Los incunables y la aparición de la tipografía moderna

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Los incunables y la aparición de la tipografía moderna
Belleza del patrimonio cristiano / Escritos, códices y papiros
Por: Entre libros y letras | Fuente: www.iberlibro.com
Se llama incunable a todo libro, hoja suelta o imagen impresos (no manuscritos) antes del año 1501 en Europa. Éstos suelen ser muy
raros y objetos frágiles cuya naturaleza sólo puede ser verificada por expertos. La palabra proviene del término en latín incunabulae, que
significa en la cuna, y su primer uso registrado se encuentra en un folleto de Bernard von Mallinckrodt, Por el aumento y progreso del
arte tipográfico, publicado en Colonia en 1639, que incluye la frase prima typographicae incunabula (la primera infancia de la impresión).
Existen dos clases de incunables:
Incunables xilográficos. Estaban hechos a partir de planchas de madera grabadas o esculpidas, una por cada página. Fueron los
primeros en aparecer y entre ellos destaca la Biblia Pauperum (Biblia de los pobres). Incunables tipográficos. Éstos se hacían con tipos
móviles de metal en una imprenta al estilo de Johann Gutenberg.
La progresiva difusión de la imprenta aseguró una gran variedad de textos y de estilos con los que se imprimían. Muchos tipos fuente
fueron modelados a partir de las formas de escritura locales, derivaron de las diversas formas de escritura gótica o, particularmente en
Italia, provenían de manos humanistas. Las tipografías humanistas se utilizan aún actualmente, con apenas cambios, en formato digital.
Las impresoras tendían a concentrarse en los centros urbanos, dónde se encontraban académicos, eclesiásticos, abogados o nobles,
los cuales se convirtieron en los usuarios mayoritarios del nuevo invento. Obras clásicas en latín heredadas de la tradición medieval
acapararon las primeras impresiones, pero a medida que los libros se abarataron, proliferaron otros tipos de obras en las distintas
lenguas vernáculas o traducciones.
Los incunables más importantes conocidos incluyen la Biblia de Gutenberg (1455) y el Liber de Hartmann Schedel Chronicarum (impreso
por Anton Korberger en 1493). Otros famosos impresores de incunables fueron Albrecht Pfister de Bamberg, Günther Zainer de
Augsburgo, Johann Mentelin de Estrasburgo y William Caxton de Brujas y Londres.
El primer libro impreso español que se conserva es el Sinodal de Aguilafuente, impreso por Johannes Parix de Heidelberg en 1472, que
contiene unas actas de una reunión celebrada en Aguilafuente (Segovia). Incunables españoles de gran valor son la Biblia (impresa en
valenciano en Valencia en 1478), Los dotze treballs de Hèrcules de Enrique de Villena (Zamora, 1483), Tirant lo Blanc de Joanot
Martorell (Valencia, 1490), Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija (Salamanca, 1492) y la primera edición de La
Celestina de Fernando de Rojas (Burgos, 1499).
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