LIBRO PRIMERO

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LIBRO PRIMERO
El comienzo de este libro es plantear la composición de cualquier organización donde estén involucrados
seres humamos; esta inicia con la familia o casa, seguido por el pueblo o aldea y finalmente el Estado o
cuidad. Todo Estado es una asociación que se forma con el objetivo de conseguir algún bien, puesto que los
hombres nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser bueno. Y estar fuera de la mas importante
asociación, es no ser.
El desarrollo de las cosas desde su origen, tenemos que en primer lugar se unen de modo necesario los que no
pueden existir el uno sin el otro como la hembra y el macho para la generación. Así describe una serie de
relaciones de autoridad distinta; no es la misma entre padre y cónyuge, que entre padre he hijo y amo y el
esclavo. Pero dicha jerarquía no es producción del ser humano, sino que ya estaba predispuesta en la
naturaleza y el ejemplo mas optimo es la relación del arma y el cuerpo.
El Estado se compone siempre de familias que esta para ser completa, debe comprender esclavos y hombres
libres.
La propiedad es una parte integrante de la familia, no es más que un instrumento de la existencia, la riqueza es
una porción de instrumentos y el esclavo es una propiedad viva, la propiedad es simplemente para el uso; la
vida es el uso y el esclavo solo sirve para facilitar los actos que se refieren al uso.
La autoridad y la obediencia no sólo son cosas necesarias, sino que eminentemente útiles. Algunos seres,
desde el momento en que nacen, están destinados, unos a obedecer, otros a mandar. La obediencia y la
autoridad se encuentran en todo conjunto formado de muchas cosas que conspiren a un resultado común, estas
condiciones la impone la naturaleza a todos los seres animados.
El dinero sólo debía servir para el cambio, y el interés que de él se saca, le multiplica. En cuanto a la riqueza
que produce el cambio, su elemento principal es el comercio, que se divide en tres ramas diversamente
lucrativas: comercio marítimo, comercio terrestre y comercio al por menor, y en segundo lugar el préstamo a
interés, y en un tercer género de riqueza, que está entre la riqueza y la procedente del cambio es la explotación
de los bosques y la de las minas.
Muchos gobiernos tienen necesidad, como las familias, de emplear estos medios para enriquecerse; y podría
decirse que muchos gobernantes creen que sólo de esta parte de la gobernación deben ocuparse.
La administración de la familia descansa en tres clases de poder: el del señor, el del padre y el del esposo. Se
manda a la mujer y a los hijos como a seres igualmente libres, pero sometidos a una autoridad diferente. El
hombre, salvas algunas excepciones contrarias a la naturaleza, es el llamado a mandar más bien que la mujer,
así como el ser de más edad y de mejores cualidades es el llamado a mandar al más joven y aún incompleto.
La autoridad del padre sobre sus hijos es completamente regia, las afecciones y la edad dan el poder a los
padres lo mismo que a los reyes.
LIBRO SEGUNDO
La comunidad política debe comprenderlo todo porque el Estado es una asociación, una unidad, ciudad; y la
ciudad pertenece en común a todos los ciudadanos.
La ciudad se compone de individuos diferentes, porque los elementos que la conforman no son semejantes. La
unidad solo puede resultar de elementos de diversa especie, y así la reciprocidad en la igualdad es la salvación
de los Estados, es la relación necesaria entre los individuos libres o iguales; porque sino pueden obtener todos
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a la vez el poder deben por lo menos pasar por el, la idea es que todos, sea en cualquier momento o período
puedan llegar al poder.
Si una ciudad esta unida puede pasar por encima de una nación, si está nación se encuentra dispersa será
vencida.
La diferencia entre ciudad y nación, la ciudad es el Estado, es la sociedad civil constituida con todas las leyes
necesarias para su armonía y existencia; nación es la agregación, la reunión de los hombres en cuerpo, pero
sin instrucciones fijas, sin relaciones determinadas y constantes que los mantengan políticamente unidos entre
sí. La verdadera sociedad política es la ciudad.
Aristóteles le critica la comunidad de bienes que propone platón en la Republica, y es que dice que en lugar de
todos preocuparse por la propiedad en común, lograra lo contrario, que surga la indiferencia por lo que
pertenece a lo común. Así como también critica el que los familiares no permanezcan unidos; va a generar que
cada quien no quiera a nadie. Para Aristóteles los principales pilares de una comunidad son la amistad y el
cariño entre todos.
