El extraño mundo de Jack (London)

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A propósito del centenario de su fallecimiento
El extraño mundo
de Jack (London)
Fotomontaje: Juan Atacho
Nicolás Bendersky
Politólogo y docente de escuela media.
Algunos nombres propios de la literatura
tienen la fuerza suficiente como para aferrarse a la vida de millones de personas. Para ser
un pedazo de todos (o de muchos), ya sea por
haber sido primera lectura –de las que dejan
marcas indelebles grabadas a fuego– o simplemente por ser un sinónimo de historias,
aventuras, relatos, lugares, situaciones, personajes, colores y sabores.
Jack London, el escritor norteamericano del
que este año se cumplen 100 años de su fallecimiento, fue un verdadero “contador de historias”. Y no fue sino un personaje polémico y
controversial, de esos que no pasan desapercibidos. Un escritor inmensamente adulado y
elegido, pero también criticado y hasta acusado. Uno de eso escritores que mueven cielo
y tierra con su prosa, pero que en definitiva
pasan a la historia simplemente por ser leídos
con pasión y sentimentalismo a lo largo y a
ancho del globo. Leídos en una obra prolífica nutrida de novelas, cuentos, discursos, folletos y artículos, escritos en tan solo dieciséis
años de carrera profesional. Adentrarse en el
“extraño mundo” de Jack, constituye una apasionada y verdadera aventura.
Retazos de una vida intensa
John Griffith London vivió tan solo 40 años.
Pero su corta existencia contrasta deliberadamente con la abundancia y variedad de
vivencias que experimentó en infinidad de lugares. Su corazón, arriesgado y aventurero,
latía más fuerte cada vez que se embarcaba
(literalmente, en ocasiones) hacia lo exótico
y desconocido. La intensidad fue impregnando cada instante de su vida, confundiendo en
ocasiones la ficción con la realidad, pero también nutriendo a ambas, entremezclando narraciones y experiencias con la propia imagen
que él quería exponer a sus lectores. Una verdadera vida de novela que pudo transformar,
como pocos, en novela de la vida.
Nacido en 1876 en San Francisco, en el seno de una familia pobre, tuvo diversos oficios desde muy pequeño. Fue, entre otros,
repartidor de periódicos y hielo, barrendero
y limpiador de barcos. Pero la época marcada
por la crisis de 1873 hizo que el joven Jack, a
la temprana edad de quince años, comenzara a trabajar en una fábrica enlatadora, hasta
dieciséis horas al día por unas pocas monedas, como parte de una explotación descarada. Súbitamente, decidió sumarse a un grupo
de saqueadores de ostras y luego tuvo su propia embarcación pirata, lo que le valió el apodo de “príncipe de los ladrones de ostras”.
Posteriormente se enroló en una patrulla pesquera, y al fin se decidió a surcar el Océano Pacífico norte –desde Japón al estrecho de
Bering– a la caza de focas. Al volver, trabajó
en una fábrica de hilados de yute, fue paleador en una mina de carbón para una central
ferroviaria, obrero de una lavandería y luego
se lanzó al vagabundeo por varias ciudades
de Estados Unidos. En su vuelta a la Bahía de
San Francisco se dejó tentar por la fiebre del
oro de Alaska, que lo llevó por los fríos parajes del Yukón y el Río Klondike, en busca de »
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CULTURA
Literatura
fortuna aurífera. Sucedió que “al cavar las entrañas de la tierra en las tenebrosas regiones
del Ártico, habían encontrado yacimientos
de cierto metal amarillo, y al propagarse la
buena nueva, miles de seres humanos se lanzaban hacia los helados países norteños en
busca del codiciado metal”1, incluido el bueno de Jack.
Al retornar con el sueño del oro hecho añicos y las manos callosas y vacías, traía también
consigo la mochila cargada de historias de vida para ser contadas. Y así comenzó su largo
y sinuoso camino para convertirse en escritor.
Lectura y escritura de un lobo de mar
Sus incursiones desde muy joven por la Biblioteca Pública de Oakland lo acercaron a la
literatura universal. Las novelas de Flaubert
y Melville, Tolstoi y Dostoievski, nutrieron
sus primeras lecturas. Luego siguió su interés
por Poe, Kipling, Zola y Stevenson, sumado
a su despertar político-social, que lo acercó
a Spencer, Darwin, Malthus, Marx, Engels y
Nietzsche.
Las agotadoras jornadas en las fábricas le dejaban muy poco tiempo libre, que igual maximizaba utilizando cada minuto para escribir.
