natal. Escritora desde
niña, ha publicado varios artículos en revistas especializadas en temas sociales.
Los fondos recaudados con la venta de Inédita María irán destinados al proyecto “Nueva Sede del
Teléfono de la Esperanza en Huelva”. El donativo mínimo es de 10 euros. Para conseguir el libro y para
ampliar la información, estamos en el 959 281 515. Tu teléfono.
A Fondo
LA OBSESIÓN POR
LAS PASTILLAS
DE LA AUTOMEDICACIÓN A LA POLIFARMACIA
Por Alejandro Rocamora Bonilla
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A Fondo
Si repasáramos cualquier botiquín de un hogar español encontraríamos, entre otros fármacos, los siguientes: pastillas para los dolores,
la fiebre, la gripe, antibióticos en diversas presentaciones (sobres,
comprimidos, jarabe), expectorantes, antitusígenos y varios termómetros y material de cura, (agua oxigenada, tiritas, algodón, etc.);
en casos especiales podemos hallar hipotensores, píldoras para el
colesterol, ansiolíticos, hipnóticos, antidiabéticos orales, antiácidos
y un largo etcétera. Lo sorprendente no es que la lista sea tan extensa sino que en la mayoría de los casos los productos estén caducados, falte el prospecto o ni siquiera se sepa para qué sirven. Posiblemente casi siempre el medicamento fue prescrito por un médico,
pero en muchos casos se compró por la recomendación de un amigo
o porque se enteró por cualquier medio de comunicación o porque a
un familiar le sentó bien y queremos probarlo. Ante este panorama,
podemos preguntarnos: ¿usamos de forma correcta los fármacos?
Algunos datos
España parece estar a la cabeza en el consumo
sin control de antibióticos y se calcula que dos mil
personas mueren al año por la pérdida de eficacia
de los medicamentos. Según los estudios recientes, el 6% de los medicamentos que necesitan
receta se vende sin ella y un 9% de los españoles
admite tomar antibióticos sin prescripción médica. Según el Instituto de la Juventud, el 11,1%
de los jóvenes españoles se automedican.
Los españoles somos los terceros consumidores
de ansiolíticos en Europa por detrás de irlandeses y portugueses. El insomnio y los trastornos
de ansiedad están disparando el consumo. En los
EE.UU. domina el consumo de barbitúricos y las
anfetaminas arrasan.
Automedicación
En los países ricos, la ansiedad, la obesidad, los
dolores, el insomnio o la misma depresión, se
suelen tratar por lo que dice un amigo o lo que
le ha ido bien al vecino del quinto. Un ejemplo
de esta situación es aquel paciente que al entrar
en la consulta y como forma de presentación me
dijo: “Mire, doctor, quiero que me recete la pastilla
El 6% de los
medicamentos que necesitan
receta se vende sin ella y
un 9% de los españoles
admite tomar antibióticos
sin prescripción médica
verde de la depresión pues a mi vecina se la prescribió y le ha ido muy bien”. Me quedé perplejo
pues no sabía ni que le pasaba, ni quién era su
vecina y por supuesto a qué antidepresivo se refería con lo de “la pastilla verde”...
La automedicación se ha definido de forma clásica como “el consumo de medicamentos, hierbas y
remedios caseros por propia iniciativa o por consejos de otras personas, sin consultar al médico”.
La automedicación constituye un hecho cotidiano y habitual en la mayoría de los hogares españoles. Se ha pasado de una actitud pasiva y
sumisa ante el médico (éste es el que prescribía
y al que no se le podía replicar: el enfermo era
como un “cero a la izquierda”, “sin voz ni voto”,
15
A Fondo
al que no se atendían sus indicaciones) a una
actitud más autónoma pero también más arriesgada: “Yo sé lo que me pasa y conozco mi cuerpo y por lo tanto me tomo la medicación según
considero oportuno”.
Entre estos dos extremos existe un término
medio: una relación médico-paciente responsable por ambas partes. El profesional médico es
el que diagnostica y pone el tratamiento, pero
teniendo en cuenta las sugerencias y las recomendaciones del propio paciente sobre tratamientos anteriores: intolerancia de algún fármaco, efectos secundarios, dosis, etc. Es decir,
el paciente debe participar de forma activa e
inteligente en las decisiones y en la gestión de
las actividades terapéuticas que le atañen, pero
siempre bajo la supervisión de un profesional
de la medicina.
Polifarmacia
Es otro gran lastre de la medicina actual. Cuando
acude, sobre todo una persona mayor, a la consulta es frecuente que, incluso antes de manifestar su dolencia, a modo de muestrario, extienda
sobre la mesa del médico “los diferentes cartones”, para indicar los medicamentos que está
tomando: para el colesterol, la hipertensión, la
ansiedad, el insomnio, el mareo, los dolores de
cabeza, para el estómago, etc.
Entre otras razones, podemos afirmar que a esta
situación se llega por dos caminos: una atención
médica dirigida al síntoma (no a la persona como
totalidad) y por parte del paciente una incapacidad para aceptar lo que mi abuela denominaba
“las goteras de la edad” (dolores, insomnio, mareos, etc.). Ambas circunstancias cuando se cruzan se potencian y dan lugar a la polifarmacia en
un intento por no sufrir (paciente) y en un deseo
omnipotente de evitar todo sufrimiento (médico).
A todo esto podemos agregar otro dato: vivimos
en “la cultura de la pastilla”: existe un comprimido para adelgazar, otro para dormir bien, para
estar mejor, para estar más alegre, etc. Nuestra
sociedad es una sociedad medicalizada y donde
se busca el remedio mágico para todo, incluso en
la medicina no oficial.
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Vivimos en “la cultura
de la pastilla”: existe un
comprimido para adelgazar,
otro para dormir y otro para
estar más alegre; nuestra
sociedad es una sociedad
medicalizada y donde se
busca el remedio mágico
para todo
A Fondo
Se ha extendido la idea
de que los productos
naturales son inofensivos,
cuando la realidad es que
tienen menos controles
sanitarios y, por tanto,
existe mayor riesgo
de que sean nocivos
para la salud
Tipología del mal uso de los medicamentos
En nuestra cultural actual todo ser humano, en
algún momento de su existencia ha necesitado o
necesitará una ayuda médica. Nacemos generalmente en el hospital y morimos casi siempre en
un hospital. Nuestra existencia está jalonada por
el calendario de vacunas en la infancia, las revisiones periódicas de la empresa y el control de
colesterol o de la hipertensión en la ancianidad.
Nuestra vida, pues, está entretejida con las puntadas de actos médicos y, aunque no tengamos
una enfermedad grave, la visita al médico de familia o al dentista, y en algunas ocasiones al psiquiatra, es el pan nuestro de cada día. En este
contexto el medicamento adquiere un valor significativo. Es más, algunas personas no pueden vivir sin las pastillas, azules o rojas, como dice
un amigo mío. Pero no todas las personas tienen las mismas motivaciones profundas en la utilización de los fármacos, casi
siempre necesarios, pero en
ocasiones utilizados para tapar
alguna deficiencia psíquica. Veamos
algunas de ellas:
alegre, menos introvertido. Pero en estas situaciones ocurre como en “la parábola del saco roto”,
que la solución no está en llenarlo de piedras preciosas (todo se caía pues tenía un agujero en el
fondo), sino en remendar, en reconstruir al sujeto para superar su sentimiento de inferioridad. La
solución, pues, no está en la pastilla sino en la capacidad del sujeto para cambiar y tomar sus propias decisiones. Si no ‘remendamos’ nuestra propia existencia de nada servirán las opciones que
tomemos, por buenas y sabias que sean.
Concepto mágico del fármaco: en ocasiones el
sujeto toma la medicación, como Popeye comía
sus espinacas, esperando que por arte de magia,
se convierta en el más guapo, más fuerte o más
deseado. De aquí, surgen los productos maravillosos para reponer o evitar la caída del cabello o
no ganar peso, entre otros. En estas ocasiones se
olvida que todo ser humano tiene capacidad para
cambiar y cambiar a los demás.
La ley del mínimo esfuerzo: en el uso de los
medicamentos a veces subyace la ley del mínimo
esfuerzo. Estamos inmersos en una cultura en la
que se prima los resultados (ganar más dinero,
tener más salud...) no los medios y el esfuerzo que tenemos que poner para mantener la “línea” o tener un adecuado nivel de colesterol, etc.
Los medicamentos pueden ayudar a mantener un
adecuado nivel de bienestar, pero cada uno de
nosotros debe esforzarse por mantener una vida
sana y saludable.
Sentimiento de inferioridad: existen
personas que parten de una concepción muy
negativa de su cuerpo, de sus capacidades para
estudiar o para relacionarse con el otro sexo. Una
solución fácil es tomar una pastilla para adelgazar
o una anfetamina para conseguir un “mayor rendimiento intelectual” o un fármaco para ser más
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A Fondo
Bajo umbral de sufrimiento: tanto el dolor
físico como psíquico (la angustia) es mal soportado por la mayoría de las personas. Huimos
de todo lo que huela a malestar y rápidamente tomamos el analgésico para el dolor de cabeza o de espalda o un ansiolítico cuando nuestro hijo adolescente no ha llegado a su hora a
casa, etc. En estas ocasiones los fármacos nos
puede quitar el síntoma, pero nos pueden incapacitar para poder comprender mejor la situación y consiguientemente poner los remedios
más oportunos.
El uso racional de los medicamentos
La actitud adecuada en la utilización de los fármacos es cuando existe sintonía con el médico o
psiquiatra, se reflexiona sobre el “problema” y se
toman las medidas que se creen más adecuadas.
Bien puede ser la instauración de un tratamiento farmacológico o el realizar alguna prueba diagnóstica o determinar que no se precisa ninguna
medida terapéutica. En este sentido, el día que se
generalice el hecho de acudir al médico y finalizar
la consultar sin ninguna receta ni prescripción de
DECÁLOGO PARA EL USO RACIONAL
DE LOS MEDICAMENTOS
1.- El uso de cualquier fármaco deberá estar prescrito por un profesional de la salud
(médico o farmacéutico) y por tanto se evitará tanto la información por Internet como
la de un familiar o amigo.
2.-Se debe evitar la automedicación dado que
cada paciente es irrepetible y cada fármaco
puede producir efectos adversos, que solamente el profesional de la salud puede conocer.
3.-Todo medicamento debe ser adquirido en
las farmacias, para evitar las falsificaciones
y las posibles alteraciones y fraudes en la
composición original.
4.-Conserve siempre el medicamento en su
envase original y con su prospecto, para poder consultar cualquier duda sobre la posología, administración, etc.
5.-Siempre se debe consultar la fecha de
caducidad.
6.-Es aconsejable la lectura del prospecto,
pero siempre se deben seguir las instruccio-
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nes de su médico ante cualquier duda sobre
la posología o forma de administración del
medicamento.
7.-No es aconsejable el almacenamiento de
medicamentos ya usados. Sería conveniente realizar una revisión, al menos dos veces
al año, para retirar los ya caducados.
8.-No es recomendable guardar fármacos
junto a útiles de belleza, ya que pueden
confundirse y causar efectos inesperados.
9.-Pregunte a su médico o farmacéutico
cualquier duda que tenga antes de tomar la
decisión de cambiar de fármaco o algún elemento de su tratamiento.
10.-Los medicamentos caducados o los que
ya no se toman por finalización de tratamiento se deberán llevar a los puntos de reciclaje: las farmacias.
Estos ‘diez mandamientos’ se cierran en
dos: no te automediques ni tengas una polifarmacia en casa.
A Fondo
ninguna prueba (análisis, rayos X, etc.) ese día
habremos conseguido que la relación médico-paciente sea perfecta.
