Las conferencias de Washington - Actividad Cultural del Banco de

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Ministerio de ReIacion~s E~t~riores de ChiI~
LAS CONFERENCIAS
-DE
WASHINGTON
Antecedentes reunidos por
orden del Ministro de Relaciones Exteriores. don Ernesto
Barros Jarpa.
22 de Agosfo de 1922.
,SANTIAGO
DE CHILL:
Imp., L1t.~y·E:I\c."La:llustraclól\"
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1922
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DE LA REPUBLICA
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Las Conferencias de Washington
Ministerio de ftelacion~s E~t~riores de ChiI~
LAS CONFERENCIAS
-DE
WASHINGTON
Antecedentes reunidos por
orden del Ministro de Relllcio..
nes Exteriores, don Ernesto
Barros Jarpa.
22 de Agos(o de 1922.
SANTIAGO DE Ollt!::
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DE LA REPUBLICA
BI51IOT£ÇA LUIS - ANGEL ARANGO
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'refacio
En el libro «Hacia la solución~ publicó el Ministro de Relaciones Exteriores don Ernesto Barros J arpa, todos
los documentos producidos hasta entonces en el curso de la negociación
diplomática iniciada por el Gobierno
de Chile el 12 de Diciembre de 1921
para el efecto de resolver el largo conflicto pendiente con el Perú, derivado
de la cláusula 3. a del Tratado de Ancón; yen este libro se reunen todos los
documentos oficiales producidùs con
posterioridad hasta llegar a la suscripción del Protocolo y Acta Complementaria acordados durante la Conferencia
de Wáshington.
Para la mejor inteligencia de esta
etapa de las negociaciones, se reproducen en este libro la invitación americana del18 de Enero; la respuesta
de Chile; y los discursos de la sesión
inaugural de las Conferencias, ya publicados en el anterior.
Además de los documentos oficiales,
se insertan en esta publicación los dis-
-
VIII
-
cursos pronunciados en la Cámara de
Senadores por el Ministro de Relaciones señor Barros Jarpa, con ocasión de
estos arreglos.
El conjunto de estas documentos
permite formarse un concepto cabal
del alcance y proyecciones que el Gobierno atribuyó en su oportunidad al
Protocolo y Acta Complementaria suscriptas en Wáshington el 21 de Julio
de 1922.
Invitación del Gobierno de 101 IltldoB Unid.B, I
lOB de Chile ~ del ,erú pIPa celebrar IBI'
oonferencia en Wálhington.
Los propósitos del programa de po:ítica internacional del Presidente. de
la República de Chile Don Arturo Alessandri, dirigidos a buscar la solución
del problema de Tacna y Arica en el
cumplimiento del Tratado de V383, entraron resueltamente en vías de realizarse, con motivo de la invitación que
el Presidente de los Estados Unidos
Mr. Warren G. Harding formuló con
fecha 18 de Enero de 1922 a los Gobiernos de Chile y del Perú.
Dicha invitación, transmitida al Ministerio de Relaciones Exteriores de
Chile por el Embajador de los Estados
Unidos en Santiago es del tenor siguiente:
-2Embajada Americana
Santiago 18 de Enero de 1922.
"Excelencia: He recibido instrucciones del
Secretario de Estado de los Estados U nidos
para comunicar a V. E. lo siguiente: £1 Go·
bierno de los Estados Unidos, gracias a la
cortesía de los Embajadores de Chile y del
Perú en Wáshiagton ha sido tenido al corriente del proceso de las negociaciones desarrolladas directamente por cable entre los
Gobiernos de Chile y el Perú y tendientes a
procurar. un a1'reglo con respecto a la larga
controversia pendiente sob1'elas disposiciones
no cumplidas del Tratado de Ancón. Ha to·
mado conocimiento con la mayor satisfacción
y complacencia del elevado espíritu de conciliación que ha animado a ambos Gobiernos y
. del resultado alcanzado por este intercambio
de ideas en el sentido de que la aplicación del
arbitraje a las dificultades pendientes sea
aceptable en principio para ambos Gobiernos.
También ha tomado nota de la proposición
para que se nombrasen representantes
de
ambos Gobierno!'> que debieran encontrarse
en Wáshigton con el propósito de buscar un
procedimiento para allanar la divergencia
qne ha dividido a ambos países. Deseoso, en
interés de la paz y de la concordia americana,
cie contribuir en forma grata para los dos
Gobiernos interesados a encontrar el medio
de poner fin a este largo conflicto, el Presidente de los Estados Unidos se complacería
en dar la bienvenida en Wáshington a los representantes que los Gobiernos de Chile y el
Perú crean conveniente designar para que
dichos representantes allanen, si por fortuna
lo consiguen, las dificultades pendientes o
dispongan su solución por medio del arbitraje.
Al cumplir el grato deber de hacer llegar esta
invitación al Gobierno de Chile, aprovecho la
oportunidad
etc." - (Firmado)
Wm. Miller Collier
-3-
Respuesta de Chile
A esta invitación contestó el Gobierno de Chile inmediatamente en la siguiente forma:
"Ministerio de Relaciones Exteriores de
Chile.
Santiago, 19 de Enero de 1922.
Señor Embajador:
Tengo el honor de acusar recibo a V. Ede su atenta comunicación de fecha de ayer
en la cual se digna V. E. transmitirme
un
mensaje del Secretario de Estado de los Estados Unidos, cuyos términos de alta cût'dia¡¡dad internacional me complazco vivamente
en agradecer ..
La noble inspiración del Excmo. señor
Presidente de los Esta'Îos Unidos para invitar a representantes
de Chile y el Perú a
procurar en Wáshington el anpalo de la larga controversia pendiente sobre las disposiciones no cumplidas del Tratado de A J'lcón,
encuentra en mi Gobierno la más cordial acogida y demuestra que el de V. E. ha apreciado en toda su amplitud el alto espíritu <le
conciliación internacional que presidió la iniciativa chilena de 12 de Diciembre último.
Mi Gobierno se hará representar en W áshington a la brevedad posible por Plenipotenciarios ad-hoc que llevarán instrucciones
amplías para acordar con los representantes
del Perú la solución de las dificultades a que
se refiere la invitación del Gobierno de los
Estados Unidos.
Quiera V. E. hacer llegar al Excmo. señor
Secretario de Estado y por su alto intermedio al Excmo. señor Presidente de los Estados Unidos, las expresiones de nuestra viva
-
4-
gratitud por la importante oportunidad que
ha querido brindarnos parÇ1entrm' en conversaciones directas con el Perú, que puedan llevamos por acción propia de los dos Gobiernos, o por otros medios amistosos, a la ejecución exacta y leal del Tratado
de Ancón.
Me es grato aprovechar esta oportunidad
para renovar a V. E. las seguridades de mi
más alta consideración."
Ernesto Barros Jarpa
Al EXl.'mo.~eiíol' '''iJlialll Millet, Collim', Embajador
Extraol'dinario de los Estados U nidos ùe Nol'te
Amél'icll,
Las reoniones en Wísnington
Aceptada por los Gobiernos de
Chile y el Perú, ampliamente, la invitación del Gobierno de los Estados
Unidos, se procedió a designar los
Delegados que habían de representar
a cada país en la Conferencia.
Por parte de Chile fueron nombrados los señores Carlos Aldunate
Solar y LU1"S Izquierdo, en el carácter
de Delegados Plenipotenciarios; y el
señor don Alejandro Alvarez, con el
carácter de Consejero de la Delegación.
Por parte del Perú fueron designados los señores Melitón F. Porras y
Hernán Velarde, con el carácter de
Delegados Plenipotenciarios, y el señor Solón Polo, con el carácter de Consejero de la Delegación.
La sesión inaugural de las Conferencias se verificó el día 15 de Mayo
en el Hall del Edificio de la Unión
Panamericana, con toda solemnidad,
asistiendo al acto todos los representantes diplomáticos acreditados en
Wáshington.
-6-
DISCURRO
DEL
SECRE'rAInO
Al\ŒIUCANO
MH.
DEF~STADO
HUGHES
En representación del Presidente
Harding, el Secretario del Departamento de Estado, Mr. Hughes, declaró abierta la sesión instantes después
de las 12, y acto seguido dió lectura
al siguiente discurso:
(Traducción)
Excelencias: Es para mí una satisfacción
inmensa el daros la cordial bienvenida a
esta capital, y felicitaras por esta Conferencia, destinada a solucionar una larga controversia. Espero que encontraréis aquí una
atmósfera propieia a vuestros esfuerzos y
tengo la seguridad de que recenoceréis el
profundo interés que sentimos por todo
aquello que se relaciona con el bienestar de
Chile y Perú y de todas las Repúblicas hermanas de la América latina .
. El edificio en que nos encontramos reunidos ha sido levantado como homenaje a la
amistad panamericana
y guarda para muchas naciones los más gratos recuerdos. La
obra realizada dentro de este recinto debe
ser una demostración de que los más difíciles problemas pueden ser solucionados si las
naciones se reunen en interés de la paz y
dirigen su esfuerzo conjunto hacia un mejor
entendimiento.
En esta sala, las grandes potencias navales del mundo ofrecieron un soberbio espectáculo al acordar voluntariamente el desmantelamiento
de numerosas unidades de
combate. Así aliviar¡jn a sus pueblos de la pe-
-7sada carga de los armamentos y dieron una
prueba convincente, de no abrigar proyectos
agresivos. Aquí las naciones. especialmente
interesadas en las cuestiones del Lejano
Oriente, consiguieron disipar los temoreR y
deRconfianzas, reemplazándolos por una política basada en la amistad y la cooperación.
El momento es, sin duda, auspicioso para
curar antiguas heridas y poner término a las
diferencias que puedan existir en la América Latina. Nada puede ser un anuncio más
agradable de mejores días y de una paz duradera en nuestro hemisferio, que la presente reunión entre representantes
de las Re~
públicas de Chile y Perú.
Os felicito por los elevados propósitos y
noble y conciliatorio espíritu que ha animado a ambos Gobiernos al acercarse a esta
reunión con el sincero deseo de encontrar en
debates amistosos una solución satisfactoria
para ambas partes.
Permitidme que os exprese no ::;ólola esperanza, sino la firme convicción de que
vuestros esfuerzos serán coronados por el
éxito más completo.
Tal vez sea oportuno que repita en esta
ocasión las condiciones de la inuitaciún del
Gobierno de Estados Unidos (l los Gobiernos
de Chile!l PerÚ, y de cU.lJaaceptaciór¡ nació
la presente Conferencia. Tuve el honor, en
representación de mi Gobierno, de dirigirme
a ambos Gobiernos en los siguientes términos:
(reprodujo la Invitación)
Tenéis aquí el privilegio y la responsabilidad inherentes a una oportunidad excepcional. Tal vez jamás se' haya realizado un acontecimiento que las repúblicas americanas
hayan observado con mayor interés y más
fervientes esperanzas.
El único alivio que puede ofrecerse a este
mundo atormentado, es el empleo de procedimientos razonables en vez de la fuerza de
las armas.
-8El intercambio directo de opiniones; el
sincero deseo de encontrar una solución
amistosa; la facilitación de una mutua comprensión, y la determinación de eliminar los
innecesarios puntos de fricción, a till de que
todo el esfuerzo se dirija hacia los puntos
justos y prácticos-he
ahí la esencia de los
procedimientos razonables, que os abrirán el
camino hacia una paz duradera, hacia la
prosperidad y la cooperación.
Lo que esta Conferencia realice, se reflejará en la seguridad y felicidad de todos los
pueblos, pues el éxito de ella no sólo demostrará vuestro espíritu razonable y elevada concepción del deber, sino que ofrecerá
al mundo lo que tanto necesita: un inspirador ejemplo de las prácticas de la paz.
El Gobierno de Estados Unidos os da la
bienvenida y os expresa sus mejores deseos.
DISCURSO
SEÑOU
DEL
DELEGADO
CHILENO
DON LUISl:ï~Qt:JERDO
Las palabras de Mr. Hughes fueron
seguidas por una ovación que duró
varios minutos. Una vez acallados los
aplausos, el delegado chileno, señor
Izquierdo pronunció el siguiente discurso:
(Traducción)
Señor Secretario:
En nombre de la Delegación de Chile
tengo el honor de expresar la más cordial
satisfacción por las elevadas y elocuentes
palabras que acabamos de oír. Al mismo
tiempo deseo dar expresión en forma muy
-9especial a la calurosa ¡:;ratitud del Gobierno
de Chile por la invitación hecha a Chile y al
Perú por Su Excelencia el Presidente Harding, para encontramos
en Wáshington en
momento muy opJrtuno en la Conferencia
que hoy celebra su sesión inicial.
El Gobierno de Chile, no perdió tiempo en
aceptar la generosa invitación de vuestro Go.
bierno y puedo agregar que lo hizo inspirado
POI' un elevado
espíritu de conciliación internacional, que confiadamente espero ha de
tener su reflejo en nuestras deliberaciones.
La cuestión tanto tiempo pendiente, que
divide a Chile y el Perú y Que arranca de la
circunstancia de que los dos Gobiernos no
han podido llegar a un acuerdo hasta este
momento sobre la manera de realizar algunas
de las cláusulas no cumplidas aun en el Tratado de Ancón, es la únic~ que afecta desfavorablemente sus relaciones políticas y sociales, como también sus relaciones económicas y comerciales e impide que estas relacio.
nes alcancen ese desarrollo completo que
bajo la benéfica influencia de la paz encierra
para ellas el futuro.
El poner fin a esta cuestión pendiente mediante una solución en armonía con el preciso
y leal cumplimiento
del Tratado de Ancón,
ha sido el objetivo que el Presidente de Chile
y su Gobierno han tenido en vista; primero,
cuando se tomó la iniciativa de abrir una
discusión telegráfica directa con el Gobierno
del Perú a fines del año pasado; segundo,
cuando nos enviaron aquí con la instrucción
de tratar de eliminar las dificultades que se
oponen al cumplimiento de un tratado, firmado por ambas Repúblicas.
Convencidos de que nuestros distinguidos
colegas. r"presentantes
del Perú están inspirados por los mismos sentimientos que nos
animan, alimentamos la esperanza-Que
me
siento tentado a decir que casi llega al nivel
de la seguridad-de
Que la presente Confe-
-
10 -
rencia, debida a la iniciativa de los Estados
Unidos, ha de restablecer las relaciones cordiales entre dos naciones hermanas, unidas
por razón de su origen racial común, por su
situación geográfica, por la comunidad de
intereses económicos y por la gloriosa tradición de la historia de sus primeros añoS.
El Gobierno de los Estados Unidos habrá
prestado así, mediante su elevada influencia
moral, un nuevo Y gran servicio al movimiento de ajustar amistosamente las disputas internacionales;
al fomento del espíritu
de panamericanismo,
a la causa de la humanidad, de la justicia Y de la paz.
DISCURSO DEL DELEGADO PERUANO
SEÑOR DON MELITÓN PORRAS
A continuación el señor Melitón Porras, jefe de la Delegación Peruana,
dijo lo siguiente:
(Traducción)
Excelencia:
Es un marcado honor al mismo tiempo
que es causa de sincero agrado para la Delegación peruana el que se le permita en esta
ocasión solemne expresar su completa adhesión a los motivos que indujeron al Presidente de los Estados Unidos al proponer Y
obtener la Conferencia que ha de resolver el
viejo conflicto sudamericano del Pacífico.
La Delegación peruana aprecia y admira
debidamente el éxito obtenido por la iniciativa norteamericana y desea una vez más en
nombre de la nación peruana, rendir su tributo de gratitud por su generosa hospitalidad
-11y por la oportunida.d
que esta solemne invitación ha proporcionado para una solución
pacífica, rápida y permanente de este grave
conflicto,
La Delegación peruana siente especialagradecimiento ante las significativas e importantes declaraciones
que en tan elevados
términos ha hecho el brillante estadista que
representa al Gobierno de esta gran nación,
y al concurrir en ellos la delegación expresa
su voluntad de hacer todos los esfuerzos que
tiendan a asegurar tan elevados propósitos.
Con ese fin no omitiremos esfuerzo a fin de
que la antorcha de la verdad pueda venir a
iluminar y disipar todas las sombras del camino que lleva a la meta de una solución de
paz y armonía; para alcanzar un acuerdo
exento de desconfianzas y sospechas, firme,
duradero, con el cual estaremos en completa
simpatía.
Que podemos alcanzar tal armonía, lo creemos firmemente, pues hemos venido obedeciento a tan alto ideal de justicia, que necesariamente ha de inspirar nuestras labores,
las que se desarrollarán en una atmósfera
pura y sin trabas en que la firme determinación de ser guíados y mantenemos dentro de
ese ideal, estará siempre presente ante nosotros con fuerza irresistible.
La historia internacional no cuenta un precedente de un caso como éste-no por razón
del territorio envuelto en la controversia ni
por la importancia mundial de las partes interesadas en ella-sino a causa de la naturaleza misma ùe la disputa y sus antecedentes;
de los principios encontrados que se han generado y sobre todo de la manera en que
éstos han de ser resueltos. La cuestión tiene,
por estas razones, un alcance de enorme importancia, hasta tal extremo que no"es exageración asegurar que la feliz .solución de este
problema puede interpretarse como un triunfo definido y final de la paz y justicia interna-
-
12 -
cional en América, en tanto que BU fracaso
significàría irrevocablemente el naufragio de
todas las aspiraciones fraternales en el continente sudamericano, la continuación inde·
finida del reino del desorden y de la intranquilidad e inevitablemente
un horizonte
obscuro y sombrío para todas las nacionalidades que lo componen.
Este gran Gobierno durante los últimos
afios ha expuesto sus elevadas esperanzas
por el bienestar de la humanidad y le ha
cabido en suerte despejar delicados problemas de igual gravedad en los que su influencia siempre se ha ejercitado en forma a la
vez sana y hábil ent~dos los acontecimientos
mundiales" de modo que no puede existir
duda respecto a la eficacia de su interés en
el presente problema que aunque sencillo en
sí, contiene dificultades y complicaciones que
no son imposible de vencer.
Si tan afortunad~ solución se alcanza,
creará el más feliz precedente en la historia
internacional de los tiempos ml-dernos, y
será una- bendición de inestimable valor para
el fUturo de Sud-América.
Por esto la delegación peruana rinde sincero, entusiasta homenaje de admiración y
gratitud a la poderosa y noble nación norteamericana,
y espera y confía que el resultado de su iniciativa ha de ser proporcio·
nado al elevado ideal que le dió origen.
-- 13 -
Las sesiones de In Conferencia
ACTA
(Versión cablegrâfica)
Reunidos en el día de la fecha los
señores delegados plenipotenciarios
del Perú y de Chile, con asistencia de
los consejeros y secretarios de las delegaciones, acordaron dejar constancia en un acta conjunta firmada por
todos ellos, de las materias tratadas
en las diversas reuniones que se han
verificado hasta ahora.
El delegado de Chile, señor Aldunate, manifiesta que habiendo sido iniciadas por el Gobierno de Chile las
gestiones actuales, no tiene inconveniente para tomar también la iniciativa en esta reunión.
Estima que cualesquiera que pudiesen ser nuestras disidencias, lo ocurrido con el telegrama de 12 de Diciembre marca un gran avance en el
arreglo de las dificultades pendientes
entre el Perú y Chile.
El cambio de correspondencia telegráfica deja de manifiesto el deseo de
los dos países de llegar a un acuerdo,
deseo confirmado con múltiples declaraciones y en especial con las fórmulas
solemnemente expuestas en la sesión
de apertura de las Conferencias.
- 14-
El Gobierno de los Estados Unidos
cree que este acuerdo puede buscarse
. en el cumplimiento de las partes no
cumplidas del tratado de Ancón y nos
ha invitado a venir a Wáshington para eliminar las divergencias existentes
entre las dos naciones, en orden a la
manera de realizar dicho cumplimiento. Los delegados chilenos están dis·
puestos a manifestar sus ideas concretas sobre la materia y desearían que
los señores delegados peruanos dieran
a conocer en líneas generales, cuál es
su cencepto sobre la manera de llegar
al fin indicado, o sea al de cumplir las
estipulaciones no cumplidas del Tratado.
El doctor Porras expresa que la delegación peruana ha venido a esta Conferencia con la intención de contribuir,
por su parte, con toda decisión a los
elevados propósitos del Presidente
Harding, iniciador de ella. Cree que
el avenimiento entre los dos países
no será difícil si existe el deseo de seguir las inspiraciones de la justicia,
que son las únicas que fundan la grandeza moral de los pueblos.
Agrega que no tiene inconveniente
en indicar los medios por los cuales se
puede llegar al avemmiento buscado
y de antemano pide le excusen por
cualquiera palabra o concepto que pudiese herir la susceptibilidad de los
señores delegados de Chile, pues les
propone hablar con absoluta franqueza.
-
15 -
Entrando luego en el camino señalado por el señor Aldunate, expone
que la única solución racional y Justa
consiste en la devolución lisa y llana
de las provincias de Tacna y Arica al
Peru, puesto que han pasado más de
veintiocho años desde el día en que terminó el plazo de diez, pactado en Ancón y 'que por lo tanto, la ocupación a
partir del 26 de Marzo de 1894, es indebida. El Tratado dispuso su~stancialmente que el territorio en cuestión pertenecería al país que tuviera mayoria
al vencimiento del plazo y, como es
notorio y puede probarse con el testimonio de fuente chilena autorizada,
que el Perú tuvo en esa fecha y con
exceso la mayoría requerida, es dable
afirmar que el plebiscito se realizó virtualmente, correspondiendo el triunfo
al Perú.
La no realización del plebiscito se
ha debido no al Perú sino a Chile; esta
es una verdad que se desprende de la
historia del conflicto ante los ojos de
cualquier observador imparcial y no
podrá ser de otro modo desde que el
Perú, por razón de sentimiento, estaba interesado en recuperar sus provincias fuera de que a nadie se le oculta que el Perú no estaba en situación de imponer su voluntad al respecto. Chile, en cambio, tenía los medios
de hacer esto y sus autoridades han
imposibilitado el acuerdo plebiscitario,
con distintos recursos, mientras po-
-
16 •.•
nían en ejecución, al mismo tiempo,
el propósito de expulsar por medios
violentos el elemento peruano de las
provincias y de introducir en su reemplazo elementos chilenos para constituir la masa plebiscitaria que debía
actuar en el momento conveniente.
Con esta política las cosas han llegado a un punto tal que no permite la
verificación de un plebiscito que, al
aceptarse hoy, no significaría ante la
gravedad de los hechos realizados sino
la resignación ante la violencia.
El señor Aldunate, por su parte,
manifiesta que sea cuales f~eren las
cuestiones que se traten en esta Conferencia, que no se apartará de la justicia, ellas están ligadas a la fe de los
Tratados, fuente de derechos y de
obligaciones entre los países que los
suscriben.
Los acontecimientos que recientemente han convulsionado al mundo
han probado una vez más que el orden
internacional está basado en el cumplimiento de las estipulaciones de los
Tratados ..
N o está de acuerdo COll el señor Porras en lo que constituye el fundamento de su argumentación, esto es que el
artículo tercero del Tratado de Ancón
haya dispuesto que el plebiscito ~ara
decídir sobre la suerte futura de Tacna y Arica debió celebrarse dentro del
plazo fatal de diez años contados desde la fecha del pacto. Este prescribe,
-
17 --
por el contrario, que el plebiscito se
celebrara expirado los diez años y en
conformidad con las condiciones de un
protocolo que debía ser acordado por
ambas partes y para cuya celebración
no se fijó plazo alguno. Es evidente
que, dentro de los diez años, no se
pudo exigir por ninguna de las partes
la realización del plebiscito, pero no
lo es que después de los diez años éste
no pueda verificarse.
Las provincias de Tacna y Arica
eran exclusivamente peruanas al terminar la guerra del Pacífico, cuando
Chile las exigió como auxilio para la
región salitrera que se extiende al sur
de ellas y para resguardo de sus fronteras.
El Perú consintió en entregar a Chile la soberanía V la posesión de esos
territorios durante diez años, estableciéndose que al expirar este plazo el
plebiscito decidiría en votación popular si el territorio quedaba definitivamente del dominio y soberanía de
Chile o si eontinuaba siendo parte del
territorio peruano; el plebiscito debía
celebrarse con arreglo a bases acordadas en un protocolo· especial.
Dadas estas estipulaciones, la reversión de las provincias a la posesión
y soberanía peruanas no ha dependido
ni depende del simple transcurso de
los diez años, sino de una condición:
la del triunfo del Perú en un plebiscito celebrado después de los diez años
2
- 18-
en armonía con el Protocolo que no ha
podido celebrarse.
La entrega a Chile, en estas con··
diciones, de las referidas provincias,
importaba dar a este país libre opción
y la más amplia oportunidad para hacerlas chilenas.
La proposición del señor Porras
equivale a solicitar que se presuma
realizado el plebiscito en 1894, y que
se presuma el triunfo del Perú en esa
fecha.
Es una manera de rendir aparente
respeto a las disp0siciones del Tratado vulnerándolas fundamentalmente.
Chile no puede aceptar la responsabilidad que se le quiere imputar por
el hecho de que no se haya acordado
hasta ahora el protocolo plebiscitario;
si dos personas no se ponen de aCUErdo en un contrato o dos naciones en
un tratado, ninguna de ellas es responsable de la falta de acuerdo; así lo
ha estimado el Perú cuando, de5pués
de 1894 ha negociado con Chile sobre
bases plebiscitarias. Menciona el seftor
Aldunate el acuerdo Billinghurst-Latorre de 1898, las proposiciones chilenas y peruanas cambiadas en 1909 y
el acuerdo Huneeus-Valera de 1912,
iniciado por el Perú y en que este país
propuso que el plebiscito tuviera lugar cuarenta años después de la feeha
señalada por el señor Porras.
Chile, persiguiendo el restableci ..
miento de las relaciones cordiales con
-
19 -
el Perú, ha cedido en su resistencia a
someter a arbitraje un acto tan esencial de la soberanía como lo es la fijación de las condiciones plebiscitarias.
El Perú, que en otras ocasiones había
solicitado el arbitraje, hace ahora una
petición extrema y que puede ser violatoria de la voluntad actual de los
habitantes dcTacna y Arica.
El señor Izquierdo lamenta que se
coloque la cuestión en un terreno que
se apaTta del mecanismo establecido
en el tratado de Ancón y del campo
útil de las deliberacicnes de la Conferencia; comprendería que el señor Porras, convencido por las razones que
ha expuesto elocuentemente, de que
el articulo 3. debe cumplirse interpretando la voluntad que hubieran
manifestado los habitantes de Tacna
y Arica, en 1894, propusiera bases plebiscitarias en armonía con sus pensamientos, pero no comprende que proponga prescindir del plebiscito que es
una de las estipulaciones del pacto y
el medio escogido por sus negociadores para determinar la voluntad de
los habitantes y la nacionalidad definitiva del territorio. Agregó el señor
Izquierdo que si el señor Porras acepta
seguir este camino, las bases que tenga a bien proponer serán discutidas
c(;njuntamente con las que propongan
los delegados de Chile, y que nada scría más sencillo que señalar los puntos
- 20-
de divergencia para entr,egarlos al
fallo del árbitro.
En cuanto a uno de los fundamentos que se han aducido para justificar
la resistencia del Perú a celebrar el
plebiscito, el señor Izquierdo llama la
atención a que en un libro reciente,
un peruano distinguido, un ex-senador que reside 'desde hace más de un
año en el territorio disputado, declara
que el sentimiento público se conserva
allí tan peruano como antes de la gue-
rra.
El señor Porras dice que se siente
dominado por una profunda tristeza
al escuchar la exposición de los señores delegados de Chile, porque ella
parece revelar que mantiene la actitud que ha provocado el conflicto que
tratamos de resolver hoy y no se aviene, por tanto, con el espíritu de conciliación que nos ha traído a Wáshington, ni tampoco con las ~orrientes de
opinión que dominan en el mundo en
la actualidad, iniciando en la conciencia de todos los pueblos el concepto de
la necesidad de fundar la paz y el
orden en el respeto al derecho ajeno.
Es otra la declaración que esperaba
como respuesta a la indicación que había tenido el honor de formular, es
decir, una aceptación franca y resuelta v no la invitación a una discusión
de ~condiciones plebiscitarias que, en
la fecha actual, tiene mucho de extraño y algo de irrisorio.
- 21-
Hace más de veintiocho años que
venció el plazo de ocupación temporal
sin haberse obtenido la reglamentación
plebiscitaria, no porque las partes no
hayan podido ponerse de :lcuerdo, como anrma el señor Aldunate, sino
pura y simplemente porque Chile no
quiso que hubiera ese acuerdo por que
no disponía en manera alguna de la
mayoría a que el tratado se renere y
prefería, por consiguiente, continuar
indefinidamente en la posesión de las
provincias hasta que las circunstancias
locales se modificaran en virtud de las
medidas violentas de chilenización
puestas en práctica por las autoridades.
No es exacto que cuando dos personas o dos pueblos no llegan a un
acuerdo, ninguno de los dos es responsable del hecho; generalmente sucede
todo lo-contrario, sobre todo cuando
una de ·las partes dispone de la fuerza
y tiene, además, la posesión de la cosa
disputada. Ahora bien ¡,puede decirse
que nadie tiene la culpa si el que dispone de la fuerza y tiene la posesión
de la cosa disputada se niega a someter a jqez imparcial las divergencias
que hail impedido la solución? Evidentemente que no, y este es el caso actual; cada una de las hojas de nuestro
largo proceso es una revelación elocuente de la voluntad de Chile de impedir la votación hasta el momento de
encontrar circunstancias favorables.
- 22-
y no se diga que Chile se ha negado a aceptar el arbitraje porque las
condiciones plebiscitarias constituyen
un acto esencial de la soberanía. La
reglamentación de la forma con que
debe realizarse un acto, por grave que
este sea, no tiene ese carácter. Y si
esto es verdad para el Perú, lo es aún
más para Chile, que no ha tenido comprometida porción alguna de su territorio.
