La crisis del régimen y la Constitución de 1925 (4)

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Apunte 4
La crisis del régimen y la Constitución de 1925 Alessandri, candidato,
elección y gobierno.
En la presente lección nos dedicaremos al análisis de la primera administración del
Presidente Alessandri Palma. Este gobierno, desde el momento de la gestación de las
candidaturas presidenciales y hasta su dramática interrupción en el año 1924, se
caracterizará por un constante ritmo de sobresaltos para el país y especialmente para su
clase política. Nos basaremos para el análisis en las explicaciones de don Gonzalo Vial
Correa en su obra “Historia de Chile en el siglo XX” y en los “Recuerdos de
Gobierno” del propio Presidente Alessandri, más la indicación de algunas
observaciones personales.
Como hemos señalado en la lección anterior, el régimen parlamentario había entrado en
una delicada crisis hacia el año 1920. Los hombres que habían protagonizado los destinos
del país durante 30 años, desde el triunfo del Congreso sobre Balmaceda eran impotentes
para responder adecuadamente a la gravísima crisis económico, social y moral que aquejaba
a Chile en 1920.
En tales circunstancias surgiría la candidatura presidencial de un hombre “nuevo”, ajeno
a los círculos aristocráticos santiaguinos. Representante de la clase media
acomodada, de profundas inquietudes sociales, integridad y honradez y dotado de una
inteligencia poderosísima y una personalidad avasalladora. Sería don Arturo Alessandri
Palma.
a. La elección Presidencial de 1920: Tras la debacle económica en la que se había
sumido el país debido al término de la primera Guerra Mundial y el desplome de los
precios del salitre debido a la masiva introducción del nitrato sintético alemán, la
ciudadanía nacional parecía huérfana de todo liderazgo capaz de enfrenar al monstruo de la
bancarrota y el caos político. Los partidos, que habían gozado de la más completa libertad
para dirigir al país durante el periodo parlamentario, ahora no atinaban sino a ofrecer
respuestas que consistían en más de lo mismo, la versallesca política de salones que
ignoraba olímpicamente las acuciantes necesidades sociales. En tales circunstancias se
produce la elección presidencial del año 20. El gobierno del Presidente Sanfuentes, elegido
en medio de las expectativas de un país necesitado de liderazgo había visto frustrarse casi
todos sus intentos por lograr un cambio. Se requería de “hombres nuevos”,
capaces de evitar el colapso que se avecinaba.
Los candidatos fueron:
i. DON ARTURO ALESSANDRI PALMA: La Alianza Liberal celebró su convención para
determinar a su candidato. El debate llevado a cabo en el Salón de Honor del Congreso
Nacional fue especialmente duro y agrio. Fracasado el intento del Presidente Sanfuentes
por lograr una convención única, los convencionales dudaban en primera instancia si
prestar su apoyo a Alessandri o a don Eliodoro Yánez, el más famoso abogado de su
época. Los radicales, con Mac Iver a la cabeza, eran cercanos a las posturas de Alessandri,
pero desconfiaban de sus ambiciones. Don Arturo, Senador por Tarapacá era un político
de dimensiones muy diversas al típico dirigente parlamentario. Descendiente de
inmigrantes italianos, miembro de la clase media1, educado en el aristocrático colegio de los
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Sagrados Corazones (Padres Franceses) de Santiago, abogado, de destacadísima trayectoria
en tribunales, había comprendido tempranamente que la única manera de continuar con
sus éxitos en el foro era incursionar en política. Lo hizo con particular éxito gracias a la
amistad y apoyo del senador liberal por Curicó, don Fernando Lazcano Echaurren. Merced
a este patrocinio del fogueado político, Alessandri fue elegido como Diputado por Curicó.
Sin embargo, se distanciaría de Lazcano al decidir postular al Senado por la provincia de
Tarapacá2. Competiría contra el cacique electoral del la zona, el senador liberal
balmacedista, don Arturo del Río. Durante esta campaña fue cuando adquirió el
tradicional apodo con el que se le conocía por el resto de su vida: “El León de
Tarapacá”3. Contra todo pronóstico ganó la elección y ello le convirtió en el líder político
de mayor arrastre dentro de las filas del liberalismo. Sin embargo, Alessandri era un político
peligroso para los dirigentes liberales de la época. Fue proclamado por más del 80% de los
votos de la Convención Liberal, Pero sus propuestas pasaban por revolucionarias para un
dirigente parlamentario. La alta sociedad lo rechazaba casi por entero4.
Al aceptar su candidatura improvisó un discurso en el que delineaba las principales
propuestas de su programa político para el caso de ser electo:
a. Debía contarse con un gobierno fuerte, que dirigiera efectivamente los destinos del país.
b. Debía lograrse la libertad de cultos, en un marco de tolerancia y armonía, sin que se
provocaran trastornos ni odios como en el pasado.
c. Rechazaba el absurdo centralismo que había provocado la Constitución de 1833 y
propugnaba la descentralización político administrativa, dotando a las provincias de mayor
autonomía y libertad.
d. La dictación de una ley de arbitraje obligatorio para evitar las huelgas y los perjuicios a la
industria y al país.
e. El mejoramiento de las condiciones sociales, las habitaciones de los trabajadores, las
condiciones de higiene y de salubridad.
f. La defensa de la raza, mediante la educación y el deporte y el rechazo al alcoholismo y a
las epidemias provocadas por la falta de higiene.
g. La creación de un Ministerio del Trabajo y de la Previsión Social.
h. La estabilidad del sistema monetario, reemplazando el papel moneda por otro
convertible.
i. La implantación del impuesto a la renta, con tasa progresiva en torno a los ingresos.
Ello buscaba reemplazar los impuestos regresivos e indirectos que en ese momento eran la
base de la tributación nacional y que castigaban fuertemente a las clases trabajadoras.
j. El mejoramiento de la condición legal de la mujer. Tal propuesta le valió la más enconada
de las oposiciones entre las mismas mujeres, que veían con horror que Alessandri
pretendía “emanciparlas” a la fuerza.
k. La profunda reforma del régimen político el Alessandri del 1920 pretende salvar el
régimen parlamentario solo cambia su mentalidad en 1925.
Terminó sus palabras con las siguientes declaraciones5:
“El país atraviesa por uno de los momentos más difíciles de su historia. Vivimos
desde hace años en medio de la anarquía y del desgobierno. Toda clase de angustias y de
dificultades obstaculizan la marcha próspera de las actividades en esta patria, tan cara a todos nosotros. El
país desea, exige, un Gobierno sólido y fuerte, con rumbos definidos, orientados sobre la base de una política
netamente nacional. Sólo aquellas combinaciones de partidos que tienen por bandera una enseña de vastos
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ideales de bien público, son capaces de satisfacer la noble y generosa aspiración que siente y exige Chile en
los momentos actuales.