Es evidente que el uso de los fármacos es un medio que tenemos en el siglo XXI para favorecer
nuestro bienestar. No obstante, debemos insistir
que, para el uso conveniente de los fármacos, es
necesario facilitar una información cualificada sobre los efectos de los mismos, por el profesional
de la salud (médico o farmacéutico). Es un gravísimo error el tener como única fuente de información Internet para saber las aplicaciones de un
fármaco y mucho peor el querer seguir un tratamiento encontrado en la red. Existen muchas razones para defender esta postura, pero solamente señalaré una: cada enfermo es irrepetible y
por lo tanto el tratamiento debe ser individualizado. Como dice un viejo adagio médico: “no hay
enfermedades sino enfermos”.
El profesional de la salud deberá detectar las ideas
irracionales que el paciente tenga sobre el fármaco prescrito (su poder extraordinario de eficacia,
sus efectos secundarios, etc.) y situar en su justa medida las posibilidades terapéuticas, siempre
contando con la colaboración activa del enfermo.
A este respecto, es una buena praxis médica el
preguntar sobre posibles efectos secundarios de
anteriores tratamientos y hacer una relación detallada de la medicación que se está tomando en la
actualidad para valorar las posibles interacciones.
Los productos naturales, ¿son más inofensivos?
La otra postura extremista del mundo civilizado
es un rechazo total de la medicina oficial y una
defensa a ultranza de la medicina natural (herbolarios, plantas medicinales, etc.), entre otras
razones, por su proclamado carácter inofensivo.
Hasta el extremo que se ha llegado a afirmar, de
forma ingenua, que “la medicina oficial mata; la
medicina natural cura”.
salud. Es cierto que “los medicamentos oficiales”
parecen que son más perjudiciales para la salud,
pero es porque conocemos mejor sus efectos secundarios; “la medicina natural” no es que no
tengan efectos nocivos sino que no se estudian,
o no se conocen o no se publican.
Además, los productos naturales también pueden ser tóxicos por sí mismos cuando no están
bien dosificados o se mezclan con otras sustancias. Como ejemplos podemos señalar lo siguiente: el ginseng, que se utiliza para la fatiga, es frecuente su adulteración y puede producir desde
hipertensión, hinchazón mamaria hasta hemorragia; la manzanilla puede producir inflamación
de la mucosa de la boca y lengua; el muérdago
es tóxico para el hígado; el poleo, que se utiliza
como sedante, puede producir necrosis hepática y se debe evitar durante el embarazo. Y la lista de productos naturales con efectos indeseados
es interminable.
Conclusión
Es evidente que la farmacopea ha salvado muchas vidas. También es evidente que gracias a
las investigaciones farmacológicas nuestras vidas son más agradables. Hemos conseguido un
mayor nivel de bienestar e incluso en ocasiones
se puede mantener una cierta calidad de vida en
los enfermos crónicos (un ejemplo manifiesto son
los avances farmacológicos en el tratamiento del
sida). Pero no podemos olvidar que el fármaco
también se ha utilizado de forma inconveniente y
que en ocasiones se abusan de los mismos. Una
información cualificada sobre los mismos y el uso
racional de los medicamentos son los pilares para
conseguir una adecuada salud física y psíquica.
La realidad es que los “productos naturales” tienen menos controles sanitarios y por lo tanto
existe mayor riesgo de que sean nocivos para la
19
A Fondo
CÚRATE A TI MISMO
EL PODER SANADOR DE LA MENTE
Por José María Jiménez
La salud es, sin duda, uno de los bienes más estimados a los que
aspira el ser humano. Siendo cierto que apenas sabemos apreciarla mientras disfrutamos de ella, tan pronto como la perdemos
la buscamos con pasión y ponemos todo nuestro empeño y todos
los recursos de que disponemos para recuperarla.
Eso sí, para alcanzar este objetivo tendemos a mirar hacia el exterior: hacia los médicos a quienes atribuimos poderes terapéuticos ilimitados, a cambios de alimentación de los que pretendemos
efectos milagrosos, a la ingesta de productos recomendados por
los naturistas o, ¿por qué no?, al simple cambio del tiempo. Como
el bueno de Antonio Machado, abatido por la enfermedad que llevaría a la muerte a su joven esposa Leonor, todos esperamos, aunque no sepamos expresarlo en poemas tan bellos como el que él
dedicó al famoso “olmo seco”, uno de esos milagros del que son
pródigas las primaveras, soñamos con que las lluvias de abril y los
soles de mayo revitalicen nuestros cuerpos enfermos o fatigados.
20
A Fondo
La fuerza interior
Terapias holísticas
No reparamos en que con nuestro modo de estar
en el mundo, con la manera de pensar sobre nosotros mismos y sobre quienes nos rodean, con
el manejo más o menos afortunado que hacemos de nuestras emociones nos convertimos en
agentes absolutamente protagonistas de nuestra
salud o de nuestra enfermedad. No reparamos en
que, desde nuestra fuerza interior, estamos capacitados para superar las pruebas y las dificultades
que irrumpen en nuestras vidas aunque éstas se
nos antojen, en un primer momento, más fuertes
de lo que cualquiera se creería razonablemente
capaz de superar y se manifiesten, a veces, en
forma de una salud quebrada.
Por eso son muchos los autores que para afrontar
el tema de la salud proponen terapias holísticas,
terapias que parten del supuesto de que para buscar el bienestar orgánico es imprescindible contar
con esos factores de índole espiritual. Los responsables únicos y últimos de nuestro equilibrio físico
no son sólo los médicos con sus atinados diagnósticos, sus sabias prescripciones farmacológicas y
los recursos técnicos cada vez más sofisticados y
más eficaces de que hacen uso. Actualmente disponemos de pruebas serias y estudios fiables bien
fundamentados que destacan el peso que tienen
los estados emocionales tanto en el desarrollo
como en la contención de la enfermedad.
Para el psicólogo Antonio
Blay, “cuando hay una
actitud mental de miedo o
de resentimiento, cuando
no hay una paz, una
armonía, una actitud
correcta en nuestra mente
o en nuestra afectividad es
imposible esperar que el
cuerpo funcione bien”
En la actualidad
existen
estudios fiables
bien fundamentados
que prueban el peso
que tienen los estados
emocionales tanto en el
desarrollo como en la
contención de
la enfermedad
Eso es así porque el ser humano es fundamentalmente una unidad que integra elementos orgánicos y elementos psíquicos. Existe un término griego, holon, que hace referencia a una realidad que,
constituyendo en sí misma un todo, es, a su vez,
sólo parte de otra entidad más rica y compleja.
Éste es exactamente el caso del hombre. Nuestro
cuerpo es una totalidad articulada, perfectamente
estructurada integrada por órganos, aparatos y
sistemas varios que funcionan haciendo gala de
una sincronización y armonía admirables. Pero lo
que entendemos por persona no puede ser reducido al conjunto de sus elementos más puramente
orgánicos o biológicos. Éstos forman parte de un
todo más rico y complejo, el hombre, en el que
tienen un peso fundamental los factores emocionales, mentales y espirituales.
Incluso en el caso del cáncer, mal proscrito y en
cierta medida aterrador dado el alto nivel de mortalidad de que va acompañado, existen trabajos
que ponen de relieve la extraordinaria influencia
que ejercen los estados anímicos de cara a su contención e incluso a su superación. Así lo ha demostrado el Dr. Pintagraf, presidente de la asociación
americana contra el cáncer. Según este eminente
galeno, en el interior de nuestro espíritu existe una
energía, una fuerza poderosísima que puede frenar
o, en caso contrario, activar la evolución de la enfermedad. Él mismo da fe de cómo conoció y trató
a lo largo de su vida profesional a muchas personas que, con un adecuado tratamiento farmacológico y una disposición anímica positiva, lograron
burlar durante decenas de años sus efectos devastadores. Sin embargo, esos mismos enfermos
21
A Fondo
sometidos a situaciones de fuerte choque emocional como consecuencia de la muerte de un hijo, la
infidelidad prolongada, la quiebra económica o la
pérdida de horizontes y sentido para la propia vida,
conocieron la reactivación de un proceso canceroso que les llevó finalmente a la muerte.
Por eso cada vez parece haber más acuerdo en
que no existen enfermedades, sino enfermos
concretos que ante patologías idénticas ofrecen
respuestas llamativamente diferentes. Son enfermos que expresan a través de sus cuerpos las
informaciones de sus mentes, las heridas que, lejos de ser simplemente orgánicas, manifiestan el
verdadero estado de sus almas.
Sanar la mente
¿Habrá que dar por buenas las enseñanzas de
quienes sostienen que la verdadera y profunda
curación no es otra que la de la mente?, ¿deberemos admitir que en su interior se halla almacenada una poderosísima penicilina espiritual capaz
de aniquilar infecciones y poner freno a nuestras
enfermedades? Probablemente si modificáramos
nuestra manera de pensar, si retocáramos nuestra visión de la vida, si controláramos las ideas
irracionales que nos instalan en el estrés y en la
angustia, nos colocaríamos, efectivamente, en la
senda de la sanación. Porque los pensamientos
negativos actúan como agentes corrosivos que, al
debilitar las almas y al limitar sus capacidades de
lucha y su hambre de superación, dejan nuestros
cuerpos a merced de los múltiples errores y fallos
que son propios de toda naturaleza limitada.
22
La enfermedad como síntoma
La enfermedad, como han expresado T. Deihlefsen y R. Dahlke en La enfermedad como camino,
libro a mi modesto juicio absolutamente excepcional, es un síntoma que se hace presente en
el cuerpo, pero que nos remite a algo que no es
simplemente orgánico. Por eso, de la misma manera que constituiría una insensatez eliminar los
indicadores luminosos que nos alertan del incorrecto funcionamiento de nuestro automóvil, en
lugar de corregir el desperfecto oculto que provoca el encendido de la bombilla, resulta poco
inteligente pretender hacer desaparecer determinados síntomas que nos están aconsejando una
investigación más profunda sobre el estado real
de nuestro yo como totalidad.
A Fondo
A pesar de formar parte
de una cultura que
aparentemente ensalza
hasta el paroxismo el
cuidado de los cuerpos,
no se nos enseña
verdaderamente
a amarlos
Evidentemente no estoy desacreditando, lo que
sería por mi parte una oceánica muestra de ignorancia y de irresponsabilidad, los tratamientos
farmacológicos y las intervenciones más específicamente quirúrgicas. Trato de subrayar, simplemente, la fuerza curativa de nuestra mente, trato
de destacar que la enfermedad hunde sus raíces
en lo más hondo de nuestro ser y no puede ser
combatida únicamente con intervenciones que
ignoren la fuerza sanadora o, por el contrario,
patógena de nuestro espíritu. Por eso, la eliminación provisional de los síntomas no garantiza
la terapia definitiva. Es preciso comprender que
éstos no son el enemigo a batir, el foco infeccioso
que destruir o los visitantes impertinentes a los
que es preciso echar. Mucho mejor verlos como
indicadores que nos alertan ante el precipicio o,
más aún, como guías que nos conducen, aunque
sea por caminos dolorosos e incómodos, hacia la
auténtica sanación.
Somos corresponsables de nuestra salud
En El poder está dentro de ti, Louise L. Hay, autora también de Usted puede sanar su vida refiere
el desconcierto que experimentó cuando le diagnosticaron un cáncer de vagina. Tras la sorpresa
inicial fue tomando conciencia, nos dice, de las
dosis de basura interior que, en forma de resentimientos y de emociones negativas incorrectamente expresadas, habían favorecido el despertar de su enfermedad.
