LA TIENDA DE FRASQUITA Y MANOLITO

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LA TIENDA DE
FRASQUITA
Y
MANOLITO
Cosas que sucedían, o podía suceder, en una tienda de aceite y vinagre
José Juan Sosa Rodríguez
Marzo de 2008
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INTRODUCCIÓN
Transportémonos, navegando en nuestra imaginación, a cualquier día de cualquier
mes de cualquier año de la primera mitad del Siglo XX a un pueblo cualquiera de las
medianías del Norte de Gran Canaria, de Tenerife, o de cualquier otra isla de nuestro
Archipiélago. Imaginémonos un pueblo donde los últimos cultivos de platanera dejan
paso al millo y a las papas. Eso es, un pueblo donde la niebla, transportada por el Alisio
desde más allá de los mares, envuelve con su fino embozo de pálida humedad a los
últimos reductos de la Laurisilva.
En ese pueblo de medianías imaginado por usted, con menos de un centenar de casas
diseminadas en entre las laderas del abrupto paisaje, se encuentra la tienda de Frasquita
y Manolito,
La tienda de Frasquita y Manolito era una de las muchas tiendas de aceite y vinagre
que existían en todos los pueblos de nuestras islas. Unos establecimientos que, a pesar
de sus reducidas dimensiones, no tenían nada que envidiar a las modernas grandes
superficies, pues en ellas se podía comprar desde unas alpargatas de esparto hasta un
kilo de millo para las gallinas, pasando por baldes o regaderas de hojalata, un litro de
“petróleo”, también llamado “belmontina”, para el quinqué, una cuarta de aceite o
medio kilo de azúcar. Además, solían estar divididas por una mampara en las que a un
lado la tienda hacía la función de un pequeño bar y en el otro como tienda de
ultramarinos. Tal separación obedecía al hecho de que estaba mal visto que las mujeres
entraran en los bares o lugares donde los hombres pasaban sus ratos de ocio.
Esta obra que, sin más pretensión que intentar aportar un granito de arena en la difícil
tarea de que nuestra cultura perdure lo más posible en el tiempo, está dividida en dos
partes.
En la primera parte, bajo el epígrafe “Conversaciones en una Tienda de Aceite y
Vinagre”, muestro algunos temas de conversación que no eran difíciles de escuchar en
aquellos establecimientos. Las conversaciones entre los protagonistas están narradas en
décimas; eso sí, consideradas por mí como “décimas imperfectas”. Escribo lo de
imperfecta ya que no se ajustan perfectamente a la construcción del inventor, Vicente
Espinel, sobre todo en cuanto a las pausas ser refiere, ya que sólo puede haberlas
después de los versos pares, preferentemente después del cuarto. También algunas de
ellas son imperfectas en cuanto a la medida (versos octosílabos) y a la rima, que debe
ser consonante. Quizás esta imperfección sea debida a que pongo más vehemencia en el
fondo que en la forma. Ah, que nadie piense que reconociendo la imperfección de los
poemas me estoy curando en salud sobre las posibles y saludables críticas que pueda
tener esta obra. A cada una de estas conversaciones la acompaño de un cometario, por
supuesto subjetivo, sobre el tema de las mismas.
La segunda parte, con el título “¡Qué empiece el baile!”, está escrita en prosa. Como
indica el título, en esta parte, me propongo recrear un baile de cuerda. Para ello he
acudido tanto a fuentes orales, preguntándole a personas que tuvieron la suerte de
vivirlos, como escritas. Quiero dejar claro que, como tal recreación y salvando alguna
excepción, tanto los protagonistas como los sucesos son producto de la imaginación de
quien escribe; otro tanto sucede con la primera parte. También, en esta segunda parte,
aprovecho para describir brevemente, “cuando lo exige el guión”, algunos oficios ya
desaparecidos o en vías de desaparecer.
Antes de la bibliografía consultada, termino este libro con un epílogo donde creo que
debo “mojarme” y dar una opinión, nunca explicación, tanto del por que como de las
implicaciones que en la función adaptativa de la cultura tenían las tiendas de aceite y
2
vinagre y los bailes de cuerda. Digo opinión y no explicación, porque para explicar la
conducta humana, tanto individual como colectivamente, es necesario un trabajo serio
de investigación científica que queda muy lejos de los objetivos de este humilde libro.
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PRIMERA PARTE
“CONVERSACIONES EN UNA TIENDA DE ACEITE Y VINAGRE”
Junto con la satisfacer las necesidades materiales o alimentarias de los vecinos, las
tiendas de aceite y vinagre tenían otra función, si cabe, de igual importancia que la
primera: la de propiciar la comunicación entre sus clientes y vecinos.
En las tiendas de aceite y vinagre se solían reunir todos los vecinos, fueran o no a
comprar. Así, mientras el tendero o la tendera atendía a uno de ellos los demás se
enfrascaban en las más variopintas y saludables conversaciones. Creo que en estos
lugares se realizaba una verdadera terapia de grupo, responsable de que hubiera muy
pocas personas que sufrieran depresión o melancolía, como se le acostumbraba llamar a
este trastorno.
Con la desaparición de muchos de aquellos comercios desaparece una forma de vida
que, como antes dije, propiciaba una de las actividades más saludables que pueden
practicar las personas: la comunicación.
Sirvan los siguientes pasajes costumbrista de homenaje a las tiendas de aceite y
vinagre, y, sobre todo, a Frasquita y a Manolito que, junto con Periquito en la segunda
parte, son los únicos personajes reales que aparecen en este libro, por la labor tan
importante que desempeñaron en pro de sus vecinos.
CONVERSACIONES:
1.- EL HIJO DE ADELITA
2.- EL PARTO DE ROSARITO
3.- EL ENTIERRO DE FACUNDITO
4.- EL ALMA EN PENAS
5.- EL REGRESO DE DON VICENTE
6.- EL BAÑO DE MIGUELITO
7.- EL INTERMEDIARIO
8.- “COSAS DE BRUJERIA”
9.- “CHO” LUCAS EL ZAPATERO
10.- ¡APÚNTESELO A MI MADRE!
11.- DÉCIMAS A MI TIERRA
EL HIJO DE ADELITA
El hijo de Adelita, Angelito, era un niño que vivía en un pueblo del interior de nuestra
de una de nuestras islas.
Comenzada la década de los sesenta, nuestro protagonista acudía a la “Escuela
Unitaria de Niños”; aquella escuela de pupitres astillados y tinteros de loza. Tinteros
que, “dicho sea de paso”, no sé si por el color o por la osadía de algún chiquillo, en
ocasiones también servían para otros menesteres, al depositar las párvulas criaturas en
ellos otros líquidos que no eran tinta.
Pues bien, como los padres de Angelito eran personas pudientes y querían que el
chiquillo fuera “alguien el día de mañana” decidieron mandarlo a estudiar a “la capital”.
Así que internaron a Angelito en un colegio para “niños de gente rica”.
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En aquel colegio Angelito no sólo estudió Matemáticas, Formación del Espíritu
Nacional o Francés (que era el idioma de moda), también (como cualquier hijo de gente
rica) refinó sus modales y la forma de hablar, tanto es así que parecía otro.
Así que, cuando, en las vacaciones de verano, nuestro protagonista volvió al pueblo
nadie comprendía lo que le pasaba al pobre chiquillo. Unos pensaban que el niño se
había vuelto afeminado, otros creían que “perdió la chaveta de tanto estudiar”. Pero
nadie pensó que lo que realmente le pasaba a la infeliz criatura es que estaba perdiendo
sus señas de identidad.
Vengo yo asustadita,
dijo Juana “la partera”
a Amada “la panadera”,
porque el hijo de Adelita
más que Ángel es Angelita.
De la capital venía
y juro que parecía
al verlo tan repeinado
que el niño era afeminado.
¿O tal vez son cosas mías?.
¡ No me digan las señoras!,
platicó Panchito “el arriero”,
que causó mi desespero
hace cosa de unas horas
ver como ese chico ahora
lo que ha perdido es el tino.
Al burro llama pollino,
azada a la “raspadera”,
tamiz a la “cernidera”.
¡El niño se ha vuelto fino!.
¡Ya coño!, dijo un chiquillo,
a mí me dijo Angelito
en casa de Manolito,
que ahora es maíz el millo
y el cigarro es un pitillo,
tiradera es tirachinas.
Manera de hablar más fina
es decir a las canicas,
más el que abusa abusica
y que el lápiz tiene mina.
Tengo yo el presentimiento,
dijo Periquito “el hierbero”,
que al muchacho lo primero
es curar su entendimiento,
perdido en este momento.
Lo que le pasó al muchacho
es que cogió un empacho
de tanto libro estudiar,
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y que es tan malo como estar
todos los días borracho.
Pero, a pesar de todo, los dirigentes de aquella época no pudieron borrar nuestras señas
de identidad, ni la de ningún pueblo de España. La represión no borra la cultura de los
pueblos, simplemente la aletarga para renacer con más fuerza cuando los gobiernos
represivos desaparecen.
EL PARTO DE ROSARITO
No sé si ustedes recuerdan que antes, en los pueblos donde todos se conocían, era
costumbre popular cuando una vecina primeriza paría “sacar cuentas” para ver si el
parto ocurría nueve meses después de la boda o “se adelantaba”. Si esto último ocurría
nadie pensaba que el niño podía ser ”prematuro”; más bien los comentarios se centraban
en criticar a la parturienta por tener la poca vergüenza de ir al altar de blanco, o cosas
por el estilo.
Las siguientes décimas nos relatan como la madre Rosarito sorprende en la Tienda de
Frasquita y Manolito a un grupo de vecinos “sacando cuentas” de los meses que lleva su
hija casada para saber si el fruto de la relación vino de forma “prematura” o no.
Antonio “el del burro”
Al ir a por la molienda,
me dijo a mi el molinero
que estando aún en febrero,
( siendo esto una jodienda
al no conocerse enmienda),
ya fue madre Rosarito.
La cosa no es para gritos,
tampoco para reírse,
¡mira que tiene narices
el parto del angelito!.
Frasquita “la de la tienda”
Asombrada me he quedado,
me pellizco y no me siento,
juro que en ningún momento
por mi cabeza ha pasado
pensar que estaba en pecado
al celebrarse la boda.
Parece que está de moda
no ir pura al matrimonio
y eso es cosa del demonio.
¡Mal rayo la parta toda!
Pura “la costurera”
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Nos engañó la mosquita
yendo de blanco al altar
para querer aparentar
que aún era señorita
llevando una “barriguita”.
Si se casó por San Roque
fue producto del “descoque”
parir sin que sea mayo,
a no ser por un desmayo
o cualquier otro disloque.
En plena conversación entra en la tienda la madre de Rosarito, sorprendiendo a los
contertulios “sacándole las cuentas” a su hija
La madre de Rosarito
¡Qué gente más novelera,
de lenguajes malolientes!,
lo que hablan entre dientes
sucedió de otra manera.
Como quiera que cualquiera
puede entender lo que digo
no necesito testigo
para hablar sin desatino:
que el niño es sietemesino.
¡lo demás me importa un higo!.
Como ven de el que colaboró en hacer la barriga nada se decía. “El pecado” era sólo de
las mujeres que iban embarazadas al matrimonio. Algo injusto, ¿no creen?
EL ENTIERRO DE FACUNDITO
Cuando en los entierros los féretros se trasladaban a hombro desde las casas
donde se hacía el velatorio, o el duelo, hasta el cementerio era costumbre, en los
pueblos de nuestras islas, que a la vuelta los acompañantes fueran visitando los bares y
tiendas de aceite y vinagre que se encontraban en su recorrido.
La historia que vamos a relatar es la de dos compadres que fueron al entierro de un
vecino y terminaron, a las tantas, en la tienda de aceite y vinagre. Vemos como,
después de “calentarse el pico” con algunas copas de ron, los dos vecinos se dejan de
pantomimas y sienten más la deuda que el finado le dejó a uno de ellos que la propia
muerte del mismo.
Compadre 1
La vida es una mentira,
este mundo es una mierda,
cuando se acaba la cuerda
la pata “to” el mundo estira
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en Arucas o en Tafira.
¿Oyó lo que dijo el cura
que la vida poco dura?.
Y ahí tiene al pobre Facundo
ayer vivito en el mundo
y hoy de la sepultura.
Compadre 2
Compadre, ¡que razón tiene!.
Cuando le vendí la cabra,
me dio el hombre su palabra
que al final del mes que viene,
un dinerillo le viene
y la cabra pagaría.
¡Mire usted quién lo diría!...
Facundo ya está enterrado
y yo sin haber cobrado.
¡¡Para tristeza la mía!!
Compadre 1
Compadre, ¡usted no se sienta!,
que en cuestiones de mortaja
cuando se ingresa en la caja
se pagan todas las cuentas,
sean de miles o quinientas.
Para que quite esa inquietud
no veo mala la virtud
que, antes de dejar al fiado,
pida usted un certificado
de que no usará el ataúd.
Compadre 2
Usted me deja asombrado
¡vaya hombre inteligente!.
Mas, a su buen don de gente
le pregunto interesado:
¿quién firma el certificado?.
Compadre 1
Eso no tiene importancia,
la cosa es dejar constancia
que, antes de poder fallecer,
él tiene que satisfacer
las deudas de sus instancias.
Frasquita “la de la tienda”
¡Vaya par de “majaretas”!
Cuando se toman dos rones,
junto con los pantalones,
pierden hasta la chaveta
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y piensan con la bragueta.
¡Jesús, lo que tengo que oír!.
¿Cómo se les puede ocurrir
semejante bobería?:
las deudas tener al día
para poderse morir.
“EL ALMA EN PENAS”
Era frecuente en nuestros pueblos que de vez en cuanto apareciera algún “alma en
penas”. Venía a visitar a los vivos con la esperanza de saldar alguna cuenta. Unas
veces lo hacían para pedir perdón por lo mal que se habían portado en este mundo, pero
otras venían sedientos de venganza.
Independientemente del motivo que tuvieran para hacernos una visita, cada vez que
lo hacían el miedo se apoderaba de la vecindad, hasta el punto de que algunos veían
fantasmas donde no los había.
Las décimas que siguen son un ejemplo de como el miedo y las tradiciones dificultan
la percepción real de los sucesos, atribuyendo causas sobrenaturales a hechos que
tienen una explicación sin tener que levantar los pies de la tierra. Luego, el contagio de
ese miedo se encarga de que la distorsión de la realidad, bien sea en forma de fantasma
o apariciones divinas, se propague entre la vecindad.
Paco “el acequiero”
Ayer, a media mañana
al ir “pa” las plataneras
vi subida en las higueras
a su niña la mediana.
Y con la esperanza sana
de hacer una comprobación,
aprovechando la ocasión,
vi con la mirada turbia
que la niña no era rubia.
¡Maldita desilusión!
La madre de la que no era rubia
Hablando de avistamiento,
ayer me dijo Lolita
que a su hijita Margarita
detrás del ayuntamiento,
con bastante sufrimiento,
la vieron llorando anoche
porque se dejó en un coche
llevada por la inconsciencia
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la llave de su inocencia.
¿Qué le parece el derroche?
Frasquita “la de la tienda”
Dejen de andarse picando,
dejen de tirarse tejos,
pues el diablo no anda lejos.
Todavía estoy temblando
“pos” me dijo don Servando
que anoche ocurrió un misterio
al lado del cementerio.
Arrastrando la cadena
se encontraba un alma en penas.
¡lo que está pasando es serio ¡
Don Servando
Lo que está diciendo es cierto.
Anoche un arrepentido,
entre gritos y gemidos,
a mi me tuvo despierto.
Y era tanto el desconcierto
que aquello me producía
que ,sin saber lo que hacía,
salí a ver lo que era
y alrededor de una hoguera
vi como el alma corría.
Entra Periquito el pastor en la tienda y, con cara de dolor de muelas, interroga a los
presentes.
Periquito “el pastor”
Buenas noches a “to” el mundo.
Sin ánimo de molestar
aquí les vengo a preguntar
si alguien ha visto a Facundo,
el macho que don Segundo
a mi me tenía alquilado.
Y es que anoche el condenado
va y se me escapa del corral
y, para que mayor sea el mal,
la cadena se ha llevado.
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Periquito “el pastor”
Todita la noche estuve
por las laderas corriendo
a Facundo persiguiendo.
Y, aunque en nada me entretuve,
ni con fuego lo sostuve.
Frasquita “la de la tienda”
Por el alma oraremos
y a Facundo buscaremos.
Cenemos con moderación
que con buena digestión
verán como dormiremos.
EL REGRESO DE DON VICENTE
Don Vicente, el protagonista del siguiente relato, es el clásico “rico de cuna” venido a
menos que antaño vivía en todos los pueblos de nuestras islas.
Era, Don Vicente, un pobre hombre que vivía del pasado. Su vida era una mezcla de
realidad, recuerdos y fantasías; facetas que ni él mismo era capaz de separar.
Los vecinos lo respetaba; bueno, más que respetarlo le temían pues se le suponía un
hombre influyente, por lo que era aconsejable no enemistarse con él. Por este motivo en
su presencia lo trataban respetuosamente, incluso me atrevería a decir que le hacían la
pelota. Pero cuando nuestro protagonista no estaba presente era objeto de las críticas
más feroces y las burlas más despiadadas por parte de sus vecinos
Jeremías “el panadero”
...Y hablando de otra cosa,
me dijo cho Juan Marrero
que llegó del extranjero
el marido de Ana Rosa.
Él comenta que a su esposa
más hermosa la ha encontrado
y ella, “que en falta lo ha echado”,
se derrite de contenta
sin haber tenido en cuenta
que con otro lo ha engañado
Entra don Vicente en la tienda y sorprende a Jeremías “el panadero” hablando con
ironía de cómo su mujer en su ausencia se la da con queso, quiero decir con el quesero.
Pero Jeremías, con la habilidad del buen alcahuete, cambia rápidamente de discurso:
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Jeremías “el panadero”
¡Coñó!, fuerte casualidad.
En este mismito instante
decía yo aquí delante
que toda la vecindad
y se lo digo de verdad
se alegra de su regreso.
Aunque también le confieso
que sé de cierta persona,
y no se lo digo en broma,
que a usted se la da con queso.
Frasquita “la de la tienda”
Y..., cuéntenos don Vicente.
¿En cuántos sitios ha estado?.
Diga con quién se ha tratado,
ya que al ser hombre influyente
dotado de don de gente,
y aunque a usted no le haga falta,
con las alcurnias más altas
del mundo se ha codeado.
Y en lugares elevados
su presencia se resalta.