… La humanidad entera atraviesa por uno de aquellos períodos que marcan
una gran transformación social. Asistimos, ciertamente, al nacimiento de un nuevo régimen y es ciego y
sordo quien no quiere verlo ni sentirlo. De un extremo a otro del Universo surge una exigencia perentoria,
reconocida por todos los pensadores y por los más eminentes estadistas en orden a resolver, con criterio de
estricta justicia y equidad, los derechos que reclama el proletariado en nombre de la solidaridad, del orden y
de la convivencia social. El progreso económico de los pueblos, que es la atención preferente de todo Gobierno
racionalmente organizado, es la resultante precisa del esfuerzo personal del individuo y del capital que
utiliza ese esfuerzo. El proletariado que representa al músculo, al vigor, el esfuerzo inteligente en el inmenso
laboratorio económico donde se genera la riqueza de los países, es un factor necesario del progreso y debe ser
atendido, protegido y amparado.
Yo quiero, antes de terminar, haceros una declaración:
Ha sido costumbre oír a los que han tenido la satisfacción de alcanzar el honor que ahora vosotros me
discernís, que “no son una amenaza para nadie”.
Mi lema es otro:
Quiero ser amenaza para los espíritus reaccionarios, para los que resisten toda reforma justa y necesaria:
ésos son los propagandistas del desconcierto y del trastorno.
Yo quiero ser amenaza para los que se alzan contra los principios de justicia y
de derecho; quiero ser amenaza para todos aquellos que permanecen ciegos, sordos y mudos ante
las evoluciones del momento histórico presente, sin apreciar las exigencias actuales para la
grandeza de este país; quiero ser una amenaza para los que no saben amarlo y no son
capaces de hacer ningún sacrificio por servirlo.
Seré, finalmente, una amenaza para aquellos que no comprenden el verdadero amor patrio y que, en vez de
predicar soluciones de armonía y de paz, van provocando divisiones y sembrando odios, olvidándose de que
el odio es estéril y que sólo el amor es fuente de vida, simiente fecunda que hace la prosperidad de los
pueblos y la grandeza de las naciones.”
Alessandri rompía así la tradición parlamentarista. Su postulación a la Presidencia era
extra sistema, verdaderamente populista y por ello el establishment político demonizó su
candidatura.
Mucho se ha dicho sobre la conducción que Alessandri hizo del proceso social que
importó la eclosión de la clase media en política. Su carácter enérgico y sus propuestas
parecen indicar que tuvo el mérito de conducir el proceso que volvería a sus cauces con su
segundo gobierno. Mas, otros sostienen que las aguas de la mesocracia habrían irrumpido
igualmente, tarde o temprano, en la arena de la actividad política6.
ii. DON LUIS BARROS BORGOÑO: Frente a la candidatura de Alessandri, cundió la
inquietud en los miembros de la oposición. Un grupo numeroso de liberales, tras los cuales
se encontraba el propio Presidente Sanfuentes, que no se sometía a las directrices de la
convención que acababa de proclamar a Alessandri, decidió unirse a los conservadores. Se
formó así, la Unión Nacional. Tras varios debates, en los cuales se descartaron como
candidatos los nombre de don Enrique Zañartu y de don Ismael Tocornal, el candidato
elegido por esta combinación política fue don Luis Barros Borgoño, verdaderamente el
reverso de la moneda de Alessandri. Era don Luis, el típico dirigente parlamentario,
aristócrata, intelectual de salón y caballero refinado, agnóstico reconocido, distante a la
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gente, gustaba de hacer campaña en los salones de las principales familias santiaguinas.
Prometía la mantención del orden parlamentario imperante, lo que tranquilizaba a sus
partidarios, todos interesados en la conservación de sus privilegios, pero no respondía a
ninguna de las tremendas necesidades sociales de la época. Don Luis Barros, que como
hemos apuntado era agnóstico, pero candidato oficial del partido conservador, solicitó
oficialmente el apoyo de la Iglesia Católica. El arzobispo de Santiago, monseñor Crescente
Errázuriz se vio en la encrucijada, apoyar a un no cristiano, frente a Alessandri que aunque
no era practicante, había sido bautizado y educado como católico. Por ello el arzobispo,
aun contra la opinión del propio clero, emitió una pastoral que llamaba a los miembros de
la Jerarquía y del clero a no intervenir en la campaña. Tal actitud sería duramente criticada
en la época e interpretada como un apoyo de Errázuriz a Alessandri con quien mantenía
relaciones muy cordiales, pero no era así. Lo que monseñor Errázuriz deseaba evitar era
politización extrema del clero, actitud que años más tarde sería respaldada por la Santa
Sede.7
La campaña fue particularmente violenta y la agitación pública llegó a su clímax. Alessandri
rompió con la tradición parlamentaria de realizar campañas destinadas a las capas
superiores de la sociedad capitalina. Recorrió el país, habló en grandes concentraciones
públicas, acuñó eslóganes electorales, como el del “Cielito Lindo”8 y solicitó su voto
a las clases populares y a los sectores medios de la población, que hasta ese momento jamás
habían merecido la menor atención de parte de los dirigentes políticos. El Alessandri de
1920 fue el primer dirigente en comprender que para ganar una elección debía contarse con
los votos del pueblo, en una palabra, ser “popular”, y por ello dirigió toda su
atención a lo que él llamó “la querida chusma”. Populismo puro, sí, pero
efectivo a la ora de sumar los resultados electorales9. Como Barros Borgoño era apoyado
por los conservadores, Alessandri decidió resaltar sus propuestas anticlericales con el fin de
quitarle a su oponente el apoyo de los liberales. Esto provocó la reacción de los católicos,
que veían en Alessandri a un verdadero “Anticristo”10. Se le hacían las más increíbles
acusaciones, como la de estar financiado por “oro peruano”.
Los resultados de la elección celebrada el 25 de junio de 1920 fueron los siguientes:
Arturo Alessandri Palma: 179 electores
Luis Barros Borgoño: 174 electores
Total: 353 electores
La estrechez de los resultados determinó una verdadera incertidumbre acerca de la suerte
de los candidatos. Ambas candidaturas decidieron impugnar a los electores de la contraria
con lo cual no existía mayoría absoluta y la elección correspondería al Congreso Pleno, en
donde Barros Borgoño contaba con mayoría suficiente para ser electo. Como las
reclamaciones electorales debían ser falladas por el propio Congreso, esto hacia muy
probable el escenario indicado. Sin embargo la presión popular se intensificó. Alessandri
sabía que tenía el respaldo de amplios sectores populares para presionar por el
reconocimiento de su victoria.
