A LA ENTIDAD METROPOLITANA PER AL TRACTAMENT DE

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A LA ENTIDAD METROPOLITANA PER
AL TRACTAMENT DE RESIDUS (EMTRE.)
A/a Sr. Presidente.
Rafael Pardo Gutiérrez, con DNI 22.517.052-L, en calidad de Presidente
de Acció Ecologista-Agró, asociación de estudio y defensa de la naturaleza, con
domicilio en la Calle Portal de Valldigna, 15 bajos de València (46003), y con
CIF: G-46606844, inscrita en la sección 1º
del Registro Nacional de
Asociaciones con el número 80911 y en la sección 1ª del Registro de
Asociaciones de la Comunitat Valenciana con el nº 3577,
MANIFIESTA
Que mediante el presente escrito y dentro del plazo conferido al efecto
formula las siguientes ALEGACIONES contra LA ORDENANZA FISCAL
REGULADORA DE LA TASA POR EL SERVICIO METROPOLITANO DE
TRATAMIENTO Y ELIMINACIÓN DE RESIDUOS URBANOS.
I.- SOBRE EL PLAZO DE ALEGACIONES.
Que la norma referida fue publicada en el BOP estando en exposición
pública desde el pasado día 14 de junio del presente año y por un plazo de 30
días hábiles.
Que hasta el pasado día 16 de julio a esta asociación no se le ha
permitido el acceso a la fotocopia del expediente completo, habiéndoles sido
facilitada hasta dicha fecha únicamente una copia de la referida ordenanza, y
pese a haber sido comunicado a esta parte por escrito del Presidente que el
expediente estaba a disposición del público en las oficinas del EMTRE, esta
parte ha comprobado tras acudir el día 5 de julio, sábado, así como el pasado
sábado día 12 de julio, que las oficinas estaban cerradas, entendiendo por ello
que el plazo de información pública debe obligatoriamente prorrogarse a la
vista de que los sábados son días hábiles a efectos administrativos y el
expediente debería haber sido accesible a los ciudadanos.
II.- ANTECEDENTES.
El área metropolitana de Valencia, con más de 1,4 millones de
habitantes, genera diariamente dos toneladas de residuos urbanos (RU). Los
1,4 Kg/habitante/día producidos no tienen las infraestructuras necesarias
para su correcto tratamiento. La única planta existente en Quart de Poblet, es
claramente insuficiente para este volumen diario de RU, resultando un
tratamiento deficiente y un rechazo elevado. El único vertedero en
funcionamiento en el término de Dos Aguas, esta pendiente de ejecución de la
sentencia firme de cierre, y es igualmente insuficiente.
Este desolador panorama, de crecimiento continuo de los RU junto a
instalaciones obsoletas e insuficientes, no es nuevo ni reciente, dura más de
veinte años. Las consecuencias de esta situación, salpica a comarcas
próximas, colmatando rápidamente sus vertederos como en el Camp de
Morvedre, y posteriormente ha consolidado un modelo de gestión de RU
“exportador”, que los traslada deficientemente tratados hacia vertederos
lejanos de Alicante y Murcia, elevando los costes ambientales y económicos de
de los RU del área metropolitana de Valencia.
La falta de una administración gestora de todo el ciclo de los RU con
competencias y capacidad para ordenar los RU del área metropolitana, ha sido
determinante en la generación de esta crisis de la basura.
III.- EL TRATAMIENTO Y ELIMINACIÓN DE RESIDUOS EN EL AREA
METROPOLITANA DE VALENCIA.
La propuesta de esta nueva tasa, se realiza en un marco de gestión de los
RU caracterizado por:
La insuficiencia de infraestructuras de tratamiento
En los últimos 20 años, el área metropolitana de Valencia tiene la misma
instalación de tratamiento, antes Fervasa, ahora los Hornillos. Esta polémica
instalación, que fue modélica en los años 70 cuando su inauguración, no
recibió las inversiones necesarias para su remodelación, y en 2005 se adjudicó
su gestión privada y remodelación todavía inacabada.
El actual vertedero de rechazos en Dos Aguas, declarado ilegal por el
TSJCV y en funcionamiento, sustituyó al anterior de Basseta Blanca en el
término de Ribarroja del Túria, cerrado igualmente por los tribunales.
Los ecoparques ó puntos limpios, tienen desigual implantación en el área
metropolitana, es significativo que la ciudad de Valencia solo dispone de uno,
abierto recientemente, cuando la eficacia de este tipo de instalaciones se basan
en la proximidad al usuario.
