Reflexiones sobre la Guerra Restauradora

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Reflexiones sobre la
Guerra de la RestalrracIOn
Francisca Antonio
vel lino'
Criterios preliminares de nuestra
interpretacién histsrica.
En e[ recién iniciado siglo XXI, es un lugar corniiin de los
estudiosos de la historia dominicana valorar los hechos
socio-políticos transcurridos de 1861 a 1865 como los
acontecimientos que iniciaron el protagonismo de las masas
populares, sobre todo campesinas. y algunas capas urbanas en
las luchas patrióticas y Ias lides políticasEn la realidad de las cosas, las luchas sociales en todas las
épocas. países y regiones del mundo las han realizado los
puebIos. Los jefes de tribus, caciques, jeques, caudi'lloc,
dirigentes, líderes, confame prefiera Ilamárseles segiui los
~iemposy I ligares de actuación. han sido los conductores
principales que organizaron y se beneficiaron mayormente di:
los hechos l~istóricoc.
Acaclérnica correspondiente de Ia Acadcmix Dominicana dc la
1-Lisroria.
1
l
Los grandes cambios sociales y políticos en la historia
humana no han sido hasta nuestros días (2003) otra cosa que
una lricha más o menos violenta hasta llegar a la guerra que
concluye con Isi dominacibn de Ias mayorías por las minorias.
Bien es verdad que estas minorias han sido en escala
ascendente mas numerosas en e1 largo trayecto de Ia historia:
la aristocracia gentiIicia de la antigua Grecia; los patricioc
romanos; [os señores feudales; la alta burguesia; y el partido
del proletariado y su vanguardia (los jefes del partido).
Desgraciadamente, inclusive en los experimentos socialistas
del pasado siglo XX, siempre se formó una burocracia
minoritaria que gobern6 y, en mayor o menor medida. se
convirtió en una nueva clase privilegiada. Esperamos que en
un futuro la humanidad pueda superar esta fatal tendencia
hasta llegar al gobierno de las mayorías. Partiendo de esta
constante de Ia historia humana es que intentamos comprender
la historia dominicana de 1 861 a 1865,
Ahora bien, estos hechos sociales no pueden expIicarse
si11 tener en cuerita los aconiecimicntos que les precedieron:
los más importantes fueron la hegernonia haitiana de 1823 a
1844 y las guerras de Independencia. (Separación como
decían quienes la hicieron). En otras palabras, la historia de la
isla, toda entera, debe procesarse en el taboratorio. No
podemos hacer un estudio serio de nuestro pasada sin tener en
cuenta Ea historia de la colonia francesa. stt revolución
antiesclavista y el surgimiento del Estado Haitiano. De ahi
hemos partido, para tratar de aproximarnos a una comprension
de la Guerra de la Restauracibn.
Itcticsicincx sobre
In (;ucrn dc In Rcanunción
El criterio básico de interpretacibn es el siguiente: la
insurreccion antiesclavista haitiana desplazO del poder y
exteminb a los dominadores franceses y de su volcán
surgieron dos aristocracias o diles: una mulata y otra negra,
las cuales se disputaron el poder en todo el decurso de la
historia de ese pueblo, Desde las luchas guerreras con la
colonia francesa, y luego, enfrentados al recién constituido
Estado Haitiano. los dominicanos forjaron una alianza tácita
de clases que la minoría prohispánica rompió en 1861. De esta
ruptura surgió la Gucrra dc Ia Restaurnción. MEis tarde.
después de la derrota del baecismo y la casi realizada anexión
a los Estados Unidos de Amhica (1879-71) se formó una
"renovodu" mistocracia -el Partido Azul. mezcla de las
antiguas clases dominantes y Ios caudillos y líderes
ideol8gicos- surgida de las consccuencias IiistOricas de la
Guerra de la Restauradh. Este proceso se acentuó con la
preeminencia del caudillismo de Ulises Heureaux.
VisiOo sociológica
Los 78 años que transcurrieron desde 1795 hasta 1873
fueron el periodo de FomiaciOn de la conciencia nacional
dominicana. Durante ese largo espacio de tiempo. los
dominicanos padecimos la dominacibn de dos naciones
europeas y una americana. En 1795 fuimos enajenados a
Francia por e1 Tratado de Basilea, e-jeecutad en 1801 por un
ejército Iiaitiano, bajo el rnandn de Teussaint Louverture a
nombre de Francia.
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En 1802 fuimos invadidos par un ejercito frances al
mando del general Leclerc, En 1805 un ejército del recién
formado Estado Haitiano nos invadib con el prop~sitode
expulsar a los franceses y hegemonizar el poder político en
toda la isla. Fracasó su expedjcibn y en su retirada saqueó
poblaciones. persiguib personas inocentes. secuestró y asesinó
varios cientos de inermes pobladores no beIigerantes.
Habían surgido de la guerra social haitima una nueva
aristocracia: la éEite mulata y la negra que pondrían en acción
estrategias para hegemonizar el poder político en toda la isla.