Continúa el señor Porras exponiendo que es de agradecer que el señor
Izquierdo encuentre que sería fácil
ahora señalar los puntos de divergencia para entregarlos al fallo del árbitro; es sensible que tal propósito no
hubiera predominado en otro tiempo,
cuando pudo realizarse el plebiscito,
esto es, cuando las medidas adoptadas
para desvirtuarle no habían alcanzado
la gravedad y extensión que hoy presentan.
Si estas medidas no han obtenido todo el éxito que el ocupante esperaba, no
es ello razón para creer insostenible el
derecho que alega el Perú. Su delegación estima que los muchos años transcurridos desde Marzo de 1894 y la modificación substancial verificada en Tacna y Arica con motivo de la política seguida allí por las autoridades chilenas,
nos ponen en el caso de no renunciar
a la intención única y verdadera del
artículo 3.()del Tratado de Ancón, esto
es, la de que las provincias pertenece-
- 23-
rían al país que tuviese la mayoría de
voluntades en aquella fecha, y es
sabido por declaraciones que no pueden ser tachadas y que nunca han sido
desmentidas, que esa mayoría favorecía al Perú.
Afirmar que se señaló el plazo de
diez años para la ocupación, pero que
no se señaló ninguno para la reglamentación del voto plebiscitario, la
que, por tanto, puede verificarse 30,
40 o 100 años de:-;pués, es imaginarse
que los negociadores dieron a Chile el
derecho de cuadruplicar, quintuplicar
o decuplicar el plazo de ocupación,
todo dependiente de su única y exclusiva voluntad.
Pero no pensaron un momento en
concederle semejante facultad. La
intención de los negociadores fué que
tuviera lugar inmediatamente después
del vencimiento de los diez años, yasí
lo entendió el Perú cuando, en 1892,
es decir, en tiempo oportuno gestionó,
aunque sin resultado, el acuerdo que
el caso requería.
El hecho de que el Perú haya discutido años atrás y con posterioridad a
1894 las condiciones plebiscitarias, no
ha significado nunca una renuncia de
sus derechos ni una justificación de los
hechos verificados anteriormente. En
busca de un acuerdo racional y justo,
prescindía voluntariamente
de ellos;
desgraciadamente, esta renuncia momentánea y condicional no produjo
- 24-
nunca el desenlace esperado. La negociación Valera-Huneeus tuvo por punto
de mira, es verdad, un aplazamiento
del plebiscito; pero este proyecto, que
por tal circunst:}ncia no logró la simpatía del pueblo peruano, se debió al
propósito de evitar a todo trance las
persecuciones de que eran víctima los
tacneños y ariqueños, persecuciones
que, efectivamente, fueron agravándose en años posteriores
y con
ellas las complicaciones internaciona··
les que pudiere provocar Chile, con
daño de la ttanquilidad nacional qUE'
el Mandatario peruano creía' necesa··
ria para fortalecer al país y ponerlo eE
condiciones de afrontar conveniente ..
mente la solución de todos sus proble··
mas pendientes. Con todo, no fué
aceptado por la opinión pública, por
el motivo indicado, haciendo así con..
traste con el protocolo ajustado en
1890, aprobado por el Congreso perua ..
no y que obtuvo las simpatías popula··
res, porque ponía término y en condi ..
ciones aceptables al aplazamiento de
la solución plebiscitaria.
Ni en esa ni en ninguna otra ocasión
abandonó el Perú el ardiente anhelo
por la recuperación del territorio que
cedió por diez años, yno con el objeto
de prestar auxilio a la región salitrera
o como resguardo de las nuevas fronteras chilenas, sino en realidad como
prenda de una indemnización pecuniaria que debía agregarse a la que re-
- 25-
presentaba la sesión de Tarapacá,
cuya entidad, como es sabido, ha superado a todas las indemnizaciones de
guerra que se conocen.
Termina el señor Porras expresando
su confianza en que el actual esfuerzo
del Gobierno de Chile, en el sentido
de un avenimiento con el Perú, fundado en la justicia, abrirá un nuevo
horizonte a las relaciones internacionales, fin a que contribuirán las distinguidas personalidades que lo representan, permitiendo que el debate
continúe por un franco sendero de
conciliación.
El señor Aldunate no se explica la
contrariedad manifiesta del señor Porras, ante la petición chilena de celebrar el plebiscito ordenado por el
artículo tercero del Tratado de Ancón,
desde que este es un derecho emanado
de la letra y del espíritu de ese artículo, reconocido y reclamado también
por el Perú en todo el curso de las
negociaciones, como lo comprueban
los acuerdos de 1898 y de 1912 y las
proposiciones plebiscitarias del mismo
señor Porras, 1909. "A Wáshington
hemos venido animados de espíritu de
conciliación, pero hemos venido a
cumplir el tratado y no a dejar sin
efecto la estipulación plebiscitaria,"
agrega.
"Cuando se conviene un llamamiento a la voluntad popular, no es
excusa para dejarlo sin èfecto la pre-
-
26-
sunción de que puede favorecer a una
u otra parte". No comprende por qué
el Perú califica de extraño y de irrisorio el plebiscito que se pide para 1928
cuando el mismo Perú lo propuso para
1933.
La argumentación del señor Porras
conduciría a sostener que Chile estaba
obligado a aceptar las condiciones de
plebiscito que propusiera el Perú, so
pena de perder el territorio por la
presunción de que retardaba injustamente ese acto. El argumento se puede
devolver al Perú que propuso bases
tan extremas como la de que sólo votaran los peruanos y provocó así el
rechazo de Chile y la postergación del
plebiscito.
Lo único que se desprende de la argumentación del señor Porras es que
fué dura la estipulación del artículo
tercero del Tratado de Ancón; pero se
olvida que fué dura para Chile la guerra del Pacífico, no provocada por él y
en que corrió el riesgo de ver cercenado su territorio, de perder toda la región salitrera y minera comprendida
en sus antiguos límites y de quedar
convertido en potencia de tercer orden
en la América Latina.
El señor Porras ha dicho que la cesión de Tacna y Arica fué estipulada
únicamente como prenda de una indemnización pecuniaria; tal fué, en
efecto, la forma de la cesión solicitada
en las conferencias de Ia "Lackawan-
- 27 -
na"después de la primera y de la segunda campañas, pero después de la
campaña de Lima, Chile exigió la posesión y la soberanía de esas provincias, con ánimo de adquirir su dominio
definitivo.
El señor Aldunate necesita también
referirse a los actos de violencia que se
atribuyen a las autoridades chilenas,
con la mira de modificar la situación
plebiscitaria de Tacna y Arica. Considera que no pueden calificarse de esta
manera los actos de soberanía realizados en virtud del Tratado de Ancón
ni los actos tendientes a evitar la soberanía que el Perú pretendió ejercer
por medios indirectos sobre el territorio después de 1883. Tampoco es acto
de violencia la expulsión, aconsejada
como medida de orden público, de algunos agitadores.
En el largo espacio de cerca de cuarenta años se podrán contar cincuenta
casos, individualmente justificados, y
que por cierto no cambian el resultado
de un plebiscito en una población de
cerca de cuarenta mil almas.
En el último tiempo se ha tratado
de confundir la situación de Tacna y
Arica con los sucesos de Tarapacá,
provincia netamente chilena. Los peruanos residentes en esa provincia,
que durante 35 años habían trabajado
en las salitreras y gozado libremente
del fruto de su trabajo al amparo de
las leyes de Chile, comenzaron a agi-
-28-
tarse bajo el influjo de la propaganda
reivindicacionista que venía de Lima,
con la idea de que anulándose el Tratado de Ancón el Perú recuperaría la
provincia de Tarapacá. Coincidieron
con ésta la paralización del trabajo de
las salitrera s por la falta de consumo
mundial del salitre y el éxodo obliga·
do de los trabajadores. Miles de peones
bolivianos tomaron el camino de la altiplanicie, miles de peones chilenos tomaron vapores para el Sur; los peones
peruanos tuvieron que salir también
por miles y salieron antes que los
otros. Por el estado de excitación patriótica que producía la propaganda
peruana en tales circunstancias, se
produjeron algunos hechos de violencia
entre particulares, cuya responsabilidad no ha aceptado el Gobierno de
Chile y aun en la hipótesis de que esos
hechos ocurridos solamente en Tarapacá hubieran podido ser impedidos
por las autoridades chilenas, es evidente que ellas nada tienen que ver
con la situación de Tacna y Arica ni
con el problema plebiscitario.
Al terminar, el señor Aldunate expresa que, reconociendo el elevado
espíritu de los señores delegados peruanos y su sinceridad en el propósito
de llegar a un avenimiento, se permite
invitarlos a proseguir la discusión sobre
la base del acuerdo plebiscitario de
1912 propuesto por el Gobierno del
Perú, aceptado por el de Chile y que
- 29-
no alcanzó a perfecciónarse por circunstancias extrañas a la voluntad de
uno y otro Gobierno.
Este acuerdo ha sido el paso más
avanzado en la larga negociación, y
en materia tan grave no sería lícito
retrogradar. Si el Perú estima demasiado largo el plazo hasta 1933 y pro·
pone su reducción, el senor Aldunate
agrega que Chile la aceptaría.
El señor Porras expone que, vista
la insistencia de la argumentación
del señor Aldunate, se limita a dejar
constancia de las siguientes declaraciones, algunas ya anunciadas, que
ofrece reforzar con amplia documentación si llega el caso:
Que el verdadero origen de la guerra es punto bien difícil de solucionar,
por propios y extraños, siendo por lo
tanto, poco útil disertar sobre él, por
el momento.
Que hay errar en afirmar que el propósito de la indemnización con relación a Tacna y Arica desapareció después de la campaña de Lima, pues el
protocolo de Viña del Mar, firmado
más de un año después de esa fecha,
demuestra lo contrario.
Que Tacna y Arica fueron cedidas
por diez años y no por cuarenta. Como
Chile ha retenido por acto propio ese
territorio más allá del plazo conveni
. do, resulta el único causante de que
el Tratado no se haya cumplido, desde
que el supuesto contrario de que el
p
-
30 -
Perú estaba interesado en no recuperar su territorio, es absurdo.
Que durante el largo debate sobre
las condiciones plebiscitarías el Perú
estuvo siempre dispuesto a someter a
arbitraje las divergencias que pudieron
suscitarse y que Chile nunca consintió
en ello, y que, por consiguiente, el
mantenimiento del desacuerdo se debe
a Chile y no al Perú.
Que las negociaciones que éste ha
intentado en diversas épocas distantes
de la actual, importaron concesiones
generosas hechas con el fi!!. de obtener
un resultado inmediato, pero no significaron nunca un reconocimiento del
derecho de Chile para disponer de la
suerte de las provincias de Tacna y
Arica, y el aplazamiento propuesto por
el Gobernante del año 12, en que tanto
hincapié hace el señor Aldunate, tuvo
el objeto anteriormente explicado. Ya
se ha dicho, por otra parte, que no es
exacto que era: el paso más avanzado
del debate plebiscitario, puesto que no
fué aprobado ni por el Congreso ni
por la opinión pública del Perú; lo
contrario de lo que pasó con el Protocolo Billinghurst-Latorre de 1898, que
si fué aprobado por el Perú fué porque
debía tener ejecución inmediata, y
porque se apelaba al arbitraje para
resolver las diferencias de opinión que
se habían presentado.
Que el plebiscito tiene en el artículo
iL"' del Tratado de Ancón la importan-
-
31 -
cia de un medio y no de un fin, y el
fin señalado fué que las provincias debían pertenecer a quien tuviera la
mayoría en 1894 y no en 1922. Y más
tarde, querer que el Perú se resigne
humildemente a suponer que estamos
viviéndo en 1894 y a que se olvide de
todo lo que ha pasado desde entonces,
es pretender que el medio prevalezca
sobre el fin.
Que los hechos realizados en 1918
y antes y después de esa época, en
Tarapacá, Tacna,Arica y otros lugares,
a que se refieren las exposiciones oficiales peruanas que los comentaron,
son electivos y tuvieron carácter muy
grave. Este es punto que ha de tratarse en otra oportunidad.
En resumen, la delegación peruana
no puede aceptar la discusión sobre las
bases plebiscitarias ni tomando como
punto de partida la negociación de
1912, ni ninguna oLra.
Su dignidad y el derecho que lo asiste para considerar que ganó virtualmente el plebiscito en U59 l, se lo impiden.
Con todo, como los señores delegados àe Chile admiten esta conclusión
e insisten en las ideas que tienen
enunciadas, parece innecesario-agrega el señor Porras-rememorar
hechos
y reproducir discusiones que son enojosas para unos y dolorosas para otros.
Por lo tanto, teniendo en consideración los compromisos esenciales de la
i
-
32 -
actual Conferencia, propone el SIguiente acuerdo:
Se sometería al árbitro, en el punto
esencial materia de nuestra discusión,
lo siguiente:
Con el objeto de determinar la manera en que debe darse cumplimiento
al artículo tercero del Tratado de
Ancón, se somete a arbitraje si procede
o no, en las circunstancias actuales, la
realización del plebiscito.
Si no procede a qué país corresponde
el dominio definitivo de Tacna y
Arica y bajo qué condiciones.
Si procede bajo qué condiciones debe
realizarse el plebiscito.
El señor Izquierdo, sin entrar a
contestar argumentos que ha resumido
con fuerza y brillo el doctor Porras y
de que se hará cargo el señor Aldunate, declara que la Delegación de Chile
no puede aceptar el acuerdo que se
acaba de proponer en cuanto tiende a
poner en duda la validez de una de
las estipulaciones del Tratado en cuyo
cumplimiento exacto y leal ambas delegaciones están empeñadas.
Considera el señor Izquierdo que no
sería oportuno discutir en estos momentos las causas que originaron la
guerra del Pacífico, pues la Conferencia tiene precisamente el noble fin de
hacerlas olvidar, borrando los sentimientos que dejó en los dos países; y
que amenazan subsistir más allá 'de la
generación que la presenció. No da
- 33-
tampoco importancia excesiva al punto
que se relaciona con el valor que tengan las diversas negociaciones entabladas para reglamentar el plebiscito,
y si bien es incuestionable, en su concepto, que la negociación del año 1912
es la única en que hay acuerdo directo
y completo entre los negociadores,
estima que la Conferencia podría adoptar otras bases de discusión que la alejen del proyecto que el doctor Porras
patrocina al margen del Tratado. "En
realidad, agrega el señor Izquierdo, la'
negociación más avanzada y que se
aproxima más al término de las dificultadE's, es la presente, debida a la
iniciativa de los Estados Unidos y en
la que tanto el Perú como Chile han
aceptado de antemano someter a arbitraje las divergencias insalvables
que se opongan al objeto de la negociación, o sea el cumplimiento de las
partes no cumplidas del Tratado de
Ancón.
"En esta inteligencia, y deseoso de
facilitar el camino para que el Perú
elija una base de discusión que no extralimite el campo señalado a la Conferencia, propondrá un acuerdo que
dará forma en seguida y en que, además de la negociación de 1912, indicada
por el señor Aldunate, incluirá otros
que no podrán menos de ser bien acogidas por la delegación del Perú."
- 34-
Por último el señor Izquierdo insis:.
te en sostener que dentro del espíritu
que inspira y aun de la posibilidad de
darle cumplimiento en la práctica, no
es posible prescindir de la voluntad
de los habitantes y del plebiscito como
media de consultarIa para determinar
la nacionalidad futura del territorio
en disputa. De otro modo, sin plebiscito, quedaría incierta la suerte de
esos territorios y sería necesario recurrir, pal'afijarla, a un procedimiento
. enteramente extraño al Tratado como
el que sugieren los señores delegados del Perú; sería necesario confiar
al Gobierno de los Estados Unidos.o a
otro Gobierno decidir "ad libitum"
sobre ella, lo que no sería propiamente arbitraje, sino una delegación inadmisible ele la soberanía.
El señor Izquierdo propone, en conclusión,' el siguiente proyecto: "La
Delegación de Chile presenta, como
base de discusión para acordar las condiciones del plebiscito que debe realizarse con arreglo al artículo tercero
del Tratado de Ancón y para señalar
los puntos de desacuerdo que serían
materia de. arbitraje, las proposiciones
siguientes:
Primero: negociación Huneeus- Valera de 1912.
Segundo: contraposición presentada
por el señor Porras como Ministro de
Relaciones Exteriores del Perú a la
Legación de Chile en Lima, con fecha
- 35-
5 de Noviembre de 1900, conjuntamente con las modificaciones que propongan los delegados de Chile.
Tercero: someter desde luego a arbitraje todas las condiciones plebiscitarias sobre las cuales no haya habido
acuerdo anterior entre los dos Gobiernos, o sobre los \cuales haya habido
acuerdos contradictorios".
'
El señor Aldunate expuso que al
proponer las bases de 1912, lo había
hecho como punto de partida para la
discusión de la materia plebiscitaria y
no tenía por lo tanto inconveniente
para aceptar la proposición del señor
Izquierdo; podía aún agregar la siguiente:
"Cuarto: entrar a discutir las bases
plebiscitarias sin referencia a ninguna
de las negociaciones anteriores, SOmetiendo las divergencias a arbitraje".
La proposición anterior, dice el señor Aldunate, y las tres comprendidas
en el proyecto del señor Izquierdo serían opcionales como base de discusión
para que los delegados peruanos elijan, la que les agrade, sin perjuicio,
naturalmente del derecho de Chile
para solicitar del árbitro la aceptación
de las ideas contenidas en cualquiera
de ella.
La última. proposición del señor Porras, a juicio del se'ñor Aldunate, no
es aceptable porque sale d.elos términos
del compromiso que nos ha traúlo a
W áshington, que es según se ha dicho
- 36-
y repetido, buscar manera de cumplir
las partes no cumplidas del tratado de
Ancón. La fórmula peruana va diri·
gida en el fondo a pedir que el árbitro
declare caducada o resuelta la estipu·
lación plebiscitaria del artículo tercero.
Lejos de tender al cumplimiento, tiende
al incumplimiento del Tratado. Con
todo, la Delegación Chilena se allana
a ponerla en conocimiento de su Go·
bierno como un acto de deferencia al
Gobierno del Perú, y en la esperanza
de que surja un media de impedir el
fracaso de la Conferencia.
El señor Aldunate no tiene el ánimo
de prolongar la polémica que, hasta
cierto punto, se ha abierto en estos
debates sobre los antecedentes del
conflicto, pero se ve obligado a decir
algunas palabras para no aparecer
asintiendo a las conclusiones con que
el señor Porras desea cerrarIa.
Conviene en que el momento no sería oportuno para disertar sobre el
verdadero origen de la guerra, pero
cree que este origen es bien conocido y
que, sin rememorarle, sería difícil
apreciar el espíritu de las disposiciones no cumplidas del Tratado de
Ancón.
No hay errar, como cree el señor
Porras, en afirmar que las exigencias
de Chile, respecta a Tacna y Arica,
fueron mayores después de la campaña de Lima, que en las Conferencias
de la "Lackawanna". Es el Gobierno
- 37 -
del Perú quien, en la circular del 20
de Mayo de 1901, lo dice en estas términos: "Las victorias que después alcanzó Chile despertaron mayores ambiciones y, un año más tarde, desde
1881, la cesión de Tacna y Arica fué
exigencia presentada como condición
"sine qua non" de la paz en las negociaciones que se abrieron en los dos
años siguientes".
El mismo protocolo de Viña del Mar,
citado por el señor Porras, envuelve
la idea de una venta, de una cesión
disimulada.
El señor Porras repite que Tacna y
Arica fueron cedidas por diez y no
por cuarenta años; la verdad es que
no fueron cedidas ni por diez ni por
cuarenta años; fueron puestas bajo la
posesión y soberanía de Chile por diez
años y hasta que un plebiscito posterior a este plazo decidiera sobre su
dominio definitivo.
Ninguna disposición del Tratado hacía obligatorio para Chile, someter a
arbitraje las condiciones del plebiscito
y es una verdadera
concesión de su
parte aceptar este procedimiento que
ahora rechaza el Perú.
"No se puede negar-agrega
el señor Aldunate-que
el plebiscito es un
media y nó un fin, pero es un media o
condición esencial para llegar al fin".
Lamenta la confusión que hace el
señor Porras entre Tarapacá y Tacna
y Arica, cuando se está discutiendo
-
38 -
solamente la condición de estas dos
últimas provincias y anticipa que el
Gobierno de Chile no rehuiría la dilucidación de ninguno de los cargos que
se formulan sobre el ejercicio de su
soberanía en el territorio disputado,
cuando llegue la oportunidad debida.
Así lo exige el ouen nombre de la
Nación, aunque esos cargos pudieran
ser rechazados como inconducentes.
El señor Aldunate declara más tarde que, consultado el Gobierno de
Chile acerca del proyecto presentado
por los señores Delegados del Perú,
la Delegación de Chile no podía aceptarlo y proponía en su reemplazo, de
acuerdo con sus instrucciones, el siguiente: "Coincidiendo con el propósito manifestado por la DelegaCIón
peruana en orden a· buscar la manera
de dar cumplimiento al artículo tercero del Tratado de Ancón, y considerando que la proposición primera de
su fórmula, sujeta al evento de una
eliminación del lJrincipio jurídico de
consulta a los habitantes de Tacna y
Arica para resolver sobre la soberanía
definitiva de esos territorios en circunstancias en que esa consulta está
impuesta por el derecho universal y
contenida en un Tratado, cuya vigencia y respeto integrales fueron la base
de la invitación americana, el Gobierno de Chile acepta la tercera proposición de la fórmula peruana y propone
al Gobierno de los Estados Unidos
- 39-
para que fije la forma en que debe
hacerse la consulta plebiscitaria".
El señor Porras expuso que el proyecto que había tenido el hunor de
presentar con fecha 27 ele Mayo se
componía de tres partes inseparables,
y que siendo la primera de ellas la esencial, consideraba de tal manera inaceptable la contra proposición chilena que
no creía conducente ni siquiera transmitirIa a su Gobierno. Lo único que encuentra en ella aceptable y que el señor, Porras se apresura a aceptar en
nombre del Perú, es la designación
del Gobierno de los Estados Unidos
como árbitro de la cuestión.
El señor Velarde dice que los encontrados pareceres de los dos Gobiernos
sobre la manera de apreciar y resolver
la situación creada por el incumplimiento de algunas rláusulas del Tratado de 1884 dieron orígen a la invitación del Presidente de los Estados
Unidos para que los representantes
del Perú y de Chile, reunidos en Wáshington, procurasen eliminar por medio de un arreglo directo y, en caso
necesario, apelando al arbitraje, las
dificultades que se oponen al avenimiento de conceptos y propósitos entre las dos Repúblicas.
Los señores delegados de Chile,
manteniéndose en el terreno elegido
por su Gobierno, estiman que la única
solución posible de esas dificultades es
el fiel i exacto cumplimiento de aque-
-40-
lIas estipulaciones, sin tener en cuenta
que se trata del cumplimiento de compromisos internacionales sujetos a la
realización de condiciones que han sido
puestas de lado, circunstancia que hace
imposible la solución dentro de la fórmula que sustentan.
El debate se ha concretado a la cláusula tercera, sosteniendo Chile que el
apartamiento de las dificultades que
hoy presenta el cumplimiento de esa
cláusula, consiste, lisa y llanamente,
en la negociación del Protocolo referente a las modalidades del plebiscito,
o sea en el cumplimiento literal del
Tratado.
No han tomado en consideración los
:ieñores delegados chilenos que esa
cláusula señala el término de la ocupación y determina la época en que
debió realizarse el plebiscito y que ese
término y esa época han desaparecido,
borrados por el transcurso de veintiocho años de ocupación indebida, eliminándose con ellos la estipulación concordante, anexa o inseparable, referente al plebiscito.
"La delegación peruana-continúa
el doctor Velarde-animada
del sincero propósito de procurar que el resultado de esta Conferencia corresponda
a sus fines, propuso en la última sesión
someter a arbitraje los dos puntos de
vista que habían chocado en el debate,
viendo hoy con profundo sentimiento
que su proposición es rechazada y sus-
-
41 -
tituída por otra en la que sólo se consideran las formas a que debe sujetarse el plebiscito, manteniéndose intacta
la idea de que el objeto de la Conferencia es el' cumplimiento literal del
tratado y nó el de salvar las dificultades provenientes de su incumplimientO».
El doctor Porras acaba de declarar
que esa proposición es inaceptable
hasta el estremo de negarse a someterIa a la consideración del Gobierno
del Perú y el señor Velarde se adhiere
a las declaraciones de su colega, en
términos idénticos.
Dice en seguida que considera oportuno hacer una indicación de carácter
informativa y dejar constancia de un
hecho.
La información se refiere al desacuerdo entre los señores Porras y AIdunate respecto a las miras de Chile
sobre las provincias de Tacna y Arica
después de la campaña de Lima. Cree
el señor Velarde que puede encontrarse
la solución inmediata de ese desacuerdo en la memoria presentada por el
Ministro de Relaciones Exteriores de
Chile, don Luis Aldunate, en 1883.
El hecho de que quiere dejar constancia, en oposici<Sna las declaraciones de los señores delegados de Chile,
sin entrar en detalles ni en disertaciones doctrinales que no vendrían al
caso, es que el Perú no cedió su soberanía a Chile sobre las provincias de
-
42-
Tacna y Arica, sino que le concedió la
facultad de ocuparlas y administrarIas
por tiempo determinado.
El señor Aldunate no quiere prolongar la discusión; pero contestando al
señor Velarde, se limita a recordar
que la cláusula tercera del Tratado de
Ancón entregó a Chile la posesión
(que es la tenencia con ánimo de señor) de las provincias y las sujetó a la
leg-islación y a las autoridades chilenas
(lo que censtituye la soberanía), disponiendo además que un plebiscito
desidiera si las provincias quedaban
definitivamente bajo el dominio y soberanía de Chile, lo que implica una
posesión y soberanía anteriores al
plebiscito.
En cuanto a las opiniones de don
Luis Aldunate, se refiere al opúsculo
que este internacionalista publicó sobre los antecedentes del Tratado de
Ancón.
En vista de la declaración hecha
anteriormente por el señor Porras, las
delegaciones acordaron suspender sus
reuniones y poner la situación que se
ha alcanzado en conocimiento de las
respectivas Embajadas para que éstas,
si lo tienen a bien, informen sobre ella
al Gobierno invitante de los Estados
Unidos.
Firmado por cuadruplicado, en Wáshington, a treinta de Junio àe mil no·
vecientos veintidós.-M.
POTras.Hernán Velarde, Delegados Plenipo-
-
43 -
tenciarios del Perú.-Solón Polo, Consejero de la Delegación del Perú.-J.
Al'varez de Buenavista.-G. U. de
Aranburu, Secretarios de la Delegación del Perú.--Cárlos Aldunate.Luis Izquierdo, Delegados Plenipotenciarios de Chile.-Alejandro Alvarez,
Consejero de la Delegacionde Chile.Luis Feliú. -J orge Silva, Secretarios
de la Delegación de Chile.
II "Implsse"
Como se ve al término del acta anterior, las negociaciones habían llegado a un «punto muerto»,
Conforme con lo convenido nuestros
delegados dirigieron al Embajador de
Chile en Wáshington, señor Beltrán
Mathieu, una comunicación dándole
cuenta del estadQ de las gestiones, y
este funcionario dirigió con el mismo
objeto al Departamento de Estado el
siguiente Memorándum:
"Primero.-La Embajada de Chile cree
"lIegado el caso de informar al Departamen"to de Estado de la situación actual de las
"negociaciones
chileno-peruanas,
después
"que la Delegación de Chile ha debido consi"derar agotados sus esfuerzos para alcanzar
"un acuerdo directo con la Delegación del
"Perú. Segundo.-La Delegación de Chile
"ha propuesto, en el curso de las reuniones,
"cinco fórmulas de solución dentro de lo que,
"a juicio de su Gobierno, ha sido siempre la
"única materia de discusión entre los dos
"países, a saber, las condiciones en que debe
"celebrarse
el plebiscito estipulado en la
"cláusula tercera del Tratado de Ancón. Las
"cinco fórmulas chilenas fueron rechazadas
- 45"de plano por la Delegación del Perú. Esas
"fórmulas son: 1.0 La Negociación Huneeus"Valera; 2.0 La contra-proposición presen"tada por el señor Porras, como Ministro de
"Relaciones Exteriores del Perú, a la Lega"ci6n de Chile en Lima con fecha 5 de No"viembre de 1909, conjuntamente
con Ias
"modificaciones que propongan los delegados
"de Chile; 3.oSometer, desde luego, a arbi"traje todas las condiciones plebiscitarias so"bre las cuales no haya habido acuerdo an"teriormente entre los dos Gobiernos, o sobre
"las cuales haya habido acuerdos contradic"torios; 4.0 Entrar a discutir las bases ple"biscitarias sin referencia a ninguna de las
"negociaciones
anteriores, sometiendo las
"divergencias a arbitraje; 5.0 Coincidiendo
"con el propósito manifestado por la Delega"ción peruana en orden a "buscarla manera
"de dar cumplimiento al articulo tercero del
"Tratado de Ancón" y considerando que la
"proposición primera de su fórmula sujeta
"al evento de una eliminación del principio
"jurídico de consultar a la voluntad de los
"habitantes de Tacna y Arica, para resolver
"sobre la soberanía definitiva de esos terri"torios, en circunstancias en que esa consul"ta está impuesta por el derecho universal y
"convenida en un tratado cuya vigencia y
"respeto integrales fueron la base de la in"vitación americana. el Gobierno de Chile
"acepta là tercera proposición de la fórmula
"peruana, y propone al Gobierno de Estados
"U nidos para que fije la forma en que debe
"hacerse ]a consulta plebiscitaria. Las cua"tro primeras proposiciones fueron ofrecidas
"como opcionales para la Delegación perua"na. La última proposición fué hecha como
,. contra- proposición a la fórmula segunda de
"la Delegación del Perú. Tercero.-La Dele"gación del Perú ha propuesto, por su parte,
"las dos fórmulas siguientes: La El artículo
"tercero del Tratado de Ancón debe aplicar-
- 46 "se de manera de establecer presuntivamen"te la voluntad de los habitantes de Tacna
"y Arica en 1894, al vencimiento de-Ios diez
"años estipulados en esa cláusula, y no pu"diendo ponerse en duda la voluntad àe los
"habitantes de Tacna y Arica en 1~94; está
"así virtualmente cumplido el artículo terce"ro del Tratado, y Chile debe, en conseeuen"cia, devol ver esas provincias generosamente
"sin plebiscito; 2.a Se someterá al árbitro,
"en el punto èSE'ncial materia de las diseu"siones, 1.0 siguiente: Con el objeto de deter"minár la manera en que debe darse eum"plimiento a lo estipulado en el artículo ter"cero del Tratado de Ancón, se somete a
"arbitraje si procede o nó. en las circunstan<leias actuales. la realización del plebiscito.
