Qué Pasa – El juramento

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[ Qué pasa ]
Pl Política
EL
juramento
Casi 40 años han pasado del bombardeo a La Moneda, y el nombre de los
pilotos de los Hawker Hunter sigue siendo un secreto bien guardado por la
Fuerza Aérea. El juez Mario Carroza está decidido a establecer la verdad,
pero los generales en retiro señalan que se hizo un juramento para proteger
la identidad de los protagonistas.
[ Por Juan Pablo Sallaberry// Ilustración Vicente Martí ]
“Tengo 81 años, pero usted haga como que estoy muerto”. El general en retiro de la Fuerza Aérea Mario López
Tobar alza la voz al otro lado del teléfono y agrega: “A esta
altura la única forma de conocer el nombre de los pilotos -que bombardearon La Moneda- es ir al cementerio
y preguntarle al general Leigh”.
Hace 38 años, como comandante del Grupo de Aviación
Nº 7, a López Tobar le tocó liderar la escuadrilla de aviones Hawker Hunter que bombardearon cinco antenas de
radio, la casa presidencial de Tomás Moro y el Palacio de
La Moneda, sellando así el golpe de Estado. Un episodio
histórico que relató en su libro El 11 en la mira de un Hawker Hunter, de Editorial Sudamericana -el único testimonio que existe sobre los detalles del operativo aéreo, y que publicó en 1999, pese a la molestia de la FACH y
de sus compañeros de armas.
Pero allí tampoco reveló la identidad de los uniforma[ Política || 36 · 37 ]
dos a su cargo. “Mi nombre de combate era Libra, y fiel
al principio de todo comandante, no daré a conocer a las
tripulaciones que guiaron los aviones porque, más que
personas, fue la Fuerza Aérea de Chile la que actuó en
conjunto”, señala al inicio del texto.
El nombre de los oficiales que participaron en los operativos del 11 de septiembre de 1973 es un dato que la
FACH ha mantenido en estricta reserva durante cuatro
décadas. Un secreto a voces al interior de la institución
armada, donde varios saben o creen saber quiénes son
los hunteristas que volaron ese día y a quiénes les tocó
disparar a La Moneda.
El juez Mario Carroza intenta aclarar la verdad. En una
arista paralela a los tres tomos de su investigación para
establecer la causa de muerte del ex presidente Salvador
Allende, el ministro en visita solicitó a la FACH y al Ministerio de Defensa el listado de los pilotos y ya comen-
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El documental de la RDA “Más Fuerte que el Fuego” registró en 1973 al comandante Mario López Tobar (a la izquierda) y a dos pilotos
no identificados (a la derecha) declarando que participaron en el operativo del 11 de septiembre. El video está en manos del juez Carroza.
zó a interrogar a algunos de ellos.
Mario López Tobar fue el primero. Quienes conocen el
expediente señalan que en su declaración el oficial (R)
se negó a entregar la identidad del personal bajo su
mando argumentando su lealtad hacia ellos. El juez le
respondió que la lealtad se puede entender en el ámbito de la fraternidad, pero no en el ámbito del derecho.
“Esto puede traer consecuencias jurídicas para usted”,
le advirtió el magistrado, según las fuentes consultadas.
Carroza le pidió entonces detallar cómo fue el bombardeo a La Moneda, pero el retirado general le dijo que tras
silenciar las radioemisoras, durante la mañana regresó
a Carriel Sur en Concepción -donde la jornada anterior
se había trasladado los Hawker Hunter que solían estar
en Cerrillos- y allí se enteró de los sucesos en el palacio
presidencial. Eso no es lo que dice su libro, lo inquirió
el juez, quien ya había leído con atención el texto de López. “Eso es literatura”, respondió el ex comandante.
En su relato sostiene que volando al sur de Chile, sobre Constitución, el operador aéreo “Gato” le informó
que el comandante en jefe Gustavo Leigh había dispuesto el ataque a La Moneda y a Tomás Moro. En Concepción se instruye a los cuatro pilotos -dos aviones para
cada blanco- y se decide utilizar los cohetes Sura P-3,
un arma de antiblindaje que podría perforar las gruesas paredes de la casa de gobierno sin provocar daño colateral a los edificios aledaños, como hubiese ocurrido si usaban bombas.
