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ARTICLE IN PRESS
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Radiologı́a. 2010;52(3):278
www.elsevier.es/rx
IN MEMORIAM
Caridad (4 de febrero de 2010)
Tengo la foto en mi despacho, se tomó durante la cena de
homenaje, cuando Caridad se jubiló de la SERAM, hace ya 8
años. Hoy, Caridad se nos ha jubilado de la vida. Se ha ido de
puntillas, con discreción, como siempre vivió, pocos dı́as
después de una fatı́dica fractura de cadera.
Caridad protagonizó una larga etapa de nuestra Sociedad,
que hoy me parece extrañamente lejana. Era una SERAM
muy distinta: para empezar ni siquiera se llamaba ası́. Eran
tiempos del )Quijote*, y en el vetusto piso de Goya 38,
antes de las reformas, Caridad, Arturo y Amando llevaban
los asuntos de la sociedad, guiando los pasos de despistados
miembros de sucesivas juntas directivas que se renovaban
cada 4 años. Ellos tres seguı́an allı́, ofreciendo lo mejor de sı́
mismos, cada uno en su parcela: Amando con las fotocopias,
0033-8338/$ - see front matter
doi:10.1016/j.rx.2010.02.019
Arturo con los números y Caridad con todo lo demás. Tuve el
honor de formar parte de la Junta que vivió el cambio de
milenio, pero que también asumió la renovación del
personal administrativo de la casa que preludiaba un cambio
más profundo en nuestra Sociedad. Sin que suene a tópico,
con su muerte se cierra definitivamente una época de la
SERAM.
Los conocı́ cuando, de residente, me acercaba a buscar
artı́culos en la biblioteca: pronto se convirtieron en
entrañables. Con el paso de los años, tuve el honor de
tenerla a mi lado en sus últimos años al frente de la SERAM.
Me emocionaron su prodigiosa memoria (sin necesidad de
ordenadores —)yo tenı́a que haber nacido en otra época*,
decı́a a menudo— retenı́a sin problemas direcciones,
números de socios y apellidos con una seguridad pasmosa)
y su indudable eficacia profesional, pero sobre todo su trato
amable, su porte de Señora con mayúsculas y su encantadora sonrisa. Esa sonrisa, que por caprichos de la cámara
no aparece en la foto: en la original, sin recortar, Caridad
mira seria al objetivo, rodeada por una entrañable amiga, la
Dra. Pilar Gallar, y otros pretéritos y sonrientes secretarios
de la Sociedad, quizás porque ese dı́a acababa una etapa
importante de su vida, quién sabe. Pero esta Caridad
pensativa no es la que tengo en mi corazón, la recuerdo
siempre con su impecable traje sastre, pitillo en mano y
sonriendo, siempre sonriendo.
En la cena compartı́ la mesa con sus hermanas, Marı́a y
Consuelo, hoy las he abrazado en el tanatorio. Caridad fue
una madre para ellas y su muerte las ha pillado de sorpresa,
como a nosotros. Deja un gran hueco en su corazón y en el
de todos nosotros. Hasta siempre, Caridad: descansa en paz.
P. Borrego Ruiz
SERAM 1998–2002
Correo electrónico: [email protected]
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