ANTONIO “RUFINA”: UN CAMPESINO CONSCIENTE CIENCIA

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ANTONIO “RUFINA”: UN CAMPESINO CONSCIENTE
CIENCIA CAMPESINA Y SUSTENTABILIDAD
David Gallar Hernández*, Antonio Viñas Márquez**
* Instituto de Sociología y Estudios Campesinos (ISEC) – Universidad de Córdoba; Universidad
Rural Paulo Freire. [email protected]
** Universidad Rural Paulo Freire Serranía de Ronda. [email protected]
“Hemos matado a la cultura campesina y no la hemos sustituido por nada,
al menos, por nada noble”
Miguel Delibes
“Uno de los fenómenos globales más importantes que está teniendo lugar es la eliminiación
intencionada y planificada del campesinado (...) Nos han convencido de que el pasado no existe y
eso nos resta la esperanza, no hay más que mirarnos por dentro”
John Berger
1. CRISIS CIVILIZATORIA Y AGRICULTURA
La modernización del mundo rural, de la agricultura y de la sociedad se empeñó en acabar con el
campesinado: había que lograr una agricultura más productiva, sacar al medio rural del atraso, la
calidad de vida se debía medir por el nivel de consumo y confort. Como si el problema de la
pobreza rural estuviera en la ignorancia y la incapacidad de sus habitantes.
La Revolución Verde y su aplicación a través de la Política Agraria Comunitaria (PAC) impusieron
el modelo de la agricultura industrial productivista. El productivismo es la idea-fuerza de la
modernización agrícola, que se caracteriza por la intensificación -que se consigue con productos
químicos, fertilizantes inorgánicos, aplicación de los avances biotecnológicos y mecanización-, la
concentración -menos unidades de explotación y más grandes- y la especialización -tendencia al
monocultivo- (Gómez Mendoza, 2001:113). Frente a la agricultura tradicional, más o menos
familiar, y vinculada a las condiciones ecológicas, que generaba un paisaje peculiar y una
diversidad de productos y formas de hacer -en todos los sentidos-, la agricultura industrial se
desvincula del medio natural sustituyendo o deslocalizando las materias primas y los insumos de
producción -importación de piensos, producción ganadera intensiva en grandes naves,
deslocalización por motivos económicos, laborales o medioambientales; uso de tierras para
externalizar los purines, etc.-. Esto supone la inserción de la agricultura en el sistema
agroalimentario globalizado, y una reconversión de su propia esencia, de su vinculación con el
medio rural y de su función alimentaria con respecto a la sociedad general.
Después de haber implantado el paradigma del “Desarrollo” en la agricultura y en la sociedad rural,
determinados sectores científicos, políticos y sociales, parecen irse dando cuenta de la inviabilidad
de este modelo; hecho, desgraciadamente, no generalizable. Como ya reconocían el Informe
Meadows (1972) y el Informe Brundtland (1987) y la Cumbre de Río (1992), el desarrollo del
crecimiento económico y del consumo de materiales y energía era insostenible. Más allá del
concepto de “desarrollo sostenible” hay quienes buscan referentes de formas de manejo de los
recursos naturales y de gestión de la vida comunitaria que sean más justos, más equitativos, más
sanos ecológicamente y más participativos.
2. RECAMPESINIZACIÓN Y SUSTENTABILIDAD
La Agroecología y el paradigma ecológico con las herramientas de la Economía Ecológica, la
Ecología Política, las Etnociencias, los planteamientos ecofeministas, etc., reconocen el valor de
muchas de las formas de hacer del campesinado en su relación con el medio natural como una
propuesta de sustentabilidad (Guzmán et al, 2000). La autonomía de las personas y de las culturas
frente al modelo hegemónico y homogeneizador del desarrollo moderno se convierte en una
necesidad para superar la crisis ecológica y civilizatoria que se está viviendo.
Se impone reconocer y redescubrir otras formas de generar conocimiento, con otros objetivos
sociales y otras formas de relación con la Naturaleza y el resto de sociedades. El diálogo de saberes
con el campesinado redescubre una cultura de sustentabilidad y de autonomía que ofrece claves
necesarias para reconducir la actual crisis (Leff, 1994, 1998). La necesidad de reconocer nuevas
formas de entender la ciencia de acuerdo con los principios de la sociedad del riesgo (Beck, 2001) y
la incertidumbre a la que la ciencia convencional no puede dar respuesta. Por eso se plantea la
construcción de la “ciencia con la gente” (Funtowicz y Ravetz, 2000): una ciencia que reconoce el
valor social y los conocimientos de cada persona y colectivo que se ve afectado por las decisiones
científicas y políticas del modelo de desarrollo, además de otras formas de conocimiento que
pueden aportar luz sobre los problemas actuales.