Su experiencia resulta extremadamente aleccionadora. Confió ciegamente en el cirujano que ha-
bría de extirparle su tumor, pero, al mismo tiempo, comprendió que, si no trabajaba para sanar
su universo interior, para curar las heridas de su
alma, ella misma volvería a favorecer la aparición,
de nuevo, del mal sólo provisionalmente extirpado. Inició así un programa de autocuración que la
llevó a modificar su existencia entera. Trabajó para
eliminar las numerosas telarañas que nublaban
los cielos de su alma y para reconciliarse consigo
misma. Comprendió que desde el desacuerdo o la
sospecha respecto a su yo más profundo no sería
posible nunca alcanzar la definitiva recuperación.
Se propuso desterrar de su vida la desconfianza
y el odio, se esforzó por entender las razones que
hacían mínimamente explicables las conductas de
quienes, en su día, pudieron haberla herido logrando así hacer más fácil el perdón. Y de este
modo fue comprobando cómo, en la medida en
que comprendía y perdonaba a los demás, se iba
incrementando también su capacidad de autoperdón. Descubrió que cuando no tenemos fe en la
vida y recelamos de los demás es, en realidad,
en nosotros mismos en quienes no confiamos. No
tenemos fe en el inmenso potencial de superación
y de amor que mantenemos soterrados bajo pesadas losas de aprendizajes perversos o de experiencias negativas de las que no hemos podido o
sabido desprendernos.
Su conclusión no pudo ser más elocuente: sólo
cuando vivimos en armonía con el hondón de
nuestra propia alma, cuando creemos en nosotros mismos y nos aplicamos a la importante tarea de “cuidarnos” en el sentido más completo de
esta palabra, sólo entonces estamos en la vereda
de la curación verdadera.
23
A Fondo
Acertaron los clásicos cuando proclamaron aquello de “mens sana in corpore sano”, una mente
sana en un cuerpo igualmente saludable. No puede ser de otra manera. Alguna responsabilidad
tenemos sobre nuestra salud: un corazón limpio,
un alma liberada de culpas y de rencores, un espíritu reconciliado consigo mismo acaba convirtiéndose en el antibiótico más invencible y en el
reconstituyente más eficaz para hacer frente a
esas dolencias que a los médicos, sin nuestra colaboración, no les es fácil anestesiar.
de miedo o de resentimiento, cuando no hay una
paz, una armonía, una actitud correcta en nuestra
mente o en nuestra afectividad es materialmente
imposible. En tales condiciones no podemos esperar que el cuerpo funcione bien”.
La enfermedad es un
síntoma que se hace
presente en el cuerpo, pero
que nos remite a algo que
no es simplemente orgánico
Facilitar el flujo de la energía vital
También A. Blay en Creatividad y plenitud de vida
apunta en esa dirección y define la salud como
la libre expresión de la vida divina a través del
cuerpo y la enfermedad como la obstrucción de
la circulación de esa energía a través del cuerpo
o a través de la mente.
No creo que sea necesario tener hondas creencias
religiosas para estar de acuerdo básicamente con
él, para entender que el camino que nos conduce hacia una vida saludable pasa por eliminar las
barreras que dificultan el libre discurrir de las corrientes vitales. Combatir, pues, contra cualquier
enfermedad atacando tan solo los agentes patógenos que la provocan nunca será definitivo. Previamente habrá que remover los obstáculos que
dificultan la circulación de las energías naturales
a través de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu.
Toda idea negativa en relación al mundo que nos
rodea, a las personas con quienes convivimos o
referentes a nosotros mismos puede provocar que
nuestro cuerpo exprese su disconformidad y su
protesta en forma de síntomas enfermizos. Cuando perdemos nuestra confianza en la vida, cuando
nos miramos a nosotros mismos como sospechosos, cuando vivimos en estado de alerta permanente ante un entorno en el que percibimos más
riesgos que posibilidades, cuando miramos a los
demás con esa especie de desconfianza instintiva
que es propia de las personalidades más timoratas
e inseguras, estamos renunciado a poderosísimos
instrumentos de sanación y dejando nuestro cuerpo a la intemperie de los múltiples factores negativos que pueden afectarle. “Pretender curar el
cuerpo -dice Blay- cuando hay una actitud mental
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Actitudes vitales positivas
No es exagerado, pues, afirmar que somos, en buena medida, terapeutas de nosotros mismos, colaboradores necesarios para la sanación de nuestras
enfermedades o para la conservación de nuestra
salud. Lo somos en la medida en que generamos
actitudes que expresan amor a la vida y disposición a que ésta se exprese con toda su fuerza y
toda su pujanza a través de nuestro cuerpo.
Me llamó la atención, hace ya bastantes años, la
afirmación de un conocido escritor que defendía la
idea de que nadie muere hasta que no lo decide,
hasta que renuncia a la lucha y se rinde. Lo que
entonces interpreté como una solemne boutade
me ha ido pareciendo, con el paso del tiempo, una
afirmación nada descabellada y ajustada, en buena medida, a lo que sucede en realidad. Porque,
en definitiva, ese aserto, aparentemente tan pintoresco, se limitaba a destacar el peso que ejercen los estados emocionales o las disposiciones
A Fondo
Una mirada positiva de la
realidad, la amable
proximidad hacia los
demás, la esperanza en el
futuro, la confianza en las
propias posibilidades, la
alegría de sentirse vivo y
amado constituyen una
vacuna de eficacia
comprobada para garantizar
nuestra salud corporal
anímicas en relación a los procesos más puramente corporales u orgánicos. Hoy nadie parece
discutirlo porque hemos comprendido que hay
talantes vitales que son portadores de gérmenes
patógenos y otros, por el contrario, que son, en sí
mismos, marcadamente terapéuticos.
Conciencia de nuestra compleja identidad
Esto nos pone ante el espejo de nuestra compleja identidad: no somos simplemente materia y
nuestro ser no se reduce a nuestro cuerpo. No
ignoro en momentos como los actuales tan groseramente “somatocéntricos”, devotos, por encima de todo, de las apariencias, esta afirmación
pueda parecer sorprendente. Pero es la pura verdad. Tenemos un cuerpo, pero no somos sólo un
cuerpo. Nuestro yo no se reduce a una materia
que cambia, que envejece, que experimenta cada
vez más limitaciones y más carencias y no puede
sustraerse a los naturales procesos degenerativos que son propios de cualquier realidad material. En la medida que mantengamos la conciencia
de una identidad que no se reduce a lo corpóreo
nos sentiremos más independientes respecto a
nuestras dolencias y podremos mirar desde cierta distancia y sin perder el control los distintos
mensajes que nos llegan desde un cuerpo tantas
veces doliente, tantas veces vencido. Y podremos
incentivar en nosotros mismos actitudes generadoras de salud que pasan, en primer lugar, por
mirar nuestro cuerpo con verdadero amor. Porque, a pesar de formar parte de una cultura que
aparentemente ensalza hasta el paroxismo el
cuidado de los cuerpos, no estoy seguro de que
se nos enseñe verdaderamente a amarlos. Se
jalea, más bien, su explotación, se trasmite por
doquier una visión instrumental de los mismos,
como fuente de placeres no siempre medidos,
que casi nunca sale gratis. Amar verdaderamente el propio cuerpo es respetar sus necesidades
naturales, atender sus exigencias y no violentar
sus límites. Las tensiones, el forzamiento sistemático del ritmo vital se acaba pagando con el
dolor, el sufrimiento y la enfermedad. Que no
deja de ser, con harta frecuencia, más que el
grito de protesta de un organismo que ha sido
sometido a procesos de estrés y violencia que
traspasan todas las barreras de lo racionalmente tolerable.
Lo reitero, ya para concluir: somos, en buena
medida, responsables de nuestra salud porque
no existe una separación radical entre lo físico
y lo psíquico. Un estado emocional equilibrado
es un ingrediente fundamental de salud. La actitud constructiva que sabe integrar una mirada positiva de la realidad, la amable proximidad
hacia los demás, la esperanza en el futuro, la
confianza en las propias posibilidades, la alegría
de sentirse vivo y amado constituye una vacuna
de eficacia comprobada también para garantizar nuestra salud corporal. Tal vez no sea ocioso
orientar nuestras vidas desde esta convicción.
Nos ayudaría, cuando nos vemos confrontados
con la enfermedad, a huir de las actitudes pasivas y fatalistas y a asumir el control de un
proceso del que son parte esencial las actitudes
mentales o las disposiciones anímicas.
25
A Fondo
-
PASTILLAS
PARA
‘SER
FELICES’
-
¿POR QUÉ SE DROGAN
NUESTROS JÓVENES?
Por José Luis Rozalén Medina
26
A Fondo
¿Cómo es posible, me pregunto, que haya jóvenes tan diferentes, jóvenes con nobles ideales, y jóvenes que, en palabras
del profesor Valentín Martínez-Otero, “no saben crecer, que se
muestran permanentemente inseguros, caprichosos, sin exigencias ni valores esenciales, sin capacidad de aguante, que
sólo buscan el placer instantáneo y rápido en sus vidas, con
comportamientos de alto riesgo, acechados constantemente
por el alcohol, el tabaco, otras drogas más peligrosas aún, con
una sexualidad inmadura e incontrolada?”
Por los bancales abajo, brincando hasta el azul
turquesa de la mar, baja esplendorosa la primavera de esta restallante mañana. Sube por los
naranjales un olor intenso a azahar. Las rosas de
la ladera de enfrente se han teñido de escarlata
y blanco y la tersura ondulada y espumosa del
Mediterráneo mece mi espíritu en un eterno vaivén... Aquí, frente al mar, como en un hermoso
lienzo imaginario, empiezo a escribir para Avivir este artículo sobre “los jóvenes y las drogas”,
empiezo a ‘pintar’ mis pensamientos y a plasmar
mis ideas.
¿Por qué muchos de nuestros jóvenes-adolescentes consumen drogas, prohibidas o permitidas?
¿Por qué se van encadenando tristemente a un
pobre destino sin libertad, sin alegría, sin racionalidad, sin coraje moral, sin ilusiones, sin futuro,
aniquilando su mente y su salud?
Nadie les enseñó a crecer
Pienso que, seguramente, a estos jóvenes que
no controlan sus actos nadie les enseñó a crecer: ni padres, ni educadores, ni maestros, ni
la sociedad, ni los medios de comunicación, ni
ellos mismos pusieron algo de su parte para
“dar un sentido” a su existencia. Pienso que,
seguramente, muchos de los padres de estos
chicos (no olvidemos que la clave fundamental de la educación está en el hogar) se mos-
traron con ellos sobreprotectores, permisivos,
miedosos, alarmistas, ‘encogidos’, sin fuelle y
sin arrestos para educar, quitándoles, de esta
forma, la capacidad para afrontar los problemas con valentía y libertad, sin tener que agarrarse a las drogas y a la destrucción para seguir viviendo.
Pienso que, seguramente, muchos padres de
estos “jóvenes a la deriva” se han mostrado con
ellos inestables, inmaduros, cambiantes, culpabilizadores, chantajistas, rígidos, severos, y han
generado en sus hijos sentimientos reprimidos
de rabia y rencor, sin capacidad de obrar por sí
mismos: les han castrado su libertad y autonomía y los han arrojado en manos de cualquier
esclavitud, de cualquier cadena, de cualquier
sucedáneo de felicidad.
Pienso que si hubiesen tenido la suerte de tener unos padres equitativos y democráticos,
firmes, pero abiertos y dialogantes, los chicos
hubiesen crecido con otros hábitos de conducta, con otras metas más nobles, con unos ideales dignos y excelentes. Estos padres, según
la psico-pedagoga Marisa Magaña, “son poco
proteccionistas, y animan siempre a sus hijos a
afrontar las dificultades de la vida con fortaleza, a cumplir las normas y leyes de forma autónoma y libre, quedándose siempre ellos cerca
de sus hijos, por si los necesitan, pero sin imponer irracionalmente nada”.
