¿Problema de traducción o historia de una bifurcación? El adverbio

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¿Problema de traducción o historia de una bifurcación? El adverbio
pronominal y francés en cinco traducciones españolas de Madame
Bovary
LE TALLEC-LLORET Gabrielle
Universidad de Rennes II, GERLHIS (París III)
El francés moderno dispone de dos partículas, en /y, clasificadas como
« adverbios pronominales » dotados de una capacidad partitiva y anafórica. La anáfora,
proceso sintáctico, consiste en valerse de una unidad discursiva, un pronombre las más
veces, para remitir a otro segmento del discurso, su antecedente: En los segmentos
« j’en viens » y « j ‘y vais », la tradición gramatical francesa analiza al « en » y al « y »
como adverbios, puesto que ambos remiten a algún lugar/espacio evocado en la
anterioridad discursiva « je viens de là, de cet endroit »/ je vais à cet endroit » ; mientras
que en los segmentos « j’en veux » « je n’y comprends rien » analiza al mismo « en » y
al mismo « y » como pronombres aptos para remitir a alguna cosa, alguna noción o a
algún acontecimiento : « je veux de cela »/ »je ne comprends rien à cela ». No
existiendo en español moderno tales vocablos, el gramático español no se plantea el
problema de lo que no existe en el sistema lingüístico que describe. En cambio se suele
señalar la existencia, en español medieval, de un vocablo y/hi/i, descendiente del
adverbio de lugar latino IBI, ofreciendo una capacidad referencial en parte común con la
del y francés, y la desaparición de este y castellano en el siglo XV.
El problema del y francés sólo se plantea desde el punto de vista de los
franceses: el y francés aparece en las gramáticas de la lengua española siempre dentro
de una perspectiva contrastiva. El problema de traducción del francés al español hace
imprescindible el análisis gramatical del adverbio pronominal y, para, en caso de
necesidad, dar con las pretendidas equivalencias: los adverbios de lugar ahí, allí, un
sintagma preposicional, a ello, de esto, de aquello, el pronombre complemento directo
del verbo, lo. Pero, en el caso de y, las consignas de traducción de las gramáticas son de
menor interés en comparación con la consigna de... no traducirlo. En la Grammaire
d’usage de l’espagnol contemporain (Gerboin, Leroy, 1997: 77-82), dos párrafos
dedicados a la traducción de y, « Y est adverbe de lieu » / « Y, pronom, est complément
d’un verbe » vienen encabezados por la consigna siguiente: « Lorsque le sens de la
phrase est clair, y n’est pas traduit ». Tal consigna no deja de sorprender, porque enseña
que se pueden liberar los traductores españoles de traducir el y francés en nombre de la
capacidad expresiva. Todo traductor, en principio fiel al texto original, no se plantea la
utilidad de traducir algún verbo, algún adjetivo o algún sustantivo; excepto cuando, de
manera deliberada, pasa por alto una secuencia entera, suprime vocablos o modifica el
orden frástico, existiendo en el sistema lingüístico de llegada los elementos idóneos, las
partes de la oración predicativas encuentran correspondencias en el otro idioma; en este
caso, la dificultad reside esencialmente en dar con el signo lingüístico más adecuado (Le
Tallec-Lloret, 2005: 293-307). La existencia del signo francés y plantea el problema del
proceso sintáctico de rememoración, la anáfora, resuelto en ambos idiomas de manera
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diferente. La clave de dicho contraste, que observaremos luego en las traducciones de
Madame Bovary, puede procurárnosla el español medieval.
I- Historia de una bifurcación.
Desde los principios del español hasta la mitad del siglo XVI, convivieron dos
tipos de anáfora: por un lado el sistema de los adverbios y demostrativos deícticos
descendientes del latín, acá-aquí /aí/ allí-allá, capaces de ofrecer una visión
fragmentada del espacio, organizada en torno al locutor: zona del yo, zona del tú, zona
de la tercera persona (R.A.E, 2004: 213-214)1; por otro lado, un catálogo de partículas
anafóricas que gira en torno a dos piezas fundamentales, y y ende (Le Tallec-Lloret,
2001)2.