Entre bostezos y café, quitándole horas al sueño, la luz permanecía prendida hasta altas horas de la noche, escribiendo artículos y cuentos
que luego enviaba a concursos literarios y periódicos, sin mayor suerte. Jack London había
nacido para escribir y nada se iba a interponer
en ese encuentro. Así lo relata en su autobiografía novelada, titulada Martín Eden, luego
de haberse decidido a alquilar una máquina de
escribir:
Y entonces, restrellante de luz, brotó la idea.
Escribiría. Sería uno de los ojos del mundo,
uno de los corazones a través de los cuales
siente ese mundo y uno de los oídos a través
de los cuales el mundo oye. (…) En prosa y
en verso, sobre hechos reales e imaginarios
(…) escribiría2.
Los rechazos deliberados por parte de decadentes editores no mellaron su voluntad
ni lo hicieron flaquear, convencido de que
en algún momento le llegaría su oportunidad
ansiada. Y así fue. Comenzaron a pagarle algunos pocos dólares hasta que luego le ofrecieron adelantos por sus novelas. Su carrera
se catapultó y logró publicar, con el correr de
los años, más de 50 libros.
Su explosión como escritor coincidió con
un vertiginoso desarrollo de la técnica industrial en la elaboración de libros y revistas, que
le permitió combinar sus grandes dotes como
escritor, junto al boom editorial en ciernes,
potenciando su llegada y expansión hacia
el público lector. Asimismo, rápidamente se
convirtió en un escritor leído por los obreros
en especial. No solo en los EE. UU. sino también en alejadas geografías como Rusia donde, luego de la revolución de 1917, sus libros
se leían extendidamente en las escuelas.
Al respecto, en 1929 la revista New Masses
–publicación de la izquierda estadounidense–
escribe sobre London que
(…) Los obreros que leen, leen a Jack London. Es el único escritor al que han leído todos, es la sola experiencia literaria que tienen
en común. Los obreros de las fábricas, los
peones del campo, los marinos, los mineros,
los vendedores de diarios, lo leen y lo releen.
Es el escritor más popular entre la clase obrera de los EE. UU.3.
El llamado del éxito
Su obra más famosa por la cuál iba a ser reconocido y admirado fue sin duda El llamado de la Selva publicada en 1903. Catalogada
como una obra para público juvenil, posee
fuertes metáforas sociales repletas de aspectos autobiográficos. Comenzó su escritura como un cuento corto y puntual, pero luego de
unos días la historia fluía como un río tormentoso, devenido en una larga novela.
En ella, el protagonista (un perro llamado
Buck, mitad San Bernardo, mitad pastor escocés) debe abandonar una casa con comodidades para enfrentar raudamente el rudo
paisaje de Alaska. Allí, no solo debe adaptarse a las duras condiciones de vida a varios
grados bajo cero, sino también convivir con
una nueva ley de la vida, el código de la ley
primitiva, enfrentándose a otros perros salvajes sin misericordia ni moral. Caracterizando
esta ley, escribe que
era preciso dominar o ser vencido; pero jamás compadecer, porque la compasión era
atributo de los débiles. En la vida primitiva
no hay compasión ni misericordia, que pudiera tomarse por cobardía. Y la cobardía era
el camino de la muerte. Matar o morir. Devorar o ser devorado. Tal era la ley4.
El rotundo éxito hizo que la primera publicación de 10 mil ejemplares se agotaran en 24
horas y luego el libro se tradujo a muchos idiomas, haciéndolo famoso en todo el mundo.
La crítica lo alabó calificándolo como un clásico norteamericano al que algunos llamaban
“el Rudyard Kipling del norte”, parangonándolo con el gran escritor Inglés, nacido en India.
Luego vinieron otros de sus libros de variados géneros (aventuras, ciencia ficción, policiales) como Colmillo Blanco, Cuentos de los
mares del sur, Lobo de mar, La peste escarlata, Gente del abismo, Asesinatos S.L., Knock
out y Vagabundo de las estrellas.
“Suyo, para la revolución”
Un capítulo importante de su vertiginosa vida,
estuvo dedicado a su acercamiento al socialismo norteamericano. Tanto sus vivencias como
trabajador de fábrica desde muy chico –retratado en incisivos cuentos como El apóstata–, sus
incursiones en el submundo de Londres –plasmado en la obra Gente del abismo–, sumado a
sus intensas lecturas del Manifiesto Comunista durante su estadía en Alaska; lo condujeron a una (algo difusa) toma de partido por el
socialismo.
