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JUNTA DE ANDALUCÍA. CONSEJERÍA DE CULTURA Y DEPORTE
Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera
ISSN 2172-6175
Depósito Legal: SE 8812-2011
Menga es una publicación anual del Conjunto Arqueológico Dólmenes de
Antequera (Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía).
Su objetivo es la difusión internacional de trabajos de investigación científicos de
calidad relativos a la Prehistoria de Andalucía.
Menga se organiza en cuatro secciones: Dossier, Estudios, Recensiones y
Crónica. La sección de Dossier aborda de forma monográfica un tema de
investigación de actualidad. La segunda sección tiene un propósito más
general y está integrada por trabajos de temática más heterogénea. La
tercera sección incluye reseñas de libros y otros eventos (tales como
exposiciones científicas, seminarios, congresos, etc.). La última sección
denominada como Crónica recogerá las actuaciones realizadas por el
Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera en la anualidad anterior.
Menga está abierta a trabajos inéditos y no presentados para publicación
en otras revistas. Todos los manuscritos originales recibidos serán
sometidos a un proceso de evaluación externa y anónima por pares como
paso previo a su aceptación para publicación. Excepcionalmente, el
Consejo Editorial podrá aceptar la publicación de traducciones al
castellano y al inglés de trabajos ya publicados por causa de su interés y/o
por la dificultad de acceso a sus contenidos.
Menga is a yearly journal published by the Dolmens of Antequera
Archaeological Site (the Andalusian Regional Government Ministry of
Culture and Sport). Its aim is the international dissemination of quality
scientific research into Andalusian Prehistory.
Menga is organised into four sections: Dossier, Studies, Reviews and
Chronicle. The Dossier section is monographic in nature and deals with
current research topics. The Studies section has a more general scope and
includes papers of a more heterogeneous nature. The third section
includes reviews of books and events such as scientific exhibitions,
conferences, workshops, etc. The Chronicle section presents the activities
undertaken by the Dolmens of Antequera Archaeological Site in the
previous year.
Menga is open to original and unpublished papers that have not been
submitted for publication to other journals. All original manuscripts will
be submitted to an external and anonymous peer-review process before
being accepted for publication. In exceptional cases, the editorial board
will consider the publication of Spanish and English translations of already
published papers on the basis of their interest and/or the difficulty of
access to their content.
Exvoto femenino semiesquemático. Museo de Castellar (Jaén).
Procedencia: Santuario Íbero de Los Altos del Sotillo-Cueva de la Lobera (Castellar, Jaén).
Dimensiones: 6 cm x 1cm.
Foto: Carmen Rueda Galán.
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12
EDITORIAL
DOSSIER: EVOLUCIÓN HUMANA Y POBLAMIENTO DEL PLEISTOCENO EN ANDALUCÍA
Editado por Juan Manuel Jiménez Arenas
15
27
59
83
107
El fragmento craneal de Orce (Granada): una hembra de rumiante
Bienvenido Martínez-Navarro
La cueva del Ángel (Lucena, Córdoba): un hábitat achelense de cazadores en Andalucía
Cecilio Barroso Ruíz, Daniel Botella Ortega, Miguel Caparrós, Anne Marie Moigne, Vincenzo
Celiberti, Antonio Monclova Bohórquez, Luisa Pineda Cabello, Guadalupe Monge Gómez, Agnès
Testu, Deborah Barsky, Olivier Notter, José Antonio Riquelme Cantal, Manuel Pozo Rodríguez,
María Isabel Carretero León, Samir Khatib, Thibaud Saos, Sophie Gregoire, Salvador Bailón, José
Antonio García Solano, Antonio Luis Cabral Mesa, Abderrezak Djerrab, Ian George Hedley, Salah
Abdessadok, Gerard Batalla LLasat, Nicolas Astier, Læticia Bertin, Nicolas Boulbes, Dominique
Cauche, Arnaud Filoux, Constance Hanquet, Christelle Milizia, Elena Rossoni, Luis Verdú
Bermejo, Veronique Pois y Henry de Lumley
La ocupación del territorio de la comarca del Guadalteba (Málaga, sur de España) por
sociedades del Pleistoceno
Javier Medianero Soto, José Ramos Muñoz, Pedro Cantalejo Duarte, Juan José Durán Valsero,
Gerd-C. Weniger, Salvador Domínguez-Bella y Mar Espejo Herrerías
Una aproximación a la comprensión de la fauna de macromamíferos de la cueva de Zafarraya
(Alcaucín, Málaga)
Antonio Monclova Bohórquez, Cecilio Barroso Ruiz, Miguel Caparrós y Anne Marie Moigne
Titanes en el Complejo Motillas. La secuencia del Pleistoceno Superior de la cueva del
Higueral-Guardia en la bética occidental (Proyecto Kuretes)
Javier Baena Preysler, Antonio Morgado Rodríguez, José Antonio Lozano Rodríguez, Concepción
Torres Navas, Antonio Alcalá Ortiz, Rafael Bermúdez Cano, Francisco Bermúdez Jiménez y
Francisco Ruiz-Ruano Cobo
118 ESTUDIOS
121
141
167
El tholos de La Pastora y su entorno: el sector oriental del yacimiento de Valencina de la
Concepción (Sevilla) a través de la geofísica
Juan Manuel Vargas Jiménez, Cornelius Meyer y Mercedes Ortega Gordillo
El yacimiento argárico del cerro de San Cristóbal (Ogíjares, Granada)
Gonzalo Aranda Jiménez, Eva Alarcón García, Mercedes Murillo-Barroso, Ignacio Montero-Ruiz,
Sylvia Jiménez-Brobeil, Margarita Sánchez Romero y María Oliva Rodríguez-Ariza
El cobre de Linares (Jaén) como elemento vinculado al comercio fenicio en El Calvari de El
Molar (Tarragona)
Ignacio Montero-Ruiz, Núria Rafel, M. Carme Rovira, Xosé-Lois Armada, Raimon Graells, Mark
Hunt, Mercedes Murillo-Barroso, Martina Renzi y Marta Santos
187
Muerte y transfiguración: cremaciones, hecatombes y sacrificios en el final de Cancho Roano
(Zalamea de la Serena, Badajoz)
Javier Jiménez Ávila
208 CRÓNICA DEL CONJUNTO ARQUEOLÓGICO DÓLMENES DE ANTEQUERA 2011
219
223
231
237
La inscripción de los Dólmenes de Antequera en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de
UNESCO
Margarita Sánchez Romero
Megalitismo y ciudadanía en Antequera (Málaga): aproximación a los usos y significados
sociales como estrategia para la gestión sostenible
María Isabel Durán Salado
Estudio de los restos óseos animales recuperados en la parte superior del relleno del pozo de
Menga (Antequera, Málaga) en la intervención arqueológica de 2005
José Antonio Riquelme Cantal
Las inhumaciones medievales del atrio del dolmen de Menga (Antequera, Málaga): estudio
antropológico y cronología absoluta
Marta Díaz-Zorita Bonilla y Leonardo García Sanjuán
250 RECENSIONES
250
254
258
261
264
268
Isabel Izquierdo Peraile
Bartolomé Ruiz González (dir.): Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera. Definición,
programación e institucionalización. Documento de avance del Plan Director, 2011
José Beltrán Fortes
Juan Sánchez-Cuenca: Menga en el siglo XIX. “El más bello y perfecto de los dólmenes
conocidos”, 2012
Manuel A. Rojo Guerra
Gonzalo Aranda Jiménez, María Dolores Cámalich Massieu, Dimas Martín Socas, Antonio
Morgado, Francisco Martínez- Sevilla, José Antonio Lozano Rodríguez, María Isabel Mancilla
Cabello y Julio Román Punzón: La Loma (Íllora, Granada). Un yacimiento de fosas del VI-IV
milenios cal BC, 2012
José Antonio Rodríguez Marcos
Víctor M. Hurtado Pérez, Leonardo García Sanjuán y Mark A. Hunt Ortiz (coords.): El
asentamiento de El Trastejón (Huelva). Investigaciones en el marco de los procesos sociales y
culturales de la Edad del Bronce en el suroeste de la Península Ibérica, 2011
Eduardo García Alfonso
Manuel Álvarez Martí-Aguilar (editor): Fenicios en Tartesos: nuevas perspectivas, 2011
Ana Delgado Hervás
Fernando Villada Paredes, Joan Ramón Torres y José Suárez Padilla: El asentamiento protohistórico de Ceuta: Indígenas y fenicios en la orilla norteafricana del Estrecho de Gibraltar, 2010
273 NOTICIAS
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DIRECTOR/DIRECTOR
Massimo Botto (Consiglio Nazionale delle Ricerche, Roma)
Bartolomé Ruiz González (Conjunto Arqueológico Dólmenes de
Antequera)
Primitiva Bueno Ramírez (Universidad de Alcalá de Henares)
Jane E. Buikstra (Arizona State University)
María Dolores Cámalich Massieu (Universidad de La Laguna)
EDITORES CIENTÍFICOS/SCIENTIFIC EDITORS
Gonzalo Aranda Jiménez (Universidad de Granada)
Teresa Chapa Brunet (Universidad Complutense de Madrid)
Robert Chapman (University of Reading)
Leonardo García Sanjuán (Universidad de Sevilla)
Felipe Criado Boado (Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Santiago de Compostela)
EDITOR DE RECENSIONES/REVIEWS EDITOR
José Enrique Márquez Romero (Universidad de Málaga)
José Antonio Esquivel Guerrero (Universidad de Granada)
Román Fernández-Baca Casares (Instituto Andaluz del Patrimonio
Histórico)
EDITORA DE MONOGRAFÍAS/MONOGRAPHS EDITOR
Ana Delgado Hervás (Universidad Pompeu Fabra)
Alfredo González Ruibal (Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Santiago de Compostela)
SECRETARIA TÉCNICA/TECHNICAL SECRETARY
Almudena Hernando Gonzalo (Universidad Complutense de
Madrid)
Rosa Enríquez Arcas (Conjunto Arqueológico Dólmenes de
Isabel Izquierdo Peraile (Ministerio de Educación, Cultura y
Antequera)
Victoria Eugenia Pérez Nebreda (Conjunto Arqueológico
Deporte del Gobierno de España)
Sylvia Jiménez-Brobeil (Universidad de Granada)
Dólmenes de Antequera)
Michael Kunst (Deutsches Archäologisches Institut, Madrid)
Katina Lillios (University of Iowa)
CONSEJO EDITORIAL/EDITORIAL BOARD
Gonzalo Aranda Jiménez (Universidad de Granada)
Martí Mas Cornellà (Universidad Nacional de Educación a
Distancia)
María Cruz Berrocal (Consejo Superior de Investigaciones
Fernando Molina González (Universidad de Granada)
Científicas, Madrid)
Ana Delgado Hervás (Universitat Pompeu Fabra)
Ignacio Montero Ruiz (Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Madrid)
Rosa Enríquez Arcas (Conjunto Arqueológico Dólmenes de
Antequera)
Arturo Morales Muñiz (Universidad Autónoma de Madrid)
María Morente del Monte (Museo de Málaga)
Eduardo García Alfonso (Consejería de Cultura y Deporte de la
Leonor Peña Chocarro (Escuela Española de Historia y
Junta de Andalucía)
Leonardo García Sanjuán (Universidad de Sevilla)
Arqueología en Roma. CSIC)
Raquel Piqué Huerta (Universitat Autònoma de Barcelona)
José Enrique Márquez Romero (Universidad de Málaga)
Rafael Maura Mijares (Doctor en Prehistoria)
Charlotte Roberts (University of Durham)
Ignacio Rodríguez Temiño (Conjunto Arqueológico de Carmona)
Bartolomé Ruiz González (Conjunto Arqueológico Dólmenes de
Antequera)
Arturo Ruiz Rodríguez (Universidad de Jaén)
Robert Sala Ramos (Universitat Rovira i Virgili)
María Oliva Rodríguez Ariza (Universidad de Jaén)
Alberto Sánchez Vizcaino (Universidad de Jaén)
Victoria Eugenia Pérez Nebreda (Conjunto Arqueológico Dólmenes
de Antequera)
Stephanie Thiebault (Centre Nationale de Recherche Scientifique,
París)
Margarita Sánchez Romero (Universidad de Granada)
Ignacio de la Torre Sáinz (Institute of Archaeology, University
College London)
CONSEJO ASESOR/ADVISORY BOARD
Juan Manuel Vicent García (Consejo Superior de Investigaciones
Xavier Aquilué Abadias (Museu d´Arqueologia de Catalunya)
Ana Margarida Arruda (Universidade de Lisboa)
Científicas, Madrid)
David Wheatley (University of Southampton)
Oswaldo Arteaga Matute (Universidad de Sevilla)
Rodrigo de Balbín Behrmann (Universidad de Alcalá de Henares)
Joao Zilhão (Universitat de Barcelona)
Juan Antonio Barceló Álvarez (Universitat Autònoma de Barcelona)
María Belén Deamos (Universidad de Sevilla)
EDICIÓN/PUBLISHED BY
Juan Pedro Bellón Ruiz (Universidad de Jaén)
JUNTA DE ANDALUCÍA. Consejería de Cultura y Deporte
Joan Bernabeu Aubán (Universitat de València)
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. ISSN 2172-6175
PRODUCCIÓN/PRODUCTION
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Portada/Front cover: Dolmen de Viera (Antequera,
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applicable law, that status is in no way affected by the
licence. The complete licence can be seen in the following web
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ISSN 2172-6175
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MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. ISSN 2172-6175
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MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. ISSN 2172-6175
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Investigación y gestión arqueológica en una coyuntura de crisis: una reflexión
sobre el futuro
El momento actual de la Arqueología andaluza está marcado por el escenario de la crisis
económica y social que padecemos, cuya duración y consecuencias van a ser previsiblemente
largas y profundas. Toda coyuntura de crisis plantea (realmente exige) una reflexión sosegada
sobre las condiciones del presente y las perspectivas del futuro. Junto a todas las limitaciones y frustraciones que acarrea, la situación actual también ofrece el potencial de ciertas
oportunidades de cambio – un cambio a mejor, se sobreentiende.
La primera consecuencia de relevancia que la crisis ha deparado para la Arqueología
andaluza es que el repentino parón de la actividad inmobiliaria ha reducido de forma dramática los niveles de actividad en el ámbito de la arqueología de urgencia y, de forma más
genérica, dentro de la arqueología profesional. La mayor parte de las actuaciones arqueológicas llevadas a cabo en Andalucía en los últimos años han sido intervenciones de carácter
preventivo (cerca del 87% del total de los expedientes entre 2005 y 2010), es decir, aquellas
que se realizan tanto con carácter previo como durante la realización de obras que suponen
una afección directa en el patrimonio arqueológico y cuyo principal objetivo es documentar la
información arqueológica del sector intervenido y evaluar la afección de las obras en el
patrimonio conservado.
Pasado el primer impacto que esta brusca reducción de la actividad ha supuesto, se dejan
entrever dos consecuencias no necesariamente negativas.
Por una parte, desde la perspectiva del colectivo de profesionales, los años de bonanza
económica y especulación inmobiliaria habían fomentado un cierto grado de dependencia del
sector de la construcción. Sin duda, el alto volumen de actuaciones preventivas ligadas a la
construcción ha posibilitado una maduración profesional y una mayor conciencia social del
papel de la Arqueología como instrumento de protección del Patrimonio Histórico. Sin
embargo, el monocultivo de las actuaciones preventivas se ha revelado como una estrategia
empresarial insostenible a largo plazo. En la coyuntura actual la diversificación de la oferta
de servicios aparece como una necesidad ineludible, de la que depende la misma supervivencia del incipiente tejido empresarial y profesional que se ha creado en los últimos dos
decenios. Varios nichos aparecen como potencialmente interesantes en este contexto. La
prospección geofísica es un terreno prácticamente inédito en el ámbito empresarial arqueológico andaluz, a pesar de la relevancia que tiene como verdadera arqueología preventiva.
Los servicios de difusión patrimonial y museología adquieren mayor valor cuanto que la
Medalla de Menga. Obra de Francisco Javier Galán de Mester Artis.
Foto: Javier Pérez González. © JUNTA DE ANDALUCÍA. Consejería de Cultura.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. ISSN 2172-6175
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crisis no parece haber afectado (por ahora) al sector turístico de una forma significativa: a
pesar de los avances que se han dado en los últimos años, el Patrimonio Arqueológico
andaluz está todavía infrautilizado desde el punto de vista de su potencial educativo, social y
turístico. Las posibilidades de los servicios de consultoría en aspectos tales como cartografía
digital, bases de datos, estudios técnicos, análisis científicos, publicaciones o servicios en
línea han sido todavía escasamente exploradas desde la perspectiva de la iniciativa privada.
Una segunda consecuencia claramente beneficiosa del parón de la frenética actividad
inmobiliaria es que el acelerado ritmo de destrucción del patrimonio arqueológico andaluz (y
de los paisajes que conforma) se ha frenado. Esto es necesariamente bueno en sí. A pesar de
su incuestionable aportación dentro del sistema de protección del patrimonio arqueológico
andaluz, las intervenciones de urgencia están sujetas a tales condicionantes sistémicos (por
no hablar de los que aparecen coyunturalmente en cada caso) que el registro obtenido es en
muchos casos de limitado valor científico y patrimonial. Aunque en los últimos años algunas
intervenciones de la ‘arqueología preventiva‘ se han orientado desde planteamientos que
superan la mera caracterización del registro arqueológico de un solar para incluir claros
planteamientos de obtención de conocimiento, no siempre desde la administración se ha
sabido aprovechar y facilitar la información resultante, de modo que ésta no siempre se ha
transformado en conocimiento. Así, mientras que estos trabajos inciden directamente en la
protección patrimonial, con su incorporación a herramientas de planeamiento urbanístico,
territorial, de protección especial y de control ambiental, la generación de conocimiento
resulta cuando menos desigual en calidad y cantidad, fruto de las propias dinámicas de
trabajo que acompañan la arqueología preventiva. Salvo raras excepciones, las intervenciones arqueológicas de urgencia no aportan en sus informes los necesarios estudios postexcavación, lo cual constituye un déficit del sistema andaluz de gestión de intervenciones de
urgencia sobre el que convendría una profunda reflexión.
Como resultado de estos condicionantes, en los últimos decenios, los museos andaluces se
han llenado de materiales arqueológicos, en algunos casos de extraordinario valor científico y
patrimonial, que no solo no han sido estudiados, sino para los cuales apenas existe un
registro de campo obtenido apresuradamente y con escasos medios. La actual coyuntura
invita tanto a la administración de bienes culturales como a los centros de investigación, las
universidades, los profesionales y las empresas a abordar el estudio de este registro
arqueológico. La Arqueología no es solo Arqueología campo: y en el momento actual hay
mucha Arqueología que hacer en los museos a partir de los materiales obtenidos en los
centenares de intervenciones de urgencia que se han hecho en los últimos veinte años. Las
técnicas de caracterización de materiales, datación, análisis bioarqueológico o análisis
arqueoambiental están en la actualidad muy desarrolladas y contrastadas, y en la Arqueología andaluza tenemos ya muy buenos ejemplos del potencial que ofrecen para la mejor
comprensión de las sociedades del Pasado.
En este sentido, sería muy beneficioso llevar a efecto la propuesta formulada en el
documento para el debate del III Plan General de Bienes Culturales respecto a la sistematización del registro textual, gráfico y fotográfico existente en los archivos de la
administración así como el análisis científico del registro material de los museos mediante
técnicas científicas y, por supuesto, la transferencia de ese conocimiento a los procesos de
gestión patrimonial mediante su inserción en las políticas de tutela del patrimonio
arqueológico. Sin duda ninguna, esto redundaría en estímulo de la actividad económica y el
empleo mediante la activación de un recurso cultural de gran magnitud cuantitativa y valor
científico y el impulso a su estudio, investigación y puesta en valor por parte de profesionales,
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MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. ISSN 2172-6175
empresas y organismos públicos de investigación. Aunar esfuerzos de todos los segmentos
involucrados hacia el estudio de la ingente masa de registro arqueológico actualmente
acumulada en los museos solo puede producir beneficios: para los propios museos, que
mejorarán la calidad de sus exposiciones, para los científicos, que encontrarán nuevos
apoyos empíricos para analizar los problemas que les ocupen, para la administración, que
cumplirá con su cometido de tutelar el patrimonio arqueológico, y no solo su extracción del
subsuelo, y para los profesionales, que podrán diversificar sus cartas de servicios, acumulando experiencia en el terreno de la Arqueología no destructiva.
La segunda consecuencia directa que la crisis ha traído para la Arqueología andaluza es la
no menos drástica reducción de los presupuestos públicos destinados a gestión e investigación. Sin duda, las consecuencias de estos recortes son múltiples y se dejarán sentir muy
significativamente en todos los aspectos de la Arqueología de nuestra comunidad autónoma.
La propia revista Menga no ha sido ajena al impacto de los recortes presupuestarios que se
han producido en 2012, pues el presente número sale únicamente en su versión española,
sin traducción inglesa. El Consejo de Redacción de la revista lamenta profundamente esta
pérdida de una de las señas de identidad más fuertes y visibles de esta publicación, y espera
que para el número 04 se recupere su carácter bilingüe. Más allá del obvio daño que esta
reducción de presupuestos públicos ocasiona y va a ocasionar ¿cuáles serían sus aspectos
positivos?
Por una parte, las instituciones dedicadas a la investigación arqueológica en la comunidad
autónoma andaluza, y en particular a su Prehistoria, deberán diversificar la búsqueda de
recursos financieros con los que desarrollar sus investigaciones. La realidad es que el
tradicional recurso de los proyectos de investigación sistemática patrocinados por la Consejería de Cultura que tantos y tan buenos proyectos científicos ha posibilitado en las décadas
1980 y 1990, no es ahora viable, por lo que los grupos y equipos de investigación deberán
encontrar fuentes de financiación alternativas. Esto puede tener múltiples efectos que no por
imprevistos son menos positivos, como por ejemplo el estimular en aquellos el hábito de
competir en convocatorias muy exigentes donde los parámetros de calidad y rigor son
elevados, mejorando así el nivel de la formulación epistemológica y técnica de los proyectos,
o el ampliar el espectro de organismos e instituciones involucradas en la financiación de la
investigación científica del patrimonio arqueológico andaluz. La administración pública puede
y debe también abrir un debate sobre qué hacer con los varios casos existentes en los que,
habiéndose llevado a cabo importantes proyectos de excavación financiados con dinero
público en destacados yacimientos prehistóricos andaluces, el registro resultante de tales
intervenciones permanece inaccesible desde hace décadas para el conjunto de la comunidad
científica. La noción de cuasi ‘apropiación’ de determinados yacimientos por parte de grupos
o equipos científicos es un anacronismo que no tiene cabida en la moderna investigación
científica, donde, por el contrario, cuanto mayor es la complejidad del registro empírico de un
yacimiento, y mayor la dificultad del estudio de los problemas científicos que le sean
inherentes, más recomendable es promover una saludable competencia entre distintos
equipos que aporten sus respectivas trayectorias de experiencia, líneas de especialización y
perspectivas teóricas.
Desde el punto de vista de la administración de bienes culturales, el III Plan de Bienes
Culturales esboza una interesante ampliación del concepto mismo de “investigación” en el
contexto de la administración pública. Aunque suele aplicarse con un sentido académico, con
frecuencia circunscrito al método científico, existen otras formas de obtener conocimiento,
como son los estudios previos, las recopilaciones documentales, la elaboración de expe-
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. ISSN 2172-6175
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dientes, etc., no menos rigurosos, que son sumamente útiles y habituales en la gestión para
la tutela. Además, la misión institucional de la administración pública con respecto al
conocimiento no se limita a generarlo y utilizarlo, sino que también es necesario organizarlo,
documentarlo, transferirlo, etc. dentro de un concepto más abarcador de “gestión del
conocimiento”.
Por supuesto, en toda coyuntura de crisis un primer efecto favorable es reducir o
directamente suprimir el despilfarro, persiguiendo estrategias que economicen los recursos
al mismo tiempo que mantienen las funciones y los servicios. Las soluciones imaginativas y
el buen uso de la tecnología son un apoyo fundamental para encontrar alternativas a lo que
antes simplemente se podía pagar con dinero. Un buen ejemplo del tipo de solución positiva
que puede darse a la reducción de los presupuestos públicos lo tenemos en la reciente
edición por parte de la propia Consejería de Cultura de varias monografías en un formato
digital (digi-book) que, a la vez que permite dar salida a importantes aportaciones científicas,
facilita el aprovechamiento de las utilidades que los formatos digitales tienen para la
búsqueda de información. Es el caso, por ejemplo, de la publicación en la serie de Monografías de Arqueología de la Junta de Andalucía de volúmenes como El Enterramiento en Cueva
Artificial de La Molina (Lora de Estepa, Sevilla) (2010) o La Loma (Íllora, Granada). Un
Yacimiento de Fosas del VI-IV milenios cal BC (2012), trabajos ambos que, además,
representan un buen ejemplo de investigación científica multidisciplinar del registro obtenido
en intervenciones arqueológicas de urgencia.
En conjunto, para la coyuntura de crisis presupuestaria que la administración regional sufre
en la actualidad invita a abrir un periodo de reflexión en torno a los cambios que han
experimentado las actuaciones sobre el patrimonio arqueológico en Andalucía en los últimos
10
Laguna de Herrera
la Peña
de los Enamorados
MENGA.con
REVISTA
DE PREHISTORIA
DE ANDALUCÍA //alNºfondo.
03. 2012.
Foto: Javier Pérez González.
ISSN 2172-6175
veinte años y en torno al papel de la propia administración en la generación del conocimiento
arqueológico. Tanto el fenómeno constructivo, que ha generando un volumen de actividades
arqueológicas sin precedentes, como la aparición de nuevos conceptos que entienden el
patrimonio como un factor de desarrollo social y económico han supuesto nuevas
experiencias en la tutela del patrimonio arqueológico no siempre resueltas de manera
satisfactoria. Lo cierto es que, durante mucho tiempo, el conocimiento generado mediante
financiación pública ha estado ligado al desarrollo de proyectos y actuaciones dirigidas a
obtener conocimiento histórico y a estudiar formas de vida, actividades y modos de producción, en su mayor parte realizadas según las prioridades de diversos equipos de investigación
enmarcadas generalmente en Proyectos Generales de Investigación. Sin embargo, sus
resultados no siempre ha tenido un efecto en las acciones de la tutela, bien por la desigual
generación y difusión de resultados por parte de los equipos responsables, bien porque, una
vez generada, la información no se ha sabido gestionar desde la propia administración o bien
porque, en su mayor parte, era un conocimiento de difícil aplicación directa poco aplicable a
algunas de las acciones de tutela. El rendimiento relativamente escaso que desde la
administración se ha obtenido de los Proyectos Generales de Investigación que autoriza y que
financia, y las escasas relaciones que ha establecido con otras instituciones investigadoras,
han provocado que la consejería competente en materia de patrimonio arqueológico tenga un
escaso peso como agente de generación y transferencia de conocimiento.
La actual coyuntura económica y social apunta a que, muy previsiblemente, determinados
planteamientos que han conformado nuestra forma de practicar la Arqueología como
disciplina en la comunidad autónoma andaluza en los últimos 30 años van a cambiar bastante, y probablemente para siempre. El reto que se nos plantea es soslayar el lamento por
un pasado que no va a volver, haciendo por el contrario de esta coyuntura una oportunidad
para la transformación inteligente del pasado en un futuro mejorado.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. ISSN 2172-6175
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La vega de Antequera desde la cueva de las Grajas.
Foto: José Antonio Lozano Rodríguez.
DOSSIER
EVOLUCIÓN HUMANA Y POBLAMIENTO DEL PLEISTOCENO
EN ANDALUCÍA
Editado por Juan Manuel Jiménez Arenas
El fragmento craneal de Orce (Granada): una hembra de rumiante
Bienvenido Martínez-Navarro
La cueva del Ángel (Lucena, Córdoba): un hábitat achelense de cazadores en Andalucía
Cecilio Barroso Ruíz, Daniel Botella Ortega, Miguel Caparrós, Anne Marie Moigne, Vincenzo
Celiberti, Antonio Monclova Bohórquez, Luisa Pineda Cabello, Guadalupe Monge Gómez, Agnès
Testu, Deborah Barsky, Olivier Notter, José Antonio Riquelme Cantal, Manuel Pozo Rodríguez,
María Isabel Carretero León, Samir Khatib, Thibaud Saos, Sophie Gregoire, Salvador Bailón, José
Antonio García Solano, Antonio Luis Cabral Mesa, Abderrezak Djerrab, Ian George Hedley, Salah
Abdessadok, Gerard Batalla LLasat, Nicolas Astier, Læticia Bertin, Nicolas Boulbes, Dominique
Cauche, Arnaud Filoux, Constance Hanquet, Christelle Milizia, Elena Rossoni, Luis Verdú
Bermejo, Veronique Pois y Henry de Lumley
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La ocupación del territorio de la comarca del Guadalteba (Málaga, sur de España) por
sociedades del Pleistoceno
Javier Medianero Soto, José Ramos Muñoz, Pedro Cantalejo Duarte, Juan José Durán Valsero,
Gerd-C. Weniger, Salvador Domínguez-Bella y Mar Espejo Herrerías
Una aproximación a la comprensión de la fauna de macromamíferos de la cueva de Zafarraya
(Alcaucín, Málaga)
Antonio Monclova Bohórquez, Cecilio Barroso Ruíz, Miguel Caparrós y Anne Marie Moigne
Titanes en el Complejo Motillas. La secuencia del Pleistoceno Superior de la cueva del
Higueral-Guardia en la bética occidental (Proyecto Kuretes)
Javier Baena Preysler, Antonio Morgado Rodríguez, José Antonio Lozano Rodríguez, Concepción
Torres Navas, Antonio Alcalá Ortiz, Rafael Bermúdez Cano, Francisco Bermúdez Jiménez y
Francisco Ruiz-Ruano Cobo
Venta Micena durante la excavación de 2005.
Foto: Jordi Mestre/IPHES.
DOSSIER
EL FRAGMENTO CRANEAL DE ORCE: UNA HEMBRA DE RUMIANTE
(/)5$*0(172&5$1($/'(25&(
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Bienvenido Martínez-Navarro1
5HVXPHQ
La cuenca de Guadix-Baza ha sido una depresión endorreica desde finales del Mioceno Superior hasta finales
del Pleistoceno Medio. Presenta uno de los mejores registros paleobiológicos (arqueológico incluido) del
continente europeo. Desgraciadamente, la investigación en la cuenca, y especialmente en la región de Orce,
ha estado contaminada por un continuo y polémico debate en torno a la hipotética adscripción humana del
fragmento craneal de Venta Micena, VM-0, localizado en 1982. En este estudio se presenta una interpretación
anatómica de dicha pieza, en la que se afirma que no corresponde ni a un homínido ni a un équido, sino a una
hembra de rumiante de gran tamaño, que no presenta apéndices frontales.
3DODEUDVFODYHVenta Micena, Orce, Pleistoceno Inferior, industria lítica, Europa.
7+(&5$1,$/)5$*0(17)52025&(*5$1$'$$)(0$/(
580,1$17
$EVWUDFW
The Guadix-Baza basin was an endorheic depression from the end of the Late Miocene until the late middle
Pleistocene. It shows one of the best paleobiological records (including archaeology) from all over the
European continent. Unfortunately, research in the basin, and specially in the Orce region, has been
continuously contaminated by the endless debate about the hypothetical human attribution of the Venta
Micena cranial fragment VM-0. This study proposes a different anatomical interpretation of this piece, in
which it is affirmed that it is not an equid or a hominid, and really it does correspond to a large-sized female
ruminant that does not present frontal appendixes.
.H\ZRUGVVenta Micena, Orce, Lower Pleistocene, Lithic artefacts, Europe.
1
ICREA. IPHES, Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social. Área de Prehistoria, Universitat Rovira i Virgili.
[[email protected]]
Recibido: 01/10/2012; Aceptado: 02/11/2012
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,1752'8&&,–1
Desde que en el verano de 1982 fuera descubierto en
el yacimiento de Venta Micena el fragmento craneal
de Orce, VM-0 (Lám. 1), este fósil no ha dejado de ser
un tema recurrente en los mentideros científicos y
en los medios de comunicación, especialmente en
España, pero también a nivel internacional. Si este
resto óseo no hubiera sido atribuido a Homo sp. en
una primera publicación (Gibert et al., 1983), el
hipotético resto humano más antiguo de Europa
habría pasado desapercibido al formar parte de las
miles de piezas de muy difícil o imposible clasificación procedentes del yacimiento, como sucede en
otras muchas colecciones de mamíferos fósiles del
mundo. Pero la historia hizo que se convirtiera en
uno de los fósiles más famosos de la Paleontología
española, por la continua polémica que ha generado
a su alrededor. Prueba de ello es que cuando en la
actualidad se cumplen 30 años desde su hallazgo y
extracción, dicha controversia resurge recurrentemente, instrumentalizada desde sectores interesados en mantener una discusión absolutamente
estéril y contraproducente para el normal desarrollo
de un proyecto de investigación tan importante como
es y, especialmente, será en un futuro cada día más
cercano Orce y toda la cuenca de Guadix-Baza.
A través de documentales divulgativos (Navarro,
2010), libros de divulgación (Campillo, 2002; Gibert,
2004) y artículos publicados normalmente en revistas de bajo impacto científico, parece que, a base de
repetirlo de manera continuada y obsesiva, dicho
fósil y otros de escasa o nula resolución anatómica
se van a convertir en humanos. Por otro lado,
cuando uno llega a Orce, se encuentra con que esta
pieza forma parte del acervo cultural popular, siendo
el anagrama utilizado por el Ayuntamiento para
algunas de sus publicaciones, como el programa de
fiestas locales, o en el propio Museo Municipal de
Prehistoria y Paleontología, donde está ocupando un
lugar de estrellato situada de manera engañosa
sobre una copia del cráneo de Homo ergaster de
Koobi Fora (Kenia) KNM ER 3883 (Lám. 2).
Durante muchos años, la polémica en torno al
fragmento craneal de Orce ha flotado sobre el
debate científico y ha contribuido a restar credibilidad a la hipótesis de una temprana colonización
humana de la Península Ibérica y, por ende, del
continente. El propósito de este artículo es intentar
contribuir a la divulgación del extraordinario patrimonio paleobiológico (arqueológico incluido) de Orce
y de toda la cuenca de Guadix-Baza, y finalizar en lo
posible con esta polémica, que no beneficia a nadie y
Lám. 1. Fragmento craneal VM-0 de Orce. (A) superficie exocraneal; (B) superficie endocraneal. La flecha grande en A y B marca el punto
bregma en la unión entre la sutura coronal o fronto-parietal (que está clara por la ausencia de los huesos wormianos) y la sutura interfrontal (marcada por pequeños triángulos). En la superficie endocraneal es posible ver las impresiones digitales profundas que presentan los
huesos frontales además de la cresta sagital interna en el hueso parietal (marcada por pequeñas flechas) detrás de bregma. En todos los
estudios previos, bregma fue interpretado como si fuera lambda (punto de unión entre los parietales y el occipital), los huesos frontales como
si se tratara de los parietales, y el hueso parietal como si se tratara del occipital. Escala en cm.
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EL FRAGMENTO CRANEAL DE ORCE: UNA HEMBRA DE RUMIANTE
(/&217(;72*(2/–*,&2'(/$&8(1&$
'(*8$',;%$=$
Lám. 2. Fragmento craneal VM-0 engañosamente situado para dar
la apariencia de humano, sobre el cráneo de Homo ergaster de
Koobi Fora (Kenia) KNM ER 3883, expuesto en el Museo de Prehistoria y Paleontología de Orce.
lo único que ha conseguido es infravalorar el patrimonio y devaluar la credibilidad de las demás investigaciones paleontológicas y arqueológicas que se
han desarrollado y siguen realizándose en la zona,
una de las más ricas de todo el continente europeo.
Para ello se expone la anatomía de esta pequeña
pieza y una interpretación morfológica y clasificación
taxonómica distintas, que nada tienen que ver con
las determinaciones clásicas de homínido o équido, y
que fue publicada hace ya 10 años en la principal
revista especializada en Paleontología Humana,
Journal of Human Evolution, (Martínez-Navarro,
2002) y nunca ha sido rebatida en dicha revista. Sin
embargo, este trabajo y sus conclusiones son poco
conocidos en España. Por ello se considera necesario incidir en él.
Orce es un proyecto de estado para el estudio del
Cuaternario, pues estamos hablando del mejor
registro sedimentario continental de todo Europa, y
no puede continuar menospreciado y vilipendiado
por unos y/o por otros, siempre o, casi siempre,
recurriendo a un fósil maldito y sin credibilidad
alguna, debido a que no es lo que se pretende que
sea.
La cuenca intramontañosa lacustre de Guadix-Baza,
situada en el sudeste de la Península Ibérica, se
divide en dos cubetas, la de Guadix en el sector
suroccidental y la de Baza en el nororiental. Ambas
subcuencas están separadas por la pequeña sierra
del Jabalcón. La geología de esta depresión es
singular en todo el contexto europeo, sólo comparable a la de las grandes cuencas interiores del Rift
esteafricano. La depresión fue endorreica desde
finales del Mioceno Superior (hace unos 7 millones
de años, Ma) con registro paleontológico de todo el
Plioceno, y arqueológico y paleontológico desde la
segunda mitad del Pleistoceno Inferior hasta finales
del Pleistoceno Medio, en que fue capturada por un
subsidiario del Guadalquivir, el Guadiana Menor,
hace como mínimo 0,18 Ma (García-Tortosa et al.,
2008). Estos datos son bastante coherentes con las
cronologías de los últimos registros arqueológicos
en sedimentos fluvio-lacustres en la localidad con
abundante fauna e industria achelense de La Solana
del Zamborino, Fonelas (cubeta de Guadix), que fue
excavada en los años setenta por el equipo del Prof.
Botella de Granada, situada en la segunda mitad del
Pleistoceno Medio (Jiménez-Arenas et al., 2011),
aunque algunos autores la sitúan, en función de
datos paleomagnéticos y bioestratigráficos arbitrarios, en la base del Pleistoceno Medio (Scott y Gibert,
2009).
La geología de la cuenca comenzó a ser bien conocida a partir de comienzos de los años setenta. Vera
(1970) diferenció la depresión en dos áreas de
dominio, la cubeta de Guadix y la de Baza. La cubeta
de Guadix está dominada por un sistema fluviotorrencial, cuyos aportes sedimentarios fundamentales proceden de Sierra Nevada, y la cubeta de Baza
por un sistema lacustre, en el que predominan los
sedimentos evaporíticos (calizas, yesos y sales) (ver
Viseras, 1991; García-Aguilar, 1997). Esta geología
singular favoreció la existencia de biotopos muy ricos
con abundante flora y fauna y, sobretodo, contribuyó
al registro y conservación del extraordinario patrimonio paleobiológico allí existente.
La apertura de la cuenca y la consiguiente bajada del
nivel de base provocó una erosión continuada a gran
escala sobre los estratos mio-plio-pleistocénicos, lo
que permite ver en superficie, en las laderas de los
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BIENVENIDO MARTÍNEZ-NAVARRO
nuevos barrancos y cañadas, los espectaculares
afloramientos que muestran este fantástico y completo registro paleobiológico de los últimos siete
millones de años en Europa.
/26<$&,0,(1726'(25&(
El registro paleobiológico de todo el Plio-Pleistoceno
es espectacular en toda la cuenca pero, probablemente, la mayor de densidad y calidad de los yacimientos se da en el triángulo que forman Orce y sus
dos pedanías, Fuente Nueva y Venta Micena. Los
sedimentos allí depositados comprenden un registro
cronológico que va de una edad aproximada situada
en la base del Pleistoceno inferior, en torno a 2,5-2,6
Ma, hasta hace aproximadamente 1,0 Ma.
La localidad más antigua de la zona de Orce es
Fuente Nueva-1, con fauna clásica de la base del
Pleistoceno Inferior europeo, Villafranquiense Medio,
dominada por la presencia de los primeros caballos
de un dedo que llegaron al continente, Equus stenonis, de una gacela, Gazella borbonica, y de otros
mamíferos (Moyà-Solà et al., 1987).
El tránsito al Villafranquiense Superior, en torno al
subcrón de polaridad normal Olduvai (hace entre 2 y
1,78 Ma), está marcado por la llegada de nuevos
inmigrantes de origen asiático, como es el caso de
un bóvido registrado en el yacimiento del Barranco
de los Conejos llamado Praeovibos, antecesor directo de los actuales bueyes almizcleros, Ovibos
muschatus, además de cinco especies de roedores
(entre ellas Tibericola vandermeulini y Tcharinomys
oswaldoreigi) y otros pequeños mamíferos. Es un
yacimiento coetáneo de Dmanisi, datado en 1,8 Ma
(Agustí et al., 2012).
Por encima, dentro del Pleistoceno Inferior y ya
entrado el Villafranquiense Superior (Rook y Martínez-Navarro, 2010), se encuentra Venta Micena, que
es el yacimiento paleontológico más excavado, mejor
conocido y probablemente el más espectacular de
toda la depresión. Su cronología, basada en los datos
paleomagnéticos y en la presencia de un pequeño
roedor, el arvicólido Allophaiomys ruffoi (sinónimo de
A. pliocaenicus) (Agustí et al., 1987), y en la asociación faunística general, sitúa este yacimiento en una
edad próxima a 1,5 Ma, si bien según recientes
dataciones por ESR se situaría en torno a 1,37+0,24
18
Ma (Duval et al., 2011), y es bioestratigráficamente
anterior a las localidades de Fuente Nueva-3 y
Barranco León-5, también en la región de Orce,
donde hay un arvicólido más moderno, Allophaiomys
cf. labocati (Agustí et al., 2010), y se ha localizado
una fauna de macromamíferos muy parecida a la de
Venta Micena, si bien con presencia de unos pocos
elementos faunísticos más modernos como
Ammotragus europaeus (Martínez-Navarro et al.,
2010).
Es en estas dos últimas localidades, Fuente Nueva-3
y Barranco León, donde se han encontrado las
evidencias más antiguas de presencia humana de
toda Europa occidental, basadas en el hallazgo de
industrias líticas (Turq et al., 1996; Martínez-Navarro
et al., 1997; Oms et al., 2000; Toro et al., 2003, 2010;
Palmqvist et al., 2005).
(/<$&,0,(172'(9(17$0,&(1$
El yacimiento paleontológico de Venta Micena es un
estrato horizontal que presenta un nivel fértil de 80 a
120 cm de espesor cuya extensión superficial es
superior a 2,5 km, y se ha calculado que presenta
más de 1 km2 de extensión fértil, es decir, más de 1
millón de m2, el más extenso del Cuaternario de
todo el continente y uno de los más ricos del mundo.
De él se han extraído más de 17.000 fósiles en 350
m2, lo que da una densidad próxima a 50 piezas por
m2, dato que permite deducir que son varias las
decenas de millones de fósiles allí acumuladas y
todavía por excavar. Este registro incluye 31 especies
de mamíferos, especialmente de gran tamaño:
elefantes (Mammuthus meridionalis), rinocerontes
(Stephanorhinus hundsheimensis), caballos (Equus
altidens), hipopótamos (Hippopotamus antiquus),
Bóvidos (Bison sp., Hemibos sp. aff. H. gracilis,
Preovibos sp., Soergelia minor, Capra alba, y Bovidae
gen. et sp. indet.), cérvidos (Praemegaceros verticornis y Metacervocerus rhenanus), carnívoros como
tigres de dientes de sable (Homotherium latidens y
Megantereon whitei), panteras (Panthera sp.), linces
(Lynx sp.), licaones (Lycaon lycaonoides), chacales
(Canis mosbachensis), zorros (Vulpes praeglacialis),
tejones (Meles sp.), osos (Ursus etruscus) o hienas
(Pachycrocuta brevirostris), además de dos especies
de lagomorfos y cinco de roedores entre los que
destaca la presencia de puercoespines (Hystrix
major) y también de insectívoros, además de otros
pequeños vertebrados (Alberdi y Ruiz-Bustos, 1985;
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Moyà-Solà, 1987; Menéndez, 1987; Santafé y Casanovas-Cladellas, 1987; Pons-Moyà, 1987; Torres-Pérez-Hidalgo, 1987; Agustí et al., 1987; Martínez-Navarro, 1991, 1992; Martínez-Navarro y Palmqvist,
1995; Eisenmann, 1999; Crêgut-Bonnoure, 1999;
Martínez-Navarro y Rook, 2003; Martínez-Navarro et
al., 2011; Ros-Montoya, 2010; Ros-Montoya et al.,
2012; entre otros).
Durante la formación de este yacimiento el ambiente
estuvo caracterizado por importantes zonas emergidas en un medio lacustre efímero (grietas de
desecación, trazas de raíces verticales) con pequeñas charcas y cubetas de entre 2 y 20 m de diámetro
aproximadamente y una profundidad inferior normalmente a 1 m. Los huesos se depositaron sobre
un paleorrelieve y se cubrieron por sedimentos
formados por barro calizo micrítico (homogéneo y
poroso) con una composición del 98-99% de carbonato cálcico (CaCO3), formados en un periodo de
expansión puntual de las cubetas (Anadón et al.,
1987).
La interpretación tafonómico-paleoecológica indica
que el yacimiento corresponde a una acumulación
realizada por la hiena de gran tamaño Pachycrocuta
brevirostris (hiena de cara corta y de más de 110 kg
de masa corporal) (Palqmvist et al., 1996, 2011;
Arribas y Palqmvist, 1998; Martínez-Navarro y Palmqvist, 1999; Palmqvist y Arribas, 2001; Espigares,
2010).
+,6725,$'(90
Desgraciadamente, como ya se ha dicho, la investigación en Venta Micena, y por extensión en toda la
región de Orce, ha estado dominada por el continuo
debate en torno al fragmento craneal VM-0, desde
su hallazgo en 1982. De acuerdo con sus descubridores (Gibert et al., 1983), este espécimen se atribuyó a Homo sp. y representaba el homínido fósil más
antiguo de Europa. Debido a las prisas del momento,
el fósil fue publicado de manera improcedente, antes
de ser limpiado totalmente, con la cara interna
cubierta por una ganga calcárea muy cementada,
como es típico en muchos fósiles del yacimiento, y
sólo la cara externa fue estudiada y presentada. Esta
pieza es un fragmento craneal de pequeño tamaño,
con una anchura máxima de 76 mm y una longitud
de 80 mm. El fósil fue descrito como si correspondiera a una amplia parte de los dos parietales y a la
porción superior del hueso occipital, conservando el
punto lambda de unión entre la sutura sagital que
separaba ambos parietales y la sutura lambdoidea
que separaba los dos parietales del llamado hueso
occipital (ver detalles anatómicos en Lám. 1 y Fig. 1).
Cuando la superficie endocraneal fue acabada de
limpiar en febrero de 1984 y se pudo analizar la pieza
al completo, aparecieron algunas características
anatómicas muy peculiares, tales como la presencia
de impresiones digitales profundas y una cresta
laminar de dirección sagital especialmente marcada
detrás del llamado punto "lambda" (Lám. 1B), que
no eran conocidas en los cráneos humanos. Como
consecuencia de esta contrariedad, dos miembros
del equipo descubridor, Agustí y Moyà-Solà, reidentificaron la pieza como correspondiente a un équido
(Agustí y Moyà-Solà, 1987). Esto produjo una enorme
polémica. Sin embargo, Gibert, conjuntamente con
Campillo y un equipo de jóvenes colaboradores (de
los que entonces formaba parte el firmante de este
artículo) continuaron defendiendo la humanidad de
VM-0 basándose en datos anatómicos adicionales
(Gibert et al., 1989, 1992, y un sinfín de trabajos;
Martínez-Navarro, 1996). Más tarde, Gibert y Palmqvist (1995) aplicaron técnicas morfométricas, basadas en el estudio de la geometría fractal de las
suturas de la pieza, y García-Olivares y su equipo de
la Universidad de Granada, y Lowenstein y su equipo
de la Universidad de California, aplicaron durante
finales de los ochenta, noventa, y comienzos de siglo,
técnicas de análisis inmunológicos (García-Olivares
et al., 1989; Borja y García-Olivares, 1995; Lowenstein, 1995; Borja et al., 1997; y otros trabajos posteriores reiterativos), cuya resolución nunca ha convencido a los paleontólogos. Sin embargo, la controversia se recrudeció cuando la precisión del patrón
de sutura ilustrado por Gibert y Palmqvist (1995) fue
cuestionado, y Moyà-Solà y Köhler (1997) reclasificaron nuevamente el fósil como correspondiente a un
équido; mientras, Palmqvist (1997) aplicó nuevamente, el mismo año, las técnicas de la geometría fractal
a un dibujo de la sutura facilitado por Moyà-Solà e
indicó que el trazado de las suturas de la pieza se
encontraba dentro de la variabilidad de los équidos.
Uno de los criterios anatómicos más importantes
usados por los defensores de la hipótesis équido fue
la presencia de una hipotética sutura “coronal”
(fronto-parietal) prácticamente obliterada, situada
unos 3,5 cm delante del llamado punto lambda. Sin
embargo, el estudio de este espécimen muestra que
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sólo una fractura está presente en esta zona y no
una sutura. Entre los équidos, cuando la sutura
coronal está todavía abierta, la sutura sagital (interparietal) cierra formando una cresta sagital externa,
como se puede ver en el cráneo de cebra juvenil de
la figura 1. En VM-0, la sutura identificada como
“sagital” está abierta y el trazado de su línea es muy
claro, pero no se puede ver ninguna indicación de lo
que previamente se identificó como sutura coronal y
tampoco se ha formado ninguna cresta sagital externa (Fig. 1E, marcada por unas pequeñas flechas en
negro). Si la atribución de este fragmento craneal a
un équido fuera correcta, representaría que VM-0
habría cerrado su sutura coronal previamente al
total crecimiento del cráneo, por lo que sería un
individuo patológico con un desarrollo ontogenético
anormal.
‚+8(6263$5,(7$/(62)5217$/(6"
La realización de una comparación detallada durante
los noventa y principios de siglo permite proponer
una interpretación distinta y más convincente de la
anatomía de esta pieza. VM-0 no corresponde a un
homínido ni tampoco a un équido. La morfología de
las suturas interfrontal y coronal de los rumiantes se
superpone con la del espécimen en cuestión (Fig. 1C
y D). Las astas de los cérvidos y los núcleos óseos de
los bóvidos crecen en los huesos frontales, pero en
todas las especies de ciervos (excepto en los renos y
caribúes: género Rangifer) las hembras no tienen
astas, y en muchos grupos de bóvidos las hembras
también carecen de núcleos óseos. El Cráneo de
Orce es una hembra de rumiante de gran tamaño
que no presenta apéndices frontales. Como se ha
Fig. 1. Comparación de la cara externa del fragmento craneal VM-0 (B) con: A) humano moderno; C) hembra adulta de ciervo ( Cervus
elaphus) (SMNH-8325); D) hembra juvenil de Kobus (antílope africano) (KNM OM-1819); y E) cebra juvenil (Equus burchelli) (KNM OM-3931).
En el cráneo de cebra juvenil se hace notar la presencia de la sutura coronal muy bien marcada y de la cresta sagital externa (marcada con
pequeñas flechas) detrás de bregma y muy bien desarrollada en lambda, producto del cierre de la sutura sagital que une ambos parietales.
En las hembras de rumiante (C y D), la anatomía externa en el área de bregma es similar a VM-0. (KNM OM: Museo Nacional de Kenia,
Colección Osteológica; SMNH: Museo Sueco de Historia Natural). Escala en cm.
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EL FRAGMENTO CRANEAL DE ORCE: UNA HEMBRA DE RUMIANTE
visto arriba, ocho especies de rumiantes han sido
descritas en Venta Micena, seis bóvidos y dos cérvidos.
la controversia en torno a la identificación taxonómica de VM-0 se produce por un error en la interpretación de la anatomía craneal tanto por los partidarios de la hipótesis homínido como por los que han
defendido la hipótesis équido. El punto identificado
previamente como lambda (que es donde se unen la
sutura sagital y la lambdoidea) es en realidad
bregma (que es el punto donde intersectan la sutura
interfrontal con la fronto-parietal (coronal) y con la
sagital (interparietal), cuando ésta última no está
cerrada. Es por ello, que los huesos identificados
anteriormente como los parietales son en realidad
los frontales y el identificado como occipital es en
realidad el parietal, fruto de la fusión de los dos
parietales, como es típico en los rumiantes. La línea
de la sutura interfrontal en la mayoría de bóvidos y
cérvidos (hembras y machos incluidos) es muy
complicada en el área cercana a bregma, y se hace
mucho más simple (prácticamente una línea) en la
región anterior próxima a los huesos nasales. El
ángulo que forman la sutura interfrontal y la coronal
es variable, pero en la mayoría de los rumiantes es
en forma de V. Éste es el patrón anatómico observado en VM-0.
mía similar fue descrita en la región obélica, en
torno al punto lambda, de los équidos (Agustí y
Moyà-Solà, 1987; Moyà-Solà y Köhler, 1997), la
cresta sagital interna está bastante más desarrollada detrás de lambda y forma en este grupo un verdadero tabique.
La comparación con ejemplares infantiles de otros
grupos de macromamíferos representados en Venta
Micena (elefántidos, hipopotámidos, rinocerótidos y
grandes carnívoros) no procede, pues su anatomía
se diferencia fácilmente del fragmento craneal de
Orce.
En bóvidos y cérvidos, los huesos frontales son
alargados y la sutura coronal se sitúa en una
posición más posterior debido a la presencia de
núcleos óseos o astas, presentes en los machos, y
en las hembras de algunas especies. Como resultado, el trazado de la línea de sutura inter-frontal es
muy largo. Puede ser de más de 10 cm en las
especies más grandes (por ejemplo, en los grandes
antílopes o en los géneros de cérvidos Alces,
Megaloceros, Praemegaceros o Eucladoceros). Contrariamente a VM-0, los équidos presentan sinus
frontal y su anatomía en esta región es totalmente
diferente debido a que la caja craneana se sitúa más
atrás y los parietales están más desarrollados (Fig.
1E).
La anatomía de la cara endocraneal de los rumiantes es muy similar a VM-0 (Lám. 3). La mayoría de
rumiantes presentan impresiones digitales profundas en el hueso frontal, y normalmente también un
canal sagital y una cresta sagital especialmente
desarrollada detrás de bregma. Aunque una anato-
Lám. 3. Vista interna de dos cráneos de antílopes africanos machos.
(a) Tragelaphus aff. nakuae del yacimiento de Hadar, Etiopía (ENM
AL-411-5); y (b) Tragelaphus scriptus (KNM OM-4958). Ambos
exhiben impresiones digitales profundas y una cresta sagital interna
(marcada por pequeñas flechas) como en VM-0. (ENM, Museo
Nacional de Etiopía; KNM, Museo Nacional de Kenia). Escala en cm.
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&21&/86,21(6
Se puede concluir que la anatomía y talla del fósil
VM-0 indica que corresponde a una hembra juvenil
de alguna de las especies de rumiante de gran
tamaño presentes en el yacimiento. Por tanto, hasta
la actualidad, las únicas evidencias definitivas de
presencia humana en el Pleistoceno inferior de la
región de Orce son las industrias líticas de Fuente
Nueva-3 y de Barranco León.
$*5$'(&,0,(1726
Agradezco a Juan Manuel Jiménez-Arenas la invitación a participar en el presente número de la revista
MENGA. Este trabajo ha sido financiado por la
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía
(Contrato Exp. B090678SV18BC), el Ministerio de
Economía y Competitividad (CGL2010-15326/BTE), y
por la Generalitat de Cataluña (GENCAT 2009 SGR
324).
%,%/,2*5$)$
AGUSTÍ, J. y MOYÀ-SOLÀ, S. (1987): "Sobre la identidad del fragmento craneal atribuido a Homo sp.
de Venta Micena (Orce, Granada)", Estudios
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inferior de Barranco León 5 y Fuente Nueva 3
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Pleistoceno inferior y medio de la Cuenca de
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25
Vista del interior de la cueva del Ángel.
Foto: Daniel Botella Ortega.
DOSSIER
LA CUEVA DEL ÁNGEL (LUCENA, CÓRDOBA): UN HÁBITAT ACHELENSE DE CAZADORES EN ANDALUCÍA
/$&8(9$'(/È1*(//8&(1$&Ï5'2%$
81+È%,7$7$&+(/(16('(&$=$'25(6(1
$1'$/8&Ë$
Cecilio Barroso Ruíz1, Daniel Botella Ortega2, Miguel Caparrós3, Anne Marie Moigne4, Vincenzo Celiberti5, Antonio Monclova
Bohórquez6, Luisa Pineda Cabello1, Guadalupe Monge Gómez7, Agnès Testu4, Deborah Barsky8, Olivier Notter4, José Antonio
Riquelme Cantal5, Manuel Pozo Rodríguez9, María Isabel Carretero León7, Samir Khatib10, Thibaud Saos4, Sophie Gregoire4,
Salvador Bailón3, José Antonio García Solano11, Antonio Luis Cabral Mesa5, Abderrezak Djerrab12, Ian George Hedley13, Salah
Abdessadok3, Gerard Batalla LLasat14, Nicolas Astier4, Læticia Bertin4, Nicolas Boulbes14, Dominique Cauche10, Arnaud
Filoux14, Constance Hanquet14, Christelle Milizia4, Elena Rossoni10, Luis Verdú Bermejo1, Veronique Pois5 y Henry de Lumley15
5HVXPHQ
El sitio arqueológico de la cueva del Ángel es una secuencia sedimentaria al aire libre, resultante del
derrumbe de una cueva y parte de un complejo kárstico. La asociación faunística, dominada por équidos,
grandes bóvidos y cérvidos, ha sido objeto de intensas acciones antrópicas que reflejan la depredación
selectiva. La fauna se puede correlacionar con las asociaciones faunísticas de Europa de finales del
Pleistoceno Medio a principios del Pleistoceno Superior. El conjunto lítico de la cueva del Ángel parece
encajar dentro de la diversidad regional de una bien desarrollada industria no-Levallois del Achelense Final.
Una estimación preliminar de la edad 230Th/234U, la revisión del conjunto lítico y la evidencia de la fauna,
favorecen el posicionamiento cronológico del sitio en un período que va desde el final del Pleistoceno Medio a
principios del Pleistoceno Superior (MIS 11 - MIS 5).
3DODEUDVFODYHCueva del Ángel, Cuaternario, Pleistoceno Medio, Achelense, Bison, carnicería, hogar.
&8(9$'(/È1*(//8&(1$&Ï5'2%$$1$&+(8/($1+$%,7$72)
+817(56,1$1'$/86,$
$EVWUDFW
The Cueva del Angel archaeological site is an open-air sedimentary sequence, resulting of a collapsed cave
and part of a karst complex. The faunal assemblage dominated by horses, large bovids and cervids has been
subjected to intense anthropic actions reflecting selective predation. The fauna may be correlated with
European faunal associations of the end of the Middle Pleistocene to the beginning of the Upper Pleistocene.
The Cueva del Angel lithic assemblage appears to fit within the regional diversity of a well developed nonLevallois final Acheulean industry. A preliminary 230Th/234U age estimate, the review of the lithic assemblage
and faunal evidence would favour a chronological positioning of the site in a period stretching from the end of
the Middle Pleistocene to the beginning of the Upper Pleistocene (MIS 11 - MIS 5).
.H\ZRUGVCueva del Ángel, Quaternary, Middle Pleistocene, Acheulan, Bison, butchery, hearth.
1 Fundación
Cuevas y Sima del Ángel. [[email protected]]
Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena.
3 Muséum National d’Histoire Naturelle, Département de Préhistoire.
4 Muséum National d’Histoire Naturelle, Centre Européen de Recherches Préhistoriques de Tautavel.
5 Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Granada.
6 Grupo de investigación HUM-440. Universidad de Cádiz.
7 Departamento de Cristalografía, Mineralogía y Química Agrícola. Universidad de Sevilla.
8 Departament d’història i història de l’Art. Universitat Rovira i Virgili.
9 Departamento de Geología y Geoquímica. Universidad Autónoma de Madrid.
10 Laboratoire Départemental de Préhistoire du Lazaret.
11 Departamento de Investigación en Recursos Geológicos. Instituto Geológico y Minero de España.
12 Centre Universitaire de Tebessa.
13 Université de Genève. Département de Minéralogie.
14 Université Paul Valery Montpellier III.
15 Institut de Paléontologie Humaine Fondation Albert 1er.
2
Recibido: 15/08/2012; Aceptado: 15/10/2012
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 27-56. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
27
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
,1752'8&&,–1
Este trabajo presenta un nuevo descubrimiento arqueológico, la cueva del Ángel, un yacimiento ubicado en las afueras de la ciudad de Lucena, provincia
de Córdoba, España (Fig. 1). Formando parte de un
sistema kárstico, la cueva del Ángel es una cueva
colapsada a cielo abierto, con un relleno sedimentario que muestra una ocupación humana del Pleistoceno Medio e inicios del Pleistoceno Superior. Está
situado en la falda meridional de la sierra de Araceli,
orientada de suroeste a noreste, a una altitud de 600
msnm (37º 22’ 10” N, 4º 28” 43.83 W) (Láms. 1 y 2).
Como se documenta en una crónica local (Ramírez
de Luque, 1792), es más que probable que el yacimiento de la cueva del Ángel fuese explotado históricamente por mineros en busca de "mármol de agua"
(roca de travertino utilizada en el pasado en la construcción de elementos decorativos de iglesia).
Entre 1995 y 1996 un equipo dirigido por por los
arqueólogos Cecilio Barroso Ruiz y Daniel Botella
Ortega inició una actividad arqueológica de urgencia
con el objetivo de determinar la presencia del
yacimiento, descubriéndose una estratigrafía rica en
la parte superior del sitio. Después de delimitar la
extensión del yacimiento arqueológico, el sitio fue
limpiado de un importante sedimento de revuelto de
arcillas rojas que lo cubría, mostrándonos debajo de
éste parte de la secuencia junto a enormes bloques
de piedra caliza, que fueron dejando al descubierto
en el sitio un pozo y restos de trinchera que evidenciaban antiguas actividades mineras (Lám. 3).
Fig. 1. Mapa topográfico de la sierra de Araceli, Lucena (Córdoba).
Situación de la cueva del Ángel (Modelo digital del terreno de
Andalucía, Junta de Andalucía, 2005).
Esta operación de limpieza nos ha permitido estudiar
la evolución morfológica de los depósitos estratigráficos. En 2002/2003, a partir de una autorización
arqueológica puntual, se iniciaron los trabajos para
obtener una sección estratigráfica precisa de la
secuencia de la pared del pozo. En el año 2005 se
comenzaron los trabajos sistemáticos en virtud de
un proyecto general de investigación, de seis años de
duración, aprobado por la Dirección General de Bienes Culturales, y cofinanciado por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Lucena. Hasta la fecha,
las excavaciones han recuperado numerosos restos
de fauna y abundantes artefactos líticos (Lám. 4).
Un estudio preliminar nos ofrece una datación por
uranio/torio (230Th/234U; LU9504, Laboratorio del IPH
28
Lám. 1. Fotografía aérea de la sierra de Araceli con la localización de
la cueva del Ángel, Lucena (Córdoba). Ortofotografía Digital de
Andalucía (Junta de Andalucía, 2005).
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 27-56. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
LA CUEVA DEL ÁNGEL (LUCENA, CÓRDOBA): UN HÁBITAT ACHELENSE DE CAZADORES EN ANDALUCÍA
Lám. 2. Perspectiva aérea de la sierra de Araceli desde el oeste. Foto: Delegación Municipal de Patrimonio Histórico (Excmo. Ayuntamiento de Lucena).
Lám. 3. Arriba: vista de la plataforma externa limpia y con
agujeros de expoliadores, trabajos previos a la excavación
en 1995. Abajo: vista de la trinchera y el pozo minero tras
su descubrimiento. Foto: Cecilio Barroso Ruíz.
Lám. 4. Aspecto general del proceso de excavación. Foto: Daniel Botella Ortega.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 27-56. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
29
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
de París) obtenida sobre afloramientos de calcita que
sellaban parcialmente la secuencia sedimentaria en
la unidad estratigráfica VIII de la cuadrícula L6, y ha
dado ésta una edad de 121000 +11/-10 BP, con un
error inferior al 10% (Zouhair, 1996).
En la medida en que esta muestra presenta un alto
grado de fiabilidad, podría indicarnos que la parte
superior de la secuencia de la cueva del Ángel
coincidiría con el comienzo de MIS 5. Actualmente se
está llevando a cabo la obtención de muestras que
nos permita evaluar con mayor precisión la cronología de la secuencia.
Por lo tanto, en la investigación desarrollada en este
documento se destaca los resultados preliminares
de un yacimiento nuevo e importante, por ahora único en Andalucía y que es clave para el estudio paleoecológico, faunístico, antropológico y tecnológico de
la última fase del Pleistoceno Medio y las primeras
fases del Pleistoceno Superior. Este periodo es muy
poco conocido en la Península Ibérica, ya que junto a
la cueva del Ángel tan sólo existen otros tres yacimientos semejantes: Galería en Atapuerca, cueva del
Bolomor en Alicante (Fernández Peris et al., 1997;
Fernández Peris, 2007) y Galería Pesada en Portugal
(Marks et al., 2002).
La sierra de Araceli corresponde a un anticlinal
afectado por varias fallas con desplazamiento lateral. En la sierra y sus alrededores se diferencian
claramente dos unidades cronoestratigráficas: la
más antigua, compuesta por materiales mesozoicos,
principalmente de piedra caliza, dolomía y margas; y
la más reciente, formada por materiales del Cenozoico compuestos de margas, biocalcarenita
(Eoceno-Mioceno) y por sedimentos detríticos (Cuaternario). El Cuaternario está bien representado en
extensas superficies llenas de arcilla que descansan
en la parte superior de los materiales descritos más
arriba. Se corresponden principalmente a depósitos
coluviales, glacis y depósitos de piedemonte. Su
litología dominante se compone de arcilla oscura y
roja, y en menor medida de arena, conglomerados y
brechas, de origen aluvial o coluvial (López Chicano,
1985).
La estructura geomorfológica de la sierra de Araceli
se terminó de formar a finales del Mioceno, periodo
durante el cual una regresión comenzó a través de la
0$5&2*(2/–*,&2
El complejo kárstico de la sierra de Araceli, donde se
encuentra la cueva del Ángel, es parte de la unidad
kárstica del Mesozoico, compuesta de piedra caliza y
dolomía (Lías), y perteneciente al Dominio Subbético
Externo Meridional de las cordilleras Béticas (Fig. 2),
la gran formación orográfica y geológica en el sur y
sureste de la Península Ibérica que se originó como
consecuencia de la orogenia alpina (García Dueñas,
1967; Molina Cámara, 1987). La serie litoestratigráfica de la sierra de Araceli cuenta con materiales que
van desde el Triásico en mayor abundancia, hasta el
Cuaternario reciente. Los materiales del Triásico no
aparecen en la superficie directamente, aunque se
han detectado partes del mismo en el norte y al
noroeste de la sierra. Ellos, posiblemente, constituyen la base de esta serie, que se compone esencialmente de arcillas rojas, a veces verde o púrpura, y tal
y como afloran se convierten en masas de yeso de
gran alcance (López Chicano, 1985).
30
Fig. 2. Mapa geológico de la sierra de Araceli (modificado de la Hoja
989 del Mapa Geológico de España, ITGE, 1991). Situación de la
cueva del Ángel.
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depresión del río Guadalquivir. Esta retirada aísla a
la sierra de Araceli de otras montañas ubicadas al
este y el sureste (López Chicano, 1985). La importante composición de carbonato de la sierra de Araceli
favoreció una evolución kárstica importante, especialmente en lo que se refiere a la red de aguas
subterráneas.
En el complejo de la sierra de Araceli, los carbonatos
mesozoicos (Jurásico-Cretácico) se destacan en forma de cinco unidades cartográficas. La cueva del
Ángel está incluida en la Unidad I, compuesta por
200 m de dolomía, calcita dolomítica, piedra caliza
dolomítica y piedra caliza, en orden sucesivo desde
la base hasta la parte superior (litologías 6 y 7 de la
Fig. 2). Estos carbonatos, recortados en los grandes
bancos, emergen con una dirección N-NO y han sido
afectados por frecuentes fallas y diaclasas distensivas en dirección N-NO/S-SE, y cuyo resultado es la
formación de importantes procesos de karstificación
dando lugar a la formación de los sumideros y las
distintas cavidades, como la cueva del Ángel.
(/6,7,2$548(2/–*,&2
El complejo kárstico de la cueva del Ángel está
actualmente formado por tres partes diferenciadas
(Fig. 3):
Fig. 3. Mapa topográfico del complejo kárstico de la cueva del
Ángel. Planta y secciones a diferentes escalas.
/$3/$7$)250$
Hasta el año 2011 ha sido la única zona excavada y
con una secuencia sedimentaria presente en buen
estado de conservación para la investigación. Se
trata de una plataforma de algo menos de 300 m2
con ligera pendiente hacia el sur. Incorpora bloques
de caliza, brechas, rocas y formaciones de espeleotemas en parte de su superficie. El depósito arqueológico ha sido cubierto por una estructura metálica
para protegerlo de las inclemencias meteorológicas
así como de potenciales expoliadores. Esta plataforma al aire libre es el testigo de una cavidad derrumbada, de la que las paredes y el techo se han perdido
debido a causas desconocidas, posiblemente durante el transcurso del Pleistoceno Superior (Lám. 5).
/$&29$&+$
Situada a pocos metros de la plataforma al noreste
de la misma. Presenta una colmatación de bloques
de piedra caliza, originados por el colapso que
sufrieron sus paredes. En la actualidad y tras proceder a su limpieza en 2010, presenta una longitud de
18 m por 5 m de anchura máxima. Se ha podido
detectar parte del relleno sedimentario, aunque se
observa que ha sido alterado en algunas zonas
debido a la acción de mineros o clandestinos. No
obstante, y a la espera de efectuar un sondeo arqueológico, todo parece indicar que existen indicios de
posible conservación de relleno sedimentario original. En la parte suroeste de la cavidad, así como en
lo más septentrional y profunda de la misma, existen
sendas aperturas en el piso que dan acceso a un
sumidero que conecta con una sima de unos 100 m
de profundidad y que fue descubierto y explorado por
espeleólogos del Grupo GEJAM de la OJE cordobesa,
en la década de los 60 del siglo pasado.
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CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
Lám. 5. Vista posterior de la estructura metálica construida para proteger el yacimiento. Foto: Cecilio
Barroso Ruíz.
Lám. 6. Vista del interior de la sima. Foto: Daniel
Botella Ortega.
/$6,0$
Situada bajo la plataforma externa y la covacha,
presenta una morfología estrecha, de paredes verticales, con tendencia a converger en altura, y con
desarrollo de numerosos espeleotemas laterales
(Lám. 6). En la base se concentra una importante
acumulación de detritos que forman un cono de
deyección de 70 m de altura, en el que se puede
observar abundantes rocas junto a una matriz fina
formada por arcillas y limos, y en la que aparecen
incorporados restos de huesos de animales fosilizados y herramientas líticas. En el verano de 2009, se
perforó un túnel de 81 m de largo, con salida a la
sima en la parte superior del cono de derrubios. Se
prevé efectuar sondeos arqueológicos con el fin de
verificar la existencia o no de restos paleontológicos
y arqueológicos en la secuencia del relleno del cono,
y que nos permita comprender mejor la naturaleza
de la ocupación humana en este complejo kárstico.
(675$7,*5$)$ '( /$ 3/$7$)250$
&8(9$'(/„1*(/%$1'$-.
Tras el abandono del hábitat por parte de las poblaciones achelenses, el registro sedimentario quedó
libre de las influencias externas gracias a una delgada capa de espeleotemas, así como al proceso de
brechificación al que había sido sometido anteriormente. De este modo, esta formación se puede
considerar como excepcional debido a la diversidad y
estado de conservación de las facies, sus caracterís-
32
ticas antrópicas y la evolución química post-deposicional.
El área excavada se ha dividido en un sistema de
coordenadas cartesianas de 1 m2 en orden alfanumérico en sus ejes. De ésta se han excavado las
siguientes cuadrículas: F8, G8, H8, I8, J8, J7, K5, K6,
K7 y K8. No obstante hay que hacer constar que la
estratigrafía objeto de análisis en este artículo se
corresponde exclusivamente con los resultados obtenidos en la banda J-K. La secuencia sedimentaria
descubierta hasta la fecha es superior a 5 m de
profundidad, obtenida tras la limpieza del pozo y la
trinchera minera (cuadrículas correspondientes a
secciones verticales L/M y 7/8) (Figs. 4 y 5).
La parte más rica de la secuencia desde el punto de
vista arqueológico se encuentra en las secciones
estratigráficas transversales de una zona que incluyen las cuadrículas definidas por las letras J/K y
números 5/8. Este sector, con una profundidad máxima de 365 cm de sedimentos excavados está cubierto a techo por una capa de espeleotemas de 2/3 cm
de espesor. La considerable cantidad de material
arqueológico presente está compuesto en su mayor
parte por abundantes restos óseos de mamíferos y
numerosos artefactos líticos. También se observó,
sobre todo desde el centro hacia la parte inferior de
la secuencia, la existencia de fragmentos de calcita.
Su presencia en el interior de los depósitos sólo se
puede explicar por su caída desde el lugar de formación original. El sedimento tiene una textura arcillo-
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Fig. 4. Perspectiva de los cortes longitudinales y transversales del depósito sedimentario.
Fig. 5. Estratigrafía del perfil J/K con todas las unidades estratigráficas excavadas.
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CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
sa con colores homogéneos que rara vez varía en su
consistencia endurecida y cementada. La estructura
sedimentaria se organiza en cuerpos agregados
poliédricos, rara vez foliados. La porosidad es vacuolar y, dependiendo de las zonas, rara o poco frecuente. También es característica la presencia de algunas
fisuras sub-horizontales a sub-verticales, así como
la ausencia de inclusiones metálicas. Las precipitaciones secundarias de calcita han permitido el
desarrollo de una incrustación generalizada y la
formación de capas de concreción alrededor de los
objetos como resultado de la estratificación (Huet,
2003).
Cabe mencionar que el 88% de los restos faunísticos
se encuentran quemados, presentando unos colores
que van desde el marrón y el negro al gris, blanco y
azul. Estas diversas coloraciones reflejan el uso
intenso de fuego en el yacimiento a diferentes temperaturas. Hasta el momento no se ha definido
ninguna hipótesis sobre los diversos modos del uso
del fuego en la cavidad, aunque parece ser que, en
lugar de hogares pequeños muy bien delimitados, se
podría presentar una gran estructura de combustión.
La misma puede ser el resultado del uso intenso y
continuo de la cueva como un lugar de carnicería y
cocinado de los recursos cárnicos, por lo que podríamos considerar que, en vez haber sido un asentamiento estacional utilizado sólo en busca de refugio,
se trata de una zona de hábitat permanente. La zona
de residencia se encontraba probablemente cerca de
la plataforma externa de la cueva, hipótesis que se
desvelará con futuras excavaciones en la misma. El
uso del fuego en el sitio será el objeto de un estudio
detallado en el futuro.
A lo largo de la sección estratigráfica de la banda J/K
se han realizado diversos análisis sedimentológicos
que han incluido la textura, mineralogía y carbono
orgánico, sobre un total de 52 muestras, en 21 de las
cuales se ha obtenido el contenido de carbono
orgánico total (TOC), tomadas a lo largo de las
secciones estratigráficas en las zonas J/K. La distribución del tamaño del grano se determinó por el
tamizado en seco para las fracciones gruesas. Las
fracciones menor de 100 mm se analizaron por fotosedimentación (MicromeriticsR SediGraph 5100 ET)
utilizando después Na-hexametafosfato como agente
dispersante. El análisis mineralógico de las muestras se llevó a cabo por medio de difracción de rayos
X (XRD), utilizando un equipo Siemens D-5000.
34
Además, el medio de la fracción de arena fina
(0,10/0,25 mm) se examinó con el microscopio óptico
para reconocer la presencia de minerales pesados.
La abundancia de TOC de 21 muestras se ha medido
utilizando un analizador elemental Eltra CS-800. Los
alojamientos de espeleotemas, de rocas y cantos
rodados incluidos en los sedimentos se han estudiado con microscopio petrográfico, después de la
elaboración de secciones finas y tinción con rojo de
alizarina S. Teniendo en cuenta el contenido arqueológico y la proporción de fragmentos de roca de
tamaño grueso, la secuencia sedimentaria se ha
dividido verticalmente en tres macro unidades principales (medidas Z desde el nivel 0):
Macro Unidad I (Z = -215 a -265 cm, con escaso
material arqueológico): En esta macro unidad, con
ligera pendiente hacia el este, el promedio de la
relación de fracción de grano fino a grueso es de
18/82, y el tamaño de grano (valores medios: grava
18%, arena 36%, 32% limo y arcilla 14%) y la mineralogía (valores medios: 8% de cuarzo, fosfatos-hidroxiapatito 11%, 29% filosilicatos y calcita 52%) tiene
una distribución relativamente homogénea. El color
dominante es el gris, marrón a marrón oscuro, con
una estructura sedimentaria que varía entre granular y bloques que alcanzan los 5 cm de diámetro, y
que muestran un grado variable de tamaño compacto. El conjunto de mineral de arcilla se compone de
fases muy desordenadas, incluyendo una arcilla
expansiva, probablemente esmectita o/y illita-esmectita de forma aleatoria en capas mixtas. El
contenido medio de TOC es de 1,45%.
Macro Unidad II (Z = -265 a -450 cm, con una gran
abundancia de material arqueológico): El promedio
de fracción de grano fino a grueso presenta una
relación de 22/78. Esta macro unidad también ligeramente inclinada el este, muestra una pendiente
heterogénea considerable, de textura con una volatilidad en la distribución de tamaño de grano (valores
medios: grava 22%, arena 40%, limo 27% y arcilla
11%), pero todavía con un predominio de arena y
limo. Los colores son más variables con tonos
marrones y rojizos destacando un nivel de unos 2 cm
de grosor negro, que aparece en torno a los 410 cm
de profundidad. La estructura dominante de los
sedimentos bajo un punto de vista mineralógico se
presentan con valores medios de cuarzo 7%, fosfatos
15%, ilosilicatos 30% y 48% de calcita. El conjunto
mineral de arcilla es similar al descrito en la Macro
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Unidad I con la identificación notable de esmectita,
illita y trazas de caolinita en las unidades estratigráficas más bajas. El estudio petrográfico de los
fragmentos de roca que se encuentran en la
muestra de esta unidad es principalmente de origen
carbonato (biomicrita, dedolomita y calcita espeleotémica procedente de espeleotemas) con un tamaño
que oscila entre 1 y 10 cm. El contenido de TOC varía
entre 0,56 y 2,37% con un promedio de 0,90%.
Macro Unidad III (Z= -450 a -580 cm, con una cantidad limitada del material arqueológico): El promedio del espesor de grano fino presenta una relación
de fracción de 4/96, que resulta en la mayor proporción de arena y limo de la secuencia. Los valores
medios del tamaño de grano son: grava, 4%, arena
34%, limo 45% y arcilla 17%. Aunque el contenido de
limo aumenta, el contenido de arena y grava disminuye en comparación a la Macro Unidad II, ello se ve
compensado por una mayor proporción de arcilla.
Los valores medios mineralógicos son: 9% cuarzo,
7% fosfatos, 38% filosilicatos y 46% calcita. En
comparación con la macro unidad II, el promedio
mineralógico presenta un aumento del valor de
filosilicatos y la disminución de fosfato. Los tonos
rojizos dominan y la estructura del sedimento es
granular. El mineral de arcilla en conjunto se
compone de esméctica (>50%) con illita y caolinita
subordinadas. El estudio petrográfico de los fragmentos de roca encontrados en la muestra de esta
macro unidad son principalmente en origen de
carbonato (dedolomita y dolomía), con tamaños en el
mismo rango que la Unidad II. El contenido de TOC
varía entre 0,41 y 0,97% con un promedio de 0,58%.
Los resultados del análisis de tamaño de grano
presentan un alto predominio de limos y arenas en
todas las macro unidades, con la intrusión esporádica de grava en las unidades estratigráficas ricas en
las Macro Unidades I y II. El contenido de arcilla es
bajo presentando sus valores más altos en la Macro
Unidad III. La falta de continuidad sedimentológica
en la distribución del tamaño del grano en la vertical
sugiere que los materiales, especialmente en las
Macro Unidades I y II, se han modificado. La muestra
total de mineralogía presenta mezcla de minerales
detríticos (filosilicatos, cuarzo, restos óseos, hidroxiapatito y carbonatos como la calcita y dolomía a
partir de fragmentos de roca) con otros procedentes
de solución de la precipitación, como la calcita y los
fosfatos autigénicos (withlockita). Los resultados de
la mineralogía de la arcilla son particularmente
interesantes porque las diferencias en los conjuntos
de minerales entre la Macro Unidad III y la Macro
Unidad II indicarían la existencia de un proceso
responsable de la degradación de illita y esméctica y
la pérdida de caolinita. Este proceso podría estar
relacionado con un evento térmico con los valores de
temperatura superior a 500º C. El contenido de la
variable de la tabla de contenido demuestra que la
materia orgánica no está distribuida uniformemente
en el depósito, los porcentajes más bajos se observan en la Macro Unidad III y los más altos en las
Macro Unidades I y II, lo que implica una mayor
disponibilidad de materia orgánica. La presencia de
withlockita especialmente en la Macro Unidad II
sugiere una alteración química y/o térmica del hidroxiapatito procedente del hueso y su reacción con el
Mg2+ dando origen a una serie rica en dolomita. El
estudio de estos materiales (Huet, 2003) sugiere que
la ausencia de poros y la bioturbación serían indicativas de que la acumulación sedimentaria no ha sido
sometida a muchas alteraciones químicas o biológicas post-deposicionales, produciéndose sólo la
carbonatación, de acuerdo con la buena conservación de los materiales líticos y los huesos. La difusa
o generalizada incrustación de los carbonatos en
varias unidades estratigráficas pudo ser causada por
su precipitación durante el calentamiento climático,
siendo su origen probablemente endógeno, procedente de la disolución de calizas al desintegrarse las
paredes de la cueva. Igualmente, la arcilla de los
depósitos sedimentarios, probablemente se originase en la superficie de las formaciones existentes
alrededor de la cueva infiltrándose por fisuras en el
karst, como el resultado de goteos de agua. El hecho
de que la mayoría de los granos de cuarzo sean
translúcidos y esté presente un número sustancial
de granos desgastados, demuestra que una cierta
proporción de los sedimentos son de origen alóctono, planteándose la hipótesis de que dichos granos
de cuarzo gastados podrían haber llegado por transporte eólico procedentes de las vecinas terrazas
fluviales.
3$/(2172/2*$
$1),%,26<5(37,/(6
La asociación de la herpetofauna de la cueva del
Ángel se nos presenta como un indicador paleocli-
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35
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
mático preliminar del entorno del yacimiento, y se
caracteriza por la presencia de taxones típicos del
dominio mediterráneo: Testudo hermanni, Timón
lepidus, Blanus cinereus, Malpolon monspessulanus
y Hemorrhois hippocrepis (por confirmar la presencia de esta última especie). La actual distribución
geográfica de la mayoría de estas especies tiene un
umbral climático relacionado con la temperatura y la
insolación de verano: un promedio anual de temperatura mayor de 10ºC, un promedio de temperatura
en los meses de verano de mayor de 21ºC y un
promedio anual de insolación de entre 2.500 y 3.000
horas (Cheylan, 1981; Blázquez y Pleguezuelos,
2002; Pleguezuelos y Feriche, 2002).
La determinación taxonómica de los quince restos de
anfibios hallados (Sanchiz, 1977; Bailón, 1999),
apuntan a la presencia de los géneros Discoglossus,
Alytidae (Alytidae) y Bufo (Bufonidae). Una vértebra
sacra nos muestra una morfología del tipo Discoglossus, con la presencia de un cóndilo anterior y
dos posteriores, y el agrandamiento de las apófisis
sacras, aunque en menor proporción que en el caso
de Alytes. Además, un fragmento de fémur distal
presenta una pronunciada curvatura característica
de la diáfisis de la familia Alytidae, sin la posibilidad
de una atribución más precisa. Bufo bufo y Bufo
calamita están representados por los elementos
típicos: húmero e ilio. Ambas especies se encuentran ampliamente distribuidas en la Península Ibérica donde ocupan una gran diversidad de hábitats.
Basándose principalmente en la morfología del
epiplastron y hipoplastron, el material estudiado de
Chelonia se atribuye a T. hermanni (Cheylan, 1981;
Hervet, 2000). En la actualidad sólo presente en la
región catalana, esta especie tenía presencia en una
zona más amplia en la Península Ibérica, incluyendo
Andalucía, probablemente hasta el Pleistoceno Superior, como se muestra en el Boquete de Zafarraya
(Lapparent de Broin y Antunes, 2000; Bailón, 2001;
Barroso Ruiz y Bailón, 2003).
Un total de 39 restos se han atribuido a Squamata.
La taxones representados por los géneros Chalcides
(Scincidae); Timon, Podarcis y Lacertidae ind.
(Lacertidae); Blanus (Blanidae); Coronella, Malpolon
y cf. Hemorrhois (Colubridae). Aunque no ha sido
posible atribuir la especie, se han hallado muestras
dentales cuyas características apuntan con precisión
a la presencia de Chalcides (apertura del canal de
36
Meckel y presencia de monocuspide pleurodóntica
dental adornada con coronas que muestran finas
estrías en la norma medial) (Bailón, 1991; Blain,
2009). Los lacértidos están representados por un
ilion perteneciente a un lagarto de gran tamaño (T.
lepidus) y por diversos elementos atribuidos a
especies pequeñas, entre las cuales aparece un
representante del género Podarcis. El escamoso
mejor representado en la cueva del Ángel es B.
cinereus, con 14 vértebras y 3 dentarios de morfología bien caracterizada (Bailón, 1991; Blain, 2009).
Las serpientes están representadas exclusivamente
por colúbridos, de los cuales se han identificado dos
vertebras bien caracterizadas, una perteneciente al
género Coronella sp. y otra correspondiente a M.
monspessulanus (Bailón, 1991; Blain, 2009). Otra
vértebra fragmentada presenta varias características
similares a la de H. cf. hippocrepis.
*5$1'(60$0)(526
Desde el descubrimiento de la cueva del Ángel en
1995, se han recuperado más de 120.000 restos
óseos, de los cuales más de 7.000 se han localizado
en la secuencia estratigráfica del yacimiento arqueológico, mientras que el resto se encontró en los
primeros años durante el limpieza de depósitos de
revuelto que cubría el yacimiento, como parte de las
operaciones de limpieza antes de las excavaciones.
También se han identificado en la secuencia unos
cuantos huesos post-craneales de la liebre (Oryctolagus sp). De los más de 7.000 restos coordenados,
2.959 presentan identificación taxonómica determinable en grandes mamíferos (Tab. 1).
El grupo taxonómico más importante que se encuentra en la secuencia corresponde a los grandes herbívoros, mientras que la presencia de carnívoros,
aunque apreciable es más modesta. La asociación
faunística está dominada por el caballo, Equus ferus,
seguido por los grandes bóvidos, Bos primigenius/Bison priscus, y cérvidos, Cervus elaphus y
Dama dama, seguidos muy de lejos por una buena
representación del suido Sus scrofa, el rinoceronte
Stephanorhinus hemitoechus, el oso pardo U. arctos,
y el lince L. pardinus spelaeus. El elefante Palaeoloxodon antiquus, y el lobo Canis lupus, son escasos,
mientras que Capra sp. es prácticamente inexistente. Esta acumulación faunística no es representativa
de un ambiente paleo-biodiversificado y refleja esencialmente la acción depredadora humana.
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TAXÓN
NISP
el cuerpo y el tamaño de los dientes; el IP aumenta
al final del Pleistoceno Medio.
CARNIVORA
Ursus arctos
109
Ursus spelaeus
1
Lynx pardinus spelaeus
88
Felis silvestris
3
Canis lupus
17
La cuestión de la biocronología de los équidos
caballinos sensu stricto en la Península Ibérica es
relativamente compleja (Maldonado, 1996; Sesé y
Soto, 2005; Cerdeño y Alberdi, 2006). Las variaciones
geográficas del tamaño y las proporciones de los
caballos en Europa (Cramer, 2002; Eisenmann et al.,
2002; Bignon, 2003) muestran dificultad para poder
compararlos con modelos extra-regionales para la
atribución taxonomíca de los équidos, en particular
en España, donde los caballos son a menudo más
pequeños que sus contemporáneos del resto de
Europa. El caballo de la cueva del Ángel, por su
tamaño cercano al de los encontrados en otros
yacimientos achelenses españoles, pero con un IP
más alto, razonablemente puede estar cronológicamente situado entre el final del Pleistoceno Medio y
el inicio del Pleistoceno Superior.
ARTIODACTYLA
Cervus elaphus
514
Dama dama
143
Sus scrofa
150
Bos / Bison
601
Capra sp.
1
PERISSODACTYLA
Equus ferus
Stephanorhinus hemitoechus
1.200
124
PROBOSCIDEA
Palaeoloxodon antiquus
TOTAL
8
S. hemitoechus (NISP=124). El rinoceronte de la
2.959
Tab. 1. Lista de macromamíferos descritos en la cueva del Ángel.
Las observaciones taxonómicas diagnosticadas se
presentan a continuación por orden de importancia
en cuanto a número de individuos presentes (NISP):
E. ferus (Número de Especímenes Identificados,
NISP=1.200) (Láms. 7, 8 y 9). La morfología dental
del équido de la cueva del Ángel y su esqueleto son
típicos de un caballo verdadero. Las dimensiones de
los dientes no varían mucho a lo largo de la secuencia estratigráfica. Su tamaño corporal (Índice de
Variabilidad del Tamaño, VSI) (Meadow, 1999) es cercano al de E. f. torralbae de los yacimientos achelenses de Torralba (Prat, 1977) y de La Solana de
Zamborino (Martín Penela, 1988). Sin embargo, el
promedio de IP (Protoconal Index) de la M1-2 es
relativamente alto, carácter que generalmente se
considera como progresista. Las dimensiones de los
dientes y las del esqueleto son mayores que las de
E. f. antunesi del Pleistoceno Superior portugués
(Cardoso y Eisenmann, 1989). Otras subespecies de
caballinos en España son microdentales (Torres
Pérezhidalgo, 1970; Altuna, 1973a; Alférez et al.,
1985). Los équidos caballinos del Pleistoceno Medio
europeo al norte de los Pirineos son más grandes en
cueva del Ángel (Láms. 10 y 11) es atribuido a la
especie S. hemitoechus encontrado en varios yacimientos de la Península Ibérica, evidenciando por
tanto su dispersión generalizada de norte a sur
(Sarrión et al., 1987; Cerdeño, 1990; Fernández Peris
et al., 1997; Cuenca-Bescós et al., 2005; Sánchez et
al., 2005; Van der Made y Montoya, 2007). Las dimensiones de los dientes inferiores son comparables a
los valores del S. hemitoechus encontrado en la
Gruta de l'Arago. Su gran tamaño después de la
reducción del segmento premolar y el desarrollo del
segmento molar, permiten clasificar al S. hemitoechus de la cueva del Ángel en la etapa evolutiva 3
(MIS 7-3) (Guérin, 1980; Lacombat, 2003) correspondiente a especies del final del Pleistoceno Medio y el
Pleistoceno Superior.
C. elaphus (NISP=514) y D. dama (NISP=143). El
ciervo está presente en toda la secuencia. Sus
molares inferiores y los premolares son cortos y
estrechos. Las dimensiones de los restos post-craneales encontrados corresponden a un ciervo de
tamaño mediano, similar a la forma de La Solana del
Zamborino (Martín Penela, 1988), pero más voluminoso que el de la cova Negra (Pérez Ripoll, 1977).
Los restos de D. dama están muy fragmentados.
Esta especie se encuentra en diversos sitios del
Pleistoceno Medio de la Península Ibérica (Martín
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CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
Lám. 7. Equus, fragmento de maxilar superior.
Foto: Rafael López Gómez.
Lám. 9. Equus, falange distal.
Foto: Rafael López Gómez.
38
Lám. 11. Stephanorhinus, fragmento de mandíbula.
MENGA. REVISTA
DE Rafael
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DE ANDALUCÍA
Foto:
López
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Lám. 8. Equus, fragmento de mandíbula.
Foto: Rafael López Gómez.
Lám. 10. Stephanorhinus, fragmento de mandíbula.
Foto: Rafael López Gómez.
Lám. 12. Sus, fragmento de mandíbula.
Foto: Rafael López Gómez.
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Lám. 14. Bos, molar.
Foto: Rafael López Gómez.
Lám. 13. Bos, metápodo.
Foto: Rafael López Gómez.
Lám. 15. Ursus, canino.
Foto: Rafael López Gómez.
Lám. 17. Canis, mandíbula.
Foto: Rafael López Gómez.
Lám. 16. Lynx, húmero, radio y tibia.
Foto: Rafael López Gómez.
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39
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
Penela, 1988; Azanza y Sánchez, 1990; Arribas, 1994;
Van der Made, 1999a y b; Canals et al., 2003). La
pequeñez de la muestra y la falta de astas no permiten la atribución de este material a una de las
subespecies descritas en otros yacimientos ibéricos
(D. dama clactoniana, D. dama dama o D. geiselana).
S. scrofa (NISP=150). Se encuentran restos de jabalí
a lo largo de toda la estratigrafía (Lám. 12). La riqueza de la muestra hace que sea una referencia para
las poblaciones del Pleistoceno. Las dimensiones de
molares y premolares son comparables a las de
Taubach (MIS 5e) y Petralona (Hünermann, 1977), lo
que indicaría que este jabalí es más bien robusto,
más que el de La Solana del Zamborino (Martín
Penela, 1988). Sin embargo, no alcanza el tamaño de
los de Terra Amata (MIS 11, Serre, 1987), Orgnac 3
(MIS 9, Aouraghe, 1992) o Mosbach (Pleistoceno
Medio Inferior, Faure y Guérin, 1983). Esto se confirma a partir de observaciones del material post-craneal. El tamaño del jabalí disminuye progresivamente durante el Pleistoceno (Faure y Guérin, 1983). El
jabalí de la cueva del Ángel es bastante más voluminoso que los actuales. Los individuos del sur de
España son, probablemente, más gráciles de acuerdo a la regla de Bergmann que se aplica a este
género, a saber, que en el Mediterráneo los jabalíes
son menores que los del norte de Europa. Por su
gran tamaño el jabalí de la cueva del Ángel puede
incluirse por orden cronológico al final del Pleistoceno Medio o durante el Eemiense.