27
A Fondo
Una sociedad inmadura
Tenemos una sociedad desequilibrada, con un alto
poder tecnológico, pero con graves carencias en el
campo de la ética; la educación, en muchas ocasiones, no está a la altura de los tiempos y de esta
forma podemos observar a chicos y chicas desnortados, sin rumbo, con una conducta inercial arriesgada, masificada, irreflexiva, expuesta a ser arrollados por cualquier moda, por cualquier adicción o
droga, por cualquier opinión o violencia gratuita.
En la actualidad,
las drogas cada vez están
más vinculadas a la cultura
del ocio, aunque también
(menos que en los años 80)
aparecen unidas a los focos
de marginalidad,
delincuencia y pobreza
Hay que enseñarle al joven (sobre todo con el
ejemplo), en la familia y en la escuela, que no se
debe venir nunca abajo ante cualquier adversidad, que hay que seguir luchando “siempre hacia
el horizonte”, que no se puede refugiar continuamente en la evasión, en las drogas de cualquier
tipo, en el aturdimiento; hay que recalcarle que
todo lo que realmente tiene valor, cuesta mucho
esfuerzo y tiempo, que una educación integral y
armónica dura toda la vida, y no sólo trata de
desarrollar las facultades intelectuales, sino también las vertientes volitivas (ejercicio de la voluntad libre), afectivas, éticas, estéticas, sociales...
para que, de esta manera, su personalidad en
crecimiento pueda formarse adecuadamente.
El otro día leí unas manifestaciones del genetista
molecular Mario Capechi, Premio Nobel de Medicina
(2007), que me impactaron de manera muy positiva: “Todo lo que me fue adverso y duro me sirvió
para crecer; existe ahora una sensación, sobre todo
entre la gente joven, de que la gratificación tiene
que ser inmediata, y esto no es así. La gratificación
es algo que lleva mucho tiempo, mucho esfuerzo,
mucha renuncia, mucha dedicación y paciencia”.
Drogas que acechan
Y hace unas semanas, visitando la espléndida Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, en una
Exposición sobre Ramón y Cajal y sobre Severo
Ochoa, pude observar que, en muchos de sus escritos y consideraciones, estos dos ilustres sabios españoles hacen continuamente hincapié en la necesidad de que nuestros jóvenes deben estudiar, leer,
esforzarse, sacrificarse, dominar sus impulsos, “tonificar su voluntad”, no dejarse llevar por el aturdimiento y la molicie, por el rápido y ficticio placer de
lo efímero, por las drogas que entontecen, si quieren llegar a ser hombres y mujeres de provecho.
Efectivamente, no cabe duda de que en tiempos de
confusión y hedonismo galopante el consumo de
drogas y sus consecuencias representan un grave
problema social y sanitario que afecta especialmente a los jóvenes. Las estadísticas que publican los
organismos especializados de las Naciones Unidas
y de la Unión Europea corroboran que un número
importante de la población de jóvenes-adolescentes
consume sustancias como el alcohol, el tabaco, el
cannabis y, en menor medida, la cocaína, la heroína
y otras drogas de síntesis (pastillas) con los efectos
demoledores que todos conocemos.
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A Fondo
Aunque parece que hoy la sociedad española ha empezado a tomar conciencia del riesgo
que para la salud y el bienestar social suponen
las drogas, el peligro sigue ahí. Aunque nuestro país cuenta con una Estrategia Nacional sobre Drogas y con un Plan de Acción que intenta
prevenir, sensibilizar, diagnosticar, tratar, rehabilitar, disminuir el daño en las personas consumidoras, ayudar a los padres a superar el grave problema en que están metidos sus hijos, sin
embargo, no hay que bajar la guardia, porque
falta mucho por hacer.
dad y se drogan puramente con fines recreativos,
de ocio, de evasión, ‘socializantes’, masificadores
(“los findes me pillo un pedo que mola mazo”) y
desdeñan irresponsablemente los riesgos físicos
y psicológicos a que claramente se exponen.
Los padres deberían estar “ojo avizor” y prevenir ya en la pre-adolescencia posibles situaciones que después pueden desembocar en graves
e irreversibles problemas a través de un diálogo
franco con sus hijos sobre los peligros de las drogas, hablándoles y escuchándolos, conociendo a
los amigos de sus hijos, poniendo en práctica un
amor y una paciencia sin límites, formulando en
casa unas normas de conducta razonables y razonadas, predicando con el ejemplo, alentando alternativas de ocio saludables desde que los hijos
son muy pequeños, potenciando la autoestima, la
responsabilidad, la autonomía de sus hijos...
Los ambientes familiares
caóticos, la carencia de
vínculos afectivos entre
padres e hijos, los
antecedentes en el hogar de
alcoholismo y drogadicción,
y el fracaso escolar son
algunos de los principales
factores que influyen en
el consumo de drogas
Hay que tener en cuenta que el fenómeno de las
drogas ha experimentado últimamente una profunda transformación, en paralelo con la evolución de las sociedades desarrolladas y de consumo. En general, podemos decir que las drogas
están fuertemente vinculadas a la cultura del
ocio, aunque también (menos que en los años 80)
aparecen unidas a los focos de marginalidad, delincuencia y pobreza. La heroína, por ejemplo, ha
sido sustituida en muchas ocasiones por el cannabis, la cocaína o el éxtasis, combinadas entre
sí o mezcladas con alcohol y tabaco. Hoy día los
consumidores, cada vez más jóvenes, están muchas veces perfectamente integrados en la socie-
Factores que pueden incitar a la droga
Aunque es imposible resumir aquí los posibles y
variados factores que pueden influir en el consumo de drogas: sólo citaremos algunos. Los
ambientes familiares caóticos, en donde existe abuso de alcohol o drogas, en donde se producen graves trastornos psiquiátricos, son sin
duda un buen caldo de cultivo de este fenómeno. La carencia de vínculos afectivos entre los
padres y los hijos, la falta de cariño (niños rechazados, divorcios conflictivos, falta de expectativas e ideales, conductas infantiles no corregidas) pueden influir decisivamente en la adicción
29
A Fondo
a las drogas de los hijos. Por otra parte, existen
algunos estudios serios que afirman que los hijos de padres alcohólicos y drogadictos tienen
mayor probabilidad de desarrollar esas dependencias que quienes no tienen esos antecedentes familiares.
También en la escuela, cuando se producen repetidos fracasos escolares, cuando el alumno carece de toda motivación o estímulo y se convierte en un radical “objetor escolar” que no quiere
saber nada de estudio ni de esfuerzo, cuando se
dan amistades con otros chicos/as que tienen
comportamientos peligrosos al borde de la ley y
las normas, cuando se minimiza el riesgo de consumir las llamadas ‘drogas blandas’, o se aplaude
el ‘uso responsable de drogas’, cuando aumenta
paulatinamente el consumo de alcohol y tabaco,
cuando se asiste alocada y asiduamente a los llamados “botellones”..., es el momento de pensar
que se está desencadenando un alto riesgo de
consumir drogas cada vez más peligrosas: marihuana, cocaína, síntesis...
Hay algunos investigadores que hacen hincapié
en que las drogodependencias, la delincuencia,
el seguimiento de sectas, las actitudes patológicas, en general, son producto inevitable del sistema social en que estamos estructurados, efecto indeseable de las relaciones traumáticas del
individuo con su entorno: la “despersonalización”
de la existencia humana, la trivialidad, la frialdad
y el vacío que encuentran los jóvenes a
su
alrededor,
el querer hacer “lo que
hacen los
demás”, el
“estar en
la honda”, el
aburrimiento
y la curiosidad
(“a ver qué se
siente”),
la
cultura consumista del
“use y tire”,
la
no
identi-
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ficación con el papel que les ha tocado en suerte, la muerte del espíritu y el materialismo envolvente, su falta de identificación con el medio y la
cultura de su tiempo, la desigualdad e injusticias
reinantes, el tedio del presente, la oscuridad del
futuro, la carencia de una voluntad fuerte y creadora..., hacen que algunos jóvenes se “vengan
abajo” y se refugien en el “paraíso artificial de la
droga”, renunciando de esa forma a la búsqueda
de su propia integridad psicológica y personal, a
la valiente construcción de sí mismos.
Vuelta al principio
Sigo sentado frente al mar. La brisa juguetona
del mediodía ha rizado un poco las aguas de la
bahía, pero todo sigue en calma, en su sitio. Una
luz líquida y transparente transforma el horizonte
en hermosura. He de ir acabando mi artículo.
Si lográramos fuertes y profundos lazos familiares que favorecieran una comunicación sincera y una disciplina razonada dentro del hogar;
si procurásemos que nuestros hijos y alumnos
se relacionasen con otros jóvenes sanos y realizasen actividades saludables; si mejorásemos
el ambiente y la textura espiritual de la comunidad en que vivimos; si hiciésemos de la escuela un centro de exigencia, estudio, dedicación, entrega y cooperación sin reservas entre
padres, alumnos y profesores; si dispusiésemos
de equipos especializados que atendieran, en
caso de necesidad, a los jóvenes con problemas de drogadicción; si enseñásemos a nuestros chicos y chicas que crecer y ser felices no
es triunfar rápidamente y de cualquier manera,
no es conseguir fama o éxito efímeros, no es
buscar la satisfacción de los instintos más bajos y elementales, no es evadirse de la realidad
arrojándose en brazos de las drogas, sino luchar
por mejorarla.
Si consiguiésemos que nuestros jóvenes y adolescentes mantuviesen su espíritu en tensión
permanente hacia la excelencia, que buscasen
la armonía interior consigo mismo y con los demás, que luchasen pacífica y racionalmente por
mantener los valores éticos y estéticos en los que
creen, entonces aún cabría la esperanza.
ENTREVISTA
“Enfermedades muy graves,
antes casi incurables, pueden
ser ahora controladas con
psicofármacos”
ANTONIO CARRILLO
PSIQUIATRA
Por Gloria Díez
Fotos: Cristina Bezanilla
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ENTREVISTA
El Doctor Antonio Carrillo es un psiquiatra de amplia experiencia tanto en
el terreno asistencial como en el docente. A lo largo de su carrera ha prestado especial atención a los recursos farmacológicos para hacer frente a
los trastornos mentales. En el Hospital Quirón de Madrid, en una consulta
de paredes impecablemente blancas, después de despedirse de los últimos
pacientes, habla para Avivir con una voz pausada y profesional que da paso,
de vez en cuando, a un rasgo de ironía o a una leve sonrisa. En su amplia
relación de artículos publicados o de comunicaciones científicas, aparecen
aquí y allá ansiolíticos, antidepresivos, neurolépticos y de eso se trata, de
analizar el uso y el potencial abuso de los psicofármacos.
Vamos a hablar de psiquiatría y de fármacos.
Verá, doctor, nos parece normal que una pastilla nos alivie un dolor de cabeza, pero nos
parece más raro que nos pueda aliviar una
pena. ¿Es porque creemos que el cerebro es
físico, pero nuestros sentimientos no?
Bueno, eso tiene que ver con la dualidad cartesiana mente-cuerpo, hay un orden de lo biológico
y un orden de lo psicológico o lo mental. Yo creo
que es una distinción un poco artificiosa, que es
difícil separar esas dos realidades del sujeto, que
ambas coexisten. Por lo tanto puede haber maneras de intervenir con psicofármacos sobre el
mundo de los pensamientos, de los sentimientos,
de las emociones.