"Si nÓ procede, a qué pais corresponde el
"dominio definitivo de Tacna y Arica y bajo
"qué condiciones? Si procede, bajo qué con"diciones debe real izarse el plebiscito? CUar"to.-La Delegación de Chile deplora no ha"ber podido aceptar ninguna de las dos fór"mulas de la Delegación del Perú porque ha
"estimado que no consultan el cumplimiento
"del Tratado de Ancón, apartándose
ellas
"además de los términos· de la invitación del
"Presidente de los Estados Unidos, acepta"das por los dos Gobiernos y que, ajuicio de
"la Delegación chilena, establecen un pacto
"tácito sobre la materia discutible en esta
"conferencia y sobre la del arbitrajeeven"tuai contemplado en la misma invitación.
"Quinto. ·-La Embajada de Chile, al dejar
"constancia de ia esterilidad de los esfuerzos
"de la Delegación de su país por alcanzar el
"acuerdo buscado, renueva, en nombre de
"su Gobierno, el propósito de aceptar cual"quiera fórmula de solución que guarde
"conformidad
con el cumplimiento del Tra"tado y con las condiciones de la invitación
"del Presidente de los Estados Unidos".
Intervención personal del Secretario de Estado
Americano. - 2. Auta
En presencia de la dificultad para
que ambas Delegaciones encontrasen
un acuerdo directo; dificultad de la
cual el Departamento de Estado acababa de ser impuesto, Mr. Charles E.
Hughes tomó a su cargo, sin caritcler
oficial de mediador, la tarea de buscar
un avenimiento entre las partes.
Las diversas incidencias relacionadas con esta etapa de las negociacioestán relatadas en los discursos del
Ministro de Relaciones Exte~'iores en
la Cámara de Senadores, que vienen
más adelante.
Las gestiones posteriores al "impasse" dieron como feliz resultado el
acuerdo del que se dejó constancia en
la siguiente acta:
ACTA
ReunidGs nuevamente los plenipotenciarios de Chile '! el Perú para
tomar en consider~Óón la proposición
-- 48 -
conciliadora sugerida por el Secretario
de Estado de los Estados Unidos y
aceptada por los respectivos Gobiernos, convini"eron en redactar en los
términos siguientes el Proyecto de
Protocolo de Arbitraje: "Reunidos en
Wáshington en conformidad a la invitación del Gobierno de los Estados Unidos de América para procurar la solución de la larga controversia relacionada con las disposiciones no cumplidas
del Tratado de Paz de 20 de Octubre
de 1883, los infrascritos, en representación de Chile y del Perú, a saber:
Don Carlos Aldunate y Don Luis Izquierdo, Enviados Extraordinarios y
Ministros Plenipotenciarios de Chile
enMisión Especial y Don Melitón F.
Porras y Don Hernán Velarde, Enviados Extraordinarios y Ministros Plenipotenciarios del Perú en Misión Especial, después de canjear sus respectivos Plenos Poderes, han acordado lo
siguiente:
Artículo primero.--Queda constancia
de que las únicas dificultades derivadas del Tratado de Paz sobre las cuales los dos países no se han puesto de
-
49 -
acuerdo son las cuestiones que emanan de las estipulaciones no cumplidas
del artículo tercero de dicho Tratado.
Segundo.--Las dificultades a que se
refiere el artículo anterior serán sometidas al arbitraje del Presidente de los
Estados Unidos de América, quien las
resolverá sin ulterior recurso con au~liencia de las partes y en vi3ta de las
alegaciones y probanzas que estas presenten. Los plazos y procedimientos
serán determinádas por el árbitro.
Tercero.- El presente Protocolo será sometido a la aprobación de los
respectivos Gobiernos y las ratificaciones serán canjeadas en Wáshington
por intermedio de los representantes
de Chile y del Perú dentro del plazo
máximo de tres meses.-Firmado
y
sellado en doble ejemplar en Wáshington el 20 de Julio de 1922".
En cuanto a las notas que deberían
fijar el alcance del arbitraje convenido,
se acordó sustituidas por un Acta Complementaria que se considerará parte
integrante
del Protocolo.
El Acta Complementaria se redactó en la forma siguiente:
- 50-
"A fin de precisar el alcance del arbitraje estipulado en el artículo segundo del Protocolo suscrito en esta
fecha, los infrascritos acuerdan dejar
establecidos los siguientes puntos":
Primero.-Está
comprendida en el
arbitraje la siguiente cuestión promovida por el Perú en la reunión celebrada por la Conferencia el 27 de Mayo
último. "Con el objeto de determinar
la manera como debe darse cumplimiento a lo estipulado en el artículo
tercero del Tratado de Ancón, se somete a arbitraje si procede o nó, en
las circunstacias actuales, la realización del plebiscito" .-EI Gobierno de
Chile puede oponer por su parte ante
el árbitro todas las alegaciones que
crea convenientes a su defensa.
Segundo.-En
caso de que se declare la procedencia del plebiscito, el árbitro queda facultado para determinar
sus condiciones.
Tercero.-Si el árbitro decidiera la
improcedencia del plebiscito, amba3
partes, a requerimiento de cualquiera
de ellas, discutirán acerca de la situación creada por este fallo.--Es enten-
-
51
dido. en eJ interés de la paz y del
buen orden, que, en este caso, y mientras esté pendiente un acuerdo acerca
de la disposición del territorio, no se
perturbará la organización administrati va de las p~r_o_v_i_n_ci_a_s_. _
Cuarto. - En caso de que no se pusieran de acuerdo, los dos Gobiernos
soJicitarán, para este efecto, los buenos oficios del Gobierno de los Estados
Unidos de América.
Quil!to.-Están
igualmente
com¡wendidas en el arbitraje las reclamaciones pendientes sobre Tarata y Chilcaya, según lo determine la suerte
definitiva del territorio a que se refiere el artículo tercero de dicho Tratado.-Esta Acta forma parte integrante del Protocoló de su referencia."Firmada y sellada en doble ejemplar
en Wáshington el 21 de J uHo de
1922" .
Se dejó constancia de que el texto inglés indicado por el Secretario
ele Estado para la redacción del inciso
segundo del número tercero del Acta
Complementaria es el siguiente: "It is
understOOd, in the interest of peace
and good order that in this event and
BANCO DE LA REPUBLICA
61BL1OTECA LUI~ . ANGEL ARANGO
CAT Al.OGACION
- 52-
pending an agreement as to the disposition of the territory ~the administrative organization of the provinces
shall not be disturbed".-Los
Delegados de Chile manifestaron que, en
conformidad a sus instrucciones y por
tratarse de materias referentes al Tratado de Ancón que, por lo tanto, deben considerarse en estas Conferencias a tin de que no quede pendiente
ningún punto relacionado con dicho
Tratado, debían hacer presente que no
está aún cancelada la deuda contraída
por el Gobierno del Perú en 1883; y
que es necesario ratificar y poner en
ejecución la convención firmada en
Lima con fecha 5 de Abril de 1897,
para organizar un Tribunal Arbitral
èncargado de resolver las reclamaciones a que se refiere el artículo 12 del
Tratado.
Los Delegados del Perú expresaron
que su Gobierno está dispuesto a ratificar la convención a que se hace referencia y a cancelar aquella deuda.
Hacen presente, sin embargo, que
la liquidación de la deuda en cuestión
está vinculada a la liquidación de la
deuda del huano de Lobos, cedidos al
Perú por el artículo 10 del mismo Tratado por lo que creen que ambas
deudas deben liquidarse simultáneamente.
Los Delegados de Chile declaran por
su parte, que su Gobierno no tiene el
menor inconveniente para liquidar la
- 53-
negociación del huano a que se ha hecho referencia.
El señor Porras presentó la siguiente proposición, que podía constar en un
protocolo especial: "Las partes convienen en constituir un Tribunal Arbitral Mixto presidido por un dirimente nombrado por S. E. el Presidente
de los Estados Unidos encargado de
resolver conforme a derecho las reclamaciones pecuniarias que le opongan
los ciudadanos de uno y otro país, por
daños sufridos en sus personas y bienes con motivo de las agitaciones populares producidas en Perú y Chile
desde ell. ()de Enero de 1910, en las
que haya mediado la responsabilidad
de las autoridades respectivas, así
como por aetas directos e injustificados
de esas mismas autoridades".
La Delegación de Chile se opuso a
su aceptación inmediata alegando qu~
este punto estaba fuera de las atribuciones de la Conferencia pero conviniendo, de acuerdo con las instrucciones recibidas de su Gobierno, en que
la idea era aceptable y sería tomada
en debida considE'ración tan pronto
como hubiera personas habilitadas por
ambos Gobiernos para tratar del asunto.
Terminadas de este modo felizmente
las negociaciones que ha tenido a su
cargo la Conferencia, los Delegados de
Perú y Chile procedieron a suscribir
los documentos y Aetas correspondientes.-Firmada
por duplicado, etc.
La seaión de clansura
Producido el acuerdo de que da
cuenta el Acta que se acaba de leer.
las Delegaciones se reunieron en una
sesión de clausura de la Conferencia;
sesión en la cual se pronunciaron los
siguientes discursos:
DlSCL'BSO DF. J[H. CHAHLEH.K
HnmEs.
SECRF.TAU~)DE ESTADO
~onTE.umHlCA~O
(Versión cablegráfica)
"Excelencias:
Os presento mis más calurosas felicitaciones por el acuerdo que habéis podido alcanzar como resultado de los esfuerzos realizados en esta Conferencia.
Este es un día de extraordinaria significación :>: promesas. Cuando al inaugurar la Conferencia, tuve oportunidad de expresar la firme convicción que
vuestros celosos y bien dirigidos esfuerzos tendrían éxito, nadie se hacía
ilusiones respecto de las dificultades
de la tarea. Vuestra controversia era
antigua y se habían arraigado hondas
- 55-
convicciones respecto de sus méritos,
en cada país.
El sentimiento patrio, hacia el cual
miramos cuando se trata de poder nacional y progreso, había sido evocado
en ambos pueblos para apoyar lo que
se creía eran justas convenciones.
Habría sido difícil imaginarse una
situación más llena de peligros o menos prometedora de una solución amigable. La convicción de que, a pesar de
esos serios obstáculos, se llegaría en
esta. Conferencia a un acuerdo, estaba
basado en el noble propósito y disposiciones conciliatorias puestas en eviclenria por ambos Gobiernos en los
preparativos de la Conferencia y en el
ardiente deseo de los Delegados de llegar a una base armónica de acuerdo.
Vcmos ahora que los hechos han justificado nuestra confianza.
Excelencias, señores miembros de
las Delegaciones chilena y peruana:
Permitid me expresar, nosolamentemis
felicitaciones por el feliz resultado alcanzado, sino también mi honda apreciación de vuestros encarnizados esfuerzos que lo han hecho posible. En
vuestro contacto íntimo y sinceras presentaciones de vuestras respectivas
posiciones. conscientes de vuestra gran
responsabilidad, habéis mantenido la
más alta diplomacia en esta gra\"e
emergencia. Podéis regresar a vuestros respectivos países con la halagadora seguridad de que habéis cumpli-
-- 56 -
do en la forma más justa y hacedera
vuestros
generosos deberes. Este
acuerdo no representa sacrificio alguno irracional ni desprecia interés alguno de vuestros pueblos, sino que es
una solución justa para ambos, y que
ambos han aceptado comtemplando los
intereses de la justicia. Regresaréis
con la seguridad de que contáis con
la estimación de todos los que han
observado vuestra conducta en esta
difícil negociación.
Permitid me agregar mi adecuado reconocimiento de los importantes
y distinguidos servicios prestados pOI'
Vuestras Excelencias los Embajadores
de Chile y del Perú, respecto de la necesaria preparación de la Conferencia
así como en lo que se refiere a las deliberaciones. Vuestro espíritu de ayuda se ha manifestado constantemente
y vuestro auxilio ha suministrado una
nueva prueba del deseo de vuestros
Gobiernos de que la Conferencia llegara a una conclusión satisfactoria. E:s
difícil apreciar demasiado la deseabilidad de este acuerdo en interés de los
pueblos de Chile y del Perú. Señala una
nueva éra de paz y de prosperidad en
que podrá cultivarse la amIstad y SE~rán salvaguardiados los intereses mutuos y las oportuninades de cooperación. Pero sus ventajas para los pue- .
bIas de Chile y del Perú son, pues, la
Conferencia; traerá para ellos mayores y nuevos beneficios. Creo que ésta
- 57-'
es la aurora de un nuevo día para la
América Latina. Esta vieja controversia ha sido solucionada y esta solución
amigable promete un desarrollo de
mejores relaciones en toda la América
Latina. Esta es la vindicación de los
procesos de la paz.
l~s fácil hablar de prevención de la
guerra, pero es inevitable la existencia de diferencias y serias controversias y, si no se recurre a la fuerza para solucionarIas, debe recurrirse a esfuerzos pacíficos que sólo pueden tener
éxito mediante los esfuerzos de los
Gobiernos que buscan decididamente
la paz y la hacen posible mediante el
contacto de hombres honrados y razonables cuya destreza, honradez y equidad se aprovecha, no para dividir los
pueblos y continuar las diferencias,
sino para buscar bases prácticas de
acuerdo.
Una vez más, bajo este techo, el
éxito ha coronado las negociaciones
de una Conferencia. ¿Puedo decir que
al d(-'mostrar que era posible encontrar
un plan para solucionar en forma
amigable la controversia de Tacna y
Arica, habéis indicado claramente que
no hay, en la América Latina, diferencias imposibles de solucionar? Este
es el mayor paw, que en interés de la
paz ha presenciado la presente generación en este hemisferio. Ojalá
prometa él una éra de tranquilidad y
de reinado de la justicia.
-
58 -
Finalmente, el Presidente me ha
dado instrucciones para expresar su
alta apreciación de la confianza que le
han manifestado
los Gobiernos de
Chile y del Perú al elegir el Presidente
de los Estados Unidos como árbitro,
como se propone en el acuerdo en
referencia. El Presidente desea que yo
manifieste que está dispuesto a actual'
en la forma insinuada, y exprese su
profunda satisfacción por los resultados de esta Conferencia así como su
hondo interés por todo cuanto se refiere al bienestar y prosperidad de las
dos Repúblicas que han demostrado
su ardiente deseo de cooperar a la
causa de la pazyde la buena voluntad".
Drsct:mm
.TEFE
lm
DON MELITÚ~
DE LA DELIWACIÓX
Pomus •
PEHUAX.\
(Versión cablegrâfira)
, 'Excelencia:
"Es este un momento solemne y grato
porque acaba de darse el primer paso
decisivo en pro de la paz y de la armonía suramericanas, por largo tiempo
vacilantes y debilitadas en una de sus
grandes secciones. Cabe a la delegación peruana declarar, por su parte,
que se siente orgullosa y satisfecha de
haber contribuído a este notable éxito
y de haber interpretado, al propender
a este fin, las ardientes aspiraciones
de mi país.
-
59 -
Pero no somos nosotros ni nuestros
distinguidos colegas de la representación chilena los autores principales de
la obra saludable y bienhechora. Ji}
verdadero autor, como ya se ha dado
a entender, es el espíritu dominante
en los hombres· que gobiernan esta
Gran República, es el amor a la paz y
a la justicia que los ha llevado a organizar esta cita diplomática, a proteger
su mantenimiento dentro de la atmósfera serena en que se ha desarrollado,
y a llevarla a término con positivo
provecho de las partes contendientes.
Aceptamos con todo, de nuestro
lado, con la más profunda gratitud, la
felicitación que nos habéis dirigido. Si
algún mérito nos toca es sin duda el
haber sabido comprender y apreciar la
nobleza de vuestros propósitos y la eficacia de los medios puestos en práctica para realizarias. Por eso a nuestro
agradecimiento va unido un tributo de
admiración y respeto.
Se ha obtenido la solución como
estaba indicado dentro de lo hacedero
y lo justo en obediencia a ideas que
han marcado la imparcialidad más absoluta.
Nos toca ahora, después de haber
recorriào el camino a cuyos bordes
brotan las flores de la fraternidad y
de la concordia, contemplar el más
allá, lo que falta por alcanzar, la brillante expeccativa de la justicia, la coronación de la obra felizmente em-
-60-
prendida. A ella marchamos con la
misma fe que nos animó en el período
de prueba, la quetambién, seguramente, anima a nuestros adversarios de
ayer. Con la frente iluminada, con fe
ciega marchamos ellos y nosotros hacia el porvenir venturoso porque sentimos que nada puede detenernos yá
para rendir homenaje definitivo a esa
fuerza misteriosa y profunda que se
impone a los pueblos como a los individuos en momentos no esperados, haciéndoles ver que hay en el mundo algo más grande y más respetable que
los intereses materiales y egoístas.
El ejemplo que acaba de darse es
trascendental y hermoso. El que está
por ofrecerse cuando la obra esté cumplida lo será aun más.
¿Por qué-nos preguntamos-no
ha
de ser tal ejemplo el comienzo, en
este continente, de esa era soñada de
justicia internacional que han buscado
en los últimos años ilustres estadistas?
Si así fuera cabrán al digno mandatario que rige los destinos de los Estados Unidos y a vos que habéis llevado a efecto yá obras semejantes a ésta.
el insigne honor de haber convertido en
realidad lo que hasta ahora no había
sido sino una aspiración sin esperanzas
de éxito.
Mientras tanto tenemos la satisfacción de declarar que nos sentimos felices de haber sido testigos de esta
-
61 -
manifestación de los nobles sentimientos que tienen vida en el país a que
pertenecéis.
Al mismo tiempo nos es muy grato
manifestar que llevamos de nuestra
residencia en esta bella capital destinada, como es visible, a un portentoso
progreso, los más halagadores recuerdos.
Dignaos, señor Secretario, transmitir ar señor Presidente de la República
la expresión de nuestras más cumplidas gracias por su brillante y generosa
hospitalidad" .
DISlTBSO
XATE,
DEL
;fEFE
SE~üH
DE
LA
CAHLOS
A.Lm;-
DELEGACIÓX
CHILEXA
(Versión
cablegráfica)
,'Señores:
Tres meses ha los delegados chilenos a la Conferencia que hoy termina
vinieron a Wáshington con el deseo de
llegar, con el Perú, a un acuerdo referente a las estipulaciones no cumplidas del Tratado de Ancón. Estaban
resueltos a no escatimar esfuerzos para lograr la realización de este deseo
en forma compatible con las legítimas
aspiraciones de su patria.
De acuerdo con estas intenciones,
seguimos las instr1lccionea de nuestro
Gobierno que, con fecha 12 de Diciembre de 1921, tomó la iniciativa de bus-
-
62 -
cal' la solución de las diferencias existentes con la vecina República.
Hemos tenido la satisfacción de
encontrar a los delegados peruanos
inspirados por los mismos propósitos,
si bien siempre cuidadosamente preocupados de los intereses de su país.
Después de prolongadas deliberaciones, de reiteradas consultas a los
respectivos Gobiernos y de acuerdos
registrados en las aetas, la Conferencie::
logró localizar el problema, dejando
constancia de que los únicos asuntos
sobre los cuales los dos países no habían logrado ponerse de acuerdo eran
las cuestiones suscitadas por las estipulaciones no cumplidas del artículo
tercero del Tratado de Ancón. En yista de que las proposiciones referentes
a este asunto eran irreconciliables nos
vimos obligados a abandonar la idea
de una solución direeta y acordamos
someter la materia al arbitraje del Presidente de los Estados Unidos con ciertas estipulaciones especiales que. fueron registradas en el Acta complementaria del Protocolo que acabamos de
firmar.
Con ello hemos eliminado la causa
de la tirantez de relaciones que existía entre ambas naciones, naciones que
han iniciado al mismo tiempo su vida
nacional e independiente, que tienen
tradiciones comunes de gloria y sacricio y que mucho pueden esperar de
- 63-
una coof;eración recíproca en la senda
de progresos futuros.
Por tercera vez en doce meses, esta
gran capital celebra el feliz resultado
de conferencias convocadas con el propósito de solucionar diferencias internacionales, solucionándolas de acuerdo
con las normas del derecho y de la razón ante el Gran Jurado de la opinión
universal. AI Presidente de los Estados Unidos y a su Secretario de Estado corresponde haber hecho de este
procedimiento una orden del día convocando la Conferencia de los Armamentas que ha dado al mundo entero
seguridades de paz y tranquilidad,
además de libertad en la gran labor
de reconstrucción moral y material que
tanto necesita la humanidad.
Esa Conferencia y otras de más mo·
desta extensión que han sido celebradas en Wáshington iluminan los nuevos rumbos de la diplomacia y demuestran que el método de soluciones
directas y libres, que envuelven un
arbitraje voluntario, es superior a los
tribunales permanentes de arbitraje
general y obligatorio y a los otros pla:nes concebidos para solucionar las diferencias internacionales.
Naturalmente el sistema de solución
libre y voluntaria goza de mayores
probabilidades de éxito cuando se le
emprende bajo los auspicios de una
nación influyente, libre de toda relación con los intereses en disputa y que,
- 64-
como los Estados Unidos, ha dado
pruebas tan elocuentes de altruísmo
internacional.
A las sobresalientes cualidades de
estadistas del Presidente de Estados
Unidos y de su eminente Secretar;o
del Departamento de Estado, Chile y
Perú no sólo deben la generosa invitación que les permitió reunirse en Wáshington, sino también el constante
interés con que ellos siguieron las
deliberaciones de la Conferencia, los
sabios consejos que en todo momento
estuvieron dispuestos a dar y que en
más de una ocasión eliminaron dificultades que parecían insuperables, ;y,
finalmente, la aceptación por el Primer
Magistrado de esta República de los
delicados deberes de Arbitro.
Chile jamás olvidará estos servicios,
que constituyen un nuevo lazo de fraternidad con la Unión Americana y
que siempre serán recordados en el
desarrollo de múltiples y beneficiosas
relaciones que el porvenir nos reserva.
N o debo terminar sin expresar mi
honda gratitud por las numerosas atenciones personales que hemos recibido
de parte de los miembros de este Gobierno y del puebl0 de Wáshi!lgton,
especialmente de Mr. Rowe, Director,
de la Unión Panamericana,
que ia
-contribuído tanto a hacer que sea fructífera nuestra labor en esta hermosa
ciudad" .
-65 -
IhHCUlŒO
BELTlL\~
DEL SE5;oH
MATHIEe,
K\lBA;JAlJOn
DE CHILE
(Versión
Cablegráfica)
"Excelencia:
"Cúmpleme el deber muy halagador
de expresar al Presidente de los Estados Unidos y al pueblo norteamericano los calurosos agradecimientos
del
Gobierno y del pue blo de Chile por
su g-enerosa hospitalidad, acordada a
nuestra Delegación en Wáshington
que, hoy día, lleva sus labores a una
feliz conclusión. Estoy cierto de que,
entre los principales espectadores reunidos en este edificio para participar de
esta hermosa ceremonia, existe un sentimiento dominante, el de que el panamericanismo no es palabra vana y
vacía.
"El concepto del panamericanismo,
anunciado por Simón Bolívar y formulado por Monroe, es llevado hoya la
práctica por el Presidente Harding.
Lo lleva a la realidad en armonía con
el espíritu de este libre pueblo que, si
bien disfruta y aprecia hondamente su
propia libertad e independencia, es
capaz al mismo tiempo de apreciar los
der~chos a la independencia de otras
nacIOnes.
-
66 -
La Conferencia, que ahora termina,
marca una nueva época en el desarrollo del panamericanismo, ofrece un
gran ejemplo y señala el rumbo de
nuevos progresos.
La Conferencia Chileno-peruana de
Wáshington se ha realizado en el ambiente más favorable, disfrutando de
una amplia hospitalidad, tanto oficial
como social; sus labores se han realizado dentro de la mayor libertad, alejándose toda presión exterior, de cualquiera clase que ella fuera.
Cuando, en medio de las naturales
e inevitables dificultades que surgen
de negociaciones de este carácter, fué
necesario pedir consejos, ese consejo
(discreto y oportuno), fué dado con
agrado por el Secretario de los Estados Unidos, el honorable Charles E.
Hughes, cuya personalidad en la esfe~a
de las relaciones internacionales, ha
llegado a ser el símbolo de la paz y de
la buena voluntad.
"Deseo expresar al Secretario de Estado mis profundos y sinceros agradecimientos por su generosa referencia,
en cuanto a mí se refiere, al hablar de
la cooperación de los Embajadores del
Perú y de Chile.
"Tal vez me sería más fácil expresar
mi apreciación diciendo que siempre
es un gran placer tener el privilegio
de discutir materias de interés común
con una persona de relevantes cualídades de estadista, como Mr. Hughes,
-·67 -
que posee en el más alto grado la rara
cualidad de unir a su magnetismo personal el alto sentido de la justicia, que
tanto ha contribuído a hacer que las
relaciones internacionales,
no solamente sean agradables, sino también
marcadas por los eentimientos que las
inspiran. "
DŒuen:-;o
DEL SB. PEZET,
E:\IBA.JADOH
HEL PERÚ
(Versión cablegráfica)
"Señor Secretario y Excelencias:
"Vuestras graciosas palabras, señor
Secretario, referentes a la parte que
me ha cabido, como Embajador del
Perú, en preparar esta Conferencia y
en sus deliberaciones, así como la significación que habéis dado a mis esfuerzos en el sentido de su feliz resultado, como prueba manifiesta del deseo
del Gobierno peruano de conseguir la
solución de su controversia con Chile,
comprometen mi gratitud, no solamente por la apreciación que habéis
tenido la bondad de expresar, sino el
.reconocimiento a nombre de mi Gobierno, del muy justificado tributo que
habéis rendido a la actitud conciliadora con que ingresó a la Conferencia.
"Y hoy, en que todos se han reunido
para presenciar el resultado de nuestros esfuerzos combinados en interés
-
68 -
de la paz americana, séame permitido
expresar, por vuestro intermedio, señor Secretario, al Presidente de los
Estados Unidos, el sentimiento del
Presidente y del Gobierno del Perú en
reconocimiento de la desinteresada
ayuda suministrada a la causa de la
amistad americana mediante la oportuna invitación del Presidente Harding para acercar, en la atmósfera serena de esta capital, los dos pueblos
que por tanto tiempo habían permanecido alejados y que no podían encontrar un camino directo para cicatrizar
las heridas de la guerra y, al mismo
tiempo, expresaros, señor Secretario,
el reconocimiento de mi Gobierno por
la parte que os corresponde en el feliz
resultado que ha sido alcanzado y que
se debe, en gran parte, a vuestro intenso interés y amistosos consejos en
los momentos de crisis intensa.
"Cuando considero lo que ha siçloposible realizar por medio de la cordial
nación que desea ayudar la causa del
americanismo, me maravilla que lo
que hoy presenciamos no se haya producido antes, y confieso que por ello
adeuda el mundo americano mucha
gratitud al Presidente Harding y al
Secretario de Estado, Mr. Hughes.
"Sería indudablemente culpable si,
en este momento en que se escribe la
historia, no rindiera, como Embajador
del Perú, un tributo de respeto y admiración a mis colegas Sus Excelen-
-
69 -
cias los miembros de la delegación
peruana, que han llevado el peso de la
más onerosa responsabilidad con la
valentía y determinación de hombres
que, si bien se dan cuenta de la magnitud de su tarea, se dan cuenta de
todo lo que ella significa en la vida de
la nación.
"Y, al terminar, ¿puedo no decir una
palabra a nombre del panamericanismo, al cual durante años he sido asociado mediante mi labor en cooperación con los hombres que tanto han
hecho en su favor y han hecho de él
una verdad en nuestro Continente
americano?
"Siempre es hacia él que debemos
mirar para crear los lazos definitivos
entre las naciones, lazos que, como
resultado final, han de hacer de nosotros un pueblo unido.
Bajo este techo hospitalario-que
debe ser hogar de los peruanos lo mismo que de los chilenos, ---hemos podido por fin juntarnos, y es por ello
que al actual Director General de esta
pacífica institución, al Doctor Rowe,
debemos agradecer el arreglo y cuidado de todos los detalles que han contribuído en forma tan visible, a asegurar el éxito de la Conferencia y
aprovecho esta oportunidad para manifestarle la gratitud del Perú.
"Y, finalmente, ¿puedo no expresar,
a nombre de todos los que se han interesado directamente en la Confe-
- 70-
rencia, nuestro reconocimiento por la
buena labor realizada por los repre··
sentantes de la prensa, quienes. a pesar de enviar al mundo exterior la
mayor cantidad de informaciones acer··
ca de los progresos realizados dentro
del recinto de la Conferencia, tuvieron
siempre presente la delicada naturale··
za de las cuestiones que se ventila bar.
y, en vista de ello, obraron con la ma··
yor circunspección, evitando así a 108
delegados mismos las mayores dificultades?
Debate parlamentario
Con motivo de haberse formulado
en la prensa y en las Cámaras algunas
observaciones sobre los acuerdos de
Wáshington, el Ministro de Relaciones
Exteriores hizo en sesión del Senado
de fecha 20 de Julio una exposición
de las negociaciones.