B. primigenius y B. priscus (NISP=601). Numerosos
restos de grandes bóvidos se encuentran a lo largo
de la estratigrafía. Se han encontrado numerosos
dientes, generalmente de un tamaño grande, con
alto grado de hipsodontia. Las cornamentas son
poco frecuentes, sin embargo, las extremidades
completas nos ha permitido la determinación de B.
primigenius (Lám.13) mientras que unos pocos
fragmentos muestran ordenados surcos anchos y
profundos que por lo general se observan en núcleos
córneos de bisontes. Estos dos géneros raramente
se observan juntos en yacimientos españoles
(Altuna, 1973; Martín Penela, 1988; Van der Made,
1999a y b). Varios criterios de atribución de Bison
están generalmente presentes en los dientes y los
huesos del esqueleto, tales como radio, fémur, tibia
y calcáneo (Hue, 1909; Bibikova, 1958; Olsen, 1960;
Stamplfi, 1963). Su presencia es altamente probable,
a menos que estos criterios se interpreten como una
40
convergencia adaptativa de los caracteres morfológicos. Los criterios generales utilizados para discriminar entre las dos formas indican un marcado predominio de B. primigenius (Lám.14), el cual en la cueva
del Ángel es de un tamaño más pequeño que el gran
bisonte del Pleistoceno Medio europeo (Brugal, 1983;
Sala, 1986). Las importantes diferencias de tamaño
son asignadas al dimorfismo sexual (diámetro proximal radio transversal entre 108,7 y 128,5 mm).
Capra sp. (NISP=1). Un M1 poco gastado de Capra sp.
ha sido descubierto en la parte inferior de la secuencia (unidad estratigráfica XVII-2). Es más robusto que
el de Capra pyrenaica del Pleistoceno Superior de la
Península Ibérica (Granados et al., 1997; Barroso
Ruiz et al., 2003) y las formas existentes (Couturier,
1962).
P. antiquus (NISP=8). Los restos de elefante corresponden a fragmentos de colmillo, pequeña láminas
de marfil calcinado y características astillas.
U. arctos (NISP=109) y U. spelaeus (NISP= 1). El oso
pardo (Lám. 15) es el carnívoro más abundante y
está presente a lo largo de la estratigrafía. La morfología dental que se encuentra en el yacimiento es
típica de esta especie, es decir P4 compuesto por
tres cúspides bien individualizadas, un deuterocono
bien separado del metacono y colocado en una
posición distal, rasgos característicos de U. arctos
(Ballesio, 1983; Argant, 1991). El entoconido M1 está
constituido por un dentículo principal, a menudo
precedido por uno más reducido. Una ranura clara
cubre el talónido, individualizando y suavizando el
relieve de la cara, por contra en U. spelaeus la ranura es sustituida por cúspides accesorias (Quiles,
2003). El M2 es sencillo, mostrando un talón plano
marcado solamente por varias líneas y su anchura
oclusal disminuye progresivamente hacia el extremo
distal. Las dimensiones dentales encajan perfectamente dentro de la variabilidad ibérica de U. arctos.
U. arctos está presente en la Península Ibérica a
partir del Pleistoceno Medio en la TD 11 de Atapuerca (Ursus cf. arctos, García y Arsuaga, 2001) y al final
de este período en Galeria Pesada (Trinkaus et al.,
2003). Un fragmento de metapodo muy robusto confirma la presencia de U. spelaeus en el yacimiento.
L. pardinus spelaeus (NISP=88), Felis silvestris
(NISP=3) y C. lupus (NISP=17). El lince está representado principalmente por restos post-craneales
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LA CUEVA DEL ÁNGEL (LUCENA, CÓRDOBA): UN HÁBITAT ACHELENSE DE CAZADORES EN ANDALUCÍA
(Lám. 16) pertenecientes en su mayoría a un individuo (unidad estratigráfica XIII). Es de un tamaño
relativamente grande, comparable a los especimenes del Pleistoceno Superior del sur de Francia. La
cuestión importante es la posición sistemática del
Lynx del Pleistoceno ibérico y su relación filogenética
con la forma francesa mediterránea (L. spelaeus
Boule, 1906). La forma ibérica de L. pardinus spelaeus, encontrada por ejemplo en la Sima de los
Huesos de Atapuerca (García y Arsuaga, 2001) es
diferente de la francesa mediterránea y parece
evolucionar hacia el actual L. pardinus. Esta vía de
especiación se limitaría a la Península Ibérica
(Hemmer, 2004). La especie denominada "L. pardinus spelaeus" debe ser utilizada sólo para este tipo
ibérico, como una forma de transición en el linaje
anagenético de L. issiodorensis / L. pardinus spelaeus / L. pardinus.
huesos en casi todas las unidades estratigráficas de
la secuencia. En general, los fósiles se encuentran
en buen estado de conservación y con frecuencia
amalgamados en una masa concrecionada sobre la
matriz sedimentaria. Hay algunos elementos con
alteración de disolución en la superficie cortical,
asociados con procesos diagenéticos del sistema
kárstico y algunas evidencias de procesos vermiculares, acciones de bacterias, hongos o líquenes. El
efecto de la intemperie y la abrasión es casi inexistente, lo que significa que casi no hubo exposición
subaérea y ni prácticamente transporte. Con respecto a la rotura del hueso, se observan roturas ortogonales y escalonadas producidas por la compactación
de sedimentos. Esto ocurre donde la acumulación de
hueso es mayor, y especialmente en las zonas de
contacto entre los elementos óseos o con industria
lítica.
Tres restos post-craneales se atribuyen a F. silvestris (unidades estratigráficas XI/XIII). Este gato salvaje se conoce en la Península Ibérica a partir del
Pleistoceno Medio en Atapuerca SH (García y Arsuaga, 2001) y en varios otros yacimientos como La
Solana del Zamborino (Martín Penela, 1988).
$&&,21(6$175–3,&$6
El lobo, C. lupus, está representado por varios restos
fragmentados de pequeño tamaño (Lám. 17).
ANÁLISIS TAFONÓMICO Y ARQUEOZOOLÓGICO
La mayoría de los materiales óseos de la cueva del
Ángel se componen de astillas de hueso y fragmentos de diáfisis de huesos largos, y por consiguiente,
son difíciles de identificar taxonómicamente. El
tamaño de las astillas de hueso es predominantemente pequeño, entre 2 y 10 cm, y en el 90% de los
huesos largos la circunferencia no llega a 180º. Esto
da una idea del fuerte y avanzado proceso de fractura que este material ha sufrido.
Una importante característica del conjunto de huesos de herbívoros es la existencia de una significativa
proporción de fragmentación de los mismos para la
extracción de médula ósea (Fig. 6), mostrando además un considerable número de marcas de corte y
estrías relacionadas con la descarnación (9% del
material), fileteado y desarticulación (Lám. 18),
apareciendo por otro lado una alta proporción de
elementos quemados (88% del material). Todo ello
representa la evidencia inequívoca de una acción
antrópica reflejo de la depredación selectiva y el uso
por los humanos de los recursos alimenticios de
origen animal disponibles en el entorno de la cueva.
&216,'(5$&,21(6)6,&2480,&$6
El material fósil de la cueva del Ángel presenta una
serie de características específicas físico-químicas.
Una proporción sustancial de los huesos muestran
fuerte mineralización, con la presencia frecuente de
óxidos (óxidos de manganeso más abundantes que
los óxidos de hierro) en la parte cortical de los
Lám. 18. Marcas antrópicas de corte sobre la superficie de un
fragmento óseo. Foto: José Solano.
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41
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
Fig. 6. Representación de la proporción de los diferentes indicios de la acción antrópica sobre los restos óseos en la cueva del Ángel.
Las marcas longitudinales y las fracturas en espiral
son las más comunes en los huesos, por lo general
lisas, rectas o de superficies oblicuas. Estas características, junto con un gran número de muescas de
percusión corticales, constituyen las pruebas del
carácter antrópico intencional de los procesos de
fractura. Todos los elementos anatómicos craneales
y post-craneales se han visto afectados por estos
procesos, pero los huesos largos anteriores y posteriores lógicamente están sobre-representados. Los
huesos largos se fracturaron desde el centro de la
diáfisis hacia las epífisis hasta quedar reducidos a
pequeños fragmentos. Este proceso se aplica
también a numerosos huesos cortos y primeras
falanges seccionadas longitudinalmente. Para las
costillas, no hay evidencia de la fractura por flexión.
En el esqueleto craneal, hay un alto grado de fracturación de la porción del neurocráneo para acceder a
los elementos del cerebro, y en menor medida a la
del esplacnocráneo, fuente de menos nutrientes. En
la mayoría de los individuos, especialmente en los de
gran tamaño, las mandíbulas aparecen fracturadas
longitudinalmente en la parte basal del cuerpo
horizontal (Lám. 19). El alto grado de fragmentación
de los restos fósiles es la evidencia del máximo
aprovechamiento de los nutrientes y los recursos
disponibles en los animales del entorno cercano de
los ocupantes humanos de la cueva. Las marcas de
corte se observaron a lo largo de toda la secuencia.
Por lo general aparecen en grupos que muestran
42
una acción repetida en una zona determinada. En los
huesos largos se pueden encontrar en la sección
media del eje. Estas marcas de corte son oblicuas y
unidireccionales, y la superposición a veces en direcciones opuestas. Las proporciones sustanciales de
marcas de corte en los huesos realizadas con herramientas de piedra son, por ejemplo, marcas alargadas de sección curva, y están relacionadas con la
descarnación; o marcas cortas y gruesas de corte
profundo relacionadas en este caso con el fileteado
de la carne.
La acción de los carnívoros es rara (0,20% de
materia), manifestándose en forma de surcos,
huellas de roído, pinchazos, cúpulas y grabados de
ácidos gástricos (Haynes, 1983).
Las huellas del fuego en los huesos son las principales características tafonómicas de este conjunto
(Lám. 20). Aproximadamente el 88% del material ha
sido sometido a los diferentes grados de la combustión de la siguiente manera: huesos parcialmente
quemados en el extremo (5%); huesos calentados
con una coloración marrón (47%); y fragmentos de
huesos completamente calcinados, con un color
negro, gris y blanco (36%). Muchos dientes que fueron sometidos al fuego muestran grietas, en particular los de carnívoros y las mandíbulas de cerdo. Lo
anterior indicaría que la presencia de carnívoros es
debida a un transporte de estas especies a la cueva
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Lám. 19. Stephanorhinus, fragmento de mandíbula con fracturación antrópica basal.
Foto: Rafael López Gómez.
Lám. 20. Stephanorhinus, costilla fragmentada con acción diferenciada de fuego directo
Foto: Rafael López Gómez.
por los homínidos, para su posterior consumo. Todas
poblaciones de grandes herbívoros de la cueva del
Ángel muestran un perfil de mortalidad similar,
siendo el grupo más abundante el de los adultos,
mientras que los juveniles son escasos y los viejos
prácticamente ausentes. La abundancia de los restos procedentes de miembros esqueléticos indicaría
que los homínidos transportaron selectivamente los
huesos más ricos en contenido cárnico y medular.
&21&/86,21(6
Las evidencias sedimentarias y tafonómicas reunidas
en la secuencia de la cueva del Ángel indica una
estructura de combustión extensa que se extiende
desde las Unidades Estratigráficas IV a XII. Esta
estructura no muestra las características específicas
de hogares individualizados, como por ejemplo en el
Abric Romaní (Vaquero et al., 2001; Vaquero, 2008).
Habida cuenta de las acciones antrópicas importantes en los huesos de los grandes herbívoros, la naturaleza de las extremidades del esqueleto conservadas y la proporción muy alta (88% de promedio) de
material sometido a fuego en diferentes grados de
combustión, la cueva del Ángel puede ser considerada un sitio de intensa y continua ocupación donde se
desarrollarían actividades de carnicería de recursos
cárnicos cazados. Estos trajeron grandes cantidades
de carne a la cueva esencialmente de caballos y
bóvidos, con piezas desmembradas y cortadas. Los
animales fueron trasladados en piezas enteras o en
trozos grandes a la cueva para descarnarlos y ser
consumidos después de haber sido matados en el
entorno más cercano. Los numerosos fragmentos
procesados de restos craneales y post-craneales
(principalmente de los maxilares, mandíbulas, cráneos y cuernos de fragmentos y restos post-craneales, tales como vértebras, tarsos, falanges, así como
numerosos huesos largos altamente fragmentados,
principalmente fémures y tibias) que se encuentran
en toda la secuencia parecen confirmar la hipótesis
de la existencia de una casi continua ocupación
humana de la cueva. Los homínidos que ocupaban la
cueva del Ángel eran cazadores especializados de
los grandes herbívoros, ricos en nutrientes. La
mayoría de los restos de carnívoros encontrados en
el yacimiento se quemaron, lo que indicaría que ellos
también fueron llevados a la cueva y consumidos de
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43
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
la misma forma que los herbívoros. El pequeño
porcentaje de carnívoros y el bajo grado de acción de
los mismos sobre los huesos indicaría una presencia
excepcionalmente puntual del sitio por ellos, pero
dicha presencia no ha de tomarse como un uso del
lugar a modo de refugio o hábitat. El alto porcentaje
de fragmentos óseos en el depósito, causados por la
acción antrópica para obtener la médula ósea,
alimento rico en grasa con un alto valor nutritivo, se
completa con el uso generalizado de la fragmentación como método generalizado que no ha permitido
recuperar ningún hueso largo completo. Este
método se aplicó incluso a los huesos cortos, como
falanges o mandíbulas, elementos con contenido
calórico bajo. El gran porcentaje de huesos quemados de toda la secuencia estratigráfica es testimonio
de la utilización intensiva de fuego en el sur de la
Península Ibérica. La presencia de huesos carbonizados puede ser interpretada como evidencia de que
fueron utilizados como material combustible. Esta
asociación de grandes mamíferos en la cueva del
Ángel corresponde a una acumulación de origen
antrópico durante un largo período comprendido
entre el final del Pleistoceno Medio al comienzo del
Pleistoceno Superior. Los grandes herbívoros hipsodontos son las especies más abundantes, con los
cérvidos y jabalíes bien representados. Esta asociación refleja un entorno mixto de praderas arboladas,
probablemente con un clima más húmedo que hoy.
Dada la latitud del sitio y el tamaño medio de las
especies identificadas, más pequeño que la misma
especie del norte de Europa, esta fauna se puede
correlacionar con las asociaciones faunísticas del
final del Pleistoceno Medio.
&21-8172/7,&2
7,32'(',675,%8&,–1<0$7(5,$35,0$
Se han encontrado en el yacimiento más de 80.000
herramientas líticas. De este extraordinario número,
5.253 piezas han sido recuperadas y coordenadas en
posición estratigráfica, y el resto proviene de las
primeras operaciones de limpieza de sedimentos de
revuelto que cubrían el yacimiento antes de la
excavación. El presente análisis se realizará sobre la
base de 5.571 piezas, las 5.253 procedentes de la
estratigrafía y 318 obtenidas de los sedimentos
perturbados (IND) que se utilizan para caracterizar
mejor el conjunto de la industria. La distribución
44
espacial lítica a lo largo de la estratigrafía se muestra en la Tabla 2. Las unidades estratigráficas con
las herramientas líticas más abundantes corresponden a las Unidades Estratigráficas IV, IX, X y XV.
No hay unidades estériles lo que indicaría un proceso continuo de ocupación del sitio por los homínidos.
El conjunto está relativamente bien conservado a
pesar, en muchos casos, de la difícil extracción de
algunas piezas de la matriz de brecha. Algunos de
los sílex se encuentran altamente desilicificados. Se
observan evidencias de fuego en aproximadamente
un tercio de los artefactos en toda la secuencia, con
todo el abanico de la variación de las formas de
exposición al calor, tales como rubefacción, blanqueo, grietas y cúpulas térmicas. Parte del material
muestra una pátina desarrollada de color más o
menos blanco o crema, lo que refleja las diversas
etapas de la alteración superficial. Una pátina
diferenciada sugiere que algunos elementos fueron
modificados. Las lascas no trabajadas suponen la
gran parte de la muestra (53,71%) mientras que las
herramientas retocadas se encuentran en un
número significativo (15,76%), especialmente en las
unidades estratigráficas IV y XV, incluyendo la presencia, aunque modesta, de 50 hachas de mano.
Bifaces y lascas extraídas de la realización de éstos
están presentes en toda la secuencia. Piedras enteras, instrumentos de percusión y herramientas sobre
cantos rodados son extremadamente raros, pero
están presentes (Lám. 21).
Muchas de las lascas grandes (>2 cm) muestran
signos de desgaste con el uso, retoque irregular
delgado o plano. Hay una frecuencia relativamente
baja de lascas pequeñas procedentes de herramientas retocadas en todas las unidades estratigráficas,
que pueden sugerir que algunas de estas herramientas fueron producidas en lugares distintos al de
la cueva del Ángel. La representación tipológica
general de la industria varía poco a lo largo de la
estratigrafía.
El análisis macroscópico de las herramientas líticas
de la cueva del Ángel se llevó a cabo junto con la
identificación sistemática de un área dentro de un
radio de 60 km alrededor del yacimiento, con el fin
de identificar las diferentes materias primas utilizadas y localizar a sus posibles fuentes. Se han distinguido tres categorías petrográficas principales: sílex,
cuarcita y piedra caliza. De la cifra total de 5.571
artefactos, 5.422 (97,33%) están realizados sobre
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LA CUEVA DEL ÁNGEL (LUCENA, CÓRDOBA): UN HÁBITAT ACHELENSE DE CAZADORES EN ANDALUCÍA
Unidad
Estratigráfica
Herram.
retocadas
Lascas
>2 cm
Lascas
<2cm
Laminaslaminitas
Núcleo
Debri
I
64
148
168
10
25
II
30
64
33
4
1
III
62
IV
109
V
48
VI
60
Bifaces
Cantos
tallados
Nº
%
269
684
12,3
21
153
2,7
118
41
9
8
60
299
5,4
4
293
169
12
17
142
1
747
13,4
55
20
2
5
22
1
152
2,7
2
166
87
6
5
233
560
10,1
VII
31
85
31
5
3
36
VIII
26
65
21
2
7
18
IX
67
210
146
15
12
X
51
1
130
46
9
3
XI
18
1
64
10
2
3
16
XII
27
74
23
0
3
22
1
191
3,4
139
2,5
144
594
10,7
75
315
5,7
1
115
2
149
2,7
XIII
38
1
98
38
3
5
89
272
4,9
XIV
13
1
59
24
2
3
40
142
2,5
XV
107
1
237
96
8
17
111
577
10,4
XVI
23
31
8
3
2
22
89
1,6
XVII
8
49
6
1
2
8
74
1,3
0
0
2
0
35
67
12
0
151
8
318
5,7
100
XVIII
2
IND
44
TOTAL
828
46
2.013
979
93
272
1.336
4
5.571
%
14,9
0,8
36,1
17,6
1,7
4,9
24
0,1
100
Tab. 2. Distribución de la tipología lítica a lo largo de las unidades estratigráficas.
sílex, mientras que sólo 101 (1,81%) están hechos de
cuarcita, en piedra caliza 26 (0,47%) y los 22 restantes (0,39%) no han podido ser identificados. La
fuente de materia prima de sílex viene principalmente en la forma de guijarros, y con menor frecuencia
de pequeñas tabletas o bloques, con cuatro tipos
diferenciados macroscópicamente. Las diferentes
materias primas utilizadas fueron las siguientes:
T1. Sílex muy fino y opaco, con una considerable
variación en el color (gris, verde oliva amarillento,
caramelo, rojo o multicolor). Las piezas talladas
sobre este tipo de sílex a veces presentan una pátina
de color blanco o crema que las cubre más o menos,
y en algunos casos, se conservan restos de corteza
silícea. Es similar a los afloramientos de sílex del
Jurásico Bayocianense de la sierra de Araceli y de
las terrazas del río Genil, de la que la más cercana
se encuentra a unos 20 km del yacimiento.
T2. Sílex muy fino y homogéneo, de un color marrón
o translúcido gris y, a menudo mostrando una pátina
blanca, a veces contienen grietas. Es similar al sílex
en guijarros del Jurásico Oxfordiense presente la
cuenca del río Genil, con fácies menos variables que
las de tipo T1.
T3. Sílex oolítico y gris, a menudo patinado, con
numerosas micro-inclusiones fósiles características
de un entorno de arrecife. Es conocido en las formaciones Bayocianenses y Batonianenses del Jurásico
al sur de Lucena y aparecen en forma de cantos
rodados en las terrazas aluviales del río Genil.
T4. Sílex, silexita, negro con pátina oxidada de procedencia desconocida.
T5. Cuarcita fina o de grano grueso, de color gris,
rosado o rojo, sobre piedras redondeadas y con
neocórtex. Probablemente tiene su origen en las
terrazas del río Guadalquivir, en algún lugar a una
distancia mínima de unos 40 km del yacimiento.
T6. Piedra caliza de color beige a blanco. Está frecuentemente alterada y está disponible de varias
fuentes en los alrededores del sitio.
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45
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
7,32/2*$
Tipos de herramientas
sencillas
Nº
%
De las 828 piezas retocadas, la abrumadora mayoría
(823 piezas), que representa el 99,4% del total están
realizadas en sílex, mientras que el resto (cinco
piezas) se confeccionaron a partir de otro tipo de
roca.
Raspador
14
2
Buril
13
1,9
Perforador
2
0,3
Pieza trucada
13
1,9
Muesca clactoniense
59
8,6
Pequeñas herramientas retocadas
Muesca retocada
41
6
Muesca múltiple
4
0,6
Bec
16
2,3
Doble bec
1
0,1
Denticulado lateral
15
2,2
Denticulado transversal
7
1
Raedera lateral
294
42,9
Raedera transversal
85
12,4
Doble raedera
76
11,1
Triple raedera
9
1,3
Raedera convergente
26
3,8
Puntas
3
0,4
Punto de quinson
4
0,6
Protomilaza
2
0,3
Las raederas laterales (laterales individuales, y compuestas que representan el 75% del total de las
herramientas retocadas) son en gran parte el grupo
dominante a lo largo de la estratigrafía, con raederas
laterales individuales siendo el tipo más numeroso
(294 de 490 piezas). En segundo lugar se encentran
las raederas transversales, bien representadas
(17,3% de raederas individuales y 60% de raederas
compuestas) y existen raederas de doble filo. Las
raederas tienen con mayor frecuencia retoque
somero (28%), seguidas de las semi-retocadas (26%)
o planas (17%), con el 10% de las raederas con
retoque en forma de semi-Quina o Quina. La dirección de retoque más frecuente es el directo (76%), a
veces el inverso (14%) o bifacial (10%). Los porcentajes relativamente altos de retoque bifacial e inverso
pueden reflejar un aprovechamiento óptimo de las
materias primas, y suele usarse para configurar
instrumentos afilados. La morfología del borde más
frecuente es la convexa (64%), seguida de la rectilínea (26%), y a veces cóncava (7%) y raramente sinuosa (3%). Las piezas están finamente trabajadas, con
pocos bordes denticulados y una representación
relativamente fuerte de raederas rectilíneas que caracterizan al conjunto (Láms. 22, 23, 24, 25, 26 y 27).
Las herramientas con muescas (muescas, denticulados y picos), que suponen el 23,43% del total, son las
segundas herramientas retocadas más numerosas,
con una sola muesca de tipo clactoniense y muescas
retocadas (41), ambas son los tipos más frecuentes
en este grupo, seguidos de los denticulados (22) y
becs (17) como piezas menos frecuente. Dos denticulados convergentes se pueden considerar como
puntas de Tayac.
Las herramientas de los grupos de Paleolítico Superior, tanto individuales como compuestos (raspadores, buriles y truncaduras), son menos frecuentes
suponiendo sólo el 6,40% del total de las herramientas retocadas. Dentro de este grupo, raspadores,
46
Puntas de tayac
TOTAL
2
0,3
686
100
Grupo
Nº
%
Tipo Paleolítico
Superior
42
6,1
Herramientas
con muescas
143
0
Grupo de
raederas
0
71,4
Puntas
11
1,6
686
100
Tab. 3. Distribución de herramientas con retoque.
buriles y truncaduras son los más numerosos. Las
fracturas o bordes trabajados presentan plataforma.
Las herramientas truncadas son una especificidad
de la industria de la cueva del Ángel y pueden
paralelizarse con el adelgazamiento tipo Kostienky.
Los burinoides por extracción negativa están también presentes en la industria de la cueva del Ángel
al realizar retoques en los bordes de lascas. Las
herramientas punzantes en general son escasas
(1,33% del total de herramientas retocadas), e incluyen cuatro puntas de Quinson y dos proto-limaces.
Una de las características más destacada de industria de la cueva del Ángel es la frecuencia de lascas y
herramientas retocadas con adelgazamiento de sus
bordes. Tal adelgazamiento se observa no solo en las
bases de apoyo, sino también en sus bordes laterales y distales. El trabajo de adelgazamiento puede
ser simple o múltiple (Tabs. 2 y 3). Teniendo en cuenta las técnicas de retoques recurrentes identificados
a partir de los núcleos (más a menudo sobre sopor-
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LA CUEVA DEL ÁNGEL (LUCENA, CÓRDOBA): UN HÁBITAT ACHELENSE DE CAZADORES EN ANDALUCÍA
Lám. 21. Pico triédrico sobre canto de cuarcita.
Foto: Vincenzo Celiberti.
Lám. 24. Raedera transversal.
Foto: Vincenzo Celiberti.
Lám. 26. Raedera transversal.
Foto: Vincenzo Celiberti.
Lám. 22. Raedera doble convergente.
Foto: Vincenzo Celiberti.
Lám. 23. Raedera lateral.
Foto: Vincenzo Celiberti.
Lám. 25. Raedera doble convergente.
Foto: Vincenzo Celiberti.
Lám. 27. Raedera transversal y denticulado.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA
// Nº 03. 2012.
PP. 27-56. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
Foto: Vincenzo
Celiberti.
47
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
Lám. 28. Bifaz elaborado sobre plaqueta de sílex.
Foto: Vincenzo Celiberti.
Lám. 30. Bifaz de pequeno tamaño.
Foto: Vincenzo Celiberti.
48
Lám. 32. Bifaz triangular de pequeno tamaño.
Foto: Vincenzo Celiberti.
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Lám. 29. Bifaz elaborado sobre lasca de sílex.
Foto: Vincenzo Celiberti.
Lám. 31. Bifaz.
Foto: Daniel Botella Ortega.
Lám. 33. Núcleo discóide unifacial.
Foto: Vincenzo Celiberti.
LA CUEVA DEL ÁNGEL (LUCENA, CÓRDOBA): UN HÁBITAT ACHELENSE DE CAZADORES EN ANDALUCÍA
tes de lascas), este "adelgazamiento" se puede
confundir con la producción de pequeñas lasquitas
sencillas.
Bifaces y herramientas pesadas de trabajo
Hay un total de 50 bifaces (Láms. 28, 29, 30, 31 y 32),
de los cuales sólo 11 aparecieron en posición estratigráfica original. Estos son bastante pequeños (promedio de longitud = 84,2 mm), pero sí muestran una
variabilidad de tamaño considerable (el más grande:
118 mm de largo y el más pequeño: 54 mm). Los dos
tercios del total de bifaces (21) están realizados
sobre sílex, con nueve piezas en cuarcita, y seis en
piedra caliza. Los bifaces se configuran principalmente sobre lascas o grandes piedras fracturadas, y
conservan algunos residuos de zona cortical. Se
realizan a partir de extracciones iniciales y bifaciales,
existiendo una segunda fase donde se traslada la
pieza al yacimiento, y se trabaja con retoques más
cortos dando a la misma su conformación definitiva.
Sus bordes son, a veces pero no siempre, sinuosos, y
algunos conservan superficies planas que pueden
haber servido como zona de agarre. La distinción
entre el retoque secundario y la talla de la herramienta es significativa.
Todos los bifaces muestran extremidades puntiagudas relativamente delgadas. En general, las piezas
puntiagudas muestran un bajo grado de convergencia. Los bordes laterales son comúnmente cortos,
aunque hay excepciones tales como la forma cordiforme que es la más abundante que se encuentra
(17). Hay siete piezas bifaciales reconvertidas en raederas, seis bifaces con forma ovalar con un bajo
grado de convergencia, tres de tipo lanceolado y una
pieza subtriangular. Existen siete bifaces rotos, principalmente bases (cinco), sólo una punta, y cuatro
piezas bifaciales que presentan un borde terminal
biselado, dos de las cuales realizadas sobre cuarcita,
pueden ser consideradas como bifaces atípicos. El
conjunto incluye un hendedor simple (83 x 66 x 46
mm) y un pico triedro (82 x 63 x 44 mm), ambos
sobre cuarcita. El filo del hendedor esta realizado
con siete golpes unidireccionales y retoque en
ángulo. El pico (Lám. 21) aparece golpeado sobre un
yunque y se realizó con una fractura voluntaria alargada. El extremo puntiagudo, así como los dos bordes laterales de la herramienta, tienen retoque mixto
irregular.
7(&12/2*$×',6&86,–1
Hay una ausencia casi total de lascas grandes corticales en la estratigrafía, lo que podría significar que
las materias primas eran introducidas en el yacimiento como grandes núcleos preconfigurados o
excepcionalmente bajo la forma de bloques o piedras, con una fase inicial de reducción realizada
fuera del sitio arqueológico..
Sin embargo, dado el gran número de artefactos
residuales de cara plana, tipo Kombewa, no se puede
descartar, a modo de hipótesis, la posibilidad de que
parte de las materias primas se introdujeron en el
sitio como grandes lascas, o, a veces con una preparación preliminar para
su fracturación. Estos
grandes soportes primarios habrían sido reducidos a
desechos en el sitio por una talla intensa, y esto
explicaría su ausencia del yacimiento. En cualquier
caso, la identificación de soportes originales de los
núcleos se hace difícil por la intensidad de la reducción a la que se sometieron durante el proceso de
talla. Esquemas operacionales se dirigieron hacia
los soportes cada vez más pequeños como los
volúmenes que se redujeron repetidamente utilizando la técnica de tallado de núcleo. De los 272 núcleos analizados, 121 fueron encontrados en una absoluta posición estratigráfica. Su frecuencia varía
dentro de la estratigrafía y representa generalmente
menos del 4% del total.
La mayor parte del núcleos (95%) fueron realizados
sobre sílex y el resto en cuarcita, que refleja la distribución de lascado sobre la materia prima. La talla
recurrente unipolar destaca en las piezas de sílex,
mientras que la talla bifacial discoidal se observa
más comúnmente en las de cuarcita. La talla
recurrente unipolar en sílex se realizó a partir de
plataformas preparadas previamente (Lám. 33). Las
superficies de extracción son convexas o planas,
produciendo estas últimas lascas muy finas. Esta
técnica se asemeja a la de "adelgazamiento de la
pieza", pero el límite entre estos dos métodos es
bastante claro. Cada secuencia de talla recurrente
sucesiva se continúa sorprendentemente con un
cambio en la plataforma (dirección), las superficies
explotadas a veces, a su vez se convierten en plataformas. La morfología del núcleo se puede desarrollar combinando la producción de lascas centrípetas,
de Levallois recurrente de lascas, o los tipos discoidales, incluso parciales, junto con sus componentes
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49
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
típicos. Esta técnica también ocasionalmente produce cuchillos y/o laminillas. La técnica Levallois está
ausente en el yacimiento. Las etapas finales de
lascado son a menudo discoidales (unifaciales o
bifaciales), produciendo lascas más pequeñas de dos
cm de largo. Existen unos pocos núcleos piramidales, con extracciones centrípetas siguiendo la morfología del núcleo. Estos núcleos se acercan a los tipos
de muesca o denticulado. Este método de talla se
aplica más frecuentemente en el extremo de las
secuencias de talla en los núcleos agotados.
La descamación es muy intensa y la mayoría de los
núcleos presentan dimensiones medias muy bajas y
numerosos negativos de eliminación. Las dimensiones de las lascas tienen entre 30 y 40 mm. La
abundancia de lasca desbordante y de lasca sobrepasada muestra una sistematización intencional de
las superficies convexas de explotación.
El conjunto lítico de la cueva del Ángel parece
encajar bien dentro de la diversidad regional de una
industria desarrollada al final del Achelense, y
observada generalmente al final del Pleistoceno
Medio de Europa occidental. La adquisición de materia prima es principalmente local, que es una característica típica del comportamiento que se encuentra
en muchos países de Europa occidental, en sitios
definidos como achelenses y musterienses (Geneste,
1985).
La originalidad de la industria lítica de la cueva del
Ángel puede quizá interpretarse como una expresión
más de la variabilidad regional observada en muchos
otros yacimientos de España así como en otros
lugares de Europa occidental a finales del Pleistoceno Medio. Hay un puñado de yacimientos que se
enmarcan en este periodo (globalmente al rededor
de MIS 6/5) con un contexto estratigráfico documentado en España: Bolomor (Fernández Peris, 2007),
TG 11 en Atapuerca (Carbonell et al., 1999) y varias
localidades en el centro de España, como por
ejemplo, Cuesta de la Bajada (Teruel) (Santonja et
al., 1990). En el suroeste de Francia, un número de
yacimientos, a veces atribuidos al Achelense meridional como Combe-Grenal (Debenath, 1976), muestran similar variación regional (Turq, 1992). También
varios conjuntos que datan del mismo período
muestran la presencia de talla Levallois, aunque
ésta no se había desarrollado o generalizado, tal
como son los casos de Baume Bonne (Notter, 2007;
50
Gagnepain y Gaillard, 2005) y Lazaret (Lumley et al.,
2004, 2008).
&21&/86,21(6 62%5( (/ &21-8172
/7,&2'(/$&8(9$'(/„1*(/
El yacimiento arqueológico de la cueva del Ángel fue
descubierto en 1995 gracias a una secuencia
sedimentaria que se correspondía a los restos de
una cueva colapsda dentro de un complejo kárstico
que también incluye una cavidad cercana o covacha,
que da acceso a un sumidero (Sima), y con un cono
de 70 m de relleno. Se ha excavado un túnel horizontal artificial desde el lateral de la colina en el año
2009 que llega a la sima. Seis campañas de excavaciones han generado una considerable cantidad de
material arqueológico compuesto esencialmente de
restos óseos de mamíferos y artefactos líticos.
Las características tafonómicas que ha mostrado el
estudio del conjunto de la fauna herbívora (dominado
por el caballo, grandes bóvidos y cérvidos) incluyen
la intensa fragmentación de los huesos para la
extracción de la médula, con un importante número
de marcas de corte y estrías, y la alta proporción de
los elementos quemados. Estas acciones antrópicas
reflejan la depredación selectiva y el uso de los
recursos alimenticios de origen animal disponible en
los alrededores de la cueva por los humanos. El
conjunto corresponde a una acumulación antrópica
durante un largo período desde el final del Pleistoceno Medio al comienzo del Pleistoceno Superior.
Teniendo en cuenta la latitud del lugar y el tamaño
medio de las especies identificadas, más pequeño
que el de las mismas especies del norte de Europa,
esta fauna se puede correlacionar con las asociaciones faunísticas del final del Pleistoceno Medio.
Alrededor del 88% de los huesos de restos de fauna y
un tercio de los artefactos líticos se encuentran
quemados con un amplio espectro de colores. En
lugar de hogares pequeños bien situados, una extensa estructura de combustión nos indica el intenso
uso continuo de la cueva por sus habitantes.
El conjunto lítico de la cueva del Ángel (dominado
por lascas sin retocar y abundantes herramientas
retocadas con la presencia de 50 bifaces) parece
encajar bien dentro de la diversidad regional de una
industria bien desarrollada del Achelense Final,
generalmente observada al final del Pleistoceno
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LA CUEVA DEL ÁNGEL (LUCENA, CÓRDOBA): UN HÁBITAT ACHELENSE DE CAZADORES EN ANDALUCÍA
Medio en Europa occidental. Los patrones de talla en
la cueva del Ángel reflejan una secuencia de trabajo
exhaustiva, bien estandarizada y el uso económico de
materiales de calidad relativamente finos. Las fases
iniciales de talla no se encuentran presentes en el
yacimiento, por lo que tuvo que realizarse fuera del
mismo. Los homínidos de cueva del Ángel practicaban un singular esquema de ramificación operativa
basado en la aplicación repetida de talla recurrente
unidireccional, a menudo radial, y talla preparadas a
partir de plataformas. Este económico método
produce a veces que los núcleos adopten una morfología similar a la forma Levallois, aunque se han
logrado a través de un complejo proceso tecnológico
diferente. Los núcleos unifaciales y bifaciales discoidales también están presentes, aunque no son
dominantes.
Otra tecnología específica en este sitio se refiere a
las lascas extraídas desde bordes retocados de las
herramientas, dando un producto con una determinada morfología, que rara vez se observa en otros
lugares. Este producto singular es un sello distintivo
de la industria de la cueva del Ángel.
Un estudio preliminar de la fecha de 230Th/234U 121
ka/+11-10 ka BP (Zouhair, 1996), la revisión del
conjunto lítico y las evidencias faunísticas estaría a
favor de una posición cronológica del yacimiento en
un período de se extiende desde el final del Pleistoceno Medio al principio del Pleistoceno Superior,
desde el MIS 11 al MIS 5. Además del marco cronológico futuras investigaciones ayudarán a definir aún
con mayor precisión el yacimiento. Está claro que la
importancia de la cueva del Ángel debe evaluarse en
el contexto de los nuevos descubrimientos arqueológicos de registros de las industrias achelenses en la
Península Ibérica.
La mayor parte de los conjuntos conocidos del
achelense de la Península Ibérica se sitúan en las
terrazas de los principales ríos (Guadalquivir,
Guadiana, Tajo, y Duero), todos ellos parecen tener
una antigüedad de 400 ka BP, e incluso podrían ser
anteriores (Santonja y Villa, 2006). De acuerdo con
los autores del estudio de las citadas industrias de
terrazas, tecnológicamente se alejarían de las
encontradas en cueva del Ángel, dado que esencialmente están talladas sobre cantos de cuarcita,
explotando radialmente la superficie y con desechos
de talla, realizadas con una preparación limitada de
la periferia. Aunque por otro lado existen pruebas de
los remontajes progresivos que recuerdan al Paleolítico Inferior de Ambrona, así como de la utilización
de la técnica Levallois y la normalización de las
pequeñas herramientas (Santonja y Villa, 2006). No
obstante, los asentamientos que podrían ayudar a
clarificar la ubicación de la industria de la cueva del
Ángel se encuentran en contexto de cuevas, tales
como TG 11 en Atapuerca (Carbonell et al., 1999), en
la cueva del Bolomor (Fernández Peris et al., 1997;
Fernández Peris, 2007) y Galería Pesada (Portugal)
(Marks et al., 2002).
De acuerdo con J. Fernández Peris (2003), tres fases
se distinguen en el complejo industrial de la cueva
del Bolomor: la fase A (MIS 9-7), la más antigua,
representa un tecnocomplejo de lascas con escasa
presencia de la técnica Levallois y la ausencia de
bifaces, con denticulados más abundantes que las
raederas laterales y un bajo grado de elaboración
tecnológica; la fase B (MIS 6), conjunto casi exclusivamente de lascas de piedra caliza de gran tamaño
con poca transformación del material; y la fase C
(MIS 5e), período de intensa ocupación con herramientas pequeñas, se vuelve a trabajar gran cantidad de artefactos de sílex, se diversifica el uso de los
núcleos, con gran presencia de raederas laterales y
una gran diversidad de las herramientas retocadas.
Así, el autor concluye que el paso del Pleistoceno
Superior (MIS 5e) en la cueva del Bolomor muestra
un aumento de la variedad de útiles musterienses en
términos de tipos y tecnología, y atribuye las unidades estratigráficas superiores a un Charentiense no
laminar Musteriense, sin tecnología Levallois.
Con estas premisas en mente, parece que la cueva
del Ángel representa una oportunidad importante y
única para poder estudiar y comprender la presencia
de las industrias achelenses en un ambiente de
caverna en la Península Ibérica. Esta cueva cuya
ocupación se desarrolla a finales del achelense
puede tener una explicación en función de tres
posibles hipótesis:
1. que su industria representa una transición al
Musteriense.
2. la adquisición por aculturación de un innovador y
más generalizado modo de talla musteriense por
parte de los grupos humanos achelenses.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 27-56. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
51
CECILIO BARROSO RUÍZ ET AL.
3. la perpetuación de las tradiciones culturales
achelenses con características culturales y de
comportamiento más complejos derivada de un
proceso de convergencia, en paralelo con la
existencia contemporánea de complejos de forma
exclusivamente musterienses en otras partes de
la Península Ibérica y Europa occidental.
Lo que es evidente a partir de una comparación
superficial con, por un lado la industria no achelense
de Bolomor, ilustrativa de los tecnocomplejos Paleolítico medio mediterráneo, y de otro lado con los
conjuntos achelenses de Ambrona con tecnología
Levallois en las unidades estratigráficas superiores y
los conjuntos basados en cuarcita de las terrazas de
los ríos, todos presumiblemente contemporáneos, es
que esta diversidad encaja muy bien con la evidencia
arqueológica que se encuentra en otras regiones de
Europa occidental (Villa, 2009). Este autor establece
que en Europa Occidental, incluida España, las
industrias con bifaces y sin restos de talla Levallois
(por ejemplo, cueva del Ángel) coexisten en MIS 8 a 6
con las industrias sin bifaces y sin restos de talla
Levallois (por ejemplo, Bolomor) o con las industrias
con restos de talla Levallois y algunos bifaces (por
ejemplo, los niveles superiores de Ambrona) e industrias con evidencias de talla Levallois y sin bifaces.
Esto tendería a confirmar la opinión de que no existe
una frontera clara entre el Paleolítico Inferior y
Medio en la Península Ibérica, y que las herramientas realizadas sobre lascas, consideradas como una
característica del Paleolítico Medio, son comunes en
las industrias achelenses, como aparecen en la
cueva del Ángel, así como en industrias del Paleolítico Medio con las características que aparecen en la
cueva de Bolomor. Por lo tanto, los autores consideran que el conjunto lítico achelense encontrado en la
cueva del Ángel encaja muy bien con la hipótesis de
una continuación de tradiciones culturales achelenses en el yacimiento dando como resultado características culturales adaptativas más complejas y de
comportamiento relacionadas con las limitaciones
geográficas y climáticas, la disponibilidad local de
materias primas y recursos de alimentos animales.
El conjunto tecnológicamente desarrollado in situ en
la cueva del Ángel representa un proceso de convergencia adaptativa distinto al de los complejos
contemporáneos únicamente musterienses atestiguados en otras partes de la Península Ibérica y
Europa occidental, donde surgen diferentes limitaciones ambientales de supervivencia.
52
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LA CUEVA DEL ÁNGEL (LUCENA, CÓRDOBA): UN HÁBITAT ACHELENSE DE CAZADORES EN ANDALUCÍA
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 27-56. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
57
Productos líticos trabajados en las cuencas fluviales del Guadalteba.
Foto: Pedro Cantalejo Duarte.
DOSSIER
LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO DE LA COMARCA DEL GUADALTEBA (MÁLAGA, SUR DE ESPAÑA) POR SOCIEDADES DEL PLEISTOCENO
/$2&83$&,Ï1'(/7(55,725,2'(/$
&20$5&$'(/*8$'$/7(%$0È/$*$685
'((63$f$32562&,('$'(6'(/
3/(,672&(12
Javier Medianero Soto1, José Ramos Muñoz2, Pedro Cantalejo Duarte3, Juan José Durán Valsero4, Gerd-C. Weniger5,
Salvador Domínguez-Bella6 y Mar Espejo Herrerías3
5HVXPHQ
En la comarca del Guadalteba (noroeste de Málaga) hemos desarrollado desde hace años una intensa
actividad de prospección arqueológica relacionada con la documentación de registros arqueológicos
vinculados a las sociedades del Pleistoceno y del Holoceno en los valles de los ríos Turón y Guadalteba, en
estrecha relación con la ocupación social de los macizos montañosos kársticos. Presentamos en este trabajo
el enmarque geográfico, geológico, geomorfológico y un análisis de las materias primas documentadas. Se
presentan las zonas de localización de productos líticos en relación a su enmarque cronoestratigráfico. Se
realiza un ensayo de análisis histórico sobre la ocupación de la zona por sociedades cazadoras-recolectoras
con tecnología muy definida de modos II y III.
3DODEUDVFODYHGuadalteba, Málaga, Pleistoceno, sociedades cazadoras-recolectoras.
7+(3/(,672&(1(62&,(7,(62)7+(*8$'$/7(%$5(*,210È/$*$
6287+2)63$,1
$EVWUDFW
In the region of Guadalteba (northwest of Malaga) we have developed for many years intense archaeological
surveys linked to the Pleistocene and Holocene societies located on the Turón and Guadalteba river valleys. In
this paper we analyse the geographical, geological and geomorphological characteristics of the region in
connection with the raw materials documented. Especially, the lithic products are linked to its
chronostratigraphic context. Finally, a general overview of hunter-gatherer societies of this region with welldefined technologies of mode II and III will be carried out.
.H\ZRUGVGuadalteba, Malaga, Pleistocene, hunter-gatherer societies.
1
Escuela Taller, Consorcio Guadalteba. [[email protected]]
Área de Prehistoria, Universidad de Cádiz. [[email protected]]
3
Red Patrimonio Guadalteba, Consorcio Guadalteba. [[email protected]]
4
Instituto Geológico y Minero de España. [[email protected]]
5
Stiftung Neanderthal Museum. [[email protected]]
6
Departamento de Ciencias de la Tierra, Universidad de Cádiz. [[email protected]]
2
Recibido: 27/05/2012; Aceptado: 28/09/2012
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 59-81. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
59
JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
,1752'8&&,–1
Se presenta una síntesis de los trabajos realizados
por un equipo de investigadores en la comarca del
Guadalteba (Málaga) durante las tres últimas décadas, autorizados por la Junta de Andalucía y promovidos y cofinanciados por el Ayuntamiento de Ardales
y el Consorcio Guadalteba. Los trabajos preliminares
han sido desarrollados por Pedro Cantalejo, Mar
Espejo, José Ramos, Javier Medianero y Juan José
Durán y, posteriormente, han tenido continuidad con
la incorporación de Salvador Domínguez-Bella. Un
nuevo proyecto de colaboración hispano-alemán ha
comenzado en el otoño de 2011 en cueva de Ardales
y el complejo kárstico de Las Palomas (C. K. de Las
Palomas) de Teba, reforzándose el colectivo de
investigadores con Gerd-C. Weniger.
llanura-vega situada al este. La Serranía de Ronda,
grandioso conjunto montañoso, se sitúa al oeste. El
valle del bajo Guadalhorce limita la comarca hacia el
sur y, por último, las suaves colinas típicas de la
morfología de campiña, constituyen la antesala del
Guadalquivir por el norte.
En conjunto, la comarca del Guadalteba se localiza
sobre un medio físico abierto y escasamente encajonado. Sin embargo, en su interior existen también
algunos “pasos” estratégicos, conformados por cañones o desfiladeros kársticos como el Desfiladero
de los Gaitanes y el Tajo del Molino de la Venta.
Ambos son espacios angostos con senderos y caminos muy cerrados y escasa visualización espacial.
Por el contrario, fuera de estos singulares entornos,
los valles del río Guadalteba y del río Turón proporcionan un mayor control del territorio circundante.
La comarca del Guadalteba es un territorio frontera
entre el altiplano de Antequera, al noroeste de la
provincia de Málaga y las sierras de Ronda-Cádiz, a
caballo entre las provincias de Málaga y Cádiz, que a
lo largo del Pleistoceno han permitido la comunicación y los contactos entre una parte del interior
andaluz y las vertientes mediterránea y atlántica del
sur de la Península Ibérica.
Los registros arqueológicos, de los que se expondrá
un avance somero, presentan muchas posibilidades
de investigación, particularmente para el estudio de
las sociedades cazadoras-recolectoras-pescadoras.
Se aportarán unas ideas de su enmarque geográfico
y geológico para posteriormente ofrecer algunas
referencias de los productos arqueológicos documentados hasta el presente, así como un sucinto
encuadre tecnológico con sus referencias y contextos
históricos.
0$5&2)6,&2&20$5&$/
La comarca del Guadalteba (Málaga) la conforman
los municipios de Almargen, Ardales, Campillos,
Cañete la Real, Carratraca, Cuevas del Becerro,
Sierra de Yeguas, Teba y la Entidad Local Autónoma
de Serrato. La población actual (2011) supera los
27.000 habitantes.
Guadalteba se configura como un medio natural
geográfico situado entre relieves muy diversos (Fig.
1). Por un lado, los Llanos de Antequera, auténtica
60
Fig. 1. Situación de la comarca del Guadalteba.
$&&(626$/7(55,725,2
Los accesos naturales a la comarca son numerosos
y de gran interés geoestratégico. Por un lado están
las cuencas fluviales que constituyen corredores
naturales, importantes para las comunicaciones, y
por otro lado los puertos de montaña ubicados entre
la red hidrográfica. Ésta es relativamente densa y se
estructura sobre tres grandes cuencas correspon-
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 59-81. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO DE LA COMARCA DEL GUADALTEBA (MÁLAGA, SUR DE ESPAÑA) POR SOCIEDADES DEL PLEISTOCENO
dientes al río Guadalhorce y sus dos afluentes
principales, Guadalteba y Turón. A los ríos, auténticas vías de comunicación del pasado, se le suman el
puerto natural de Ardales por el sur, la zona de
Gobantes en el sureste; y el Saltillo, en la localidad
de Cuevas del Becerro, con una altura de 900 msnm.
Más allá se localizan numerosas suaves colinas que
desde Campillos y Almargen alcanzan la campiña de
Sevilla. Destaca la sierra de Los Caballos, en sierra
de Yeguas, que alcanza una cota de 740 msnm.
de las sierras del Valle de Abdalajís y Huma, para
entrar posteriormente en la hoya de Málaga y acabar
desembocando en el Mediterráneo, al oeste de la
ciudad de Málaga, mediante un pequeño abanico
deltaico. Atraviesa algunos enclaves de gran valor
natural y paisajístico que, en ocasiones, es el propio
río el que los ha originado, como ocurre con el desfiladero de Los Gaitanes y la desembocadura del
Guadalhorce, ambos declarados parajes naturales
protegidos.
(10$548(*(2/–*,&2<*(2025)2/–*,&2
Los principales afluentes del Guadalhorce en su
cuenca alta y media son, todos ellos por la derecha:
el arroyo Marín, con su espectacular hoz, labrada
sobre materiales triásicos ricos en yesos y sales; el
río Guadalteba, que drena una extensa cuenca del
noroeste de la provincia, incluyendo a su afluente el
río de Almargen; y el río Turón, que nacido en la
sierra de Las Nieves como río del Burgo, alcanza al
Guadalhorce apenas unos centenares de metros
aguas abajo del Guadalteba, ofreciendo un complejo
nodo hidrológico extraordinariamente infrecuente,
inmediatamente aguas arriba del desfiladero de los
Gaitanes. En su cuenca baja, una vez superado este
cañón fluviokárstico, sus principales afluentes son,
por la derecha, el río Grande, cuyo nacimiento -el
El río Guadalhorce es la arteria fluvial de mayor
longitud de la provincia de Málaga, con 154 kilómetros de cauce principal. Su cuenca vertiente ocupa
una parte importante de la zona septentrional y
centro-meridional de la provincia. Desde su nacimiento al pie de la sierra de San Jorge, cerca del
límite con la provincia de Granada, discurre por la
depresión de las Villanuevas, atraviesa el Trías de
Antequera (Fig. 2) por un cañón labrado en los
materiales yesíferos triásicos, pasa mansamente por
las vegas de Archidona y Antequera, y se encaja
espectacularmente en el espinazo calcáreo jurásico
correspondiente a la terminación occidental (Fig. 2)
Fig. 2. Geología del Guadalhorce medio, la línea negra delimita la comarca del Guadalteba. 1. Triásico: arcillas abigarradas. Areniscas rojas,
yesos y calizas; 2. Cuaternario: conglomerados, arenas y arcillas; 3. Paleógeno-Mioceno Inferior: arcillas y margas: 4. Cretácico: calizas y
margas; 5. Jurásico: calizas y margas; 6. Jurásico: dolomías y calizas y 7. Mioceno Superior-Plioceno: calcarenitas, margas, yesos y calizas.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 59-81. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
61
JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
manantial de Zarzalones- es la salida por drenaje
subterráneo más importante de la sierra de las Nieves, y por la izquierda, el río Campanillas.
La comarca de Guadalteba se encuadra en el marco
del Guadalhorce medio, con unas características
morfológicas que definen, fundamentalmente, las
cuencas de los ríos Guadalteba y Turón. Aunque
ambas tienen un trazado general de oeste a este,
presentan diferencias muy significativas, debidas a
los rasgos fisiográficos de sus cuencas altas. Ambos
son ríos alimentados en las cabeceras por aportes
de aguas subterráneas y superficiales; el Guadalteba
presenta una cuenca relativamente extensa, de materiales muy fácilmente erosionables, con tendencia
a la formación de importantes terrazas aluviales. El
Turón presenta, por el contrario, una cuenca más
reducida, un trazado más lineal y la presencia de
materiales más resistentes a la erosión.
(/0$5&2)6,&2/$6/,72/2*$635(6(17(6
En los últimos años se tiene cada vez más, un mejor
conocimiento de las materias primas presentes en
las industrias líticas silíceas descritas en los
yacimientos de la zona (Domínguez Bella et al., 2001;
Lozano Rodríguez et al., 2010). No obstante, se han
dado casos en que en la bibliografía existente aparecen denominaciones que han dado lugar a confusión,
en relación a su verdadera descripción petrológica o
mineralógica, confundiéndose términos como cuarcitas con areniscas compactas o silicificadas, sílex
rojos con radioralitas, etc.
En relación con el sílex y otros materiales silíceos,
son numerosos los afloramientos situados en el
Guadalhorce (Fig. 3), cerca de los cortijos de Corregalo, Preciso, Barruecos y Núñez, ocupando este
último una gran extensión; en sierra Llana, sierra
Valle de Abdalajís y el Torcal de Antequera, en los
cortijos de Cantarero y el de Los Navazos, frente al
cerro del Águila se localizan sobre vastas extensiones (AA.VV., 1990b), a lo que habría que añadir una
gran cantidad de sílex gris y rojo en los escarpes y
cortados de estas sierras cercanas al Guadalteba.
Asimismo, sobre la sierra de Humilladero, se han
descrito bancos de calizas y calcarenitas con
abundante sílex; es destacable el afloramiento en las
tierras del cortijo de La Herriza, en la orilla noroeste
de la laguna de Fuente de Piedra. Más al oeste,
Fig. 3. Situación de los afloramientos primarios y secundarios de materiales silíceos descritos en el Guadalhorce medio. Litologías: en rojo,
afloramientos geológicos primarios en roca y en negro, afloramientos secundarios en terrazas fluviales.
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LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO DE LA COMARCA DEL GUADALTEBA (MÁLAGA, SUR DE ESPAÑA) POR SOCIEDADES DEL PLEISTOCENO
existen margocalizas y calizas con sílex en la cornisa
de las colinas de Campillos y Almargen, en la sierra
de Tablón (Baena Pérez et al., 1986: 23-24) y en las
sierras de Cañete la Real -relieves de Escalereta,
Atalaya y Borbollón-. Los siguientes afloramientos
se documentan, de forma ocasional en la Unidad de
Capellán, al sur comarcal y en las cercanías al Castillo de Turón. Al noreste de Ardales, cerca del pueblo,
afloran los melanges con sílex tipo Turón en La
Galeota (Domínguez-Bella et al., 2001; Lozano Rodríguez et al., 2010); además en una zona cercana a la
carretera de El Chorro, afloran calizas con abundante sílex, algunos de color oscuro y verdoso, datadas
como Dogger, y al oeste de la sierra de Alcaparaín se
citan afloramientos de calizas con nódulos de sílex.
En otros tramos, como a orillas de la cuenca del río
Turón o en sierra Llana y Valle de Abdalajís, abundan
facies típicas del Jurásico con una gran cantidad de
sílex gris y rojo (AA.VV., 1990b).
tariamente en el Mioceno Inferior) (AA.VV., 1990a,
1990b).
Por encima de estos materiales del sustrato, se
sitúan discordantemente los sedimentos continentales cuaternarios de origen fluvial, ligados a la evolución de la red de drenaje regional, fundamentalmente a los ríos Guadalhorce y Guadalteba.
Las terrazas descritas hasta el momento en esta
zona por diversos autores (AA.VV., 1990a, 1990b) se
agrupan en, al menos, siete niveles, con posición
altimétrica respecto a los cauces actuales diferentes: +80 m, +80-60 m, +40-35 m, +30 m, +20 m, +15-7
m y +3-2 m. Las dos más altas podrían ser atribuidas por criterios regionales al Pleistoceno Inferior.
Las dos correspondientes a +40-35 y +30 m, al Pleistoceno Medio. Las dos siguientes al Pleistoceno
Superior, y la última y más baja, al Holoceno.
7(55$=$6'(/%$-2*8$'$/7(%$
La zona de Campillos-Teba-Ardales, situada al norte
de Málaga, presenta una serie de características
geológicas singulares. Así, por un lado el sustrato,
compuesto por unidades pertenecientes a la Zona
Externa de la Cordillera Bética y al Complejo de
Flysch del Campo de Gibraltar, es de una gran
complejidad geológica, con una notable variedad
estructural y paleogeográfica. Por otro lado, afloran
abundantemente en esta zona, sedimentos continentales cuaternarios de origen fluvial, con cierta
entidad geomorfológica, estructurados en terrazas
relacionadas con la red de drenaje reciente y actual.
En el sector de la sierra de Peñarrubia, la geología
local está constituida por un sustrato mesozoico y
cenozoico, al que se superponen una serie de
materiales coluviales y fluviales cuaternarios. El
relieve más notable (la sierra de Peñarrubia, coronada por el pico denominado Castillón, 729 msnm) es
un afloramiento de calizas jurásicas del Subbético
Interno-Penibético. Circundando al mismo, existen
afloramientos de diversas unidades, cuyas litologías
son fácilmente erosionables, y que ofrecen relieves
poco acusados, lomas suaves o valles. Estos afloramientos al sur de la sierra, pertenecen a la unidad
de Algeciras (margas con niveles detríticos de edad
oligocena), a las areniscas del Aljibe, y al denominado “Complejo del Águila” (margocalizas claras y
capas rojas cretácicas, removilizadas tecto sedimen-
La composición litológica de todos los niveles de
terrazas es similar, con cantos decimétricos a centimétricos, y algún canto de mayor tamaño (métrico)
disperso. La petrología de los mismos es básicamente carbonática, procedente de los materiales
subbéticos mesozoicos. Un porcentaje menor es de
naturaleza silícea (areniscas, radiolaritas y sílex), o
de otras litologías menos abundantes (rocas básicas,
metamórficas, etc.).
Los productos arqueológicos líticos de origen antrópico, interestratificados en los paquetes sedimentarios que se localizan en relación con estos depósitos
de terrazas fluviales cuaternarias (Láms. 1, 2 y 3), se
ubican por el momento en relación con las terrazas
intermedias del río Guadalteba. Y es muy posible
que, en función de su cota y características geomorfológicas, puedan corresponder a terrazas del Pleistoceno Medio-Superior (entre 800 y 30 ka).
&8(1&$'(/785–1<&8(9$'($5'$/(6
El río Turón se ubica en una situación paleogeográfica singular, a caballo en el límite entre la Zona Interna y la Externa de la cordillera Bética, en el sector
comprendido entre El Chorro y la sierra de las
Nieves. Su cuenca se caracteriza por una elevada
geodiversidad, con un gran número de litologías
presentes, algunas de ellas susceptibles de aprovechamiento desde tiempos prehistóricos (Láms. 4 y 5).
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JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
Lám. 1. Productos líticos. 14. Terrazas del Guadalteba (Campillos, Málaga).
1, 3, 4: Terrazas del Guadalteba. T3. Zona A0. (Ver nomenclatura de zonas en Medianero Soto et al., 2006 b). BN2G-Hendedores. Areniscas compactas. 2: Terrazas del
Guadalteba. T4. Zona A1. BN2G-Hendedor. Arenisca compacta. 5, 7, 8, 9: Terrazas del Guadalteba. T4. Zona A1. BN1GE-Bifaz. Arenisca compacta (5 y 7), Sílex masivo (8 y
9). 6: Terrazas
del Guadalteba. T3. Zona TP4. BN1GE-Bifaz. Arenisca compacta. 10: Terrazas del Guadalteba. T3. Zona TP1. BN1GE-Canto trabajado unifacial. Caliza.
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LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO DE LA COMARCA DEL GUADALTEBA (MÁLAGA, SUR DE ESPAÑA) POR SOCIEDADES DEL PLEISTOCENO
Lám. 2. Productos líticos. 14. Terrazas del Guadalteba (Campillos, Málaga).
1: Terrazas del Guadalteba. T4. Zona TP6 (paleocanal). BN2GC-Bifaz. Arenisca compacta. 2: Terrazas del Guadalteba. T3. Zona A1 Alta. BN1GE-Canto trabajado unifacial.
Caliza. 3: Terrazas del Guadalteba. T3. Zona A1 Alta. BN1GE-Canto trabajado unifacial.
Caliza.
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JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
Lám. 3. Productos líticos. 14 y 22. Terrazas del Guadalteba (Campillos, Málaga).
1: Terrazas del Guadalteba T3. BN1GC-CM-Núcleo centrípeto multipolar. Sílex masivo. 2: Terrazas del Guadalteba. T4. BP-Lasca levallois. Sílex masivo. 3: Terrazas del
Guadalteba. T3. Zona TP5G. BN2G-R21-Raedera. Sílex masivo. 4: Terrazas del Guadalteba. T4. Zona A1. BN2G-R21-Raedera. Sílex masivo. 5: 22. Huerta de Vitorino
Meseta. T6. MENGA.
BP-LE-Lasca
levallois. Sílex masivo. 6: Terrazas del Guadalteba. T4. Zona TP6. BP-LE-Lasca levallois. Sílex masivo.
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LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO DE LA COMARCA DEL GUADALTEBA (MÁLAGA, SUR DE ESPAÑA) POR SOCIEDADES DEL PLEISTOCENO
Lám. 4. Productos líticos. Terrazas del Turón (Ardales, Málaga).
1 y 2: Terrazas del Turón. 9. Llano de Belén. BN1GE-Cantos trabajados unifaciales. Caliza y cuarcita. 3: Terrazas del Turón. 9. Llano de Belén. BN2G-R22nokp-Raedera.
Arenisca compacta. 4: Terrazas del Turón. 11.Morenito. BN2G-R21nokp-Raedera. Sílex masivo. 5: Terrazas del Turón. 13. Lomas del Infierno. BN2G-R22nokp-Raedera.
Sílex masivo. 6: Terrazas del Turón. 19. Hoyo de Barbú. Arenisca compacta. BP-I-Lasca
interna.
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JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
Lám. 5: Productos líticos. 8. Terrazas del Turón (junto a Ardales), 7 Cucarra y 6 Cueva de Ardales.
1: Terrazas
del Turón, junto a Ardales. 8. BN2G-R22nokp-Raedera. Canto de sílex masivo. 2: Terrazas del Turón, junto a Ardales. 8. BN2G-D23nokp-Denticulado. Sílex
T
masivo con inclusiones. 3: Terrazas del Turón, junto a Ardales. 8. BPLE- Lasca levallois. Sílex masivo con vena de calcedonia. 4 y 6: 7.Cucarra. BN2G-R22nokp-Raederas.
Sílex masivo. 5: 7.Cucarra. BN2G-R21nokp-Raedera. Sílex poroso. 7: 6.Cueva de Ardales. BN2G-R22nokp-Raedera. Sílex poroso. 8: 6.Cueva de Ardales.BN2G-F3-Pieza
foliácea. Sílex
poroso. 9: 6.Cueva de Ardales. BN2G-G11-Raspador sobre lámina. Sílex masivo.
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LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO DE LA COMARCA DEL GUADALTEBA (MÁLAGA, SUR DE ESPAÑA) POR SOCIEDADES DEL PLEISTOCENO
Uno de los elementos geológicos singulares de la
cuenca es la cueva de Ardales, situada en sector
septentrional de la serrezuela de Carratraca, a unos
565 msnm. Se abre en materiales carbonáticos
triásicos, con un desarrollo de unos 1.500 m (Durán
Valsero y López Martínez, 1995; López Martínez et
al., 1995). En la actualidad se encuentra en la zona
no saturada del pequeño acuífero que constituye la
Serrezuela, cuyo nivel freático está situado pocos
metros por debajo de los puntos más bajos de la
cavidad, que puntualmente pueden inundarse. El
principal punto de descarga es el manantial que da
lugar a los Baños de Carratraca, al sur del macizo.
En cueva de Ardales hay evidencias de un yacimiento
con destacadas manifestaciones gráficas y de frecuentaciones humanas al menos en el Pleistoceno
Superior (Breuil, 1921; Ramos Muñoz et al., 1995a;
Cantalejo Duarte et al., 2006 y las referencias contenidas en los dos últimos trabajos).
&$”(7(/$5($/<$552<2'(/$*8$
El río Corbones es un afluente del río Guadalquivir
por su margen izquierda. Con orientación noroeste,
drena una amplia cuenca de 1.826 km². Nace en la
provincia de Málaga, cerca de la pedanía de La Atalaya, perteneciente al municipio de Cañete la Real, en
las faldas de las sierra del Borbollón. Su longitud
total es de 177 km. Uno de sus afluentes, por la
margen derecha, es el arroyo del Agua, cuya cuenca
está desarrollada casi totalmente en terrenos triásicos, arcillo-yesíferos, con excepción de algunos
afloramientos de calizas margosas con sílex, de edad
cretácico-terciaria. Cuenta también con interesantes
yacimientos con registros pleistocenos en su cuenca
(Fernández Caro, 2000; Vallespí Pérez, 2006).
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A partir de mediados de la década de 1980 pudimos
articular un proyecto de investigación titulado:
Prospección arqueológica superficial en el valle del
río Turón, dirigido por José Ramos y Mar Espejo. Se
desarrollaron trabajos de prospección entre los años
1987 y 1989. El objetivo se vinculaba con aproximarnos a la reconstrucción del proceso histórico de las
sociedades cazadoras-recolectoras-pescadoras, tribales comunitarias y clasistas iniciales en el territorio de Ardales (Málaga). Se realizaron prospecciones
en Ardales, El Burgo y Casarabonela (Espejo Herrerías et al., 1989; Espejo Herrerías y Cantalejo Duarte,
1990; Ramos Muñoz et al., 1990, 1995b, 2004).
Paralelamente y de forma ininterrumpida, se realizaron los estudios de las manifestaciones gráficas en
la cueva de Ardales (Cantalejo Duarte et al., 1997,
2003, 2004; Espejo Herrerías y Cantalejo Duarte,
1988a, 1988b). Aquí también hemos realizado un
proyecto autorizado por la Junta de Andalucía entre
2002 y 2003, titulado: Reproducción fotográfica de
los paneles pictóricos de la Cueva de Ardales, dirigido por Mar Espejo (Cantalejo Duarte et al., 2006). El
objetivo fue profundizar en la visión del arte como
manifestación ideológica de los modos de vida de las
sociedades cazadoras-recolectoras-pescadoras (Ramos Muñoz, 1999; Ramos Muñoz et al., 1998, 1999,
2002).
Nuestros proyectos estuvieron orientados desde la
perspectiva de la Arqueología Social, para aproximarnos a partir del estudio territorial, con técnicas
de prospección, excavación y documentación del
registro gráfico, a la composición social, ideología y
formas económicas de las bandas de sociedades
cazadoras-recolectoras-pescadoras que frecuentaron el territorio.
En concreto, sobre las terrazas del Guadalteba, hay
referencias de Antonio Morgado, en el marco de un
estudio general sobre Teba (Morgado Rodríguez,
1995: 19 y ss.). Con posteridad y finalizando el siglo
tuvieron lugar una serie de hallazgos arqueológicos
de interés, como consecuencia de la acción erosiva
de las aguas del embalse del Guadalteba y de la
construcción de algunas infraestructuras lineales de
transporte (carretera Málaga-Campillos, A-357). Los
hallazgos fueron realizados de manera fortuita, en
primer lugar, por Javier Ros. Al profundizar en estos
productos comprobamos su interés geoarqueológico
(de enmarque pleistoceno), litológico y tecnológico.
En aquellos momentos se pudieron ya evidenciar
tres circunstancias:
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69
JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
La primera era el alto interés que presentaba el
yacimiento, consistente en una serie de terrazas
fluviales, con productos líticos en conexión con los
sedimentos fluviales. La segunda era el alto riesgo
que existía de pérdida total de la información contenida en el registro sedimentario y arqueológico,
puesto que la acción del oleaje de las aguas embalsadas estaba socavando la base de la terraza,
desmantelando los perfiles y arrastrando y mezclando los productos arqueológicos contenidos en el
sedimento. La tercera circunstancia es que un
reconocimiento más extenso de campo, con criterios
geomorfológicos, permitió constatar la existencia de
otros perfiles similares, con materiales arqueológicos, algunos de ellos afectados por la construcción
del tramo entre Ardales y Campillos de la nueva
carretera.
En febrero de 2000 llegamos a conformar un Proyecto de estudio geoarqueológico de las terrazas
cuaternarias con industria lítica del río Guadalteba
(Campillos, Málaga), con responsabilidad de Juan
José Durán y José Ramos. Al no obtener financiación
por las vías administrativas del momento, se encauzó parte del mismo en coordinación con Pedro
Cantalejo, Mar Espejo y Javier Medianero, a partir
del año 2000, en el programa formativo de Escuelas
Taller promovido por el Consorcio Guadalteba con la
dirección de este último. Esta nueva situación posibilitó la realización de una serie de trabajos arqueológicos de prospección, limpieza y excavación que, tras
varias campañas, permitió recopilar una interesante
serie de productos líticos interestratificados en la
secuencia de las terrazas, que muestran una intensa
ocupación en la zona por grupos cazadores-recolectores-pescadores pleistocenos (Medianero Soto et
al., 2005, 2006a, 2006b).
70
localidades de Cañete la Real y Teba (Morgado
Rodríguez, 2005:49-50 y 199; Medianero Soto, 2009:
435) han aportado nuevos datos de interés que
atestiguan la presencia y actividad de grupos sociales de cazadores-recolectores-pescadores en todas
las cuencas fluviales de la comarca del Guadalteba.
En paralelo se ha realizado la limpieza y cerramiento
del complejo kárstico de Las Palomas (Teba), desde
2002, con responsabilidad de Javier Medianero y
proyectos aprobados por la Junta de Andalucía y
promovidos por Consorcio Guadalteba. Estos trabajos han permitido documentar un registro de gran
interés, estratigráfico, faunístico y de tecnología lítica
(Lám. 6) de clara vinculación al Pleistoceno medio y
superior (Medianero Soto et al., 2011).
En el último año hemos ampliado los estudios
geoarqueológicos junto con los geólogos del grupo y
en coordinación en torno a Víctor Hernández y otros
especialistas de las universidades de Málaga y Burgos, con la aplicación de tecnología de Espectroscopía Raman a la caracterización mineralógica de los
productos líticos de las industrias asociadas a las
terrazas cuaternarias (Hernández Jolín et al., 2012).
'(7(50,1$&,–1'(/$6„5($6'((678',2
Los productos arqueológicos que tratamos en esta
aproximación se documentan en tres áreas geográficas básicas, el valle del Turón, el bajo Guadalhorce y
Guadalteba y los hallazgos aislados en valles
menores, asociados al ámbito atlántico (Tab. 1).
Fue también de interés la integración en los estudios
de Salvador Domínguez-Bella, a partir de 2001,
ampliando líneas concretas y analíticas de estudio de
las materias primas, aplicadas a la reconstrucción
de las movilidades y procesos de distribución de
productos por las sociedades autoras de los mismos
(Domínguez-Bella et al., 2001).
Con la experiencia investigadora indicada, hemos
podido plantear la existencia de una zona en los
alrededores de Ardales; otra localizada en la sierra
de Peñarrubia; una tercera situada sobre el río de la
Venta y la cuarta, un sector cercano a Cuevas del
Becerro. Las sociedades cazadoras-recolectoraspescadoras del Paleolítico parecen estar claramente
vinculadas a los cauces fluviales y a los recursos
naturales primarios, en especial al agua, como es el
caso de los ríos Guadalteba, Turón, de la Venta y
Almargen, fundamentalmente (Figs. 4 y 5).
En fechas más recientes además de los indicados
trabajos promovidos por el Consorcio Guadalteba a
través de su programa formativo de Escuela Taller
(Medianero Soto, 2009) se han registrado hallazgos
en el arroyo del Agua (noticia de Ángel Recio) en las
Sus áreas de captación de recursos parecen disponer de numerosos entornos y ámbitos con materias
primas: líticas, madera y agua, entre otras. Estas
vías llevarán desde el arroyo del Agua, al de Andía,
en la vertiente atlántica, desde el río de Cuevas al
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LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO DE LA COMARCA DEL GUADALTEBA (MÁLAGA, SUR DE ESPAÑA) POR SOCIEDADES DEL PLEISTOCENO
Lám. 6. Productos líticos. 33. Complejo Kárstico Las Palomas (Teba, Málaga).
1, 2: BP-LE-Lascas levallois. Sílex masivo con inclusiones y sílex masivo. 3: BN2G-D23nokp-Denticulado. Sílex masivo. 4 y 5: BP-LE-Lascas levallois. Sílex poroso y sílex
masivo. 6: BN2G-D21nokp-Muesca. Sílex masivo. 7: BN2G-R21nokp-Raedera. Sílex poroso termoalterado. 8: BN2G-R11nkm- Raedera. Sílex masivo tipo Turón. 9: BP-LELámina levallois. Sílex poroso.
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JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
Nº
Yacimientos
Municipio
1
Majavea-Sauceda
2
Arroyo de la Parrita
Cañete la Real
3
Arroyo del Agua 1
Cañete la Real
4
Arroyo del Agua 2
Cañete la Real
5
Cueva Tajo de Las Palomas
6
Cueva de Ardales
Ardales
7
Cucarra
Ardales
8
Terrazas del Turón (junto a Ardales)
Ardales
9
Llano de Belén
Ardales
10
Hoyo de Barbú
Ardales
11
Morenito
Ardales
12
Grajeras
Ardales
Cuenca
Modos Tecnológicos
Atlántica río Corbones
Modo III
Mediterránea río Turón
Modos II, III y IV
Mediterránea río
Guadalteba
Modos II, III y IV
Mediterránea río
Guadalhorce
Modos II, III y IV
Almargen
Cueva del Becerro
13
Lomas del Infierno
14
Terrazas del Guadalteba (Peñarrubia)
Campillos
Ardales
15
Plataforma de Peñarrubia
Campillos
16
Eras de Peñarrubia
Campillos
17
Tumba Guadalteba
Campillos
18
Huerta de Vitorino. Terraza Este
Campillos
19
Huerta de Vitorino. Terraza Norte
Campillos
20
Huerta de Vitorino. Terraza Oeste 1
Campillos
21
Huerta de Vitorino. Terraza Oeste 2
Campillos
22
Huerta de Vitorino. Meseta
Campillos
23
La Capellanía 2
Campillos
24
La Capellanía 3
Campillos
25
Cerro del Almendro 1
Campillos
26
Cerro del Almendro 2
Campillos
27
Cjo. Casasola
Cañete la Real
28
H. Fuentepeones
Cañete la Real
29
T. Molino Arroyo Fuentezuela
Teba
30
Cjo. Nina
Teba
31
Prado Chico
Teba
32
Abrigo Tajo del Molino 2
Teba
33
C. K. Las Palomas de Teba
Teba
34
Cuevas del Tormenta
Cueva del Becerro
35
Hoyo del Chopo
Cueva del Becerro
36
Guadalhorce-Guadalteba
Campillos
Tab. 1. Relación de yacimientos arqueológicos y atribución tecnológica por cuencas.
arroyo de Las Arenas, y, desde el río de Almargen al
de La Venta, hasta llegar a las graveras de las terrazas paleolíticas de Parque Guadalteba. Igualmente,
en la cuenca del Guadalteba, desde el arroyo del
72
Alforzoz hasta el del Granado, los escasos yacimientos se suceden sin descanso, jalonados por una
densa red de drenaje fluvial y en clara conexión a
una nutrida presencia de manantiales.
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LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO DE LA COMARCA DEL GUADALTEBA (MÁLAGA, SUR DE ESPAÑA) POR SOCIEDADES DEL PLEISTOCENO
Parece evidente que los grupos sociales paleolíticos
tenían un gran conocimiento del potencial de recursos líticos que ofrecían los depósitos fluviales. La
cercanía de éstos a las cuevas de hábitat en las
sierras calizas abre importantes campos de estudio
de las prácticas sociales a partir de la aplicación de
técnicas arqueométricas.
Es significativo el vacío ocupacional existente (con el
conocimiento actual) en el valle medio del Guadalteba, en las cercanías de Ortegícar, y en amplias zonas
de las tierras del norte comarcal. Este hecho
contrasta con la numerosa presencia paleolítica
después de la confluencia del rio de La Venta con el
Guadalteba, tras pasar el tajo del Molino. De la
distribución actual parece inferirse corredores que
conectan áreas de captación y transformación de
recursos a una cota media en torno a los 460 msnm,
piedemontes o laderas en descenso suave sobre los
ríos.
Toda la zona engloba parte de la sierra de Peñarrubia, conformada por una meseta con bruscos desniveles hacia el antiguo cauce del río, hoy convertido
en el embalse del Guadalteba.
Las terrazas se disponen en una secuencia de niveles descendientes hacia el antiguo cauce fluvial con
cotas que oscilan entre los 368 y 318 msnm, en la
denominada Huerta de Vitorino, fondo del propio
pantano (Medianero Soto et al., 2006b). Exponemos
aquí datos relativos a las terrazas intermedias,
presumiblemente vinculadas a Pleistoceno Medio y
Superior.
Las correspondientes a las del Guadalhorce se
ubican en la orilla que baña las tierras de la localidad de Campillos. Tiene un relieve similar a la descrita para el Guadalteba, con la salvedad de presentar áreas más llanas en cotas bajas. Se localiza,
Fig. 4. Distribución de los asentamientos paleolíticos en la Comarca del Guadalteba. Cuenca río Corbones: 1. Majavea.-Sauceda; 2. Arroyo de
la Parrita; 3-4. Arroyo del Agua 1 y 2; 5. Cueva Tajo de las Palomas; Cuenca río Turón: 6. Cueva de Ardales, 7. Cucarra; 8. Terrazas del Turón;
9. Llano de Belén; 10. Hoyo de Barbú; 11. Morenito, 12. Grajeras; 13. Las Lomas del Infierno; Cuenca río Guadalteba: 14. Terrazas del
Guadalteba (Peñarrubia); 15. Plataforma de Peñarrubia; 16. Eras de Peñarrubia; 17. Tumba Guadalteba; 18. Huerta de Vitorino (terraza este);
19: Huerta de Vitorino (terraza norte); 20. Huerta de Vitorino (terrazas oeste1); 21. Huerta de Vitorino (terrazas oeste 2); 22. Huerta de Vitorino
(meseta); 23. La Capellanía 2; 24. La Capellanía 3; 25. Cerro del Almendro 1; 26. Cerro del Almendro 2; 27. Cjo. Casasola; 28. H.
Fuentepeones; 29. T. Molino arroyo de la Fuentezuela; 30. Cjo. Nina; 31. Prado Chico; 32. Abrigo Tajo del Molino 2; 33. C. K. Las Palomas de
Teba; 34. Cuevas del Tormenta; 35. Hoyo del Chopo; Cuenca río Guadalhorce: 36. Guadalhorce-Guadalteba.
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JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
como la anterior, en la orilla izquierda, tras el cerro
Rebolo con cotas que oscilan entre 550 y 370 msnm.
Paralelamente se documentan hallazgos aislados
(Lám. 7) que inciden en la presencia y actividad de
grupos de cazadores-recolectores-pescadores a través del puerto de montaña natural que une la cuenca
del Guadalteba con el río Corbones (Vallespí Pérez,
2006, Fernández Caro, 2000) y el arroyo del Agua
(Medianero Soto, 2009: 415).
Es significativa la relación de la tecnología documentada en la cueva de Ardales con las terrazas del
Turón y del complejo kárstico de Las Palomas a las
terrazas del Guadalteba (Fig. 5).
(1&8$'5(7(&12/–*,&2<&217(;7262&,2&8/
785$/
De los diferentes niveles del sistema de terrazas del
valle del Turón, el bajo Guadalhorce y Guadalteba y
los hallazgos aislados en valles menores asociados
al ámbito atlántico, queremos destacar el tremendo
potencial de ocupación de sociedades cazadoras-recolectoras-pescadoras, con registros paleolíticos,
que se completan con la ocupación de las cuevas en
las unidades kársticas.
Queremos indicar el interés de este tipo de estudios,
que a veces han quedado minusvalorados por algu-
Fig. 5.
74
nos estudiosos del Paleolítico, por sus actuales
limitaciones cronoestratigráficas y de cronología
absoluta. Recordamos que en la mayoría de los
casos corresponden a productos líticos integrados
en su sistema deposicional estratigráfico. Y que
pueden permitir, tras un contraste con los yacimientos en vías de excavación -cueva de Ardales y C.
Kárstico de Las Palomas de Teba-, avanzar hacia
una verdadera aproximación a estudios de territorio y
de control-apropiación de los recursos por parte de
estas sociedades.
Aportamos unas ideas para la organización cronoestratigráfica y tecnológica. No hay evidencias arqueológicas por el momento en los niveles más altos de
terrazas (+80 m y +80-60 m), presumiblemente
vinculados al Pleistoceno Inferior. Hay un conjunto
destacado asociado a los niveles medios de las
terrazas (+40-35 m y +30 m) y de productos (Carbonell i Roura et al., 1987) con documentación de
productos de talla, con BN1G- núcleos del inicio de
la talla, unipolares, poliédricos-multipolares. A
través de ellos y en sintonía con las BP-lascas
obtenidas de dichos núcleos (de descortezado, de
semidescortezado, internas) se puede reconstruir la
"cadena operativa" que nos indicaría el proceso de
trabajo. Se registran también BN1G-E-cantos de
talla unifacial y bifacial, hendedores, bifaces espesos, triedros y lascas retocadas. Arqueológicamente
Ŷ Situación de las áreas mencionadas. Ɣ Complejo kárstico Las Palomas de Teba y Cueva de Ardales.
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LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO DE LA COMARCA DEL GUADALTEBA (MÁLAGA, SUR DE ESPAÑA) POR SOCIEDADES DEL PLEISTOCENO
Lám. 7. Productos líticos. Terrazas del Corbones y Guadalteba (Cañete la Real, Málaga). 28 H. Fuentepeones, 3. Arroyo del Agua 1 y 4. Arroyo del Agua 2.
1: Terrazas del Guadalteba. H. Fuentepeones. BN1GE-Bifaz. Arenisca compacta. 2: Arroyo del Agua 1 y 2. BP-LE-Lasca levallois. Sílex masivo bandeado. 3: Arroyo del
Agua 1 y 2. BN2G-D23nokp-Denticulado. Sílex masivo bandeado. 4: Arroyo del Agua 1 y 2. BN2G-D23nokp-Denticulado. Sílex masivo. 5 y 6: Arroyo del Agua 1 y 2. BN2GD21nokp Sílex masivo. 7 y 8: Arroyo del Agua 1 y 2. BN2G-D23nokp-Denticulados. Sílex
poroso.
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JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
esta serie se puede adscribir al Modo II- a los
conceptos planteados de Achelense Antiguo Ibérico y
Achelense Pleno Ibérico -bifaces más planos,
cordiformes, subcordiformes y parciales, hendedores
más elaborados-. (Lám. 1 y 2) (Vallespí Pérez, 1986a,
1986b, 1992). Las materias primas son calizas, sílex
y areniscas compactas silicificadas.
Procedentes de los niveles bajos del sistema de
terrazas (+20 m y +15-7 m) hay una serie bastante
uniforme en sílex y arenisca compacta, con BN1G-C
-núcleos centrípetos multipolares, con destacada
presencia de técnica levallois. Hay productos de talla
levallois, puntas levallois, lascas internas y del inicio
de la talla. Y entre los productos retocados sobre
lascas, destacan-BN2G-R21, R22, R23-raederas,
P21-puntas retocadas, D21-muescas y D23-denticulados (Laplace, 1975). Arqueológicamente se puede
adscribir a un Pleistoceno Superior con tecnología
propia de Modo III-Musteriense (Vallespí Pérez,
1986a, 1992, 1994).
Sobre la captación de materias primas por grupos
sociales con tecnología de modos II y III parece ser
que se produjo del entorno inmediato, a partir fundamentalmente del aprovechamiento de las graveras y
depósitos fluviales, si bien no es descartable la
explotación de ciertos afloramientos de materiales
silíceos en los que la presencia de cantos, nódulos o
trozos de capas de sílex, radiolaritas o areniscas, son
bastante abundantes en superficie.
El interés que alcanzan estos conjuntos radica en la
localización en una zona central de Andalucía, como
es el Medio-Alto Guadalhorce, en un enmarque
histórico y regional Atlántico-Mediterráneo. La datación de los registros ofrece un claro signo de continuada actividad antrópica desde el Pleistoceno
Medio (800-125 ka) y Superior. Destaca sobre todo la
homogeneidad de las series de productos de los
niveles medios del sistema de terrazas (+40-35 m y
+30 m). La localización de productos estratificados
en estos sistemas de terrazas fluviales supone un
estudio de industria lítica y de fauna en conexión
estratigráfica -molar de Equus sp.-. Y un enmarque
geomorfológico genérico en el Pleistoceno Medio.
El análisis de la industria lítica de estos niveles, en
una asociación de productos tallados en sílex y
areniscas compactas ha permitido documentar series de bifaces, hendedores, triedros, cantos trabaja-
76
dos con productos sobre lascas en sílex y arenisca de
raederas, muescas, lascas retocadas. Junto a series
de núcleos unipolares y multipolares. Todo ello
permite un planteamiento genérico de atribución
Modo II-Achelense, con posible vinculación a los
conceptos característicos normativos de Achelense
Antiguo Ibérico y Achelense Pleno Ibérico (Vallespí
Pérez, 1986a, 1992).
La propia distribución funcional de los productos
analizados permite plantear hipótesis preliminares
en una asociación de instrumental para la caza
(bifaces, triedros) con utillajes vinculados con el
despiece y la carnicería (hendedores, grandes lascas
retocadas) e incluso con actividades domésticas (en
las herramientas sobre lascas: raederas, muescas).
La situación postdeposicional en unas graveras
vinculadas a los sistemas fluviales indicados, permite plantear la ocupación de estos ámbitos fluviales
por bandas de cazadores-recolectores-pescadores
en época posterior al desarrollo del sistema de
terrazas.
También es a señalar la presencia en los niveles
bajos de terrazas (+20 metros, +15-7 metros), de
registros definidos de Modo III-Musteriense. Las
localizaciones obedecen a un modo de vida definido
en la caza de grandes mamíferos, como se evidencia
del registro regional relacionado con estos productos
arqueológicos (Vallespí Pérez, 1992, 1994, 2006; Giles
Pacheco et al., 1996; Ruiz Bustos, 1995,1997).
Hemos comprobado en el ámbito regional, que los
emplazamientos arqueológicos como lugares de
ocupación obedecen a causas estratégicas muy
claras (oteo y control de la fauna en cerros prominentes), con buena disponibilidad de localización de
recursos de las graveras fluviales.
El interés que alcanzan estos conjuntos radica en su
localización en una zona como es el Alto Guadalhorce, en un enmarque histórico y regional AtlánticoMediterráneo. La sintonía histórica es manifiesta con
los conjuntos de sistemas de terrazas cuaternarias
del sur peninsular con tecnología definida de Modo
II-Achelense: Baja Andalucía -cuenca del Guadalquivir (Vallespi Pérez, 2006), cuenca del Guadalete (Giles
Pacheco et al., 1996), Banda Atlántica de Cádiz
(Ramos Muñoz, 2008), Campo de Gibraltar (Castañeda Fernández, 2003, 2008) y con los enclaves subbé-
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ticos inmediatos, Alto Vélez (Ramos Muñoz, 1988),
cuenca del Guadalhorce (Barroso Ruíz et al., 1989)
subbético de Córdoba (Botella Ortega et al., 2006;
Barroso Ruíz et al., 2011). Y evidentemente en su
continuidad histórica con la tecnología y ocupación
del territorio regional de las sociedades con Modo III
(Vallespí Pérez, 1992, 1994; VegaToscano, 1988;
Finlayson et al., 2000, 2006; Cortés Sánchez, 2005,
Cortés Sánchez et al., 2008; Barroso Ruíz y De Lumley, 2006; Ramos Muñoz, 2008; Jenings et al., 2011).
La ubicación cronoestratigráfica, la definición tecnológica y la relación con los sitios de hábitat estratificados en las cuevas cercanas, ofrecen perspectivas
para seguir avanzando en explicaciones históricas y
socioeconómicas. Todo parece apuntar a que grupos
preneandertales y neandertales ocuparon estos
territorios de manera continuada. Utilizaron las graveras y depósitos fluviales como abastecimiento y
lugares de transformación de recursos líticos. El
territorio y la naturaleza abrupta de los pasos
naturales ofrecían también grandes posibilidades
para las prácticas de caza y de recolección. Todo ello
prueba la ocupación recurrente durante milenios de
bandas con modo de producción cazador y recolector, que realizaban diversos modos de vida (Vargas,
1990; Bate, 1998), que debían concretarse en estrategias de caza organizada de grandes mamíferos en
las depresiones y piedemontes de estas sierras del
interior.
De la distribución regional de los testimonios de
modos II-Achelense y III-Musteriense, se infiere
diversos modos de trabajo respecto a la fauna cazada, en relación a los diversos ecosistemas (ámbitos
lacustres, depresiones interiores, vías fluviales de
comunicación), con utilización de tecnologías muy
precisas y definidas realizadas sobre materias
primas muy controladas.
Terraza
La profundización en los estudios de materias
primas, con una mejor definición tecnológica en su
cuadro cronoestratigráfico, nos permitirá incidir en
los modos de trabajo de estas sociedades del Pleistoceno.
352<(&72'(/$35(+,6725,$*8$'$/7(%$
A partir de septiembre de 2011 hemos podido
comenzar trabajos de colaboración internacional
encaminados a un proyecto de investigación hispano-alemán, con actividades arqueológicas debidamente autorizadas por la Junta de Andalucía, en
cueva de Ardales y C. K. de Las Palomas de Teba.
Este proyecto se enmarca en un convenio de colaboración entre la Universidad de Cádiz, el Neanderthal
Museum (Mettmann, Alemania), el Consorcio Guadalteba y el Grupo de Acción Local Guadalteba, como
instituciones promotoras del mismo. Participan 58
investigadores de 16 instituciones científicas alemanas y españolas, con la dirección de José Ramos
-cueva de Ardales- y Gerd Weniger –C.K. de Las
Palomas-. El objetivo es obtener la máxima información científica posible de ambas cavidades con el
menor impacto a los yacimientos. Se aplicarán diversos tipos de analíticas para conocer las paleobocas y
cono de entrada en la cueva de Ardales, así como
escaneos láser para una mejor documentación de
los motivos gráficos. Se han iniciado también -en
ambas cavidades- estudios de los sedimentos, análisis polínicos, muestreos de micromorfología de
suelos, perforaciones geoarqueológicas con diversas
técnicas y toma de muestras para dataciones
absolutas. Se han aplicado técnicas experimentales
de estudio geoarqueológico –georadar, perforaciones mecánicas y manuales-, fotografía aérea robotizada y en unos meses, de forma interdisciplinar,
habrá un amplio cuadro de dataciones absolutas
-TL, OSL, C14 y U/Th-.
Altitud
Edad
Modos Tecnológicos
T1
+80
Pleistoceno Inferior
T2
+80-60
Pleistoceno Inferior
T3
+40-35
Pleistoceno Medio
Modo II
T4
+30
Pleistoceno Medio
Modo II
T5
+20
Pleistoceno Superior
Modo III
T6
+15-7
Pleistoceno Superior
Modo III
T7
+3-2
Holoceno
Fauna
Equus sp.
Tab. 2. Esquema cronoestratigráfico tentativo de las terrazas del Guadalteba con asignación a modos tecnológicos.
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JAVIER MEDIANERO SOTO ET AL.
3(563(&7,9$6'(,19(67,*$&,–1
Desde mediados de la década de 1980 venimos
trabajando en estudios territoriales en la comarca
del Guadalteba. Las circunstancias de investigación,
a pesar de las muchas dificultades encontradas, han
permitido realizar intensas prospecciones de superficie y conocer así un total de 36 yacimientos con
tecnología de Modo II-Achelense y Modo III-Musteriense.
Defendemos y consideramos como de gran interés
los estudios territoriales para un mejor conocimiento
de las sociedades cazadoras-recolectoras-pescadoras. El potencial informativo que ofrecen estos
estudios es de gran alcance para poder avanzar en
las movilidades de estos grupos y sus inferencias
económicas y sociales.
Como consecuencia de dichos trabajos, se ha podido
presentar una tesis doctoral que recoge parte de
esta temática de estudio (Medianero Soto, 2009) y
están en marcha dos nuevas tesis doctorales a cargo
de Lidia Cabello y Serafín Becerra, que desarrollarán
temas de recursos y materias primas vinculados a
estas sociedades.
El planteamiento de un proyecto de colaboración
internacional hispano-alemán puede permitir a
medio plazo obtener una información cronoestratigráfica y paleoecológica a partir de los estudios
interdisciplinares en la cueva de Ardales y C. K. de
Las Palomas de Teba. La contrastación de dichos
datos con los obtenidos en las prospecciones permitirá seguir avanzando en el conocimiento de estas
sociedades del Pleistoceno. La aplicación de estas
nuevas técnicas de documentación y estudio
suponen un salto cualitativo importante en los trabajos de análisis de las sociedades prehistóricas.