Y desciende probablement de IBI (Badía Margarit, 1951: 62-74), (Gazdaru,
1950: 29-44), adverbio latino de lugar anafórico que expresa el lugar evocado
precedentemente en el discurso, y aún presente en la mente del locutor.
La capacidad anafórica de y contrasta con la deixis demostrativa, siendo capaz el
adverbio y únicamente de remitir anafóricamente a algún lugar/espacio evocado en la
anterioridad del discurso, sin dividir el espacio rememorado, sin optar por alguna
parcela de este espacio, como lo permiten los adverbios deícticos.
En los ejemplos siguientes, se deja ver la competencia, en español medieval,
entre y, por un lado, aquí, ahí, allí por otro lado. Primero, y:
(1) Prended las arcas et metedlas en vuestro salvo,
con grand jura meted ý las fes amos
que non las catedes en todo aqueste año. (Cantar de Mio Cid, 119-121)3
Nota del editor : con un solemne juramento poned ahí (ý) ambos vuestra fe, es decir,
dadme vuestra palabra sobre esto.
(2) Llamavan a la puerta, ý sopieron el mandado. (242)
Nota : allí supieron la noticia de la llegada del Cid.
(3) Entrando Calisto una huerta empos dun falcon suyo, halló ý a Melibea, de cuyo
amor preso començóle de hablar; (La Celestina, p. 85)4
(4) Movieronse de Obot e pasaron en las islas de los vados, en el yermo, a vista de
Moab e parte de Orient. Movieronse de y e pasaron a parte de d’Arnon. (Fazienda de
Ultramar, p. 89)
Desde el primer estado de la lengua castellana (siglo XI) hasta el final de la Edad
Media, se documenta el uso de y anafórico de un lugar preciso, generalmente un
sintagma circunstancial (preposición + sintagma nominal): « en las arcas »/ « a la
1
No difieren nada de los adverbios y demostrativos del espaňol moderno: « los demostrativos realizan
diferentes clases de señalamiento. Ante varios objetos de una misma clase, situados al alcance de nuestra
vista, destacamos con el pronombre sustantivo o con el adjetivo uno de entre ellos, en actos de opción o
discriminación ».
2
A partir de ende: dende, desend, desdend, aquende, allende ; por ende, fuera ende. A partir de y/i: aí,
desí.
3
Cantar de Mío Cid, Edición, prólogo y notas de Alberto Montaner, Ed. Crítica, Barcelona, 1993, p. 111.
4
Edición de Dorothy S. Severin, Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 1989.
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puerta » / « una huerta ». El referente de y también puede ser temporal o conceptual,
como lo señala Amélie Piel en su tesis doctoral dedicada al estudio sincrónico de los
deícticos del español medieval : « Fablava Minaya ý a quisa de varón » (Cantar de Mio
Cid, 1350) ; « Vassallos de mio Cid seyénse sonrisando /quién lidiara mejor o quién
fuera en alcanço/ mas non fallavan ý a diego ni a Ferrando.» (2532-2534), (Piel, 2004:
224-228).
Otra capacidad anafórica tienen los adverbios deícticos, la de dividir el espacio
rememorado en función de la visión del locutor:
(5) En la hueste de los moros los atamores sonando,
[...]
Más se maravillan entre Diego e Ferrando,
por la su voluntad non serién allí llegados. (2345-2348-2349)
(6) D’aquí quito Castiella, pues que el rey he en ira,
non sé si entraré y más en todos los mios días. (219-220)
En el ejemplo (6), «d’aquí» remite a la zona del locutor: «d’aquí», es decir «aquí
donde estoy yo ahora mismo».