He aquí esa exposición:
(~IH'Ati{)n intel'nacional.-
Confel'l'Jwias
de Wáshin~ton
El señor BARROS JARPA (Ministro de Relaciones Exteriores).-Me
propongo, señor Presidente, cumplir
con el deber muy grato,-y
esta vez
profundamente honroso para mí,-de
informar al Honorable Senado del curso que han seguido las Conferencias
chileno-peruanas de Wáshington y de
los resultados, satisfactorios para el
interés y para el espíritu de armonía,
de cooperación y de cordialidad que
inspiran la política del actual Gobierno, que se han alcanzado después de
activa y detenida deliberación.
- 72-
Si quisiera caracterizar en una frase
la política externa que me ha correspondido servir desde el Gobierno, tendría que decir que ella ha sido el re·
sultado de un profundo amor por la
paz y la armonía del Continente americano y de una confianza consciente y
firme en la legitimidad de nuestros
derechos y en la justicia de nuestra
causa enfrente de la vieja controversia que mantenemos con la República
del Perú.
Aparte de las consideraciones elementales que obligaban al Gobierno
dé Chile a despejar algún día su horizonte internacional, para dar amplio
desarrollo, en medio de una atmósfera
de paz, a su progreso moral y material; aparte de la necesidad de eliminar un factor que, explotado hábilmente por nuestros adversarios, socavaba nuestra reputación internacional,
razones de consecuencia política y de
satisfacción de los anhelos nacionales,
que se han manifestado claramente
en fa Val' de la terminación del viejo
litigio con el Perú, indujeron al Gobierno de Chile a tomar la iniciativa
de negociaciones directas con aquel
país que pudieran llevarnos, con la
rapidez posible, a la concertación de
un acuerdo capaz de asegurar la paz
en este extremo de la América meridional.
No ha figurado en ningún instante
entre las orientaciones de este Gobier-
-
73 -
no, la de dejar pasar calladamente el
tiempo sin resolver la dificultad que
la cláusula tercera· del Tratado de Ancón dejó pendiente. La larga espera
que siempre nos ha caracterizado; la
acción pasiva enfrente de la necesidad
de resolver el problema, que ha sido
la característica de algunas etapas de
nuestra Administración, no era, a mi
juicio, temperamento aconsejable en
estos instantes en que, al correr de
los años, se ha ido viendo surgir una
verdadera acumulación de problemas
que se concentran derechamente sobre
esta región, mantenida sin soberanía
definitiva, de Tacna y Arica.
Lo que antes era el simple deseo de
dar cumplimiento a la cláusula tercera
del Tratado de Ancón, por parte de
los diversos Gobiernos del Perú, sin
más antecedentes que el sólo transcurso del tiempo, se fué convirtiendo
en la caducidad de la cláusula 3.a, en
la caducidad del Tratado entero, en la
revisión del mismo, en la reivindicación integral de Tarapacá y Tacna y
Arica, sin plebiscito y sin indemnización.
Lo que antes era el simple deseo de
Bolivia de comunicarse libremente para su comercio con él Pacífico, satisfecho con amplitud en el Tratado de
1904, sin otra razón que el sólo transcurso del tiempo, fué convirtiéndose
poco a poco en la aspiTación de Bolivia a UIl puerto propio en nuestro lito·
- 74-
raI y luego, en la proclamación del derecho de la República del Altiplano
para incorporar a su organismo geográfico el puerto de Arica ..
¿Quién puede predecir cuántos pro·
blemas más complicarían el cumplimiento del Tratado de Ancón, más
tarde, si se deja que pase el tiempo
por encima del Tratado, debilitando
cada vez más la claridad de nuestros
derechos?
Cuando iniciamos la que se ha llamado ofensiva diplomática del 12 de
Diciembre de 1921, no tuvimos muchas esperanzas de lograr términos razonables de solución directa del problema con el Gobierno del Perú. Pocos días antes habíamos recibido la última publicación oficial de la Cancillería de Lima, cuya orientación fundamental aparecía sintetizada en estos
términos:
"De las razones contenidas en esta
exposición se desprende clara y definitivamente:
"PRIMERO.-EI
Tratado de Paz
" suscrito entre el Perú y Chile, el 20
" de Octubre de 1883 debe ser revisa" do y devuelta al Perú incondicional" mente laprovincia de Tarapacá.
"SEGUNDO.Que deben igual" mente ser devueltas al Perú las
" provincias de Tacna y Arica, sin
" plebiscito y sin ningún género de
" indemnización o pago por su parte. "
Es evidente que, apreciada en Lima
-
75 -
en estos términos la cuestión, había
bien pocas esperanzas de alcanzar un
arreglo.
Durante la controversia diplomática
de Diciembre del año pasado, la tesis
peruana, si bien se redujo a condiciones más razonables, se mantuvo en
términos que dificultaban todavía cualquier propósito de acuerdo.
En efecto, en su nota del 17 de Diciembre el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú sostenía que el plebiscito era ya imposible y que había
que' 'someter juntos la cuestión íntegra del Sur-Pacífico al arbitraje."
En su nota de 24 de Diciembre afirmaba que habíamos violado casi todas
las estipulaciones del Tratado de Ancón y sostenía que, a su juicio, el arbitraje debía comprender todas esas
violaciones.
"Para el Perú-dice la nota del Ministro de Relaciones señor Salomón,
de 31 de Diciembre de 1921-no sólo
es el pleb'iscito lo que Chile ha dejado
de cumplir en el Tratado de Paz de
1883; y si el Gobierno de V. E. no par-
ticipa de esta creencia, está expedito
el camino que conduce a una solución
honrosa y satisfactoria: apelar. a un
árbitro para que éste decida si el Tra- .
tado ha sido violado y cómo deben repararse sus violaciones, según lo manifesté en mi comunicación del 23 de
este mes."
Apal'tánd()~e así la negociación de
-
76 -
nuestro propósito fundamental,
nos
vimos forzados a interrumpir nuestras
conversaciones telegráficas con el Gobierno del Perú. Felizmente, el generoso anhelo de paz que habíamos demostrado con esta iniciativa, fué apreciado debidamente por el Gobierno de
los Estados Unidos, el que, ejercitando sus buenos oficios, invitó a Chile y
al Perú a iniciar negociaciones con el
objeto de resolver las diferencias derivadas de las cláusulas no cumplidas
del Tratado de Ancón.
Debo establecer en la forma más
autorizada que dentro de las bases de
las Conferencias de W áshington, no
podrán sus acuerdos salirse del respeto a las disposiciones del Tratado de
1883.
Acep~amos la invitación de los Es·
tados Unidos, y aplicamos allí, en el
curso de dos meses de deliberación de
las Conferencias, todo nuestro buen
espíritu para alcanzar una solución.
¿Cuál es el primer resultado de este
acuerdo?
El que se consigna en el artículo
primero del Protocolo convenido en
Wáshington.
De ,la reivindicación integral de Tarapacá, Tacna y Arica, sin plebiscito
y sin indemnización; de la violación de
casi todas las cláusulas del Tratado;
del sometimiento a arbitraje de la
cuestión Sur-Pacífico, hemos llegado a
-77-
una fórmula extraordinariamente simple, concebida en estos términos:
"Queda constancia de que laN úni" cas dilicultades derivadas del Tra" tado de Paz sobre las cuales los dos
" países no se han puesto de acuerdo
" son las cuestiones que emanan de
" las estipulaciones no cumplidas del
" artículo tercero de dicho Tratado."
Este solo hecho bastaría para demostrar que esta negociación ha sido
extraordinariamente
feliz, en cuanto
ha podido despejar el problema, de
todos aquellos factores de complicación que introducían en él la pasión
política, la exacerbación de odios entre los pueblos y las peligrosas tentativas de algunos hombres para afianzar su situación personal tocando las
campanas de la alarma patriotera y
proclamando como. necesidad la humiilación del adversario o la guerra, sin
perjuicio de~que, en este último caso,
fuera posible entregarIa todo, menos
el concurso propio.
Siguieron las negociaciones en Wáshington hasta el momento en que el
Perú propuso su fórmula del 27 de
Mayo, que dice así:
"Se sometería al árbitro, en el punto
" esencial materia de nuestras discu,. siones, lo siguiente: con el obieto de
" dete-rminaÎ'[ la manera en que debe
" darse cumplimiento a lo estipulado
" en el artículo tercero del Tratado de
" Ancón, se somete al arbitraje si
-
"
"
"
"
"
78 -
procede o no, en las circunstancias
actuales, la realización del plebiscito. Si no procede, ¿a qué país corresponde el dominio definitivo de
1. acna y A rica y baJo qué cond icio" nes? Si procede, ¿bajo qué condicio" nes debe realizarse el plebiscito?
Esta fórmula fué rechazada inmediatamente por nuestra Delegación,
porque ella se apartaba en términos
expresos y claros del cumplimiento del
convenio de 1883, que había sido la
base de las negociaciones.
En efecto, declarada la improcedencia del plebiscito, un árbitro habría de
decir a quién pertenecen estos territorios y en qué condiciones, o sea, se
creaba una autoridad superior al Tratado que 1 con derecho para declararlo
inejecutable en una de sus estipulaciones, estuviera autorizado también
para darle la aplicación. que fuera de
su agrado.
Por nuestra parte, consideramos
que el artículo tercero del Tratado de
Ancón contiene tres elementos jurídicos de orden fundamental,
quepueden subsistir separadamente.
El primero es el que entrega Tacna y Arica
a la soberanía chilena; a la legislación
y autoridades chilenas, como dice el
Tratado. El segundo, es el que limita
esta soberanía con una condIción, que
consiste en que un plebiscito decidirá
si estos territorios quedan del dominio
y soberanía de Chile o si vuelven a
-
79 -
formar parte del territorio peruano.
y el tercero es el que fija una indemnización alzada de diez millones de soles de plata en favor de aquel país
que pierda definitivamente sus dereehos sobre esos territorios.
Si el plebiscito es una condición, es
de la esencia de las condiciones que
pueden suceder o no; pero la circunstancia de que la condición falle, en los
casos en que ella es limitativa del dominio, no tiene la virtud de hacer desaparecer el dominio; antes bien, como
en el caso del fideicomiso (así llaman
los tratadistas franceses a los plebiscitos pactados en el Tratado de Versasalles), el hecho de fallar la condición,
perfecciona el dominio en el que lo
tiene.
En esta inteligencia, pues, la fórmula peruana del 27 de ~ayo escapaba
a la órbita de acci9n de las Conferencias, en cuanto autorizaba a un árbitro
para disponer de territorios en otros
términos que aquellos en que el Tratado había dispuesto de los mismos.
Producido el impasse en las negociaciones, nuestro Embajador dió cuenta al Secretario de Estado de la situación, y terminó expresándole que "la
Embajada de Chile, al dejar constancia
de la esterilidad de 108 esfuerzos de la
Delegación de su país por alcanzar el
acuerdo buscado, renueva, en nombre
de su Gobierno, el propósito de aceptar cualquiera fórmula de solución que
- 80 -
guarde conformidad con el cumpli-.
miento del Tratado y con las condicio::'
nes de la invitación del Presidente de
los Estados Unidos.
No habían transcurrido 48 horas dei:3pués que el Secretario de Estado tomó
conocimiento del ()unto de vista chileno en estas negocIaciones, cuando llamó al señor Mathieu para:presentarle
una proposición que, a~su juicio, estaba encuadrada dentro de términm: que
la hacían aceptable para. Chile. Esa
formula fué la siguiente:
Con el propósito de considera r el
arreglo de la larga controversia entre
los dos países, relativa a las disposiciones no cumplidas del 1ratado de
Ancón, acuerdan someter al arbitraje de
las cuestiones provenientes
de las disposiciones no cumplidas del
artículo tercero.
Hughes sugiere, ,además, un cambio
de notas declarando' que las rartes no
entienden que la decisión de árbitro,
si resolviese la improcedencia del plebiscito, modificaría la condición actual
del territorio en discusión, la que se
determinaría libremente por¿las partes
en negociaciones que ellas considerasen conveniente abrir posteriormente.
Esta fórmula nos fué presentada
después de haber sido estudiada en
Wáshington por nuestro Embajador y
nuestros Delegados y haber acompañado el envío de ella de una recomenda-
-
81 -
ción calurosa para que fuese aceptada
sin modificación alguna y sin tardanza.
Apreciamos la t~uestión en la misma
forma que los señores Mathieu, Aldunate e Izquierdo y los autorizamos inmediatamente para dar el "conforme"
al Secretario de Estado respecto de las
condiciones de su proposición.
Consideramos aquí que, eliminado
el único punto que entregaba la suerte
de Tacna y Arica al árbitro ajeno, sustituyendo la consulta popular por la
resolución de un tercero, y reconociendo expresamente el hecho de que la
declaración de improcedencia del plebiscito no alteraba los derechos que
hasta hoy hemos ejercido sobre esos
territorios y que emanan en nuestro
favor del Tratado, la fórmula era conveniente, era aceptable.
El Gobierno del Perú, como lo sabe
el Honorable Senado, después de 19
días de meditación y después de haber
intentado la modificación de la fórmula Hughes, en el sentido de concertar
para más tarde una jurisdicción obligatoria que resolviese los problemas
que pudieran quedar pendientes después de declarada la improcedencia del
plebiscito, consintió por fin en la aceptación de la fórmula Hughes lisa y llana.
Para log:rar esta aceptación el Secretario de Estado, que se había negado
categóricamente a tramitar las insinuaciones peruanas que alteraban las
li
- 82-
condiciones de su fórmula, trasmitió a
nuestro Embajador la insinuación de
que Chile declarase que aceptaría 10:=
buenos oficios de los Estados Unidos,
si a ellos había lugar en las citadas ne:,
gociaciones posteriores.
Consultados por nuestra representación en Wáshington sobre este particular dimos una respuesta inmediata,
expresando que, a virtud de los artículos tercero y sexto de las Convenciones
de la Haya de 1899 y 1907, para el
arreglo pacífico de conflictos internacionales, los buenos oficios eran una
institución de simples consejos amigables, sin fuerza obligatoria alguna,
que procedían, aun sin concertarlos, y
que podían ejercerse de parte del país
que creyese conveniente ofrecer los y,
por consiguiente, que no podíamos hacer fracasar una fórmula que nos satisfacía tan ampliamente por 'negarnos
a aceptar un recurso pacífico, de procedencia indiscutible, para negociaciones posteriores de remota eventualidad.
El Gobierno comprendió que se presentaba para el país una situación de
extraordinaria
importancia y, aun
cuando estaba seguro de que en todo
instante había interpretado el sentimiento nacional, consultó el estado de
las negociaciones con los hombres pÚblicos más eminentes y preparados con
que cuenta el país. Son muchos los señores Senadores que me escuchan que
-
83 -
por boca del Presidente de la República,
con documentos a la vista, o por mi propio intermedio conocieron y aprobaron
con patriótica satisfacción el estado
que las negociaciones alcanzaban hasta
ese momento.
Producido el acuerdo en principio,
respecto de la fórmula Hughes, por la
aceptación peruana y teniendo en consideración que esta fórmula no estaba
redactada en términos precisos ni definitivos, nuestros Delegados pidieron
autorización para reanudar sus conferencias con los Delegados peruanos y
acordar la redacción definitiva de los
acuerdos.
Hace pocos días me trasmitieron esa
redacción, que ellos juzgaban satisfactoria para nuestras derechos; pero, al
ir a consignar en el Acta de la sesión
la circunstancia, a nuestro juicio, capital de la fórmula Hughes, o sea, la de
que, declarado por el árbitro improcedente el plebiscito, no se alterará en
ninguna forma nuestra situación de
Gobierno en aquellos territorios, el señor Porras expresó que no era necesario consignar semejante declaración
desde el momento que el silencio del
Protocolo lo dejaba subentendido. Por
nuestra parte se juzgó absolutamente
esencial el hecho de que apareciese en
los documentos constitutivos del acuerdo la declaración expresa de limitar
las facultades del árbitro en el caso
de que declarase la improcedencia del
- 84-
plebiscito, a la simple declaración
principista de este punto, sin permitirle que pudiese arrogarse la facultad de
entrar a suplir el Tratado, alterando
en cualquiera forma las condiciones en
que ejercemos el dominio allí, a virtud
de los términos del Pacto de Ancón.
El Gobierno de Chile tenía antecedentes para creer que este punto había
sido y es la característica fundamental
de la fórmula Hughes; de modo que
no tuvo ningún inconveniente para autorizar a sus Delegados en el sentido
de que acudiesen las dos partes al Departamento de Estado Americano con
el objeto de pedir la opinión de Mr.
Hughes sobre si era o no indispensable
consignar el concepto a que se refiere
la dificultad produciga.
Citados un día los señores Porras y
Aldunate por el Secretario de Estado
yen presencia del Director de la Unión
Pan Americana, Mr. Leo S. Rowe,
Mr. Hughes, que estaba impuesto, por
los memorándums que ambas delegaciones le habían hecho llegar, de la
discrepancia, les hizo una exposición
verbal de su punto de vista y terminó
proponiéndoles la fórmula, que tomo,
junto con sus fundamentos, del primer
telegrama que sobre este punto recibía
de la Delegación.
Segundo.-En reunión de hoy en Se"cretaría de Estado, a que asistieron
"Aldunate, Porras y Rowe, Hughes
"hizo una exposición verbal en que in-
- 85-
"dicó que su objeto era proponer una
"redacción que evitara estos dos esco"lIos: a) Que la declaración de impro"cedencia del Plebiscito modificara la
"situación del territorio dañando los
"intereses de Chile: y b) Que esta decla"ración se interpretara como un nuevo
"título otorgado a Chile, dañando los
"intereses del Peru".
Tercero.-La redacción propuesta
por Hughes dice a la letra como sigue
en el texto inglés:"It is understood in
the interest of peace and good order
that in this event and pending an
agreement as to the disposition of the
territory the administrative organization of the provinces shall not be disturbed" .
Cuarto.---La traducción literal es esta: "Es entendido, en el interés de la
paz y buen orden, que en este caso y
pendiente un acuerdo acerca de la disposición del territorio, la organización
administrativa de las provincias no será perturbada".
El Honorable Senado conocerá en
pocos momentos más, en sesión secreta, las instrucciónes que sobre estos
puntos fundamentales tenían nuestros
Delegados.
Yo no tuve duda alguna, conociendo
como conozco a nuestros Delegados y
habiendo apreciado la labor brillante
y acuciosa que han desarrollado en el
curso de todas estas negociaciones,
que el COllcepto de inalterabilidad de
- 86-
nuestros derechos sobre Tacna y Arica
para el caso de improcedencia del plebiscito, si bien aparecía claramente
consignado en la fórmula tenía que
estar afianzado en términos bien satis~
factorios para la defensa de nuestros
derechos. Sin embargo, procediendo con la amplitud de miras con que he procedido
en toda esta negociación, me hice cargo de la inq uietud que se había levantado en los círculos del Congreso en
orden a estimar que la última agregación sugerida por Mr. Rugnes disminuía y aminoraba los derechos que en
favor de Chile emanan del Tratado de
1883.
Las instrucciones de los delegados a
este respecto, repito, eran bien explícitas, y tal vez fué por eso que en el
telegrama en que me daban cuenta de
esta sugestión no se referían especialmente a un punto que ha sido la base
de todas las negociaciones y que ellos
han podido considerar descartado. Sin
embargo, envié inmediatamente,
satisfaciendo los deseos expresados por
mi H. amigo el Senador señor Rivera,
un telegrama a los Delegados noticiándoles de las inquietudes que existían
en el Congreso chileno sobre esta última fórmula y expresándoles que, si no
estaba establecido el concepto matríz
de la negociación, debían ellos de abstenerse de firmar.
En el día de ayer, y en vista de la
- 87-
alarma producida aquí por la falta de
informaciones de los delegados, éstos
suplieron el vacío y expresaron las razones perfectamente acordes con nuestra política, que había tenido el señor
Aldunate para aceptar expresa e inmediatamente la fórmula que sugirió el
Secretario de Estado.
Es por esto que, habiendo enviado
anteayer a los Delegados un telegrama en el sentido que debían abstenerse de firmar, si no estaba perfectamente esclarecido el punto en orden a la
inalterabilidad de nuestros derechos
sobre Tacna y Arica para el caso que
se declarase improcedente el plebiscito, y después de recibir en el día de
ayer las informaciones de los Delegados que me dejaban plenamente satisfecho sobre este particular, les envié
inmediatamente
instrucdones
para
que firmaran el Protocolo y el Acta.
En la noche de ayer y en el día de
hoy, he seguido recibiendo informaciones de los Delegados, que me permiten afirmar ante el H. Senado y ante
el país, que la aceptación de la última
sugestión de Mr. Hughes ha sido la
base debidamente consignada en varios documentos que hacen plena fe,
de que nuestros derechos sobre Tacna
y Arica serán, después de declarada
la improcedencia del plebiscito, si este
caso llegara, los mismos que son hoy
día a virtud del art. 3.0 del Tratado
de Ancón.
- 88-
Es indispensable recordar,
para
apreciar con justicia eI alcance de la
última fórmula, que la palabra "administ.ración" en inglés, tiene un signHi·
cado mucho más amplio que la palab::a
"administración" en el uso frecuente
ele nuestrQ derecho público. Adrnim:stración, dice el Diccionario Standard
de 1901, es el Gobierno como existe
en un determinado tiempo; es el poder
o partido que maneja el Gobierno Óel
país.
Desgraciadamente las personas que
impugnan con energía y patriotismo,
dignos de mejor causa, este concepto
de la fórmula, parecen creer que la administración a que ella se refiere es ni
más ni menos que la administración
de un fundo.
Para conservar en todo su valor el
ánimo de Mr. Hughes al proponer su
fórmula, ha quedado establecido que
ella deberá consignarse en inglés y en
español en las Actas.
Otro concepto muy difundido que
ha servido para tergiversar el alcance
del convenio es creer que la fórmula
sugerida por Mr. Hughes limita nuestra soberanía sobre Tacna y Arica, olvidándose o ignorándose que dicha
fórmula ha sido consignada a exigencias de nuestro país y exclusivamente
para limitar los poderes del árbitro,
para impedir que el árbitro pud"iese
entenderse facultado en algún momento para poner mano sobre este derecho
-
89 -
que nos confiere el Tratado de Ancón
y que no hemos tenido en ningún inst~nte el.ánimo de entregar a resoluCIOnesaJenas.
De modo, pues, que el punto cardinal de los ataques al Protocolo y al
Acta complementaria se refieren a condenar una fórmula cuyo alcance ha
sido perfectamente precisado en documentos oficiales e incorporado contra
los esfuerzos de la Delegación peruana, que mucho los resistió, para limitar
la órbita de acción posible del árbitro,
en el evento, a nuestro entender remoto, de que se inclinase a declarar que
el plebiscito no puede ya tener lugar.
Explicada así la situación alcanzada
por el país en estas negociaciones, me
parece evidente que habrán de cesar
los ataques injustos y apasionados con
que ahora se castiga nuestro patriótico
propósito de labrar la tranquilidad del
país.
Para condensar en dos palabras la
posibilidad de la fórmula Hughes, yo
debo decir que ella no tiene sino dos
aspectos: O el árbitro declara que el
plebiscito es procedenÜ~ y fija las condiciones a que debe sujetarse la consulta popular, caso en el cual nuestra
tesis habría triunfado ampliamente; o
el árbitro declar.a que el plebiscito ya
no es solución y, entonces, manteniéndose en todo su vigor los derechos que
en nuestro favor emanan del Tratado,
discutiremos animados del mejor espí-
- 90-
ritu con el Gobierno del Perú otra solución para terminar el conflicto.
Hoy somos soberanos en Tacna y
Arica y nuestra soberanía está limitada por una condición: el plebiscito.
Declarada su improcedencia, seguimos
tan soberanos como hoy de Tacna y
Arica, sin tener otra obligación que la
de discutir con el Perú el medio de poner término al conflicto de intereses y
de solicitar, cuando las dos partes lo
consideren conveniente, los buenos
oficios de los Estados Unidos, buenos
oficios que tienen un carácter de simples consejos que no hay obligación de
aceptar y que, por venir de los Estados
Unidos, tenemos que estar ciertos de
que siempre serán respetuosos de
nuestros derechos.
Esta es, señor Presidente, la información más am plia que puedo dar al
Congreso y al país sobre el estado de
las negociaciones y sobre el alcance
del acuerdo producido.
El Gobierno cree haber realizado
una labor patriótica al poner todos sus
esfuerzos al servicio de una solución
en el viejo problema que se arrastra
desde hace cuarenta años perturbándolo todo, en la política del Continente americano. Especialmente cree haber· prestado un patriótico servicio al
país, en cuanto ha podido concertar
un acuerdo que abre la posibilidad de
estabiecer la paz y cooperación recíprocas entre dos países cuyas necesi-
-
91 -
dades están llamadas a complementarse.
y en cuanto a mí, seguro de haber
alcanzado una solución en un problema
al que he consagrado muchas vigilias,
que es mucho más conveniente y menos onerosa que casi todos los arreglos
intentados antes, sólo me cabe congratularme vivamente por haber tenido
la honra de participar y cooperar en
una hora muy venturosa del Gobierno
de la República.
Hago cumplido honor a los móviles
patrióticos que sin duda inspiran a los
hombres que combaten en este momento la política del Gobierno. Comprendo que la hora es de prueba y
siento que es de hondas amarguras y
desilusiones para mí; pero tengo que
declarar que cuando emprendí esta
jornada sabía positivamente que a su
término no me habrían de esperar las
rosas y laureles de los triunfadores,
porque la historia me ha enseñado que
los hombres que laboran calladamente en la paz y para la paz, no conocen el halago cariñoso de los pueblos
que otorgan sus aplausos a los que
hacen sonar las llamadas guerreras
y resucitan ~l ~t.avismo pendenciero de
las razas prlmltlVas.
Si hubiera ansiado la popularidad
barata, y si hubiera querido traicionar
al país, malogrando la última hora de
un arreglo conveniente, me habría bastado hacer un gesto de altanería y
- 92-
quebrantar airadamente las Conferencias. Pero, señor Presidente, le he pedido a mi juventud la renuncia a estas
horas de populachería fácil y de éxitos,
tan resonantes como pasajeros, y sólo
confío en que Dios ha de querer darme
en el futuro las satisfacciones que hoy
se me niegan por haber servido leal y
desinteresadamente
a mi Patria.
Para profundizar 'en algunos puntos
de esta cue~tión y para exibir al Honorable Senado algunos antecedentefl.
que explican y comprueban ampliamente los conceptos que he tenido el
honor de manifestar, deseo acogerme,
a la facultad que me confiere la Constitución para pedir a la Sala se constituya en sesión secreta.
El señor CLARO SOLAR <Presidente).-En Conformidad a lo pedido por
el Señor Ministro, a segunda hora se
constituirá la Sala en sesión secreta.
Contestando algunas observaciones
formuladas en contra de los acuerdos
de Wáshington, el Ministro de Relaciones Exteriores pronunció el discurso
que se puede leer a continuación:
S('siÚn tie 2 de Agosto tIe 1922
El señor BARROS JARP A (Ministro
de Relaciones Exteriores).-He
querido, señor Presidente, no retardar mi
respuesta a las observaciones formuladas hasta aquí en contra del convenio
-
93 -
celebrado en Wáshington para el arreglo de la cuestión de Tacna y Arica,
porque es natural que, en presencia de
tantas impugnaciones, la opinión pública pudiera paralogizarse y atribuir
a los acuerdos, el carácter que el
libre consentimiento
de las partes
contratantes les ha dado, sino el que
la crítica detallista y minuciosa ha
querido atl'ibuirles, a mi entender con
tan poca razón, como serenidad.
Me excusará el Honorable Senado
que no siga al honorable señor Yáñez
en su larga disertación histórica sobre
las diversas negociaciones sostenidas
por los Gobiernos de Chile y el Perú
antes y después del año 1894.
Creo que es un deber dè los hombres
que intervienen en un debate público
de esta importancia, ir simplificando
los términos de la cuestión, para presentar a la conciencia pública puntos
concretos de disidencia, despojados de
todas las galas que la erudición y la
retórica pueden proporcionar fácilmente ..
Por otra parte, no es siempre la
posición diplomática del pasado la
única norma que debe seguirse en el
manejo de las relaciones· exteriores.
La acción diplomática de los Gobiernos
debe ser resuelta según el ambiente
en que esa acción incide. Ajustarse
estrictamente
a las determinaciones
de la diplomacia del pasado, es negarse a todo progreso y, en el caso actual,
-
94 -
habría sido sin duda renunciar lisa y
llanamente a la solución del conflicto.
Además, si hubiéramos
de creer a
la aseveración
de un eminente historiador chileno: "Chile habría traba" jada un día por ganar el plebiscito
" en su provecho; otro por regalar el
" territorio a Bolivia; otro por entre" garla al Perú y, naturalmente,
su
" acción ha sido débil y ha hecho de" claraciones y sentado principios con" tradictorios y peligrosos".
Si bien los estudios que yo he hecho
de esta materia no me permiten participar de esta opinión, que pertenece
al Senador por Malleco, don Gonzalo
Bulnes, vale por lo menos la pena invocarIa para contestar algunas de las
observaciones
que se hacen en este
instante en el sentido de que hemos
debido seguir paso a paso la diplomacia del pasado.
Más que atender a las indicaciones
que se derivan de la acción diplomática pretérita,
los Gobiernos deben hacerse intérpretes
de los anhelos nacionales, tomar los objetivos cardinales
de estas anhelos y servirIas mediante
los procedimientos
más adecuados
para alcanzar un fin.
El Gobierno está ampliamente
satisfecho con los acuerdos de W áshington,
porque cree que el objetivo fundamental de la gran masa de los habitantes
de la República es el de la incorporación definitiva de Tacna y Arica al
-
95 -
territorio nacional; y porque cree
haber servido este objetivo dando
pruebas de un gran espíritu de conciliación y de paz y de una honrosa honestidad internacional ya bien reconocida,
Si el país acepta nuestros procedimientos para llevarlo a su anhelada
solución, no me parece que deba preocuparnos en estos momentos el hecho
de haber olvidado en alguna forma los
métodos de que la diplomacia del pasado pudo valerse para buscar, sin
encontrarlos, estos mismos fines.