En tales circunstancias el Ministro de Guerra, don Ladislao Errázuriz, reconocido opositor
a Alessandri, ordenó una movilización de tropas del ejército (cuya oficialidad era en su
mayoría alessandrista) al norte del país con el objeto de proteger Tacna y Arica frente a una
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ficticia agresión peruana. Este movimiento, evidentemente injustificado fue conocido por
la opinión pública como la “Guerra de don Ladislao” y cubrió de burlas al
Ministro. Con ello se buscaba quitar la presión del ejército a favor de Alessandri sobre el
parlamento.
Finalmente, la Unión y la Alianza acordaron11 que la cuestión presidencial sería zanjada por
una instancia extra constitucional: Un Tribunal de Honor12, integrado por 7 miembros
designados por ambas candidaturas. Alessandri vio de inmediato que esta instancia podía
ratificar su triunfo. Mientras que Barros Borgoño observó lo contrario 13. Tras discutirse
arduamente los nombres de los árbitros, Alessandri sugirió a Manuel Rivas Vicuña, quien
articulaba la instancia de honor, los nombres de los siete miembros. De ellos 5 eran
contrarios a don Arturo, pero éste no dudaba de su patriotismo y honestidad 14. Esto
facilitó su aceptación por la Unión Nacional. La Alianza que veía en estos jueces la
posibilidad de que se revirtiera el triunfo del León se negó en un comienzo, pero al
conocerse que era don Arturo el que había propuesto los nombres se allanó el camino y
todos quedaron reconocidos.
Las sesiones del tribunal se iniciaron con los alegatos de los abogados de ambas partes. Al
hacer su entrada en el salón del hemiciclo del Senado en donde funcionaba el Tribunal,
don Arturo Alessandri Rodríguez, hijo del León y célebre profesor de derecho civil, saludó
al presidente del mismo, don Fernando Lazcano, pero éste alcanzó a inclinar su cabeza
extenderle la mano y cayó fulminado por un ataque cardiaco que le provocó la muerte
inmediata. Este hecho causó profunda consternación15. La opinión pública quiso ver en
esta tragedia la voluntad divina. El mayor enemigo de Alessandri había caído fulminado
por voluntad del Altísimo16.
El día 30 de septiembre de 1920 el tribunal emitió su fallo17: Declaró el mejor derecho de
Alessandri para asumir el mando supremo18. Los resultados finales, analizadas todas las
reclamaciones de uno y otro candidato arrojaron las siguientes cifras:
Para Alessandri: 177 electores
Para Barros Borgoño: 176 electores.
No había, en consecuencia, mayoría absoluta, pero el fallo era clarísimo en reconocer el
triunfo del León.
Producido el fallo del Tribunal de Honor, el Congreso Pleno votó ratificando el resultado
indicado: de 118 asistentes, 89 ratificaron a Alessandri19, con lo cual quedaba investido con
la calidad de Presidente Electo. Don Gonzalo Bulnes, a nombre de la Unión Nacional,
había adelantado que su alianza cumpliría “con el penoso deber para ellos de
concurrir a la proclamación del candidato que combatió en la lucha de las urnas. Se somete a este deber,
dijo, porque así lo ordena la Constitución. Lo cumple porque consagra el compromiso político que pactó y lo
cumple ahogando en su pecho muchas justas protestas. No quiere abrir debate sobre lo sucedido, pero, lo
repite, su silencio es un gran sacrificio. La Unión Nacional, agregó, pide por su conducto a sus miembros
que den los votos necesarios a don Arturo Alessandri para que pueda ser proclamado
constitucionalmente...”20
La Unión Nacional cumplía así, con dolor pero con entereza con su compromiso de honor
con Alessandri.
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b. Principales hitos de la administración Alessandri: Si hay algo que puede decirse de
la primera parte del gobierno de Alessandri es que éste fue el más típicamente
parlamentario de todos los Presidentes del periodo. En efecto, Alessandri tuvo un total de
16 gabinetes ministeriales. Su intento por controlar los desbordes parlamentarios se
estrellaba contra los porfiados hechos y a su falta de apoyo en el Congreso. Al parecer el
destino estaba en contra de Alessandri21. Ninguna parte de su programa de gobierno fue
cumplida. Así las cosas, de no haber mediado la rebelión militar de septiembre de 1924, tal
vez, habría pasado a la historia como un mandatario de más estéril legado que el de don
Ramón Barros Luco.
La razón principal para ello la atribuía Alessandri a que en la primera parte de su mandato
no contó con mayoría en la Cámara Alta. En efecto, en el Senado la Unión Nacional
dominaba sin contrapeso. Y por ello todos los proyectos de ley del ejecutivo eran
detenidos y bloqueados en tal cámara.
1. Cuestiones económico sociales:
a. A la grave crisis económica del 19 seguiría otra el año 21. Los presupuestos de ingresos
fiscales tuvieron que reflejar la contracción económica. El año 21 se redujeron a la mitad, el
22 a dos tercios y recién el año 23 se equilibraron con el de
1920.
b. El Congreso se negaba a permitir aumentos de impuestos o a la creación de otros
nuevos.
c. El gobierno debió endeudarse y para financiar la deuda emitió más papel moneda, lo que
se estima en un crecimiento de un 20% de la masa monetaria (M1).
d. Como consecuencia de lo anterior aumentó la inflación.
e. Se acumuló un déficit de 100 millones de pesos para el año 1923.
f. Las condiciones de vida de los trabajadores se deterioraban visiblemente.
g. Numerosas huelgas estallaron a lo largo del país.
h. Ocurrieron los hechos de “San Gregorio”. Graves disturbios y una matanza
de obreros ocurrida en la oficina salitrera de San Gregorio ubicada al sur oriente de
Antofagasta. Murieron 36 personas en una balacera provocada entre los huelguistas y la
fuerza pública.
i. Todos estos hechos minaron la popularidad del León en las clases trabajadoras, que
creían que toda su oratoria era solo una pantalla para proteger sus intereses.
j. Se dictó la ley de Marina Mercante.
2. Obra Internacional:
a. La cuestión de Tacna y Arica: Durante la administración del Presidente Alessandri se
intentó con seriedad resolver la cuestión de Tacna y arica con Perú. Fruto de las intensas
negociaciones llevadas adelante con el gobierno peruano, se logró el arbitraje del gobierno
de Estados Unidos que determinó, siguiendo la tesis chilena, que correspondía realizar el
plebiscito establecido en el tratado de ancón de 1883.
b. La Conferencia Panamericana: Celebrada en Santiago en 1923, contó con la
participación de una brillante delegación chilena que impuso sus puntos de vista aún contra
la opinión del gobierno estadounidense. La diplomacia nacional fue apodada la
“embajada de la Atenas de América”. Cabeza de la delegación fue don Carlos
Aldunate Solar, gran opositor interno a Alessandri.