Otra de las cuestiones que hace Aristóteles, es la de que la mancomunidad es solo con relación al suelo o solo
al usufructo. El problema es que unos trabajan más que otros, y otros reciben más que otros, etc.; por esto dice
Aristóteles, que las relaciones entre los hombres, la vida y la comunidad son muy difíciles.
El estado y la familia deben tener una especie de unidad, pero no una unidad absoluta; el estado
complementado por las costumbres publicas y sostenido por las buenas leyes.
En este capitulo, Aristóteles hace una critica bastante acertada sobre las incoherencias de Platón, en las que
este ultimo pretende formar un estado justo, al cual le faltan por aclarar muchas consideraciones: la
comunidad de mujeres y de hijos, el modo de aplicar este sistema, la propiedad de la organización del
gobierno. Divide la masa de los ciudadanos en dos clases: los labradores, de una parte y de otra, los guerreros,
una fracción de los cuales forma una tercera clase, que delibera sobre los negocios del estado y los dirige
soberanamente. Sócrates se ha olvidado decir si los labradores y artesanos deben ser totalmente excluidos, y si
tienen o no el derecho de poseer armas y de tomar parte en las expediciones militares; en cambio, cree que las
mujeres deben acompañar a los guerreros al combate y recibir la misma educación que ellos. El resto del
tratado lo forman varias digresiones y ciertas consideraciones sobre la educación de los guerreros.
Para Aristóteles, el remedio para combatir la posible infelicidad de los individuos es "la propiedad así sea
pequeña, el habito del trabajo y la templanza". Para encontrar la felicidad en uno mismo la encontraremos en
la filosofía porque los demás placeres no pueden tener lugar sin intermedio de los hombres, lo superfluo y lo
innecesario es la causa de los grandes crímenes.
El problema de Faléas es que no pensó en que los hombres somos por naturaleza ambiciosos, y que al tener
queremos poseerlo todo porque vimos que podíamos hacerlo. Entonces su propuesta solo es garantía contra
los crímenes de poca importancia.
Según Aristóteles otras de las equivocaciones de Faléas les llama a la igualdad de fortunas, la repartición igual
de tierras, única de que se ocupa; porque la fortuna comprende también los esclavos, los ganados, el dinero y
toda propiedad que se llama mueble.
Hipódamo fue quien inventa la división de las ciudades en calles. Su república se componía de 10 mil
ciudadanos distribuidos en tres clases: artesanos, labradores y defensores de la ciudad, estos últimos hacían
uso de las armas. Dividía el territorio en tres partes: una sagrada, otra pública y la tercera poseída
individualmente.
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Decía también que las leyes no podían tampoco ser más que tres especies, porque los actos de justicia sólo
pueden proceder de tres cosas (según él): la injuria, el engaño y la muerte.
Los magistrados debían ser elegidos por el pueblo y estos se encargaban de la vigilancia de los intereses
generales, de los asuntos extranjeros, y de la tutela de los huérfanos.
LIBRO TERCERO
El Estado no es solamente el conjunto de ciudadanos sino una forma y constitución de vida.
Ciudadano es aquel que goza de la magistratura, es decir, que pertenece a la asamblea publica y es juez (tiene
domicilio y derecho de entablar una acción jurídica). Es el ciudadano de la democracia, el ciudadano goza de
cierto poder.
El ciudadano es miembro de una asociación, en la que cada uno tiene una función diferente en miras de un fin
común al cual todos aspiran. La virtud del ciudadano se refiere exclusivamente al estado.
El magistrado es quien tiene la virtud del buen ciudadano y la del hombre de bien, es un ser virtuoso y hábil.
Por esto a los hombres destinados a ejercer el poder se les daba una educación especial. Pero la virtud de los
ciudadanos no es idéntica a la del magistrado que los gobierna. El talento de saber obedecer y mandar a la par,
es la virtud suprema del ciudadano. La virtud exclusiva del mando es la prudencia y la virtud exclusiva de la
obediencia es la confianza.