Por otra parte, los deícticos demostrativos pueden declinarse con las
preposiciones de, desde y por, expresando así la noción de origen tanto espacial como
temporal o conceptual (causa): de aquí, de allí, de allá, de ello, de aquesto...; con desde:
desde aquí, desde allí...; con por: por ello, por aquesto...
Destaca en la bibliografía de este ámbito gramatical el estudio de Maurice
Molho (Molho, 1969) dedicado al estudio diacrónico de y, en particular a su evolución
como morfema gramatical en la forma impersonal ay y en la primera persona del
presente de indicativo de cuatro verbos fundamentales: soy, estoy, voy y doy.
Efectivamente, a partir de 1250, el uso de y, como adverbio anafórico autónomo
tiende a decaer. Paralelamente al desuso de y como partícula anafórica de un lugar
preciso, Molho estableció que tiende a modificarse la relación entre la partícula y el
verbo aver, combinación que se documenta ya en el Cid, en varios tiempos, con
posición átona o tónica de y, aver y / y aver, como en francés:
(7) Quanto querié el mar contra fuera essir,
isié a fiera priessa, non se savié sofrir ;
omne maguer ligero no li podrié foír,
si ante non issiesse, ý avrié a perir.
(G. de Berceo, Los Milagros de Nuestra Señora, 435d)5
(8) Entre los otros buhos avía ý uno que era muy bieio. (D. J. Manuel, El conde
Lucanor, p. 128)6
...hasta fusionar con la forma impersonal de tercera persona del presente, ha > ay. Se
documenta la forma ay a partir de la segunda mitad del siglo XIII, la forma grafiada hay
tiende a generalizarse hasta el siglo XV para imponerse luego definitivamente7.
5
6
Edición de Michael Gerli, Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 1992.
Edición de José Manuel Blecua, Clásicos Castalia, Madrid, 1969.
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(9) Quando la Verdat oyó todas estas razones, porque non ay en ella muchas
maestrías. (El conde Lucanor, p. 159)
(10) E bien es verdat que non ay cosa en el mundo deletosa para el ome commo aver
ome buen amigo...;...pues non ay mejor amigo que el seso, nin peor enemigo que la
locura.
(Crestomatía del español medieval, El Caballero Zifar, siglo XIV, II, pp. 107).
Y ya no remite, por un proceso de rememoración a algún lugar particular
precedentemente evocado y definido, sino a un lugar indefinido nunca evocado en el
discurso ni implícito8. Y sobrevivió en hay porque ya no remite a un lugar singular,
preciso, sino al espacio más general, más fundamental, preexistente, lugar de existencia
de toda cosa, de todo lugar particular. Frente a ese espacio fundamental e indiviso
evocado en hay, los adverbios y demostrativos deícticos se imponen como único
subsistema anafórico, como se observa en el ejemplo siguiente donde y aparece
suplantado por allí:
(11) hy estavan contrarios || los tiempos por yguales
cada uno cuemo corren || o quales temporales »
(Libro de Alexandre, 1249, Manuscrito O, s. XIV, p.121)
Alli estavan contrarios los vientos prinçipales
cada unos commo corren y en quales tenporales.
(Ms. P, s. XV, p.120)
La sustitución de hy por alli en el manuscrito del siglo XV no significa que
ambos son equivalentes. Señala que, ya en el siglo XV, se ha consumado la alteración
de y, y que la lengua española optó por un subsistema anafórico único, el de la deixis
demostrativa, capaz de remitir a algún espacio dividiéndolo en tres áreas según la visión
del locutor. El espacio preexistente, fundamental, en que se inscribe todo lugar
particular se queda implícito, excepto en hay, soy, estoy, voy y doy.
Interesa, para concluir, hacer incapié en los datos siguientes: en la historia de la
lengua española, la evolución gramatical que acabamos de comentar se inscribió dentro
de los mayores cambios morfosintácticos de la Baja Edad Media, que desembocaron en
la lengua premoderna de los siglos XV y XVI. El IBI latino, adverbio anafórico, sólo
tuvo descendiente en el romance castellano hasta el siglo XV, mientras que en la lengua
francesa el descendiente del mismo IBI perdura, como vamos a observarlo ahora.