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3. Las relaciones con el Senado: Hemos dicho que don Arturo no contaba con mayoría en
el Senado, en donde reinaba la Unión Nacional. Pero lo complejo no era en sí tal
circunstancia, sino la cerrada oposición que decidió hacerle al gobierno la mayoría
senatorial. Los dirigentes senatoriales contaban entre sus filas con algunos de los intelectos
más poderosos de la época: don Luis Claro Solar, el más grande jurista y tratadista de
derecho civil, don Gonzalo Bulnes, el mejor historiador y políticos de la talla de Ladislao
Errázuriz, Joaquín Echenique y Carlos Aldunate.
Todos los proyectos de ley del gobierno eran sistemáticamente rechazados. Alessandri
denunció públicamente esta actitud abusiva: El Presidente se refería a los senadores de
oposición como “La Canalla Dorada” o “Los Viejos o Rémora del Senado”.
El Presidente censuraba constantemente esta actitud:
“-El Senado de la República se ha obstinado en ponerme dificultades injustificadas.
Si hasta hoy no he realizado aún parte siquiera de mi programa, es porque inútilmente se depositarían
proyectos de leyes que naturalmente deberán vegetar y perderse entre el olvido de quienes todavía no dan
presupuestos a la nación (Abril de 1921).
-Me ha comunicado (el Senado) precipitadamente la vacancia de una senaturía (la de su hermano José
Pedro, recién fallecido) que es para mí muy dolorosa, pues se relaciona con una herida que aún está
sangrando. Se ha olvidado que no se puede jugar con los dolores del corazón humano, porque producen
reacciones cuyo origen se conoce... (pero no) hasta donde puedan arrastrar. Ese acuerdo del Senado es ilegal
y, al mismo tiempo, es inhumano.
-Mis ideales cristalizados en proyectos de ley duermen el sueño de los justos entre el pudridero insondable
de la resistencia que me opone una de las ramas del Congreso.
-Desde el momento en que se que el pueblo está conmigo, que cubre mis espaldas, quiero deciros que también
el Presidente de la República está con vosotros, y que no doy ni pido cuartel. (Diciembre de 1923).22
4. Las cámaras homogéneas: Así las cosas, el Presidente se propuso hacer campaña activa a
favor de los candidatos de la alianza Liberal al Congreso para las elecciones de 1924.
Rompía con esta actitud, otra de las tradiciones y tabúes más sagrados del parlamentarismo:
El Presidente de la República debía permanecer en la Moneda sin intervenir jamás en las
elecciones parlamentarias. Alessandri comprendía que con su acción resucitaba los viejos
fantasmas de la intervención electoral de Santa María y Balmaceda, pero no le quedaba
alternativa. Se le acusó de querer buscar la dictadura.
Perseveró en su intensa campaña por lograr una mayoría en ambas cámaras, como único
remedio a los males de la época y al bloqueo legislativo.
Obtuvo mayoría ambas cámaras23, pero, ¡oh, paradoja!, su propia Alianza no aprobó
ninguno de los proyectos de leyes sociales que tanto interesaban a Alessandri.
En el fondo esta indisciplina no era tal, sino que la manifestación de que las costumbres
parlamentarias estaban tan arraigadas entre los políticos, que hasta los propios beneficiados
por el sacrificio de Alessandri, que había empeñado todo su prestigio para asegurarles la
elección, estimaban que el régimen parlamentario estaba por sobre todo empeño de bien
público. Así lo reconoció el propio León:
“Creí que el mal principal era la existencia de dos cámaras heterogéneas,
luché por obtener la homogeneidad y el país respondió, pero desgraciadamente el mal era más hondo.
La tiranía parlamentaria se hizo más fuerte y más irresponsable. Contra lo que imaginara, de un nuevo
Congreso dispuesto a realizar el programa ofrecido a la nación, resultó que los primeros actos del
Parlamento aparecieron alejándose de tan noble y reclamada aspiración democrática... La enfermedad de los
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parlamentarios por alcanzar un sillón ministerial, se agravó. Se hizo formidablemente intensa... una
degeneración colectiva”.24
5. El 31 de enero de 1924, casi en la hora última del régimen parlamentario, se logró un
principio de acuerdo entre la Alianza y la Unión por el cual se introducían efectivas
reformas al sistema político parlamentario, depurándolo de algunos de sus más evidentes
defectos. Este acuerdo se plasmó en el proyecto de reforma constitucional aprobado en
febrero de 1924, por ley N° 4.004 que ya comentamos en la lección anterior. Sin perjuicio
de dicho examen, recordemos que la reforma acordada por todos los partidos establecía la
clausura del debate por simple mayoría, la restricción del derecho de interpelar a los
ministerios, la disminución del quórum para sesionar de las cámaras, la vigencia del
presupuesto del año anterior si no se dictaba el nuevo presupuesto en los plazos precisos,
la reforma de las demás leyes periódicas, la prohibición efectiva del cohecho, la privación
de las facultades políticas de fiscalización del Senado, la posibilidad de que el Presidente de
la República disolviera por una vez en su mandato la cámara de diputados, la restricciones
de las incompatibilidades parlamentarias, la dieta parlamentaria, la incompatibilidad de las
funciones de Ministro de Estado y parlamentario, la ley interpretativa que quitaba a la
Cámara la facultad para manifestar su confianza o desconfianza a los gabinetes y algunas
menores, como la eliminación de las restricciones ciudadanas a los sirvientes domésticos y
la supresión de las penas infamantes.25
c. La crisis de 1924: La evolución del gobierno durante los primeros cuatro años del
mandato Alessandri evidencia un pobrísimo balance. Tal y como hemos dicho al inicio de
este apartado, nada de lo que el Presidente había intentado llevar adelante se había
concretado.
Todo parecía indicar que el gobierno del León se dirigía lenta pero seguramente a concluir
en el más completo fracaso y olvido. Nada hacía pensar que llegado el mes de Septiembre
las cosas se precipitarían de una forma impensada. Tras celebrar su onomástico el día 1 de
septiembre (San Arturo) ciertos sonidos metálicos alterarían para siempre el rumbo del
gobierno.
EL RUIDO DE SABLES Y LA CRISIS DEL RÉGIMEN PARLAMENTARIO
La escena estaba preparada para el fin de la Paz veneciana. Pero ninguno de sus
protagonistas podría anticipar lo que vendría. No hubo señales previas y los
acontecimientos se sucedieron tan rápidamente que lograron derribar en tan solo nueve
días casi un siglo de orden constitucional y jurídico. Era la agonía final de la República
Portaliana. Veamos como ocurrió:
LOS DÍEZ DÍAS DE SEPTIEMBRE:
1. Producto de los acuerdos entre el gobierno y la oposición unionista, debían tratarse
numerosos proyectos de ley de gran importancia. Pero la díscola mayoría Aliancista, que
traicionando los esfuerzos del Presidente, hacía caso omiso de los acuerdos y prioridades
generales, acordó tratar como única cuestión un proyecto que no figuraba en la tabla de
materias a tratar: La dieta Parlamentaria26. Así las cosas el día martes 2 de septiembre,
mientras se discutía en el Senado el proyecto aludido, un grupo de oficiales de mediana
graduación del Ejército27, protestó por la discusión y porque la mayoría parlamentaria había
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decidido tratar este proyecto en vez del primer tema de la tabla, el aumento de las rentas de
los oficiales del Ejército y de la Armada. El edecán del Senado intentó hacerlos guardar
silencio pero las protestas continuaron.