Los envases ligeros depositados en el contenedor selectivo, se trasladan a
la planta de Alcira. Si consideramos los consumos de combustible necesario
para el traslado de una carga de gran volumen y poco peso, posiblemente el
balance energético de reciclado resulte negativo.
Las infraestructuras previstas, son: el nuevo vertedero de Dos Aguas (no
operativo), las plantas de tratamiento en Quart de Poblet (ejecución), Manises
(adjudicada) y Picassent (pendiente de adjudicación).
El sistema de recogida con bolsa única
El sistema de recogida de RU en los municipios afectados por la nueva
tasa, se basa en contenedores selectivos de papel/cartón, vidrio y envases, y en
una bolsa única que incluye el resto de las fracciones.
Este sistema de recogida, pivota sobre el contenedor de la bolsa única
donde se mezclan los residuos para posteriormente separarlos en la planta de
tratamiento, encarece el coste del tratamiento de los residuos.
El deposito de residuos sujetos al sistema integrado ó punto verde en la
bolsa única, duplica el tributo al gravar al consumidor por el coste de reciclado
que ya había pagado con la adquisición del producto.
El continuo crecimiento de la generación de RU
El crecimiento interanual de los RU en el área metropolitana crece de
modo constante, al margen del principio de minimización/prevención presente
en el actual marco legislativo, como la Ley estatal de residuos, 10/98, la Ley de
envases y embalajes, 11/97, ó la más reciente Ley autonómica de residuos.
La generación de RU crece ante la ausencia de políticas de minimización,
de campañas de concienciación ciudadana, de sistemas de ordenación e
identificación del productor del RU, y de políticas fiscales que graven a quien
más genera.
La ciudad de Valencia, en 1990 trasladó a la planta de tratamiento
184.969 Tm., y en 2006 364.892,8 Tm., un 49,31% más. En cambio los
subproductos generados por la planta, descienden en este mismo periodo casi
el 10%, pasan de 41.232.7 Tm. en 1990, a 37.491 Tm. en 2006.
Los RU, generados en los últimos 15 años, de 1989 al 2006, han crecido
el 14,5%, pasando de 356.081 Tm. en 1989 a 407.755,8 TM en 2006.
No hay una administración gestora de los RU capaz
Los entes gestores de residuos ó Consorcios, son las administraciones
encargadas de la gestión de los RU previstas en la Ley, y un instrumento
básico indispensable para el desarrollo de un sistema de gestión eficaz en la
ordenación de los residuos ya implantado en otros territorios.
Esta administración única, con competencias y capacidad técnica y
económica, es fundamental para la planificación y ordenación de los residuos
en el área metropolitana.
La gestión de los RU, se distribuye entre los ayuntamientos del área, se
encargan de la prestación del servicio de limpieza viaria y recogida de residuos,
y el EMTRE que le compete el tratamiento. Esta división de la gestión resta
eficacia y eleva el coste de la gestión de los RU, y puede dar lugar a
duplicidades de gestión de tributos en el caso de aquellos ayuntamientos que
tenga implantada la tasa de recogida.
El actual EMTRE, no tiene las competencias necesarias para el desarrollo
de esta tarea. La ausencia de un ente gestor de RU único, capaz de gestionar
todo el ciclo de los residuos, desde su ordenación hasta su recogida y
tratamiento, provoca graves disfunciones normativas, técnicas, económicas y
ambientales. Hay municipios que tienen tasa de recogida, otros no. La recogida
esta desigualmente ordenada en los distintos ayuntamientos y conlleva costes
de gestión diferentes en la prestación de los servicios. La correcta ordenación
de la recogida de los RU, es proporcional al porcentaje de reciclado de los
mismos.
Esta caracterización de la gestión de los RU del área metropolitana de
Valencia permanece prácticamente inalterable desde hace 25 años, a pesar de
los avances normativos y técnicos, acumulando graves impactos ambientales y
sobre costes de explotación. Las Directivas europeas de aplicación, las leyes
estatales y autonómicas, no han servido, hasta la fecha, para modificar el
insostenible escenario en que se mueven los RU del área metropolitana. El
cierre de los mayores vertederos se realiza a instancia judicial sin alternativa
prevista, y conlleva el traslado de los RU a cientos de kilómetros del lugar
donde se generan, con el consiguiente coste ambiental y económico.
La propuesta de la nueva tasa, se limita a cubrir los elevados costes de la
prestación del servicio de tratamiento, en lugar de transformarse en un
instrumento fiscal que más allá de su papel recaudador, corrija las
insuficiencias del actual modelo de gestión, apostando por gravar la generación
y fomentar la minimización.
IV.- LA PROPUESTA DE NUEVA TASA POR ELIMINACIÓN DE RESIDUOS
URBANOS.