Una constitución perfecta no admitiría nunca al artesano entre los ciudadanos, porque este no puede descuidar
su función y tomar o participar en el poder público.
La virtud del hombre del bien y la virtud del ciudadano son idénticas, en un estado el ciudadano y el hombre
virtuoso no son más que uno; y en otro estado se separan. No todos son ciudadanos pues este titulo pertenece
al hombre político pues el que se ocupa, personal o colectivamente de los intereses comunes.
La constitución es la que determina con relación al estado la organización de regular todas las magistraturas,
sobre todo la soberana; y el soberano de la ciudad es en todas partes el gobierno, que el gobierno es pues la
constitución misma. Tenemos que el poder del señor tiene por objeto directo la utilidad del dueño mismo y
por fin accidental la ventaja del esclavo, porque al destruirse el esclavo, el poder del señor desaparece con él.
El poder del padre o doméstico sobre los hijos, la mujer, tiene por objeto el interés de administrarlos, es decir,
un interés común a los mismos y al que los rige. En los poderes políticos cuando la perfecta igualdad del los
ciudadanos, que son todos semejantes y constituyen la base de ellos, todos tienen el derecho de ejercer la
autoridad sucesivamente. Todas las constituciones que buscan el interés general son "puras", porque practican
rigurosamente la justicia.
El gobierno debe ser representado por un individuo, o por una minoría, o por la multitud de los ciudadanos en
busca del bien de todos.
Monarquía Aristocracia Republica
Buenos
Tiranía Oligarquía Democracia
Malos
Monarquía: se llama cuando la monarquía o gobierno de uno solo tiene por objeto el interés general.
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Aristocracia: se llama cuando al gobierno de la minoría no quiere estar limitado a un solo individuo, y se le
llama así porque el poder esta en manos de los hombres de bien, ya porque el poder no tiene otro fin que el
mayor bien del estado y de los asociados.
República: cuando la mayoría gobierna en bien del interés general.
La Tiranía: Es una monarquía que sólo tiene por fin el interés personal del monarca.
La oligarquía: Tiene en cuenta tan sólo el interés personal de los ricos.
La democracia: Tiene en cuenta el interés personal de los pobres con exclusión de los ricos.
La asociación política tiene por fin no sólo la existencia material de todos los asociados, sino también su
felicidad y su virtud. Su único objeto no es sólo la alianza ofensiva y defensiva entre los individuos ni sus
relaciones mutuas, ni los servicios que pueden recíprocamente hacerse, porque entonces sería un Estado
conglomerado únicamente a merced de las anteriores cuestiones cuando una asociación es tal que cada uno
sólo ve el Estado en su propia casa, y la unión es sólo una simple liga contra la violencia, no hay ciudad,
viendo desde cerca, las relaciones de la unión no son en este caso más que las que hay entre individuos
aislados.
Con respecto a la soberanía trata de que si el estado, un individuo o una minoría de ellos tuvieran tal
superioridad del mérito que todos los demás juntos no pudieran competir con ellos, tales individuos no pueden
ser confundidos en la masa de ciudad. Reducirlo a la igualdad común, cuando son tan desiguales, superiores,
es hacerles una injuria. Sería ridículo someterles a la constitución: la ley no se ha hecho para ellos sino ellos
son la ley. Este es el orden del ostracismo. A estos hombres, superiores en virtud, no se les debe desterrar;
tampoco reducirles a la obediencia. Para ser que el único camino que resta es someterse de buen grado a un
hombre y tomarlo por rey mientras viva.
De las cinco formas de reinado Aristóteles se decide ha examinar sólo la última. Como primer punto: Es
preferible que el poder resida en las leyes o en un individuo justo y virtuoso. Como la ley es impasible,
mientras que el alma humana, incluso la del hombre más justo, es apasionada, aquella debe decidir los casos
generales. La ley debe ser soberana. Y sobre aquellos casos particulares sobre los que la ley de calle Puede
optarse por dos caminos que el rey decida sobre esos casos o que resuelva la mayoría de los ciudadanos. Hay
que tener en cuenta que una cosa en cantidad es siempre menos corruptible.