2. Y no traducido
El corpus fue elaborado a partir de la primera parte de Madame Bovary de
Gustave Flaubert, donde he observado cada ocurrencia del y francés y sus cinco
7
La Gramática de Antonio de Nebrija (1492) señala el uso de y como morfema gramatical en las formas
do, vo, so, esto: «…los verbos de una silaba que, por ser tan cortos, algunas vezes por hermosura
añadimos i sobre la o, como diziendo do doi, vo voi, so soi, esto estoi. »
8
« Le pronom y ne se présente plus sous l’espèce d’un mot anaphorique renvoyant la pensée à un lieu
singulier antécédent, explicite ou implicite; y apparaît maintenant capable d’apporter l’impression d’un
lieu non singulier, sans antécédent discursif et maintenu dans l’indéfini. », M. Molho, op. cit, p. 68.
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traducciones españolas9. En vez de buscar cuáles son los equivalentes españoles del y
francés, lo que sería suponer que existen, cuando sabemos perfectamente que no, me
parece interesante aportar algunas observaciones sobre la configuración sintáctica que
determina, en el traductor hispanófono, la elección de traducir o la elección de mantener
en lo implícito lo que declara el y francés10.
2.1. Contexto espacial
(12) Il prit l’habitude du cabaret, avec la passion des dominos. S’enfermer chaque soir
dans un sale appartement public, pour y taper sur des tables de marbre de petits os de
moutons marqués de points noirs, lui semblait un acte précieux de sa liberté... (p. 32)
Traducciones
(a) Encerrarse cada noche en un sucio establecimiento público, para golpear sobre mesa
de mármol con huesesitos de cordero marcados con puntos negros le parecía un acto
precioso de su libertad... » (p. 88)
(b) Encerrarse cada atardecer en un sucio cuartucho público, para mover sobre mesitas
de mármol pequeños huesos de carnero... (p. 11)
(c) Encerrarse cada tarde en un sucio lugar público para plantar en unas mesas de
mármol unos huesillos de cordero... (p. 59)
(d) Eso de encerrarse en la sala de un establecimiento público y golpear la mesa de
mármol con unos huesecitos... (p. 26)
(e) Encerrarse tarde tras tarde en un local público y ponerse a golpear el mármol de las
mesas con huesecillos de cordero... (p.16)
En francés, y en posición tónica, es anafórico del lugar preciso que se acaba de
enunciar con el complemento circunstancial «dans un sale appartement public», y
establece la relación entre este espacio y el complemento circunstancial del verbo
siguiente, «taper sur des tables de marbre». En francés como en español, la relación
entre ambos espacios se establece mentalmente sin recurrir a alguna partícula anafórica:
mientras el francés, mediante y, declara lingüísticamente la relación entre ambos
espacios, el primero que contiene al otro, el español mantiene en lo implícito la relación,
en nombre de la suficiencia expresiva.
(13) Une fois il manqua la visite, le lendemain son cours et, savourant la paresse, peu à
peu, n’y retourna plus. (p. 32)
Traducciones
(a) Un día faltó a la visita, al siguiente a clase, y saboreando la pereza poco a poco, no
volvió más. (p.88)
(b) Y así, poco a poco, saboreando su pereza, dejó definitivamente de poner allí los
pies. (p.11)
(c) ... poco a poco acabó por no volver. (p.59)
9
Flaubert, Gustave, Madame Bovary, Paris, Gallimard, 1972. Traducciones: (a) Madame Bovary,
Madrid, Cátedra, 1990 (Germán Palacios); (b) Madame Bovary, Barcelona, Planeta, 1982 (Joan Sales);
(c) Madame Bovary, Madrid, Alianza Editorial, 1989 (Consuelo Berges); (d) Madame Bovary, Madrid,
Espasa Calpe, 1986 (Pedro Vances); (e) Madame Bovary, Barcelona, Bruguera, 1986 (Carmen Martín
Gaite).