La tasa es un tributo previsto en la Ley de Haciendas Locales para
repercutir el coste de un servicio entre aquellos que se benefician del mismo
que lo provocan. En principio, parece lógico que el gravamen tenga en cuenta
la intensidad del servicio, es decir, que sea proporcional al beneficio que genera
o a la causa que lo determina, de forma que pague más quien más demande el
servicio o se beneficie del mismo.
Los Ayuntamientos, ordenan su tasa por la recogida y tratamiento de
residuos considerando el tipo de residuo (pues de el depende un sistema de
recogida y de tratamiento u otro, con distinto coste), el volumen de residuos
producido (de manera que a mayor residuo medido en volumen o peso, mayor
tasa), y consideraciones de orden social a fin que los sujetos pasivos con menor
capacidad de pago soporten una carga tributaria inferior.
El pago por generación
Si la reducción y el reciclaje son la prioridad para una gestión
ambientalmente correcta de los RU, la propuesta de nueva tasa debería
avanzar hacia políticas de minimización incentivando cambios de
comportamiento. Para ello, es fundamental establecer sistemas de pago que se
relacionen directamente con los residuos generados, el pago en función del
consumo, al objeto de fomentar la prevención, la reutilización y el reciclado.
La correspondencia directa entre la cantidad de residuos generados y la
cantidad a pagar, incentiva la reducción de residuos. Al igual que se puede
incentivar el reciclaje haciendo que las fracciones reciclables sean más baratas
que el rechazo. En definitiva, establecer el pago en función del consumo, al
igual que en el gas, la luz ó el agua, evita situaciones injustas, poco
transparentes en que los que generen menos residuos subvencionen a aquellos
que generan más. Y parte de dos principios ambientalmente importantes: el
principio de prevención y el principio de “quien contamina paga”.
El pago por consumo de agua
El sistema propuesto, tiene gran facilidad de gestión y de cobro, sin
embargo no considera características básicas y aspectos determinantes que
debe reunir la tasa:
No respeta el principio de proporcionalidad
La tasa metropolitana por el tratamiento de residuos, al adoptar una tarifa en
función del consumo de agua, no tiene en cuenta la proporcionalidad entre el
coste y el pago por el servicio prestado.
No existe una relación entre la cantidad y tipos de residuos producidos y
consumo de agua. ¿Produce la misma basura una familia de tres personas que
una hamburgueseria, por ejemplo?, ¿ó que una tienda de muebles?, ¿ó un
almacén de logística? ¿ó que un supermercado? Seguramente no. Sin embargo
es probable que todos ellos tengan el mismo calibre en el contador del agua y
realicen un consumo de agua parecido. En otros términos, que paguen tasas
parecidas con una producción muy desigual de residuos.
Hay actividades industriales o de servicio que realizan un mayor consumo de
agua: lavanderías, lavacoches, fabricación de refrescos y otras industrias
agroalimentarias. ¿Qué tiene que ver el mayor consumo de agua que realizan
con los residuos que producen? ¿Porqué tendrán que pagar una tasa mayor
que otras actividades que consumen menos agua pero comparativamente
producen más residuos, como las tiendas de alimentación, establecimientos de
hostelería, etc.
Además, el área metropolitana ubicada en la plana litoral, tiene un gran
número de aforos con los que se realizan consumos de agua que quedan fuera
del ámbito de aplicación de la tasa, sobre todo de tipo industrial, en
actividades productoras de residuos y usuarias del servicio. Para ellos, la
propuesta de tasa prevé que el calibre del contador de agua se estimará en
función del caudal contratado. Difícilmente pude pensarse que lo no
conseguido por la Ley de Aguas, puede conseguirlo el gestor de la tasa,
EMTRE. Muchos aforos no están legalizados, y muy probablemente pocos
tienen contador.
No respeta el principio de minimización de residuos
Si la reducción y el reciclaje son la prioridad para una gestión ambientalmente
correcta de los RU, la propuesta de nueva tasa debería avanzar hacia políticas
de minimización incentivando cambios de comportamiento. Por eso conviene
establecer sistemas de pago que se relacionen directamente con los residuos
generados, el pago en función del consumo y fomentar la prevención, la
reutilización y el reciclado.
La correspondencia directa entre la cantidad de residuos generados y la
cantidad a pagar, incentiva la reducción de residuos.