2. Al día siguiente, 3 de septiembre, el escándalo había estallado en todos los círculos
políticos. Desde quienes intentaban en vano minimizar los hechos hasta quienes pedían la
cabeza de los militares involucrados. Lo peor vendría en la sesión nocturna en el Senado.
Un grupo más numeroso de militares cercano a los 200 repletaron las galerías de la Cámara
Alta (las tribunas, más cercanas a los senadores, fueron cerradas). Cuando se intentó la
aprobación final del proyecto de dieta los militares aumentaron los gritos y el tumulto que
censuraba a la mayoría. El Ministro de Guerra, don Gaspar Mora logró que abandonaran
su actitud y consintieran en retirarse para que la sesión siguiera su curso. Al hacer
abandono del majestuoso salón, hicieron golpearon los escalones de mármol de las gradas
con la punta metálica de sus sables envainados. La versión de la sesión consignó: “Se
producen ruidos de sable entre los militares en las galerías”. De allí vendría
el famoso nombre para el hecho que dio inicio a los días de septiembre. Es preciso destacar
que ya en este momento, actuaba entre los militares (aunque sin haber asistido a la sesión
del Senado) el coronel Carlos Ibáñez del Campo, uno de los cerebros del movimiento que
se empezaba a fraguar.
3. El movimiento se trasladó al Club Militar en donde un grupo cada vez más numeroso de
uniformados se manifestó dispuesto a proseguir con su acción. Debe destacarse que la
inquietud surgida ente la oficialidad joven del ejército no alcanzaba a los altos mandos.
Cuando el General Altamirano, Inspector General del Ejército se presentó en el Club, fue
ovacionado, pero esta supuesta unidad en torno a su máximo dirigente era solo una ilusión,
como podremos apreciar enseguida.
4. En primera instancia, en la noche del día 4 de septiembre, el Presidente recibió a un
representante del comité militar, el capitán Heraclio Valenzuela, acompañado por dos
tenientes, Contreras y Pimstein. Las versiones discrepan sobre el tenor de lo tratado.
Valenzuela indicó más tarde que Alessandri le habría pedido la formación del comité
militar, que se presentaran los proyectos al parlamento y que de no ser aprobados de
inmediato, se clausurara el Congreso con el apoyo del Ejército y se convocara a una
asamblea Constituyente, para hacer “un Chile nuevo”. La versión del
Presidente, ratificada más tarde por los testigos indica que solo se trataron materias
generales que el Presidente deseaba conocer de boca directa de los militares28.
5. Tras las conversaciones con el capitán Valenzuela, que hemos referido se convocaría a
una reunión de la oficialidad con el Presidente en el Salón de Honor de La Moneda 29 o
Salón Rojo. A la reunión con el Presidente, celebrada el 5 de septiembre, asistieron, entre
otros, el coronal Ahumada, el comandante Blanche, Mujica, Puga, Canales, Salinas, Díaz, el
mayor Vergara el capitán Fenner, Sócrates Aguirre, el teniente Bravo, el teniente Lazo
(ayudante personal y factótum de Ibáñez). Alessandri deseaba comprobar personalmente el
ánimo de los dirigentes militares tras los hechos del ruido de sables. No ignoraba que junto
con protestar las mayores muestras de adhesión y lealtad a la persona del Presidente de la
República, manifestaban su profundo encono y desprecio por el Congreso Nacional y los
dirigentes políticos. Ahumada, como el más antiguo de los presentes tomó la palabra para
indicar que era necesario que el Presidente conociera el sentir del Ejército y para ello le
solicitaba escuchar al teniente Lazo. Este expuso en primer lugar que “los oficiales
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subalternos no dejarían presentarse solos a los jefes ante ninguna autoridad y aquello caracterizaba y
delineaba la psicología del movimiento; eran los oficiales subalternos quienes
mandaban; los jefes entraban para defenderse, para evitar que el movimiento los atropellara y
arrasara con ellos: Lazo se puso de pie y manifestó que el Ejército había sido completamente abandonado
por los poderes públicos, que no era oído ni atendido. Agregó que ellos no se conformaban con que el
Congreso perdiera lastimosamente el tiempo en largas y estériles discusiones, mientras existían tantos y tan
sentidos problemas de interés nacional sin solución. Se quejó mucho de la politiquería y de las intrigas,
culpando a esos procedimientos del mal gobierno, del desorden y esterilidad
parlamentarias.”30 Las peticiones que fueron formuladas a don Arturo fueron las
siguientes31:
b. El veto de la dieta parlamentaria.
c. La renuncia de los Ministros de Justicia, Hacienda y de Guerra que habían ofendido al
Ejército.
d. La aprobación inmediata de la ley de presupuestos para el año 1925, por no ser aceptable
que los funcionarios permanecieran impagos por dicho retardo.
e. La dictación sin dilación de las leyes sociales pendientes, y principalmente el Código del
Trabajo.
f. La dictación de la ley que amparaba y protegía a los empleados particulares.
g. La dictación de las leyes militares de aumento de sueldo para la tropa y suboficiales, la de
ascenso, reforma de la planta del Ejército y Caja de Retiro.
h. La dictación de la ley sobre el Impuesto Progresivo a la Renta.
i. Que se adoptaran las medidas necesarias para alejar a los militares de toda influencia
política y de toda gestión o acción de ese género y que en alguna forma el Presidente de la
República encontrara el medio de extirpar definitivamente lo que los militares llamaban, la
politiquería a la cual hacían responsable de todos los males nacionales.
6. Alessandri hizo todo lo posible por lograr un acuerdo. Les indicó a los militares que le
entregasen sus peticiones y que las haría suyas, comprometiéndose a lograr su despacho
por parte de las cámaras. Esta postura representaba un gran esfuerzo para Alessandri.