¿Diría usted que la psiquiatría actual se dirige a resolver síntomas más que conflictos?
“Que los nuevos
antidepresivos tengan
menos efectos secundarios
ha producido un aumento en
la prescripción y una
sobreutilización de estos
fármacos, no ya para
patologías graves, sino
como alivio ante los
conflictos de la vida”
No. En absoluto. Depende del contexto asistencial en que nos movamos.
¿Puede ampliar eso?
En gran parte es así. Los trastornos, tal como están definidos en estos momentos, las clasificaciones, son listas de síntomas. Se desconoce en
gran parte, a pesar de los grandes avances de
las neurociencias, cuáles son las bases últimas
de los trastornos mentales. Con frecuencia lo que
se trata son grupos de síntomas. El concepto de
conflicto pertenece al ámbito de lo psicológico.
Los medicamentos no tratan conflictos.
¿Cuáles son las técnicas más empleadas?
¿El psicoanálisis está abandonado?
Sí. En el contexto asistencial de lo público, en
los centros de salud mental, se intenta dar una
atención integral, que recoge los aspectos biopsico-sociales del sujeto. Los biológicos a través
de los tratamientos farmacológicos, los psicológicos con psicoterapia y algunas intervenciones
sociales. Dentro de esas opciones psicoterapéuticas hay distintas escuelas, una de ellas es la psiquiatría dinámica, cuyos fundamentos parten del
psicoanálisis, y hay profesiones que trabajan con
este paradigma. Otros psicoterapeutas siguen la
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ENTREVISTA
orientación cognitivo conductual, que probablemente sea la mayoritaria en este momento. No
es un psicoanálisis ortodoxo, porque no se incluye en las prestaciones de la sanidad pública, pero
sí intervenciones de orientación psicodinámica.
¿Habla de terapias breves?
Terapias breves por las exigencias de tiempo, del
volumen de población a la que se atiende. Suelen
ser terapias focalizadas en conflictos concretos, o
terapias grupales con ese mismo objetivo.
¿Usted diría que básicamente somos química?
No, hay un sustrato químico, ahí se registran cosas;
las emociones se registran en el cerebro, sin duda
alguna, pero explicar el ser humano como exclusivamente neuroquímica es una simplificación.
¿La enfermedad mental tiene siempre un
fondo físico, fisiológico?
La enfermedad mental tiene, de nuevo, un registro ahí, aunque depende de qué entendamos
por enfermedad mental. Si hablamos de las enfermedades mentales graves, de la psicosis, de
la esquizofrenia, hay notables avances neurobiológicos que indican que algo no funciona bien en
el cerebro de esos pacientes, pero eso no agota
la complejidad de la enfermedad mental en el sujeto concreto, ahí intervienen también otros elementos de orden más psicológico, más social.
Pero mediante la química podemos controlar la sintomatología.
Así es. Y en ese sentido ha sido un gran avance de
la terapéutica farmacológica en psiquiatría. Enfermedades muy graves, que antes tenían un tratamiento difícil, a partir de mediados del siglo pasado, han podido ser controladas con fármacos.
Es decir que estamos en deuda con la farmacopea.
En algunas enfermedades graves desde luego;
tampoco se trata de una euforia farmacológica
excesiva. Cierto que ha habido avances y hay
síntomas que se controlan bien con medicación,
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“El riesgo de pasividad,
que implica el medicalizar
situaciones de conflicto que
tendrían que ser abordadas
a través de la palabra,
evidentemente puede hacer
esos conflictos crónicos”
pero queda todavía un amplio recorrido y las patologías siguen estando ahí a pesar de los fármacos y los avances.
Cuando una enfermedad tiene su base en un
conflicto, el hecho de que se controlen los
síntomas, ¿permite mantener adormecido el
conflicto, de forma permanente? ¿No es necesario buscar la solución?
Ése es un gran riesgo, efectivamente y más con
los nuevos fármacos, que han disminuido los
efectos secundarios, lo que ha producido, a mi
juicio, una sobreutilización, como medida para
aliviar el sufrimiento, no ya de patologías graves, sino ante los conflictos de la vida. Y probablemente ahí los fármacos, si bien nos sirven en
situaciones muy puntuales para aliviar síntomas
muy agudos, también corremos el riesgo de darles un poder que no tienen y de bloquear, incluso,
la exploración de cuáles son los mecanismos subyacentes a ese sufrimiento psicológico.
ENTREVISTA
¿Se corre el riesgo de no permitir la maduración emocional?
El riesgo de pasividad, que implica el medicalizar situaciones de conflicto que tendrían que ser
abordadas a través de la palabra, evidentemente
puede hacer esos conflictos crónicos y sobre todo
condicionar todos los posibles encuentros futuros
con el médico. Si pones un medicamento de entrada, es muy difícil sustraerse a todo lo que se
relaciona con él en encuentros futuros, es muy
probable que todo gire en torno al medicamento,
si le sentó bien, mal, los efectos secundarios. Y
de nuevo, probablemente, lo interesante, lo que
originó el síntoma, siga quedando oculto. Estoy
hablando de determinadas patologías, claro.
“Frente al ‘Prozac’,
cuidado con recetar sólo
‘Platón’, porque tampoco
es la única solución”
profesional se convierte en un acto de prescripción. Un acto de prescripción que, a su vez, implica otras muchas cosas, porque hay algo más que
los efectos farmacodinámicos de un fármaco que
está presente en la relación con el médico y que
se añade a los efectos puramente bioquímicos del
medicamento.
¿A qué se refiere?
En una relación interpersonal, en una relación con
un médico, ocurren muchas cosas, se producen
relaciones transferenciales y contratransferenciales que deben ser tenidas en consideración.
¿Se crean así enfermos muy dependientes
de los fármacos?
¿Se produce un acto terapéutico?
Claro. Se llega a una manera de afrontar los problemas, los conflictos, el sufrimiento psicológico
que gira alrededor del fármaco. La consulta con el
Claro, el acto de prescripción, de extender una
receta, de entregársela al paciente, eso le añade unos elementos que no son estrictamente la
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ENTREVISTA
macos tenían muchos efectos secundarios, eran
difíciles de administrar. Se ha avanzado en crear
fármacos mejor tolerados y eso ha supuesto también un aumento en la prescripción.
¿Ése es el origen del aumento, el que sean
más inocuos?
pastilla en concreto. ¿Cómo me cayó el médico?
¿Qué me pareció? ¿Me entendió bien? ¿No me
entendió? ¿Inmediatamente me dio algo, o esperó a escucharme? Para algunas personas salir
de una consulta sin una receta puede significar:
“No me ha hecho caso”; para otras personas que
se les prescriba una receta sin apenas hablar es:
“No me ha hecho caso”. El fármaco posee también un significado simbólico muy importante.
Porque al médico siempre se le ve como algo
más que una persona con un determinado
conocimiento técnico.
Sí, del médico se espera comprensión, escucha.
También depende de las especialidades y en ese
sentido ésta nuestra es distinta a la de un radiólogo, por ejemplo, del que se espera que interprete
una radiografía de la forma más objetiva posible.
Frente al psiquiatra uno debe desnudar pensamientos, sentimientos y eso exige tener
enfrente alguien que sea capaz de entender.
Frente al psiquiatra que se deja...
Ésa es una buena puntualización. Vayamos a
otro tema, cada vez se emplean más las pastillas y cada vez se emplean antes, me refiero a
la prescripción de psicofármacos para niños.
Yo no soy especialista en niños, pero a mí me
parece que lo mismo que está ocurriendo con
adultos, y eso me parece más preocupante, está
ocurriendo también con los niños. Yo creo que
muchas veces el fármaco es un atajo. Hace unos
años, quizá esto no era tan así, porque los fár-
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Yo creo que sí, antes, el médico de cabecera, para
poner un antidepresivo, se lo pensaba o directamente no los prescribía y el psiquiatra también se
lo pensaba dos veces. Ahora mismo, son fármacos relativamente libres de efectos secundarios,
son seguros, y por lo tanto yo creo que ése es un
factor que ha contribuido a su mayor uso.
“Para algunas personas
salir de una consulta sin una
receta puede significar: ‘El
médico no me ha hecho caso’;
para otras personas que se
les prescriba una receta sin
apenas hablar es: ‘No me ha
hecho caso’. El fármaco posee
un significado simbólico
muy importante”
¿Usted estaría de acuerdo con esa recomendación de “más Platón y menos Prozac”? Se
trataría de explorar mejor los recursos propios antes de apoyarse en una muleta.
Yo diría que sí, sobre todo diría que sí frente a ese
“Prozac” entendido como un fármaco que resuelve de una forma rápida conflictos, que le hace a
uno más activo, más atractivo, con más capacidad
para trabajar, que le dota con una energía estupenda, que evita los pensamientos negativos, ¿no?, a
esa utilización un poco cosmética del “Prozac”, diría
que, sin duda, “Platón”. Pero, si por “Prozac” se entiende psicofarmacología en general y patología psiquiátrica en general, diría también que cuidado...
¿...con recetar demasiado “Platón”?
Sí, porque “Platón” tampoco es la única solución.
Concédenos tres deseos
La Asociación Internacional Teléfono de la Esperanza (ASITES) ha presentado este año tres proyectos
sociales y de Cooperación Internacional a la Caja de Ahorros de Navarra (CAN). Esta entidad ha
establecido la iniciativa “Tú eliges, tú decides”, de modo que sean sus propios clientes quienes decidan
qué proyectos sociales serán financiados. Los clientes pueden elegir hasta un máximo de tres opciones.
Para aquellos que disponéis de cuenta en la CAN y queréis votar por nuestros proyectos os facilitamos
los detalles de los mismos:
Título: Atención psico-familiar para población desfavorecida en Buenos Aires-Argentina
Número de proyecto: 13266
Título: Atención en crisis y promoción de la salud emocional
Número de proyecto: 15590
Título: Atención telefónica a personas en crisis
Número de proyecto: 17070
Tú eliges, tú decides
ENTREVISTA
DOMINGO PÉREZ
LEÓN
MÉDICO NATURISTA
Por Gloria Díez
Fotos: Cristina Bezanilla
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ENTREVISTA
“La salud está en
el intestino, ese
‘segundo cerebro’”
El doctor Pérez León, después de seguir una carrera convencional como médico y obtener una plaza en la Seguridad Social, descubrió que sus pacientes
se curaban mejor con métodos naturales. Entonces decidió crear el Instituto
Biológico de la Salud y hoy ofrece a quienes le visitan lo mejor de ambos mundos. En la pared derecha de su consulta, el título de licenciado en Medicina y
Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid está acompañado por otra
docena larga de diplomas que reconocen sus estudios de Fitoterapia, Sofrología, Medicina Ortomolecular o Microscopía de fondo oscuro. Sin renunciar a
los fármacos, reconoce que los emplea en un porcentaje mínimo y hace suya
la máxima hipocrática: “Que tu medicina sea tu alimento”.
Dice usted que tener una buena salud es imprescindible para poder disfrutar de la vida,
pero ¿qué es eso que llamamos salud?
La salud sería un estado de bienestar tanto físico
como psíquico y social. Para conseguir ese estado,
el organismo necesita una química y esa química
la obtenemos a través de la alimentación. Sabemos
que todo lo que comemos, todo lo que bebemos, tiene un efecto químico directo en el organismo. Ya lo
decía Hipócrates: “Que tu alimento sea tu medicina
y que tu medicina sea tu alimento”. Debemos elegir
el mejor medicamento, el mejor alimento, para que
nuestro cerebro, nuestro hígado, nuestro corazón,
nuestros músculos funcionen correctamente. Y eso
colabora a mantener un estado óptimo de salud.
