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Los EE.UU, el capitalismo, verdades y mentiras
17.11.2015
Por Elaine Tavares. - En la época contemporánea hay varios ejemplos de mentiras absolutas producidas por el gobierno de Estados Unidos para apoyar
ataques contra otros países. Las más conocidas son las falsas acusaciones de armas químicas de destrucción masiva en Irak. Esa fue la razón - inventada - que
llevó a la invasión de ese país en 2003. Otra posible mentira fue el 11 de septiembre, cuando fueran destruidas las dos torres del World Trade Center, que varias
fuentes afirman que fue un gran marco de la inteligencia de los Estados Unidos para legitimar la invasión de Afganistán. Siempre es bueno recordar que tanto
Saddam como Bin Laden eran amigos de los gobiernos estadounidenses, e incluso fueran entrenados para defender los intereses estadounidenses en el lado
oriental.
Las mentiras también fueron utilizadas durante la guerra de Vietnam, con información falsa sobre los "enemigos", así como sobre el papel que los EE.UU.
jugado en el conflicto. De hecho, los EE.UU. atacaron el país sólo para detener lo que llamaron la "amenaza roja", el comunismo, lo que sería malo para sus
negocios. Mentiras sobre Cuba, sobre Venezuela, sobre Chile.
En 1898, cuando reclamaban lo que creían que era su derecho sobre Cuba a la España, los Estados Unidos llegó a explotar su propio barco, el USS Maine, que
estaba anclado en La Habana, matando a un tercio de la tripulación. Y fue justo la conmoción por las victimas que ha hecho la población aprobar la guerra
contra España. Justo como en el 11 de septiembre que dio lugar a un ataque inmediato contra Afganistán, como "respuesta" o venganza.
Hoy, con la desestabilización provocada el Medio Oriente, Estados Unidos creó - a través de los medios de comunicación - la figura del terrorista árabe, que ha
servido como excusas creíbles para futuras invasiones y ataques.
Nadie es tonto de pensar que los árabes son buenos chicos, algo que ni los asiáticos, ni los estadounidense, ni ningún otro representante de la raza humana es,
por excelencia. Hay los que son buenos y los que se prestan a los males más atroces, en cualquier etnia. Si hay el Isis, también existe Guantánamo. Pero la
ideología producida sistemáticamente por los medios de comunicación al servicio del gobierno imperial ha transformado cualquier árabe en enemigo. El ejemplo
más reciente fue el incendio de un centro de refugiados en Francia, después del ataque terrorista en París, donde, sorprendentemente, se encontró un
pasaporte sirio. Esto demuestra lo mucho que las técnicas de mentiras e ideologización de la realidad están siendo copiado por los países que conforman el
bloque G-8, que son los que dirigen el mundo. Imagínese que el jefe terrorista va a explotar una multitud, pasando primero en casa para obtener el pasaporte,
que servirá como prueba de quién es. Ah, claro!
El hecho es que casi nada de lo que pasa en el mundo es así. En general, lo que se ve no es lo que es de verdad. Las mentiras, el engaño, farsas, invenciones.
Nos corresponde a nosotros aquí en Brasil también, con cosas como la acusación de que los indios son el atraso del país, el crimen ambiental de la minera
Samarco, o el fuego en la Chapada Diamantina. Siempre hay que buscar lo que está detrás de las palabras, lo que está detrás de los hechos. Y si uno mirar con
cuidado podrá ver que todo tiene que ver con los intereses financieros de unos pocos grupos que, incluso, actúan con poder sobre los gobiernos de los países,
empezando a actuar con facilidad, destruyendo vidas y mundos, sin compasión.
No es sin razón que los jóvenes que son reclutados por el grupo extremista autodenominado Estado islámico, abandonan todo para experimentar la violencia
más voraz. A menudo son víctimas de este tipo de violencia, o más bien sus padres y abuelos. Y al final, acaban encantados con la “belleza” de la barbarie, la
comisión de múltiples atrocidades y su distribución en todo el mundo como grandes hazañas. ¿Y por qué no lo harían si la barbarie es la que siempre parece
ganar?
Hoy, días después de los atentados en Francia, aún reverberan discusiones en las redes sociales sobre la colonialidad del dolor. En Brasil, la presentadora de
noticias de Globo (mayor red de televisión) llora en el aire por los franceses (europeos, blancos), pero no llora por los palestinos (semitas, marrones) que son
bombardeados a cada día desde 1947, o tampoco ha llorado por la tragedia de Bento Rodrigues, cuando se rompió una presa de lama toxica. Y hay quienes
dicen que no hay jerarquía en la tragedia.
Pero esto es también una manera de tratar de cubrir la realidad. Hay jerarquía sí. Noam Chomsky, quien es un teórico estadounidense, ya ha demostrado cómo
eso es real en su hermoso libro "Los guardianes de la libertad." Cuando la víctima es un aliado de los dueños del mundo, su dolor se torna viral, divulgada hasta
el agotamiento. Pero si la víctima es el enemigo de los dueños del mundo, o si les son indiferentes, entonces su dolor se encuentra en una nota al pie, o
simplemente es ignorada como ocurre con los horrores perpetrados por los capitalistas en África, en Asia, en América Central o incluso en el centro de sus
mundos.
El hecho es que cuando cae una víctima del sistema, se necesita tener la tragedia oculta, a fin de no generar la conciencia de clase. Pero cuando el que se cae
es de la parte superior de la pirámide el panorama cambia, se crea la idea de que todos somos iguales en el dolor. No somos. Ni en la alegría, ni en el dolor, ni
en la misma vida.
Así que no es sorprendente para nada que el facebook, este proyecto de embrutecimiento y alienación, ponga la bandera de Francia para personalizar las fotos,
y no coloque la de la Palestina. Que ponga un aplicativo de “estoy seguro” en barrios de Paris y no de Siria. Porque ese es un sistema de comunicación masiva
que es propiedad del sistema. Sería absurdo que él se conmocionase por el dolor de los pobres. Así que me parece tonterías las reclamaciones que se hacen
en la red. ¿Es posible que las personas no se den cuenta de esto?
Y así andamos con la cara enterrada en la pantalla "inteligente" del móvil, conectados a una realidad distorsionada.
Mientras tanto, en la realidad de las personas empobrecidas, aquí en nuestro país, en el estado de São Paulo, los niños y los adolescentes ocupan las escuelas
a fin de que no se cierren, como quiere hacer el gobernador. Y por su lucha son golpeados por la policía, ven a sus maestros siendo brutalmente cacheteados y
detenidos por los guardias que deberían protegerlos. Y además de eso, no desisten de la pelea. De forma subversiva aun utilizan el “hermano mayor”, el
Facebook, para difundir su lucha y llegar a la gente, porque los medios de comunicación no la muestran. Desgraciadamente, esa importante batalla por la
educación sigue obscurecida por los otros diversos espectáculos diarios que ganan todo el foco del sistema.
Pues así es la vida, nuestra vida ordinaria. La lucha de clases no cesa.
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