Considerando el impacto ambiental de la producción de residuos, la tasa se ha
convertido en un instrumento no sólo financiador de un servicio local, sino
incentivador de comportamientos sociales minimizadores de residuos, que
favorezcan la sostenibilidad y los daños al ambientales. Esa ruptura entre
producción de residuos y la tasa, que ignora comportamientos minimizadores
de residuos, tiene un efecto ambiental nulo, e incluso puede llegar a ser
perverso: es posible que un sujeto pasivo reduzca sus residuos pero finalmente
acabe pagando una tasa mayor, si se reduce el consumo de agua y la tarifa
aumenta para cubrir unos costes crecientes.
No considera la carga contaminante del RU, ni incentiva el reciclaje.
Las distintas fracciones de RU, como la materia orgánica, los plásticos y
envases, el cartón/papel, el vidrio, las pinturas, los voluminosos, etc, tiene una
desigual carga contaminante que da lugar a diferente tratamiento y coste. La
propuesta de tasa no discrimina con gravámenes distintos a estas fracciones
de residuos, al igual que no incentiva el reciclaje haciendo que las fracciones
reciclables sean más baratas que el rechazo.
Al organizar las tarifas según el consumo de agua se adopta una magnitud que
no tiene en cuenta el tipo de residuo a tratar. Para la tasa da igual residuos
orgánicos o de otro tipo.
Los voluminosos, los inertes ó los contenedores selectivos no se gravan con la
propuesta de tasa, su coste de tratamiento se reparte entre los sujetos pasivos.
Tiende al desequilibrio financiero.
Al establecer una correspondencia entre el consumo de agua y el coste de la
prestación del servicio se va a generar un déficit estructural en la prestación
del servicio, contrario a los principios inspiradores del tributo en la Ley de
Haciendas Locales, repercutir el coste de un servicio entre aquellos que se
benefician del mismo que lo provocan.
El crecimiento interanual de los RU en el área metropolitana es constante, al
margen del principio de minimización. La ciudad de Valencia en 15 años
incrementa su producción diaria de residuos en el 14,5%, pasado de generar
1,17 Kg/habitante/día en 1989 a generar 1,39 Kg/habitante/día.
Este crecimiento continuado de RU, conlleva costes crecientes de los servicios
de recogida y tratamiento de residuos que a efectos de la tasa requerirá
incrementos de la cuota.
Por otro lado, el consumo de agua si cuenta con campañas de publicidad que
fomentan del ahorro y hay una conciencia social de ahorro que se
incrementará, en lógica defensa a la mayor presión fiscal del nuevo tributo,
Como sucede ya un alguno de los municipios que disponen de este sistema de
cálculo, se ha reducido el consumo de agua y por tanto la recaudación prevista
de tributo. La secuencia estadística de la ciudad de Valencia de los últimos
años, tiene ya esta tendencia a disminución del consumo, aún sin la tasa.
En método de cálculo, por consumo de agua, nos llevará a un escenario de
costes de tratamiento crecientes por mayor producción de RU, e ingresos
decrecientes hacen inviable el sistema de cálculo propuesto por consumo de
agua. Los costes de tratamiento crecerán por el incremento en la generación de
RU y la imposibilidad de variar y unificar el sistema de recogida y ordenación
de residuos, mientras el consumo de agua continuará disminuyendo.
El desequilibrio financiero generado solo puede corregirse con nuevos
incrementos de tipos que compensen los costes crecientes del tratamiento.
No considera los esfuerzos de minimización y ordenación de los RU de los
ayuntamientos.
La tasa no premia las políticas municipales de minimización y ordenación de
los RU, en tanto que la tasa es uniforme para toda el área metropolitana
independientemente del esfuerzo del municipio para disminuir su ratio de
Kg/habitante.
Igualmente, la eficacia ambiental del sistema de recogida y por tanto su menor
impacto ambiental y coste de tratamiento tampoco se considera.
Pues bien, ninguno de esos aspectos se ha tenido en cuenta en la tasa
metropolitana al concebirse como un tributo destinado a financiar un servicio
deficitario, ante la renuencia de los Ayuntamientos a soportar un coste
creciente y fuera de control en el tratamiento de los residuos metropolitanos,
tecnológicamente arcaico y contaminador desde el punto de vista ambiental.
Al romperse la relación entre la producción de residuos y el importe de la
tasa se rompe el principio del beneficio que fundamenta el gravamen: la tasa la
van a soportar sobre todo las familias, los usuarios domésticos, que son la
inmensa mayoría de los titulares de contadores de agua, pagando una cuota
hinchada por la no discriminación en las tarifas de los grandes productores de
residuos e incluso su opacidad ante el tributo.
Por todo ello,
Se propone la retirada de la propuesta de tasa, y su nuevo estudio.
En Valencia a 17 de julio de 2008.
Fdo. Rafael Pardo Gutiérrez
Presidente d’ Acció Ecologista-Agró.
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