inMotion: Diferencias manifiestas

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Diferencias manifiestas
por el Dr. Harlan Hahn, Universidad del Sur de
California
Volumen 6 · Número 4 · Agosto/ Septiembre
1996
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inMotion Volume 6 · Issue 4 · August/September 1996: Embodied Differences- English Version is
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Construir una identidad positiva. Puesto que las personas están cada vez
más dispuestas a mostrar sus cuerpos de modo diferente, es posible que los
espectadores descubran un imprevisto placer estético al observar unas
características físicas que reflejan diferencias, en lugar de semejanzas, entre
los seres humanos.
Por muchas razones, los principales problemas que presenta una discapacidad parecen derivarse
de la pérdida o disminución de la capacidad para desempeñar funciones físicas o de otro tipo que
se espera de las personas. Lo más importante es recuperar el mayor grado posible de capacidad
funcional.
Se ha prestado relativamente poca atención a las repercusiones de aquellas características
visibles que tienden a estigmatizar a las personas con discapacidades y evitar que desarrollen un
sentimiento positivo de identidad. Sin embargo, recientes leyes, como la Ley para Personas con
Discapacidades, describen la discriminación social como el principal inconveniente que
encuentran las personas discapacitadas. Desde esta perspectiva, lo que define una discapacidad
es la diferencia que se ve y no los defectos físicos; y se pone un mayor énfasis en la imagen
corporal y en las dimensiones estéticas o visuales de una discapacidad.
Gran parte de la reticencia que existe a investigar el impacto social de las discapacidades visibles
puede atribuirse a las descripciones de belleza o atractivo que muestran los omnipresentes
medios de comunicación. Aunque existe una mayor conciencia de que estos modelos físicos no
son eternos ni universales, se presupone que no incluyen a personas con discapacidades
visibles. Además, las actitudes negativas ante las discapacidades o las diferencias están
directamente relacionadas con la probabilidad de aumentar la intimidad física con personas que
poseen dichos atributos.
Pero existe un modelo alternativo de belleza física —la Venus de Milo— que simboliza los efectos
de la amputación o de la discapacidad. Esta obra de arte deja entrever una declaración implícita
de que el concepto de atractivo no está basado en una imagen del “cuerpo entero”. El esfuerzo
por imaginarse cómo los brazos podrían mejorar el aspecto de la Venus parece casi inconcebible.
Las matemáticas definen la belleza
El concepto de belleza de los antiguos griegos se basaba en una serie de cálculos matemáticos,
no en una desarrollada filosofía estética. La figura perfecta reflejaba la misma distancia entre el
ombligo, los senos y la separación de las piernas. Esta fórmula puede haber representado el
intento de imponer una estructura racional a la configuración corporal, que de lo contrario podría
liberar emociones confusas. Durante miles de años, ha sido el prototipo físico ideal de la cultura
occidental.
Los estudios modernos sobre las percepciones sociales de la anatomía humana, basados en
investigaciones médicas o biológicas, han hecho hincapié en la simetría corporal. Las
características físicas asimétricas, deformadas, faltantes o raras suelen considerarse signos de
desagrado estético. Sin embargo, incluso esta noción es limitada. Imagínese un mundo en el que
todos lograsen la simetría corporal perfecta y todos los seres humanos se pareciesen cada vez
más. Una sociedad en la que todos tuviésemos las mismas características sería insulsa y
aburrida. Los atributos que reflejan tanto las diferencias importantes como las características
individuales únicas también son elementos importantes de belleza o atractivo.
Contrariamente a los esfuerzos por mejorar el atractivo al imitar el aspecto de los famosos o
modelos que aparecen en los medios de comunicación, todo parece indicar que la belleza puede,
de hecho, ser producto de una relación conflictiva entre estos ideales físicos y las características
de la gente corriente. Cualquier intento por definir unos criterios culturales de belleza debe tener
en cuenta los atributos que se consideran opuestos a estos prototipos, y muchas de estas
características supuestamente negativas podrían incorporarse con el tiempo a la definición
principal de atractivo. El esfuerzo por transformar el supuesto inconveniente de las
discapacidades visibles en una ventaja simbólica que transmita dignidad y orgullo, puede ser
esencial para desarrollar un sentimiento positivo de identidad que abarque las características
físicas más destacadas de una persona.
