INTRODUCCIÓN - Diócesis de Río Gallegos

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“CELEBRAMOS Y ANUNCIAMOS:
EL SEÑOR HA VISITADO A SU PUEBLO”
Puerto Deseado, 4 de agosto de 2010
Queridos hermanos todos:
Con alegría y esperanza los invito a vivir intensamente nuestro Jubileo
Diocesano en el 50 aniversario de la creación de nuestra Diócesis de Río
Gallegos.
Hemos preparado este acontecimiento de gracia y bendición a lo largo de tres
años de preparación.
El primer año hemos centramos nuestra atención en la Palabra de Dios y juntos
hemos recorrido un largo camino en el que hemos gustado de ella y hemos
afirmado con las mismas palabras de Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú
tienes palabras de vida eterna.” (Jn. 6,68)
El segundo año, sin dejar de lado lo anterior, buscamos que la Eucaristía
marcara el sendero de cada uno de nuestros días. Nuestro desafío y esfuerzo
ha sido encontrar a Jesús presente en medio nuestro, en la misma experiencia
de los discípulos de Emaús que: “Lo reconocieron al partir el pan.” (Lc.
24,35).
El tercer año, nuestra mirada está puesta en la opción preferencial por los
pobres. Junto al Papa Benedicto XVI nos propusimos “socorrer al pobre, al
débil, al marginado. Tenemos que preocuparnos especialmente por los que
pasan momentos de dificultad. Debemos atender a los discapacitados y hacer
todo lo posible para promover la dignidad y la calidad de vida en todos los que
precisan ayuda. Debemos prestar atención a las necesidades de los
inmigrantes, de quienes están en situación de prostitución, tráfico y trata de
personas y de quienes buscan asilo en nuestra tierra. Tender una mano amiga
a creyentes y no creyentes. Es nuestra vocación del amor que hemos
recibido…” (18 abril 2010) Es el desafío de encarnar las palabras de Jesús:
“Todo lo que hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, a
Mí me lo hicieron.” (Mt. 25,40)
Hoy el Jubileo nos invita a:
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Renacer espiritualmente, fortaleciendo nuestra fe, nuestra esperanza y
nuestra caridad;
Dejarnos encontrar con Cristo, el Señor de la historia, que siempre
busca nuestra amistad a través de la oración, de la lectura y vivencia de
la Palabra de Dios, de la recepción de los sacramentos;
Mostrar la generosidad de nuestro amor a Dios y a los hermanos,
especialmente para con los pobres y los que sufren.
Hacer memoria agradecida de nuestra historia diocesana, recordando a
todos aquellos que dejaron una huella en nuestro caminar, y expresar
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también, nuestro arrepentimiento y perdón por todo lo que no estuvo
bien.
Transmitir a nuestros hijos y nietos la experiencia de una fe viva en
Cristo y todo cuanto celebramos en este Jubileo. (2 Tim 1,5)
El Jubileo diocesano es un tiempo en el que queremos que toda nuestra vida
recomience y se desarrolle con más entusiasmo, con más amor, entrega y
decisión. El año jubilar debe ser para nosotros un fuerte impulso a la misión
evangelizadora de toda la Diócesis.
Queridos hermanos: el recordado Papa Juan Pablo II, en “¡Navega mar
adentro!” (Lc. 5,4) nos hacía resonar estas palabras: recordar con gratitud el
pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro:
“Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre.” (Heb. 13,8).
Estas palabras sintetizan todo el programa que debemos vivir a lo largo de este
año santo jubilar.
Es por eso que, a partir del 10 de abril de 2011, estaremos con la mirada
puesta en la Santísima Virgen María.
Ella es la mujer que aceptó con generosidad los grandes desafíos de la vida:
“Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.”
(Lc. 1,38). Es la mujer de una profunda y sincera fe, que supo mirar siempre
con los ojos de Dios toda la historia, y por eso recibió el saludo de “Feliz de ti
por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del
Señor.” (Lc. 1,45). Es la mujer humilde y sencilla que reconoce el paso de Dios
“que visita a su pueblo” y por eso canta “miró con bondad la pequeñez de su
servidora.” (Lc. 1,48).
A Ella nos encomendamos. En Ella nos ponemos seguros bajo su manto
maternal. A Ella la imitamos para aprender a ser verdaderos discípulos y
misioneros de Jesús.
Les deseo días intensos, felices, llenos de la presencia siempre nueva de Dios
y de la Virgen María. Que en este aniversario todos juntos “celebremos y
anunciemos: el Señor ha visitado a su pueblo”. (Lc 1,68)
Los bendigo y los abrazo de corazón.
+ Juan Carlos Romanin, sdb
Padre Obispo
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