Como indica en su recuerdos de gobierno, en cualquier otro momento las peticiones que
había formulado el comité militar se habrían interpretado como una verdadera revolución,
pero en dichas circunstancias el Presidente no tenía más que la razón de su lado. La fuerza
militar no obedecía ya a las órdenes de nadie. Por ello les recordó que durante todo su
gobierno había procurado mantener las mejores relaciones con el Ejército y que por ello no
concordaba con que su gobierno hubiera desatendido las necesidades del Ejército. Se
comprometió a apoyar el veto a la dieta parlamentaria debido a su inoportunidad, los
demás proyectos contarían igualmente con su aprobación, pues él había sido el que los
enviara al Congreso. Solicitó que el Ministro del Interior, don Pedro Aguirre Cerda, fuera
informado de las peticiones, a lo que los uniformados accedieron. Pero cuando Lazo
reiteró su discurso, se permitió agregar que ellos no venían a pedirle respuesta a él
(Aguirre), sino que habían ocurrido a formular peticiones de bien público a su
Generalísimo (Alessandri) y que sólo con él se entenderían. Y en ese momento Lazo,
rectificándose, dijo: “Mejor dicho, hemos venido a exigir”.32 Tal desborde y falta de
respeto a la dignidad del primer mandatario provocarían el estallido del Presidente: “Muy
solemne y grave era el momento; pero, ante semejante expresión, no me pude
dominar ni contener más. Estallé sin detenerme a considerar las consecuencias ni los resultados
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Apunte 4
de mi actitud. Me puse de pie y, con mucha resolución y firmeza, acercándome de frente33 donde estaba
de pie el teniente Lazo, recuerdo que le dije: “Mi puesto y mi vida, dos cosas que poco me
importan en este momento, están en manos de ustedes porque tienen la fuerza. Dueños son, si lo quieren, de
arrebatarme y pisotear el tricolor nacional que mis conciudadanos me entregaron como insignia del mando.
Pero, hay algo para mí que vale mucho más que la vida y el puesto; mi dignidad personal. Esa
la defiendo yo; es mía. Ustedes ni nadie me la pueden arrebatar; vale más que la
vida, y la última palabra empleada me impide continuar en esta conferencia. ¡Hemos terminado!”.34
Los militares comprendieron que Lazo había ido muy lejos. Dieron abundantes
explicaciones al Presidente y le reiteraron su incondicional adhesión.
7. Vueltas las cosas a su sitio Alessandri les pidió a los militares franqueza, para que le
dijeran si una vez concretadas todas las peticiones, las inquietudes terminarían y volverían a
sus funciones naturales. Y los asistentes le respondieron unánimemente que sí. Se acordó
que toda comunicación acerca de las gestiones que debían realizarse en adelante se les
comunicarían por medio del general Altamirano. El gabinete, puesto contra la espada y la
pared, acordó su renuncia inmediata. Junto con dedicarse a la formación de un nuevo
gabinete, que integrarían el general Luis Altamirano en Interior, el Almirante Neff en
Hacienda y el general Juan Pablo Bennett en Guerra.
8. El fin de semana, entre el sábado 6 y el domingo 7 de septiembre la actividad fue
incesante.
El gobierno preparó los proyectos de ley y los militares constituyeron una Junta Militar y
un Comité que se relacionaría con el Gobierno. Alma de toda esta decisión era le coronel
Carlos Ibáñez. Hubo un último encuentro entre Alessandri y un representante de la Junta
Militar, el coronel Carlos Fernández Pradel. De dicho encuentro las versiones son
disímiles. Según Fernández, Alessandri deseaba que los militares ampliaran su petitorio
para incluir el retorno al sistema presidencial, pero en cambio don Arturo detalla que
Fernández le pidió la clausura del Congreso en nombre del ejército. Don Arturo se negó,
pero agregó que habría bastado con pasar una ley interpretativa que evitara que las cámaras
censuraran los ministerios35. Las conversaciones no llegaron a término pues Fernández no
volvió a entrevistarse con el Presidente36.
9. La lista de los proyectos para despachar fue redactada por el mismo Presidente en
compañía de don Eliodoro Yánez, presidente del Senado37. Se tratarían el día 8 de
septiembre:
a. Cooperativas
b. Contrato de Trabajo
c. Sindicatos profesionales
d. Tribunales de conciliación y arbitraje
e. Indemnización por accidentes del trabajo, sobre la base del riesgo profesional
f. Caja de Seguro Obrero Obligatorio, para asegurar los riesgos de enfermedades,
accidentes, imposibilidad para el trabajo, cuota mortuoria.
g. Caja de Empleados Particulares y ley de protección y amparo a este gremio
h. Derecho de huelga, cumpliendo especiales formalismos
i. Se añadían además, presupuesto para 1924, recursos por 110 millones de pesos para
cubrir el déficit, ley que reformaba la Caja de retiro del Ejército y de la armada, ley que
amparaba la planta del Ejército, aumento de sueldos y gratificación para suboficiales y
soldados del Ejército y la Armada y oficiales, suboficiales y tropa del Cuerpo de
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Apunte 4
Carabineros, ley de sueldos y organización de las policías, ley de ascensos del Ejército y ley
de retiro del Ejército y de la Armada.
10. Alessandri debió emplear toda su influencia para lograr la aprobación de las leyes en el
Congreso. La Unión Nacional se negó a asistir a las sesiones programadas para el día lunes
8 de septiembre. Con ello quedaba solo a la Alianza Liberal la tarea de sacar adelante la
legislación prometida. Así ocurrió, con escasas excepciones. En maratónicas sesiones, en el
Senado y la Cámara se votarían sin discusión38 en “paquete” todos los proyectos que
habían estado durmiendo en los salones del Congreso durante cuatro años 39. Para
completar la humillación del Congreso, todo el mundo rumoreaba que los militares
exigirían la disolución del parlamento y que el Presidente accedería gustoso. No se llegó a
ello, aunque al final igualmente las cámaras serían clausuradas, como veremos más
adelante40.
11. Las leyes aprobadas fueron las siguientes41:
a. Ley N° 4053: Contrato de trabajo primera vez en Chile. Antes se aplicaba el Código Civil
por el arrendamientos de servicios
b. Ley N° 4054: Seguro obrero, sistema de previsión social basado en el reparto, los
obreros aportaban dinero a un pozo común y con ello se financiaba un sistema de
previsión para los jubilados y un mecanismo de atención y prestaciones de salud.
c. Ley N° 4055: Accidentes de trabajo
d. Ley N° 4056: Tribunal conciliación y arbitraje, reglamenta conflictos dentro y fuera de la
empresa.
e. Ley N° 4057: Organización sindical. Por primera vez se permite la sindicación. Antes de
la ley, debía recurrirse a mutualidades o mancomunidades obreras.
f. Ley N° 4058: Cooperativas, los socios o cooperados se agrupan con el fin de perseguir el
interés económico de sus integrantes sin que la propia cooperativa persiga fines de lucro.
g. Ley N° 4059: Caja de prevención de empleados particulares, basada en el sistema de
reparto al igual que el Seguro Obrero, pero con mejores prestaciones.
h. Ley N° 4060: Ley de reajuste de sueldos o rentas para las Fuerzas Armadas. Gran parte
de las leyes indicadas serán posteriormente reunidas en el gobierno de Ibáñez, para dar
forma al primer Código del Trabajo.
