Monjas de clausura: una vida alrededor de la Eucaristía

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Monjas de clausura: una vida alrededor de la Eucaristía
Written by Marielisa Ortiz Berríos
Wednesday, 17 October 2012 13:58 -
Sus rostros irradian alegría y serenidad. Sus voces son suaves y pausadas. Sus presencias
revelan una entrega plena al Señor. Viven en un entorno de paz y austeridad. Llevan una rutina
diaria enfocada en la oración y contemplación. Su vida gira alrededor de la Eucaristía. Son las
monjas de clausura.
Habitan cerca del desarrollo residencial y comercial, pero apartadas a la vez. Entrar al territorio
monástico es adentrarse a la tranquilidad misma. Los árboles y vegetación, la estructura
mística del edificio y la soledad, brindan el espacio idóneo para esta vida dedicada a la oración.
Acorde al “Verbi Sponsa” -documento que esboza la instrucción de la vida consagrada-, el
convento es un lugar “donde poder buscar más libremente a Dios y donde vivir no sólo para Él
y con Él, sino también sólo de Él”.
Así que la clausura, si bien está documentada en los estatutos de la vida contemplativa, y
asumida voluntariamente por cada monja, no es meramente para una separación física del
resto del mundo, sino que esto permite llevar a cabo una vida de oración y contemplación al
Señor.
De otra forma, sería difícil asumir la vocación y el llamado. “Nuestra vida está enfocada y va
dirigida hacia la oración y nuestro propósito es vivir en obsequio de Jesús. Imagínate que yo
esté todo el día hablando con la gente, recibiendo gente, haciendo cosas, es hasta simbólico
esto (las rejas) [...]”, expresó a El Visitante, Madre Inés María del Corazón Eucarístico de
Jesús, priora del Monasterio Carmelita de San José, en Trujillo Alto.
Este convento es la comunidad más antigua en América de la orden, con 361 años de
fundación.
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Cuando llega el llamado
La hermana Laura Teresa, de 21 años, llegó al Monasterio Carmelita de San José el pasado 25
de agosto. Contó que la primera vez que visitó el convento, invitada por una amiga, sintió algo
especial y hermoso que no puede describir. Esto fue descrito por Sor Ana María De Jesús, de
96 años y la más anciana de la comunidad, como “el llamado”.
La hermana Laura Teresa expresó que desde antes sentía inquietud por la vida religiosa, pero
aún no sabía a qué orden. Este sentimiento especial la llevó a estar en un proceso de
discernimiento con las monjas en Trujillo Alto durante dos años. Finalmente decidió entrar al
convento.
La hermana Laura Teresa refleja en su rostro una inmensa alegría y devoción a la vida
consagrada. Dejó sus estudios universitarios para dedicarse plenamente al Señor.
Así también, la juniorada (nivel posterior al noviciado y con votos simples), Sor Yadira María del
Santísimo Sacramento, de 32 años, habla con profunda felicidad sobre sus inicios en la vida
religiosa. “A los 12 años yo sentí inquietud vocacional”, dijo.
Añadió que siguió estudiando y a los 17 años, cuando vio la película de Santa Teresa de los
Andes, sintió más el llamado. Sin embargo, Sor Yadira recuerda que la vida contemplativa en
un monasterio de clausura no era una opción para ella, así que entró a la orden de Las
Marianitas. Más adelante la religiosa decidió salir de dicha congregación ya que entendía que no era su
carisma. Es entonces que buscó dirección espiritual y su consejero le indicó que su inquietud
podría ser la vida contemplativa. Luego Sor Yadira comenzó un proceso de discernimiento con
las hermanas Carmelitas hasta dejarlo todo –trabajo, casa y carro- para entrar al monasterio.
Allí lleva cuatro años.
Por su parte, la más anciana en el convento, Sor Ana María De Jesús, de 96 años, contó que
desde muy pequeña vivió una vida de oración junto a su familia. Sus padres siempre le
brindaron un gran ejemplo de devoción, por lo que siendo muy joven decidió entrar a la orden
de Las Carmelitas. Contó que antes era más rigurosa la clausura, como por ejemplo, que las
monjas siempre debían llevar un velo en la cara y los locutorios (lugares de encuentro con la
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familia) eran más encerrados.
Sin embargo, dice que recuerda con mucho agrado sus inicios en la vida de clausura, ya que
fueron sus años de formación. Con un rostro que refleja el amor puro de Dios, Sor Ana expresó
a El Visitante que es tan feliz hoy como el primer día que entró a la orden.
Preceptos y espiritualidad de la vida contemplativa
El “Verbi Sponsa” expresa que las monjas de clausura no deberán salir de la vida monástica, a
no ser por causa justa o grave. Normalmente cuando salen a la calle es para citas médicas.
Madre Inés contó que se sienten “raras” con la vida agitada afuera. En sus ratos libres pueden
disfrutar de unos patios interiores con árboles frutales y jardines, pero no salir al patio exterior.
Sus familiares y amistades pueden visitarlas una vez al mes, por alrededor de dos horas, a
través de barrotes.
Las monjas Carmelitas no celebran las fiestas tradicionales, pero sí las litúrgicas, como las
festividades de Santa Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, la Virgen del Carmen, la Pascua de
Resurrección, la Navidad, entre otros. Madre Inés contó que en estas últimas dos se “botan” y
la pasan muy bien. “Es una expresión de gozo espiritual”, manifestó. En contraparte, en la
Semana Santa tienen más recogimiento de lo usual y propician un ambiente más austero. “Que
ya el mundo no tiene pero nosotros lo conservamos”, indicó la Priora.