Aristóteles recalca que hay otras leyes, precisamente aquellas que emanan de las costumbres del pueblo, las
cuales son más sabias que las que puedan dar cualquier soberano. Son mucho más poderosas e importantes
que todas las leyes escritas y no corren el peligro de quedar anticuadas o fuera de lugar, pues recogen la
voluntad del pueblo. Son, pues, las leyes, tanto las escritas como las que imponen las costumbres, las que
poseen la soberanía. Sólo hay una excepción: "Cuando una raza, o incluso un individuo sobresale tanto en
virtud, debe ejercer el poder y ser elegido rey absoluto". En tal caso el ostracismo es iniquidad y someterlo al
nivel común un crimen.
De las tres formas perfectas de gobierno, Monarquía, aristocracia y democracia, la mejor será aquella que
cuente con los mejores jefes, sea este un individuo superior en virtud, sea una raza o una multitud. También
sea ha demostrado que en tales regímenes la virtud privada y la virtud como ciudadano, coinciden, son la
misma cosa. Como quiera que la virtud del individuo privado, es siempre, sea cual fuere el gobierno, la
misma, se deduce que la virtud del ciudadano, y por tanto la educación y las costumbres, son pocos o más
menos las mismas, en cualquier régimen.
LIBRO CUARTO
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Cada estado hace posible un determinado tipo de vida. Será mejor aquel que haga posible el género de vida
que goce de todas las preferencias, es decir aquel que facilite el goce de la más perfecta felicidad. Los bienes
que el hombre puede gozar son de tres clases: bienes exteriores, bienes del cuerpo y bienes del alma. La
felicidad consiste en poder disfrutar de todos ellos. Pero hay una jerarquía entre estos bienes: los más altos son
los del alma, los cuales no se consiguen por azar. Según las leyes de la naturaleza los bienes exteriores solo
son apetecibles en interés del alma y no a la inversa. Por otra parte, la posesión de bienes exteriores no
garantiza la obtención de los bienes del alma, siendo estos los que hacen posible la obtención de riqueza y
bienestar.
Coincide la felicidad individual con la felicidad respecto al estado? Parece ser que si, pues según se haga
consistir la felicidad del individuo en la riqueza, en el poder o en la virtud se dirá que un estado rico, tiránico o
virtuoso, respectivamente, es dichoso. Cualquier estado para ser perfecto, debe hacer posible a todos sus
súbditos el ejercicio de la virtud. Pero los partidarios más sinceros en todas las épocas de la virtud han
abrazado una de estas dos ocupaciones: la política o la filosofía.
Ciertas personas prefieren la vida política, otros valoran la vida privada. Desde luego, más vale ser libre que
señor de esclavos. Pero la autoridad del político sobre los gobernados no es como la del amo sobre el esclavo.
Por otra parte, la felicidad solo se encuentra en la actividad, pues la felicidad consiste en obrar bien.
La ley es determinación de un cierto orden: las buenas leyes producen el buen orden. Pero el orden es
imposible en una multitud para juzgar los negocios, para repartir los cargos y funciones según los méritos. Es
preciso que los ciudadanos reconozcan entre sí y se aprecien mutuamente. Y esto es imposible en una ciudad
populosa. Además, amparándose en la muchedumbre. Los esclavos y extranjeros usurparían el derecho de
ciudadanos. El número más adecuado es el mayor posible para abastecer todas las necesidades de la
existencia, pero no tan numerosos que dificulta la inspección y la vigilancia, que impida un estrecho
conocimiento entre los ciudadanos.
La ciudad es una asociación de seres iguales para conseguir una vida dichosa, la felicidad, bien supremo,
consiste en el ejercicio y aplicación completa de la virtud. Pero en el orden natural de las cosas la virtud esta
desigualmente repartida entre los hombres, algunos de los cuales tienen muy poco o ninguna. Esta
desigualdad, en virtud, es el origen de las diferencias entre los distintos estados. Ahora bien, todo estado, para
existir, debe poseer seis elementos imprescindibles. Estas cosas básicas para la existencia de la ciudad son:
subsistencias, artes, armas, riquezas, culto divino y jueces.
LIBRO QUINTO
Los hechos comunes de cada ciudad ayudan al Estado a mantenerse equilibradamente. Las costumbres
democráticas favorecen la democracia; las oligárquicas a las oligarquía y así sucesivamente. De aquí que el
legislador deba preocuparse de la educación de los niños, en cuanto de lo que deben o no hacer. La educación
debe ser igual para todos ellos, o sea, debe ser pública, por cuenta del Estado. Pues el individuo como parte
del Estado, debe estar en armonía con las otras partes.