Don Vicente
Así es, ignaras criaturas.
Tengan ustedes presentes
que es a mi ser inherente
el mundo de la cultura.
Muchas son las oberturas
que en toda Europa he escuchado.
En el Partenón he estado
y en también Notre Dame,
mas permitan que yo aclame
la ciudad de Leningrado.
Don Vicente
Medio mundo he recorrido,
con la nobleza he tratado,
y juro que nunca he estado
más y mejor servido.
En palacios he dormido,
departido con “premieres”,
y en cuestiones de mujeres,
sintiéndome un caballero,
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de los presentes espero
no me pidan que enumere.
Después de echarse unos rones mientras comentaba con los clientes su último viaje a
Europa, D. Vicente sale de la tienda dejando el camino libre para que el resto de los
contertulios lo sigan despellejando a placer.
Chano “el del molino”
Aunque no he entendido nada,
de que este hombre si sabe
ninguna duda me cabe.
Pero espero que mañana,
o cuando le venga en gana,
él se mire en el espejo
y no arrugue el entrecejo
cuando vea en su cabeza
esas dos enormes piezas
que no le salen por viejo.
Frasquita “la de la tienda”
Todo su conocimiento
para nada le han servido
pues otro más atrevido,
aprovechando el momento,
visitó otro monumento
entre sábanas de seda.
Mas la duda siempre queda,
¿ fue atrevido el quesero?,
¿o la mujer quién primero
dejó entreabierta la veda?.
EL BAÑO DE MIGUELITO
La siguiente historia le sucedió a un vecino que quiso gozar del placer de bañarse en la
Playa de Las Canteras al lado de las extranjeras. Pero, cuando llegó el momento tan
deseado por él, en el último instante un molesto imprevisto le impidió hacer realidad
su sueño.
Lo que no queda claro en las siguientes rimas es el motivo por el que le entró el
“malejón” a Miguelito. Es decir, no sabemos si el corte de digestión fue producto del
viaje o de la emoción de de bañarse junto a una “sueca”
Ahora en serio, creo que la cultura de un pueblo debe tener la flexibilidad necesaria
para incorporar nuevos elementos a su acervo. Y esto debe ser así porque es el acervo
cultural de los pueblos lo que propicia que las personas envueltas en esa cultura se
adapten mejor al medio en que viven. Pero claro, como todos los que se producen en la
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naturaleza, estos cambios que permiten a las personas adaptarse a las situaciones
cambiantes de este mundo deben ser lo suficiente lentos para que las poblaciones
afectadas los asimilen, sin que ello suponga pasar por el trauma de la pérdida de
identidad. Cuando esas, a veces innecesarias, “innovaciones culturales” se producen en
masa y muy rápido puede suceder lo que creo que está sucediendo en nuestras Islas y
en el resto del mundo, donde las culturas más “débiles” están siendo devoradas por otras
más “fuertes”, llevándonos a la pérdida de identidad que pone en riesgo la pervivencia
de nuestras tradiciones.
¿Cómo puede el protagonista de las siguientes décimas bañarse casi en pelotas al
lado de una extranjera si apenas hace un año lo hacía, hasta con el sombrero puesto, en
los chacos de cualquier playa de nuestras costas sin que sufra otro tipo de “malejón”
más peligroso que el se narra en las décimas?
Es posible que las diarreas que sufrió Miguelito fueran diarreas mentales.
Miguelito (1)
No sé si decir ahora
que ayer me entró la “perreta”
de gastarme unas pesetas
en coger el coche “di” hora
y llevar a mi señora
a que viera Las Canteras,
para así, de esta manera
y con mucho disimulo
ver lo que maestro Angulo
le vio a las extranjeras.
Miguelito (2)
Aunque el viaje fue un tormento
porque arrojé hasta el potaje
hecho con berros de Azuaje,
lo peor del sufrimiento
y juro que yo no miento
lo padecí en las Canteras
ya que me entró “una flojera”
al ver con que poca ropa
casi con ”el culo en popa”
estaban las puñeteras.
Maestro Nicolás 1
¿No me diga Miguelito
que, después de hacer el viaje,
a usted le faltó coraje
para “pegarse” un bañito
sin que lo viera Rosarito
junto con las extranjeras?.
Y es que al lado de esas fieras
cualquier hombre no se pone.
Se necesitan “limones”
para aguantar las maneras.
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Miguelito 3
Mis “limones” ni los nombre
que muy poco zumo tienen
y tampoco a cuento vienen.
Y para que no se asombre
la cosa no está en ser hombre
sino en una cagalera.
Antes que pisar la arena
le pedí al firmamento
librarme del sufrimiento
detrás de una platanera.
Maestro Nicolás 2
Sin querer ser descarado.
¿Cómo resolvió el evento?.
Quizás en ese momento
tenía un retrete al lado.
Miguelito 4
En eso estaba confiado,
pero mientras lo buscaba
el dolor más aumentaba.
Y sin poderlo remediar,
momentos antes de llegar,
encima yo me cagaba.
Maestro Nicolás 3
Ya coño, fuerte desgracia
más bien fuerte cagalera,
pues no le pasa a cualquiera
ni rezando a santa Engracia
cosa con tan poca gracia.
Si no es cosa de chiquillos
andar usando cuchillos,
le digo yo a los presentes
que tampoco es de valientes
cagarse en los calzoncillos.
EL INTERMEDIARIO
Desde que empecé a tener “uso de razón”, si es que alguna vez lo he tenido, siempre
he escuchado dos temas de conversación que, por desgracia, nunca han pasado de
moda. Uno es lo caro que está la cesta de la compra y el otro es como el
intermediario “arrambla” con casi todos los beneficios que obtiene el agricultor de
sus cosechas.
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En cuanto al segundo tema de conversación, aunque parezca un tópico por lo
manido del mismo, fue y sigue siendo muy duro para nuestros campesinos vivir con
la frustración y a veces con la rabia contenida de sentirse irremediablemente
explotados por algunos que, sin escrúpulos, les arrebataban lo más sagrado que un
padre debe llevar al hogar: el alimento de de su familia.
Las décimas que siguen hacen alusión a una de estas conversaciones que escuché
una vez en la Tienda de Frasquita y Manolito. En ellas, un vecino se preocupa por el
estado de ánimo de otro ya que lo ve triste y pensativo.
Pepe “el del barranco”, preocupado por el bajo estado de ánimo de su vecino, le
pregunta a Panchito si el motivo de su “agonía” es debido al mucho trabajo que ha
tenido en estos días, porque al subir del Barranco y pasar al lado de las cadenas de
plataneras de Pachito lo vio sacando a hombros los racimos de plátano hasta la
carretera, para que el camión del “Sindicato Amarillo” se los llevara.
Pero Panchito le aclara que no es el trabajo el motivo de su padecimiento, sino la
preocupación que tiene ya que todavía no ha cobrado el “corte” y apenas le queda
dinero para comprar alimentos.
Voz
Amargo vive el momento
el humilde campesino
cuando por arte del sino
sufre el terrible momento
de ver perder su sustento
y el de su familia entera.
Él, revelarse quisiera,
y ,tras noches de vigilia,
el peso de su familia
lo amarra a la sementera
Pepe “el del barranco”
¿Qué le pasa maestro Pancho
que agoniado, yo lo veo?.
Si es del trabajo lo creo,
pues metido en zafarrancho
ayer lo vi con un rancho
sacando a la carretera
del cacho de plataneras
los racimos que cortaron.
Mas los muchachos contaron
que malo el corte no era.
Panchito
¡Amargos chochos! ,cristiano.
Como cartas de la Habana
que espera cada mañana
la señora del indiano,
espero, más bien en vano,
que venga el intermediario
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a pagar el fruto agrario.
Que si el hambre no se espera
más aún me desespera
que jueguen con mi salario.
Pepe “el del barranco”
El que el pan al pobre afana
debe abicar al momento,
ya que es causa del tormento
que sufre cada mañana
la madre que en la ventana,
sabiendo que sin maestro
y con futuro siniestro,
ve encadenado al arado
al hijo que al mundo a dado,
como una bestia al cabestro.
“COSAS DE BRUJERIA”
En la primera mitad del pasado Siglo XX, incluso me atrevería a decir que durante
toda aquella centuria y llegando incluso hasta nuestros días, las islas cabalgaban entre el
pensamiento mágico- religioso propio de sociedades más primitivas en la que todo, o
casi todo, lo que ocurría se debía a fuerzas sobrenaturales que se escapaban del humano
entendimiento y el pensamiento científico moderno, que se afana en buscar la relación
perfecta entre la casusa y el efecto.
Dentro del pensamiento mágico, es de sobra conocido por todos los que hemos tenido
la suerte de nacer y o vivir muchos años en estas tierras que la brujería es un fenómeno
muy arraigado en la sociedad canaria.
Unos opinan que el arraigo de la brujería entre nosotros es un legado de aquellos
canarios que emigraron a Sudamérica, principalmente a Cuba y que a su regreso trajeron
los rituales brujeriles que se practicaban en aquellas tierras, llevados hasta aquél
Continente por los esclavos negros. Otros opinan que tal arraigo tiene su origen en las
escasísimas reminiscencias culturales que, por suerte, todavía quedan en nuestras islas
de su etapa prehispánica.
Pero como vengo comentando, independientemente del origen de la brujería en
canarias, es un hecho de que la hechicería es in fenómeno incrustado en lo más
profundo de la médula cultural canaria. Como ejemplo, miren como Juanito “el berrero”
le explica en la Tienda a maestro Pedro el origen del “mal hecho” que padece un vecino.
Entra Juanito “el berrero” en el la tienda con la cara destemplada. Maestro Pedro que se
da cuenta del mal semblante del vecino empieza la conversación preguntándole:
Maestro Pedro
¿Y qué tripa se le ha roto
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que descompuesto lo veo?.
Lo que me diga lo creo
ya que en su cara le noto
que no está para una foto
ni para hacer florituras.
Mas, intente con cordura
explicar lo que le pasa.
Que la cosa no es de guasa
lo noto por su amargura.
Juanito “el berrero”
De ver a maestro Pablo
vengo yo en este instante,
mas a quien tuve delante
no era a Pablo sino al diablo.
¡Y yo se bien de lo que hablo!.
Con la mirada perdida,
sin darme la bienvenida
está el cristiano en el lecho
hecho su cuerpo un deshecho
como el que no tiene vida.
Aunque nada le dolía
tenía el dolor en su cara.
Esa enfermedad tan rara
es cosa de brujería.
A jurar me atrevería
que está su esposa por medio
queriendo buscar remedio
a, con él, su mala vida
algo le echó en la comida
para acabar el asedio
Maestro Pedro
Pues sí que es grave la cosa
que tiene el pobre vecino.
Mas para perder el tino
¿qué cosa le dio su esposa?.
De tal mujer caprichosa
yo me quedo sorprendido
del mal fondo que ha tenido
para ponerle el “milongo”
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en el café, yo supongo,
al pobre de su marido.
En nuestros días es posible que un profesional de la psiquiatría o de la psicología
diagnostique el “mal hecho” del vecino como una depresión o cualquier otro trastorno
mental, alejado de cualquier práctica de brujería o algo por el estilo.
CHO LUCAS “ EL ZAPATERO”
La picaresca siempre ha convivido entre nosotros, pero la socarronería del canario
ha hecho que esta picaresca tenga entre nosotros unos matices muy peculiares. Como
ejemplo de ello, recuerdo cuando era niño como alguna vecina se pasaba toda la tarde
cogiendo con un “balde” agua de la acequia “para regar las flores”, cuando en realidad
lo que estaba haciendo era “regar a cacharro” un cantero de papas que tenía plantado
detrás de la casa. Claro está que el acequiero no era tonto y cuando la pillaba, que dicho
sea de paso era en muy raras ocasiones, se armaba una enorme pelotera en la que el
pobre acequiero siempre se llevaba la peor parte.
Pero lo que voy a narrar aquí no es la historia de la vecina y el acequiero sino la de un
zapatero que tenía la suerte de que casi todos los días estrenaba zapatos nuevos. El
problema empezó cuando los vecinos se dieron cuenta que los zapatos de Cho Lucas no
eran tan nuevos.
Entra Cho Lucas en la Tienda de Manolito y Frasquita con un saco al hombro lleno de
zapatos que había reparado en su taller en un pueblo cercano. Dirigiéndose a Manolito
le pide un pizco de ron:
Cho Lucas ”el zapatero”
Écheme un ron Manolito
“Asin dios le salve el alma”
que es para tomar con calma
la bronca de Rosarito.
La paciencia de un bendito
tuve con esa señora
que estuvo más de una hora
diciendo que los zapatos
le costaron más barato
que la chapuza de ahora.
Decirme a mí chapucero
“No me llenó la cachimba”,
pero han de ser como “bimbas”
y más duros que el acero
lo cuelga al zapatero
19
para escuchar lo que dijo,
que los zapatos del hijo
se los puso mi retoño.
¡Para no romperle el moño
me acordé del crucifijo!.
Frasquita “ la de la tienda”
¡Déjese estar! zapatero
que a la salida de misa,
su mujer a toda prisa
al verme salir primero,
con bastante desespero
los zapatos se quitaba
y en el bolso los guardaba.
¡Si se lo digo lo engaño!,
pero quizás hace un año
que yo puestos los llevaba
Maestro Gregorito
¡”No se quede por debajo”!
que muy serio es el asunto,
y para no ser presunto
no vaya por el atajo
que en cuestiones de trabajo
la honradez es lo primero,
así que el camino entero
con la verdad se camina.
¿Es lo que Frasquita opina
un relato verdadero?
Cho Lucas “el zapatero”
“Vergüenza es robar gallinas”,
mas mi honradez la defiendo
diciendo que estoy sufriendo
de las formas más mezquinas
las iras que como espinas
desangran mi corazón
y sin pedirme razón
me insultan por las esquinas.
Frasquita, tengo la norma
para que lo tenga claro,
20
que el calzado que reparo
debe pasar por la horma
para que tome la forma.
Al no tener esa cosa
pensé de forma ingeniosa
como salir del apuro
y la verdad, ¡se lo juro!,
buena horma da mi esposa.
Andrés “el herrero” (Dirigiéndose a Frasquita)
“Más fresco que el culantrillo”
“cho” Lucas ya se ha quedado,
sin saber el desgraciado
que ya no soy un chiquillo.
A mi me da que un tornillo
se le perdió al zapatero,
por eso debe primero
ir a cualquier “matasanos”
para que, estando en sus manos,
le repare el chavetero.
Andrés “el herrero” (dirigiéndose a cho Lucas)
… Y sin que “cargue trasero”
dígame usted la verdad,
que puede ser de orfandad
el plus que cobre primero
el hijo del zapatero.
Como le noto algo raro
mis dudas yo le declaro
y, centrado en el asunto,
por mis zapatos pregunto
a ver si por fin me aclaro.
Cho Lucas “el zapatero” (contesta a Andrés “el herrero”)
A su pregunta respondo
con toda sinceridad
y sin que exista maldad
he de llegar hasta el fondo.
Sintiéndome tan orondo
de reparar su calzado,
con esmerado cuidado
al ser suyos los más bellos,
le juro que “estoy en ellos”
sin haberlos terminado.
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Como por mandato de una silenciosa orden sobrenatural, todos los presentes en la
tienda clavaron sus miradas en los zapatos que llevaba puestos Cho Lucas.
¡APÚNTESELO A MI MADRE!
Frecuentemente, cuando echamos cuenta de los años que han pasado desde que
aconteció un evento significativo en nuestras vidas y comprobamos que son muchos
exclamamos sorprendidos ¡“El tiempo pasa volando”!. Con esta frase damos a entender
que, al vivir en un mundo en el que los cambios se suceden de forma tan vertiginosa,
percibimos que los años, y con ellos nuestra existencia, van pasando tan rápido que casi
no nos damos cuenta.
Saco esta reflexión colación pues aunque parece que fue ayer cuando sucedió o pudo
suceder la historia siguiente, sucedió o pudo suceder hace cincuenta años, cuando los
jornales se cobraban semanalmente, casi siempre los sábados.
Se cobraba en metálico, las tarjetas de crédito eran desconocidas, las cuentas
corrientes sólo eran corrientes para las clases privilegiadas y hablar de números rojos
estaba prohibido debido a la situación política de nuestro País. Preguntar por el Euribor
podía ser motivo de ingreso en un manicomio o en la cárcel ya que o estabas loco o eras
un “rojo masón”, pues esa palabreja, que hoy sí que nos tienen locos a todos, todavía no
se había inventando.
Volviendo al tema, normalmente las vecinas aprovechaban el día de cobro de sus
maridos para “hacer la compra”. Era la misma compra, bueno la misma no, era parecida
a la que solemos hacer en nuestros días una vez al mes, ya que hoy “los nos ingresan”
son mensuales. Creo que debo exponer algunas diferencias entre las compras y el acto
de comprar de antaño y lo que pasa en la actualidad. En cuanto a la forma de hacerlo,
antes hablaban con el tendero para preguntarle los precios, se quejarse de que los
productos cada día estaban más caros, de que estaban en mal estado, etc.; hoy hablamos
con los expositores, le preguntamos qué tablilla corresponde al precio del producto que
hemos elegido, cuándo caduca el mismo, etc.. Antes le solicitaban al tendero la cantidad
exacta del producto que querían comprar, así no se tiraban artículos “echados a perder”
por no consumirlos en un tiempo prudencial; hoy el expositor no te sirve la cantidad que
tú quieres, sino la que él quiere y si te sobra lo tiras (¡viva el despilfarro!). Antes
mientras eran atendidos por el dependiente, hablaban con la vecina o el vecino que
esperaba la vez para comprar; hoy entablamos animadas tertulias con el carrito del
supermercado, eso sí, nos pide una fianza de un Euro por si la conversación no le gusta.
Antes el dependiente era un verdadero artista de la papiroflexia, envolvía con gran
habilidad casi todos los productos en los pliegos papel de envasar o en cartuchos del
mismo material; hoy las cajeras se empeñan en llenarnos el maletero del coche con
bolsas y garrafas de plástico (¡viva el reciclaje!). Antes compraban sólo una marca de
jabón (por ejemplo Jabón Lagarto) que servía tanto para lavar la ropa como para el aseo
personal; para lavar los calderos compraban “Tierra Sol”; hoy compramos muchísimos
productos de limpieza: para fregar el suelo, para desinfectar las piezas del baño, para
fregar los platos, para limpiar la grasa de la “vitro”, el horno o el microondas, jabón
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líquido para pieles sensibles, champú para cabellos grasos…. y al final todo por los
desagües (viva el cuidado del medio). Podía seguir exponiendo diferencias
significativas entre cómo y qué se compraba antes y ahora pero necesitaría para ello
escribir un libro entero, así que lo dejo aquí.
