El principal capital es el hombre - Diócesis de Barbastro

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EL PRINCIPAL CAPITAL ES EL HOMBRE
El mes de mayo tiene un colorido especial por estar dedicado a la Virgen María,
porque muchos niños reciben a Jesús por primera vez, y por comenzar con la fiesta de
San José Obrero, poniendo el trabajo humano a la luz de su patrocinio.
El Día del Trabajo, que se celebra el 1 de mayo, nació con carácter
reivindicativo en favor de los derechos de los trabajadores. Hoy ha perdido gran parte
de sus primeras motivaciones; sin embargo todos sabemos que el trabajo escasea debido
a la crisis que venimos sufriendo y para la que no se percibe un final a corto plazo.
Pero la crisis es más honda que los datos que arrojan las estadísticas. Todo el
mundo piensa que es la economía la que ha de enderezar sus caminos para que la crisis
termine, y no cabe duda de que mucho tiene que hacer en este sentido. Pero si las
soluciones no se apoyan en un cambio de valores, será difícil que las soluciones sean
válidas y estables. Cáritas lo viene repitiendo machaconamente: una sociedad sin
valores es una sociedad sin futuro.
El Papa nos ha recordado que el primer valor a salvaguardar es el ser humano.
No en vano el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social. No
basta con el progreso económico y tecnológico; es preciso que tal progreso tenga un
patrón, una medida: que esté al servicio de la dignidad integral de la persona.
El desarrollo necesita ser ante todo auténtico e integral. Superar el subdesarrollo
económico es positivo y necesario, pero no resuelve la compleja problemática de la
promoción del hombre, ni en los países desarrollados, ni en los países emergentes, ni en
los subdesarrollados, que pueden sufrir, junto a las antiguas formas de explotación, las
consecuencias negativas de un crecimiento desequilibrado.
Manos Unidas entendió bien, desde sus inicios, la necesidad de lograr un
desarrollo integral, si se quiere dar respuesta al hambre que sufren cerca de mil millones
de seres humanos: hay que saciar el hambre de pan, al hambre de cultura y al hambre de
Dios. El ser humano no sólo necesita llenar el estómago; también ha de crecer cultural y
espiritualmente, so pena de que el crecimiento económico le deshumanice.
La economía ha de tener siempre presente el bien común por encima de los
intereses particulares. Dios ha dado los bienes de la tierra para satisfacer las necesidades
de todos los hombres y esto no es posible lograrlo si no se globaliza la solidaridad,
como tantas veces pidió el papa Juan Pablo II.
El escandaloso contraste entre el creciente número de desempleados y las
ganancias de algunas entidades económicas o los elevados sueldos de determinados
personajes no es admisible. Es preciso lograr una justa distribución de los bienes
existentes, teniendo en cuenta el valor de la persona y sus necesidades fundamentales.
En esta fiesta de San José Obrero, Día del Trabajo, os invito a todos a promover
los valores auténticos que tienen al ser humano como centro de todas las actividades
sociales y económicas, y a concienciar a los que dirigen la economía para que tengan
presente que el principal capital a defender es el hombre.
+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón
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