TEMA 6: LA NOVELA ESPAÑOLA ANTERIOR A 1939. PÍO BAROJA

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TEMA 6: LA NOVELA ESPAÑOLA ANTERIOR A 1939. PÍO BAROJA Y MIGUEL DE UNAMUNO.
Después del esplendor narrativo de la novela realista del último tercio del XIX,
los últimos años de este siglo traen consigo algunos cambios en la forma de novelar. La
visión estable de la realidad que reflejaba la novela decimonónica se ve sustituida por
una concepción que refleja la inseguridad y angustia del hombre de principios de un
siglo que comienza con muchos cambios.
Al igual que en la lírica, las innovaciones novelescas de principios del siglo XX
fueron consecuencia de la visión pesimista de la cultura occidental del momento.
Ante la imposibilidad de encontrar significado a la existencia, el mensaje fue de
frustración y desesperanza.
En 1902 se publicaron en España cuatro obras significativas, tradicionalmente
ubicadas dentro de la llamada generación del 98: La voluntad de Azorín; Camino de
perfección, de Baroja; Amor y pedagogía, de Unamuno y Sonata de otoño, de ValleInclán. Estos autores ofrecieron los testimonios más tempranos de las inquietudes del
hombre contemporáneo e iniciaron un camino innovador, que culminó en las
décadas posteriores. Cada uno con su peculiar estilo se alejó del realismo y de su
intento de representación mimética de la realidad, en busca de una expresión
profunda de la realidad interior.
Pío Baroja constituyó un caso especial en la narrativa de las primeras
décadas del XX: su producción no respondía a las nuevas fórmulas narrativas,
pero tampoco siguió las pautas de la novela realista. Baroja subrayó del
realismo lo que creía fundamental: el tipo y la acción. Sus protagonistas son
casi siempre personajes activos que luchan por algo concreto, aunque suelen
fracasar. También otros autores intentaron la renovación del realismo:
Wenceslao Fernández Flórez, con su humorismo crítico y pesimista, y Felipe
Trigo, con la novela erótica.
A excepción de estos autores, los narradores de fin de siglo (Unamuno,
Azorín y Valle-Inclán) incorporaron en sus novelas importantes innovaciones,
entre las que destacan:
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Narración: la historia pierde importancia a favor de la forma de la novela.
Héroe único: la trama se centra en un solo personaje sobre el que se realiza un
retrato introspectivo que permite conocerlo al detalle.
Experiencia vital: la acción se centra en la lucha interna del personaje y no en
los hechos que le rodean.
Diálogo: el narrador pierde importancia y los diálogos exponen los conflictos de
los personajes.
Esta narrativa continuó con los escritores del novecentismo (Ramón Pérez
de Ayala y Gabriel Miró), influidos por una nueva sensibilidad vital optimista y
por un afán de modernización. Finalmente en el primer tercio del XX se produjo
también una novela vinculada a las vanguardias, representada entre otros por
Ramón Gómez de la Serna y Benjamín Jarnés.
I.- Pío Baroja (1872-1956)
Nació en San Sebastián. Estudió Medicina en Madrid y se doctoró con una tesis
sobre el dolor, tema fundamental en su producción novelesca. Sin embargo, ejerció
poco más de un año como médico. Abandona la medicina para regentar una
panadería de una tía suya en Madrid, donde conoció a Azorín y a Ramiro de Maeztu.
Sus experiencias de esa época aparecen en varias novelas (La busca, Aventuras y
desventuras de Silvestre Paradox).
Sus primeros escritos aparecen en periódicos republicanos y revistas radicales.
Busca experiencias en el extranjero (París, Italia, Suiza, Dinamarca...) Por fin deja la
panadería y se dedica de lleno a la literatura.
La Guerra Civil obligó a Baroja, conocido por sus opiniones individualistas y
anticlericales, a exiliarse a Francia. Regresó a Madrid en 1940, donde prosiguió
escribiendo hasta su muerte.
I.2.- Ideología:
Baroja fue un hombre solitario, sensible, amargado y tímido .Su
pesimismo se refleja en su concepción del hombre y del mundo, aunque no
por ello fue un escritor carente de ternura y sensibilidad. Hay también cierta
predilección en sus novelas por los personajes desvalidos y marginados. En
muchos de sus ellos proyectó el ideal del “hombre de acción” que a él le
hubiera gustado ser y que contrasta con su vida.