Desprendiendo, entonces, del discurso del honorable senador por Valdivia toda su parte puramente histórica, del)o hacerme cargo rápidamente
de las objeciones fundamentales que
ha querido hacer a los arreglos de
Wáshington ya los procedimientos del
Gobierno.
Habrá notado la Honorable Câmara
de Senadores, lo mismo que yo, que el
discurso del honorable Senador por
Valdivia fué dirigido, mâs bien a demostrar que el Gobierno se había contl'adicho en algunas declaraciones
públicas, que a comprobar que el
Protocolo y el Acta complementaria
suscrito en \¡V áshington no fueran convenientes para el país.
Basta para mí la declaración del
honorable Senador en el sentido de
que en todo momento ha procurado
prescindir de las personas y elevar el
-
96 -
debate a la altura de una importante
cuestión de principios, para no poder
aceptar en ninguna forma que el
ánimo de S. S. fuese más bien el de
echar un descrédito sobre el Gobierno que el de librar al país de lo.;; perjuicios que estos acuerdos pudieran, a
su entender, acarrearle.
En realidad, señor Presidente, y aun
cuando para desgracia de los hombres
que han intervenido en estos asuntos
la discusión del Protocolo coincide con
un momento bien agitado de la política interna del país, no hay, sin embargo, el derecho de pensar que en
estas altas cuestiones nacionales, puedan intervenir otros sentimientos que
los que dicta el más puro patriotismo
y la comprensión más sincera e independiente àe las conveniencias de la
República.
Con haber sido muchas las contradiciones apuntadas por el honorable
Senador por Valdivia parece, sin embargo, fácil reducirlas exclusi"amente
a una, que se puede concretar así:
El Gobierno prometió dirigir las negociaciones de Wáshington hacia el
cumplimiento exacto del Tratado de
Ancón, y ha llegado a una fórmula
que se sale de ese Tratado.
Este será el primer punto de fondo
que refutaré del discurso del Honorable Senador por Valdivia, para llegar
a la conclusión, a mi juicio irredargÜible, de que los arreglos de Wáshington
-
97 -
se encuadran exactamente dentro del
Tratado de Ancón, y que el sostenimiento de la tesis contraria tiene
gra ves peligros para la posición jurídica de nuestro país y para las negociaciones que pudieran verificarse más
tarde, si ocurriera la desventura que
nunca se habría de apreciar en términos bastante justos, de que el Congreso de Chile n~gase su aprobación a
los acuerdos de Wáshington.
No ha sido objeto de discusiones el
hecho de que la invitación de los Estados Unidos de América, del 18 de
Enero, dirigida a los Gobiernos de
Chile y el Perú, estaba fundada en el
respeto y vigencia integrales del Tratado de Ancón; y no se discute tampoco que el Protocolo y el Acta Complementaria contienen en diversas partes
alusiones a la invitación americana y
referencias a las cláusulas no cumplidas del Tratado de Ancón, que hacen
ajustarse exactamente estos documentos al criterio fundamental de las Conferencias, cual era el respeto de dicho
pacto internacional.
Los Honorables Senadores saben,
por otra parte, que el Secretario de
Estado americano al sugerir su fórmula de conciliación a Chile y al Perú,
manifestó que, a su juicio, ella estaba
encuadrada exactamente dentro de los
términos del Tratado de Ancón, a cuyo
cumplimiento el Gobierno de los Esta7
- 98-
dos Unidos había cuidado de reducir
la órbita de acción de las Conferencias.
Tanto era este el concepto en que
obraban las Delegaciones chilena y
peruana en Wáshington y el Gobierno
de los Estados Unidos, que los señores
Delegados de Chile pudieron enviar el
día 21 de Julio, el siguiente telegrama,
bien explícito en la parte que a este
punto se refiere:
"Señor Ministro de Relaciones.Santiago.-49.-Julio
21- 922. - Firmamos en este momento el convenio
que somete a arbitaje las únicas dificultades subsistentes acerca del exacto
cumplimiento del Tratado de Ancón.
Queda así realizada la misión que se
nos encomendara y, junto con renovar
a S. E. el Presidente de la República
y a V. S. nuestro profundo agradedmiento por la confianza que nos han
manifestado, nos permitimos· presentarles nuestras respetuosas felicitaciones por el término de una negociación
que ciertamente no 10 habría tenido
sin la constante y acertada dirección
que le imprimió el Gobierno.-Alduna.te.--Izquierdo".
Pero, no es esto sólo; también la
Delegación Peruana ha dejado expresa
constancia de que su propósito es
buscar la manera de dar cumplimiento
al artículo 3. o del Tratado. En efecto,
como proposición suya aparece en el
Acta Complementaria
lo siguiente:
- 99-
"Con el objeto de deteminar la manera
en que debe darse cumplimiento a lo
estipulado en el artículo 3.° del Tratado de Ancón", etc.
Se ve, pues, que nuestros Delegados, los señores Aldunate e Izquierdo;
que el Secretario de Estado americano,
Mr. Hughes; y que los Delegados peruanos, señores Porras y Velarde, piensan que los acuerdos de Wáshington
están destinados a dar cumplimiento
al artículo 3. o del Tratado de Ancón.
Es explicable, sin duda, por un
exceso de celo patriótico, que sean
los hombres públicos chilenos los que
se adelantan a señalar un hecho que,
de ser exacto. perjudicaría gravemen-.
te la situación de nuestro país en el
litigio de Tacna y Arica. Pero, felizmente las personas que sostienen semejante doctrina jurídica sufren un
error que es fácil demostrar.
El argumento básico en que se funda
la afirmación de que los acuerdos de
Wáshington se salen del Tratado de
1883, es el de que, prescribiéndose en
el artículo 3. o de dicho Convenio Internacional, que un plebiscito decidirá la
nacionalidad definitiva de los territorios de Tacna y Arica, no se puede
poner en duda el hecho de que si el
plebiscito procede o no, como ha ocurrido en el Acta Complementaria del
Protocolo de 21 de Julio.
Esto equivale a sostener que dentro
del Tratado no existe otra solución
-
100 -
para el problema pendiente entre Chile
y el Perú, que la celebración de un
plebliscito cuyas bases deben acordarse entre los dos países; y, simplificando
más la cuestión, equivale a decir que
la solución del problema de Tacna y
Arica está entregada pura y exclusivamente a la voluntad del Perú, al
que le bastaría para lograr su propósito de mantener sin solución el problema y agitar periódicamente la tranquilidad de la América, no prestar su
acuerdo para la fijación de las bases
plebistarias.
Basta exponer esta doctrina para
comprender que ella está en pugna
con los principios más elementales del
derecho.
El reputado jurisconsulto don Alejandro Alvarez, que ha actuado en
condiciones bien eficaces durante la
celebración de las Conferencias de
Wáshington, 80stiene en sus observaciones a la nota del Excmo. señal'
Soaene, publicadas en el Libro Rojo
de la Cancillería chilena del año 1910,
lo siguiente.
"En conformidad con el criterio es" trictamente jurídico, la falta de
" avenimiento entre la partes para
" llegar al acuerdo que por disposición
" del Pacto de 1883 ellas deben cele" braI', hace imposible ese acuerdo y,
" en consecuencia, importa la caduci" dad de dicha cláusula, pero no la
" del pacto principal.
.
- 101 -
-"La razón de esto último se halla
en que ese acuerdo, dàdo su objeto
y el espíritu que guió a los negociadores, no es necesario para la subsistencia del Tratado, a pesar de
estipularse que se considerará parte
integrante de él, ya que nd son
esenciales todas las cláusulas que
constituyen o integran un convenio
internacional.
"La caducidad de la referida cláu" sula daría por resultado la caducidad
" del evento por el cual Chile puede
" perder la soberanía sobre Tacna y
" Arica y quedaría soberano definitivo
" sin otra obligación que pagar al
" Perú los diez millones de pesos es" tipulados en el Tratado de Paz".
Seveen~nœsqueunao~n~nb~n
autorizada viene a confirmar la tesis
del Gobierno en orden a que la celebración del plebiscito no es jurídicamente condición sine qua non para el
cumplimiento del Tratado.
El H. Senador por Valdivia, don
Eliodoro Yáñez, en un estudio publicado por él y destinado al Instituto
Popular de Conferencias de Buenos
Aires, sobre la Sociedad de las Naciones Latino-Americanas, ha dicho lo
siguiente, refiriéndose a la cuestión de
Tacna y Arica:
"Ella ha permanecido
insoluble
mientras ha sido planteado en el terreno de las tesis jurídicas que se aferran a la clásula, a la palabra, a la
"
"
"
"
.,
"
"
"
"
BANCO DE LA REPUBLICA
8lBLlOTECA LUIS - ANGEL ARANGO
CATALOGAClON
- 102 -
letra del Tratado para encontrar én
sus términos ambiguos o imprecisos
un antecedente de argumentación [orense, y ha [altado la apreciación serena y concurrente del texto y del
espíritu general del Pacto, de los intereses' en juego y de la situa.ciÓ'ncreada
ante el sentido histórico de los hechos
consumados que son base [undarnental
de un estado de cosas respetable".
Como ve el Honorable Senado, el H.
Senador por Valdivia, lejos de ampliar
su criterio para la solución del problema, ha querido restringirIo en presencia de los acuerdos de Wáshington,
aferrándose a las palabras, aferrándose a la letra de un Tratado, cuya
interpretación racional no es la que
S. S. pretende darle en estos momentos, si bien parece que es la que S. S.
condenaba con tanta verdad en las
palabras que ac~bo de leer'.
El señor YANEZ.Precisamente
es lo que he estado diciendo en este
debate: que se ha olvidado la situación creada, que se han olvidado los
hechos consumados, como dice la cita
que su señoría acaba de leer, y como
aparecerá si toma Su Señoría el sentido verdadero de las opiniones que
siempre he manifestado.
El señor BARROS J ARPA (Ministro
de Relaciones Exteriores). Su señoría
va a tener que rectificar varias de las
citas que voy a hacer en un momento
- 103 -
más de algunos párrafos del estudio a
que acabo de aludir.
No se si cometeré una ndis creción
al citar aquí una opinión urí dica de
mucha importancia para demostrar
que al someter a arbitraje la cuestión
de si el plebiscito procede o no, el
Gobierno se había mantenido dentro
de su propósito de daI· exacto cumplimiento al Tratado de Ancón.
El H. Senador por Valparaí5lo, señor
Rivera que tuvo la amabilidad de imponerse en el momento oportuno de
la proposición del Secretario de Estado
americano, Mr. Hughes, que comprendía el sometimiento a arbitraje
de esta cuestión, no disimuló en ningún instante su aceptación amplia a
estas ideas y, aun más, recuerdo haber
visto escritas las opiniones del H. Senadar, en las cuales se hacía cargo de
este aspecto de la cuestión y demostraba con la claridad y la elocuencia
que lo caracterizan,
que declarado
improcedente el plebiscito, el Tratado
de Ancón se cumplía en todas sus
partes.
Decir, por otra parte, que el artículo tercero del Tratado de Ancón desaparece por el hecho de someterse a
arbitraje si el plebiscito procede o no,
es prescindir de los otros elementos
jurídicos contenidos en dicho artículo,
que son mucho más importantes que el
plebiscito, porque son la entrega del
territorio de Tacna y Arica a la legis-
-- 104 --
lación y a las autoridades chilenas y
a la indemnización de 10 millones de
soles que habría que pagar si esos
territorios quedaran definitivamente
anexados a Chile.
He dicho en algún momento que me
parece ver restringido el criterio con
que el H. Senador por Valdivia ha
apreciado la manera de solucionar el
problema de Tacna y Arica en presencia de los acuerdos de Wáshington.
En efecto, en los párrafos 5. o y 6."
de un memorándum sobre la cuestión
de Tacna y Arica, redactado por Su
Señoría en Wáshington en el mes de
Abril de 1919, encuentro las ideas
muchos más amplias que las que Su
Señoría patrocina en estos momentos
para la liquidación del problema.
Habla allí Su Señoría de que hay
conven'iencia en no postergar la solución de la cuestión pendiente con el
Perú. Hoy parece que Su Señoría no
c~eyera con igual fe en esa convenienCIa.
Habla Su Señoría, además, de la
necesidad de que uno o más gobiernoí$
amigos ejerzan una discreta influencia
sobre Chile y el Perú para obtener que
se produzca un ácuerdo sobre las bases
plebiscitarias. Hoy parece que Su Señoría rechazara esas influencias, aun
-
105 -.
cuando fueran extraordinariamente
discretas.
Agrega el H. Senador por Valdivia
en dicho memorándum.
"El Perú ha rechazado toda fórmula
" de arreglo directo que, prescindien" do del plebiscito buscara soluciones
" de hecho en el terreno, consultando los
" intereses permanentes de los países
" del Pacífico, y Chile no ha insistido
" en ellas por no aparecer apartándo" se del cumplimiento del Tratado de
" Ancón que él respeta'y tiene interés
" en hacer respetar".
"Pero, sea que se aceptara esta ma" nel'Œ de pone}' tél'mino a esta vieja
" clwstión clel Pacífico, sea que se re" clllTiera a la celebración del plebis" cito sobre las bases indicadas, con" sidera el Gobierno de Chile, muy
" conveniente extender las negocia" ciones, entre otros, a los siguientes
" puntos, etc".
De modo que, a juicio de Su Señoría
hay soluciones aceptables que no son
el plebiscito, lo que parece no estar
de acuerdo con la devoción manife3tada p')r Su Señoría, en sus últimos
disCllt'.503en favor del plebiscito, como
única forma de solución del pr,)blema.
En la p:lrte qU2 principalmente me
encuentro en perfecta conformidad de
ideas con el Honorable Senador, es en
aquella en que Su Señoría quiso describir la importancia de los territorios
- 106 -
de Tacna y Arica para Ia defensa de
nuestras rIquezas salitrales.
No ha atribuído en otros tiempos Su
Señoría esta misma importancia a esos
territorios. De éIlos pensaba Su Señoría
antes, ceder una faja en el extremo
Norte del país para que sirviera a
Bolivia para construír un ferrocarril
propio y un buen puerto en la costa.
En otra parte de su Memorándum,
Su Señoría proclama el interés propio
de Bolivia en la determinación de la
nacionalidad definitiva de Tacna y
Arica. Ayer no más oíamos, sin embargo, a Su Señoría hablar en otros
términos de nuestras relaciones con
Bolivia y dar al Tratado de 1904 el
carácter de un convenio definitivo.
La negociación ultimada en Wáshington el 21 de Julio, tiene la virtud
de estar concebida sobre la base de
expectativas bien visibles de incorporación total de los territorios de Tacna
y Arica al organismo geográfico de la
República.
No figura en las posibilidades del arbitraje concertado en Wáshington la
parHción del territorio; ni siquiera admitimos un concepto extraño al Tratado, que el Honorable Senador por
Valdivia aparece propiciando y que,
a mi entender, está destinado a producir la partija sin pactarla.
En efecto, ha dicho Su Señoría en
su memorándum, tantas veces citado:
"Chile sostiene, además, que, aten-
- 107 -
" dida la base principal de población
" radicada en las provincias de Tacna
" y Arica, las distancias que separan
" a estas ciudades, únicos centros de
" población civilizada allí existentes,
" y la situación creada en ese territo" rio por el transcurso de los años, debe
" hacerse unavotacián en cada pro"vincia, a fin de que los propios ha,. bitantes de cada una de ellas deter" mine su nacionalidad y evitar así
" que una pequeña mayoría de votos
" en una de las provincias imponga a
" la otra una nacionalidad contraria
" a la opim"ón manifestada por sus
" habitantes.
"Dentro del concepto chil€no esta
" forma de votación es la más justa
" y se conforma al principio de Ias
" nacionalidades que el Tratado de
" 1\.ncÓnconsagró al establecer la cláu" sula plebiscitaria".
El señor CLARO SOLAR (Presidente).-Habiendo
llegado la hora, quedará Su Señoría con la palabra para
la sesión próxima.
- 108 -
Sesión ordinaria (>n3 de Agosto
de 1922
El señor CLARO SOLAR <Presidente).-Continúa
la sesión.
Puede seguir usando de la palabra
el señor Ministro de Relaciones ExterIOres.
El señor BARROS J ARPA (Ministro
de Relaciones Exteriores).-Terminaba mis observaciones en la sesión de
ayer, señor Presidente, con una cita
tomada de un libro escrito por el Honorable Senador por Valdivia señor
y áñez, en el cual Su Señoría sostenía
que el plebiscito que debe verificarse
en los departamentos
de Tacna y
Arica debe ser un plebiscito dividido,
para el efecto de que la mayoría en
un departamento no influyera en la
nacionalidad que quieran darle al otro
sus habitantes.
Sostuve, señor Presidente, que esto
era la partija, sin pactarla y en este
punto me sorprendió la hora y el término de la sesión.
Continúo, pues, mis observaciones,
señor Presidente.
El Tratado de Ancón, de cuya integridad se ha hecho el Honorable Sena-
- 109 -
dor por Valdivia el más ferviente
defensor en su último discurso, establece un sólo plebiscito y una sola indemnización para el caso de decidir la
soberanía de esos territorios.
El Gobierno actual, en cuyas miras
la partición del territorio no ha figurado, cree que no es aceptable el sistema
propuesto por el señor Yáñez, precisamente porque podría llevar a la división de un todo armónico, que se
complementa en sus necesidades en
forma perfecta y respecto del cual las
divisiones que se han propuesto son
simples elucubraciones teóricas elabol'adas en el secreto de los Gabinetes,
con desconocimiento más o menos radical del terreno que con ánimo tan
ligero se pretende partir.
Los negociadores del Tratado de
Ancón conocían esos territorios y sabían que ellos no podían ser divididos
sin grave peligro para la paz de la
América y para la propia vida económica de esos territorios. Por eso pactaron condiciones que abarcaban por
igual y en un mismo destino definitivo
a Tacna y Arica.
Ya que el Honorable Senador por
Valdivia se detuvo tanto en las declaraciones que el Gobierno había tenido
oportunidad de formular en presencia
de este problema, el Honorable Senado me tendrá que perdonar que yo
me detenga, por mi parte, en las
declaraciones que Su Señoría ha hecho
- 110 -
y que discrepan en términos funda·
mentales de las que hemos oído en el
curso de los últimos días.
En varias oportun'idades se ha sostenido en esta misma Cámara qu.e Su
Señoría propicia como solución del
problema de Tacna y Arica la partición del territorio. Yo no voy a entrar
a ese terreno, pero puedo a.firmar que
hay más antecedentes para hace?' semejante cargo a Su SeñOTía que para
sostener en estos momentos que los
acuerdos de W áshington comprometen
los intereses nacionales.
Se ha citado como argumentos para
demostrar que el propio Gobierno de
Chile entiende que la proposición
peruana de someter al arbitraje si el
plebiscito procede o no, se sale del
Tratado de Ancón, declaraciones formuladas tanto por los delegados Srs.
Aldunate e Izquierdo en las deliberaCione~ d~ Wáshington, com.o por la
CancIllerIa en SantIago, mamfestando
que la fórmula peruana del 27 de Mayo pretendía prescindir de la cláusula
tercera del Tratado de Ancón; pero,
para argumentar así, se ha necesItado
olvidar que la fórmula de 27 de Mayo,
no sólo contenía la cuestión de si el
plebiscito procedía o no sino que contenía además un compromiso para
entregar a un árbitro la disposición de
los territorios para el caso en que se
declarase que la consulta popular ya no
era procedente.
- III -
No se puede juzgar así esta cuestión.
Las declaraciones formuladas por la
Cancillería en frente de la fórmula de
27 de Mayo deben aplicarse a esa
fórmula en su totalidad, especialmente en ese factor importantísimo que,
prescindiendo del Ti'atado en absoluto, entregaba aun tercero la determinación de la nacionalidad definitiva de
aquellos territorios.
La forma enérgica con que fué rechazada en Chile la proposición peruana citada, obedece pr'mcipalmente a
esta última parte que ha sido eliminada, como todos lo saben, en el acuerdo
final ..
Aplicar conceptos que se destinaron
al juicio de la fórmula de 27 de Mayo
a los términos del acta complementaria, no es justo; porque mientras en
ésta se conserva el espíritu del Tratado, en aquélla se entra derechamente
a prescindir del Tratado.
¿E~ lo 'mismo, acaso, declarada la
imp¡'ocellencia del plebiscito, entregar
a un árbitro la disposición del territorio, que respl·tar ampliamente la soberanía chilena, declarándose en frn'nw
expresa que no estará el árb'Ît"o ni
siquiera facultado para alterar en
forma alguna la organización administrativa que tenemos imperando allí?
y o creo que esta es una diferencia
fundamental,
es la diferencia que
existe entre estimar que el plebiscito
-
112 -
es toda la cláusula tercera, a estimar
que el plebiscito es un detalle de la
cláusula tercera que no altera los derechos creados por ella en beneficio de
nuestro país ..
Creo haber demostrado hasta aquí
que las declaraciones formuladas por
el Gobierno de Chile en orden a que
llevaría las negociaciones hacia el cumplimiento exacto del Tratado de Ancón, se encuentran
perfectamente
abonadas por una tesis jurídica bien
respetable; por todos los antecedentes
de la negociación en debate y por el
claro interés de nuestro país, en el
sentido de no restringir el alcance de
una amplia disposición contractual,
hasta reducirla al advenimiento de
una simple condición limitativa del
derecho de dominio que esa disposición
otorgaba a Chile respecto del territorio de Tacna y Arica.
Podrá entonces existir una diferencia de criterio sobre la forma de cumplir exactamente el Tratado de Ancón;
podrán algunos creer que para cumplir
ese convenio internacional estamos
amarrados a un plebiscito; no creo que
esa sea la tesis más favorable para el
país. Pero no hay por qué sostener que
prescinden del cumplimiento de ese
Tratado los que, mirando las cosas
con mayor amplitud y con mayor provecho para el interés nacional, tratan
de establecer que, aún sin ve·rificarse
el plebiscito, subsisten en nuestro favor
-
113 -
todos los d(~rechos, y todas las garantías
que el Tratado de Ancón nos concede
claramente.
En este punto deseo hacer una referencia al acta leída en la primera hora
de la presente sesión, y llamar la atención del Honorable Senado a que dicha
acta, que relata una sesión privada
que se celebró con fecha 13 de Junio,
ha venido a se~ suscrita por los señores Senadores sólo en los últimos días
de Julio y aun en Agosto.
En esa acta muchos señores Senadores y el Ministro que habla han dejado
testImonio expreso del propósito chileno,--lo llamaré así--no propósito
del Gobierno ni del Senado.--de ir al
cumplimiento estricto del Tratado de
Ancon.
Pero el13 de Junio no era conocida
en Chile la fórmula Hughes. Aquella
fórmula llegó a los diarios tan pronto
como fué propuesta y los señores Senadores no pueden sostener que no
conocieron las negociaciones sobre la
base que he indicado.
Muchos de los señores senadores
que me escuchan no pueden sostener
que esa fórmula importaba salirse del
Tratado de Ancón, porque ella estuvo
en sus mano~, en la Presidencia de la
República, o en mi despacho de Ministro, cuando Ss. Ss. revisaban los telegramas respectivos.
Sólo ahora han venido a salir las
críticas a esa fórmula; sólo ahora se
¡.¡
-
114 -
dice que contraría los términos del
Tratado de Ancón!!
De manera que, rectificándome en
una parte de lo que dije en primera
hora, afirmo en este momento que
muchos señores Senadores comparten
con el Ministro que habla la responsabilidad de haber violado el Tratado de Ancón, si es que tal violación
absolutamente desprovista de fundamento, pudiera seguir.::;einvocando.
En la buena compañía del Secretario de Estado Americano, en la buena
compañía de los señores Aldunate So··
lar e Izquierdo, en la buenacompañíŒ
de toda una documentación ya bien
conocida por el Senado, yo sostengo ha]!
con lCf¡misma fe y la m~sma confianza
de los primeroB momentos que el arreglo de Wáshington er·dá dirigido al
cumplimiento exacto del Tratado de
Aneón.
Ahora, señor Presidente, quiero entrar a ocuparme en otro concepto muy
socorrrido en el curso de estas debates, que consiste en afirmar que el Gobierno de Chile ha quebrantado la política tradicional en orden a rehusar
sistemáticamente el arbitraje y en ilSpecial el arbitraje sobre las condiciones
en que debe verificarse el plebiscito.
Cuando en su nota de 18 de Diciembre el Canciller Peruano, señor Salomón, respondía a la invitación del Gobierno de Chile para celebrar el plebiscito y proponía la concertadón de
-
115 -
un arbitraje para resolver las dificultades pendientes, comprendimos que
había llegado el momento de pronunciarse acerca de si era aceptable el
arbitraje para la única cuestión pendiente que teníamos con el Perú, es
decir, para la fijación de las cláusulas
pleoiscitarias.
Se invitó, entonces, a una reunión a
los miembros de las Comisiones de Relaciones de amoas Cámaras ya los jefes de partidos políticos y en esa reunión el Gobierno fué autorizado para
manifestar que no reuiría el arbitraje
sobre la concertaeión de las formalidades plebiscitarias.
Se ha hecho a mi entender una confusión lamentable entre la lucha sostenida por nuestro país en contra del
arbitraje obligatorio en los diversos
Congresos Internacionales y la aceptación de este arbitraje pal'ticntar,
(~onC}'etoJI voluntario
para la fijación
de las cláusulas plebiscitarias.
Era natural que rechazáramos la
suscrición de un pacto que sometía a
arbitraje todas las cuestiones que pudieran surjir en el futuro, antes de
concretarse esas cuestiones y antes dL'
saber el carácter que ellas habrían de
revestir; pero nunca hemos rehusado
por sistema el arbitraje para una cuestión concreta, de contornos perfectamente definidos, que resiste, a pesar
de todos los esfuerzos, a un acuerdo
directo entre las partes interesadas.
-
116 -
Recordar las resistencias al arbitraje obligatorio y compulsivo como
principio determinante de las relaciones entre los pueblos, en presencia de
la solicitación del arbitraje de los Estados Unidos para una cuestión especialmente precisada en el Protocolo, es
confundir lamentablemente los términos de dos problemas absolutamente
distintos.
Por lo demás antes que esta Administración, la Administración pasada
había aceptado un principio de arbitraje amplio, sin restricciones, del que
no podemos prescindir, yen frente del
cual yo me habría explicado la rememoración de los hechos que se han
traído al debate con motivo de la discusión del protocolo de Wáshington.
En efecto,-los artículos 12 y 13 del
Pacto de la Liga de las Naciones establecen lo siguiente:
"Art. 12.-Los miembros de la Li"ga convienen, para el caso de surjir
"entre ellos cualquier desacuerdo ca"paz de conducir a una ruptura, en so·
"meter el asunto al arbitraje o al estu"dio del Consejo, y en no recurrir a la
••guerra en ningún caso sino despúes de
•'tres meses, a contar del fallo del árbi"tro o del dictamen del Consejo.
"En todos los casos a que se refiere
"este artículo, el fallo de los árbitros
"deberá ser expedido dentro de un pla"zo razonable y el dictamen del Consejo
"se expenderá dentro de los seis meses
-
117 -
"siguientes a la comunicación de la
,. divergencia .
.,Art. 13. -Siempre que surja entre
"los miembros de la Liga una diver"gencia susceptible, a juicio de los mis"mas, Je una solución arbitral, y ésta
"no pueda ser salvada en forma satis"factoria por la vía diplomática, di"chos miembrus se comprometen a so"nwter toda la cuestión al arbitraje:
"Se declara que las divergencias
"referente.'; a la interpretacirín de un
"Tratado, a cualquier materia de de"recho internacional, a la verificación
"de cualquier hecho-que en caso de
"comprobarse-podría
constituir una
"violación de algún compromiso inter"nacional, a la extensión y naturaleza
"de la reparación que debe darse por
"cualquiera violación de esa clase, fi"guran entre aquellos Que en general
"son susceptibles de arbritrajes.
"Será Corte de Arbitraje para co"nacer de la causa la convenida por
"las partes o la estipulada en anterio"res convenciones.
"Los miembros de la Liga se com"prometen a cumplir con toda buena
"fe los fallos que se expidan y a no
,'recurrir a la guerra contra algún
"miembro de la Liga que cumpla con
"ellos. Si no se diese ejecución al fa"Ha, el Consejo propondrá las medidas
"que deben asegurar
su cumpli"miento. "
Después de establecido estos princi-
- 118 -
pios parece bien difícil que se pretenda
hacer cargos a la administración actual
por haber concertado un arbitraje eligiendo voluntariamente el árbitro y
concretando en términos precisos la
cuestión que a este debe serIe sometida!
La invitación americana de 18 de
Enero estaba fundada claramente en
dos hechos fundamentales. El primero
era el respeto al Tratado y el segundo
la voluntad manifestada por las dos
pal'te.~ de recurrir al arbitraJoe para
resolver las dificultades
derivadas de
las cláusulas no cumplidas de dicho
Tratado.
La invitación americana, pues, aceptada sin condiciones por los dos países,
fué un compromiso de arbitraje para
saber sobre qué bases habría de verificarse el plebii::cito.
Tengo que deplorar. señor Presidente, que, lejos de haberse manifestado en ese entonces oposición alguna,
ni pública ni privadamente a la actitud
del Gobierno; que, lejos de haber merecido el envío de la Delegación a
Wáshington objeciones de ninguna
clase, como las que ahora se formulan,
se nos hubiera hecho llegar por todos
los medios en aquella oportunidad las
manifestaciones más explícitas de con·
gratulación por la forma en que SE
iban conduciendo las negociaciones.
En un libro en que he reunido los
documentos de esta gestión diplomá-
-
119 -
tica, he tenido el gusto de incluir editoriales de los tres grandes diarios de
Santiago, en los cuales estos voceros
de la opinión se congratulan en términos efusivos por la aceptación de la
invitación americana.
"Ha hecho bien el Gobierno de Chi"le - dice La Àación-en
apresurarse
"a manifestar que aceptará sin tar"dam;:;a la invitación que se le dirija;
"ella coincide con sus anhelos en esta
"materia y pondrá, sin duda, de su
"parte, todo el empeño que sea me"nester para alcanzar un éxito satis"factorio para la paz en las negocia"ciones de Wáshington".