En concreto en este proyecto se está avanzando en la
ocupación cronoestratigráfica, geoarqueológica y
tecnológica de sociedades del Pleistoceno Medio y
Superior en la Andalucía Central. Nos interesa
profundizar en los modos de vida y en la movilidad
estacional de las sociedades cazadoras-recolectoras-pescadoras que ocuparon el sur de la Península
Ibérica en el Pleistoceno.
También tenemos presentes las posibles relaciones
y contactos con las sociedades africanas del lado sur
78
del Estrecho de Gibraltar. En este sentido, ambos
equipos, alemán y español, desarrollan trabajos en
la orilla sur del Estrecho (Ramos Muñoz et al., 2008;
Lindstaedter et al., 2011) y están preocupados por
avanzar en el conocimiento de las sociedades
prehistóricas del sur de Europa y del norte de África.
$*5$'(&,0,(1726
Queremos agradecer a Juan Manuel Jiménez Arenas
y a la Revista Menga el habernos invitado a participar
en este volumen monográfico. También las sugerencias y comentarios que han enriquecido el trabajo.
Queremos recordar a los profesores de la Universidad de Sevilla, Enrique Vallespí y Oswaldo Arteaga, y
de la Universidad de Málaga, Fernando Wulff, por el
apoyo continuo a nuestras investigaciones en la
comarca del Guadalteba.
Agradecemos también a los arqueólogos, geólogos y
resto de investigadores y estudiantes de las universidades de Cádiz, Málaga y de todas las instituciones y
centros de investigación colaboradores; así como a
los diversos grupos de las Escuelas Taller de
Guadalteba, que han participado activamente en
estos estudios geoarqueológicos durante estos años.
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81
Entrada de la cueva de Zafarraya (Alcaucín, Málaga).
DOSSIER
UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
81$$352;,0$&,Ï1$/$&2035(16,Ï1'(
/$)$81$'(0$&520$0Ë)(526'(/$
&8(9$'(=$)$55$<$$/&$8&Ë10È/$*$
Antonio Monclova Bohórquez1, Cecilio Barroso Ruíz2, Miguel Caparrós3 y Anne Marie Moigne4
5HVXPHQ
En la excavación de la cueva de Zafarraya (Alcaucín, Málaga), se obtuvieron casi 3.500 restos óseos de
macromamíferos (más del 85% cabras, en su mayoría jóvenes), asociados con industrias líticas musterienses
y restos de homínidos neandertalenses. Los restos presentes en cinco niveles de ocupación muestran señales
de acción antrópica. Fueron acumulados por los homínidos y los carnívoros que explotaron, desde fines de la
primavera a inicios del invierno, los diversos biotopos del entorno del yacimiento. Los taxones representados
(cuón, leopardo, zorro, hiena, lince, mustélidos, cabra, ciervo, rebeco, uro, jabalí y caballos) son típicos del
Pleistoceno, abundan cuón y leopardo, lo cual podría relacionarse con la abundancia de cabras. Las últimas
dataciones ubican cronológicamente los niveles musterienses de Zafarraya entre 42.000 y 34.000 años BP,
dentro del MIS 3, coincidiendo con las fechas más antiguas obtenidas anteriormente por método U-Th y C14
sin calibrar.
3DODEUDVFODYHCueva de Zafarraya, Cuaternario, Pleistoceno Superior, neandertal, cuón, paleoecología de
mamíferos.
$1$3352$&+7281'(567$1',1*7+(=$)$55$<$&$9($/&$8&Ë1
0È/$*$0$&520$00$/6$66(0%/$*(
$EVWUDFW
Almost 3,500 bones of macromammals (over 85 of them goats), associated with Mousterian lithic industries
and hominid neanderthals remains were obtained in the excavation of the Zafarraya cave (Alcaucín, Málaga).
The bone remains found in five occupation levels show signs of human action. They were accumulated by
hominids and carnivores that exploited from late spring to early winter, the various biotopes that surround the
site. The faunal assemblage (cuon, leopard, fox, hyena, lynx, weasels, goats, deer, chamois, aurochs, wild boar
and horses) is that typical of the Pleistocene, with overrepresentation of leopard and cuon, which could be
related to the abundance of goats. The last date of Zafarraya's Mousterian levels indicate a chronology
between 42,000 and 34,000 years BP, within the MIS 3, coinciding with the oldest dates obtained earlier by UTh method and uncalibrated C14.
.H\ZRUGVZafarraya Cave, Quaternary, Upper Pleistocene, Neanderthal, Dhole, Mammalian Palaeoecology.
1
Grupo de Investigación HUM-440 Universidad de Cádiz (España). Fundación Cueva y Sima del Ángel. [[email protected]]
Fundación Cueva y Sima del Ángel. [[email protected]]
Muséum National d’Histoire Naturelle, Département de Préhistoire.
4
Muséum National d’Histoire Naturelle, Centre Européen de Recherches Préhistoriques de Tautavel. [[email protected]]
2
3
Recibido: 15/08/2012; Aceptado:15/10/2012
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 83-105. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
83
ANTONIO MONCLOVA BOHÓRQUEZ ET AL.
,1752'8&&,–1
Ubicada sobre una cornisa escarpada en un entorno
montañoso, la cueva del Boquete de Zafarraya se
localiza en el municipio de Alcaucín (Málaga, Andalucía), a 1.022 msnm y a 40 km del litoral mediterráneo
del sur de la Península Ibérica. El relleno de esta
cueva contiene los rastros de una ocupación alterna
por parte de cazadores musterienses y carnívoros. El
estudio de los abundantes y bien conservados restos
óseos obtenidos en la excavación de la cueva, ha
permitido reconstruir el proceso de su acumulación,
la determinación de los taxones de mamíferos
presentes y la edad de los diferentes individuos.
Igualmente, el análisis de las trazas y marcas observadas sobre los huesos, permite comprender las
actividades desarrolladas por los carnívoros y
homínidos que ocuparon la cueva de Zafarraya, así
como la posibilidad de establecer comparaciones
con otros campamentos de cazadores paleolíticos,
tales como el del sitio francés de Hortus o el caucásico de Kudaro.
La atribución cronológica del yacimiento de Zafarraya, ha sido objeto de diferentes estudios a lo largo de
los últimos quince años. Las primeras edades obtenidas por C14 en colágeno de huesos, estaban comprendidas entre 29.000±600 (Gif–9140-II, ˡ13C =
-19,2‰) y 31.800±550 (Gif/LSM–9140-I, ˡ13C =
-19,1‰) (Hublin et al., 1995). Recientemente, Véronique Michel y sus colegas (Michel et al., 2011), han
publicado un extenso conjunto de nuevas edades
obtenidas por diversos métodos (todos los datos de
las dataciones aparecen indicados en la Fig. 1). En el
laboratorio de Oxford se ha obtenido una dispersión
de edades por el método de C14 AMS sin calibrar,
comprendidas entre 595±35 años y 36.900±3.000
años BP, pudiendo ser las más jóvenes atribuibles a
la contaminación por carbono actual según los
autores, aunque todas las demás al no estar calibradas, serían en realidad entre unos 2.000 a 6.000 años
mayores, dependiendo de los supuestos de la curva
de calibración. La dispersión de edades obtenidas
por espectrometría alfa de U-Th, presenta una
Fig. 1. Las edades obtenidas por diversos métodos permiten ubicar cronológicamente los niveles musterienses de Zafarraya entre 42.000 y
34.000 años BP, dentro del estadio isotópico MIS 3, en coincidencia con las fechas no calibradas de C14 más antiguas. La ubicación
cronológica está señalada en la gráfica con un asterisco de color rojo, y corresponde a las unidades estratigráficas UE23-UE25 de la
excavación de Zafarraya. La imagen de la gráfica ha sido modificada a partir de Michel et al., 2011.
84
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 83-105. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
amplia oscilación entre 5.000 y 60.000 años BP,
debido ello al hecho de que los restos óseos y
dientes son sistemas abiertos. En Zafarraya, el
esmalte de los dientes no se analiza por espectrometría alfa, debido a su bajo contenido en uranio, por
lo que se aplica la espectrometría de masas con
ionización térmica (TIMS), la cual da unas edades
también dispersas de entre 16.000 y 53.000 años BP.
Al aplicar al esmalte de los dientes bien conservados, el método de ESR (EU, captación temprana y
LU, absorción lineal) da unas edades de entre 23.000
y 43.000 años BP, debido al hecho de que los bajos
niveles de uranio en el esmalte y la dentina hacen
que la UE y LU den unas edades muy similares.
Finalmente, al aplicar de forma combinada los
métodos de datación U-Th y ESR en tres muestras
de esmalte (dos de Equus y una de Capra), se obtuvo
una buena concordancia de edades entre 37.000 ±
3.000 y 39.000 ± 3000 años BP, datos que nos permitirían ubicar cronológicamente los niveles musterienses en el intervalo que va desde 42.000 a 34.000
años BP, dentro del estadio isotópico MIS 3 (Michel
et al., 2011). Estas últimas fechas también coinciden
en parte con las más antiguas de las primeras que
se obtuvieron por C14 (Hublin et al., 1995).
Desde el punto de vista de la presencia de mamíferos de mediano y gran tamaño, Zafarraya contiene
un importante registro representado por abundantes
restos óseos en asociación con industrias líticas
musterienses e interesantes restos de homínidos
neandertalenses repartidos a lo largo de cinco
niveles de ocupación. Los extensos estudios paleontológicos publicados (Barroso Ruiz, 2003; Barroso
Ruiz y Lumley, 2006), establecen que la secuencia
estratigráfica de este yacimiento es demostrativa de
un hábitat estacional de altura, con inviernos climáticamente rigurosos y la presencia de diversos biotopos, que incluyen tanto zonas rocosas, como
espacios abiertos y áreas boscosas.
La presencia de encinas en esta región y los sectores
lacustres del poljé de Zafarraya, distante unos 100
metros de la cueva, junto a la presencia de Microtus
arvalis y la ausencia de Allocricetus bursae, indicaría
que los niveles superiores del relleno son contemporáneos del estadial Würm II, durante el cual el
roedor está bien representado en los yacimientos
franceses, e igualmente más reciente que el relleno
de la cueva de La Carigüela, en el cual las dos
especies aparecen juntas (Koby y Spahni, 1956).
En las cuevas y abrigos ocupados por los homínidos
durante el Paleolítico, el estudio de la fauna presente
permite conocer los hábitos de caza y la estación en
que esta se desarrolló. En cuevas como la francesa
de Vache, los indicios de la fauna provienen tanto de
la presencia de restos óseos como de la de manifestaciones artísticas (Cremades, 1997), en la cueva de
Zafarraya provienen de los abundantes y relativamente bien conservados restos óseos.
Los numerosos restos esqueléticos de cabras
(Capra pyrenaica) (más del 85% del total), muestran
a unos ejemplares particularmente gráciles, de los
que dos tercios del total son individuos jóvenes de
entre 3 y 6 meses de edad y solo un 3% machos
adultos. Esta presencia de cabra, junto a los pertenecientes a otros herbívoros, es en buena medida el
resultado de su acumulación por parte de los
homínidos, como consecuencia de haber podido
explotar los diversos biotopos del entorno del yacimiento durante cortos periodos de tiempo, coincidiendo con la práctica de una caza de tipo estacional,
desde finales de la primavera a inicios del invierno.
La sorprendente ausencia del lobo, presente en Cova
Negra y La Carigüela (Arribas y Palmqvist, 1995),
podría atribuirse al reemplazo ecológico por parte
del Cuon alpinus, cuya importante presencia en
Zafarraya, constituye la primera cita de la especie en
los yaci-mientos del sur de la Península Ibérica
(Brugal y Boudadi-Maligne, 2011). Tanto este cánido
como la Panthera pardus, también presente en la
cueva, son en general taxones raros en los yacimientos cuaternarios.
La ausencia del oso de las cavernas, presente por
ejemplo en Gibraltar (Zeuner y Sutcliffe, 1964), y la
presencia de leopardo y cuón, conforman una
Fig. 2. Representación de la proporción de los números de
especimenes identificados por taxón (NISP) en el yacimiento de
Los Casares (Guadalajara) (Modificado a partir de Sainz de los
Terreros, 2003).
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 83-105. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
85
ANTONIO MONCLOVA BOHÓRQUEZ ET AL.
asociación de carnívoros que también ha sido
reconocida en el yacimiento de Los Casares (Riba de
Saelices, Guadalajara) (Altuna, 1973; Sainz de los
Terreros, 2003) (Fig. 2).
En la tabla 1 aparece la lista de taxones de macromamíferos presente en la cueva del Boquete de
Zafarraya, elaborada a partir de los restos óseos
hallados en las diferentes campañas de excavación.
Macromamíferos de la cueva del Boquete de Zafarraya
Taxón
Nº de restos
% del total
CARNIVORA
560
16,5
Cuon alpinus
185
5,5
Vulpes vulpes
4
0,5
Ursus arctos
34
1,0
Crocuta crocuta
15
0,4
Felis silvestres
35
1,0
Lynx pardina
33
1,0
Panthera pardus
245
7,2
Mustela erminea
1
0,02
Mustela nivalis
8
0,2
ARTIODACTYLA
2.806
83
Cervus elaphus
93
3,0
Capra pyrenaica
2.660
78,5
Rupicapra pyrenaica
49
1,5
Bos primigenius
12
0,3
Sus scrofa
7
0,2
PERISSODACTYLA
16
0,5
Equus caballus
7
0,2
Equus hydruntinus
6
0,2
Équido indet.
3
0,1
3.382
100
atribuyo inicialmente al Pleistoceno Inferior de Venta
Micena (Orce, Granada) (Pons Moya, 1987), posteriormente se desestimó (Martínez-Navarro et al., 2010).
Actualmente la cita más antigua del género se
produce en el Pleistoceno Medio tardío de Galería
Pesada (Almonda, Portugal) (Trinkaus et al., 2006).
&$5192526
Aunque C. alpinus aparece en la región cantábrica
asociado a industrias musterienses y más recientes,
el registro en Zafarraya implica su presencia en el
sur de la Península Ibérica durante gran parte del
Pleistoceno Superior. Con 185 restos de 19 individuos, asociados a una industria musteriense en
todos los niveles estratigráficos (10% en el más rico),
supone el 5% de los macromamíferos del yacimiento. Esta presencia junto a la de Panthera explicaría
por fenómenos de competencia la sorprendente falta
de restos de lobo, el cánido más frecuente en todos
los yacimientos prehistóricos.
El cuón (C. alpinus) es una especie de cánido gregario de mediana talla, citado en diversos yacimientos
del Pleistoceno de la Península Ibérica (cueva del
Gegant, Casares, Gabasa, Caballón y La Blanca, la
Riera, Bolinkoba, Rascaño, Obarreta y Escoural en
Portugal (Ripoll et al., 2010) (Fig. 3). Aunque la
primera cita del género Cuon en la Península se
La morfología del P4 inferior del Cuon de Zafarraya
se caracteriza por no presentar dentículo, y por lo
tanto es más próxima a la subespecie europaeus que
a la pyrenaicus. Las dimensiones del material dental
corresponden a los individuos del Würm no siempre
tan robustos, aunque si más robustos que los cuones
asiáticos actuales (Geraads, 1995).
TOTAL
Tab. 1. Lista de los taxones de macromamíferos presentes en la
cueva del Boquete de Zafarraya (A partir de Barroso Ruiz y Lumley,
2006).
86
Fig. 3. Sitios con presencia del género Cuon en la Península
Ibérica (Modificado de Ripoll et al., 2010).
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 83-105. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
El zorro común (Vulpes vulpes) aparece en el Pleistoceno Medio (hace en torno a 500.000 años),
reemplazando probablemente a Vulpes praeglacialis. Es frecuente en la mayoría de yacimientos
prehistóricos, extendiéndose durante la última
glaciación a todos los yacimientos de la Península
Ibérica (Castaños, 1990). Raro en Zafarraya, en la
estratigrafía solo hay cinco restos de zorro correspondientes a tres individuos. Con una talla algo
inferior a la de la mayoría de los robustos ejemplares
del Würm III hallados en el País Vasco, la escasa
muestra de Zafarraya no permite una interpretación
cronológica basándose en el gradiente norte-sur de
la disminución de talla, observado en Europa.
El oso pardo (Ursus arctos) (Lám. 1) es conocido en
Europa occidental desde el Pleistoceno Medio
(Caune de l’Arago, Vergranne), probablemente
derivado de Ursus etruscus asiático (Torres, 1984).
Durante el Würm el oso pardo aparece en unos
cuarenta yacimientos de los Pirineos, coexistiendo
en el Pleistoceno Superior con el oso de las cavernas
(Ursus spelaeus). Las dos especies presentan una
talla importante y coinciden espacio-temporalmente
en el Pleistoceno Superior de la Península Ibérica,
pero aunque aparecen en número similar de sitios,
el registro de oso de las cavernas predomina, no
aumentando el del oso pardo hasta después de
desaparecer el primero (Villaluenga, 2009). Por otra
parte, los análisis isotópicos de huesos de las dos
especies de osos del Pleistoceno Superior centroeuropeo, apuntan a que no existen diferencias en sus
áreas de alimentación, pero si en sus preferencias
dietéticas (Bocherens et al., 2011), un dato que
complica aún más la interpretación de una posible
competencia entre ambas especies.
En Zafarraya el material de oso pardo no es muy
abundante (12 restos de 5 individuos), no apareciendo el oso de las cavernas. Las dimensiones dentales
están en los límites de variación de las formas arcaicas del taxón, y los huesos largos muestran claramente caracteres de la subespecie arctoides. En
conjunto se trataría de animales robustos, comparables a otros descritos en los yacimientos musterienses mediterráneos y pirenaicos (Villaluenga, 2009).
Aunque en uno de los niveles aparecen dos mandíbulas de oseznos, son animales de 6 meses muertos
en verano, por lo que no parece que la cueva sirviese
de espacio de hibernación.
La hiena (Crocuta crocuta) (Lám. 2) es conocida en
Europa occidental a partir de Holsteinien (Orgnac 3,
Lunel-Viel, Argant, 2000), estando muy presentes
hacia la primera mitad de la última glaciación y
particularmente al fin del Würm II, periodo en el que
son muy frecuentes en las cuevas de los Pirineos y
norte de la Península Ibérica (Altuna, 1972; Castaños, 1990; Clot et al., 1990). Constituyen los principales acumuladores de restos óseos en las cuevas, y
su presencia se desciende progresivamente desde el
Würm III al Würm IV, momento este último en que
apenas se citan en cuevas pirenaicas.
La hiena está representada en Zafarraya por 11
restos de 7 individuos. Las morfologías dentales y los
otros restos hallados entran todos en los límites de
variación de Crocuta de la Península Ibérica (Werdelin y Solounias, 1991; Turner et al., 2008).
El gato montés (Felis silvestris), desde su aparición a
inicios del Pleistoceno Medio ha mostrado unas características morfológicas semejantes a los actuales,
aunque con un tamaño ligeramente mayor (Kurten,
1965). Este taxón está presente en numerosos yacimientos de toda Europa (incluido el sur de Iberia). En
Zafarraya hay 34 restos de 7 individuos que, aunque
algo escasos (1% de macromamíferos), parecen
señalar una relativa abundancia en la región.
Los caracteres morfológicos dentales de los ejemplares de gato montés de Zafarraya son muy similares a los actuales, correspondiendo su talla a la de
los del Pleistoceno Superior del Mediterráneo, los
Pirineos y el sur de la Península Ibérica, aunque
menor que la de los del norte (Clot, 1988; Castaños,
1987). El grado de soldadura de muchos huesos
largos indica su pertenencia a individuos jóvenes, a
la vez que la robustez de los mismos y los dientes,
les asemeja a los de la subespecie Felis silvestris
tartessia, propia del sur de Iberia (Castaños, 1987).
El lince rojo (Lynx pardina) aparece en Europa desde
inicios del Pleistoceno Medio, como descendiente
probable del Lynx issiodorensis típico del Villafranquiense (Werdelin, 1981), conociéndose una robusta
forma intermedia L.p. spelaea, existente durante la
última glaciación (Kurten y Granqvist, 1987). Descrito
en los Pirineos y en la región cantábrica (Altuna,
1980, 1981; Clot, 1987), el taxón aun está presente en
el sur de Iberia (Ficcarelli y Torre, 1977; Rodríguez et
al., 2011).
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ANTONIO MONCLOVA BOHÓRQUEZ ET AL.
Los 37 restos de lince rojo (10 individuos) hallados en
Zafarraya, permiten la comparación con las formas
actuales y con la intermedia. Las dimensiones de los
dientes corresponden a las observadas en los del
Pleistoceno Superior mediterráneo, y las características de los huesos largos indican la gracilidad y
robustez del actual lince ibérico, aunque sus dimensiones correspondan a las observadas en L.p. spelaea del Mediterráneo. La talla de estos animales se
acerca a la del actual lince nórdico, con un esqueleto
robusto y un cráneo más grácil que los Lynx spelaea,
correspondiendo por tanto a los linces rojos descendientes directos del robusto lince de las cavernas
(Castaños, 1990; Clot y Duranthon, 1990).
El leopardo (Phantera pardus) (Láms. 3 y 4) tiene un
origen todavía no bien definido en el Pleistoceno
europeo, considerándose como un emigrante llegado
de Asia durante el transito Plio-Pleistoceno (Bonifay,
1969).
Los hallazgos de leopardo en la Península Ibérica se
han producido mayormente en niveles musterienses
y auriñacienses del norte y de Cataluña (Altuna,
1974; Castaños, 1987; Sánchez, 1989), extendiéndose
además por niveles musterienses del resto de Iberia
(Gabasa I, cueva Juan Berchmans, cueva de La Ermita, cueva de Los Casares, Cova Negra, cueva de La
Carigüela, Gorham’s Cave, Devil’s Tower y en Portugal). El leopardo desaparece de Europa coincidiendo
con el Auriñaciense, aunque en el norte de Iberia
(Bolinkoba) perdura hasta el Magdaleniense antiguo
(Altuna, 1974; Castaños, 1987; Pérez Ripoll, 1977).
En Zafarraya aparecen 241 restos de leopardo pertenecientes a 18 individuos (7,2% de los grandes
mamíferos), una abundancia que permite comparar
a estos animales con otros del Paleolítico y con los
actuales. Las características de los restos dentales y
mandibulares de Zafarraya corresponden con una
morfología próxima a la de los leopardos modernos,
aunque al comparar los dientes con los de animales
actuales, estos presentan un tamaño ligeramente
superior, característico de los leopardos fósiles del
sudeste de Francia (Boule, 1906). Los huesos largos
enteros son raros, correspondiendo en su mayoría a
individuos jóvenes y variando sus medidas en función
del dimorfismo. Las dimensiones del resto de ele-
UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
mentos esqueléticos son generalmente comparables
a los hallados en Hortus, Cova Negra, Bolinkoba y
Lezetziki (Pillard, 1972). Aunque los leopardos suelen
ser raros en los yacimientos cuaternarios, la
abundancia en Zafarraya de las falanges anteriores y
posteriores, indicaría que la cueva estuvo regularmente ocupada por estos animales.
Los restos de ciervo están presentes en todos los
niveles de Zafarraya, siendo la segunda especie de
herbívoros por su número, con al menos 10 individuos adultos y 8 cervatillos. Los huesos de adultos
están fracturados a menudo intencionalmente y los
de los jóvenes están mal conservados, apareciendo
un gran número de dientes de leche.
Los mustélidos están representados en Zafarraya
por dos especies, la comadreja (Mustela nivalis) y el
armiño (Mustela erminea). Las comadrejas son
conocidas desde el Pleistoceno Medio, con una talla
generalmente inferior a la de los ejemplares actuales (Mustela minuta en el Pleistoceno Superior,
Delpech, 1983). En Zafarraya aparecen 28 restos
óseos de 6 individuos de comadreja, principalmente
en la parte más antigua de la estratigrafía. Las
numerosas mandíbulas permiten comparar sus
dimensiones con las de los ejemplares del Pleistoceno Superior del Cantábrico o Francia La Colombiére
o La Fage (Hugueney, 1975), situándose en los
valores medios de las especies actuales, hacia el
gradiente de mayor talla.
Durante el Pleistoceno, se documentan importantes
variaciones de talla del ciervo (Mariezkurena y
Altuna, 1983; Steele, 2002), existiendo diferencia
entre la de los ciervos de los dos primeros estadios
Würmienses del sur de Francia. Así, C. elaphus
simplicidens de Combe Grenal presenta dientes más
simples y pequeños que los de los ciervos de niveles
más recientes, igualmente en el área mediterránea,
los ciervos de Calmette (Würm I) son más gráciles
que los del Würm II, siendo más robustos los ciervos
de finales del Würm IV, mientras que en los postwürmienses disminuye sensiblemente la talla (Prat y
Suire, 1971).
El armiño (Mustela erminea) es relativamente raro
en los sitios del Paleolítico. El taxón Mustela palaerminea, de menor talla que los armiños actuales,
aparece en Europa central a inicios del Pleistoceno
Medio y está bien caracterizado en los yacimientos
del Pleistoceno Superior de Francia (La Fage y La
Colombière). En los niveles musterienses del inicio
de la estratigrafía de Zafarraya, solo se ha determinado una mandíbula de armiño. Sus medidas se
sitúan en el límite inferior del rango de variación
propio de los ejemplares del centro de Francia
(Hugueney, 1975), y su gracilidad, bastante mayor
que sus homólogos fósiles, podría atribuirse al sexo
o a la continentalidad del clima ligado a la altitud. El
armiño actual tiene predilección por los medios
cubiertos y frescos, siendo raro en los dominios
mediterráneos. La concentración de los restos óseos
de estos mustélidos puede ser atribuida a rapaces.
$57,2'„&7,/26
El ciervo (Cervus elaphus) esta presente en todos los
yacimientos del Pleistoceno desde hace 800.000
años, representando la segunda especie en número
observado, en los yacimientos prehistóricos españoles (Altuna, 1977).
La talla general de los dientes definitivos de ciervo
hallados en Zafarraya, se corresponde con los
valores medidos en sitios contemporáneos del País
Vasco y el área mediterránea, siendo los animales
más robustos que los actuales. Las medidas de otros
huesos también están dentro del intervalo de variación de los ciervos ibéricos de sitios musterienses y
del Paleolítico Superior, pero ligeramente por debajo
de los procedentes de sitios musterienses franceses
(Altuna, 1983; Gerber, 1972; Brugal, 1994). En
general, el ciervo de Zafarraya presenta una talla
comparable a la de los registrados en otros sitios
contemporáneos del Mediterráneo.
La cabra montés (Capra pyrenaica) es un bóvido
caprino que actualmente aún ocupa la Península
Ibérica. Más grácil que su congenérica especie
Capra ibex, se le atribuye hasta cuatro subespecies:
C. p. pyrenaica, C. p. victoriae, C. p. hispanica y C. p.
lusitanica.
Los datos fósiles sugieren que el taxón Capra apareció en Asia Central, produciéndose una radiación
específica muy rápida durante el tránsito Plio-Pleistoceno (Hartl et al., 1990; Manceau et al., 1999), y los
estudios genéticos confirman que el género se
extendió hacia el occidente europeo a lo largo de
todo el Pleistoceno, hasta alcanzar la Península
Ibérica (Pidancier et al., 2006).
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La clasificación taxonómica de las varias especies
del género Capra, se basa principalmente en la
morfología del cuerno de los machos adultos
(Veinberg, 1993). La cabra montés ibérica (C.
pyrenaica) con cuernos curvados en forma de lira y
sección transversal triangular se cita por vez primera en Europa occidental hace unos 150.000 años, en
la cueva de Lazaret (Niza) y en el abrigo de CombeGrenal (Dordoña) (Bonifay, 1969; Serre, 1993). Posteriormente se expandió rápidamente por toda Europa,
ocupando particularmente las regiones escarpadas
del sudoeste de Francia y todo el perímetro del
Mediterráneo. Durante el Würm I los restos fósiles
de cabra son relativamente abundantes y, posteriormente, el clima más riguroso del Würm II favorecería aún más la difusión de la especie, la cual se hizo
muy abundante durante el Würm III y IV, para reducir
poco a poco su presencia a partir del Neolítico.
La variedad fósil más antigua de la especie C. ibex
está presente en el sur de Francia hasta el Holoceno.
La especie C. pyrenaica pudo derivar de la Capra
caucasica praepyrenaica de la cueva de Portel
(Gardeisen, 1994; Crégut-Bonnnoure, 2005), y descrita desde el Musteriense (Altuna, 1972) en la región
cantábrica y desde el Magdaleniense en los Pirineos
(Delpech, 1983). O bien, ambas especies, C. ibex y C.
pirenaica, pudieron tener un antepasado común
llegado a Europa occidental (García González, 2011).
La especie de cabra presente en la cueva de Zafarraya se ha determinado comparando las características de sus restos dentales, con los de las ejemplares
procedentes de los sitios franceses de Lazaret, Pie
Lombard, Hortus, Salpêtre de Pompignan y La
Crouzade, así como con los de los de cabras actuales
procedentes de yacimientos vascos, cantábricos y
alpinos, teniendo además en cuenta las respectivas
posiciones cronológicas de cada uno de los sitios.
En Zafarraya se han obtenido 2.660 restos óseos y
dentales pertenecientes a 140 individuos de Capra
(78,5% del conjunto). Existe un gran número de
dientes deciduales, indicativos de una elevada
presencia de población juvenil, junto a numerosos
maxilares de todos los estadios de crecimiento
infantiles y juveniles. En Zafarraya, el único maxilar
de individuo adulto de cabra es más grácil que los de
las C. ibex y C. pyrenaica procedentes de las cuevas
francesas, asemejándose por el contrario a los exca-
90
vados en Cova Negra y a los de las cabras actualmente existentes en la Península Ibérica.
La importante colección de dientes de Capra obtenida en Zafarraya (839 aislados y 112 sobre los maxilares y mandíbulas), permite la detallada comparación
de sus características biométricas con las de los
obtenidos en otros yacimientos, determinando su
clara pertenencia a la especie C. pyrenaica, mucho
menos robustas que las de diversos sitios del sur de
Francia, en los cuales aún existirían dudas sobre si
los cápridos pertenecen a dicha especie.
Las dimensiones de la población de machos y
hembras adultos de Zafarraya, se encuentra en los
límites de variación de las hembras cantábricas,
siendo en general más gráciles que el conjunto de
las cabras fósiles conocidas. Las medidas del
húmero y el radio-ulma de machos y hembras
adultos, muestran importantes diferencias atribuibles al sexo o la edad, presentando la misma gracilidad, aunque con valores inferiores a la media de las
poblaciones fósiles del Pleistoceno Superior. Igualmente, en el caso de la medida de las tibias también
se detecta dimorfismo sexual, aunque en los individuos más robustos los límites de dicha variación
disminuyen con respecto a las hembras procedentes
de los sitios del Paleolítico Superior del norte de
Iberia. Por el contrario, la dimensión de las tibias de
las cabras del sitio levantino de Cova Negra son más
semejantes a las de Zafarraya, que a las de las
cabras actuales. Las gráficas de la figura 4 muestran
la comparación entre las medidas de los radios y
tibias de cabras procedentes de diversos sitios
arqueológicos del Pleistoceno Superior.
Para concluir, todas las medidas obtenidas y posteriores comparaciones realizadas en los restos óseos
la cabra de Zafarraya, parecen indicar que estas son
claramente más gráciles que las otras cabras fósiles
conocidas en Europa occidental.
El rebeco de los Pirineos o sarrio (Rupicapra
pyrenaica) es otro bóvido caprino aún presente
actualmente en los Pirineos y la cornisa Cantábrica.
La otra especie congenérica, Rupicapra rupicapra,
se extiende por las demás cadenas montañosas de
Europa, especialmente los Alpes.
El rebeco del Pleistoceno Superior era más robusto
que sus congéneres más arcaicos y que los actuales.
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UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
Fig. 4. Valoración de la gracilidad de los huesos largos de Capra pyrenaica descrita en de la cueva del Boquete de Zafarraya, en comparación
con los restos procedentes de otros sitios de Europa. El diagrama compara la anchura de la extremidad proximal del radio y la extremidad
distal de las tibias (Modificado a partir de Barroso Ruiz y Lumley, 2006).
Podríamos considerar a R. pyrenaica como especie
troncal que se mantuvo aislada geográficamente en
la Península Ibérica a finales del Pleistoceno,
mientras que R. rupicapra, mucho más robusta y
mejor adaptada al frío, habría sido capaz de colonizar toda la región alpina europea durante la última
glaciación (Clot et al., 1990). El análisis genético de
las actuales poblaciones de Rupicapra, indica que
las dos especies reconocidas se habrían separado en
el interglaciar Riss-Würm, lo cual es compatible con
los datos arqueológicos. La barrera alpina y las
alternancias climáticas del Pleistoceno, impulsaron
las sucesivas expansiones y contracciones poblacionales del género, limitándolo a ciertas regiones
geográficas, aislando alternativamente a poblaciones contiguas y desencadenando una fuerte diferenciación Oeste-Este (Pérez et al., 2002).
Los restos de Rupicapra son bastante frecuentes en
los sitios arqueológicos franceses desde el Pleistoceno Medio, como Caune de l’Arago (Crégut, 1979),
generalizándose su presencia durante los periodos
más fríos del Pleistoceno Superior. Su capacidad
para ocupar en los inviernos aquellas áreas boscosas de menor altura en las que no habita la cabra, da
al sarrio un mayor rango de distribución. Su presencia está descrita en la mayoría de los sitios arqueológicos cantábricos y determinada en los niveles
magdalenienses de la cueva de La Vache en Ariege
(Pailhague, 1995).
Los restos óseos de rebeco representan en Zafarraya
a la tercera especie de herbívoro en orden a su
abundancia (el 3% del total), con 16 individuos.
Presentes en todos los niveles estratigráficos, salvo
en los más superficiales, sus dimensiones están
próximas a las de los ejemplares actuales, y la
morfometría indica una clara pertenencia a la
especie R. pyrenaica. A pesar de que el rebeco de
Zafarraya sea un poco más grácil que los individuos
observados en otros sitios pirenaicos y cantábricos
del Pleistoceno, sus dimensiones son comparables a
las de los descritos en el sitio francés de La Vache.
El uro (Bos primigenius) es un bóvido de gran talla
frecuentemente citado en los yacimientos del Pleistoceno Superior. El origen de los uros estuvo probablemente en la región de la India hace entre 1,5 y 2
millones de años (Thenius, 1980). Durante el Pleistoceno se extendieron a otras partes de Asia, al norte
de África y a Europa, citándose sus primeros restos
en Alemania, hace unos 275.000 años. Durante los
cambios climáticos acontecidos en el Pleistoceno
europeo, el rango de distribución de los uros sufrió
importantes variaciones, retirándose sus poblaciones al área del Mediterráneo durante los períodos de
frío, para luego expandirse hacia el norte en los
períodos más cálidos (Von Koenigswald, 1999; Van
Vuure, 2002).
En Zafarraya estos grandes animales son muy raros
y sus restos están muy dispersos en la estratigrafía,
correspondiendo a seis individuos diferentes, tanto
jóvenes como adultos. A pesar de su gran tamaño,
se aprecia un elevado grado de alteración en los
huesos largos de las extremidades de uro halladas
en Zafarraya, lo cual, junto a la escasez de los
mismos a lo largo de la estratigrafía, permite
concluir que pudieron haber sido introducidos en la
cueva como parte de carcasas.
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ANTONIO MONCLOVA BOHÓRQUEZ ET AL.
El jabalí (Sus scrofa) es citado de modo regular en
los yacimientos del Pleistoceno, aunque el número
de sus restos suela ser notoriamente escaso. El
jabalí actual desciende del Sus strozzi de inicios del
Pleistoceno Medio, siguiendo la línea sucesoria
mosbachensis, priscus y scrofa, este último desde la
última glaciación. Los jabalíes del Emienses como
los de Taubach (Kalhke, 1972) son los más robustos y
los del Holoceno los más gráciles.
En Zafarraya se han hallado siete restos de jabalí (5
en el mismo nivel arqueológico), correspondientes a
dos individuos, uno de menos de 6 meses y otro un
macho adulto.
3(5,62'„&7,/26
El caballo (Equus caballus) aparece en Europa
occidental hace unos 800.000 años, y evoluciona en
tres fases principales: mosbachensis, germanicus y
gallicus. Durante las mismas, el esqueleto se va
volviendo más grácil y los dientes cada vez más
hipsodontos, en una progresiva adaptación al medio
ambiente abierto y a una alimentación basada en los
pastos.
Durante la primera mitad de la glaciación Würm las
poblaciones de caballos son de constitución robusta,
pero durante los estadios isotópicos 3 y 2 son
reemplazadas por otras poblaciones más gráciles.
En Zafarraya, el caballo está representado por varias
piezas dentales, la extremidad distal de un metápodo
y una falange, caracterizándose esta última por
presentar un aspecto más grácil que el de Equus
germanicus de La Crouzade (Gerber, 1972). Por otro
lado, la subespecie E. c. casarensis, descrita en el
yacimiento de Los Casares (Riba de Saelices, Guadalajara) (Altuna, 1973), es más pequeña y con caracteres dentales más arcaicos que los del caballo de
Zafarraya.
Aunque las dimensiones del caballo de Zafarraya
son más reducidas en relación a los germanicus
comparados, todos los restos descritos en el Boquete vuelven a entrar en los límites de variación de los
caballos “germanicus” contemporáneos de los yacimientos musterienses, siendo un caballo robusto
cuya dispersión en España se generaliza durante
este periodo.
92
El asno salvaje (Equus hydruntinus) es un équido
pleistoceno de menor talla procedente del Pleistoceno Medio del entorno Mediterráneo, relativamente
abundante a partir del Eemiense y durante todo el
Würm.
Aunque en general los restos óseos de asno salvaje
son frecuentes en los yacimientos musterienses, en
Zafarraya está representado por un escaso número
de restos. Entre éstos restos está un diente poseedor
de características arcaicas propias de Equus stenonis, aunque los fragmentos de huesos largos hallados no demuestren claramente la característica
gracilidad manifestada por dicha especie.
Los asnos salvajes se asocian frecuentemente a las
faunas templadas, aunque, como suele ocurrir con
los équidos en general, no constituyen un certero
indicador climático. En Zafarraya se han obtenido
media docena de restos del asno salvaje.
La mayoría de los restos postcefálicos de équido
hallados en Zafarraya muestran trazas dejadas por
la acción de los carnívoros. El aspecto de los huesos
permite igualmente pensar que son restos de carcasas de individuos jóvenes que han sido transportados
a la cueva.
&5212/2*$
Como ya hemos expresado, de acuerdo a los cálculos realizados por diversos métodos, la cronología
de los niveles arqueológicos de la cueva de Zafarraya, está en un periodo temporal comprendido entre
hace aproximadamente 42.000 y 34.000 años BP, e
incluso probablemente algunos milenios más. Estas
fechas se sitúan dentro del estadio isotópico MIS 3,
típicamente asociado a las industrias musterienses y
en cierta coincidencia con las fechas más antiguas
obtenidas en las primeras dataciones no calibradas
de C14 que se realizaron (Michel et al., 2011).
La datación relativa deducida de la presencia faunística de los grandes mamíferos, no difiere fundamentalmente de las dataciones absolutas anteriormente
referidas.
Los taxones de carnívoros presentes en Zafarraya,
están ampliamente citados en los numerosos
yacimientos del mismo contexto cronológico del
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UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
Pleistoceno. Así, el cuón, aunque raro en los
yacimientos pleistocenos, su importante presencia
en Zafarraya puede relacionarse con la ya constatada en yacimientos musterienses cantábricos,
pirenaicos y de otros lugares de Europa, siendo
relativamente abundante hacia el periodo Würm III-II
(Ripoll et al., 2010), aunque posteriormente no
aparezca más que ocasionalmente en sitios como la
cueva de La Vache, en el Magdaleniense. Por otro
lado, el leopardo o pantera está presente en Iberia
desde el Pleistoceno Medio hasta finales de la última
glaciación. La hiena Crocuta solo desaparece de
Europa hacia el final del último periodo glaciar,
perdurando probablemente en el sur de Iberia hasta
hace tan solo unos 12.000 años BP (Carrión et al.,
2001). Como se esperaría en un sitio del Pleistoceno
superior, la presencia del oso pardo en Zafarraya no
está asociada a la del oso de las cavernas, pero
aunque el primero aparece en los yacimientos
europeos desde el Pleistoceno Medio y perdura en el
sur de Iberia hasta inicios del siglo XX, no es conocido en la región antes de la última glaciación (Loreille
et al., 2001; Sommer y Benecke, 2005). El zorro, el
gato salvaje y el lince también son conocidos desde
inicios del Pleistoceno Medio hasta la actualidad
(Rodríguez et al., 2011).
Con excepción de la abundante presencia de las
cabras en la cueva de Zafarraya, el resto de los
herbívoros muestran una presencia muy inferior y
poco diversificada. La cabra pertenece a las poblaciones más antiguas y mejor documentadas de C.
pyrenaica, cuyos hallazgos se remontan a los sitios
achelenses. El ciervo y el jabalí está continuamente
representado en el sur de Iberia, y el uro persiste en
la región hasta épocas históricas, coincidentes con
el dominio romano. El rebeco esta presente en la
región desde el Achelense, en momentos de clima
más riguroso que el actual, no encontrándose
actualmente en las áreas montañosas del sur de
Iberia. Las importantes poblaciones de caballo del
Cuaternario constituyen unos excelentes marcadores bioestratigráficos, de forma que la morfometría
de los dientes de caballo hallados en Zafarraya
están próximas a las de E. c. germanicus, presente
en el mismo contexto que el resto de los taxones
descritos en el yacimiento. En cuanto al asno salvaje, los datos referentes a su presencia en la región
son insuficientes para establecer su biocronología,
aunque es innegable su presencia en numerosos
yacimientos musterienses del Pleistoceno Superior.
',675,%8&,–1 (675$7,*5„),&$ '( /$
$62&,$&,–1)$8167,&$
La característica más destacable de la representación de los restos de macromamíferos a lo largo de
la serie estratigráfica excavada en la cueva de
Zafarraya, es la de una elevada presencia de los
restos de cabra, muy superior a la de los de los otros
herbívoros. Las variaciones de la proporción de
dichos restos muestran una distribución que está
directamente correlacionada con la de la presencia
de los restos de carnívoros en determinados niveles.
Los niveles ricos en restos de cabras están a
menudo asociados con una mayor presencia de
industria lítica y una menor proporción de los restos
de carnívoros (Figs. 5 y 6).
En el conjunto inferior de la serie estratigráfica, la
cabra aparece asociada a herbívoros como el rebeco
y el ciervo, aunque en dichos niveles los restos del
primero de ellos abundan, los del ciervo solo
aumentan en los niveles superiores.
La frecuencia de los carnívoros es variable a lo largo
de los diferentes niveles del relleno de la cueva. El
lince es más frecuente en las unidades arqueoestratigráficas UG-46 a UG-40 (hacia la base del relleno),
las hienas y osos muy jóvenes aparecen en las
unidades UG-45 y UG-41, el leopardo está particularmente presente en la unidad UG-39 y los cuones,
no muy abundantes, aparecen en uno de cada dos
niveles.
Es significativo que en la unidad UF, la cabra sea
relativamente menos abundante que los carnívoros,
estando asociada con el rebeco, el ciervo y el uro.
Los carnívoros son numerosos y diversificados,
abundando los leopardos y estando presentes el
gato salvaje y la comadreja.
La unidad UE está caracterizada por la gran variedad
de herbívoros propios de medios abiertos que se
reúnen en sus niveles. La presencia de uro, caballo y
asno, resulta indicativa de las grandes carcasas
llevadas por los homínidos a la cueva, procedentes
del entorno de la misma. Estas aportaciones debieron realizarse de acuerdo con estrategias de aprovisionamiento llevadas a cabo en función de la diversidad de las presas, la estación y duración de la
ocupación o la importancia del grupo de homínidos
implicados. Igualmente, los carnívoros presentes en
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ANTONIO MONCLOVA BOHÓRQUEZ ET AL.
la unidad UE están diversificados, destacando la
presencia del leopardo, seguida por la del cuón,
junto a la meramente anecdótica del resto, con la
ausencia de hienas y armiños.
distribución del porcentaje de restos por edades de
Capra pyrenaica, por unidades arqueoestratigráficas
de la cueva de Zafarraya.
El cuón es más abundante en las unidades UE 30,
UE 28 y UE 24, unos niveles pobres en piedras,
relativamente ricos en industria lítica y con una
escasa presencia de las cabras. Por otro lado, los
restos de leopardo son numerosos en la unidad UE
30 y aún más abundantes en las UE 32 y UE 25, en
las cuales los restos de cabras abundan, mientras
que piedras e industria lítica escasean.
La proporción de cabras en relación a los restos
determinados depende de la abundancia de los
carnívoros citados anteriormente: 88% en los niveles
arqueológicos, 76% en los niveles de carnívoros.
La pequeña unidad UD, pobre en piedras y bastante
rica en industria lítica, contiene un alto porcentaje
de carnívoros, sobresaliendo la presencia del leopardo y la ausencia de zorro y de los mustélidos,
además aparecen numerosas trazas de digestión y
numerosos coprolitos, indicadores de la actuación
de las hienas. En este nivel los herbívoros están
representados por el ciervo, el rebeco y la cabra,
representando esta última a más del 80% de los
restos.
Fig. 5. Distribución por edades de los restos de macromamíferos
excavados en la cueva de Zafarraya.
La unidad UC contiene una menor representación de
los grandes herbívoros y desaparece el asno salvaje,
aunque la cabra supera el 80%, aumenta la presencia del ciervo y desde las unidades UC18 a la UC21
aparece el jabalí. El número de restos de leopardo
disminuye significativamente y los de cuón abundan
en las unidades UC8, UC10, UC11, UC14 y UC15,
niveles relativamente pobres en piedras e industria
lítica.
En la unidad UA casi desaparecen los grandes herbívoros, excepto por el alto porcentaje de cérvidos,
bien por tratarse de una fase climática relativamente
templada o bien por el acarreo a la cueva de carcasas por parte de los relativamente abundantes
cuones y leopardos. En estos niveles también aparecen el gato montes y el zorro.
En la figura 5 se muestra la distribución por edades
de los restos de macromamíferos excavados en la
cueva de Zafarraya. En la figura 6 se muestra la
94
Fig. 6. Distribución del porcentaje de restos por edades de Capra
pyrenaica, por unidades arqueoestratigráficas de la cueva de
Zafarraya (Modificado a partir de Barroso y Lumley, 2006).
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UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
$63(&726 (&2/–*,&26 '( /$ $62&,$
&,–1)$8167,&$
3$/(2(&2/2*$<%,2*(2*5$)$
La cueva de Zafarraya se sitúa a 1.022 msnm, en la
vertiente meridional de un área montañosa que
constituye una vía de paso natural entre la costa
mediterránea y el interior de la sierra de Alhama.
Gozando de un clima mediterráneo húmedo y a un
kilómetro del poljé del mismo nombre, el entorno de
la cueva de Zafarraya albergaba una rica fauna de
mamíferos de talla media a pequeña durante el
Pleistoceno. En la actualidad, el área posee un clima
típicamente mediterráneo, con una relativa humedad
e importantes cambios térmicos debidos a la altitud.
En general, los dominios de la cueva de Zafarraya
estuvieron habitados por especies rupícolas de
grandes mamíferos directamente relacionadas con
la morfología del paisaje, así como por otras propias
de terrenos forestales o con abundante presencia de
agua, habitantes del poljé y de las zonas abrigadas y
cubiertas de vegetación frondosa existentes en la
sierra, todo ello propiciado por índices de humedad
más elevados que los que actualmente existen en la
región (Tab. 2).
De los nueve taxones de carnívoros descritos a lo
largo de la estratigrafía de Zafarraya, el oso pardo,
el gato montés y el lince pueden considerarse característicos de los entornos boscosos, mientras que el
resto podrían considerarse más o menos ubiquistas
en lo referente a la ocupación de sus hábitats. Los
cuones del Pleistoceno Superior aparecen con más
frecuencia en los momentos más calidos del
Eemiense o del interestadial Würm II-III, estando
más próximos a la forma robusta del cuón actual, el
cual ocupa entornos tan diversos como los paisajes
semidesérticos y montañosos de Mongolia y norte
del Himalaya o los medios forestales desde el sur de
Asia hasta las islas de Sonda, aunque su practica de
caza en grupo sea más eficaz en los medios más
abiertos.
región bajo la fuerte presión antrópica, quedando
relegado a algunos refugios del norte de la Península (Saarma et al., 2007). A lo largo del Würm, el oso
de las cavernas ocupaba casi toda Europa, no apareciendo ni en Zafarraya ni en otros yacimientos del
sur de Iberia (Cova Negra, La Carigüela, Gibraltar)
(Zeuner y Sutcliffe, 1964; Bouchud, 1969; Pérez
Ripoll, 1977) El actual oso pardo es casi exclusivamente forestal y caza en pequeños grupos familiares, de forma que su presencia en el sur de la
Península Ibérica indicaría que la región estuvo
cubierta de bosques.
Medio ambiente
Bosque
Taxón
Cervus elaphus
Ursus arctos
Lynx pardina
Felis silvestris
Bosque y pantano
Cervus elaphus
Ursus arctos
Lynx pardina
Felis silvestris
Bos primigenius
Sus scrofa
Rupícola con afinidad forestal
Rupicapra pyrenaica
Rupícola
Capra pyrenaica
Pradera
Equus caballus
Equus hydruntinus
Ubiquistas
Cuon alpinus
Vulpes vulpes
Crocuta crocuta
Panthera pardus
Mustela erminea
Mustela nivalis
Tab. 2. Lista de los taxones de macromamíferos presentes en la
cueva del Boquete de Zafarraya, distribuidos en función de sus
hábitats preferentes (a partir de Barroso y Lumley, 2006).
El zorro presente en Zafarraya es una forma más
robusta que la del zorro mediterráneo y más grande
que los del norte de Europa, lugares en los que
actualmente también ocupa medios muy diversos.
La hiena de Zafarraya ha sido hallada tanto en sitios
montañosos como en llanuras de Europa en diferentes momentos climáticos, desde hace 350.000 años,
abundando especialmente en la primera mitad del
último periodo glaciar y más raramente hacia los
30.000 años BP.
El oso pardo, presente en el sur de Iberia durante
todo el Pleistoceno Superior, desaparece de la
El lince y el gato montés han estado siempre
presentes en las áreas forestales del sur de Iberia y
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ANTONIO MONCLOVA BOHÓRQUEZ ET AL.
sus equivalentes fósiles no se diferencian de los
actuales, salvo por la disminución de su talla. El
leopardo ocupa medios forestales de zonas escarpadas, espacios semi abiertos, abiertos o áridos,
estando actualmente presente en toda Africa y
Eurasia hasta el paralelo 50, cazando al acecho
herbívoros de talla media a pequeña, según el entorno. Su abundancia en Zafarraya está justificada por
las características del entorno.
Teniendo en cuenta que la talla de los mustélidos
europeos parece variar según un gradiente oceánico
continental (Meiri et al., 2009), los hallados en
Zafarraya muestran una talla bastante robusta,
próxima a la de los que habitan regiones oceánicas o
a los de niveles contemporáneos de climas templados húmedos.
El leopardo y el cuón son los carnívoros más
abundantes toda la secuencia de la cueva de
Zafarraya. El que carnívoros estén entre los más
raros de muchos sitios pleistocenos, hace que tal
abundancia pueda indicar la existencia de condiciones paleoambientales muy particulares en la región.
La posterior instalación de unas condiciones más
templadas, probablemente favoreció la incursión de
dichas especies hacia el resto de la Península Ibérica, apareciendo asociadas a industrias líticas
auriñacienses y posteriormente a otras más tardías
del norte peninsular.
La presencia del ciervo a lo largo de toda la estratigrafía de Zafarraya, indica que sus predadores
actuaron durante los periodos estivales en el entorno forestal del poljé próximo a la cueva. Este medio
era especialmente favorable a la presencia de los
ciervos, hecho corroborado por la numerosa presencia de restos de cervatillos jóvenes, indicativo de la
existencia de manadas (Jarnemo, 2011).
La cabra montés actual está constantemente
presente en la sierra de Alhama. Su abundancia a lo
largo de toda la estratigrafía de la cueva de Zafarraya – incluida la de individuos jóvenes – convierte a
este animal en el más característico de la región
para la época y probablemente lo hizo objeto preferente de la caza por parte de los homínidos y la
depredación por los cuones y leopardos.
Los rebecos actuales se refugian en invierno en los
bosques de umbría cuando las cumbres y sus pastos
están nevados (Häsler, 2001). Sin embargo, es sor-
96
prendente hallarlos en la cueva en periodos en que
presumiblemente fueron más benignos, a menos
que un clima especialmente más húmedo que el
actual, no hubiese favorecido espesas coberturas de
nieve en las áreas más altas.
El uro es un gran bóvido relativamente frecuente en
los yacimientos europeos durante los periodos
templados del Cuaternario, donde reemplaza al
bisonte (van Vuure, 2002; Edwards et al., 2007).
Desapareció del sur de Iberia después de la ocupación romana y hace pocos siglos lo hizo del resto de
Europa. Durante el periodo contemporáneo al
depósito de Zafarraya, el uro aparece con más
frecuencia en el resto de la Península Ibérica y su
presencia en la cueva podría estar asociada a la
existencia de áreas encharcadas en el poljé cercano
a la cueva.
El jabalí expande su rango en el entorno mediterráneo, desde el final del Pleistoceno. Actualmente es
bastante frecuente en toda Europa, con un gradiente
norte-sur de descenso de robustez (Albarella et al.,
2009). El jabalí muestra preferencia por áreas forestales y especialmente húmedas. Aunque es un
animal bastante raro durante el Pleistoceno,
siempre presente en la región.
Los pocos restos de caballos hallados en la cueva de
Zafarraya, indican su escasa presencia en el entorno
o que fueron poco cazados. Dado que estos animales
suelen ser frecuentes en la mayoría de yacimientos
de Iberia, siendo en general animales apreciados en
los sitios prehistóricos, su relativa ausencia podría
estar relacionada con la elevada ubicación del
yacimiento (en los yacimientos más elevados de la
región cantábrica o cuando las zonas de prados no
son suficientes, los caballos son muy raros (Bignon
et al., 2005; Bignon y Eisenmann, 2006; Sommer et
al., 2011). En cuanto al asno salvaje, se trata de un
animal corredor muy extendido alrededor de la
cuenca mediterránea, su capacidad para vivir en
áreas escarpadas facultaría su presencia en el
entorno de Zafarraya.
&$7(*25$6&/,0„7,&2(&2/–*,&$6
La sinecología permite deducir los paleoambientes,
razonado sobre los principales parámetros que
definen las especies animales integrantes de una
comunidad faunística. Para ello puede partirse de
varios métodos, entre los que destacaremos aquí los
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UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
cenogramas, los histogramas ecológicos y los
climatogramas. Estas representaciones están realizadas sobre la base de la posición sistemática, el
régimen alimentario, la adaptación locomotriz y la
masa para cada una de las especies representadas
(Kurten, 1968; Flemming, 1973, Andrew et al., 1979 y
Guerin et al., 1996).
Cenogramas. El método de los cenogramas fue
desarrollado por J. Valverde (Valverde, 1964), para
su aplicación en comunidades animales actuales, y
posteriormente modificado por S. Legendre en 1988,
para así permitir su aplicación a las faunas fósiles.
Es una metodología de inferencia paleoecológica
basada en el establecimiento de una distribución
ponderada de las especies que forman una comunidad faunística concreta. Se basa en la estimación de
un peso para cada especie, mediante la aplicación
de una relación alométrica entre los pesos de los
diferentes taxones y la superficie del molar inferior
M1 de cada uno de ellos. Posteriormente, las
especies son trasladadas al eje de abscisa por orden
decreciente de su talla, y los valores del logaritmo
del peso estimado al de ordenadas.
Aunque desgraciadamente, en Zafarraya no tenemos
suficientes taxones para proponer cenogramas
completamente representativos, en la figura 7
mostramos las gráficas resultantes para dos de las
unidades arqueo-estratigráficas, en las cuales para
una mejor interpretación se han realizado dos tipos
de cenogramas, uno en el que se representa la
totalidad de las especies de mamíferos, y otro en el
que excluye a los carnívoros, considerados por
algunos autores demasiado ubicuos para ser tenidos
en cuenta (Montuire, 1994; Rodríguez et al., 1996).
El análisis de la pendiente de las curvas representadas en los cenogramas, permite comprender la
evolución medioambiental y climática, valiéndonos
para ello de las apetencias que los diferentes
taxones muestran por los medios abiertos o cerrados y húmedos o secos. Así, si una pendiente es
suave indicará un ambiente húmedo y si una
pendiente es más pronunciada indicará una cierta
aridez. Los cenogramas realizados para Zafarraya,
permiten señalar que el clima fue húmedo a todo lo
largo de la estratigrafía.
Fig. 7. Parejas de cenogramas realizados para las unidades arqueo-estratigráficas UB y UC. Las flechas rojas indican las "divisorias"
características de las curvas realizadas sin los carnívoros. Todos los valores de relación alométrica obtenidos para cada uno de los taxones
de mamíferos analizados de la cueva de Zafarraya, pueden verse en Barroso, 2003, p. 323, Tabla 2.
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ANTONIO MONCLOVA BOHÓRQUEZ ET AL.
Si en una curva de los cenogramas apreciamos una
divisoria entre los datos referentes a los pesos de
las masas grandes y de las masas pequeñas, nos
indicaría que el medio fue abierto, mientras que si
no existe tal divisoria, nos indicaría lo contrario.
Los cenogramas establecidos para el conjunto total
de mamíferos de Zafarraya, muestran que el paisaje
era cerrado y con humedad constante, y que no
experimentó grandes trastornos, aunque si pequeñas variaciones. Por contra, si excluimos del análisis
a los carnívoros, la ausencia relativa de especies de
talla media, provoca una divisoria entre la pendiente
de los macromamíferos y la de los micromamíferos,
lo cual indicaría la presencia de espacios abiertos en
la linde de grandes complejos forestales, bajo un
clima templado y siempre húmedo.
Aunque la autoecología de los diferentes taxones de
macromamíferos permite evidenciar el grado de
apertura de un paisaje, en los cenogramas esta
evidencia se ve amortiguada por la presencia de un
gran número de taxones de micromamíferos frente a
la singular ausencia de los de macromamíferos. En
el caso de Zafarraya, el análisis realizado mediante
cenogramas posee unos límites que no nos permiten
evidenciar todos los biotopos representados en el
entorno de la cueva, mostrando solo la existencia de
un medio cerrado, no muy alejado de un paisaje
rocoso, que evoluciona bajo un clima de tendencia
húmeda. Esta descripción paisajística podríamos
relacionarla con el poljé actualmente visible al norte
de la cueva.
La topografía montañosa de la sierra de Alhama
junto a su cercanía a la costa del Mediterráneo,
originaron los microclimas que facilitaron los
diferentes biotopos que caracterizaron el paisaje tipo
mosaico, del entorno de Zafarraya. Los diferentes
taxones faunísticos, afines a las condiciones del
medio forestal, aparecen junto a otros que nos
indican que los bosques estaban entrecortados por
zonas claras, e incluso más húmedas, tales como
cursos de agua o zonas pantanosas. Durante las
fases más secas la extensión de los humedales
debió limitarse a la superficie del poljé, mientras
que durante las fases más húmedas debió cubrir
una gran parte de las colinas del entorno del poljé,
rodeando más o menos los espacios rupícolas de
altitud.
98
Histogramas ecológicos. La abundancia de animales
de talla media y pequeña puede mostrarse partiendo
de sus masas corporales, confirmando en general el
carácter de un determinado entorno ambiental.
Los carnívoros son frecuentes en todas las grandes
unidades, pero en el caso de las unidades UB, UF y
UD de Zafarraya, aumenta el número de las especies
de talla pequeña. Además, los animales hipsodontos
consumidores de gramíneas son abundantes (son
los bóvidos rupicolas), de forma que los histogramas
indican un ambiente de montaña.
En la unidad UE aumentan las especies hipsodontas
en relación con la unidad UC, más rica en elementos
forestales braquidontos u omnívoros y, en general,
de menor talla. Así, los histogramas de la unidad UE
indican un medio ambiente más abierto y seco, en el
cual los homínidos pudieron practicar mejor la caza.
Climatogramas. En estas representaciones no se
tiene en cuenta la importancia relativa de cada
especie en el yacimiento. Para comparar las grandes
unidades arqueoestratigráficas de Zafarraya se ha
construido un climatograma mediante la agrupación
de las especies por sus afinidades ecológicas, privilegiando el gradiente de humedad.
Las diferentes categorías paleoecológicas establecidas permiten comparar la evolución de las condiciones medioambientales con respecto a las otras
categorías de animales (roedores, reptiles, aves,
etc.). Así, en el climatograma construido según el
número de restos, destaca la importancia de las
cabras y permite reconocer las tendencias observadas en los roedores.
En la figura 8 representamos un climatograma
basado en el número mínimo de individuos, lo cual
minimiza un poco las especies sobre-representadas,
situación típica de los yacimientos alterados por los
hombres y los carnívoros, como es el caso de
Zafarraya.
La evolución del clima durante el periodo de tiempo
en que aconteció el relleno sedimentario de la cueva
de Zafarraya, queda reflejado en los cambios que se
van produciendo en la composición del registro
faunístico a lo largo de la secuencia estratigráfica.
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UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
fríos o secos. Aunque el caballo sea raro en general
y algunos de sus restos se concentren en la unidad
UC, la mayor parte de ellos están en la unidad UE, a
la que los estudios antracológicos y herpetológicos
consideran un nivel más seco y fresco. Otros restos
de caballo aparecen en la unidad UF, en la que se
concentra una parte los restos de asno salvaje, que
también aparecen en la base de la unidad UE, en
unos niveles ricos en ciervo y rebecos, considerado
como una unidad más húmeda que los niveles
suprayacentes.
Los cérvidos aparecen desde la mitad de la unidad
UG hasta la primera mitad de la unidad UE, para
reaparecer en la unidad UD y no abandonar la
secuencia hasta el final. Ni los restos de rebeco ni
los de los uros, muestran variaciones ligadas a la
frecuencia de la presencia de los ciervos, siendo los
uros más frecuentes al inicio del relleno, particularmente en la unidad UC.
Fig. 8. Evolución del clima en función de los grandes mamíferos de
la cueva del Boquete de Zafarraya (Modificado a partir de Barroso y
Lumley, 2006).
Los ungulados son los macromamíferos más
abundantes en el yacimiento, y su sensibilidad a las
variaciones medioambientales es notoria. Así, en los
niveles del Paleolítico superior del norte peninsular,
el aumento de la relación cabra/ciervo constata a la
perfección las variaciones en la intensidad del frío,
en otro buen número de yacimientos musterienses
dicha variación está ilustrada por la relación
bisonte/ciervo, mientras que en sitios prehistóricos
como la cueva francesa de Hortus (Pillard, 1972),
durante las fases climáticas más frías se produce un
aumento significativo del porcentaje de las cabras.
En la cueva de Zafarraya, un yacimiento ubicado a
una cierta altura, no tendría por que cumplirse los
presupuestos anteriores, por lo que la presencia
continuada de las cabras no tiene por que indicar
variaciones en la intensidad del frío. Puede decirse
que, en general, las mínimas variaciones entre
niveles estratigráficos se muestran por la presencia
de la cabra, representando meras oscilaciones
ligadas a la concurrencia o ausencia de otras
especies y, por tanto, no muestran tendencias
claras.
Por otro lado, la pauta mostrada por la presencia de
caballos en la estratigrafía de la cueva de Zafarraya,
podría indicar la instalación alternada de climas más
La presencia de los jabalíes suele asociarse a un
aumento del grado de humedad, por lo que su mayor
frecuencia en la unidad UD y en la base de la unidad
UC, se relaciona con el aumento del porcentaje del
ciervo, el rebeco y los pequeños felinos, todos de un
periodo más húmedo.
La presencia de restos de oso pardo es más importante al inicio de la unidad UC y en la UG (la más
húmeda), los de hiena en los niveles superiores, los
de gato montés en los niveles superiores y en la
unidad UC, los de comadreja en las unidades inferiores (UE, UF y UG), los de cuón en las tres unidades
superiores (UC, UB y UA) y, finalmente, los de
leopardo en las unidades mayores (UF, UA y UB).
Curiosamente, la presencia del leopardo está
relacionada con la variación en el número de
ungulados, mientras que la presencia del gato y la
comadreja son mutuamente excluyentes, salvo en la
unidad UF.
Por último habría que señalar que las variaciones en
las proporciones de los macromamíferos a lo largo
de la secuencia estratigráfica de la cueva de
Zafarraya (Fig. 9), parecen confirmar que durante el
depósito existió un clima templado y húmedo, más
fresco que el actual, con una fase inicial de clima
más húmedo y aumento de las áreas forestal, y con
las fases caracterizada por condiciones climáticas
mediterráneas.
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ANTONIO MONCLOVA BOHÓRQUEZ ET AL.
Fig. 9. Relación entre la repartición de los grandes mamíferos de la cueva del Boquete de Zafarraya, en función de la evolución del clima.
Agrupados por afinidades climáticas y contados en número mínimo de individuos (NMI) (Modificado a partir de Barroso y Lumley, 2006).
&21&/86,21(6
El presente análisis se ha llevado partiendo del
estudio de la determinación específica de casi 3.500
restos de macromamíferos, procedentes de la
excavación de casi un metro cincuenta de potencia
estratigráfica en la cueva de Zafarraya.
Todos los carnívoros representados en la cueva de
Zafarraya son especies características del Pleistoceno. Las mejor representadas son el cuón y el leopardo, animales que por otra parte suelen ser bastante
raros en los yacimientos europeos de dicha época y
menos en cuevas de esta altitud, lo que sitúa a dicha
abundancia como indicativa de unas condiciones
medioambientales especialmente favorables para
ellos. Destacando además, que la apetencia del
leopardo por los mamíferos de mediano porte,
podría relacionarse con la amplia representación de
cabras en el yacimiento, En referencia al cuón cabe
destacar su mayor presencia en los niveles estratigráficos superiores, donde aparecen intercalados
con los niveles antrópicos.
100
Los zorros están muy poco representados en el
yacimiento y su reducida talla podría estar asociada
a un gradiente latitudinal norte-sur. Los restos de
oso se corresponden a individuos robustos. Las poco
numerosas hienas son Crocuta crocuta, la cual
aparece en Europa occidental hacia el estadio isotópico 9 y abunda en la primera mitad de la última
glaciación. El gato montés es un de un tipo muy
robusto del Pleistoceno, apareciendo regularmente
durante toda la serie estratigráfica. Los restos de
lince son un poco más numerosos y más dispersos
en la cueva, tratándose exclusivamente de adultos
de la especie L. pardina. Las comadrejas son
bastante robustas, indicando que fueron animales
adaptados a un clima templado.
Todos los herbívoros presentes en la cueva de
Zafarraya son muy comunes en los yacimientos
prehistóricos, destacando solamente el predominio
de la cabra en relación a las otras especies. El ciervo
y el rebeco están menos representados, mientras
que el uro y los équidos son muy raros.
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UNA APROXIMACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA FAUNA DE MACROMAMÍFEROS DE LA CUEVA DE ZAFARRAYA (ALCAUCÍN, MÁLAGA)
Los ciervos son ejemplares relativamente robustos y
la mitad de ellos son individuos muy jóvenes
muertos en verano. La cabra ha sido descrita a
partir de 140 individuos relativamente gráciles,
claramente diferentes de la gran C. ibex anterior al
Würm (Lazaret o la cueva del Prince) o las cabras
mediterráneas asociadas a los yacimientos musterienses (Hortus, la Crouzade, Dordoña, los Pirineos
o el País Vasco). Los restos de rebeco observados en
la cueva de Zafarraya, parecen confirmar su presencia en periodos anteriores a los ya conocidos en el
Pleistoceno de la Península Ibérica. El uro presente
en la cueva, es una especie conocida en Europa
occidental desde el inicio del Pleistoceno Medio. El
jabalí es una de las especies de herbívoros menos
representadas en la cueva, al igual que en la mayoría de los yacimientos paleolíticos.
Los équidos están representados por dos especies:
el caballo, de gran talla, bastante robusto y con
características dentarias próximas a las del E. c.
germanicus, taxón bien conocido en Europa occidental durante la primera mitad de la última glaciación;
y el asno salvaje, una especie mediterránea conocida
desde el inicio del Pleistoceno Medio, y más frecuentemente desde el último interglaciar.
En los niveles antrópicos aparecen numerosos
restos óseos de cabras, además de los de otros
herbívoros, particularmente ciervos. Los huesos y a
veces los dientes aparecen fracturados de una
forma sistemática, con claros bordes de fractura
contemporánea a la muerte de los animales, así
como con estrías de descarnización y señales de
desarticulación en muchos de los casos. Además,
muchos de los restos óseos están calcinados o
parcialmente quemados.
Los homínidos consumieron cabras durante cada
una de las ocupaciones de la cueva, muchas de las
cuales eran individuos jóvenes de apenas tres meses
de edad y hembras adultas, señal inequívoca de una
practica de la caza en época estival. Llevada a cabo
seguramente en el entorno inmediato de la cueva,
los cazadores se habrían desplazado regularmente
en pequeños grupos de individuos o en unidades
familiares, cubriendo solo el consumo del día durante esa época del año, capturando ejemplares dispersos en los acantilados o en los prados, entre los que
se encontraban hembras recién paridas, los cabritos
y los jóvenes del año anterior, que formaban rebaños
separados de los machos de tres años.
Aunque las marcas de acción antrópica sobre los
restos de cabra son relativamente raras, aparecen
estrías de desarticulación, así como estrías de
descarnación en costillas y vértebras, estando los
huesos largos frecuentemente fracturados por
pisoteos. El extremo desgaste de los huesos de
cabritos se debe a la acción de los carnívoros. Las
esquirlas también presentan estrías antrópicas y
quemaduras parciales, casi un tercio de los huesos
hallados en el hogar están quemados, estando calcinados ciertos elementos de las extremidades,
señales ambas de que las canales fueron cocinadas.
En general, las diferentes ocupaciones humanas se
sucedieron durante los periodos más o menos
frescos y más o menos templados, siempre al inicio
del verano o durante dicha estación y de forma
contemporáneas a la llegada de leopardos y cuones.
%,%/,2*5$)$
ALBARELLA, U., DOBNEY, K. y ROWLEY-CONWY, P.
(2009): "Size and shape of the Eurasian wild boar
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Vista de la entrada de la cueva del Higueral-Guardia.
Foto: Equipo Kuretes.
DOSSIER
TITANES EN EL COMPLEJO MOTILLAS. LA SECUENCIA DEL PLEISTOCENO SUPERIOR DE LA CUEVA DEL HIGUERAL-GUARDIA EN LA CORDILLERA BÉTICA OCCIDENTAL (PROYECTO KURETES)
7,7$1(6(1(/&203/(-2027,//$6/$
6(&8(1&,$'(/3/(,672&(12683(5,25'(
/$&8(9$'(/+,*8(5$/*8$5',$(1/$
%e7,&$2&&,'(17$/352<(&72.85(7(6
Javier Baena Preysler1, Antonio Morgado Rodríguez2, José Antonio Lozano Rodríguez3, Concepción Torres Navas1, Antonio
Alcalá Ortiz4, Rafael Bermúdez Cano4, Francisco Bermúdez Jiménez4 y Francisco Ruiz-Ruano Cobo4
5HVXPHQ
El “Proyecto KURETES. Primeras ocupaciones humanas, evolución paleoecológica y climática del Cuaternario
de la Cordillera Bética occidental”, aprobado por la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería
de Cultura de la Junta de Andalucía busca analizar las primeras ocupaciones humanas en el contexto de la
evolución paleoecológica y los cambios climáticos del Cuaternario de la cordillera Bética occidental, a partir
de diferentes actuaciones de prospección y excavación arqueológica en los sistemas kársticos de la serranía
de Ronda.
La primera actuación arqueológica realizada dentro de este proyecto consistió en la apertura de tres sondeos
arqueológicos en la cueva del Higueral-Guardia (Málaga-Cádiz) en agosto de 2011 (Baena Preysler et al., e.p).
Los primeros resultados indican que contamos con una secuencia, muy afectada por la acción de clandestinos, en la que se documentan distintas ocupaciones a lo largo del tramo final del Pleistoceno Superior.
3DODEUDVFODYHPaleolítico, Musteriense, Solutrense, Complejo Motillas, karst, secuencia arqueológica.
7,7$16,17+(027,//$6&203/(;7+(833(53/(,672&(1(
6(48(1&($7&$9(2)(/+,*8(5$/*8$5',$,17+(:(67(51%(7,&
$EVWUDFW
The Project “KURETES: earliest human occupation, and climatic evolution of the Quaternary paleoecology of
the western Betic mountain range”, suported by the General Direction of Cultural Heritage of the Ministry of
Culture of the Andalusian Government seeks to analyze the earliest human occupation in the context of the
paleoecological changes climate during the Quaternary at the Western Betics Mountains, from different
activities of surveying and excavation in the karst of the Serranía de Ronda.
The first archaeological work conducted within this project was the opening of three sondages at HigueralGuardia Cave (Málaga-Cádiz) in August 2011 (Baena Preysler et al., ep). Preliminary results indicate that we
have a complete sequence, very affected by looting, in the recent occupations (Solutrean), that are
documented along the final stretch of the Upper Pleistocene.
.H\ZRUGVPaleolithic, Mousterian, Solutrean, Motillas Complex, Karst, Archaeological Sequence
1
Dpto. de Prehistoria y Arqueología. Universidad Autónoma de Madrid. [[email protected]], [[email protected]]
Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Granada. [[email protected]]
Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra [Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Universidad de Granada]. [[email protected]]
4
Grupo espeleológico G40 – http://www.g40espeleo.es/web/ [[email protected]], [[email protected]], [[email protected]],
[efe2[email protected]]
2
3
Recibido: 18/09/2012; Aceptado: 15/10/2012
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 107-117. ISSN 2172-6175 // DOSSIER
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JAVIER BAENA PREYSLER ET AL.
En los bosques de los tartessios,
en los que se dice que los titanes hicieron la guerra
a los dioses, habitaron los Kuretes…
sistemas tanto exokárstico como endokarstico.
Siendo este el contexto en el que se enclava la
primera actuación arqueológica que presentamos.
Justino: Epitoma historiarum Plilippicarum Pompei Trogi: 44, 4
$&78$&,21(635(9,$6
&217(;72*(2*5„),&2<*(2/–*,&2
La cueva del Higueral-Guardia de Las Motillas se
encuentra localizada entre los límites administrativos de las provincias andaluzas de Málaga y Cádiz en
el denominado cerro de Las Motillas de la Serranía
de Ronda, a más de 400 msnm. La cavidad se sitúa
en el Parque Natural de Los Alcornocales, entre los
términos municipales de Cortes de la Frontera
(Málaga) y Jerez de la Frontera (Cádiz) (Fig. 1). Se
trata de un complejo kárstico con diferentes cavidades y abrigos rocosos, algunas de ellas permanecen
inéditas. Ciertas intervenciones puntuales relacionadas con las agresiones que los rellenos sedimentarios de estas cuevas han sufrido, indican una
frecuentación desde, al menos el Pleistoceno Superior. Su investigación está relacionada con el aprovechamiento de los ecosistemas de baja-media montaña en una zona de transición entre los ecosistemas
del Campo de Gibraltar y la alta montaña de la
Serranía de Ronda.
La cueva Higueral-Guardia se localiza en las partes
más altas del complejo Las Motillas (Lám. 1 y Fig. 2).
Sus dos bocas de entrada no son visibles por el lugar
en el que se encuentran, sobreelevadas respecto al
pasillo kárstico principal del complejo Las Motillas.
La cueva presenta un desarrollo de un centenar de
metros. Su génesis es debida a un proceso hídrico
desarrollado muy probablemente en los inicios del
ciclo de karstificación de este cerro.
La gran cadena montañosa caliza que se extiende
desde la sierra de Grazalema, en el norte de la
provincia de Cádiz, hasta sierra Gorda, ya en el
sector central de la cordillera Bética en la provincia
de Granada, con una directriz bética ENE-OSO
integra un conjunto de sierras, todas ellas pertenecientes geológicamente al Subbético Interno (incluyendo el Penibético), que acogen numerosos paisajes kársticos de la región andaluza. En este gran eje
destacan, de oeste a este, macizos kársticos tan
emblemáticos como los de las sierras de Grazalema,
Ubrique, Endrinal, Líbar, Blanquilla, Torcal de
Antequera y sierra Gorda.
Las sierras del eje kárstico señalado están mayoritariamente constituidas por grandes afloramientos de
rocas jurásicas y cretácicas de naturaleza carbonatada. Estas rocas fueron plegadas, fracturadas y
desplazadas formando los grandes relieves que hoy
representan las Zonas Externas de la cordillera
Bética, durante la orogenia Alpina. Desde ese momento, los relieves sometidos a la acción del agua, el
hielo y el viento, han dado lugar al desarrollo de
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Lám. 1. Toma de datos topográficos. Foto: Grupo espeleológico G40.
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TITANES EN EL COMPLEJO MOTILLAS. LA SECUENCIA DEL PLEISTOCENO SUPERIOR DE LA CUEVA DEL HIGUERAL-GUARDIA EN LA CORDILLERA BÉTICA OCCIDENTAL (PROYECTO KURETES)
Fig. 1. Localización de la cueva del Higueral–Guardia.
MENGA. REVISTA
DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 107-117. ISSN 2172-6175
Fig. 2. Planta y alzado de la cueva del Higueral-Guardia. Grupo espeleológico
G40.
// DOSSIER
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JAVIER BAENA PREYSLER ET AL.
El contenido patrimonial y arqueológico de la cueva
fue dado a conocer a partir de la donación de ciertos
conjuntos líticos a los museos de la provincia de
Cádiz, aunque la cavidad se encuentra en la provincia de Málaga. Por otro lado, en las paredes se ha
referenciado la presencia de signos grabados compuestos por trazos simples y finos, aunque no
adscrito a cronología concreta (Giles Pacheco et al.,
1998).
En cuanto a los materiales arqueológicos, a partir de
los saqueos y remociones citados, algunos investigadores realizaron durante los años ochenta una
“limpieza arqueológica”. Curiosamente, mediante la
limpieza y la reactivación de las catas clandestinas,
se pudo evidenciar la siguiente secuencia (Giles
Pacheco et al., 1997: 1998, 2003, 2007):
D
Nivel superficial con contenido de la Prehistoria reciente y periodo histórico (nivel 1 Neolítico).
D
Estrato compuesto por fragmentos de rocas
calizas procedentes de paredes y techos
(nivel 2).
D
Nivel de arenas ocres de matriz arcillosas
(nivel 3).
D
Estrato arcilloso de color negro por acumulación de restos orgánicos y estructuras de
combustión, con abundantes materiales arqueológicos. Este nivel reflejó una intensa
ocupación humana (nivel 4 Solutrense).
Por último debemos señalar que sobre los restos
óseos recuperados de este último nivel arqueológico
se ha realizado alguna aportación puntual para el
reconocimiento faunístico y su estudio tafonómico
(Cáceres Sánchez y Anconetani, 1997). Entre las
especies estudiadas en el nivel solutrense se citan:
Cervus elaphus, Dama dama, Capra ibex, Capreolus
capreolus, Bos primigenius, Oryctolagus cuniculus; y
en menor frecuencia Sus scrofa, Canis lupus,
Alectoris rufa. El estudio preliminar sugiere el carácter de hábitat de cazadores especializados en la caza
de herbívoros en su mayor parte Cervus y Capra
(Cáceres Sáchez y Anconetani, 1997: 50-51).
$&78$&,–1$548(2/–*,&$
Dada la problemática accesibilidad de la cueva del
Higueral-Guardia y el alto nivel de protección ambiental de la cueva, se llevaron a cabo una serie de
intervenciones que sirvieron de base para los trabajos arqueológicos realizados en dicha cavidad. Los
trabajos fueron ejecutados por un colectivo de
espeleólogos pertenecientes al Grupo Espeleológico
G40. Entre sus trabajos cabe destacar la realización
de topografía detallada de la cavidad y la adecuación
e instalación de montajes espeleológicos necesarios
para acceder sin riesgos a la cavidad (Lám. 2). Las
jornadas de trabajo incluían expresamente las horas
de entrada y salida de los murciélagos de la cueva.
Adicionalmente, para evitar la entrada de ruidos a la
cavidad, se instaló una pantalla insonorizante móvil
de poliéster, la cual tapaba parcialmente la entrada
de la cueva durante las horas de trabajo y se retiraba
diariamente al finalizar los trabajos de excavación.
Lám. 2. Trabajos de adecuación de acceso a la cavidad. Foto: Grupo espeleológico G40.
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TITANES EN EL COMPLEJO MOTILLAS. LA SECUENCIA DEL PLEISTOCENO SUPERIOR DE LA CUEVA DEL HIGUERAL-GUARDIA EN LA CORDILLERA BÉTICA OCCIDENTAL (PROYECTO KURETES)
Lám. 3. Trabajos de excavación en el sondeo 1. Toma de muestras.
Seguidamente se comenzaron dos sondeos (1 y 2),
sin embargo, la fuerte afección de actividades
clandestinas en el sondeo 2 obligó a la apertura de
un tercer sondeo para detectar niveles intactos. Los
sondeos se abrieron por medios manuales y fueron
excavados con metodología arqueológica con el
objetivo de localizar niveles de depósito o vestigios
de actividad antrópica. Se documentó la industria
lítica y cerámica así como los restos óseos superiores a 2 cm, mediante las tres coordenadas espaciales (x, y, z). La información quedó procesada en
fichas de campo que, además de dichas coordenadas
(tomadas mediante estación total), se incluyeron
datos sobre la pendiente, la orientación (en materiales orientables), así como una breve descripción.
Se recogieron muestras significativas de sedimento
por niveles geológicos, así como por niveles arqueológicos. Asimismo, con el fin de determinar el marco
cronológico se tomaron diferentes muestras con
contenido en materia orgánica para su datación
mediante C-14 (AMS).
Fig. 3. Distribución de sondeos arqueológicos sobre planta. Grupo
espeleológico G40.
La distribución de los sondeos no fue azarosa sino el
resultado de un trabajo de prospección intensiva en
la Serranía de Ronda (Málaga-Cádiz) donde se ubica
la cueva del Higueral-Guardia. Localizada la cavidad,
el estudio de sus características topográficas y geológicas así como los registros arqueológicos hallados en superficie determinaron los lugares de apertura de los sondeos (Fig. 3):
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JAVIER BAENA PREYSLER ET AL.
Sondeo 1: abierto en el interior de la cavidad junto a
la fachada norte de la misma (Lám. 3).
Sondeo 2: abierto en el interior de la cavidad junto a
la fachada norte de la misma. Parte del sondeo se
localizaba bajo costra de espeleotema.
Sondeo 3: abierto en el interior de la cavidad junto a
la fachada norte de la misma. Es el sondeo más
cercano a la boca este de la cueva.
'(6&5,3&,–1,1',9,'8$/,=$'$'(/26621'(26
<5(68/7$'26$548(2/–*,&26
Sondeo 1:
1 La limpieza superficial permitió comprobar que existían restos de un posible expolio sobre
niveles neolíticos (Tab. 1). La secuencia parecía
incompleta y el sedimento se encontraba removido
mostrando una clara ruptura (Lám. 4). Los trabajos
continuaron hasta detectar sedimentos consolidados
con una estratigrafía que resumimos en la Tabla 1.
La detección de una concentración de piedras al
norte del sondeo obligó a iniciar la ampliación de la
excavación del mismo, sin resultados por el momento. Por debajo del nivel 5, aparecen arcillas muy
compactadas sin restos arqueológicos.
COTAS MEDIAS
INICIALES DE
NIVELES (M)
DESCRIPCIÓN DE NIVELES
Nivel superficial (1)
0,155
Superficial con oxigenación.
Nivel 2
-0,002
Arcilla marrón-rojiza muy oxigenada.
Nivel 3
-0,204
Limos grises con abundante fauna de
lagomorfos e industria lítica.
Nivel 4
-0,336
Limos grises menos compactados
que los precedentes con abundante
fauna y elementos tallados.
Nivel 5
-0, 374
Arcillas con presencia de macrofauna
y escasos fragmentos tallados, entre
ellos, un núcleo.
Lám. 4. Trabajos de excavación en el sondeo 1 de la cueva del
Higueral-Guardia. Perfil oeste.
costra para delimitar uno de los laterales de la cuadrícula (perfil oeste). Durante la rotura de la costra
aparecieron abundantes carbones, cerámica, restos
de fauna e industria lítica, y justo debajo de la misma
localizamos un elemento de adorno y un fragmento
de hoja que parecía indicar la adscripción solutrense
a la base de dicha costra (Lám. 5).
Tras la limpieza de la superficie (nivel 1) se procedió
a excavar un nivel 2 que contaba con abundante
industria lítica y ósea. Se trataba de un nivel cuya
textura suelta en el sedimento, además de la intrusión de elementos recientes como aluminio o plásti-
Tab. 1. Descripción de los niveles y cotas medias.
Sondeo 2
2: Comenzamos la excavación sobre un gran
resto de costra donde se localizaron abundantes
restos de fauna e industria en sílex. Mediante microdetonaciones ejecutadas por Rafael Bermúdez Cano
(del grupo espeleológico G-40) se fracturó dicha
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Lám. 5. Trabajos de excavación en el sondeo 2 de la cueva del
Higueral-Guardia.
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TITANES EN EL COMPLEJO MOTILLAS. LA SECUENCIA DEL PLEISTOCENO SUPERIOR DE LA CUEVA DEL HIGUERAL-GUARDIA EN LA CORDILLERA BÉTICA OCCIDENTAL (PROYECTO KURETES)
co, nos indicaba que estos primeros niveles solutrenses se encontraban removidos a causa de una
previa y desconocida acción expoliadora.
Dada la alteración de los sedimentos procedimos a
realizar una recogida mediante criba de 0,5 mm de
los restos conservados en los sedimentos revueltos.
El siguiente nivel (3) presentaba una textura limoarcillosa de color negro con abundante materia orgánica, industria lítica y restos de fauna. Igualmente procedemos a la limpieza de todo el nivel (Láms. 6-10).
El correlativo nivel 4 confirmó la existencia de una
secuencia más dura y regular de relleno limo-arcilloso anaranjado en el que se insertaban pequeñas
depresiones rellenas del nivel superior, que posiblemente correspondiesen a bioturbaciones, con algo
de material arqueológico asociado.
Posteriormente, se documentó un nivel de arcillas
(nivel 5) que aunque en algunas zonas del sondeo
presentaba coloraciones diferenciadas, en general,
su textura y grado de compactación era similar en
toda su extensión. Debido a esta circunstancia se
optó por excavar en tallas artificiales, documentando
escaso material arqueológico. Intercalado dentro de
este paquete sedimentario, documentamos un nivel
de brecha carbonatada en la esquina noreste y
centro del sondeo. El relleno terrígeno que colmata
la brecha carbonatada se marcó como nivel 6. Seguidamente diferenciamos un nivel 7 compuesto por
una formación brechificada y dos sub-niveles de
arcillas (nivel 7A y nivel 7B). El nivel 7A presentaba
restos de la brecha carbonatada y muestra una
tonalidad anaranjada; el nivel 7B es de textura
menos compacta con gravas y coloración marrón.
Restos carbonizados de este nivel han ofrecido una
primera datación numérica de 37410±240 BP sin
calibrar (Beta-318022), lo que confirma su adscripción musteriense. Los siguientes niveles (8 y 9)
presentaban sedimento de limos y arcillas. En el
último, la presencia de industria lítica era escasa
pero presentaba abundantes restos faunísticos con
clara acción antrópica en los mismos (Lám. 11 y 12).
Sondeo 3
3: Comenzamos a eliminar la primera capa
de tierra muy oxigenada, apareciendo un gran bloque
que ocupa gran parte del sector este de la cuadrícula. Aparecieron además algunos fragmentos de huesos y una lasca de sílex entre el nivel del revuelto
superficial. A una cota de -0,255 m aparece el primer
nivel rico en micro y macrofauna con fragmentos de
lascas de sílex. Se nivela la cuadrícula en toda su
extensión y aislamos dos grandes bloques de piedra,
que impiden la continuación del sondeo.
&21&/86,21(6
En el mes de agosto de 2011 se ejecutó la fase del
Proyecto KURETES correspondiente a las labores de
excavación mediante sondeo dentro de la cueva del
Higueral-Guardia. Con esta primera actuación del
Proyecto KURETES se cumplieron los siguientes
objetivos específicos:
D
Establecimiento de una secuencia arqueológica completa, aunque alterada, sobre la
transición Paleolítico Medio-Superior en la
Cordillera Bética occidental.
D
Evaluación del potencial arqueológico de la
cueva mediante sondeo arqueológico de
control estratigráfico, con la obtención de un
registro microespacial arqueológico y de una
secuencia paleoecológica de una buena parte
del Pleistoceno Superior.
D
Comprensión estructural de tipo particular de
ocupación existente en cada momento cultural documentado para la región interior andaluza.
Los hallazgos documentados hasta el momento,
confirman, además de la afección producida por los
clandestinos, la existencia de una secuencia cultural
que documenta la presencia de una ocupación,
posiblemente de carácter funerario, de momentos
neolíticos (sondeo 1), la existencia de importantes
niveles solutrenses en el sondeo 2 (Solutrense
evolucionado, con puntas de pedúnculo, Lám. 13) con
posible existencia de interestratificación de un
Solutrense Superior, así como niveles con ocupación
Musterienses, dentro del OIS3 (datación de
37410±240 BP, ref. Beta-318022 para el nivel 7), con
interestratificación interna que acredita la presencia
de esquemas operativos levallois y quina (Lám. 14).
Estos niveles de ocupación musteriense presentan
una marcada escasez de restos de industria lítica
por lo que resulta tentativa su adscripción a tecnocomplejos concretos ya que ha sido realizada en
relación a escasos elementos diagnósticos de industria lítica.
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Lám. 7. Raspadores del Sondeo 2. Niveles 2/3.
Lám. 6. Productos laminares del Sondeo 2. Niveles 2/3.
Lám. 8. Puntas solutrenses de pedúnculo y aletas fragmentadas. Sondeo 2. Niveles 2/3.
Lám. 10. Elemento de adorno. Sondeo 2 nivel 3.
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Lám. 9. Productos foliáceos. Sondeo 2. Niveles 2/3.
Lám. 11. Resto óseo de fauna con huellas de corte.
Sondeo 2. Nivel 9.
TITANES EN EL COMPLEJO MOTILLAS. LA SECUENCIA DEL PLEISTOCENO SUPERIOR DE LA CUEVA DEL HIGUERAL-GUARDIA EN LA CORDILLERA BÉTICA OCCIDENTAL (PROYECTO KURETES)
Lám. 12. Resto óseo de fauna con huellas de uso. Sondeo 2. Nivel 9.
Lám. 13. Puntas solutrenses de pedúnculo y aletas.
Sondeo 2. Niveles 2/3.
Lám. 14. Núcleo levallois musteriense. Sondeo 2. Nivel 7.
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La secuencia del sondeo 2, indica que tras la ocupación musteriense y un hiato sedimentario estéril, el
siguiente contexto cronocultural registrado estratigráficamente corresponde a momentos solutrenses,
damente diferenciamos un nivel 7 compuesto por en
una sucesión semejante a las documentadas en
yacimientos próximos como la cueva del Higueral de
la Valleja (Jennings et al., 2009). En este contexto
meridional, el estudio de una secuencia como la
registrada en la cueva del Higueral-Guardia, permitirá ampliar nuestro conocimiento sobre los modelos
de ocupación-transición cultural existentes a lo largo
del Pleistoceno Superior, que en la región andaluza,
pasan por situaciones complejas (Cortés Sánchez et
al., 1997; Cortés Sánchez y Simón Vallejo, 2007). En
el caso del poblamiento solutrense, ejemplos como
el presentado, confirman el carácter interior de
estos tecnocomplejos con paralelos regionales en la
cueva de Ardales y la cueva de La Pileta (Cantalejo
Duarte et al., 2006; Cortés Sánchez y Simón Vallejo,
2007). Para momentos más antiguos, los modelos de
transición entre el Musteriense y los primeros
complejos del Paleolitico Superior, siguen dejando la
puerta abierta a situaciones complejas en función de
los contextos con situaciones de posible existencia
de perduraciones de grupos musterienses (Finlayson
et al., 2006; Jennings et al., 2009), como el posible
poblamiento en fases del Paleolítico Superior inicial
de las zonas costeras andaluzas (Cortés Sánchez y
Simón Vallejo, 2007).
$*5$'(&,0,(1726
Este trabajo se integra dentro del proyecto de investigación “Proyecto KURETES. Primeras ocupaciones
humanas, evolución paleoecológica y climática del
Cuaternario de las Béticas occidentales”, aprobado
por la Dirección General de Bienes Culturales de la
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
Queremos agradecer la colaboración del equipo de
excavación (Marta Bravo Martínez, David García
González, Francisco Martínez Sevilla, Manuel Hódar,
Gerardo Ruiz, Pablo Fernández Sánchez e Isabel
Cánovas), Igualmente, queremos agradecer el apoyo
desinteresado que a este proyecto han ofrecido la
empresa Estudios Geológicos y Medioambientales
S.L., el Ayuntamiento de Cortes de la Frontera
(Málaga) y el grupo espeleológico G-40 de Priego de
Córdoba.
%,%/,2*5$)$
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ESTUDIOS
Ajuares cerámicos procedentes de la necrópolis del cerro de San Cristóbal (Ogíjares, Granada).
Foto: Miguel Ángel Blanco de la Rubia.
.