No exento de importantes contradicciones
(que incluían su admiración por el teórico
Herbert Spencer, adalid del darwinismo social5, o sus repudiables y decadentes planteos
contra los japoneses, chinos y negros) Jack
London propagandizó durante toda su vida,
una visión amplia de lucha por una sociedad
sin explotación, antagónica al capitalismo. Al
adherir al naciente Partido Socialista Norteamericano orientado por Eugenio Debs
y Daniel De León, asumió el rol de difusor
del socialismo en Estados Unidos recorriendo decenas de ciudades, dando discursos no
solo a jóvenes en Universidades y mitines, sino también a miembros de la alta sociedad y
hombres de negocios.
Aprovechando su reputación como escritor y coincidiendo con la Revolución rusa de
1905, London publicó una colección de discursos y conferencias titulada La guerra de
las clases que se agotó a poco de salir y debió ser reimpresa tres veces a raíz de su éxito editorial.
Quien firmaba sus cartas con la frase “suyo
para la revolución”, tenía una profunda confianza en que la clase obrera encabezará la
transformación socialista de la humanidad.
Así lo expresa en un ensayo de 1906 donde
sostiene que
los socialistas eran revolucionarios, en la medida en que luchaban para transformar la sociedad tal como existe actualmente, y con otros
materiales, construir una nueva sociedad. Yo
también era socialista revolucionario. (…) Estas son mis perspectivas.(…) [y] quiero hacer
constar mi confianza hacia la clase obrera6.
Huelga, socialismo y materialismo histórico
De varios cuentos, novelas y conferencias
que tratan el tema, son La huelga general, La
Fuerza de los fuertes y Talón de fierro, aquellos donde vuelca su brillante talento literario
al servicio de esta perspectiva de transformación socialista.
La huelga general relata, de modo apocalíptico, una huelga que comienza en San
Francisco y que se va extendiendo a otras ciudades lo largo y ancho de los Estados Unidos. Las charlas entre millonarios, burgueses
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y personajes de la alta sociedad reunidos en
un club exclusivo, van retratando la paralización total de los resortes económicos, encabezada por las organizaciones sindicales
que se prepararon para ello con varios meses
de anticipación, pertrechándose de víveres y
otros productos.
Parangonada con un terremoto u otra catástrofe natural, los capitalistas se indignan porque no tienen leche, pan fresco ni aceitunas
para los aperitivos, debido a que todos se encuentran en huelga. Uno de ellos sostiene que
“siempre que habeís tenido al obrero debajo,
le habéis exprimido; y ahora que él os tiene a
vosotros y os aprieta, empezáis a chillar”7 reconociendo que quienes aplastaron siempre a
los trabajadores, ahora están viendo su gran
venganza y mordiendo el polvo.
La narración, que constituye un homenaje a Eugenio Debs (padre del socialismo norteamericano), posee altas dosis de sarcasmo,
y va adquiriendo tensión cuando la comida
se va acabando y la desesperación de los burgueses aumenta proporcionalmente.
Más allá del triunfo coyuntural de las reivindicaciones obreras, el ejercicio de imaginación de London busca el reconocimiento
de la fuerza obrera potenciada por la organización en la acción conjunta, en lucha contra
la clase capitalista.
La fuerza de los fuertes, un cuento poco conocido del autor, retrata magníficamente el devenir de una tribu primitiva que va incorporando
lentamente la desigualdad y la explotación,
constituyendo una verdadera obra maestra y demostrando hasta qué punto London poseía una
visión materialista, inspirada en el marxismo.
Los personajes comienzan viviendo en una
sociedad igualitaria donde todos deben cazar
y pescar. Lentamente, frente a la aparición de
un excedente productivo, emerge una clase dominante que se va apropiando de aquello producido, cercando las tierras, creando el dinero,
rodeándose de una fuerza represiva para garantizar su dominio, imponiendo un tributo, viviendo del trabajo ajeno y justificando su lugar
predominante mediante la religión y la ideología. Es decir, el surgimiento de un Estado como
forma de opresión de una clase sobre otra.
Frente a la aparición de personajes díscolos
que sostenían que toda la tribu debería trabajar (acabando con la desigualdad, los guardianes y vigilantes), los personajes dominantes
lo acusan de loco y de querer hacer retroceder el avance social. La decadencia de esta
comunidad vencida por otra tribu, lo induce
a la optimista reflexión de que
Algún día la fuerza de los fuertes (…) [se]
unirá (…) de modo que ni un solo hombre en el mundo luche contra otro. No habrá ni guardianes ni vigilantes. (…) Y todos
los hombres serán hermanos y nadie podrá
holgazanear al sol y ser alimentado por sus
compañeros8.