3. ANTONIO GARCÍA VÁZQUEZ, “RUFINA”1: “TRABAJANDO EN LO QUE VEÍA DE SUS
PADRES”
En Benalauría, provincia de Málaga, Antonio García Vázquez, de apodo “Rufina”, es uno de los
supervivientes de esa cultura de la autonomía, del aprendizaje permanente en vinculación con la
naturaleza, de lógicas económicas muy distintas a las actuales. A sus casi 80 años es un experto de
la agricultura “ecológica”, de una agricultura sin químicos que se basa en el saber hacer y en el
conocimiento complejo de los recursos naturales y del territorio. Su resistencia nos ofrece una
muestra de autonomía y emancipación, y, además, permite que aún queden prácticas de manejo de
los recursos naturales de las que aprender para una agricultura sustentable.
Nací en el año 34..., el 21 de setiembre del año 34. Nací en el campo; en las Canchas... Que
eso es por detrás de la sierra esta... A los seis años, a los cinco o seis años, ya estaba yo
guardando animales. Ahí empecé. Guardando unos guarritos, que me gustaba mucho de
guardarlos y estar con ellos. Cuando ya era un poquito más grande pues, claro, ya empecé
a trabajar en lo que yo veía en mis padres y la gente que teníamos trabajando... Así estuve
hasta el año 48 que murieron mis abuelos, partieron y a mis padres les tocaron tierra en
Benalauría. Le tocó la casa esta, y le tocó la huerta de los naranjos, otro pedacito con
olivos y una suerte también, en la Estación de Cortes: es una huertecita chiquitita -ya ves
media fanega de tierra es-, que estaba puesta de peros que ya ves, es donde yo cargué los
primeros. Ahí se han criado unos peros buenísimos, pero dulces y buenos de comer... y todos
se han perdido... El pero de Ronda y otros que les gustaban mucho al personal. Por ejemplo
a mí mismo. Yo lo he comido y eso es bueno, muy brillositos, eran peros que a mí me
encantaba verlos.
A partir de esas huertas familiares Antonio empezó a ir de arriero por las veredas hasta Ronda a
1
Todas las citas son parte de las transcripciones de las entrevistas realizadas a Antonio “Rufina” en marzo de 2009. De
las citas se han eliminado las preguntas del investigador; se incluyen entre corchetes aclaraciones añadidas.
vender las frutas y verduras, hasta que se sacó el carnet de conducir y pudo comprar una pequeña
furgoneta. Para él la venta de su fruta es un orgullo como fruto de su trabajo bien hecho y la mejor
manera de obtener rendimiento económico a través de la venta directa. Haciendo lo que hace se
siente feliz y, en cierta manera, libre, especialmente cuando está en contacto con la naturaleza, con
“su campo”.
4. “CIENCIA CAMPESINA”
4.1. “PENSAR ES SEMBRAR” O APRENDER EXPERIMENTANDO
El aprendizaje a través de la transmisión práctica y de la experimentación es una fuente de
conocimiento que caracteriza a la “ciencia campesina”, a través de la observación y la construcción
colectiva en comunidad del saber hacer. La relación directa con la naturaleza y la experimentación
son algunas de las bases del saber campesino.
Cuando había uno que estaba haciendo injertos, pues yo estaba encima mirando cómo lo
hacía y cuando el hombre se iba, lo estaba yo experimentando antes de que se me fuera a
olvidar. Eso, en seguida lo estaba yo haciendo. Eso lo sabe la persona que no va a la
escuela, porque el que va a la escuela, no ve labrar un huerto [o injertar los frutales]. En la
escuela no hay más que libros, eso no lo puedes ver allí. Pero el que no va a la escuela, está
al pie del que lo está haciendo, del que está poniendo el huerto, entonces el niño está
mirando lo que están haciendo allí, como se está poniendo el huerto... y cuando hay que
labrarlo, porque ya lo escuchas, pues estas palabras lo hablan unos con otros, pues el zagal
está escuchando y lo está viendo... Entonces ya, pasa por otro lado, por otro huerto y dice
pues este huerto está para labrarlo. Hombre, lo has visto y es como el maestro que le dice al
niño hazme la cuenta así... pues de esa manera (…) El que está en el campo todo el día es
como el que está todo el día en la escuela. Eso es igual. Ahí vas tomando experiencia en
todo, y escuchando porque como no van a estar callados, se está hablando... Pues el niño lo
que está es [escuchando]... y todo lo que están hablando se va quedando en la cabeza,
porque como le gusta, pues se le queda en la cabeza. Ahora al que no le guste ese no echa
mano de arrancar la papa ni verde ni madura ni de ninguna clase. Ese lo que hace es
comérsela frita si se la come. Las cosas todas es que gusten y gustando la cosa no hay que
hablar nada.
