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La nueva “burguesía-obrera”
MI amigo, profesor de literatura en un instituto público de un pueblo de la provincia de
Sevilla, me cuenta un diálogo con uno de sus alumnos de cuarto de la ESO:
- Maestro, ¿tú cuánto ganas?
- Lo suficiente.
- Maestro, yo sé cuánto ganas.
- A ti no te importa lo que yo gano.
- Mi hermano es técnico de aire acondicionado, maestro. Se salió del instituto porque
ustedes lo cateaban, hizo unos módulos y ahora sólo trabaja media jornada y gana más de
tres mil euros mensuales. Y encima nadie le da por culo.
- Me alegro por tu hermano, chaval.
- ¿A ti de qué te ha servido estudiar tanto, maestro?
- ¿Cómo que de qué me ha servido? ¿Tú sabes todos los libros que he leído y el gusto que
tengo por saber tantas cosas?
- Pero no tienes dinero, maestro. Yo también voy a hacer un módulo para mandar los
estudios a tomar por culo. Le voy a prender fuego a los libros.
- A lo mejor algún día te arrepientes de no seguir estudiando.
- El que se tiene que arrepentir eres tú, maestro. Tanto libro, tanto libro y tienes una mierda
de coche.
Hace unos treinta años, un diálogo como el anterior podía haber ocurrido en ciertos colegios
privados de niños ricos, donde tal vez los hijos de los señoriítos puteaban sin asco a los
profesores. Sin embargo, la conversación que acabo de transcribir ha tenido lugar en un
pueblo agrícola e industrial. En un instituto de clase obrera de un pueblo sevillano, donde la
mayoría de las viviendas todavía son de protección oficial y donde la derecha nunca ha
gobernado ni gobernará jamás.
¿Por qué un adolescente de una familia de currantes y trabajadores se atreve a denigrar así a
su maestro de literatura? Los maestros nunca se han caracterizado por ganar unos salarios
deslumbrantes, pero hace treinta años irradiaban respeto, autoridad y veneración. Nadie se
los imaginaría ricos en dinero y propiedades, aunque sí ricos en experiencia y conocimiento.
Y con eso bastaba para poseer un prestigio discreto y suficiente. Ahora ya no es así, porque
hasta los alumnos de la clase obrera menosprecian a los maestros. La clase obrera
contemporánea es un híbrido social que volvería loco al mismísimo Marx, ya que los hogares
proletarios de hogaño cuentan con más comodidades que los hogares de clase media de
antaño. Y si la renta económica es lo que diferencia a la clase obrera de la burguesa,
probablemente hoy la nueva «clase» burguesa esté copada por un moderno «estamento»
obrero que ha desplazado a la antigua burguesía en poderío económico y signos exteriores de
riqueza.
Un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico
(OCDE), ha demostrado que en España -a diferencia del resto de Europa- el sueldo de los
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titulados universitarios ha caído un 40% respecto de los trabajadores que no han terminado la
ESO. Y como nuestra economía depende del turismo y de la construcción, la nueva
«burguesía-obrera» española proviene del empleo no cualificado. Es decir, de trabajadores
que nunca han pisado una universidad. Mismamente, como ese técnico de aire
acondicionado, hermano del alumno de mi amigo, maestro de literatura en un pueblo
progresista sevillano. Preveo un futuro siniestro para los titulados universitarios en general y
para los maestros de escuela en particular, porque la nueva «burguesía-obrera» tiene los
peores defectos de la vieja burguesía y ninguna de las virtudes de la antigua clase obrera.
¿Cómo inculcar el conocimiento entre unos alumnos que reniegan del estudio porque sólo
piensan en ganar muchísimo dinero trabajando en los bares y en la construcción? Menos mal
que mi hijo menor tiene 11 años y que todavía estoy a tiempo de alejarlo de la arqueología esa ruina que malvive de las ruinas- y a ver si lo camelo para que sea fontanero, encofrador o
escayolista.
Fernando Iwasaki
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