La novela Talón de Hierro –escrita en 1908–
es quizás la más conocida y renombrada en
su veta socialista, y para algunos su obra narrativa/política cumbre.
Escrita en la forma de un manuscrito de
Avis, la protagonista esposa del líder revolucionario Ernesto Everhard, va desplegando las características de la dominación de un
régimen totalitario, expresión de la más concentrada oligarquía plutocrática que, dueña
de los monopolios industriales, controla el
poder del Estado. Luego de las derrotas de levantamientos revolucionarios como la Comuna de Chicago (en clara alusión a la Comuna
de París de 1871), se asienta un régimen dictatorial que va a dominar con mano de hierro
ejerciendo una explotación descarada sobre
la clase trabajadora y sus familias.
En la reconstrucción de la vida de Everhard,
London sostiene su perspectiva de cambio social en boca de su personaje:
Nuestra intención es tomar no solamente
las riquezas que están en las casas, sino todas
las fábricas, los bancos y los almacenes. Esto es la revolución (…) Queremos tomar en
nuestras manos las riendas del poder y el destino del género humano. ¡Estas son nuestras
manos, nuestras fuertes manos!9.
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leí por la noche el cuento Amor a la vida”11
que relata la pelea a muerte entre un hombre y un lobo.
En tanto que León Trotsky, luego de la lectura de Talón de Hierro, le escribe una carta a
su hija, Joan London, sosteniendo que:
Lo que le interesa [al autor] no es el destino
individual de sus héroes, sino el destino del
género humano.(…) su tendencia apasionada
a espabilar a quienes se dejan adormecer por
la rutina, a obligarlos a abrir los ojos, a ver lo
que es y lo que está en proceso12.
***
Jack London –autor que publicaremos
próximamente desde Ediciones IPS– con su
mundo polifacético a cuestas, constituye un
gigante de la literatura. Su capacidad de abordar variadas temáticas, repletas de aristas y
matices lo ubica, a pesar de sus contradicciones, entre los más brillantes literatos.
Mucha de su obra contiene la promoción
del socialismo y filosas críticas y denuncias
al capitalismo, a la cruda explotación del trabajo humano y a la destrucción del medio
ambiente.
Todo eso y más, es parte del extraño mundo de Jack.
Talón de Hierro constituye una sagaz anticipación histórica al ascenso del fascismo.
Lecturas auspiciosas
Al convertirse en best seller, no solo en Estados Unidos sino en todo el mundo, Jack
London fue leído por personalidades de la
historia a los cuales les dejó una marca indeleble. Algunos de sus lectores auspiciosos fueron el premio Nobel de Literatura, el francés
Anatole France y el historiador norteamericano Howard Zinn (quién prologó una edición
de Talón de hierro). Pero quienes se destacaron en su lectura fueron sin duda aquellos
que compartían su mirada socialista y que pusieron el ojo en la gran capacidad narrativa
del escritor estadounidense.
Ernesto Che Guevara cuenta que, tras haber
sido herido luego del desembarco del Granma,
se identificó con un cuento de London “donde
el protagonista apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida,
al saberse condenado a muerte, por congelación, en las zonas heladas de Alaska”10.
Por su parte, Vladimir Ilich Lenin también
era un asiduo lector de London, como recuerda su compañera Nadezhda Krupskaia, quién
escribió que “dos días antes de su muerte, le
1. London, Jack: El llamado de la selva, Barcelona,
Proyectos Editoriales, 1984.
2. London, Jack: Martín Eden, Bs. As., Ediciones
Siglo Veinte, 1974.
3. Russak, Martin: “Jack London”, New Masses,
enero 1929.
4. Op. cit.
5. Teoría que traslada la evolución, la selección natural y la supervivencia del espécimen más apto, a
la sociedad humana y su desarrollo.
6. London, Jack: “Yo he nacido en la clase obrera”,
Cosmopolitan Magazine, marzo de 1906.
7. London, Jack: “La huelga general” en La huelga
general., Bs. As., Biblioteca Página/12, 1995.
8. London, Jack: “La fuerza de los fuertes” en La
huelga general., Bs. As., Biblioteca Página/12,
1995.
9. London, Jack: Talón de hierro, Bs. As., Editorial
Leviatan, 1989.
10. Guevara, Ernesto: La sierra y el llano, La Habana, Casa de las Américas, 1961.
11. Krupskaia, Nadezhda: Memorias de Lenin, citado en O´Connor, Richard: Jack London, México,
Editorial Diana, 1964.
12. Trotsky, León: Literatura y Revolución, Bs. As.,
Editorial El Yunque, 1973.
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