Cuando en el transcurso de la semana se necesitaba algún producto las madres
mandaban a los hijos a comprar al fiado, para ello las familias disponía de una pequeña
libreta donde el tendero “apuntaba” lo que le iban adeudando durante la semana y a
veces durante meses. Uno de los inconvenientes que tenía este sistema era que, cuando
las vecinas iban a saldar las cuentas, no coincidían las anotaciones de la libreta con las
del tendero. Otro inconveniente era que muchas veces el tamaño de la deuda hacía que
la libreta se hiciese pequeña.
Sin más, voy a pasar al relato que ilustra lo hasta aquí escrito.
Un vecino le comenta a Manolito que debido a la sequía y al precio del agua se quedó
sin un duro, con la esperanza de que éste le venda al fiado hasta que vengan tiempos
mejores.
Vecino
Pasando estamos febrero
y sin caer una gota
ya mi paciencia se agota
y al no quedarme dinero
me acribilla el desespero.
Que la desgracia no avisa
es cosa que no da risa
cuando, sin ver que ella viene,
por no tener ya no tienes
ni que “abrochar” la camisa.
Por las mañana temprano
me pongo a mirar al cielo
y me mata el desconsuelo
viendo que ha sido en vano
el trabajo de mis manos.
Ya que al perder la cosecha
el hambre a mi hogar acecha
siendo para mí un tormento
que la falta de alimento
tanga a mi casa deshecha
Por eso a usted yo le pido,
sabiéndome un hombre honrado,
que me dé comida al fiado.
Sintiendo mi orgullo herido
quizás habría preferido
antes de solicitar su ayuda
dejar huérfanos y viuda,
pero carece de hombría
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aquél que decide un día
hacer lo que hizo Judas.
Cuando el vecino agoniado termina de hablar, Manolito le contesta
Manolito
Comprendiendo su amargura
en su lugar yo me pongo
y por eso le propongo
que no haga esa locura.
Que el tiempo todo lo cura
eso es de sobra sabido,
mas lamentar lo perdido
no es un acto inteligente.
Lo mejor es ser prudente
Aunque usted se sienta herido.
Amigo pierda cuidado
y con mi ayuda usted cuente
que el alimento a su gente
sea al fiado o al contado
lo tiene garantizado.
Mas un favor yo le pido,
que esto no sea sabido
por algunos convecinos
que pa´ pedir andan finos
y de cobrarle me olvido.
Mientras que Manolito habla con el vecino en apuros, entra el hijo de Carmelita en
la tienda, que viene a hacerle “un madao” a la madre. El chiquillo pone una talega
sobre el mostrador , saca la libreta de apuntar y se dirige a Frasquita:
El hijo de Carmelita
Frasquita dice mi madre
que me ponga un kilo afrecho
y, pa´ que siga derecho,
de ron le pone a mi padre
lo que más a usted le cuadre
sin que pase de un cuartillo
que es cosa de cuartelillo
cuando se emborracha el viejo
y el hueso le da al conejo
pa´ echarle a la perra el millo.
Que para hacer un potaje
de berros me dé un manojo,
de calabaza a su antojo
pa´ cuajar el comistraje.
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Que le da mucho coraje
cuando el cacho de tocino
ustéd lo parte tan fino.
La piña que esté granada
y no se la de abichada
que pa´ carne está el cochino
El ñame que esté blanquito
y el queso no esté salado.
Que me apunte lo comprado
y no lo haga Manolito
porque dice que el maldito
siempre al sumar se equivoca
y por cualquier cosa poca
suma la cuenta un montón
y se pone muy faltón
cuando le abrimos la boca
Frasquita
Mi niño dile a tu madre
que lo mejor que “pue” hacer
es venir a satisfacer
en cuanto cobre tu padre,
sin tiempo a que él se desmadre
y en ron se gaste el salario,
lo que ella compra a diario.
Y así, sin subir la cuenta,
tu madre queda contenta
sin pasar por un calvario.
Frasquita introduce en la talega, junto con lo que le pidió el hijo de Carmelita, la
libreta, no sin antes añadir en ella la cuenta de lo comprado.
Después de haber atendido al hijo de Carmelita se acerca a Sarito “la del lomo”, que
esperaba pacientemente a que le tocara la vez para hacer la compra.
DÉCIMAS A MI TIERRA (Final de la primera parte)
(1)
Escucha mi voz dolida,
mi sonoro pensamiento,
que más que canto es lamento
por esta tierra abatida
tan querida y tan sufrida.
Rompa mi voz tu conciencia,
el despertar de la herencia
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que a nosotros nos legaron
aquellos que antes lucharon
con coraje y persistencia.
(2)
Nos arrebatan la historia.
Nos roban nuestra cultura,
perdemos con amargura
los restos de una memoria
con un pasado de gloria.
Nos engañan con quimeras
y con leyendas de afuera.
Nos quitan los referentes
que nos hacen diferentes.
¡¡Nos borran nuestras fronteras.!!
(3)
Usurpan nuestro futuro
Los mares nos contaminan,
con nuestra flora terminan
y aire se vuelve impuro.
Aunque nos resulte duro,
con alambres y cemento,
personas sin sentimientos,
nos separan de las playas
y en nuestra cabeza estallan
iras y resentimientos.
(4)
Que no aflore el pesimismo
¡Qué renazca la esperanza!.
Retomemos con confianza,
(al margen de fanatismos
y absurdos separatismos),
el camino que trazaron
los que un día comenzaron
nuestra identidad a forjar.
Luchemos para conservar
la tierra que nos legaron.
Personajes de la primera parte
Juana “la partera
Amada “la panadera”
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Panchito “el arriero”
Un chiquillo
Periquito “el hierbero”
Antonio “el del burro”
Frasquita y Manolito, los tenderos
Paco “el acequiero”
Pura “ la costurera”
La madre de rosarito
D. Servando
Periquito “el pastor”
Jeremías “el panadero”
D. Vicente
Chano “el del molino”
Pepe “el del barranco”
Panchito
Juanito “el berrero”
Maestro Pedro
Cho Lucas “el zapatero”
Maestro Gregorito
Andrés “el herrero
Un vecino
El hijo de Carmelita”
Sarito” la del Lomo”
SEGUNDA PARTE
¡QUÉ EMPIECE EL BAILE!
Situémonos ahora en una tarde, casi de noche, de un sábado cualquiera de cualquier
mes de cualquier año de la primera mitad del siglo XX, en la trastienda de la tienda de
Frasquita y Manolito. Sí, en la trastienda de Frasquita y Manolito, ya que si todas las
tiendas de aceite y vinagre tenían una trastienda la de nuestros protagonistas no podía
ser menos.
Como se pueden imaginar por el título del relato, que era la frase que pronunciaban los
“mandadores” en los Bailes de Taifa para dar comienzo al evento. Lo que voy a contar
aquí es lo que sucedía, o podía suceder, en los bailes de taifas que antaño se celebraban
en las trastiendas, en casas particulares o en algunas de las cuevas que se utilizaban
como viviendas en cualquiera de nuestras islas.
Dependiendo del motivo, de las zonas o de la isla donde se celebraban, los bailes de
taifas también eran conocidos como “Baile de la Paría”, “de la descamisá”, “del
Candil”, de Cuerda”, “de San Pascual”, “de Carnaval”, etc.
Como ocurre en la obra “El Gran Teatro del Mundo" de Don Pedro Calderón de la
Barca, en el pequeño mundo de los bailes de taifas también existían unos personajes
indispensables, ya que sin su concurso era imposible la celebración del evento. Así
tenemos a los tocadores, al organizador, al “mandador”, a los “danzantes”, a “los
“rompedores o desbaratadores del baile” y, sin querer caer en el animismo, al ron.
También era común a todos estos bailes un, digamos, protocolo que regulaba el cómo
tenían que desarrollarse; por ejemplo, debido que los locales solían ser muy pequeños,
las mujeres entraban todas a la vez pero los hombres debían entrar en “tandas”.
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Como no es mi intención explicar los entresijos de aquellos eventos, ya que no creo
que este sea el lugar adecuado ni que yo sea la persona autorizada para hacerlo, voy a
centrarme en explicar como transcurrió uno de aquellos entrañables bailes de cuerda en
la Tienda de Frasquita y Manolito.
La trastienda no tiene más de treinta o treintaicinco metros cuadrados, sus gruesos
muros, albeados con cal, soportan en su parte superior un techo de tejas a dos aguas; de
la cumbrera del mismo pende, de un cable bastante mugriento, una bombilla pecosa que
produce una tenue luz amarillenta que a duras penas es capaz de iluminar la estancia.
Apoyadas en las paredes, salvo en una de ellas, están colocadas unas destartaladas
sillas y algún que otro cajón vacío que cumple la misma función que aquellas.
El salón se comunica con un lateral de la tienda a través de una abertura, en la que un
mantel bastante ajado, hace la función de cortina.
En la entrada de la trastienda hay una mesa cubierta con un mantel calado, en ella
Frasquita ha colocado, con bastante buen gusto, una serie de artículos como velas,
especias, caramelos y otros géneros para que los “danzantes” puedan comprarlos y
entregarlos, a modo de obsequios, a algunas de las señoritas que invitan a bailar.
Apenas ha oscurecido, desde todos los puntos cardinales empiezan a llegar los
asistentes al baile. Las mujeres, alumbrando el camino con candiles o lámparas de
carburo, vienen en grupo de tres o cuatro; las más jóvenes lo hacen acompañadas de sus
progenitoras. Unos metros antes de llegar a la entrada de la tienda, las féminas bajan la
mirada y apresuran el paso, entrando rápidamente en la trastienda. Poco a poco van
ocupando las sillas, entablándose entre ellas una animada tertulia a la espera de que
empiece el baile.
Los hombres también van llegando pero, al no poder entrar en la trastienda, se quedan
en la tienda echándose un pizco de ron para “ir calentando el pico”, esperando así el
comienzo del baile y la autorización del mandador para entrar en el mismo. Algunos,
enemistados con el aseo personal, simulan su olor a humanidad con unas matitas de
romero o de “hierbaluisa”, enganchadas en la cinta del sombrero o en el ojal de la
chaqueta.
El mandador, hombre corpulento y antiguo luchador, se mueve con ínfulas de
autoridad de un lado para otro, entra y sale de la trastienda contando las mujeres para
calcular las “tandas”, hace algunas advertencias a los más revoltosos; en fin, intenta
tener bajo control la situación para que todo salga bien y no se arme follón alguno.
Los últimos en llegar son los tocadores que son recibidos con bastante agrado, muestra
de ello es son invitados por algunos de los asistentes a “echarse un pizco” antes de
comenzar con la actuación. Los tocadores, después de haber aceptado la invitación, se
dirigen a otra estancia para afinar los instrumentos. Después de haber afinado, entran en
la trastienda y se colocan junto a la pared donde no se han colocado sillas. Cuando
están preparados hacen una seña al mandador para que éste haga pasar la primera tanda
de hombres. Y así, a la voz del mandador “¡qué empiece baile!”, los tocadores atacan
la primera pieza de la noche.
…………………………………………
La primera pieza, de carácter instrumental, es conocida como “pasodoble en Re”.
Con los primeros compases de este pasodoble Paco, el hijo del molinero, invita a bailar
a Juana “la de Lolita”, no sin antes obtener el necesario permiso de la autoridad
competente, es decir, de la madre de la invitada, abriendo así el baile.
La razón por la que Paco entró en la primera tanda de bailadores, apresurándose en abrir
el baile, es que debe regresar temprano a casa para ayudar a su padre en la tarea de la
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molienda. Debido a que el invierno ha sido poco generoso en lluvias, la escasa agua que
discurre por el barranco es empleada durante el día para regar las plataneras que
escoltan su cauce aguas arriba del molino. Este hecho obliga al molinero a realizar la
molienda durante las horas nocturnas, ya que es durante la noche cuando puede contar
con el suficiente caudal de agua para mantener el cubo del molino a un nivel constante
y poder hacer la molienda sin que se le pare el molino.
En fin, siguiendo con el relato, como antes comenté, Paco obtuvo el permiso de la
madre de Juana y la aceptación de la chica para abrir el baile. Un albo pañuelo
impregnado de de olor a naftalina separa la mano derecha de Paco del vestido de Juana
a la altura del talle de la chica.
Bailando en círculos, alrededor de la habitación y en el sentido de las agujas del reloj,
se unen a nuestra pareja otras que danzan con la viveza que marca el ritmo del
“pasodoble en Re”.
No es la primera vez que Paco y Juana bailan juntos. Entre ellos hay un no sé qué que
qué sé yo que promete; además ese no sé qué que qué sé yo cuenta con el beneplácito de
Doña Lola, que observa complacida como los dos jóvenes bailan.
Mientras bailan, Paco, después de pensárselo mucho y con los ojos como chopas en
vivero, le declara a Juana sus sentimientos:
PACO - Mira Juanita, como más vale vergüenza en casa que dolor de corazón, voy a
decirte algo. Llevo unos cuantos días con el pomo descompuesto y sin poder pegar ni
un ojo. Mi padre me dice que qué me está pasando que estoy medio abobancao y
parece que estoy asorimbao y que tengo la cabeza puesta en otro sitio…”
Como Paco no es capaz de arrancar, Juana lo interrumpe. En este punto de la
conversación la mujer ya se imagina lo que le pasa al pobre Paco, pero se hace la boba
para que la carguen. Así que pensó “¡Ahora que hay marea, golpe a la lapa!”.
JUANA - Dime de una vez que te pasa, que me tienes el corazón en un puño, pos
estoy segura que algo bueno no es.
Paco al fin se decide:
PACO – ¡Coño, Juana!, que estoy loco por tus huesos, que cada vez que te veo me
quedo asmado de la emoción; que quiero salir en serio contigo, que quiero que seas
mi novia.
Juana, un poco asorimbada y como saifía en trasmallo, al oír lo que le dijo Paco le
contesta:
JUANA - ¡Jesús, Paco a ti se te está yendo el baifo!
PACO - Te juro que como me digas que no voy a abicar del disgusto.
JUANA- Tú también me gustas, pero, aunque sé que no cargas trasero, antes de
decirte que sí déjame que hable con mi madre primero, a ver que me dice ella.
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Aunque no es la respuesta que le hubiera gustado escuchar a Paco, tampoco le
desagrada lo que le dijo Juana, pensando que en adelante tenía que caerle bien a doña
Lola para que Juana le diera el sí definitivo y empezaran a mocear. Quizás trayéndole,
en el próximo baile de cuerdas, unos ñames del barranco podía conquistar el corazón de
su futura suegra.
Juana y Paco siguen bailando hasta que, por orden de maestro Chano “el mandador”, la
parranda deja de tocar; concluyendo así el turno de la primera tanda.
Con bastante magua se despiden los protagonistas de este primer relato. Paco enciende
su quinqué de belmontina y abandona la tienda para, como antes comenté, dirigirse al
molino a ayudar a su padre.
……………………………………
Mientras maestro Chano ordena la entrada del a segunda tanda, doña Lola interroga a su
hija, que se vuelve a sentar a su lado:
DOÑA LOLA: ¿Qué te estaba diciendo ese sanaca del hijo del molinero, que te tenía
el ombligo cortao?
JUANA - ¡ná, ma!
DOÑA LOLA – ¿Cómo que ná, algo te tuvo que deci?, ¿ tú te crees que yo no vi
como ese machango movía más el quejo que las patas cuando estaba bailando
contigo?
JUANA- ¡No me apure el gallo, ma!, sólo me dijo que quería ser mi pretendiente.
De la sorpresa, doña Lola “por poco se va por los palos”. Ella es viuda casi de
nacimiento. Después de mucho sufrimiento para sacar adelante a su única hija, ahora su
Juanita le estaba diciendo que le hijo del molinero la pretendía. La verdad que el
muchacho no es un mal partido. Es trabajador como el solo y a simple vista se le ve que
no es un arranclin. Si a lo anterior se le une que es de buena familia, pues, además del
molino, tienen unas cadenas de plataneras en el barranco y una yunta de vacas en un
lugar conocido como Los Caideros, mejor todavía.
La mujer, en silencio, le ofreció una promesa a la Virgen del Pino si aquello salía para
adelante y la niña se llegaba a casar con Paco. Pero claro, a los hombres no se les puede
poner las cosas fáciles pues pueden pensar que las mujeres son unos velillos, así que
doña Lola siguió sonsacándole la muchacha:
DOÑA LOLA – ¡El diablo tiene cara conejo!, y tú ¿qué le respondiste?
JUANA- ¡ná, ma!
DOÑA LOLA – ¡Cómo que ná, ma!, ¿algo le tendrías que responder, digo yo?
JUANA – Bueno, que antes de decirle algo tenía que hablar con usted primero
DOÑA LOLA - ¿A ti te gusta?
JUANA- A mi sí ma, pero…
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DOÑA LOLA – No hay peros que valga. Que yo los he estado mirando y lo tienes en
el saco. Pero, eso sí, no te apures por medios días habiendo días enteros y ve despacio
que con los hombres ya se sabe…..
JUANA – ¡Está bien, ma!. ¿Entonces que le digo?
DOÑA LOLA – ¿Qué le vas a decí?, que sí mi niña, que sí
.............................................
Dos o tres sillas mas allá de donde están sentadas Juana y la madre de ésta se
encuentran dos comadres, de esas que son comadres desde antes de nacer. Pensando yo,
y perdón por el “interrumpo”, ¿acaso el nombre de comadres tendrá algo que ver con el
de comadreja?. Siguiendo con el relato, Anastasita “la santiguadora” y mujer de
Antonio “el cambullonero” es comadre de Luisa, ya que la primera cristianó a
Antoñita, la hija más grande de Luisa. Pero no sólo son comadres, sino que también
ejercen de comadres. Tanto Anastasita como Luisa ya no cumplen los sesenta, pero
como no es de caballero revelar la edad de las damas, me reservo la edad exacta de cada
una de ellas.
Anastasita es una mujer flaca como un pejín, quizás debido al ejercicio que hace, pues
con frecuencia se le suele ver encaramada en taliscos y laderas buscando hierbas que
ella sola conoce. Esta mujer lo mismo cura un mal de ojo como da el remedio para
sanar una bichoca o prepara un milongo para amarrar a un hombre. Las malas lenguas
dicen que ella no está casada como Dios manda, sino que está amachinada con maestro
Antonio “el cambullonero”. La verdad es que no sé decirle ni que sí ni que no, y si se lo
digo lo engaño.
