(IV). UNIDAD Y DIVERSIDAD. - Iglesia Cristiana Evangélica Añoreta

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LAS IGLESIAS LOCALES (IV). UNIDAD Y DIVERSIDAD.
(Rom. 14; 1 Cor. 8:1-13)
INTRODUCCIÓN.Continuando con esta serie sobre las iglesias locales hoy nos centraremos en la unidad y diversidad que
puede observarse en las iglesias. Diversidad, tanto dentro de cada una de ellas, como entre una y otra
iglesia local.
Una característica de las iglesias cristianas a lo largo de la historia son los elementos de unidad y
también de diversidad.
En cuanto a la unidad, desde el principio del cristianismo el mensaje esencial, fundamental y también
universal sobre el que las iglesias se han reconocido unidas, ha sido el contenido del Evangelio de
Jesucristo. La obra histórica de Cristo, que mediante su vida, muerte y resurrección (y sólo mediante
eso) salva y une a quienes se acogen, por la fe, a esa obra sustitutoria de Cristo, expresada en el
Evangelio de la gracia de Dios. Esta ha sido desde el principio de la historia de la iglesia la base de la
unidad cristiana. A esa base se le han ido añadiendo históricamente demasiadas cosas que han
terminado nublando el contenido de esa verdadera base. Y todos los necesarios procesos de reforma
han ido, y deberán ir siempre, recuperando la centralidad del evangelio coma la sólida base para la
unidad en una iglesia local o entre distintas iglesias.
En cuanto a la diversidad, ha habido y hay una pluralidad aceptable, que es aquella producida por
asumir diferentes costumbres o prácticas como consecuencia de una conciencia débil, como fruto del
trasfondo de cada uno. En cambio, ha habido y hay una diversidad inaceptable, cuando esas prácticas o
costumbres motivadas por una conciencia débil, les damos categoría de verdades universales que todos
tienen que cumplir. Todo ello hace que lo que es la verdadera base de nuestra unidad, el Evangelio, se
difumine u oscurezca llegando a transformarse a veces realmente en ‘otro evangelio’.
¿Se dan esas diversidades sólo ahora, o también ocurría así al principio?
I.- UNIDAD Y DIVERSIDAD EN LAS IGLESIAS PRIMITIVAS Y ACTUALES.Hay dos pasajes en el N. T. que nos orientan sobre esta cuestión: Uno es Rom. 14, y otro 1 Cor. 8:1-13.
En el primero (Rom. 14) se trata de diferentes posiciones de conciencia en cuanto a guardar o no
determinados días, así como si se podía comer cualquier tipo de alimento o no se debería comer de
acuerdo a la Ley de Moisés. “Recibid al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones. A
algunos su fe les permite comer de todo, pero hay quienes son débiles en la fe, y sólo comen verduras”.
(Rom. 14:1,2). Seguramente está refiriéndose a los judíos cristianos cuya conciencia estaba aún
debilitada por sus anteriores costumbres legales.
Así que tú podrías ir a una iglesia, como por ejemplo Roma a la que Pablo se dirige, donde encontrarías
cristianos procedentes del judaísmo cuya débil conciencia sólo les permitiría comer verduras porque la
carne que podían encontrar no sería kosher. Para otros, que habían entendido que el mismo Cristo
había creado todas las cosas, y por tanto todo era limpio, no tendrían ningún problema en comer carne
ó considerar todos los días iguales. Y podemos imaginar, que esas diferencias que para nosotros en el
siglo XXI, en occidente, nos parecen tontas, allí podría producir tensiones y discrepancias. De hecho
Pablo tiene que dedicar mucha atención a este tipo de cosas en sus cartas.
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En el segundo pasaje (1 Cor, 8:1-13) Se trataba de otra debilidad de conciencia de los gentiles
convertidos a Cristo, que por haber estado muchos años ofreciendo sacrificios a los ídolos paganos, su
conciencia les impedía comer la carne sacrificada a esos ídolos, que más tarde se vendía en las
carnicerías. “Pero no todos tienen conocimiento de esto. Algunos siguen tan acostumbrados a los ídolos,
que comen carne a sabiendas de que ha sido sacrificada a un ídolo, y su conciencia se contamina por ser
débil”. (1 Cor. 8:7)
Así que cuando has estado acostumbrado mucho tiempo a hacer algo que para ti ha sido vital, aún
cuando te conviertes a Cristo tarda tu conciencia en fortalecerse y darte libertad.