Para la educación correcta hay dos cosas que se deben enseñar a los hombres, unas son útiles, otras bellas.
Estas últimas son las propias del hombre libre, la gimnástica es una de ellas, puesto que la educación debe
formar el cuerpo y el alma. La música también se cuestiona, pero se concluye que esta no es conveniente.
LIBRO SEXTO
Ahora corresponde considerar cual es la mejor constitución política y el carácter que debe tener de acuerdo
con nuestro ideal y también el régimen que deriva de un supuesto dado, es decir que se implante fácil y
comúnmente a las ciudades.
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Hay varias formas de gobierno porque en toda ciudad hay cierto número de partes: Esta compuesta por
familias, hay ricos, pobres y clase media, hay campesinos, comerciantes y obreros, finalmente hay diferencia
de riqueza.
La constitución organiza poderes que se distribuyen en proporción a la influencia de los que participan en el
poder o por alguna igualdad que les sea común.
La república es una forma de gobierno mixto, una combinación de democracia y oligarquía. La base de la
democracia es la igualdad. Esta aspiración a la igualdad abarca tres elementos; Igualdad en libertad, en
riqueza o en mérito. La combinación de los primeros elementos es la república, pues no queda muy lejos de la
aristocracia.
LIBRO SEPTIMO
Cuando Aristóteles establece la libertad como principio de la democracia apunta al derecho del ciudadano a
vivir como le agrade, a respetar sólo en la medida que es respetado, a obedecer en la medida que puede
mandar. La oligarquía es de por sí más inestable que la democracia y que la república, y cuanto más despótica
sea la oligarquía más preocupaciones exige. En cualquiera de ellas se debe procurar, una vez, establecidos los
censos para distintas magistraturas y tribunales, los individuos con derechos políticos, aptos para ocupar los
puestos del gobierno, sea más numeroso que los desechados por no poseer el nivel de riqueza establecido
Las principales magistraturas necesarias en cualquier estado, son las que se ocupan del culto, de la guerra, de
los impuestos y gastos públicos, de la vigilancia y abastecimiento del mercado. La policía (de la ciudad, del
puerto, del campo y del monte), los tribunales, archivos de procesos judiciales, la ejecución de las sentencias,
la vigilancia de las cárceles, la intervención de las cuentas públicas, etc. Cada una de ellas puede tener
divisiones o estar organizada de diferente modo, según las condiciones del estado.
LIBRO OCTAVO
La democracia ha surgido siempre por el empeño en generalizar, en hacer absoluta una libertad que solo era
real y positiva: la oligarquía, del mismo modo nace por el deseo de generalizar y absolutizar una desigualdad
que solo es real en algún concepto. La desigualdad es siempre la causa de las revoluciones, cuando aquellos
que soportan la situación más baja no tienen compensación alguna. Todas las revoluciones se hacen para
conquistar la igualdad. Los únicos que podrían revelarse justamente por éste concepto serían los ciudadanos
de mérito superior, pero estos no acostumbran ha usar este derecho natural de insurrección.
Las revoluciones puede aspirar a sustituir una constitución o a veces pretende conquistar el poder. Puede ser
por dos causas principales apunta Aristóteles: la negligencia de los gobernantes y el acrecimiento
desproporcionado
En las Oligarquías hay dos tipos de revoluciones: la primera es cuando el pueblo que se tiene oprimido se deja
guiar por el primer defensor, por el primero que se presente en su auxilio. O sino quien se lanza a la
insurrección es uno, o varios poderosos, sea para mejorar sus posiciones en el seno de la minoría dirigente, sea
para establecer una oligarquía aún más reducida.
En las aristocracias las causas de las sublevaciones son en general, semejantes a la señalada para la oligarquía.
En unas y en otras las funciones públicas están en manos de una minoría. De aquel que bastará el descontento
de la masa de ciudadanos alejados del poder para causar la inestabilidad. Otro motivo se da cuando algún
hombre eminente, a quien nadie supera en virtud, es ofendido por quien ocupa un cargo político superior.
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