De sus páginas se desprenden unas ideas sobre el hombre y el mundo
que se inscriben en la línea del pesimismo existencial y el escepticismo
(fuertemente influido por Kant, Nietzsche, Schopenhauer...).
I.3.- Concepción de la novela:
Baroja defendió una novela abierta a todas las posibilidades y
proclamó la libertad absoluta para el escritor (“Yo escribo mis libros sin plan”).
En la novela barojiana cabe todo: desde la reflexión filosófica o psicológica a
la aventura, la crítica o el humor.
Su reverencia por la acción determina que en sus novelas haya cierta
preferencia por los temas de aventuras. Sus protagonistas, por lo general seres
inadaptados que suelen fracasar en su lucha vital, se caracterizan por lo que
hacen y dicen. Las conversaciones constituyen la sustancia novelística de
muchas de sus obras: los interlocutores defienden su punto de vista mediante
diálogos sencillos y verosímiles (novela dialogal como Paradox, rey). Las
mujeres intervienen poco, a veces no son sino figuras circunstanciales.
En cuanto al estilo, ha sido frecuente afirmar que Baroja “escribe mal”,
son frecuentes las incorrecciones gramaticales debido a su origen vasco, pero
su estilo es coherente con su ideal de espontaneidad narrativa. Manifestaba
Baroja que, para él, el ideal de estilo era la claridad, la precisión y la rapidez.
Destaca en especial la maestría de sus descripciones: se detiene en el detalle,
interrumpiendo, en ocasiones la tensión narrativa y devolviendo así la
objetividad al lector.
I.4.- Producción novelística:
Escritor fecundísimo, sólo sus novelas pasan de 60. El mismo Baroja se
preocupó de organizar 34 de ellas en trilogías, de agrupación a veces
arbitraria. Destacan:
-Tierra Vasca: La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz y Zalacaín el
aventurero (Zalacaín cuenta las andanzas de un típico “hombre de acción”
en medio de la última guerra carlista)
-La vida fantástica: Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox,
Camino de perfección y Paradox, rey (el protagonista del Camino encarna la
angustia existencial y Paradox es un personaje simpático, anárquico al
margen de los convencionalismos)
-La lucha por la vida: La busca, Mala hierba, Aurora roja. Ofrecen un fiel
reflejo de la sociedad madrileña de principios de siglo y narra la lucha de “los
de abajo” por subir, de “los de afuera” por entrar en la ciudad
-La raza: La dama errante, La ciudad de la niebla, El árbol de la ciencia
La crítica suele reconocer dos etapas en su producción:
A) Primera etapa (hasta 1912): caracterizada por la variedad temática y
porque incluye las mejores creaciones barojianas. Entre ellas destacan:
-Camino de perfección.
-La busca (1904): Narra la caída de Manuel en el mundo de la delincuencia y sus
andanzas por las afueras de la ciudad.
-El árbol de la ciencia (1911: La novela narra la vida de Andrés Hurtado hasta su
suicidio. El protagonista fracasa en la vida a causa de una voluntad
desorientada.
b) Segunda etapa: predominio de la temática histórica, donde es habitual la
perspectiva irónica. Destacan:
-Memorias de un hombre de acción: el hilo argumental es la figura de Eugenio de
Aviraneta, conspirador del siglo XIX y antepasado de Baroja. No tiene la
pretensión didáctica de los Episodios galdosianos; a Baroja le interesan los
personajes voluntariosos entregados a la pura acción.
II.- Miguel de Unamuno (1864-1936)
II.1.- Biografía:
Nació en Bilbao. Estudió Filosofía y Letras en Madrid. Obtuvo la cátedra de Griego en
la Universidad de Salamanca, de la que fue rector (1901) y donde permaneció toda su
vida (excepto el periodo de destierro por su oposición a la dictadura de Primo de
Rivera, de 1924-1930). Fue diputado durante la República. Murió repentinamente en
Salamanca el 31 de diciembre de 1936.
Su vida se caracterizó por una incesante actividad intelectual y gran interés por el
sentido de la vida.