10
El cómputo sistemático produce 73 ocurrencias de y, 61donde se analizaría como “adverbio”, 12 como
“pronombre”.
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(d) ... poco a poco, señoreado por la pereza, no volvió más. (p.26)
(e) Y así, enviciado por la pereza, acabó por no volver más. (p.15-16)
En francés, y remite anafóricamente al lugar precedentemente declarado, «il ne
retourna plus à cet endroit dont il vient d’être question». Se aprecia aquí también, en el
caso en que elijan los traductores el verbo «volver» para traducir «retourner», la
ausencia de traducción, en nombre de la suficiencia expresiva: el verbo volver conlleva
semánticamente la idea de algún espacio que fue el punto de partida. El español deja en
lo implícito aquel espacio11.
2.2. El giro impersonal il y avait
Mención aparte merece el giro impersonal il y avait / il y eut/ il y avait...qui / il
y a.
Son 28 ocurrencias y 140 traducciones que se reparten de la manera siguiente: traducciones por haber impersonal: 67; hacer impersonal: 13; giro personal: 60.
El número de traducciones con haber y hacer concuerda con la consigna de las
gramáticas francesas, las cuales dan por equivalente del giro y avoir el verbo impersonal
haber en un contexto espacial, hacer en un contexto temporal.
(14) Il retourna aux Bertaux; il retrouva tout comme la veille, comme il y avait cinq
mois... (p. 46)
Traducciones
(a) p. 98, (c) p. 70, (d) p. 35, (e) p.28 como hacía cinco meses
(b)Volvió a los Bertaux. Hallólo todo como lo había dejado la última vez, es decir,
cinco meses antes. (p. 21-22).
Observemos ahora dos ejemplos característicos de la configuración sintáctica
traducida por un giro personal:
(15) Il y avait au couvent une vieille fille qui venait tous les mois pendant huit jours,
travailler à la lingerie. (p. 66)
Traducciones
(a) Había en el convento una solterona que venía todos los meses, durante ocho días, a
repasar la ropa. (p.113)
(b) Cierta solterona venía a pasar cada mes ocho días en el convento, donde trabajaba en
la ropa blanca. (p.37)
(c) Había en el convento una solterona que iba ocho días cada mes a trabajar en la ropa
blanca. (p.86)
(d) Todos los meses presentábase en el convento una solterona que se dedicaba durante
ocho días al repaso de la ropa blanca. (p.47)
(e) Todos los meses venía al convento una solterona que se quedaba allí durante una
semana repasando la ropa blanca. (p. 45)
11
Cuando el y francés es anafórico de un lugar preciso declarado por « preposición + sintagma nominal »
(10 ocurrencias), las traducciones (50) son las siguientes: allí (3); haber impersonal (1); preposición +
sintagma nominal (6); y no traducido (37); otras traducciones (3).
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(16) Tout reprit son calme. Les têtes se courbèrent sur les cartons, et le « nouveau »
resta pendant deux heures dans une tenue exemplaire, quoiqu’il y eût bien, de temps à
autres, quelque boulette de papier lancée d’un bec de plume qui vînt s’éclabousser sur
sa figure. (p. 26)
Traducciones
(a) ...el « novato » permaneció durante dos horas en una compostura ejemplar aunque,
de vez en cuando, alguna bolita de papel lanzada desde la punta de una pluma iba a
estrellarse en su cara. (p. 82)
(b) ...a pesar de que, de vez en cuando, alguna bolita de papel proyectada mediante la
punta de una pluma iba a rebotar contra su cara. (p. 5-6)
(c) ...por más que, de vez en cuando, venía a estrellarse en su cara alguna bola de papel
catapultada con una plumilla. (p. 54)
(d) ...aunque de vez en cuando una bolita de papel,..., iba a estrellarse en su rostro. (p.