Del mismo modo, esta experimentación permanente hace que la innovación sea una constante en el
conocimiento campesino.
Se cambia ya cuando se ve que es para una cosa mejor. Es que como siempre se va
aprendiendo, es que se muere uno con ciento cincuenta años y estás aprendiendo... en el
campo... sale, uno que ha salido lejos y lo ha visto, otro que ha experimentado... en fin, que
todos los días se va aprendiendo.
Claro, pero si este año no me ha resultado bien... al otro año, como yo digo, experimento ya
como te he dicho cómo se hace... hace su hoyito bien, echas su “estierquito” abajo, como ya
la raíz va entrando para abajo, va cogiendo el estiércol y va haciendo una pimentera o una
tomatera buena... pues al otro año ya estás diciendo “pues yo la pongo como el año pasado
que me ha resultado bien”. Que la he puesto de otra manera y el otro vecino las ha puesto
como yo digo... como al pasar se ven y se hablan y eso... “chiquillo, yo nunca lo he
hecho...”, al experimentar “pues a mí me ha dado un resultado bueno” pues ya, eso lo
tienes aprendido, el año que viene lo has puesto como lo ha puesto aquel que le va muy
bien. Y así es la cosa del campo por todo lo que se eche mano. De esa manera.
Una innovación y experimentación que parte de la experiencia, del aprendizaje cotidiano y el
descubrimiento a través de la práctica y la asignación de responsabilidades progresivas:
Claro, es que eso es así. Mi padre dice que una vez mandó al hijo... no me acuerdo si
fueron... cómo me contaban a mí hombre... me parece que fue por una carga de leña, sería...
dice mira “llévate la burra y te traes una carguilla de leña” y dice “bueno pero después
quién me va a mí a ayudar”, dice “tú llamas al tío mañas”... “¿al tío mañas?”, “sí, tú
llama al tío mañas para cargar, yo no puedo ir”... se fue, nada más que pensando en eso, su
carguita... “a ver lo del tío mañas, nada, que me tengo que ir ya, que se entere...” Dice que
se lió “¡tío mañas, tío mañas!” y nada, esto ni tío mañas, ni la madre que parió esto. Dice
“voy a ver la leña que yo puedo poner” dice que se puso, que se caían los palos... En fin, a
fuerza de poner y experimentar una forma y otra, cargó la carguilla que pudo, malamente.
Cuando llegó, dice el padre “me cago en la mar, que no te has traído ni la carga completa”.
“¿La carga cómo la voy a traer completa...? Toda la tarde llamando al tío mañas y allí no
ha aparecido nadie”. Dice el padre “¿entonces cómo has hecho?”, dice“¿cómo voy a
hacer? Ahí he puesto como dios me ha dado a entender”, “pues hijo, ese es el tío mañas, así
tienes que empezar, haberte criado como me crié yo”. Al día siguiente a por la carga, ¿no
iba a traer la carga completa...?: así va aprendiendo, y así aprendió. Como eso es todo. En
el campo hay que ir aprendiendo sólo..., se aprende, sin nada, pero claro, hay que estar en
él.
4.2. LA PRAXIS DEL “ANÁLISIS MULTIVARIABLE”
El reconocimiento de la complejidad de los procesos biofísicos es una característica “científica” del
campesinado frente a la ciencia atomística y mecanicista de la ciencia convencional. La discusión
sobre cómo plantar las patatas, puesto que en distintos sitios se siguen costumbres diferentes, hace
que Antonio Rufina ofrezca su explicación específica pero incluida en una explicación general
sobre las múltiples variables del proceso productivo, incluyendo de manera fundamental el trabajo,
la dedicación y la apropiación del fruto. La incertidumbre y el reconocimiento de las paradojas de
los procesos hace que sea “un oficio de locos” en permanente análisis práxico de apropiación del
fruto de su trabajo.
Pues mira, siempre, debe de meterse con la metida para abajo y lo cortado para arriba...
