Ishkay Shunkuy de Diego Muñoz

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Ishkay Shunkuy de Diego Muñoz
Por Diego Demetrio Orellana
La pintura de Diego Muñoz es confrontativa y veraz, pues guarda un secreto que se fundamenta en dos
aspectos esenciales: posee autenticidad y exhibe, prima facie, una monumentalidad que desborda la
imaginación de los espectadores para que se puedan observar las dos facetas que todo concepto lleva
implícito cuando transmite un mensaje.
Y es que una cosa es lo que percibimos siempre, de manera directa, cuando una imagen describe la
realidad, mientras otra es la visión alternativa que esa imagen proyecta desde una perspectiva contraria,
muchas veces imperceptible pero siempre subliminal.
La propuesta subyace en una acuciosa investigación, fruto de las múltiples inquietudes que el artista
despliega, en su afán de descubrir que para describir las cosas esenciales de la vida hay muchas vías y
todas llevan a la conclusión de que la sencillez es el signo de la verdad.
El inquieto espíritu artístico de Diego Muñoz refleja un rico mundo interior que requiere del auxilio de
las imágenes para graficar la realidad que nos circunda desde dos perspectivas contrapuestas, pero no
antagónicas sino complementarias. Así se llega a comprender el concepto fundamental de las diversas
propuestas plásticas que rondan una reflexión profunda sobre lo que el artista llama Ishkay shunku (dos
corazones).
Los especiales rasgos de la obra de Diego Muñoz poseen personalidad propia y belleza singular para
definir a las cosas. Cada tema pone en evidencia que detrás del mensaje directo se esconde otra versión
de la realidad que no puede ser mirada de refilón, pues la verdad es relativa. Por eso, las insólitas
figuras que emergen de la propuesta constituyen un magnífico testimonio gráfico de las visiones
alternativas sobre un mismo asunto, sin las cuales es imposible comprender el sentido pleno del
mensaje artístico, definido siempre en una dualidad que ha intrigado al ser humano desde inmemoriales
tiempos.
La obra llega a demostrar, quizás sin proposición previa, las múltiples posibilidades de interpretación
que confluyen en un solo concepto, mientras el artista se erige como un adecuado reportero de la
realidad cotidiana, convirtiéndose en un providencial intermediario para hablar, desde las imágenes,
acerca de las diversas facetas que un mensaje encierra y que lo vuelven polisémico y preciso mientras
más confrontativo es el concepto que sustenta la verdad de un tema cualquiera.
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En las propuestas artísticas de Diego Muñoz el uso de la técnica es fundamental para el planteamiento
de sus temas. Por eso, la utilización de pintura fluorescente permite al público comprender a cabalidad
que es importante descubrir el mensaje alternativo de cada tema propuesto, a la manera de una
radiografía de la realidad en donde se contempla -con mayor profundidad- las diversas visiones que
existen en un concepto y que lo enriquecen cuando son observadas desde la dualidad de cada propuesta
plástica.
Los formatos monumentales de las obras del artista reflejan una gran experticia para el manejo
espacial, en el que se imbrica el desarrollo de un tema y confrontan al espectador para descubrir otros
aspectos de la realidad cotidiana que no siempre son detectados al momento de comprender el mensaje
artístico.
Se trata entonces de un proyecto en el que los recursos técnicos son fundamentales para plasmar las
ideas del artista y por ello, los colores tropicales y abigarrados de las diversas obras prodigan una
fuerza expresiva a cada tema sugerido e invitan a la contemplación reflexiva de la propuesta, gracias a
los impresionantes efectos cromáticos que revelan un admirable conocimiento del color por parte del
artista.
Así entonces, en el proyecto se puede encontrar una especial capacidad para la utilización de la
cromática y un peculiar talento para pigmentar el color in puris naturalibus/ en puro estado natural.
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La obra de Diego Muñoz no es casual, pues cada uno de los temas escogidos es fruto de un delicado
proceso de estudio y experimentación plástica, a la manera como un aventurero explora sus andanzas
para registrar mejor sus descubrimientos.
El artista entonces, después de ejercitar un destacado rol de experimentación, sintetiza sus mensajes en
propuestas en las que el color se recrea bajo un estudio previo de la realidad y un profesional manejo de
los recursos técnicos que permite que cada obra hable por sí sola y transmita un mensaje directo que
lleva implícito un planteamiento alternativo, en un plano en el que los espectadores descubren
múltiples posibilidades de interpretación de un concepto preciso que define a la realidad en su más pura
esencia.
DIEGO DEMETRIO ORELLANA*
*Marco teórico de la exhibición.
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