Luisa es una mujer atarracada, bastante rechoncha. Es ese tipo de mujer que, (coño, no
sé como explicarlo sin que se moleste nadie), bueno es una mujer que si se agacha le
llega antes al suelo los pechos que las manos. Desde que murió su marido, que en el
cielo esté descansando ya que aquí no pudo, Luisa no se ha quitado más el luto; así que
vestida de negro y con un pañuelo del mismo color cubriéndole la cabeza se parece una
araña de esas que hay para, fuera y que le dicen la viuda negra.
En fin, lo cierto es que no solamente doña Lola estaba observando a su hija mientras
bailaba con Paco. También las comadres estaban como conejas chispiadas, alongándose
o atorrándose según la pareja se movía por el salón, sin perderse el más mínimo detalle.
Así que, con esa forma de hablar muy propio de las mujeres que le gustan los chismes
y que con dos movimientos de cabeza y cuatro muecas dicen todo lo que tienen que
decir, comentan entre ellas:
ANASTASIA – ¿Tú estás viendo lo mismito que yo?.
LUISA – Pos sí.
ANASTASIA - Y la madre como si tal cosa.
LUISA – ¡Oh!, mira a ver.
ANASTASIA – Si ella parece una frutita di aire.
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LUISA – ¡Sí, sí!, una frutita di aire.
ANASTASIA – Si me lo dicen y no me lo paso a creer.
LUISA - Pos créetelo, mi niña.
ANASTASIA - A mí me da hasta sentimiento , uste.
LUISA – Se nota que el muchacho tiene que ser bueno de boca, si no....
ANASTASIA – Y es hijo único.
LUISA – ¡Como tiene que se!
ANASTASIA – El gofio de la maquila y la leche no le va a faltar a Lola.
LUISA – Si quedara en eso.
Si quieren que les diga la verdad, el verdadero motivo de las críticas de las dos
comadres es que le estaban echando el ojo a Paco para Antoñita, la hija de Luisa “la
viuda negra”. Pero es que para que un hombre se acerque a Antoñita, con buenas o
malas intenciones, sí que tiene que ser bueno de boca. Es que la pobre muchacha es tan
fea que a su lado las piedras florecen. Así que después del conejo ido palos a la
madriguera.
………………………………………..
Como en otro momento comenté, la tienda de Frasquita y Manolito está dividida por
una mampara, hecha con sacos de arpillera blanqueados con cal, para separar la tienda
del bar.
Pues bien, como en el bar hay un geridero de hombres, algunos de ellos templados
como piojos, Ramón “el chamuscao”, Antonio “el cambullonero”, Panchito “el pastor”
y maestro Pepe “el herrero”, para estar más tranquilos, colocaron una mesa y cuatro
cajones de coñac, a modo de silla, en la parte de la tienda para echar una mano a la
baraja.
Antes de seguir debo aclarar que el nombrete del “chamuscado” le viene a Ramón desde
que una vez, intentando apagar un fuego que se le declaró en el pajar que tiene al lado
del alpendre, se quemó algunas partes del cuerpo; entre ellas los brazos y el lado
izquierdo de la cara. Por otra parte lo del “cambullonero” le viene a Antonio porque
cuando era un pollillo nuevo trabajó en el cambullón. A estas alturas de la vida
supongo que usted conoce en que consistía el oficio de cambullonero, pero si todavía,
con ojos de pájara echada, no se pasa a creer que este oficio existía, voy a explicarle, en
lo que lo que el diablo se estrega un ojo, algo de esta actividad. Esta actividad apareció,
año arriba o año abajo, sobre 1920, cuando aquí teníamos necesidad de casi todo lo
que venía de afuera. Los que saben de eso dicen que el nombre de” cambullonero” viene
de frase inglesa “come buy on”, que en cristiano significa “ven a comprar”, lo que
luego se convirtió, para los que realizaban tal actividad, en la palabra “Cambullón”.
Los cambulloneros, a bordo de pequeñas embarcaciones, es acercaban a los grades
buques que arribaban a nuestros puertos con la intención de ofrecer en trueque a las
tripulaciones de estos barcos productos producidos en las islas a cambio de otros de los
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que carecíamos como medicamentos, entre ellos la penicilina, leche en polvo o tabaco
entre otros; mención aparte merece una cámara fotográfica de fabricación germana, de
marca “Leika”, muy cotizada en aquella época.
Trabajar al trueque no es fácil, por lo que los cambulloneros, además de tener bue
corazón, debían ser más listos que el hambre; y precisamente eso era, o lo que el creía
ser, Antonio.
Bueno, como iba diciendo, nuestros cuatro protagonistas se disponen a echar un par de
manos a la baraja, separados del resto de los clientes. Entre mano y mano nuestros
amigos sostienen alguna que otra conversación:
ANTONIO “EL CAMBULLONERO” - ¡Ya coño, si yo tuviera veinte años de
menos!. Me acuerdo que una vez le cambié a un marinero de un barco holandés una
cámara de afotos Leika por un casar de pájaros canarios, pero la verdad es que eran
dos hembras y además estaban en muda. Lo cierto es que cuando me dio la cámara de
afotos va y se me cae al agua; me tiré de margullo y antes de que la cámara llegara el
fondo ya yo la tenía en las manos, fíjense si fui rápido que ni se mojó.
RAMÓN “EL CHAMUSCADO” - ¡Ñó! amigo Antonio, ¡jínquese otra papa!
ANTONIO “EL CAMBULLONERO” – Tuve géito pa´ que no se me mojara el
aparato.
PANCHITO “EL PASTOR” – ¡Géito el que tuve yo!. Ahora pocuá, llegó Manolito a
mi casa a comprarme un queso, como él tenía prisa y yo no tenía ninguno, antes de
que se cuajara la leche ya yo tenía un queso hecho.
MAESTRO PEPE “EL HERERO” – ¿Y cómo pudo jacer el queso?
PANCHITO “EL PASTOR” – Usté está abobancao, maestro Pepe. Cómo lo voy a
jacer, con la quesera y el aro”. La lástima es que no tuviera a mano el aparato de
Antonio pa´ retratarlo.
RAMÓN “EL CHAMUSCADO” - ¡Se murió el niño y ya no somos compadres!.
Vamos a echar otra mano.
ANTONIO “EL CAMBULLONERO” – Sí, vamos a seguir jugando, ¡que estoy tan
acostumbrado a perder que el ganar me ofende!.
………………………………………..
Mientras sucede la conversación que le acabo de contar, ha entrado la segunda tanda de
hombres al salón. Entre los hombres que entraron se encuentra Juan “el negro”. Juan “el
negro” es un hombre de pocas pajas pero, cuando se le calienta el pico, tiene fama de
que en nada y cosa ninguna hace una maldad y arranca la penca. Y así es, el
protagonista de este relato lleva tiempo suficiente en el mostrador del bar, esperando
que le tocara el turno para entrar a bailar, como para que se le calentara el pico.
Además, como no hace las cosas a la chambona, ya traía preparada la perrería de su
casa. Desde que entra en el salón va derecho a invitar a bailar a Antoñita. Sabe que la
muchacha anda con el culo a dos manos buscando pretendiente, pues tiene claro que
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como se descuide se va a quedar para vestir santos. Pero primero, para hacerse el
gracioso, le pide baile a la madre:
JUAN “EL NEGRO” – Señora, ¿se le apetece echarse un baile conmigo?
LUISA – Cuando aónde, caballero.
JUAN “EL NEGRO” - …Y su hija
LUISA- ¡Ah! No sé, pregúntele a ella.
Entonces Juan el negro dirige su mirada hacia la muchacha:
JUAN “EL NEGRO” – Antoñita, ¿Quieres bailar?
La inocente criatura, sin saber que va a ser utilizada por aquel arretranco para hacer una
de las suyas, mira su progenitora; el movimiento afirmativo de cabeza de aquella es el
salvoconducto que deja libre el camino para aceptar la invitación. Y, como en lo poco,
poco se pierde, la acepta:
ANTOÑITA – Si, pero despacito y buena letra caballero, que yo a usté lo conozco y
sé de que pata cojea.
En este momento la parranda está tocando un fox-trot. Casi terminando, el baladrón
aprovechándose de un despiste de la muchacha, saca, sin que ésta se de cuenta, un
ratón de uno de los bolsillos de la chaqueta y lo deja caer al suelo. La primera en ver el
bicharango es la propia Antoñita; al verlo, da tan fuerte esperrido que hasta la parranda
deja de tocar. El resto de las mujeres que están bailando salen corriendo, como almas
que lleva el diablo, hacia las sillas. Unas con las palancas para el aire, otras subidas en
las sillas y todas, con los ojos como chopas en vivero, señalan a Juan el Negro como el
responsable de tamaña cacancaburrada. Mientras, los hombres andan correteando de un
lado para otro intentando capturar al inocente roedor.
MAESTRO CHANO “EL MANDADOR” - ¡Maldita la pusia que lo revendió¡. Ya
sabía yo que este vagañete se iba a mear fuera del gánigo, y que esta noche me iba a
llenar la cachimba.
Aprovechándose del rebumbio, Juan el negro intenta cargar trasero y abandonar el
salón. Pero, como el que no mira “pa´ alantre” mil veces se queda atrás, no ve como
maestro Chano viene a por él con la intención de soltarle los tiempos.
MAESTRO CHANO “EL MANDADOR” - ¡Quieto el gallo, truján!, que te voy a dar
una tollina pa´ que se te quiten las ganas de ser un chaflamejas..
Juan el negro, antes de que maestro Chano le cogiera el lomo, lo interrumpe y quema el
último cartucho intentando hacerle la cama..
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JUAN “EL NEGRO”- ¡Eh, no se descubra que está entre puertas!. Usté sabe que el
que menea el gajo no coge la breva, yo no pude ser el que jinqué el ratón porque
estaba bailando con Antoñita
Antoñita, con la garganta cosida del susto, apoya a la coartada
ANTOÑITA – Es veldá, él estaba bailando conmigo, y yo no vi que soltara ningún
ratón.
Apenas termina de hablar Antoñita se forma una rebambaramba en el salón. La silla,
donde todavía está encaramillada ”la viuda negra”, (mil perdones, Luisa), se hace añicos
debido a los años del mueble y al exceso de arrobas de la usuaria. La consecuencia de
la desconchabadura del vetusto utensilio es que la usuaria del mismo se cayó al suelo de
remplón, quedando en el mismo abierta de patas como una jarea y enseñando algo que
está más arriba de donde acaban las medias. Ante tamaño siniestro el problema del ratón
pasa a un segundo lugar y todos los caballeros van a auxiliar a la desafortunada señora;
cosa que aprovechó Juan el negro para, como quien no sabe la cosa, abandonar el lugar.
Con el susto en el cuerpo y la vergüenza de su situación la pobre señora no puede ni
pedir agua por señas, por lo que su hija sale corriendo del salón para pedirle a Frasquita
que le hiciera una tila a su pobre madre.
ANTOÑITA – Frasquita, asin Dios le salve el alma, guísele una tila a mi madre que
se dio un leñazo. Es que a la pobre se le rompió la silla y está en el suelo tirada sin
poderse meniar del disgusto.
FRASQUITA -¡Ay Virgen del Pino bendita!. No te preocupes mi niña, que ahora
mismito le guiso una taza de tila.
Mientras Frasquita prepara el brebaje, Anastasia abana a su comadre, ya sentada en otra
silla, intentando calmarla..
ANASTASIA – Hace tiempo que te lo vengo diciendo, debes de desbastar un poco.
Que el mucho peso no es bueno, pero tú no me jaces caso.
LUISA – Comadre, cómo voy a desbastar si yo engordo hasta con un vaso di agua.
ANASTASIA – No Luisa, es que desde que tu marido dejo de jacer sombra te has
dejado dir y eso no es asina. Hay que echarse la tierra por ensimba y seguir pa´lantre.
Entra Frasquita en el salón con la taza de tila y se acerca a la damnificada:
FRASQUITA – Vecina, bébase esta taza tila y verá como se le pasa el malejón.
LUISA – Gracias Frasquita, a ver si con esto se me levantan las alas del corazón.
Claro que, como dice el refrán, las desgracias nunca vienen solas. Así que la pobre
Frasquita, que ya no ve bien debido a unas cataratas, se confundió y en vez de guisarle a
Luisa tila le guisó sahumerio. Antes de seguir debo aclarar el por que de la confusión.
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Resulta que antes se paría en las casa y era costumbre, cuando sucedía tales eventos,
quemar sahumerio; por eso Frasquita lo tenía a la venta en la tienda. Bueno, como le
estaba contando, Frasquita se equivocó y le trajo a Luisa una infusión calentita de
sahumerio. Tan agoniada estaba la receptora de tal brebaje que ni lo olió, así que según
tomó el primer buche lo echó para fuera con tal fuerza que el chigo llegó al otro lado del
salón.
LUISA – ¡Por el amor de Dios!, Frasquita. ¿qué fue lo que me puso en la taza, que
por poco me manda pa´ las plataneras?
Al ver la cara descompuesta de la pobre mujer, Frasquita sale corriendo para la cocina a
ver que de que era la infusión que había preparado. Cuando se dio cuenta de la
cancaburrada se echaba las manos a la cabeza y no le llegaban, por lo que va a pedirle
disculpas al vecina:
FRASQUITA – Mire Luisita, mi alma la quiero pa´ Dios. Le juro que en buena fe le
fui a guisar una tasa de tila pero, con los nervios, me equivoqué y lo que le guisé fue
sajumerio
ANASTASIA – Frasquita, usté no se incomode, que no hay mal que por bien no
venga. A lo mejor a mi comadre le entra un chorro y se queda en la tea y así no
rompe más sillas.
Luisa, ahora más enroñada que nerviosa, le suelta los vientos a su comadre:
LUISA –¡Qué falta de inoransia la suya, comadre!. Algunas veces le jiede más la
lengua que el chiquero de un cochino.
Como el baile lleva bastante tiempo suspendido a causa de los acontecimientos
narrados, uno de los jóvenes que están situados al lado de la parranda gritó:
JOVEN – Aquí, con el embullito del entierro no se baila hoy.
Movidos por las palabras del joven anónimo, los tocadores reanudan el baile tocando
“Clavelitos”.
………………………………………….
Otro de los hombres que está en el salón es Santiago “el pirganudo”. Lo llaman así
por su altura, además tira a petudo y está más seco que un tollo. A mí me parece que
ronda los treinta años. Tiene fama de ser un hombre bastante comechoso, agarrado diría
yo, pero la virtud que mas lo adorna es que es muy bueno de boca y que le gustan todas.
Además, como le gusta baldonear a las mujeres, suele comentar entre sus amigos,
refiriéndose a ellas, que “el ganado son cabras y algunas que otras ovejas”. Queriendo
decir con ello que cuando va a por lana siempre usa las tijeras, pues entre tanto ganado
alguna que se dejará trasquilar. Como podrán comprender, con este currículum poco
tabefe se va a beber en este baile.
Paquita ”la partera” y su hija Candelaria (se llama Candelaria por eso de que nació
el día de la Candelaria y no por otra cosa) están sentadas justo en frente de las dos
comadres, al otro lado de la trastienda. Paquita es una mujer muy servicial, y por ello
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muy apreciada por todos sus vecinos. El apelativo de “la partera” le viene de que a
todas las vecinas que ”roban sandías” ella le ayuda a descargársela. Su hija Candelaria
está en la edad de la tuberosa y ya empieza a mirar para el cañizo. Además, Candelaria
está más buena que el pan mollete, cosa que no pasa desapercibida por algunos de los
monifatos del pueblo, entre ellos Santiago.
Aunque Paquita está platicando con Candelaria, a reojos no le quita la vista de arriba a
Santiago, percatándose que él no deja de mirar la niña.
PAQUITA - Allí está Santiago “el pirganú”, que no te quita los ojos de ensimba.
CANDELARIA - Déjelo madre y jaga como que no lo ve.
PAQUITA – De semejante parte que Dios nos libre y guarde.
Santiago, después de pensar cómo pedirle el baile Candelaria, avanza hacia las dos
mujeres:
PAQUITA – No te lo digo yo, ahí viene pa´ca ese palillero con patas, como se ponga
aquí con boberías le jinco un lambriazo que se va e enterá.
CANDELARIA - ¡Ay madre!, ¿y si me invita a bailar, que le digo?
PAQUITA –¡ No seas bondona, mi niña!. Tú lo ajuleas y ya está.
CANDELARIA- Está bien, madre
SANTIAGO – Buenas noches. Bastante que me alegro de verlas bien
PAQUITA – Buenas noches. Pos mire usté, caballero, nosotras no podemos decí lo
mismo.
Santiago hace como el que no oyó a Paquita e invita a bailar a Candelaria:
SANTIAGO – Candelaria, me sentiría muy honrado si quisieras echarte esta pieza
conmigo.
PAQUITA- Jesús, ¡qué fino me salió el monifato!
Santiago, aunque no le está gustando como se está desarrollando la situación, piensa
que” el ingles no quiere buenos principios” y vuelve a la carga, emperrándose en sacar
a la muchacha a bailar..
SANTIAGO - A tus pies, yo de rodillas,
me pongo si es tú deseo
para decirte, chiquilla,
lo guapa que yo te veo.
PAQUITA - Adula Pepe, que si no, no comes queque.
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CANDELARIA – Déjese estar caballero y eche la trampa a otra, que todas aquí
sabemos del pata que renquéa.
El muchacho, sin pasarse a cree la leña que le están dando las dos mujeres, coge las
vigas del techo y dando el combate por perdido le dice a Paquita:
SANTIAGO – Guárdela pa´ vestir santos.
A lo que Paquita le contesta:
PAQUITA – Pa´ que te empapes, más vale vestir santos que desnudar monifatos
Cuando al fin se quedan las dos mujeres solas Candelaria, un poco amaguada por no
bailar con Santiago, le pregunta a su señora madre:
CANDELARIA – Madre, ¿usté
relación como Dios manda?.
cree que Santiago algún día podrá tener una
A lo que Paquita le responde, no sin quedarse con la mosca detrás de la oreja:
PAQUITA – El corrido lo dirá, mi niña, el corrido lo dirá.
Queriendo decir que la respuesta a tal pregunta sólo se sabrá en el transcurso del
tiempo.
…………………………………………………..
Termina el turno de la segunda tanda y el mandador comienza a organizar nuevamente
la entrada de la primera, ya que sólo se hicieron dos tandas. Mientras, Pepito, uno de los
tocadores, aprovecha para cambiar una de las cuerdas de “calasimbre” de su púa, que
se le partió cuando estaba tocando “Clavelitos”.