En 1809. con ayuda española e inglesa, encabezados por
la aristocracia de origen español. fue exptilsado (31 ejército
francks de apenas mil soldados. En vez de constituir un
Estado independiente, se produjo la reincorporación a España
restablecíendose la colonia. Este acto de sumisión al orden
colonial fue un hecho casi único en Ia historia decimonónica
de Hispanoamerica. En 1 821 Fueron expulsados los espafaoles
y se intentb la incorporarnos a la Gran Colombia del
libertador Simón Bollvar. Antes de haber transcurrido dos
meses fue aceptada, casi forzadamente, la unificacibn con la
República de Haití.
La élite de la aristocracia crioI1a dc estirpe española se vio
obligada a ceder su recien alcanzada soberanía ante la acci8n
politica de la aristocracia mulata Izaitiana. que obtuvo la
colaboración de esa aristocracia, las clases medias de sangres
mezcladas y 12,000 esclavos recikn liberados.
En 1844 se produjo la separación de los haitianos y hubo
qiie defender la independencia politica en cuatro sangrientas
campanas de guerra: 1844,1845,1849 y 1855-56.
En 1861: se renirnció a Ia independencia con una nueva
teincosporaciOn a España. ¿Por qué todas estas vicisitrides
que condu-jeran a tantos cambios en el dominio político
ejercido sobre la sociedad de los continuadores históricoc de la
antigua colonia espaliola? La respuesta a esta incógnita nos
conducirá a la comprensibn de las causas de la Anexión a
Espafia 186 1 y de su consecuencia lógica: La Guerra de la
Restauración.
Según Jean, Price-Mars, tomando prestado el tropo de
Renedetto Croce, la gran insurrección antiesclavista haitiaila
fue ?u harsfia de la liherrad. Lo fue. indudablerncnte, pero
desgraciadamente Dessalines rnanch0 la gloria de la gesta con
Ila grave ctrlpabilidad del genocidio de toda la pobIaciíin
francesa. Este holocausto irnprimi~uia profundo sentimiento
de horror, indignación y temor en la psicoIogia colectiva de las
pobiadores de la antigua colonia espanola. A partir de este
proceso histórico. toda la accion politica de Ia mayoría de los
dirigentes de los continuadores hislóricos de la colonia
españoIa. se impulsó por ese sentimiento de horror,
indignaci6n y iemor.
I-labia que evitar !a repeticibn en la Parte del Este. de una
giicn-a social inmisericorde. que trastornara el orden social
crinvirtiendo en dominadores a los dominados, y en
dominados a 10s clorninadores. Era el "inunda al revés". En la
República de Haití las africanos mandaban y los europeos que
quedaron vivos (muy pocos) obedecían. En el siglo XIX
Europa dominaba. en procesa expansivo, a una parte de
América. una apreciable porción de África y algunos
territorios de Asia.
El sistema capitalista y el
perfeccionamiento de las armas de fuego habían permitido
imponer su dominio en una gran parte del pEa
Ese orden jerirq~iieo,que se consideraba consecuencia de
la superioridad innata de los europeos, se veía cuestionado por
la proeza haitiana. A los antiguos colonris españoles les
resultaba difícil aceptar ese "mundo al reves" que significaba
la Revalucicin Haitiana y su nuevo Estado independiente.
Asi las cosas, en la Parte del Este. hegemonizada por los
kaitianos, sólo un pequeno grupo de hombres de excepci0n.
encabezados por Duarte. concibió la independencia absoluta.
Ese es el gran valor de Duarte: le bastá la experiencia del
despotismo haitiano para concebir Ia nacionalidad
dominicana. Muclios entendieron que no era posible la plena
soberanía, pues para ellos Io esencial era evitar la repeticibn
del "mal ejempIo haitiana", y en cansecuencia, era preferibie
un protectorado o, mejor aún, la anexi8n a una gran potencia
europea o americana de o~igencaucasico.
Los próceres de excepciíin. los nacionalistas
quimicame~ite puros. los Duarte, Sáncl~ez, Mella y sus
seguidores. fueron desterrados: se iinpusieron Santana y
Biiez- caudillos anesianistas. Sanehez y Mella regresaron a
partir de 1848 y se integraron a las pugnas partidistas
(santanismo-baecismo).
Durante la Primem Repzjblica ( 1 844- 1 861 ) la hegemonia
politica en las luchas internas fiie de Ia aristocracia dc origen
espafiol. El mismo BAez actuaba por ideología e intereses de
clase como caudiIlo anexionicta. En esa contienda interna
terminaron por imponerse los smranistas. Esta divisiOn de la
aristocracia de estirpe española se reflejaría notablemente
durante la Anexión y la Guersa de la Restauraciiin.
El 18 de marzo de 1861 Santana anex6 Ia República
Dominicana a la nlonarquia española.