0(1*$
03
El tholos de La pastora y su entorno: el sector oriental del yacimiento de Valencina de la
Concepción (Sevilla) a través de la geofísica
Juan Manuel Vargas Jiménez, Cornelius Meyer y Mercedes Ortega Gordillo
El yacimiento argárico del cerro de San Cristóbal (Ogíjares, Granada)
Gonzalo Aranda Jiménez, Eva Alarcón García, Mercedes Murillo-Barroso, Ignacio Montero Ruiz,
Sylvia Jiménez-Brobeil, Margarita Sánchez Romero y María Oliva Rodríguez-Ariza
El cobre de Linares (Jaén) como elemento vinculado al comercio fenicio en El Calvari de El
Molar (Tarragona)
Ignacio Montero-Ruiz, Núria Rafel, M. Carme Rovira, Xosé-Lois Armada, Raimon Graells, Mark
Hunt, Mercedes Murillo-Barroso, Martina Renzi y Marta Santos
Muerte y transfiguración: cremaciones, hecatombes y sacrificios en el final de Cancho Roano
(Zalamea de la Serena, Badajoz)
Javier Jiménez Ávila
Prospecciones geomagnéticas en el túmulo de La Pastora,
al fondo la cornisa del Aljarafe que asoma al valle del Guadalquivir.
Foto: Juan Manuel Vargas Jiménez.
ESTUDIOS
EL COBRE DE LINARES (JAÉN) COMO ELEMENTO VINCULADO AL COMERCIO FENICIO EN EL CALVARI DE EL MOLAR (TARRAGONA)
(/7+2/26'(/$3$6725$<68(172512
(/6(&72525,(17$/'(/<$&,0,(172'(
9$/(1&,1$'(/$&21&(3&,Ï16(9,//$$
75$9e6'(/$*(2)Ë6,&$
Juan Manuel Vargas Jiménez1, Cornelius Meyer2 y Mercedes Ortega Gordillo1
5HVXPHQ
Las prospecciones geomagnéticas realizadas en 2009 en el sector oriental del yacimiento de Valencina han
detectado un buen número de evidencias arqueológicas. El análisis de las mismas en su relación con datos
obtenidos recientemente en las investigaciones de ese sector, así como la excavación de la parcela municipal
situada en su entorno sustentan nuestra propuesta de interpretación. En el lado occidental de la zona
prospectada las anomalías señalan un largo foso de más de 300 m con doble/triple trazado y una apertura en
el extremo norte. En el cuadrante meridional destacan unas 20 estructuras circulares que pueden alcanzar
hasta 60 m de diámetro en cuyo entorno se disponen multitud de otras más pequeñas de 1 y 2 m de media.
Finalmente destacan los resultados obtenidos en el túmulo y entorno del propio tholos de La Pastora donde
se constata la presencia de una estructura tumular articulada en base a anillos concéntricos y líneas radiales
transversales dibujadas sobre una superficie de 85 m de diámetro correspondiente a la delimitación del
perímetro exterior del monumento.
3DODEUDVFODYHEdad del Cobre, Valencina de la Concepción, Tholos de La Pastora, Geofísica,
Magnetometría, fosos, estructuras negativas.
7+(7+2/262)/$3$6725$,1&217(;77+(*(23+<6,&6859(<2)
7+(($67(51$5($2)7+(9$/(1&,1$'(/$&21&(3&,Ï16,7(
6(9,//$
$EVWUDFW
Geomagnetic surveys carried out in 2009 in the eastern sector of the Valencina have detected a large number
of archaeological features. The analysis of these features together with the results obtained in the excavation
undertaken in a nearby municipal plot supports our interpretation. On the western side of the surveyed area,
the anomalies indicate a long ditch of over 300 m with double/triple layout and an opening at the north end.
The southern quadrant includes 20 circular features that measure up to 60 m in diameter around which there
are many smaller ones of 1 and 2 m average. Finally, the survey results of the La Pastora tholos confirm the
presence of an articulated mound based on concentric circles and radial lines cross drawn on a surface of 85
m in diameter corresponding to the outer perimeter delimitation of the monument.
.H\ZRUGVCopper Age, Valencina de la Concepción, Tholos of La Pastora, Geophysics, Magnetometry,
Ditches, Pits.
1
2
Museo de Valencina, Ayuntamiento de Valencina de la Concepción. [[email protected]]; [[email protected]]
Eastern Atlas GmnH & CO. [[email protected]–atlas.com]
Recibido: 09/04/2012; Aceptado: 30/08/2012
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JUAN MANUEL VARGAS JIMÉNEZ, CORNELIUS MEYER Y MERCEDES ORTEGA GORDILLO
,1752'8&&,–1
Durante la Prehistoria Reciente un importante
núcleo poblacional se situó a orillas del gran estuario marino que por esas fechas se adentraba hasta
la actual ciudad de Sevilla. Se trata del asentamiento
de Valencina, localizado en las más altas cotas del
Aljarafe, a unos 6 km de la capital andaluza, en un
entorno que podemos considerar privilegiado: sobre
un bosque mediterráneo, hoy desaparecido, con
pastos y abundantes recursos cinegéticos; al norte
de las fértiles tierras del campo de Gerena que más
adelante propiciarían la eclosión de la cercana
ciudad romana de Itálica. Las fuentes de suministro
de mineral de cobre se sitúan a unos pocos kilómetros al noroeste, en Aznalcollar; y su estrecha
relación con el mar favorecería su papel como
agente principal en el intercambio de materias
primas y productos (Nocete Calvo et al., 2008: 718;
Schuhmacher, 2012: 57) (Fig. 1).
El yacimiento se localiza bajo el actual casco urbano
de Valencina de la Concepción (Sevilla), superándolo
hasta alcanzar terrenos todavía rústicos, tanto hacia
el norte como al oeste donde se adentra en el
municipio vecino de Castilleja de Guzmán. La primitiva fisonomía de la zona, conservada en gran parte
hasta el proceso de expansión urbanística acaecido a
mediados del siglo XX, nos mostraba una meseta de
forma tendente a cuadrangular rodeada de suaves
laderas, ceñida entre las cotas 154 y 150 m. En torno
a ella se disponen una serie de pequeños cerros
enmarcados por cañadas más acentuadas al norte y
con menor desnivel en el extremo sur que daban
lugar a espacios inundables y de escorrentía hoy
totalmente desaparecidos (Vargas Jiménez, 2004b:
131).
Las investigaciones arqueológicas han tenido un
largo recorrido que arranca a finales del siglo XIX
con el descubrimiento de La Pastora. A partir de
esas tempranas fechas se han excavado distintos
sectores del yacimiento, lo que ha permitido fijar su
extensión en más de 400 has lo que, por sí sólo,
ejemplifica su singularidad dentro del contexto de
los asentamientos del III milenio a.C. (Vargas
Jiménez, 2004a).
En el marco de la colaboración entre el Ayuntamiento de Valencina de la Concepción y la Dirección
General de Bienes Culturales de la Consejería de
Cultura hemos desarrollado una actuación arqueológica centrada en la investigación de un sector con
características morfológicas, ambientales y culturales homogéneas en el entorno del tholos de La
Pastora. Investigación relacionada con la protección,
conservación y puesta en valor, ya que se trata de
uno de los ámbitos más sensibles del yacimiento
donde se han proyectado edificaciones e infraestructuras de alto impacto, como el desdoble de la carretera A-8077 o las edificaciones alrededor de Montelirio. Visualizar un panorama arqueológico que se
Fig. 1. Delimitación del yacimiento prehistórico de Valencina con indicación del sector investigado en el marco territorial del área
metropolitanade Sevilla.
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EL THOLOS DE LA PASTORA Y SU ENTORNO: EL SECTOR ORIENTAL DEL YACIMIENTO DE VALENCINA DE LA CONCEPCIÓN (SEVILLA) A TRAVÉS DE LA GEOFÍSICA
intuye altamente sobresaliente nos permitiría desactivar la presión existente sobre este importante
espacio patrimonial.
El proyecto de investigación se ha basado en tres
líneas principales:
a) Prospecciones geofísicas para determinar la
naturaleza y morfología de los elementos
soterrados, incluido el túmulo de La Pastora.
b) Estudios geológicos de los materiales del megalito, reconstrucción ambiental del entorno y de la
paleocosta cercana.
c) Excavaciones arqueológicas extensivas en la
parcela municipal localizada en la margen
occidental del área de estudio, para la contrastación de las anomalías detectadas en la prospección geofísica y su evaluación cultural, así como
también la valoración del registro conservado al
objeto de analizar las posibilidades de su musealización in situ.
En el presente trabajo se presentan y analizan los
resultados de las prospecciones geofísicas, que
muestran un abigarrado panorama de estructuras
arqueológicas de gran complejidad, lo cual supera
las expectativas iniciales, abriendo nuevas incógnitas
sobre su naturaleza y funcionalidad al tiempo que se
obtienen nuevos datos para comprender el comportamiento espacial de este sector.
El área investigada se sitúa en la vertiente oriental
de la Zona Arqueológica de Valencina-Castilleja donde se conservan un conjunto de construcciones monumentales, como los tholoi de La Pastora, Matarrubilla o Montelirio, que señalan un ámbito vinculado
fundamentalmente al uso funerario (Fig. 2).
El tholos de La Pastora representa la principal
construcción megalítica del sector por sus dimensiones, fábrica, orientación astronómica o el hallazgo
de un extraordinario conjunto de jabalinas de bronce
(García Sanjuán, 2010: 233). Recientes estudios
caracterizan los tipos de roca empleados en su
construcción y analizan interesantes rasgos de
bioerosión de origen marino de los que se deducen
la posible procedencia de esas rocas y la cronología
de su extracción (Cáceres Puro et al., 2012).
De Ontiveros se conoce parte del corredor y en el
extremo oriental un semicírculo de lajas que se
Fig. 2. Delimitación del área de investigación (sombreada) y localizaciones arqueológicas del entorno: 1. Tholos de La Pastora; 2. Ontiveros;
3. Ntra. Sra. de los Reyes 3; 4. Mataherrera-La Curva; 5. Roquetito; 6. Ntra. Sra. de los Reyes 2; 7. Montelirio; 8. PP4-Montelirio; 9. El Cuervo;
10. PP Matarrubilla; 11. Excavaciones IES y 12. Prospecciones geofísicas 2004.
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interpretó como vestíbulo (Carriazo y Arroquia, 1962:
219) pero que bien pudieran pertenecer a los restos
de la original cámara circular de una construcción
de tipo tholos (Cruz-Auñón Briones et al., 2010: 53).
Las estructuras de Mataherrera-La Curva se corresponden con cuatro localizaciones puntuales de lajas
de pizarras, posiblemente resultantes del seccionamiento del corredor de una o varias construcciones.
han permitido reconocer en extensión una superficie
de más de 18.000 m2. Se han excavado numerosas
estructuras negativas, algunas de ellas con losas de
piedra y restos humanos. Junto a los vestigios
funerarios también aparecen otras estructuras y
restos arqueológicos que cuestionan la consideración de toda esta zona como un área exclusiva de
necrópolis (Mora Molina et al., 2012).
En la finca denominada Ntra. Sra. de los Reyes (Fig.
2 nº 3) se documentó un pequeño tramo de un corredor realizado con lajas de pizarra (Murillo Díaz, 1991:
562). La localización nº 6 de la figura 2 se refiere al
anillo exterior de un túmulo y la sección de lo que
pudo ser el corredor de la estructura (Murillo Díaz et
al., 1990: 354). En la zona denominada El Roquetito
durante la construcción de la actual A-8077 se
descubrieron un buen número de estructuras
funerarias entre las que se pudieron excavar cinco
sepulcros, también de corredor y cámara circular
(Murillo Díaz et al., 1990).
En el otro extremo de este sector oriental y junto al
casco urbano de Valencina, las excavaciones del
nuevo IES (Vargas Jiménez et al., 2010), de El Cuervo
(Arteaga Matute y Cruz-Auñón Briones, 1999) y del
PP Matarrubilla han sacado a la luz diferentes
construcciones domésticas y también vinculadas a
un ámbito de especialización productiva (Nocete
Calvo et al., 2008).
Más reciente es la intervención en la estructura
megalítica de Montelirio que muestra la novedad de
presentar una cámara secundaria conectada con la
principal de mayor tamaño. En este caso resalta
especialmente el grado de conservación del registro
tanto en lo referido a los restos humanos como a los
ajuares que se les asocian (Fernández Flores y Aycar
Luengo, 2012). Al norte de esta construcción se
desarrollaron los trabajos del PP4-Montelirio que
En conjunto, hasta la fecha existían pocos detalles
sobre la articulación interna del sector oriental de la
Zona Arqueológica de Valencina-Castilleja, su organización espacial, la implantación de los propios
monumentos megalíticos -más allá de su aspecto
interior-, así como su inserción en el entramado
general del asentamiento prehistórico. Los trabajos
de prospección geofísica realizados en 2004 en la
divisoria de los términos municipales de Valencina y
Castilleja (Wheatley et al., 2012) han comenzado a
despejar este panorama, al que ahora esperamos
sumarnos con los resultados obtenidos para la zona
de La Pastora y su entorno (Lám. 1), que a continuación se exponen.
Lám. 1. Panorámica del sector oriental del yacimiento de Valencina-Castilleja con los terrenos objeto de prospección geomagnética en
primer término.
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Para valorar una superficie amplia (comprendía 11,8
has) y teniendo como premisa que el objetivo primordial era obtener un primer acercamiento a la problemática arqueológica de la parcela, la utilización del
método geomagnético pareció el más adecuado pues
además había sido ensayado previamente con éxito
(Meyer, 20091; Wheatley et al., 2012). Ello no descartaba entonces ni lo hace ahora, la utilización de otros
métodos para un acercamiento más detallado, sobre
todo en determinados sectores de relevancia en los
que podríamos alcanzar un más alto grado de definición de las anomalías. En cualquier caso las evidencias que se han localizado son per se suficientemente significativas.
El contraste de las características magnéticas del
suelo es el causante de las anomalías que literalmente proyectan las estructuras arqueológicas
haciéndolas perceptibles2. Para las mediciones se
utilizó un equipo compuesto de cinco gradiómetros
Foerster fluxgate 4.021 (FEREX CON400) con GPS
(Novatel Smart V1G) y odómetro montado en dispositivo móvil. La antena de GPS fue utilizada en el modo
individual sin estación de base. Aplicando las correcciones SBAS la precisión absoluta de las coordenadas resultó de 2 m. Para el cálculo de las posiciones
definitivas de los datos magnéticos fueron utilizadas
las distancias de los perfiles determinadas por el
odómetro y las coordenadas de puntos definidos en
el área investigada conforme a un levantamiento
topográfico terrestre con precisión de 2 cm (Lám. 2).
La distancia de perfiles fue de 0,5 m con una tasa de
medida de 20 lecturas por metro. El procesamiento
de los datos sólo abarcó la corrección de la deriva en
los perfiles individuales. La resolución de las imágenes de 0,25 m x 0,25 m resultó de la recalculación de
la cuadrícula utilizando el método de Kriging (interpolador óptimo).
El terreno ligeramente ondulado presentaba durante
las labores de campo matorral bajo y pastizal, salvo
la zona más occidental ocupada por olivos (0,75 ha).
El tiempo fue seco y soleado. Es necesario mencio-
Lám. 2. Equipo geomagnético compuesto de 5 gradiometros
fluxgate Foerster FEREX 4.021, antena de GPS (novatel Smart V1G)
y data logger LEA D2 montado en carro ligero con odómetro en la
rueda central.
nar las dificultades resultantes de la presencia de
una fuerte perturbación originada por la cercanía de
varías antenas emisoras de onda corta situadas en
los límites de nuestra zona de trabajo. Los campos
electromagnéticos secundarios originados por las
antenas provocaron perturbaciones fuertes en los
datos geomagnéticos especialmente en la parte
noroeste del área de la investigación. En mediciones
anteriores en el entorno de Montelirio se comprobó
que los datos medidos con los gradiómetros Foerster
4032 mostraban un nivel de perturbación mucho
más alto que los datos registrados con los sensores
del tipo Foerster 4021. Las razones de la distinta
sensibilidad entre los tipos de sensores todavía no
están claras aunque probablemente se deban a las
diferencias en las tasas máximas de lectura de cada
tipo. Es por ello que finalmente se optó por el
gradiómetro Foerster 4021 que se reveló como el
más indicado bajo esas condiciones poco favorables
(Lam. 2).
En las imágenes obtenidas los mapas de anomalías
magnéticas muestran el gradiente magnético vertical con dinámicas variadas (± nT). El blanco significa
el mínimo negativo mientras que el negro representa
el máximo positivo. En base a este método no es
1 MEYER, C. (2009): Informe sobre la Prospección Geofísica en el Dolmen de Montelirio (Castilleja de Guzmán, Sevilla, España), (inédito).
2 La amplitud de ese contraste magnético entre el suelo virgen y las capas influidas por la acción humana determinará el nivel de
reconocimiento de los elementos soterrados. Los rellenos antrópicos se diferencian del suelo natural por una magnetización más alta
originada por los óxidos de hierro biogénicos y por la magnetización de naturaleza térmica asociada a diversos objetos como, por ejemplo,
los fragmentos cerámicos.
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A
B
Fig. 3, 4 y 5. Magnetogramas con dinámicas de: A: ±3 nT; B: ±6 nT, y C: ±12 nT
posible la determinación exacta de la profundidad de
las estructuras localizadas, si bien con carácter
general, esta componente Z del gradiente vertical
refleja estructuras u objetos que se encuentran en
profundidades de hasta unos 2 m aproximadamente.
Las anomalías que podemos relacionar con estructuras arqueológicas se muestran formando alineaciones, de tendencia más o menos curvadas y
también rectilíneas, así como formas circulares con
diámetros de entre 10 y 60 m aproximadamente.
Los datos obtenidos en las mediciones geomagnéticas del entorno de La Pastora se presentan en las
figuras correspondientes, siendo apreciables diferentes tipos de anomalías. Con carácter general y a
pesar de las mencionadas perturbaciones originadas
por el campo electromagnético de las cercanas
antenas, ha sido posible la localización de una multitud de elementos de naturaleza arqueológica (Fig. 3,
4 y 5).
En la banda occidental del área investigada se dispone un trazado que muestra dos alineaciones que
corren paralelas. Muestra una planta tendente a “S”
que arranca desde el vértice suroccidental dirigiéndose hacia el norte hasta la zona de cotas inferiores
que dan paso a Las Cañadas (Fig. 6B). Se aprecia un
recorrido que para la más oriental muestra bifurcaciones tanto en el extremo sur como en el norte, de
modo que dan lugar a una planta de trazado triple.
La longitud total documentada es de 364 m. La
situada al oriente presenta anchuras que van de los
7 a los 2,60 m de anchura con dos interrupciones en
la zona de la parcela municipal y otra coincidente
con la apertura de la occidental. La alineación más
al oeste muestra un trazado más homogéneo con
una anchura de entorno a los 6-7 m de media y una
única zona de corte, de unos 12 m de anchura, significada por la presencia de un elemento transversal
que se abre en el lado sur. La planta de este elemento resulta de la conexión de tres segmentos de arco
de unos tres metros de anchura que en su totalidad
recorren una distancia de unos 37 metros, desde el
punto de conexión con el foso, dos de estos arcos se
abren hacia el noroeste y uno ligeramente más
cerrado y también más marcado hacia el sureste
(Fig. 6B).
La margen noroeste del área investigada ha sido la
más afectada por las interferencias de las antenas lo
que ha dificultado la interpretación de los datos
geomagnéticos. Junto a dichas interferencias se han
señalado también perturbaciones provenientes de
elementos férreos como chatarra, anclajes de vallado, antiguos postes o trazados de infraestructuras
ocultas. La cartografía dibuja una concentración que
se alinea junto al trazado de la carretera A-8077
ocupando una franja de unos 15 m de anchura. En el
centro las interferencias se extienden por el camino
de acceso a La Pastora y su entorno lo que se
relaciona con el trasiego derivado de las visitas y los
residuos incontrolados de los visitantes. Al norte
junto al camino, igualmente se muestran perturbaciones que se disponen en una banda meridional a
este camino que hasta los años 90 del pasado siglo
fue la vía utilizada para acceder al dolmen (Fig. 6A).
126
En la diagonal noroeste-sureste de la finca tenemos
una serie de lecturas que dibujan alineaciones con
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C
EL THOLOS DE LA PASTORA Y SU ENTORNO: EL SECTOR ORIENTAL DEL YACIMIENTO DE VALENCINA DE LA CONCEPCIÓN (SEVILLA) A TRAVÉS DE LA GEOFÍSICA
esta orientación. La de mayor anchura (5-6 m) se
bifurca en dos hacia la mitad meridional de su
recorrido. Al norte, a partir de la zona de La Pastora,
gira buscando la zona de Las Cañadas, en este
tramo se interrumpe en dos ocasiones al tiempo que
muestra un apéndice que probablemente prosiga
hacia el oeste. De menor anchura (1/1,50 m) y
conectadas con la anterior se disponen al menos
tres alineaciones. Dos con la anterior orientación y
otra transversal que parece conectarlas. La septentrional desde el vértice noroeste de la finca alcanza
la zona central del túmulo de La Pastora. La otra
paralela pero partiendo más al sur conecta con la
alineación de mayor anchura allí donde giraba hacia
el norte. Las amplitudes de sus anomalías geomagnéticas son más bajas que en los casos antes descri-
tos, con valores máximos que no pasan por encima
de 2 nT (Fig. 6C).
Los mapas de anomalías magnéticas son especialmente interesantes en la parte correspondiente a la
propia elevación que cubre el tholos de La Pastora.
En primer lugar, se aprecia una concentración de
anomalías irregulares que se disponen sobre la
cúspide y la vertiente noroeste del túmulo. Son
aleatorias y de formas caprichosas mostrando como
único nexo común su disposición a ambos lados de
la alineación que como habíamos señalado más
arriba alcanzaba esta parte del cerrete desde el
noroeste. Predominan las plantas alargadas con
apéndices multidireccionales y medidas que abarcan
Fig. 6. Plano de interpretación arqueológica de los datos geomagnéticos con identificación de la parcela municipal (sombreada).
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desde longitudes inferiores al metro hasta las que
superan la decena. Resalta un elemento poligonal
localizado en la vertical del monumento y hacia la
mitad de su trazado que, como veremos más adelante, podemos vincular con las circunstancias del
descubrimiento del megalito y el acceso a su interior
a finales del siglo XIX (Fig. 6D).
Frente a esta heterogeneidad formal se señalan
también elementos dispuestos ordenadamente y
conformando nítidas alineaciones y segmentos de
arcos paralelos y simétricos. Se distingue en la zona
más exterior un trazado de tendencia circular claramente dibujado en el lado sur y apenas intuido en el
norte. En la mitad meridional dos líneas paralelas
separadas por unos tres metros recorren una distancia cercana a los 70 m, más allá prosigue hacia el
norte hasta la longitudinal del monumento. Al otro
lado un tramo de 16 m permite cerrar una figura de
planta circular con un diámetro máximo de unos 85
m. Hacia el interior tenemos dos trazados, uno intermedio, con un doble arco apreciable en la vertiente
norte, y otro más ceñido a los muros del dolmen que
muestra una planta de tendencia oval. Transversales
a estos elementos y con planta radial se disponen al
menos cuatro anomalías rectilíneas que desde el
centro de la construcción alcanzan el límite de los
círculos concéntricos más exteriores (Fig. 6E).
128
también se ha individualizado un único caso de
estructura de esta naturaleza que se dispone en las
cotas más bajas de la ladera nororiental del área
prospectada. Muestra un diámetro de 11 m, siendo
resaltable una intensa anomalía central (Fig. 6F).
Otro importante grupo lo constituye aquel caracterizado por la presencia de anomalías de mayoritaria
planta circular y pequeño tamaño que se disponen
de manera agrupada en tres grandes sectores. Los
valores medidos varían entre 0,5 y 2 nT (Fig. 6G). Al
norte del área de los elementos circulares -entre
ésta y las alineaciones paralelas del oeste- se distinguen algo más del centenar de anomalías que
dibujan una figura de media luna abierta hacia el
tholos de La Pastora. Las de mayor tamaño resultan
de la superposición y/o intersección de circunferencias que configuran plantas polilobulares. Los ejes
máximos de estas estructuras no superan los 10 m.
La media del resto de elementos cabría situarla en
1-2 m de diámetro. Su disposición es aleatoria sin
que más allá de la mencionada concentración se
pueda vislumbrar orden alguno. Es necesario señalar también dentro este grupo las prolongaciones
que se sitúan entre las dos alineaciones occidentales
y más allá de ellas, como las localizadas en la parcela municipal o las del corte noroccidental.
En el cuadrante meridional del área prospectada las
anomalías magnéticas muestran una sorprendente
concentración y superposición de elementos de
planta circular que hemos podido individualizar en
un número no inferior a 20. En la banda sur aparecen bien definidos por una significativa diferenciación del gradiente magnético que las hace claramente perceptibles. Mas hacia el norte y coincidiendo con el descenso de cotas su morfología se difumina. En su interior muestran anomalías de tendencia
circular, algunas concéntricas y otras descentradas,
también es posible apreciar alineaciones rectilíneas
e incluso alguna intensa anomalía centrada que sin
duda están señalando una estructura ordenada del
interior del elemento.
Junto a los grandes círculos de la mitad meridional
de la parcela se dispone otra concentración de
pequeñas estructuras. Se sitúan en la ladera oriental
a modo de banda abierta hacia La Pastora. Se trata
de algo más de 60 anomalías con las características
formales descritas más arriba, sin embargo a
diferencia de las anteriores es probable que la unión
de algunas de ellas configuren segmentos de arco de
una amplitud equiparable a la de los círculos medianos de este sector. Las lecturas no son suficientemente claras como para pasarlos a ese grupo, pero
en cualquier caso no es una situación que podamos
descartar. Al respecto, los ejemplos más claros
serían dos posibles mitades de circunferencia en la
parte más baja de este ámbito.
Respecto de sus dimensiones, dos muestran un diámetro de 60 m, tres, un diámetro intermedio de entre
30 y 40 m, el más numeroso con doce tienen entre 20
y 25 m, y finalmente existen tres casos que no superan los 15 m. Más allá de este amplio sector de unas
5 ha donde se concentran los elementos circulares,
El último grupo se presenta con mayor grado de
dispersión a modo de cuña que desde el lado sur de
La Pastora se abre hacia el oriente. Son unas 70
anomalías que mayoritariamente muestran diámetros de no más de dos metros. De entre ellas resaltan dos conjuntos al sureste con mayores dimensio-
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nes y una cierta regularidad en su implantación
espacial.
Por otra parte, se ha verificado la presencia de otras
anomalías positivas que dibujan cuatro líneas rectas
o ligeramente curvadas transversales a la curvas de
nivel. Se disponen en la mitad meridional, entre las
estructuras circulares, o más bien ciñendo su
perímetro externo. No es posible enlazarlas aunque
formalmente son equiparables tanto en longitud y
anchura (40/50 x 1 m) como en la dirección EsteOeste hacia la que se abren (Fig. 6G).
Otra variedad individualizada es la que muestra
alineaciones rectilíneas que configuran formas de
tendencia cuadrangular. Son comparativamente
escasas y aparecen distribuidas de forma dispersa,
con tres anomalías a lo largo de toda la banda
meridional y una aislada en el vértice noreste del
área prospectada. Esta última con el valor más alto
referido a su eje máximo (40 m), y las anteriores con
un valor medio de 20 m de longitud máxima para
plantas en forma de “U” o “L” (Fig. 6H).
Finalmente cabe referirse a una anomalía positiva de
forma irregular que se desarrolla en el vértice
sureste con un recorrido sinuoso que se encaja en el
relieve de este sector, por lo que cabe relacionarla
con una formación de origen natural, probablemente
una corriente de agua, que además está claramente
superpuesta por otras anomalías de origen antrópico
(Fig. 6I).
/$(;&$9$&,–1'(=21$6&21$120$
/$6(1/$3$5&(/$081,&,3$/
Dentro del área de investigación y en la franja del
límite más occidental, se localiza una parcela de
algo más de 4.000 m2, propiedad del Ayuntamiento
de Valencina de la Concepción, en la que, mediante
su excavación, se pudo abordar la definición morfológica y sedimentaria de las anomalías geomagnéticas detectadas. Esta excavación proporcionó así
elementos de comparación para los diferentes tipos
de anomalías representados en todo el ámbito de
estudio.
Por un lado, se encontraban las dos grandes anomalías lineales paralelas que recorrían todo el lado
oriental de la parcela y por otro las anomalías de
Fig. 7. Planta de las estructuras excavadas en la parcela municipal
para constrastar los resultados de la geofísica (sombreadas con
indicación del nº de unidad) sobre la base cartográfica general de la
excavación.
planta circular (o polilobulada) que en mayor medida
se concentraban hacia la zona más occidental. En
base a ellas se plantearon los distintos sectores de
intervención arqueológica (Fig. 6 y 7).
$120$/$6/,1($/(6
La excavación de las alineaciones permite vincularlas al sistema de fosos prehistóricos que se han
identificado en diversos puntos del yacimiento. En
nuestro caso supone el más oriental de los conocidos hasta la fecha, además con un doble trazado que
se ha documentado también en el otro extremo del
asentamiento, esto es en el denominado cerro de La
Cabeza. De este modo vendrían a configurarse como
los ejemplos opuestos a los ya conocidos, completándose con mayor nitidez el trazado más externo de
los fosos de Valencina (Vargas Jiménez, 2012).
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Se han excavado en la banda más meridional de la
parcela, allí donde más claramente podían abarcarse
sus límites transversales, resultando que el más
occidental (nº 186) posee una anchura máxima de 7
m, mientras que el oriental (nº 206) mide 5,70 m. En
planta se han investigado en una longitud de 12 m
lineales sobre una superficie total de algo más de
200 m2; la separación entre ambas estructuras
muestra unos valores de entre 2 y 3 m (Fig. 7). El
foso 186 muestra la superposición de otras construcciones prehistóricas. Entre el uno y las otras
existió un lapso temporal reconocible y documentado, que esperamos establecer en base a los resultados de las dataciones radiocarbónicas. En ninguno
de los dos fosos se alcanzó la base, dado que ello no
entraba en los objetivos especificados de la intervención.
Existen particularidades que diferencian a ambos
fosos. El foso 206, de sección en “V” (al menos hasta
la cota excavada) estaba colmatado con varias unidades sedimentarias de características homogéneas
que mostraban una fuerte horizontalidad con arcillas
muy depuradas y escaso material arqueológico
fragmentado y rodado. No se trata de grandes vertidos sino más bien de una colmatación asociada a
procesos de nivelación con una componente de
arrastre natural. Irregularidades marcadas en el
tramo superior señalan una importante exposición
aeróbica, de manera que la estructura se colmató
parcialmente y permaneció algún tiempo abierta, lo
que provocó una mayor erosión de esa parte. El foso
186, cuya excavación tan solo pudo iniciarse, mostró
unas características sedimentarias diferentes, con
una mayor heterogeneidad en su relleno y con frecuentes alteraciones e interfaces verticales indicativas de una reutilización del ámbito una vez colmatado, circunstancia que no se constata en el foso 206
(Láms. 3 y 4).
$120$/$6&,5&8/$5(6<32/,/2%8/$'$6
Hacia el cuadrante noroccidental, la proliferación de
anomalías de tendencia circular se relaciona con
construcciones prehistóricas que en su estratigrafía
vertical muestran dos fases diferenciadas.
a) De la primera fase, que supuso la primera actividad antrópica en los terrenos, se han identificado
estructuras circulares y/o polilobuladas de
130
amplio tamaño que suelen perderse más allá de
los perfiles y que se reconocen bajo unidades
proto-históricas de colmatación en el extremo
norte y también bajo las estructuras circulares
de la banda occidental. Al sur prácticamente
desaparecen. Un ejemplo lo constituye la Unidad
Constructiva (UC) 54, una construcción semisubterránea que se extiende hacia el oeste,
superando los 10 m2 de superficie y que presenta
un interesante registro arqueológico que ha
deparado una secuencia de hasta 20 unidades de
colmatación (Láms. 5 y 6). La UC 54 arranca a
unos 40 cm de la superficie, alcanzando una cota
inferior de en torno a 1,5 m. En su interior se
reconoce un momento inicial de uso con un
poyete o plataforma perimetral, tras el cual se
abandona, permaneciendo abierta y sujeta a
procesos erosivos que suponen desplomes
sectoriales y en general un notable deterioro de
la estructura. A continuación se produce la
primera fase de colmataciones que la rellenan
hasta la mitad, para después en otro momento
estratigráfico acontecer la colmatación hasta su
mismo borde. Entre los materiales recuperados
destacan algunos fragmentos de cerámicas con
decoración pintada así como, en los estratos
inferiores, restos de escorias y crisoles concentrados que aportan nuevos datos para la valoración de las actividades metalúrgicas en este
sector del yacimiento.
b) A esta UC 54 se le superponen estructuras
negativas circulares menores que señalan una
segunda fase de la secuencia de época calcolítica. Desde esta parte noroeste hacia el sur se
generaliza su presencia hasta representar prácticamente los únicos vestigios presentes en el
cuadrante suroccidental. Morfológicamente presentan plantas circulares de entre 1 y 2 m de
diámetro y perfiles que en los casos excavados
pueden ser acampanados o de tendencia más o
menos cilíndrica. En los rellenos aparecen dos
situaciones diferenciadas. Por un lado depósitos
con solo una unidad que muestran escasos
materiales arqueológicos y con un alto grado de
fragmentación, como es el caso de las unidades
nº 136 y nº 162. Y por otro, elementos que suelen
presentar dos unidades deposicionales, restos
cerámicos en buen estado de conservación y
abundancia de restos óseos animales, algunos
con conexión anatómica (Lám. 7). Se trataría de
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Lám. 3. Excavaciones en la parcela municipal. Estructuras circulares en primer término y al fondo fosos
paralelos.
Lám. 4. Delimitación interior del foso UC 206.
Lám. 5. Estructuras circulares superpuestas del sector occidental.
Lám. 7. Fauna con conexión anatómica, conchas marinas y cerámicas bien
conservadas en el interior de una estructura negativa (UC 76).
Lám. 6. Detalle del registro sedimentario inferior de la UC 54 tras su abandono.
Lám. 8. Inhumación en fosa circular con depósito ritual de mandíbula animal.
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unidades como la nº 76 o la nº 105 que bien
pudieran representar ejemplos de esa consideración ritual que se le ha otorgado a determinados
contextos que venían interpretándose tradicionalmente como simples vertidos de colmatación
(Márquez Romero, 2001: 213). Al respecto no deja
de ser significativa la presencia de fauna (consumida o no), depositada en forma de restos todavía
frescos, a juzgar por las conexiones anatómicas.
En el sector de El Cuervo, limítrofe a la Parcela
Municipal donde se llevó a cabo nuestra excavación,
se detectaron abundantes estructuras negativas
circulares (en número superior a 80) que se interpretaron como silos, lo que llevó a considerar la existencia de un verdadero espacio de acumulación de
reservas alimenticias que se articularía como un
área intermedia entre el poblado y la necrópolis
prehistórica (Arteaga Matute y Cruz-Auñón Briones,
1999: 612). Sin embargo, según la documentación
obtenida en la excavación de la Parcela Municipal,
las estructuras negativas muestran diferencias
formales, seguramente con implicaciones cronológicas, además de que una de ellas ha deparado un
claro depósito funerario.
Efectivamente junto al lateral oeste de la parcela,
una fosa circular de 1 m de diámetro (Unidad 435)
contenía la inhumación de un individuo adulto de
sexo femenino dispuesto en decúbito lateral derecho
hiperflexionado. Destaca por su significación la
presencia de una mandíbula de vaca colocada a la
misma altura del cráneo humano y guardando su
misma orientación, en lo que representa claramente
un ajuar funerario. Es igualmente significativa la
preparación de la inhumación mediante lajas de
pizarra situadas bajo el cuerpo en el espacio ocupado por las extremidades inferiores del individuo. Con
ello fundamentalmente lo que se logra es una mayor
horizontalidad, lo que realza el valor ritual de la
inhumación practicada3 (Lám. 8). Dado que la
estructura contenedora nº 435 no fue excavada en su
totalidad, no es posible descartar la existencia de
más individuos en su interior.
Este depósito funerario no constituye un caso aislado
en este sector del yacimiento, pues en la cercana
excavación del IES se excavó un enterramiento en
fosa de similares características al anterior, si bien
en este caso contenía varios individuos. Junto a ese
enterramiento colectivo en fosa también se
documentaron en el IES una inhumación doble y los
restos mal conservados de la extremidad inferior de
un individuo, todos ellos vinculados a una fase
datada a mediados del II milenio a.C. (Vargas
Jiménez et al., 2010: 3352; Nocete Calvo et al., 2011:
3284). También constan contextos funerarios en
fosas simples con o sin elementos pétreos en el
sector PP4-Montelirio (Mora Molina et al., 2012) y en
el propio monumento megalítico de Montelirio, donde se localizó una inhumación anterior a la construcción del monumento (Fernández Flores y Aycar
Luengo, 2012).
Se observa por tanto cómo en este sector del
yacimiento (incluyendo Montelirio) existen inhumaciones en fosa que se sitúan tanto en el inicio de la
secuencia del yacimiento, como en sus momentos
más recientes (excavaciones del IES). En el primer
caso se encuentran en un espacio mayoritariamente
funerario, mientras que en el segundo son ejemplos
puntuales dentro de un ambiente doméstico y productivo. Son testimonios que apuntan a una mayor
complejidad espacial en relación con la tradicional
separación entre los espacios funerario y habitacional del asentamiento (Costa Caramé et al., 2010:
105).
No solo la secuencia correspondiente a la Prehistoria Reciente es más compleja de lo que parece, pues
el incremento de las excavaciones arqueológicas ha
puesto de manifiesto cómo en diferentes puntos se
comienzan a identificar registros que atestiguan la
continuidad de ocupación del yacimiento en la
Protohistoria (Vargas Jiménez, 2012). Al respecto y
en el transcurso de los trabajos de excavación en la
Parcela Municipal, la anomalía situada en la parte
central pudo adscribirse a este período (Fig. 7). Se
trata de dos estructuras, quizás conectadas (unidades 450 y 480) de planta irregular tendente a circular
que han sido delimitadas en superficie e iniciada su
excavación solo en los tramos sedimentarios
superiores. En cualquier caso suponen en su conjunto una extensa superficie de unos 54 m 2 que probablemente dé cobertura a un gran fondo de cabaña
que conserva un registro material de la Edad del
3 La inhumación está en estudio por los paleoantropólogos R. Lacalle Rodríguez y J.M. Guijo Mauri, la fauna por E. Bernáldez Sánchez del
Laboratorio de Paleobiología del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.
132
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Hierro. Fue, por su extensión, una de las anomalías
geomagnéticas más claramente perceptibles.
Finalmente alguna otra de las anomalías magnéticas
excavadas resultaron ser interfaces modernas y contemporáneas vinculadas al aprovechamiento agrícola de la parcela, o a fosas irregulares practicadas
también en época reciente. En algunos de estos
casos conviene alertar sobre la presencia de un registro mayoritariamente prehistórico motivado por la
redeposición de tierras arqueológicamente fértiles.
,17(535(7$&,–1
Los resultados obtenidos por las prospecciones
geomagnéticas en el sector oriental del yacimiento
de Valencina muestran un panorama de indudable
interés científico y alta significación de cara a su
planificación y gestión patrimonial. La contrastación
de las evidencias mediante su excavación en la
parcela municipal, ha proporcionado una ajustada
visión de la problemática cronoestratigráfica e interpretativa que puede además matizarse en razón a
los datos proporcionados por las intervenciones
arqueológicas y los antiguos hallazgos en la propia
finca y en su entorno más inmediato.
1. Los elementos lineales que corren paralelamente por el oeste suponen un verdadero límite físico
que separa claramente dos ámbitos diferentes
dentro del sector oriental del yacimiento. Pertenecen al sistema de fosos prehistóricos más
exterior documentado hasta la fecha. Muestran
un doble o incluso triple trazado que abarca una
banda de unos 25 m de anchura máxima, con
interrupciones menores y un significativo corte
con apéndice lateral que enmarca por el sur la
alineación más occidental. Conforme a los resultados de su excavación, los fosos no parecen ser
coetáneos, o al menos no lo fue su colmatación.
De acuerdo con la secuencia estratigráfica
documentada, estos fosos se sitúan en la fase
inicial de ocupación en la Parcela Municipal.
Su trazado desemboca en las cotas inferiores de
la vaguada de Las Cañadas, y por el otro extremo
vendría a enlazar con el tramo del PP Matarrubilla y su extensión hacia el colegio Algarrobillo
desarrollándose por tanto en una longitud total
superior al kilómetro (Vargas Jiménez, 2012: fig.
). Con ello representa el cierre suroriental de un
ámbito interior singularizado por las actividades
productivas, al sur y oriente del cual se disponen
principalmente construcciones de naturaleza
funeraria, que incluyen cuevas artificiales como
las de C/ Dinamarca, tholoi como los de los
grandes monumentos conocidos o los de menor
tamaño de El Roquetito o del PP4-Montelirio,
además de otros tipos también de adscripción
funeraria. Sin embargo cuando se ha tenido la
oportunidad de excavar en extensión una amplia
parcela en el extremo oriental, caso del PP4Montelirio, es significativo cómo las estructuras
excavadas no funerarias son ligeramente
superiores en número a las que sí lo son (Mora
Molina et al., 2012), matizando una visión acaso
más compleja de lo que en principio podría
parecer
Aunque no dudamos de la contundente implantación de estos fosos en la articulación espacial
del asentamiento, sin embargo es necesario
situarlos en su marco temporal concreto pues
las dataciones de los episodios de colmatación
se están produciendo en etapas tempranas del III
milenio (Nocete Calvo et al., 2008: 718) de modo
que no se les puede otorgar una significación
territorial más allá de esas fechas en las que
están siendo inutilizados. De momento con las
dataciones del barrio metalúrgico (Nocete Calvo
et al., 2008: 720), de Montelirio (Fernández Flores
y Aycar Luengo, 2012), de la propuesta para La
Pastora (Cáceres Puro et al., 2012) y de la deducida para Matarrubilla (Hoskin, 2008: 87), este
foso suroriental separaría un importante núcleo
de la necrópolis monumental de una zona de
actividad productiva durante al menos la primera
mitad del III milenio. Con posterioridad, y siguiendo la secuencia de la excavación en la
Parcela Municipal, sabemos que se colmató y el
registro se modificó, apareciendo ahora elementos funerarios también al otro lado del foso. En la
excavación del IES el desmantelamiento de la
zona productiva y su sustitución por evidencias
domésticas y funerarias se produce durante el
último cuarto del III milenio y la primera mitad
del II milenio a.C. (Vargas Jiménez et al., 2012:
74).
2. La interrupción del foso remarcada por el mencionado apéndice lateral indica la existencia de
un acceso cuya localización es coincidente con el
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lugar donde concurren antiguos caminos fosilizados detectados por la geofísica (Fig. 6). Además
este área, entre la elevación de El Cuervo y la
vaguada de Las Cañadas, es la de topografía más
favorable para un mejor y más corto discurrir
hacia la zona central del asentamiento, aquella
que habíamos indicado mostraba una primitiva
meseta (Vargas Jiménez, 2004b: 131), que es
donde posiblemente se encuentre el más antiguo
lugar de implantación en el asentamiento de
Valencina. La morfología del apéndice que sobresale de la línea del foso hacia el sureste recuerda
figuras reconocidas en las aperturas de los
trazados exteriores de recintos de fosos contemporáneos, como Perdigões (Márquez Romero et
al., 2011: 183) o Fuente de la Mora (Díaz del Río,
2003: 69). Se trataría de un punto principal de
acceso al recinto de fosos de Valencina, dada la
significación de los espacios que pondría en
comunicación directa.
3. Las alineaciones que recorren la diagonal de la
parcela desde el noroeste al sureste son por sus
características magnéticas de menor intensidad,
de manera que creemos poderlas relacionar con
antiguos caminos fosilizados en el paisaje. Las
ventajas de un recorrido entre elevaciones
buscando una topografía llana ya han sido
señaladas; además nos consta una situación
similar para algunas anomalías de los trabajos
de 2004 que también fueron interpretadas en
este sentido (Wheatley et al., 2012) y que bien
podrían conectarse con estas evidencias. No
podemos aventurar cronología alguna aunque es
evidente que su trazado respeta las construcciones arqueológicas rodeando los monumentos y
túmulos principales, por lo que seguramente
perpetúen vías de paso anteriores. La excepción
estaría constituida por una pequeña línea que
desde el ángulo noroeste alcanza la cúspide de
La Pastora en un punto con fuerte concentración
de anomalías. Como veremos a continuación,
esta circunstancia la podemos poner en relación
con el descubrimiento de la construcción en el
siglo XIX y el trasiego que se produjo en los años
siguientes y de los que dieron buena cuenta las
fuentes de la época.
4. Efectivamente sobre la parte más alta y en la
ladera norte de La Pastora se aprecia una
notable concentración de anomalías irregulares
134
dispuestas a ambos lados del anterior camino,
de entre las que sobresale una de mayor amplitud situada en la vertical del corredor. Podemos
afirmar que se corresponde con la apertura que
dio lugar al descubrimiento del megalito y por
donde se estuvo accediendo al mismo en los
años que le siguieron, tal y como queda reflejado
en el dibujo de F. M. Tubino y Oliva que acompañó
a la memoria de 1868 en la que daba a conocer
dicho monumento (Belén Deamos, 1991). Igualmente el análisis geoarqueológico ha permitido
constatar esta circunstancia al identificar en este
punto la única roca que significativamente se
sale de la norma pétrea que se repite en todo el
monumento, esto es, granitos y sobre todo
areniscas frente a esta diabasa, que además en
este punto se presenta por encima del plano de
horizontalidad de la techumbre, ubicándose por
encima y apoyada sobre las rocas originales
(Lám. 9). La verificación también en este punto
de una importante interfaz de destrucción del
muro lateral norte del corredor y su reparación
con un aparejo diferente, certifican que se trata
Lám. 9. Taponamiento y cubrición de la apertura que motivó el
descubrimiento de La Pastora (siglo XIX).
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del primitivo lugar de acceso al monumento
megalítico, luego clausurado y reparado en una
fecha en cualquier caso anterior al relato de
Cañal que ya recoge el cierre de la primitiva
entrada y la apertura del nuevo acceso (Cañal y
Migolla, 1894: 190). La intensa actividad exploratoria por parte de buscadores de tesoros que
frecuentaron el lugar tras el descubrimiento de
La Pastora, de la que nos hablan también las
fuentes (Tubino y Oliva, 1868: 52), debe ser la
causante de la abundancia de anomalías irregulares que como hemos indicado salpican la
cúspide de su túmulo (Fig. 6D).
5. La Pastora es un monumento de compleja fisonomía. El túmulo es una construcción planificada
que se articula conforme a un diseño estructural
con triple anillo circundante y ejes radiales que lo
atraviesan. El primer añillo dibuja una planta oval
constreñida a la cámara y parte del corredor,
cerrándose justo en la mitad de la longitud total
del monumento. Ello supone generar un contenedor que refuerza el núcleo interno seguramente para conseguir elevar más esta parte final del
túmulo. De él parten una serie de ejes radiales
más nítidos al oriente y débilmente apreciables
en los laterales que en su recorrido conectan con
un segundo anillo intermedio doble, constatado
sobre todo por las anomalías del lado norte.
Finalmente desembocan en el perímetro exterior,
también de doble trazado, que se reconoce claramente en toda la mitad meridional y con menor
intensidad en la septentrional (Fig. 6E). De su
dimensionado resulta una figura circular de unos
85 m de diámetro, correspondiente por tanto a la
superficie máxima atribuible al túmulo de La
Pastora. La contundencia de los elementos
proyectados: tres anillos, dos con trazados
dobles y alineaciones radiales, sugiere un diseño
encaminado al sustento de un túmulo de envergadura que seguramente alcanzó una importante
cota más allá de la escasa altura que en la
actualidad muestra. Se trataría de elementos del
propio proceso constructivo en el que la fijación y
contención de los rellenos interiores de un
aterrazado compartimentado (anillos concéntricos/radios) permite alcanzar un mayor desarrollo
en altura, garantizando no solo la estabilidad de
los rellenos sino también reduciendo el impacto
del efecto de la erosión en ladera (Fig. 8).
Fig. 8. Restitución hipotética de la estructura tumular del tholos de La Pastora.
Es significativa la práctica ausencia de evidencias
en toda una amplia franja de no menos de 50 m a
su alrededor que cuando poco singulariza la
entidad de la construcción y su hegemonía
espacial en este contexto. Con ello se reforzaría
el impacto visual de la construcción en el entorno
paisajístico en el que se inscribe.
6. En la mitad meridional se dibujan grandes plantas circulares con dimensiones que van desde los
10 hasta los 60 m de diámetro. Sobresalen su
notable concentración, con al menos 20 ejemplos
contabilizados, así como el alto grado de nitidez
con el que se visualizan algunas de ellas. En
extremos contrapuestos resaltan los dos casos
de mayor tamaño y en su entorno las figuras
menores dispuestas sin aparente orden, aunque
sin mostrar intersecciones entre ellas, de modo
que en cualquier caso los trazados, simultáneos
o no, respetan los elementos colindantes. En el
centro del área tan solo un caso muestra claramente tramos de circunferencia que se cortan
con lo que únicamente en él se podrían establecer relaciones temporales de superposición. (Fig.
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6F). Se trata de un verdadero “campo” de estructuras circulares, negativas o no, que podemos
relacionar con aquellos elementos que se
sacaron a la luz en este mismo lugar dando
ocasión a la documentación de muros de
mampuestos y lajas verticales4. O también en
sintonía con los cercanos hallazgos de El Roquetito o los elementos documentados en la limítrofe
parcela de Ontiveros (Fig. 2). Círculos de piedras,
túmulos, fosos, cámaras o corredores que
necesitan una definición más precisa pero que
bien pueden deducirse por las figuras que
dibujan las anomalías detectadas. De este modo
nos parece una opción admisible su vinculación a
los contextos arqueológicos que muestran
evidencias constructivas de la necrópolis prehistórica de Valencina/Castilleja, siendo además
construcciones preeminentes si atendemos a sus
dimensiones, desconocidas hasta la fecha, salvo
para los túmulos de los grandes monumentos
como La Pastora, Matarrubilla o Montelirio.
7. Las anomalías circulares de pequeño tamaño
(entre 1 y 2 m de diámetro), conforme a lo
excavado en la parcela municipal, responden al
menos a tres tipos en función de la naturaleza de
los registros conservados. En primer lugar,
estructuras que albergan depósitos monofaciales
con preponderancia de la matriz arcillosa,
escasez de material arqueológico y alto grado de
fragmentación; en segundo lugar, elementos que
suelen presentar dos únicas unidades deposicionales, restos cerámicos bien conservados y
abundancia de restos óseos animales, algunos
con conexión anatómica, registros que bien
pudieran interpretarse como resultado de prácticas de tipo ritual (Márquez Romero, 2001: 213); y
finalmente, fosas que albergan enterramientos
propiamente dichos, con inhumaciones y la
constatación de una práctica funeraria asociada.
Esta formulación puede matizarse en función de
las dataciones absolutas que se han encargado y
también (y relacionado con lo anterior) de la
incidencia espacio-temporal de los fosos, de
modo que pueden existir diferencias a un lado u
otro, certificando o no la exclusividad de unos
registros funerarios orientales (Vargas Jiménez
2004a: 86, fig. 10; Cruz-Auñón Briones et al.
2010: 52) que cabría considerar, como hemos
apuntado, únicamente en función de la vigencia
de uso de los fosos que sabemos se colmatan
durante el propio III milenio a.C. Pues además ha
quedado clara la presencia de fosas no funerarias e incluso registros propiamente habitacionales en el extremo más oriental, en la zona del
PP4-Montelirio, así como de naturaleza propiamente funeraria al otro lado del foso en la zona
del nuevo IES. Es por tanto necesario correlacionar eventos para determinar una sincronía de
elementos de la que se puedan extraer pautas de
comportamiento espacial para estos tipos de
anomalías circulares identificadas.
8. En cualquier caso es constatable una articulación espacial derivada de la existencia de una
amplia banda de respeto en torno al monumento
de La Pastora, también de la concentración de
los grandes círculos en la banda sur con un
mínimo grado de contacto entre ellos, de la
sectorización por áreas de las pequeñas fosas,
del trazado del foso o de la presencia de claros
vacíos ocupacionales. Además con carácter
general el mínimo grado de interferencia
apreciable entre cada uno de estos elementos
denota la presencia de unos límites conocidos y
respetados. Es por ello que no podemos considerar que la imagen global de las casi 12 ha
prospectadas se corresponda con la de un
ámbito caótico y desestructurado, sino más bien
de todo lo contrario
9. Otros elementos de menor entidad son aquellos
de líneas rectas conectadas formando figuras
más o menos cerradas y que cabe vincular con
una ocupación protohistórica o histórica de los
terrenos. Se trata de una situación documentada
de antaño en la finca de Ontiveros y también
corroborada con los hallazgos de época romana
en las excavaciones del PP4-Montelirio.
En definitiva debemos destacar que la magnetometría ha demostrado ser un método eficaz para el
conocimiento del potencial arqueológico soterra o a
lo largo de grandes extensiones de terreno, siendo
además certero si atendemos a lo contrastado en las
excavaciones de la Parcela Municipal. Es por ello y
teniendo en cuenta la extraordinaria extensión de la
4 RUIZ MORENO, M. T. (1994): Informe arqueológico sobre la vigilancia de la zanja de Aljarafesa en el término municipal de Valencina de la
Concepción. Noviembre de 1994. (Inédito).
136
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Zona Arqueológica de Valencina-Castilleja que debemos plantear la generalización de este tipo de investigación en las parcelas y fincas todavía libres de
edificación. En cualquier caso y al margen de las
indudables repercusiones en materia de investigación se trata de un valioso instrumento para la planificación.
Igualmente y para el caso concreto de estos terrenos
debemos señalar que es necesario y acaso diríamos
que prioritario, establecer un plan de investigación
detallado que contemple, como mínimo, sondeos
puntuales de valoración, fundamentalmente en el
túmulo del tholos de La Pastora y los tipos más
representativos de las estructuras circulares al
objeto de sortear aquellas carencias, insalvables por
la geomagnética, y que se refieren a la clarificación
de algunos elementos y al diagnostico detallado de
las características constructivas, sedimentarias y
cronológicas de otros. Ello es fundamental desde la
vertiente del conocimiento pero quizás más importante para evaluar el estado de conservación de tan
notables construcciones sujetas además a los riesgos derivados de la acción antrópica.
Hacer valer la significación patrimonial de este
singular espacio nos ayudará a dignificar su situación actual y con ello alertar sobre la necesaria
intervención pública para que se ejerza una efectiva
tutela sobre los excepcionales bienes señalados.
%,%/,2*5$)$
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en el campo de silos de la finca El Cuervo-RTVA
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Sevilla): implicaciones cronológicas y paleoambientales", El Asentamiento Prehistórico de
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EL THOLOS DE LA PASTORA Y SU ENTORNO: EL SECTOR ORIENTAL DEL YACIMIENTO DE VALENCINA DE LA CONCEPCIÓN (SEVILLA) A TRAVÉS DE LA GEOFÍSICA
Imagen del interior de La Pastora.
Foto: Miguel Ángel Blanco de la Rubia.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 121-138. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
139
Ajuar funerario de la sepultura 6 del cerro de San Cristóbal.
Foto: Miguel Ángel Blanco de la Rubia.
ESTUDIOS
EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
(/<$&,0,(172$5*È5,&2'(/&(552'(
6$1&5,67Ï%$/2*Ë-$5(6*5$1$'$
Gonzalo Aranda Jiménez1, Eva Alarcón García1, Mercedes Murillo-Barroso2, Ignacio Montero Ruiz2, Sylvia Jiménez-Brobeil3,
Margarita Sánchez Romero1 y María Oliva Rodríguez-Ariza4
5HVXPHQ
Se presentan los resultados de las investigaciones realizadas en el yacimiento argárico del cerro de San
Cristóbal, un asentamiento de pequeñas dimensiones situado en plena vega de Granada. Entre las evidencias
de hábitat destaca, especialmente, un contexto híbrido donde conviven elementos materiales tanto de época
calcolítica como argárica. Asociado al poblado se documentaron 14 sepulturas de inhumación con un número
mínimo de 17 individuos y ajuares funerarios donde están ausentes los materiales tradicionalmente
considerados como indicadores de alto estatus social. Los ajuares metálicos han sido objeto de un estudio
específico sobre su tecnología de manufactura. La combinación de análisis de composición, metalografías y
microdureza cuestiona que la adopción de la aleación de cobre y estaño suponga una mejora en las
propiedades físicas o mecánicas de los objetos.
3DODEUDVFODYHEdad del Bronce, Cultura de El Argar, vega de Granada, ritual funerario, Paleoantropología,
metalurgia.
7+($5*$5,&6,7(2)&(552'(6$1&5,67Ï%$/2*Ë-$5(6
*5$1$'$
$EVWUDFW
This paper focuses on the recent research carried out at the Argaric site of Cerro de San Cristóbal, a small
settlement situated in the Vega de Granada. From an habitational point of view, this site stands out as a
culturally hybrid context in which different pottery vessels typologically characteristic of the Chalcolithic and
Argaric periods coexisted. Associated with living areas, 14 burials were located with at least 17 inhumations
and grave goods in which materials traditionally considered as indicators of high social status were absent.
The technological properties of the metallic grave offerings were specifically studied. The combination of
metallographic, microhardness and compositional analyses questions the adoption of tin-bronze alloy due to
its functional improvements.
.H\ZRUGVBronze Age, Argaric Culture, Vega de Granada, Funerary Ritual, Paleoanthropology, Metallurgy.
1
Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Granada. [[email protected]]; [[email protected]]; [[email protected]]
Instituto de Historia, CCHS-CSIC, Madrid. [[email protected]]; [[email protected]]
Laboratorio de Antropología Física. Universidad de Granada. [[email protected]]
4
Instituto Universitario de Arqueología Ibérica. Universidad de Jaén. [[email protected]]
2
3
Recibido: 01/07/2012; Aceptado: 31/09/2012
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 141-164. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
141
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
,1752'8&&,–1
El yacimiento del cerro de San Cristóbal se localiza
en plena vega de Granada, una de las depresiones
internas de las Cordilleras Béticas situada sobre el
contacto tectónico que forman las denominadas
Zonas Internas y Externas y colmatada por depósitos
sedimentarios que van desde el Mioceno Superior
hasta el Cuaternario. La cuenca comienza a individualizarse a partir del Tortoniense Superior con
materiales margosos marinos que pronto pasan a
lacustres y fluviales (Dabrio y Ruiz Bustos, 1979;
Rodríguez-Fernández, 1982).
Atravesada por el río Genil y sus afluentes, se
pueden distinguir un área central de llanura, suavemente inclinada hacia el oeste, y una zona de transición hacia las estribaciones montañosas compuesta
por glacis y suaves lomas sobre materiales terciarios
y cuaternarios. Es precisamente sobre una de estas
zonas de contacto, en la cabecera de la depresión,
donde se localiza el cerro de San Cristóbal (Fig. 1).
Fig. 1. Situación de los yacimientos mencionados en el texto. 1 Cerro
de San Cristóbal, 2 Cerro de la Encina, 3 Cueva de la Paloma, 4 La
Quinta, 5 Cuesta de los Chinos, 6 Necrópolis del Pantano de los
Bermejales, 7 Cerro del Molino del Tercio, 8 Las Peñas de los
Gitanos.
Se trata de una loma o pequeño altozano que en su
punto más alto alcanza los 40 m de altura sobre la
llanura aluvial (Fig. 2).
El yacimiento es conocido desde antiguo por la
población local como un sitio donde aparecían restos
de vasijas y enterramientos. Estas noticias fueron
recogidas en un trabajo de investigación inédito 1 y,
posteriormente, en un artículo general sobre las
sociedades argáricas del sector oriental de la vega
de Granada, donde se publicó el ajuar funerario de
una sepultura en covacha compuesto por dos vasijas
cerámicas y un puñal con dos escotaduras para el
enmangue (Fresneda Padilla et al., 1987-88). No
obstante, no ha sido hasta finales de los años 80,
durante los 90 y primera década del siglo XXI cuando
se han desarrollado diferentes excavaciones arqueológicas relacionadas con el importante desarrollo
urbanístico que sufre el municipio de Ogíjares como
parte del área metropolitana de la ciudad de Granada. En concreto, se han realizado 7 intervenciones de
urgencia durante los años 1988, 1989, 1991, 1995,
1999, 2002 y 2003. Cuatro de estas excavaciones
fueron publicadas de forma preliminar en los
Anuarios Arqueológicos de Andalucía (Fresneda et
al., 1991, 2001; Gallegos Castellón, 2005), el resto
permanecen inéditas2.
Como resultado, se ha documentado una intensa
ocupación donde se distinguen 3 periodos culturales.
Los momentos más antiguos se corresponden con
un yacimiento de fosas de época neolítica excavadas
en la matriz geológica. Se trata de estructuras de
perfil acampanado y planta circular que aparecen
colmatadas con depósitos sedimentarios que contienen cerámica muy fragmentada, industria lítica
tallada y pulimentada, restos de fauna, en algunos
casos anatómicamente articulados, y fragmentos de
grandes recipientes con abundantes improntas de
cereales. A partir de las numerosas similitudes con
yacimientos situados igualmente en la Vega de
Granada y con dataciones radiocarbónicas como La
Loma (Aranda Jiménez et al., 2012), esta ocupación
podría situarse en términos temporales entre la
segunda mitad del V y el IV milenio cal AC.
1 Rodríguez-Ariza, M.O. (1985) Carta arqueológica de la hoja del Padul (1026-II-IV) La población prehistórica y antigua en el sector oriental
de la vega de Granada y la depresión de Padul. Memoria de Licenciatura. Inédita. Granada.
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Informe inédito.
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142
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 141-164. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
ciones sistemáticas. En este sentido, el trabajo de
investigación que a continuación presentamos se ha
centrado en las excavaciones realizadas en los años
1988, 1989 y 1991 que son las únicas que han proporcionado información sobre estas poblaciones.
(/32%/$'2$5*„5,&2
Durante las intervenciones anteriormente aludidas,
los sectores de excavación se concentraron especialmente en la ladera oeste y parte superior del altozano, aunque esta última zona se encontraba fuertemente alterada por la construcción durante los años
80 de dos depósitos de agua. También se sondeó la
ladera sur y se procedió a la prospección sistemática
del resto del yacimiento. Si bien, la información
fundamental para época argárica procede de la
ladera oeste, la aparición de una sepultura en la
ladera sur, junto al talud del camino que atraviesa el
asentamiento, y la documentación de cerámica de
tipología argárica en superficie permite una aproximación a la extensión del asentamiento. Así, el área
con evidencias de ocupación argárica alcanzaría
aproximadamente las 0,6 Has.
Fig. 2. Plano topográfico del yacimiento del cerro de San Cristóbal.
Durante la Edad del Bronce el cerro de San Cristóbal
es de nuevo ocupado por poblaciones argáricas,
objeto de estudio del presente trabajo. El tercer
periodo se corresponde con una extensa necrópolis
tardorromana de al menos 65 sepulturas con
enterramientos mayoritariamente individuales en
fosa o cista e inhumaciones en posición decúbito
supino y brazos extendidos. Los ajuares funerarios,
junto a las características del ritual, situarían la
necrópolis entre los siglos VI-VII DC (Fresneda
Padilla et al., 1991, 2001).
En el año 2010 solicitamos permiso a la Delegación
Provincial de Granada de la Consejería de Cultura de
la Junta de Andalucía para el estudio de los materiales depositados en el Museo Arqueológico de Granada correspondientes a la ocupación argárica. El objetivo general ha consistido en profundizar en el conocimiento de las sociedades de la Edad del Bronce a
partir del único yacimiento argárico localizado en
plena vega de Granada que ha sido objeto de excava-
Aún asumiendo que toda esta zona fuera ocupada de
forma contemporánea, se trataría en cualquier caso
de un asentamiento de pequeñas dimensiones que
se aleja de los poblados que ocupan varias hectáreas, como el cercano cerro de la Encina (Aranda
Jiménez y Molina González 2005, 2006; Aranda
Jiménez et al., 2008), tradicionalmente considerados
como asentamientos centrales. Además del tamaño,
destaca igualmente su localización sobre una loma
que, aunque desde su cima permita un cierto control
visual del entorno, no parece que reúna las características habituales del patrón de asentamiento
argárico clásico (Lám. 1): cerros elevados, escarpados y de difícil acceso donde se enfatiza su dimensión escénica y paisajística, en algunas ocasiones
acentuada con construcciones monumentales,
habitualmente interpretadas como defensivas. Muy
al contrario, la elección del sitio parece responder a
su localización en la vega de Granada, en un entorno
de suelos óptimos para el desarrollo de prácticas
agrícolas tanto de secano como potencialmente de
regadío. Quizás, la cercanía del río Dílar, del que
dista aproximadamente unos 700 m, pudo ser un
factor relevante en la ubicación del asentamiento y
en sus estrategias económicas.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 141-164. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
143
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
lado en gran medida los contextos arqueológicos
argáricos.
Lám. 1. Vista general de la ladera oeste del cerro de San Cristóbal.
Tanto por su tamaño, localización geográfica y
ausencia de construcciones monumentales, el cerro
de San Cristóbal entraría dentro de la categoría de
yacimientos como Los Cipreses (Martínez Rodríguez
et al., 1999) o El Rincón de Almendricos (Ayala Juan,
1991) que rompen con el patrón de asentamiento
clásico, contribuyendo a una diversidad y complejidad cultural cada vez más evidente en las sociedades argáricas (Aranda Jiménez, 2012). La ubicación
del cerro de San Cristóbal junto a otros yacimientos
cercanos como la cuesta de los Chinos (Fresneda
Padilla et al., 1985) o La Quinta (Fresneda Padilla et
al., 1987-88), todos ellos en suaves lomas en contacto con la llanura, permite plantear una intensa
ocupación de la vega granadina con pequeñas aldeas
que parecen poseer una orientación marcadamente
agrícola.
Como se ha indicado anteriormente, la ladera oeste
del yacimiento es la que ha aportado la mayor parte
de la información arqueológica sobre la ocupación
argárica. Durante las campañas de 1988, 1989 y 1991
esta área fue objeto de una intensa investigación. De
los 36 sectores de excavación que se concentran en
esta ladera, en 8 se documentan evidencias arqueológicas argáricas. Se trata de los denominados como
cortes 7, 11, 13, 14, 15, 30, 31 y 46 (Fig. 3). Todos
ellos aparecen asociados a un farallón rocoso de
conglomerados poco compactados que se dispone
en dirección NE-SO, lo que habría favorecido un
cierto grado de conservación, aunque, en términos
generales, el estado de preservación pueda ser
definido como deficiente. La posterior ocupación
tardorromana, las intensas labores agrícolas o construcciones recientes, como los depósitos de agua
que ocupan la cima del altozano, habrían desarticu-
144
En este sentido, las evidencias relacionadas con las
áreas de hábitat son las que habrían sufrido un
mayor grado de deterioro. No obstante, la información disponible es suficiente para asegurar la existencia de un poblado al que se asocia, siguiendo el
patrón típico de las sociedades argáricas, un conjunto de sepulturas de las que se han documentado 14.
Los restos arqueológicos relacionados con el hábitat
se concentran en los sectores de excavación 11, 30,
31 y 46.
Del sector 11 procede, probablemente, una de las
áreas mejor conservadas. Se trata de los restos de
un muro de mampostería que recubre al corte artificial realizado sobre el afloramiento rocoso. Más que
un muro de aterrazamiento, similar al de los poblados argáricos clásicos, se aprovecha el farallón para
adosar las construcciones, ya que toda esta ladera
presenta una suave pendiente que no requiere de un
urbanismo escalonado para su ocupación (Lám. 1).
Fig. 3. Ladera oeste del cerro de San Cristóbal con la situación de
los sectores de excavación.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 141-164. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
Del muro se han conservado entre dos y tres hiladas
de mampostería de medianas y pequeñas dimensiones, rellenándose los espacios entre el muro y corte
de la roca con abundantes gravas y sedimentos
compactados (Fig. 4). Embutidos en el muro se
documentaron dos hoyos de poste de los que se han
conservado sus negativos y la mampostería que los
delimita. Mediante estos postes se conseguiría reforzar y dar una mayor consistencia a la estructura,
siguiendo un procedimiento constructivo característico de otros poblados argáricos granadinos como el
cercano cerro de la Encina (Aranda Jiménez et al.,
2008) o el Castellón Alto (Molina González et al.,
1986). Junto al muro, se han registrado los restos de
un pavimento compuesto por tierra apisonada y
gravas.
necen a enterramientos individuales en fosas, parcialmente superpuestas en al menos dos casos, y
situadas bajo el piso de la vivienda.
Asociado con esta área de hábitat aparece la mayor
concentración de sepulturas del yacimiento, en
concreto 5, de las que una de ellas se corresponde
con un enterramiento en pithos empotrado en el
muro de mampostería. Las cuatro restantes perte-
Esta situación cambia en los sectores 30, 31 y 46
localizados en el extremo SO del farallón, donde de
nuevo aparecen restos deteriorados de zonas de
hábitat. La roca aparece cortada creando una plataforma seccionada en su extremo sur por la cota de
pendiente de la ladera. Bajo un nivel de derrumbes
de piedra, se documentan dos áreas de ocupación
diferenciadas. La primera, localizada en los sectores
30 y 31, aparece definida por varios hoyos de poste
situados junto al corte de la roca (Fig. 5). La segunda, correspondiente al sector 46, presenta los restos
de una tabicación de mampostería dispuesta de
forma transversal al farallón y asociada, igualmente,
a varios postes. Relacionada con la zona de hábitat
de los sectores 30 y 31 se localizaron dos sepulturas
en fosa. La primera (sep. 28) consiste en un enterramiento doble con un individuo adulto en posición
flexionada y otro infantil, junto a un ajuar compuesto
por dos vasijas cerámicas carenadas. De la segunda
(sep. 29), sólo se ha conservado un conjunto óseo
formado por los restos de varios huesos de extremidades.
Fig. 4. Sector de excavación 11. Área de hábitat y enterramientos
asociados.
Desde el sector de excavación 11 en dirección NESO, siguiendo el farallón rocoso, las evidencias del
poblado argárico prácticamente desaparecen. Solo
entre los sectores 14 y 15 se documentan los restos
mal conservados de un muro de mampostería que,
junto con determinadas concentraciones de derrumbes, permite sugerir la expansión del asentamiento
por los sectores 13, 14, 15 y 7. Sin embargo, en toda
esta área sí que se han conservado en diferente
grado hasta 6 sepulturas realizadas en fosas y, muy
especialmente, en covachas que presentan un cierre
de lajas o de muretes de mampostería.
Sobre el área de ocupación de los sectores 30 y 31 se
documentaron varias vasijas cerámicas relacionadas
formalmente con la presentación y consumo de
alimentos y bebidas3 (Fig. 5). Destacan un plato casi
completo de perfil semiesférico y borde biselado,
varios vasos semiesféricos con el borde recto o
ligeramente entrante y un cuenco de tendencia
3 Aunque escasos, no ha sido posible localizar en el Museo Arqueológico de Granada los materiales relacionados con los sectores de
excavación 30, 31 y 46, a excepción de un vaso con decoración campaniforme que forma parte de la exposición permanente del museo. Por
tanto, la valoración de este espacio se ha realizado a partir de la documentación de campo y del análisis de materiales realizado por los/as
arqueólogos/as responsables de la intervención para los informes y memorias de excavación.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 141-164. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
145
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
Fig. 5. Área de hábitat de los sectores de excavación 30 y 31.
parabólica y fondo plano (Fig. 6: 1, 2, 5 y 6). Especial
mención requieren las cerámicas con decoración
campaniforme. Se trata de un pequeño cuenco
completo de base plana, paredes de tendencia
globular y borde entrante. Presenta toda la superficie exterior decorada con un cuerpo central de líneas
en zigzags delimitado por franjas horizontales que
dejan dos estrechas bandas en el borde y fondo
decoradas con intervalos de rayas verticales (Fig. 6:
3). Todos los motivos fueron realizados con impresión a peine. Esta técnica y el motivo en zigzags se
repiten en la superficie exterior de otro fragmento
perteneciente igualmente a la pared de un cuenco
(Fig. 6: 4).
La asociación de elementos materiales pertenecientes a tradiciones culturales diversas, caso de las
cerámicas con decoración campaniforme y platos de
borde biselado, por un lado, y de vasijas de tipología
argárica junto a enterramientos individuales bajo las
unidades de habitación, por otro, nos enfrentan a
contextos culturales que pueden definirse como
híbridos. La alejada situación de la vega de Granada
respecto a las áreas nucleares argáricas de la
depresión de Vera y valle del Guadalentín junto a su
localización en el límite y frontera de la teórica área
de expansión argárica, debió favorecer una importante diversidad cultural donde serían habituales los
fenómenos de hibridación con diferente intensidad y
persistencia temporal.
146
Efectivamente, la aparición de formas culturales
híbridas es un fenómeno recurrente en La Edad del
Bronce de la vega de Granada y zonas serranas que
la circundan. Este es el caso de asentamientos como
las Peñas de los Gitanos donde conviven platos de
borde biselado con vasijas carenadas y grandes
orzas de perfil ovoide en momentos antiguos de la
Edad del Bronce (Arribas Palau y Molina González,
1979) o el poblado del cerro del Molino del Tercio
donde coexisten cerámicas con decoración campaniforme y vasijas de tipología argárica (Molina Fajardo
et al., 1980). En el cerro de la Encina, yacimiento
argárico por excelencia de toda esta comarca,
también se documentan los platos de borde biselado
junto a cerámicas de tipología argárica (Aranda
Jiménez, 2001). Esta misma asociación se repite en
contextos funerarios como la sepultura 11 del Pantano de Los Bermejales (Arribas Palau y Ferrer Palma,
1997) o en la cercana cueva de la Paloma (Martínez
Fernández et al., 1979).
Aunque fragmentarias y mal conservadas, las
evidencias de hábitat documentadas en el cerro de
San Cristóbal permiten plantear la existencia de un
pequeño poblado que podría haber alcanzado 0,6
Has de extensión. Su localización en un altozano en
plena vega de Granada se aleja del patrón clásico de
época argárica aproximándose a los denominados
poblados de llanura. Por su parte, la documentación
de contextos materiales híbridos sitúa a estos pobla-
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EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
Fig. 6. Vasijas cerámicas del área de hábitat de los sectores de excavación 30 y 31 (1-6) y ajuares de las sepulturas 6 (7-9) y 7 (10-13).
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147
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
dos dentro de un panorama cultural caracterizado
por la diversidad de tradiciones que se entremezclan
en complejas prácticas sociales.
/$66(38/785$6$5*„5,&$6
En el cerro de San Cristóbal se han documentado 14
sepulturas que siguen el patrón característico de las
sociedades argáricas. Una de ellas, localizada en la
ladera oeste junto al talud del camino que atraviesa
el yacimiento, fue expoliada aunque sus características generales y ajuar funerario fueron posteriormente publicados (Fresneda Padilla et al., 1987-88).
Las 13 restantes proceden de las campañas de
excavación objeto del presente trabajo. En 9 casos se
trata de inhumaciones individuales y en 4 de enterramientos dobles. El tipo de sepultura dominante es la
covacha, aunque también se han documentado enterramientos en fosa y en urna cerámica. Los ajuares
funerarios varían entre las sepulturas que no poseen
ningún elemento hasta aquellas otras que incorporan varias vasijas cerámicas y objetos de metal.
En términos generales, el conjunto antropológico
presenta una conservación deficiente con un alto
índice de fragmentación que dificulta su adscripción
anatómica4. En total se han identificado un número
mínimo de 17 individuos de los que 3 son niños/as, 5
mujeres y 4 varones5. El resto se corresponde o bien
a individuos alofisos o a restos antropológicos no
localizados en el Museo Arqueológico de Granada6.
Desde una perspectiva paleopatológica no se han
observado evidencias de traumatismos, hiperostosis
porótica, patologías degenerativas o máxilo-dentales.
A continuación se presentan las principales características de cada una de las sepulturas identificadas7.
covacha abierta en la matriz geológica que presenta
varias lajas de piedra como parte de su cierre. Se
han conservado los restos óseos articulados de los
miembros inferiores de un individuo posiblemente
adulto. Desafortunadamente, los restos antropológicos no han sido localizados en los fondos del Museo
Arqueológico de Granada.
El ajuar funerario aparece compuesto por 3 elementos. El primero se corresponde con una hoja de
metal, de forma triangular, 10,5 cm de longitud y 3
remaches para el enmangue de los que solo se han
conservado 2 (Fig. 6: 8). El análisis de composición
de uno de ellos muestra que se trata de cobre sin
que se hayan detectado restos ni de arsénico ni de
estaño. El segundo es una pulsera/brazalete de
bronce compuesta por un hilo abierto, de doble
vuelta, sección ovalada y diámetro aproximado de 5
cm (Fig. 6: 9). Un vaso cerámico carenado de superficies bruñidas, que le confiere un intenso brillo,
completa el ajuar (Fig. 6: 7).
6(38/785$
Se sitúa en el sector de excavación 11 asociada a un
muro de mampostería que delimita una de las áreas
de hábitat anteriormente descritas. Consiste en la
única sepultura en pithos documentada en el
yacimiento. Su grado de conservación es deficiente
ya que la vasija apareció fragmentada, habiendo
desaparecido parte del recipiente cerámico y de los
restos antropológicos que contenía. La urna funeraria presenta un perfil ovoide con paredes irregulares
que recuerdan a los pithoi del poblado de Gatas
caracterizados por diversas anomalías en su manufactura (Colomer i Solsona, 2005). Presenta el labio
decorado con incisiones, las superficies alisadas y
una doble línea de mamelones troncocónicos situados a intervalos regulares junto al borde y cerca de
su base.
6(38/785$
Se localiza en el sector de excavación 7 junto al
farallón rocoso. Se trata de una sepultura en
Asociados a esta vasija cerámica se documentaron al
menos dos individuos cuyos restos se conservaban
en su mayor parte desarticulados. El primer conjun-
4 Los intentos de datación radiocarbónica de restos antropológicos han sido infructuosos debido a la ausencia de suficiente colágeno en los
huesos.
5 En la clasificación de sexo, edad y caracteres métricos se han seguido los procedimientos descritos por autores como Martin (1957),
Ferembach et al. (1979), Isçan (1989) y Byers (2002).
6 Se trata de las sepulturas 5, 9 y 12.
7 Se ha mantenido la numeración de sepulturas asignadas durante el proceso de excavación. Solo la número 8 se ha dividido en las 4
sepulturas que la componen.
148
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EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
to incluye un fragmento de la región sinfisaria de la
mandíbula con mentón de forma parabólica, dos M3
inferiores con desgaste leve, un M2 inferior con
desgaste moderado y un fragmento de corona de un
premolar inferior. Asimismo, figuran restos óseos de
clavícula, cúbito, radio y tibia y fragmentos de costilla. Tanto la forma del mentón como el tamaño de
los fragmentos conservados y grosor cortical sugieren que se trata de un individuo de sexo femenino
cuya edad podría estar comprendida entre los 20 y 30
años. El segundo individuo aparece representado por
un fragmento de hemimandíbula derecha que
conserva in situ las raíces de los molares deciduales
y las coronas no emergidas de los dos primeros
molares permanentes. Según el método de Ubelaker
(1989), tendría una edad de 4 años + 12 meses.
El ajuar cerámico aparece compuesto por un vaso de
fondo plano, cuerpo cilíndrico, paredes gruesas y
superficies alisadas e irregulares, y por un cuenco
de tendencia semiesférica y borde recto del que
cuelgan a modo de decoración pequeños mamelones troncocónicos (Fig. 6: 10 y 11). Una cuenta de
collar realizada en hueso y un anillo/pendiente de
bronce, consistente en un hilo abierto de sección
circular, completan el ajuar (Fig. 6: 12 y 13).
mentado los restos de cuatro remaches de cobre
arsenicado, dos de ellos unidos, que presentan
secciones circulares (Fig. 8: 1).
Fig 7. Sepultura 8.1.
6(38/785$
6(38/785$
Bajo el piso del área de habitación del sector 11 se
documentan 4 enterramientos en fosas parcialmente
superpuestas. El primero de ellos se corresponde a
un individuo articulado en posición flexionada y
decúbito lateral izquierdo (Fig. 7). Se ha conservado
un fragmento mandibular con mentón parabólico y
estrecho donde se aprecian los alvéolos de los cuatro
incisivos y canino derecho, perdidos post mortem, y
los restos de las raíces de los tres molares. Las
clavículas son gráciles y de pequeñas dimensiones.
Los húmeros no muestran señales de desarrollo
muscular y sí de perforación olecraniana. Los radios
y cúbitos son igualmente gráciles y sin evidencias de
desarrollo muscular. Los fémures tienen pilastra
débil y son platiméricos y las tibias resultan platicnémicas. Tampoco se aprecian marcas de desarrollo
muscular en los huesos de los miembros inferiores.
Se trata de un individuo femenino adulto cuya estatura, establecida a partir del húmero izquierdo (Steele
y McKern, 1969), oscilaría, según el método empleado, entre el 1,52 m (Mendonça, 2000) y el 1,55 m
(Trotter-Gleser, 1958). Como ajuar sólo se han docu-
Bajo el enterramiento anterior se documentan dos
inhumaciones en fosa separadas por una alineación
de mampostería que las individualiza (Fig. 4). La
primera de ellas se corresponde con un individuo en
posición decúbito lateral derecho y flexionado. Sus
restos aparecen representados por la sínfisis, cuerpo
y rama mandibular izquierda, un fragmento de clavícula, ambas diáfisis humerales, fragmentos de
ambos radios y cúbitos y parte del coxal derecho.
La mandíbula es pequeña y grácil, tiene la rama
estrecha y el ángulo goníaco abierto. Conserva in
situ los dos primeros molares, con desgaste
moderado en el M1 y leve en el M2. En la cara vestibular del M2 se aprecia un defecto en el esmalte que
se hubiera convertido en una caries en caso de que
el individuo hubiera sobrevivido. El grado de desgaste sugiere una edad entre 20 y 30 años. Los huesos
son pequeños y gráciles y no muestran señales de
modificaciones en las entesas. La cresta ilíaca del
coxal está perfectamente soldada y aparece un
fuerte desarrollo del surco preauricular. Todos estos
rasgos indican que se trata de un sujeto de sexo
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149
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
Fig. 8. Ajuares funerarios de las sepulturas 8.1 (1), 8.2 (3, 4, 7 y 8), 8.3 (2), 8.4 (5 -6), 9 (10-11) y 10 (12-13).
150
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EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
femenino. El ajuar aparece compuesto por un
punzón de bronce (Fig. 8: 4) y 4 cuentas de collar
realizadas en concha y localizadas junto al cráneo.
Se trata de conchas de origen marino: dos cipraea
(Fig. 8: 5 y 8), una fragmento de bivalvo posiblemente
del género glycymeis (Fig. 8: 9) y un molusco gasterópodo (Fig. 8: 7).
6(38/785$
Separado por una hilada de mampostería se
documenta una segunda inhumación en una
posición fuertemente flexionada en decúbito lateral
izquierdo (Fig. 4). El conjunto antropológico aparece
formado por fragmentos de diáfisis de húmeros,
cúbitos, radios, fémures y tibias. En el húmero se
aprecian marcas de modificaciones en las entesas
de los músculos pectoral y redondo menor. El cúbito
derecho tiene marcada la cresta del músculo supinador y aparecen evidencias de modificaciones en
las entesas sobre la línea áspera del fémur. El fuerte
desarrollo muscular unido a las dimensiones de los
fragmentos conservados (Alemán et al., 1997), permite deducir que se trata de un individuo adulto de
sexo masculino. Como ajuar se documenta una vasija cerámica localizada sobre el propio individuo. Se
trata de un vaso con carena situada en su tercio superior y superficies fuertemente bruñidas (Fig. 8: 2).
Lám. 2. Lámina de metal. Ajuar funerario de la sepultura 8.4.
Foto: Miguel Ángel Blanco de la Rubia.
6(38/785$
Bajo los dos individuos anteriores aparece el primero
de los enterramientos de la secuencia de inhumaciones descrita. Se trata de un individuo en posición
fuertemente flexionada del que se han conservado
restos fragmentarios de clavículas, húmeros,
cúbitos, radios, coxal, fémures y peronés. Los
huesos son gráciles y de tamaño pequeño y no
aparecen signos indicativos de desarrollo muscular.
Los escasos datos métricos observables indican que
pertenecen al sexo femenino (Alemán et al., 1997).
El ajuar aparece formado por una cuenta de collar
realizada en piedra y una pieza metálica en bronce
que posee una forma excepcional entre los ajuares
funerarios argáricos (Fig. 8: 3 y 6). Se trata de una
lámina de forma aproximadamente rectangular, de
7,5 cm de longitud y 2,5 cm de anchura máxima, con
las esquinas redondeadas en uno de sus extremos y
un ligero estrechamiento en su zona central (Lám.
2). El único objeto de características formales
parecidas se documentó entre los ajuares de la
sepultura megalítica Llano de la Gabiarra 86 (Gor,
Granada), como parte de las prácticas de reutilización de estos espacios funerarios en época argárica
(Aranda Jiménez, 2012). En este caso, se trata de
una lámina de forma igualmente rectangular con
suave estrechamiento de su zona central aunque a
diferencia de la pieza del cerro de San Cristóbal
presenta en uno de sus extremos dos remaches de
plata (Leisner y Leisner, 1943; Montero, 1994).
Junto a los restos antropológicos de estos cuatro
individuos aparecen varias piezas dentales sueltas
que no han podido adscribirse con seguridad a
ninguno de ellos. También se documenta un primer
incisivo y un canino inferiores deciduales que por el
grado de osificación de las raíces corresponderían a
un individuo de 3 a 4 años (Ubelaker, 1989).
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GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
6(38/785$
Se sitúa en el sector de excavación 13 junto a la
sepultura 17. Consiste en una covacha que presenta
como cierre los restos de un murete de mampostería. Los restos antropológicos están formados por un
conjunto de esquirlas que no han sido localizadas en
el Museo Arqueológico de Granada. El ajuar funerario aparece formado por una vasija carenada de
medianas dimensiones y superficie exterior fuertemente bruñida, y por un hoja de cobre arsenicado de
13,7 cm de longitud que presenta varios fragmentos
de tejido adheridos (Fig. 8: 10 y 11). La empuñadura,
conservada solo parcialmente, presenta dos orificios
para los remaches.
6(38/785$
Fue localizada en el sector de excavación 14 junto al
farallón rocoso. Se trata de una covacha abierta en la
matriz geológica que presenta como cierre los restos
de un muro de mampostería. Se han conservado los
restos muy fragmentados de las extremidades
inferiores de un individuo del que no ha sido posible
obtener información de sexo, edad o patologías.
Como ajuar, se documentaron dos vasijas cerámicas
carenadas que difieren en el tamaño y situación de la
carena (Fig. 8: 12 y 13). La primera se corresponde
con un vaso de pequeñas dimensiones y carena baja,
y la segunda con una vasija de mayores dimensiones
y carena a media altura. En ambos casos el cuerpo
inferior es de tendencia semiesférica, el cuerpo
superior troncocónico, los bordes curvos y salientes
y las superficies bruñidas.
6(38/785$
Se localiza en el sector de excavación 15 y consiste
en una sepultura en covacha realizada sobre el
farallón rocoso con varias lajas de piedra a modo de
cierre (Fig. 9). Contiene dos inhumaciones, una de
ellas se corresponde con un individuo en conexión
anatómica, flexionado y en posición decúbito lateral
derecho, y un segundo individuo completamente
desarticulado. El material antropológico se encuentra ilocalizable en los fondos del Museo Arqueológico
de Granada. No obstante, a partir de la información
gráfica, y para el individuo que mantiene la conexión
anatómica, se ha podido establecer que se trata de
un varón adulto que presenta entosofitos marcados
en la tubiosidad tibial izquierda.
El ajuar funerario aparece compuesto por dos
objetos metálicos, ambos de cobre arsenicado, y dos
vasijas cerámicas (Fig. 10: 1, 2, 3 y 4). Se trata de un
punzón de 4,5 cm de longitud y sección cuadrangular
en el extremo proximal y circular en el distal, una
hoja metálica de 6,5 cm de longitud y dos remaches
para el enmangue, y dos vasijas carenadas a media
altura y con sus superficies bruñidas.
6(38/785$
Se localiza en el sector de excavación 13 junto a la
sepultura 9. El tipo de sepultura es una covacha de
la que se ha conservado como cierre un muro de 2 m
de longitud y tres hiladas de mampostería. En su
interior se documenta un enterramiento individual
en posición flexionada y decúbito lateral izquierdo. El
conjunto antropológico aparece compuesto por fragmentos de cráneo, fémur, tibia y radio y cúbito
derechos, que corresponden a un individuo masculino y de edad adulta. No se ha identificado ningún
tipo de patología.
Fig. 9. Sepultura 12.
152
El ajuar aparece formado por una hoja de cobre
arsenicado, de forma triangular, 12,5 cm de longitud
y dos remaches para el enmangue (Fig. 11: 1). Otro
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Fig. 10. Ajuares funerarios de las sepulturas 12 (1-4) y 17 (5).
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153
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
elemento singular de este yacimiento consiste en la
documentación de un conjunto de 83 barritas de
cobre cuyas dimensiones oscilan en torno a 1 cm de
longitud y sus secciones son mayoritariamente
circulares, aunque también aparecen formas cuadrangulares (Fig. 10: 5). Una de sus características
principales es su forma de clavo o tachuela con un
extremo puntiagudo, que aparece habitualmente
doblado o fragmentado, y un extremo proximal
aplanado, probablemente resultado del golpeo para
su fijación. Por sus propiedades formales, estos
pequeños clavos posiblemente formaron parte de
algún objeto realizado en material orgánico como el
cuero o la madera (Lám. 3).
6(38/785$
Se localiza en el testigo existente entre los sectores
de excavación 11 y 13. Se trata de una covacha cerrada con un murete de mampostería del que se
conservan 3 hiladas. Aparece un individuo flexionado
y en posición decúbito lateral derecho. El conjunto
óseo analizado está formado por fragmentos de
bóveda craneal y de diáfisis de húmero, radio, fémur,
tibia y peroné. Las paredes del cráneo son de media-
no espesor y los fragmentos de hueso no poseen una
cortical gruesa. Posiblemente se trate de un individuo de sexo femenino. Restos de un segundo individuo quedan limitados a varios fragmentos de la
bóveda craneal. Como ajuar funerario se identificaron 2 vasijas cerámicas correspondientes a un cuenco de perfil semiesférico y borde entrante, y a un
vaso carenado a media altura y superficies bruñidas
(Fig. 11: 3 y 4).
6(38/785$
Se sitúa en el sector 30 asociada a la zona de hábitat
descrita en el apartado anterior. Consiste en una
sepultura en fosa con restos óseos muy degradados
y erosionados de un individuo que, no obstante,
aparece parcialmente articulado. Se han identificado
fragmentos de diáfisis de húmeros, cúbitos, radios,
fémures, tibias y peronés que no permiten la obtención de ningún carácter métrico. El grosor cortical se
corresponde a un sujeto de sexo masculino. Por otra
parte, también se han documentado fragmentos de
una bóveda craneal correspondiente a un sujeto
Infantil I (0-6 años de edad). Dos vasijas cerámicas
con carena a media altura y superficies bruñidas
Lám. 3. Conjunto de 83 clavos localizados como parte del ajuar de la sepultura 17. Foto: Miguel Ángel Blanco de la Rubia.
154
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Fig. 11. Ajuares funerarios de las sepulturas 17 (1), 18 (3-4) y 28 (2-5).
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155
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
componen el ajuar (Fig. 11: 2 y 5). Una de estas cerámicas tiene la particularidad de poseer un asa de
cinta de sección ovalada que arranca del borde.
6(38/785$
Se localiza en el sector de excavación 31 y al igual
que la sepultura anterior se relaciona con las
evidencias de ocupación de esta zona. Se trata de un
enterramiento en fosa del que se recuperó un
conjunto de esquirlas óseas muy degradadas donde
se identifica un fragmento de tercio superior de
diáfisis femoral. Por las características generales,
podría tratarse de un individuo juvenil de sexo
indeterminado o de una mujer adulta. No aparece
ningún elemento de ajuar asociado.
&$5$&7(5,=$&,–1 '( /26 $-8$5(6
0(7„/,&26
El conjunto de ajuares metálicos del cerro de San
Cristóbal ha sido objeto de una línea de investigación
Signatura
Tipo
Sep.
Long.
cm.
10,5
OSC7004_R1
Remache
6
OSC7002
Brazalete
6
OSC11006
Anillo
7
OSC11010
Remaches
8.1
OSC11017
Punzón
8.2
Diám.
cm.
específica que ha consistido en la caracterización del
proceso de producción mediante la combinación de
las siguientes analíticas: isótopos de plomo (IPb),
análisis de composición, metalografías y microdureza. A continuación se presentan los resultados de las
3 últimas técnicas quedando pendiente los análisis
de isótopos, actualmente en proceso de realización.
Se han muestreado todas las piezas a excepción de
una hoja de metal en mal estado de conservación
(Fig. 6: 8) y del conjunto de 83 clavos (Fig. 10: 5) se
han seleccionado 4 ejemplares, dos con terminación
en punta, uno con la punta doblada y otro con ambos
extremos doblados y apariencia de grapa (Tab. 1).
Los análisis de composición se han realizado
mediante Espectrometría de Masas con Fuente de
Plasma Acoplada Inductivamente de Sector Magnético y Colector simple (ICP-SFMS) en los laboratorios
del centro de investigación "Arqueología y Ciencia de
los Materiales" del Deutsches Bergbau-Museum de
Bochum (Alemania)8. En el caso de los remaches de
varias hojas de metal (Figs. 6: 8; 10: 2 y 11: 1), y de
dos de los clavos muestreados (Fig. 10: 5), la compo-
Peso gr.
As
Sn
Secuencia
HV
21,5
nd
nd
F+FF
FF
170
7,1
0,42
5,59
F+FF+R
108
2,3
0,01
4,47
F+FF+R+FF
+FF
183
2
2,38
tr
F+FF
FF
158
5,5
1,4
0,01
6,63
F+FF+R+FF
FF
198
4,4/4,6
4,8
OSC11015
Raspador?