Mientras está en tal menester, entra en el la trastienda Vicente el bobo, que ha estado
toda la noche del tingo al tango esperando que alguien lo invite a un pizco. Vicente el
bobo es un hombre de unos cuarenta años al que toda la vecindad le da bromas debido a
su minusvalía psíquica. Todavía me acuerdo de algunas conversaciones que tuve con él
y que en ocasiones me hicieron dudar quién era realmente el bobo, él o yo.
YO - Vicente te compro la cabra. ¿Cuánto me pides por ella?.
VICENTE- Diez duros.
YO – Te doy quince.
VICENTE – Ya me lo pensaré, a ver.
Uno puede pensar que realmente era bobo, ya que le ofrecía más dinero del que él pedía
y encima tenía que pensarlo. Pero también se puede llegar a la conclusión de que no era
tan bobo, pues si yo le ofrecía más de lo que él me pedía era por algo, quizás el animal
podía tener más valor que lo que él creía.
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Otra de mis conversaciones con Vicente es la que sigue:
YO - Vicente, ¿qué hace falta pa´ morirse?
VICENTE – Estar malo.
YO- Qué más.
VICENTE – Esriscarse.
YO – Qué más.
VICENTE – Que te coja un coche.
YO - Qué más.
VICENTE – Caerse a un tanque.
YO – Qué más
VICENTE - ¡Ya coño, vaya guineo!. ¿Tú vas a seguir?.
YO - ¿Y…, estar vivo?, ¿estar vivo es necesario para morirse?.
VICENTE – También.
Sin comentarios.
Pues bien, volviendo a la trastienda de Frasquita y Manolito, José ve a Vicente entrar al
salón y le hace una seña para que se acerque:
PEPITO - ¡Vicente!, acércate pa´cá un momento.
VICENTE - ¡Dígame, Pepito!
Pepito le da una botella de “Baya-Baya” vacía y:
PEPITO – Vicente, disle a Manolito que te llene esta botella de ron, que yo dispués se
la pago. De paso te jincas tú un ron y le dices a Manolito que te invité yo, pero sin
enyesque, ¿vale?
VICENTE Lo que usté diga Pepito.
PEPITO - ¡Ah!, y no se te ocurra jincarte el ron de la botella, porque entonces te
arranco el hijar del agua.
VICENTE- ¡Ya coñó!, no se preocupe Pepito, que yo no me lo jinco.
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Vicente, dejándose querer, coge la botella vacía y sale del salón para acercarse al
mostrador:
VICENTE – Manolito, me dijió Pepito el tocador que me llenara esta botella de ron y
que me jincara a mí un pisco, que díspués él se lo pagaba a usté. También me dijió
que al enyesque me convidara usté.
MANOLITO ¿Cuándo aonde me tiene que decí a mí naidie a quién tengo yo que
convidá ?
VICENTE- ¡Ah!, Yo no sé, eso me fue lo que me dijió a mí.
Manolito, antes de llenar la botella de ron “matarratas de garrafón”, le sirve un vaso a
Vicente y le pone unos chochos de enyesque para que se vaya entreteniendo.
MANOLITO – Toma, aquí tienes la botella de ron, dile a Pepito que entre la botella y
el pizco que te bebiste son cinco pesetas. Y disle también que a mí naidie me tiene que
decí a quién tengo yo que convidá.
VICENTE- ¡Vale!, yo se lo digo.
Vicente coge la botella, ahora llena del líquido elemento, la mira y, al no poder con las
tablas, en lo que el diablo se estrega un ojo se bebe tan fuerte trago que la deja (la
botella, claro) sin saberse si está medio llena o medio vacía. Después de roerse el cabo,
sabiendo que como entre en el baile con la botella mermada le van a sacar el kilo, se
afana en buscar una solución al lío en que se ha metido. Pero miren ustedes, como no
hay mal que por bien no venga, no sé si por miedo al tocador, por lo que ha bebido o
porque esta mañana se meó en la acequia, lo cierto es que a Vicente le entra una
angurria que tiene que salir a toda prisa de la tienda para no mearse arriba. Ya en la
calle, amparado en la oscuridad de la noche, nuestro hombre empieza a evacuar su
vejiga; con la mano derecha sostiene su atributo y con la izquierda la botella. ¡Eureka¡,
digo ¡coñó!, problema resuelto. Cuando volvió a entrar en la tienda la botella volvía a
estar llena.
Entra en la trastienda y le da la botella a Pepito, Éste toma la botella, la pone a un lado
y sigue poniéndole la cuerda al instrumento.
VICENTE - Pepito, aquí tiene la botella. Manolito me dijió que la botella y el pisco
mío son seis pesetas. También me dijió que le pague pronto, porque después se le
olvida de pagarle y de repente no cobra. Si me da los cuartos yo voy y se lo pago.
PEPITO – Está bien, toma la seis pesetas y vete a pagarle. Ya de paso, disle que es un
carero y que no jace sino sacarle las lascas a uno.
VICENTE – Eso si que no se lo digo, que me da vergüenza.
PEPITO - ¡Vergüenza es robar gallinas!.Camina, vete a pagarle a ese jusurero.
VICENTE- ¡Vale!, ya voy.
Sale Vicente como alma que lleva el diablo del salón y va a pagarle a Manolito:
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VICENTE – Manolito, Pepito me mandó a pagarle. Aquí tiene las cinco pesetas. Esta
peseta, que me la dio Pepito por el mandao, me la echa de ron y si sobra algo me lo
da de chochos.
MANOLITO – Me extraña a mí que ese te haiga dado una peseta por el mandao. ¿No
será que le cobraste de más?
VICENTE- ¿Yo?. La peseta me la dio él, ¡la verdan de Dios!.
El tendero le pone un ron y una ambosada de chochos sobre un cacho de papel de
embazar.
En tres patadas, Vicente se bebe el ron y arranca la penca de la tienda a toda prisa, con
la ambosada de chochos envueltos en el papel.
En el mismo momento en el que Vicente deja la tienda, Pepito termina de poner la
cuerda de calasimbre al instrumento. Así que vuelve a coger la botella , la empina hacia
la boca y toma un trago. Tragándose, además del mejunje, el orgullo, pensó ¡calma y
tabaco Pepe!. Como es más ruin que carne pescuezo, no quiere quedarse él sólo por
debajo e intenta meter al resto de los compañeros en la misma talega. Sólo le falta que
un “carajo la vela” que “no es ni papelero ni plumario” y además retrasado lo deje a él
solito “con la quilla al marisco”. Así que se dijo para los adentros: “esta noche me
parece a mí que aquí vamos todos a tocar de oído”. Por eso, aparentemente más fresco
que un culantrillo aunque la procesión la lleva por dentro, comparte el resto de la botella
con sus compañeros.
PEPITO -¡Ñó!, este ron si que está bueno. Yo creo que a Manolito se le acabó el
matarratas y sacó de uno bueno que tendrá escondió pa´identro. Jínquese un buche
Maestro André pá seguir con la tocata.
El siguiente afortunado en probar el mejunje es Maestro Andrés. Pero Maestro Andrés,
que tiene tanta letra menuda como su compañero, piensa algo parecido a lo que pensó
Pepito. Por lo tanto, sin levantar los pies del suelo y más tieso que un palillo de plantar,
ofrece la botella a otro incauto mientras hace un comentario positivo del brebaje:
MAESTRO ANDRÉS - ¡Carajo!. Pos sí que está bueno, contrimás lo paladeo mejor
me sabe.
Como en estas cosas no hay parentesco ni amistad que valga, ahora le toca el turno a
Silvestre, hermano menor de Maestro Andrés.
SILVESTRE – Hermano, arrempújeme pa´cá la botella, a ver si es verdá que ese ron
es tan bueno como ustedes dos dicen.
Sin ningún pudor, como Caín, Maestro Andrés le entrega la botella a su hermano:
MAESTRO ANDRÉS Sí hombre, y más a usté que lo conozco.
Silvestre coge la botella y cuando el ron, o los orines, le llega al gaznate no se caga en
la madre del hermano por ser su madre. Pero como todo se hereda menos la hermosura
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pensó: “aunque la cosa va a jeder, yo le paso lo que queda a este totorota y asina
entre todos compartimos el camino”. Sin pensarlo más le entrega la botella a Perico.
Perico, que toca el camejillo, es el más joven de los tocadores, por lo que no es tan
cuico como sus compañeros.
SILVESTRE – Toma Perico. Que esto si es ron, no el que viene de Cuba.
En cuanto a Perico le llega la bebida a la boca, se revira como una panchona y empieza
a vocear tan fuerte que todos los danzantes dirigen sus miradas hacia los tocadores,
prestando atención a lo que le está sucediendo en la parranda.
PERICO - ¡La leche un tuno!. Yo no me paso a creer que ustedes digan que este ron
está bueno. Es verdad quien dice que el que tiene hambre con el pan sueña, además
este ron sabe a meaos. Es que a mí me parece que son meaos.
Y para arreglarlo mejor, Pepito, viendo que el tema se le escapa de las manos e iban a
ser el hazme reír de la noche, pierde el aplomo y grita:
PEPITO ¡Carajo, los caímos al mismo tiempo!. Como trinque a ese desgraciao de
Vicente va a cagar mielda de siete colores, y se va a mear en el coño la madre que lo
parió.
Para qué fue aquello, ante tal tomadura de pelo por parte de Vicente, se forma tal enralo
entre los presentes que hasta al mandador por poco se añurga de tanto reírse.
…………………………………………………….
Pasan las horas y los hombres empiezan a estar medio embarbascados debido al ron
que se han metido entre pecho y espalda. Es el momento en que Frasquita y Manolito
aprovechan para solimpiar a sus clientes unas perras demás y así compensar la lata que
les dan algunos que, cuando se tiemplan como requintos, no hay bicho que los aguante.
Eloy, el hijo de Margarita “la de Eligio”, que en paz descanse, es un taranta que cuando
se tiempla no hay soga que lo amarre.
Eloy – Frasquita sáqueme la cuenta queme voy a dir.
Frasquita coge un lápiz se pone a sacar la cuanta sobre el papel de embazar
FRASQUITA – Cinco rones, una tapa de chochos, otra de Manises, dos de ropa vieja,
una de queso duro…… Son quince pesetas y dos riales.
Quizás, antes de seguir sea necesario recordarle que antes del Euro teníamos otra
moneda, la Peseta. La Peseta fue la moneda oficial de España desde 1868 hasta la
entrada del Euro; también fue la moneda oficial Principado de Andorra, junto al franco
francés. Aunque desde 1836, durante el reinado de Isabel II, comienza la emisión de de
las monedas de una peseta (plata de 5 gr.) utilizada para pagar las nóminas de los
soldados durante las Guerras Carlistas, no fue hasta 1868 cuando se fija como moneda
oficial y única de curso legal en España. Con “la Septembrina”, o Revolución de 1868,
la Reina Isabel II parte hacia el exilio, quedando el gobierno provisional en manos de
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Francisco Serrano. Éste promulga el Decreto Figuerola en el que queda configurado el
primer sistema monetario español. La primera pieza acuñada por Figuerola tenía en el
anverso la figura de una mujer. “La matrona” estaba apoyada sobre los Pirineos y los
pies en el Estrecho, en la mano tenía una rama de olivo. En 1874 el Banco de España
obtiene el monopolio del control monetario.
Se podía encontrar pesetas en monedas o en billetes. Además de la peseta contábamos
con el duro cuyo valor era cinco pesetas, los cinco duros, los diez duros, el billete de
100 pesetas, luego también en moneda. Había otros billetes superiores a la peseta pero,
como en la época que data este relato eran muy difíciles de ver por sus protagonistas, no
los nombro aquí.
También la Peseta, igual que el Euro, contaba con sus fracciones Teniendo en cuenta
que la peseta se dividía en céntimos, existían monedas de un céntimo, de dos céntimos,
de cinco céntimos, de diez céntimos, de veinticinco céntimos y de cincuenta céntimos.
Las más utilizadas eran las de cinco céntimos, conocida por perra chica entre los
peninsulares y perrillo entre los canarios; las de diez céntimos, conocidas como perra
gorda entre los peninsulares y perra entre los canarios; los veinticinco céntimos,
también llamados reales y los cincuenta céntimos o media peseta.
Bien, había quedado como Frasquita le sacaba la cuenta a Eloy y le pedía quince
pesetas y dos reales por lo que había consumido.
ELOY – Frasquita, usté me está jaciendo la cuenta la pata. Uno de los rones que me
tiene apuntao en el papel me lo pagó Demetrio, el hijo de maestro Julio “el
marcador”; asina que sólo fueron tres.
FRASQUITA - ¡Masiao que sí!. Fuerte caradura tienes, se lo pagaste tú a él y ahora
me vienes a decí a mí que fue él quien te lo pagó a ti. O me pagas las quince pesetas y
los dos riales o llamo a mi marido pa´que te eche a la calle como un balde de agua
sucia.
ELOY- Frasquita, no siga con esa cabeceadura, que fue Demetrio el que me invitó a
mí a un tanganazo.
FRASQUITA - ¡Cosas con esas yo nunca he visto!. Mire usté como este soyajo se
atreve a decirme a mí como son las cosas.
ELOY – Frasquita, se lo vuelvo a repetí, usté me esta jaciendo la cuenta la pata, pero
¿por que no me echa otro ron y asína yo le pago los cinco y compartimos el
camino?.
Manolito, que está viendo como Eloy se pone pesado para pagarle a su mujer lo que le
debe, interrumpe la conversación y, en vez de amorosar la cosa, lo que haces es dirigirse
al muchacho para baldonearlo.
MANOLITO – Lo que te vamos a echar son centellas pa´ que cagues mierda de siete
colores.
ELOY - Mire Manolito. Como yo respeto a Frasquita como si fuera mi madre le voy
a pagar lo que ella dice, pero estoy seguro que me hizo la cuenta la pata; si no fue
con el ron fue con las tapas, además la ropa vieja estaba toda apeñuscá y la carne de
hila estaba pajúa.
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MANOLITO – Pos tú bien que te la comiste, que te lambiaste hasta el plato.
ELOY- ¡Alto el gallo!.Manilito, ¿usté se deja decí que yo soy un lambiaplatos?
MANOLITO – Lambiaplatos no, lo que eres un taita…
Frasquita interrumpe a Manolito.
FRASQUITA- Déjalo ya Manué, a ver si se marcha de una vez, que tengo hasta
tonturas de los nervios que me hizo coger ese arretranco.
Al final, la verdad es que no sé si es Frasquita o Eloy quien tiene razón, pero es este
último el paga como Dios manda, pues que si con uno no pudo con dos me murió.
………………………………………
En la trastienda el baile está en pleno apogeo. A los tocadores el mejunje que les
preparó Vicente les hizo el mismo efecto que la belmontina al quinqué, ya que las
canciones se suceden unas detrás de otras sin apenas pausas; hasta el punto que, debido
al sudor del los danzantes y a los efluvios de la ropa vieja emanados de los vientres
apipados, el habitáculo ya empieza a oler a bajido, por no decir a otra cosa. Mientras
uno de los danzantes, eufórico por lo animado que está el evento grita:
DANZANTE - ¡aire pa´lavuelta!.
En unas sillas, colocadas en la pared que está frente a la de donde está situada la
parranda, están sentadas dos señoras guardándoles el cesto a sus respectivas hijas. Una
de ellas es Carmela “la macha” (lo de “la macha” es porque a la hora de hacer las tareas
del campo no hay macho que le haga sombra), la otra es Maruca “la del acequiero”.
Como todo el mundo sabe que Maruca “la del acequiero” “padece”, Carmela “la
macha”, mientras juega con una llave enorme que tiene entre sus manos y sin quitarle
ojo de encima a su niña que está bailando, le pregunta a Maruca:
CARMELA - ¿Cómo estás Maruca?. ¿Me dijieron el otro día de que estás de pocas
pajas. Y que fuiste a la capital para que te viera una minencia de médico que vino de
afuera y que es de lo mejorcito que hay en todas las islas?
MARUCA –¡Ay, Carmela!, qué quieres que te diga. ¿Qué muela me voy a sacar que
no me duela?.
CARMELA – ¡Jesús mujé!. No hables asína, que parece que vas a entrar en caja.
Además, yo de ahora pocuá te veo con mejor color.
MARUCA – Que en buena hora lo digas. Pero si no llega a ser por Anastasita ya me
hubiera ido pa´l otro barrio, pos lo que yo tengo es mal hecho.
Ante la confesión de Maruca, Carmela se santigua y:
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CARMELA – ¡Que dio nos libre y Guarde!.No digas eso mujer, que yo lo que creo es
que tú tiene es melancolía,
MARUCA – Pos eso mi niña, mal hecho.
CARMELA – Y, Anastasita te dijo por un casual quien te lo jizo
MARUCA – Ella me dio que es una persona cercana…
Maruca comienza a hacer el bico, por lo que Carmela la interrumpe:
CARMELA – No te pongas ansina mi niña, que en esta vida menos la muerte to
tiene solución. Tienes que tirar pa´lantre y jacer por la vida, que entoavía tienes a
una creatura en el mundo que te necesita. Además tiene a tu marido que….
De golpe y zumbido, como si le nombra al mismísimo diablo Maruca no deja que
Carmela termine lo que está diciendo.
MARUCA– Al candil de calle y oscuridad de casa de mi marido ni me lo nombres. Yo
creo que es él el que me está echando el mal echo pa´ ansina quedarse libre y poder
amachinarse con “la viuda negra” esa. No ves como se le ponen los ojos como chopas
de vivero ca´ vez que la mira.
CARMELA - ¿Tú crees Maruca?. ¡No está pa´ menos la muchacha!. Pos si es ansina
no te quedes pa´l pie, arrima la modestia pa´un lado y págale con los mismos riales.
Dícelo a Anastasita. No, a Anastasita no, que es comadre de “la viuda negra” y de
repente a quien le jace la trampa es a ti. Yo sé de una mujer, que vino de Cuba y que
fuma puros, que es capaz de dejar a tu marido más seco que un tollo y pidiendo agua
por señas. Que quien con veneno se cría, el veneno le da vida.
MARUCA – ¡Quite pa´allá, cristiana!. Yo no soy capaz de jacer esas cosa, que mi
alma la quiero Pa´ Dios.
CARMELA – Sí Maruca tu alma la quedrás pa´ Dios, pero a tu marido si no quieres
tirarle voladores tírale peos. De todas maneras, piénsate lo que te acabo de dicí
MARUCA- Algo tendré que jacé pos asína no hay quien viva.