La oposiciún a la anexihn a Espana la iniciaron desde
antes de su consumación los pr6ceres que permanecieron
fieles a su compromiso político dc 1844: Sjncher, y Mella,
quienes habian sido desterrados para facilitar el crimen de !esa
patria.
Fueron ellos quienes encabeziiron desde el exilio y los
nacionalistas de San Francisco de Macoris y Moca. las
primeras resistencias a la anexibn. Los partidarios de Báez se
sumaron a Ia resistencia frente a la anexiiin. mas por sii
an tngonismo a todo lo qiie hiciese Pedro Santzina que por una
genuina conviccEOn de patriotismo.
La encubierta propaganda por la Anexión si España la
hicieron Santana. sus cons~jerns y tenientes politicos.
ofreciendo e1 acariciado ensueño de la rnodernixacibn
capilalista. que. en cierto modo. Iiabisi ya propriesto a fines de3
siglo XVIIl el padre Antonio Sánchez Valverde, consiciente
en endurecer la esclavitud para alcanzar la eficiencia
prodtictiva de Ia colonia francesa.
Ahora se acariciaba la posibiIidad de iin orden colonial
semejante al d e Cuba y Puerto Rico. En el convenio de
Anexibn se había estipulado qiie la esclavitud no seria
reimpuesta. Resultaba obvio que el propósito de imitar ir alas
colonias esclavistas de Cuba y Puerto Rico contradecía esa
estipuIaciOn del pacto de h e x i b n . Todo indicaba una
obligacibn que, más temprana que tarde. teni~inaria
incumpliéndose; así fue vista por José Contreras en mayo de
1 86 1 y por nriichos otrris dominicanos ilustres, que ya Flslbian
alcanzado la intelección de la identidad nacional.
Seguramente fue Iijo de Ia nostaIgia hispánica de fines del
siglo XIX. el aserto de José GabrieI García. que considero iin
absurdo pensar que Espafia restablecería la esclavitud.
Santana y los propagandistas de los beneficios de Ia
Anexibn ofrecieron y lograron pactar en la convención del
hecho:
1. El no establecimiento de la esclavitud.
2. La Repítblica Dominicana. al ser anexionada. se
consideraria como provincia de España.
3. Se utilizarían los servicios del mayor numero posible
de aquellas hombres que le habían prestado servicios
importantes a la patria desde 1844.
5. Se reconocerían todos los actas de la Repiiblica
Dominicana de 1844 a 186 1.
Los partidarios de la Anexión difundieron la esperanza de
que la administraciól~española redizaría la constmcción de
caminos. puertos y otras obras pfiblicas necesarias para el
desarrollo del comercio. Se presentó el gobierno español
como una instltucicin civilizada y progresista. Bien pronto los
dominicanos se percataron del iIirnitado autoritarismo de la
administraciót~española, con los fusilamientos de Moca, San
Juan y Santiago.
La moneda dominicana, que se ofrecía amortizar
favorablemente. sólo se canje6 a contados persona-!es muy
allegadas aI estrecho núcleo de los amigos del general
Santana, mieiitras los comerciantes hacian del cambio un
desvergonzado y lucrativo negocia. A las masas populares y a
los que no eran santanistas se les rechazaba e1 cambio de la
moneda ba-jo el pretexto de que las papeletas estaban muy
deterioradas y podían ser falsas. SóIo un rninitsculo grupo de
oficiales permaneció en el e-i<ércitactivo. la gran mayoría fue
relegada a la reserva pagándosefe Pa mitad del sueldo que
percibía un oficial español. Las obras públicas se demoraron
indeiinidarnente, no se veía ninguna mejora económica, sino
qtie por el contrario los comerciantes españoles recien
llegados les hacian una competencia desleal a los
comerciantes domiriicanos.
El autoritarismo se hipertrofió y degeneró en despotismo.
La hiteleraiícia se estrernb en lo religioso, imponiendo un
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I
1
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control indiscreto en la vida privada de los sacerdotes
dominicanos Iirnithdoles sus ingresos. Se prohibió la prictica
de los cultos religiosos del cristianismo reformado, También
se prohibieron las sociedades rnasiinicas.
Tal vez el mayor error politico fue que no se hizo n a h
para impedir e! prgjziicio racial y las prricticas de
discriminacibn racial que se copinbatr dr Crtbny Puerto Rico.
Los dominicanas se percataron. casi de inmediato. que eran
súbditos de segundo orden por el simple hecho de teiler sangre
mezclada. Recuérdese que la generalidad de 10s colonos de la
Parte de1 Este eran hibridos desde la segunda mitad del siglo
XVII y Ia mayoría de la poblacióri continuaba siéndolo en
mayor proporción en la segunda mitad del siglo XIX. Los
prejuicios raciales que exl-iibiemn los españoles liacian temer
que la esclavitud podria restablecerse en un futuro próximo.