En la tierra hay que ponerla así... Ahora la metida sale aquí, la raíz que está aquí coge la
tierra..., y esto se tiene que pudrir y entonces, si la pones así, lo de abajo se va pudriendo y
tarda en que coja tierra la raíz que sale de aquí. Por eso debe de ponerse así. (…) Su sitio,
es ese. Si cae para abajo, la papa nace también. Ahora, su sitio y lo más natural y lo mejor,
es ponerla así.
Pero al fin y al cabo, todo está bien. Ya el campo, de siempre se ha dicho que de todos los
oficios, el de locos. No hay que pensar si las pongo para arriba o las pongo para abajo, no
va a servir, que si esto que si lo otro... que a lo mejor el día que las pones para arriba bien,
a lo mejor te salen mal porque el tiempo no haya venido bien. Otras veces las has puesto
bien puestas y... que a lo mejor cuando las has puesto malamente, es cuando te han salido
mejor. Y siempre se escucha decir eso, todos los viejos y todos los agricultores. En el campo
no hay que pensar, sembrar. Que eso es oficio de locos, unas veces sale mejor y otras peor.
El agricultor que es mejor tiene más anhelo con las cosas y las arregla mejor y eso… El
otro como es tan lacio, no lo hace bien y coge menos. Pero vamos, eso son todo
conversaciones. Eso es todo conversaciones y eso es todo nada porque también eso es la
suerte de la persona... [La clave está en] arreglar sus cosas bien. Creo yo vamos. El que
tenga sus cosas bien le tiene que dar más rendimiento que el que las tenga malamente. Pero
eso lo sabemos hacer todos. Lo que pasa es que unos lo hacen y otros no, porque no
quieren. Aquí van dos o tres a Cartajima a coger castañas, con un hombre allí, el que tiene
las castañas mejores ¿por qué? Porque llegó la hora de talar los castaños, taladitos, llegó
la hora de labrarlos, labrados. ¿Cómo va a ser que tengas los castaños llenos de cándalos
secos, de renuevos en el troncón, chupando a ese castaño? te saldrá la castaña más mala
¿no? Ese que la tiene bien arreglada, castañas siempre buenas ¿por qué? Porque las ha
arreglado siempre mejor... y a ese le ha amanecido y anochecido en los castaños. Yo creo
que el truco es ese.
4.3. PRINCIPIOS DE “PARSIMONIA” Y “COEVOLUCIÓN ECOLÓGICA”
El reconocimiento de la capacidad ecológica de autorregulación y equilibrio de la naturaleza, la
capacidad de resilencia de los sistemas ecológicos equilibrados es una de las fuentes de explicación
y comprensión de los procesos biológicos del campesinado. La intervención y adaptación de los
manejos agrarios, las variedades y condiciones locales mediante la coevolución genera un cuerpo de
conocimientos teóricos y prácticos suficientes para la reproducción del sistema.
[La huerta] Eso no tiene complicación ninguna... Los pimientos los quieres más tempranos,
los pones antes, a últimos de abril puestos..., que no, yo siempre los he puesto a últimos de
mayo o principios de junio... he puesto en mi casa los huertos. Buenísimos. [Los frutales]
eso no tiene nada que aprender. Eso no es... Nosotros hemos sacado las naranjas sin nada,
sin estudios ningunos. Ahí no se ha estudiado nada. Las habrán arado, regarlas y al otro
año, a coger naranjas al llegar su tiempo. Y siempre así. Los olivos igual... Yo mis
pimenteras las he fumigado con [purín de ortigas] y mis huertos nunca les ha pasado nada.
Y otras veces sin nada, sin echarle nada... Eso mi padre no lo sabía, mi padre nunca le ha
echado nada al huerto... nada. Antes cualquier cosa “se han perdido, pues vaya por dios”...
todos no se van a perder, siempre han quedado, en mi casa siempre ha habido tomates, de
sobra. Y pimientos igual. Eso si tiene pulgón, ya se caerá. Eso igual que nosotros, nosotros
en cuanto tenemos un resfriado estamos en el médico sin nada... la persona que antes iba al
médico estaba ya casi más en aquel lado que en éste. Hombre, de verdad. Y se curaban...
hombre, algunas veces es que iban ya cuando estaban medio listos ya..., y con las plantas
pasa igual. Pasa lo mismo...
Esto hace que la agricultura tradicional se haya resignificado en la actualidad, en combinación con
nueva técnicas modernas, como agricultura ecológica frente a la artificialización y quimicalización
de la agricultura moderna industrial. La complejidad de la coevolución ecológica y social genera,
sin embargo, en cierta manera una mayor parsimonia.