8.4
7,5
14,9
0,87
4,91
F+(FF+R+FF)
150
OSC13001_H
Puñal 2R
9
13,7
34,8
6,47
tr
F+FF+R+FF
FF
196
OSC15014_H
Puñal 2R
12
6,5
14,4
3,51
tr
F+FF
151
OSC15014_R
Remache
12
2,98
nd
F+FF
127
OSC15013
Punzón
12
4,5
1,3
4,08
tr
F+FF+R+FF
FF
200
OSC13005_H
Puñal 2R
17
12,5
48
5,05
tr
F+FF+R+FF
FF
186
OSC13005_R
Remache
17
4,30
nd
F+FF+R+FF
FF
142
OSC13006_71
Clavo
17
1
1,22
tr
F+FF+(R+FF)
144
OSC13006_15
Clavo
17
1
1,29
tr
F+FF+(R+FF)
134
OSC13006_37
Clavo
17
1
F+FF+(R+FF)
146
OSC13006_60
Grapa
17
1
F+FF
116
Tab. 1. Resultados de los análisis de los objetos de metal. La composición aparece en % en peso normalizado. F=Fundición, FF=Forja en frío
y R=Recocido. Los paréntesis indican que la intensidad de trabajo ha sido leve y la negrita que ha sido intensa.
1 Los resultados analíticos se refieren a uno de los remaches y las medidas al puñal completo.
2 4,8 g es el peso de los 4 remaches juntos.
8 Los análisis de ICP-SFMS fueron realizados por el Dr. Michael Bode utilizando un espectrómetro Thermo Scientific ELEMENT XR (para
profundizar en la metodología véase Renzi et al., 2012).
156
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ID
OSC 13005
Ag
Sn
Sb
Te
Au
Pb
Bi
Hg
P
S
Fe
Co
Ni
Zn
As
Se
0,0401 0,0006 0,0008 0,0005 0,0019 0,0076 0,0532 0,0001 0,0001 0,0001 0,0001
0,0000
0,0006 0,0002 5,0567
0,0017
OSC 13001
0,0067 0,0002 0,0041 0,0006 0,0012 0,0083 0,0026 0,0001 0,0001 0,0220 0,0000
0,0003
0,0186 0,0000 6,4774
0,0007
OSC 11015
0,0315 4,9136 0,0255 0,0005 0,0025 0,0280 0,0220 0,0001 0,0004 0,0185 0,0000
0,0005
0,0315 0,0001 0,8754
0,0018
OSC 11010
0,0322 0,0007 0,0332 0,0001 0,0007 0,0069 0,0119 0,0001 0,0006 0,0028 0,0003
0,0000
0,0035 0,0000 2,3898
0,0014
OSC 15014
0,1001 0,0003 0,0108 0,0001 0,0008 0,0098 0,0403 0,0001 0,0001 0,0001 0,0167
0,0000
0,0018 0,0001 3,5151
0,0016
OSC 7002
0,0337 5,5899 0,0143 0,0003 0,0029 0,1395 0,0047 0,0001 0,0099 0,0450 0,0076
0,0011
0,0143 0,0003 0,4236
0,0008
OSC 11006
0,0781 4,4745 0,0003 0,0002 0,0003 0,0105 0,0002 0,0001 0,0003 0,0091 0,0001
0,0000
0,0028 0,0001 0,0120
0,0049
OSC 11017
0,1158 6,6320 0,0017 0,0004 0,0011 0,0420 0,0026 0,0001 0,0066 0,1791 0,0001
0,0004
0,0081 0,0010 0,0107
0,0075
OSC 15013
0,0642 0,0016 0,0041 0,0001 0,0004 0,0134 0,0209 0,0001 0,0002 0,0154 0,0000
0,0000
0,0011 0,0003 4,0817
0,0022
OSC13006_71 0,1117 0,0093 0,0570 0,0001 0,0024 0,0169 0,0106 0,0001 0,0547 0,0072 0,0001
0,0000
0,0152 0,0013 1,2298
0,0010
OSC13006_15 0,0969 0,0014 0,0535 0,0001 0,0022 0,0249 0,0094 0,0001 0,0360 0,0318 0,0757
0,0000
0,0143 0,0014 1,2924
0,0007
Tab. 2. Resultados ICP-SFMS. Los datos se presentan en % en peso, normalizado a 100%.
ID
Fe
Ni
Cu
Zn
As
Ag
Sn
Sb
Pb
OSC15014_R
nd
nd
97,01
nd
2,98
nd
nd
nd
nd
OSC13005_R
nd
nd
95,7
nd
4,3
nd
nd
nd
nd
OSC7004_R
nd
nd
100
nd
nd
nd
nd
nd
nd
OSC13006_37
nd
nd
98.9
nd
1.09
nd
nd
nd
nd
OSC13006_60
nd
nd
98,9
nd
1,09
nd
nd
nd
nd
Tab. 3. Resultados XRF. Los datos se presentan en % en peso, normalizados a 100%.
sición se determinó mediante Fluorescencia de
Rayos X por Energía Dispersiva (ED-XRF) en el
Museo Arqueológico Nacional (Madrid), utilizándose
un espectrómetro METOREX X-MET 920MP con
detector de Si (Li) y fuente de Americio 241 (para
cuestiones metodológicas véase Rovira Llorens et
al., 1997). Para el estudio metalográfico, las
muestras se embutieron en bloques de resina epoxi
y se pulieron a 0,25 μm siguiendo el procedimiento
convencional. Se atacaron con una solución de
cloruro férrico y ácido clorhídrico y se observaron
con el microscopio óptico Leica DMLM. En el análisis
de microdureza se utilizó un microdurómetro REMET
HX1000, ambos estudios fueron realizados en el
Instituto de Historia, CCHS-CSIC, Madrid9.
$1„/,6,6'(&20326,&,–1
En las tablas 2 y 3 se presentan los resultados de la
composición elemental de los objetos analizados por
ICP-SFMS y por ED-XRF respectivamente. Cuatro
piezas son de bronce (Figs. 6: 9 y 12; 8: 4 y 6) y el
resto de cobre arsenicado, a excepción de un remache correspondiente a la hoja metálica documentada
en la sepultura 6 (Fig. 6: 8), en el que no se detectó
ni arsénico ni estaño.
Las piezas de bronce presentan bajos contenidos en
Sn que oscilan entre el 4,5% y 6,6%, lo cual no les
aportaría una dureza superior a las de los cobres
arsenicados, aunque sí modificaría de forma apreciable su aspecto visual al atenuar el característico
color rojizo del cobre hacia tonalidades más plateadas conforme aumenta el contenido en estaño,
frente a las más doradas de los cobres arsenicados
(Murillo-Barroso et al. e. p). Por su parte, la media
de arsénico de los cobres tampoco es excesivamente
alta, un 3,5%. Sin embargo, es significativo que las
piezas con contenidos de arsénico por encima de la
media son las tres hojas metálicas y un punzón,
9 Para cuestiones metodológicas de metalografía y microdureza véase Scott, 1991 y Rovira Llorens y Gómez Ramos, 2003.
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157
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
mientras que las piezas con cantidades por debajo
de la media son todas remaches o clavos, con la
excepción del remache del puñal de la sepultura 17
(Fig. 11: 1) con un 4,3% de As.
También es igualmente relevante que el contenido de
arsénico en los bronces no llega al 1% mientras que
en el de los cobres es generalmente superior, por lo
que cabría plantear la posibilidad de que se estuvieran utilizando mineralizaciones de cobre diferentes
para la elaboración de los bronces. Sin embargo, el
análisis Cluster y de Componentes Principales de los
elementos traza no agrupa a los bronces de forma
diferenciada, lo que sería esperable (Fig. 12). Un
primer grupo, con valores medios de la mayoría de
las trazas, concentra a 5 objetos entre los que se
encuentra uno realizado en bronce. El segundo grupo, formado por los dos clavos analizados, presentaría cantidades más elevadas de Fe, Zn, P, Ag y Sb. Un
punzón de bronce (Fig. 8: 4) con niveles altos de S y
Se, y un brazalete, también de bronce (Fig. 6: 9),
caracterizado por índices elevados de Co, Pb, Ni y
Au, y bajos de Ag quedarían sin agrupar. El grupo 5
estaría formado por dos piezas (Fig. 8: 11 y 6), una de
ellas de bronce, con valores medios de la mayoría de
las trazas aunque ligeramente más elevados de Co,
Au, Ni y Pb (Tab. 4). Sin embargo, a excepción de los
clavitos que se separan más claramente del resto
CONGLOMERADO
1
2
3
Puntua(Ag)
-.64707
.85085
1.34928
-.81585
Puntua(Sb)
-.85254
1.66256
-.80959
-.20825
Puntua(Te)
1.16311
-.88396
.65134
.13957
Puntua(Au)
.44506
.77143
-.42528
1.53297
Puntua(Pb)
-.52871
-.07994
.36363
2.89280
Puntua(Bi)
2.18686
-.40318
-.80529
-.68111
Puntua(P)
-.53591
1.42545
-.18079
-.00050
Puntua(S)
-.58440
.03312
2.90250
.29025
Puntua(Fe)
-.39917
2.93365
-.39917
-.06853
Puntua(Co)
-.59641
-.59641
.54455
2.54121
Puntua(Ni)
-.99040
.42836
-.21371
.42836
Puntua(Zn)
-.44625
1.81933
1.06414
-.25745
Puntua(Se)
-.24082
-.71386
2.50282
-.66656
Tab. 4. Análisis Cluster de los elementos traza.
158
4
Fig. 12. Análisis de Componentes Principales de los elementos traza
de las piezas metálicas del cerro de San Cristóbal.
(Fig. 12), no parecen identificarse agrupamientos
claros, y dado el número tan reducido de casos,
habrá que esperar a los resultados de los análisis de
isótopos de plomo para ver si esas diferencias en las
trazas se corresponden con el uso de minerales de
procedencias diferentes.
Otra posibilidad para explicar los bajos índices de As
en los objetos de bronce podría relacionarse con una
tecnología de manufactura que favoreciera la volatilización del arsénico. El bronce puede obtenerse de
tres formas posibles: mediante la fundición de cobre
y estaño metálicos, mediante la correducción de
minerales de cobre y estaño, o mediante la cimentación de cobre metálico y casiterita. Estas dos últimas
opciones se han documentado en otras zonas de la
Península Ibérica mediante el estudio de las escorificaciones (Rovira Llorens, 2007). Si en el caso argárico, el bronce se elaborara a partir de la cementación
de cobre metálico y casiterita, sin llegar a un control
completo de las condiciones reductoras, implicaría
una doble exposición del cobre al calor, al elaborar
el cobre metálico y al reducirlo con el estaño, incrementándose, de esta forma, las posibilidades de
pérdida de arsénico. Sin embargo, la posibilidad de
correducción de minerales no puede descartarse,
por lo que serán futuros análisis de escorias de
bronce los que podrán aclarar este aspecto tecnológico.
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EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
$1„/,6,60(7$/2*5„),&26
La mayoría de las piezas, el 62,5% de la muestra, se
elaboraron mediante largas cadenas de trabajo con
sucesivas etapas de forja en frío, recocido, y terminadas con una fase final de forja (Tab. 1). 5 muestras,
el 31,25%, fueron elaboradas siguiendo una sencilla
cadena de trabajo mediante un sólo episodio de
martilleado, a excepción del brazalete elaborado con
una primera fase de martilleado y una fase final de
recocido. En la lámina 4 se presentan algunos ejemplos de las microestructuras resultantes.
La totalidad de los objetos que poseen un carácter
fundamentalmente utilitario, como medios de trabajo, presentan un episodio final de martilleado lo que
favorece una mayor dureza del metal. De los dos
objetos de naturaleza ornamental analizados, el bra-
Lám. 4. Microestructuras de las cadenas operativas. A) Fundición y
forja en frío. Sección metalográfica de remache de hoja metálica
(Fig. 10: 2) 100X; B) Fundición, forja en frío y recocido de la sección
del brazalete (Fig. 6: 9) 200X y C) Fundición, forja en frío, recocido y
forja en frío. Sección de hoja metálica (Fig. 8: 11). Nótense las
bandas horizontales brillantes resultado del enriquecimiento de
arsénico 500X.
zalete fue elaborado con una fase final de recocido
que le restaría dureza, aunque le aportaría ductilidad
y maleabilidad, lo que facilitaría la deformación
plástica para elaborar la espiral. El segundo de los
objetos, correspondiente formalmente a un anillo,
supone una excepción dentro del patrón observado
en la asociación entre la naturaleza ornamental o
utilitaria de los objetos y la cadena operativa utilizada en su manufactura (Murillo-Barroso et al., e. p.)
En este caso, el anillo presenta una fase final de
forja intensa que le confiere una gran dureza y
escasa maleabilidad, lo que supone unas propiedades poco deseables para un objeto ornamental.
De entre los objetos metálicos estudiados destaca
por su singularidad el conjunto de 83 clavos (Fig. 10:
5) y la lámina metálica de forma aproximadamente
rectangular (Fig. 8: 6). Los clavos muestreados presentan una cadena operativa larga, aunque la última
fase de martilleado seguramente corresponda al
golpeo para su fijación. En el caso de la pieza con los
dos extremos doblados y apariencia de grapa, se
observa cómo las impurezas aplastadas siguen el
perfil de la pieza de forma paralela al borde, lo que
indicaría que se elaboró mediante un trabajo de
martilleado. En los clavos se diferencian dos planos
en los que se ejerció la fuerza, tal y como se observan en la disposición de las maclas y las líneas de
deslizamiento resultado del trabajo en frío: paralelas
al borde del clavo, especialmente en su extremo
puntiagudo (Lám. 5 A), o perpendiculares en su
extremo proximal (Lám. 5 B).
Lám. 5. Sección metalográfica de uno de los clavos (Fig. 10: 5). Las
maclas y bandas de deslizamiento aparecen de forma paralela al
borde de la pieza, tanto en la punta del clavo (A) como en la cabeza
(B), perpendiculares al plano desde el cual se ejerce la fuerza para
apuntarlo primero y clavarlo después.
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159
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
a deformarse por completo; sin embargo, fue suficiente para conseguir un endurecimiento sustancial
tal y como confirman los análisis de microdureza
que llegan a alcanzar valores de hasta 230HV en uno
de sus extremos. El endurecimiento de los bordes y
el desgaste de la pieza en su zona central permiten
plantear como posible función la de raspador o curtidor, quizás relacionado con el trabajo del cuero. No
obstante, la excepcionalidad de este tipo de piezas
complica sustancialmente su valoración más allá de
su significado ritual como parte de ajuares funerarios.
(678',26'(0,&52'85(=$
Lám. 6. Sección metalográfica del ‘raspador’. A) Nótese como se
aprecia la estructura dendrítica a consecuencia de un enfriamiento
lento (X50). B) Zona central de la pieza (X500). C) Extremo de la
pieza X500. Nótese cómo en el extremo de la pieza pueden diferenciarse los granos del recocido y las maclas de un trabajo en frío.
En el caso de la lámina metálica de forma aproximadamente rectangular y un ligero estrechamiento en
su zona central (Fig. 8: 6), presenta una microestructura dendrítica consecuencia del colado del metal en
un molde y un enfriamiento lento lo que ha dado
tiempo suficiente al crecimiento de los granos
metálicos ˞ (en amarillo claro en la lám. 6 A). Si se
observa la pieza con mayor grado de detalle, a 500x,
frente a su zona central donde solo se puede distinguir una estructura dendrítica (Lám. 6 B), en sus
extremos se identifican granos de recocido maclados
por una forja en frío previa y, en la zona más exterior,
una última fase de forja en frío (Lám. 6 C). Así pues,
el trabajo de acabado se limitó únicamente a los
bordes de la pieza que fueron endurecidos pero sin
llegar a configurar un filo cortante. El trabajo de
recocido y forja en frío de los bordes no debió ser
muy intenso ya que la estructura dendrítica no llegó
160
La dureza media de los objetos oscila entre 108HV
del brazalete y 200HV de uno de los punzones,
siendo este tipo de objetos los que presentan los
valores más altos. En cuanto a la relación entre el
contenido en arsénico o estaño y la dureza de las
piezas, no existe una correlación clara (Fig. 13).
Aunque en el cerro de San Cristóbal se aprecia la
tendencia a que objetos con un contenido en arsénico o en estaño superior tengan también una mayor
dureza, sin embargo, en las piezas de hasta un 4%
de arsénico existe un solapamiento, así, piezas con
algo más del 4% de As pueden tener una dureza
similar a piezas con poco más del 1% As. En el caso
de los objetos de bronce el solapamiento es aún más
pronunciado, por ejemplo, una de las piezas con
cerca del 5,5% Sn tiene una dureza considerablemente inferior a una de 4,5% de Sn. Analizados de
Fig. 13. Valores medios de microdureza de los bronces y cobres
arsenicados.
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EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
forma conjunta, cobres arsenicados y bronces mantienen durezas análogas con proporciones similares
de una u otra aleación, incluso en objetos con poco
más de un 1% de As se obtienen durezas similares a
las de piezas con cerca del 5% de Sn. Como se ha
planteado en otro trabajo (Murillo-Barroso et al., e.
p.), la dureza final de los objetos posee una mayor
relación con la última fase de la cadena productiva
(forja o recocido) y con la intensidad de la misma que
con el contenido de arsénico o estaño.
Si se analiza la relación entre la dureza de las piezas
y su tipología (Tab. 5), los punzones (199HV) y los
puñales (177HV) son lo que poseen una microdureza
media superior (Lám. 7), aunque con una importante
diferencia ya que mientras que la desviación estándar de los punzones suele ser baja (entre 5 y 9 Std),
la de los puñales es muy elevada (entre 20 y 30 Std)
debido a que los filos están generalmente endurecidos, lo que provoca una mayor variabilidad. Precisamente, en la figura 14 se observa cómo las medidas
de microdureza que se toman en el filo de los
puñales son generalmente más altas (188 y 232HV),
reduciéndose a medida que nos acercamos a la zona
interior, donde se documentan los valores más bajos
(127-164HV). En el caso de la pieza de forma rectangular o “raspador” (Fig. 8: 6) la muestra analizada
consiste en una sección transversal que permite
observar respecto a su zona central un endurecimiento considerable de ambos extremos, si bien en
uno de ellos es más acusado que en el otro, lo que
Fig. 14. Endurecimiento de los filos de los puñales y del ‘raspador’.
Los valores que se representan son la media de 3 ejes longitudinales de medidas.
además es consistente con el análisis metalográfico
que muestra una intensidad mayor de trabajo en un
filo que en otro. Teniendo en cuenta esta variabilidad,
la dureza media de los filos de los puñales (206HV)
sería la más elevada del conjunto (Tab. 5). Este
patrón también se mantiene si incluimos los datos
de otros yacimientos como el cerro de la Encina o
Peñalosa, aunque la dureza media de los punzones
del cerro de la San Cristóbal es considerablemente
superior que la del conjunto de los tres yacimientos.
CSC
Puñales
CSC+CE+PÑ
HV
As+Sn
178 (206)
5,01
Puñales
199
5,36
Punzones
Punzones
HV
As+Sn
171 (207)
4,72
163
2,67
Remaches
142
2,33
Remaches
146
3,06
Adornos
145
5,24
Adornos
115
3,83
Tab. 5. Valores medios de HV y composición por tipos. En los
puñales, se dan entre paréntesis los valores medios de los filos. La
composición en % en peso. CSC=Cerro de San Cristóbal, CE=Cerro
de la Encina y PÑ=Peñalosa.
',6&86,–1
La información proporcionada por el cerro de San
Cristóbal refuerza la relevancia que para las sociedades argáricas posee un tipo de poblado de pequeñas dimensiones, localizado sobre suaves lomas y en
entornos especialmente aptos para el desarrollo de
prácticas agrícolas. La ocupación de la fértil vega de
Granada se realizó a partir de pequeñas aldeas,
situadas en las zonas de contacto con la llanura aluvial, que se alejan del clásico patrón argárico de
asentamientos en cerros elevados donde se enfatiza
la dimensión paisajística, caso del cercano cerro de
la Encina.
Aunque fragmentarias y mal conservadas, las evidencias de hábitat permiten reconocer un área de
poblado caracterizada por construcciones que se
adosan a un farallón rocoso al que se asocian, igualmente, diversas sepulturas siguiendo la norma típica
de las sociedades argáricas. Quizás el elemento más
destacado sea la zona de hábitat que presenta
elementos materiales resultado del contacto entre
formas culturales diversas. Un tipo de contexto que
puede definirse como híbrido y que es habitual en
diferentes poblados y necrópolis de la vega de
Granada. La diversidad de tradiciones que se entre-
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 141-164. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
161
GONZALO ARANDA JIMÉNEZ ET AL.
Lám. 7. Conjunto de hojas metálicas pertenecientes al cerro de San Cristóbal. Foto: Miguel Ángel Blanco de la Rubia.
mezclan en complejas prácticas culturales parece
convertirse en uno de los elementos que definen a
los grupos sociales que ocupan las comarcas más
occidentales de la teórica área de expansión argárica
(Aranda Jiménez, 2012).
Posiblemente, la información más completa provenga de las 14 sepulturas documentadas, de las que
procede un número mínimo de 17 individuos de
ambos sexos y diferentes edades. En cuanto al tipo
de sepultura, disposición de las inhumaciones y
características de los ajuares funerarios en nada
difiere de yacimientos clásicos argáricos, especialmente, por su cercanía, del cerro de la Encina
(Aranda Jiménez et al., 2008). Quizás, el elemento
más relevante sea la ausencia de materiales que
tradicionalmente han sido considerados por su valor
social como indicadores de alto estatus y jerarquización. Especialmente significativa es la ausencia
entre los ajuares cerámicos de las clásicas copas y
entre los metálicos de los objetos de adorno realizados en oro y, fundamentalmente, plata. Si se compara esta situación con la del cerro de la Encina, del
que dista 4,5 km en línea recta, se constatan importantes diferencias en la cantidad y naturaleza de sus
ajuares. Así, en el cerro de la Encina se documentan
162
ricos ajuares que se asociarían a grupos familiares
de elevando estatus social, ausentes en el cerro de
San Cristóbal cuyas sepulturas evidencian unas
asimetrías sociales mucho menos pronunciadas.
Por su parte, el análisis específico de los ajuares
metálicos permite profundizar en uno de los temas
principales de discusión en la historiografía reciente,
la metalurgia argárica. La aportación probablemente
más relevante sea la relación entre la dureza final de
las piezas y las etapas finales de la cadena productiva (forja o recocido). Aunque la muestra es pequeña,
se observa un cierto grado de conocimiento y control
de las técnicas de manufactura que suponen el
empleo generalizado del recocido que permite
sucesivas fases de forja y un mayor endurecimiento
que afecta especialmente a punzones y puñales. Esta
relación, confirmada con muestras más amplias
(Murillo-Barroso et al., e. p.), cuestiona que la incorporación de la aleación de cobre y estaño suponga
una mejora en las propiedades físicas o mecánicas.
Efectivamente, los análisis de microdureza realizados muestran la inexistencia de correlación entre
objetos manufacturados en cobre arsenicado o
bronce y su dureza.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 141-164. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
Si el bronce no se incorpora a la metalurgia argárica
por sus mejores propiedades mecánicas ¿Cuáles
pudieron ser las razones para su adopción? Tal y
como se ha plateado en otro trabajo con mayor
profundidad (Murillo-Barroso et al., e. p.), hay que
considerar que la aleación de bronce se utiliza preferentemente en objetos de adorno que verían de esta
forma modificado su color hacia tonalidades más
plateadas, lo que pudo ser una propiedad deseada a
partir de un determinado momento que coincide con
el desarrollo de los adornos en plata. Además, la
escasez de estaño en el sureste peninsular añade,
igualmente, un mayor valor social a los objetos realizados con esta materia prima. Ambos aspectos
pudieron ser determinantes en el cambio tecnológico que supone la adopción de la aleación de bronce.
127$ El presente trabajo ha sido realizado por el
grupo de Investigación “GEA. Cultura material e
identidad social en la Prehistoria Reciente en el sur
de la Península Ibérica” (HUM-065) en el marco del
proyecto de investigación I+D+i “El contexto social de
consumo de alimentos y bebidas en las sociedades
de la Prehistoria Reciente del sur peninsular”
(HAR2009-07283).
%,%/,2*5$)$
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EL YACIMIENTO ARGÁRICO DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL (OGÍJARES, GRANADA)
Vasija cerámica con decoración campaniforme procedente del cerro de San Cristóbal.
Foto: Miguel Ángel Blanco de la Rubia.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 141-164. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
165
Punta de flecha de tipo “mailhaciense” de El Calvari.
ESTUDIOS
EL COBRE DE LINARES (JAÉN) COMO ELEMENTO VINCULADO AL COMERCIO FENICIO EN EL CALVARI DE EL MOLAR (TARRAGONA)
(/&2%5('(/,1$5(6-$e1&202
(/(0(1729,1&8/$'2$/&20(5&,2
)(1,&,2(1(/&$/9$5,'((/02/$5
7$55$*21$
Ignacio Montero-Ruiz1, Núria Rafel2, M. Carme Rovira3, Xosé-Lois Armada4, Raimon Graells5, Mark Hunt6, Mercedes MurilloBarroso1, Martina Renzi1 y Marta Santos3
5HVXPHQ
El yacimiento de El Calvari (El Molar, Tarragona), fechado entre finales de la Edad del Bronce y la I Edad del
Hierro, ha proporcionado diversos objetos de base cobre y algún resto de fundición. El yacimiento se localiza
junto a las minas de galena (no argentífera) y de cobre dentro del distrito Molar-Bellmunt-Falset (MBF). Los
análisis de isótopos de plomo de materiales relacionados con la metalurgia del plomo señalan su explotación
en este periodo. Sin embargo, ninguno de los objetos de base cobre (ni del poblado ni de la necrópolis) se
puede relacionar con el aprovechamiento de minerales locales. La mayor parte del metal se identifica con una
procedencia del área minera de Linares, y en menor medida con minas en la provincia de Almería.
En el artículo se discuten los argumentos a favor de un comercio de metal, ya sea de lingotes o de objetos
acabados, vinculado a la actividad comercial fenicia en el noreste de la Península Ibérica.
3DODEUDVFODYHArqueometalurgia, I Edad del Hierro, Análisis de Isótopos de plomo, Análisis XRF, Comercio
fenicio, Lingotes de cobre, Bronce plomado.
&233(5)520/,1$5(6-$e1$6$&200(5&,$/,7(0,17+(
3+2(1,&,$175$'(1(7:25.6$7(/&$/9$5,'((/02/$5
7$55$*21$
$EVWUDFW
The settlement and the necropolis of El Calvari (El Molar, Tarragona), dated between the end of the Late
Bronze Age and the Early Iron Age, provided various copper-based objects and melting wastes. The
archaeological site is located in a mining district, the Molar-Bellmunt-Falset (MBF) area, which presents rich
deposits mainly of non-argentiferous lead and copper. Lead isotope analyses performed on some lead-based
materials recovered from El Calvari show that these mines were already being exploited at this time. However,
lead isotope analyses of the copper-based metals indicate that neither the ones from the site nor those from
the necropolis can be related to local mineral resources. Indeed, a great part of these items originates from
the Linares mines (Jaén) and, in a smaller part, from mines in the Almería province.
In this paper we will discuss arguments supporting the possibility of import of ingots or of finished objects as
part of the Phoenician trade in northeastern Iberia.
.H\ZRUGVArchaeometallurgy, Early Iron Age, Lead Isotope Analysis, XRF Analysis, Phoenician Trade,
Copper Ingots, Leaded Bronze.
1
Instituto de Historia (CCHS-CSIC). [[email protected]], [[email protected]], [[email protected]]
Universitat de Lleida. [[email protected]]
3
Museu d’Arqueologia de Catalunya. [[email protected]], [[email protected]]
4
Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit)-CSIC. [[email protected]]
5
Römisch-Germanisches-Zentralmuseum (RGZM). [[email protected]]
6
Universidad de Sevilla. [[email protected]]
2
Recibido: 08/01/2012; Aceptado: 30/07/2012
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167
IGNACIO MONTERO-RUIZ ET AL.
,1752'8&&,–1
Las redes comerciales generadas por la presencia
colonial fenicia en la Península Ibérica fueron
complejas y se desarrollaron a diferentes niveles.
Por un lado deben valorarse las relaciones entre
Oriente y Occidente del Mediterráneo que guían el
proceso de colonización y en el que la mayoría de los
autores acepta que las materias primas metálicas
jugaron un papel esencial. En la articulación de esa
relación Oriente-Occidente tienen especial importancia las relaciones que los distintos enclaves
coloniales en la Península mantienen entre sí. Una
perspectiva complementaria se centra en la interacción de las colonias con su entorno con el fin de
abastecerse de las materias primas demandadas en
Oriente, pero también de otros elementos vitales
para su propia subsistencia o para el desarrollo de
su actividad productiva. No hay que olvidar la necesidad de mantener estables y favorables unas relaciones políticas con el entorno indígena al que suministran productos demandados para cubrir el intercambio. Por último, deben tenerse en cuenta los
mecanismos y redes de comercio que mantienen
entre si los grupos locales, ya sea a corta, media o
larga distancia y que pueden ser previos a la colonización o haberse creado al amparo de la nueva
situación.
Definir la dirección de esos flujos comerciales y los
elementos que participan en ellos no es una tarea
sencilla. En una mayoría de casos son los recipientes cerámicos, tanto anfóricos para transporte de
materias, como la vajilla de lujo, los elementos que
se manejan para definir esas relaciones. Junto a la
identificación de producciones importadas en
recipientes de vajilla fenicios, griegos o etruscos, los
estudios sobre las pastas cerámicas se han centrado
en definir áreas productivas que permitan identificar
la procedencia de los restos cerámicos más
comunes recuperados en los yacimientos arqueológicos. En este terreno se han conseguido algunos
avances en lo referente a la caracterización de las
producciones anfóricas, aunque todavía queda
mucho camino por recorrer.
En el caso de la presencia de cerámicas fenicias en
Cataluña, al margen de las primeras valoraciones de
Maluquer de Motes (1968), las excavaciones llevadas
a cabo entre 1986 y 1988 en Aldovesta (Benifallet,
Tarragona) significaron una inflexión en el sentido de
poner de manifiesto su calado y señalar que fueron
vehiculadas por las comunidades indígenas (Mascort
et al., 1991). Se localizaron en este asentamiento
más de un 50% de producciones torneadas alóctonas, entre las que destacaban las ánforas fenicias
Vuillemot R-1 (principalmente de tipo Ramón
T10121). Se trataba de producciones procedentes, en
su mayor parte, del llamado “Círculo del Estrecho”,
con sus características pastas esquistosas y su
coloración bícroma en sección. No obstante, las
investigaciones de los años 1990 a 1998 en el
yacimiento del Barranc de Gàfols (Ginestar, Tarragona), en la zona del Bajo Ebro, aportaron, además de
materiales del Círculo del Estrecho, materiales
fenicios o “de tipo fenicio” o “protoibéricos”, un tipo
de producciones desconocidas hasta la fecha en
Cataluña (Sanmartí et al., 2000). En los años siguientes, otros yacimientos empezaron a proporcionar
producciones cerámicas, especialmente anfóricas,
de tipos que parecían afines a algunos de los
documentados en Barranc de Gàfols, pero sin ser
iguales: así, por ejemplo, en el asentamiento de Sant
Jaume Mas d’en Serrà (Alcanar) (García Rubert y
Gracia, 2002), en el del Turó de El Calvari de Vilalba
dels Arcs (Diloli et al., 2005) o en el de El Calvari del
Molar (Rafel y Armada, 2005), todos en las comarcas
meridionales catalanas. A partir del examen visual
no parecía posible identificar claramente afinidades
que permitieran la clasificación en grupos de
producción. Sin embargo, sí se constató que, cuando
menos algunos de ellos, correspondían a producciones que, hasta la fecha, no se habían documentado
en la isla de Ibiza. A ello siguió el esfuerzo por parte
de algunos de estos grupos de investigación para
caracterizar arqueométricamente esos materiales,
siempre con el objetivo de identificar áreas de
producción. El resultado de los análisis ha descartado la producción local; no obstante, de momento no
han permitido ir mucho más allá de proponer la
identificación de grupos cuyas afinidades tecnológicas y, sobre todo, composicionales, parecen corresponder a sendos focos de producción y de identificar
en algún caso posibles centros de manufactura
concretos (como cerro del Villar y Toscanos para
algunos ítems de El Calvari de El Molar)1, o bien
1 Buxeda, J. y Madrid, M. (2011): Caracterització arqueomètrica de les ceràmiques fenícies dels jaciments del Coll del Moro i del Calvari del
Molar. Informe del projecte FBG 302401. Inédito.
168
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 167-184. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
EL COBRE DE LINARES (JAÉN) COMO ELEMENTO VINCULADO AL COMERCIO FENICIO EN EL CALVARI DE EL MOLAR (TARRAGONA)
áreas geográficas de producción determinadas en
base a la comparación de componentes con la
estructura geológica de las áreas potencialmente
productoras. Éste último sería el caso de los resultados del amplio muestreo analítico realizado sobre
materiales de Barranc de Gàfols, algunos de los
cuales fueron atribuidos a un área de producción
situada entre Granada y Murcia, a causa de la
presencia de rocas metamórficas como desgrasante
(Sanmartí et al., 2000: 160-161 y 231-232).
A pesar de los interrogantes que aún subyacen,
estos estudios ponen de manifiesto que los elementos fechables en la primera mitad del siglo VII ANE
(e, incluso, finales del VIII ANE) proceden en su gran
mayoría del Círculo del Estrecho. Las producciones
de tipo fenicio más recientes que se documentan en
Cataluña (segunda mitad del siglo VII e inicios del VI
ANE) ofrecen un panorama de una gran diversificación de producciones, conectando en cierto modo
con la proliferación de alfares que en este momento
se registra en el sur peninsular. Entre estas producciones hay al menos algunas que no se identifican en
la isla de Ibiza. Las vías de distribución resultan algo
más complejas de lo que en los primeros años de
estudios sobre el tema se había supuesto (Ramón et
al., 2011; Rafel et al., en prensa).
Sin embargo, en este artículo nuestro interés se
centra en los metales. Hasta la fecha la argumentación sobre la importación o circulación de objetos se
ha basado principalmente en la tipología, con las
posibles limitaciones informativas que subyacen a
esta aproximación cuando se trata de elementos
cotidianos o de morfología simple (Montero Ruiz,
2002). Más recientemente, gracias a los análisis de
isótopos de plomo, se ha empezado a abordar el
tema de la procedencia de los metales con mayores
posibilidades, aunque no siempre exento de problemas y con resultados a veces poco concluyentes.
En los últimos años los autores de este artículo nos
hemos centrado en su utilización para comprender
el fenómeno de la presencia de elementos del
comercio fenicio en la desembocadura del Ebro y,
por extensión, en el cuadrante NE de la Península
(Rafel et al., 2008, 2010). Las investigaciones realizadas han tenido uno de sus ejes centrales en el
yacimiento de El Calvari (El Molar, Tarragona) ubicado en un importante distrito minero, el del Molar-
Bellmunt-Falset (MBF), que cuenta con recursos
minerales de cobre, plomo y plata.
Durante el final del Bronce Final y los inicios de la
Primera Edad del Hierro, el control territorial del
distrito minero de MBF se articuló en torno a dos
yacimientos principales –El Calvari de El Molar y
Puig Roig– localizados en las cercanías de las minas
y próximos al curso del río Ebro, que constituiría la
principal vía de conexión de los productos comercializados. De ellos es El Calvari el que parece tener el
papel principal en el control y gestión de los trabajos
mineros (Rafel et al., 2010).
El yacimiento de El Calvari de El Molar está formado
por un poblado y una necrópolis. La necrópolis fue
completamente excavada en 1930 por Vilaseca
(1943), mientras que las excavaciones en el poblado,
aunque iniciadas en ese mismo momento, se han
desarrollado principalmente desde 2001 a 2011
(Rafel, 2000; Rafel et al., 2003; Armada et al., 2005;
Rafel y Armada, 2005; Rafel et al., 2010). Las distintas excavaciones llevadas a cabo en el conjunto han
proporcionado una cronología de finales del siglo IX
al siglo VI ANE para la necrópolis y de siglo VIII a
mediados del siglo VI ANE para el poblado, aun
cuando en la mayor parte de este último subsisten
sólo los niveles correspondientes a la última fase de
ocupación del mismo, fechable entre finales del siglo
VII y el 550 ANE.
Una relativa cantidad de escorias ha sido recuperada
en distintas estancias y áreas del poblado. Todas
ellas se vinculan con la obtención de plomo a partir
de la reducción de galena (Gener Moret et al., 2007).
También se han identificado algunos fragmentos de
galena y goterones de plomo metálico. Los testimonios de actividad metalúrgica de base cobre son
bastante más escasos y se reducen a dos restos de
fundición, como se describirá más adelante. Tampoco el número de objetos de metal recuperado es
elevado. A lo largo de las diferentes campañas
apenas se han registrado una quincena de objetos, a
los que hay que sumar unas pocas piezas de las
excavaciones de Vilaseca. La escasez de materiales
en general y de metales en particular se debe a que
el poblado fue abandonado. Los metales en la necrópolis son más abundantes y han sido objeto de
descripciones más detalladas que los del poblado
(Vilaseca, 1943; Castro Martínez, 1994).
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 167-184. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
169
IGNACIO MONTERO-RUIZ ET AL.
(/ &2%5( (1 (/ ',675,72 0,1(52
02/$5%(/0817)$/6(7
La zona forma parte de las cordilleras costeras
catalanas y se compone de un basamento hercínico
cubierto por materiales del Mesozoico y Cenozoico.
Encajadas en las rocas paleozoicas (pizarras) se
encuentran las vetas mineralizadas principalmente
de plomo, pero también hay presencia de minerales
de plata, cobre y zinc (Canals y Cardellach, 1997).
Las minas más importantes de este tipo son de
Oeste a Este: Linda Mariquita, Raimunda, Jalapa,
San José Norte y Regia. El yacimiento de El Calvari,
se sitúa en el extremo occidental del distrito, en el
límite de la moderna concesión minera de Linda
Mariquita y a una distancia lineal de 500 metros de
los filones cupríferos más próximos, pertenecientes
a dicha concesión. Existen también mineralizaciones
filonianas enclavadas exclusivamente en rocas
sedimentarias, como en el caso de las minas Eugenia, Renania, Cros-Rich y Ramona (Crespo y Michel,
1980: 143).
Existe abundante información geológica e histórica
sobre los minerales y minas de la zona (MartínezElcacho, 2004; Abella i Creus, 2008). La galena
destaca por su bajo contenido en plata. La media de
270 ppm Ag publicada a partir de 33 muestras en
Montero et al. (2008: 297), es actualmente de 218
ppm Ag tras ampliar el muestreo a un total de 46
fragmentos de galena. Estos contenidos de plata en
el plomo nos indican que su aprovechamiento hasta
época moderna sólo pudo estar dedicado al plomo.
En cuanto al cobre, tema central de este artículo,
podemos señalar que aparece con cierta abundancia
tanto en la mina Linda Mariquita, próxima a El Calvari, como en la mina Ramona o Barranco Hondo
cercana a Puig Roig. Abella i Creus (2008) cita la
presencia de varias especies minerales de cobre en
estas minas del distrito MBF, y especialmente en
Linda Mariquita donde describe un filón de tenantita.
Este mineral pertenece al grupo de las sulfosales
(Cu,Ag,Fe,Zn)12As4S13, también denominado cobre
gris; se caracteriza por la presencia de arsénico y en
determinadas variedades incorpora plata, zinc o
hierro. Con menor frecuencia que la tenantita, se
han identificado minerales carbonatados (azurita y
malaquita), arseniatos (olivenita) y sulfuros (calcosina).
En las prospecciones de campo realizadas por nosotros, además de las galenas se recogieron minerales
de cobre (Lám. 1), que han sido analizados por
espectrometría de fluorescencia de rayos X (ED-XRF)
para una primera identificación de los elementos
presentes. Es de destacar el contenido de arsénico,
especialmente alto en la muestra PA11996, lo que
indica que puede tratarse de un arseniato como la
olivenita en el que la proporción Cu/As es cercana a
1/1, o la muestra PA11568 más parecida a la proporción de una clinoclasa (proporción Cu/As=3/1).
Otro elemento común en estos minerales de cobre
es el plomo y también su elevado contenido en plata,
que va desde las 1.000 ppm (0,1% Ag) a más de
10.000 ppm (1% Ag), mucho más elevada que la
cantidad detectada en las galenas de la zona. De
manera menos regular se detecta antimonio, zinc o
níquel (Tab. 1).
Nº analis.
Lám. 1. Muestras de minerales de cobre recogidas en la mina Linda
Mariquita.
170
Fe
Ni
Cu
Zn
As
Ag
Sn
Sb
Pb
PA10483
0,89
0,14
86,2
Nd
4,38
0,114
0,12
0,15
8,02
PA11568
1,42
0,02
23,0
0,24
6,13
0,194
0,16
0,43
0,20
PA11996
nd
0,37
35,5
1,18
49,1
0,429
0,47
3,94
3,36
PA13799
1,09
nd
24,0
nd
3,10
0,216
0,10
0,22
1,99
PA13800
0,36
nd
9,0
nd
0,95
0,110
0,05
0,04
2,05
PA13802
1,77
nd
21,6
nd
nd
0,45
0,03
0,08
2,57
Tab. 1. Análisis XRF de minerales de la mina Linda Mariquita.
Valores expresados en % peso, no normalizados a 100 %. Se considera únicamente la fracción metálica del compuesto en el área
analizada (nd= no detectado; límites de detección para todos los
elementos 0,01%, excepto Ag y Sb que es 0,001%).
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EL COBRE DE LINARES (JAÉN) COMO ELEMENTO VINCULADO AL COMERCIO FENICIO EN EL CALVARI DE EL MOLAR (TARRAGONA)
Nº Análisis
Isótopos
Objeto
Zona
Fe
Ni
Cu
Zn
As
Ag
Sn
nd
79,2
nd
nd
0,360
8,6
PA7637
Brazalete
P
4760
0,49
nd
85,2
nd
PA7646
Fíbula (frag.)
P
5054
0,36
0,25
82,9
nd
PA7647
Brazalete decorado
N
5052
0,15
nd
89,2
nd
nd
X
PA11567
4762
0,11
Punta aletas
PA10907
P
Nº Inventario
PA7635
Sb
Pb
Bi
1,234 10,6
nd
nd
0,094 13,1 0,157 1,19
nd
nd
0,048 16,1 0,034 0,25
nd
0,009 10,7
nd
Punta flecha
P
CVM02-54-8
0,08
nd
91,1
nd
0,19
Sulfuro de cobre
P
CMV01-31
3,63
0,06
34,5
nd
0,25
nd
8,2
nd
nd
0,060 0,40
nd
0,046 0,03 0,022 0,63
nd
PA12792
X
Brazalete sogueado
N
CMV06-sup
0,59
nd
82,9
nd
nd
0,066 10,4 0,071 6,04
nd
PA12793
X
Aguja fíbula
N
CMV06-sup
0,74
nd
78,8
nd
nd
0,058 11,3 0,034 9,10
nd
PA12794
X
Cadena eslabones
N
CMV06-sup
0,68
nd
80,1
nd
nd
0,026 13,8
nd
PA12929
Fíbula doble resorte (frag.)
N
CMV06-sup
0,15
nd
88,0
nd
nd
0,068 10,5 0,144 1,12
nd
PA12930
Brazalete sec. Rectangular
N
CMV06-sup
0,14
nd
80,3
nd
nd
0,080 11,2 0,017 8,17
nd
Punta flecha aletas
P
CVM06-209
0,11
nd
73,7
nd
nd
0,068 11,0 0,087 15,1
nd
Resorte fíbula
N
CMV06-sup
0,24
nd
88,1
nd
nd
0,109 10,6 0,070 0,88
nd
Resto fundición
P
CMV08-316-60
0,49
nd
88,2
nd
nd
0,124
0,045 4,07
nd
PA12932
X
PA12933
PA13568
X
PA13572
7,1
nd
5,40
Botón
P
CMV08-310-44
0,36
nd
87,5
nd
nd
0,108 10,5 0,223 1,29
nd
Brazalete sec. Cuadrada
P
CMV08-310-16
0,64
nd
86,1
nd
nd
0,234 10,9 0,212 1,81
nd
PA13574
Brazalete sec. Cuadrada
P
CMV08-310-17
0,31
nd
85,7
nd
nd
0,314 10,9 0,204 2,51
nd
PA13575
Brazalete sec. Cuadrada
P
CMV08-310-18
0,40
nd
85,0
nd
nd
0,341 11,3 0,326 2,66
nd
PA13576
Brazalete sec. Cuadrada
P
CMV08-310-19
0,43
nd
87,3
nd
nd
0,256
0,203 2,24
nd
PA13577
Brazalete sec. Cuadrada
P
CMV08-310-43
0,37
nd
86,8
nd
nd
0,257 10,3 0,214 2,03
nd
PA13578
Brazalete sec. Cuadrada
P
CMV08-310-42
0,49
nd
87,3
nd
nd
0,277
nd
PA13579
Frag. Lámina
P
CMV08-310-45
0,53
nd
85,3
nd
nd
0,144 13,8
PA20012
Gota fundición
P
CVM09-348-1
nd
0,10
69,1
nd
<0,2
SAM18189
Brazalete frag.
N
tr
0,06
nd
0,3
0,19
9,7
0,04
1,35
SAM18190
Brazalete frag.
N
tr
0,07
nd
0,28
0,23
10
0,04
2,1
PA13573
X
nd
9,5
9,4
27,5
0,304 2,19
nd
0,18
nd
<0,2
3,32
nd
Tab. 2. Análisis elemental de objetos de El Calvari (P= poblado; N= necrópolis). Valores expresados en % en peso. Análisis PA realizados mediante
ED-XRF; análisis SAM realizados por OES. nd= no detectado; el límite de detección para todos los elementos en los análisis ED-XRF es 0,01%,
excepto Ag y Sb que es 0,001%.
$1„/,6,6 (/(0(17$/'( /26 2%-(726
'((/&$/9$5,
Hace unos pocos años presentábamos un primer
estudio con análisis de composición de materiales
de El Calvari (Armada et al., 2005) que se ha ido
completando con los elementos aparecidos en las
nuevas campañas de excavación. En la actualidad el
conjunto de objetos analizados es de 25, incluidos
los 2 publicados en el proyecto de metalurgia
europeo Studien zu den Anfängen der Metallurgie
(SAM) (Junghans et al., 1974).De este grupo destacan
dos conjuntos. Por un lado los fragmentos recuperados en la zona de necrópolis y por otro un pequeño
depósito que apareció en el extremo nororiental del
poblado formado por 6 brazaletes de sección
cuadrada, un botón y un fragmento de chapa rectangular con perforaciones. El resto de las piezas
aparecen dispersas en distintas zonas del poblado.
Los fragmentos de metal (brazalete sogueado,
cadena y aguja de fíbula) recuperados en la necrópolis (Tab. 2) aparecieron en un contexto revuelto, sin
vinculación a un o unos sepulcros determinados2.
El conjunto de brazaletes, botón y lámina de bronce
(Fig. 1) aparecieron agrupados, junto con un colgante
de mármol, en un horizonte de ocupación (UEs. 304 y
2 Durante la campaña de excavación en el año 2006 unas lluvias torrenciales pusieron al descubierto algunos bronces en el borde de la
cañada que atraviesa el conjunto de poblado y necrópolis. Se realizó una pequeña calicata en la que se recuperó el conjunto de bronces al
cual pertenecen los aquí analizados.
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171
IGNACIO MONTERO-RUIZ ET AL.
310) del ámbito CI. Dicho ámbito se sitúa en el extremo N-NE del yacimiento, en un pequeño barrio que
constituye una ampliación erigida fuera de los muros
de circunvalación que rodean el poblado en la última
fase de ocupación de éste, entre finales del siglo VII y
mediados del VI ANE. El hecho de que sobre los
niveles de ocupación donde se exhumó el conjunto
se documenten reparaciones constructivas del
ámbito parece apuntar a una fecha entre finales del
VII y mediados del VI ANE. El barrio extramuros al
que pertenece el ámbito CI presenta un trazado con
orientaciones distintas al resto del poblado resultado
de una adaptación a la topografía y a la curva del
muro de circunvalación anterior a su construcción y
se han podido identificar hasta la fecha dos ámbitos
distintos, el que nos ocupa, CI, y el que hemos
denominado C (Fig. 2). Su estado de conservación es
bastante deficiente, afectado por su situación en
fuerte pendiente y por el consiguiente vencimiento
hacia el E-SE.
Fig. 1. Conjunto de brazaletes, botón y lámina de bronce aparecidos en las UEs. 304 y 310 del ámbito CI de El Calvari de El Molar.
172
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Los brazaletes corresponden a un tipo muy simple
cuyo uso ocupa un amplio abanico cronológico que
se inicia a mediados del siglo VIII ANE (Rafel, 1991:
118-127), por lo que tipológicamente hablando su
valor cronológico es limitado. Se trata de piezas
abiertas de sección cuadrangular con los extremos
simplemente redondeados o ligeramente apuntados
(Fig. 1). La chapa –cuya función no podemos determinar– es rectangular y presenta dos orificios en sus
extremos. Finalmente, acompañaba a este conjunto
un colgante de piedra de forma aproximadamente
triangular, con cantos biselados y una perforación de
suspensión.
Entre los materiales analizados predominan los
brazaletes, que constituyen casi la mitad (12) del
muestreo, seguido por fíbulas (4) y puntas de flecha
(3). De gran interés son los dos restos de fundición
que señalan la presencia de actividades metalúrgicas en el poblado.
Las piezas han sido analizadas por espectrometría
de fluorescencia de rayos X (ED-XRF), salvo las
muestras del SAM que se examinaron por espectrometría de emisión óptica (OES). Los resultados se
presentan en la tabla 2 expresados como porcentaje
en peso. Los objetos con número de inventario PA
inferior a 10.000 se analizaron con el espectrómetro
Kevex mod. 7000 y fuente de Am241 de 20mCi; los
numerados entre el 10.000 y 20.000 con un espectrómetro Metorex también con fuente de Am241 de
20mCi –en ambos casos los espectrómetros disponí-
an de un detector de Si-Li–, y finalmente los superiores a 20.000 se han realizado con un equipo portatil
(pXRF) INNOV-X Systems modelo Alpha equipado
con tubo de rayos X, ánodo de plata, condiciones de
trabajo: 35Kv, 2μA. Aunque los análisis se han realizado con tres equipos diferentes, todos ellos analizan un área grande de muestra (entre 25 y 80 mm 2) y
se ha seguido en todos los casos los mismos procedimientos de preparación de muestra (Rovira Llorens
et al., 1997) con eliminación mecánica de la patina.
La compatibilidad de resultados se ha verificado no
sólo mediante la calibración con el mismo conjunto
de patrones certificados, sino también con algunos
análisis de las mismas piezas arqueológicas. Esta
comparación entre los análisis obtenidos con el
Kevex y el Metorex puede verse en el trabajo de
Montero Ruiz (2008). La principal diferencia de esos
dos equipos con fuente de americio y los análisis
más recientes con tubo de rayos X (INNOV-X) radica
en una menor precisión de este último en la cuantificación de plata y antimonio, que no es posible
valorar en porcentajes inferiores al 0,2%, mientras
que anteriormente el límite de detección se encontraba en 10 ppp (0,001%).
Los resultados permiten agrupar los materiales en
función de la aleación en bronces binarios (10 piezas)
y bronces plomados3 (> 2% Pb) (15 piezas). Los
valores de estaño son muy similares en ambos tipos
de aleación, con una media de 11,4% Sn y 11,7% Sn
respectivamente. Estos valores corroboran una vez
más que la adición de plomo al metal se produce en
Fig. 2. Planta del poblado de El Calvari de El Molar con indicación del lugar de hallazgo de los restos de fundición y el conjunto de brazaletes.
3 Dentro del Programa de Arqueometalurgia de la Península Ibérica hemos adoptado el límite del 2% Pb para considerar una aleación
plomada. Entre otras razones para elevar este porcentaje la más importante es la dificultad en precisar el contenido en plomo en los metales
de base cobre dada la formación de segregados y en consecuencia la aleatoriedad de su distribución en un área determinada,
sobrevalorando su presencia. Fijando el 2% Pb confirmamos que el metal se encuentra presente en cantidades significativas en el metal.
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173
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detrimento del cobre y no del estaño, como ya se ha
señalado en otros yacimientos contemporáneos
(Rovira Llorens, 1993). El valor medio del plomo es
de 6,2% Pb (STD=de 4,7), lo que señala un predominio de aleaciones poco plomadas.
Es de destacar la gran homogeneidad que presentan
los 6 brazaletes del depósito con un valor medio de
estaño de 10,4% Sn (STD=0,7) y plomo de 2,24% Pb
(STD=0,31). Además todos presentan contenidos
altos de plata (media de 0,280% Ag) y antimonio
(media de 0,244% Sb). Esta homogeneidad en el
metal es excepcional, incluso dentro de los depósitos
metálicos del Bronce Final, y sugiere una misma
procedencia y un trabajo con un metal de partida
muy similar en todos ellos, por lo que podría
sugerirse su manufactura en una misma colada.
La metalografía de uno de los brazaletes nos indica
que la pieza se realizó a partir de una varilla rectilínea colada en molde, que posteriormente fue curvada a martillo, en frío, y finalmente recocida a fuego.
La imagen (Lám. 2) muestra un bronce recristalizado, maclado, de grano de tamaño relativamente fino
y homogéneo, con abundantes impurezas azuladas
de sulfuro de cobre. Algunos segregados de sulfuro
muestran el característico aplastamiento por deformación mecánica.
Estos moldes de varillas son conocidos en la I Edad
del Hierro. Presentan una disposición en paralelo de
varias de ellas en número variable, todas con groso-
Lám. 2. Metalografía del brazalete PA13573 (CMV08-310-16) que
muestra una estructura de trabajo de forja en frío con recocido final.
res similares. La fundición a un tiempo de toda esta
serie de varillas generaría una composición bastante
homogénea en todas ellas.
Un fragmento de este tipo de moldes se documentó
en el vecino poblado de Puig Roig (Genera, 1995: 76,
fig. 91) conservando la impronta de 5 varillas, cuya
anchura encaja con el tipo de brazalete fino de este
depósito de El Calvari. Aunque se encuentra fragmentado en su extremo, el desarrollo longitudinal de
las varillas obtenidas en el molde sería ligeramente
superior a los 12 cm, siendo el desarrollo longitudinal de los brazaletes de El Calvari de 12,3 cm. Otro
molde que puede utilizarse como paralelo es el de
Cortes de Navarra con 5 varillas en la valva (Rauret
Dalmau, 1976).
Fig. 3. Gráfico bivariante mostrando la distribución de impurezas de plata y antimonio en los objetos de El Calvari.
174
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pieza singular desde el punto de vista de la composición es la punta de aletas y pedúnculo PA7635 que se
diferencia de todo el conjunto de El Calvari por su
elevada tasa de antimonio (1,2% Sb), acompañada
también por un valor alto de plata (0,36% Ag) (Fig. 3).
Lám. 3. Restos de fundición recuperados en El Calvari de El
Molar. A: PA13568 (CVM08-316-60); B: PA20012 (CVM09-348-1).
El botón (Fig. 1) encontrado junto a los brazaletes
presenta una composición algo distinta con valores
de plomo (1,29% Pb) y plata (0,108% Ag) más parecidos al resto de objetos del yacimiento. Por último, la
lámina con perforaciones es claramente distinta en
composición a los brazaletes ya que apenas lleva
plomo (0,18% Pb) y no se detecta antimonio.
En cuanto a las puntas de flecha, dos de ellas son de
bronce plomado con porcentaje alto de plomo (> 10%
Pb), y de bronce binario (8% Sn) la tercera. Esta
última además muestra un patrón de impurezas
diferente al resto de piezas, ya que en ella no detectamos plata pero si arsénico. El estudio tipológico de
la pieza fue realizado con detalle en la publicación de
Armada Pita et al. (2005: 145-148) destacando por su
singularidad, lo que nos indujo a proponer una
posible creación local sobre modelos orientales. Otra
De los restos de fundición, el PA13568 (CVM08-31660) (Lám. 3A) fue hallado en una estancia del poblado (el ámbito VIII) donde se ha podido documentar
una estratigrafía que abarca desde el siglo VIII ANE
hasta el final del asentamiento. Se exhumó en la UE
316, correspondiente a un nivel de preparación del
primer pavimento de la habitación, que fechamos en
el siglo VIII ANE. El otro se recuperó en el extremo
noreste del asentamiento, en un sector abierto al
lado de los ámbitos C y CI para tratar de documentar
si continuaban las construcciones. Este segundo
resto de fundición (PA20012/CVM09-348-1) (Lám. 3B)
procede de la UE 348, un estrato bastante superficial
y difícil de datar con precisión, pero que probablemente debamos encuadrar en la fase final del poblado (desde finales del siglo VII a mediados del VI
ANE). Se trata en ambos casos de bronces.
La muestra PA20012, una muy pequeña gota esférica, presenta altos contenidos de estaño (> 20% Sn)
valor que está afectado por la patina ya que la superficie de análisis limpia era muy pequeña. La metalografía (Lám. 4A) muestra que no hay formación de
fase delta y no hay segregados de plomo, por lo que
se trata de un bronce binario con porcentaje de
estaño inferior al 14% Sn. Su estructura dendrítica
de crecimiento rápido hacia el interior de la esfera
nos señala que se trataría de un resto de colada de
fundición.
Lám. 4. Metalografías de los restos de fundición de El Calvari: A. PA20012 (CVM09-348-1) y B. PA13568 (CMV08-316-60) ambos con
microestructura dendrítica de bruto de colada de enfriamiento muy rápido.
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175
IGNACIO MONTERO-RUIZ ET AL.
La muestra PA13568, un bronce plomado, nos ha
proporcionado el porcentaje de estaño más bajo de
la serie de análisis (7,1% Sn). Esta composición
podría entenderse como resultado de metal reciclado debido a que tanto el estaño como el plomo
pierden presencia tras cada fundición de metal. El
bajo contenido de antimonio en comparación con
otros metales del yacimiento apoyaría esta interpretación. La metalografía (Lám. 4B) muestra un bronce
con microestructura dendrítica de bruto de colada de
enfriamiento muy rápido. Este enfriamiento rápido
se produce en las gotas caídas al suelo durante el
vertido de la colada a un molde. La forma aplastada
de este resto encaja también con esta circunstancia
de formación.
El fragmento de mineral de cobre PA11567 (CMV0131) se identifica como un sulfuro y probablemente se
trata de un fragmento desechado que acompañaba a
la galena, ya que se recuperó con restos de escoria
de plomo. Por el momento no podemos valorar su
presencia como un elemento vinculado a una
producción de cobre.
$1„/,6,6'(,6–72326'(3/202
Durante las investigaciones de estos últimos años
tuvimos como objetivo caracterizar la composición
isotópica de las mineralizaciones del distrito MBF.
En la actualidad, disponemos de un total de 29
muestras (26 galenas, 1 cobre y 2 platas) analizadas
por isótopos de plomo. La mayor parte de estos
datos se encuentran publicados (Montero-Ruiz et al.,
2009), aunque se han ido incorporando algunas
muestras nuevas. Este conjunto de datos nos ha
permitido definir el campo isotópico con cierta precisión.
Dado que los restos de El Calvari vinculados a la
explotación de plomo (galena, escoria y plomo)
encajan dentro del campo isotópico definido para las
minas del MBF (Montero Ruiz et al., 2008 y 2009),
podemos confirmar indirectamente su explotación
durante los siglos VIII-VI ANE.
El campo isotópico del distrito MBF presenta
algunas áreas de solapamiento con las minas de
Linares (Jaén) y de la Sierra de Gádor (Almería); sin
embargo es posible diferenciar cada una de ellas a
partir de alguna o varias de las combinaciones
176
Fig. 4. Gráfico con los campos isotópicos definidos para el distrito
minero de Molar-Bellmunt-Falset (MBF), Linares y sierra de Gádor.
bivariantes de las rationes representadas en las
gráficas bivariantes, por lo que las asignaciones de
procedencia al distrito MBF pueden realizarse con
bastante probabilidad. En la figura 4 se representa la
gráfica más discriminante con las zonas exclusivas
de cada una de esas tres regiones.
Todas las muestras (geológicas y arqueológicas) han
sido analizadas con técnicas de alta precisión (TIMS
o MC-ICP-MS) necesarias para poder conseguir una
información comparable y minimizar los márgenes
de error y de interpretación en la asignación a
campos isotópicos de base geológica. La mayoría de
ellas (gran parte de las geológicas y todas las
arqueológicas que se presentan en este trabajo) se
analizaron en el Laboratorio de Geocronología de la
Universidad del País Vasco (Santos Zalduegui et al.,
2004), y algunas de las muestras geológicas fueron
analizadas en Alemania, en concreto en la Universidad de Münster (Renzi et al., 2009) y en el Curt-Engelhorn-Centre for Archaeometry de Mannheim
(Niederschlag, 2003).
En cuanto a los metales de base cobre de El Calvari
se han analizado 8 objetos (Tab. 3). Los resultados
obtenidos señalan claramente que ninguno de ellos
puede relacionarse con los minerales del distrito
MBF. Una de las piezas (la cadena de eslabones
recuperada en el área de la necrópolis) presenta una
signatura isotópica que permite relacionarla con las
mineralizaciones del sureste peninsular (Murcia y
Almería), aunque no coincide con ninguna de las
minas hasta ahora caracterizadas. Sin embargo, se
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Fig. 5. Gráfico mostrando las ratios isotópicas de materiales del NE peninsular relacionados con mineralizaciones del SE.
Fig. 6. Gráfico mostrando las ratios isotópicas de los materiales de bronce de El Calvari y de otros objetos del NE relacionados con las minas
de Linares (Jaén).
Yacimiento
Objeto
Inventario
208Pb/
206Pb
207Pb/
206Pb
206Pb/
204Pb
207Pb/
204Pb
208Pb/
204Pb
El Calvari
Punta flecha
5051
2,1041
0,8562
18,268
15,642
38,439
El Calvari
Punta flecha
PA12932
2,1045
0,8565
18,257
15,638
38,423
El Calvari
Resto fundición
PA13568
2,1034
0,8561
18,247
15,622
38,383
El Calvari
Punta bronce
PA10907
2,1023
0,8557
18,265
15,629
38,399
El Calvari
Brazalete
PA13573
2,1026
0,8558
18,267
15,632
38,409
El Calvari (N)
Aguja Fibula?
PA12793
2,1041
0,8563
18,247
15,625
38,396
El Calvari (N)
Cadena Eslabones
PA12794
2,0800
0,8387
18,685
15,671
38,864
El Calvari (N)
Brazalete (Frag.)
PA12792
2,1016
0,8554
18,273
15,631
38,405
Vilanera
Hebilla
PA13012
2,1054
0,85687
18,25
15,637
38,423
Vilanera
Lanza
PA13007
2,1039
0,85613
18,275
15,646
38,450
Can Xac
Fíbula
CX 1012
2,103
0,85576
18,279
15,642
38,441
Can Roqueta
Lingote cobre
298-1-61
2,0727
0,8383
18,738
15,708
38,839
Tab. 3. Resultados de los análisis de isótopos de plomo realizados a materiales de El Calvari y del NE peninsular en el laboratorio de
Geocronología de la Universidad del País Vasco. (N)= necrópolis.
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177
IGNACIO MONTERO-RUIZ ET AL.
ajusta en todos los gráficos bivariantes con los datos
obtenidos para los minerales procesados en el yacimiento calcolítico de Almizaraque (Almería) (Fig. 5).
Las otras siete piezas se sitúan en el campo isotópico definido para Linares (Fig. 6). Estos metales encajan perfectamente en los distintos gráficos bivariantes que representan las rationes isotópicas de ese
distrito minero y se sitúan próximas entre sí. La procedencia en algunas piezas podría resultar dudosa
entre la opción de Linares (Jaén) o Valle de la Alcudia
(Ciudad Real) debido al solapamiento parcial que se
registra entre ambos campos isotópicos. Sin embargo, la posición mayoritaria de los metales de El Calvari cae fuera de esos solapamientos, por lo que la
opción de Linares es más probable que la del Valle
de la Alcudia. En esta valoración también se ha tenido en cuenta la información de objetos de cobre de
distintas etapas cronológicas que se relacionan con
estas mineralizaciones del Valle de la Alcudia, y que
se sitúan en posición diferente a las de El Calvari.
La posible relación con minerales de cobre del distrito MBF está completamente descartada ya que entre
los minerales utilizados para definir el campo isotópico se encuentra un mineral de cobre de Linda
Mariquita. Además un mineral de cobre en ganga
carbonatada (tenorita según el análisis de difracción
de rayos X) recuperado en el yacimiento de Turo del
Avenc del Primo (Bellmunt del Priorat), que fechamos en los siglos X-IX ANE (Rafel y Armada, en
prensa), también se sitúa dentro del campo definido
para MBF. Por tanto los análisis disponibles indican
que el campo isotópico definido para las galenas de
MBF es válido también para los minerales de cobre.
Otras mineralizaciones cercanas a El Calvari y que
podrían haber suministrado metal son las minas de
Ulldemolins, en el alto Priorato, donde se conocen
indicios de minería prehistórica en la Solana del
Bepo (Vilaseca y Vilaseca, 1957). Las aún escasas
muestras analizadas por isótopos de plomo de La
Solana del Bepo y de la cercana Mina del Bessó
presentan un solapamiento parcial con el campo de
MBF (Fig. 6), pero esa zona diferenciada tampoco se
relaciona con el resultado proporcionado por los
metales de El Calvari, quedando también descartadas como origen del metal.
Los datos geológicos disponibles de otras minas de
las cordilleras costeras catalanas en las provincias
178
de Tarragona o de Barcelona, así como los datos de
la provincia de Girona o de Lleida no se relacionan
con los metales de El Calvari. Lo mismo puede
decirse de la información disponible de las minas del
Sistema Ibérico.
En el distrito de Linares, además de plomo, se explotó también el cobre. Su aprovechamiento está confirmado por la vía de los análisis de isótopos de plomo
en el yacimiento argárico de Peñalosa (Hunt Ortiz et
al., 2011). En este distrito se localiza el yacimiento de
Cástulo, en el que Blázquez y Valiente (1982: 418421) documentaron en los niveles fechados a fines
del siglo VIII ANE restos de un taller metalúrgico. El
análisis de la composición de algunos de estos
materiales arqueometalúrgicos indica el aprovechamiento de minerales de distinto tipo (un silicato
ferruginoso con algo de plomo y trazas de cobre, una
galena y un óxido de cobre con algo de plomo y
trazas de plata) así como una escoria de cobre con
algo de plomo y sin cantidades significativas de
plata. En consecuencia, en la zona de Linares existen
datos arqueológicos que sustentan la posibilidad de
que en este momento histórico el cobre pudiera ser
un elemento comercializado.
&20(5&,2 '( 0,1(5$/ /,1*27(6 8
2%-(726
La cuestión que queda ahora planteada es bajo qué
forma llegó este metal desde Linares (Jaén) a El
Calvari de El Molar (Tarragona). Existen tres opciones.
1. Comercio de mineral de cobre. La mayoría de las
muestras analizadas, salvo una, son bronces
plomados, por lo que el análisis de isotopos de
plomo refleja en realidad la signatura del plomo
aleado y no la del cobre. Sin embargo, el análisis
del bronce binario si reflejaría la procedencia del
cobre. Como han señalado diversos autores, los
contenidos de plomo en el estaño son muy bajos
(< 50 ppm) por lo que un bronce con valor medio
de 10% Sn apenas modificaría la signatura isotópica del cobre (Begemann et al., 1999; Gale y
Stos Gale, 2000).
Tanto el cobre como el plomo deben tener la
misma procedencia ya que ambos tipos de
aleaciones (bronces binarios y ternarios) presen-
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EL COBRE DE LINARES (JAÉN) COMO ELEMENTO VINCULADO AL COMERCIO FENICIO EN EL CALVARI DE EL MOLAR (TARRAGONA)
tan la misma signatura isotópica. La llegada de
mineral de plomo a una zona donde tenemos
constatado su aprovechamiento local resultaría
paradójica. En el caso de que hubiera llegado
mineral de cobre y luego se hubiera mezclado
con el plomo local, habríamos identificado una
signatura isotópica local. Por tanto, en el caso
mayoritario de los bronces plomados, el cobre y
el plomo llegaron juntos ya aleados, siendo
improbable el comercio del mineral.
2. Comercialización de lingotes de cobre. Como
hemos indicado en el caso anterior, el plomo
debió llegar aleado con el cobre por lo que podrían haber circulado tanto lingotes de cobre como
de cobre-plomo. Este último tipo de lingote está
bien documentado en la costa mediterránea
peninsular en este periodo. Una reciente recopilación (Montero-Ruiz et al., 2010-11) nos ha
permitido identificarlo en varios yacimientos,
especialmente en el de Sant Jaume (Alcanar)
situado en el Bajo Ebro y relativamente próximo a
El Calvari. También están identificados estos
lingotes cobre-plomo en Can Roqueta-Can Revell
(provincia de Barcelona) y en Tossal del Mortorum (provincia de Castellón), lo que confirma su
circulación por el área del NE en estos momentos de los siglos VII-VI ANE. Tanto en Sant
Jaume, como en Can Roqueta se registran lingotes de cobre y de cobre-plomo de manera
contemporánea.
3. Una tercera opción sería la llegada de productos
manufacturados, es decir, se comercializan los
objetos ya acabados. Datos que podrían apoyar
esta posibilidad los encontramos en el pecio de
Rochelongue (Bouscaras, 1971): además de
lingotes de cobre y estaño, se recuperaron
puntas de flecha, botones, brazaletes y diversos
adornos en un número superior a los 1.700
objetos como parte de la carga. La mayor parte
de autores lo han considerado un cargamento
destinado a la refundición (Ruiz-Gálvez 1986: 3436), pero es posible discutir si se trata de chatarra o piezas para su comercialización dado que
algunas aparecen nuevas y otras fragmentadas.
Aunque caben también otras interpretaciones, el
origen del barco se ha situado tentativamente en
el mediodía peninsular (Lucas y Gómez Ramos,
1993), zona de origen propuesta para el metal de
El Calvari.
Sin embargo, aunque la tipología de los elementos
analizados no resulta muy precisa sobre un origen
geográfico, en el caso de las puntas de flecha de El
Calvari y en concreto de las puntas que algunos
autores han llamado “de tipo mailhaciense” (Museo
de Reus núm. inv. 5051 y CVM06-209-44/Museo de
Reus núm. inv. 13816/PA12932) se trata de materiales muy característicos de la Cataluña meridional y
del Bajo Aragón, lo que apuntaría a que no llegaron
manufacturadas desde Linares. La primera de ellas
(nº 5051) formaba parte del ajuar de la tumba 65 de
la necrópolis, encuadrable en la última fase de la
misma (siglo VII e inicios del VI ANE) (Vilaseca, 1943:
29, láms. VII y XIII; Ruiz Zapatero, 1985: 168), mientras que la segunda (CVM06-209-44) (Lám. 5) se
exhumó en 2006 en un nivel perteneciente al último
horizonte de ocupación del ámbito VIII (Fig. 2), fechado entre fines del siglo VII y mediados del VI ane. En
ambos casos se trata de un tipo de puntas ojivales
con pedúnculo macizo que no presenta engrosamiento, aletas y nervio central; usualmente se han
puesto en relación con las puntas mailhacienses,
considerándolas una derivación de carácter local de
las mismas. Ruiz Zapatero (1985: 934-936) las incluyó en su tipo C2, fechándolas en el lapso entre los
Lám. 5. Punta de flecha de tipo “mailhaciense” de El Calvari
(CVM06-209-44).
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IGNACIO MONTERO-RUIZ ET AL.
siglos VIII y VI ANE. Más recientemente Kaiser (2003:
84, 89) las incluyó en su tipo IVB1N que aparece en el
Bronce Final y perdura durante la Edad del Hierro.
Su dispersión geográfica se centra en el noreste
peninsular –aunque con una presencia más densa
en el curso bajo del Ebro (Cataluña meridional y Bajo
Aragón)– siendo reseñables los hallazgos de moldes
para estas piezas en el Cabezo de Monleón y Masada
de Ratón (Ruiz Zapatero, 1985: 934-936). Aunque
Kaiser (2003: 95) recoge el hallazgo de una de estas
flechas en el cerro de los Infantes (Granada), su
cartografía concentrada en el noreste y la presencia
de moldes indican su carácter regional.
Los escasos restos de actividad metalúrgica de base
cobre proporcionados por El Calvari no nos permiten
dar prioridad a ninguna de las dos opciones viables
ya que ambas podrían coexistir: circulación de lingotes de cobre y de cobre-plomo, y objetos elaborados.
Tenemos indicios de manufacturas locales como el
fragmento de molde de Puig Roig o los dos restos de
fundición de El Calvari (PA13568 y PA20012), pero no
sabemos si a partir de metal primario en lingotes o
sólo con metal reciclado como sugiere la composición del resto de fundición PA13568. Si se manufacturaron objetos de bronce a partir de los lingotes de
cobre, debemos considerar también el suministro
del estaño necesario para la aleación. Este estaño
también pudo llegar en forma de lingote como se
identifica en el pecio del Bajo de la Campana (Mederos Martín y Ruiz Cabrero, 2004: 269), pero no
tenemos constancia de su presencia en el registro
arqueológico de los yacimientos en los que sí se han
identificado lingotes de cobre.
El único dato concreto disponible en este momento
sobre lingotes, a la espera de determinar la procedencia de los recuperados en el Tossal del Mortorum
(Castellón) y Sant Jaume (Tarragona), es el análisis
de isótopos de plomo de un lingote de cobre de Can
Roqueta PA12518 (CRII-288-1-61). La signatura isotópica concuerda con las mineralizaciones del
dominio Bético, por lo que de nuevo tenemos una
procedencia meridional del cobre. La información
actualmente disponible sugiere como probable zona
de origen las minas de cobre de Alcolea (Almería)
(Fig. 5). Estas minas se encuentran próximas a las
minas de plomo de la Sierra de Gádor que sabemos
estaban en explotación en este periodo al haber sido
identificadas como origen probable de las galenas y
plomos de La Fonteta (Alicante) (Renzi et al., 2009).
En este caso, aunque la zona concreta no pueda
precisarse, lo importante es la confirmación de la
llegada de lingotes de cobre al noreste peninsular
desde territorios más meridionales.
Entre los pocos objetos de base cobre de Cataluña
analizados con isótopos de plomo, de momento no
hemos identificado ninguno que muestre una procedencia de las minas de MBF aunque, a falta de
estudios más detallados, sí podrían relacionarse con
otras minas del noreste o sur de Francia (Rovira
Hortalà et al., 2008). Sólo hemos identificado tres
piezas cuyo metal puede proceder de Linares. Dos
de ellas son de la necrópolis de Vilanera (L´Escala,
Girona) (Aquilué et al., 2008): una punta de lanza de
enmangue tubular y un broche de escotaduras
abiertas y un garfio (tipo Acebuchal). La tercera es
una fíbula de pivote de Can Xac (Arguelaguer, Girona)
(Rafel et al., 2008).
La presencia de cobre comercializado de Linares,
como era de esperar, no resulta exclusiva de El
Calvari. Hacen falta más análisis para calibrar en su
justa medida la aportación de metal de cada una de
las áreas de la Península en el comercio de metales,
pero resulta llamativo el predominio del distrito de
Linares detectado en estos primeros conjuntos de
metal4. Excepto el resto de fundición (PA13568/
CVM08-316-60), al que ya nos hemos referido, en el
caso de El Calvari todos los objetos analizados
procedentes del poblado pertenecen a la misma fase
de ocupación (finales del siglo VII-mediados del VI
ANE). Sin embargo, resulta indicativo de esta dominancia de Linares que ese resto de fundición más
antiguo, interpretado como un metal reciclado, se
agrupe con el resto de piezas. Si nuestra interpretación es correcta, todos los fragmentos de metal
reciclado deberían tener la misma procedencia ya
que el resultado final de la mezcla ha seguido siendo
el mismo.
La circulación de metal, ya sea en forma de lingotes
o de piezas, posibilidades no excluyentes, nos invita a
4 Durante la correción de pruebas del artículo se ha recibido el resultado del análisis de isótopos de plomo de una última pieza de bronce
plomado de El Calvari (PA20267: 14,3 % Sn y 32,7 % Pb), una barrita de sección rectangular (CVM10-412). Los isotopos de plomo
( 208Pb/206Pb= 2,1031; 207Pb/206Pb= 0,8562; 206Pb/204Pb=18,257) indican Linares como probable procedencia de esta metal, confirmando
el predominio de esta zona minera señalado en el texto.
180
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 167-184. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
EL COBRE DE LINARES (JAÉN) COMO ELEMENTO VINCULADO AL COMERCIO FENICIO EN EL CALVARI DE EL MOLAR (TARRAGONA)
reflexionar sobre el papel desempeñado por cada
uno de los agentes participantes en este comercio.
La transacción directa entre Linares (Cástulo) y El
Calvari es difícil de aceptar por la posición interior de
ambos yacimientos (Fig. 7). Lo más probable es que
existieran intermediarios, tanto del cobre importado
en El Calvari, como de las galenas o del plomo
exportados desde esta zona del noreste peninsular
hasta Huelva5. El plomo (ya sea en forma de galena o
de metal) obtenido en las minas de MBF debió ser
transportado hasta un puerto costero, punto que
pudo actuar de intermediario, distribuyendo el metal
de base cobre hasta la zona interior, junto al resto de
elementos comercializados (ánforas) a cambio de
ese plomo. El destino final de esta galena o plomo
solo lo tenemos documentado por el momento en
yacimientos de la provincia de Huelva (Montero-Ruiz
et al., 2010). Su destino tiene sentido solamente
hacia zonas que estén procesando minerales de
plata (jarositas o cobres argentíferos) que necesiten
añadir plomo, como es el caso de las minas de la
Faja Pirítica en Huelva. Plomo que, por los estudios
realizados a las escorias de Riotinto (Anguilano et
al., 2010), tiene una demanda constante desde la
etapa fenicia a la romana republicana.
En el caso de Vilanera, situada a escasos kilómetros
al sur de Empúries y perteneciente a un poblado
seguramente de grandes dimensiones que no ha
sido identificado, pudo ser receptor de metal directamente, no así en el caso de Can Xac ubicado 40 km
al interior.
Por su parte el metal de Linares (lingotes) debió
embarcarse en algún punto de la ruta entre Huelva y
el noroeste. La salida fluvial por el Guadalquivir es
una opción que nos llevaría a su desembocadura, y a
la costa atlántica como lugar de distribución, próximo al punto de destino de las galenas de El Calvari.
Esta llegada de metal del sur Peninsular, de
momento mayoritaria de Linares y en menor medida
probablemente de minas de Almería, es reflejo de
unos circuitos comerciales plenamente establecidos
con el área de la desembocadura del Ebro en el siglo
VII y primera mitad del VI ANE, pero que todavía
Fig. 7. Mapa de la Península Ibérica con la localización de los yacimientos de El Calvari de El Molar, Vilanera y Can Xac y las
minas de cobre Linares de donde puede proceder el metal de esos yacimientos.
5 El plomo del Priorato se documenta en varios yacimientos tartésicos (Tejada la Vieja, Calle del Puerto de Huelva, Cerro de las Tres Águilas,
Cortijo José Fernández, Torre del Viento) (Ramón et al. 2011: 56), aspecto éste sobre el cual está en preparación un artículo.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 167-184. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
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IGNACIO MONTERO-RUIZ ET AL.
deben ser mejor definidos para el resto del noreste y
especialmente confirmar si existe en etapas previas,
como sugiere el resto de fundición de El Calvari
fechado en el siglo VIII.
$*5$'(&,0,(1726
El desarrollo de las investigaciones presentadas en
este trabajo ha sido posible gracias a tres proyectos
coordinados de I+D+I financiados por el Ministerio de
Cultura-Ministerio de Ciencia e Innovación: “Plata
Prerromana en Cataluña”, HUM2004-04861-C03-00,
“Aprovechamiento de recursos de plomo y plata en el
primer milenio ac: interacción comercial y cultural
en el Mediterráneo Occidental”, HUM2007-65725C03-00 y “El factor minero en el desarrollo histórico
de Cataluña meridional: de la Prehistoria a Época
Medieval”, HAR2010-21105-C02-00, así como al proyecto “El conjunt arqueològic del Calvari del Molar i
l’àrea minerometal·lúrgica Bellmunt-Molar-Falset
en la protohistòria” financiado por el Departament
de Cultura de la Generalitat de Catalunya, el Ayuntamiento del Molar y la Diputación de Tarragona.
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Vista aérea de Cancho Roano.
Foto: Helicópteros de Poniente.
ESTUDIOS
MUERTE Y TRANSFIGURACIÓN: CREMACIONES, HECATOMBES Y SACRIFICIOS EN EL FINAL DE CANCHO ROANO
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(1(/),1$/'(&$1&+252$12=$/$0($
'(/$6(5(1$%$'$-2=
Javier Jiménez Ávila1
5HVXPHQ
En este trabajo, y desde una perspectiva eminentemente crítica, se realiza una revisión de las principales
hipótesis que se han propuesto para interpretar el significado de los restos arqueológicos del yacimiento de
Cancho Roano, desde su descubrimiento en 1978 hasta nuestros días. Todas ellas presentan una serie de
lugares comunes al plantear la realización de grandes ceremonias rituales en las que se describen
hecatombes, destrucciones intencionadas, sacrificios, etc. Todas ellas parecen debidas a lecturas muy
subjetivas del registro en las que apenas se tienen en cuenta los procesos tafonómicos que generaron el
palimpsesto. Sin embargo, todas ellas se inscriben de manera decidida en los modelos explicativos generales
del yacimiento y de su significado histórico y cultural.
3DODEUDVFODYHCancho Roano, Edad del Hierro, Península Ibérica, Tafonomía, ritual.
'($7+$1'75$16),*85$7,21$6+(6+(&$720%6$1'6$&5,),&(6
$77+((1'2)&$1&+252$12=$/$0($'(/$6(5(1$%$'$-2=
$EVWUDFW
This paper approaches a critical revision of the main theories which have been suggested for interpreting the
archaeological remains found in the Iron Age site of Cancho Roano (Extremadura, Spain), since its discovery in
1978 to nowadays. All of them present some very similar topics and very alike commonplaces suggesting
ritual ceremonies such holocausts, intentioned destructions and human or animal sacrifices. In addition, they
all seem to be product of a very subjective interpretation of the archaeological evidence where the taphonomic
processes are scarcely considered. However, all of them are strongly related with the cultural and historical
patterns in which they are inscribed.
.H\ZRUGVCancho Roano, Iron Age, Iberia, Taphonomy, Ritual.
1
Grupo de investigación Arqueología de la Arquitectura y el Territorio (HUM 007). Instituto de Arqueología de Mérida. [[email protected]]
Recibido: 25/04/2012; Aceptado: 11/09/2012
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JAVIER JIMÉNEZ ÁVILA
,1752'8&&,–1
La interpretación de los restos que hallamos en las
excavaciones suele estar condicionada por planteamientos subjetivos que, consciente o inconscientemente, acaban mediatizando las lecturas históricas y
culturales que proyectamos sobre el registro. En el
caso español, la ausencia de asignaturas sobre
tafonomía en los primeros ciclos universitarios o la
escasez de reuniones científicas sobre procesos
post-deposicionales, fomentan la igualmente escasa
atención que se dedica a reflexionar sobre las
causas que determinan el estado en que hallamos
los restos en el subsuelo, lo que agrava considerablemente el problema (Domínguez-Rodrigo, 1998).
En el presente artículo se trata el caso de tres
hipótesis explicativas aplicadas al yacimiento protohistórico de Cancho Roano (Zalamea de la Serena,
Extremadura) como ejemplo de otras tantas interpretaciones altamente subjetivas proyectadas hacia
los restos excavados. Las primeras, sugeridas por J.
Maluquer y A. Blanco Freijeiro, corresponden a los
primeros tiempos de la excavación y ya han sido
sometidas a crítica, por lo que se referirán sucintamente. Serán por tanto las más recientes, planteadas en sus últimos trabajos por S. Celestino, las que
centrarán nuestra actual atención. Estas observaciones contribuirán, además, a tener una visión más
crítica de los procesos de destrucción y abandono de
este singular yacimiento.
35,0(5$6,17(535(7$&,21(6&5(0$
&,21(6<&(1,=$6
/$7(25$6'(/$6&5(0$&,21(6
Cuando en 1978 J. Maluquer afrontó el reto de
excavar Cancho Roano dos factores actuaban como
importantes condicionantes: 1) el desconocimiento
que existía entonces de, prácticamente, todo lo
concerniente a la arqueología del siglo V a.C. en
Extremadura. 2) Su especial dedicación investigadora a la arqueología tartésica. Así, la topografía
tumular del sitio (Lám. 1), o las abundantes cenizas
aparecidas en los trabajos agrícolas previos a la
excavación, propiciaron que originariamente fuera
identificado con un espacio funerario equiparable a
las sepulturas orientalizantes del Bajo Guadalquivir.
188
Lám. 1. Cancho Roano antes de empezar las excavaciones
arqueológicas en 1978. Aspecto “tumular” del yacimiento. Fuente:
Maluquer de Motes 1981: lám. I.
Pero lo que a priori parecía una sepultura tumular
acabó convirtiéndose en un edificio complejo relleno
de cenizas y de una extraordinaria cantidad de restos
arqueológicos, cuyos fragmentos (los de un mismo
objeto) aparecían dispersos por distintas habitaciones, constatándose una total ausencia de huesos
humanos, no solo en el edificio central, sino en unos
sondeos exteriores, donde hipotéticamente se situó
la presencia de una necrópolis anexa. Aunque esta
ausencia de huesos se convirtió en una verdadera
obsesión para Maluquer, no bastó para desvincularlo de su apriorismo funerario.
Para explicar este “sorprendente” estado de cosas
Maluquer (1981) ideó la llamada Teoría de las
Cremaciones según la cual Cancho Roano habría
tenido dos momentos de uso: uno habitacional y otro
–una vez incendiado y arruinado– como crematorio
de cadáveres. Las cenizas y materiales corresponderían, fundamentalmente, a los “barridos” de estas
cremaciones secundarias, lo que explicaría su
dispersión. Los huesos quemados, habrían sido
cuidadosamente recogidos y depositados en la
supuesta necrópolis adyacente.
La Teoría de las Cremaciones encontraba importantes obstáculos para ser aceptada, como la ya aludida
ausencia de huesos humanos o la forma de distribuirse las cenizas en el interior del edificio. También
la posterior aparición de algunas habitaciones con el
material in situ generaba dudas y fisuras en los
planteamientos de Maluquer, que se traslucen en
algunos de sus comentarios (1983b: 140). Pero, a
pesar de todo, estos presupuestos interpretativos,
con las implicaciones históricas y culturales que de
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MUERTE Y TRANSFIGURACIÓN: CREMACIONES, HECATOMBES Y SACRIFICIOS EN EL FINAL DE CANCHO ROANO
ellos se derivaban, fueron usados de manera predominante para explicar la estratigrafía de Cancho
Roano durante su época y durante los años inmediatamente posteriores a su muerte.
/26Ù$/7$5(6'(&(1,=$Ú
El hallazgo de un yacimiento tan extraordinario como
Cancho Roano, en un entorno tan mal conocido
como lo era la Extremadura de finales de los setenta,
atrajo prontamente la atención de numerosos
estudiosos de la Protohistoria ibérica. Uno de ellos
fue A. Blanco, que realizó una visita al yacimiento al
poco tiempo de iniciarse las excavaciones.
Cancho Roano dejó en Blanco una “impresión
imborrable” que le llevó a dedicar dos artículos a sus
ruinas y a su significado histórico (1981, 1982). En
ellos se muestra despiadadamente crítico con la
Teoría de las cremaciones y con la interpretación del
yacimiento como ‘Palacio-Santuario’. En cambio,
prefiere considerar que Cancho Roano es un gran
crematorio donde se celebrarían sacrificios y cremaciones de animales. Estas ceremonias podrían
relacionarse con algunas citas de Estrabón, que
refiere unas costumbres lusitanas en las que las
poblaciones de la región sacrificarían a sus dioses
prisioneros y caballos en auténticas hecatombes. Al
mismo tiempo, esta acumulación de cenizas recordaría fenómenos arqueológicos bien conocidos en
otras latitudes, como los grandes ‘altares de sangre’
de algunos santuarios griegos –que se traen a
colación en el primer artículo– (Fig. 1), o los llamados brandopferplätze, piras de sacrificio características de la Edad del Hierro centroeuropea, que son
referidos en su menos beligerante segundo trabajo
(Blanco Freijeiro, 1981, 1982).
Fig. 1. Reconstrucción de altares de sangre o de cenizas de
diversos santuarios griegos reproducidos por A. Blanco Freijeiro en
su artículo de 1981.
&57,&$6 $ /$6 35,0(5$6 ,17(535(7$&,21(6
(/,1&(1',2),1$/
Las lecturas de Blanco tuvieron escaso seguimiento.
Sin embargo, la Teoría de las Cremaciones, tal vez
por su carácter de “hipótesis oficial”, se mantuvo
como interpretación aceptada hasta algo después de
la desaparición de Maluquer y aparece recogida como lectura válida en algunos artículos de los primeros noventa (Celestino Pérez, 1991: 444, 1992: 22).
La crítica a estos presupuestos empieza justamente
por estas fechas, y en ella tienen especial importancia las excavaciones del Sector Norte (Celestino
Pérez y Jiménez Ávila, 1993). En esta zona, donde
Maluquer había creído reconocer el área funeraria,
aparecieron unas habitaciones cuya sedimentación
difería sustancialmente de unas a otras, evidenciando que habían tenido un proceso de amortización
individualizado y no una colmatación uniforme resultado de la precipitación de los barridos de las
supuestas cremaciones (Fig. 2). Muy significativa fue,
además, la detección de un depósito de objetos
Fig. 2. Excavaciones en el Sector Norte de Cancho Roano: 1 y 2: perfiles comparados de las estancias N-5 (1) y N-6 (2). Fuente: Celestino Pérez
y Jiménez Ávila, 1993: 44 y 51, respectivamente.
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JAVIER JIMÉNEZ ÁVILA
segundo gran edificio post-orientalizante excavado
en la zona: La Mata de Campanario (Rodríguez Díaz,
2004), (Fig. 3).
Lám. 2. Estancia N-6 de Cancho Roano. Fuente: Celestino Pérez y
Jiménez Ávila, 1993: 243.
constituido por ánforas, vajilla metálica, etc. dispuestos in situ que, coincidiendo, de nuevo, con una
absoluta ausencia de huesos humanos, contradecían
el uso secundario del complejo como crematorio de
cadáveres (Lám. 2).
Semejante estado de cosas llevó a revisar radicalmente la interpretación de los procesos deposicionales de Cancho Roano, cuyos niveles de ceniza se
atribuyeron a los restos de un incendio que, en
algunas zonas del edificio, podían corresponder a
dos plantas constructivas con sus respectivas tablazones y techumbres, lo que justificaría la dispersión
de materiales registrada (pero nunca cuantificada)
por Maluquer.
Aunque la Teoría de las Cremaciones de Maluquer y
la de los Altares de Ceniza de Blanco surgieron en su
día como explicaciones confrontadas, vistas con la
perspectiva que nos da el tiempo, hoy se pueden
considerar bajo una óptica unitaria. En ambas,
Cancho Roano es concebido como un gran crematorio donde se celebrarían cruentas ceremonias, y su
carácter excepcional y desconocido orienta indefectiblemente las explicaciones al ámbito de lo ritual.
Estas hipótesis heurísticas que, por su naturaleza
dramática, podemos denominar de tipo catártico,
fueron sucedidas a principios de los años noventa
por planteamientos explicativos más atemperados,
donde las grandes cremaciones y hecatombes se
vieron sustituidas por el incendio de un edificio con
todo su contenido completo, confiriendo a los restos
una lectura más contenida. La posterior excavación
del coetáneo edificio de La Mata parece aproximar el
contexto histórico hacia este tipo de interpretaciones.
,17(535(7$&,21(6 5(&,(17(6 %$1
48(7(66(//$'26<6$&5,),&,26
En fechas recientes, se han vuelto a resucitar hipótesis de tipo catártico para explicar el final de Cancho
Roano, al plantearse la existencia de grandes
La explicación arqueológica del incendio de un edificio de varias plantas como alternativa a la Teoría de
las Cremaciones aparece por primera vez en los
trabajos que M. Almagro-Gorbea y su equipo (1990:
277)1 dedicaron al yacimiento a principios de los
noventa y, poco después, en las memorias de
Cancho Roano, con lo que adquirió el rango de nueva
“teoría oficial” (Celestino Pérez y Jiménez Ávila,
1993: 154-156).
Este planteamiento es el que, con más o menos
convergencia, ha venido aceptándose hasta la actualidad y el que mutatis mutandis se ha aplicado
también para explicar la destrucción y abandono del
Fig. 3. Recreación del incendio final del edificio de La Mata de
Campanario realizada por Entorn S.L. para los proyectos de
difusión del yacimiento (Cortesía CEDER La Serena).
1 En realidad esta obra es coetánea de la memoria del Sector Norte, a pesar de la demora de dos años en la publicación de esta última.
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MUERTE Y TRANSFIGURACIÓN: CREMACIONES, HECATOMBES Y SACRIFICIOS EN EL FINAL DE CANCHO ROANO
hecatombes, banquetes y sacrificios, junto a sellados
rituales y otros ritos de clausura, en lo que considero, de nuevo, una lectura altamente subjetiva y
escasamente reflexiva del registro material. Estas
ceremonias, en su mayoría ya recogidas en las
hipótesis de J. Maluquer y A. Blanco, contribuirían a
definir de manera decisiva la condición religiosa del
yacimiento (Celestino Pérez, 2001a: 51-53, 2001b:
74-75; Celestino Pérez y Cabrera Díez, 2008).
sumamente desconectados en el espacio y en el
tiempo de los que Cancho Roano representa.