12. El mismo día 8 mientras en el Congreso se intentaba dar curso acelerado a la
aprobación de las leyes ya indicadas el Comité Militar, dominado por entero por el coronel
Ibáñez, quien había permanecido en la sombra hasta ahora, incorporó a la Armada y pasó a
denominarse “Junta Militar y Naval”. Adoptó dos votos políticos: El primero
declaró que su propósito era la Clausura del Congreso y la destitución del Presidente,
pese a todas las solemnes promesas y garantías que ofrecieran tan solo 3 días antes a
Alessandri. Asimismo, en el segundo se adoptó la decisión de no disolver la Junta con la
aprobación de las leyes sociales sino permanecer en funciones mientras “no
realice ampliamente su misión”. Tal acuerdo volvía a traicionar la palabra empeñada
con el primer mandatario, pero al parecer los militares no se sentían obligados por la
fidelidad al Presidente.
13. En la noche del día 8 y enterado de los acuerdos anunciados, el Presidente se dio
cuenta de que no había posibilidad de continuar en el gobierno sometido a semejante
presión ilegal.
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Por ello tomó la resolución de renunciar. Redactó su renuncia con carácter de indeclinable
y la remitió al Senado. Acto seguido se retiró junto a su familia del palacio de gobierno y
buscó asilo en la embajada de Estados Unidos. A partir del día 9, al frente del país y con el
título de Vicepresidente de la República, quedaba el general Luis Altamirano
Talavera, por ser el Ministro del Interior en funciones.
14. El texto de la renuncia del mandatario es el siguiente: “Acaban de ser aprobados en
el Consejo de Estado y promulgados como leyes de la República, los proyectos de ley que formaban parte
capital del programa democrático que me elevó a la suprema magistratura del país y que fueron incluidos
hace días en el memorial que me fue presentado por los jefes y oficiales del Ejército.
Cumplida así la solemne promesa que formulé a los representantes del Ejército en orden a que impulsaría
con leal sinceridad el despacho de aquellos proyectos, cuya benéfica influencia en el progreso y bienestar de
Chile se hará sentir andes de mucho tiempo, considero terminada mi vida pública y renuncio el cargo de Jefe
Supremo de la Nación, rogando a US. Y dignos colegas del gabinete dar a esta renuncia indeclinable que
formulo, la tramitación señalada en la Constitución Política del Estado.
En el anhelo de evitar que mi permanencia en el país pudiese crear dificultades de cualquier orden a la obra
gubernativa, ruego también a US. Requerir la autorización correspondiente a efecto de abandonar el
territorio de la República.
En el instante del retiro de mis funciones, sin rencores ni resentimientos para ninguno de mis
conciudadanos, deseando desde el fondo de mi alma que la ventura de la patria compense los esfuerzos de
quienes hoy asumen la responsabilidad del Poder Público, dejo testimonio de mi gratitud para US. Y los
demás miembros del Ministerio que me han acompañado hasta ese momento. Arturo Alessandri”.42
15. Con palabras cargadas de injustificada ironía Vial narra los pormenores de la salida del
gobierno de Alessandri. Fue durante la madrugada del día 9 de septiembre43. El día 10,
don Arturo, con la autorización de las Fuerzas Armadas partiría al exilio rumbo a
Argentina. Sería el inicio de la Revolución de Septiembre. Pero el epitafio para la República
Parlamentaria vendría al día siguiente.
16. Enterada la Junta Militar de la actitud del Presidente y deseando evitar que los
acontecimientos se precipitaran solicitó al Presidente que retirara su renuncia:
“Acuerdo adoptado por la Junta Militar el 8 de septiembre de 1924 y entregado por el teniente coronel don
Bartolomé Blanche. Ministerio del Interior Chile
1.° La Junta Militar comunica al Ministerio que vería con agrado, interpretando el sentir general de la
oficialidad que S.E. el Presidente de la República no insistiera en su renuncia, sin perjuicio de que pueda
ausentarse del país, si así lo desea solicitando el permiso correspondiente del Congreso Nacional.
2.° La Junta garantiza la seguridad de la persona de S.E. el Presidente de la República y de todos los
miembros de su familia.
3.° El Presidente de la República saldrá del país con todos los honores de su rango.
4.° Estos acuerdos fueron tomados en reunión general de la Junta por unanimidad de los cuarenta y tres
miembros que la componen. Santiago, 8 de septiembre de 1924. Por la Junta Militar Fdo.: Bartolomé
Blanche, Teniente Coronel”.44
17. No obstante lo anterior, la decisión de Alessandri era clara. Al conocer del texto de la
renuncia, en la mañana del día 9 de septiembre, el Senado acordó su rechazo. Este
acuerdo fue trasmitido al Presidente que se encontraba en la Embajada de Estados Unidos
por don Heliodoro Yánez, Presidente de esa corporación
18. En las calles el alessandrismo crecía en presencia y exigía el retorno del Presidente al
poder, numerosas visitas ilustres así se lo solicitaban igualmente. Sin embargo, Alessandri
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insistió vivamente en su alejamiento45 y en el Senado, nuevamente reunido, para conocer su
decisión acordó volver a rechazarla, para reemplazarla por un permiso constitucional por
célebre, Jenaro Prieto, le agrega: “Ud. Está contento porque, como es cojo, no ha hecho el servicio,
y por eso no conoce a los militares. Yo lo he hecho y le aseguro que dentro de poco estaremos arrepentidos
de lo que hoy celebramos”.
A las 2.53 A.M. Alessandri, hijos, amigos, dejaron el palacio por Morandé y abordaron el automóvil de
alquiler N° 3.015. Sereno, tranquilo, vieron unos al Presidente; pálido y deprimido, otros. “Todo es
según el color...” “Sale en la sombra, por la pequeña puerta del odio. Solo, en silencio, camino del
destierro” (Iris).
Minutos más tarde se cierran tras él las rejas de la embajada yanqui (Parque Forestal, hoy Edificio del
Comercio).
Algún eufórico ha hecho sonar la gran alarma de los bomberos santiaguinos, como la noche en que se asiló
Balmaceda”. seis meses a fin de que se ausentara del país46. En la tarde del día 9 la Cámara
tomó conocimiento del acuerdo del Senado y procedió a aprobarlo sin discusión47. Un
diputado intentó hacer uso de la palabra con el objeto de recordar las normas
constitucionales en vigencia. Según el acta del día otro le contestó: “No, señor; no, no.
Va a ser la una de la mañana, y para oír latas ya está bueno”.48 Patéticamente estas
prosaicas expresiones serían las últimas palabras que se pronunciara en la legislatura bajo el
imperio de la República Parlamentaria y de la Constitución de 1833.
