DEL HABLA POPULAR EN SANTANDER (COLOMBIA)

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DEL HABLA POPULAR EN SANTANDER
(COLOMBIA)
Po, LUIS FLOREZ
En
desarrollo de un convenio formalizado con el Gobierno
Departamental de Santander, el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá ha empezado los trabajos para el Atlas Iingüistico-etnográfico
de Colombia en esta sección del país.
Con un cuestionario de mil ochocientas preguntas de pronunciación, gramática y vocabulario (este último sobre el cuerpo, el
vestido, la vivienda, la alimentación, la familia, instituciones, fiestas, tiempo y espacio, el campo, industrias agrícolas, ganadería,
animales, transportes, oficios y empleos) un grupo de colaboradores del Instituto hemos realizado las primeras encuestas metódicas en San Gil, Zapatoca y Girón, entre informantes campesinos, sobre todo. De los datos recogidos entresaco algunos modos
de decir relativamente frecuentes en el habla de las poblaciones
mencionadas, y los presento aquí a los lectores como anticipo meramente informativo. No quiero generalizar precipitadamente afirmando ya que estos modos son "típicos" de las localidades exploradas, o "típicos" del Departamento de Santander.
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1. La pronunciaclOn es de ordinario clara y nítida. Niños y
adultos, ignorantes y letrados articulan normalmente una II de
tipo castellano.
2. La consonante "y" no se oye tan débilmente como en la
Costa atlántica ni tan enfática como en Antioquia.
3. La -d- de la terminación -ido, -ida se pierde en muchas· palabras, incluso cuando las dicen personas de mediana instrucción:
el marío, el vestio, la comía, la despedía, escondío, no se ha podío.
4. La conversación resulta a veces lenta, y en su desarrollo
se advierte con alguna frecuencia un ligero alargamiento de las
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vocales acentuadas. Se nota un dejo o tonillo particular, que nos
parece más evidente en Zapatoca. Hay personas de voz recia, vigorosa, y hablantes de voz muy nasal.
5. Es corriente decir la sartén, práctica que concuerda con el
uso culto español. Son frecuentes los masculinos cabro, ovejo,
chivo, roso (rosal o mata de rosa de otros lugares), ceibo 'ceiba',
curo 'árbol de aguacate', cañafístol 'cañafistola' (árbol), etc.
6. Fácilmente se oyen nombres derivados con el sufijo -anza,
por ejemplo la picanza 'acción y efecto de picar las hojas de tabaco para hacer cigarros'; la lavanza 'el lavado'; la aseguranza
de puertas y ventanas 'la acción y el efecto de asegurarlas o cerrarlas'.
7. A las onces de Bogotá corresponde frecuentemente el singular la once.
8. Los diminutivos no se oyen tanto como en otras regiones
de Colombia (Antioquia, por ejemplo). Esto coincide con la impresión de que los santandereanos -hombres y mujeres- son aparentemente poco afectivos y bastante secos en el trato, aunque
sencillos y democráticos.
9. En el habla rústica aparecen nombres postverbales en
-ío (simplificación de -ido) : el rebuznío del burro, el cantío del
gallo, el gramío del gato.
10. Es corriente el empleo de mucho con sentido de muy:
mucho lejos, mucho bueno, mucho bonitos ojos. A veces se combina con la preposición de: mucho de caro.
11. Entre las muletillas se utilizan frecuentemente dígame,
ora, esto. En San Gil una mujer nos dice que tiene un hijo.
¿Grande? -le preguntamos-o "Dígame. Tá casao ya". Ante afirmaciones que causan sorpresa, las mujeres exclaman a menudo:
HO ora, ¡c6mo va a ser/JI
12. Toca se usa bastante como respuesta afirmativa con referencia a algo que hay que hacer o que se debe hacer: ¿Tal cosa?
-Toca. ¿Va a trabajar? -Toca.
13. Ole, ola y ala se usan con frecuencia en el trato familiar.
Las tres formas pueden oirse en la conversación de una misma
persona. A veces el saludo amistoso es un simple ole, u ola (como
entre españoles). También es frecuente ¿ qué hubo?
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Escuche yola son formas habituales de llamar la atención a
una persona conocida.
14. Ijuepuerca es insulto vulgar frecuente (y forma suavizada de otro más fuerte).
15. Siguen vivas muchas formas de decir que en España son
anticuadas: celebro (cerebro), párparo, sepoltura, dende, onde,
centura, tiseras, tiricia (ictericia), ilesia, dizque, una poca (de
agua, de leche, de carne, etc.), el tratamiento misia (misia María), formas verbales como truje, semos, topar, andé, habemos,
haiga, lamber, aguaitar, etc.
En matería de palabras y cosas hay detalles interesantes:
16. De carácter rural nos parece el término ración con que
todavía se denomina también el almuerzo.
17. La yuca cocida con sal no falta en el almuerzo y la comida de cada día, aunque esté uili o güile, es decir, incomible por
vidriosa.
18. El plátano banano recibe el nombre habitual de ceneguero.
Viviente es el cuidandero de fincas rurales.
20. Corinche es el muchacho que en los campos trae el agua
y la leña a la casa, lleva el almuerzo al sitio donde están los trabajadores, y hace mandados.
21. Mediasque,'o, amediero o compañidero es el trabajador
rural que parte el fruto de sus sembrados con el dueño de la finca.
22. El vendedor de carne es pesero.
23. Los campesinos calzan a menudo chocatos, especie de
sandalias con capellada y talón de lona (a los cuales dicen también cotizas y alpargates).
24. En la cocina, o cerca de ella, hay siempre un ure (o varios), especie de tinaja más alta que ancha y con boca más o menos pequeña, para depositar agua, hacer aguadulce (guarapo), etc.
25. La sal se guarda en conas, vasijas de calabazo que se ven
colgando en una pared de la cocina.
26. La papa, la yuca, los plátanos, las frutas no se pelan, como en castellano, sino que se deshojan.
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Hemos observado con simpatia, y con simpatia estudiaremos
los materiales recogidos en dos semanas de labor en Santander.
Además de las respuestas al Cuestionario tomamos datos de la
conversación, tomamos fotografias, y registramos en aparatos
grabadores de sonido algunas muestras del habla en cada localidad.
Próximamente trabajaremos en otros lugares de Santander
y de Bolivar, y también de cada uno de los Departamentos que
vayan colaborando económicamente a la realización de las encuestas para el Atlas lingüistico-etnográfico de Colombia en su respectivo territorio. Fuera de las tres mencionadas arriba, hemos
hecho ya una encuesta en Antioquia, una en Cundinamarca y ocho
en el Departamento de Bolivar. En tales encuestas recogemos no
sólo los datos que interesan especificamente para el Atlas, sino
también materiales para un glosario del castellano hablado en
Colombia. Ambas son empresas culturales de valor extraordinario,
que hemos planeado en el Departamento de Dialectologia del Instituto Caro y Cuervo y estamos haciendo con el mayor interés,
aunque no contamos aún con personal y recursos suficientes.
Bogotá, junio de 1959.
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