Los excesos arbitrarios del general Buceta, nefasto jefe
militar del Cibao, colmaron Pa copa de la paciencia
dominicana. Fuc la cruda realidad dcl rkgin~cncolonial
españo1 Ia causa de que muchos dominicanos que siguieron
sintiéndose espafioles a pesas de las independencias de 1821 y
1844. cambiaran sus convicciones políticas. De,~p~lés
de 1861
el despotismo español y la discviminaci0~7racial, religiosn y
doctrinal, los llevó no sblo a diferenciarse de los haitianos,
sino rambien de los españoles.
La Guerra de la Restauración fue el inicio del final
procesal de la concepcibn colectiva de la identidad nacional
como llegaron a sentirla e imaginaron su onticidad los
dominicanos de la segunda mitad del siglo XIX y e1 siglo XX.
AproximaciOn para la comprensión sociol6gica de la
proeza militar de Ia Guerra Restatiradora
Numerosos partidarios de Smtana y España bien pronto
desertaron y se sumaron al movimiento restaurador. Este
proceso expIica el portentoso milagro militar que fue la ripida
derrota del e-jéercit español en toda la Línea Noroeste y casi
todo el Cibao. En poco menos de 30 días,' los restauradores
expulsaron del Cibao a las tropas españolas y sus genedes y
asesores criollos sOIo pudieron defender y retenes en sus
manos una Puerro PIata sitiada y a Sarnaná practicamente no
hostiIizada.
La Guerra de 1a Restauracibn, que hnbia comenzado
como una conspiración de los oficiales hitiridos de los mandes
medios del ejército diseminados en la Línea Noroeste, o
.a del
los en Haiti,
[a colaboraci6r
pulsu.
inado. Se kabí
rtido en tina g~
¿Corno explicar este prodigio politico y militar? Ni la pericia
ni el don de mando del general Gaspar Polanco, o el itaIento,
audacia y valor de generales como Santiago Rodríguez,
Gregosio Luperón, Benito Monción. Pedro Antonio Pimentel,
Federico de Js. Garcia, José Cabrera, José Aritonio Salcedo y
tantos otros alcanzan a explicarlo.
i
E1 13 de septiembre Buccta se retirO de Santiago y se alxiii paso haaa
Puerco Plata.
La razón es mas profunda que una acertada direccion
política y miliitar. La,S domiriicanos vivieron una alianza de
todas sus clasles sociales para enfrentar al adversario Francés
durante: los ciglos XVI
del Or
111, En el siglo
844-1 85i6) se reconstr
XIX 1
la alianza para
--.
J
Y---.*Zresistir priIriziu y ut-rrutar uebpucs iii 11cgemonia de los
haitianos. Ahora, en 1861, se reconstruía Ia alianza rota
parcialmente por Darte del sector anexlonista de los criollos de
elevada condiiriOn social. Enr:I Cibao
i y luego en todo
el país, las masas de can!=res mí
y la minoria
nacionalista dii los cricjllos ilu!jtrados s
in de nuevo para
enfrentar a Ic
ioles y a sus a
criollos. Es~a
nlionza inició rn Jormacion ue una nuevo ar-iii.~ricaaciu,
ctyo
ilite J-ormaría,andmdo el /ie??p~,
los cz~ndrosdirigentes del
Partido Azill.
I
. I
Guerra de independencia y guerra civil a la vez fue el
signo característico de Ia gesta de la Restauración. Las
descripciones de Luper6n. Reidrígues Objio, Bonó, La
Gándara, Gonzilez Tablas, José Gabriel Garcia, Archambault
ez Mor illo no
igar a Ejudas sclbre el carácter
n de est,a cruent
. en la qile se seritenció a inuerte
2
a Pedro Santana y st: urgmiizaron I os Con: i ~ j o sde Guerra
Verbales para castigar a los homlsires que colaboraban y
espiaban para los anexianistas.
'
z Rodrígucz Dernnrizi, W o . -4cfos -1, dot./nr~t~rie/ ?ohitrrto de b
Re.rtuio-(~ci~in,
Sanra Domingo. Editora del Caribe. 1963 pp.72-73.
(r\cademia Dominicana Jc Ix Historia, Vol. A y .
r Rodw'gucz Qemoriai. I~mlio. ILYOJ.-~
tlo~n-lmr,
pp. 04-43.
.S
La Guerra de la Restauración fue el incentivo psicolbgico
y e1 modelo de estrategia militar de la guerra dc la
independencia de Cuba. Los cubanos pensaron que si los
dominicanos habian derrotado al ej6rcito espaííol. el los
también podían hacer lo nñismo. Los puertorriqueños también
iniciaron en Lares su primer movimiento independentista.
Mhxirna Górnez aprendió. combatiendo a los restat~radores,!a
táctica de la guerra de guerrillas qrie Ramón Matías Mella
impuso por su circular en octubre de 1863" y e1
vice-presidente Espaillat ratifico por su circular del 24 de
septiembre de 1864.'