Maluquer interpretó los restos arqueológicos a partir
de un apriorismo fundamental: Cancho Roano era, a
todas luces, un espacio funerario; Blanco se dejó
guiar por sus enciclopédicos conocimientos de
arqueología europea y del Mediterráneo: Cancho
Roano tenía que tener, necesariamente, una buena
serie de comparanda. En estas nuevas lecturas,
realizadas 20 años después, se incurre, simultáneamente, en ambos vicios: por un lado se parte de un
nuevo y totalizador apriorismo: Cancho Roano es un
espacio religioso, y consecuentemente, todo lo que a
él se refiere comporta una fuerte carga cultual. Por
otro, se ha buscado el refrendo en contextos
%$148(7(6<+(&$720%(6
Es importante señalar que estas hipótesis se han
planteado a partir de avances y resúmenes de los
datos obtenidos en las excavaciones del foso que
rodea al complejo (Fig. 4), pues el estudio pormenorizado de estos vestigios, y los análisis específicos de
los mismos, permanecen inéditos2.
Los ritos principales propuestos por S. Celestino en
sus más recientes valoraciones sobre el final de
Cancho Roano incluyen la realización de banquetes y
hecatombes cuyas principales evidencias son los
restos faunísticos y, en menor medida, cerámicos
hallados en el foso (Fig. 5). Puesto que no se hace
una diferenciación entre ambos conceptos deben
entenderse como etapas integrantes de un mismo
proceso ceremonial, aunque sensu stricto no sea lo
mismo una hecatombe que el sacrificio de reses
destinadas a un banquete3.
Fig. 4. El Foso de Cancho Roano. 1: Planta general de la Fase A, coincidente con su construcción; 2: Foto aérea. Fuente: Celestino Pérez,
2001a: 48 y 2001b: 76, respectivamente.
2 Conforme se apunta en un artículo aparecido hace casi 10 años, la memoria del foso se halla en prensa (e.p.) en la serie BAR: (Celestino
Pérez y Zulueta de la Iglesia, 2003: n. 8).
3 Para los aspectos conceptuales referentes al tema del banquete en la Protohistoria y su desarrollo en algunas zonas peninsulares ver
Sardà Seuma, 2010.
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JAVIER JIMÉNEZ ÁVILA
tiro y monta4. Estas características se atribuyen
indefectiblemente a un uso ritual y religioso de los
caballos (Celestino Pérez, 2001a: 52, 2001b: 74),
aunque no se especifica qué quiere decir esto (¿se
están manteniendo los animales únicamente para
actividades sacrificiales?, ¿se capturan en estado
salvaje para fines de este tipo…?). No obstante,
también se alude a la existencia de establos o al
posible uso de los caballos en ceremonias de parada
que se avienen mal con estos planteamientos sacrificiales (Celestino Pérez y Cabrera Díez, 2008: 193194).
Fig. 5. Recreación didáctica del banquete final de Cancho Roano
realizada por Expociencia S.L. para la exposición permanente del
Museo de las Ciencias del Vino de Almendralejo (Badajoz).
$UTXHRIDXQD
Acerca de los elementos faunísticos de Cancho
Roano solo se han publicado avances de los estudios
zooarqueológicos aún inéditos que se han realizado,
y que permiten conocer algunos de los argumentos
que se utilizan para sostener la existencia de estas
prácticas rituales. Estos avances se refieren, básicamente, a la composición del espectro faunístico, al
análisis tafonómico de los huesos –con especial incidencia en las modificaciones de origen antrópico– y
a la disposición de los restos en el fondo del foso.
Bajo mi punto de vista existen explicaciones alternativas al uso ritual de los caballos del foso de Cancho
Roano que pueden justificar tanto su abundancia
como la posible ausencia de huellas de tracción y
monta en los esqueletos. Por ejemplo, que fueran
acumulados como riqueza pecuaria o por su condición de bienes aristocráticos, al igual que sucede
con muchos de los objetos de prestigio hallados en
grandes cantidades entre las ruinas del complejo
(Jiménez Ávila, 2006-07); y/o, por supuesto, que
fueran empleados como aporte cárnico en la dieta de
los habitantes del sitio, al igual que sucede con otros
grandes mamíferos, como las vacas. En esta tesitu-
El repertorio faunístico se nos muestra amplio y
variado, dando cabida a especies domésticas y salvajes (ovejas, cabras, équidos, bovinos, cérvidos…), con
la concurrencia, incluso, de algún carnívoro como el
zorro (Celestino Pérez, 2001a: fig. 28). Esta configuración ya de por sí contrasta con la que es propia de
los depósitos rituales, que suelen ser monoespecíficos o, al menos, oligoespecíficos, y que raramente
combinan fauna doméstica y salvaje (Poux, 2002).
Dentro de este conjunto, S. Celestino dedica especial
atención a los équidos, por su elevado número y por
su especial significación entre los hallazgos materiales de Cancho Roano. Se destacan, además, algunas
de las peculiaridades detectadas, como el reducido
tamaño de los individuos o la ausencia de huellas de
Lám. 3. Cama lateral de bocado de caballo de Cancho Roano con
huellas de uso por tensión en la zona de sujeción de la cabezada.
Museo Arqueológico Provincial de Badajoz 10727.
4 Hay que indicar, no obstante, las dificultades señaladas por algunos especialistas para poder determinar estas circunstancias a partir de
las osamentas (Liesau von Lettow-Vorbeck, 2005: 194-195).
192
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 187-207. ISSN 2172-6175 // ESTUDIOS
MUERTE Y TRANSFIGURACIÓN: CREMACIONES, HECATOMBES Y SACRIFICIOS EN EL FINAL DE CANCHO ROANO
ra, resulta coherente que los ejemplares elegidos
para su consumo fueran los menos aptos para
montar o enjaezar y los de más reducido tamaño,
aunque, a falta de conocer los datos exactos, esta
última característica pueda explicarse en términos
genéticos, al coincidir con la configuración habitual
de los caballos europeos y peninsulares de la Edad
del Hierro (Quesada Sanz, 2004). Lo que parece claro
es que en Cancho Roano se usaban caballos como
elemento de monta o tiro. Lo demuestran los
numerosos conjuntos de arreos hallados en el
yacimiento y que, en contra de lo que se ha afirmado
en alguna ocasión (Blech, 2003), presentan claras
huellas de uso que avalan un empleo continuado de
los mismos (Lám. 3).
Por lo que se refiere a las marcas de carnicería, hay
que considerar con prudencia algunos de los datos
publicados, como que “todos presentan marcas de
corte y despiece” (Celestino Pérez y Cabrera Díez,
2008: 193), lo cual debe ser, a todas luces, una
exageración, como no se le escapa a nadie que haya
gestionado grandes cantidades de huesos en excavaciones arqueológicas. Dudo a este efecto que, por
ejemplo, los restos de vulpinos presenten marcas.
Estas huellas son, de nuevo, interpretadas como la
evidencia de que “todos los animales que se hallaron
en el interior del foso fueron sacrificados y consumidos en esa hecatombe final” (Celestino Pérez y
Cabrera Díez, 2008: 193). La pregunta que surge
inmediatamente es qué tienen de especial estas
marcas que permiten inferir que fueron realizadas
en ceremonias rituales y no en procesos de alimentación cotidiana. Y es dudoso que la publicación
detallada de los restos faunísticos del foso de
Cancho Roano solvente esta cuestión. Probablemente el hecho de que los cortes aparezcan sobre restos
de caballo, animal que en la lectura de los autores
solo puede tener una explicación ritual, lleve a
pensar en consumos igualmente rituales. Sin
embargo, creo que esto es algo que está muy condicionado por la percepción que se tiene de la hipofagia desde sociedades como la nuestra, donde se une
la tradición cultural greco-romana a las expresas
prohibiciones de la Iglesia Católica desde el siglo
VIII. Lo cierto es que la hipofagia es una práctica
habitual en muchas comunidades pretéritas y actuales sin que ello dote al consumo de la carne de
caballo de un contenido necesariamente ritual. Por
tanto y, bajo mi punto de vista, las marcas de corte o
evidencias de carnicería observadas en los huesos
de Cancho Roano solo indican que las reses fueron
procesadas, pero en ningún caso informan del
contexto ritual o profano en que se realizó tal actividad ni, por supuesto, su consumo final. También
evidencian –y esto no es asunto menor– que la
hipofagia se encontraba entre las tradiciones
alimentarias del yacimiento con una importante
presencia, algo que contrasta con lo que conocemos
de otros sitios próximos como el edificio de La Mata,
donde los índices de équidos registrados en la
excavación son considerablemente inferiores (Castaños Ugarte, 2004). No obstante, conviene señalar
que los criterios de cuantificación usados en los
recuentos publicados para uno y otro yacimiento no
son comparables (NMI en Cancho Roano versus
NISP en La Mata) y que sobre los restos de La Mata
no se han realizado estudios tafonómicos. En cualquier caso, estas constataciones abren un interesante campo de investigación en cuyo avance se requiere, necesariamente, de un mayor y mejor volumen de
datos5.
Junto a los vestigios de carnicería se ha señalado
también la presencia de marcas de dientes de carnívoros sobre algunas piezas óseas halladas en el foso
de Cancho Roano (Celestino Pérez, 2001b: 69).
Tratándose de avances preliminares, apenas se
ahonda en la naturaleza de estas marcas (se omite si
se trata de furrowing, pitting, vaciados u otras prácticas descritas por la investigación especializada). Por
el contrario, y dentro del contexto ritual del consumo, se atribuyen al hecho de que algunos huesos,
después de consumidos, se echaran a los perros,
(piadosos perros éstos, que después de roer los
huesos, los depositaron religiosamente en el fondo
del foso, junto con el resto del festín).
De nuevo, creo que hay datos que plantean, aunque
sea a nivel de hipótesis, lecturas alternativas para
estas evidencias. Por ejemplo, que tras el abandono
del complejo, la grieta del foso, que no se cerró
hasta época romana, actuara como depósito fortuito
de animales muertos o, incluso, como una trampa
para los animales vivos del entorno. En este contexto, creo que algunos de los restos hallados en el foso
5 Estudios comparativos de la presencia de caballos en distintos yacimientos de la Edad del Hierro peninsular determinan también
acusadas diferencias (Liesau von Lettow-Vorbeck, 2005: 192-195).
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JAVIER JIMÉNEZ ÁVILA
podrían explicarse como restos de carcasas, completas o fragmentarias, que habrían sido objeto de
carroñeo por parte de las alimañas de la zona, algo
que justificaría las huellas de dentelladas, que
encuentran así una explicación más acorde con la
que suele atribuírseles en los estudios tafonómicos.
Es también en este contexto donde encuentran
mejor acomodo los restos de vulpinos (cánidos, al fin
y al cabo6) detectados en el estudio zooarqueológico,
que difícilmente tendrían cabida como integrantes
en un banquete ritual posteriormente sellado. Finalmente, esta interpretación podría explicar también la
forma en que se encuentran algunos de los huesos
hallados en el foso de Cancho Roano, en conexión
anatómica parcial (Celestino Pérez, 2001b: 57 y 74;
Celestino Pérez y Cabrera Díez, 2008; lám: VI). En
cualquier caso, creo que a la hora de plantear la
interpretación de los restos del foso de Cancho
Roano, es necesario tener en cuenta la participación
de distintos agentes tafonómicos en la acumulación
de un depósito sedimentario cuya formación debió
durar al menos 500 años.
Aparte de las mencionadas vértebras en conexión
que, bajo mi punto de vista, se explican mal como
resultado de un banquete ritual colectivo en el que
las piezas se distribuyen entre una población
comensal más o menos numerosa, S. Celestino y A.
Cabrera señalan la acumulación de cabezas de
equinos en la esquina suroeste del foso: los caballos
eran decapitados antes de su consumo ritual (Celestino Pérez y Cabrera Díez, 2008: 193). Hay que decir
que este dato nunca ha sido cuantificado (cuántas
cabezas hay en esta esquina y en qué grado de
concentración y conexión se hallaron). Pero resulta
sorprendente que en el despliegue gráfico que
aportan los autores sobre la excavación del foso no
aparezca ni una sola imagen de este fenómeno, cuya
planimetría se hace más que deseable. Por otra
parte, resulta igualmente llamativo que la supuesta
ceremonia del sacrificio de los cuadrúpedos, así
como de la mayor parte de los rituales descritos se
sitúe, justamente, en la parte trasera del edificio, de
espaldas a la entrada monumental del complejo. Por
eso, cabe plantear, si esta concentración de cráneos
en el ángulo suroeste del foso no responde únicamente a las prácticas de despiece habitual de los
grandes cuadrúpedos de cara a su consumo cotidiano en el interior del complejo. Y que en esta esquina
se situara el espacio habitual de sacrificio y desollado de las reses donde, como en la actualidad, las
cabezas fueran separadas del resto de la canal y
arrojadas a esta zona concreta del foso. O, visto que
no sabemos cuántas cabezas componen esta
concentración, si no se trata de una situación
puramente debida al azar. De hecho, en algunas
fotografías publicadas de las excavaciones del foso
aparecen quijadas de grandes herbívoros mezcladas
con el material arqueológico y sin asociar al resto
del cráneo, indicando que esta práctica de decapitación selectiva no constituía, en absoluto, una pauta
generalizada (Celestino Pérez, 2001b: 56).
Una cuestión importante que, sin embargo, no ha
merecido atención por parte de los promotores de la
hipótesis del banquete de clausura se refiere a la
cantidad de masa cárnica gestionada durante la
celebración del mismo. Para realizar una valoración
cuantitativa ajustada se requeriría contar con una
serie de datos que, a buen seguro, figuran en el
todavía inédito estudio arqueozoológico, como la
edad de sacrificio de las reses, su tamaño medio o la
intensidad del aprovechamiento. Pero sobre todos
estos pormenores solo se han avanzado breves
pinceladas. No obstante, y toda vez que en los trabajos publicados se viene considerando que la totalidad
de los animales localizados en el foso fueron consumidos en el banquete final, se puede ensayar una
primera estimación aproximativa en función del número de individuos detectados y de la masa cárnica
que puede extraerse de una res de tamaño pequeño/mediano para cada una de las especies reconocidas. Del resultado de esta aproximación, que se
muestra en la Tabla 1, se obtiene una cantidad que
ronda las 6 toneladas de carne aprovechable. Si
repartimos esta magnitud en raciones estándar de
unos 300 g cada una obtendríamos que del conjunto
faunístico representado en el foso de Cancho Roano
pueden extraerse 20.000 unidades, magnitud que,
extrapolada al número de comensales, hace pensar
en una disponibilidad alimentaria ciertamente desorbitada para una única ocasión de las características descritas, lo que, de nuevo, suscita razonables
dudas sobre la viabilidad de esta propuesta7.
6 Para la dificultad a la hora de especificar los agentes carnívoros causantes de las marcas de mordeduras sobre los huesos ver
Domínguez-Rodrigo y Piqueras, 2003.
7 Incluso aunque hubiera que corregir sustancialmente estas magnitudes a la baja en función de apreciaciones como el reducido tamaño de
los caballos, las cantidades seguirían siendo enormes.
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MUERTE Y TRANSFIGURACIÓN: CREMACIONES, HECATOMBES Y SACRIFICIOS EN EL FINAL DE CANCHO ROANO
Figura 6. Evidencias de restos óseos de caballos relacionados con prácticas cultuales en Francia durante la Edad del Hierro: A. Distribución
de sitios: 1. Dompierre-sur-Authie (Somme), 2. Ribemont-sur-Ancre (Somme), 3. Acy Romance (Ardenas), 4. Nanteuil-sur-Asine (Ardenas),
5. Necrópolis de Lamadeleine (Luxemburgo), 6. Necrópolis de Tartigny (Oise), 7. Gournay-sur-Aronde (Oise), 8. Montmartin (Oise), 9. SaintJust-en-Chausée (Oise), 10. Estrées-St. Denis (Oise), 11. Epiais Rhus (Valle del Oise), 12. Beauvais (Oise), 13. Chevrières (Oise), 14. Pontpoint
(Oise), 15. Necrópolis de Rouliers (Aure, Ardenas), 16. Bennencourt (Yvelines), 17. Thaon (Calvados), 18. Mondeville (Calvados), 19. Varennessur-Seine (Sena y Marne), 20. Vertault (Côte d’Or), 21. Wettolsheim (Alto Rin), 22. Muron (Charente M.), 23. Courcoury (Charente M.), 24.
Clermont Ferrand (Puy de Dôme); 25. Gondole 1 (Puy de Dôme): 26. Gondole 2 (Puy de Dôme); 27. Feurs (Loire): 28. Necrópolis de Saint-PaulTrois-Châteaux (Drôme). B. Restos de caballos en el foso de Saint Just en Chuaussé (Oise); C. Enterramiento individual cerca de Pointpont
(Oise); D. Gran fosa de los caballos de Vertault (Côte d’Or); E. Entrramiento conjunto de 10 caballos y 8 humanos de Gondole (Puy de Dôme);
F. Pozo medieval-moderno con cráneos y pelvis de caballos en el Patio Napoleón del Louvre. Fuentes: A: elaboración propia; B, C, D y F:
Arbogast et al. 2002: 78, 68, 80 y 96, respectivamente; E: foto: U. Cabezuelo - Inrap.
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Especie
Individuos
Kg carne /
pieza
Total kg
Cabra
1
45
45
Zorro
1
-
-
Corderos
14
25
350
Jabalí
1
75
75
Cerdos
4
75
300
Vacas
10
250
2.500
Ciervos
6
80
480
Équidos
11
150
1.650
Burros
6
100
600
Totales
54
-
6.000
Tab.1. Estimación aproximativa de la masa cárnica contenida en el
foso de Cancho Roano a partir del material óseo recuperado (elaborado con los datos faunísticos de Celestino Pérez 2001a y valores
medios de producción cárnica de reses actuales de tamaño mediopequeño. Se mantiene la nomenclatura taxonómica de la publicación original).
Desde el punto de vista cultural, y para verificar el
carácter ritual de las actividades que generaron el
depósito faunístico del foso de Cancho Roano, S.
Celestino y A. Cabrera recurren a relacionarlo con
prácticas cultuales bien tipificadas en los santuarios
galos de la Edad del Hierro, un tema bien conocido y
estudiado por la arqueología francesa que recientemente ha sido también objeto de atención por parte
de la investigación española (Bruneaux, 1991; AAVV,
2000; Brun, 2001; Gabaldón Martínez, 2003, 2005;
Cabanillas de la Torre, 2010).
caballos completos en deposiciones individuales,
múltiples, acompañadas de huesos humanos o de
otras especies en numerosos puntos de la geografía
francesa durante la época de La Tène. Sitios como
Gournay-sur-Aronde, Vertault o Ribemont-sur-Ancre
constituyen ya verdaderos hitos en la investigación
de este fenómeno (Fig. 6).
El panorama en la Península Ibérica dista de ser
semejante (Fig. 7) y los casos donde se han descrito
actividades cultuales relacionadas con restos óseos
de caballos (González Blanco et. al., 1985; Quesada
Sanz y Zamora Merchán, 2003; Quesada Sanz y
Gabaldón Martínez, 2008) son escasos –poco más de
media docena–, problemáticos –como los de La Rioja
o Castellón, cuya cronología es dudosa– o geográficamente concentrados, como los de la región de
Urgel, que se relacionan con su proximidad al mundo
galo. Además, algunos presentan peculiaridades,
como el carácter prenatal de los esqueletos ilerdenses, que se podrían relacionar con la deposición de
cadáveres infantiles en espacios domésticos en distintos puntos del Hierro peninsular; o los anómalos
contextos funerarios de Jumilla o La Pedrera. En
cualquier caso, dentro de este panorama, el hallazgo
de Cancho Roano queda extremadamente descontextualizado.
Es cierto que existen algunas concurrencias entre la
materialidad arqueológica de los santuarios galos y
lo que aparece en Cancho Roano, en particular la
existencia de fosos de circunvalación en los que se
han descrito prácticas cultuales que incluyen la
realización de banquetes colectivos donde se ingiere
carne. Pero son muchas más las diferencias que las
similitudes que pueden establecerse entre ambos
fenómenos históricos.
En primer lugar, las prácticas cultuales descritas en
el territorio francés se encuentran contextualizadas
en un espacio donde las evidencias son abundantes
e inequívocas, hasta el punto que puede afirmarse
que este tipo de ritos, que en numerosas ocasiones
involucran caballos (pero, sobre todo, armas), constituye un elemento identitario de algunas sociedades
prerromanas de la Galia. Así, encontramos fosas con
196
Fig. 7. Distribución de sitios con restos de caballos que se han
relacionado con prácticas cultuales en la Península Ibérica durante
la Edad del Hierro: 1. Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia);
2. La Regenta (Burriana, Castellón); 3. Alcalá de Chivert (Castellón);
4. Els Vilars (Arbeca, Lérida); 5. Tossal del Molinet (El Poal, Lérida);
6. Necrópolis de La Pedrera (Vallfogona, Lérida); 7. Santa Ana
(Logroño); 8. Cancho Roano (Zalamea, Badajoz)
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MUERTE Y TRANSFIGURACIÓN: CREMACIONES, HECATOMBES Y SACRIFICIOS EN EL FINAL DE CANCHO ROANO
Por otro lado, existen también diferencias cronológicas. Los santuarios galos se fechan en la Segunda
Edad del Hierro, sobre todo a partir de finales del
siglo IV a.C., estableciendo un lapso de 100 años con
el abandono de Cancho Roano. Esta cronología no es
casual, pues responde al momento en que el caballo
(y las armas) se convierten en los símbolos por
excelencia de la clase social dominante en la Europa
prerromana: la aristocracia ecuestre. En este
contexto, en tanto que provisto de un simbolismo
social de signo aristocrático, es donde cobran su
significado los rituales relacionados con el caballo
en la Francia de La Tène. De hecho, algunas de estas
prácticas cultuales en las que intervienen caballos
se ubican en espacios que son considerados
residencias aristocráticas (Bruneaux y Méniel, 1997).
Este significado hace que el caballo tenga un tratamiento especial y que, a pesar de su protagonismo,
en los banquetes realizados en estos santuarios
jamás aparezcan restos de équidos como objeto de
consumo, incluso aunque la práctica de la hipofagia
esté testimoniada en zonas de hábitat de esas
mismas regiones (Méniel, 1992; Arbogast et al.,
2002; Gabaldón Martínez, 2005). Todos estos elementos hacen diferir grandemente el tratamiento del
que es objeto el caballo en los santuarios galos del
que se observa en Cancho Roano, donde los équidos
son consumidos y arrojados al foso sin diferencias
aparentes con el resto de las especies faunísticas
representadas. Además, en la explicación de las
ceremonias de clausura de Cancho Roano, se omite
cualquier tipo de referencia al papel simbólico del
caballo en los ritos galos, pues en la interpretación
religiosa del yacimiento se huye, como si sobre
ascuas se caminase, de cualquier alusión a elementos aristocráticos que puedan hacer pensar en una
función palacial del sitio.
En cualquier caso, parece claro que existen acusadas diferencias de muy diversa índole (geográfica,
cronológica, etno-cultural…) entre las prácticas
cultuales que tienen lugar en los santuarios galos a
partir del siglo IV a.C. y lo que aconteciera en Cancho
Roano 100 años antes: a la escasez de armas en el
propio yacimiento (Kurtz Schaefer, 2003) se une la
parquedad de evidencias de rituales vinculadas a
restos de caballos en un entorno más amplio y el
diferente tratamiento del que son objeto los animales. Todo ello en un contexto cronológico donde la
clase social representada por la aristocracia ecuestre se encuentra aún en una fase de desarrollo
prácticamente embrionaria (Almagro-Gorbea, 2005),
en particular en algunas zonas donde los comportamientos orientalizantes alcanzaron una inusitada
perduración (Jiménez Ávila, 2008).
Por eso conviene extremar la prudencia a la hora de
interpretar los restos faunísticos y vincularlos de
manera acrítica con prácticas culturales concretas
por simple mimetismo arqueológico. No quiero dejar
de referir un curioso hallazgo producido en Francia
que puede ser revelador a este propósito: en las
excavaciones del Louvre, se encontró una fosa circular en la que, junto a otros muchos restos óseos, se
habían depositado cuidadosamente varias cabezas
de caballo en disposición radial (Fig. 6F). El contexto,
aunque no muy preciso, se situaba en época medieval o moderna. Lo que al respecto señalan los arqueólogos franceses no carece de valor: “dans un
contexte protohistorique, un telle pratique sérait
sans doute qualifiée de rituelle, mais ici elle aparaîtrait fantasiste” (Arbogast et al., 2002: 97).
0DWHULDOHV
Conjuntamente con los restos de fauna, la hipótesis
del banquete final incluye algunas consideraciones
sobre los materiales arqueológicos hallados en el
foso de Cancho Roano. Desgraciadamente, y aunque
en alguna ocasión se ha señalado que su estudio
está ya concluido (Celestino Pérez, 2000: 143), la
práctica totalidad de este volumen de materiales se
encuentra inédita. Solo escapan a este estado unos
pocos objetos, entre los que destacan dos pesadas
piedras de tendencia prismática que, aunque
presentadas de forma preliminar, han sido interpretadas como betilos arrojados al foso, lo que redunda
en el carácter religioso del sitio y en el sesgo ritual
de los últimos momentos del yacimiento (Celestino
Pérez, 2001b: 55). En realidad no es la única vez que
se menciona la existencia de betilos en Cancho
Roano, pues como posibles betilos se han considerado también unos cilindros de piedra pulida que
aparecen en cierta cantidad por todo el complejo
(Celestino Pérez et al., 2003: 326), y a los que ya se
refiriere Maluquer como posibles mazas sacrificiales
(Maluquer de Motes, 1983a: 37, 1983b: 86-87). El
formato de estos objetos y las huellas de abrasión
que algunos tienen en sus extremos animan, más
bien, a tenerlos por percutores o machacadores, tal y
como han sido considerados en otra de las interpretaciones (quizá la menos exótica) que de ellos se han
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hecho (Celestino Pérez y Jiménez Ávila, 1996: 117).
Al igual que sucede con estos estrechos cilindros, y a
falta de una publicación más detallada, creo que
también se debe cuestionar la función betílica de las
dos piezas prismáticas del foso y plantear alternativas más acordes con su forma y su naturaleza,
como, por ejemplo, que se trate de ponderales de
gran formato, que en muchas culturas del Oriente
antiguo se han realizado en piedras duras, como el
basalto o la esteatita (Kisch, 1965).
Pero al margen de estos elementos, la implicación
de los materiales del foso en los ritos de clausura se
basa en apreciaciones generales en las que se
señala una diferencia estratigráfica entre unas
capas, donde aparecen vasos de reducido tamaño
relacionables con las ceremonias de comensalidad
del último momento, y otras superpuestas, donde se
encontraría un material más diverso, que incluye
vasijas de gran formato, correspondientes a los
derrumbes del edificio (Celestino Pérez y Cabrera
Díez, 2008: 193). Lo cierto es que este esquema
estratigráfico contrasta con algunas observaciones
previamente indicadas (Celestino Pérez, 2001b: 56,
2001c: 31) y también con algunas fotografías publicadas, donde se observa que en el fondo del foso conviven sin diferenciación apreciable, restos de huesos,
vasijas pequeñas y grandes fragmentos de ánforas y
recipientes de gran tamaño (Lám. 4). En cualquier
caso, convendrá esperar a la publicación definitiva
del material del foso y a contar con planimetrías
detalladas para poder determinar algunas cuestiones que contribuyan a aclarar todo esto (por
ejemplo, sorprende que no se indique nada acerca
del índice de reconstructibilidad de los materiales
atribuibles al supuesto banquete, puesto que si se
han arrojado enteros, y después se han sellado,
cabría esperar que fuera muy elevado).
Los materiales del foso se emplean también para
establecer una diferenciación entre el banquete
comunal, que se habría celebrado al exterior del
recinto, y otras prácticas comensales de carácter
privado que habrían tenido lugar en el interior del
edificio. La ausencia de materiales nobles –como el
bronce– entre los restos del foso sostendría esta
interpretación (Celestino Pérez y Cabrera Díez, 2008:
193). Sin embargo, también aquí caben explicaciones
más sencillas. Así, si como todo parece indicar, el
foso se ha usado como basurero, es difícil pensar
que hayan ido a parar a él objetos de bronce que,
198
Lám. 4. Vistas de la excavación del Foso de Cancho Roano. Fuente:
Celestino Pérez y Cabrera Díez, 2008: 45 y Celestino Pérez, 2001b: 56.
aunque rotos o en desuso, pueden ser recuperados
para su reciclaje. Los pocos objetos de bronce reseñados corresponden a artefactos de escasa masa
metálica, como fíbulas o asadores. Más extraña
resulta la ausencia de herramientas de hierro
relacionadas con la carnicería que, en función de las
prácticas rituales que se han descrito, deberían
haberse depositado en el fondo del foso con el resto
del banquete, perpetuando así su sacralidad.
Por otra parte, entre los escasos materiales que se
han publicado del foso se encuentran, precisamente,
algunos de los objetos de prestigio más señalados
del yacimiento: las cerámicas de figuras rojas, de las
que se han reconocido restos de al menos cinco
copas –por cierto y, a partir de los datos publicados,
con un bajísimo índice de reconstructibilidad (Gracia
Alonso, 2003) (Fig. 8). Por tanto, no es correcto que
entre los materiales del foso no haya elementos
“nobles” o de convivialidad aristocrática.
Finalmente, hay que señalar que la sugerencia de un
banquete dual, de carácter amplio y comunal en el
exterior del edificio y de carácter restringido en el
interior del mismo sugiere implícitamente una
diferenciación social en el uso de los espacios que
abre, necesariamente, una serie de cuestiones
trascendentes en la lectura funcional de Cancho
Roano referidas al rango social de los diferentes
grupos de comensales, a los privilegios de acceso de
unos y otros etc. que convendría contrastar con el
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MUERTE Y TRANSFIGURACIÓN: CREMACIONES, HECATOMBES Y SACRIFICIOS EN EL FINAL DE CANCHO ROANO
restos, o el hecho de que las evidencias se concentren en la parte trasera del complejo, lo que apuntaría a su carácter detrítico, así como la heterogeneidad de artefactos y ecofactos que aparecen en la
capa arenosa formada por el légamo del fondo,
donde están ausentes los objetos de bronce y las
herramientas de hierro usadas en el despiece. Las
similitudes con los enclos franceses son más aparentes que reales y no está de más señalar que,
también en este ámbito, se han producido abusos
interpretativos. Como señala P. Méniel (2000: 268),
uno de los investigadores que más tiempo ha dedicado a estudiar las faunas de los santuarios galos “les
enclos entourant les fermes et les résidences sont
un lieu privilégié de rejets des déchets domestiques”.
'(55,%26<6(//$'26
Después de los supuestos banquetes celebrados en
el foso, S. Celestino propone la realización de una
serie de operaciones de clausura de las ruinas que
perpetuaran su carácter sagrado, a saber: la demolición de parte del edificio y el sellado del mismo y de
su entorno, incluido el foso. Ambas cuestiones
habían aparecido ya sugeridas en los trabajos de
Maluquer.
Fig. 8. Copas áticas de Figuras Rojas del foso de Cancho Roano.
Fuente: Gracia Alonso, 2003: 128.
modelo de espacio religioso que se propone en estas
lecturas.
Por tanto, considero que la hipótesis del banquete
final de Cancho Roano incluye altas dosis de subjetividad, que se apoya en una interpretación distorsionada de los datos arqueológicos –que son susceptibles de lecturas alternativas más acordes con las
circunstancias del registro– y que, incluso, incurre
en contradicciones esenciales dentro de su propio
modelo explicativo. Las lecturas alternativas apuntan
hacia el uso del foso como una zona habitual de
vertidos usada durante el tiempo en que la cava
estuvo funcionando conjuntamente con las edificaciones del complejo, explicación que, curiosamente,
es la que inicialmente se les otorgó a estos restos,
que se consideraban “provenientes de los desechos
del santuario” (Celestino Pérez, 1997: 368). Así
parecen confirmarlo la forma en que aparecen los
Las operaciones de demolición se centran en el
desmonte de las esquinas de piedra de la terraza del
edificio principal, que aparecieron semidestruidas.
Conforme a los presupuestos de Maluquer (1983a:
36, 1983b: 140), estos trabajos tendrían como objetivo facilitar el ascenso hacia el montículo en la fase
de las cremaciones. En el modelo de S. Celestino
(2001a: 53) la justificación resulta más difícilmente
sostenible, puesto que estas cremaciones ya están
descartadas, proponiéndose en su lugar que las
esquinas se destruyeran para facilitar el acceso a las
personas encargadas de arruinar el edificio.
Además, si en la época de Maluquer este palanqueo
deliberado de las grandes piedras de la terraza
podría haber sido aceptable desde el punto de vista
arqueográfico, en época de Celestino surge un
obstáculo grave, habida cuenta de que ya se conocía
la existencia del foso: ¿a dónde fueron a parar estas
piedras una vez arrancadas? Porque ni en la excavación de los pasillos perimetrales ni en el fondo del
foso –donde habría sido esperable encontrarlas–
parece que hayan aparecido.
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Bajo mi punto de vista, las esquinas de la terraza
nunca fueron palanqueadas, y si se hallaron
semidestruidas se debe, únicamente, a los procesos
erosivos que han afectado al yacimiento a través de
los siglos y que, como es comprobable a través de
procesos tafonómicos análogos, tienden a ir limando
los perfiles angulosos y sobresalientes para generar
formas redondeadas de aspecto alomado. La excavación del cercano edificio de La Mata en sus primeras
fases aporta una prueba de cómo, en este tipo de
yacimientos, las esquinas salientes se van desmoronando antes que las zonas centrales (Lám. 5). Una
vez colmatado el foso, en época romana o posterior,
estas piedras, que estorbarían a los trabajos agrícolas, habrían pasado a formar parte de los majanos
que pueblan las proximidades del yacimiento y donde
se encuentran en abundancia andesitas de características y tamaño similares a los que componen la
terraza del monumento.
La segunda operación propuesta, de mayor envergadura que los desmontes de las esquinas, fue la de
sellar todo el yacimiento, incluidos los restos del
banquete del foso, con una capa de arcilla o barro
compactado (Celestino Pérez, 2001a: 53). Al respecto, hay que decir que resulta extraño que dicha capa
no se detectara sobre las habitaciones perimetrales,
cuyo relleno se atribuye al derrumbe y posterior
apelmazamiento de las paredes de adobe, siendo
muy difícil, en numerosas ocasiones, diferenciar
derrumbes y alzados conservados, por presentar las
mismas tonalidades y texturas, al punto que,
muchas veces, las paredes solo se reconocían
cuando se identificaba una línea de revoco, o cuando
los ladrillos de adobe, perfectamente colocados,
comenzaban a aflorar en plantas y perfiles, tras un
concienzudo proceso de raspado. Estas dificultades
también se producían en los trabajos del interior del
edificio central, como queda de manifiesto en algunos cortes y secciones involuntarias que sufrieron
las paredes de adobe en los primeros años de la
excavación y que aún hoy son visibles. Más llamativo
resulta aún que dicha capa de arcilla no se reconociera en las primeras secciones del foso realizadas
en los sectores norte y sur, donde el sedimento se
caracteriza por su consistencia húmeda o arenosa
(Celestino Pérez y Jiménez Ávila, 1993: 65-66; Celestino Pérez et al., 1996: 243), propia de una deposición
de tipo palustre. Tampoco se detectó en un corte
realizado en el sector norte en 1992 (CN92) que
atravesó el foso de lado a lado por esta zona. Esto es
tanto más significativo por cuanto estos sectores del
Lám. 5. Edificio post-orientalizante de La Mata (Campanario) al comenzar las excavaciones, donde se observa el mayor deterioro de los
muros en la zona de las esquinas. Foto: A. Rodríguez Díaz, Archivo Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Extremadura.
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foso se excavaron enteramente con medios manuales, mientras que en el resto, y una vez comprobada
la existencia de un grueso estrato de época romana,
estos niveles superiores se retiraron con medios
mecánicos. Pero es que, además, parece que la
existencia de este estrato de sellado tampoco debía
ser tan evidente en el resto del foso, puesto que en
un artículo escrito con la mayor parte del mismo ya
excavado, S. Celestino (1997: 370) afirma que “El
sellado no afectó al foso por el ímprobo trabajo que
ello hubiera supuesto…”; mientras que en otras
publicaciones, la estratigrafía del foso se describe
como formada únicamente por tres estratos: 1)
huesos y cerámica, 2) destrucción y 3) basuras
romanas (Celestino Pérez, 2001b: 56, 2001c: 31), sin
que haya cabida para la supuesta capa de sellado
ritual, suscitando con ello más que justificadas
dudas sobre su existencia.
Aquí, como en el caso del destino de las piedras
esquineras, tampoco parecen haberse planteado las
soluciones a algunos interrogantes que este dudoso
sellado suscita como, por ejemplo, si en el momento
de producirse el sellado el foso estaba lleno de agua.
Porque si, como parece inferirse del actual comportamiento del foso, esto era así, el trabajo de tapar y
compactar con arcilla los restos sumergidos del
supuesto banquete habría sido, no ya ímprobo, sino
prácticamente imposible.
No parece que se hayan realizado análisis granulométricos sobre los sedimentos del foso que permitan
ir reconstruyendo el proceso de desecación. En todo
caso, y a la vista de los datos publicados, se puede
plantear que, tras el abandono de las ruinas, el foso
sufrió un natural proceso de colmatación en el que,
sobre los vestigios del incendio (evidenciados por
algunas capas de carbón) se fueron depositando
progresivamente los restos de los derrumbes y de la
erosión de unas edificaciones constituidas fundamentalmente con tierra y arcilla. De ahí que las
capas sedimentarias, compactadas por el tiempo y
por la presión del agua, pudieran haber tenido en
algunas zonas esa tonalidad arcillosa viva tan propia
de algunos suelos o revestimientos de Cancho
Roano.
De modo análogo, nada hace pensar que el resto del
complejo sufriera un proceso de sellado deliberado,
ni que sus estratos superiores fueran otra cosa que
los derrumbes de sus milenarias paredes de adobe
compactados por el tiempo y la lluvia.
-2$12)$5&/$'21&(//$(1/$+2*8(5$
El tercer componente dramático del escenario de
clausura catártica que contempla la reciente interpretación de los restos del foso de Cancho Roano es
el de la celebración de sacrificios humanos. La
posibilidad de estas prácticas también había sido ya
indicada por Maluquer, que utiliza el término ‘sacrificio’ abundantemente en la descripción de las
ceremonias que se realizarían sobre las ruinas del
edificio durante su etapa de uso como crematorio, en
su ya descartada interpretación funcional del sitio.
No obstante, el empleo que hace Maluquer de este
concepto es genérico y ambiguo: ocasionalmente
habla de sacrificios incruentos y la mayoría de las
veces va unido a palabras como libaciones y cremaciones, para identificar, de modo genérico, las
prácticas funerarias que se realizarían en el ustrinum. Solo en contadas ocasiones las alusiones son
algo más claras, como cuando señala que las ruinas
se convierten en un “veritable ustrinum on es realitzen ofrenes, sacrificis, fins i tot humans…” (Maluquer
de Motes, 1983a: 35) o cuando escribe que “sacrificios masculinos aparecen en un caso, cerca ya de la
utilización final. […] El resto se puede decir que se
trataba de inhumaciones femeninas” (Maluquer de
Motes et al., 1986: 53). Pero, incluso en estos casos,
surge la duda de si se está refiriendo verdaderamente a inmolaciones humanas, visto el contexto de las
frases, donde aparecen otros términos usados con
descuido, como el de inhumaciones, nunca registradas en el yacimiento.
El tema de los restos humanos en Cancho Roano
merece un breve repaso bibliográfico, toda vez que a
partir de ellos se ha propuesto de nuevo, y esta vez
sin ambages, la existencia de dichos sacrificios. La
ausencia o escasez de huesos humanos siempre
sorprendió a Maluquer, pues encajaba mal con su
concepción funeraria de las ruinas del complejo.
Maluquer identifica algunos restos humanos entre
8 Hace poco utilicé, con amplias libertades, los nombres de las pistas del álbum Architecture & Morality del grupo musical OMD para
encabezar los diferentes apartados de un artículo que trataba sobre la arquitectura de Cancho Roano (Jiménez Ávila, 2009). La aparición de
los huesos de una mujer joven en el foso, vinculada con los supuestos ritos de clausura y el incendio final, me permite recuperar ahora –con
la misma libertad– uno de los títulos de ese disco que entonces, por razones temáticas, tuvo que quedarse en el tintero.
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las cenizas de las habitaciones E-2, E-4 y E-5 y
afirma que estaban siendo analizados por el Dr. D.
Turbón. Sin embargo, el Dr. Turbón, con quien me
puse en contacto epistolar con motivo de este
asunto, me confirmó que en su laboratorio nunca
habían entrado huesos procedentes de Cancho
Roano, aunque cabría la posibilidad de que hubiera
examinado de manera informal algunos restos en el
Departamento de Prehistoria de la Universidad de
Barcelona en los años ochenta. Por tanto, estimo
que debemos guardar las máximas reservas sobre la
identificación de estos restos así como sobre todas
las inferencias cuantitativas, antropológicas y culturales que de ellos se han derivado (Tab. 2). Por otra
parte, los datos que se han publicado sobre una
revisión del material osteológico del edificio de
Cancho Roano tampoco resultan de gran ayuda. Así,
conociendo los procedimientos metodológicos de la
época, no cabría esperar que si los huesos identificados como humanos fueron aislados para su análisis en Barcelona fueran posteriormente reintegrados
con el resto del material óseo al Museo de Badajoz.
Además, las indicaciones son confusas, pues si en
1997 se afirma que los nuevos análisis no avalan la
presencia de restos humanos, en 2001 se informa de
que los análisis están aún en fase de realización
para, posteriormente, reseñar que sí hay restos
humanos en la zona este del edificio, un lugar donde
nunca se habían identificado (Tab. 2).
Estos supuestos restos de la zona oriental del edificio podrían corresponder, según S. Celestino, a una
mujer joven cuya cabeza se halló en las excavaciones
del foso, situación que justifica –y aquí volvemos al
origen del discurso– la existencia de sacrificios
humanos.
Bajo mi punto de vista, y revisada la bibliografía
sobre el tema, esta cabeza es el único vestigio óseo
de la especie humana que resulta incuestionable,
pues el material del foso es el único que, según nos
consta, ha sido estudiado por especialistas. Desgraciadamente, lo desconocemos todo sobre este ítem:
si se trata de una cabeza completa (cráneo+maxilar)
o de un fragmento aislado, o si presenta o no huellas
de violencia.
No obstante, y aún con todas estas limitaciones en la
información, cabría preguntarse si este vestigio
resulta suficiente para verificar la existencia de
sacrificios humanos entre las prácticas que, supues-
202
tamente, se celebraron con motivo de la clausura del
complejo de Cancho Roano. Primero, porque es
aceptado para la Edad del Hierro que no todos los
individuos tendrían acceso a una sepultura diferenciada, con lo que surge el problema de qué se hacía
con los demás cadáveres. Por otro lado, porque la
arqueología del Guadiana Medio ha aportado recientes indicios sobre el uso de cráneos aislados que no
tienen por qué ser evidencia de sacrificios, como los
hallados completos en varias sepulturas de cremación y depósitos en la necrópolis de Medellín
(Almagro-Gorbea, 2008: 965). Finalmente, porque en
el vecino edificio de La Mata, donde en ningún caso
parecen poder describirse prácticas cultuales como
las que se quieren para el final de Cancho Roano,
también se ha detectado la presencia de restos
dentarios humanos (Rodríguez Díaz, 2004: 453).
Por tanto, son múltiples las explicaciones que podrían justificar la presencia de un cráneo humano en el
foso de Cancho Roano que no implican, necesariamente, la perpetración de sacrificios rituales en el
yacimiento: podrían formar parte del mobiliario de
este tipo de edificios (como sugeriría su hallazgo en
La Mata) o podrían pertenecer a individuos de bajo
rango que no han tenido acceso a una sepultura
definitiva. Ello, sin olvidar situaciones prehistóricas e
históricas donde los cráneos humanos se han usado
para las más diversas y asombrosas utilidades
(Quigley, 1963).
Inferir la existencia de sacrificios humanos de unos
vestigios tan débiles parece, en suma, una prueba
más de lectura subjetiva y extralimitada de los datos
arqueológicos, impuesta por planteamientos previos
que, en este caso, orbitan en torno al vector religioso
y cultual como único factor posible de explicación de
todo cuanto sucede en Cancho Roano y su entorno
inmediato, desde su origen hasta su final, y que
coincide con lo que hemos venido observando en los
apartados anteriores.
&21&/86,21(6
A lo largo de tres décadas de excavaciones y estudios, los restos de Cancho Roano han sido objeto de
diversas lecturas y valoraciones históricas y culturales. En este trabajo, y desde una perspectiva eminentemente crítica, he examinado algunas de las
interpretaciones que, a mi juicio, se han formulado
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REFERENCIA
TEMA
OBSERVACIONES
Maluquer 1980: 260
“Los huesos, cuidadosamente retirados, eran enterrados, en otro lugar. […] serían confiados a urnas y
enterrados […] en el propio túmulo o en cualquier
otro lugar. […] No podemos descartar la posibilidad
de que fueran arrojadas a la corriente del arroyo
Cagancha…”
Distintas propuestas ante la ausencia de huesos
de la primera campañas. La hipótesis de arrojar
los huesos al arroyo será resucitada en 1987, en
un trabajo que no llegó a publicarse y que aparece
citado en algunas obras de los años 90 (p.ej.
Celestino 1992).
Maluquer 1981: 22
“E4 y E5 se excavaron hasta una profundidad
superior a 2 m (…). Por primera vez aparecieron
huesos humanos incinerados pero dispersos, en
especial restos de dos mandíbulas, una cabeza de
fémur y algunos restos más convertidos en puro
carbón que se hallan en estudio”.
Se refiere a los mismos restos procedentes de E4
y E5. El Prof. Turbón, en 2009, me indica que
nunca pasaron huesos de C. Roano por su laboratorio, aunque es posible que les “echara un
vistazo” a algunos de ellos en el Dpto. de Prehistoria de la Universidad de Barcelona.
Maluquer 1981: 112
“… a esa misma profundidad aparecieron los
primeros restos humanos seguros quemados con
parte de un maxilar y una cabeza de fémur que han
sido analizados por el profesor D. Turbón”.
Maluquer 1981: 116,
Fig. 45 (pie).
“Por primera vez entre los carbones aparecieron Perfil estratigráfico correspondiente a la habitaalgunos restos de huesos humanos muy estropea- ción H-1 donde se señala la presencia de huesos
(“ossos”).
dos por la cremación”
Maluquer 1983a: 37
“Hi ha molts aspectes encara no ben aclarits. Un Entre las dudas por aclarar, señaladas en este
d’ells és la presencia entre les cendres d’alguns trabajo, estarían si corresponden a cremaciones o
ossos humans (pocs) que a tot estirar correspon- a posibles sacrificios.
drien a una dotzena de persones […]”
Maluquer 1983b: 140
“… la aparición por lo menos de cinco enterramientos de incineración fuera del edificio nos había
llevado a creer que a su alrededor se extendía un
área de necrópolis”.
Estos “enterramientos”, cuya cuantificación parece citarse de memoria, se identificaban por la
aparición de urnas y objetos completos colocados,
nunca por la presencia de huesos.
Maluquer et al. 1986: 60
“Únicamente sacrificios masculinos aparecen en un
caso, cerca ya de la utilización final. Restos humanos
masculinos se encontraron en la puerta que
comunica E-1 con E-2. El resto se puede decir que
se trataba de inhumaciones femeninas”.
La terminología de este párrafo resulta confusa.
Tanto los términos “sacrificio” como “inhumaciones” parecen alejados no solo de la realidad,
sino de la propia idea que pretende expresar el
autor.
Almagro et al. 1990: 277
“Estas no ofrecen evidencias de ser sacrificios
humanos sino más bien víctimas del citado incendio:
6 mujeres probablemente caídas de la planta alta y
un hombre…”
A partir de los datos bibliográficos publicados por
Maluquer se hace esta relectura, muy libre, de los
restos humanos supuestamente hallados en el
edificio central.
Celestino 1997: 363
“Maluquer […] hace una confusa referencia a la
presencia de algún fragmento de hueso humano […]
sin embargo, tras los análisis efectuados últimamente, no han podido ser convalidados”.
Celestino 2001a: 52
“En el interior del edificio también se hallaron una Aunque se refiere a huesos de animales, hallados
buena cantidad de huesos […] hoy todavía en fase de en el edificio central, esta afirmación afecta a lo
dicho en 1997.
estudio preliminar…”
Celestino 2001a: 53
“… son muy parcos los datos […] sobre la presencia En torno al tema de los sacrificios.
de huesos humanos […], aunque hay claras evidencias en el foso”.
Celestino et al. 2003: 306
“Tras los minuciosos análisis realizados […], solo se
ha podido documentar la existencia de una joven de
unos 20 años cuyos huesos han aparecido esparcidos por la zona oriental del edificio [:] alguna costilla
y huesos menores.”
“En la excavación del foso del año 2000 […] apareció
la cabeza de la joven, de la que […] no se recuperaron sus extremidades.”
Celestino y Cabrera 2008: 193 “…se halló el cráneo de una joven que también debió Se refiere al sector sur del foso.
ser sacrificada en el ritual”.
Tab. 2. Cuadro sinóptico con el problema de los huesos humanos en la bibliografía de Cancho Roano.
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con mayores dosis de subjetividad y desde posicionamientos interpretativos más claramente preconcebidos.
Todas ellas presentan una serie de lugares comunes
que se refieren a la realización de grandes ceremonias rituales en las que intervienen el fuego, los
sacrificios humanos o animales, las hecatombes,
etc. generando un escenario de corte dramático o
catártico que las unifica. Todas ellas cuentan con
una débil base empírica que intenta adecuarse a la
interpretación en lugar de ir amoldando las hipótesis
a los datos, como parece el proceder más lógico y,
desde luego, el más metodológico. Finalmente,
todas ellas muestran similar menosprecio por el
análisis de los procesos tafonómicos y post-deposicionales como vía adecuada para explicar muchas de
las circunstancias sedimentarias y contextuales del
registro.
A estos presupuestos heurísticos respondía la Teoría
de las Cremaciones de J. Maluquer, el primer
excavador del sitio que, en función de sus analogías
con las sepulturas tartésicas, concebía el yacimiento
como un gran espacio funerario donde se habrían
realizado sacrificios y cremaciones rituales.
También la Teoría de los Altares de Ceniza, que
identificaba las ruinas recién descubiertas con instalaciones cultuales mencionadas en las fuentes clásicas, o con fenómenos arqueológicos bien tipificados
en zonas del Mediterráneo oriental y de Centroeuropa.
En ambos casos, el carácter novedoso y extraordinario del recién descubierto yacimiento, y el desconocimiento generalizado de su contexto histórico y cultural, actuaban como factores fundamentales a la hora
de justificar este tipo de explicaciones hoy descartadas.
Sin embargo, en fecha más reciente, con un grado de
conocimiento muy superior sobre la propia realidad
del yacimiento y sobre el escenario histórico de la
Extremadura post-orientalizante, han vuelto a plantearse hipótesis de tipo catártico para explicar el
final de Cancho Roano, recuperando muchos de los
elementos presentes en las antiguas propuestas:
banquetes y hecatombes, demoliciones y sellados,
sacrificios humanos, etc. Todo ello entendido bajo el
204
unívoco y excluyente prisma de la funcionalidad
religiosa del lugar.
Un repaso a estos recientes planteamientos, a la
vista de las evidencias arqueológicas que los sustentan, pone de manifiesto que, como en el caso de las
lecturas antiguas, las nuevas apenas resisten una
mínima crítica razonada. Y que, no pocas veces, son
contradictorios con las observaciones registradas en
el campo, cuando no con su propia trayectoria lógica
y bibliológica.
De este modo, los restos atribuidos a banquetes,
hecatombes y actividades deliberadas de demolición
y sellado rituales, pueden interpretarse, con más
verosimilitud, como la evidencia fosilizada de un
simple proceso tafonómico, que consistió en la lenta
y progresiva formación de un yacimiento arqueológico a partir de unas edificaciones originales de piedra
y adobe que, antes de pasar por una fase de ruinas,
sufrieron la destrucción causada por un incendio y el
consiguiente abandono por parte de sus moradores,
a finales del siglo V a.C.
Así, los restos de fauna y cerámicas fragmentadas
del lecho del foso parecen responder a la utilización
como basurero que, subsidiariamente, se le otorgó a
esta substrucción, coincidiendo, en uso y forma, con
lo que ha sido siempre habitual en este tipo de recintos defensivos. Las consideradas como capas de
sellado deben corresponder a los adobes que formaban las paredes de las edificaciones, una vez
descompuestos y apelmazados tras los derrumbes
progresivos de las mismas; y los desmontes de las
esquinas parecen el resultado de fenómenos postdeposicionales a largo plazo. Por su parte, la presencia de un cráneo en el foso, contemplada en el
contexto del Guadiana medio en época protohistórica, difícilmente justifica que se pueda hablar de
sacrificios humanos.
Con todo ello, la existencia de los “ritos de clausura”
recientemente propuestos para el final de Cancho
Roano se nos muestra como el producto de una
lectura excedida y poco reflexionada de los datos
arqueológicos que recuerda en fondo y forma a las
que, 20 años antes, plantearan J. Maluquer y A.
Blanco sobre este mismo yacimiento y que, como
ellas, parece estar llamada a desvanecerse a medida
que se vayan proyectando nuevos enfoques críticos
sobre sus planteamientos.
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Este hecho cobra mayor importancia desde el
momento en que, en sus argumentarios para sostener su teoría funcional sobre Cancho Roano, S.
Celestino (2001a: 51, 2001b: 74) señala que “tal vez
sea el proceso que sufre el santuario en su destrucción lo que indique de forma más clara su innegable
función religiosa”. Cuestionada, por tanto, la existencia de estos ritos de clausura desaparece lo que, en
palabras del propio Celestino, constituye uno de los
principales pilares de su teoría funcional.
Hay que señalar que este planteamiento deconstructivo aquí expuesto no se opone a la presencia de
elementos rituales (no confundir con religiosos) en
Cancho Roano, incluso en los momentos de su
abandono y destrucción final. Asociados al incendio
del complejo que, hoy por hoy, sigue pareciendo la
interpretación más viable, se encuentran elementos
que son difícilmente legibles bajo una perspectiva
distinta de la simbólica o ritual, como el tapiado de
la puerta de H-1 o la deposición de un soliferreum
doblado en el patio. No obstante, este acontecimiento se enmarca dentro de un proceso histórico más
amplio, en el que hay que incluir el incendio y abandono de otros edificios como el de La Mata donde no
se han descrito fenómenos rituales de similar naturaleza (Rodríguez Díaz, 2004; Jiménez Ávila, 2008).
Tampoco se oponen estas lecturas críticas a la
importancia que tienen en Cancho Roano algunos
componentes que aquí se han revisado, en particular
los relacionados con el caballo, que deberían ser
objeto de un estudio de conjunto que aunara las
evidencias iconográficas, ecuestres y osteológicas
(cuando se publiquen de forma detallada). Con ello
se contribuiría a explicar mejor la presencia de este
singular animal en el yacimiento en la línea de lo
que, con carácter más amplio, se está realizado en
otros ámbitos de la Protohistoria peninsular (Quesada Sanz y Zamora Merchán, 2003).
En cualquier caso, parece claro que, de cara a este
futuro científico, resultará imprescindible contar con
la publicación detallada de las últimas campañas de
excavaciones realizadas en Cancho Roano entre 1992
y 2000. Presentadas las memorias de las naves
perimetrales hace 16 años, quedan aún pendientes
las de los edificios más antiguos y las del foso, a
pesar de haberse señalado su inminencia en varias
ocasiones (Celestino Pérez, 2001a: 17; ver también
nota 2). Este lapso, excepcionalmente largo en la
trayectoria editorial del yacimiento, empieza a actuar
ya como un pesado lastre para el conocimiento de un
sitio que sigue siendo clave en la Protohistoria de
Extremadura y del suroeste ibérico en general.
En un plano más amplio, conviene conceder mayor
valor a los procesos tafonómicos en la explicación
arqueológica puesto que, en la mayor parte de las
ocasiones, su incidencia es fundamental en la
formación del palimpsesto. Puede que, como en el
caso que nos ocupa, atribuir a la fase post-deposicional determinadas características de los restos
arqueológicos tienda a aproximar las interpretaciones al ámbito de lo prosaico y lo cotidiano y, simultáneamente, a alejarlas de las explicaciones de corte
dramático, que sin duda son más impactantes. Pero
no es menos cierto que, si privilegiamos este tipo de
enfoques catárticos, no estaremos en disposición de
sorprendernos cuando sitios como Cancho Roano y
su foso acaben siendo interpretados como una
reproducción a escala de la mítica Atlántida.
$*5$'(&,0,(1726
Deseo manifestar mi agradecimiento a Antonio
Rodríguez Hidalgo por sus aportaciones fundamentales en materia de zooarqueología, que han contribuido a mejorar sustancialmente el trabajo. Igualmente, a Raquel Nodar, arqueóloga encargada de
coordinar al grupo de alumnos de la Escuela Taller
de La Serena que colaboró en los trabajos de excavación del foso de Cancho Roano entre 1996 y 1997. Al
Prof. D. Turbón por sus indicaciones sobre los huesos presuntamente humanos de las excavaciones de
los años ochenta. Finalmente, también a la empresa
Expociencia S.L., en particular a Beatriz Farias, y al
CEDER de La Serena por su cesión de las magníficas
recreaciones del “banquete” de Cancho Roano y del
incendio del edificio de La Mata, esta última realizada por la empresa Entorn S.L.
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207
CRÓNICA
La presente crónica da cuenta de las actividades desarrolladas en el Conjunto Arqueológico Dólmenes
de Antequera en el año 2011.
DEL CONJUNTO
ARQUEOLÓGICO
DÓLMENES DE ANTEQUERA 2011
información aparece recogida en el acuerdo capitular del Ayuntamiento de Antequera de 19 de febrero de 1887.
„ Creación de la Comisión Técnica. El Decreto
352*5$0$,167,78&,21$/
La actividad dentro de este programa se ha dedicado
a reforzar la institución desde una doble perspectiva.
En el ámbito interno, la Consejería de Cultura de la
Junta de Andalucía ha creado la primera Comisión
Técnica del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, órgano imprescindible, cuyas aportaciones
han enriquecido el trabajo que se ha desarrollado
este año. En cuanto a las relaciones institucionales
externas, se han dirigido a la colaboración con organismos que apoyaran la idea de iniciar el expediente
para la inclusión de los dólmenes de Antequera en la
lista de Patrimonio Mundial. Las iniciativas desarrolladas han sido:
280/2010 por el que se crea el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera como servicio administrativo con gestión diferenciada regula la
creación de la Comisión Técnica como órgano
consultivo y de asesoramiento de carácter colegiado. Dicha Comisión está presidida por la persona titular de la Dirección del Conjunto Arqueológico y está compuesta por seis vocales cuyas funciones son las siguientes:
a) Actuar como órgano de consulta y asesoramiento.
b) Proponer cuantas medidas y sugerencias estime
oportunas para la conservación y mejora de la
Zona Arqueológica.
„ Conmemoración del 125 aniversario de la declaración (Lám. 1) por Real Orden de 1 de junio de
1886, de Menga como Monumento Nacional. La
c) Informar los proyectos de Plan Director y de Plan
Anual de la institución.
Lám. 1. Composición conmemorativa del 125 Aniversario. Diseño: Carmen Jiménez del Rosal.
208
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
0(1*$
03
d) Informar los programas anuales de protección,
conservación y restauración, investigación y difusión.
e) Actuar, con facultades de propuesta, como consejo de redacción de las publicaciones del Conjunto Arqueológico.
f) Dictaminar acerca de cuantas cuestiones y propuestas le sean sometidas.
Por Orden de 4 de febrero de 2011 fueron nombrados por un período de tres años renovables,
las siguientes personas como vocales de la Comisión: Leonardo García Sanjuán y José Enrique
Márquez Romero, arqueólogos, José Ramón Menéndez de Luarca Navia Osorio y Aurora Villalobos Gómez, arquitectos, María Isabel Olmedo
Ponce, restauradora, y María del Carmen Rodríguez Oliva, historiadora del Arte. La Comisión
Técnica quedó constituida el 21 de marzo (Lám.
2), primera de las tres ocasiones en las que se
reunieron a lo largo de 2011.
„ Colaboración en la organización y participación
en el Seminario Internacional sobre Megalitismo
y Convención de Patrimonio Mundial que se encuadra dentro del marco del Programa Temático
de Patrimonio Mundial, Evolución Humana de la
UNESCO. El encuentro tuvo lugar entre los días
20 y 24 de septiembre de 2011 en las localidades
de Antequera y Málaga y en él se reunieron más
de 40 expertos internacionales y gestores de sitios declarados Patrimonio Mundial. Fue organizado conjuntamente por el Centro de Patrimonio
Lám. 2. Integrantes de la Comisión Técnica fotografiados en Menga
después de la reunión constituyente el 21 de marzo de 2011. De
izquierda a derecha: Rosa Enríquez Arcas, Marisa Olmedo Ponce,
José Ramón Menéndez de Luarca, José Enrique Márquez Romero,
Carmen Rodríguez Oliva, Aurora Villalobos Gómez y Leonardo García
Sanjuán. Foto: Gema Aguilera Gómez.
Mundial de la UNESCO, el Ministerio de Cultura y
la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
El objetivo principal fue reunir a especialistas internacionales para plantear los problemas de los
principales sitios megalíticos inscritos en la lista
y debatir una primera propuesta del Conjunto Arqueológico para la elaboración del expediente de
inscripción de los dólmenes de Antequera en la
lista de Patrimonio Mundial (Lám. 3).
„ El Consejo del Patrimonio Histórico, reunido durante los días 24 y 25 de octubre de 2011 en el
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
209
Lám. 3. Participantes en el Seminario Internacional sobre Megalitismo y Convención del Patrimonio Mundial en el atrio de Menga. Foto: Moreno Estudio Antequera.
Monasterio de El Paular (Madrid), acordó por
unanimidad incluir en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO la candidatura
del Paisaje Megalítico de los Dólmenes de Antequera a propuesta de la Consejería de Cultura de
la Junta de Andalucía. En la asamblea anterior,
celebrada en Antequera los días 7 y 8 de julio de
2011, el Consejo realizó una visita oficial donde
pudo comprobar in situ las cualidades del Conjunto.
avanzada del lugar que se desea visitar, así como
otros datos de carácter comercial, de ocio o gastronómicos. El proyecto se inició con información
sobre Málaga, Antequera y Granada, pretendiendo abarcar la totalidad del territorio andaluz y de
sus recursos culturales y patrimoniales. La totalidad de la aplicación está disponible en 7 idiomas: español, inglés, francés, chino, portugués,
ruso y japonés.
„ Colaboración con la Agencia Andaluza de Institu-
„ Coorganización del acto de clausura del Máster
ciones Culturales en el desarrollo del proyecto de
realidad aumentada (Lám. 4) Rutas Culturales de
Andalucía, una aplicación tecnológica diseñada
para teléfonos móviles tipo smartphone o tabletas (con GPS y brújula) que permite a los usuarios obtener, a través de su geolocalización y mediante realidad aumentada, información cultural
interuniversitario en Arqueología de las Universidades de Granada y Sevilla. Las actividades, celebradas los días 27 y 28 de mayo de 2011, consistieron en una visita a los Dólmenes de Antequera
y al Enclave Arqueológico de Peñas de Cabrera
en Casabermeja y la conferencia de Gonzalo Ruiz
Zapatero, Catedrático de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid (Lám. 5, 6, 7 y
8).
352*5$0$,167,78&,21$/
/1($'('(),1,&,–1
„ Los esfuerzos de la institución en esta línea han
Lám. 4. Puedes descargarte de manera gratuita la
aplicación desde las tiendas Apple Store o Android
Market, o desde este código QR. Operativa para
smartphones y tablets. http://bidi.andaluciatucultura.es
210
ido dirigidos a conseguir para los bienes que tutela la más alta protección. Es por ello que se ha
elaborado la documentación técnica presentada
en el Seminario Internacional sobre Megalitismo
y Convención de Patrimonio Mundial para impul-
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
/¤P
/¤P
/¤P
/¤P
/¤P
/¤P
/¤P
/¤P
Lám. 5. Visita al dólmen de Menga. Foto: Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera.
Lám. 6. Visita al tholos de El Romeral. Foto: Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera.
Lám. 7. Visita al Enclave Arqueológico Peñas de Cabrera en Casabermeja (Málaga). Foto: Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera.
Lám. 8. Conferencia del profesor Ruiz Zapatero en el salón de actos del Museo de Antequera. Foto: Victoria Eugenia Pérez Nebreda.
sar la candidatura de los dólmenes de Antequera
en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.
El expediente fue realizado por José Ramón Menéndez de Luarca, siendo la base de la propuesta
presentada a la UNESCO por el Consejo del Patrimonio Histórico Español.
/1($'(,1&5(0(172
„ Aceptación de donación a favor de la Comunidad
Autónoma de Andalucía de la colección fotográfica y parte de la biblioteca personal del profesor
Michael Hoskin, incluyendo 5.466 fotografías de
sitios megalíticos Europa y del norte de África y
107 publicaciones especializadas sobre megalitismo y arqueoastronomía escritas en castellano,
inglés y francés principalmente (Lám. 9). Publicado en el BOJA nº 61 de 28 de marzo de 2011.
Lám. 9. Imagen del domen de Ta Hammut (Túnez). Fondo
Fotográfico Michael Hoskin.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
211
/1($'('2&80(17$&,–1
„ Gestión del fondo documental y gráfico de los
Dólmenes de Antequera y puesta a disposición
de investigadores y usuarios en general. De este
modo se han atendido casi medio centenar de
peticiones de información.
/1($'(,19(67,*$&,–1
Siguiendo los objetivos marcados en la línea de investigación del Plan Director del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, desde la institución se
propicia la ejecución de diferentes proyectos de investigación, bien sea promoviéndolos directamente o
bien apoyando aquellos de origen externo. Proyectos
que estarán delimitados espacialmente bajo el concepto general de Tierras de Antequera, los límites y
demarcaciones territoriales relacionados con los
dólmenes antequeranos, a partir del análisis de sus
características geográficas, de su morfología geológica, de sus condiciones naturales y de su identificación cultural por parte del ser humano.
Los trabajos de investigación realizados durante
2011 se han limitado espacialmente a un bien determinado, el dolmen de Menga:
„ Informe bioarqueológico y datación radiocarbónica de los dos individuos procedentes de la intervención arqueológica en el atrio del dolmen de
Menga realizada en la primavera de 2005 bajo dirección de Verónica Navarrete Pendón, por parte
de Marta Díaz-Zorita Bonilla y Leonardo García
Sanjuán (este informe se publica en este número
de la revista).
„ Informe zooarqueológico y datación radiocarbónica de los restos faunísticos recuperados de la
parte alta del relleno del pozo de Menga en la intervención realizada en la primavera de 2005 bajo
dirección de Verónica Navarrete Pendón, por parte de José Antonio Riquelme Cantal (este informe
se publica también en este número de la revista).
/,1($'(&216(59$&,–1
212
ler Serratosa y José Ramón Menéndez de Luarca. El proyecto de intervención en Menga parte
de un exhaustivo trabajo de recopilación y análisis de la documentación textual y gráfica existente, una fase que ha durado cuatro años y que ha
puesto en orden información inconexa temporal y
espacialmente. En este trabajo han participado
expertos del ámbito nacional en documentación,
megalitismo, arte rupestre, conservación, arquitectura y paisajismo, especializados en patrimonio histórico, todo ello coordinado desde el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera. El
proyecto busca sacar a la luz la realidad del objeto tal como se ha configurado en su excepcional
historia plurimilenaria: lograr el máximo de conocimiento para llegar a la mínima intervención.
Conocer hasta el último detalle de la compleja
constitución del objeto para evitar que pueda ser
destruido un aspecto ignorado. El esfuerzo realizado en el previo conocimiento del objeto a intervenir facilita que la aproximación a aquel tenga el
carácter de reconocimiento, en el mismo sentido
que se habla de reconocimiento de los méritos
del interlocutor como garantía de respeto.
En el marco de este proyecto de intervención, el
Proyecto de actividad arqueológica puntual de
apoyo a la conservación, fue redactado por José
Antonio Linares Catela.
En el ámbito de la conservación preventiva, se han
realizado varios estudios que llevan a profundizar en
el conocimiento de las causas y fenómenos de alteración existentes y/o posibles como elementos indispensables ante una futura intervención.
„ Elaboración del informe Primera fase de los estudios ambientales y análisis microclimáticos,
realizados sobre el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, Málaga, que forma parte
del Estudio microclimático de los Dólmenes de
Antequera de los años 2009, 2010 y 2011. Ha sido
realizado por Raniero Baglioni y Salvador Valpuesta, técnicos del Centro de Intervención del
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.
„ Se ha apostado fuertemente por el trabajo en
„ Medición de ruidos y vibraciones en el tholos de
esta línea con la redacción del Proyecto Básico y
de Ejecución de consolidación y puesta en valor
del dolmen de Menga por los arquitectos Pau So-
El Romeral con motivo de las obras de la línea de
alta velocidad Antequera-Granada en su tramo
Bobadilla-Peña de los Enamorados a su paso por
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
de inmueble, actualmente en redacción por Arquitectura Campos Alcaide.
352*5$0$ '( 086($/,=$&,–1 < (;326,&,–1
3(50$0(17(
„ La apuesta del Conjunto este año en el Programa
de Musealización ha sido la ejecución del Proyecto de ordenación y conservación del recinto
primero, redactado por José Ramón Menéndez
Lám. 10. Equipo para la medición de ruidos y vibraciones en la
camarita y túmulo de El Romeral. Foto: Gema Aguilera Gómez.
El Romeral (Lám. 10). Estudio realizado por personal técnico de la empresa Vorsevi.
„ Informe sobre la resistencia estructural del dolmen de Menga, elaborado por el estudio de arquitectura Aroca y Asociados.
352*5$0$$548,7(&7–1,&2
„ Dentro del Programa Arquitectónico, la Consejería, ha dado un nuevo impulso al proyecto del futuro Museo de los Dólmenes de Antequera con la
adjudicación del contrato para la redacción del
proyecto y dirección de las obras de adecuación
de Luarca y Pau Soler Serratosa. El punto de
partida de las actuaciones que se han ejecutado
es el concepto actualmente imperante de paisaje
arqueológico. Dentro de dicha concepción se entiende que el valor de las construcciones megalíticas deriva tanto de su monumentalidad en sí
misma como de su dimensión territorial y paisajística. En sustancia este proyecto trata de recuperar, en la medida de lo posible, el magnífico
paisaje que presentaba la zona antes de experimentar los cambios de los últimos tiempos. Un
paisaje en el que una arboleda de olivos y almendros se extendía desde la colina de los túmulos
hasta el cerro de Marimacho, tal como se veía en
las antiguas fotografías. Se ha posibilitado así la
recuperación de un extenso parque, con la plantación de casi 300 árboles, olivos y almendros. Al
mismo tiempo, se han reparando las cercas, se
han creado caminos terrizos y se han eliminado
las acumulaciones de cascotes y tierra (Lám. 11).
Este proyecto ha seguido las pautas marcadas
por el Plan Director del Conjunto Arqueológico
que, en materia de paisaje, asume las recomen-
Lám. 11. Vista del túmulo de Menga desde el Llano de Rojas tras la intervención de Ordenación y Conservación. Foto: Gema Aguilera Gómez.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
213
daciones del estudio encargado por el Instituto
Andaluz del Patrimonio Histórico al Centro de
Estudios Paisaje y Territorio-Universidad de Sevilla, Reconocimiento de los Recursos Paisajísticos
la Semana de la Prehistoria con gran repercusión en
la población escolar y otra puntual, Las Celebraciones de la Luna.
en el Ámbito Próximo de los Dólmenes de Antequera, desarrollado con motivo del Convenio Eu-
2.903
ropeo del Paisaje 2000, ratificado por España en
2008.
23.645
Andalucía
España
Unión Europea
Otros países
352*5$0$'(',)86,–1<&2081,&$&,–1
44.890
La cifra total de visitantes durante 2011 fue de 90.192
(Tab. 1), ascendiendo en más de 8.500 con respecto
al año anterior. Un primer acercamiento a los datos
estadísticos nos hace ver que nuevamente fue abril
el mes de mayor afluencia, seguido de noviembre
gracias al público escolar de origen andaluz que supuso en torno al tercio de las visitas totales en dichos meses. En cuanto a la procedencia (Tab. 2), es
Andalucía el lugar mayoritario casi con el 50% de los
visitantes, seguido de la Unión Europea con un 26%,
del público español no andaluz con casi el 21% frente a un 3% procedente de otros países del mundo.
MES
Nº DE VISITANTES
Enero
4.063
Febrero
7.792
Marzo
8.540
Abril
13.013
Mayo
8.999
Junio
6.997
Julio
3.506
Agosto
4.688
Septiembre
5.641
Octubre
10.044
Noviembre
10.363
Diciembre
6.546
TOTAL
Tab. 2. Visitantes según procedencia durante 2011.
„ III Cursos de Otoño Antequera Milenaria, celebrados en el salón de actos del Museo Municipal
de Antequera los tres primeros y en el del Centro
Unicaja de Cultura el último.
á
Se ha continuado con las actividades consolidadas
en la institución en los últimos años como la organización de la III edición de los Cursos Antequera Milenaria, y las actividades sistemáticas; a las que se ha
incorporado una nueva que se hace dos veces al año,
II Seminario permanente de Historiografía
Francisco María Tubino: Origen y Formación
de las Colecciones de los Museos Arqueológicos Andaluces, celebrado los días 29 y 30 de
septiembre y 1 de octubre de 2011. La dirección científica ha estado a cargo de José Ramón López Rodríguez, director del Conjunto
Arqueológico de Itálica. El objetivo del curso
ha sido analizar historiográficamente la relación que existe entre la actividad arqueológica, como práctica y como investigación, y la
formación de un coleccionismo arqueológico
en su relación con el museo. Los casos prácticos que se expusieron aludieron a varios
museos de Andalucía. El curso se convirtió en
un foro de debate y encuentro para los profesionales que lo impartieron.
90.192
Tab. 1. Total mensual de visitantes en 2011.
214
18.754
á I Seminario de Arqueoastronomía Michael
Hoskin: Arqueoastronomía de la Prehistoria,
celebrado los días 7 y 8 de octubre de 2011.
La dirección científica ha estado a cargo de
Rafael Maura Mijares, doctor en Historia por
la UNED y Juan Antonio Belmonte Avilés, astrónomo del Instituto de Astrofísica de Canarias. El objeto fundamental ha sido dar a co-
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
nocer a los participantes las sugerentes hipótesis que propone la Arqueoastronomía a partir del conocimiento previo de las dos ramas
que la integran, es decir, la Astronomía y la
Arqueología, así como la incidencia de estos
estudios en la Península Ibérica.
•
I Seminario Henri Breuil: Arte Prehistórico
en las Tierras de Antequera, celebrado los
días 29 de octubre, 5 y 11 de noviembre de
2011. La dirección científica ha estado a cargo
de Martí Mas Cornellà, profesor de Prehistoria y Arqueología de la UNED, y de Rafael
Maura Mijares, doctor en Historia por la
UNED. El curso trató de ofrecer una visión
global del Arte Prehistórico en la Península
Ibérica, que se concretó en un balance sobre
el estado de la investigación en Andalucía,
para pasar luego a analizar los vestigios artísticos paleolíticos y postpaleolíticos conservados en las Tierras de Antequera, así como
sus contextos arqueológicos, aportándose finalmente un análisis sobre las perspectivas
de estudio que nos ofrece el devenir futuro de
la investigación.
•
sentadas dentro del sistema patriarcal. Se realizó, desde posiciones y discursos de género,
un recorrido, no lineal y multidisciplinar, desde el mundo antiguo y la prehistoria hasta la
actualidad, desde el ámbito más simbólico y
representacional, al histórico, arqueológico,
del arte e incluso museográfico, efectuando
interrelaciones y conexiones.
„ Las Celebraciones de la Luna (Lám. 13). Esta actividad se realizó el 15 de junio de 2011 con motivo del último eclipse total de Luna. La Sociedad
Malagueña de Astronomía, coorganizadora del
evento, instaló en el recinto de los dólmenes de
Menga y Viera una pantalla que reflejó el eclipse
en directo y cinco telescopios junto a los cuales,
diferentes miembros de la Sociedad daban información sobre el fenómeno.
I Seminario de Arte y Naturaleza José Antonio Muñoz Rojas: Arte, Género e interrelacio-
nes entre el Mundo Antiguo y/o Prehistoria y
la Contemporaneidad (Lám. 12), celebrado los
días 18 y 19 de noviembre de 2011. La dirección científica ha estado a cargo de Margarita
Aizpuru Domínguez. El curso debatió sobre
las interrelaciones de la historia, el arte y las
mujeres, y como estas han sido y son repre-
Lám. 13. Miembros de la Sociedad Malagueña de Astronomía
atendieron las dudas del público durante el eclipse de Luna. Foto:
Miguel Ángel Checa Torres.
„ La Semana de la Prehistoria. Del 22 al 25 de febrero y del 22 al 25 de noviembre de 2011 se desarrolló esta nueva actividad dividida en tres talleres: Visita guiada a los sepulcros de Menga y
Viera: tras las huellas del pasado, teatralización
La constructora de El Romeral (Lám. 14) y taller
de pintura rupestre Signos, trazos y figuras. Dirigida fundamentalmente al público escolar contó
con más de 2.700 participantes.
„ Exposición temporal en el Hunebedcentrum de
Lám. 12. I Seminario de Arte y Naturaleza José Antonio Muñoz
Rojas. Intervención de Mª Ángeles Querol con la ponencia “La
representación de las mujeres en los modernos museos
arqueológicos de España”. Foto: Carmen Andújar Gallego.
Borger, Holanda, sobre los dólmenes de Antequera. La exposición, inaugurada en octubre de
2010, tenía previsto clausurarse en marzo de
2011; debido al éxito de público (cerca de 60.000
personas) fue prorrogada un mes más.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
215
nalmente, el proceso de institucionalización de la
tutela de los dólmenes de Menga y Viera y el tholos de El Romeral. Edición en tres tomos con una
tirada de 1.000 ejemplares. Entre sus objetivos
destaca el ejercicio de la tutela efectiva del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera y su
vinculación con las políticas urbanística, medioambiental y turística, así como la promoción de
la participación efectiva de la ciudadanía.
Lám. 14. Escolares asisten a la teatralización La constructora de El
Romeral. Foto: Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera.
„ La institución ha mantenido todas las actividades
sistemáticas que se han hecho en años anteriores: visitas guiadas, la de mayor participación
con 14.551 personas; ¿Te gustaría conocer la
Prehistoria? con casi 13.000 usuarios; Viaje a la
Prehistoria, Las Celebraciones del Sol y los tres
días de Jornadas de Puertas Abiertas: Día de Andalucía, Día de los Monumentos y los Sitios y Día
Internacional del Museo.
El fin de la misma es la divulgación a todos los
niveles de los programas en materia institucional, de incremento, documentación, investigación, conservación, protección, arquitectura, exposición, difusión, seguridad y recursos humanos
que desarrollará el Conjunto Arqueológico hasta
2018.
El director del Plan Director es Bartolomé Ruiz
González que ha contado con un extenso equipo
de profesionales para su redacción.
Descarga gratuita online:
http://www.juntadeandalucia.es/cultura/museos/
CADA/index.jsp?redirect=S2_4_3_1.jsp&noticias=
1148
/1($'(38%/,&$&,21(6
„ El Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera. Definición, Programación e Institucionalización. Documento de Avance del Plan Director (Lám. 15). En esta publicación se presenta la
definición de la institución, los programas y, fi-
„ Menga. Revista de Prehistoria de Andalucía
02 /Menga. Journal of Andalusian Prehistory 02
(Lám. 16). En este segundo número, el apartado
dossier ha estado dedicado a la Arqueobotánica
con cinco trabajos sobre el paisaje y la gestión de
los recursos vegetales durante la prehistoria de
Lám. 15. Portada del segundo tomo del Documento de Avance del
Plan Director.
216
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
Lám. 16. Portada del segundo
número de Menga. Revista de Prehistoria de Andalucía.
Lám. 17. Explorando el tiempo y la
materia, primer título de la serie
monográfica de Menga. Revista de
Prehistoria de Andalucía.
Andalucía y coordinado por María Oliva Rodríguez-Ariza. La sección de estudios ha contado
con tres trabajos de diferente temática: la ocupación humana en Guadix-Baza y Orce, las explotaciones prehistóricas de sílex y los resultados de
las campañas de 2009 y 2010 en el yacimiento de
Perdigões en Portugal. El editorial se dedicó al I
Congreso de Prehistoria de Andalucía: la Tutela
del Patrimonio Prehistórico. Así mismo se han
mantenido los apartados de recensiones, crónica
del conjunto y noticias.
Cabe destacar el proceso de intercambio científico que se abrió con el número 01 de esta publicación, lo que nos ha permitido acrecentar el volumen de la hemeroteca del Conjunto con otros
treinta y tres títulos (180 ejemplares).
„ Explorando el tiempo y la materia en los monumentos prehistóricos. Cronologías absolutas y
rocas raras en los megalitos europeos. Menga.
Revista de Prehistoria de Andalucía. Monográfico 01. (Lám. 17). Recoge artículos científicos presentados en la reunión del Grupo de Trabajo de
Megalitismo Europeo, celebrado en Sevilla en noviembre de 2008 en torno a dos temas: la cronología absoluta y la presencia de rocas raras y
materias primas exóticas en los monumentos
prehistóricos. Edición bilingüe en libro digital.
Lám. 18. El Arte Prehistórico de las Tierras
de Antequera, hace un recorrido por uno
de los focos de Arte Paleolítico más importantes del mundo.
Descarga gratuita online:
http://www.juntadeandalucia.es/cultura/museos/
CADA/index.jsp?redirect=S2_4_3_1.jsp&noticias=
1142
„ El Arte Prehistórico en las Tierras de Antequera
(Lám. 18) es una publicación que trata de trata de
hacer balance de lo que han sido estos últimos
años de nuevos descubrimientos (hasta seis enclaves son publicados aquí por primera vez), en
una revisión y puesta al día del conocimiento actual sobre estas manifestaciones gráficas, cuya
pretensión fundamental es la de servir de tabula
rasa a los futuros estudios sobre el tema en este
marco geográfico. Edición bilingüe.
„ El Centro Solar Michael Hoskin (Lám. 19). El objetivo de fundamental es dar a conocer al gran
público la figura de este singular científico, las
sugerentes hipótesis que propone la Arqueoastronomía a partir del conocimiento previo de las
dos ramas que la integran, es decir, la Astronomía y la Arqueología y su aplicación directa en los
dólmenes antequeranos, así como el propio espacio dedicado al Centro Solar Michael Hoskin a
través de los elementos que lo componen, incluyéndose el Memorial de los Dólmenes de Antequera por quedar éste físicamente integrado en
un sector de la plaza circular que sirve de marco
a dicho centro. Edición bilingüe.
Lám. 19. El Centro Solar Michael Hoskin
constituye una de las estructuras medulares
del Conjunto Arqueológico Dólmenes de
Antequera.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 208-217. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
217
LA INSCRIPCIÓN DE LOS DÓLMENES DE ANTEQUERA EN LA LISTA INDICATIVA DEL PATRIMONIO MUNDIAL DE UNESCO
Dolmen de Menga.
Foto: Javier Pérez González.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 219-222. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
1
CRÓNICA
LA INSCRIPCIÓN DE LOS DÓLMENES DE ANTEQUERA EN LA LISTA INDICATIVA DEL PATRIMONIO MUNDIAL DE UNESCO
/$,16&5,3&,Ï1'(/26'Ï/0(1(6'(
$17(48(5$(1/$/,67$,1',&$7,9$'(/
3$75,021,2081',$/'(81(6&2
Margarita Sánchez Romero1
5HVXPHQ
Se describe el proceso por el que los Dólmenes de Antequera se inscribieron el pasado mes de enero de 2012
en la Lista Tentativa de Patrimonio Mundial de UNESCO. Esta estrategia ha comportado una reflexión acerca
de las formulas para elaborar los expedientes de las candidaturas a Patrimonio Mundial teniendo en cuenta
los requerimientos de UNESCO para los próximos años.
3DODEUDVFODYH Patrimonio mundial, UNESCO, Lista indicativa, Dólmenes de Antequera.
7+(,16&5,37,212)'2/0(162)$17(48(5$,17+(7(17$7,9(/,67
2):25/'+(5,7$*(81(6&2
$EVWUDFW
In this paper the process for the inscription in the Tentative List of UNESCO of the Dolmens of Antequera is
described. This strategy has led to a reflection on the way new candidatures must be developed taking into
account UNESCO requirements for the coming years.
.H\ZRUGVWorld Heritage, UNESCO, Tentative List, Dolmens of Antequera.
1
Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Granada. Directora General de Bienes Culturales (2010-2012).
[[email protected]]
Recibido: 03/09/2012; Aceptado: 01/11/2012
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 219-222. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
219
MARGARITA SÁNCHEZ ROMERO
El pasado mes de enero de 2012, UNESCO inscribió
a los Dólmenes de Antequera en la Lista Indicativa
del Patrimonio Mundial (http://whc.unesco.org/en/
tentativelists/5668/), el inventario de los bienes que
cada país considera apropiados para su inscripción
en la Lista Representativa del Patrimonio Mundial;
además de suponer un instrumento de planificación
y evaluación para los distintos países, esta inscripción es un paso previo e indispensable para formar
parte de los bienes de Patrimonio Mundial.
Precisamente en el año 2012 se ha celebrado el 40º
aniversario de la firma de la Convención sobre la
protección del Patrimonio Mundial, Cultural y
Natural en 1972. Un documento de total vigencia que
tiene por objeto identificar, proteger, conservar,
revalorizar y transmitir a las generaciones futuras el
patrimonio cultural y natural de valor universal
excepcional. Desde que España firmara la convención en 1982, en nuestro país se han inscrito en la
Lista Representativa de UNESCO 43 bienes, de los
cuales seis están en Andalucía. En el apartado de
Patrimonio Mundial Cultural están incluidos la
Alhambra, Generalife y Albaicín, Granada (19841994), el Centro histórico de Córdoba (1984), la
Catedral, Alcázar y Archivo de Indias en Sevilla
(1987), Arte rupestre del arco mediterráneo (1998) y
los Conjuntos monumentales renacentistas de
Úbeda y Baeza (2003). Por otra parte en el apartado
de Patrimonio Mundial Natural está inscrito el
Parque Nacional de Doñana (1994). En el apartado
de Patrimonio Cultural Inmaterial, cuya convención
es mucho más reciente (2003), la comunidad andaluza tiene inscrito el Flamenco (2010).
La inscripción de los Dólmenes de Antequera es un
paso más en un proceso que se inició hace ya dos
años y que ha supuesto la renovación de la metodología por la que se preparan las candidaturas.
Desde el primer momento se consideró imprescindible conocer cuáles son las prioridades y las
exigencias de UNESCO para con el estado parte en
general, el Estado Español en este caso, y para con
nuestra comunidad autónoma en particular. Era por
tanto necesario releer tanto la propia Convención de
Patrimonio Mundial como el documento de Directrices Operativas, hoja de ruta básica para el trabajo
con UNESCO, cuya última versión es de 2011.
Además, se consultó un documento muy interesante
realizado por ICOMOS y titulado The World Heritage
List. Filling the gaps – An action plan for the future
en el que se valoran los “vacios” tipológicos existen-
220
tes en la Lista, que no debemos olvidar que es representativa, y que serán las prioridades de UNESCO
para las inscripciones de los próximos años.
En cuanto a las exigencias y requerimientos, está
claro que a una comunidad autónoma como la
andaluza, con una amplia trayectoria en la Tutela del
Patrimonio Histórico, se le exige la excelencia en
todos los ámbitos de la misma: la investigación, la
protección, la conservación y la difusión además de
una adecuada gestión de los bienes. También se
exige la capacidad de implicar a la ciudadanía en el
uso adecuado de esos bienes para que terminen
convirtiéndose en elementos de desarrollo sostenible. En este sentido, era imprescindible tener en
cuenta cuales son los objetivos estratégicos para
UNESCO en estos momentos (también denominados
“las cinco C”), aumentar la credibilidad de la Lista
del Patrimonio Mundial, garantizar su conservación,
promocionar la capacitación eficaz en los Estados
Partes, aumentar la sensibilización, la participación
y el apoyo públicos al Patrimonio Mundial mediante
la comunicación y fortalecer el papel de las
comunidades en la aplicación de la Convención del
Patrimonio Mundial.
Una vez conocidas las exigencias y requerimientos
de UNESCO se elaboró un documento de análisis de
la viabilidad del expediente, uno de cuyos puntos
básicos consistía en la comparación con otros bienes
inscritos, de la misma tipología, ya fuese en la Lista
Representativa o en la Lista Indicativa. Ese documento fue expuesto ante expertos en la tutela y
gestión del patrimonio megalítico durante la reunión
Lám. 1. Inauguración del seminario Megalithic Sites and the World
Heritage Convention. De izquierda a derecha: Margarita Sánchez
Romero (Consejería de Cultura. Junta de Andalucía), Ángeles Albert
de León (Ministerio de Cultura) y Nuria Sanz (UNESCO). Foto:
Moreno Estudio Antequera.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 219-222. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
LA INSCRIPCIÓN DE LOS DÓLMENES DE ANTEQUERA EN LA LISTA INDICATIVA DEL PATRIMONIO MUNDIAL DE UNESCO
Megalithic Sites and the World Heritage Convention
celebrada del 20 al 24 de septiembre de 2011 en
Málaga y Antequera (España) (Lám. 1).
La celebración de la reunión internacional Sitios
Megalíticos y la Convención de Patrimonio Mundial,
tenía una serie de objetivos claros. En primer lugar
quería dar a conocer el Conjunto Arqueológico
Dólmenes de Antequera a una selecta lista de
personas dedicadas a la investigación y a la gestión
del patrimonio megalítico mundial. Así, se incluyó
una sesión dedicada monográficamente a exponer la
situación actual de los dólmenes antequeranos,
tanto desde la perspectiva de su investigación científica como de la de su gestión y tutela administrativas, así como una visita guiada a los mismos. En
segundo lugar, la reunión internacional sirvió para
debatir, aclarar y establecer los principios y criterios
que regirán, en el futuro, las incorporaciones a la
Lista de PM de los sitios megalíticos en todo el
mundo. Por último, la reunión sirvió para debatir,
contrastar y mejorar el documento-formulario de
inscripción de los Dólmenes de Antequera llevado a
cabo por un equipo multidisciplinar bajo la dirección
y coordinación de José Ramón Menéndez de Luarca,
arquitecto y urbanista con amplia trayectoria profesional en materia de Patrimonio Histórico (Lám. 2).
El documento final incluyó las opiniones y
recomendaciones vertidas en las distintas mesas de
debate y fue presentado y aprobado el 25 de octubre
de 2011 por el Consejo de Patrimonio Histórico
Español reunido en el Monasterio de El Paular
(Madrid). Este consejo es el órgano de coordinación
entre la Administración del Estado y de las
Lám. 2. Grupo de trabajo sobre la candidatura de los Dólmenes de
Antequera a Patrimonio Mundial durante el seminario Megalithic
Sites and the World Heritage Convention. Foto: Moreno Estudio
Antequera.
Comunidades Autónomas para facilitar la comunicación y el intercambio de programas de actuación e
información relativos al Patrimonio Histórico, y tiene
entre sus funciones debatir y aprobar las candidaturas españolas a la Lista de Patrimonio Mundial. En
una reunión anterior del consejo en Antequera los
días 7 y el 8 de julio de 2011, representantes de las
distintas comunidades autónomas y del ministerio de
Cultura habían tenido la oportunidad de conocer de
primera mano la gestión del Conjunto Arqueológico
Dólmenes de Antequera y ya desde ese momento
manifestaron su apoyo a la candidatura (Lám. 3).
En el documento para la inclusión de los Dólmenes
de Antequera en la Lista Indicativa del Patrimonio
Mundial, se justifica el valor universal excepcional
(VUE) y se explican los criterios utilizados, a saber,
criterio I ya que los tres monumentos megalíticos de
Antequera se encuentran entre las manifestaciones
más destacadas y reconocidas universalmente de la
arquitectura megalítica; el criterio II porque atestiguan un intercambio de valores humanos considerable, debido a la condición de Antequera como nudo
de rutas de largo recorrido, de mares y continentes,
centro de convergencia de tradiciones culturales
diferentes, ha dado lugar al nacimiento de modelos
arquitectónicos excepcionales y a una tradición
propia de interacción con el paisaje que se refleja de
forma excepcional en los monumentos megalíticos;
el criterio III ya que los monumentos antequeranos
son obras maestras del fenómeno megalítico de la
Prehistoria Reciente europea y constituyen un testimonio ejemplar de tal época, desarrollada durante
casi seis milenios y, por último, el criterio IV porque
los monumentos megalíticos antequeranos constituyen un ejemplo representativo de la forma de vida y
el genio creativo de los periodos Neolítico y
Calcolítico en el que se gesta y desarrolla originalmente el megalitismo en Europa occidental.
Además se justifica tanto la autenticidad como la
integridad del bien, recalcando el consenso generalizado entre los más prestigiosos especialistas
sobre su génesis a lo largo de los periodos Neolítico
y Calcolítico; la autenticidad de los materiales pétreos empleados en la construcción de las cámaras y
los túmulos; la autenticidad de los tipos arquitectónicos, solución adintelada de Menga y Viera y la de
falsa cúpula (tholos) de El Romeral y, por último, su
significado funerario y ritual a lo largo del tiempo;
además de poseer un corpus documental correspondiente a la ingente bibliografía generada al
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 219-222. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
221
MARGARITA SÁNCHEZ ROMERO
respecto. En cuanto a la integridad el sitio delimitado
contiene las estructuras completas de los tres
megalitos de Menga, Viera y El Romeral y los tres
monumentos conservan tanto la estructura pétrea
como los túmulos que los recubren, algo infrecuente
en este tipo de monumentos.