Yo sí... yo mientras viva, lo mío está en agricultura ecológica, me paguen o no me paguen o
me dejen de pagar. No es que si ya no me pagan me voy a liar a echar química... que
Antonio no echa y nunca se ha echado. Si yo siembro un canasto de patatas, ¿para qué le
voy a echar yo química para que sean gordas? Si yo en vez de pelar dos patatas, pelo
cuatro y me las como buenas. ¿Tú cómo lo ves?
4.4. “EQUIDAD INTERGENERACIONAL”
El desarrollo sostenible, según el Informe Brundtland, se puede definir como “satisfacer las
necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para
atender sus propias necesidades”. El campesinado tiene en la reproducción de los recursos
naturales la condición para su propia continuidad, por eso su uso “limitado” y su reproducción es
una práctica fundamental, mantenida en términos económicos, éticos y estéticos. De ahí la
posibilidad de plantear la cultura de sustentabilidad que representa el campesinado y sus conceptos
no crematísticos de la economía, en lo que puede interpretarse como economía ecológica y
economía moral.
A mí los árboles desde chico siempre me han gustado muchísimo, pues ya a mí, toda mi
ilusión era poner un árbol, injertarlo, ver..., irme con el que los injertaba para enseñarme.
Yo todavía veo un claro en mi finca y pongo un árbol. Sabiendo que ya no voy a ver el fruto
ya, pero ¿por qué veo yo otros que tendrán cientos de años? Porque los habrá puesto otro y
lo cojo yo. Entonces ¿por qué yo no lo voy a poner para otro?, ¿que dejo el terreno vacío
ahí porque yo no voy a ver el árbol? Eso es para que me corten el pescuezo. La forma mía
de pensar es esa, hijo mío. Hombre, antes siempre se decía que había que poner para el día
de mañana, hay que ahorrar para el día de mañana... Yo a mis abuelos les he escuchado
siempre eso..., y a mis padres igual.
5. CONCLUSIONES
Antonio García Vázquez, “Rufina”, nos demuestra que la dinámica productiva y tecnológica
campesina, lejos de ser repetitiva y pasiva es, dentro de sus parámetros lógicos y sus finalidades, tan
susceptible de producir cambios como de experimentar e incorporar novedades tecnológicas
externas (Díaz Tepepa et al. 2004:19).
Vemos que el campesinado por su relación con el mercado puede ser impulsada hacia el cambio en
sus productos o en sus procesos, pero también porque el trabajo campesino, como en todo proceso
productivo también existe creatividad. El cambio además es consustancial al trabajo productivo
campesino debido al variable espacio natural en el que se despliega éste y que exige modificaciones
en las técnicas, en los procesos o en la organización del trabajo. En otras palabras, “las
motivaciones para el cambio también son producidas desde el espacio de conocimientos y
prácticas tradicionales, por lo tanto se puede afirmar que la tradición también es innovadora”
(ídem).
Los agricultores manejan una gran cantidad de conocimientos por la propia condición de sus tareas.
Esta variedad de actividades y el manejo de la complejidad existente en recursos requiere un
elevadísimo grado de conocimientos, que se convierte en decisivo porque de su buen hacer depende
la reproducción de la unidad doméstica. Como reconoce Víctor Toledo (1993:211) “al igual que
cualquier productor, los campesinos utilizan medios intelectuales para realizar una correcta
apropiación de los sistemas ecológicos durante el proceso de producción”; y de acuerdo con Altieri
(1991:16-24), el conocimiento indígena y campesino utiliza normalmente sistemas complejos para
clasificar plantas y animales, que de hecho se corresponden muy habitualmente con la taxonomía
científica; el conocimiento sobre las prácticas agrícolas de producción da solución a problemas
como el mantenimiento de la diversidad y la continuidad temporal y espacial, la utilización óptima
de recursos y espacio, el reciclaje de nutrientes, la conservación y el manejo del agua, y el control
de la sucesión de cultivos, todo ello de forma tal que resulta imprescindible su existencia sin un
fuerte componente experimental del conocimiento campesino.