En el texto, describe el operativo en detalle. Minutos antes de las 11.30 fue el primer ataque. A tres mil pies de
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altura y casi al pasar por la Estación Mapocho son lanzados los primeros cohetes, que dan con el frontis norte, destruyendo la enorme puerta norte del palacio. El
segundo avión dispara sobre el techo, generando un incendio inmediato. Así, en apenas 20 minutos, hacen
ocho pasadas con cohetes, y otra con cañones de 30 mm
que dejan semidestruida La Moneda.
Simultáneamente se bombardea la residencia de Allende. Allí es donde uno de los pilotos, “un oficial muy joven y con poca experiencia del Grupo 9”, yerra el tiro y
dispara contra el Hospital de la FACH.
El libro tuvo un costo personal para López Tobar. Sus camaradas se indignaron y quedó prácticamente marginado de las reuniones sociales y, aunque la Comandancia en
Jefe de la época revisó minuciosamente el texto para autorizar su publicación, según un general de ese tiempo
“causó malestar y él mismo se terminó apartando”. Otro
uniformado en retiro agrega “él se fue de lengua y entregó indicios sobre los pilotos que nos afectaban a todos”.
LOS INDICIOS DEL SECRETO
El ex comandante en jefe de la FACH Fernando Matthei
estaba en Londres en 1973. Cree que la identidad de los
pilotos nunca se va a conocer oficialmente. “Ellos están
juramentados de no dar la información”, explica.
Así lo decidió su antecesor, Gustavo Leigh, para no
afectar la seguridad de los pilotos, en su mayoría jóvenes tenientes que recibían órdenes. Su opinión fue registrada en el documental Más Fuerte que el Fuego de
Walter Heynowski y Gerhard Scheumann. Ambos de Re-
El ex comandante en jefe Gustavo
Leigh no quiso que la prensa
extranjera entrevistara a los pilotos:
“Yo los quiero mantener anónimos por
razones obvias. Incluso un hijo mío es
piloto de esa unidad”.
pública Democrática Alemana, pero que se hicieron
pasar por periodistas de Alemania Federal para entrevistar al ex jefe aéreo, pocos días después del golpe.
Tras manifestar su admiración por los pilotos alemanes
de la Segunda Guerra Mundial, Leigh agrega: “Yo he estado siempre orgulloso de mi Fuerza Aérea y el día 11
ellos coronaron mis aspiraciones”. Ya fuera de cámara,
sin saber que la grabadora permanecía prendida, señala sobre la identidad de los pilotos. “Yo los quiero mantener anónimos por razones obvias. No, los pilotos no
tienen que aparecer en televisión porque puede haber
gente que los puede afectar. Incluso un hijo mío es piloto de esa unidad. Un teniente. De manera que no es
conveniente por seguridad”.
El mismo documental logra captar a dos pilotos subiéndose a sus respectivos Hawker Hunter y reconociendo
que “como todos los pilotos del Grupo 7 participamos en
el combate del 11 de septiembre”, aunque sin decir sus
nombres. El documental lo tiene la Fundación Salvador
Allende, y una copia está en manos del juez Carroza.
El nombre de Gustavo Leigh Yates -hijo del ex comandante en jefe- ha sido varias veces mencionado como uno de
los oficiales que participaron en el bombardeo. Incluso López Tobar señala en un pasaje de su libro que él integraba su escuadrilla. Sin embargo, el ex oficial negó hasta el
momento de su muerte, en 2008, que él haya tenido cualquier participación, ya que estaba en el extranjero. Un alto
general en retiro señala que, en efecto, en septiembre del
73 una veintena de pilotos se encontraban en Estados Unidos practicando en la cámara climática, equipamiento que
la FACH aún no tenía. Pero que con motivo del 11 se les ordenó volver ese mismo día a Chile.
Otro nombre recurrente es el del ex comandante en jefe
de la FACH Fernando Rojas Vender. Bajó el alias “Rufián”
era el segundo comandante del Grupo 7, cargo que López Tobar menciona varias veces en su libro, aunque sin
nombrarlo. Entre otros episodios indica que cerca del 28
de agosto Leigh lo cita a su despacho para ordenarle
que aliste los aviones, ya que la acción militar contra
Allende se realizaría el día 4 de septiembre. López Tobar pide autorización para informar los detalles a su segundo hombre (Rojas Vender). Un general (R) sostiene
que Rojas Vender tuvo un papel crucial en este episodio:
durante los análisis previos al bombardeo, fue él quien
sugirió utilizar cohetes en vez de bombas sobre los lugares que se debería atacar, entre los que se estudiaron,
además de La Moneda, algunas sedes del MIR.