No puedo yo hacer la ofensa a los
hombres públicos de este país, a quienes el pueblo ha confiado la fiscalización de los actos del Gobierno, de pensar que no hayan reparado entonces en
que la invitación americana llevaba
envuelto un compromiso de arbitraje.
Pero, la verdad es, señor Presidente, que pasó el tiempo y nunca oímos
observaciones en contra del Gobierno
por el hecho de declarar su propósito
de someter a arbitraje la fijación de
las condiciones del plebiscito.
Ahí están, para que no me dejen
mentir, las cuatro fórmulas chilenas
de 27 de Mayo, girando todas en torno,
directa o indirectamente, de este principio: el arbitraje sobre las cláusulas
plebiscitarias.
120 --
"1.C La negociación HuneeuR- Vale"ni;
"2. o La contra-proposición presen"tada por el señor Porras, como Mi·
"'nistro de Relaciones Exteriores del
"Perú, a la Legación de Chile en Lima
"con fecha 5 de Noviembre de 1909.
"conjuntamente con las modificaciones
"que propongan los delegados de
"Chile' ,
"3. Someter desde luego a arbitra'lie todas las condiciones plebiscitarias
"sobre las cuales no haya habido
"acuerdo anteriormente entre los dos
"Gobiernos, o sobre los cuajes haya
"habido acuerdos contradictorios;
"4. () Entrar a discutirIas bases ple"biscitarias sin referencia a ninguna
"de las negociaciones anteriores, sofi
"metiendo
las divergencias a arbi-
"traje" .
No tuvo, señor Presidente, el Gobierno, entonces la suerte de oír opiniones contrarias a este paso gubernativo.
Más tarde, el 7 de Junio, el Gobierno proponía la siguiente fórmula:
"Coincidiendo con el propósito ma"nifestado por la Delegación peruana
"en orden a "buscar la manera de dar
"cumplimiento al artículo tercero del
"Tratado de Ancón" y considerando
"que la proposición primera de su fór"mula sujeta al evento de una elimi"nación del principio jurídico de con"sulta a la voluntad de los habitantes
-
121 -
"de Tacna y Arica para resolver sobre
"la soberanía definitiva de esos terri"torios. en circunstancia en que esa
"consulta está impuesta por el derecho
"universal y convenida en un Tratado
"cnya vigencia y respeto integrales
"fueron la base de la invitación ame"ricana, el Gobierno de Chile acepta
"la tercera proposición de la fórmula
"peruana, y propone al Gobierno de
"Estados Unidos para que fije la.forma
"en que debe hacerse la consulta ple-
"biscitaria" .
Tampoco tuvimos la suerte de oír
impugnaciones sobre el arbitraje de
las cláusulas plebiscitarias.
Yo me he quedado un poco sorprendido, señor Presidente, al oír de boca
del H. Senador por Valdivia tantas y
tantas limitaciones con que S. S. aceptaría hoy el arbitraje.
Hablando el señor Yáñez en su citado memorándum sobre la Sociedad de
las Naciones Latino Americanas, de
la fórmula Bryan y del plan \Vilson, a
los cuales discierne sus mejores aplausos, dice:
"Este concepto, sin duda, llevó a
"Bryan a la idea del establecimiento
"de comisiones de investigación, en"cargadas de estudiar los conflictos
"internacionales,
de apaciguar
las
"pasiones, casi siempre irreflexivas
"que ellos levantan y de restablecer
"la cordialidad, que es el camino se-
- 12~-
"guro de llegar al arreglo directo o al
, 'arbitraje.
"No se ha hecho una publicación
"oficial de las bases propuestas, ni de
"las gestiones practicadas ante los
,: Gobiernos de América para obtener
"su aceptación. Pero, las declaraciones
"hechas en Wáshington por el propio
"Presidente y por el Secretario de
"Estado,
señor Lansing, permiten
"juzgarIo con suficiente exactitud. SE
"busca sencillamente en él la solución
"definitiva de todas las cuestiones dE'
"límites o territoriales pendientes er:
"América y el arreglo de las dificulta··
"des posteriores por medio drl proce ..
"dirniento de investigación y de arbi··
"traje, para establecer, así, sobre
"bases s9lidas, la mútua garantía d(~
"integridad
territorial y de indepen··
"dencia política de las naciones de
"América, baio la forma republicana
"de Gobiernor,.
Parece que entonces el arbitraje era
tenido como menos peligroso por
S. S.
No tienen, a mi juicio, razón los
impugnadores
del protocolo cuando
sostienen en estos momentos que no
debe pactarse el arbitraje sobre las
cláusulas plebiscitarias.
He demostrado que han podido
han debido detener la acción gubernativa, que en este punto era absolutamente pública, antes de que se hubie-
- 123 -
ran firmaùo los acuerdos de Wáshington.
Por otra parte, señor Presidente,
cuando hay plena confianza en los
derechos y en la posición de un país,
el arbitraje no es una amenaza para
nadie.
Recuerdo a este respecto un iI,1forme
con indicaciones muy interesantes que
pasó al Gobierno de Chile su Ministro
en Francia en el año pasado, el distinguido hombre público don Maximiliano Ibáñez.
Se ha citado ese informe un poco
misteriosamente, y yo puedo afirmar
aquí que en él el señor Ibáñez recomienda exactamente la política que ha
seguido el Gobierno; el sometimiento
a arbitraje de las cláusulas plebiscitarias cumplidos ciertos requisitos que
el Gobierno considera cumplidos.
El plebiscito se hará sobre las bases
que fije el árbitro. Nadie discute que
la fórmula acordada en Wáshington
traerá como resultado el plebiscito.
Tengo a la mano un editorial de "La
Nación" del lO de Julio, muy interesante, muy erudito, en el cual se pueden leer frases como éstas: "Hemos
creído siempre que por un camino o
por otro el plebiscito es ineludible".
De manera que estamos discurriendo sobre la base de que con unas o
con otras palabras, el acuerdo de
Wáshington significa el advenimiento
del plebiscito.
- 124·-
Si se examina con serenidad el
acuerdo de Wáshington, tiene que llegarse invariablemente a esta conclusión. Este acuerdo no significa· otra
cosa que el sometimiento a arbitraje
de las condiciones del plebiscito, porque en uno de los artIculas· del acta
complementaria se establece que si se
declara procedente el plebiscito, el árbitro fijará las condiciones en que deba
realizarse. Ahora bien, declarado improcedente el plebiscito, ¿qué hará el
árbitro? N o hará nada. La declaración
de improcedencia del plebiscito pone
inmediatamente, ipso jure, por decir
aSÍ, fin a su misión.
¿Cuál es, entonces, la labor del
árbitro? Exclusivamente fijar las condiciones del plebiscito.
Más aún, señor Presidente, se ha
insertado en el acta complementaria,
a exigencias de la Delegación Chilena,
una limitación especial de las facultades del árbitro. Los Delegados del
Perú resistieron enérgicamente esta
limitación, y fué la Delegación de Chile
la que, después de tres o cuatro días
de lucha, logró poner una fórmula que
limitara expresamente esas facultades.
Este ha sido nuestro punto de vista
fundamental.
Declarada la improcedencia del plebiscito, ¿perderíamos nuestros deretras sobre los territorios de Tacna y
Arica?
- 125 -
No, señor Presidente. Declarada la
improcedencia del plebiscito, quedarán
intactos nuestros derechos sobre ellos
y no sufrirá en nada nuestra soberanía; pues, según los términos del
Protocolo, el árbitro no podrá alterar la
situación actual, ni siquiera mover al
último empleado de la Aduana de
Arica, puesto allí por las leyes y las
autoridades chilenas!
Se alarma vivamente a la opinión
pública, con argumentos como éste:
•'según sean las bases que fije el
árbitro, para el plebiscito, ganaremos
o nó .. "
El plebiscito es una institución de
Derecho; no es una cosa informe suceptible de tomar los contornos que a
Lina persona se le ocurra darle en un
momento dado.
El plebiscito tiene, puede decirse,
forma en el Derecho positivo de las
.naciones. No es una cosa extraterrena ... !
Un GobiernQ consciente ha tenido
perfecto derecho para calcular el plebiscito sobre todas las bases posibles
incorporadas a la letra del Derecho
Internacional, no sólo en los libros,
sino en los Tratados y en todas las
fuentes del Derecho. Sobre esas bases hay que discurrir. Lo demás es
hacer argumentaciones para públicos
gruesos.
Llamo la atención a que el acta complementaria somete al árbitro si el
-
126 -
plebiscito es procedente en las "circunstancias actuales". Se alarma a la
opinión pública sin embargo, afirmándole que el árbitro puede decir que el
plebiscito es procedente, pero que es
necesario atenerse á circunstancias
pasadas. E3to no está en el arbitraje.
O dice el árbitro que es procedente el
plebiscito "en las circunstancias ac~
tuales", o dice que es improcedente.
La primera posición es nuestra tesis;
la segunda no amaga nuestros actuales derechos.
Muchas informaciones pesimistas se
dan sobre la circunstancia de que podemos perder el plebiscito, ¿pero quién
da esas informaciones? ¿Se trata de
personajes que hayan vivido por allá,
que hayan viajado al interior de esa~
regiones, que hayan hecho cálculos o
que estén en posesión de otros antecedentes parecidos a aquellos de que
dispone el Gobierno?
Nó, señor Presidente: se trata de
simples conjeturas, de simples pensamientos que nada valen ante la afirmación positiva del Gobierno acerca
de que tiene plena confianza de que la
voluntad de los habitantes de aquellas
provincias reflejará la gratitud que
ellos deben a nuestro país.
Yo no puedo aceptar que la afirma
ción de personas que, con inquietud
patriótica, seguramente, se creen autorizadas para dar opiniones pesimistas, prime sobre hechos concretos, de
- 127 -
carácter positivo, en los cualLs se ha
basado y se base la acción diplomática
del Gobierno.
El señor CLARO SOLAR (Presidente).--Como ha llegado la hora, quedará
el honorable Ministro con la palabra
para la sesión próxima.
~esiÚu Ol'(liual'ia ('U 411(' Agosto
dI' lD22
El señor CLARO SOLAR (Presidente). --Continúa la sesión.
Puede seguir usando de la palabra
el señor Ministro de Relaciones ExterIores.
El señor BARROS J ARPA (Ministro de Relaciones Exteriores).- Terminaba mi discurso de ayer, señor
Presidente, llamando la atención del
Honorable Senado hacia la forma en
que algunos impugnadores del acuerdo tratan de alarmar a la opinión
pública del país, hat.:iéndole creer que
el plebiscito es una contingencia incierta, de probabilidades muy remotas, y
que importa. en cierto modo, un golpe
de suerte, una especie de juego de
azar en los destinos de la República.
Puede tener una explicación esta
inquietud de algunos de nuestros
hombres públicos que vienen figurando en la política desde hace muchos
-128-
años. Directa o indirectamente,
ellos
han intervenido en el manejo de las
relaciones exteriores de este país y
creerán. saber que se ha descuidado
sobre manera el deber patriótico impuesto a los gobernantes de Chile por
el Tratado de Ancón, de realizar en el
más breve transcurso del tiempo la
acción nacionalizadora necesaria en
Tacna y Arica para que la consulta
popular nos sea ampliamente favorable.
Sus Señorías tendrían hoy dudas,
por haber vivido todo el tiempo de la
política chilena en que puede no haberse cumplido con el deber de producir
la nacionalización definitiva de aquellos
territorios, y Sus Señorías tienen derecho para defenderse de esa responsabilidad, si ella les incumbe, condenada
en términos tan enérgicos por don Luis
Aldunate en su libro sobre los Tratados del 83, cuando decía:
"No imaginaron por un sólo instante los negociadores chilenos que sus
esfuerzos habrían de esterilizarse ante
la actitud de absoluta pasividad de las
distintas administraciones que se han
sucedido en el Gobierno de la República, en presencia del problema de Tacna
y Arica".
Comprendo, pues, señor Presidente,
que entre otra de las impugnaciones
al acuerdo de Wáshington se haga la
de que yo no he vivido la historia
diplomática de este país. Pero permí-
- "129 -
taseme la inmodestia de decir que en
la cuestión del problema de Tacna y
Arica, prefiero con mucho no haber
vivido la historia diplomática que otros
han vivido ... !
Hemos ido con la plen:]. conciencia
de nuestros derechos a pedir a un
árbitro que fije las condiciones serias
y honorables en que Ia consulta popular debe realizarse. No es, entonces,
ni siquiera respetable el argumento
que se hace en el sentido ne que no
hemos debido pactar este arbitraje,
porque bien puede ocurrir que la
voluntad se manifieste en terminas
contrarios a nuestro país.
Según esto, todafórmula de justicia,
reconocida yace ptada en el trato de
los pueblos libres, sería indigna de
aceptación, porque en ellas hay siempre una eventualidad que temer, ya
que de otra manera no habría litigio
ni habría cuestión. Según esta doctrina no de bimos haber nunca pactado
ningún arbitraje en la historia diplomática de Chile; ni ningún particular
debe jamás acudir a los tribunales en
demanda de la declaración de un derecho.
Pero se olvida, señor Presidente,
que hay una honestidad internacional,
así como hay una honestidad privada.
No seré yo, por cierto, el hombre
que recomiende para mi país la posición de un individuo que se encuentra
en perpetua fuga de los tribunales ...
-
130 ,-
Una persona respetable me decía
hace pocos días que todas las inpugnaciones al Protocolo las encontraba
baladíes y que lo único que esperaba
era que yo lo convenciera de que el
plebiscito iba a ganarse.
¡Cuánto he trabajado yo, señor Presidente, por llevar este convencimiento
a algunos hombres! Pero siempre me
encuentro con la opinión pesimista de
los políticos del pasado.
Tal vez Sus Señorías dicen: si nosotros no sabemos que se haya hecho
nada en este sentido; ¿cómo es posible que se vaya a ganar el plebiscito?
Pero no se necesitaba crear en Tacna y Arica artificialmente una población que fuese capaz de darnos el
triunfo en el plebiscito. Lo que. se
necesitaba era organizdr una administración e1Îciente, un orden de cosas
respetable que estableciese el interés
de todos los habitantes de aquella región para mantener la bandera chilena
fl.ameando sobre ella.
Renuncio, desde luego, a convencer
con datas perfectos a las personas qUE
deseen tomar un conocimiento exacto
de nuestra situación plebiscitaria en
Tacna y Arica. Comprendo que no
habría otro procedimiento para obtener este objeto que el de traer a Santiago a toda la población de aquellos
territorios. Yeso no se puede desgraciadamente hacer ...
Si Sus Señorías quieren aplicar la ab-
- 131 -
surda teoría de no concertar el plebiscito mientras no adquieran el convencimiento profundo de que el plebiscito
es nuestro triunfo, más vale que 1'e-·
nuncien inmediatamente a la solución
del problema.
Es bien curiosa esta nueva táctica
internacional que se recomienda calurosamente al Gobierno. Se parece a
aquella táctica de Luis XIV, que describe irónicamente Macaulay en los
siguientes términos:
"Porque como estuviera siempre
temerosa la majestad del gran Rey de
comprometer la magnificencia de su
oficio, nunca puso cerco a plaza fuerte
alguna sin que sus generales más
peritos le asegurasen de antemano
que tardaría poco en capitular y rendirse; y cuando se persuadía de que
así debía suceder, daba la vuelta del
teatro de los sucesos, y con peto y
espaldar y casco en la cabeza presidía
consejos de guerra en su tienda de
campaña, dictaba las cláusulas de la
capitulación, recibía las llaves, y después regresaba ufano a Vel'salles para
que le dijeran sus aduladores que
Turena fué vencido en Marienthal,
que Condé hubo de levantar el cerco
de Arras, y que el único general a
quien nadie hubiese vencido era Luis
El Grande."
No me tienta, señor Presidente, la
táctica de Luis XIV!
A los hombres que con la vista pues-
- 132 -
ta en su propia responsabilidad pierden el sueño porque el plebiscito puede
sernos desfavorable en Tacna y Arica,
les pregunto yo ¿por qué el Perú no
quiere ni oír hablar de plebiscito? ¿Por
qué todo su afán es situar la discusión
en otro terreno?
Es que el pesimismo de Sus Señorías no es correlativo de un optimismo
peruano; en cambio, el optimismo del
Gobierno es correlativo de un pesimismo peruano.
Para terminar este punto, deseo leer
unos párrafos de un trabajo que acaba
de concluir el Asesor del Ministerio de
Relaciones Exteriores en los asuntos
de Tacna y Arica, don Luis Arteaga,
en los que consigna su opinión personal, abonada por 14 años: de servicios
públicos, y vida en aquellos territorios, que demuestra la confianza de
los hombres conocedores de esta materia, en los resultados del plebiscito.
"Tenemos una fe profunda y razonable en que el plebiscito habrá de
favorecer las aspiraciones de Chile.
No hay recuerdo de que el país ocupante haya perdido un plebiscito en
que cifraba su interés."
.
"Las provincias de Tacna y Arica
han palpado los esfuerzos del Gobierno de Chile por llevar hasta ellas la
mayor suma de bienestar en todos los
órdenes de la civilización contemporánea; han disfrutado de to~as ~~s
seguridades -que nuestra leglslaclOll
-
138 -
proporciona, de todas las ventajas de
una~administración providente que se
ha singularizado en atenderIa. En
cambio, saben también, que el Perú
las había abandonado hasta el extremo
de ponerlas en el trance de apetecer
una soberanía extraña."
Por eso en el Perú no se quiere
hablar de plebiscito. Y si allí se aceptó
la fórmula que habrá de conducirnos a él, ello debe atribuirse a la eficacia insuperable que tuvo nuestra
iniciativa y a la necesidad urgente en
que el Perú se encuentra de conseguir
la colocación de un empréstito de cincuenta millones de dólares en Estados
Unidos, a fin de tonificar su anémico
régimen financiero."
.
"Factor decisivo para el éxito que
se persigue son ya, de hecho, los
cuantiosos intereses chilenos radicados
en aquella provincia, por los capitales
extranjeros que en gran suma allí se
han nacionalizado, por las industrias
florecientes que allí viven al amparo
de nuestra libertad, por el comercio
que prospera de día en día al abrigo
de nuestras leyes protectoras y por el
conglomerado social que se informa,
se impregna y palpita en la existencia
de nuestra propia nacionalidad."
"Mi permanencia durante catorce
años al frente de la Gobernación de
Arica me da títulos, basados en la
observación de visu para afirmar que
todo eso es verdad y carne de vida;
Il
-
134 -
para afirmar que la voluntad de aquellos territorios sueña con incúrporar
esas provincias al consorcio de sus
hermanos del Sur; para afirmar que
no podemos abrigar temores respecto
al resultado del plebiscito; para decir,
en una palabra, que seremos, o más
bien, que seguiremos siendo los únicos
y exclusivos soberanos de Tacna y
Arica, conservando así íntegramente
la herencia que nos legaron nuestros
héroes en el testamento inmortal escrito con su sangre generosa."
Creo haber demostrado que al aceptar el arbitraje sobre las cláusulas
plebiscitarias, hemos dado una demostración de nuestro sincero propósito de alcanzar un arreglo, de nuestra
plena confianza en la justicia que nos
asiste, y de la absoluta tranquilidad
con que aceptamos la resolución de un
árbitro ecuánime y prestigioso, como
el Presidente de los Estados Unidos
de América.
Creo haber demostrado
también
que, al pactar el arbitraje sobre las
cláusulas plebiscitarias, el Gobierno
ha obrado con perfecto conocimiento
del Parlamento, con la consulta expresa de las Comisiones de Relaciones
Exteriores de ambas Cámaras y con
la aceptación incondicional que este
punto de vista merece al Congreso
N acional y al país, desde el momento
en que comprometió ese arbitraje en
la nota de 20 de Diciembre al Gobier-
- 135 -
no del Perú; lo comprometió después
al aceptar la invitación americana y
nunca se levantó en el Congreso una
sola voz que impugnara la actitud del
Gobierno en este sentido.
Entro ahora, señor Presidente, a
ocuparme en otra de las impugnaciones fundamentales que se hacen a los
acuerdos de Wáshigton; en otra de las
im pugnaciones que más han merecido
la atención de los oradores que han
intervenido en este debate. Me refiero
a la concertación del compromiso para
solicitar, en el caso eventual de que
fuese declarado improcedente el plebiscito, y para negociadones posteriores, los buenos oficios de los Estados
Un idos.
Hagamos la historia de este asunto
para comprender en toda su importancia el carácter de esta prescripción del
arreglo de Wáshington.
La fórmula Hughes, en su versión
primera, contenía desde luego, el
punto -de someter al arbitraje si el
plebliscito procedía o no.
Para el caso negativo, de- que el
árbitro se pronunciase a favor de la
improcedencia, se determinaría libremente por las partes y en negociaciones posteriores, la disposición del
territorio. La cuestión, en estos instantes, y en relación con los buenos
- 136 -
oficios; la impugnación fundamental,
se puede concretar así: la fórmula
primera hablaba de negociaciones libres; la fórmula definitiva habla también de estas negociaciones libres,
pero concerta desde luego los buenos
oficios para el caso de que no se logre
obtener un acuerdo .
• No está de más decir, para los efectos"'de hacer más llevadero el madero
de las contradicciones que algunos
Honorables Senadores han querido
echar sobre mis hombros, que esta
fórmula Hughes en que se somete al
arbitraje la cuestión de si el plebiscito
procede o no, fué dada a conocer casi
tan pronto como fué recibida por el
Gobierno, a hombres bien respetables;
y el Gobierno tuvo la suerte de contar
con ~l apoyo caluroso, con la adhesión
cordial de todos ellos.
No puedo dejar de citar estos nombres, porque soy amigo de dejar las
cosas en su debida posición y porque
no tendría yo el derecho de no hacerlo,
desde el momento en que estoy cierto
de que los señores Senadores, dueños
en absoluto de sus opiniones, sabrán
explicar en el momento dado Il! causa
de su ~dhesión de entonces, de su
adhesión o de su rechazo actual para
el acuerdo de Wáshington.
S. E. el Presidente de la República,
comprendiendo la importancia que
tenía en el curso de estas negociaciones someter al arbitraje si el plebiscito
- 137 -
procede o no, y comprendiendo también que si esta fórmula no encontraba
acogida.en el Congreso, era fácil ob..
tener una salida que no nos expusiese
a contingencias desagradables para
más tarde, invitó a su despacho a varios señores Senadores y visitó a otros,
con el objeto de consultarias.
Recuerdo desde luego que una de
las person-as que se entrevistó con el
Excmo. señor Alessandri fué el Presidente del Senado, don Luis Claro
Solar; recuerdo también al señor Presidente de la Comisión de Relaciones
Exteriores, señor don Gonzalo Búlnes,
y a los señores miembros de la Comisión, don Alberto 'González Errázuriz,
don Silvestre Ochagavía y don Guillermo Rivera.
El señor BULNES.-Yo
desearía
que el señor Ministro dijera qué contesté a S. E. el Presidente de la República.
El señor BARROS JARPA (Ministro
de Relaciones Exteriores).-Su
Señoría contestó con la más calurosa aceptación.
El señor BULNES.-No,
señor.
El señor BARROS JARPA (Ministro
de Relaciones Exteriores).-Sí,. señor;
y recuerdo que en conferencia celebrada conmigo Su Señoría manifestó
sus preferencias porque el árbitro
declarara improcedente el plebiscito.
El señor BULNES.-Su
Señoría
sabe muy bien que yo no he sido nun-
-
138 -
ca partidario de un arbitraje amplio
sobre el plebiscito ..
El señor BARROS JARP A (Ministro
de Relaciones Exteriores).--Su
Señoría no ha sido partidario del plebiscito
y ha escrito sobre este punto palabras
que reproducen todos los escritores ptruanos con gran perjuicio para la defensa del país.
El señor BULNES.-Este
l)unto IÓ
exclareceré después. Yo revehré a la
Cámara el pensamiento que emití en
la Moneda. Desde que se planteó estt?
problema delante de treinta o más
personas, que fueron convocadas para
oír los detalles del giro de la negociación ya avanzada en ese momento,
manifesté al Presidente de la República, con todo el respeto que le debo,
que la negociación no me parecía bien,
porque conducía fatalmente al arbi·
traje.
Invoco sobre la exactitud de este
recuerdo a los señores Rivera, Enriqut!
Zañartu y González Errázuriz, que
asistieron a esa reunión y que me han
at;ltorizado para invocar su testimo ..
mo ..
El señor CLARO SOLAR (Presiden··
te).-Excúseme
el Honorable Senador
por Malleco; yo le ruego no interrumpa
al señor Ministro. El señor Ministro
está dando lectura a un discurso
meditado; Su Señoría lo r~ctificará en
la forma que crea conveniente y para
ello tendrá oportunidad.
- 139 -
El señor BARROS J ARPA (Ministro
de Relaciones Exteriores). - No es
exactamente
efectivo, señor Presidente, que esté dando lectura a mi
discurso, porque a estas alturas ya se
me han concluído los apuntes.
Se consultó además a los señores
Silva Cortés, Zañartu don Enrique y
don Héctor, Huneeus ...
El señor HUNEEUS.-A
mi turno
estableceré que no he sido consultado.
El señor CLARO SOLAR (Presidente).-Ruego
al Honorable Senador por
Santiago que no interrumpa al señor
Ministro.
El señor ZAÑARTU (don Enrique).
-y yo sigo siendo partidario de la
fórmula Hughe§.
El señor ZANARTU (don Héctor).
-y yo también.
El señor BARROS JARP A (Ministro
de Relaciones Exteriores).- Yo espero.
con mucha curiosidad las declaraciones
que los Honorables Senadores quieren
hacer; porq.ue ya que Sus Señorías no
me favorecIeron en el momento oportuno con una opinión para poner término a estas gestiones que Juzgan tan
peligrosas para el país, aun cuando ya,
sea tarde, siempre agradeceré
los
consejos que en la hora de la agonía
quieran darme los Honorables Senadores.
Después de la fórmula Hughes, no
he hecho declaraciones en el Senado,
d'e modo que el voto que ,se propuso
-
140 -
en la sesión de ayer se refiel'e a declaraciones hechas con anterioridad a la
fórmula Hughes, Ese voto se funda,
sin embargo, en que mis declaraciones
en orden a perseguir el exacto cumplimiento del Tratado de Ancón no
han sido consultadas en el arreglo
definitivo; es decir, ese voto afirma
que el arreglo definitiv0 va en contra
del Tratado de Ancón.
Pero yo me pregunto: cuando Sus
Señorías conocieron la fórmula Hughes, ¿por qué no llamaron la atención
sobre estas contradicciones? No cabe
a este respecto sino una disyuntiva: o
Sus Señorías no observaron contradicción alguna o a Sus Señorías ha venido
a preocuparles un poco a última hora
la integridad del Tratado de Ancón.
En fin, señor Presidente, mi ánimo
es referirme a los buenos oficios, y voy
a concretarme a estudiar el aspecto
jurídico de esta institución,
Después de propuesta y aceptada la
fórmula Hughes por el Gobierno de
Chile, fué propuesta al Gobierno del
Perú. Diecinueve días mediaron entre
esta proposición hecha por Mr. Hughes
al Presidente de la Delegación peruana
señor Porras y la respuesta de éste,
aceptándola.
En el curso de esta mediación tan
sostenida y tan intensa, el Presidente
de la Delegación peruana visitó muchas veces al Secretario de Estado con
el objeto de expresarle que el pens~-
-
141 -
miento de su Gobierno era favorable
a la fórmula en caso de que, si se
declarase improcedente el plebiscito,
los Estados Unidos, como árbitro,
resolverían la nacionalidad de los territorios.
El Secretario de Estado se negó a
transmitir esta fórmula al Gobierno
de Chile.
Debió seguirse con este motivo un
cambio de cablegramas entre el señor
Porras y su Gobierno, y en toda la
América, en Estados Unidos, en Lima,
en Santiago, en Buenos Aires, hubo
entonces la idea de que el Perú rechazaba la fórmula Hughes.
Pero en los últimos días de esta
época de meditación, se presentó el
,señor Porras a dar una respuesta, y
decl~ró que aceptaba la fórmula,
siempre que pudiera cerciorarse de
que Chile no rehuiría los buenos oficios
de los Estados Unidos si ellos incidían
en las negociaciones eventuales y posteriores.
El Secretario de Estado llamó a
nuestro Embajador y lo impuso de esa
respuesta.
Cuando el señor Mathieu nos dió
cuenta de esto, nos encontramos, señor Presidente, en presencia de una
institución que, como no hay muchas
en el Derecho Internacional está reglamentada por una legislación positiva,
que es una ley para Chile, que es una
ley para el Perú, así como también lo
-
142 .-
es para los Estados Unidos y que
consta en los artículos 3. o y 6. o de los
acuerdos tomados en la Convención
de La Haya, celebrada en 1899, y que
fué ratificada en el año 1907: lOB
buenos oficios.
Es de advertir que a la primera
Conferencia de La Haya no fueron
invitados los países suramericanos y
que, para poder concurrir a la segunda
Conferencia, fué necesario que prestaran previamente su aprobación a los
acuerdos por ella tomados acerca del
arreglo pacífico de los conflictos internacionales. Esos artículos dicen:
"Art. 3. u Independientemente
de
" ese recurso las potencias signatarias
" consideran de utilidad que una o
" varias potencias ajenas al conflicto
" ofrezcan, por su propia iniciativa,
"en
cuanto las circunstancias
se
" presten a ello, sus buenos oficios o
" su mediación a los Estados entre los
., cuales existe el conflicto.
"Las potencias ajenas. al conflicto
"tendrán
el derecho de ofrecer los
" buenos oficios o la mediación aun
" durante el curso de las hostilidades.
"El ejercicio de este de'recho no po" drá nunca ser considerado por nin"guna
de las partes contendientes
" como acto poco amistoso.