Algunos estudiosos de la historia dominicana imaginm
-en SU entusiasmo patriótico- que la estrategia de Ia guerra de
gtierrillas fue una ereacibn del genial talento del insigne
prOcer Rarndn Matías Mella; en realidad, el acierto de Mella,
quien actuaba como miembro de la Comisibn de Guerra del
primer Gobierno Restaurador, fue su valoración de la utilidad
de esa especial estrategia para la guerra que aplicaban los
don-iinicanos a partir de 1863. Mella. Luperbn. EspailIat.
-i
j
inscruccitin pílm l a gwerm de guerrillas. Oficio Nn.212 del
Gobicrno Prorisorio de Santingo, del 96 de cncro de 1864. en dondc
sc aludc ii la brnosa circular del mes de octubrc del niio anterior,
rcprodiicc casi inrcpamcnte. con muy pocas v;u-iacioiles, lii urcuhr
cirsirla. VCase Radrikaez Demorizi, T<rnilio. H~/rntv~i!je
n .l(f~llrl,
Santo
Domingo. Eciitorn El (laril-ic, 1964. pp. 35 L-357. (i\cacI~tnin
Dorninica~iñde 1z I-11stori:i.Vril. SVIII). VCase tnmblén l i ~ d r í g i i ~
Dcmorizi, Emilto. - . ~ L I O J L ~ ~h~~t?trrz.~:..,
pp. 11-1 3.
Roclrígucz Dcinorizi, Emilio. Ditrrtri.~(?;. ILJ ,qtrorn hn~firrta-e.r~d5u/r1.
S a n t o Ilicimingo, IZditoi-a 111 Carihc, 1'163. pp. 107-109.
9-3
Gnillón y otros habían leido el famoso libro de Plutarco
tituIadc, Vidas fnralelash, en donde relata Ia biografía de
Fabio Miximo, quien vigiló. hostigó y debilit0, mediante
pequeños combates, a Ariibal, sin exponerse a una batalla
decisiva, Fue éste uno de los primeros precedentes de la
estrategia guerrillera. Los asesores militares franceses
contratados durante el primer gobierno de Báez.
probabIemente relataron a sus alumnos dominicanos los
criterios que expuso Clausewitz sobre la guerra irreguiar.'
Es muy probable también que relataran la experiencia del
gran e-ihcito de Napoie6n en Rusil
12, cuando fiie
perseguido y asediado por medio de la esáraíegia guerrillera: y
r evitó tina batalla decisiva y se retiro 1
cómo Kutuso~
i
mismas proxi~
nidades de Moscú y sólo fue por presilones delE
zar y el alto mando que consinti0 en arriesgar el ejército ruso
en la bataIla de ~orodinci."or otro lado, es necesario tener en
cuenta que Mella y los dominicanos de buena inforrnacfbn
cultural, entre ellos Espaillat, Bon6, Grulldn, Rojas y el
mismo joven Gregorio LuperOn, y sobre todo Pos dedicados al
oficio militar, fiieran o no ilustrados. coi~ocianpor relatos de
testigos presenciales la estrategia guerrillera que usaron
nuestros vecinos haitianos para dcrrotar a los 5 8 mil soldados
-
Plu tarco, I 7dn.1I'rrrtR/~~.t,Madrid, Gdtic;ts Espriirs, 1966. pp. 291-3 15.
Vna Clause~virz.IGrl. Di,/ ; i C q ~ t ~ Ttirno
ni~.
111. 3 r n cri. hlésicn. Editorial
Diiigcncs, 2977. cap. -=VI, pp. 181- 188.
n VCase genmal De CauPíuiicciust, .\rmaild. COI/,Yupa/eh?/ EII k ~ s i o .
Buenos Arres. Edccira In terainericana, 1942. pp. 151- 1 93: y ?'arIé.
E u p c n i . str/ldeÓn. hfCsico, Edrtora Crijalbo, 1'1ú5, pp. 287-335.
6
7
del ejercito expedicionario francés de los generales Leclerc y
R!ochamt ieau. Toussaint Louvertitri: fue (
o por LecIerc
P recisam ente pos aceptar una batalla ~ I U H L Ucontando
~
con
tropas menos disciplinadas y peor armadas que 1las franc:esas.
en vez de usar Ia estrategia guerrillera que Lar:itos éxit os le
había proporcionado en iin reciente pasado. Una zl tiiyria de
los oficiales dominicanos se formaron en las milicias haitianas
durante la ocupaciiin 1872-1844. Los oficiales dominicanos
fronterizos. aun los analfa beros. como el general Gaspar
Polanco. debieron escrichar narraciones de testigos
presenciales de la epopeya haitiana. La estrategia grierrillera
era muy conocida en Europa y en Asia. y en consecuencia era
materia de estudio en las academias militares. aunque bien es
cierto. que se abordaba tan sOlo como un pequeilo capitulo o
apéndice de la teoría gcneral de la guerra.