Antes de convertirme a Cristo yo vivía para el deporte, para el gimnasio. Tal era mi interés, que con 20
años había logrado montar el primer gimnasio público de Córdoba. Yo no era un simple aficionado, para
mí aquello era la vida, era realmente mi religión. Mis pensamientos, mis valores, mi filosofía de vida era
el deporte. Cuando el Señor se reveló a mí, lo tuve que cerrar. Algunos amigos, aún cristianos, no podían
entenderlo. Pero para mi conciencia, aún débil, era claro que tenía que dejarlo. Ahora había encontrado
la VIDA y no podía seguir practicando lo que antes era para mí tan esencial. Así que por 2 ó 3 años, hasta
que mi conciencia se fortaleció, no pude hacer ejercicio físico.
Así que en aquella iglesia donde yo estaba algunos les gustaba y practicaban diversos deportes, pero
para mí era tabú. Y esto puede pasar con el deporte, con la música, con el vestir, con la política, o con
cualquier costumbre que llega a ser una religión para uno.
Y la enseñanza de Pablo frente a esas diferencias es llamarnos a ser pacientes, amorosos y respetuosos
con la conciencia de cada uno, sin juzgar, sin menospreciar.
En cambio, ¿qué pasaría, si yo en aquellos años en que no me sentía libre para practicar deporte,
hubiera tenido influencia para enseñar e imponer a los demás creyentes que hacer deporte es contrario
a la vida cristiana? Eso es lo que sería inaceptable. Es lo que los judaizantes hicieron al principio, y se
hace hoy en día también. Y antes y ahora sigue siendo inaceptable. La gran lucha de Pablo fue con los
judaizantes, es decir, con quienes querían imponer a los hermanos el cumplimiento de las leyes y
costumbres judías si querían ser salvos.
Así que mientras ante la débil conciencia hemos de mostrar amor, paciencia y enseñar verdad. Frente al
legalismo, que enseña que debemos hacer una serie de obras o prohibiciones para ser salvos, hemos de
tener una postura frontal y crítica. Hay por tanto diversidad aceptable, y otra a la que debemos
oponernos frontalmente.
En la actualidad vemos lo mismo. Personas que han vivido de forma muy mundana o relajada cuando se
vuelven al Señor pueden convertirse en demasiado estrictas en cuestiones de formas de vestir, en
música que no deben oír, etc., etc. Y a veces eso se hace una norma y se llega a enseñar que hay que
vestir de una forma determinada (por ejemplo las mujeres no pueden usar pantalón, etc.).
Uno de los comentarios en ‘You Tube’ al sketch: “mi nombre es…”, que hicieron Paco, Ana y Anita hace
tiempo, es que ‘la mujer no se pondrá ropa de hombre porque esto es abominación a Jehová’. Al ver ese
comentario, seguramente de personas evangélicas uno puede imaginar las enseñanzas legalistas que
hay detrás de todo eso.
Otro elemento que en principio puede llevarnos a una diversidad aceptable, correcta, son los diferentes
estilos de adoración y de predicación. Los hay más emocionales y más sosegados. Pero, si de esos estilos
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se infiere que unos son espirituales y otros no, estaremos llegando a una diversidad inaceptable. Me
explico.
Los estilos de predicación y de adoración dependerán de como son las personas que los llevan a cabo, y,
como son las personas a las que tratan de ganar con el evangelio. Si tú eres un profesional cristiano que
tratas de ganar a otras personas parecidas será mejor tener una música razonablemente melódica,
poniendo mucha atención en que la letra de las canciones sean de cierta profundidad, que ayude a la
reflexión y esté llena de contenidos. Igualmente la predicación debería ser sobria, clara, con contenidos
profundos, que nos lleve a pensar y a adorar sentida y profundamente.
Sin embargo, en una iglesia de gitanos, andaluces que sean muy movidos por los sentimientos, o una
típica étnica latina, ese estilo más sobrio sería un desastre total. Lo sabio en este caso sería adoptar un
estilo en el que la alabanza y la predicación estuvieran llenas de momentos emocionales, en el que cada
cual pudiera expresar esa emoción libremente, etc.
