“Boy”, Elvira Lindo (CdT resuelto) Tema: Reflexión crítica sobre el

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“Boy”, Elvira Lindo (CdT resuelto)
Tema: Reflexión crítica sobre el uso discriminatorio del lenguaje.
Estructura:
El texto carece de introducción. La autora menciona en dos párrafos ejemplos
concretos, uno en EEUU y otro en España, del uso despectivo de ciertas palabras que,
aplicadas a un grupo de personas, supone un uso discriminatorio del lenguaje.
a) Primer párrafo: La expresión actual de los negros de EEUU “hey, man” pretende
contrarrestar el valor racista de una expresión del pasado, “hey, boy”, que la
población blanca de este país aplicaba, con el afán de humillarla, a la población
negra.
La autora considera, sin embargo, excesivo y ridículo el afán actual que ha
llevado a corregir una obra de la literatura clásica de este país para evitar
expresiones racistas en un texto que pertenece, paradójicamente, a un autor (Mark
Twain) que fue un firme defensor de los derechos humanos.
b) Segundo párrafo: Elvira Lindo se centra en un caso español. Se trata de Celia
Villalobos, que, en su ejercicio de un cargo político, se ha dirigido a los
discapacitados llamándoles “tontitos”. No sólo no ha pedido disculpas por su error,
sino que lo ha justificado basándose en que el término tiene un amplio uso en “la
lengua de la calle”.
c) En las últimas líneas del texto, a modo de conclusión, la autora condena
abiertamente esta actitud, porque los discapacitados a los que se refiere la política
son ciudadanos de pleno derecho y como tales deben ser tratados.
Análisis de los rasgos lingüísticos y estilísticos del texto.
El título del texto, “Boy”, es una palabra clave del texto cuyo significado se explica
en uno de los ejemplos. “Boy” (chico) era un término racista con el que los blancos
pretendían humillar a los negros norteamericanos, desposeyéndolos de sus derechos a
través del uso de esta expresión.
En la primera parte del texto, la autora atrae la atención del lector explicando un
caso, quizás desconocido para la mayoría de los lectores, que desvela el origen racista de
una expresión actual en la sociedad norteamericana.
El otro ejemplo, el español, más cercano al lector español es actual, además, y pone
en boca de una mujer con responsabilidades públicas, una expresión discriminatoria
contra los discapacitados.
Elvira Lindo desarrolla el primer ejemplo con un tono fundamentalmente
expositivo, con el afán de informar. Sólo al final del párrafo critica la actitud radical,
exagerada, de buscar el fantasma del racismo hasta en las obras literarias del pasado
menos sospechosas. Su crítica al racismo es evidente cuando se refiere a él con las palabras
“dolorosa razón” o denuncia que llamando a los negros “boy” los blancos los despojaban
de “su mayoría de edad” y usaban deliberadamente una palabra “humillante”
En el segundo ejemplo, el español, la autora es mucho más contundente en sus
críticas. Los personajes públicos en España son capaces, irresponsablemente, de emplear
expresiones discriminatorias y no sólo no rectifican (la pregunta retórica de la autora
destaca su sorpresa e indignación ante este hecho: ¿Es tan deshonroso pedir disculpas y
dejar de marear la perdiz?”), sino que persisten en su error buscando la excusa de que
hablan “llanamente”: “a la pata la llana”, huyendo de la “cursilería de lo correcto”, a usar
el lenguaje “de la calle”. Elvira Lindo arremete contra esta actitud que califica de “falta de
consideración” y, usando irónicamente la misma expresión metafórica de Celia Villalobos,
niega conocer “la calle” (el ámbito informal al que parece referirse C. V), incluso exige a
los políticos que no la frecuenten, es decir, que no usen demagógicamente esta expresión,
que ya ha desaparecido mayoritariamente de esa “calle” de donde ellos dicen haberla
tomado, porque la mayor parte de la población está acostumbrada a que los
discapacitados se desenvuelvan como ciudadanos de pleno derecho (“Desde que aquellos
que fueron tontitos hoy van a la escuela, aprenden oficios y a menudo aspiran a ganarse la
vida”).
La autora, a propósito, para desacreditar la excusa de C. V (que encima ha
calificado de “entrañable” la palabra vejatoria contra los discapacitados) y otros políticos
como ella, afirma: “Yo, que también amo la calle...” y ha empleado en el segundo párrafo
esas expresiones coloquiales en las que ellos se escudan para demostrar que una cosa es
hablar “llano” y otra discriminar a través del lenguaje. Estas expresiones coloquiales son:
“hablar a la pata la llana”, “dejar de marear la perdiz”.
La presencia de la autora, en la mayor parte del texto, ha incluido a través de
la primera persona del plural al lector, al cual pretende convencer del error de usar el
lenguaje para discriminar a un grupo de personas: se ha hecho y se sigue haciendo.
Ejemplo: “escuchamos”, “interpretamos”, “nuestro idi0oma”.
En el segundo párrafo, donde la actitud de Elvira Lindo es mucho más crítica,
asume la primera persona del singular, marcando claramente su punto de vista personal a
través de sus afirmaciones: “No sé a qué calle se refería”., “Yo, que también amo la calle,
dejé hace mucho de oír la odiosa palabra...”.
La tesis o idea esencial de su argumentación actúa como un eje dentro del segundo
párrafo: “dirigirse en términos discriminatorios a un ciudadano, sea cual sea su condición,
es inadmisible”. Esta afirmación es la base esencial de su argumentación y la que ha
querido demostrar a través de los dos ejemplos.
Tipo de texto:
Como es propio de los artículos periodísticos de opinión, el presente texto puede
ser analizado como un ensayo. Se trata de un escrito de breve extensión en el que, a través
de la exposición y la argumentación, se analiza un tema de interés general. En este caso, la
autora aborda un tema polémico, la discriminación y el lenguaje. Su texto está construido
en el primer párrafo con un tono predominantemente expositivo, puesto que se explica en
él a través de un ejemplo el origen racista de una expresión y en el segundo párrafo, el
ejemplo español es analizado con un tono crítico, que le da el carácter de argumentación.
Elvira Lindo expresa razonadamente su opinión: condena la discriminación a través del
lenguaje porque supone negarle la dignidad y la ciudadanía a un grupo de la sociedad y
esta actitud, más en los políticos, es inadmisible en nuestros días.
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