Algunos srandes tebricas, como Jornini en su
cornpendio,%i siquiera se refieren zi ella: no obstante. se sabia
que Du Guseline. el caballero briyardo. y Enrique de Navarra
la habían utilizado ésitosamente, y los españoles Ia usaron
contra 10s mariscales de NapoleOn.
Ahora bien, el asunto principal r'- 1u Guerra de la
Restauracibn. desde el punto de vista militar, e: ; explicar Pac
causas y razones de la victoria dominicana y la consecuencinl
ijeron que se trató
derrota español:
JL
L
1
4t
Jomiru. A.l-i. Pv1i.r rli. />ti' r h Iri,ytrmi Paris. Cdi tions 1-trrcn, 1993. pp.
1-390.
fundamentalmente de falta de voluntad política para ganar la
guerra; dicl-iode otra manera. no se quiso invertir lo suficiente
en recursos econbmicor;, ni poner en peligro a miles de
españoles que era necesario arriesgar para obtener el triunfo.
Se arg~~rnenii>
en el gobierno español que los franceses en los
primeros años del XIX no pudieron derrotar a los Iiaitianos a
pecar de los miles y miles de soldados del e-jércit
expedicionario. Se ponderb que serían necesarios por lo
menos 100,000 hombres para pacificar la parte española de la
isla, mientras el gobierno sblo le prometib a La Gandara
30,000 soldados mhs y no tuvo tiempo para crimplir s u
promesa, pues cayó en gran parte por sir responsabilidad en la
AnexiUn y la guerra.
L.
El general Josk de la Gándara adujo como excusa de su
inacciiin que si conquistaba Santiago invadiendo e! Cibao
desde Montecristi pronto sería sitiado en esa ciudad, pues el
gohiemo se etiraria a otra población. como La Vega o Sm Jos6
de Las Matas. Esta mismo pensaba el vicepresidente Ulices
Francisco Espaillat. La Gñndara olvidaba el principio
fundamental de la ciencia-arte de la guerra. consistente en
destruir Isi fuerza combativa de3 adversario. Si esto no puede
hacerse la gi
; t i perdida o se prolonga por mucho
tiempo. No cl
dia el general español. las enseñanzas de
NapoleOn y Ciaucewitz, los grandes teóricos de la guerra del
siglo XTX. pues era muy clificif que un general europeo no los
hubiese estudiado a la aittira de 1861-65.
La verdad es que el general José de la Ghndara
infravaloraba a los dominicanos en general y a sus dirigentes
políticos y militares. CreyO que operaban con "lporapicicr de
toda táctica ordenadn y compncrn, " ' O cuando por el contrario
aplicaban una muy bien pensada estrategia que Clausewítz
califica de Ievantumiento nuciunnl. parte de un muy especial
proceso social que bautizó como "La nnci0ii en nrmos". Los
dominicanos habian rnoviiizado a casi toda la población
masculina capaz de tomar las m a s para Ias campañas de las
guerras dominico-haitianas. Mas no fue iiecesario para
derrotar a los haltianos recurrir al levantamiento nacional
descrito por el m i s grande teórico de la guerra, pues despues
de batallas decisivas los ejercitas haitianos siempre se
retiraron a su territorio.
Para enfrentar al ejército español, mucho mhs
disciplinado y mejor armado, y al final de la guerra muy
numeroso, fue necesario armar a los campesinos y
diseminarlos por todo el pais para que con el apoyo del ejercito
restaurador hostilizaran las vanguardias. los flancos y la
retaguardia de las columnas españolas.
También se
aprovecharon los accidentes del terreno, bosques, tias,
pantanos. montañas, para emboscar y sorprender al
adversario. Se le llostilizaba de tal manera que no tenía
descanso y. de noche, tenia que apagar las fogatas por 10s
ii i
Dc la Gkdxra, José- t~e-'i"iÓ~~
)fgr,e)mI ~ L )3o~rfoDotllrnso. Torno TI, 2da.
ed. Santo Domingo, Eclirnra Canto Domingo. 1975. p. 187. (Socicdd
Drimiiiicana dc BiblibiFdos. CoEccdh Culmra Dominicana No. 9).
,S!
certeros disparos de las guerrillas, mientras los mosquitos
provocaban la malaria. Esta enfermedad, excusa aducida por
los generales españoIes, akcanzb en realidad sil magnitud a
causa del el constante asedio de las guerrillas, particularmente
cuando Ias tropas espanolas acampaban en lugares insalubres,
cerca de ciénagas en que se criaban los mosquitos. lugares en
que se les dejaba de hostilizar. La fiebre amarilla devino en
una parte esencial de la estrategia guerrillera del ejército
dominicano.
Las descripciones que hace Clausewitz de las thcticas de
guerra que define como ''LaNaciOn en armas " tienen pasajes
parecidos, cuando no identicos, a las descripcioi~ecque nos
aporta José de La Gándara sobre la tictica y estrategia de los
restauradores.