Consultado Rojas -quien aún no ha declarado ante el
juez-, declinó hacer comentarios sobre el rol que desempeñó ese día, indicando que ya ha pasado mucho tiempo.
El nombre en torno al cual hay mayor claridad es el del
coronel Ernesto González Yarrá, alias “Pekín”. Poco
antes de fallecer de cáncer, en 1995, contó a un periodista su historia como el autor del primer bombardeo
contra La Moneda. Aunque era un teniente de sólo 24
años, tenía especial habilidad para los disparos de precisión y por eso fue elegido.
Pero la Fuerza Aérea se negó a que publicara su testimonio, y el propio comandante en jefe de la época, Ramón
Vega, le aconsejó no escribir su biografía. El secreto
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El general (R) Eitel Von Mühlenbrock
señala que “hicimos un juramento
tácito entre todos los pilotos. Se pensó
que era mejor que los que participaron
vivieran tranquilos. Es un secreto que se
ha mantenido 40 años y así va a seguir”.
continuaba. Recién el 2003 -con motivo de los 30 años
del golpe-, el diario La Tercera contó la historia de González, aunque ésta nunca fue confirmada por la FACH.
Su padre, Ernesto González Alegría, asegura que la versión es cierta y que el piloto se la confidenció a su familia: él se mostraba orgulloso de que la operación había
sido limpia -sin ninguna víctima fatal- y decisiva.
NUEVOS NOMBRES
Pero hay otros nombres que se mencionan en voz baja en
los pasillos de la FACH: pilotos hunteristas del Grupo 7
que volaron ese día y que por sus capacidades también
participaron el 74 -como López Tobar y Rojas Vender- en
la Operación Atlante, acción que se tradujo en la internación de una segunda camada de Hawker Hunter, vendidos por Inglaterra, los cuales ante el riesgo de embargo de ese país debieron ser pilotados directamente desde Londres, pese al corto alcance de sus horas de vuelo.
Uno de ellos es el general (R) Eitel Von Mühlenbrock,
quien prefirió no entregar información sobre sus actividades el 11 de septiembre de 1973. “Hicimos un juramento tácito entre todos los pilotos. Se pensó que era mejor que los que participaron vivieran tranquilos. Yo recibía órdenes, no voy a contestar nada: ni que estuve ni
que no estuve. Es un secreto que se ha mantenido por casi
40 años y así va a seguir”.
Otro es el general (R) Enrique Montealegre Jullian, a
quien Qué Pasa intentó contactar, sin éxito. En su entorno confirman que era uno de los pilotos del grupo 7
activos ese día. En su libro, López Tobar señala que en
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la tarde del 11 de septiembre en Carriel Sur se detuvieron las actividades para hacer una pequeña celebración
“con motivo del cumpleaños de uno de mis oficiales, allí
dije algunas palabras para el homenajeado”. El 10 de septiembre Montealegre cumplió 34 años. Otra pista curiosa: el abogado querellante Roberto Ávila -quien solicitó al juez Carroza indagar a los autores del bombardeo
y procesarlos por lo que el considera un delito de homicidio frustrado contra Allende- tras realizar su requerimiento recibió un mail anónimo firmado por un tal “sapocancionero”. Éste señalaba que “el piloto que busca
es el general Montealegre”.
El general (R) Jaime Estay Viveros integró el Grupo
7 y fue seleccionado para la Operación Atlante, pero
también rechaza entregar cualquier información. “Prefiero que hable con la Fuerza Aérea, yo ya estoy retirado. Imagínese, no le puedo decir. No me acuerdo si
volé, volaron muchos aviones ese día. No, definitivamente no volé”.
En la FACH señalaron que no se referirán a este tema.
La misma respuesta ha recibido el juez. La institución
armada respondió que no tenía registros sobre los pilotos de la época, pero que el auditor general de la
rama castrense iba a revisar las hojas de vida de más de
90 oficiales. Carroza tomó una vía alternativa e interrogó a los testigos de un antiguo caso que lleva contra el Comando Conjunto de la FACH. Así logró acotar
la lista de los miembros del Grupo 7 que volaron ese día.
La próxima semana, cuando regrese de sus vacaciones,
fijará los nuevos interrogatorios.
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