Cada una de las 19 hermanas -17 con votos solemnes, una con votos simples y una
postulante- que conviven en este monasterio, tiene su propia celda, que incluye su baño. Estos
cuartos son bien sencillos, con su cama, mesita, un crucifijo y un cuadro de la Virgen. En este
lugar es donde se encierran a hacer sus oraciones personales, así también en la capilla.
Madre Inés describió el monasterio como una “ciudadela”, con su propio gobierno, estatutos,
cementerio y trabajo. El oficio de confeccionar las hostias les brinda a las monjas una entrada
económica que les ayuda a sufragar algunos gastos, como la comida. También reciben
donaciones económicas y materiales. Para hacer ciertas diligencias reciben ayuda de personas
voluntarias.
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Las monjas de clausura, aunque no están alejadas de lo que ocurre en la Isla y en el mundo en
términos generales, no conocen cada noticia y cada caso particular, a no ser que sea un caso
notorio. La Priora, en este caso Madre Inés, está llamada a enterarse primero y a pasar la
información a las otras, de ser necesario. El sentido de esto es no afectar la sintonía que
mantienen con la vida de oración. El documento “Verbi Sponsa” dice que “el silencio
contemplativo puede vaciarse si la clausura se llena de ruidos, noticias y palabras”.
Empero, las monjas se dedican a orar por el mundo y la Iglesia, y constantemente reciben
peticiones vía telefónica para casos específicos.
Su vida diaria
Las monjas se levantan a las 4:30 a.m. A las 5:05 a.m. se reúnen en la capilla para comenzar
las oraciones litúrgicas con los laudes. A las 5:30 a.m. rezan juntas el ángelus para luego
proceder a orar individualmente por una hora.
Durante este tiempo meditan, reflexionan y contemplan a Jesús, tal cual una persona
enamorada. A las 6:30 a.m. celebran la Santa Misa, cada día de la semana con un sacerdote
diferente. Al finalizar la celebración, dedican 10 minutos de acción de gracias por haber
recibido a Jesús Sacramentado.
A las 7:40 a.m. las monjas comienzan el oficio de lectura con tres salmos cantados, una lectura
bíblica y un texto hagiográfico (sobre los santos), que les ayudan en su formación y
profundización en la fe.
Inmediatamente llevan a cabo la tercia, con tres salmos, una lectura breve y una oración final,
para partir a desayunar al refectorio (comedor). Al finalizar su primera comida del día,
comienzan sus oficios hasta las 11:55 a.m. Algunas son enfermeras (cuidadoras de sus
hermanas ancianas), otras trabajan en la cocina, unas lavan la ropa, algunas confeccionan las
hostias que se envían a las iglesias, laboran otras como sacristanas, entre otros trabajos. “La
monja también tiene que ejercitarse en la pobreza”, afirmó Madre Inés.
A las 12:00 p.m. es la hora sexta y rezan juntas nuevamente tres salmos, una lectura breve y
una oración. Seguidamente todas rezan el ángelus y realizan un examen de conciencia, para
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reunirse a las 12:30 a almorzar.
Durante este tiempo, mientras comen en silencio, otra monja lee artículos espirituales o noticias
del Vaticano. Más adelante, las hermanas también tienen tiempo para recrearse, así que de
1:15 a 1:55 p.m. aprovechan para conversar con las compañeras, compartir impresiones y vivir
un espacio de fraternidad.
Posteriormente pasan a la hora nona, donde nuevamente hacen sus rezos.
Después, de 2:15 a 3:00 p.m. las monjas tienen oportunidad para descansar y tomarse una
siesta en sus celdas, pero todo el tiempo tratando de guardar el silencio. De 3:00 a 4:30 p.m.
las hermanas tienen un tiempo libre para hacer sus actividades personales, pero siempre
separando media hora para la oración, ya sea en su celda o en la iglesia.
Madre Inés describió estos tiempos libres y de recreación, más que una forma de asueto y
distracción, como una manera de estar dispuestas y descansadas para continuar con el
ejercicio de oración de la tarde.
A las 4:30 p.m. las Monjas Carmelitas rezan el Santo Rosario, para pasar a las 5:00 p.m. con la
oración personal. A las 6:00 p.m. llevan a cabo juntas las vísperas, para a las 6:30 p.m. separar
media hora para ensayar cánticos y rezos. A las 7:15 p.m. cenan y a las 8:00 p.m. tienen un
tiempo de recreo. Seguidamente, a las 8:55 p.m., oran las completas y alrededor de las 9:30
p.m. se retiran a descansar.
“Ese es el sentido de la vida contemplativa y a eso tenemos que llegar, tener ese deseo intenso
de estar siempre en esa presencia, porque soy obra de la Trinidad, después del bautismo”,
exclamó Madre Inés, quien describió esa presencia del Señor en el Sagrario, como agradable,
densa, intensa, profunda y completa. “La oración no tiene límites, nuestro apostolado es
infinito”.
(El Monasterio Carmelita de San José en Trujillo Alto celebra sus misas dominicales a las 8:00
a.m. y son abiertas a la comunidad. Cada cuarto domingo exponen el Santísimo todo el día y
de 3:00 a 4:00 p.m. hacen la Hora Santa. Si usted desea más información sobre el Convento,
tiene una petición de oración o inquietud vocacional puede comunicarse al 787-761-9548. Las
Monjas Carmelitas también tienen el Monasterio Santa María del Monte Carmelo en Mayagüez
y su teléfono es 787-834-6789).
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