22)
(e) ...a pesar de que alguna que otra bolita de papel, lanzada desde la punta de un
portaplumas, viniera a estrellarse en su cara. (p. 10)
En 13 occurrencias sobre 28, el giro « il y avait » viene completado por una
proposición adjetiva que especifica el sintagma nominal. Del texto de salida al texto de
llegada se produce a la vez una simplificación y una transformación en giro personal en
60 traducciones sobre 140. En el ejemplo (15), el francés declara primero la existencia
de un ser, « il y avait une vieille fille...», completando después por otra predicación
verbal: «...qui venait...». Aunque dos traductores (a, c) mantienen la misma distribución
sintáctica que el francés – había...una solterona que...-, tres borran la declaración de la
existencia y adoptan el giro personal « cierta solterona venía »/ « presentábase una
solterona »/ « venía una solterona ». En el ejemplo (16) el francés declara la existencia
de la « boule de papier », precisando luego la explicación de su presencia. Las
traducciones españolas hacen incapié en el origen del movimiento de la « bolita » y en
su llegada, de ahí el uso del giro personal.
Sólo en el caso de la traducción de « hay » por « il y a », concuerdan ambos
idiomas.
2.3. Il y a
En comparación con el giro « il y a » que sitúa tanto en el espacio como en el
tiempo, el español circunscribe el uso de hay a la situación en el espacio, es decir el
espacio general, no un lugar particular.
(17) Or, il y a, de Tostes aux Bertaux, six bonnes lieues de traverse... (p. 35)
Traducciones
(a) ...de Tostes a Les Bertaux hay seis leguas de camino. (p. 90)
(b) ...de Tostes a Los Bertaux hay, por Longueville y Saint-Victor, sus buenas seis
leguas. (p. 13)
(c) ...de Tostes a Les Bertaux, había seis leguas largas de camino... (p. 62)
(d) ...como de Tostes a los Bertaux hay sus buenas seis leguas de camino. (p. 28)
(e) ...de Tostes a Les Bertaux, yendo por Longueville y Saint-Victor hay muy a gusto
seis leguas de camino. (p.18)
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2.4. Contexto nocional
Se suele calificar al y francés de « pronombre » cuando es anafórico de un
sintagma nominal, de una frase entera, es decir cuando sus antecedentes discursivos no
se refieren a un lugar sino a una entidad, unas circunstancias12. El ejemplo siguiente
muestra cómo el francés declara lingüísticamente, con y, una operación mental –la
relación entre « comprendre » y el « whist »– que el español mantiene implícita,
dejando al receptor establecer dicha relación mental:
(18) Il avait passé cinq heures de suite, tout debout devant les tables, à regarder jouer au
whist sans y rien comprendre. (p. 87)
Traducciones
(a) Había pasado cinco horas seguidas, de pie delante de las mesas, viendo jugar al
whist sin entender nada. (p.130).
(b) ...miando cómo jugaban al « whist », sin entender nada. (p. 54)
(c) ...mirando jugar al « whist », sin entender nada (p.103)
(d) ...viendo jugar al « whist », sin comprender lo más mínimo... (p. 61)
(d) ...viendo jugar al « whist », pero sin entender ni una palabra. (p. 64)
3. Traducción de y
Veamos ahora unos ejemplos donde el y francés, incapaz de dividir el espacio
rememorado, está traducido por el adverbio deíctico allí.
3.1. Contexto espacial: la deixis demostrativa
(19) …il y a trois semaines, j’y étais ! (p.90)
Traducciones
(a) ...hace tres semanas ¡ yo estaba allí ! (p.132)
(b) ...hoy hace tres semanas ¡ yo estaba allí ! (p.57)
(c) ...hace tres semanas ¡ yo estaba allí ! (p.106)
(d) ...hace tres semanas que estaba allí ! (p.63)
(e) ...hace tres semanas estaba yo allí, ¡ay! (p. 67)
Desde Tostes, Emma está soñando con el Castillo de la Vaubuyssard donde
pasó, quince días antes, una noche inolvidable. « Allí », elegido por todos los
traductores, evoca una zona lejana del locutor y toma en cuenta su percepción: la de una
distancia máxima entre la situación de enunciación, Tostes, y la situación evocada, otro
mundo a la vez soñado y reactualizado.