Al pobre acequiero, después de esta conversación, no le arriendo las ganancias.
………………………………………
Volvamos al mostrador, disbruzado en él y echo una cambaleta está Santiago “el
pirganudo” templado como un piojo. ¿Se acuerdan de Santiago “el pirganudo”, el
muchacho que más que comechoso es agarrado y que Candelaria, aunque con el dolor
de su alma, no quiso bailar con él?. ¿Se acuerdan?. Pues bien, Santiago está platicando
con Demetrio, el hijo de Maestro Julio “el marcador”.
A Maestro Julio, el padre de Demetrio, le llaman el marcador porque su oficio es
marcador de plátanos. Se pasa los días recorriendo las fincas de plataneras, enviado por
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el almacén, para indicarle a sus propietarios los racimos que deben cortar la próxima
semana.
Como le estaba diciendo, Santiago “el pirganudo” está platicando con Demetrio que,
como el mismo Santiago, tiene tan fuerte chispa que a duras penas se mantiene de pie.
Entre otros motivos, Demetrio le está aguantando la taramela a Santiago porque se
quedó arramblado y tiene la esperanza vana de que aquél lo invite a un pizco.
SANTIAGO - ¿Sabes que invité a bailar a Candelaria y la muy machanga no quiso?.
Qué se habrá creído que es, si parece un fincho de flaca. Te juro que me está
entrando la rebelina de entrar al baile y soltarle los tiempos a la jaira esa.
No debe olvidar que una de las “virtudes” que adornan a Santiago es que es un baldón y
cuando está enchispado más.
DEMETRIO – Déjate de boberías que como te metas en un lío te van a jincar a la
calle como un balde de agua sucia. Además, si te lo digo te engaño, a mi me parece
que Candelaria no está tan flaca como tu dice; yo creo que hasta tiene un pisco a
penas de baña. Lo que pasa es que a lo mejor tú te aturullaste y no te salían las
palabras
SANTIAGO – De eso na´. Es que la muy sanaca se arrepollinó en la silla y no quiso
ni mirarme. Y ensimba que le jice hasta una poesía va la madre y me llama adulón.
DEMETRIO - Mira Santiago, olvida a Candelaria y échate la tierra por ensimba.
Convídame a un pisco, que yo me quedé arramblao y tú tienes dinero a fuleque.
Ahora Demetrio se dirige a Manolito:
DEMETRIO – Manolito, ponga otro pisco aquí que lo paga Santiago.
SANTIAGO - ¡De eso nada!, usté no le ponga a Demetrio ningún pisco pa´ pagarlo
yo.
DEMETRIO – No me paso a creer lo que estas diciendo. ¿Si jace un rato me dijiste
que te ibas a invitar a un pisco y ahora te desniegas?. A mí me parece que buscar
dinero en tu cartera es como buscar queso en la cama de un perro. A cagar vayas y
no puedas.
Demetrio se separa de Santiago y se acerca Antoñillo “el caliche”, con la intención de
pegarle un sablazo y levantarle un poco de dinero para poder seguir bebiendo.
Perdone que vuelva a hacer otra interrupción del relato, pero es que no puedo seguir sin
explicar porqué a Antoñillo le dicen “el caliche”. El caliche son piedras de carbonato
cálcico que, en los hornos de cal, gracias a la acción del fuego se convierten en cal. Los
hornos de cal tenían forma troncocónica y su interior estaba dividido de dos partes. En
la parte superior era donde se colocaban las piedras de caliche alternadas con el carbón,
la inferior u hornilla estaba separada de la superior por una parrilla. Una puerta de
acceso colocada en la parte inferior del horno servía para prender fuego y sacar la cal,
una vez finalizado el proceso. El proceso tenía una duración de cinco o seis días hasta
que la cal bajaba a través de las parrillas que antes he comentado. Los hornos de cal o
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caleras dejaron de funcionar en los años cincuenta, años en que la cal fue sustituida por
el cemento.
Como Antoñillo trabaja en un horno de cal le llaman “el caliche. Así que, después de
haber explicado brevemente de donde le viene el dichete a Antoñillo, sigo con el relato.
Había interrumpido la narración cuando comentaba como Demetrio se acerca a
Antoñillo “el caliche” con la intención de que le preste unas pesetas para echarse la
arrancadilla.
DEMETRIO - Antoñillo, tú sabes que tú y yo nos criemos juntos y que semos casi
hermanos .
ANTOÑILLO – Asina mismito es, pero ¿por qué me largas eso ahora?
DEMETRIO – Antoñillo, es que estoy más arramblao que las piedras del barranco y
necesito que me emprestes, sólo emprestao eh, dos o tres pesetas pa´ jincarme la
arrancadilla y dirme pa´l catre, que mañana será otro día.
ANTOÑILLO – Ayúdamelo a cogé que´s macho. Si fuera pa´ medecinas lo que te
jaga falta, pero pa´ron yo no le presto una peseta a naidie.
DEMETRIO – Mira, no es por tirarte na´ en cara. Pero ¿tú te acuerda cuando ahí
más allá estabas con el culo a dos manos sacando la cal viva de la calera y yo te eché
una mano, que hasta me sollé to por culpa de la cal?. ¿Te acuerdas?. Pos yo no te
dije que me pagaras; y sabes por qué, porque semos amigos, y los amigos no son sólo
pa´ decirse adiós.
Demetrio deja a Antoñillo atabicado sin saber que decirle, pero como no quiere
quedarse por debajo…
ANTOÑILLO – Que en buena hora lo diga. Yo si sé agradecer los favores que me
jacen los amigos, pero es que tú quieres el dinero pa´ jumiarte más de los que estás.
¿Sabes lo que te digo?, que mejor te diera vergüenza. Como sigas dándole al trinque
de esa manera te vas a bichar como los jigos maduros, pero en vez de picarte lo
pájaros te van a picar los gusanos.
Demetrio se siente abacorado por lo que le acaba de decir Antoñillo y se queda unos
instantes atorrado, pero reacciona e intenta llevar a su amigo a la trampa luchándole con
mano abajo:
DEMETRIO - Coño Antoñillo, de repente vas y tienes razón y un día de´sto la voy a
espichá, ansina que ¡muera el gato muera jarto!. Si no quieres emprestarme el
dinero, por si me muero y no te pago la droga, convídame un pisco y amigos como
siempre.
Antoñillo, para quitarse a tremenda pejiguera de arriba,
consumiciones:
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le pide a Manolito dos
ANTOÑILLO - Manolito, cuando usté buenamente pueda nos pone dos rones y de
enyesque una sardina salá. Que para quien es madre, bueno está el padre.
MANOLITO – No le pagues más ron a ese. ¿No ves que está hasta las cajetas?
ANTOÑILLO – Échele la arrancadilla a ver si se manda a mudar y me deja
tranquilo, pos está con las bembas pa´ allá lantre porque no le quiero emprestá
dinero.
Manolito pone los dos rones sobre el mostrador y se retira unos metro para, de un cajón
redondo de de madera, sacar una sardina salada y ponerla sobre un trozo de papel de
embazar al lado de los vasos.
Mientras se separa de los dos amigos, para atender a otros clientes, va mascullando:
MANOLITO ¡Éste Demetrio es mucho!, al final le levantó el ron a Antoñillo.
……………………………………………………
Demetrio y Antoñillo, en lo que el diablo se estrega un ojo, se toman la bebida.
Mientras que Demetrio sale del bar dando tambucazos, Antoñillo se dirige a la
trastienda para echarse una pieza con Mercedes, su prometida.
Mercedes es hija de Agustina “la colorada” y de Pancho “el del macho”. Las malas
lenguas dicen que Agustina es colorada porque lo único que come es tabefe con gofio y,
en el invierno, potaje de jaramagos. Además, también según las malas lenguas,
Anastasita le preparó a Mercedes el milongo para amarrar al pobre Antoñillo, ya que a
la pobre, si se la encuentra de frente, es más fácil saltar por encima de ella que darle la
vuelta; con eso se lo digo todo. Con respecto a Pancho “el del macho”, (que como dije
es el marido de Agustina y el padre de Mercedes la que cogió a Antoñillo con malas
mañas), es mutilado de guerra. Como la paga que le quedó de mutilado no es mucha, va
ofreciendo “galán” a las vecinas del lugar y a las de los caseríos de los alrededores.
Bueno, creo que debo explicar lo de “ofrecer galán a las vecinas” para evitar malos
entendidos. Pues bien, lo que realmente hace Pancho es recorrer la zona con un macho
cabrío para cubrir las cabras descompuestas de la vecindad. Claro está que tal profesión
puede llevar a equívocos, y si no miren lo que le pasó con una vecina cuando Pancho
tocó en la puerta de la casa ofreciéndole sus servicios. Más correcto es decir que no eran
sus servicios los que ofrecía, sino los del macho:
PANCHO – Señora, ¿quiere macho?.
VECINA ¿Cuándo a onde?, caballero. El macho se lo lleva a su mujer, que seguro
que le jace más falta que a mí.
PANCHO –¡Que no señora!, que el macho no es pa´ usté, que es pa´ la cabra. Que no
hay palabra mal dicha sino mal comprendía.
VECINA – Pos pa´ la otra vez explíquese mejor. Venga la semana que viene que
entoavía no veo yo que la cabra necesite galán.
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PANCHO – Pos hasta más ver, que son señas de volver.
Anécdotas aparte, volvamos con Antoñillo que, como le comentaba, se dirige a la
trastienda para echarse un baile con su prometida. Cuando intenta pasar al interior,
maestro Chano “el mandador” le impide el paso.
MAESTRO CHANO - ¿Aonde te crees que vas a dir tú?
ANTOÑILLO – Voy a echarme una pieza con mi novia. Quíteseme delante, que
siempre esta en el centro como la ñema del guevo.
Antoñillo le habla de esta manera al mandador porque las copas son el diablo, si no
fuera así no se hubiera puesto tan gallito.
MAESTRO CHANO –¿quién es tu novia?.
ANTOÑILLO – Saifía Loren
MAESTRO CHANO – Si sigues así te vas a ver como los pelos de un bufo.
ANTOÑILLO – Mi novia es Mercedes. ¿Me va a dejar entrá o no?
MAESTRO CHANO- ¿La hija de Agustina “la colorá” y Pancho “el del macho”?
ANTOÑILLO – La misma
MAESTRO CHANO - Te dejo pasá porque ya la cosa va mermando.
ANTOÑILLO – Pos muchas gracias.
MAESTRO CHANO .- Las que tu no tienes, machanguejo.
Antoñillo va directamente a pedirle baile a Mercedes, porque al ser su novia se puede
permitir el lujo de no pedirle primero permiso a la madre.
Mercedes en cuanto lo ve entrar en el salón, se le arruga la jeta y pone un jocico como
para no acompañarla ni a recoger billetes de a duros.
ANTOÑILLO – ¿Bailamos Mercedes?
MERCEDES – Vete a bailar con quien has estado bailando toa la noche.
ANTOÑILLO – Pero si yo no he bailao con naidie. ¿Tú me has visto a mí bailar con
alguien?. Dime, ¿tú me has visto?
MERCEDES – Es igual, no quiero bailar y ya está.
ANTOÑILLO - ¡Ya coño!, fuerte conflicto. ¡Échale un puño a la baifa!
MERCEDES - No estés caracaraquiando a mi lado. Además te jiede el vajo a ron y a
sardinas salás.
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ANTOÑILLO –Vaya mujer más desamorable.
Agustina, que está oyendo la
Antoñillo:
conversación y si se calla revienta, le contesta a
AGUSTINA – Yo le guardaba el secreto. ¿Cómo se le ocurre decí que mi hija es una
deamorable?. Desamorable es usté. Y si me callo no se lo digo, pero yo le dije a mi
marío que golisniara un rato un pa´ ifuera a ver que es lo estaba usté jaciendo y me
dijió que se ha pasao toa la noche con el desmangayao de Santiago y el borrachuso
de Demetrio, despotricando el jornal de la semana en ron. A mi me parece que pa´
querer jacer una familia nueva hay que tener más fundamento y ser más comechoso.
MERCEDES – Déjelo madre, ¿no ve que se está echando al traer?
ANTOÑILLO – Ya coño, por lo visto uno no se pué echá un día la camisa por fuera,
porque enseguía le dan cuero como quien lava.. Hasta más ver señora y tú Mercedes
el jueves nos vemos.
Con la cachimba llena, salió Antoñillo de la trastienda para volver al bar, pues el
sermón que le acaba de echar Agustina bien merece un pisco.
………………………………………..
¿Se acuerda de las comadres? Bueno pues como no se pierden ni una, también se
percataron del plantón que le dio Mercedes a Antoñillo y, claro, tuvieron que hacer su
comentario sobre el particular:
ANASTASIA- ¿Te fijaste Luisa el plantó que le dio la hija de “la colorá” al pobre
muchacho?. Si llega ser hijo mío esa lo va a esperá el jueves como a las cartas del
indiano. ¿Tú te crees que por na´ y cosa ninguna se pué tratar ansina a un hombre?.
LUISA –Me dio hasta sentimiento de ver la carita del pobre chiquillo. No está pa´
menos la tambufa esa, a lo mejor se cree que es la mismísima Saifía Loren.
ANASTASIA- Ahora te digo una cosa Luisa, peor que la hija es la madre. Ella fue
quien insistió a la hija pa´ que no bailara con Antoñillo; mira tu qué tendrá que ver
que el pobre muchacho se jincara dos o tres rones pa´ mandarlo a cagar a Teror.
LUISA- Ya ves tú. Y cuando hay una muchacha que sirve no se le acerca naidie con
fundamento; y si no, ahí tienes a mi hija Antoñita, que se me va a quedá pa´vestí
santos.
ANASTASIA - Que no te apure el gallo con tu hija Antoñita, que ya verás tú que el
día menos pensando le va a salir un buen pretendiente.
LUISA – Yo sé que quien espera desespera, pero ¡ay ánimas benditas del purgatorio!,
ojalá tengas razón.
…………………………………………
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Han pasado algunas horas desde que comenzó el baile. Los cuatro amigos que están
echando una partida a la baraja deciden arrancar la penca, porque en cualquier momento
pueden llagar los rompedores y ya ellos no están para esos trotes.
RAMÓN “EL CHAMUSCADO” – Amigos, creo que ya va siendo hora de dirse
recogiendo, pos dentro de poco aquí puede haber mojo con morena y la verdad es que
uno ya no tiene años pa´ recibí un lambriazo de un monifato d´eso, que entoavía
están con el cascarón en el culo y ya van buscando pelea por la vida.
ANTONIO “EL CAMBULLONERO” – Amigo Ramón, usté siempre con el mismo
barrenillo. Si se le ocurre a algún vagañete de´sos venir a joder la paciencia a uno,
me cago en la leche un tuno, no le arriendo las ganancia, pos le meto un macanazo
con el palo de acebuche que tengo al medio las patas que lo dejo más empenao que
un churro.
PANCHITO “EL PASTOR” - Pos yo qué quieren que les diga. A mí me parece que lo
mejor es jacer lo que dice Ramon y dir levantando el vuelo; que a mi tampoco me
gustaría verme metío en un rebumbio que dispués no sabe uno ni cómo salir.
MAESTRO “PEPE EL HERERO” – Sería con gracia que vinieren unos baladrones y
empezaran a baldoniar a unas personas mayores como nosotros, entonces el mundo
sí que se va a acabar
ANTONIO “EL CAMBULLONERO” – Mire que es usté un bondon maestro Pepe.
¿Usté cree que´sos monifatos van a respetar las canas de los aquí presente, contrimás
si viene jartos de ron como cochinos?
RAMÓN “EL CHAMUSCADO” – A todo esto, ¿qué hora tiene ustedes?
MAESTRO PEPE “EL HERERO” - Yo tengo las diez y media pasadas.
ANTONIO “EL CAMBULLONERO” – ¡Ya coño, maestro Pepe!. Usté tiene el reloj
por la bomba del tanque, si sólo son las diez y cuarto.
PANCHITO “EL PASTOR” – Es que el reloj que tiene maestro Pepe se lo compró a
un cambullonero que se le cayó al agua; pero tuvo suerte, tampoco se mojó el jodío
reloj.
ANTONIO “EL CAMBULLONERO” – Panchito. ¿Usté se está dejando decí que lo
de la máquina de retratá fue mentira?. A mí me parece que usté es un poco jodelón.
RAMÓN “EL CHAMUSCADO” – A mí me parece que, de los dos, el que menos corre
se lo lleva el barranco.
Esta sentencia de Ramón el Chamuscado pone el punto y final a la tertulia de los cuatro
amigos que, después de pagarle la “dolorosa” a Manolito, se retiran a sus respectivos
hogares.
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…………………………………………………..
Cuando salen de la tienda, se tropiezan en la puerta con Periquito que ese momento
entra en el local con la intención de compra una cuarta de belmontina para el quinqué,
porque el hombre tiene una vaca de parto y posiblemente tenga que pasar toda la noche
atendiendo al animal.
La puerta de la tienda, al tener sólo una de las dos hojas abiertas, no permite la entrada
y salida simultáneamente de dos personas. Antonio el cambullonero, que es el primero
que intenta salir, le cede la entrada a Periquito
ANTONIO “EL CAMBULLONERO” – Usted
alcalde´.
primero compadre, que ha sido
PERIQUITO - Gracias amigo. ¡Que nunca las mañas pierdas!
Periquito es un hombre corpulento, con una prominente barriga. Tocado con un
sombreo camina pausadamente, sin prisas. Sobre el hombro derecho lleva colgada una
soga de esparto y con la mano, del mismo lado, empuña una caña a modo de bastón.
Unos metros más atrás, con un cesto de mimbres en el hocico, le sigue su fiel perro.
Periquito es un hombre bonachón, amable y muy culto. Aquí le quiero aclarar que no es
lo mismo tener conocimientos que ser culto. Ser culto o tener cultura es conocer la
realidad, o el entorno donde uno vive, y actuar de acuerdo con esa realidad o ese
entorno; es decir, actuar de forma adaptada al ambiente que nos rodea. Pues bien, como
acabo de comentar, Periquito es un hombre culto porque vive en armonía con el
ambiente que lo rodea y si vive en armonía con su ambiente es porque lo conoce.
Nuestro hombre lo mismo le cura la tetera a una cabra como saca adelante el parto
complicado de una vaca. Sabe cuando debe plantar las papas o el millo, cuando podar
un árbol o sulfatar las parras. En definitiva, Periquito conoce perfectamente el ambiente
donde vive y, además, es comporta de forma acorde con ese ambiente. Por lo tanto,
como acabo de comentar, es un hombre culto y, como todos los hombres cultos, es muy
querido y respetado por sus vecinos.