¿Usted se considera dentro de la medicina
oficial, la que llamamos alopática?
Bueno, yo soy un médico que se ha formado a nivel
universitario dentro de lo que es el concepto alopático, pero he elegido la vía natural, la vía en la cual
contemplamos al paciente de una forma holística,
porque sabemos que un problema que tiene en el
ojo, por ejemplo, puede ser un problema hepático o de otra parte del organismo, que hay que armonizar para solucionar ese problema del ojo. Yo
me di cuenta cuando empecé a ejercer la medicina. Entonces trabajaba en la Seguridad Social y tenía pacientes que trataba con los medicamentos de
la Seguridad Social. Después, en mi consulta privada, los trataba con productos naturales, bajo el
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ENTREVISTA
“La raíz de la mayoría
de los males está en el
intestino. Y ¿qué es lo que
hace que el intestino no
funcione bien? Todo lo que
comemos y bebemos
porque tiene un efecto
químico directo”
concepto de la medicina natural. Llegó un momento en que se me creó un conflicto mental, porque vi
que los pacientes que trataba con medicina natural
evolucionaban y mejoraban no solamente a nivel físico, sino psíquico, de sus dolencias. Entonces dejé
la plaza que tenía en la Seguridad Social y me dediqué plenamente a la medicina natural.
¿Es posible actuar sobre todas las enfermedades sin recurrir a fármacos?
Dentro de la medicina natural no hay enfermedades sino enfermos. Hay muchísimos síntomas que
suelen tener un origen común. Le puedo decir que
la raíz de la mayoría de los males está en el intestino y en el hígado. Y ¿qué es lo que hace que
el intestino no funcione bien? Todo lo que comemos y bebemos, lo que ingerimos tiene un efecto químico directo sobre nuestro intestino y esta
perturbación intestinal puede afectar al hígado,
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el hígado al tiroides, y así a toda una serie de cadenas importantes, cuya raíz está en el intestino. El intestino ocupa una superficie aproximada
de unos 400 metros cuadrados y en esta superficie viven y conviven con nosotros del orden de
un kilo a kilo y medio de bacterias. En la actualidad se sabe que este kilo y medio de bacterias se comporta prácticamente como un órgano,
pero también sabemos más cosas: sabemos que
el 80% del sistema inmunitario está en el intestino, lo que denominamos placas de Peyer, que son
unas estructuras que están implicadas en el reconocimiento de todo lo que entra a nivel intestinal. En la actualidad estamos padeciendo muchísimas enfermedades de naturaleza autoinmune.
Sin embargo, la medicina está ciega, no sabe localizar de dónde vienen, aunque la base principal
es esa alteración de la permeabilidad intestinal
que afecta a las placas de Peyer, produciendo estos fenómenos autoinmunes.
Es impresionante la presencia y la función
de esa enorme colonia de bacterias.
ENTREVISTA
“Descubrí que los pacientes
que trataba con la medicina
natural mejoraban, no sólo a
nivel físico, sino también
psíquico; entonces abandoné
mi plaza como médico de
la Seguridad Social”
¿Nunca usa fármacos?
Como le decía, se comportan básicamente como un
órgano, tenga en cuenta que cuando nosotros digerimos alimentos tienen que ser primero triturados a nivel de la cavidad bucal, después en el estómago, pero la digestión final la tienen que realizar
las bacterias intestinales. Una buena flora intestinal
equivale a un buen estado de salud, incluso salud
mental, porque también sabemos que la propia flora intestinal fabrica por ejemplo vitamina del grupo
B. Y la vitamina del grupo B, sobre todo la vitamina
B12, es muy importante para los neurotransmisores cerebrales, entonces vemos cómo desde el intestino estamos actuando a nivel global. Fíjese que
estamos hablando del intestino, donde tenemos lo
que se llama “el segundo cerebro”. Este segundo
cerebro tiene sus neurotransmisores, su serotonina... Una vez le preguntaron a Buda: ¿Qué es un
hombre sabio? Y Buda respondió que un hombre
sabio es un hombre que tiene el aparato digestivo en perfectas condiciones. ¿Y por qué decía esto?
Porque si el aparato digestivo funciona bien, absorbemos bien los nutrientes, los aportamos al hígado
y al cerebro y entonces la mente funciona bien.
Fármacos, en sí, puedo utilizarlos en un 1%. El
99% de los tratamientos que realizamos son todos
de tipo natural, entre otras cosas, porque el paciente que nos viene a nosotros ya viene pidiendo
este tipo de medicina y lo que quiere es una opción
más natural, más biológica para recuperar su salud. Tampoco hay que ser extremos. Sabemos que
un corticoide a un paciente con una crisis asmática aguda le puede salvar la vida, pero si continuamos tratando a ese paciente con ese corticoide,
se la puede quitar. Los corticoides debilitan el sistema inmunológico, afectan a los huesos, es decir
crean una serie de alteraciones. Entonces, estoy
de acuerdo en aplicarle el corticoide durante esa
crisis aguda, pero después, en una segunda fase,
tomaría el relevo la medicina natural para llevar a
ese paciente al camino de la salud.
La medicina biológica ¿cómo se comporta si
hablamos de la psique, cómo trataría una depresión, una fobia, la ansiedad, los miedos?
Me gusta la pregunta porque estamos obteniendo
muy buenos resultados con estos problemas. Si a nosotros viene el paciente y nos dice que está tomando
cuatro o cinco cafés al día, ya sabemos que el café es
un estimulante de las glándulas suprarrenales y esto
produce catecolamina, que estimula, a su vez, el sistema nervioso simpático y eso hace que el paciente
esté con ansiedad, que se irrite por nada. En la historia clínica inicial ya le indicamos al paciente una dietética adecuada para que regule ese tono nervioso
neurovegetativo, pero, en la actualidad estamos realizando también análisis especiales para determinar
los aminoácidos periféricos sanguíneos, que son los
que se van a transformar en neurotransmisores a ni-
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ENTREVISTA
“Sólo utilizo fármacos en
casos extremos y crisis
agudas; después, paso el
relevo a la medicina natural”
vel cerebral. Con este tipo de analítica, podemos ver,
entre otras cosas, cómo está el triptófano, y sabemos que el triptófano es el que regula la serotonina.
Sabemos también que la serotonina es la que fabrica
melatonina. Si en el organismo de ese paciente determinamos que no hay triptófano, o que los niveles
de triptófano están bajos, pues ya sabemos que no
va a fabricar serotonia y que va a tener problemas de
ansiedad, de nerviosismo, de irritabilidad. Y también
va a tener problemas con el sueño. Porque si no hay
serotonina tampoco hay melatonina que es la molécula responsable de que podamos dormir. Pues bien,
mediante este tipo de analítica, nosotros vamos a
determinar si tiene carencia de ese aminoácido o de
otros y el tratamiento que nosotros propondríamos
sería dar a ese paciente triptófano, y con eso lo que
vamos a hacer es que ese paciente fabrique más serotonina y que sus problemas de tipo nervioso, depresivo, de ansiedad, desaparezcan, gracias a que
ha regulado, de una forma nutricional, sus niveles de
serotonina. ¿Qué es lo que hace la medicina oficial?
Hace algo similar pero que no es lo mismo, y además tiene efectos secundarios. Lo que hacen los psiquiatras es recomendar inhibidores de la recaptación
de la serotonina y el psiquiatra sabe que cuando los
niveles de serotonina aumentan, el paciente se encuentra mucho mejor a nivel anímico, pero yo digo:
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¿No es mucho más lógico si el triptófano está bajo,
darle triptófano para que él mismo fabrique serotonina y no tenga ningún efecto secundario? A diferencia de los psicofármacos, como los IRS, que son
los inhibidores de la recaptación de la serotonina
que tienen sus efectos secundarios y están actuando de una forma antifisiológica. Éste es un ejemplo
de todo lo que podemos hacer con las enfermedades de tipo mental.
¿Con una buena salud uno sería capaz de
enfrentarse de una forma más natural y más
activa a un problema?
Claro, porque según está tu química, así estás tú.
Por ejemplo, hay matrimonios que se separan y
la mujer, ante la reacción emocional de la separación, desarrolla un tumor mamario; en cambio, a
otras mujeres, no les pasa nada. ¿Qué tienen distinto? Pues su química. Nuestra química, si está
fuerte, nos permite responder mucho mejor frente a problemas externos y ésa es nuestra misión,
el dar un apoyo nutricional para que la química
interna sea adecuada y la persona pueda responder frente a los estímulos externos.
A Fondo
CINE
EL CINE
COMO FASCINACION
DROGA O TERAPIA?
¿?
44
Por Norberto Alcover
A Fondo
Cuando hablamos del fenómeno cinematográfico, estamos hablando del fenómeno lingüístico en cuanto específico de un caso
concreto, el audiovisual. Y en este sentido, hablar de cine es
hablar de todas aquellas sutilezas y contradicciones que conlleva la creación lingüística, inevitable en todo ese conjunto
de realidades que solemos agrupar bajo el nombre de arte.
Por ello mismo, si no escarbamos un tanto en la relevancia del
lenguaje en cuanto tal como creador de universos artísticos
variados y plurales, es imposible acceder a cualquier análisis
cinematográfico serio y seguro. Tal sucede en nuestro caso,
cuando pretendemos introducirnos en una cuestión tan apasionante como la que titula estas líneas: la fascinación del cine.
El arte como terapia y como dominio
Todo obra de lenguaje, desde una novela como Mío
Cid a una de las creaciones picassianas de la época rosa, la más bella del artista español, cumplen
una función terapéutica (casi medicinal), pero inevitablemente conjugada con otra dominante (casi
relacionada con ese mundo complejo y a su vez
atractivo de la drogadicción). Sus autores sin lugar
a dudas, jamás pretendieron ni curar ni drogar el
espíritu de sus consumidores, pero la realidad es
que la lectura del clásico castellano y la contemplación del texto pictórico picassiano producen efectos curativos en las personas que los asumen sin
poder evitar, a su vez, caer en una cierta dimensión de drogadicción interior, causada por el tremendo efecto dominio que produce el lenguaje con
que ambas obras fueran elaboradas. No solamente
caer en la cuenta de un fenómeno tan sutil, pero
así es, y en él reside el poder infinito de cualquier
producto artístico: curarnos de los males de esta
perra vida en la medida que nos fascina en una
suerte de drogadicción muy difícil de precisar.
Pero volvamos a la cuestión inicial que tenía que
ver con el protagonismo lingüístico. Toda posibilidad de fascinación, ese efecto dominio antes
El poder infinito de la obra
artística consiste en curarnos
de los males de esta perra
vida en la medida que nos
fascina en una suerte de
drogadicción muy difícil
de precisar
citado, depende del lenguaje utilizado en la elaboración de la obra de arte, además de su punto
de partida, que suele ser alguna narración/descripción al uso. Es la forma de comunicarnos lingüísticamente esa narración/descripción lo que
nos domina, nos fascina, nos droga, y en tal medida acaba por convertirse en un correspondiente efecto curativo, reconciliándonos con esta o
aquella dimensión vital. Un ejemplo es suficiente:
cuando contemplamos una de las maravillas de
Antonio López, el mejor pintor hiperrealista del
mundo entero, no nos subyuga lo que representa (la Gran Vía madrileña), antes bien esa forma
pictórica, el lenguaje cromático y su correspondiente dibujo, o sea, la representación de la Gran
45
A Fondo
Vía, el toque inconfundible de su pintura, de su
lenguaje, en fin. Porque todo artista habla desde
su obra, y al hablarnos de ella como lo hace, la
rehace y contribuye a una mejor comprensión de
la misma. Lleva la realidad mucho más allá de
una visión inmediatista al uso.