"Art. 6. o Los buenos oficios y la
" mediación, sean a petición de las
" pm'tes que se hallen en conflicto, sean
" por iniciativa de las potencias aienas
- 143 -
" a él, iendrán exclusivamente el ca" rácter de consejo y no tendrán nunca
" fuerza obligatoria".
Es decir, señor Presidente, se nos
consultaba, ni más ni menos, acerca
de si estaríamos o no dispuestos a
respetar un Convenio internacional; se
nos preguntaba si el Gobierno de Chile no incurriría en la debilidad de
negarse a respetar el derecho de los
Estados Unidos reconocido en este
pacto, para ofrecer, en el tiempo que
creyera conveniente, sus buenos oficios
a los Gobiernos de Chile y el Perú.
Por eso no vacilamos un instante.
Comprendimos que la diplomacia peruana podía tener la idea de hacer
fracasar los acuerdos; que aquí en
Chile existía cierta nerviosidad y que
bastaría cualquiera cuestión de palabras para que nosotros pusiéramos
una piedra en el camino abierto por
nosotros mismos y por el cual seguíamos hasta ese instante victoriosamente.
Por eso dijimos que aceptábamos
plenamente el ofrecimiento de los
buenos oficios de los Estados Unidos
si ellos venían, porque a ello estábamos comprometidos en un pacto illternacional, al cual, como a todo acto
internacional garantizado con la firma
del Gobierno de Chile, le prestábamos
la plena fe, la plena autoridad que da
una firma honorable puesta al pie de
un compromiso serio.
·-
144 -
Se ha dicho y se ha argumentado
mucho, a mi juicio, contando demasia~
do con la poca devoción que hay en
Chile por los estudios internacionales,
que los buenos oficios en este caso, tal
vez por haber sido Chile el que los ha
pactado, tienen el carácter de un arbitraje.
Es frecuente oír en los clubs, en las
calles, en los centros donde se juntan
varias personas que los buenos oficios
es una ratonera. ¡Qué error! señor
Presidente.
Yo quiero dar a conocer los telegramas originales sobre esta materia,
para que vea el país, junto con el
Senado, cuál fué el carácter en que
nos fueron ofrecidos estos buenos
oficios. Y quiero explicar, en seguida,
cuál es el carácter que los buenos
oficios tienen en la historia y ante los
autores más eminentes de Derecho
Internacional en el mundo.
El día 7 de Julio recibimos el siguiente cablegrama de nuestro Embajador en Estados Unidos referente a
esta cuestión.
, 'El Secretario de Estado me llamó
" hoy Jueves para decirme que, como
"resultado
de las consultas de la
" Delegación peruana a Lima, había
" estado Porras a ver lo, significándole
" que el Perú se resolvería a abandonar
" su exigencia de arbitraje en las
." turas e hipotéticas negoc·iaciones con
" Chile consecuenciales a la declaración
ru-
-
145 -
"
"
"
"
"
"
del árbitrO' de nO'haber lugar al plebiscita en casa de quedar establecida
alwra, en alguna forma, que ambas
países aceptarían en dichas negaciacianes las buenos aficios del Gabierna
de Estadas Unidas".
Llamo l:;¡atención, Honorable Presidente, hacia el hecho de que para
hablar de los buenos oficios fue necesario que la Delegación peruana
expresara categóricamente que abandonaba su pasición de exigencia del
arbitraje para las negociacianes pasteriares. Sostener por eso que los buenos
oficios son el arbitraje, es desde luego
desco~oc~r la historia fidedigna de las
negocIaCIOnes.
El cablegrama continúa:
"Hughes me explicó que sometía
"el punto a nuestra consideración,
" est1manda que nO' alteraba en el
" fonda nuestra situación en el casa
" cantemplada, desde que mantendría" mas nuestra libertad pœra acager a
" rechazar, llegado el eventO',cualquie" ra fórmula a salución que se prapu"siese; que se trataba de buenos
" oficios, tal como los que él estaba
" ejercitando en estos momentos, sin
" cam¡Y1'omisaparaninguna. Hughes se
"esforzó
por persuadirme
que la
"concesión era más aparente que
"real,
que no tenía significación al" guna para la situación en que íba" mas a quedar en el evento contem10
-
146 -
" pIado, y concluyó pidiéndome que lo
" consultara a US."
.
Nosotros contestamos, interesados
vivísimamente en el éxito de la nego··
ciación, en los siguientes términos:
"Julio 7.-Contesto
el telegrama
"N.
113. - Como signatarios del
" Convenio para arreglo pacífico de
" conflictos internacionales suscritos en
" La Haya en 1899 y 1907 (artículos
" 3.° y 6.°), no podríamos rehuir los
" buenos oficios de los Estados Unidos,
"si el curso de las negociaciones
" posteriores entre Chile yelPerúacon" sejara a aquél ofrecerlos.-Segundo:
" Dentro del criterio manifestado ano, teriormente, creemo~ que el Go"bierno
de los Estados Unidos, si
" ofreciera sus buenos oficios después
"de declarada la improcedencia del
" plebiscito, no podría prescindir de las
" estipulaciones del Tratado respecto
" del cual estamos de acuerdo en que
., no podemos someter a juic·io de ex" b-año su vigencia y respeto integra"les.-Tercero:
Pensamos que esta
"cuestión
es simplemente de pala" bras; en esta virtud, queda V. S.
" autorizado para contestar al Secreta" rio de Estado, en conformidad al nú" mero primero de este telegrama.u
(Fdo).-Rumos
JA!{PA".
Se ve, señor Presidente, que al
sernos propuestos los buenos oficios
por el Secretario de Estado americano,
quedó perfectamente establecido que
-'
147 -,
se trataba de una situación que no
alteraba ni la forma ni la posic'ión de
los debates; y que conservaríamos la
más amplia libertad de aceptar o rechazar esos buenos oficios, o mejor
dicho, las nuevas fórmulas de solución
que se nos presentaran.
Los buenos oficios son una institución de derecho internacional, según
la cual un Estado no toma otra función
que la de poner en contacto a dos países que no logran alcanzar un acuerdo
para sus diferencias; y el Estado q1te
ofrece sus lHwnas oficios no toma parte
directa en las negociaciones y sólo sirve
para acercar los elementos en discordia.
Se diferencian los Buenos oficioE de
la mediación, precisamente en esto:
que en la mediación, el Estado que
interviene toma cierta responsabilidad
en la fórmula de la solución.
Pero en fin, señor Presidente, no
discurramos sin los textos en la mano
sobre estas cosas tan graves .
. Aquí tengo un libro de uno de los
autores de más reconocida autoridad
en asuntos internacionales, M. Bonfils,
edición del año 1914.
En materia de BU'enos oficios no se
pueden leer libros anteriores a la Convención de La Haya, porque allí fué
donde esta institución toma su fisonomía propia, su carácter definitivo.
Antes, los Buenos oficios eran una
simple elucubración teórica, que había
tenido sus aplicaciones en la práctica
- 148 -
diplomática, pero que no reconocía ninguna pragmática positiva en los Tratados, ni en los contratos internacionales.
Dice Bonfils:
"Una tercera potencia puede juzgar
conveniente ofrecer su intervención
para hacer cesar una diferencia entre
dos Estados. Puede intervenir proponiendo sus buenos oficios. Los Buenos
oficios son la forma menos acentuada
de la intervención. Consisten de parte
de una tercera potencia en usar de su
influencia moral para renovar entre
los Estados en conflictos las negociaciones rotas, para exhortarlos a hacerse
concesiones recíprocas. El Estado no
ofrece s'us buenos ú ficios, no toma parte
directa en las negociaciones o en los
arreglos que puedan sobrevenir .
.......
.
La mediación de un tercer Estado
es también un medio útil, eficaz, para
apaciguar o resolver un conflicto nacido entre dos Estados. La mediación
tiene un carácter más solemne e implica una 'ingerencia más acentuada que
los Buenos oficios. El tercer Estado,
amigo de los dos Estados contendientes, interviene para preparar las b:J.ses
de un arreglo. No se contenta con presentarse ante los Estados en litigio para
llel'al'los a efl,tra'r en negociaciones;
toma parte directa en ellas; busca
una solución de fondo y nó solamente
una base de nueva negociacion".
- 149 -
Aquí expresa Bonfils claramente la
diferencia que existe entre los buenos
oficios y la mediación.
"Pero nunca - dice-esta
tercera
potencia juega un rol de juez; no tiene
el derecho de imponer una solución
que le pœrezca justa. No es más que
un amigable intermediario. Debe tender a conciliar los intereses divergentes, sugerir las bases de un arreglo,
dar su opinión sobre las oposiciones
respectivas. Deja a las partes litigantes toda su libertad para aceptar o no
la solución propuesta. A este respecto debe decirse que la mediación
no tiene carácter obligatorio. El mediador no garantiza la ejecución del
pacto, o del tratado en que interviene
en p1'incipio, Ralvoestipulación contraria."
Luego vaya ocuparme en la observación fundamental del propio señor
Presidente de esta Cámara, cuya opinión jurídica tiene tan alto y tan justo
renombre en el país, y es que los Buenos oficios pierden su carácter de
consejo amigable tan pronto como se
concerta, como en esta vez se ha concertado, que serán solicitados por las
partes interesadas.
Pero mIentras
tanto vaya demostrar que ni aún la
mediación tiene este carácter.
"Si la mediación-dice
Bonfils-no
es obligatoria en el sentido de que los
consejos del mediador deben ser seguidos, se debe sin embargo hablar, en
- 150-
dos casos, de mediación obligatoria
tomando esta palabra bajo un punto
de vista diferente: LoDos Estados
pueden de antemano comprometerse
en caso de dificultades' que surjan entre ellos, a pedir la intervención de
una tercera potencia. - (Tratado de
París, de 30 de Marzo de 1856; artículo 12.-Sesión de Berlín, de 26 de
Febrero de 1885).-2.° Un Estado puede comprometerse a ofrecer a otro su
mediación en el caso de que éste tuviera dificultades con alguna otra potencia. Así, por un Tratado pactado
con la China en 1858 los Estados Unidos prometieron a ésta su mediación
si se encontraba en conflicto con una
tercera potencia; aquéllos cumplieron
su compromiso en 1884, pues la China
tuvo dificultades con Francia: ofrecieron su mediación que la Francia no
aceptó.-(Tratado
de 11 de Junio de
1873, entre Alemania y Persia)."
No hay un caso, hay muchos casos
en la historia de la diplomacia de buenos oficios concertados, de mediaciones
concertadas, cuyos consejos han sido
rechazados por las partes en controversia; porque a nadie se le ha ocurrido pensar que exista una fuerza capaz
de abatir la soberanía de los países
libres para imponerles, por medio de
instituciones que tienen carácter netamente facultativo, soluciones determinadas que ellos estiman inaceptables.
- 151 -
Esto no ha existido nunca, señor Presidente.
En efecto, yo necesito que se me
diga cuáles son los casos de mediación,
rechazados
por uno de los países
signatarios, y que, sin embargo, éstos
se han visto compelidos y obligados a
cumplirlos por esa fuerza extraña, por
esa fuerza con la cual se trata en este
momento de atemorizar el ánimo del
público, que no ha entrado de lleno
toda vía al estudio de estos asuntos.
Pero haciéndome cargo de la observación del señor Presidente a que
antes he aludido en orden a que los
Buenos oficios pierden su carácter
cuando son solicitados, voy a permitirme leer el número 832 del libro
de Bonfils, que se refiere a la participación de una tercera potencia:
,'Los Buenos oficios son o{recidos
pOT una tercera potencia pedidos por
las partes contratantes o debidos en
Vil·tUel de compromisos anteriores."
Por mi parte, no sé que con posterioridad a la celebración de la Convención de La Haya exista algún autorlo he buscado con verdadera prolijidad
-que haga distinciones entre Buenos
oficios ofrecidos y buenos oficios
solicitados. Los buenos oficios solicitados de antemano están previstos, no
solamente en la ley positiva que creó
los buenos oficios como institución del
derecho internacional en la Convención
de La Haya, sino también por todos
BANCO
DE L/, REPUBLICA
BIBLIOTECA LUIS - ANGEL
ARANGO
CATALOGACION
-
152 -
los autores que, con posterioridad a esa
Convención han estudiado esta materia; y todos están acordes en que
pueden pedirse y pueden ofrecerse y
que en ambos casos, son simples
co.nsej~s amigables sin fuerza obligatorw. ntnguna.
El señor CLARO SOLAR (PresidenteL-Coma
el señor Ministro tal vez
va a dar mayor desarrollo a sus ob·
servaciones, quedará Su Señoría con
la palabra para la sesión próxima.
Sesión en 7 de Agosto d(' 19:¿2
El señor CLARO SOLAR (Presiden~
te).--Continúa la sesión.
Puede usar de la palabra el señor
Ministro de Relaciones Exteriores.
El señor BARROS JARPA (Ministro
de Relaciones Exteriores).-EI
debate
habido en la primera hora de esta
sesión, da realce e importancia a los
puntos que me propongo analizar en
estas momentos.
Se trata de los buenos oficios, por
una parte, y de la cláusula Hughes,
por la otra; los dos únicos elementos
nuevos que, a juicio de algunos, han
venido a desvirtuar por com pleto la
proposición inicial del Secretario de
Estado Americano.
Me propongo continuar estudiando
el punto de los Buenos oficios, para
-
153 -
demostrar que están equivocados los
que afirman que en este recurso va
envuelta una compulsión arbitral.
En seguida estudiaré la cláusula
Hughes, para demostrar, que al exigir
Chile que fuera incluída en el acta
complementaria, lo hizo con el exclusivo interés de dejar establecidos nuestros derechos y reguardadas nuestras
legítimas expectativas.
En la sesión pasada tuve oportunidad de concretar así el punto fundamental con que se argumenta
en
contra del Protocolo al referirse a los
Buenos ofidos. Los Buenos oficios
ofrecidos espontáneamente
tienen un
carácter de mero consejo; los Buenos
oficios solicitados tienen un carácter
obligatorio y arbitral.
Ya he dicho que me he dedicado a
regiRtrar prolijamente las opiniones
más autorizadas vertidas sobre la
materia, y no he podido encontrar ningún autor, antiguo ni moderno, que
patrocine semejante doctrina jurídica.
La institución de los Buenos oficios,
por ser una institución que está reglamentada por leyes positivas, es de
aquellas que no admiten cavilaciones
respecto de su alcance. Los Buenos
oficios, reglamentados en la Convención de La Haya, que es ley para Chile, para el Perú y para los Estados
Unidos, son ya una institución jurídica
de perfiles perfectamente definidos, y
sólo elucubraciones teóricas de gabi-
-
154 --
nete, sin aplicación en la práctica,
pueden dar a esta institución un carácter de que ha carecido en los Tratados, en las discusiones yen los libros
de Derecho Internacional.
Voy a continuar valiéndome de opiniones bien autorizadas que puedan
suplir la deficiencia de mi palabra; y
confío llevar al ánimo de los señores
Senadores el convencimiento de que
estoy en la buena compañía de los
mejores autores de Derecho Internacional, cuando sostengo que los Buenos oficios, solicit'ados o nó, son simples consejos amigables sin fuerza
obligatoria alguna ..
En el Digesto de Derecho Internacional de John Basset Moore, que es
un internacionalista de mucha fama y
cuyos consejos han sido siempre oídos
en las actividades del Departamento
de Estado, de Wáshington, se lee:
"Los Buenos oficios de algún Go" bierno o sus agentes, se emplean
"frecuentemente
con el objeto de
" arreglar diferencias internacionales.
" -El ejercicio de los· Buenos oficios
" es un procedimiento amistoso y no
" oficial y no pa1'ticipa de la naturale" za de la intervención". Tomo 7,'),
" página 239.
El mismo autor, en el tomo 7.°,
página 7, dice:
"El artículo 1. de un Tratado entre
" Estados Unidos y Corea, de 22 de
"Mayo de 1882, establece que "si
C
)
- 155 -
" otras potencias procedieran injusta
" u opresivamente, con cualesquiera de
" los dos Gobiernos, el otro ejercerá
" sus buenos oficios, al informársele
" del caso, para producir un arreglo
" amigable que manifieste sus ami s" tosos sentimientos".En Junio de
" 18°94,el Ministro de Corea en Wás" hington, por instrucciones de su
"Gobierno,
hizo presente que la in" dependencia de Corea estaba seria" mente amenazada por la acción de
" China y el Japón, e invocó la inter" posición de los Estados Unidos.-Los
" Estados Unidos ejercitaron sus Bue" nos oficios, pero la precipitaci6n de
" la. guerya entre China y J ap6n este" rilizâ este P1'opósito."
"La mediación y el arbitraje,-se
" lee en la página 25 del tomo 7, o del
" mismo autol',-son a menudo consi"derados
como si fueran pl'áctica" mente lo mismo; pero en realidad
"BOn jimdamenta.lmente
diferentes.
" La mediación es una función infor" mativa o de consejo; el arbitraje
" una función judicial. La mediaciÓn
" 1'ecomienda., el arbitra.ie resuelve."
............
""
""
""
.
"El concepto Buenos oficios se acer" ea al del intermediario arbitral como
"un consejero imparcial de ambas
" partes y no sólo implica sino que
"requiere
el asentimiento de ambas
" partes y con toda propiedad, una
" invitación espontánea de cada una
- 156 -
" de ellas" .-Moore, tomo VII, pági" na 3..
Frelinghuisen decía al Ministro Trescott, con motivo de sus conferencias
con el ex-Presidente Balmaceda:
"Queremos ser mirados como un
l' amigo y consejero
desinteresado;
" pero no es nuestro ánimo imponer
"nuestros
deseos a las República:~
'I hermanas
del Continente o actua1"
" como árbitro o componedor de sus·
" disputas, sino movidos por el deseo
" de ambas partes o por el control dl=
"los intereses de los nuestros" .-(Moore.-Tomo VII. Página 15).
Esta es una cita que hace Moore de
la nota dirigida por el Ministro de
Relaciones, señor Frelinghuisen,
al
Ministro norteamericano
en Chile,
Mr. Trescot, en la cual se fija el criterio reiterado más tarde, según el cual
los Estados Unidos intervienen en los
asuntos de las Repúblicas suramericanas sin contrariar su voluntad y sólo
con el objeto de tratar de arreglar
amistosamente las dificultades que se
presentan.
El señor Presidente del Senado me
dejó en cierto modo perplejo en una
reunión de la Comisión de Relaciones
Exteriores, al decir que en sus estudios de Derecho Internacional, revisando el texto de Calvo, que con ser
muy antiguo es muy importante,' había encontrado disposiciones relativas
a los Buenos oficios que le hacían te-
- 157 -
mer el carácter en que habían sido
consultados en el Convenio de Wáshington.
Revisando, por mi parte, a Calvo,
en su quinta edición, me encuentro
con la siguiente cita:
"Se entiende por Buenos oficios las
" gestiones y los actos por medio de
" los cuales una tercera potencia trata
" de allanar el camino de las negocia" ciones o de renovar las conversacio" nes 'interrumpidas. Pueden se~ ofre" cidos espontáneamente a consecuen" cia de una petición directa o resultar
"de comp?'omisos suscritos a título
" eventual."
Como se ve, aun en este autor, que
se había citado como uno de los que
opinaban en sentido contrario a la
tesis sostenida por el Gobierno, encuentro la ratificación más amplia de
la opinión que he tenido el honor de
emitir, en orden a que lo~ Buenos
oficios solicitados o aceptados, no :pierden su carácter de simples conseJos y
que no tienen el significado compulsivo
que se ha querido atribuirles.
El profesor de la Universidad de
BUl'deos y miembro del Instituto de
Derecho Internacional, Mr. Despagnet, dice lo siguiente:
"Se puede definir los Buenos oficios:
" la acción amistosa de una tercera
" potencia que se esfuerza por apro,¡ ximar
a los Estados en conflictos y
li
encaminarlos a un acuerdo facilitan-
-- 158 -
"
"
"
"
"
"
do las negociaciones entré ellos. 1\0
entrañan ninguna obligación Jurídiea de conformarse a los consejos del
Estado que los da, sino el mero deber moral de escucharlos v seguirlos, si son razonables."
.
El eminente profesor de Cambridge,
L. Oppenheim, cuya cátedra, a su fallecimiento, fué ofrecida a nuestro
compatriota don Alejandro Alvarez,
dice en la página 189, Volumen I, de
1912, .de su Tratado de Derecho Internacional:
"Buenos oficios se denominan, aque" lIas actos de las potencias amigas
" que participan en un conflicto entre
"Estados
y que tienden a provocar
" negociaci01'Wspara el arreglo Pacífi" co de él; y mediación se llama el
" manejo directo pOlO
parte de la poten" cia anâga de tales negociaciones."
Como se ve, señor Presidente, es
unánime la opinión de los tratadistas
de derecho internacional en el sentido
de que los Buenos oficios no tienen
otro carácter que el de acercar a las
partes para producir un avenimiento
y de que la mediación tiene por objeto, además de acercar a las partes
para producir el avenimiento, sugerir
una forma de solución.
No quiero hacer más citas, porque
mi ánimo es retardar lo menos posible
el término de este debate.
Establecido como ha quedado, señor
Presidente, con cierta insistencia un
-
l59 -
poco fatigosa, el carácter jurídico de
los Buenos oficios, necesito volver a la
negociación y decir por qué aceptamos
este recurso que no figuraba en el
texto originaria de la fórmula Hughes,
conteniào en el telegrama N." 99.
No sé si hombres más experimentados que el Ministro que habla, en
!frente de una situación tan delicada,
¡después de haber alcanzad0 un acuer~
Ido con el Perú sobre la vieja controiversia y logrado el objetivo fundamenital de haber hecho coincidir a los dos
~aís.es en una fórmula sustanciosa que
eliminaba todas las dificultades, hubieran malogrado la negociación, re~hazando la sugestión que venía de
Wáshington y que era tan simple, tan
$ecundaria y tan superflua: ¿aceptará
~hile, si llega el caso, los Buenos ofi¢ios de los Estados Unidos?
\ Los Buenos oficios habrían de. proeder de todas maneras, los aceptáraos o no en ese momento; los Buenos
(ficios son un derecho de los países
ue pueden ejercitarlos en el momento
ue lo crean prudente; los Buenos ofic os no están entregados a la voluntad
e las partes.
~ En estas condiciones habría sido un
e ror diplomático fundamental haber
alogrado una negociación, a la cual
h bíamos llegado después de tan grand s esfuerzos, por negarnos a consign r un principio establecido en la leg slación positiva del derecho interna-
'
m
-
160 '--
cional, y que, con nuestra aceptación
o sin !lue~tra aceptación, habr.ía podido eJercItarse en las negoCIaCIOneS
ulteriores y eventuales.
¿Cómo íbamos a romper la negociación; cómo íbamos a tropezar en la
primera piedra que nos ponían en el
camino, cuando habíamos obtenido
una fórmula que, a j}licio del Honorable Senador por Valparaíso, señor
Rivera-manifestado
explícitamente
en la primera hora de esta sesión-era
un gran éxito? Su Señoría llegó a
compararla con la posición más ventajosa de un jugador de bacarat. Yo no
sé hasta qué punto pudiera ser exacta
esta comparación; pero la acepto. La
fórmula Hughes del telegrama número
99 significaba una posición brillantísima para nuestro país. En esto estamos
de acuerdo; pero lo que no alcanzo a
comprender es que, no obstante esa
opinión, ahora se sostenga que debimos malograr esa posición rechazando
de antemano los buenos oficios, sobre
los cuales se nos consultaba y cuya
procedencia estaba consignada en· un
'Tratado internacional, que es ley para
nosotros, para el Perú y para los Estados Unidos!. ..
¿En qué situación habríamos queda··
do ante el mundo, nosotros, que. habíamos tomado la ofensiva diplomática,
yendo siempre adelante en las negociaciones; que nos habíamos anticipado
a aceptar la fórmula Hughes conteni-
- 161 -
da en el telegrama número 99, que
costó al Perú una meditación de 19
días?
¿Era posible que hiciéramos fracasar
o terminar la negociación, repito, por
negamos a consignar este principio,
infiriendo una ofensa gratuita al Gobierno de los Estados Unidos, que
había sido leal para con nosotros y
pretendiendo limitar así el derecho
absolutamente indiscutible de ellos
para ofrecer los buenos oficios?
Nó, señor. Eso era un absurdo.
No lo hicimos en aquel momento; y
colocados cien veces en la misma situación, sacrificaríamos estas cuestiones
de palabras al propósito sincero y fundamental de obtener el arreglo del
problema de Tacna y Arica dentro de
las aspiraciones nacionales.
Yo no sé cómo puedan conciliarse
entonces, las adhesiones cariñosas que
han manifestado algunos hombres
públicos eminentes por la fórmula del
telegrama número 99, con las reservas
que han nacido más tarde, por los
Buenos oficios.
Para combatir el Protocolo, señor
Presidente, hay que buscar motivos
más valederos.
Me he preocupado de justificar la
situación del Gobierno en presencia de
los buenos oficios y me parece que ya
la tengo plenamente justificada con
haber dado lectura a todos los autores
que abonan el criterio con que miramos
Il
-
162 -
esta institución y con no haber oído
hasta este instante ninguna observación de fondo, ningún argumento
autorizado que permita creer que este
recurso para el arreglo pacífico de los
conflictos internaciunales no es lo que
la ley positiva dice que es.
Paso ahora, señor Presidente, a
ocuparme en otro aspecto de esta
cuestión; en otro punto grave; en otra
innovación que ha tenido la virtud de
provocar alarmas, tan grandes en la
opinión pública y cambiar totalmente
el criterio con que algunos señores
Senadores habían apreciado este problema poco tiempo antes.
La fórmula Hughes, señor Presidente, en su versión originaria dice
así: "Con el propósito de considerar
el arreglo de la larga controversia
entre los dos países relativa a las disposiciones no cumplidas del Tratado
de Ancón, acuerdan someter al arbitraje de ... 1.0 Las cuestiones prove~
nientes de las disposiciones no cumplidas del artículo 3.0"
En seguida, se habían destinado
otros acápites para colocar otras cuestiones sobre las cuales hubiera también discrepancia de opiniones.
Más adelante la fórmula Hughes se
complementa con una proposición sugerida por el Secretario de Estado,
- 163 -
según la cual las partes contratantes
no entienden que la decisión del árbitro, si resuelve la impl'ocedencia del
plebiscito, mod?:ficaría la actual situación del territoJ'io de Tacna y Arica,
lo que será motivo de negociaciones
libref; que las partes podrán abrir con
po~terioridad.
Para los efectos de los argumentos
que voy a exponer ante el Senado,
llamo la atención de los señores Senadores hacia la frase que dice "las partes no entienden que lŒ dedsión del
árbitro modificaría la condición actual
del territorio".
De modo que en su versión originaria, la versión Hughes contenía una
limitación para el árbitro, a tin de que
éste no pudiese en ningún caso arrogarse atribuciones suficientes para
alterar en ninguna forma las condiciones actuales de los territorios en litigIO.
Aceptada esta fórmula por el Perú
en sus líneas generales, y teniendo en
consideración que el Secretario de
Estado Americano no había redactado
su proposición, nuestros Delegados,
señores Aldunate e Izquierdo, fueron
autorizados para concurrir a una nueva reunión, restableciéndose así las
conferencias
interrumpidas
por el
"impasse", con el objeto de redactar
el acuerdo que se había alcanzado.
Redactado el acuerdo en términos
satisfactorios, nuestros Delegadosexi-
-
164 -
gieron que quedara constancia de qU(~
el árbitro no estaría autorizado en
ningún caso para alterar la situación
actual del territorio en el evento, para
nosotros improbable, de que se declare
que el plebiscito no es procedente.
El señor Porras manifestó que el
silencio del Protocolo y del Acta Complementaria eran suficientes para dejar
establecido que la situación actual del
territorio no habría de alterarse. Nuestros Delegados, considerando esencial este punto, insistieron en su exigencia, y manifestaron a la Delegación peruana que no continuarían las
negociaciones si no se consignaba expresamente esa circunstancia.
Ante la resistencia irreductible del
jefe de la Delegación peruana, y ante
la insistencia también irreductible de
nuestra Delegación, se produjo lo que
se llama I 'el segundo impasse".
En tal situación, se acordó consultar al Secretario de Estado sobre si él
consideraba que, como lo sostenía la
Delegación chilena, era elemento esencial de la fórmula consignar la declaración a que me vengo refiriendo, esto
es, que por ningún motivo amagaría
el árbitro la situación actual de los
territorios de Tacna y Arica.
Concurrieron el Presidente de la
Delegación chilena señor Aldunate y
el Jefe de la Delegación peruana señor Porras ante el Secretario de Estado americano.
- 165 -
El Secretario de Estado, después de
estudiar las dificultades resolvió la
tesis chilena, es decir, declaró que consideraba elemento esencial de su fórmula consignar un principio que limitara las facultades del árbitro para el
evento referido. Y en el curso de la
reunión y con el ánimo de conciliar las
opiniones, propuso la fórmula conocida
con el nombre de "cláusula Hughes".
Esta fórmula fué aceptada inmediatamente por el Presidente de nuestra
Delegación, señor Aldunate, porque
consideró que precisaba en términos
jurídicos y en condiciones más satisfactorias que la fórmula primitiva, el
concepto chileno, o sea que limitaba
en términos más precisos las facultades del árbitro para el caso de que se
declarase improcedente el plebiscito.
Cuando llegó aquí a Chile el texto
de esta fórmula, surgieron nerviosidades parlamentarias a las cuales el Gobierno quiso prestar oído, lo mismo
que había oído en todo momento todas
las sugestiones que se le habían querido
hacer llegar para el mejor éxito en las
negociaciones.
Aún cuando para el Gobierno no
cabía duda ninguna de que la aceptación plena de la cláusula Hughes
hecha por el señor Aldunate obedecía
a que ella resguardaba en la forma
debida, d.e acuerdo con las condiciones
de jurista y de hombre de talento de
nuestro Delegado, los derechos de
- 166 -
Chile, no quisimos negamos a realizar
averiguaciones o a establecer en términos más claros y precisos el alcance
de la citada cláusula.