Cuando Periquito llega al mostrador de la tienda saca de la cesta que lleva su perro en
el hocico una botella vacía y solicita la atención de Manolito:
PERIQUITO– Buenas noches. Manolito, ¿parece que los muchachos esta noche
están algo zafados?.
MANOLITO-Zafaos, lo que están templaos como requintos. ¿Qué vueltas por aquí a
estas horas?
PERIQUITO– Na´ Manolito, que tengo unas traquinas ensimba que ni le cuento.
Resulta que tengo una vaca de parto y yo creo que des´ta noche no pasa sin parir,
pero a mi parecer la cría viene de culo; asina que voy a tener que estar toda la noche
al pié de´lla, porque el animal sólo no va a poder parir. Por eso vengo a que me
despache una cuarta de belmontina pa´ el quinqué porque la noche se me va a jacer
larga.
MANOLITO – Pos si usté dice que el becerro viene de culo es que viene de culo,
porque en esas cosas no hay naidie que a usté le coja el totizo.
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Manolito le pone la cuarta de belmontina en la botella y se ofrece a ayudarle:
MANOLITO – Periquito, si usté quiere, cuando cierre la tienda me doy un salto hasta
el alpende pa´ ver si necesita más belmonita o cualquier otra cosa.
PERIQUITO – Yo se lo agradezco en el alma, pero no se preocupe. Cuando cierre lo
que tiene que jacer es irse adormir, pos con el rebumbio que tiene aquí dentro va a
terminar trastumbao.
MANOLITO – Pos na´, que tenga suerte y le salga to bien.
Periquito mete la botella en la cesta, enciende la vela del farol y abandona la tienda
………………………….
Al momento de Periquito abandonar la tienda, entra en la misma Adelaida la mujer de
Francisquito “el garepa”. Adelaida, además de salpicona, es una cachorra de mujer. Al
contrario que su mujer, a Francisquito le dicen ”el garepa” porque está mas seco que
un pejín y si se asienta en el canto de un duro no le llegan los pies al suelo. Ya se
puede usted imaginar, cuando Adelaida y Francisquito salen juntos a la calle, la
cantidad y variedad de comentarios que se escuchan de la pareja: que “ si ella parece
que lleva una alcayata clavada”, que “si ella estuvo segando hierba y se le pegó un
carrancio”, que “si en la cama ella se jinca un peo tira al marido al suelo”; así muchas
florituras más que yo no me atrevo a reproducir aquí.
Bueno tengo que decir que si Adelaida vino a la tienda de Frasquita y Manolito no es
precisamente para iasistir al baile de cuerdas. Vino a buscar al bueno de Francisquito,
que tiene tan fuerte borrachera que no se atreve a moverse de la barra para no dar con
los huesos en el suelo, pues el bar se le mueve más que una chalana en alta mar con mar
de fondo.
Así que cuando Adelaida entra en la tienda y ve en las condiciones en que se encuentra
su marido, con bastante remango, exclama:
ADELAIDA- ¡Ah truján!, aquí te quería encontrar yo.
Fue tan fuerte el grito que dio que todos los hombres que están en la tienda miran a ver
si algún fantasma había entrado en el local.
Según se va cercando Adelaida a su marido la expectación va en aumento. Incluso
alguno busca un apostante para jugarse cinco duros a que la mujer, cuando llegue a la
altura del marido, “le iba a soltar un jilbanazo” que lo iba a dejar en el suelo con las
patas parra arriba como las cucas.
La mujer, sin importarle lo más mínimo el espectáculo que está dando, sigue
baldonando a su pobre marido:
ADELAIDA – Con que ibas a echarle una mano a Periquito en el parto de la vaca.
La mano te la voy yo a echar yo a ti pero al cuello; verás la tuesta que te voy a dar
cuando lleguemos a casa. Sinvergüenza, que no tienes vergüenza maldita. Mira que
mi madre me lo dijo, “no te cases con ese que es un arranclín y con él no tendrás
nunca un día de felicidad”. Dónde estaría yo que no le puse asunto a lo que me dijo
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mi pobre madre y me casé con el monifato este. Ya verás que de la tollina que te voy a
dar no te va a conocer ni la madre que te parió, que en paz descanse.
FRANCISQUITO – Manolito, verdad que, aquí mi señora, no es bonita pero tiene su
rebujón. Si no fuera por esa forma de jablar que tiene naidie diría que no estudió en
ca´ las madritas. Y ….jablando de madritas, ¡ay madrita!, la que me espera a mí esta
noche con este diablo de mujé.
ADELAIDA – ¡Venga, vamos pa´casa!. Que te voy a enseñá yo a ti lo que es un
hombre con fundamento.
MANOLITO- Francisquito, yo que usté le haría caso a su muje y me iba pa´la casa
con ella. Ah, y que Dios lo coja confesao.
Adelaida coge al pobre Francisquito el Garepa por un brazo y lo saca de la tienda casi
en volandas. Como se puede imaginar, en cuanto la pareja sale de la tienda los
cometarios burlescos no se hacen esperar:
ANÓNIMO 1 - Con las pocas pajas que tiene “el garepa”, verán los aquí presentes
que mañana ya no jace sombra.
ANÓNIMO 2 – Pos yo pa´ tener una mujer como esa prefiero tener un burro; al fin y
al fallo los dos se montan.
ANÓNIMO 3 – Cuando un hombre se deja coger la camella por una mujer….
ANÓNIMO 1- Si esa mujer tuviera un pisco bigote sería lo más parecido al cabo de
la guardia civil.
FRASQUITA – ¡Si la boca les creciera!. A la Guardia Civil es a la que voy a mandar
a buscar yo como ustedes sigan diciendo cancaburradas. No se dan cuenta de lo mal
que lo está pasando la pobre Adelaida con un perdulario como ese de puertas pa´
dentro.
MANOLITO – De pobre na´. El pobre es “el garepa” que esa mujer de las palizas que
le pega le tiene el cuerpo lleno de torondones.
FRASQUITA - ¡Ave mería!. No será pa´ tanto.
ANÓNIMO 1 – Frasquita, lo que la pasa a Francisquito es que es un tolete y no se da
cuenta de que está chotiao.
ANÓNIMO 2- Lo que pasa aquí es que todos los que hablamos de lana no somos
corderos. En el puesto de Francisquito me gustaría ver a mí a algunos de los
presentes. ¿Verdad Manolito?.
Cuando Manolito escucha la pregunta que le acaban de hacer se le ponen los ojos como
chernes y se dijo para dentro “este pendejo me está comparando con “el garepa”
MANOLITO ¿Por qué me preguntas eso a mí?
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ANÓNIMO 2 – No, por na, es que pa´ aguantar la tecla de Frasquita…
MANOLITO – ¡Me cago en la leche un tuno!. A mí me da que a ti se te va la
taramela. A mí no me sorroballa naidie y menos mi mujer ¿Verdad Frasquita.
FRASQUITA – Claro que sí Manué.
ANÓNIMO 1- A tu amaño mulita, como no me tumbes.
ANÓNIMO 2- Coño, Manolito, no se me ponga asina conmigo, que a mí me gusta
decir las cosas a la cara y no a la songa.
FRASQUITA - Déjalo ya Manué, no ves que tiene la cabeza más dura que un
tenique.
MANOLITO- Lo que tú digas Frasquita.
Como pueden darse cuenta, el hombre tiene siempre la última palabra cuando discute,
bueno, cuando intercambia opiniones con su esposa. “Lo que tú digas cariño”.
……………………………………….
En la trastienda quedan ya muy pocos vecinos y al mandador se le nota algo nervioso.
Es un hombre con mucha experiencia en esto de los bailes de cuerda y sabe que es la
hora en que los rompedores suelen venir a buscar pleitos para así romper el baile.
Solamente hay dos parejas bailando y sentadas cinco o seis mujeres. Los pocos
hombres que quedan están en el bar echándose la arrancadilla porque el baile de cuerdas
está a punto de llegar a su final
También en el bar se masca el nerviosismo, por lo que Frasquita le dice en voz alta a
los clientes:
FRASQUITA- Trangullénse lo que les queda que vamos a trancar, que mañana será
otro día.
Lo que frasquita quiere es cerrar la tienda cuanto antes y así evitar que cuatro o cinco
pitoños, con ganas de pleito, entren en la tienda y arruinen la noche. Manolito, que es
más cándido que su señora esposa, no comprende la actitud de ella y le replica:
MANOLITO- No seas trochona Frasquita y no te preocupes por medios días
habiendo días enteros.
Normalmente esa intuición que tienen las mujeres no suele fallar y, efectivamente,
según termina de hablar Manolito, el mandador, que salió a tomar un poco el aire y de
paso ver cómo está el ambiente, gritó:
MANDADOR - ¡La perica en puerta!
Al oír la frase pronunciada por el mandador, a las pocas personas que quedan en la
tienda se le bajaron las alas del corazón. Todos saben que lo que quiso decir el
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mandador es que están a punto de entrar en la tienda un grupo de jóvenes, con fama de
de rufos, que acostumbran terminar sus rumantelas rompiendo los bailes de cuerda.
De todos ellos el más conocido es Jacinto “el pastura”. Le dicen “el pastura” porque
por donde pasa lo deja todo hecho una mierda, perdón. A Jacinto lo acompaña cinco
galletones que cuando van en grupo se hombrean mucho, pero cuando están solos son
unos ñangas. Quizás, después de Jacinto “el pastura”, el más peleón es Carmelo “el
majalulo”. El nombrete de “majalulo” le viene de familia, ya que es hijo de Ricardo “el
majalulo”, procedente de Fuerteventura.
Jacinto el Pastura, después de sangolotear al mandador, entra en el baile con una sereta
en las manos y a viva voz empieza a baldonear a los presentes, sobre todo a las mujeres.
Él sabe que metiéndose con las mueres es la mejor forma de comenzar un pleito.
JACINTO “EL PASTURA”- En esta sereta me voy a llevar todos lo jigos que hay aquí
dentro esta noche. Arrejundan a meterlos dentro pa´ que no nos canten los gallos.
Maestro Chano, esperando que alguno de los presentes le echara una mano, es enfrenta
al Pastura:
MAESTRO CHANO –Jacinto, mira que eres taranta. Tú vienes aquí a sorroballar a
la gente como si fuera un deleite. Lo que tienes que jacer, tú y los singuangos que
vienen contigo, es coger la puerta y decir adios por papeles.
JACINTO “EL PASTURA” – Mire maestro Chano, vale más que se roya el cabo y no
me llene la cachimba, porque como le jinque un cabe va a ir a tener que dir a pedir
agua por señas.
Maestro Chano, llenándose de valor le contesta:
MAESTRO CHANO – Tanto daño me jagas, como miedo te tengo, que todos los que
son como tú sólo saben tocar de oído cuando van acompañados.
Los pocos hombres que aún quedan en el bar, al enterarse de lo que está pasando, se
dirigen a la trastienda para defender a maestro Chano. El mandador, al verse apoyado
por algunos vecinos, vuelve a decirle al Pastura que se marche del local:
MAESTRO CHANO – Mira Jacinto, si no te vas ahora mismo, creo que te vas a ver
feo pa´ salir de aquí sin niguna chocaura. Asina es que el que se va a roer el cabo
vas a ser tú. Recula como los carneros y te vas marchando por donde viniste, que pa´
lo que trajiste bastante llevas.
Mientras, en el bar, Carmelo “el majalulo” le pide a Frasquita que le ponga un ron para
él y otro para el resto de los rompedores:
CARMELO “EL MAJALULO”- Frasquita, pónganos aquí unos rones y un plato de
chochos, que los jigos los trae ahora Jacinto. Ah, que se me olvidaba, la cuenta la
apunta en la pared y después mande a albiar.
Frasquita, que no puede aguantar las insolencias del “majalulo”, se pone como una
quícara
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FRASQUITA – Mira, bagañete, cuando tú naciste tu padre hacía un año que estaba
p´afuera; y yo muchas veces tuve que darle un plato comida a tu madre pa´que
pudiera criar leche pa´que tu mamaras. Asina que no me vengas ahora darme la tecla
porque, ¿ves este palo de barbusano que tengo en la mano?, te lo juro que como te lo
ponga sobre la cabeza te la saco por el …..Bueno, mejor que no lo diga.
CARMELO “EL MAJALULO”- ¡Ñó!. Yo le guardaba el secreto. Pero, ¿cómo pude
nacer yo al año de haberse embarcao mi padre?
FRASQUITA – Mi niño, es que tu madre parió de doce meses como las burras.
CARMELO “EL MAJALULO”- ¡Aah! y decía yo. ¡Venga!, ponga esos rones que
convida la casa.
Frasquita le sirve “al majalulo” lo que había pedido y, sin sacar cuentas malditas, le pide
al ignorante cinco duros
FRASQUITA – Los rones y los chochos son cinco duros, o me pagas o te abro la
cabeza con el palo.
Mientras esto sucede en el bar, en la trastienda a Jacinto “el pastura” se le están
complicando las cosas, pues se da cuenta que, de formarse el pleito, ellos son menos y
pueden salir trasquilados, por lo que no le queda más remedio que quedarse por debajo
y pegar la reculada.
JACINTO “EL PASTURA” – Mire maestro Chano, como yo a usté lo respeto le voy a
jacé caso y por los jigos no se preocupe. Ya vendré otro día a buscarlos cuando esté la
tienda abierta.
MAESTRO CHANO – Tú no le tienes respeto a naidie. Lo que pasa es que eres un
gallina y sabes que esta noche los jigos se pueden convertir en agua caliente pa´
desplumarte. Asina que vamos al bar para que saques de aquí a los rañosos que
vinieron contigo.
JACINTO “EL PASTURA” – Lo que usté mande maestro Chano, que pa´ eso es el
mandador.
Cuando Carmelo “el majalulo ve entrar en la tienda a Jacinto el Pastura, rodeado de
hombres y más pálido que un bufo, le entran tales temblores que hasta el ron que se
está tomando se le fue por el gallillo viejo, quedándose sin resuello. Frasquita, que se da
cuenta de la situación le pregunta, burlona:
FRASQUITA - ¿Qué te pasa Carmelo, que te veo añurgao?. ¿Tú no sabes que el ron
se jizo pa´ los hombres, no pa´ los monifatos como tú?
Jacinto “el pastura” se acerca al mostrador, donde está “el majalulo” y el resto de los
alborotadores para decirles que se tienen que marchar.
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JACINTO “EL PASTURA” – Compañeros, aquí esta noche echaron sajumerio. Y
como los jigos que vinimos a buscar entoavía están verdes, mejor es que nos
marchemos y vengamos otro día. Además con el rey y la mala hasta el burro gana.
Cuando van a salir como rehiletes local, Frasquita llama a Carmelo “el majalulo”. El
muchacho se frena en seco, pensando que todavía no se va de allí sin llevarse un
rebencazo con el palo de barbusano
FRASQUITA – Carmelo, mi niño, ¿aonde vas con tanta prisa y sin pagar lo que
debes?
CARMELO “EL MAJALULO” - ¿Cuánto dice que le debía?
FRASQUITA- Cinco duros, mi niño.
Carmelo se echa manos a los bolsillos, pero no tiene dinero suficiente para pagarle a
Frasquita lo consumido.
CARMELO “EL MAJALULO” – Frasquita, sólo me queda tres duros y dos pesetas.
¿Por qué no me echa un fiao, que yo vengo mañana y se lo pago.
FRASQUITA –Ay Carmelito, mi niño, esperar a que tú vengas mañana a pagarme es
como esperar a las cartas de la Habana. ¿Por qué no le dices a tu amigo Jacinto que
te empreste él lo que a ti te falta?
Y dirigiéndose a Jacinto le pregunta:
¿Verdá Jacinto que tú le vas e emprestar a tu amigo Carmelo las ocho pesetas que le
faltan?. ¿Verdá que sí, Jacinto?
Jacinto saca dos duros y los pone sobre el mostrador para que Frasquita se cobre
JACINTO “EL PASTURA” – Masiao que sí. Cóbrese de aquí lo que le falta a
Carmelo.
Frasquita, mientras recoge el dinero del mostrador, se sigue burlando de aquellos
monifatos.
FRASQUITA - ¿Qué te parece Carmelo, mi niñito, si me quedo con el cambio?. Lo
digo por si vienes mañana a comprar los jigos.
JACINTO “EL PASTURA” – Frasquita, eso como usté lo crea conveniente.
La tendera, le da el cambio al Pastura y cuando van a salir les dice:
FRASQUITA – Mis niños, no se vayan entoavía pa´ que desayunen.
Cuando se van los rompedores, Manolito le dice a Frasquita:
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MANOLITO – Frasquita, ¡quiera Dios madrina! que esos rufianes no vengan por
aquí cuando cerremos la tienda. Coño, es que te pasaste cobrándole a Carmelo “el
majalulo.
FRASQUITA – Mira Manué, es que como nos mandó a albiá las paredes le solimpié
un duro pa´ comprar la cal
MANOLITO – Frasquita, ¡eres de lo que no hay!.
………………………………………………..
En la trastienda, los tocadores dan por finalizado el baile con un popurrí de canciones de
moda.
Cuando los danzantes abandonan la trastienda y los tocadores se quedan solos, Pepito,
mientras recogen los instrumentos, hace un comentario al resto de los compañeros:
PEPITO – Vaya Cabronada nos jizo el jodio de Vicente. ¡Mira que jincarse el ron y
ensimba mearse en la botella!.
A lo que Silvestre le contesta:
SILVESTRE – Agárrate el pico, que la cabronada te la jizo a ti y tu nos embarcaste a
tos nosotros.
PEPITO – Que más da que me la jiciera a mí sólo, si aquí los meaos nos los
repartimos entre todos.
Perico da por terminada la conversación diciéndole a Pepito:
PERICO – Lo que tiene que jacé ahora es convidarnos a un pisco pa´ desinfestá la
garganta de los miaos de Vicente.
Salen los tocadores de la trastienda y se dirigen al bar para tomarse el “penúltimo” ron
antes de abandonar la tienda:
PEPITO – Manolito, pónganos la arrancadilla antes de dirnos a descansá, que la
pago yo. Ah, que se me olvidaba, ¿ya subió la cuarta de ron?
MANOLITO – El ron no ha subido.
PEPITO – Entonces, ¿por qué me cobró demás cuando le mandé a buscá la botella de
ron con Vicente?