Pero, además de resaltar el valor de este corpus de conocimientos, hay que destacar su característico
modo de transmisión y de aprehensión, que es esencialmente oral y completamente imbricado en el
contacto entre personas y los lazos que existen entre ellas, además de ser un conocimiento que surge
de un saber hacer práctico: “el saber campesino se dice oral porque no está en los libros, sino en
los textos que manipula en su trabajo, las herramientas y en las estrategias que implementa (...) el
conocimiento del sistema de trabajo, la epistemología, es resultado de esta interacción donde la
lógica inductiva es aprendida en la medida que se ve hacer y se escucha para poder decir, explicar,
devolver el conocimiento a lo largo de las relaciones de parentesco o de vecindad” (Iturra,
1993:143, 135); es decir, nos encontramos ante un conocimiento eminentemente “praxeológico” y
engarzado a la comunidad local.
Este conocimiento está en la experimentación, en la innovación dentro de la tradición y en el saber
compartido socialmente, así como por la observación: la observación es algo parecido a una
segunda naturaleza y tiene una gran importancia para la experimentación y la asimilación técnica.
Para aprender hay que ser un buen observador y saber imitar. La unidad campesina y la comunidad
local son instituciones de aprendizaje.
Fundamentalmente hemos de reconocer en Antonio “Rufina” y su relato de aprendizaje continuo el
cómo llegó a atesorar ese saber hacer que le hace experto. Vemos que “el conocimiento tecnológico
y productivo se basa en la experiencia histórica, se modifica y enriquece por la experiencia
socialmente compartida de una generación y por la experiencia particular de cada productor, pero
también con fuerte énfasis en la observación atenta”. Vemos que “el conocimiento campesino es
resultado del interjuego entre tradición e innovación: interjuego que es escenificado en la
interacción entre diferentes actores de una red, quienes aportan, confrontan y negocian sus
conocimientos particulares, hasta ir dando forma a la regularización de conocimientos y su
consecuente transformación en procesos productivos concretos” (Díaz Tepepa et al. 2004:70). En
esa negociación se enfrentan con diferentes formas de hacer y diferentes conocimientos, que pueden
venir de otras comunidades o de saberes expertos.
En la narración de Antonio “Rufina” vemos cómo se negocian esa producción y puesta en práctica
de saberes, ya sea entre agricultores o entre técnicos. Lo importante en este caso es destacar que el
papel de especialista no depende tanto de los títulos sino de la autoridad socialmente reconocida a
través de los resultados obtenidos con su práctica.
Así se llega a un “diálogo de saberes”, en el que dependiendo de las condiciones sociales se
respetará un equilibrio entre el corpus técnico externo y la praxis y corpus interno de los
agricultores.
La agricultura ecológica debe tender a ese intercambio intercultural entre saber hacer campesino e
innovación científico-técnica, sin olvidar que ha de tender hacia la sustentabilidad global y no hacia
la productividad como único objetivo, sino que ha de insertarse en procesos de cambio social y de
paradigma civilizatorio. Redescubriendo y reconstruyendo el concepto y las prácticas del
campesinado se pueden encontrar las vías de la transición hacia paradigmas científicos y sociales
más democráticos y sustentables (Calle y Gallar, 2011; Calle et al., 2011).
Por ultimo, reseñar la conciencia de felicidad que Antonio “Rufina” manifiesta de su vida ligada a
la naturaleza, a “las cosas del campo”; a pesar de la época de insostenibilidad social que vivió la
agricultura andaluza en la autarquía, hecho que ha condicionado a posteriori la visión ruda y el
desapego de lo agrario de la sociedad actual y, como consecuencia, el efecto huida que ha supuesto
la despoblación de pueblos y aldeas. Antonio “Rufina”, como otras muchas personas, ama su oficio,
lo sueña día a día, todo por primera vez. No importan los años y las dolamas. Siente la tierra como
su hogar planetario y lo pregona cada día con sus manos, con su ejemplo. En sus manos cada alba
es un brote tierno, un aire nuevo, una esperanza de la que debiéramos aprender.
Alba2
El cielo es una sonrojada mejilla
y los gallos pregonan
en el mercado del aire.
Los perros ladran las siete del reloj.
Hoy toca poda e injerta.
Rufina sabe que su juventud
se empapará de sudor
y la brisa le secará las sienes.
Pero la rama del azahar no espera
y sabe que ese es su sitio en el mundo.
Mientras los huesos y el amor aguanten,
allí estará su espigado destino
germinando en la palabra tierra.
Antonio Viñas (2008)
2
“Alba es para Antonio Rufina, al que no he querido esconder detrás de otro nombre. Aunque septuagenario y con un
sustillo de infarto, al abrirse el día no hay pereza que se leresista para enfundarse las botas y salir al campo como si allí
repartieran el cielo” (Viñas, 2008:98)
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