Von Clausewitz describe la acción de los campesinos en
la fenornénica social que llan-ia "Lo nación en nimas ":
"Por el contrario, los csmpesinos armudos citrrndu eslán
desparramados se dispersan en rodns direcciones, pnru lo
cual no se requiere ningUn plan elaborado. Con esto sr huce
muy peligrosa la marcha de cualc~uierpequcfio cttetpo de
tropu,r ei7 r~rritoriomantnñoso, muy hosco.so o crceidenfudo,
porque en crtalquiei-,
o In marchapiietie conivrlirse en
tin encuepifro. En realilfud, azrn si durante ulgtín iiempo 170 se
hu hiero sah ido ncida de esfns cuerpos crrrncrdos, sii? emhargo,
les campesinos yzceyo han sido aht~vcnradospor lcr cahercr L/C
14na coluntnu, pzreden en ctralqrrier momento hnecr
~pariciánen su retagirc~rdia".
''
sir
El genera1 José de la Gindara. por su parte, describe la
táctica guerrillera de los dominicanos:
"Así, no bien Ios colrtrnna,~iniciuron su movimienro
sobre los ct4afr.o rndios, cornenzd sobre ellas e l tiroteo de
ulcut-mu, gire al pzam .TP convirlih. como de reg!amenfo, en
serio y nutrido .friego de combare. De conformiíllad con el
indicado prir~cipio,rara vez el dominicano se encierra ni se
dejende e)? iin piteblo, I-edzrctoo posición donde pueda ser
cercado y envtielio: se interpone nitcIaz e n t r ~el enemigo qtte
nvanzn y el objero que guíere czthrir o cor.iservar; pero si,
como siempre le sncedí~t,comprende qire e.7 vana .o cc~stosaIn
resi.rfenciaal empuje nrrollndor del que se acereu, utt irtsfinto
de cnnservocidn, ea que segrrramrnte no entra por nada el
tentor, le crconseja porrer en /nf.tga e?mismo empeño que en
el atclgse;y en Icn solo irzstanfe, el hombre telinz, irtrnóvil, tan
orraig~ti'nuJ szrelo como el árbol que le ocillrn, se coniiierte en
Irrfirro rraqttcad~~
gzte se arrnsh'ny esconde en Ici espesura del
nmnie. Desde ese pt~nrose rompen IosJujos Irnos de rúcticc~y
disciplina; la dispers f bn. tomada asi con70 moninhrci
salv~clor-a,de be ser conlplero. divergenre, repe nt inu, r6,uldi.r;
y el ~nclividuopor ir; soio, de.splieg~itodos los rerztmos con y ire
In nnfitrnlezad o ~ uol hombre campestre y primitivo""
iI
til
i'on Clausewizc. Op, cit., Tomo LTT, Libro V1. Capímlo lX\-VI,
pp.
184.
De la Gindara. JosC, Op. cit., Tomo TI, pp 187 ;i 188.
Von Clausewitz dice:
"Las cosas ntrnca dehen llegar hlrsru un encwenirri
defensivo, decisii~o de primera clase; porqzre por inhs
fuvorable que seun Ius circunsrancias, lu lesn nacional sera
derroradu.
3713
Este pequefio capinrlo permite valoras los conocimientos
estratégicos de Ramiin Matias Mella, Ulises Ftancjsce
Espaillat, Gregorio LuperOn, GruIlOn y otros consumados
estrategas del alto mando restaurador. Estas consideraciones
las conocían directamente por haber leido a Von Clavsewitz o
de modo indirecto. por las lecciones de 40s asesores franceses
contratados en el primer gobierno de Buenaventura Báez o por
tos relatos de los veteranos de la guerra de independencia
haitiana.
Por otro lado, es conveniente resaltar que José Gabriel
Garcia y Luper6n estimaron que los generales españoles eran
muy inferiores a los generales dominicanos, tanto los del
ejército restaurador conlo aquellos onas estrategas
dominicanos que combatian junto a las tropas espafiolas.
Aludiendo a la excusa de la inclemencia del clima y la estacibn
que supuestamente imponían a1 ejercito español una inaccibn
forzosa, dice García:
" Trisle conszrelo. par cierro, pcrru quien hrrhía Irrchadri
por recrlkai sii proprj.vi~o.coi7 fa m i r o de 'marchar stihrcr
ii
Von Clauscwvizt. Op.O t. Tomo TII, p. 1: 86.
Sunringo y dciminnr al Cihao, IIlrsIcin perdido que pttso de
relieve a los ojos de España la realidad de las cosos y lo
incon~peteitcia de los I~ornhres qtre en ellu habian
inrerilenido ". IJ
Luperón consideró que en el ejército español los mejores
generales eran los dominicanos como Santana. Contreras.