II.2.- Los grandes temas unamunianos:
Unamuno cultivó todos los géneros y todos ellos, incluida la novela, están
recorridos por dos grandes ejes temáticos:
a) La preocupación por España: Unamuno es consciente del atraso secular
del país (“¡Me duele España!”) y, en un primer momento, defendió que
había que “europeizar” España. Así se hacía eco de las ideas de los
regeneracionistas. Además de los valores castizos, atrajo a Unamuno lo
que llamó “intrahistoria”, es decir, “la vida callada de los millones de
hombres sin historia”, los acontecimientos cotidianos destinados al
olvido pero que configuran la verdadera historia de los pueblos.
b) El sentido de la vida humana: su pensamiento está dentro de un
vitalismo precursor del existencialismo moderno. Para Unamuno el gran
tema de la filosofía es “el hombre de carne y hueso”, con sus anhelos y
sus angustias. Y, con ello, el problema de Dios y de la inmortalidad, la
gran cuestión que –para él- daría sentido a la existencia. Unamuno se
debatió sin cesar entre su razón, que le llevaba al escepticismo, y su
corazón, que necesitaba desesperadamente a Dios.
II.3.- Novelas y “Nivolas”
Unamuno figura entre los más decididos renovadores de la novela a
principios del XX, sobre todo por su propósito de hacer de ella un cauce
adecuado para la expresión de los conflictos existenciales. Sin embargo, inició
su narrativa con Paz en la guerra (1897), una novela histórica y realista sobre la
última guerra carlista. Es ésta una obra de amplias dimensiones, que requirió
más de doce años de preparación. Por ello, decía Unamuno que era tarea de
“novelista ovíparo” (larga “incubación” de su creación).
Pero pronto pasó a ser un “novelista vivíparo”, es decir, de parto rápido,
que escribe “a lo que salga”, cuyas novelas se van haciendo al escribirlas con
una técnica que refleja la vida. Amor y pedagogía.
Las novedades formales de Amor y pedagogía hicieron decir a los críticos que
aquello no era propiamente una novela. Por ello, con actitud desafiante,
Unamuno subtituló nivola a su siguiente obra narrativa: Niebla (1914). Esta obra
presenta la lucha contra el determinismo a través del enfrentamiento del
protagonista, Augusto Pérez, y su creador, el novelista. Abandonado el día de
su boda, Augusto piensa en el suicidio. Va a Salamanca y consulta al escritor
Unamuno, quien le recuerda que es tan sólo un personaje de ficción y que no
puede tomar tal decisión. Augusto le replica que él también es un ente de
ficción, inventado por Dios. El escritor, turbado por la posibilidad de morir,
decide matar a Augusto. Sobresale, así, la cuestión de la metanovela: la
construcción de la novela pasa a ser objeto de novelización, poniendo de
relieve el proceso de invención (y oponiéndose al proceso de imitación propio
del realismo). A partir de aquí, los protagonistas unamunianos son “agonistas”,
esto es, hombres que luchan anhelosos de “serse”, que se debaten contra la
muerte y la disolución de su personalidad.
Junto a éste, la narrativa unamuniana ofrece también otros conflictos, otros
dramas. Por ejemplo, Abel Sánchez (1917), una novela sobre el cainismo
hispánico (odio fratricida, de origen bíblico, basado en la envidia), donde
cobra relevancia el tema del “otro”; o La tía Tula (1921) que, en torno al
sentimiento de la maternidad, presenta una protagonista fuerte, en contraste
con un hombre débil, sin voluntad. Finalmente, entre las principales novelas
unamunianas hemos de mencionar San Manuel Bueno, mártir (1930).. En el
prólogo dice Unamuno: “Tengo la conciencia de haber puesto en ella todo mi
sentimiento trágico de la vida”. La obra plantea la pérdida de fe de don
Manuel Bueno, un cura rural que sustituye su falta de fe por la voluntad de
creer.. La novela está narrada por una de sus feligresas, Ángela Carballino,
pero al final se incorpora un nuevo narrador que relaciona este relato con
otras novelas de Unamuno (intertextualidad), apela al lector y reflexiona sobre
la propia novela (metanovela).
II.4.-El estilo de Unamuno:
Unamuno no busca la elegancia, sino la expresividad, la intensidad afectiva, la
densidad de ideas o la exactitud plástica. Él mismo dijo que buscaba una
lengua “seca, precisa, rápida..., caliente”.
Su lucha con la expresión y con las ideas se manifiesta en paradojas y antítesis.
Destacan los diálogos por encima de la narración, ya que a través de ellos
puede expresar mejor sus ideas.
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