Igualmente relevantes son los requisitos de UNESCO
referentes a la protección y a la gestión. En cuanto a
la primera, los Dólmenes de Antequera se encuentran protegidos mediante la figura de Bien de Interés
Cultural y la tipología de Zona Arqueológica. Precisamente el pasado 2011 se cumplió el 125 aniversario
de las primeras acciones de protección de los monumentos antequeranos; respecto a la gestión, esta
corresponde a la institución Conjunto Arqueológico
Dólmenes de Antequera, dependiente de la Consejería de Cultura y además cuenta con un instrumento
imprescindible para UNESCO en la actualidad, un
Plan Director en el que planifica su tutela.
En definitiva los Dólmenes de Antequera aportan a la
Lista de Patrimonio Mundial un ejemplo único de la
íntima relación existente entre unos monumentos
prehistóricos excepcionales y su entorno y el ser una
forma cultural especialmente significativa por su
monumentalidad que carece, por ahora, de representación en la Lista de Patrimonio Mundial. Además con los tres monumentos antequeranos se
completa la Lista con el único elemento que ha
servido de base en el siglo XIX para la
fundamentación de la disciplina del megalitismo y
contribuyen a aunar su valor como ejemplo singular
de la arquitectura prehistórica con un excepcional
grado de conservación para una época tan remota y
con la diversidad de tipos arquitectónicos por la
confluencia de diversas tradiciones culturales;
además los tres megalitos de Antequera han
mantenido su valor y significación cultural a lo largo
de casi seis milenios.
%,%/,2*5$)$
AA.VV. (1972): Texto de la Convención sobre la
protección del Patrimonio Mundial, Cultural y
Natural, UNESCO
http://whc.unesco.org/archive/conventiones.pdf
AA.VV. (2004): The World Heritage List: Filling the
Gaps -an Action Plan for the Future. An Analysis
by ICOMOS, UNESCO
http://whc.unesco.org/uploads/activities/documents/
activity-590-1.pdf
AA.VV. (2011): Operational Guidelines for the Imple-
mentation of the World Heritage Convention,
UNESCO http://whc.unesco.org/archive/opguide11-en.pdf
Ruiz González, B. (dir.) (2011): Conjunto Arqueológico
Dólmenes de Antequera. Definición, programación e institucionalización. Documento de avance
del Plan Director, Consejería de Cultura. Junta
de Andalucía, Sevilla.
Lám. 3. Visita de los miembros del Consejo de Patrimonio Histórico Español a los Dólmenes de Antequera. Foto: Moreno Estudio Antequera.
222
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 219-222. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
CRÓNICA
MEGALITISMO Y CIUDADANÍA: APROXIMACIÓN A LOS USOS Y SIGNIFICADOS SOCIALES COMO ESTRATEGIA PARA LA GESTIÓN SOSTENIBLE
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$17(48(5$0È/$*$$352;,0$&,Ï1$
/268626<6,*1,),&$'2662&,$/(6&202
(675$7(*,$3$5$/$*(67,Ï16267(1,%/(
María Isabel Durán Salado1
5HVXPHQ
El presente artículo aborda los resultados del primer estudio sobre percepción y participación social realizado
en un sitio megalítico en Andalucía, los dólmenes de Antequera (Málaga), Bien de Interés Cultural desde el
año 2007. El análisis realizado es parte de los estudios desarrollados al hilo del proyecto El paisaje en el
Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, realizado por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico en
colaboración con el Centro de Estudios Paisaje y Territorio entre 2006 y 2008, y recientemente publicado
(Caballero Sánchez et al., 2011). Se trata de un trabajo que destaca por su singularidad e innovación, al
permitir conocer y explicar la inserción del sitio megalítico en la sociedad actual, logrando la identificación y
visibilización de los agentes presentes en el proceso de patrimonialización a través de sus discursos,
posicionamientos y recreaciones. Todas estas cuestiones permiten aportar los datos necesarios para la
incorporación de la participación social en su gestión sostenible.
3DODEUDVFODYH Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, paisaje, megalitos, percepción social,
participación social, análisis cualitativo mundial, UNESCO, Lista indicativa, Dólmenes de Antequera.
0(*$/,7+,&02180(176$1'&,7,=(16+,3,1$17(48(5$
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675$7(*<)256867$,1$%/(0$1$*(0(17
$EVWUDFW
This article presents the results of the first study on social perception and participation in a megalithic site
ever made in Andalusia, the dolmens of Antequera (Malaga), Cultural Property since 2007. The analysis is
inserted in the study Dolmens of Antequera Archaeological Landscape conducted by the Andalusian Institute
of the Historical Heritage in cooperation with the Center for Landscape and Territory between 2006 and 2008,
and recently published (Caballero Sánchez et al., 2011). This is a work that stands out for its uniqueness and
innovation, and to explain in detail the insertion of the megalithic site in today's society, the identification of
the social agents represented through local discourses and public perceptions. The analysis provides the data
necessary for the incorporation of the monuments within a framework of social participation and sustainable
management.
.H\ZRUGVDolmens of Antequera Archaeological Site, Landscape, Megaliths, Social Perception, Social
Participation, Qualitative Analysis, UNESCO, Tentative List, Dolmens of Antequera.
1
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Laboratorio del Paisaje Cultural. [[email protected]]
Recibido: 19/03/2012; Aceptado: 03/09/2012
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 223-230. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
223
Mª ISABEL DURÁN SALADO
,1752'8&&,–1
Arqueológico Dólmenes de Antequera (Caballero
Sánchez et al., 2011). El citado estudio, surge al
Los resultados expuestos en este artículo son fruto
del primer estudio sobre percepción y participación
social realizado en un sitio megalítico en Andalucía.
Nos referimos a los dólmenes de Antequera, un
grupo de tres megalitos1 protegidos como Bien de
Interés Cultural desde el año 20072 -bajo la figura de
Zona Arqueológica- y donde a partir del año 2004 se
instauró la figura de gestión denominada Conjunto
Arqueológico Dólmenes de Antequera (CADA).
constatar cómo el paisaje antequerano cercano a los
dólmenes ha soportado profundas alteraciones. De
hecho el crecimiento de la ciudad ha modificado de
forma notable la percepción visual -tanto desde el
exterior como desde los dólmenes- a raíz de la
consolidación de una serie de infraestructuras urbanas. A todo ello se suma el proceso de revisión de la
normativa urbanística y los nuevos crecimientos urbanos contemplados en ella. La confluencia de las
circunstancias descritas explica el interés del CADA
por realizar un estudio detallado sobre su posible
incidencia paisajística en los dólmenes. Por tanto, la
investigación se planteó como una estrategia para
realizar un diagnóstico de sus características, la
identificación de las principales presiones y amenazas existentes y el desarrollo de propuestas de
mejora de la dimensión paisajística de los dólmenes
como forma de garantizar sus valores culturales3.
El interés del estudio radica, en primer lugar, en su
singularidad, al constituir una perspectiva innovadora de análisis sobre sitios megalíticos que permite
conocer y explicar al detalle la inserción en su actual
marco social. En segundo lugar, facilita la identificación del conjunto de agentes interesados -y
relacionados- (stakeholders) con los sitios megalíticos. Por último, los datos aportados sientan las
bases para la incorporación de la participación social
en su gestión sostenible si se decidiese apostar por
esta vía. La conjunción de todos estos aspectos
permite, a su vez, aclarar la forma en la que los
dólmenes de Antequera se insertan en la sociedad
local. También arroja luz sobre su estado actual de
conservación, y hasta dónde estarían dispuestos a
implicarse los vecinos antequeranos en su gestión,
poniendo de manifiesto la incompatibilidad de una
administración paisajística sostenible de los mismos
y el modelo de ciudad por el que se ha apostado en
las últimas décadas.
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62&,$/(6(1(/0$5&2'(/352<(&72
(/3$,6$-((1(/&21-8172$548(2
/–*,&2 '( /26 '–/0(1(6 '( $17(
48(5$
Tal y como se ha señalado, el análisis de los usos
sociales y percepciones generadas por la población
local en torno a estos megalitos forma parte del
proyecto de investigación El paisaje en el Conjunto
El estudio de los tres megalitos desde una
perspectiva eminentemente social y cualitativa,
planteaba el hándicap de no contar con casos
semejantes en el ámbito de estudios estándar sobre
megalitos. De hecho, la aplicación de una metodología cualitativa, centrada en el análisis de los
discursos generados por los agentes locales en
relación a los dólmenes de Antequera, no parecía
tener mucho sentido a menos que se abordase su
estudio desde una mirada analítica que incluyese la
dimensión paisajística. Es precisamente este posicionamiento, la clave que explica el interés por
incluir a los agentes sociales y sus discursos,
posicionamientos y miradas como una parte de su
proceso de patrimonialización, entendido éste, tal y
como señala Quintero Morón (2009: 49), como
sinónimo de los procesos de activación patrimonial,
refiriéndose “al carácter dinámico, procesual y de
construcción social que tiene el patrimonio, de
interacción entre diferentes agentes que construyen
y reconstruyen diversos significados”.
El interés sobre las percepciones locales en todo
estudio de paisaje, y el caso que nos ocupa no es una
1 Menga, Viera y El Romeral.
2 Esta fecha se refiere a la incoación del procedimiento de protección como Bien de Interés Cultural (19/12/2007). Su declaración definitiva
como BIC se produjo en el año 2009 mediante el Decreto 25/2009 de 27 de enero de 2009 por el que se declara BIC con la tipología de Zona
Arqueológica.
3 “Antecedentes” JUNTA DE ANDALUCÍA (2006) Convenio de colaboración entre la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y la
Universidad de Sevilla para la elaboración del estudio “El paisaje en el conjunto arqueológico de los dólmenes de Antequera”.
224
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 223-230. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
MEGALITISMO Y CIUDADANÍA: APROXIMACIÓN A LOS USOS Y SIGNIFICADOS SOCIALES COMO ESTRATEGIA PARA LA GESTIÓN SOSTENIBLE
excepción, parte del énfasis establecido en el
Convenio Europeo del Paisaje (2000) a la hora de
definir el paisaje como:
“cualquier parte del territorio, tal como es percibida
por las poblaciones, cuyo carácter resulta de la
acción de factores naturales y/o humanos y de sus
interrelaciones” (Art. 1).
La importancia atribuida en esta definición a las
percepciones sociales, implica situar la atención
sobre el conjunto de actores y agentes presentes en
el territorio, abarcando sus definiciones sobre el
mismo y las actuaciones derivadas de dicha
concepción. Y es que no debemos olvidar que a una
determinada mirada o posicionamiento sobre el
paisaje le acompañan una serie de actuaciones
sobre el mismo, quedando patentes las interrelaciones existentes entre la forma de percibir el
entorno paisajístico y las acciones desarrolladas en
él. La noción de percepción social con la que se
trabajó partió de la desarrollada bajo la mirada
antropológica, lo que implica la conjugación de
actitudes, valoraciones sociales y creencias en los
diferentes niveles de apropiación de la realidad
subjetiva (Vargas Melgarejo, 1994, 1995), quedando
intrínsecamente ligada a la inmersión y participación
en los diferentes contextos sociales donde el ser
humano desarrolla su ciclo vital:
“ ….la percepción es entendida como la forma de
conducta que comprende el proceso de selección y
elaboración simbólica de capacidades biológicas
humanas y el desarrollo de la cualidad innata del
hombre para la producción de símbolos. A través de
la vivencia, la percepción atribuye características
cualitativas a los objetos o circunstancias del
entorno mediante referentes que se elaboran desde
sistemas culturales e ideológicos específicos
construidos y reconstruidos por el grupo social, lo
cual permite generar evidencias sobre la realidad”
(Vargas Melgarejo, 1994: 52).
Siguiendo a Vargas Melgarejo (1994, 1995) se ha de
señalar que la percepción no constituye un proceso
lineal, sino que es relativa y contextualizable en un
marco espacial, temporal, cultural e ideológico. Las
percepciones, por tanto, hacen referencia a las
estructuras significantes que aportan las claves para
asignar significados al entorno. Las estructuras
significantes son a la vez punto de referencia sobre
el que se ordenan los componentes del entorno y el
marco sobre el que se organizan las subsecuentes
percepciones. De hecho las estructuras significantes
pueden aparecer expresadas en conceptos colectivos, bajo la forma de sistemas de categorías que
abarcan desde apreciaciones de tamaño, color,
texturas, etc., hasta los ámbitos de lo bueno, lo
normal, etc.
Dada la potencialidad y riqueza que ofrecen las
percepciones sociales para comprender las relaciones existentes entre los agentes sociales y sus
contextos espaciales vividos y sentidos, en todo
estudio de paisaje resulta clave la aproximación a las
diferentes perspectivas del conjunto de actores y
entidades sociales presentes en su territorio. Dichas
miradas, aunque no tienen por qué coincidir, se
corresponden, en definitiva, con aproximaciones
singulares, fruto de las experiencias y relaciones
desarrolladas por los diferentes colectivos y
entidades con su propio paisaje cultural. Los diferentes posicionamientos sociales permiten además
mostrar las particularidades y singularidades de la
acción humana en el mismo, en lo que se constituye
como un claro exponente de la interacción de la
sociedad con su medio. Por ello las cuestiones
vinculadas con la percepción social se conectan
irremediablemente con los procesos de participación
social y el grado, tipo y forma en que ésta tenga
lugar (Alguacil Gómez, 2005).
(/',6(”20(72'2/–*,&2
El análisis de las percepciones sociales en los
dólmenes de Antequera perseguía desplegar una
mirada sobre el paisaje que contemplase el conjunto
de agentes interesados presentes en el mismo. Ello
incluye tanto a aquellos agentes con intereses directos en el proceso de gestión del conjunto arqueológico, como a aquellos a quienes su gestión y futuro desarrollo afecte de forma directa o indirecta,
independientemente de que hayan manifestado -o
no- su interés por lo acontecido en torno a los megalitos. Del conjunto de agentes se deseaba conocer
tanto su identificación como la constatación de las
líneas discursivas y usos sociales a los que estaban
ligados, incluyendo las imágenes generadas en torno
a los dólmenes en el marco local.
De este modo, el desarrollo de la metodología cualitativa implicaba situar el discurso como unidad de
análisis. Es a través de él como se hacen palpables y
visibles las percepciones y construcciones sociales
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 223-230. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
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Mª ISABEL DURÁN SALADO
que vienen a explicar, respaldar y/o justificar las
acciones sociales. Su análisis, por tanto, buscaba
identificar el lugar de los megalitos en el imaginario
colectivo local antequerano, permitiendo conocer
sus incidencias -positivas o negativas- sobre los
dólmenes. Se optó, por tanto, por una estrategia de
investigación que tomase la perspectiva del sujeto y
tratase de "ver a través de los ojos de la gente que
uno está estudiando. Tal perspectiva, envuelve claramente una propensión a usar la empatía con quienes están siendo estudiados, pero también implica
una capacidad de penetrar los contextos de significado con los cuales ellos operan” (Mella Valenzuela, 1984: 8).
La investigación se estructuró en tres fases: previa,
inmersión en el campo y redacción de los resultados.
A cada una de ellas se le asignaron unos objetivos
generales, una metodología y técnicas específicas,
unas estrategias de investigación concretas y unos
resultados esperados4. La fase previa sirvió para
familiarizarse con los diferentes agentes y entidades
locales del entramado social, facilitando la identificación del conjunto de actores y colectivos locales
antequeranos interesados en las cuestiones objeto
de la investigación. La segunda fase permitió la
generación de información primaria sobre los
objetivos de la investigación a través del contacto
directo con los colectivos más representativos a nivel
local. En la tercera y última fase, se pusieron de
relieve las percepciones locales relativas a la vega y
a la ciudad, las estrategias locales de futuro, las
transformaciones recientes, los monumentos megalíticos y el paisaje local.
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&,21(6/2&$/(6&217(0325„1($6(172512$
/26'–/0(1(6'($17(48(5$
El abordaje de la relación social existente entre los
dólmenes de Antequera y la ciudadanía a través del
análisis de la percepción social, partía de la premisa
de que los megalitos ni habían quedado, ni podían
quedar exentos del futuro devenir de la ciudad. Por
tanto, estudiar su significación social pasaba por
profundizar en las interrelaciones existentes entre
estos y la ciudad en su historia reciente. Este interés
coincidió en el tiempo con un profundo y estimulante
debate, protagonizado por la ciudadanía antequerana, respecto a la definición de la estrategia local
que garantizase el futuro de las nuevas generaciones. Al hilo de la revisión de las normas urbanísticas se evidenció la existencia de diferentes
corrientes de opinión -con sus correspondientes
discursos y argumentos-, cuyos planteamientos iban
más allá del planeamiento urbano. De hecho, el
debate derivó en el modelo de ciudad y sus implicaciones a corto, medio y largo plazo para el conjunto
del municipio y sus ciudadanos. El contexto descrito
ofrecía un marco idóneo para analizar las divergencias y confluencias de los diferentes agentes
sociales presentes en la localidad, incluida la relación entre la ciudadanía y los dólmenes, así como
sus posicionamientos sobre la incidencia en ellos de
los futuros modelos de ciudad.
A partir del objetivo principal señalado, los objetivos
secundarios se centraron en contextualizar la
comarca, la vega y la ciudad de Antequera en su
historia reciente. Se optó por aproximarse a las
actividades humanas que habían influido en su configuración paisajística desde los inicios del siglo XX, y
por analizar la consideración social sobre el patrimonio cultural de la zona, prestando especial interés
a la relación de los dólmenes con el resto del patrimonio cultural -material e inmaterial- antequerano.
Se trataba de incorporar al estudio paisajístico el
punto de vista de los propios antequeranos a través
del análisis del conjunto de interpretaciones y expectativas locales relativas al contexto paisajístico de los
megalitos: la ciudad de Antequera y su vega.
Para la presentación de las percepciones se optó por
la agrupación de los discursos locales en seis
bloques temáticos: la vega; la ciudad y su ubicación
geográfica; las estrategias de futuro de la localidad;
las transformaciones recientes; los dólmenes de
Antequera, la Peña de los Enamorados y El Torcal; y
el paisaje local. Todas estas líneas discursivas5
(Caballero Sánchez et al., 2011) permitieron conocer
4 Las técnicas utilizadas en la investigación fueron el trabajo de campo, la observación participante, las entrevistas abiertas y en profundidad
(25), los grupos de discusión (2), el diario de campo, la consulta de fuentes documentales y la triangulación metodológica. Para un
conocimiento más detallado sobre el diseño de la investigación se remite a los siguientes documentos:
DURÁN SALADO, M. I. (2006): Documentación y análisis de experiencias en mediación social y gestión de conjuntos patrimoniales ,
Laboratorio del Paisaje Cultural, Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Consejería de Cultura. Inédito.
DURÁN SALADO, M. I. (2007): Participación y percepción social en la gestión de conjuntos Patrimoniales, Laboratorio del Paisaje Cultural,
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Consejería de Cultura. Inédito.
226
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 223-230. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
MEGALITISMO Y CIUDADANÍA: APROXIMACIÓN A LOS USOS Y SIGNIFICADOS SOCIALES COMO ESTRATEGIA PARA LA GESTIÓN SOSTENIBLE
de primera mano los usos sociales y la forma en que
eran percibidos los dólmenes. Una información
excepcionalmente útil e interesante de cara a su
gestión sostenible, al permitir la identificación del
conjunto de valoraciones que explican su realidad y
el estado de la consideración paisajística local sobre
ellos.
Los resultados del estudio pusieron de manifiesto
cómo el peso y papel de los dólmenes de Antequera
en los discursos locales, pasaban –y continúan
pasando- por una serie de cuestiones:
D
Ser elemento integrante de la identidad
colectiva.
D
Constituir parte indisoluble y sustantiva del
patrimonio local.
D
Formar parte de su actividad turística como
un elemento activo fundamental.
D
Incorporar la presencia de la administración
pública y la acción institucional en su gestión
y protección.
Elementos integrantes
La consideración de los dólmenes como patrimonio
cultural implica su incorporación como parte
integrante de un conjunto de “selectos” elementos
patrimoniales (materiales e inmateriales) locales
(Tab. 1). Se trata de un grupo en el que tienen cabida
elementos naturales (El Torcal y la Peña de los
Enamorados) junto a otros de carácter escultórico
(Efebo de Antequera) y arquitectónicos (iglesias y
palacios de Antequera), sin obviar las prácticas
gastronómicas y artesanales (porra antequerana,
molletes y mantecados) y las festivo-ceremoniales
(feria y Semana Santa). Todos ellos conforman un
agregado de elementos patrimoniales significativos y
significados, socialmente muy conocidos y valorados
en un plano de igualdad, donde lo interesante es la
imagen de un potente patrimonio que singulariza y
caracteriza a la ciudad gracias a su importante
respaldo social. Cuestión, por otro lado, no incompatible con la particular contribución de cada uno de
ellos a la imagen local proyectada al exterior.
En primer lugar destaca la importancia atribuida a El
Torcal como telón de fondo de la ciudad, y su consideración de elemento singular. Dicha cualidad la
comparte El Torcal con la Peña de los Enamorados,
otro referente que aporta un paisaje característico a
Atributos
El Torcal
Telón de fondo de la ciudad y elemento singular
La Peña de los Enamorados
Referente paisajístico y paisaje de la ciudad
Menga, Viera y El Romeral
De los mejores y mejor conservados monumentos megalíticos de Europa
El Efebo
Conexión con los antiguos “vecinos” de la villa
Iglesias
Elementos muy importantes tanto en número como en estilos
Palacios
Testimonios de la historia local y valiosa arquitectura civil
Mollete
Elementos singular de la gastronomía local que exporta fuera de la ciudad el
nombre de la ciudad
Porra antequerana
Elementos singular de la gastronomía local que exporta fuera de la ciudad el
nombre de la ciudad
Mantecados
Elementos singular de la gastronomía local que exporta fuera de la ciudad el
nombre de la ciudad
Ferias
Lugar de encuentro y sociabilidad de la sociedad local
Semana Santa
Importante hito en el calendario festivo local que permite conocer un rico y
variado patrimonio
Fuente: elaboración propia a partir de los datos obtenidos en la investigación cualitativa.
Tab. 1. La consideración social del patrimonio local antequerano.
5 Dada las limitaciones de espacio se remite a los siguientes apartados de la publicación El paisaje en el conjunto arqueológico de los
dólmenes de Antequera (Caballero Sánchez et al., 2011):
D 4. “Los dólmenes de Antequera y su entorno en los discursos locales”, pp. 80 a 123.
D 7.5.“La creación de un parque cultural en torno los dólmenes de Antequera y la incorporación de la participación social”, pp. 199-206.
D 7.6. “Claves para la incorporación de los procesos participativos y las percepciones sociales en el futuro parque cultural”, pp. 206-209.
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Mª ISABEL DURÁN SALADO
la ciudad. Las referencias a los dólmenes van de la
mano de El Torcal y “la Peña”, destacando su
contundencia y magnitud, así como su conexión con
el pasado, con los primeros pobladores, y el origen
de la ciudad, además de ser considerados como los
“mejores y mejor conservados de Europa”. También
un elemento escultórico como el Efebo, aporta a esta
imagen local la conexión con otros vecinos y
residentes del pasado, destacando su riqueza y
destreza.
Dentro de su paisaje urbano, las iglesias y los
palacios constituyen elementos fundamentales en la
configuración de su perfil urbano. Todos ellos se
perfilan como referentes claves de su patrimonio
cultural: bien por su elevado número, diversidad de
estilos y riqueza ornamental -caso de las iglesias-,
bien por su consideración como testimonios palpables de la historia local y como ejemplos de la arquitectura civil -caso de los palacios-.También se constató la existencia de toda una serie de elementos
patrimoniales relacionados con prácticas gastronómicas tradicionales -mollete, porra antequerana y
mantecados- que sobrepasaban las funciones de la
alimentación para convertirse en elementos singulares de su patrimonio local, exportando el nombre
de la ciudad y convirtiéndose en una de sus principales cartas de presentación. Por último, pero no por
ello menos importante para los vecinos antequeranos, se contemplaba una manifestación festivo-ceremonial: la Semana Santa. Un auténtico hito en el
calendario festivo local, con un rico y variado patrimonio, en cuya historia se entretejen las antiguas y
nuevas estructuras sociales.
El estudio realizado permitió diseccionar, en
términos de fortalezas y debilidades, la actitud de la
sociedad local en torno a los dólmenes (Tab. 2). A
partir de la información recabada, se analizó en qué
medida las diferentes consideraciones, discursos y
actuaciones locales podrían contribuir de forma
positiva o negativa a una relación local sostenible
con los monumentos megalíticos. En el ámbito de
las fortalezas se valoró positivamente el papel de
estos elementos patrimoniales como referentes
locales unitarios, pese a su dispersión geográfica
entre el borde urbano (Menga y Viera) y la vega (El
Romeral). A ello se debe sumar su importante
contribución a la identidad local, al constituir el testimonio palpable de la presencia de los primeros
pobladores y el origen de la ciudad, explicitando la
relación entre pasado y presente. Otra fortaleza
detectada remite a su importancia como referente
turístico local, derivada de su valoración como uno
“de los mejores monumentos megalíticos de
Europa”. A todas las cuestiones señaladas deben
sumarse las positivas expectativas de la población
local respecto al futuro papel del centro-sede del
Conjunto Arqueológico. En este caso la mirada se
orienta hacia su potencialidad como instrumento
para la dinamización cultural de la ciudad.
Las debilidades identificadas en los dólmenes
remiten al gran desconocimiento social de sus
valores patrimoniales, al igual que su dimensión
paisajística y la existencia de un corredor visual
donde el bien adquiere completa significación. Estas
cuestiones explican la buena valoración local sobre
el estado de conservación de los dólmenes, dejando
Fortalezas
D Referente local
D Un conjunto unitario ubicado en dos ámbitos diferenciados: ciudad y vega
D Elemento integrante del patrimonio cultural local
antequerano
D Parte integrante de la identidad local
D Vinculación entre el pasado y el presente de la ciudad
D Testimonio de la presencia del ser humano en la
zona
D Hito del paisaje antequerano
D Hito turístico
Debilidades
D Escaso conocimiento del conjunto de valores
patrimoniales de los dólmenes
D Nula consideración de su dimensión paisajística y
desconocimiento del área que constituye su corredor
visual
D La posición mayoritaria en la ciudad respecto al
estado de los dólmenes es que éstos están perfectamente conservados
D Escasa actitud crítica ante el fuerte impacto de una
serie de infraestructuras urbanas -los polígonos
industriales, circunvalación, vía del tren- sobre los
valores patrimoniales de los dólmenes
D De los mejores ejemplos de monumentos megalíticos de Europa
D La paulatina transformación de la vega en zona
residencial se valora de forma positiva
D Apuesta de futuro
D Las instalaciones urbanas colindantes con Menga y
Viera –gasolinera y concesionario de coches- no
suponen un impacto negativo sobre los mismos
D Generador de expectativas en torno al Conjunto
Arqueológico
Tab. 2. Debilidades y fortalezas de los dólmenes de Antequera en el marco de su consideración local.
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MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 223-230. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
MEGALITISMO Y CIUDADANÍA: APROXIMACIÓN A LOS USOS Y SIGNIFICADOS SOCIALES COMO ESTRATEGIA PARA LA GESTIÓN SOSTENIBLE
al descubierto una ausencia de crítica social sobre el
impacto de las estructuras e instalaciones urbanas
de su entorno en sus valores culturales: polígonos
industriales, circunvalación, vía del tren, gasolinera y
concesionario de coches. Esta misma situación se
reproduce con el progresivo proceso urbanizador de
la vega, al considerarse de forma mayoritaria como
zona de expansión “natural” de la ciudad.
La identificación de agentes sociales realizada en el
estudio también puso de relieve la existencia de una
serie de colectivos y entidades, en definitiva de
actores sociales, que debían estar presentes a corto,
medio y largo plazo en el proceso de gestión de los
dólmenes de Antequera por ser protagonistas tanto
de su historia reciente como de su situación actual.
Estos “protagonistas sociales” de la relación de los
dólmenes con su contexto socioeconómico formaban
y siguen formando parte de la estructura económica,
social y política de la sociedad antequerana, incluyendo no sólo a los generadores de los discursos
dominantes, sino también a aquellos otros que
planteaban cuestiones alternativas -contrarias o noa las posiciones mayoritarias.
En todo caso, los protagonistas del proceso participativo deberían cubrir un amplio espectro compuesto por los representantes de la actividad agrícola,
comercial e industrial, actividades culturales y turísticas. Los agentes vinculados a la actividad comercial abarcarían el comercio minorista urbano, las
grandes comercializadoras radicadas en la zona
rural y las cooperativas. Para ellos la vinculación con
los dólmenes pasa por la incidencia de ciertas
estructuras hasta la conversión de los mismos en
marca/marchamo/reclamo para sus ventas a locales
y foráneos. Dentro de los colectivos implicados en la
actividad industrial sería interesante contar con los
relacionados con la alimentación, los más recientes
y presentes en la zona de polígonos industriales. El
negativo impacto visual de los polígonos industriales
sobre los dólmenes, deriva de la configuración de
este tipo de zonas como el eje de una estrategia de
desarrollo local fuertemente arraigada en la ciudad,
que vincula de forma directa el crecimiento económico de la ciudad con su continua expansión. Dicha
estrategia resulta claramente negativa para los
dólmenes, afectando y sesgando su dimensión
paisajística, por lo que si se quiere apostar por la
recuperación de sus valores culturales aquí se visualiza un ámbito de trabajo que no se podría resolver
de forma inmediata, sino a medio y largo plazo, al
entroncar directamente con el modelo de ciudad por
el que se ha decantado hasta el momento, y de
forma mayoritaria, la ciudad de Antequera.
La incorporación del mundo de la cultura local a la
gestión sostenible de los dólmenes, permitiría incorporar desde actores institucionalizados (públicos y
privados) hasta colectivos locales. Se conseguiría así
reflejar la diversidad de intereses e inquietudes
presentes en la sociedad local antequerana. Este
sector constituye la base sobre la que articular la
interrelación entre la dinámica interna, responsable
de la gestión administrativa, y su dinámica externa,
en aras de garantizar la salvaguardia del conjunto de
sus valores. También existen otros colectivos que
presentan una doble vinculación con los dólmenes.
Se trata de los protagonistas de las actividades
agrícolas -hortelanos, cooperativistas y grandes
comercializadores-, ganaderas -leche y derivados-, y
turísticas. Por un lado, estaría su vinculación directa
con los dólmenes a través del uso de unos espacios
que resultan claves para la comprensión de la
génesis y localización de los dólmenes -la vega-, y
donde cualquier intervención afecta a su dimensión
paisajística. Y por otro se encontraría el uso de estos
elementos como “materia prima” de su actividad,
caso de la práctica turística, pero también su utilización -y en este caso coinciden con las actividades
comerciales- en los procesos de comercialización
como imagen de marca y distintivo en las estrategias
de publicidad de sus productos.
&21&/86,21(6
La posibilidad de incorporar al análisis arqueológico
la dimensión social y los significados atribuidos a
éstos por parte de los grupos sociales con los que
actualmente conviven, abre un interesante abanico
de posibilidades respecto al estudio de los dólmenes
de forma general, y el resto del patrimonio arqueológico en particular. La experiencia expuesta ha
permitido constatar de forma aplicada las percepciones y construcciones sociales existentes en torno
a un patrimonio megalítico excepcional. Sin embargo, se ha de tener en cuenta cómo los discursos
identificados constituyen fotos fijas del momento, a
la vez que cambiantes en función de las circunstancias. Por ello, si se desea contar con los agentes
locales en su gestión y conservación, el seguimiento
a medio plazo de la vigencia de dichos discursos
constituye un paso fundamental y necesario. Ahora
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Mª ISABEL DURÁN SALADO
bien, este control no debe separarse de lo acontecido
en la gestión de los dólmenes y las circunstancias
locales que los rodean.
En el caso de que desde las instancias institucionales o desde la población local (Carmona Sánchez,
1996) se optase por incorporar la participación social
como parte activa del proceso de patrimonialización
de los dólmenes, tampoco debe olvidarse que éste
también ha de ser concebido como un proceso
dinámico y no exento de dificultades (Font Fábregas,
2001; Caraballo Perichi, 2006), y que, por supuesto,
no finaliza una vez que un elemento patrimonial pasa
a ser considerado patrimonio cultural (Martorell
Carreño, 2004; López Lara, 2006). Se trata de tener
claro que cualquier cambio tanto físico -derivado de
las condiciones climáticas, de intervenciones
directas sobre el megalito, o en decisiones relativas
al número de visitas, etc.- como social -fruto de la
modificación de las representaciones sociales de los
agentes presentes en el territorio-, tendrá una
incidencia directa en la conservación de sus valores
culturales y dimensión paisajística.
Tras lo expuesto, se concluye que la incorporación de
agentes a través de fórmulas de gestión participativas no permite solventar de forma inmediata la
pérdida de valores culturales experimentadas por los
megalitos de Antequera desde la segunda mitad del
siglo XX, aunque sí ofrece estrategias y caminos para
entender el proceso de su protección desde una
perspectiva social. Es más, la participación social no
ha de ser considerada como la panacea ni vaciarse
de contenido, debiendo encontrar los marcos adecuados para su incorporación como fórmula eficiente y eficaz en la gestión futura de un patrimonio tan
excepcional como los dólmenes de Antequera. Dicho
propósito no deja de constituir una tarea ardua y no
exenta de altibajos que corresponde tanto a las
administraciones responsables de su conservación,
como a la sociedad local vinculada al mismo a través
de una implicación activa y responsable.
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lacantones: un estudio sobre percepción Visual,
Tesis Doctoral, Escuela Nacional de Antropología
e Historia, México.http://www.uamantropologia.info/ alteridades/alt8-4-vargas.pdf
CRÓNICA
ESTUDIO DE LOS RESTOS ÓSEOS ANIMALES RECUPERADOS EN LA PARTE SUPERIOR DEL RELLENO DEL POZO DE MENGA EN LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA DE 2005
(678',2'(/265(6726Ï6(26$1,0$/(6
5(&83(5$'26(1/$3$57(683(5,25'(/
5(//(12'(/32=2'(0(1*$$17(48(5$
0È/$*$(1/$,17(59(1&,Ï1
$548(2/Ï*,&$'(
José Antonio Riquelme Cantal1
5HVXPHQ
Se estudian los restos óseos animales recuperados en la parte superior del relleno de un pozo situado en el
interior del dolmen de Menga, Antequera (Málaga), determinándose la presencia de bóvido doméstico y perro.
3DODEUDVFODYHDolmen de Menga, pozo, perro, bóvido, Arqueozoología, radiocarbono.
678'<2)7+($1,0$/5(0$,165(&29(5(')5207+(833(5
),//,1*2)0(1*$¶66+$)7$17(48(5$0È/$*$,17+(
,17(59(17,21
$EVWUDFW
In this paper, I present of animals faunal remains recovered from the top of the filling of Menga's shaft,
Antequera (Malaga), determining the presence of bovid and dog.
.H\ZRUGVMenga dolmen, shaft, dog, bovid, Archaeozoology, radiocarbon.
1
Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Granada. [[email protected]]
Recibido: 03/09/2012; Aceptado: 20/09/2012
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 231-236. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
231
JOSÉ ANTONIO RIQUELME CANTAL
,1752'8&&,–10$7(5,$/<0Œ72'26
A raíz de los trabajos arqueológicos realizados tanto
al exterior como al interior del dolmen de Menga en
el año 2005, apareció una estructura circular,
determinada como un pozo, situada en el fondo de la
cámara a unos 15 cm del pilar de mayor tamaño,
que proporcionó material arqueológico del siglo XIX
en su mayoría1. La excavación de dicho pozo se
continuó hasta los 6,20 metros de profundidad. A una
profundidad de 5,90 m aparecieron una serie de
restos óseos animales que se estudian a
continuación (Lám. 1).
ha pesado dando en gramos los resultados. El
cálculo de la edad de la muerte se ha realizado en
función de la fusión de las epífisis en los huesos
largos y el desgaste y reemplazo de las piezas dentales, siguiendo los criterios elaborados por el Laboratorio de Arqueozoología de la Universidad Autónoma
de Madrid (Morales Muñiz et al., 1994). La edad se
expresa en meses tal y como aparece en la Tabla 1.
INFANTIL
JUVENIL
SUBADULTO
ADULTO
SENIL
vaca
0/5-9
5/9-24
24-60
60-180
+ 180
perro
0/4-5
4/5-6/7
6/7-9/12
9/12-120
120
Tab. 1. Criterios para la expresión de la edad en meses.
Se han medido todas aquellas piezas óseas que no
se encontraban quemadas, presentaban señales de
manipulación antrópica o estaban deformadas patológicamente. Las medidas se han realizado con
calibres convencionales (error estimado ± 0,5 mm).
Se ha seguido la metodología propuesta por Driesch
(1976).
$1„/,6,6)$8167,&2
Lám. 1. Proceso de excavación de los restos faunísticos del pozo en
la campaña de primavera de 2005. Foto: Moreno Estudio Antequera.
Los restos de fauna estudiados suman un total de
151. Todos ellos han podido ser identificados
anatómica y zoológicamente, determinándose la
presencia de dos especies animales: un esqueleto
completo de bóvido doméstico (Bos taurus, L.) y dos
fragmentos atribuibles a perro (Canis familiaris, L.)
La identificación y clasificación taxonómica de la
muestra ósea se ha realizado con nuestra propia
colección comparativa. La bibliografía complementaria empleada ha sido la siguiente: Pales y Lambert,
1971; Barone, 1976. La estimación del número
mínimo de individuos (NMI) se ha calculado
siguiendo el criterio de escoger entre los huesos
pares aquellos que contaran con mayor número de
piezas de uno de los lados. Todo el material óseo se
Los restos de fauna analizados pertenecen a dos
especies animales, bóvido y perro. Los datos
métricos completos son facilitados en el Apéndice 1.
En el primero de los casos se trata de un animal
completo, posiblemente arrojado al pozo tras su
muerte. En este apartado vamos a analizar la
presencia de los distintos taxones representados al
objeto de valorar su cuantía y su tamaño en los
casos en que esto sea posible. En ningún caso las
especies representadas formarían parte del consumo alimentario. Las dataciones obtenidas a partir de
un fragmento de radio en el caso del bóvido y de un
metacarpo en el del perro del primer tramo del pozo
del dolmen de Menga, aportan los resultados
siguientes:
D
Fecha Beta-322311 (Muestra 1/Bóvido): 120 ±
30 BP (1685-1927 1 ɛ cal DNE, 1679-1940 2 ɛ
cal DNE).
D
Fecha Beta-322312 (Muestra 2/Perro): 150 ±
30 BP (1670-1943 1 ɛ cal DNE, 1667-1951 2 ɛ
cal DNE).
1 NAVARRETE PENDÓN, V. (2005): Informe sobre los trabajos arqueológicos en el dolmen de Menga, Antequera (Málaga) (informe inédito).
232
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 231-236. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
ESTUDIO DE LOS RESTOS ÓSEOS ANIMALES RECUPERADOS EN LA PARTE SUPERIOR DEL RELLENO DEL POZO DE MENGA EN LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA DE 2005
%267$8586%–9,'2'20Œ67,&2
Esta especie ha proporcionado un total de 149
huesos pertenecientes todos ellos a un mismo
individuo adulto (ver desglose en la Tab. 2). El peso
total del material analizado se eleva a 15.290 gr. A
continuación, pasamos a detallar las características
de los distintos huesos recuperados. El estado
general de los huesos es bueno, aunque algo frágil
debido posiblemente a cuestiones de humedad. En
primer lugar, el cráneo se encuentra completo
aunque relativamente fragmentado, sobre todo en lo
referente a los huesos nasales, maxilar y dientes
superiores. Estos últimos presentan cierto desgaste
al pertenecer a un individuo adulto.
El único signo de manipulación antrópica sobre los
huesos de este individuo parece encontrarse
precisamente en el cráneo. Los cuernos no han sido
recuperados porque fueron seccionados con un
objeto metálico cortante, posiblemente tras la
muerte del animal y antes de arrojarlo al pozo. El
hueso hioide aparece fragmentado. Las dos
hemimandíbulas están completas aunque fracturadas. Al igual que ocurría con las superiores, las
piezas dentales presentan desgaste. Las dos
primeras vértebras cervicales, atlas y axis, presentan
distinto grado de fracturación. El resto de vértebras,
a excepción del sacro que se encuentra muy
fragmentado, presentan un buen estado de conservación. Las costillas, por su parte, sí tienen un alto
grado de fragmentación. Son escasas las que se
conservan completas. Las escápulas se encuentran
fracturadas. Los húmeros no presentan ningún tipo
de fracturación. Las ulnas y radios están completos y
soldados. Los huesos cortos del carpo están todos
completos. Los metacarpos no presentan ningún tipo
de fracturación. Las pelvis se encuentran completas
pero fragmentadas. Los fémures presentan distinto
estado de conservación. El izquierdo se encuentra
completo, mientras que el derecho aparece muy
fragmentado. Las dos patellas se encuentran
completas. Las tibias no presentan ningún tipo de
fracturación. Los huesos cortos del tarso recuperados se encuentran completos. Los metatarsos no
presentan tampoco fracturación alguna. Las
falanges primeras se han recuperado todas y en
buen estado de conservación. En cuanto a las
falanges segundas, sólo se han recuperado siete
aunque en buen estado de conservación. Respecto
de las falanges terceras, sólo se han recuperado
cuatro que presentan cierto deterioro (Fig. 1).
En cuanto al sexo, tanto la morfología de los huesos
como los índices de robustez aplicados en los
metápodos indicarían la presencia de un macho. La
recuperación de huesos largos completos ha permitido calcular la altura en la cruz de este animal
obteniéndose los resultados que se muestran en la
Tabla 3 (Fock, 1966; Matolcsi, 1970). Según los
distintos huesos y factores utilizados, la altura en la
cruz del individuo analizado estaría comprendida
entre los 125 cm en el húmero y 134,9 cm en el
fémur. Estos cálculos deben tratarse con ciertas
precauciones, ya que una variación de hasta 10 cm
en los cálculos de la altura media en la cruz de un
mismo individuo pone de manifiesto la cautela con la
que debe considerarse este tipo de estimaciones.
&$1,6)$0,/,$5,63(552
Dos fragmentos óseos, concretamente costilla y
metacarpo, han sido atribuidos a esta especie. La
costilla se encuentra fracturada y el metacarpo,
aunque presenta erosionada su superficie, conserva
zonas diagnósticas que permiten su atribución a
Canis familiaris.
',6&86,–1
Se han analizado los restos óseos provenientes del
interior de un pozo excavado en el interior del
dolmen de Menga. Las especies determinadas son
Bos taurus (bóvido) y Canis familiaris (perro). En el
primero de los casos, el esqueleto aparece completo
y debió ser arrojado al interior del pozo tras la
muerte del animal. El impacto de la caída en el
interior del pozo pudo ser el responsable de que
algunos huesos aparezcan fracturados. La única
evidencia de manipulación antrópica aparece en el
cráneo del bóvido, al quedar las huellas producidas
al cortar los cuernos, posiblemente tras la muerte
del animal y antes de arrojarlo al pozo. En ambas
especies determinadas se trata de individuos
adultos. Las fechas radiocarbónicas obtenidas
parecen indicar que, con independencia de la edad
de construcción del pozo o de la edad del relleno
basal del mismo, la parte superior del mismo fue
utilizada como vertedero durante algunos momentos
del siglo XIX.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 231-236. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
233
JOSÉ ANTONIO RIQUELME CANTAL
RESTO ÓSEO
cráneo
Nº
1
RESTO ÓSEO
metacarpo
Nº
2
hioide
1
pelvis
2
mandíbula
2
fémur
2
atlas
1
patella
2
axis
1
tibia
2
sacro
1
calcáneo
2
vértebras
34
astrágalo
2
costillas
45
tarso
3
escápula
2
metatarso
2
húmero
2
falange 1ª
8
ulna
2
falange 2ª
7
radio
2
falange 3ª
4
carpo
12
sesamoideos
5
Tab. 2. Desglose anatómico de los restos óseos de Bos taurus
recuperados.
Fig. 1. Desglose anatómico en el bóvido representado.
Húmero: Matolcsi, 1970
longitud máxima (mm)
factor
302.0
01/04/14
302.0
altura en la cruz (cm)
125.0
125.0
Radio: Matolcsi, 1970
longitud máxima (mm)
factor
297.0
01/04/30
298.0
altura en la cruz (cm)
127.7
128.1
Metacarpo: Fock, 1966
longitud máxima (mm)
factor
198.0
01/06/25
198.0
altura en la cruz (cm)
123.7
123.7
Fémur: Matolcsi, 1970
longitud máxima (mm)
389.0
Factor
altura en la cruz (cm)
3.47
134.9
Tibia: Matolcsi, 1970
longitud máxima (mm)
factor
365.0
01/03/45
365.0
altura en la cruz (cm)
125.9
125.9
Metatarso: Fock, 1966
longitud máxima (mm)
241.0
242.0
factor
01/05/55
Tab. 3. Cálculo de la altura en la cruz según los distintos huesos largos.
234
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 231-236. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
altura en la cruz (cm)
133.7
134.3
ESTUDIO DE LOS RESTOS ÓSEOS ANIMALES RECUPERADOS EN LA PARTE SUPERIOR DEL RELLENO DEL POZO DE MENGA EN LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA DE 2005
%,%/,2*5$)$
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Foto: Aurora Villalobos Gómez.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 231-236. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
235
JOSÉ ANTONIO RIQUELME CANTAL
$3Œ1',&(0(','$6267(20Œ75,&$6(10,/0(7526
longitud
anchura
GL
Bp
SD
Bd
BT
GL
Bp
SD
Bd
GL
GL
Bp
SD
Bd
GL
Bp
SD
Bd
GL
GB
GL
Bp
SD
Bd
236
M/3
38.0
17.0
derecho
Húmero
302.0
97.0
41.5
82.0
77.5
derecho
Radio
297.0
85.0
44.0
78.0
derecho
Radio + Ulna (izquierdo)
377.0
Metacarpo
198.0
62.5
37.0
63.0
derecho
Fémur
64.0
34.0
28.0
31.0
A
GL
Bp
SD
Bd
42.0
31.5
25.0
26.5
A
GL
GB
302.0
97.0
41.5
82.5
77.0
izquierdo
GLI
GLm
Bd
198.0
61.0
36.0
63.5
izquierdo
Calcáneo
143.0
43.0
derecho
Astrágalo
69.5
63.5
45.5
derecho
Centrotarsal
60.0
derecho
Metatarso
241.0
53.0
30.5
59.0
derecho
GB
298.0
84.0
43.5
78.0
izquierdo
389.0
119.0
38.0
101.0
izquierdo
101.5
derecho
Patella
66.5
54.0
derecha
Tibia
365.0
101.5
43.0
66.0
derecha
GL
Bp
SD
Bd
38.0
17.0
izquierdo
GL
Bp
SD
Bd
143.0
42.5
izquierdo
70.0
63.0
46.0
izquierdo
59.0
izquierdo
242.0
52.0
30.5
60.0
izquierdo
Abreviaturas utilizadas: A. anterior; Bd. anchura distal; Bp.
anchura proximal; BT. anchura de la tróclea (húmero); GB.
anchura máxima; GL. longitud máxima; GLI. longitud mayor
de la mitad lateral (astrágalo); GLm. longitud mayor de la
mitad medial (astrágalo); P. posterior; SD. anchura menor
de la diáfisis.
65.0
53.0
izquierda
365.0
101.5
43.0
67.0
izquierda
63.0
33.0
27.5
30.0
A
43.0
32.0
25.0
26.0
A
Falange 1ª
63.0
34.0
28.0
31.0
A
63.0
33.0
28.0
30.0
A
43.5
31.0
25.0
26.0
A
Falange 2ª
44.0
30.0
26.0
25.5
P
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 231-236. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
68.0
32.0
26.5
29.0
P
66.0
31.0
27.5
30.0
P
45.5
30.0
24.5
25.0
P
68.0
32.0
27.0
29.5
P
44.0
31.0
24.5
24.0
P
67.0
32.0
28.0
31.0
P
46.0
29.0
24.5
25.0
P
CRÓNICA
LAS INHUMACIONES MEDIEVALES DEL ATRIO DEL DOLMEN DE MENGA (ANTEQUERA, MÁLAGA): ESTUDIO ANTROPOLÓGICO Y CRONOLOGÍA ABSOLUTA
/$6,1+80$&,21(60(',(9$/(6'(/$75,2
'(/'2/0(1'(0(1*$$17(48(5$
0È/$*$(678',2$175232/Ï*,&2<
&5212/2*Ë$$%62/87$
Marta Díaz-Zorita Bonilla1 y Leonardo García Sanjuán2
5HVXPHQ
En la primavera de 2005 se realizó en el dolmen de Menga una intervención arqueológica de tres meses de
duración que permanece inédita. En este artículo se dan a conocer los resultados del estudio bioarqueológico
y de datación radiocarbónica de dos inhumaciones encontradas en el atrio del dolmen durante esa
intervención. Los datos obtenidos demuestran que se trata de dos inhumaciones de individuos adultos
masculinos realizadas en la segunda mitad del primer milenio DNE, lo que sugiere la probable continuidad de
la frecuentación y uso del megalito, quizás como espacio sagrado, en plena Edad Media. Esta información es
interpretada en clave de la complejidad y profundidad de la biografía de Menga como monumento.
3DODEUDVFODYHBioarqueología, Monumento Megalítico, Edad Media, Tafonomía, Cronología
Radiocarbónica.
7+(0(',(9$/,1+80$7,2162)0(1*$¶6$75,80$17(48(5$
0È/$*$$17+5232/2*,&$/678'<$1'$%62/87(&+5212/2*<
$EVWUDFW
In the spring of 2005, a three-month long archaeological excavation was carried out at Menga. This excavation
remains unpublished. This paper presents the results of the bioarchaeological and C14-dating study of two
inhumations found at the atrium during that excavation. The evidence obtained shows that two male adults
were buried there in the second half of the 1st millennium AD. This suggests the probable continuity of the
megalithic monument as a burial ground and sacred space during the Middle Age. This, in turn, is interpreted
in terms of the depth and complexity of the biography of Menga as a monument.
.H\ZRUGVBioarchaeology, Megalithic Monument, Middle Age, Taphonomy, Radiocarbon Chronology.
1
2
Department of Archaeology, Durham University. [[email protected]]
Departamento de Prehistoria y Arqueología, Universidad de Sevilla. [[email protected]]
Recibido: 03/09/2012: Aceptado: 30/09/2012
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
237
MARTA DÍAZ-ZORITA BONILLA Y LEONARDO GARCÍA SANJUÁN
,1752'8&&,–1
La información contextual relativa a la Tumba 1
(individuo 1, encontrado en el Corte 3), facilitada por
la excavadora en su informe es la siguiente:
cerámica vidriada del XIX, así como TS Clara D o
unas monedas del franquismo. La capa 2 es de un
color marrón más claro, debido a la base de
calcarenita que conforma la geología de esta zona y
que las raíces se encargan de mezclar. Aparece
material muy mezclado y revuelto. En este corte
conforme se rebajó desde la mitad hacia la parte
más suroeste obtenemos antes el suelo de
calcarenita y, se observó en el perfil que se produce
un gran salto entre el suelo de calcarenita del atrio y
la calcarenita que nos aparece en el perfil es la
denominada capa 3. Tras ver la diferencia de altura
entre la roca madre del Corte 2 y la del Corte 3 se
decide retirar el testigo, de los Cortes 2-3. Al
levantar la primera capa superficial y la capa 2 de
labor, aparecieron una serie de piedras en la parte
más al este que parecían tener alguna forma y ser
una continuación de las que se observaban en el
Corte 2 que forman parte del atrio, por lo que se
realizó su limpieza y documentación dando como
resultado el de ser un simple derrumbe. El dato más
sorprendente nos lo dio la parte más al oeste del
testigo donde nos empieza aparecer (sic) restos de
huesos que al seguir bajando y limpiando nos
muestra un enterramiento de un adulto en posición
de cubito (sic) con las manos entrelazadas como si
estuviese atado y su orientación hacia el suroeste
nos indicó que se trataba de un miembro de la
comunidad musulmana. Faltaban parte (sic) de su
esqueleto pero esto era lógico pues las raíces de los
árboles cercanos se encargaron de destrozarlo…”3
“En el exterior planteamos el Corte 3, a 1,50 m al
noreste del Corte 2, teniendo una extensión de 3 x 7
m. Se comenzó con una limpieza de la primera capa
vegetal para después continuar con el rebaje
utilizándose el pico siempre del noroeste al suroeste
para intentar llevar una capa uniforme y recta que
nos vaya mostrando los perfiles pues nuestro trabajo
consistía también en ver la geomorfología del
entorno (…) La capa 1 es el nivel superficial donde no
aparece material, la capa 2 es lo que se denomina la
tierra de labor, siendo de un color marrón oscuro en
la que sí apareció restos de material, con un abanico
cronológico muy amplio apareciendo fragmentos de
Aunque la excavadora no proporciona mayores
detalles, de las fotografías incluidas en el informe y
realizadas por parte del Conjunto Arqueológico
Dólmenes de Antequera (CADA) durante la
intervención (Láms. 1, 2, 3 y 4) y de la planimetría
presentada (Lám. 5), se desprende que este individuo
se encontraba inhumado en una fosa simple
individual, desprovista de cualquier tipo de arquitectura pétrea, en posición decúbito lateral derecho,
con las extremidades superiores extendidas y las
manos sobre o a la altura de las pelvis y las
extremidades inferiores igualmente extendidas, y
que carecía de cualquier objeto de ajuar.
Con el objetivo de controlar el movimiento de tierras
que iba a producirse con ocasión del acondicionamiento de iluminación y accesos al monumento
megalítico de Menga, en la primavera de 2005 se
llevó a cabo una intervención arqueológica de tres
meses de duración cuyos resultados permanecen
inéditos. El único informe de esta intervención
depositado en los registros de la administración de
la Consejería de Cultura consta de una sección de 8
páginas que resume los resultados de la intervención arqueológica1, así como de dos anexos que dan
cuenta del estudio de restos faunísticos encontrados
en los primeros 6 m de relleno del pozo encontrado
en el interior del dolmen (Riquelme Cantal, 2012) y
de dos esqueletos humanos encontrados en el atrio2.
En este trabajo se presenta el estudio bioarqueológico y de datación radiocarbónica de los dos
individuos encontrados en el atrio de Menga
procedentes de esta intervención.
&217(;72
780%$,1',9,'82
NAVARRETE PENDÓN, V. (2005): Memoria de los Trabajos en el Control de Movimientos de Tierra para el Acondicionamiento de
Iluminación y Accesos al Sepulcro Megalítico de Menga (Antequera). Informe Inédito.
1
2 PALOMO LABURU, A. (2005): “Informe antropológico de los restos óseos del individuo islámico aparecidos en la intervención arqueológica
Atrio Menga (Antequera, Málaga). Tumba1.” En Navarrete Pendón, V.: Memoria de los Trabajos en el Control de Movimientos de Tierra para el
Acondicionamiento de Iluminación y Accesos al Sepulcro Megalítico de Menga (Antequera), 34-38. Informe Inédito.
NAVARRETE PENDÓN, V. (2005): Memoria de los Trabajos en el Control de Movimientos de Tierra para el Acondicionamiento de
Iluminación y Accesos al Sepulcro Megalítico de Menga (Antequera). Informe Inédito, pp. 23-24.
3
238
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
LAS INHUMACIONES MEDIEVALES DEL ATRIO DEL DOLMEN DE MENGA (ANTEQUERA, MÁLAGA): ESTUDIO ANTROPOLÓGICO Y CRONOLOGÍA ABSOLUTA
1
Lám. 1: Tumba 1. Aspecto general. Foto: Moreno
Estudio Antequera.
Lám. 2: Tumba 1. Detalle. Foto: Moreno Estudio
Antequera.
Lám. 3: Tumba 1. Detalle. Foto: Moreno Estudio
Antequera.
Lám. 4: Tumba 1. Detalle. Foto: Moreno Estudio
Antequera.
Lám. 5: Tumba 1. Planta. Dibujo: Verónica
Navarrete Pendón (Escala 1:20; Sin escala gráfica
en el original)
2
3
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
5
4
239
MARTA DÍAZ-ZORITA BONILLA Y LEONARDO GARCÍA SANJUÁN
780%$,1',9,'82
La descripción facilitada por la excavadora sobre la
segunda de las inhumaciones halladas en el atrio de
Menga es la siguiente:
“El Corte 7 perteneciente al acceso al dolmen, pero
justo en el lugar donde se encontraba un olivo que,
por su simbolismo se realizará para su retirada una
limpieza del entorno y raíces, por capas naturales.
En este proceso es cuando nos aparece la segunda
tumba de época musulmana a unos 2 m de la
aparecida en el testigo 2-3. Este segundo enterramiento está aun más deteriorado que el primero a
causa de las raíces del olivo que se han ido introduciendo por los huesos y destrozándolos (ver anexo)”4.
Se trata por tanto de una descripción todavía más
lacónica que la proporcionada para el primer
enterramiento. En las fotografías realizadas por
encargo del CADA (Láms. 6, 7, 8 y 9) y en la planta de
los excavadores (Lám. 10) se aprecia en todo caso
que se trata de una inhumación en fosa simple sin
elementos pétreos, en la que el cuerpo fue
igualmente depositado en decúbito lateral derecho,
con extremidades superiores extendidas y manos
sobre o a la altura de las pelvis y las extremidades
inferiores igualmente extendidas, sin acompañamiento de cualquier objeto de ajuar.
$1„/,6,6$175232/–*,&2
75$7$0,(172 0Œ72'26 < $63(&726 7$)21–
0,&26
El ya citado estudio antropológico realizado por A.
Palomo Laburu durante la fase de campo ha sido
ampliado con la realización de un segundo estudio
por nuestra parte. Para ello, los restos antropológicos fueron primero limpiados retirando el sedimento adherido con instrumental de madera no
cortante, y luego clasificados, ya que se encontraban
mezclados. Para aquellas zonas anatómicas donde
la resistencia del hueso lo permitía, se ha aplicado
agua (H2O) con un cepillo de cerdas blandas, de
manera que humedeciendo poco a poco la superficie
el sedimento se reblandece y puede retirarse de
manera fácil y sin dañar al hueso. En algunos casos,
se ha utilizado instrumental en punta de madera
para prevenir cualquier arañazo o marca en los
huesos al retirar el sedimento. También se han
retirado las raíces, insectos, piedras y malacofauna
asociadas al material antropológico. Una vez el
material limpio, se ha dejado secar en papel absorbente para evitar la persistencia de humedad y la
subsiguiente aparición de hongos. En ningún caso se
ha utilizado consolidante para la restitución de los
huesos, aunque sin embargo sí se ha utilizado esparadrapo de papel para tomar algunas mediciones.
Los huesos han sido identificados, individualizados y
clasificados por zonas anatómicas. Para su correcto
almacenaje se han guardado en bolsas estancas tipo
zip con la signatura identificativa en el exterior de la
bolsa así como en un acetato dentro de cada una de
ellas con toda la información de registro. Igualmente
se ha creado un inventario con el número de bolsas
que contiene cada individuo. Para cada uno de los
individuos se ha creado un gráfico de preservación y
todos los datos han sido registrados en fichas de
laboratorio.
Todos los restos óseos han sido identificados y
clasificados según el tipo de fragmento, lateralidad,
edad y sexo (White, 2005; Bass, 1995; Brothwel,
1987). Se ha seguido la literatura convencional al uso
para la estimación del sexo, según criterios basados
en la pelvis y en el cráneo (Brothwell, 1987; Buikstra
y Ubelaker, 1994), y para la métrica del esqueleto
postcraneal (Brothwell, 1987; Martin y Knussman,
1988; Reverte Coma, 1991; Buikstra y Ubelaker,
1994). El instrumental empleado ha sido calibres
digitales (desde 0,1 mm) y cintas métricas. Los
dientes que aparecían de manera aislada han sido
identificados y clasificados según el tipo de dentición
(decidua/permanente), lateralidad (derecha/izquierda), y arcada (maxilar/mandibular) (Brothwell, 1987;
Hillson, 1996; White, 2000). Los caracteres no
métricos han sido registrados en los dos individuos
para el esqueleto craneal (Berry y Berry, 1967) y para
el esqueleto postcraneal (Finnegan, 1978; Brothwell,
1987). Para la evaluación del estado de salud de los
individuos y el correcto registro de los casos
patológicos, se han seguido las recomendaciones
propuestas en la bibliografía de referencia (Roberts y
Connell, 2004). También se han consultado otros
manuales (Roberts y Manchester, 1995; Campillo,
1996; Auferheide y Rodríguez Martín, 1998; Ortner,
2003).
NAVARRETE PENDÓN, V. (2005): Memoria de los Trabajos en el Control de Movimientos de Tierra para el Acondicionamiento de
Iluminación y Accesos al Sepulcro Megalítico de Menga (Antequera). Informe Inédito, p. 25.
4
240
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
LAS INHUMACIONES MEDIEVALES DEL ATRIO DEL DOLMEN DE MENGA (ANTEQUERA, MÁLAGA): ESTUDIO ANTROPOLÓGICO Y CRONOLOGÍA ABSOLUTA
Lám. 6: Tumba 2. Aspecto general. Foto: Moreno
Estudio Antequera.
Lám. 7: Tumba 2. Detalle. Foto: Moreno Estudio
Antequera.
Lám. 8: Tumba 2. Detalle. Foto: Moreno Estudio
Antequera.
Lám. 9: Tumba 2. Proceso de extracción del
cráneo del individuo de la Tumba 2. Foto: Moreno
Estudio Antequera.
6
7
Lám. 10: Tumba 2. Planta. Dibujo: Verónica
Navarrete Pendón (Escala 1:20; Sin escala gráfica
en el original)
8
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
9
10
241
MARTA DÍAZ-ZORITA BONILLA Y LEONARDO GARCÍA SANJUÁN
Desde un punto de vista tafonómico, los restos
antropológicos se encuentran afectados por un
proceso de meteorización evidente, posiblemente
por haber estado expuestos a factores medioambientales durante un tiempo prolongado. Igualmente
los huesos presentan erosión, fisuras de tipo
longitudinal y blanqueamiento por exposición
prolongada a los efectos del sol, como se puede
apreciar en la Lámina 11. También se observan
marcas de abrasión por haber estado en contacto
con el agua, y producidas por insectos a modo de
pequeños forámenes en huesos planos y en el
cráneo (Lám. 12). El sedimento de relleno que
recubría los huesos, calcarenita, les ha provocado
fragilidad y fragmentación, por lo que su superficie
externa se encuentra descamada, rugosa y en
algunos casos desdibujando las zonas anatómicas.
Las raíces han penetrado por todo el tejido
trabecular, afectando muy negativamente a los
huesos. Durante la fase de limpieza se ha procedido
a su correcta retirada sin dañar el hueso,
documentándolas en casi todos los huesos largos
(Lám. 13), planos y cortos, y también en el cráneo de
ambos individuos, entre la tabla externa e interna. El
tratamiento del material en campo, como un
incorrecto almacenamiento con el sedimento aún
húmedo en bolsas de plástico, ha sido otro factor
determinante en su grado de conservación, favoreciendo una mayor fragmentación así como la
proliferación de hongos.
$1„/,6,6'(02*5„),&2
El individuo 1 es de sexo masculino (M), estimado
según los caracteres dimórficos del cráneo (protuberancia inión, protuberancias supraorbitarias y
apófisis geni) y comparado con la pelvis (escotadura
ciática). El individuo 2 es de sexo posiblemente masculino (M?), estimado según los rasgos del cráneo y
la mandíbula (apófisis mastoides y aletas goníacas) y
comparado con la pelvis (escotadura ciática).
Con respecto a la edad de muerte, para el individuo
1, la valoración general del desgaste dental de las
piezas que se encuentran presentes, sugiere una
edad de >45 años, según Brothwell (1987). Para el
individuo 2 se ha tenido en cuenta el desarrollo y
degeneración de la superficie auricular de la pelvis
derecha e izquierda. Se observa una fase 6 según
Lovejoy et al. (1985) por lo que el individuo estaría
entre los 45 y los 49 años. También se ha observado
el grado de desgaste ofreciendo una edad >45 años
según Don Brothwell (1987).
Respecto a los caracteres métricos, no han sido
muchas las medidas que se han tomado debido al
alto grado de fragmentación de los huesos. Sin
embargo, sí ha sido posible medir los diámetros de
las coronas de los dientes que se han preservado.
Con respecto a los resultados de la métrica, el
individuo 1 presenta un índice de platolenia que
indica que este individuo se puede clasificar como
eurolenia según el valor del cúbito izquierdo (89,97
mm) y platolenia según el valor del cúbito derecho
(77,58 mm) (Reverte Coma, 1991). Estos valores nos
indican que el cúbito derecho presenta un aspecto
más aplanado, mientras que el cúbito izquierdo
presenta un aspecto mediano. Con respecto al
individuo 2 el índice diafisiario del húmero indica que
los valores del húmero derecho (86,89 mm) y los del
húmero izquierdo (77,82 mm) se clasifican como tipo
euribraquia (Reverte Coma, 1991). Según el índice de
platolenia del cúbito derecho (123,34 mm) se
clasificaría como hipereurolenia (Reverte Coma,
1991). Esto nos indica que los cúbitos presenta un
aspecto de tipo redondeado. Debido a que la muestra
es muy pequeña y a los escasos índices que se han
podido establecer en base a la métrica (platolenia
del cúbito y diafisiario del húmero) (Reverte Coma,
1991; Campillo Valero y Subirá de Galdácano, 2004)
ofrecen resultados demasiado escasos y variables
como para poder describir las tendencias de un
grupo poblacional.
La estatura no ha podido ser estimada durante la
fase de laboratorio en ninguno de los individuos ya
que no se conservan ninguna longitud máxima de
huesos largos. Durante la fase de excavación, se
estimó en torno a 1,4 m la estatura del individuo 2
midiendo el esqueleto completo5. Sin embargo, esta
estimación debe tomarse con cautela debido a la
dificultad de corregir la estimación de acuerdo con la
postura del individuo inhumado así como los
posibles desplazamientos y movimientos de todas
las zonas articulares y la ausencia de todos los
elementos que envuelven y protegen dichas articulaciones (en especial, los discos intervertebrales).
5 NAVARRETE PENDÓN, V. (2005): Memoria de los Trabajos en el Control de Movimientos de Tierra para el Acondicionamiento de
Iluminación y Accesos al Sepulcro Megalítico de Menga (Antequera). Informe Inédito, p. 37.
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MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
LAS INHUMACIONES MEDIEVALES DEL ATRIO DEL DOLMEN DE MENGA (ANTEQUERA, MÁLAGA): ESTUDIO ANTROPOLÓGICO Y CRONOLOGÍA ABSOLUTA
Lám. 11: Aspecto de la diáfisis del fémur del individuo 1 producido por la
exposición a factores medioambientales presentando erosión, fisuras de tipo
longitudinal y blanqueamiento. Foto: Marta Díaz-Zorita Bonilla.
Lám. 12: Marcas de abrasión y pequeños forámenes producidos por insectos en
la tabla interna del cráneo del individuo 2. Foto: Marta Díaz-Zorita Bonilla.
Lám. 13: Raíces penetrando en el tejido trabecular del
radio del individuo 2. Foto: Marta Díaz-Zorita Bonilla.
Lám. 14: Carácter no métrico: raíz bífida en el
incisivo 2 superior izquierdo del Individuo 2. Foto:
Marta Díaz-Zorita Bonilla.
Lámina 15: Gran desarrollo de la inserción del músculo redondo mayor en el húmero
derecho del Individuo 1. Foto: Marta Díaz-Zorita Bonilla.
Lám. 16: Osteoma localizado en el hueso parietal derecho del Individuo 2. Foto:
Marta Díaz-Zorita Bonilla.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
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MARTA DÍAZ-ZORITA BONILLA Y LEONARDO GARCÍA SANJUÁN
Los caracteres no métricos son una serie de rasgos
morfológicos en forma de forámenes, fosas, depresiones y otras manifestaciones que se presentan en
el esqueleto de manera única o bilateral, aunque lo
normal es que se encuentren ausentes (Brothwell,
1987). Según algunos autores, su repetición en
varios individuos de una misma población tiene un
componente genético y puede estar en relación con
el grado de parentesco. Aunque se ha procedido a un
reconocimiento general para registrar los caracteres
no métricos craneales y postcraneales, su registro
ha sido imposible debido al estado de fragmentación.
Para el caso de los caracteres no métricos dentales,
en el individuo 2 se ha detectado una raíz bífida en el
incisivo 2 superior izquierdo (I2SI) (Lám. 14).
como osteoartritis con eburneación en las carillas
articulares superiores. Dentro de las patologías
clasificadas como neoplásicas, el individuo 2 presenta un osteoma en forma de botón en el parietal
derecho, cerca de la escama, de forma circular y de
aproximadamente 19,11 mm de diámetro (Lám. 16).
Los osteomas son tumores de tipo benigno cuyo
crecimiento es lento, formados por hueso compacto
y que generalmente aparecen en el ectocráneo
(White, 2005). Predominan en el sexo masculino y
generalmente afectan más a huesos frontales y
parietales (Aufderheide y Rodríguez Martín, 1998). Su
tamaño suele ser pequeño (menor de 1 cm) y de
forma circular (Campillo, 1996).
En cuanto a los rasgos funcionales (es decir, en
relación con la actividad que desarrolla la persona
durante su vida, la modificación de su musculatura y
como consecuencia las huellas que pudieran aparecer en los huesos de las inserciones musculares o
tendinosas), el individuo 1 presenta un gran desarrollo en las extremidades superiores, sobre todo en
la inserción del músculo redondo mayor tanto en el
húmero derecho (Lám. 15) como en el izquierdo, lo
cual debe ser puesto en relación con el uso prolongado de las extremidades superiores en alguna
actividad física. Con respecto a las extremidades
inferiores, el individuo 1 presenta en el fémur derecho (el fémur izquierdo no se preserva) una exostosis
a la altura del tercio medial de la línea áspera
alcanzando una superficie de 5,42 mm y que pudiera
estar en relación con la actividad física en terrenos
abruptos.
&5212/2*$$%62/87$
$1„/,6,63$72/–*,&2
El individuo 1 presenta un osteofito en la epífisis
proximal del cúbito izquierdo. Esta patología puede
estar en relación con el gran desarrollo de las extremidades superiores, sobre todo en la inserción del
músculo redondo mayor en el húmero izquierdo. Con
respecto a las patologías de tipo oral, el individuo 1
presenta una caries dental en una pieza clasificada
como molar en la línea cemento-esmalte con un
diámetro de 5,03 mm.
El individuo 2 también presenta osteoartritis en la
apófisis odontoide del axis, en la carilla articular con
el atlas. Igualmente presenta pequeños espículos en
el arco vertebral justo en la apófisis espinosa, así
244
Se han realizado dos dataciones absolutas de C-14
por método AMS en el Centro Nacional de
Aceleradores de la Universidad de Sevilla a partir de
sendas muestras de hueso humano extraídas del
material esquelético de los individuos anteriormente
descritos. Los resultados de estas dataciones (Tab.
1) confirman la sospecha expresada por la excavadora en su informe de que se trata de individuos de
cronología medieval, situada concretamente, según
los análisis radiocarbónicos ahora realizados, en la
segunda mitad del primer milenio DNE.
MUESTRA
SIGLA
LABORAT.
FECHA
BP
DNE
(1 ͈)
DNE
(2 ͈)
Individuo 1 (Tumba 1).
Muestra hueso fémur
derecho (5,4 gr).
CNA-1173
1100 ± 45
894-998
783-1022
Individuo 2 (Tumba 2).
Hueso extremidad
superior (2,8 gr).
CNA-1174
1250 ± 35
686-805
676-871
Tabla 1. Dataciones radiocarbónicas de los dos individuos inhumados en el atrio de Menga.
La datación obtenida para el Individuo 1 (CNA-1173),
obtenida a partir de muestra ósea tomada del fémur
derecho, dio una cronología de 1100 ± 45 BP, es decir, 894-998 cal DNE 1 ͈ ó 783-1022 cal DNE 2 ͈ (Fig.
1). La datación del Individuo 2 (CNA-1174), con
muestra ósea tomada de una extremidad superior,
dio una cronología de 1250 ± 35 BP, es decir, 686-805
cal DNE 1 ͈ ó 676-871 cal DNE 2 ͈ (Fig. 2). Consideradas en sus versiones calibradas a 2 ͈, ambas dataciones se sitúan por tanto entre finales del siglo VII
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
LAS INHUMACIONES MEDIEVALES DEL ATRIO DEL DOLMEN DE MENGA (ANTEQUERA, MÁLAGA): ESTUDIO ANTROPOLÓGICO Y CRONOLOGÍA ABSOLUTA
',6&86,–1
En este estudio se han presentado los resultados del
análisis bioarqueológico de los dos individuos hallados en 2005 en la zona del atrio del sepulcro megalítico de Menga. Los restos antropológicos presentan
un alto grado de fragmentación así como diversos
factores tafonómicos tales como la meteorización,
abrasión, insectos y raíces, los cuales han dificultado
la toma de medidas así como la aplicación de algunas metodologías para estimar la edad o el sexo.
El Individuo 1 es un varón de más de 45 años que, en
términos de constitución, presentaba un gran
desarrollo en las extremidades superiores, sobre
todo en la inserción del músculo redondo mayor en
ambos húmeros. Desde un punto de vista patológico,
presentaba una exostosis en el fémur derecho a la
altura del tercio medial de la línea áspera, un
osteofito en la epífisis proximal del cúbito izquierdo,
y una caries en la línea cemento-esmalte de un
molar. La datación de este individuo (CNA-1173), con
muestra ósea tomada del fémur derecho, dio una
cronología de 1100 ± 45 BP, es decir, 894-998 cal
DNE 1 ͈ ó 783-1022 cal DNE 2 ͈.
Fig. 1: Datación radiocarbónica del Individuo 1.
Fig. 2: Datación radiocarbónica del Individuo 2.
y comienzos del siglo XI DNE, siendo aparentemente
el individuo 2 más antiguo que el Individuo 1 en unos
150 años.
De acuerdo con estos datos, las dos inhumaciones
registradas en el atrio de Menga en la intervención
de primavera de 2005 representan evidencia de su
utilización continuada como espacio de enterramiento bien entrado el I milenio DNE, dentro de lo
que es la compleja biografía del gran megalito
prehistórico antequerano (García Sanjuán y Lozano
Rodríguez, en prensa). Dado que ambos cuerpos se
encontraban aproximadamente alineados con el eje
de simetría axial del dolmen, parece difícil no
concluir que los difuntos, o quienes se encargaron
de su inhumación, tuvieron la voluntad de colocarlos
precisamente ahí en razón de la existencia del
monumento prehistórico, lo que sugiere un acto
funerario consciente de su presencia y significación
(así como quizás de su antigüedad).
El Individuo 2, probablemente un varón de entre 45 y
50 años de edad, presentaba un osteoma (tumor
benigno) en forma de botón en el parietal derecho
del cráneo, así como osteoartritis en la apófisis
odontoide del axis, en la carilla articular con el atlas
y en las carillas articulares superiores. La datación
de este individuo (CNA-1174), con muestra ósea
tomada de una extremidad superior, dio una
cronología de 1250 ± 35 BP, es decir, 686-805 cal
DNE 1 ͈ ó 676-871 cal DNE 2 ͈.
A la vista de los datos contextuales, osteoarqueológicos y radiocarbónicos disponibles, parece
fuera de toda duda que se trata de dos inhumaciones
realizadas entre los siglos VIII y XI DNE en la zona de
acceso a Menga. No se trata de las únicas evidencias
de la actividad desarrollada en este sitio en la Edad
Media. En el informe de las excavaciones llevadas a
cabo en la primavera de 2005 en el atrio de Menga se
menciona el hallazgo de cerámicas “medievales” así
como “alguna moneda de 8 maravedíes6 resellado”7,
aunque no se especifican detalles ni se aportan
dibujos o fotografías de dichos materiales. También,
en la intervención de apoyo a la consolidación del
dolmen de Viera llevada a cabo en 2003 se documentaron materiales “… hispanomusulmanes, a caballo
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
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MARTA DÍAZ-ZORITA BONILLA Y LEONARDO GARCÍA SANJUÁN
entre los siglos XIV y XV, coincidiendo con la etapa
nazarí” (Fernández Rodríguez et al., 2006: 95) detrás
de los ortostatos del corredor.
La utilización funeraria de Menga en el Medievo es
congruente con los datos obtenidos por la Universidad de Málaga durante sus excavaciones en los
megalitos antequeranos a finales de los 1980 y
comienzos de los 1990 (y que no han sido todavía
publicados) en relación con el uso de los túmulos de
Menga y Viera, y de su espacio circundante, como
lugar de enterramiento en época romana, lo cual a
su vez abunda en la complejidad y profundidad de la
biografía del magno megalito antequerano (García
Sanjuán y Lozano Rodríguez, en prensa). Similares
indicios de continuidad de uso en las tradiciones
religiosas medievales se han encontrado en el complejo de arte rupestre esquemático prehistórico de
Peñas de Cabrera (Casabermeja, Málaga) situado a
escasos 30 km al sureste de Antequera. En este sitio
se han identificado varias figuras cruciformes grabadas que han sido vinculadas a las cruces de
evangelio conocidas también con el nombre de
calvarios en las tradiciones mozárabes medievales
(Maura Mijares, 2010: 119). La presencia de
inhumaciones medievales en Menga y la cuestión de
los calvarios del complejo rupestre prehistórico de
Peñas de Cabrera, invita a establecer una cierta
conexión con el calvario tallado sobre el tercer
ortostato de Menga (por la izquierda según se entra),
aunque desafortunadamente, es imposible establecer la cronología del mismo únicamente en base a
su morfología.
En Andalucía, otro caso bien constatado de reutilización funeraria de un gran monumento megalítico en
la Edad Media es el del dolmen de Alberite (Villamartín, Cádiz). En las primeras investigaciones en
este monumento megalítico se identificaron una
tumba y varias estructuras negativas (fosas) medievales (Ramos Muñoz y Giles Pacheco, 1996: 45 y 5556). Posteriormente, con motivo de las obras de consolidación del dolmen en 1997-1998, se descubrieron
siete inhumaciones más en la masa tumular, tres en
la ampliación de la excavación del atrio y otro en uno
de los acondicionamientos que se hicieron paralelos
a la propia galería (éste vinculado a un candil de
piquera) (Gutiérrez López, 2001). Durante las obras
de construcción de la cubierta de protección del
dolmen en 2003, se hallaron al menos otros dos
enterramientos en posición lateral. En conjunto, los
14 enterramientos hallados sobre el túmulo, el
corredor, el atrio o la cámara de Alberite, de cronología inicialmente almohade, aunque algunas pequeñas fosas alrededor tienen un material emiral,
conforman una necrópolis de época andalusí que se
relaciona con una alquería detectada en las proximidades8.
SITIO
PROVINCIA
BP
REF. LAB.
DNE (1 ͈)
DNE (2 ͈)
CONTEXTO /
MUESTRA
Loma de los Caporchanes
Almería
1850 ± 50
Beta-171807
90-230
53-322
Megalito (hueso humano)
Aldeia de Bertiandos
(Sepultura 6)
Alentejo
1872 ± 40
Beta-196092
257-382
236-414
Megalito (hueso humano) Rocha y Duarte, 2009
Valle de las Higueras
Toledo
1550 ± 40
Beta-227817
434-556
422-596
Cueva artificial (carbón)
Bueno Ramírez et al., 2010
Loma de las Alparatas
Almería
1450 ± 50
Beta-171806
574-646
443-668
Megalito (hueso humano)
Lorrio Alvarado y Montero
Ruiz, 2004
Menga (Individuo 2)
Málaga
1250 ± 35
CNA-1174
686-805
676-871
Megalito (hueso humano) Este trabajo
Lagunita III
Cáceres
1220 ± 60
Beta-197161
710-885
669-961
Megalito (suelo)
Menga (Individuo 1)
Málaga
1100 ± 45
CNA-1173
894-998
783-1022
Megalito (hueso humano) Este trabajo
Mascotejo
Huelva
835 ± 40
CNA-343
1172-1235
1051-1273 Megalito (carbón)
REFERENCIA
Lorrio Alvarado y Montero
Ruiz, 2004
Bueno Ramírez et al., 2010
Linares Catela y García
Sanjuán, 2010
Tabla 2. Dataciones radiocarbónicas medievales de Menga en relación con las dataciones de Época Romana y Medieval de contextos funerarios
de la Prehistoria Reciente del sur peninsular. Fuente: modificado de García Sanjuán et al., 2011.
6 El arco cronológico de utilización del maravedí va de los siglos XI a XIV DNE.
NAVARRETE PENDÓN, V. (2005): Memoria de los Trabajos en el Control de Movimientos de Tierra para el Acondicionamiento de
Iluminación y Accesos al Sepulcro Megalítico de Menga (Antequera). Informe Inédito, pp. 20-21.
7
8 Información amablemente facilitada por José María Gutiérrez López, director del Museo Histórico Municipal de Villamartín (Cádiz).
246
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 237-249. ISSN 2172-6175 // CRÓNICA
LAS INHUMACIONES MEDIEVALES DEL ATRIO DEL DOLMEN DE MENGA (ANTEQUERA, MÁLAGA): ESTUDIO ANTROPOLÓGICO Y CRONOLOGÍA ABSOLUTA
Los datos relativos a Menga aquí presentados se
añaden por tanto a los reunidos por recientes revisiones que han puesto de manifiesto la casuística
existente en el sur de la Península Ibérica de reutilización o utilización continuada de monumentos
prehistóricos durante la Antigüedad y el Medievo
(García Sanjuán et al., 2007; 2008), una casuística
que actualmente se ve reflejada en 8 dataciones radiocarbónicas (Tab. 2), incluyendo varias sobre hueso
humano, y que, entre otras cuestiones, expresa que
en esta región el fenómeno de continuidad de los sitios megalíticos como memoriales culturales y sitios
ancestrales, ya examinado en otras partes del continente europeo (García Sanjuán, 2008), necesita de
mayor investigación arqueológica.
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Foto: Javier Pérez González.
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249
RECENSIONES
Ruiz González, Bartolomé (dir.): Conjunto
Arqueológico Dólmenes de Antequera. Definición,
programación e institucionalización. Documento de
avance del Plan Director. Consejería de Cultura de la
Junta de Andalucía, Sevilla, 2011, 3 volúmenes, vol. I,
483 páginas, vol. II, 293 páginas, vol. III, 207 páginas.
ISBN: 978-84-9959-092-9 (obra completa)
Isabel Izquierdo Peraile
Jefa de Servicio de Planificación y Medios - Área de Infraestructuras
Subdirección General de Museos Estatales - Secretaría de Estado de Cultura
[[email protected]]
Dólmenes de Antequera: legado
documental y orientación de
estrategias. A vueltas con la
planificación…
El reciente II Congreso de Prehistoria de
Andalucía1, Movilidad, Contacto y Cambio,
con sede en Antequera, fue el marco de
investigación en el que oficialmente se
presentó este triple volumen: Conjunto
Arqueológico Dólmenes de Antequera.
Definición, programación e institucionalización. Documento de avance del Plan
Director, dirigido por B. Ruiz González y
coordinado por R. Enríquez Arcas, así
como J. R. Menéndez de Luarca y M. C.
Rodríguez Oliva, con un amplio equipo
redactor participante. En las sesiones de
trabajo de este fructífero encuentro científico se debatieron distintas cuestiones
en torno al movimiento, las estrategias
adaptativas, la cooperación, el contacto,
el desarrollo o la evolución, y su repercusión en los fenómenos de avance y cambio a distintos niveles, demográfico, tecnológico, económico, social o ideológico;
conceptos y procesos presentes –si se
me permite el doble salto, temporal y temático- en todo documento de planificación cultural contemporáneo.
La metodología de la planificación en el
sector de la cultura y el patrimonio ha ido
calando en museos y conjuntos arqueológicos en los últimos tiempos, en paralelo
a la adopción de técnicas de gestión profesional, de acuerdo con las necesidades
específicas de la institución (v. para el
campo de los museos, recientemente,
entre otros, Dexter Lord y Markert, 2007;
Lord, Dexter Lord y Martin, 2012).
1 Celebrado el pasado mes de febrero de 2012: http://www1.ccul.junta-andalucia.es/cultura/museos/CADA/
250
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 250-253. ISSN 2172-6175 // RECENSIONES
0(1*$
03
El recurso a la programación de actuaciones resulta hoy, más que nunca, absolutamente ineludible, como
fórmula de trabajo. Se ha afirmado
que planificar es una “dura tarea”
que implica una profunda reflexión y,
en consecuencia, una toma de decisiones; el establecimiento de objetivos, claramente enunciados y, sobre
todo, priorizados, con su análisis de
riesgos derivado y una evaluación
continúa en términos de eficacia y
eficiencia; pero al mismo tiempo,
flexibilidad y una cierta dosis de
apertura o capacidad de maniobra
ante nuevas situaciones. El Plan Director proporciona un marco de referencia y posee un carácter atemporal, objetivo y cualitativo, complementándose con un Plan Estratégico
derivado, cuantitativo y concreto.
En la actual coyuntura de recesión
económica y entornos vertiginosamente cambiantes, el Plan estratégico debe ser revisado anualmente;
no puede ser un rígido corsé ya que
hay oportunidades e imprevistos
ante los que es preciso interactuar.
Como se ha descrito muy visualmente, este debe ser un mapa o ruta
para la navegación en las turbulentas aguas actuales.
Pero al margen de su concepto y ritmo de formulación, estos documentos de planificación deben aportar su
propio granito de arena, una esencia
que en el caso de un plan a la medida del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera (en adelante
CADA), pasa necesariamente por
considerar tres valores, absolutamente transversales e interrelacionados: la calidad, la competitividad y
la sostenibilidad. Hablamos de calidad, en el sentido de compromiso
del Plan, como herramienta de mejora continua en todas las actividades y procesos planteados; calidad,
en sus múltiples dimensiones -técnica, científica, profesional y organizativa-. La competitividad, por otra
parte, en relación directa con los
otros dos parámetros, debe orientar
claramente la potencialidad y cualidad diferencial del centro. En relación con sus programas y proyectos,
la competitividad se relaciona además con la innovación, esa cualidad
diferencial que aporta en sus diversas facetas como centro público. Y
finalmente, la sostenibilidad, en estos tiempos angustiados es crucial
considerar este principio de riguroso
equilibrio con los recursos desde todos los puntos de vista, así como la
búsqueda de fuentes alternativas de
captación de fondos. No hablamos
únicamente de sostenibilidad en el
ámbito económico, sino también,
ambiental y paisajística –y en este
sentido el CADA mantiene un compromiso firme con su entorno arqueológico, biológico, paisajístico-,
así como social, como institución pública que es, con vocación y función
de servicio a la sociedad.
El CADA ha dado varios pasos ya en
su compromiso con la gestión por
objetivos y la planificación, recientemente publicados (Ruiz González,
20092; cf. en Izquierdo, 2010), a los
que se suman otros documentos andaluces de reciente aparición como
el excelente Plan Director del Conjunto Arqueológico de Itálica (Rodríguez de Guzmán, 2011) o, con carácter mucho más amplio, el III Plan
General de Bienes Culturales de Andalucía, ambos disponibles a través
de Internet3, un auténtico laboratorio
de ideas (Sánchez Romero y Rodríguez de Guzmán, 2012), este último
en fase de análisis participativo
como oportunidad para el debate y el
reenfoque de ámbitos particulares.
Documentos, todos ellos, que en última instancia responden a textos legislativos reguladores como la propia Ley 14/2007, de 26 de noviembre,
de Patrimonio Histórico de Andalucía, en cuyo artículo 79, referido a los
conjuntos culturales, plantea la formulación y ejecución del Plan Director; o la Ley 8/2007, de 5 de octubre,
de Museos y Colecciones Museográficas de Andalucía, en su título de
planificación, estructura y personal,
cuyo capítulo II plasma la metodolo
gía de la planificación en la gestión
2 Véase, además, los siguientes textos: Ruiz González, B. (2009): Dólmenes de Antequera. Tutela y Valorización hoy, Consejería de Cultura de la Junta
de Andalucía, Sevilla. http://www.iaph.es/web/canales/publicaciones/cuadernos/cuadernos-ph/contenido/Cuadernos/CuadernoXXIII
Ruiz González, B. (2009): Memoria de 2009 y Plan de 2010, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Sevilla.
3 http://www.juntadeandalucia.es/cultura/web/html/sites/consejeria/areas/archivos/Galerias/Adjuntos/PLAN_DIRECTOR_ITxLICA_resumen.pdf y
http://www.juntadeandalucia.es/cultura/publico/BBCC/III%20PGBC.pdf
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 250-253. ISSN 2172-6175 // RECENSIONES
251
de las instituciones, vertebrada en
torno a tres ejes, el Plan museológico, el Plan de seguridad y el Plan
anual de actividades y la memoria de
gestión. La propia Red de Espacios
Culturales de Andalucía (RECA),
además, proporciona un contexto administrativo de gestión en red, ventajoso a priori para la coordinación y
participación cooperativa.
En el caso de este avance del Plan
Director del CADA, se ha de destacar, en primer lugar, el (más que
evidente) extraordinario esfuerzo en
su elaboración, donde ha participado
un amplio y solvente equipo técnico
(cf. la amplia ficha de créditos de la
publicación, al final del volumen III).
En este sentido se ha de subrayar el
mérito de un documento multidisciplinar, consensuado y construido
desde distintas miradas y perfiles,
aunque con unos mismos objetivos
de partida. Asimismo es meritoria la
doble aportación en materia de planificación cultural y conocimiento
científico en el ámbito de la prehistoria española en general y concretamente andaluza. En realidad, esta
reflexión en torno al patrimonio difunde una metodología de trabajo, la
de la planificación museológica,
adaptada a la realidad arqueológica
de Antequera; formaliza un proyecto
de investigación de gran escala, colectivo, impulsado desde una administración pública que tutela conjuntos patrimoniales, cuyo fin además
es el beneficio social, puesto que el
objetivo último de su estrategia es
justamente la difusión de un sitio arqueológico excepcional en Andalucía, en España y fuera del país, como
polo de desarrollo local.
La publicación4 sigue a grandes rasgos la estructura del Plan Museológico que elaboramos en la Subdirección General de Museos Estatales
del entonces Ministerio de Cultura,
como método de trabajo coral y esquema metodológico general
(AA.VV., 2005 y Azor e Izquierdo,
2008), aplicado y adaptado, en este
caso, a un relevante sitio arqueológico. El texto, sin duda, trasciende los
límites del Plan, y está a caballo entre un documento analítico, un compendio de presentación de resulta-
dos y un texto de planificación con
estrategias futuras. De cuidada edición y excelente aparato gráfico (con
impresionantes fotografías de la Sierra del Torcal de Antequera, perspectivas visuales de La Peña de los
Enamorados, mágicos interiores de
Menga, imágenes históricas del dolmen de Viera de principios de siglo
XX, vistas generales de El Romeral,
entre otras) se articula en tres volúmenes (volumen I –Definición-, volumen II –Programación- y volumen III
–Institucionalización-) y propone un
diseño propio desde el planteamiento conceptual previo, punto de partida imprescindible donde se expresa
la misión y la visión del centro, su
singularidad e identidad, su responsabilidad y aportación a la sociedad,
pero también su razón de ser y aspiraciones de futuro.
Este texto se entiende como un
avance de planificación en el escenario 2011-2018, cuyo objetivo esencial es obtener un documento actualizado, a partir de un exhaustivo análisis de la situación pasada. Su envergadura y dimensión documental
apunta, tal vez, a la presentación de
distintos anexos complementarios,
en lugar de su inclusión en el cuerpo
principal del texto. Así por ejemplo,
dentro del proceso de institucionalización de la tutela (volumen III), se
aporta una serie de síntesis documentales de estudios desde mediados del siglo XVI hasta 2010, otro repertorio documental 1887-2009, un
repertorio bibliográfico 1587-2009 y
gráfico 1847-2009, que a pesar de su
importancia e interés, formalmente,
se consideran anexos documentales
y, en cualquier caso, pueden constituir archivos digitales o publicaciones independientes al Plan Director.
En realidad, ya se señala en la propia
presentación de la publicación: “el
hecho diferencial de este documento
es su ambición (…) su anhelo de profundidad”.
El volumen I (Definición) efectúa un
repaso por los distintos valores y
componentes del CADA: la propia
institución, el patrimonio arqueológico que custodia y las funciones en
torno a él, la arquitectura y la futura
exposición permanente, la seguri-
dad, las actividades de difusión y comunicación y los recursos (humanos
y económicos). Posteriormente se
ofrece un dossier de programación
muy completo (volumen II), una ambiciosa agenda con propuestas en
todos los ámbitos de trabajo. Se dan
a conocer interesantes iniciativas
como los procesos en marcha de
inscripción en el patrimonio europeo
y mundial de los Dólmenes de Antequera, el proyecto de investigación
“Sociedades, Territorios y Paisajes”,
las propuestas educativas y de proyección a la sociedad, dentro de la línea de público, con una completa
programación de servicios y actividades que equilibra a la perfección la
vertiente científica, educativa, didáctica y lúdica del centro, etc., así
como el proyecto de creación del Observatorio de visitantes donde se incluyen aspectos que atañen al valor
singular de esta cultura de las grandes piedras y su cualidad como factor de desarrollo local.
De particular importancia es la reflexión de fondo sobre el concepto de
tutela, aportación andaluza de calado que se respira a lo largo de los
tres volúmenes, en el sentido de
proceso integrado que atiende a distintas funciones en torno a la protección y proyección del patrimonio arqueológico. Y en relación con la tutela destaca igualmente el concepto de
centro de generación e intercambio
de conocimiento, en este caso, de la
Prehistoria de Andalucía, con sede
en Antequera. Específicamente, la
programación de las infraestructuras, como eje articulador de muchos
de los programas planteados, por su
volumen económico y complejidad
técnico-administrativa, merece una
acotación propia. Ante una estructura de tal envergadura y con su compleja trayectoria edificatoria, en la
coyuntura actual y con las restricciones existentes, parecen imprescindibles diversos estudios de viabilidad
para la actuación arquitectónica y el
mantenimiento futuro de las instalaciones.Todos los pasos que se afronten en el terreno en esta línea deben
estar avalados por el Plan Director y
por los preceptivos estudios previos.