Cómo enfrentarse a la situación
Existen tres estrategias principales para enfrentarse a esta relación contradictoria que parecen
especialmente relevantes para las circunstancias de las personas con amputaciones. La primera
táctica es esencialmente imitativa, más claramente representada por las prótesis de color carne
promocionadas durante años por los especialistas en rehabilitación. Aunque la cosmética de
estos dispositivos ha mejorado, estos tienden a fomentar una especie de “transición” al quitar
importancia a la discapacidad y animar al usuario a intentar integrarse en la mayoría no
discapacitada. Bree Walker, una presentadora de televisión del sur de California, consiguió su
propia liberación personal y la aprobación del público cuando se deshizo de las prótesis que le
habían aconsejado llevar para ocultar sus manos. Harold Russell, ex presidente del Comité del
Presidente para el Empleo de Personas con Discapacidades que perdió las manos en la Segunda
Guerra Mundial, decidió llevar útiles ganchos funcionales en lugar de prótesis cosméticas.
Un segundo enfoque, que podría ser cada vez más importante en el futuro, se basaría en las
innovaciones tecnológicas. Puesto que los investigadores y los ingenieros continúan
desarrollando mejores equivalentes biónicos para muchas partes del cuerpo, existe la posibilidad — descrita en muchos guiones de ciencia ficción— de que se creen dispositivos superiores a las
unidades orgánicas que sustituyen. Queda por ver si esto daría lugar a una mayor aceptación
estética de los dispositivos mecánicos asociados a las discapacidades, como las sillas de ruedas,
las prótesis y los bastones blancos. Pero parece casi seguro que estos avances tecnológicos
tienen un importante impacto en la actitud social ante las diferencias humanas.
Una tercera alternativa refleja una tendencia relativamente naturalista. Cada vez más, las
personas con amputaciones deciden si quieren o no llevar prótesis o dispositivos de ayuda,
basándose en su comodidad o necesidad personal más que en las expectativas sociales de otras
personas. Puede que estas tendencias ofrezcan más oportunidades, no solo de analizar los
efectos de la simetría corporal en las percepciones sociales, sino también de estudiar la
dicotomía, o relación aparentemente opuesta, entre las características asimétricas y los juicios
estéticos positivos.
Puesto que las personas están cada vez más dispuestas a mostrar sus cuerpos de modo
diferente, es posible que los espectadores descubran un imprevisto placer estético al observar
unas características físicas que reflejan diferencias, en lugar de semejanzas, entre los seres
humanos. Quizás la mejor generalización que se puede hacer sobre las percepciones del cuerpo
humano es que las personas rara vez están satisfechas con el producto original. Alteran,
modifican o rediseñan sus cuerpos constantemente para adaptarse a los gustos estéticos de las
comunidades a las que pertenecen. Quizás lo mejor sería aumentar el aprecio por lo físico así
como por otros valores de la heterogeneidad humana que contribuyen a la riqueza de la vida
social.
Irónicamente, uno de los mayores obstáculos para incluir las características de una discapacidad
visible en una definición flexible de las percepciones estéticas es que se requiere de las
categorías establecidas por los investigadores sexuales que configuran el análisis de la intimidad
física. Así como los primeros investigadores crearon una clara distinción entre las inclinaciones
heterosexuales y las homosexuales, los posteriores estudiosos han definido la atracción por las
personas con amputaciones o con muletas como un tipo de anomalía o fetichismo.
Independientemente de las críticas que se puedan atribuir legítimamente a tales proclividades,
estas categorías tienden a considerar tales relaciones como patológicas. Por el contrario, casi
nadie ha sugerido que la obsesión por la simetría corporal sea un comportamiento anómalo o
fetichista.
El esfuerzo por conciliar las discapacidades o diferencias físicas y las imágenes estéticas del
cuerpo humano puede hacer necesario el desarrollo de una nueva noción cultural de estas
cuestiones. En un sentido fundamental, la discapacidad simboliza la superficialidad de los
prototipos físicos del atractivo en la sociedad y el rechazo intencionado de dichos prototipos.
Aunque esta perspectiva implica que las cualidades mentales o emocionales también deben jugar
un papel importante en las preferencias estéticas, no invalida la importancia del cuerpo. Por el
contrario, este enfoque indica la necesidad de ver el aspecto físico de forma distinta,
concretamente, de manera que reconozca el atractivo intrínseco de las diferencias y las
características asimétricas. Mediante estas técnicas, las personas con discapacidades pueden
obtener un valioso recurso para combatir la discriminación social que ha sido la principal causa de
sus problemas.
Sobre el autor
El Dr. Harlan Hahn, de Santa Mónica, es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad del Sur
de California, en Los Ángeles, California, desde 1972. Se diplomó en 1960 por la facultad de St.
Olaf, en Minnesota, y se doctoró en Ciencias Políticas por la Universidad de Harvard en 1964.
Utiliza una silla de ruedas desde que sufrió la polio a los seis años, es un conocido experto
nacional en política de discapacidad y escribe sobre problemas de discapacidad tanto en la
prensa académica como en la convencional. Anteriormente, impartió clases en la Universidad de
Michigan, en Ann Arbor, y en la Universidad de California, en Riverside.
Regreso al inicio
Actualizado en : 09/26/2005
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