MANOLITO – Yo no te cobré demás, te cobré lo de siempre. Entre la botella y el
pisco que se jincó Vicente fueron cinco pesetas
PEPITO - ¡Cómo que cinco pesetas!, si Vicente me dijió que eran seis.
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MANOLITO – Yo me parece que tú eres más bobo que él. Lo que me vino diciendo,
que hasta a mí me extrañó, fue que tú le diste una peseta de propina pa´que se jincara
un pisco por el mandao.
PEPITO – ¡Ya coño!, a mi me parece que ese se jace el bobo pa´ que lo carguen. Pos,
ensimba de mearse en la botella, también me solimpió una peseta.
Con risas y burlas hacia Pepito abandonan la tienda los tocadores.
………………………………
Pasada la media noche sólo quedan en la tienda el matrimonio y Andrés “el gago”.
Andrés, que trabaja en un pozo cercano, está haciendo tiempo para ir a achicarlo.
Una vez más tengo que apartarme del relato para explicarle, si no lo sabe, que es
“achicar un pozo”. Los pozos antiguos eran, y siguen siendo, unas excavaciones que
podían llegar e incluso exceder los doscientos metros de profundidad. Normalmente, a
distintas profundidades se suelen ramificar en galerías con la intención de captar los
acuíferos de la zona. Como es lógico, todas las aguas captadas, bien por las galerías o
por los diferentes acuíferos que va encontrando a su paso la excavación, se depositan en
el fondo del pozo. La operación de sacar toda esa agua hacia la superficie es lo que se
conoce como “achicar el pozo”. Para ello, los pozos cuentan con bombas sumergidas,
que son las que impulsan el agua hacia la superficie. Ahora bien, esas bombas no
pueden estar constantemente funcionando, pues puede suceder que el pozo se quede sin
agua y las bombas sigan trabajando en vacío, llegando así a estropearse. Para evitar que
esto suceda, las bombas se ponen a funcionar en unas horas y durante un tiempo
determinado, que depende del volumen de agua que capta el pozo. En la actualidad, la
mayoría de estos pozos tienen sensores que controlan el funcionamiento de las bombas
sin necesidad de la manipulación humana, pero en la época en que sucede este relato el
control de las mencionadas bombas lo hacían los hombres que trabajaban en los pozos.
El trabajo en los pozos era una tarea muy penosa y peligrosa, donde no era raro que
cada cierto tiempo muriera algún trabajador, bien por precipitarse al vacío o por el
efecto de “gas” que se depositaba también en el fondo de ellos.
Retomando el relato, nos habíamos quedado en la tienda con el matrimonio y Andrés
“el gago”, que está haciendo tiempo para ir a achicar el pozo.
Andrés es tartamudo, claro, por eso le llaman “el gago”. Pero lo que usted no sabe es
qué también le dicen “el pianista”. ¿Quieren saber por qué?. Resulta que, como casi
todos los tartamudos, Andrés es un cantador que manda peras a la plaza, incluso de vez
en cuando acompaña a la parranda de Pepito en algunas tocatas. Pero lo curioso es que,
por supuesto, como casi todos los tartamudos, cuando canta no “pistonea”, es decir
cuando cantar no gaguea. Un día se le ocurrió a nuestro amigo, por si había algún
remedio, comentarle a un médico su problema. El galeno le explicó el motivo por el
cual cuando uno canta no tartamudea; le comentó que la tartamudez es un trastorno que
se produce porque, el que lo padece, cuando habla pierde el ritmo de la conversación y
cuanto más nerviosos se pone peor. Pero cuando canta lleva el ritmo de la canción por
eso no gaguea. El matasanos le propuso una estrategia para que le ayudara a hablar sin
tartamudear, sobre todo, cuando se ponía nervioso. La estrategia consistía en marcarse
él mismo el ritmo, golpeando con los dedos una superficie. Así, en alguna ocasión,
alguien que lo vio poniendo en práctica la mencionada tarea le preguntó que si “estaba
tocando el piano”. A partir de ese momento se quedó con el nombrete del “pianista”.
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Pero igual que no hay un cojo bueno, tampoco hay un gago que sea mejor y Andrés no
iba a ser la excepción. Andrés no se hizo mataperros, nació ya hecho. Si no se cree lo
que le cuento atienda a la conversación entre él y el matrimonio:
MANOLITO – Andrés, mira que cuando eras un chiquillo eras más malo que carne
pescuezo.
FRASQUITA - Y eso que tu padre te daba cuero como quien lava, pero tú no
escarmentabas.
MANOLITO – Me acuerdo que una vez viniste a venderme una maná de tiras de
plataneras y le pusiste una tenique adentro pa´ que pesara más. Cuando fui a ponerla
en la báscula pa´ pesarla se me cayó la piedra en la pierna derecha que por poco me
dejas tullido pa´ toda la vida. Tú saliste corriendo, que las patas te llegaban el culo,
pero la maná de tiras no la cobraste, truján.
ANDRES “EL GAGO” - ¡Co-co- ño, Ma- ma-nolito¡, entoavía se-se acu cu- erda de
d´eso. Si-si- eso es-es más- más viejo que- que el cami-mino del del pu-pu-erto
MANOLITO –No me voy a acordá si ca´ vez que hay una cambiatina de tiempo la
pierna me da rayos y centellas
Como antes comenté, Andrés no se había hecho un mataperros, había nacido así y
cuando una persona nace mataperros, no piensa en otra cosa más que en hacer
mataperrerías.
La noche anterior, para que no lo abacorara el sueño mientras achicaba el pozo, no se le
ocurrió otra cosa que prepararle una perrería Frasquita y a Manolito. Se entretuvo en
separar el anverso del el reverso de un billete de cinco pesetas. Parece ser, a mí no me lo
crean, que había algunos billetes de aquel valor a los que, con bastante paciencia, se
podía separar el anverso del reverso. Como no podía ser de otra manera, Andrés logró
su objetivo y separar las dos partes de billete.
Anteriormente, durante el baile, se aprovechó del rebumbio y le encasquetó una parte
del billete a Manolito, sin que éste se diera cuenta del engaño. Pero ahora, que sólo está
él y el matrimonio, la cosa se pone más difícil para terminar la mataperrería. Pero como
en lo poco, poco se pierde, se lanza a degüello:
ANDRES “EL GAGO” – Fras-qui-quita, jin-jín-queme el pe-pe-núltimo, que- que me
voy a-a dir a-a achicar el po-pozo.
Andrés se bebe el ron y saca de uno de los bolsillos del pantalón la otra parte del billete.
Con disimulo, lo coloca sobre el mostrador de tal forma que al vista queda la parte sana
del billete.
ANDRES ”EL GAGO” – Fras-Fras-qui-quita, vá-váyase co-co-brando de-de aquí.
Mi-mire Fras-Fras-qui-quita co-como, yo si-si no es ho-hoy se-será ma-mañana, yo
me-me vo-voy a gas-gastá el cam-cambio, dé-déjelo a-a cuenta pa´pa ´otro dí-día.
FRASQUITA- Cómo tú quieras Andrés, ya sabes que aquí lo tienes.
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Lo mujer coge el billete y lo mete en el cajón con el resto de los billetes sin
percatarse, igual que anteriormente su marido, del engaño.
Andrés con una sonrisa maliciosa se despide del matrimonio:
ANDRÉS “EL GAGO” – Has-hasta ma-mañana, si- si Di-Di-Dios qui-quiere y deldel di-dis-disgusto no- no se- se mu-mu-eren.
Cuando Andrés abandona la tienda Frasquita y Manolito se quedan mirando el uno para
el otro:
MANOLITO – Yo me digo. ¿Que quería decí Andrés con eso de que si no nos
morimos del disgusto?
FRASQUITA- Y tú le jaces caso a él, no sabes que es un bromista
Lo que sucederá mañana, cuando Manolito y Frasquita hagan el arqueo y se den
cuenta de la mataperrería que les hizo Andrés el Gago, se los contaré en otro relato
porque este va llegando a su final.
Mientras Frasquita ordena un poco la tienda, Manolito tranca por dentro la puerta del
local, colocando el palo del barbusano a modo de retranca para dar más seguridad a la
misma.
El silencio es telón invisible que cae en la tienda de Frasquita y Manolito, dando por
terminada una obra escrita por los mismos protagonistas. Una obra que en ningún
momento ha tenido el propósito de ridiculizar la cultura de mis antepasados, y por ende
la mía. Más bien, ha sido escrita como una plegaria a una cultura, a mi cultura, que veo
como se muere desangrada por las garras de la globalización.
PROTAGONISTAS DE ESTE RELATO
Paco, el hijo del molinero,
Juana “la de Lolita”
Lolita
Maestro Chano “el mandador”
Anastasita “la santiguadora”
Luisa
Ramon “el chamuscao”
Antonio “el cambullonero”
Panchito “el pastor”
Maestro Pepe “el herrero”
Antoñita,
Vicente, “el bobo”
Pepito (tocador )
Maestro Andrés (tocador)
Silvestre (tocador)
Perico (tocador)
Juan “el negro”
Paquita “la partera”
Frasquita y Manolito (tenderos)
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Santiago “el pirganudo”
Candelaria, la hija de Paquita “la partera”
Eloy
Demetrio
Maestro Julio “el marcador”
Carmela “la macha”
Maruca “la del acequiero”
Antoñillo “el caliche”
Periquito
Mercedes, novia de Antoñillo e hija de Agustina
Adelaida
Agustina la Colorá
Francisquito “el garepa”
Pancho “el del macho”, marido de Mercedes “la colorá”
Anónimos (1,2 y 3)
Jacinto “el pastura” (rompedor)
Andrés “el gago” o “el pianista”
Carmelo “el majalulo (rompedor)
Alguno que se me ha escapado
EPÍLOGO
De todas las definiciones de cultura que conozco, me quedo con aquella que dice que
“tener cultura es tener conocimiento de la realidad en que uno vive y actuar en
consecuencia”. Realmente eso es lo que hacían nuestros mayores. No sé si de alguna
forma eran conscientes de la fragilidad de nuestro entorno, pero de lo que sí estoy
seguro es que eran conocedores de la realidad en que vivían y que vivían en armonía
con esa realidad.
Con lo anterior no quiero que se me etiquete de inmovilista, nada más lejos de la
realidad ya que el inmovilismo es anticultura. Me explico, la función más importante
que desempeña las culturas de los pueblos es la adaptación de esos pueblos al medio
donde viven; es decir, la cultura cumple una función adaptativa al medio. Pero el medio
no es inmutable, más bien es cambiante, por lo que la cultura, para ser adaptativa, debe
también evolucionar e incorporar a su acervo todas las innovaciones necesarias para
cumplir su función. Otra cosa bien distinta es lo que, por desgracia, ha ocurrido y sigue
ocurriendo en la historia de la humanidad: las culturas más poderosas aplastan a las más
débiles.
Así, cuando un pueblo pierde su cultura también pierde sus señas de identidad,
desapareciendo como pueblo y quedando diluido dentro de la cultura invasora. Cuando
una colectividad llega al punto de avergonzarse y renunciar de sus tradiciones para
caer en conductas desadaptativas, por lo tanto perjudiciales tanto para la ella misma
como para su entorno, está irremediablemente condenada a la desaparición.
Y usted se preguntara, ¿Qué relación tiene esto último con lo narrado hasta ahora?.
¿Qué tendrá que ver la cultura con las conversaciones sostenidas en la tienda de
Frasquita y Manolito?. Y en los bailes de cuerda, de San Pascual o de taifas, ¿dónde se
refleja en ellos los efectos adaptativos de la cultura?.
Bien, voy por partes. En este momento ya debe tener claro que cualquier actividad
que se realice tanto en grupo como individualmente y que tenga como consecuencia una
mejor adaptación del individuo o del grupo al el entorno donde vive es una actividad
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adaptativa y por ende saludable, pues con ella se aumenta la probabilidad de desarrollo
y supervivencia tanto del individuo como del grupo al que pertenece. Así, esa actividad
que aumenta la probabilidad de supervivencia de los individuos pasará a formar parte
del acervo cultural de esa colectividad.
Por otra parte, el relieve de nuestras Islas, principalmente las occidentales y más
concretamente las zonas del norte, es muy montañoso y surcado por profundos
barrancos. Una de las consecuencias de esta orografía tan accidentada es que, hasta hace
relativamente pocos años, los asentamientos poblacionales eran muy pequeños y
dispersos; con el inconveniente añadido de tener unas vías de comunicación muy
difíciles de transitar. Por lo tanto, si las personas no tenían una motivación importante
(entendiendo que la motivación es lo que impulsa a las personas a realizar ciertas
conductas para satisfacer una necesidad) no se desplazarían a los pueblos vecinos.
Abraham Maslow, psicólogo humanista estadounidense, amplió en 1943 su “Teoría
sobre la Motivación Humana”. En ella, utilizando una pirámide, Maslow jerarquizó las
necesidades humanas, quedando las necesidades básicas en la base de dicha pirámide.
Además, según este psicólogo, las personas no buscaran satisfacer otras necesidades,
situadas en los niveles superiores de la pirámide, hasta que no tengan satisfechas las
necesidades situadas en el nivel inferior. Las necesidades básicas no son otras que las
fisiológicas (respiración, alimentación, descanso, sexo, etc.).
No sé si va captando a donde quiero llegar. Si se fija, entre otras, la alimentación y el
sexo son, según lo que acabamos de ver, necesidades básicas; y son básicas porque si no
se pueden satisfacer peligra la supervivencia, tanto del individuo como de su especie.
Sigo, en las tiendas de aceite y vinagre se satisfacía al menos una de esas necesidades
básica, la alimentación. Pero también se satisfacía otras necesidades situadas en un nivel
superior de la mencionada pirámide; son las llamadas necesidades de “afiliación”. Entre
las necesidades de afiliación se encuentran la amistad y el afecto. Por tanto, las
necesidades de afiliación se basan en las relaciones sociales. Si al hombre se le define
como “ser social por naturaleza” y además se dice que si el hombre a pervivido ha sido,
precisamente, por su capacidad de vivir en sociedad, sobra seguir argumentando
también sobre la importancia de las necesidades de afiliación. Con lo visto has ahora
queda claro, al meno eso creo yo, la importancia de las tiendas de aceite y vinagre en la
cultura de nuestros antecesores.
Pero, ¿y los bailes de cuerda?. ¿Cómo se puede justificar que los bailes de cuerda
también cumplían una función importante dentro de la cultura isleña, teniendo en cuenta
lo visto hasta este momento?
En algunas sociedades aisladas se suele dar un fenómeno llamado endogamia; incluso
en nuestras islas, en pueblos muy aislados, se ha llegado producir dicho fenómeno. La
endogamia hace referencia a la unión entre parejas que comparten consanguineidad, es
decir que son familias en diferentes grados. La consanguineidad debilita la especie y,
con ello, la supervivencia de la misma, por lo que es una conducta no adaptativa.
Anteriormente expuse que, según Maslow, una de las necesidades fisiológicas básicas
es el sexo. Es decir, el hombre necesita satisfacer la necesidad sexual ya que en ella está
la supervivencia de sus propios genes, reflejado en sus descendientes y, por añadidura,
la supervivencia de la población a la que pertenece. Antes de seguir quiero llamar su
atención en el sentido de que hasta ahora, cuando me he referido a grupos humanos, lo
he hecho en término de poblaciones, no de razas, pues considero que razas sólo hay una:
la raza humana. Hecha la aclaración, sigo con lo anterior. Asta ahora, siguiendo a
Maslow, he argumentado por qué el sexo es una necesidad fisiológica básica. Ahora
bien, como también he comentado, si esa necesidad fisiológica se satisface entre las
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parejas que viven en el mismo asentamiento se está produciendo una conducta de
endogamia.
En mi opinión, los bailes de cuerda, entre otras cosas, contribuían a evitar que se
produjese la endogamia, pues motivaba a los jóvenes de los pueblos vecinos a
desplazase hasta el pueblo donde se celebraba el baile, fomentando con ello que se
formaran uniones o matrimonios entre parejas de distintos pueblos, con lo que el
fenómeno de la endogamia no se producía.
BIBLIOGRAFÍA
Antes de presentar la biografía consultada para escribir este libro, he pensado si darle
a usted el pez o la caña. O lo que es lo mismo, si añadir un apartado donde exponer las
acepciones de algunas palabras que aparecen en esta obra ya que, bien por estar en
desuso o porque son propias de algunas zonas determinadas de nuestras islas, son poco
conocidas o indicar el lugar dónde encontrar el significado de las mencionadas palabras,
es decir la biografía consultada. Al final, dos son lo motivos que me han llevado a darle
la caña y no el pez; es decir, a exponer la biografía consultada. Uno de los motivos que
me lleva a señalar la librería consultada es ético, pues lo correcto, cuando se escribe
sobre cualquier tema y se consulta lo escrito por otros autores, es hacer referencia a la
obra y al autor consultado. El segundo es más práctico, ya que si usted se molesta en
visitar los libros que yo he consultado es porque realmente está interesado en conocer
en profundidad lo aquí escrito. Pero también, consultando la biografía, se adquiere un
conocimiento del léxico empleado por nuestros antecesores más profundo que lo que
está expuesto aquí.
DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA - Vigésima segunda edición
(www.rae.es)
Aunque parezca increíble, muchas de las palabras recogidas en los dos libros siguientes
se encuentran aún en el Diccionario de la Lengua, por lo que no pueden ser
consideradas en desuso y mucho menos como arcaísmos.
LUIS Y AGUSTÍN MILLARES
Léxico de Gran Canaria
Tipografía del DIARIO, Buenos Aires 36, Las Palmas, 1924
Es una obra muy extensa, en ella puede encontrar el significado de muchas palabras que
están en desuso. También bajo el epígrafe “Frases y Expresiones Hechas del Lenguaje
popular Canario” se exponen, ordenadas alfabéticamente, muchas frases hechas
utilizadas por nuestros antepasados. La mayoría de estas frases son verdaderos
escaparates donde se muestra el carácter socarrón del pueblo canario.
FRANCISCO GUERRA NAVARRO
Contribución al Léxico Popular de Gran canaria
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Ediciones “Peña Pancho Guerra”, Madrid 1965
Es un libro más pequeño que el Luis y Agustín millares, pero también contiene una gran
cantidad de vocablos raramente utilizados en la actualidad,
Tanto en la obra de Francisco Guerra como en la de Luis y Agustín Millares se
encuentran diferencias tanto en la escritura como en el significado de las palabras,
dependiendo de la zona de la Isla donde fueron recogidas.
Marzo de 2009
A Jezabel, mi hija, para que le llegue a tener más amor a esta Tierra que el que le tengo
yo, que es mucho.
66
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