El caso específico cinematográfico
En el caso del cine, las cosas se suceden exactamente igual: una historia narrativa (el guión) encuentra
su específica traducción lingüística audiovisual en
función del estilo del cineasta, quien, de esta manera, le confiere una ulterior naturaleza, la propia del
arte cinematográfico,
y de esta manera, nos seduce
y sumerge
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en una especie de efecto dominio que conlleva su
correspondiente efecto curativo. A no ser que (y
esta posibilidad nos la teníamos guardada en la
bocamanga hasta el momento) el dominio sea tan
absoluto que, sin poder evitarlo, nos drogue la voluntad e impida, entonces, tipo alguno de curación.
Incluso, produzca algún tipo de fractura enfermiza.
En tal caso, al lenguaje cinematográfico se convierte en una auténtica droga perjudicial, hasta el punto
de que la posibilidad del arte aparece como realidad
destructiva del espíritu de quien contempla el film.
Pongamos dos ejemplos del todo conocidos de los
lectores. Cuando Sydney Pollack rueda Memorias
de África en 1985, desarrolla artísticamente un
adulterio sin trampa ni cartón: esa historia de amor
enloquecido entre los personajes de Meryl Streep
y Robert Redford en plena naturaleza africana, y lo
hace con una sutileza estilístico/lingüística tal que,
en momento alguno, somos drogados por las imágenes, antes bien nos permite asistir libremente a
cuanto acontece hasta formarnos nuestra opinión
respectiva. Pollack ha utilizado el lenguaje de forma fascinante pero sin llevarlo a tal punto que nos
resulte imposible contemplar sus imágenes libremente. Y de esta manera, Memorias de África
es un film curativo de tantas realidades interiores
del ser humano: desde la fidelidad a la pasión más
exacerbada. Por el contrario, El último tango en
París, esa obra tan compleja de Bernardo Bertolucci de 1972, alcanza un punto del todo diferente: la fotografía de Vittorio Storaro es conducida por el maestro italiano con tal
grado de intensidad naturalista
en determinados momentos
sexuales que, sin poder
evitarlo,
A Fondo
El buen cine droga al
espectador, precisamente
para llevarle hasta una
mejor comprensión de
cuanto sucede en pantalla
la visualización genital deviene dominante del espectador y le priva de la libertad interpretativa
para concluir la intencionalidad del film. El lenguaje droga al espectador hasta el punto de que
obnubila el significado de la narración en cuanto
tal. Una historia tremenda de soledad deviene
una relación sexual agresiva detonante.
De esta manera, accedemos a un punto de vista muy
diferente a la hora de juzgar la fascinación cinematográfica. Todo cine de calidad fascina, porque de lo
contrario distrae al espectador de la pantalla, y éste
acaba por evadirse de las imágenes. Y en este sentido, como venimos escribiendo del arte en general,
el buen cine droga al espectador, precisamente parar llevarle hasta una mejor comprensión de cuanto
sucede en pantalla. Mientras que si tal drogadicción
alcanza cotas exageradas, en tal caso la narración
cinematográfica deviene solamente lenguaje vaciado de sentido, puro esteticismo o, por el contrario,
un esteticismo al servicio del antihumanismo. Tal es
el caso de tanto cine erótico que acaba en un porno
más o menos evidente, o en el otro caso no menos
llamativo y preocupante que es el cine de la violencia, en muchas ocasiones solamente cine de la destrucción sin pura intencionalidad que golpear los sentimientos menos nobles del espectador. En ambos
casos, la drogadicción se adueña de la pantalla en
virtud de un lenguaje mezquinamente utilizado pero
aparentemente respetable. Estas dos posibilidades
inundan últimamente las series televisivas de mayor
audiencia, desde Herederos a Mujeres desesperadas. Otra cosa es que resulten entretenidas para
el gran público, que es su preocupación dominante.
La drogadicción a ultranza o el carácter curativo de
las series en cuestión, para nada están sometidos a
duda: se trata de drogar con el lenguaje, puesto al
servicio de historias narrativas no menos deleznables. Pero mandan las audiencias. Y las audiencias
son la ‘gasolina’ de una cultura que es también negocio. Y carísimo negocio. Todo un drama.
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A Fondo
Seis películas que fascinan para curar
Se trata de una selección desde la perspectiva
que venimos analizando: películas que, precisamente porque desarrollan un lenguaje fílmico capaz de fascinar/drogar al espectador, consiguen
curarle de alguna patología tanto presente como
ausente en su persona y personalidad humanas.
Dicho de una manera un tanto diferente, películas que en virtud de una dramatización de guión
y de lenguaje de alta calidad, alcanzan el hondón
del ser humano que las visiona y llegan a hacerse
una sola cosa con él. Estamos, por lo tanto, ante
una drogadicción positiva, como sucede con tantos medicamentos que llevan la justa proporción
de material drogante pero que, en tal medida,
es curativo. Y ésta es la cuestión, el equilibrio en
la utilización de tales materiales, que en el caso
del cine llamamos materia narrativa y lenguaje
audiovisual. Ni más ni menos.
1. Casablanca (Michael Curtis, 1942). Realizada
en plena Guerra Mundial, se ha convertido en auténtica droga fílmica para todas las generaciones
posteriores tanto por su material narrativo, esa
extraordinaria historia de amor entre la Bergman
y un Bogart en estado de gracia, pero además
por el tratamiento dramático del blanco y negro, que consigue comunicarnos a la perfección
el ambiente de tensión y de ambigüedad dominante en el momento histórico del film. Y junto a
tal fotografía de Arthur Edeson, la banda musical
del maestro Max Steiner, uno de los mejores especialistas al respecto de los años 40/50. Casablanca, aparentemente tan sencilla, es lenguaje
en estado puro, hasta construir un sistema de
fascinación/drogadicción absoluto.
2. El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972, 1974
y 1990). Uno de los mejores bloques fílmicos norteamericanos de la historia del cine. Lo escrito de
Casablanca, alcanza en este caso proporciones estelares por la ambiciosa producción y dirección de
Coppola, por la interpretación de Marlon Brando,
siempre dirigido, y además por la música de Nino
Rota y la fotografía de Gordon Willis, conformando
un universo narrativo que, en cuanto tal, se hace con
tu voluntad pero sin negarle su capacidad reflexiva.
El Padrino es dramaturgia neorrealista en estado
puro y duro, lenguaje eficaz donde los haya, y sobre
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todo, esa rara habilidad de Coppola para filmar con
un lenguaje que parece del todo normal y casi chato
pero que traduce la realidad en un texto audiovisual
fascinante. También tenían tal capacidad Ford o Kazan o Huston, entre tantos maestros yanquis. Narrar
como si nada sucediera. Elaborar una panorámica
sin énfasis aparente alguno. Cine que se nos cuela
más allá de lo visible y nos cura de tantas cosas.
Como los medicamentos, la
obra cinematográfica tiene
un poder curativo si lleva la
justa proporción de material
drogante; si la drogadicción
alcanza cotas exageradas, la
narración deviene lenguaje
vaciado de sentido, como en
tantas películas violentas o
erótico-pornográficas
3. Babel (González Iñárritu, 2006). Una de las
mejores películas de los últimos años del director
mexicano, con guión de su compatriota Arriaga,
realizada con capital francés, yanqui y mexicano.
Una de las cuatro historias entrelazadas, abundante en la utilización de los recursos lingüísticos (según cada historia los exige), pero sobre todo capaz
de comunicarnos un temblor interior inexplicable
que, sin poder evitarlo, nos sumerge en la fragilidad sentimental humana, y nos produce estupor,
dolor y pena hasta las lágrimas. Babel droga y
cura en la misma proporción. Y de eso se trata.
4. Memorias de África (Sydney Pollack, 1985).
Uno de los casos más populares de cuanto venimos
comentando. En este caso, Pollack reunió un equipo que no podía fallarle, lo que no siempre sucede
a nivel de producción. En la fotografía, David Watkin, en la música (absolutamente clave) John Barry
y la adaptación de la novela de Isak Dinesen, obra
de Kart Ludtke, además del duetto Streep/Redford,
y todo el paisaje africano, utilizado hasta la saciedad.
Así, Pollack nos fascina hasta límites pocas veces conseguidos, porque el trípode imagen, banda sonora
A Fondo
y actuaciones consigue organizar un mundo propio
que nunca será capaz de olvidarlo. Memorias de
África se instala en la misma dinámica que la excelente Los puentes de Madison, del maestro Eastwood (1995) otro film que nos llega a fascinar desde
una historia contada como los mismísimos ángeles.
Y es que los realizadores norteamericanos saben fascinar como pocos en el complejo mundo del cine.
5. Orden/La Palabra (Carl Theodor Dreyer, 1955).
Puede que la mejor obra cinematográfica de naturaleza religiosa, ambientada en una comunidad luterana rural de antaño, donde un loco muy cuerdo
introduce la auténtica fe en la rigidez de las normas
dominantes. Con una secuencia de verdadera resurrección que te pone los pelos de punta, hasta tal
punto está realizada con una sencillez lingüística y
cromática (en blanco y negro perfecto) que produce
una de las fascinaciones más intensas que podamos experimentar ante una pantalla. Cine en estado perfecto, con poquísimos medios, capaz de crear
un ambiente en que el misterio se hace posible. Un
film para visionar a efectos de comprender lo que
venimos propugnando de la drogadicción curativa.
6. La vida secreta de las palabras (Isabel
Coixet, 2005). Puede que estemos ante el film
español más ungido, emocionalmente hablando,
de los últimos diez años: cauteloso, recatado, implacable, medidísimo, nunca exasperado y siempre intenso en su descubrimiento del dolor moral
precisamente oculto en el dolor físico. Una frágil
Sarah Folley y un comunicador nato como Tim
Robbins, perdidos en una plataforma petrolífera
en el Mar del Norte, recorren el camino que les
llevará desde la extrañeza hasta la unión más íntima posible, la de sus memorias más ocultas, la
de sus humillaciones más definitorias. Un lenguaje sobrio hasta el extremo. Una cámara capaz de
escribir los gestos más recónditos. Unos diálogos
breves pero rotundos. Pocas películas me han fascinado como ésta, que se ha convertido en auténtica droga desde que la visioné por vez primera.
Pero nos permitimos añadir unos autores que,
en su obra conjunta, resultan del todo maestros
de la fascinación curativa, y que recomendamos
sin lugar a dudas: Woody Allen y sus periplos
femeninos, Federico Fellini y sus aproximacio-
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nes adolescentes, Roberto Rossellini y su expresividad popular, Alain Resnais y sus juegos memorísticos, Clint Eastwood y su penetración de
la fragilidad humana, Charles Chaplin y esa capacidad innata para mostrarnos al débil malherido, Lars von Trier y su medición del lenguaje,
Theo Angelopoulos y sus historias espléndidas
de belleza y redención, Mario Camus y sus personajes perdidos, John Ford y sus discreción lingüística permanente, además de muchos otros
que, todos a una, son capaces de filmar como si
nos estuvieran lanzando un discurso entre lógico y emocional mediante los signos lingüísticos
hasta fascinarnos/drogarnos oportunamente y
llevarnos hasta la gloria de la modificación subterránea de conductas y efectos.