(20) ...le marquis s’avança, et, offrant son bras à la femme du médecin, l’introduisit
dans le vestibule. Il était pavé de dalles en marbre, très haut, et le bruit des pas avec
celui des voix y retentissait comme dans une église. (p. 79)
Traducciones
12
Para 12 ocurrencias (60 traducciones) las traducciones son las siguientes: preposición + pronombre
personal (8); pronombre directo del verbo (6); y no traducido (43); otros giros (3).
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(a) ...la introdujo en el vestíbulo. Estaba pavimentado de losas de mármol, era de techo
muy alto, y el ruido de los pasos, junto con el de las voces, resonaba como en una
iglesia. (p. 123)
(b) Estaba pavimentado con losas de mármol, y era muy alto de techo, de modo que los
pasos y las voces resonaban como en una iglesia. (p. 48)
(c) El pavimento era de losas de mármol, muy alto, y el ruido de los pasos, junto con él
de las voces, resonaba como en una iglesia. (p. 96)
(d) El pavimento era de mármol y elevadísimo el techo, y el rumor de las pisadas y las
voces repercutían allí como en una iglesia. (p.55)
(e) Estaba pavimentado con losas de mármol, era muy alto de techo y el ruido de los
pasos y de las voces resonaba como en el interior de una iglesia. (p. 56)
3.2 Contexto nocional: explicitación
Otra configuración sintáctica que hace difícil la traducción, es cuando y forma
parte de una locución verbal, donde se aprecia que ha sufrido cierta erosión expresiva
(Sandfeld, 1970:139)13:
(21) Comme il n’y avait point assez de valets d’écurie pour dételer toutes les voitures,
les messieurs retroussaient leurs manches et s’y mettaient eux-mêmes. (p. 53)
Traducciones
(a) ...los seňores se remangaban y ellos mismos se ponían a la faena. (p.103)
(b) ...los caballeros se arremangaban y se ponían ellos mismos a desenganchar los
caballos. (p. 27)
(c) ...los seňores se remangaban y lo hacían ellos mismos. (p. 76)
(d) ...los mismos interesados arremangábanse las mangas y ponían mano a la obra.
(p.39)
(e) ...los mismos ocupantes se arremangaban y se ponían a la tarea. (p. 34)
Interesa, para concluir, recordar que, a partir del IBI latino, el español y el
francés han bifurcado. En español, el adverbio de lugar y no sobrevivió más allá del
siglo XV, fuera de su presencia en hay, mientras que el y francés ha perdurado hasta la
actualidad, ofreciendo gran variedad de empleos discursivos como adverbio y
pronombre. Ambos idiomas descendientes del latín siguieron estructurándose durante la
Edad Media y en función de su visión del mundo, adoptaron un sistema de
representación que les es propio, forjando así su particularidad. La consecuencia de tales
bifurcaciones se deja observar en lo que las gramáticas contrastivas llaman « problèmes
de traduction ». En español, la sustitución de y y de ende por los deícticos aquí, ahí,
allí / de aquí, de ahí, de esto... no significa que son equivalentes. Lo que desapareció
fue una manera de conceptualizar los referentes, y lo que se impuso fue cierta
representación del mundo: la de los adverbios y demostrativos deícticos capaces de
dividir en tres zonas el espacio/el tiempo en torno a la figura del locutor.
13
« Le sens de y, employé comme représentant ou non, peut s’affaiblir de sorte qu’il n’a plus d’autre
fonction que de faire locution avec le verbe. ».
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