Esto supondrá una garantía ante la
4 Disponible también en la red: http://www.museosdeandalucia.es/cultura/museos/CADA/index.jsp?redirect=S2_4_3_1.jsp&noticias=1148
252
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 250-253. ISSN 2172-6175 // RECENSIONES
futura toma de decisiones.Como aspectos para la reflexión futura, cabe
señalar que este avance de Plan Director, como documento rector de la
vida del centro, podría reforzar esa
muestra de indicadores cuantitativos
y cualitativos que irán trazando su
evolución. Ya que, a partir de esta
exhaustiva publicación que traza un
escenario global, uno de los retos a
plantear es convertir el avance en
una auténtica herramienta de gestión de estrategias, con planes operativos anuales, con sus propios objetivos, tareas e indicadores, a modo
de planes derivados, más al corto
plazo, cuantitativos y dirigidos al
cumplimiento de acciones específicas. El carácter del documento exige
el planteamiento de indicadores de
medición de acciones en el marco de
los objetivos estratégicos propuestos, que permitan, al final de cada
período de referencia comprobar el
cumplimiento o incumplimiento de
objetivos. Implica, por tanto, el seguimiento y la valoración de los
avances logrados en cada una de las
líneas de acción. Este seguimiento
podría adoptar, además, la forma de
informes de evaluación parciales que
servirán de instrumento de análisis
del propio Plan. Este planteamiento
con indicadores y cifras-objetivo es
coherente con el ejercicio de responsabilidad pública y la difusión transparente que caracteriza la propia filosofía del CADA. Por otra parte,
esta evaluación continua estará en la
base de posibles reorientaciones o
fortalecimientos de líneas y proyectos concretos; o bien se plantea con
vistas a extraer recomendaciones o
elementos futuros de aprendizaje,
institucionales o de gestión. El sistema de indicadores establecidos deberá permitir el análisis de manera
particular, ‘descendiendo’ a un nivel
de gestión de resultados, considerando los principios rectores del
centro y sus prioridades horizontales
-a modo de ejemplo, la calidad o
funcionalidad de los servicios públicos, la sostenibilidad de las instalaciones, los grados de accesibilidad,
entre otros-. Se habrán de perfilar,
por tanto, magnitudes asociadas a
los distintos procesos puestos en
marcha –en materia institucional, de
infraestructuras, patrimonial, de difusión, entre otras- para evaluar periódicamente las distintas líneas de
programación.
En materia de patrimonio cultural,
en el que se enmarcan los bienes y
conjuntos arqueológicos, la programación de actuaciones parte de una
profunda reflexión interdisciplinar
como medio imprescindible para
elegir caminos y formular metas, recuperando el innegable valor de la
especialización técnica. Es aquí donde esta publicación sobre un conjunto milenario único ofrece una significativa aportación. La misión de este
paisaje cultural, formulada en el
Plan Director, tiene que ver con su
identidad y deriva de su historia.
También se relaciona con la función
del centro en su marco administrativo y en el conjunto de otras instituciones afines, culturales, científicas
y educativas. Remite al valor simbólico del centro en su contexto social.
A vueltas con la planificación, este
documento, a partir de un sólido legado y en un ejercicio de exigencia,
responsabilidad y coherencia, permite orientar las estrategias futuras de
un conjunto arqueológico
excepcional, de herencia milenaria,
en el cambiante escenario actual.
Todo un reto por delante, en el que
las políticas culturales y patrimoniales se han de conjugar necesariamente con planes, acciones y medi-
das urbanísticas, medioambientales,
turísticas, económicas y sociales „
%,%/,2*5$)$
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MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 250-253. ISSN 2172-6175 // RECENSIONES
253
Sánchez-Cuenca, Juan: Menga en el siglo XIX. “El más
bello y perfecto de los dólmenes conocidos”. Menga.
Revista de Prehistoria de Andalucía. Monográfico 02.
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía,
Sevilla, 2012, 143 páginas, ISBN: 978-84-9959-100-1,
ISSN: 2174-9299
José Beltrán Fortes
Catedrático de Arqueología en la Universidad de Sevilla
[[email protected]]
Presenta el segundo monográfico de
Menga. Revista de Prehistoria de Andalucía un excelente trabajo recopilatorio sobre los estudios y referencias que durante todo el siglo XIX tuvieron como tema a
la “Cueva de Menga”, según era conocida
en la bibliografía tradicional. En primer
lugar, debo felicitar a los responsables
de esta publicación por la elección de un
tema de historiografía, en un proceso de
consolidación de ésta como línea de investigación en la disciplina arqueológica
que, aunque incorporada tardíamente en
nuestro país con respecto a otros de
nuestro entorno, ha tenido un extraordinario impulso (cfr., por ejemplo, el atinado análisis en el reciente trabajo de Ruiz
Zapatero, 2011). En el caso del dolmen de
Menga ello se hacía más necesario por la
riqueza documental que arrastra. En
concreto, en este estudio circunscrito
sólo al siglo XIX Juan Sánchez-Cuenca ha
sumado 200 referencias bibliográficas
(ordenadas cronológicamente sus citas
exactas entre las pp. 79-87 de la monografía), de las que 102 se encuentran en
publicaciones españolas y 98 de otros
países, identificándose 65 autores españoles y 70 de otras nacionalidades. Ello
da idea de la amplia repercusión que tuvo
el dolmen de Menga en aquella centuria,
si bien no todas esas citas tienen idéntico
valor, ya que corresponden a diversos tipos de publicaciones, tanto científicas,
cuanto de divulgación, y desde simples
referencias a trabajos más extensos.
El autor ha destacado de ese elenco una
serie de trabajos que, ordenados asimismo cronológicamente, constituyen el
principal capítulo en su presentación y
254
250-253. ISSN 2172-6175 // RECENSIONES
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 254-257.
análisis del valor que se da al dolmen de
Menga en el siglo XIX en Europa y España
(pp. 17-63). Debemos resaltar especialmente el interés que ha prestado a las
representaciones gráficas del dolmen
elaboradas en esa centuria, basadas casi
totalmente en grabados y dibujos, ya que
la fotografía se encuentra presente sólo
de manera excepcional a fines del siglo.
La obra recién editada presenta ese valor
añadido, muy rica en la reproducción de
ilustraciones que constituyen la memoria
visual de un monumento tan emblemático. Los hilos que conforman la urdimbre
de la obra en su presentación y análisis
son: la cronología a lo largo del siglo, las
imágenes del dolmen y las descripciones
y comentarios escritos que destacan su
excepcionalidad. Es por ello que, como se
decía, no se ha discriminado su análisis
según el diferente carácter de las referencias bibliográficas en aras a una presentación continuada sobre su conocimiento y difusión. Como destaca el autor
el antequerano dolmen de Menga presenta un puesto excepcional entre los
monumentos prehistóricos de la Península Ibérica, siendo “el conjunto arqueológico español sobre el que existe una bibliografía más extensa, tanto en número
de trabajos publicados como en número
de autores que le han dedicado su atención”, a la vez que un referente “para establecer el carácter de colosalismo, gigantismo, belleza o perfección de dólmenes de cualquier otro país o continente”
(p. 11). Ello explica el subtítulo dado al
estudio, al reproducir la valoración concreta de Jean d’Estienne (1878): “…le plus
beau et le plus parfait des dolmens
connus”.
El siglo XIX asistió en Europa a la
conformación de la Prehistoria como
disciplina, en un proceso que, aunque de forma retardada y menos
intensa, afecta también a España,
siendo el megalitismo uno de los
temas trascendentales para su
desarrollo científico (en general, cfr.
el clásico estudio de Ayarzagüena
Sanz, 1992; más recientemente,
entre otros, Ayarza-güena Sanz y
Mora Rodríguez, 2004; Cabrera
Valdés y Ayarzagüena Sanz, 2005, así
como las entradas correspondientes
en Díaz-Andreu et al., 2009). Según
la visión tradicional de la Edad
Moderna, aquellas magníficas construcciones entendidas claramente
como prerromanas habrían sido
obras de los celtas y eran explicadas
en relación con la religión druídica,
como, por ejemplo, ocurre con
Stonehenge en la Britannia de
William Camden (en la edición de
1600 recoge un grabado de 1575 en
que se aprecia en la esquina inferior
izquierda la excavación del lugar) (lo
reproduce en su magnífica obra
Schnapp, 1993: fig. 122). Es ésa la
interpretación que le da a Menga
todavía hacia mediados del XIX el
fundamental trabajo de Rafael
Mitjana y Ardison (1847), que, aunque de no muy grande extensión,
supone la primera de las monografías dedicadas al dolmen de Menga,
así como de evidente repercusión en
la bibliografía posterior. Así lo considera Juan Sánchez-Cuenca inaugurando el capítulo con la obra de
Mitjana, mientras que da breve referencia a las citas anteriores, desde
el siglo XVI hasta las contenidas en
obras editadas en ese siglo XIX con
anterioridad al año 1847, en que
destaca especialmente la obra de
Cristóbal Fernández (1842), con una
visión anticuaria bastante alejada de
la de Mitjana a pesar de que la distancia cronológica es poca (“Antecedentes”, pp. 15-18). No obstante,
es de obligada consulta para estas
cuestiones las páginas dedicadas a
estos temas en el Documento de
Avance del Plan Director del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, que se extiende además tanto
en los antecedentes de la Edad
Moderna cuanto, especialmente, en
el desarrollo de los trabajos de investigación y estudios del siglo XX e
inicios del XXI (Ruiz González, 2011:
I, 66-144, y III, 7-123) (cfr. la reseña
anterior en este mismo volumen).
Mérito del autor de esta obra que reseñamos es haber destacado –en
ese especial interés por las reproducciones gráficas- que la mayor
parte de las láminas que ilustran ese
pionero estudio de Mitjana, que habían sido consideradas las primeras
imágenes editadas del dolmen, no
son más que copias de los dibujos
que sobre el dolmen de Grotte aux
Fées había publicado pocos años antes el francés Jules Gailhabaud
(1843). Es éste un sistema de trabajo
habitual en la época, como demuestra J. Sánchez-Cuenca, ya que en
ocasiones posteriores se copian los
dibujos del dolmen de Menga sin decir la fuente o equivocándola –a veces incluso con mínimos cambios
inexplicados del original correspondiente-, creando a veces una cierta
confusión. Es lástima que el autor no
haya dedicado un capítulo específico
para analizar de forma concreta
cómo y mediante qué canales fueron
transmitidas las imágenes gráficas
del dolmen de Menga a lo largo de
esta centuria, diferenciando, por
ejemplo, los trabajos científicos de
los de divulgación y aclarando la
fiabilidad de cada fuente, algo que
queda por hacer. A propósito de las
imágenes de obras concretas lo
indica J. Sánchez-Cuenca en su
análisis, pero habría sido conveniente un apartado propio, dado su
intenso conocimiento de esa documentación gráfica que pone de
manifiesto.
También se testimonian en torno a
Menga en esta primera fase las referencias de viajeros extranjeros, más
o menos amplias y con diversos enfoques, entre los que sobresalen en
este momento inicial Louisa Tenison
(1853), con la primera vista hecha
desde el interior del dolmen, con
una escala humana (reproducida en
la fig. 8), que será seguida posteriormente de manera frecuente. En otro
nivel de difusión, el trabajo de Manuel de Assas sobre los monumentos célticos en España que se edita
en el Semanario Pintoresco Español
(Assas Ereño, 1857), muestra la repercusión del interés de los monumentos dolménicos –entre lo cuáles
el destacado del dolmen de Mengaen un medio de divulgación que supone esta importante revista ilustrada, con la incorporación asimismo
del grabado como uno de sus atractivos, a la vez que el mantenimiento
de la interpretación tradicional, druídica; esa misma consideración sigue
el erudito local Trinidad de Rojas en
varios trabajos de las décadas de
1860 y 1870, si bien en su Historia de
Antequera (Rojas, 1879) ya recoge
las diversas interpretaciones, entre
las cuáles la de obra megalítica
prehistórica (pp. 29-31). Ello era el
reflejo en la erudición local de los
cambios producidos a nivel europeo
durante la década de 1869 en la consideración del megalitismo como fenómeno prehistórico y no céltico –incluyendo a Menga, como hace G. de
Bonstetten en 1865 (pp. 31-33)- y la
asunción de esa postura por los primeros prehistoriadores españoles,
entre los que sobresalen los andaluces Manuel de Góngora, con su trascendental Antigüedades Prehistóricas de Andalucía (Madrid, 1868) (cfr.
Beltrán Fortes y Belén Deamos,
2007, para la relación con Manuel
Machado y Núñez), y Francisco María
Tubino, con sus diversos trabajos de
excavación y divulgación de los
nuevos estudios prehistóricos (cfr.
Belén Deamos, 1991, para su investigación en el dolmen de La Pastora;
Belén Deamos, 2002). Quizás poca
importancia se da a los dibujos “arqueológicos” que del dolmen de
Menga hizo en 1868 el artista granadino Manuel Gómez-Moreno González, que, aunque inéditos (figs. 1316), dejan a las claras un novedoso
enfoque a caballo entre la anticuaria
tradicional y una arqueología científica (cfr. Gómez-Moreno González
2004); es posible que ese conocimiento previo del padre influyera en
el interés de su hijo, el ilustre arqueólogo Manuel Gómez-Moreno
Martínez, para llevar a cabo su estudio de los dólmenes de Antequera en
1905 -por tanto, no tratado en esta
obra-, en que conforma un nuevo
paradigma de interpretación en relación con la cultura tartésica (cfr. Bellón Ruiz, 2010). A partir de la década
de 1860 fueron más frecuentes las
referencias a Menga en la bibliografía decimonónica, desde posturas
más científicas como suponen la de
MENGA.
REVISTA
PREHISTORIA
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2012.
250-253.
ISSN
2172-6175
// RECENSIONES
MENGA.
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PREHISTORIA
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2172-6175
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James Talbot, en 1870, con una renovada vista del interior del dolmen
(fig. 21), o la de James Fergusson, en
1872, que son seguidas por otros autores, hasta la repercusión a otros
niveles en escritos que relatan la visita de Alfonso XII a Antequera, en
1885, o en diversos volúmenes entre
los años 1882 a 1886 de una nueva
revista ilustrada como La Correspondencia de España.
Destaca J. Sánchez-Cuenca el valor
que tuvo la inclusión y estudio del
dolmen de Menga en la obra de Émile Cartailhac sobre la prehistoria de
la Península Ibérica, editada en Paris (Cartailhac, 1886), que inaugura
una nueva fase, sobre todo, porque
“presenta una nueva y bella imaginería del dolmen, mucho más ajustada a la realidad que cualquiera de
sus antecedentes” (p. 55), junto a la
extrañeza por la ausencia de su estudio en los trabajos de Luis Siret,
básicos para la Prehistoria Reciente
peninsular (cfr., ahora, AA.VV., 2011).
Pero no debe olvidarse que 1886 es
también el año en que el dolmen de
Menga es declarado Monumento
Nacional por Real Orden de 1 de junio (cfr., Ruiz González, 2011: I, 38) –
a lo que no sería ajeno la visita regia
antes citada-, inaugurando asimismo una nueva etapa en el proceso de
tutela, en paralelo a los de investigación y de divulgación. En estos campos se destaca ya la referencia obligada del dolmen de Menga en importantes trabajos de la Prehistoria
europea durante las dos últimas décadas del siglo, como los del Marqués de Nadaillac, Oscar Montelius
o William C. Borlase (pp. 56-63), lo
que demuestra la asunción por parte
de la disciplina prehistórica consolidada de la excepcionalidad del monumento dolménico de Antequera.
Completa este básico estudio de la
monografía un nuevo capítulo, titulado “En torno a Menga” (pp. 65-77),
donde se ofrecen interesantes aproximaciones en relación al estudio de
conjunto de toda esta ingente documentación. Así, una referencia al
surgimiento de Menga en la fotografía a fines del siglo (pp. 65s.), o
asimismo su presencia en las Historias de España, interpretada como
recurso para posiciones antibíblicas
de grupos progresistas (pp. 66-68).
256
No obstante, no siempre es así,
sobre todo en momentos más avanzados de la centuria, ya que una obra
como el Manual de Arqueología
Prehistórica de Manuel de la Peña
(1890) busca precisamente lo contrario, la adecuación de la nueva
disciplina prehistórica a la tradición
católica, atacando la interpretación
evolucionista darwinista en relación
al origen del hombre en la Tierra.
Asimismo, el intento de adecuar
ciencia y fe se observa en el volumen
de Geología y Protohistoria Ibéricas,
escrito por Juan Vilanova y Juan de
Dios de la Rada (1890), dentro de la
Historia de España que la Real
Academia de la Historia publicaba
bajo la dirección de Antonio Cánovas
del Castillo, en una línea claramente
conservadora y católica. En efecto,
fue la opción de compromiso asumida por la Iglesia católica española en
el Congreso Católico de Sevilla de
1892, bajo los auspicios del cardenal
Ceferino González (cfr., Maier Allende, 2003). En este apartado debe
tenerse en cuenta, además, que
cuando Manuel Sales y Ferré escribe
las obras de introducción y divulgación prehistóricas en 1883 y 1884 (p.
67), no es catedrático de Sociología
-lo será en la Universidad Central
sólo desde 1898-, sino que era
catedrático de Historia en la Universidad de Sevilla, formando parte del
importante núcleo de pioneros de la
Prehistoria en esa institución durante la segunda mitad del siglo XIX (cfr.
Beltrán Fortes y Belén Deamos,
2007).
Completan este capítulo dos interesantes apartados de una breve aproximación a un análisis sociológico de
los autores que refirieron el dolmen
de Menga en el XIX, incidiendo especialmente en el caso de los zoólogos
(pp. 69s.), y de quiénes lo visitaron,
españoles y extranjeros (pp. 70s.),
así como otro apartado de los
principales comentarios sobre su
carácter excepcional (pp. 71s.), que
se completa con el elenco de referencias bibliográficas (pp. 73-77). A
continuación se dispone un importante capítulo referido a las obras
publicadas en todo el XIX con citas
de Menga, desde 1808 a 1899 (pp.
79-89), así como un índice general
onomástico (pp. 91-93). Siguiendo la
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MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 254-257.
tónica de estas publicaciones editadas por el Conjunto Arqueológico
Dólmenes de Antequera el texto
completo se traduce al inglés (pp.
97-135).
En resumen, se trata de una magnífica aportación al bagaje de conocimiento generado históricamente por
el dolmen de Menga por su singularidad en el panorama megalítico peninsular, que incide –como se decía
al principio- en una línea de trabajo
poco tratada en la Arqueología española hasta hace algunos decenios,
por lo que ha sido muy conveniente
su edición, que abre nuevos caminos
a la investigación sobre el dolmen de
Menga. Por último, debe destacarse
asimismo la atractiva maquetación y
presentación editorial, que se agradece en este caso de tan rica documentación gráfica de valor histórico
y artístico „
%,%/,2*5$)$
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MENGA.
REVISTA
PREHISTORIA
ANDALUCÍA
// Nº
2012.
250-253.
ISSN
2172-6175
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MENGA.
REVISTA
DEDE
PREHISTORIA
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ANDALUCÍA
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254-257.
ISSN
2172-6175
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Gonzalo Aranda Jiménez, María Dolores Cámalich
Massieu, Dimas Martín Socas, Antonio Morgado,
Francisco Martínez- Sevilla, José Antonio Lozano
Rodríguez, María Isabel Mancilla Cabello y Julio
Román Punzón: La Loma (Íllora, Granada). Un
yacimiento de fosas del VI-IV milenios cal BC.
Monografías/Arqueología. Consejería de Cultura de la
Junta de Andalucía, Sevilla, 2012, 129 páginas
(libro/CD) ISBN: 978-84-9959-105-6
Manuel A. Rojo Guerra
Profesor Titular de Prehistoria en la Universidad de Valladolid
[[email protected]]
No es posible enfrentarse a la recensión
de un volumen colectivo como el que nos
ocupa sin realizar una serie de reflexiones sobre dos aspectos fundamentales
del mismo: el continente y el contenido,
pues ambos están íntimamente relacionados.
Comencemos por el continente, en el que
a su vez advertimos que consta de dos tipos de soportes; uno impreso y un CD digital. El trabajo propiamente dicho, en
plenitud, se recoge en el formato digital y
abarca 129 páginas en las que se desgrana todo el contenido del que después hablaremos. La parte impresa, que ocupa
42 páginas, es simple y llanamente un
resumen amplio del trabajo de investigación.
Permítaseme realizar, con toda la humildad posible y, teniendo en cuenta que
“para gustos están los colores”, una crítica seria de esta forma de presentación
del trabajo. Las razones son diversas:
1. El investigador que pretenda conocer
y/o utilizar los datos de este libro/CD
debe, en todo momento, disponer de
la posibilidad de acceder a los dos
formatos, es decir, que debe tener
siempre delante un ordenador.
2. El resumen, o sea la parte impresa,
es lo suficientemente densa para que
no sea accesible a un público general
y lo suficientemente imprecisa e incompleta para que pueda ser una referencia sin más; falta documentación planimétrica, no hay bibliografía,
no se sigue el proceso de investiga-
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ción a partir del cual se obtienen las
conclusiones…etc.
3. Se puede aducir, y más en estos
tiempos, razones económicas por
cuanto resultaría más barato editar
42 páginas y un CD que 129 páginas.
En este aspecto tampoco comparto la
filosofía de la edición, pues creo firmemente que la edición que nos ocupa hubiera sido igualmente digna sin
encuadernación de lujo, sin cuatricromía total y sin la calidad exquisita del
papel. Mi experiencia me dice que
una edición de 129 páginas en formato rústico, con un pliego en cuatricromía estratégicamente colocado en el
centro de la publicación o al final, resultaría bastante más económico que
el lujo en el que se presentan las 42
páginas de este volumen.
En lo que respecta al contenido, por otra
parte lo verdaderamente importante,
permítaseme una vez más utilizar una
expresión coloquial que, a mi entender,
resume la impresión general que me ha
dejado la lectura del trabajo: “nunca de
tan poco se sacó tanto”. Porque La Loma
no es un yacimiento con estructuras espectaculares, ni ha deparado materiales
interesantísimos o valiosos, ni su trayectoria cronológica modifica planteamientos tradicionales ni arraigados en la bibliografía científica, no, La Loma es un
yacimiento “humilde” de un grupo de
agricultores primitivos al que el equipo
de investigación pluridisciplinar le ha
sacado todo el jugo posible de una forma
admirable.
Este estudio del yacimiento de La
Loma es el claro ejemplo de cómo
se puede interactuar entre la “Arqueología de Gestión” y la “Arqueología de investigación” sin que por ello
se resienta ninguna de las dos. Antes al contrario, se valorizan para la
comunidad científica los informes
de intervención y unos materiales
que, de otro modo, hubieran rellenado algún estante más en los fondos
inagotables de los museos que reciben toneladas de vestigios de las
muchas intervenciones de urgencia
que llevan varios años minando el
solar peninsular. Un yacimiento,
descubierto y excavado por mor de
una obra pública es investigado en
profundidad por un equipo en el que
colaboran especialistas de reconocido prestigio en su campo.
El resultado, a mi entender, es magnífico y pese a algunas ausencias
(hubiera sido un buen complemento
disponer de análisis de polen y de
semillas que hubieran completado la
visión que se ofrece de las relaciones del grupo humano con el entorno)
justificadas, sin duda, por las limitaciones presupuestarias y la premura
de una intervención de urgencia, se
saca un enorme partido de los datos
gracias a la colaboración de un amplio equipo. Entre las aportaciones
más interesantes destacaría:
Caracterización de un tipo específico
de yacimiento al aire libre en el que
se documentan únicamente estructuras negativas y que, aunque en la
publicación no se señala, no deja de
ser un “campo de hoyos”. Este tipo
de yacimiento, muy característico de
zonas más septentrionales desde los
primeros momentos de la neolitización hasta el Bronce Final, se está
convirtiendo en una auténtica alternativa a los tradicionales asentamientos en cueva del neolítico andaluz, ya que se están convirtiendo en
habituales tanto en las serranías
subbéticas de Córdoba y Jaén (los
Horneros, Polideportivo de Martos,
Las Eras), en la vega granadina (La
Molaina y ahora La Loma), en las
tierras bajas almerienses (Cabecicos
Negros), o en Andalucía Occidental
(El Retamar, Papa Uvas, Pago de
Cantarranas). Suelen ser yacimientos (campos de hoyos, silos o fosas)
muy extensos superficialmente
(mucho más de los 2.160 m2 atestiguados en La Loma) y aunque los
restos materiales de superficie sean
muy escasos, una prospección electromagnética aquilataría su extensión a la vez que descubriría estructuras cada vez más habituales
en asentamientos de estas épocas
como zanjas perimetrales o fosos.
Como también se atestigua en la
publicación, son yacimientos sin
estratigrafía horizontal, de uso
recurrente a lo largo de milenios
incluso, y su enorme extensión deriva de la adicción de estructuras en el
espacio. En el caso que nos ocupa y
según las dataciones absolutas, a
las que luego me referiré con más
detenimiento, parece que el uso
recurrente del lugar se llevó a cabo a
lo largo de dos milenios como
mínimo.
Un aspecto esencial de estos yacimientos y al que se da una importancia especial en el libro es el
relativo a la vigencia, funcionalidad y
proceso de colmatación de las estructuras negativas. En este sentido
comparto muchas de las observaciones que se realizan en cuanto a la
“conducta altamente regulada” de
estas poblaciones debido a la homogeneidad de la evidencia (tipo de
estructuras, carácter cerrado, dinámica de formación y colmatación
etc.). Para explicar estas cuestiones
se alude a que los conceptos actuales de desecho y basura no son adecuados para el análisis de modelos
de forma transcultural y se citan
magníficos trabajos de Márquez
Romero o algunos nuestros, pero
echo en falta ciertas referencias a
autores anglosajones, siempre
bastante certeros en interpretaciones culturales, como Whittle,
Thomas o Pollard, que hubieran
ayudado a redondear más el discurso interpretativo. Así, por ejemplo
Whittle (2003: 7), alude a que algunos hoyos excavados en yacimientos
húngaros en época neolítica habían
sido rellenados de forma deliberada
para marcar diferentes lugares de
un territorio en el que esos grupos
trazaron un complejo ciclo de idas y
venidas. Thomas (1999: 87), por su
parte, señala que los artefactos que
aparecen en los rellenos podrían
haberse realizado para ser depositados allí o haber sido objetos precia-
dos que habrían circulado un tiempo
antes de ser enterrados y quizás
habrían sido seleccionados entre
montones de desechos producidos
en fiestas comunales. Por su parte,
Pollard (2001: 323) alude a la posibilidad de que los materiales de los
rellenos de las fosas podrían haber
estado directamente implicados en
la vida social cotidiana como reliquias en las relaciones entre los
parientes y los demás o entre lugares y agentes en el paisaje. De esta
forma constituirían un lenguaje
material a través de la deposición
mediante series estructuradas de
asociaciones, separaciones y vínculos entre ellos.
Muchas de estas reflexiones se
hallan implícitas en la interpretación
que se hace del relleno de las
estructuras en este libro, pero, sin
duda, una ampliación de la reflexión
con estas y otras ideas en las que no
puedo extenderme por razones
obvias, habría completado y enriquecido, sin duda, el discurso.
Me parece magníficamente tratado
en el libro el asunto de la cronología
absoluta. Se muestra perfectamente
el tipo de muestra que se analiza, el
factor de corrección correspondiente
al tratarse, en todos los casos de
malacofauna en ausencia de otras
evidencias orgánicas, las calibraciones a 1 y 2 sigma…etc. Las discusiones en torno a la lectura secuencial
de las dataciones y su contextualización son impecables. Hay un aspecto
que aunque se señala en la publicación y se valora suficientemente, me
gustaría recalcar. Se trata de las
dataciones de la estructura E03, la
única, curiosamente, que tiene dos
dataciones y que, además, corresponden a momentos muy dispares;
segunda mitad del VI milenio y
segunda mitad del IV milenio cal
BC. Quiero hacer hincapié en este
asunto por cuanto plantea un problema que no es nuevo ni fácil de
resolver. En efecto, especialmente en
la estructura 8 de la Revilla del
campo y también en la 2 y la 4 (Rojo
Guerra et al. 2008: 213-218) se
obtuvieron dataciones muy dispares
para una misma fosa. En este caso,
al igual que ocurre con las dataciones de la estructura E03 de La Loma
parece advertirse una cierta contra-
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REVISTA
PREHISTORIA
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dicción entre las afirmaciones que
se manifiestan de …”la rapidez en la
deposición de las unidades que
colmatan las diferentes fosas”… y el
largo lapso temporal de uso que las
dataciones C14 parecen representar.
La solución a este problema no es
fácil y, aunque en ambos casos
hayamos optado por considerar que
la realización de la fosa se corresponde con la fecha más moderna y
en su relleno se han usado materiales de épocas más antiguas, creo
que es un argumento “ad hoc” que
no acaba de convencerme. En el
caso de La Loma no existe un registro preciso del material arqueológico
que pudiera segregar tipos de materiales por UUEE dentro de la fosa
E03 (al menos no lo veo en la publicación) y así comprobar diferentes
fases de relleno en relación con los
paquetes (UUEE) sedimentarios.
Esta segregación se realiza mediante la adscripción coherente de los
materiales a distintos momentos en
virtud de su tipología en unos más
arcaicos que irían bien con la fecha
más antigua (asas pitorro, almagras)
y otros (lisos fundamentalmente)
que no serían raros en contextos de
mediados del IV milenio cal BC.
En definitiva, me resulta curioso
comprobar cómo una vez más
asumimos que las fosas, silos, hoyos
son realizados y colmatados (por
tanto utilizados) en un lapso temporal corto, lo que se corresponde con
un tipo de relación peculiar entre el
grupo humano y esta materialidad
concreta, y en el único caso en que
tenemos más de una datación del
relleno nos sugiere justo lo contrario. Creo firmemente que algo se
nos escapa a la hora de interpretar
estas estructuras negativas.
En lo que este trabajo de La Loma de
Íllora me parece verdaderamente
ejemplar y ejemplarizante es en el
estudio que se realiza y en el partido
que se extrae de la cerámica, el sílex
y el material de molturación. Sin
lugar a dudas es uno de los trabajos
más completos y mejores que he
visto, muy bien complementados por
260
los anexos de Marta Portillo y Rosa
M. Albert sobre la funcionalidad del
material lítico de molturación y de
José Afonso Vargas sobre los microfósiles vegetales de la cerámica. Se
nota que entre los firmantes del
trabajo se encuentran consumados
especialistas en el estudio cerámico
y en tecnología, tipología y traceología líticas.
En la mayoría de los casos, las
conclusiones que se derivan de los
análisis nos orientan hacia un grupo
humano que practica la agricultura y
tiene como complmento subsistencial la ganadería. La práctica agrícola se desprende tanto de la presencia de fitolitos de gramíneas del tipo
pooideae (cereales panificables) en
los molinos y molenderas; en la
presencia de fitolitos de dicotiledóneas y apéndices epidérmicos de
gramíneas como de las improntas de
cereal (raquis, espiguilla y gluma) en
algunas cerámicas. Por su parte, el
complemento ganadero se deriva de
la presencia en los componentes de
las cerámicas, de esferulitas de
fauna herbívora.
Esta complementariedad agrícola/
ganadera me parece fundamental y
lógica en estos “primeros momentos de neolitización” por cuanto las
dos actividades propenden al éxito
subsistencial y definen, desde mi
punto de vista, unos grupos humanos de escasa movilidad. En este
sentido no puedo compartir la afirmación que se expresa en la página
41 del libro donde se señala que los
grupos que ocuparon La Loma
desarrollarían unas estrategias de
explotación del territorio basadas en
la movilidad.
Desde mi punto de vista, la existencia de evidencias de una actividad
agrícola consolidada (no sólo fitolitos, sino huellas del procesado del
cereal hasta casi las últimas cadenas del consumo), junto a la necesaria complementariedad de una incipiente cabaña ganadera (que ayudaría al éxito del cultivo evitando, al
menos, el tumbado del cereal), sería
propio de un grupo humano de
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MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 258-260.
escasa movilidad que debe cuidar el
fruto de su trabajo si quiere verse
recompensado por el éxito. En estas
condiciones sólo se pueden admitir
estrategias de movilidad transterminantes de escaso radio, o de amplio,
siempre y cuando una parte del
grupo permanezca cuidando los
cultivos.
Ante las abrumadoras evidencias en
este sentido que presentan los
análisis de fitolitos y componentes
de la materia prima e improntas de
la cerámica, sorprende cómo la
traceología de los útiles líticos les
relacionan con múltiples aprovechamientos, en ningún caso en torno al
trabajo del cereal; esto es, hay
evidencias de uso en materiales
blandos como la madera o la piel o
en materiales duros como el serrado
de algún tipo de mineral. Todo ello
es evidencia de un conjunto de actividades de amplio espectro, lógicos,
por otra parte, entre grupos humanos del VI y IV milenios.
En definitiva, como conclusión quiero
reiterar la sensación que al comienzo de estas líneas expresé. La Loma
de Íllora es un yacimiento modesto
al que un completo y profesional
equipo de investigadores ha sacado
el mayor rendimiento científico que
cabía esperar. Mi enhorabuena por
ello „
%,%/,2*5$)$
ROJO, M. A., KUNST, M., GARRIDO,
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procesos sociales y culturales de la Edad del Bronce
en el Suroeste de la Península Ibérica.
Monografías/Arqueología. Consejería de Cultura de la
Junta de Andalucía, Sevilla, 2011, 404 páginas
(libro/CD) ISBN: 978-84-9959-074-5
José Antonio Rodríguez Marcos
Profesor de Prehistoria en la Universidad de Burgos
[[email protected]]
En una época como la presente en la que
"los recortes" han contribuido a asfixiar
la publicación científica en algunas comunidades de nuestro país, constituye
una auténtica bendición poder comprobar cómo algunas administraciones, en
este caso de la Junta de Andalucía, siguen sacando a la luz publicaciones relacionadas con el Patrimonio Arqueológico.
Con un título un tanto engañoso: El
asentamiento de El Trastejón (Huelva), un
lector poco avisado puede creer encontrarse, simple y llanamente, ante una
memoria de excavaciones convencional.
Aunque las observaciones realizadas en
El Trastejón son fundamentales para el
contenido de esta monografía, hay que
esperar a leer el subtítulo "Investigaciones en el marco..." para advertir cual es
la verdadera pretensión de los editores.
No en vano, este libro, elaborado en el
seno del Departamento de Prehistoria y
Arqueología de la Universidad de Sevilla,
entiendo constituye una parte fundamental de los trabajos desarrollados en el
Proyecto General de Investigación Sierra
de Huelva: análisis y definición de los
procesos culturales del II milenio a.C. en
el Sureste peninsular, del que es Director
Víctor M. Hurtado Pérez.
Se trata de una publicación que se refleja
sobre dos tipos de soportes: uno en papel
impreso y otro en un CD digital. El trabajo
in extenso se recoge en el formato digital
y se desarrolla a lo largo de 404 páginas.
La parte impresa es, simple y llanamente, un resumen amplio y bien documentado del trabajo de investigación. El libro,
aparte de lo que aporta desde el punto de
vista científico muestra un esmerado
diseño editorial, donde destaca la gran
calidad del aparato gráfico, con multitud
de láminas (muchas de ellas en color),
sumamente expresivas, que acompañan
e ilustran perfectamente todos los textos
que incluye la publicación.
El libro se estructura en diez capítulos y
un anexo, a cuya elaboración contribuyen
diversos especialistas, siendo especialmente prolija la participación de los
coordinadores de la obra y muy especialmente la de Víctor Hurtado Pérez y Leonardo García Sanjuán. El primero refiere
la historia de las investigaciones, desarrolladas entre 1988 y 1993, a partir del
momento en que la Dirección General de
Bienes Culturales de la Junta de Andalucía aprueba el Proyecto que constituye el
fundamento de este libro. Dicho proyecto,
llevado a cabo por un equipo científico interdisciplinar y de divulgación, pretendía
inicialmente analizar un territorio tan
amplio como toda Andalucía Occidental.
Se nos explica cómo una serie de imponderables pusieron cortapisas a tan ambicioso proyecto, que quedó circunscrito al
estudio de la Edad del Bronce en la
sierra de Huelva. Se nos presentan cuáles son los planteamientos, los objetivos
que guiaron el desarrollo del Proyecto de
Investigación, así como la metodología
empleada en la elaboración del mismo.
En pocas palabras se explica cómo se
pretendía superar el estado de cosas en
el que, desde una serie de intervenciones
puntuales e inconexas, llevadas a cabo
por diversos autores (Del Amo y de la
Hera, 1975; Blanco y Rothenberg, 1981;
Pérez Macías, 1987, etc.), se encontraba
sumida la investigación de la zona, for
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mulando una alternativa basada en
tres pilares: I) sistematizar el registro arqueológico de la Edad del
Bronce, haciéndolo comprensible y
de fácil utilización; II) completar el
programa de prospecciones existentes en la zona; III) realizar excavaciones arqueológicas sistemáticas,
por primera vez en el territorio,
fundamentales para conocer mejor
la estructura de los poblados y el
poblamiento de la Edad del Bronce
en la sierra de Aracena.
Superadas las dificultades de todo
tipo que conlleva completar el proceso de documentación arqueológica
el equipo ha generado un enorme
cúmulo de información que habrá de
impulsar de modo notable el conocimiento de la Edad del Bronce en el
suroeste de la Península Ibérica,
donde la sierra de Huelva se erige en
conjunto singular, en un referente
fundamental para contrastar con
cualquiera de las grandes áreas culturales de esta época. El impulso
que ha dado la dirección del proyecto, y todo el equipo formado en torno
a él, al conocimiento de la Edad del
Bronce de Andalucía se inserta en
una estrategia planificada. Entendiendo que solo con información de
calidad, la divulgación de calidad
será posible.
En los capítulos 2, 3 y 4 se presentan
las intervenciones arqueológicas
realizadas, respectivamente, en los
yacimientos de El Trastejón (Hurtado
Pérez y García Sanjuán, 1994), La
Atalaya de El Trastejón y La Papúa II
(Hurtado Pérez et al., 1999), lugares
elegidos, por sus especiales condiciones, por los gestores del proyecto
para caracterizar la economía y el
modelo de asentamiento de este
periodo en la zona. El primero de
dichos lugares, según se pudo
determinar, fue ocupado en dos
periodos culturales durante la Edad
del Bronce. El primero correspondiente al Bronce Antiguo (de fines
del III milenio a primera mitad del II
milenio cal ANE). El segundo se
adscribe al Bronce Final (1/2 del II
milenio cal ANE). La Atalaya, yacimiento que se considera claramente
vinculado a El Trastejón, se ocupa a
lo largo de los periodos antes
citados. No sucede lo mismo en el
caso de La Papúa. Este yacimiento,
262
de problemática interpretación
debido a que cuenta con "un recinto
amurallado que ocupa una extensión
de más de 20 Ha y 3 km de línea de
muralla que contrasta con el vacío
de información sobre la organización
interna del asentamiento", parece
que sólo fue ocupado durante el
Bronce Antiguo.
Las observaciones realizadas en estos lugares, del todo complementarias, revelan que en la sierra de
Huelva, donde antes de iniciarse los
trabajos que se recogen en esta monografía sólo se conocían poco más
que yacimientos con agrupaciones
de cistas, se desarrolló durante la
Edad del Bronce un tipo de asentamiento ciertamente numeroso y
complejo, instalado preferentemente
en sitios elevados y que realiza importantes construcciones murarias,
defensivas (murallas, bastiones...)
y/o de acondicionamiento del lugar
(plataformas aterrazadas) que
implican la realización de trabajos
de carácter cooperativo por parte de
los grupos humanos que visitaron
estos lugares.
El capítulo 5, aparte de "presentar
las dataciones radiocarbónicas
obtenidas a partir de muestras recogidas en el asentamiento prehistórico de El Trastejón", se sintetizan
aquellas del sur de la Península
Ibérica que los autores consideran
esenciales para contextualizar la
Edad del Bronce de dicho sector. Se
enfatiza la idea de que El Trastejón
se ocupa durante una Fase Antigua
(c. 2200-1600/1550 cal ANE) que se
solapa en su inicio con hábitats
propios de la Edad del Cobre, fundados siglos atrás. La cronología absoluta ratifica lo observado durante las
excavaciones de El Trastejón, al
datar el declive de la actividad
ocupacional que se detecta al final
de este lugar. Esta discontinuidad
antecede al segundo momento de
ocupación que se corresponde con la
Fase Final de la Edad del Bronce (c.
1550-850 cal ANE).
Las fechas más recientes del poblado se sitúan en los siglos XIII y X cal
ANE, momento en que el sureste de
la Península Ibérica empieza a recibir influencias de los colonizadores
llegados del oriente del mediterráneo. El abandono de El Trastejón,
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MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 261-263.
por último, tiene lugar entre 1000 y
800 cal ANE, coincidiendo con la colonización fenicia, momento crucial
en que se produce la reorganización
de las producciones metalúrgicas de
la denominada "faja pirítica onubense".
Los capítulos 6, 7, 8 y 9 recogen una
serie de investigaciones sobre,
respectivamente, la minería y metalurgia (Hunt Ortiz, 2003), la arqueometría de las cerámicas, la edafología y los análisis palinológicos, obtenidos, fundamentalmente, en El
Trastejón y en yacimientos, caso de
La Papúa, de su entorno. Todos estos datos son integrados con las observaciones realizadas en toda Sierra Morena Occidental. Tales aportaciones son fundamentales para
reconstruir la economía, la tecnología y la reconstrucción del medio
ambiente del sector analizado.
En el capítulo 10, "El marco territorial de El Trastejón..." se desarrollan los aspectos más interpretativos
de la monografía. Los autores
entienden que con su aportación
contribuyen al proceso de "maduración epistemológica que tiene lugar
en la Arqueología Prehistórica" de
nuestro país desde los años 70 del
pasado siglo (García Sanjuán, 1999,
2011). Para ello han procedido a
aplicar modernas técnicas y métodos de análisis espacial que permitan la comprensión de las estrategias de ocupación y uso del territorio
de las sociedades prehistóricas. A
ello se aplican, con notorio éxito, en
el ámbito de las comunidades que
ocupan Sierra Morena entre finales
del IV y comienzos del I milenio cal
ANE.
Respecto a la evolución del poblamiento advierten que mientras los
grupos calcolíticos del III milenio
ocupan preferentemente tierras de
gran potencial agrario, las de la
Edad del Bronce reproducen una dinámica bien distinta, con estrategias
de ocupación del territorio en las
que se prioriza la ocupación de
aquellos lugares que ofrezcan ventajosas condiciones defensivas, en
detrimento de la capacidad agraria
de sus entornos. El desarrollo de la
actividad metalúrgica también se
convertirá ahora en un elemento
vertebrador del poblamiento de la
zona. Entre c. 3300 y 850 cal ANE el
territorio investigado conoce una dinámica de crecimiento poblacional
que parece derivar en un lógico incremento de la tensión intergrupal;
apreciable en el mayor énfasis en la
estrategia del asentamiento, en una
creciente "articulación funcional/
jerárquica del territorio y en la
expansión de la economía metalúrgica”.
cial hincapié en señalar que para la
provincia de Huelva existe un único
estudio (Odiel. Proyecto...), desarrollado en la Universidad de Huelva por
Nocete (2004). Se realiza una crítica
manifiesta al trabajo de este autor,
por entender que llega a una interpretación, de corte finalista, sin
aportar los datos suficientes, de carácter cuantitativo y cualitativo, que
permitan contrastar sus hipótesis.
Respecto a la jerarquización del poblamiento proponen la existencia de
yacimientos con distintos rangos
jerárquicos, apuntando la convivencia de lugares que, caso de La
Papúa II, ocupan la cúspide de la
pirámide (en base a factores como
su gran extensión, extraordinarias
construcciones murarias y de fortificación, etc.) junto a otros como El
Trastejón, y varios más, que ocupan
un segundo plano jerárquico, significados por su menor dimensión,
por un menos eficiente aprovechamiento del potencial defensivo del
entorno y, lo que no es menos
importante, por su asociación a un
menor número de agrupaciones de
cistas, con un menor número de
contenedores funerarios. Las localizaciones funerarias actúan en este
contexto como "marcadores" o
"demarcadores" territoriales; reproduciendo un modelo semejante,
añadimos nosotros, al que se viene
otorgando tradicionalmente a contenedores funerarios de épocas remotas, caso de los megalitos. De hecho
este tipo de estructuras parecen seguir cumpliendo en el sector un papel relevante (tradición y/o "memoria
cultural"), durante la Edad del
Bronce.
Los autores de esta importante monografía entienden que aportan un
notable cúmulo de datos sobre,
entre otras muchas cosas, el patrón
de "ocupación del territorio" en que
se enmarca El Trastejón. En este
último apartado manifiestan un
cierto lamento al no disponer en el
sur peninsular de estudios parangonables a los suyos, con los que
establecer si los procesos que aquí
se constatan, para el análisis de las
sociedades del II milenio (especialización económica, consolidación
economía metalúrgica, aumento de
las desigualdades sociales...), encuentran reflejo en ámbitos más o
menos cercanos. Confiemos en que
las "quejas" expresadas por quienes
han elaborado este trabajo se conviertan en un aliciente para quienes
desarrollan su trabajo en ámbitos de
investigación cercanos y sean capaces de proporcionar argumentos
sólidos para la realización del debate
de fondo que reclaman los autores
de esta, sin duda alguna, espléndida
monografía „
Existe el interés por comparar las
estrategias de asentamiento observadas en el marco territorial de El
Trastejón, con las de otros contextos
de la Edad del Bronce del sur de la
Península Ibérica. Los autores expresan la dificultad que encuentran
en esta labor, dada la escasez de
trabajos equiparables en el marco de
Andalucía Occidental. Se hace espe-
%,%/,2*5$)$
AMO, M. del (1975): “Nuevas aportaciones para el estudio de la Edad
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MENGA.
REVISTA
PREHISTORIA
ANDALUCÍA
// Nº
2012.
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261-263.
ISSN
2172-6175
// RECENSIONES
263
Manuel Álvarez Martí-Aguilar (editor). Fenicios en
Tartesos: nuevas perspectivas. British Archaeological
Reports, International Series 2245, Archaeopress,
Oxford, 2011, 248 páginas, ISBN 978 1 4073 0809 8
Eduardo García Alfonso
Junta de Andalucía
Delegación Provincial de Cultura y Deporte – Málaga
[[email protected]]
Este libro es una recopilación de las ponencias que se expusieron en la Universidad de Málaga en diciembre de 2008 en
el marco de un encuentro con el mismo
título que la obra. El corpus de trabajos
va precedido de una breve introducción
que firma el editor de la obra, Manuel Álvarez Martí-Aguilar. En ella efectúa un
rápido repaso a los cambios que se están
produciendo en la interpretación del
tema de Tartessos por parte de un sector
de la investigación. El eje de esta corriente de pensamiento parte de minimizar el
papel jugado por las comunidades
autóctonas en el desarrollo del Hierro
Antiguo y atribuir todo el protagonismo
de este proceso histórico a las gentes
orientales establecidas en las costas andaluzas. Es lícito pensar que este
planteamiento tiene rasgos de una cierta
reacción contra los excesos del “autoctonismo” imperante entre los años 50 y 90
del pasado siglo. Sin embargo, entendemos que esta primacía fenicia encuentra
su justificación fundamental en los textos
literarios, al tiempo que esta propuesta
ha visto reforzadas sus tesis por la subida generalizada de las cronologías de los
inicios de la presencia fenicia las costas
del sur peninsular. Dos hechos han
tenido una especial relevancia para
configurar este marco. Por un lado, los
hallazgos del solar de la calle Méndez
Núñez 7-13 / plaza de las Monjas 12 de
Huelva, que han apuntado a una datación
que pudiera llegar a fines del siglo X a.C.
para la presencia fenicia en este enclave
(González de Canales, Serrano y Llompart, 2004). Por otro, las nuevas excavaciones en El Carambolo entre 2002 y 2005
(Fernández Flores y Rodríguez Azogue,
2007: 87-178; 2010) han entendido este
264
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complejo como un lugar de culto -en
palabras del profesor Álvarez MartíAguilar- “erigido por y para orientales”.
Ciertamente, estos trabajos plantean
nuevas perspectivas sobre el periodo
fenicio arcaico, pero quizás desde un
sector de la investigación han sido hipervalorados en el intento de hacer desaparecer el Bronce Final y plantear un
territorio bajoandaluz “desierto” de
población autóctona.
El primer artículo que reúne el libro es
de José María Blázquez “Chipre y la
Península Ibérica” donde efectúa un
repaso a temas diversos ya conocidos,
dentro de su característico estilo literario, donde intercala diversos repertoria
de material arqueológico con sus
interpretaciones. Para el autor, estos
contactos con Chipre se inician avanzada
la segunda mitad del segundo milenio
a.C. Blázquez es partidario de una
conexión chipriota para las cerámicas a
torno del Llanete de los Moros (Montoro)
y de Cuesta del Negro (Purullena).
Bastante relieve le da el autor al tema de
los santuarios, aunque nos hubiera
gustado un tratamiento más extenso del
recinto sacro de Golgoi, con su escultura
de Gerión de la segunda mitad del siglo
VI, que nos hubiera llevado al tema de
Herakles-Melqart, esencial para el sur
peninsular.
El artículo de Massimo Botto “Interscambi e interazioni culturali fra Sardegna e
Penisola Iberica durante i secoli iniziali
del I millennio a.C.” se centra en el papel
del mundo nurágico de los siglos IX y VIII
a.C. en las relaciones entre el Mediterráneo Central y la Península Ibérica. Plan
teando inicialmente las cuestiones
náuticas, el autor resalta el papel
clave deCerdeña en la circulación de
objetos metálicos en el mar Tirreno.
Un aspecto que me parece fundamental de este artículo es la contextualización de los hallazgos sardos
que hay en la Península Ibérica, con
el estudio de sus paralelos, dispersión y dataciones en el lugar de
origen, así como la reproducción
gráfica de los más señeros. El tipo
estrella es, evidentemente, la brocca
askoide. Se facilitan los contextos
originales de estos recipientes, de
relieve a la hora de establecer puntos de partida de estos materiales en
sectores concretos de la isla.
Karin Mansel nos presenta un trabajo titulado “Cartago y la Península
Ibérica en los siglos VIII-VI a.C.” que
recoge los resultados de las excavaciones alemanas efectuadas en el
sector del Decumanus Maximus /
Kardo X. El artículo, concebido desde
un punto de vista arqueográfico,
tiene el interés de reunir los materiales de procedencia sur peninsular
hallados en Cartago con referencias
a su contexto. Aunque no se trata de
unos elementos demasiado abundantes en el repertorio global, sí que
proporcionan información de interés
para la elaboración de propuesta interpretativas sobre estas relaciones,
así como su evolución temporal.
Destaca la presencia de ánforas fenicias fabricadas en el Círculo del
Estrecho y de cerámicas a mano
decoradas que corresponden a la
vajilla indígena del sur peninsular,
además de fíbulas de doble resorte,
todo ello con buena documentación
gráfica.
Por su parte, los profesores Alfredo
Mederos Martín y Luis A. Ruiz
Cabrero firman el artículo “Sidón en
Occidente. El Castillo de Doña
Blanca, Asido y Gadir”. Defienden
que la absoluta hegemonía de Tiro
en las navegaciones fenicias a Occidente es producto de una elaboración literaria muy posterior a los
hechos, premisa con la que estamos
de acuerdo. Para los autores, este
protagonismo tirio fue compartido
con Sidón, especialmente en los
primeros momentos de la expansión
fenicia. Producto de esta acción
sidonia sería la fundación de una
colonia en la bahía de Cádiz, que los
autores sitúan en el Castillo de Doña
Blanca. La Segunda Guerra Púnica
motivó el traslado de este asentamiento al interior, emplazándose
esta nueva Asido en el solar de la
actual Medina Sidonia. Para sostener su hipótesis, los profesores
Mederos y Ruiz Cabrero se basan en
la existencia del topónimo medieval
castellano Sidueña, ubicado en las
proximidades de Doña Blanca, que
identifican con la Saudo citada por
Plinio (III, 15). Igualmente, señalan
las emisiones monetales asidonenses, que presentan motivos vinculados con el mar –pese a estar Medina
Sidonia ubicada tierra adentro– y
una cabeza juvenil asimilable a
Apolo/Ešmun, divinidad principal de
Sidón. Igualmente, proponen la existencia de este culto en el Castillo de
Doña Blanca en el siglo VIII o principios del VII a.C., basándose en un
grafito fenicio aparecido en dicho
enclave. Las conclusiones del artículo las entendemos como mera
hipótesis, aunque dado el carácter
cosmopolita de la diáspora fenicia y
la unificación de los reinos de Tiro y
Sidón a partir de principios del siglo
IX (Belmonte, 2003: 89 y 106) pueden generar debate.
El trabajo del profesor C. G. Wagner
entra de lleno en la discusión que
quiere plantear el libro que reseñamos. Con el título “Fenicios en Tartessos: ¿interacción o colonialismo?”
realiza un discurso que lleva defendiendo desde hace bastante tiempo
(Wagner y Alvar, 1989). El paradigma
se basa en atribuir a los fenicios
todo el papel protagonista en la
protohistoria del sur peninsular y
dejar a la población autóctona un
papel absolutamente secundario,
como meros suministradores de
mano de obra. Al tiempo, las élites
autóctonas se convierten en instrumentos del aparato oriental, al servicio del proyecto colonial. Ciertamente, entendemos que la instalación
fenicia en la Península tuvo numerosos elementos similares a un sistema colonial, pero no compartimos
las conclusiones del artículo. En el
inicio del trabajo, el autor señala que
en las explicaciones para la implantación fenicia se ha prescindido de la
violencia y de la explotación, sustituyéndolas por términos como acultu-
ración e interacción, ambos beneficiosos para las comunidades autóctonas en la mentalidad de los autores que utilizan estos conceptos.
Sólo si nos remontamos a un momento historiográfico muy alejado de
nosotros podemos sostener que la
investigación tildada de “autoctonista” ha elaborado un discurso tan
ingenuo, cuando un sector importante de la investigación aboga
actualmente por planteamientos
postcoloniales (Delgado Hervás,
2011). La interacción, término que yo
mismo he usado en muchas ocasiones, no presupone una dinámica
exenta de conflicto, sino que implica
una transformación de todas las sociedades que están inmersas en el
proceso, donde el factor local jugará
un papel clave. Estoy de acuerdo con
el profesor Wagner en el asunto de
la “negociación permanente” de las
relaciones entre las élites para garantizar el funcionamiento del sistema, pero no comparto la posición
subordinada de los grupos dirigentes
autóctonos y tampoco la falta de
transferencia de tecnología, a la que
se opone radicalmente el registro
arqueológico del Hierro Antiguo, a no
ser que el planteamiento de partida
sea una ocupación masiva del territorio del sur peninsular por poblaciones orientales. Precisamente esta
“negociación permanente” y la competencia entre los diversos sectores
dirigentes es lo que llevará a la
dinámica que pondrá fin al periodo
fenicio arcaico y a la formación de la
nueva aristocracia ibérica (García
Alfonso, 2007: 404-415). A este respecto, como sí que comparto con el
autor que el fenómeno “tartésico” es
inseparable de la presencia fenicia,
para referirme a los momentos
anteriores prefiero hablar de Bronce
Final, sin calificativo de ningún tipo.
Por su parte, A. Arancibia, L. Galindo, M. Jurado, M. Dumas y V. M.
Sánchez nos presentan reunidas
varias excavaciones en el entorno de
la ciudad de Málaga, vinculadas a las
obras del aeropuerto y al desarrollo
urbano del casco histórico de la capital. “Aportaciones de las últimas
intervenciones a la arqueología fenicia de la Bahía de Málaga” se centra
en los resultados en cuatro enclaves:
La Rebanadilla, Cortijo de San Isidro,
San Pablo y la propia Málaka. Los
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dos primeros son una importante
novedad, debido al gran interés que
tienen de cara a los momentos
iniciales de implantación fenicia en
la bahía malagueña, que pueden
retrotraerse al siglo IX cal a.C., de
acuerdo con las fechas de que se
publican en el trabajo. No obstante,
el amplio intervalo mostrado para la
fase IV de La Rebanadilla -la más
antigua- rebaja su utilidad, aunque
apunta a un momento anterior a
finales del siglo IX1. Con ello, queda
claro que se trata de una fase previa
a la primera instalación fenicia en el
inmediato cerro del Villar, no solo
por las cronologías radiométricas,
sino también por los materiales
documentados.
La profesora Ana Margarida Arruda
nos brinda un artículo que, bajo el
título “Indígenas, fenicios y tartésicos en el Occidente peninsular:
mucha gente, poca tierra”, es un
trabajo eminentemente arqueográfico, centrado en la discusión de determinadas formas cerámicas y su
presencia en enclaves del territorio
portugués. En consonancia con lo
dicho por la autora, coincidimos con
ella en que no hay ningún argumento
material firme para sostener una
colonización tartésica -indígena- de
los valles bajos de los ríos Tajo y
Sado, a través de la Extremadura
española. Con la autora, consideramos que muchos de los elementos
“orientalizantes” que encontramos
en este ámbito regional han circulado de oeste a este y no de sur a
norte, como se ha sostenido en
muchas ocasiones. Aquí los fenicios
jugarán un papel esencial, para lo
que utiliza la profesora Arruda sus
argumentos empíricos en el artículo.
Estando plenamente de acuerdo con
su metodología, nos hubiera gustado
que la autora hubiera desarrollado
más ampliamente la implicación de
las comunidades indígenas, en
nuestra opinión, claves en este proceso.
En su línea habitual de los últimos
años, José Luis Escacena nos presenta un trabajo con el sorprendente
título de “Variación identitaria entre
los orientales de Tartessos. Reflexiones desde el antiesencialismo
darwinista”. El autor efectúa una
reflexión que adopta la forma de un
torbellino de ideas sobre la identidad
étnica de los fenicios en el sur peninsular, especialmente centrado en
el suroeste, desarrollando un planteamiento epistémico. En síntesis, el
profesor Escacena está en la misma
línea de C. G. Wagner, al atribuir el
papel protagonista en el desarrollo
del complejo cultural tartésico a los
fenicios, frente a una población local
que él denomina Turta, siguiendo a
F. Villar (1995). Defiende que existió
una migración masiva de gentes del
Levante mediterráneo hacia la Península desde el siglo IX a consecuencia de la presión asiria. Estamos de acuerdo con el autor en el
elemento multiétnico que formó la
diáspora fenicia, donde bajo “pabellón” tirio navegaron hacia Occidente
gentes de muy diversos orígenes,
como hemos defendido en alguna
ocasión (García Alfonso, 2005: 1332).
Ahora bien, discrepamos del gran
volumen que se atribuye a este
traslado humano, hasta el punto de
que pudiera modificar sustancialmente la composición demográfica
global del sur peninsular; a no ser,
claro está, que se postule un vacío
humano en el Bronce Final. El propio
concepto de “occidentalización”,
empleado por el autor, indica el
proceso de adaptación de los
contingentes orientales al nuevo
medio en que se van a desenvolver,
por lo que entendemos que no estaban solos en el territorio y no se
pudo reproducir miméticamente la
sociedad metropolitana.
El profesor Eduardo Ferrer Albelda
se centra en el tema de la variedad
étnica del sur peninsular en época
prerromana en su artículo “Unidad y
diversidad de los fenicios en el periodo postcolonial (I). La visión
exoétnica”. El profesor Ferrer es
consciente de la problemática que
tienen las fuentes clásicas, especialmente porque transmiten la visión del “otro”, es decir, la individualización que los pueblos meridionales tienen a los ojos de los autores
1 Los intervalos a 2˰ para esta fase IV son respectivamente 1040-840 cal a.C. y 1010-830 cal a.C.
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griegos y latinos, generalmente de
segunda mano. Nos parece de mucho interés el apartado que se dedica a la toponimia, donde sigue fundamentalmente a J. Sanmartín
(1994), pero ofreciendo una visión
más interpretativa que dicho autor.
Repasa una serie de topónimos
como Spal o la serie de Qart que
encontramos en Iberia, como
Carteia y Cartima. Nos parece aceptable la idea del autor de una instalación de poblaciones fenicias -o
identificables con esa etiqueta
étnica- en algunos núcleos donde no
fueran el componente mayoritario,
pero siempre en determinados
contextos y situaciones, por lo que
no nos parece que se deba generalizar demasiado en el caso de los
epígrafes monetales de las cecas
llamadas libio fenicias. Finalmente,
el autor cierra el artículo con una
serie de cuadros, que resultan de
bastante utilidad a la hora de sintetizar el complejo mundo de los textos
clásicos y sus citas respecto al tema
que le ocupa.
Como especialista en los temas de
religión, la profesora M. Cruz Marín
Ceballos nos presenta el artículo “La
singularidad religiosa de Gadir en el
mundo fenicio-púnico”, tema que se
ha tratado en en otras ocasiones. La
autora efectúa un repaso al panteón
fenicio, con una síntesis de los cultos
en diversos lugares, pero centrándose en Tiro, Cartago y Gadir. Resaltando las particularidades gaditanas,
la profesora Marín Ceballos destaca
la importancia del culto de Melqart y
la aparentemente escasa relevancia
que tiene Astarte en esta ciudad,
donde ambos compiten en la protección de la navegación y en su carácter oracular. A este respecto plantea
la autora la posibilidad de que el
templo de Melqart en Sancti Petri
sea un culto común de todas las
fundaciones coloniales fenicias del
Extremo Occidente, mientras que
Astarte sea la verdadera divinidad
poliada de Gadir. Nos parece una
propuesta interesante, aunque ello
implica una cierta hegemonía política gaditana, que pensamos sería
más propia de un momento tardío.
No obstante, este aserto supone un
cierto “destierro” de Melqart de la
propia Gadir.
Un tema que no podía faltar en una
publicación de amplio espectro
sobre los fenicios en Occidente es la
Ora Maritima, que siempre da bastante juego, al margen del valor que
cada investigador quiera otorgarle a
este interesante –y controvertido–
texto. En esta ocasión es el profesor
Luca Antonelli quien nos presenta el
artículo “I fenici (e i punici) di estremo occidente nell’Ora Maritima di
Avieno”. La propuesta de partida, ya
bastante conocida y que comparto,
es que, bajo las adiciones y corrupciones del poema bajoimperial,
existe un periplo antiguo que debe
remontarse al siglo VI a.C., transmitido inicialmente de forma oral.
Muchos son los comentarios que se
pueden efectuar al trabajo del profesor Antonelli, pero nos limitaremos a
dar unas breves pinceladas sobre
algunas de las localizaciones que se
ofrecen en el artículo. Una vez más
se quieren ubicar en enclaves
arqueológicos concretos algunos de
los topónimos que aparecen en el
poema, cuando sabemos la enorme
dificultad de esta labor. Nos llama la
atención la identificación del Arx
Gerontis con el Castillo de Doña
Blanca y la interpretación de este
nombre como “Roca del Viejo”
(ȖȑȡȠȞȖȑȡȠȞIJȠȢ), en alusión a Argantonio. Igualmente, no podemos dejar
pasar la ocasión de referirnos a otro
de los “iconos” de la Ora Maritima
que aborda el profesor Antonelli,
Mainake. Como en otro trabajo suyo
anterior (Antonelli, 2000), niega que
este enclave citado como colonia
griega se ubique en Málaga o en
Toscanos, sino que defiende una
localización aun no concretada, pero
muy próxima a Gibraltar. Discrepamos de esta propuesta, por diversos
motivos, pero principalmente por la
falta de registro arqueológico para
sostener la existencia de una colonia
puramente griega en el litoral andaluz y mucho menos masaliota.
Finalmente, el último trabajo de la
publicación está firmado por Pierre
Moret y lleva por título “¿Dónde estaban los Turdetani? Recovecos y
metamorfosis de un nombre, de
Catón a Estrabón”. Se trata de un
artículo eminentemente historiográfico, que indaga sobre el etnónimo
“turdetanos”. El profesor Moret pasa
revista a las diversas fuentes que
citan a este pueblo con variabilidad
de su ubicación geográfica y episodios en que se ven envueltos. Las
referencias de Tito Livio, que proceden de Catón, ubican a los turdetanos como muy próximos al ámbito
celtibérico. Por ello, P. Moret señala
que el territorio original de estas
gentes es el sector suroriental de la
Meseta, limítrofe con la cuenca del
Guadalimar –Saltus Castulonensis-.
Por ello, señala que fue Estrabón,
seguramente inducido por sus fuentes primarias procedentes de la
geografía tardohelenística –Artemidoro y Posidonio-, quien ubicó a los
turdetanos en el bajo Guadalquivir.
Moret señala que, aparte del texto
estraboniano, no hay ninguna otra
fuente ni testimonio epigráfico que
indique que los turdetanos habitasen
en Andalucía occidental ni se puede
presumir un traslado masivo de
estas gentes hacia el oeste, del que
no tenemos ninguna noticia. Por
ello, señala el profesor Moret, una
consecuencia que ha tenido la obra
de Estrabón ha sido el calificativo de
“turdetana” que se utiliza para la
arqueología de la Segunda Edad del
Hierro en el bajo Guadalquivir. Si
estamos de acuerdo con los planteamientos del autor, esta última no
deja de ser una denominación inexacta „
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MENGA.
REVISTA
PREHISTORIA
ANDALUCÍA
// Nº
2012.
250-253.
ISSN
2172-6175
// RECENSIONES
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REVISTA
DEDE
PREHISTORIA
DEDE
ANDALUCÍA
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03.03.
2012.
PP.PP.
264-267.
ISSN
2172-6175
// RECENSIONES
267
Fernando Villada Paredes, Joan Ramón Torres y José
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Ceuta, 2010, 546 páginas, ISBN 978-84-15243-04-5
Ana Delgado Hervás
Profesora agregada de Arqueología en la Universitat Pompeu Fabra
[[email protected]]
Esta monografía presenta los resultados
de las excavaciones arqueológicas que se
realizaron entre los años 2004 y 2005 en
la plaza de la Catedral de Ceuta. Esta
excavación puso al descubierto una larga
secuencia de la ocupación de la ciudad,
que se inicia en el siglo VII a.C. y se prolonga hasta momentos contemporáneos.
La publicación se centra de forma exclusiva en describir, analizar e interpretar
los niveles más antiguos exhumados en
esta área, datados a lo largo de todo el
siglo VII a.C. La selección temporal que
realizan los autores queda plenamente
justificada debido a la novedad que supone para la investigación arqueológica la
documentación de un asentamiento permanente en el istmo ceutí, fundado,
según sugieren los datos obtenidos en
estas excavaciones, entre finales del siglo
VIII y los inicios del siglo VII a.C., es decir,
en un periodo que coincide con la consolidación de una red de colonias, enclaves
portuarios y núcleos de población fenicia
en el extremo occidente y con la expansión de sus negocios y relaciones en estos territorios.
Algunos estudios previos realizados en el
área ceutí apuntaban que durante el
periodo “fenicio-púnico” habría habido un
asentamiento o al menos un enclave portuario en este punto estratégico para la
navegación por el Estrecho (Bernal Casasola, 2000). La información que la investigación arqueológica manejaba hasta
entonces se reducía a ciertos hallazgos
arqueológicos descontextualizados,
principalmente de carácter submarino,
que, todo lo más, permitían marcar con
un puntero el istmo de Ceuta en un mapa
de distribución de las poblaciones costeras del Mediterráneo occidental en el
268
250-253. ISSN 2172-6175 // RECENSIONES
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 268-271.
primer milenio a.C., un gesto acompañado, por supuesto, de la controversia
identitaria y cronológica de rigor. La
metódica excavación y el excelente
estudio del registro arqueológico que se
presentan en esta monografía transforman radicalmente este precario panorama científico. Los autores ofrecen en este
trabajo un sólido cuerpo de datos estratigráficos, arquitectónicos, artefactuales,
bioarqueológicos, geológicos y cronológicos que les permiten construir interpretaciones y controversias empíricamente bien sostenidas sobre el origen y
las identidades de las poblaciones que
ocuparon este enclave mediterráneo a lo
largo del siglo VII a.C, sobre sus redes de
contacto y de comercio, sobre las características de su paisaje y sobre algunas
de las actividades económicas que se
desarrollaron en este asentamiento.
Tras una somera introducción en la que
se informa al lector de las características
geográficas del entorno ceutí y de los estudios arqueológicos e históricos realizados con anterioridad a este trabajo, la
monografía describe de forma exhaustiva
la secuencia estratigráfica y los contextos
arqueológicos excavados. Se definen los
espacios exteriores y las estructuras arquitectónicas identificadas, así como
también otros elementos asociados tales
como fosas, estructuras de combustión o
posibles estructuras de trabajo. Se analizan las características de este espacio de
hábitat, de las técnicas constructivas y
los materiales empleados, de los usos y
configuraciones de los espacios domésticos identificados en cada una de las
fases excavadas y se examinan las transformaciones que todos ellos experimentan a lo largo de la secuencia. Este aná-
lisis desvela al lector desde un inicio
la que será una de las problemáticas
interpretativas principales del asentamiento excavado en el istmo ceutí:
la procedencia de sus habitantes,
sus identificaciones culturales y sus
relaciones con otras poblaciones
norteafricanas, así como con grupos
fenicios y/o indígenas asentados en
la costa septentrional del área del
Estrecho de Gibraltar.
El cuerpo central del trabajo lo constituye el análisis artefactual, dedicado principalmente a los vasos cerámicos. Los autores presentan un estudio minucioso y sistemático, metodológicamente bien diseñado, que
elude viejos tics todavía en boga
como la publicación selectiva de
piezas, una práctica arqueológica
que condiciona absolutamente no
sólo la interpretación propia, sino
cualquier lectura alternativa ulterior.
En la monografía se presenta un detallado análisis artefactual de cada
uno de los contextos excavados y se
exploran las características de estos
conjuntos a nivel cuantitativo y cualitativo. Se analizan porcentualmente
los vasos cerámicos presentes en
cada una de las unidades excavadas
según tipos y funciones y según las
técnicas de modelaje empleadas en
su elaboración, atendiendo principalmente al uso o no del torno
alfarero en la manufactura de las
piezas.
La minuciosa descripción que ofrecen del repertorio artefactual permite dibujar con claridad las culturas
materiales que usaron los habitantes
de este enclave costero y cómo éstas
se transformaron a lo largo de la
vida de este hábitat. En su análisis
los autores demuestran un profundo
conocimiento y un absoluto dominio
de las culturas materiales fenicias e
indígenas del sur y el sudeste peninsular, así como también de los escasos conjuntos artefactuales de los
asentamientos de las costas norteafricanas hoy conocidos. En este estudio, sin embargo, los autores abusan de su enorme erudición y lo hacen, a mi modo de ver, de una forma
en ocasiones gratuita, generando
largos y tediosos listados de paralelos, absolutamente reiterativos que,
debido al limitado conocimiento que
hoy tenemos de las culturas mate-
riales de ambas orillas del Estrecho,
no llegan a ser interminables.
Esta comparación de las culturas
materiales documentadas en el enclave ceutí y en otros asentamientos
peninsulares y norteafricanos tiene
un triple objetivo: en primer lugar,
establecer la cronología de la ocupación del istmo de Ceuta, en segundo
lugar, definir las redes de comercio,
principalmente marítimo, en las que
estaban implicados los grupos humanos aquí asentados y, por último,
explorar el origen y las identidades
culturales de las poblaciones asentadas en el istmo de Ceuta durante
el periodo protohistórico.
Respecto al primero de los objetivos
señalados, la datación de la secuencia del asentamiento, los autores
combinan los estudios morfo-tipológicos tradicionales con el uso de
otras técnicas analíticas, como el arqueomagnetismo (estudio realizado
por Cantanzariti) y el radiocarbono.
Las fechas ofrecidas por unos y
otros métodos redundan de nuevo en
el desfase existente entre las cronologías convencionales y radiométricas, que se reproduce en distintos
contextos mediterráneos datados en
el I milenio a.C., y que ha sido discutido ampliamente en la bibliografía
arqueológica (entre otros, Bartoloni y
Delpino, 2004). Los autores pasan de
puntillas por este debate, decantándose por las cronologías convencionales, mucho más aceptadas entre
los investigadores dedicados al mundo del I milenio a.C. Ofrecen, eso sí,
dos nuevas fechas radiométricas de
calidad a esta limitada serie mediterránea, que cuentan con información
sobre el contexto estratigráfico al
que se asocian. Desconocemos, sin
embargo, el material orgánico fechado, un dato relevante que parece
haber sido olvidado en un cajón.
La combinación de técnicas analíticas con el enfoque morfo-tipológico
también está presente en la discusión sobre las relaciones de contacto
y las redes de comercio en las que
participó este enclave costero. La
comparación del registro artefactual
exhumado en Ceuta con el de asentamientos coetáneos del área del
Estrecho y el de otros ámbitos mediterráneos occidentales, se comple-
menta con un análisis petrográfico
realizado por M. A. Cau, I. Iliopoulos
y G. Montana. Ambos estudios
permiten a los autores dibujar la red
de relaciones en las que participó
este enclave ceutí a lo largo del siglo
VII a.C. Los autores destacan la
importancia numérica de las cerámicas tornedas a lo largo de toda la
secuencia estudiada, con un importante crecimiento en las últimas
fases, que demostraría la participación de este centro en los circuitos
fenicios occidentales ya desde los
inicios de la secuencia aquí estudiada. Las características tipológicas de
estos vasos y los análisis petrográficos realizados permiten concluir
que los socios preferentes de esas
relaciones fueron núcleos fenicios
ubicados en la costa mediterránea
del sur y el sudeste peninsular.
Uno de los aspectos más destacables de este estudio es la atención
que presta a los aspectos cualitativos del registro, una perspectiva especialmente interesante cuando se
debaten cuestiones identitarias (entre otros Lightfoot et al., 1998; Voss,
2005; Delgado Hervás y Ferrer Martín, 2007; Silliman, 2010). El trabajo
publicado analiza contextualmente
las asociaciones de repertorios cerámicos registrados, lo que permite a
estos investigadores establecer
diferencias materiales entre el enclave ceutí y los asentamientos coloniales fenicios occidentales. La primera diferencia que subrayan es la
importancia numérica que tienen las
cerámicas modeladas a mano, dominantes en toda la secuencia. Además, este estudio pone en evidencia
que las cerámicas torneadas de manufactura fenicia son mayoritariamente contenedores relacionados
con el transporte y el comercio de
mercancías como el vino o los aceites aromáticos. Las vajillas cerámicas fenicias están escasamente representadas, aunque se detecta un
aumento en las fases más tardías,
donde siguen conviviendo con repertorios de elaboración local modelados a mano. Los recipientes culinarios de tradición fenicia están prácticamente ausentes a lo largo de toda
la secuencia.
Estas pautas llevan a estos autores a
definir el enclave ceutí como un
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PREHISTORIA
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puerto autóctono de carácter abierto, estratégicamente ubicado en rutas marítimas comerciales, habitado
mayoritariamente por poblaciones
de origen occidental, pero que contaría con la presencia, permanente o
habitual, de agentes comerciales fenicios. Esta co-presencia o co-residencia habría sido la que habría estimulado la transformación de las
prácticas y las culturas materiales
autóctonas que se detectan a lo
largo de la secuencia, no sólo en el
registro cerámico, sino también en
las características urbanísticas y
arquitectónicas del asentamiento. La
hipótesis que defienden los autores
es perfectamente coherente con los
datos sobre las pautas alimenticias,
las prácticas económicas, la explotación de los recursos del territorio
inmediato o el análisis del instrumental lítico, que se estudian en los
detenidos informes que se recogen
en los anexos finales que cierran la
publicación.
La co-residencia de agentes comerciales fenicios, como la que se detecta en el estudio realizado en el
enclave ceutí, es una estrategia comercial bien conocida en ámbitos
orientales. Gentes levantinas desplazadas a tierras occidentales la utilizaron también en estos nuevos escenarios principalmente para la expansión y la consolidación de nuevas
rutas y mercados. Las evidencias de
co-presencia o co-residencia de
gentes fenicias en enclaves indígenas occidentales son frecuentes en
ámbitos como el área atlántica portuguesa, el sudoeste peninsular o
Cerdeña (entre otros, Belén Deamos,
1994; Arruda, 1999-2000; Delgado
Hervás, 2008; Roppa, 2012). Se trata
de un modo de asentamiento y de
relación entre grupos de origen
levantino y poblaciones nativas occidentales que ha quedado tradicionalmente oculto por la prevalencia
de modelos que uniformizaban la
diáspora fenicia occidental bajo la
fórmula única del asentamiento costero colonial. En Occidente la residencia estable o incluso permanente
de fenicios en asentamientos locales
convivió con las fundaciones coloniales, donde también fueron frecuentes los fenómenos de co-presencia y
co-residencia, pero donde múltiples
expresiones de prácticas y culturas
270
materiales permiten dibujar, a diferencia de los casos como el que nos
ocupa, la hegemonía de grupos de
origen oriental (Delgado Hervás
2008).
de ascendencia local asentadas en
ambas orillas del Estrecho „
El estudio del enclave ceutí que se
presenta en esta monografía pone
sobre la mesa pautas de movilidad y
de contacto de personas, de prácticas y de culturas materiales, que se
alejan de las lecturas simplistas tradicionales y que reclaman la atención hacia movimientos y agencias
antes no tenidas en cuenta. De hecho uno de los aspectos más interesantes del análisis, ya observado antes en otros enclaves norteafricanos
(entre otros, López Pardo y Suárez
Padilla, 2002), son las profundas
convergencias que existen en ese
mundo del I milenio a.C. entre las
culturas materiales indígenas de la
costa septentrional y las del litoral
meridional del área del Estrecho.
Los autores dejan totalmente abierta
la interpretación de estas similitudes, respaldándose en el limitado
conocimiento que todavía hoy tenemos de los grupos norteafricanos en
las centurias iniciales del I milenio
a.C. Sin embargo, aunque esas limitaciones nos impidan dibujar de un
modo definitivo los movimientos que
las provocaron y los tiempos en los
que se produjeron, prácticas y culturas materiales compartidas ponen
de manifiesto que el espacio marítimo que separaba a las dos orillas no
representaba en esos tiempos una
frontera, sino todo lo contrario, un
potente medio de conexión entre las
diferentes gentes indígenas que habitaban en ellas.
ARRUDA, A. (1999-2000): Los feni-
De la edición de esta cuidada monografía tan sólo cabe lamentar la caótica presentación de una excelente
información gráfica. Confunde y sorprende negativamente al lector la
ausencia reiterada de llamadas a
figuras en el texto y la inexistencia
de un índice de láminas, figuras y
gráficos.
Para concluir, no nos queda sino
aplaudir el excelente trabajo realizado, imprescindible no sólo para el
conocimiento de las comunidades
protohistóricas de las costas noroccidentales de África, sino también
para repensar las relaciones entre
las poblaciones de origen fenicio y
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NOTICIAS
(175(*$'(/$60('$//$6'(0(1*$
En el año 2009 la Consejería de Cultura de la Junta
de Andalucía instituyó la Medalla de Menga. Este galardón se otorga a personas y/o entidades que hayan
destacado en la investigación, conservación, difusión, protección o defensa del Patrimonio Prehistórico de Andalucía. El premio es, ante todo, un
reconocimiento institucional a una trayectoria de
compromiso con la ciencia y con la salvaguarda de
una herencia colectiva, para aumentarla y mejorarla.
La Medalla reproduce en su anverso el túmulo del
dolmen de Menga, sobre él la luna y la leyenda
MENGA, mientras que en el reverso, en primer
plano, Hércules portando la piel del león de Nemea,
abre con sus brazos una quebradura en la sierra. Al
fondo, la salida del sol y la Peña. A la izquierda la
leyenda HERCULES, ANTIKARIAE FUNDATOR. De
este modo queda materializada la vinculación
mitológica de la creación de Menga y la fundación de
la propia Antequera. El galardón ha sido diseñado
por Francisco Javier Galán Domingo (Madrid, 1968) y
fundido en bronce en los talleres de Mester Artis.
La primera entrega de la Medalla de Menga correspondió a la Mesa Ciudadana en defensa del Paisaje
Protegido y Yacimiento de Valencina-Guzmán, formada por varios colectivos de la comarca sevillana del
Aljarafe. La concesión de la Medalla tuvo lugar en
2010, en el marco del I Congreso de Prehistoria de
Andalucía-Memorial Siret, celebrado en Antequera;
el fallo para la determinación de los premiados
corresponde al Comité Científico que se constituya
en cada edición de los Congresos de Prehistoria de
Andalucía.
En su edición de 2012 el Comité Científico del II
Congreso de Prehistoria de Andalucía decidió
otorgar tres Medallas de Menga, proponiendo una
vertiente dedicada a la comunidad arqueológica y
otra de carácter cívico, dedicada a premiar a
personas o entidades que hubieran destacado en
Imagen de los galardonados con el Comité Científico del II Congreso de Prehistoria y las autoridades de la Consejería de Cultura. De
izquierda a derecha, detrás: Gonzalo Aranda Jiménez, Antonio Morgado Rodríguez, Ana Delgado Hervás, Leonardo García Sanjuán, Ana
Navarro Ortega y Francisco Contreras Cortés; delante: Carmen Rueda Galán, Margarita Sánchez Romero (Directora General de BBCC),
Hermanfrid Schubart, Paulino Plata Cánovas (Consejero de Cultura), Pilar Palazón, Antonio Gilman, Bartolomé Ruiz González (Secretario
General de Políticas Culturales) y Eduardo García Alfonso.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 273-274. ISSN 2172-6175 // NOTICIAS
273
labores de promoción y defensa del Patrimonio
Arqueológico.
Siendo así, el Comité Científico decidió distinguir con
la Medalla de Menga en su edición 2012 al Dr.
Antonio Gilman Guillén, al Dr. Hermanfrid Schubart y
a la Asociación de Amigos de los Íberos de Jaén. El
galardón fue entregado en Antequera por el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino
Plata Cánovas, el día 15 de febrero de 2012, en el
acto inaugural del II Congreso de Prehistoria de
Andalucía, un momento muy emotivo. Los dos
primeros premiados recibieron personalmente el
premio, mientras que en nombre de la Asociación de
Amigos de los Iberos de Jaén acudió su Presidenta,
Pilar Palazón.
El Dr. Antonio Gilman Guillén, profesor de la
Universidad Estatal de California en Northridge, ha
destacado por sus aportaciones a la Prehistoria Reciente del sur peninsular, especialmente centradas
en Los Millares y El Argar. Gracias a su vinculación
274
con el mundo académico anglosajón ha sido uno de
los mayores divulgadores del patrimonio prehistórico
de Andalucía en el ámbito internacional.
El Dr. Hermanfrid Schubart, director durante muchos años de la sección española del Instituto Arqueológico Alemán, inició las investigaciones sobre
el periodo fenicio arcaico en el litoral malagueño,
con sus trabajos en Toscanos, Morro de Mezquilla,
Chorreras y Trayamar. También ha prestado atención
al mundo argárico, con sus completas excavaciones
en Fuente Álamo.
La Asociación de Amigos de los Iberos de Jaén lleva
más de un década trabajando en pro del Museo de
Arte Ibérico de Jaén, así como difundiendo el
patrimonio de este periodo que alberga dicha provincia. Sus originales actividades combinan el carácter festivo con la divulgación de la investigación científica, en un contexto de responsabilidad cívica y de
colaboración con la Administración Cultural.
MENGA. REVISTA DE PREHISTORIA DE ANDALUCÍA // Nº 03. 2012. PP. 273-274. ISSN 2172-6175 // NOTICIAS
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El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía en
su reunión del día 17 de julio de 2012 acordó la creación del Instituto Universitario de Arqueología Ibérica
en la Universidad de Jaén (BOJA nº 142 de 20 de julio
de 2012). La nueva institución investigadora sustituye
al Centro Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI)
creado en 1998 en el marco del II Plan Andaluz de
Investigación, que había nacido acogido a los principios que desarrollaba el I Plan, es decir un centro de
excelencia entendido como mecanismo de planificación con capacidad ejecutiva en la gestión de los
fondos que se le asignaran. Específicamente su
creación se articuló a la definición de la cultura
ibérica como proyecto estratégico, tal y como proponía el Plan Estratégico de la Provincia de Jaén en su
proyecto nº 87. El Centro se creó por convenio entre
la Universidad de Jaén y la Consejería de Educación
y Ciencia y su ubicación se estableció en la Universidad de Jaén aun cuando se integrasen posterior-
mente nuevos grupos de investigación procedentes
de otras instituciones. En 2004 se aprobó la Unidad
Asociada Arqueología del paisaje: lecturas territoriales y simbólicas, formada con el CSIC (Instituto de
Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales
de Madrid y la Escuela Española de Historia y
Arqueología de Roma, EEHAR) y la Universidad de
Jaén (Instituto Universitario de Arqueología Ibérica),
que fue renovada en 2011 (Lám. 1).
El Instituto recién creado por su vinculación temática
con el estudio de la cultura ibérica se ha estructurado en un doble nivel de investigación: de una parte,
las líneas que tienen que ver con la cultura de los
iberos: Líneas de temática Ibera (LTI) y, de otra parte,
una red de laboratorios con temáticas transversales
(LTT).
El primer campo (LTI) se ha desarrollado a partir de
proyectos de investigación obtenidos en concurso
público o con contratos con administraciones públicas o privadas. Este campo se delimita en un marco
Lám. 1. Sede del Instituto Universitario de Arqueología Ibérica.
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el estudio de la necrópolis de Piquia del s. I ANE,
Arjona (Jaén). La prospección en el entorno del
oppidum de Giribaile, Vilches (Jaén), a partir de
un proyecto I+D+i del Plan Nacional. También
sostenido en un proyecto I+D+i del Plan Nacional
y en un proyecto general de investigación de la
Consejería de Innovación de la Junta de Andalucía se estudia con metodología arqueológica el
escenario de la batalla de Baecula (Santo Tomé,
Jaén). Por último, se está ejecutando un proyecto
de investigación en colaboración con el Conjunto
Arqueológico de Cástulo.
Lám. 2. Vista aérea de la necrópolis de La Noria (Fuente de Piedra,
Málaga).
espacio temporal ajustado al desarrollo de la
arqueología ibérica y se desarrolla en un ámbito
espacial, ligado prioritariamente al contexto andaluz,
abarcando por ello las provincias de Jaén, Málaga,
Córdoba, Granada y Almería, si bien no se excluyen
estudios sobre otras zonas propias de la cultura
ibérica fuera de Andalucía. Los trabajos remiten
también a una amplia cronología que va desde el
siglo IX al siglo I a.C., es decir, prácticamente al
primer milenio ANE. En este campo se trabaja en las
siguientes líneas:
1. ARQUEOLOGÍA ÍBERA: para avanzar en el conocimiento de una de las etapas más brillantes de
la Historia de Andalucía y de una de sus manifestaciones culturales más singulares. Se profundiza en el conocimiento de las expresiones
materiales de las primeras formas de poder aristocráticas y de sus estrategias de apropiación del
territorio. En la actualidad, dentro de esta línea,
están vigentes los trabajos de excavación de la
necrópolis tumular de La Noria en Fuente de
Piedra (Málaga) (Lám. 2), el Proyecto Tútugi, en
Galera (Granada) en el que se realiza, la excavación arqueológica, la restauración y la valorización de esta necrópolis. La excavación en apoyo a
la restauración y puesta en valor de varias zonas
del oppidum de Puente Tablas (Jaén) en el marco
del plan turístico “Viaje al Tiempo de los Iberos”,
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2. HISTORIOGRAFÍA DE LA CULTURA IBÉRICA: para
avanzar en la construcción de la identidad
andaluza. Se analizará el uso que se ha hecho en
el pasado más reciente de la Cultura Ibérica en
materia de legitimización política y construcción
de las identidades nacionales. Esta línea se ha
desarrollado fundamentalmente en el marco del
proyecto europeo AREA del programa Cultura
2000 y continúa en la actualidad en una colaboración sobre el archivo Gómez-Moreno, con la
Fundación Rodríguez-Acosta.
3. GESTIÓN DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO
IBERO: para establecer estrategias de protección, investigación, conservación y difusión que
aseguren la transferencia de los conocimientos
sobre la cultura ibérica y sus restos materiales a
la sociedad andaluza. Para ello se trabaja sobre
la catalogación del patrimonio ibérico sobre
nuevos soportes, nuevas metodologías interdisciplinares para la conservación de este y la transferencia de las nuevas tecnologías para su presentación y puesta en valor. En la actualidad se
realiza el asesoramiento científico del proyecto
creado por el CAAI: “Viaje al Tiempo de los
Iberos” que lidera en su ejecución la Diputación
de Jaén, la Consejería de Turismo y la Consejería
de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía.
Del mismo modo se realiza asesoramiento científico para el Museo Ibero de la Consejería de
Cultura y Deporte. Se trabaja también en los
planes directores del santuario ibérico de la cueva de La Lobera de Castellar y del oppidum de
Puente Tablas en Jaén.
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En el campo de la difusión on-line se está finalizando el proyecto europeo CARARE, (Connecting
Archaeology and Architecture in Europeana) que
transfiere a Europa los contenidos del proyecto de
excelencia CATA (Corpus Virtual de Cerámica
Arqueológica de la Consejeria de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo) y se está iniciando el proyecto 3D-ICON, del mismo programa europeo, que digitaliza los principales identificadores del patrimonio
ibero de Andalucía. El CAAI, dentro de esta línea, ha
organizado exposiciones como: “Baecula, arqueología de una batalla” en el Museo de Jaén y “Tras los
pasos perdidos” en la Ventana de la Ciencia en el
Parque de las Ciencias de Granada.
En el segundo campo, las temáticas transversales, el
CAAI se estructura en laboratorios y Seminarios, que
en la actualidad son los siguientes:
1. LABORATORIO DE TIC. El Instituto Universitario
de Arqueología Ibérica ha desarrollado en los
últimos años una metodología de estudio de la
cerámica arqueológica destinada a cambiar la
tecnología del dibujo cerámico con la utilización
del escáner tridimensional para la captura de las
formas de los recipientes completos. En este
marco se han introducido métodos matemáticos
informatizados para la comparación de formas
cerámicas similares en un trabajo que se desarrolla con los Departamentos de Informática y de
Ingeniería Gráfica, Diseños y Proyectos de la Universidad de Jaén. En este laboratorio se realizan
ambién los trabajos de los proyectos europeos
CARARE y 3D-ICON.
2. LABORATORIO DE ANÁLISIS FÍSICO-QUÍMICOS
APLICADOS A LA ARQUEOLOGÍA. El laboratorio
se creó al mismo tiempo que se fundó el CAAI en
1998. Desde entonces ha desarrollado, a partir
de proyectos específicos o por medios de contratos o encargos específicos, diversos trabajos. Su
objetivo fundamental es doble, de una parte el
análisis de indicadores físico-químicos cuya presencia o ausencia pueden ser correlacionada con
acciones, procesos y actividades de carácter concreto que conduzcan a la reconstrucción histórica
y de otra análisis de indicadores físico-químicos
que contribuyan a los procesos de restauración y
puesta en valor de materiales y asentamientos
arqueológicos. Estos objetivos hacen necesaria la
cooperación estrecha entre arqueólogos y químicos, y de ahí que se hayan integrado en el nuevo
Instituto investigadores de dos grupos de investigación de la Universidad de Jaén: Grupo de
Química Analítica de la Universidad de Jaén (FQM
323) y el Grupo de Investigación Química Física
teórica y Experimental (FQM 173).
3. LABORATORIO DE PALEOAMBIENTE. Este laboratorio en activo desde 1998 trabaja actualmente
en dos disciplinas arqueobotánicas: la antracología y la carpología. La Antracología desarrolla
varias líneas de investigación sobre los usos de la
madera por las distintas comunidades y la historia de la vegetación, principalmente centrada en
Andalucía. La Carpología se centra en el estudio
de los sistemas agrícolas, el origen de las
plantas cultivadas y la determinación del uso de
las plantas. El laboratorio trabaja externamente
con Departamentos y grupos de investigación
que contratan analíticas paleo-ambientales para
sus investigaciones, al igual que el Laboratorio
de análisis físico-químicos.
4. LABORATORIO DE ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA. De nueva creación, sus componentes
proceden del área de Historia Medieval de la Universidad de Jaén y se han integrado recientemente en el Instituto, con la creación de este
laboratorio en el que se realizan estudios de
estratigrafía de los edificios. Los trabajos se
realizan a partir de proyectos y contrato con
entidades públicas o privadas. En los últimos
años con la Diputación Provincial de Jaén se ha
trabajado en los estudios de arqueología de la
arquitectura de los inmuebles de la ruta turístico-cultural de los Castillos y las Batallas.
5. LABORATORIO DE RESTAURACIÓN. Es un laboratorio que no realiza labores externas sino
trabajos vinculados a la conservación de los
materiales obtenidos en los proyectos del propio
Instituto (Lám. 3).
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Lám. 3. Laboratorio del Instituto Universitario de Arqueología
Ibérica.
6. SEMINARIO DE LA MUJER. Es un seminario
transversal en el que el CAAI realiza la parte correspondiente a la etapa ibera y también colabora
en otras etapas. Se ha trabajado entre otros temas en el marco del proyecto I+D+i: “Los trabajos de las mujeres y el lenguaje de los objetos:
renovación de las reconstrucciones históricas y
recuperación de la cultura material femenina
como herramienta de transformación de valores”
coordinado por la Universidad Autónoma de
Barcelona.
El Instituto cuenta con 9 investigadores a tiempo
completo que trabajan en las líneas temáticas y en
los laboratorios y 13 investigadores a tiempo parcial
que preferentemente trabajan en los laboratorios o
en algunos de los proyectos desarrollados desde las
líneas temáticas; se trata de especialistas en química, cartografía, estadística, arqueología de la arquitectura o filología clásica. Además el Instituto cuenta
con becarios predoctorales y contratados de proyectos en un número en torno a diez, que oscila
temporalmente, en función de los proyecto