Y cerramos este ensayo con los nombres de unos
actores y actrices que, en general, son la punta
de lanza visual de tales realizadores, llegada la
hora de metérsenos en las entrañas: la soberana
belleza de Ingrid Bergman, la grandeza del rostro
de Jean Gabin, el gesto absolutamente dominante de Marlon Brando, el humor irónico de Clark
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Gable, la presencia un tanto fatigada de Paul
Newman, el cuerpo perfecto de Marilyn Monroe,
la cadencia interpretativa de Meryl Streep, esa
mirada del mejor Redford, la fortísima fragilidad
de Carmen Maura, toda la carga latina del eminente Marcelo Mastroianni, y en fin, la delgadez
omnipotente de James Dean, siempre imitado y
jamás reproducido.
El cine como arte nos fascina/droga y en su medida nos cura o nos hunde. No hay posibilidad de
remedio porque en tal hecho reside su grandeza.
La misma grandeza que las catedrales góticas,
que la pintura Hooper, que los volúmenes de Moneo, que una composición de Dylan, que El Pequeño Príncipe de Saint Exupery, que los dibujos
de Rafael, que los poemas de García Montero, y
que, en fin, los graffitis de cualquier urbe moderna. Todo arte auténtico fascina y cura. Todo arte
que sea tal nos droga mientras nos permite contemplar libremente. Y de esta manera aumenta
nuestra humanidad y mejora la colectividad en
donde estamos insertos. Una maravilla, la drogadicción curativa.
A Fondo
A PIE
DE CALLE
A TODA PASTILLA
Por Antonio Saugar
Cuando decíamos que una persona iba a toda pastilla, nos referíamos a que se movía a alta velocidad. Quizá estemos ante
un nuevo significado de esta frase, y debamos referirnos con
ella a aquellas personas que toman pastillas para todas y cada
una de las funciones de sus organismos y para tratar de curar
innumerables males.
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En la sociedad actual, estar más delgado, ser
más musculoso, evitar la caída del cabello, eludir
los efectos del estrés cuesta un gran esfuerzo
físico y monetario. ¿Se imaginan que con una
sola pastilla pudiéramos lograr que nuestro cuerpo rozase las medidas del canon de belleza de la
Grecia clásica, o mitigar los nervios producidos
por la ansiedad del trabajo o los estudios? Esto,
de momento, no parece posible. Por eso el consumo de pastillas y píldoras para todo está a la
orden del día.
Permanecer siempre jóvenes ha sido y es uno
de los anhelos de los seres humanos a lo largo
Según el Ministerio de
Sanidad, en cinco años, el
consumo de ansiolíticos en
España ha aumentado casi
en un 40 por ciento; se ha
pasado de consumir 23
millones de envases al año a
33 millones en la actualidad
Los investigadores que han realizado este descubrimiento afirman que prolongar la vida celular
repercute en tener una piel más joven y, lo que
es más importante, en la regeneración de todos
los órganos, incluyendo cerebro, sistema cardiovascular o el hígado. Además, se comercializa
como un complemento alimenticio natural y no
como medicamento.
Pero ser eternamente joven cuesta. Cada una
de estas pastillas tiene un precio superior a un
euro, y se venden en cajas de 30 comprimidos.
Alguno puede pensar que no es tan caro. Que
sepa que hay que tomar una pastilla cada día,
durante toda la vida. Así que, recuerde su edad
y multiplique.
de la Historia. La búsqueda del elixir de la eterna
juventud ha recorrido todas las civilizaciones. Pues
ahora, el elixir se ha convertido en pastilla, gracias
a un grupo de investigadores del Consejo Superior
de Investigaciones Científicas, que han presentado una nueva pastilla de resveratrol, sustancia
antioxidante de la uva que ayuda a que las células
vivan más tiempo, y que tendría los beneficios de
comer 45 kilos de una o 45 botellas de vino.
Siempre jóvenes
Los efectos de estas cápsulas rojas, llamadas Rividox, se han descubierto al tratar de mejorar la
calidad de las frutas. Se aplicó luz ultravioleta a
las uvas, lo que incrementó hasta 2.000 veces
los beneficios del resveratrol. Esta sustancia estimula la acción de unas proteínas relacionadas
con la supervivencia celular.
Quienes quieran mantener controlada la aguja
de la báscula también tienen su pastilla: “Alli”,
primer fármaco antiobesidad que no necesita receta médica. Comercializado en botes de 42 o 48
cápsulas, el bolsillo también adelgazará al mismo tiempo que las personas que las consuman,
ya que el precio rondará los 55 euros para el tratamiento de un mes, teniendo que tomar tres píldoras al día (una en cada comida). Eso sí, quien
quiera sacar el máximo rendimiento a estas pastillas deberá seguir una dieta baja en grasas y
hacer ejercicio físico. Y es que, con o sin pastilla,
para adelgazar hay que sudar la camiseta.
El 15,5 por ciento de
los españoles consume
tranquilizantes
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Ansiolíticos contra la crisis
Y la crisis económica que sufrimos también puede paliarse con alguna pastilla. Al menos eso se
desprende de los datos que señalan que la crisis
provoca un importante aumento en el consumo
de ansiolíticos, fármacos que son los segundos
más demandados.
Curar la ansiedad de los españoles cuesta 231
millones de euros. Las estadísticas dicen que el
15,5 por ciento de los españoles consume tranquilizantes. Según la Sociedad Española para el
Estudio de la Ansiedad y el Estrés, Francia lidera
el consumo de estos medicamentos, con el 19,2
por ciento, seguida de España, Italia (13,7%) y
Bélgica, con el 13,2 por ciento. La media europea es del 12,3 por ciento.
El Ministerio de Sanidad señala que, en cinco
años, el consumo de ansiolíticos ha aumentado
casi en un 40 por ciento. Se ha pasado de consumir 23 millones de envases a 33
millones en ese mismo
período de tiempo.
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Para ponerse las pilas también hay pastillas. El
13 por ciento de los españoles dice tomar vitaminas y suplementos dietéticos para ayudar al
sistema inmunológico, por seguir una dieta equilibrada o por prescripción facultativa, según un
estudio realizado por The Nillsen Company. En
otros países, el consumo de este tipo de sustancias es mayor.
En nuestro televisor podemos ver innumerables
anuncios que explican los efectos beneficiosos
de pastillas que levantan el ánimo de quienes
las toman, mejoran su estado de ánimo, su memoria, etc.; todo para enfrentarse a una dura
jornada laboral.
El insomnio es otro de los problemas que llevan
al consumo de pastillas. Un buen número de personas logra conciliar el sueño gracias a los somníferos, las pastillas estrella en los botiquines de
muchos domicilios.
Lo mismo se puede decir de los
fármacos contra el colesterol, que se
A Fondo
encuentran entre los más recetados, y a los que
hay que unir los distintos preparados que se anuncian en la televisión y que ayudan a bajar los niveles de colesterol.
Y qué decir de la famosa píldora azul: la Viagra,
con la que se trata de aumentar la potencia
sexual de quienes la consumen. Eso sí, cuidado
con comprarla por Internet, ya que los medicamentos para tratar la disfunción eréctil están entre los más falsificados.
El 13 por ciento de los
españoles toma vitaminas o
suplementos dietéticos
Abuso de antibióticos
Adelgazar, ganar músculo, dormir, aparentar
menos edad, salir de la crisis... Parece que
la sociedad actual se basa en el consumo de
pastillas de colores variados para poder solucionar sus problemas. Quizá llevar una vida
más sana, con dietas equilibradas, práctica
deportiva y ejercicios de relajación que saquen a la población de esa vorágine que día
a día mina su salud sea la receta mágica que
permita abandonar el consumo de tanta píldora y pastilla.
El medicamento del que
más se abusa en España es
el antibiótico; es el segundo
país europeo donde más
antibióticos se consumen
Pero del medicamento del que más se abusa en
España es del antibiótico. España es el segundo país europeo donde más antibióticos se consumen. En nuestro país se toman casi 20 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, cifra sólo
superada por Francia. El uso de antibióticos se
concentra en los meses de noviembre a febrero,
justo cuando más prevalencia tienen las infecciones respiratorias.
No es de extrañarse de que en España se consuma tanta pastilla, pues los ciudadanos guardan
una media de 12 fármacos en sus hogares, de
los que cinco o seis son utilizados de forma habitual. Un estudio realizado por el Sistema de
Recogida de Envases de Fármacos Sigre señala
que el número de medicamentos que se guardan
en el botiquín está directamente relacionado con
la edad de los miembros de la familia y con la
mala costumbre de guardar el sobrante de los
medicamentos al acabar un tratamiento. Algunos
se almacenan incluso hasta superada la fecha de
caducidad.
El peligro de guardar tantas medicinas en casa
es la automedicación. Tres de cada cuatro ciudadanos cree que esta práctica realizada con restos de medicamentos de anteriores tratamientos
puede llevar riesgos para la salud.
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Comunicando
MANUEL LEOPOLDO,
UNA VIDA
DEDICADA AL
TELÉFONO DE LA
ESPERANZA
ENTRE ESPAÑA
Y PORTUGAL
El pasado 12 de marzo el Teléfono de la Esperanza de Extremadura y Portugal se vistió de luto
con el inesperado fallecimiento de nuestro compañero Manuel Leopoldo Rufino. “Manolo”, como
lo conocíamos cariñosamente todos, fue uno de
los pioneros de la psicología en Extremadura y
Badajoz, hace más de 40 años. De origen portugués, cuyas raíces nunca perdió, a pesar de vivir
afincado en Badajoz casi toda su vida, donde se
casó y formó su numerosa familia, a la que desde
aquí nos unimos en su dolor.
Casi desde sus orígenes se vinculó al proyecto del
Teléfono de la Esperanza, siendo el artífice de su
fundación en Badajoz en 1973, junto con Pedro Madrid, haciendo por primera vez realidad la creación
de un centro del Teléfono en una ciudad pequeña,
Badajoz. Sería el cuarto centro en toda España
después del de Sevilla, Madrid y Valencia. Durante
9 años dirigió el Centro de Badajoz y en todos estos años se distinguió, de manera incansable, por
su espíritu generoso y optimista, llevando a tantas
personas necesitadas de esperanza y horizontes
en sus vidas el maravilloso placer de poder saborearla de nuevo, como recordó el secretario general de ASITES, José Mª Sánchez Orantos, en el
entrañable acto de homenaje que celebramos en
la sede de Badajoz. A la misma hora se celebraba
un homenaje paralelo en la sede del Teléfono de la
Esperanza de la ciudad de Oporto.
En los últimos años de su vida había dedicado
sus esfuerzos a extender el Teléfono a su que-
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rido Portugal, viendo su sueño convertido en
realidad unos meses antes de su fallecimiento.
Supo entender que la obra de Serafín Madrid
no nos la podíamos quedar solo para nosotros y había que llevarla más allá de nuestras
fronteras con espíritu generoso. En sus planes inmediatos figuraba crear otros centros
del Teléfono en Portugal, en cuyo empeño ya
había comenzado a trabajar. Seguro que ya
habrá creado, como nos recordaba el presidente de ASITES, Jesús Madrid, un centro del
Teléfono de la Esperanza en el cielo, junto con
Serafín Madrid, para llevarnos la esperanza a
los que desde aquí continuaremos su camino
emprendido.
Como muestra de su entrega a la causa de la esperanza en todos estos años, sirvan estas líneas
que nos fueron remitidas con motivo de su fallecimiento por un ex-toxicómano portugués:
“Manolo fue para mí un ‘padre virtual’.
En el primer curso que hice en el Teléfono
de la Esperanza, fue mi coordinador en
el grupo pequeño. En un momento
determinado quise desistir. Manolo supo
animarme a seguir. Ya han pasado 3 años
y mi fiesta de la Libertad de las drogas
continúa. Lo maravilloso que hoy me
espera por vivir también se lo debo a él”.
Descanse en Paz nuestro entrañable Manolo. Su
saudade seguirá presente en nuestros corazones.
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