Son simplemente dos estilos distintos, que producen una diversidad aceptable y positiva. Ahora, si por
ejemplo los que tienen el estilo más emocional piensan que si se tiene realmente el Espíritu es así como
se adorará y se predicará, y los que no lo hacen de esa manera es porque están muertos y no tienen el
Espíritu, entonces eso se vuelve una diversidad inaceptable.
Cuando vivía en Córdoba, casi todas las iglesias tenían ese estilo emocional del que hablo. Y una chica
bastante exaltada que entendía de esa manera emocional la predicación y el culto me dijo una vez que
cuando yo hablaba era como los del Telediario. Al momento no entendí bien si era un elogio o una
crítica, aunque pronto comprendí que era una severa crítica. Porque para ella si no había un nivel de
emoción muy alto es que el Espíritu no estaba allí.
Tim Keller, cuyo estilo en la predicación algunos han definido como el de un profesor en la Universidad,
cuenta que un miembro hispano de su iglesia llevó a un compañero también hispano una vez a oírle
predicar. Y después de la predicación el miembro de la iglesia le tuvo que decir a su amigo: “Él si cree lo
que está diciendo de todo corazón, a pesar de la manera en que lo dice” Tuvo que darle esa explicación a
su amigo porque en su cultura, si alguien verdaderamente creía lo que decía lo haría con mucha más
emoción y sentimiento.
Espero que todo esto nos ayude a clarificar la diversidad aceptable y no aceptable.
II.- CÓMO ENFOCA PABLO LAS TENSIONES PRODUCIDAS POR LA DIVERSIDAD EN LA IGLESIA.Lo diré de manera muy resumida, casi telegráfica, por cuestión del tiempo. Aunque esto merece ser
tratado con una predicación exclusiva.
Pablo lo enfoca bajo el prisma de dos verdades esenciales:
1. Cómo fueron creadas todas las cosas originalmente.
2. Cómo nos afecta la obra de Cristo (el evangelio) en la relación a nuestros hermanos
diferentes a nosotros.
En primer lugar haciéndoles comprender que “un ídolo no es absolutamente nada porque hay un solo
Dios” (1 Cor, 8: 4b) Y la razón de ello es porque “para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de
quien todo procede y para el cual vivimos; y no hay más que un solo Señor, es decir, Jesucristo, por quien
todo existe y por medio del cual vivimos”. (1 Cor. 8:6) Es decir Cristo es el creador de todo, y lo hizo
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bueno en gran manera, así que si todo procede de Dios, el ídolo no es nada y por lo tanto puedes comer
la carne que quieras. Así lo dice también en Romanos refiriéndose a los alimentos: “Yo, de mi parte,
estoy plenamente convencido en el Señor Jesús de que no hay nada impuro en sí mismo. Si algo es
impuro, lo es solamente para quien así lo considera”. Y, “Todo alimento es puro”. (Rom. 14:14,20)
Es decir, la verdad de la creación nos librará de muchas posturas erróneas que nos esclavizan. Conocer
esa verdad es bueno y en cierta medida liberador. Pero no es suficiente, porque nos puede envanecer.
Por eso, sin el evangelio la simple verdad de las cosas no es suficiente.
Por eso Pablo aborda la obra de Cristo, el evangelio, como lo que puede hacernos tener no sólo la
verdad objetiva, sino el amor y la disposición correcta hacia el que todavía es atrapado por una
conciencia débil. “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea
que vivamos o que muramos, del Señor somos. Para esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser
Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven”. (Rom. 14:8-9) El significado del texto es
grandioso y emocionante; lo que nos viene a decir es que al morir y resucitar Cristo ha ganado ser dueño
(Señor) hasta de los muertos que confiaron en Él. Están en sus manos y nadie los toca; Él es su Dueño,
los ha ganado con su obra, mediante el evangelio. Y si hasta los que mueren pueden estar seguros en Él
¿cuánto más los que viven, aunque todavía no tengan claridad en todas las cosas debido a su conciencia
débil? Y ¿quiénes somos los demás para juzgarlos si el Señor ha decidido tomarlos para sí?
Por eso, el evangelio lo cambia todo.
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