19. El día 10 de septiembre el presidente Alessandri en compañía de su familia y amigos, y
bajo la escolta del embajador de Argentina, emprendió viaje a Mendoza. En la tarde del
mismo día el Vicepresidente Altamirano informó al gabinete que integraría al gobierno a
los altos mandos del ejército y de la Armada, constituyendo una Junta de Gobierno. Los
ministros de Estado renunciaron.
20. El día 11 de septiembre asume el poder la Primera Junta de Gobierno.
LAS JUNTAS DE GOBIERNO 1924-1925
PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO, del 11 de Septiembre de 1924 al 23 de enero de 1925, fue
integrada por el general Luis Altamirano Talavera como Presidente de la misma, el
Almirante don Francisco E. Neff y el general don Juan Pablo Bennett Argandoña. Esta
Junta adoptará dos medidas de importancia política:
a. Clausurará el Congreso Nacional. Con fecha 11 de septiembre se dictó el
correspondiente decreto de disolución que en su parte medular indicaba:
1.° Declárase disuelto el Congreso Nacional;
2.° El Ministerio del Interior procederá al estudio de las medidas que procedan para convocar a los pueblos
a nuevas elecciones.Fdo.: Luis Altamirano, Francisco Nef J. Bennett.
Era el fin de un parlamento que había sesionado ininterrumpidamente desde 1831. Casi
100 años de Estado de Derecho terminaban por decreto de la Junta.
b. Con fecha 12 de septiembre de 1924, la junta también decidió aceptar la renuncia de
don Arturo a la Presidencia de la República. No se reparaba en que este acto era nulo
absolutamente debido a que ya el Congreso, durante su vida constitucional había rechazado
la renuncia y concedido el aludido permiso a Alessandri.
La Junta de Gobierno declaró que respetaría la Constitución y las leyes “en
cuanto sean compatibles con el nuevo orden de cosas.”
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Asimismo el día 11 de septiembre de 1924, dio a conocer un “Manifiesto” al
país, en el cual justificaba su actuación y declaraba su carácter provisorio unido al deseo
de restituir a la brevedad el funcionamiento de las instituciones republicanas. Paralelamente
la Junta Militar publicó un MANIFIESTO propio. En él, a diferencia del otro documento se
hacía énfasis en que debían hacerse cambios profundos y procederse a la elección de una
Asamblea Constituyente que dictase una nueva Constitución49.
En efecto, la labor de la Junta de Gobierno no contaba con el apoyo de la Junta Militar
dominada por Ibáñez. Los generales y almirantes se apoyaron en los políticos de la Unión
Nacional (a la cual, por extracción social y convicciones políticas, pertenecían) para
designar a los Ministros. Mientras que la Junta Militar derivaba cada vez más hacia posturas
cercanas a la Alianza y a las clases medias. Se reeditaba así, con militares, la batalla entre los
dos bandos de la política nacional.
La confrontación llegaría a su punto más álgido cuando el 5 de noviembre de 1924 se
promulgó una nueva ley de elecciones, se fijaron las elecciones de Presidente y de
parlamentarios para mayo de 1925 y se declaró que solo la Junta de Gobierno representaba
la dirección de los negocios del Estado.
El día 13 de diciembre la Junta Militar, inmovilizada por su alto numero de integrantes que
dificultaban su accionar y su incapacidad de ir contra sus oficiales superiores (el generalato
y el almirantazgo) se disolvió. Ello, sin embargo, dejó la vía libre a aquellos de sus
miembros, como Ibáñez y Marmaduke Grove, que deseaban un giro en la política del
gobierno.
En estas circunstancias la Unión Nacional proclamó por abrumadora mayoría (658 de un
total de 859 votos) la candidatura presidencial de don Ladislao Errázuriz el mayor enemigo
político de Alessandri. Era el 8 de enero de 1925.
A la cabeza de un movimiento de rebelión contra la Junta Ibáñez y sus seguidores
planearon derrocarla en un Golpe de Estado incruento. Hasta el último momento Ibáñez
vaciló, incluso pidió a Bennett ser designado adicto militar en París, lo que fue acogido por
la Junta con fecha 13 de enero. Días más tarde se retiraría momentáneamente a Linares.
Pero la acción se verificó el 23 de enero y ese día Ibáñez, dejando de lado sus vacilaciones,
se puso al mando del movimiento. Altamirano, Neff y el Almirante Gómez Carreño,
Ministro de Guerra fueron mantenidos como rehenes. Los dos primeros fueron
conminados a traspasar el poder a los generales de más alta graduación, Dartnell y Ortiz50.
SEGUNDA JUNTA DE GOBIERNO, del 23 al 27 de enero de 1925, estuvo integrada por el
General Pedro Pablo Dartnell Encina como Presidente y el General Juan Emilio Ortiz
Vega.
La Armada no integró la Junta. La junta decidió llamar a Alessandri a retomar el poder y
concluir su mandato constitucional. La decisión de la Junta fue avalada por Ibáñez y Grove
quienes enviaron sendos telegramas al Presidente para pedir su retorno. Las razones que
impulsaban a Ibáñez y Grove eran, según Vial, de orden:
1. Constitucional y legal: al llamar a Alessandri borraban la ilegal medida de la Junta de
haber aceptado la renuncia del Presidente y además hacían olvidar que ellos se habían
lazado contra sus superiores.
2. Popular: La popularidad del alessandrismo, una fuerza considerable que no podían
desconocer.
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Apunte 4
Además la Armada, más antialessandrista que nunca, no respaldaba las acciones de Ibáñez,
al haber éste detenido a los almirantes Neff y Gómez. Por todo ello 4 días más tarde se
acordó la formación de una nueva junta que reintegrara a la Armada en el gobierno. Se
levantó la oposición al retorno de Alessandri y presidió la Junta uno de sus más cercanos
hombres de confianza, don Emilio Bello.
TERCERA JUNTA DE GOBIERNO, del 27 de enero al 20 de marzo de 1925, fue integrada
por don Emilio Bello Codesido como Presidente, el General Pedro Pablo Dartnell y el
Almirante Carlos A. Ward. La labor de esta Junta que estuvo en el poder por breves
semanas fue preparar el retorno del Presidente Alessandri. Se exilió a numerosos contrarios
a Alessandri, especialmente a Ladislao Errázuriz51.
La lápida había sido puesta sobre la REPÚBLICA VENECIANA. Pero en el féretro yacía junto
con ella, el esqueleto de la Constitución de don Diego Portales. Del majestuoso, clásico y
admirable edificio institucional de los tiempos del gran Ministro, Egaña y Bello ya no
quedaba nada. Se habría así el siglo XX para la nación chilena. Sería un siglo se
contradicciones y problemas agudos y con ellos otra Constitución que acompañaría a
nuestros compatriotas en por medio siglo. La carta que el mismo Presidente Alessandri
dictaría tras su triunfal retorno al país en 1925.
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