Suero:
"Enel c-~érciruespnñoi, en esta guerra, agrego LuperOit,
los gene~nlesSantcrna, Pirelfo, Suero y Coi.~~i.éras
proharon
troo ~~iperioridild
inci~esiionahle.no ,rÚfopor sir urrojo en los
comh¿ltcle.s,sillo por Icr erwrgín impo~idernhleen In lrrchu. por
la r ~ ~ p i d cenz 10s r n ~ v i m i c n ty~ ~/cl impetuosid[td en los
uruy 1ce.r. Esos genwcrles pzrdiei.017 tal vez no ser conipionclidos
ni npreciítchs por. los es paño le.^; pero es s e p r o que cuando
mirriet-on Salltona. Conireras y S~tero,10s porrinlas notararr
en seg11in'lrcl vaciu qtle dejahnn en las +filasespañolus, y Iu
gran difirclncia en los que /os reeinplazarnn. Ernn oq icellos,
f ípos ni ilirut-es de prim~r orden. capitmzes entendidos,
ir7tr6piclns y ¿Ji~'.~tro.~,
y E ~ ~ l ~ ltln
f i nfenin s~rsiglia/es en Iu
gira-rcr de Sunra Doiningo ". "
1-1
Garci:i,!occ
Gnbtiel. C~nrpt*/~dio
tle Itirtoricr rlc.Yo~i/oDnnrrnqn. Torno 111.
Santo Domingo. Piiblicacioncs ~,\liora!, 1968. p. 476.
1 í 1,~ipc-rCin.C; rcgnnn. ,\'otr.r ~ I I I I R / J ~ O ~ I ' I ~ / ~ I ' I I J J J Jqirntzs Iiistn'tf211,,Torno 1,
Sniitri Dorntnsr,, Editora Sanro 13nniingo. 1974. p. 340. (Sncicclad
Dorninrcxria cic 13il1LSfilris, Colcccrbn Cultura Driminicann No. 7).
La verdad es que el alto mando espan01 debía conocer
muy bien toda la teoría de la guerra. pero ni en Santo Domingo
(1 863-1 865) ni en Cuba (1 868-1 878, E 895-1 898$, supo o pudo
enfrentar la estrategia del ''Iei~anrcirnien~o
naciorzal" y "Lu
i~ncirjn en arnins" que brillantemente con innovaciones
notables r e a l i z ~en Cuba eI mhxima estratega latinoamericann
Matxinlo GOmez.
Conclusión
Probablemente no fue terquedad ni desconocimiento del
alto mando español, sino que ese tipo de guerra es en realidad
un fenómeno social en ocasiones prácticamenre imposible de
derrotar. Pensamos en las gtierras de Vietnam y la de los
ssvieticos en Afganistin en los tiempos recientes, para no
referimos a csa otra que parece que no tiene fin después de
varias décadas de contienda: la guerra civil colombiana.
En
los inicios de1 siglo XXI sufrimos los
latinoamericanos y todo el denoiminado Tercer Mundo. un
proceso creciente de desinduszrialisaci0n explicado con el
superficial pretexto del libre comercio. Esta fue la bandera
ideolbgica de los Sldversarios de la Espana imperial de Carlos
V y Felipe II. coma refiriii Manuel Arturo Peña Batlle irn sus
ponderados argumentos de Ln Isla d~ la Torrirgtr. EI pretexta
propagandistica se usaría despuks contrsl la India, China y
todo el mundo atrasado en el desarrollo tecnolbgico indusirial.
Este siglo XXI es una nueva oportunidad de construir el
gran objetivo de Bolívar: una unión de naciones
latinoamericanas para detener la dominación de las grandes
potencias. Una alianza de clases como la realizada por los
dominicanos frente a Francia, Haitñ y España. a que se hizo
referencia, es necesario forjarla a nivel continental, y
constituye la unica defensa efectiva frente a los mitodos
coercitivos: bloqueo financiero que esgrime la OrganizaciBn
Mundial del Comercio. el Fondo Monetario Internacional y
los bancos u organismos financieros controlados por las
grandes potencias,
Las latinoamericanos, como pensb Bolívar. no somos ni
indios. ni negros. ni errropeos. sino una nueva realidad
sociocultural. El Iatlnoamericano de hoy (20031. excluyendo
a los indias habitantes de las selvas rematas. no son ya indios
cuituralrnenle, conio tampoco son negros culturales los
africanos ~ranscuIturadosen Brasil e Hispanoamérica: menos
aun el criollo-europeo. que ya no es portugués o español. pues
la cultura Iatinoamericana en Forrna~iOnmuy avanzada lo
trarisfcirn~aen latinoamericano.
Pedro HcnrJquez Ureña creía que la cultura hispana nos
unifica y conduce a una nueva realidad socioculniral que
superara en creaciones de todo tipo lo hecha por el hombre
Iirista nuestra epoca.
La experiencia de cambio social del siglo XX indica que
en un f~ituroprevisible es irreaIizabIe el gran oeietivn de!
gobierno de las mayorías. En consecuencia se debe buscar la
unión entre minorías y mayorías a fin de lograr una Federación
de Estados que beneficie y proteja a los latinoamericanos.
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