El Honorable Senador por Valparaíso ha recordado las incidencias ocurridas ante S. E. el Presidente de la República y el Ministro que habla con
motivo de este asunto; y ha recordado,
también, que con la alta colaboración
de Su Señoría, el Gobierno despachÓ a
Wáshington un telegrama, solicitando
el esclarecimiento de un punto fundamental, cual era el de SI la cláusula
Hughes había resguardado los derechos que en nuestro favor emanan del
Tratado de Ancón y que no hemos pensado en ningún instante en someter al
criterio de Mr. Hughes ni a mediaciÓn
alguna.
¿Por .qué se envió ese telegramase dice-cuando
el Gobierno estaba
tan satisfecho con la cláusula Hughes?
Se envió porque nuestros Delegados
habían discutido con nosotros, desde
el primer momento de esta negociación, un punto fundamental: el respe'to al Tratado, y porque, tal vez por
eso mismo no creyeron prudente informamos sobre el particular, porque no
podían ponerse en el caso de que el
Gobierno les infiriera la ofensa de
pensar que ellos hubieran abandonado
una posición que había sido el único
norte desde que se abrieron las negociaciones de Wáshington.
- 167 Así fué como en los momentos en
que el Honorable Senador por Valparaíso manifestó su inquietud patriótica,
no teníamos ningún antecedente que
poderle mostrar y con el cual tranquilizarlo; por eso estuvimos de acuerdo
con Su Señoría, tanto el Presidente de
la República, como el Ministro que
habla, en la necesidad de hacer llegar
a Chile un esclarecimiento sobre el
particular que pudiera tranquilizar los
ánimos.
y es efectivo que conservo una copia de un telegrama original suscrito
por el Honorable Senador por Valparaíso, del cual infería yo lo siguiente:
que Su Señoría no tenía otro reparo
que hacer a esta negociación sino que
el de que la frase "organización administrativa" que figura en la cláusula
Hughes, pudiera no significar lo mismo que la disposición del artículo 3.0
del Tratado, que somete a las autoridades y a la legislación chilenas esos
territorios.
Yo había entendido que el Honorable Senador por Valparaíso, colocándose en esa posición jurídica, impugnaba el acuerdo en ese sentido pero a
primera hora le hemos oído un discurso en que el acuerdo es impugnado
por varios conceptos extraños a este
punto.
El señor RIVERA.-¿Me
permite
~u Señoría?
El señor Ministro recuerda sin duda
-
168 -
que cuando hablábamos de esta materia, el señor Ministro no tenía todavia
en su poder el texto del Protocolo J'
del acta] complementaria, que yo no
conocía en ninguna forma.
El señor BARROS J ARP A (Mini~tro de Relaciones Esteriores).-- Es
efectivo, Señor Senador.
El señor RIVERA.-Si
esto es efectivo, como lo afirma el señor~Ministro,
mal podía yo pronunciarme .sobre documentos que ni siquiera existían en
el archivo de la Cancillería.
El señor BARROS JARPA (Ministro de Relaciones Exteriores).-El
Honorable señor Rivera ha dicho en primera hora, que la fórmula Hughes, o
sea el telegrama 99, mereció su más
calurosa adhesión.
Invito a Su Señoría· a fijar más tarde la diferencia que existe entre esa
fórmula del telegrama 99 y la fórmula consignada en el Protocolo por nuestros Delegados en Wáshington, y espero que Su Señoría al fijarlos, habrá
de estar de acuerdo necesariamente,
en que esa fórmula es igual a la que
Su Señoría ensalza con el prestigio de
su calurosa adhesión.
Dice la cláusula Hughes, en su texto: "Es entendido, en interés de la
" paz y el buen orden, que mientras
" esté pend'iente un acuerdo acerca de
" la disposición de los tel"Titorios, la
., organización administrativa de las
" provincias no seTá peTturbada".
-
169 -
Esto es claro; éste es el concepto
enunciado en el telegrama número 99,
en el sentido de que el árbitro no
estaría facultado para alterar la condiciónactual del territorio; es un concepto jurídico, de alcance perfectamente preciso.
Pues bien, señor, esta fórmula mereció en Chile las dudas que quiso
hacer llegar hasta la Moneda el Honorable Senador por Valparaíso y que
fueron consultadas a nuestros Delegados, quienes enviaron inmediatamente
las explicaciones que les habíamos
solicitado. Y porque esas declaraciones
eran ampliamente satisfactorias. porque estaban de acuerdo con el origen
de la negociación y de los antecedentes que nabían jugado rol importante
en ella, fué que se impartió la orden
de que firmaran sin más demora el
Protocolo y el Acta complementaria.
Esa orden salió de aq uí después de
haber recibido esas explicaciones, después de haber dejado perfectamente
establecido en nuestra documentación,
así como lo estaba ya en Wáshington,
que la cláusula Hughes no había tenido en ningún instante el propósito de
alterar la situción jurídica que el Tratado de Ancón da a Chile respecto de
los territorios de Tacna y Arica.
¿Y con qué argumentos se impugna
esta "cláusula Hughes?"
A mi juicio, con argumentos de una
sutileza exorbitante!
-
170 -
Se dice, por ejemplo: después de
esta cláusula. ya no somos poseedores
de Tacna y Arica en virtud del Tratado; lo seremos en lo sucesivo "en
'interés de la paz y del buen orden".
Es ésta una disquisición jurídica tan
sutil que a pesar de mis esfuerzos y
de mi excelente buena voluntad por
comprenderla, no lo he alcanzado a
lograr.
La situación jurídica de un territorio
fijada explícitamente en un Tratado
internacional aparecería cambiada por
estos términos: "en interés de la paz
y del buen orden"! Por estos términos
incluídos en un convenio adjetivo, en
un "Acta complementaria",
en un
acuerdo de carácter reglamentario,
destinado exclusivamente, como dice
su preámbulo "a fijar el alcance del
arbitraje convenido en el N.o 2.() del
Protocolo" .
¿Es posible, pregunto, señor .presidente, que un inciso de un artículo
de una Acta complementaria, pueda
modificar las disposiciones sustantivas
y expresas de un Tratado internacional cuyo respeto y vigencia integrales
han sido la base de la negociación?
¿Es posible que la cláusula Hughes
destinada, según todos los antecedentes que obran en poder del Gobierno
y que se han darlo a conocer, a limitar
las facultades del árbitro para un
evento, determinado y preciso, pueda
ser suficiente para derogar las dispo-
-
171 -
SlclOnes contenidas en un Tratado
internacional que no ha sido ni siquiera sometido a discusión?
Aplicando las reglas generales de
hermenéutica, se hace difícil poder
atribuir a la cláusula Hughes el alcance
dilatadísimo que le atribuyen algunos
séñores Sénadores.
La verdad es que se han tomado
precauciones especiales para dejar
bien establecido que esta cláusula no
tiene semejante alcance.
Instado por el Gobierno de Chile
para que se fijase el alcance de esta
cláusula, el Embajador en los Estados
Unidos, señor Beltrán Mathieu, pasó,
antes de firmar el Protocolo y el Acta
complementaria al Secretario de Estado Americano una nota en la cual
se conUene el concepto de que "los
"Delegados
chilenos, al aceptar la
" cláusula Hughes, relativa a la si" tuación de las provincias de Tacna
" y Arica, en el evento de declararse
" improcedente el Plebiscito, proce" den en la inteligencia de que ella
" corresponde a la disposición del ar" tículo 3. o del Tratado, que entrega
" esos territorios a la legislación y
" autoridades chilenas".
Existe, señor Presidente,
en los
Tratados internacionales,
lo mismo
que en los contratos, un elemento del
cual no se puede prescindir y es: el
consentimiento. El nuestro quedó cla-
-
172 -
ra y explícitamente establecido antes
de firmar.
¿Cómo es posible, entonces, que se
venga a interpretar en estos momentos esa disposición en un sentido enteramente contrario a la constancia
expresa de su significado?
Los representantes de Chile dijeron
la forma cómo entendían esa cláusula
y con arreglo a ella el Gobierno dió
su con~entimiento para suscribir ese
convenIo.
Los Tratados se interpretan por las
partes que los suscriben.
"Es evidente que sólo los Estados
" que han suscrito un tratado entre sí
" tienen calidad y poder para inter" pretarlo, dice Bonfils, para apreciar
" el sentido o el alcance que los ple" nipotenciarios han querido darle al
" redactar talo cual cláusula".
¿Cómo podría decirse más tarde que
la cláusula Hughes tuvo la virtud de
derogar el Tratado de Ancón, cuando
hay un antecedente
expreso en el
Departamento
de Estado que deja
establecido cuál es el concepto en que
nosotros firmamos?
Por eso yo no puedo comprender
exactamente cuál es la fuerza del
argumento que se hace en contrario.
Se me hace duro aceptar que los
Tratados internacionales puedan ser
barridos por cualquiera estipulación
de carácter secundario. No me parece
posible que, sin haber sometido a
-
173 -
juicio expresamente el Tratado, y aún
más, habiéndose dejado constancia en
el acuerdo en discusión que el respeto
v vigencia integrales del Pacto de
Ancón, eran la base de las negociaciones, pudiera creerse que se había derogado aquel Tratado por una disposición secundaria incluída en este
nuevo convemo.
Esta no es racional.
Es por eso que un hombre público
que conoce a fondo las cuestiones
internacionales, como es el señor AIdunate, no ha podido comprender hasta hoy con qué argumento se puede
sostener tal teoría en Chile.
Hay aun más.
En la sesión de clausura de las
Conferencias de Wáshington, los Embajadores de Chile y del Perú y los
jefes de ambas delegaciones pronunciaron discursos; y ahí vemos que otra
vez nuestro representante
señor AIdunate Solar sostiene, en los términos
más categóricos, que la negociación
ha tenido por fin cumplir estrictamente el Tratado de Ancón, y que el Protocolo suscrito también está dirigido
a cumplir ese Tratado.
¿En qué forma, entonces. se puede
sostener que la cláusula Hughes, interpretada en esta forma por los que
la negociaron, puede tener un alcance
que ni siquiera ha sido invocado nunca por la propaganda peruana, tan
acuciosa?
- lï4 -
Si fuera posible tener todavía alguna duda al respecto, existe una acta de
la reunión celebrada entre el señor
Aldunate y el señor Porras, con asistencia del Presidente de la Unión
Panamericana, Mr. Rowe, en presencia del Secretario de Estado. Y en
esta acta el propio señor Porras dejó
constancia de que no se produciría
"cambio en la entidad ocupante y
poseso~'a" de los territorios para el
caso de declararse la improcedencia
del plebiscito.
Además, el Secretario de Estado ha
dicho en diversas partes del Acta, que
el propósito fundamental al proponer
la cláusula Hughes no ha sido otro
que el de evitar que Chile adquiriese
nuevos títulos sobre Tacna y Arica.
Los títulos nuevos son tanto los que
mejoran nuestra posición como los
que la desmejoran, y por consiguiente
subsisten los antiguos títulos.
¿ y cuál es este antiguo título?
El Tratado de 1883.
De manera, señor Presidente, que
el Tratado no ha sido tocado, sino que
ha sido dejado incólume por las declaraciones de nuestros Delegados, del
jefe de la Delegación peruana y del
Secretario de Estado americano.
¿Cómo, entonces, sostener que la
cláusula Hughes ha venido a der-ogar
el Tratado de Ancón?
No se puede dejar de considerar
esta cláusula con sus complementos
-
175 -
necesarios. No me parece siquiera que
sea lógico extraer del Acta Complementaria la parte segunda del artículo
3.° Y comentarla separadamente.
En el Derecho Internacional las reglas de interpretación de las leyes son
como en el Derecho privado. Las
cláusulas hay que interpretarIas según
el contexto de la ley. No se puede interpretarlas extrayendo algunos puntos y dejando el contexto abandonado.
¿Y qué dice el Acta Complementaria al comenzar?
"Con el objeto de fijar el alcance del
" arbitraje convenido en el artículo
" 2.° del P?'otocolo, las partes convie-
nen en dejar constancia de los siguientes hechos".
Y, ¿cuál es el arbitraje estipulado
en el artículo 2.O?Es el arbitraje para
resolver las dificultades que surjan en
la parte no cumplida del artículo 3. o
del Tratado de Ancón.
No me parece que la derogación de
un Tratado pueda disimularse en esta
forma. No me parece que exista ningún precedente en parte alguna del
mundo, según el cual las disposiciones
de un Tratado internacional puedan
ser derogadas tácitamente en una disposición de un convenio secundario,
destinado a un fin perfectamente esplícito, cual es el de fijar el alcance
del arbitraje.
¿Es fijar este alcance, aminorar los
títulos que nos confiere el Tratado?
- 176 -
Yo creo que no.
En cambio, se incluyó la cláusula,
precisamente en el artículo destinado
a contemplar la facultad del árbitro
para que declarase improcedente el
plebiscito; pero al darle esta facultad
grave, inmediatamente
se le limitó
diciendo: es entendido que en tal caso
no se podrá alterar la organización
administrativa de las provincias.
Dentro de la frase "el árbitro no
modificará la condición actual de los
territorios",
tal vez este se habría
podido sentir autorizado para sacar de
allí algunas de las autoridades o para
cambiar la situación administrativa
actual; pero dentro de la cláusula
Hughes, nó, porque se ha dejado
establecido que n~ podrá alterar la situación administrativa ni mover a un
solo funcionario de mínima cuantía.
Nó, señor; declarada la improcedencia del plebiscito, tenemos perfecto derecho para mantener nuestra organización administrativa en aquellos
territorios, la que no se puede cambiar porque ese es un punto que no
hemos entregado a ninguna intervención extraña.
Ahora, señor Presidente, no quiero
detenerme sobre un punto, que ya ha
sido bastante esclarecido y que el
Honorable Senador por Atacama ha
calificado de baladí. Me refiero a la
versión inglesa de la "cláusula Hughes". La palabra "administración"
- 177 -
en inglés, tiene un sentido mucho más
amplio que en español.
Este es un punto que no ha sido refutado por nadie.
La "organización administrativa",
dentro del concepto inglés, es soberanía, es Gobierno; es, al decir de
Hamilton, el Gobierno en todas sus
manifestaciones: en el Poder Ejecutivo,
en el Legislativo y en el Judicial.
Me ha parecido, con todo, obsevar,
un cambio de opinión entre las personas qu~ impugnan este acuer-do. Al
principio impugnaron la frase "organización administrativa";
en seguida
me ha parecido que la impugnación
residía en esta otra frase: "en interés
de la paz y del buen orden"; y por
último, aparece otra corriente que parece sostener que la dificultad está en
la frase "pendiente el acuerdo sobre
la disposición del territorio".
Y así, señor Presidente, caminando
de uno a otro punto, no es posible concretar la objeción para destruirIa.
Ya me he referido a la frase "en interés de la paz y del buen orden" y al
concepto "organización administrativa". Ahora quiero detenerme en la
frase: "pendiente un acuerdo sobre la
disposición del territorio".
Este es un punto que nuestros Delegados han estudiado con mucho detenimiento y al cual han atribuído una
importancia capital. Es evidente que
el árbitro ha querido crear enfrente
12
- 178 -
de nuestro interés por llegar a un arreglo, un interés del Perú por alcanzarlo también. Y es evidente que al decir
"mientras esté pendiente un acuerdo
no se alterará la organización administrativa" se ha creado un interés al
Perú para que procure el advenimiento de ese acuerdo porque si él no se
produce, nos quedaremos en Tacna v
Arica tranquilamente, sin molestia aiguna, mientras esté pendiente un
acuerdo.
¿Qué significa esta declaración, señor Presidente?
Significa entregar a la voluntad libre
y espontánea del Gobierno de Chile el
acordar más tarde con el Perú una
fórmula que permita radicar una soberanía definitiva en estos territorios.
y por eso es que mucha gente qUt~
ha estudiado esta cláusula, sostiene
que, declarado improcedente el plebiscito, no habrá otra voluntad que la del
Gobierno de Chile para acordar soluciones a este problema. Y esa voluntad, mientras se mantenga el criterio
con que el Gobierno aprecia esta cuestión, no poàrá prestarse sino para satisfacer plenamente los anhelos nacionales que sueñan con la incorporación
definitIva de esos territorios a la sobenía chilena.
No creo que pueda haberse empleado una fórmula mejor que ésta, que
nos entregara en condiciones más definitivas, y más firmes, el derecho de
"- 179 -
concurrir o no más tarde a acuerdos
que signifiquen otra cosa que el logro
de las aspiraciones nacionales, que dejara librado plenamente, exclusivamente, a la voluntad del Gobierno de
Chile, alcanzar esos acuerdos para determinar la nacionalidad definitiva de
los territorios!!
Por eso es que la cláusula Hughes
es una cláusula ampliamente favorable
para nuestro país; fué más precisa que
la fórmula del telegrama 99 y por eso
es también que nuestros Delegados le
prestaron su inmediata y calurosa
aceptación.
y así se dice que esta cláusula ha
derogado al Tratado!!
No sé que contestar a argumentos
fundados en disquisiciones sutilísimas
de derecho e inaccesibles para mí.
Creo que los hechos, los antecedentes,
nos favorecen en todas sus partes; creo
más: que no pueden ser las sutilezas
jurídicas las que consigan alterar una
situación que ha quedado claramente
establecida en los antecedente de esta
negociación y en el texto exacto del
acta complementaria.
Recapitulando,
~eñor Presidente,
creo haber demostrado en el curso de
estas observaciones:
Primero: que es injusto el impugnador que sostiene que nos hemos salido
del Tratado; y que sostener este hecho
es colocar a nuestro país en una situación difícil.
~ J80 -
Segundo: Que para aceptar el arbitraje sobre la cláusula plebiscitaria, el
Gobierno obró en conformidad con el
pensamiento general del Congreso. El
país ha dado con esto una prueba de
honestidad internacional y va por el
camino de una solución que garantiza
plenamente el éxito de las aspiraciones
nacionales.
Tercero: Que los Buenos Oficios tienen el carácter que tienen; es deci}:',
son leyes internacionales conocidas por
todos los países que no es posible desvirtuar sin citar siquiera los hechos
que abonen semejantes doctrinas peregrinas.
Cuarto: Que los Buenos Oficios, institución añeja del derecho internacional, tiene perfiles jurídicos perfeetamente definidos, pues àescansa en
disposiciones de carácter positivo.
Por último, he demostrado en la
forma más categórica posible, que la
cláusula Hughes, el inciso segundo dd
artículo 3.° del Acta complementaria,
fué incluído por exigencia de nuestros
Delegados en contra de la voluntad de
la Delegación peruana que habría fir·
mado con mucho placer ese acuerdo
sin dicha cláusula; y que fué incluído
para limitar la facultad del árbitro,
para que en ningún caso pudiera arrogarse facultades que no le hemos confiado, invadiendo un tratado respecto
del cual no queremos darle ninguna
atribucion.
-
181 -
La cláusula Hughes contiene un concepto jurídico de suma impor~an<:i!l'
como es el respetar la orgamzaclon
administrativa de Tacna y Arica, es
decir, la autoridad chilena, resguardando en todas sus partes el Tratado
según las opiniones manifestadas en
reiteradas ocasiones por los negociadores, tanto en Wáshington como en
Santiago.
Con lo dicho creo que las impugnaciones que se han hecho quedan reducidas à muy poco.
Las sutilezas jurídicas no alcanzan
a aminorar el éxito que se ha obtenido
buscando la solución de un problema
debatido durante treinta años y que
pesaba tan grandemente sobre las actividades nacionales.
Se ha incorporado también a este
debate un voto propuesto por el Honorable Senador por Curicó, señor Errázuriz, y este voto no puede sino merecer, para dar término a mis observaciones, dos palabras más.
Ese voto ha sido fundado prolijamente por Su Señoría con citas de diversos discursos pronunciados por el
Ministro que habla, en los cuales se
afirma que el acuerdo de Wáshington
habría de encuadrarse exactamente
dentro de las cláusulas del Tratado de
Ancón.
A juicio de Su Señoría, esos acuerdos no están conformes con las declaraciones hechas, y, por consiguiente,
- 182 -
se salen de las estipulaciones del Tratado.
En tales condiciones, señor Presidente, el Gobierno considera que la
aprobación de este voto, en los términos en que ha sido formulado, desvirtúa completamente el significado de
los acuerdos de Wáshington; desautoriza a los Delegados de Chile que lo han
suscrito con declaración expresa de
otra inteligencia, y socava fundamentalmente la posición jurídica de nuestro país, para el caso de que e~te Pacto llegara a ejecutarse o para el de que
fuera necesario realizar más tarde negociaciones de arreglo con el Perú.
Nuestros Delegados, señores Aldunate e Izquierdo, declaran que han
"suscrito un Protocolo de arbitraje
para el exacto cumplimiento del Tratado de Ancón". En la Cámara de Senadores, cuya Comisión de Relaciones
Exteriores se ha excusado de entrar a
considerar el Convenio, se pretende,
sin embargo, establecer q'ue lo que se
ha suscrito es otra cosa y dejar constancia de una apreciación que derriba
para siempre la barrera del Tratado.
Se dice, sin embargo, que los honorables Senadores estarían dispuestos a
aprobar el Protocolo más tarde. Pero
la verdad es que, después de interpretado por una de las Cámaras el acuerdo de Wáshington, como violatorio del
Tratado, no puede ninguna corporación chilena prestarle su aprobación
- 183 -
porque ello importaría tanto como entregar al adversario el resultado de la
guerra de 1879.
LO:5 honorables Senadores habrán
meditado bien lo que van a hacer. El
Gobierno lo ha meditado por su parte
y, como sobre el Presidente de la República pesa más directamente que
sobre ningún otro individuo o corporación la responsabilidad del debido
resguardo de los derechos del país en
sus relaciones con los demás países,
pienso que después que el Senado preste su aprobación a un acuerdo como
el que se ha propuesto, de nada servirá la autorización que quiera darle
más tarde al Jefe Supremo de la Nación para ratificar el Protocolo, àesde
el momento en que habrá sido ya totalmente desvirtuado en su alcance y
abierta una brecha formidable en su
texto original (Il.
Entrego al patriotismo de Sus Señorías estas reflexiones, y confío en que
querrán ahorrarle al país el grave daño de que está amenazado.
Siento con todo qu~ flota en el ambiente austero de la Sala, el deseo de
que a pesar de todo y por encima de
todo, haya una víctima.
No seré yo, señor Presidente, el que
(1)
EIII]e1llH'l'
tarse. Jlor
Sil
taba direl"la
Protoe"I" ..
de ••"le yoto
autol',
flit'
fijado
en el fWlltido
IIi ill<lir ••ctament
•• Illl
que
antes
de
"0'
110 impor-
,juicio sohr"
el
--- 184 -
postergue por un instante más, este
placer romano que Sus Señorías han
resuelto darse.
El señor CLARO SOLAR (Presidente). -Tiene
la palabra el honorable
Senador por Concepción, señor Zañartu.
El señor ZAÑARTU (don Enrique).
-Los escasos minutos que restan de
la presente sesión me permitirán decir
muy pocas, honorable Presidente.
El señor CLARO SOLAR (Presidente).-Si Su Señoría lo desea, podría
quedar con la palabra para la sesión
próxima.
_
El señor ZAN ARTU (don Enrique).
-Es preferible, señor Presidente.
El señor CLARO SOLAR (Presidente).-Se levanta la sesión.
Un yoto parllllllotarie
El H. Senador por Curicó D. Ladislao Errázuriz, formuló en la sesión del
3 de Agosto del H. Senado un voto en
contra del Ministro de Relaciones Exteriores, voto que dice así:
"El Senado declara que el Protocolo
"y las Actas en que se consignan los
"acuèrdos a que, según las noticias
"telegráficas,
se ha llegado en las
"Conferencias de Wáshigton, y sobre
"los cuales no adelanta juicio, han si"do suscritos sin su conocimiento y no
"guardan conformidad con las decla·
"raciones del señor Ministro de Rela"ciones Exteriores".
A propósito de este voto y de una
acta privada leída en esa misma sesión
el Ministro de Relaciones Exteriores
pronunció el siguiente discurso:
El señor BARROS JARPA (Ministro
de Relaciones Exteriores). -AI entrar
a esta Sala he tenido la sorpresa de
imponerme del voto a que se ha dado
lectura. Y por las informaciones que se
me habían suministrado un momento
- 186-
antes ya sabía de qué se trataba antes
de llegar al Senado.
Me permitirá la H. Cámara que diga
dos palabras sobre el particular.
El voto propuesto se funda en la
circunstancia de que al Senado no le
corresponde ninguna responsabilidad
en los acuerdo." de Wáshington. Yome
había adelantado
a sostener esto
mismo.
El Presidente de la República ha
conducido las negociaciones como lo
ha creído más conveniente para los
intereses del país. No desconozco la
conveniencia de que el Presidente de
la República por media del Ministro de
Relaciones Exteriores, y aún personalmente, busque el contacto de los
elementos parlamentarios más prestigiosos para adelantar, de acuerdo con
ellos, las negociaciones: pero a este
respecto no se qué negociaciones puedan citarse que hayan estado más al
alcance que éstas de todos los parlamentarios y de todo el país.
La negociación Huneeus- Valera fué
presentada al Congreso, después de
acordada, el día 12 de N0viembre de
1912. El día 10 se habían cambiado
los ¡;elegramas respectivos. El Tratado
de Versalles no fué conocido por d
Parlamento francés sino después de
firmado.
Creo que las negociaciones internacionales no se pueden dirigir por or~anismos colectivos sino por una sola
-
187 -
persana, reservando., - naturalmente,
al Poder Legislativa la facultad para
decir si tales negaciacianes san a no.
ca:1Venientes, resguardan a no el interés pública.
Na me parece justa afirmar que las
negaciacianes de Wáshingto.n hayan
sido. llevadas a abscuras par el Cangresa. Cuando. no. se han hecha cansultas a la Camisión de Relacianes
Exteriares sabre las puntas más impartantes, se ha cansultada a persanas
de prestigia que han caaperada can su
experiencia y aun can su aplauso. a la
acción del Gabierna.
Pera no. pretenda par ningún mativa sacudirme de la respansabilidad
plena de estas negaciacianes. Par el
cantraria, ¡ella es tada mi argulla!
¡Dias quiera que las hambres que
hay atacaft esta negaciación puedan
más tarde, - cuando. ¡;o.r no. haber
aprabada este acuerda haya que intentar atra, --, alcanzar una salución
igualmente satisfactaria para ellagra
de las aspiracianes nacianales!
Me he impuesta además, de que se
ha dada lectura a un acta misteriasa
de la cual había aída referencias verbales; un acta que habría levantada
un señar Senadar-po.rque
en aquella
reunión privada no. hubo. secretariaya que estaría suscrita par firmas muy
prestigiasas de miembras de esta Hanarable Cámara.
Yo no. me creo. digna de ninguna
-
188 -
consideración especial. Sin embargo.
quiero señalar esta circunstancia un
poco extraña; no tengo práctica parlamentaria, pero los señores Senadores
están envejecidos en el servicio público, y a ellos me permito preguntarles
si conocen algún caso de urta reunión
privada, de la cual se haya levantado
un acta, y para cuya redaccirín no se
haya consultado al hombre gue ha hecho
en dicha reunión declarac~ones respon.~ables.
Esta acta vino a salir a luz más de
un mes y medio después de la reunión,
y aun ignoro yo en absoluto lo que
dice; es un acta que parece que hubiera querido ocultarse deliberadamente al conocimiento del Ministro que
habla.
Yo no protesto de este procedimiento, rindo el más caluroso homenaje a
la sinceridad con que los señores Senadores hayan firmado esa acta; pero'
no sé que exista un precedente en el
sentido de que un Ministro de Relaciones Exteriores haya que acusarlo de
haberse contradicho y de haber falseado sus propósitos, con un acta que ese
Ministro no conoce, ni habría podido
conocer porque es un acta que ha sido
sustraída
deliberadamente
en todo
momento, de su vista.
Yo me permito llamar la atención
de los hombres que, seguramente,
cautelando el interés público en la
forma que les dieta su corazón de pa·
-
lh9 -
triotas, han creído conveniente tomar
la actitud que el Senado conoce. Yo
quiero someterles esta duda: las declaraciones con las cuales me he presentado en público, las declaraciones que
motivan este voto propuesto por el
señor Senad.or por Curicó, han sido
declaraciones conocidas por todos mis
colegas de Gabinete; han sido no sólo
conocidas por todos ellos sino que a
veces consultadas previamente con
ellos. Hasta este momento S. E. el
Presidente de la República, todos los
Ministros de Estado y nuestros delegados en Wáshington, sostienen como
yo, con la misma fe y con el mismo
entusiasmo del primer momento, que
el Tratado de Ancón está incólume y
consagrado en la negociación de Wáshington.
Sin embargo, se me acusa personal
e individualmEnte de haber incurrido
en contradiciones en este punto; pero
es una contradición en que aparecemos
incurriendo muchos hombres, y ya
que no puedo invocar para mí ninguna
respetabilidad, tengo que ampararme
en la respetabilidad de mis colegas de
Gabinete y de los Delegados en Wáshington.
El Tratado de Ancón, señor Presidente, no solamente no ha sido violado en el acuerdo llevado a cabo en
Wáshington, sino que ha sido interpretado en una forma tan exacta que
permite asegurar que nunca han esta-
100 -
do los intereses patrios tan garantidos
como hoy ..
Por otra parte, yo acepto que se diga
que hay contradicción en las palabras
que he pronunciado en diversas ocasiones sobre este particular. Yo no las
veo; pero si existen no l~ atribuyo a
este hecho ninguna gravedad. Pero no
quisiera que el fundamento de la contradicción que se me atribuye fuera el
de que el Protocolo se ha salido del
texto y del espíritu del Tratado de
Ancón, porque, ¿qué situación tan grave se produciría después de una declaración en este sentido, de una declaración
de una rama del Congreso chileno en
que se dejara de manifiesto que hemos
abandonado la posición más firme y
más sólida, la única posición jurídica
que tiene el país para la defensa de
sus derechos?
¿Aprecian debidamente Sus Señorías la gravedad de una situación semejante?
Además, señor Presidente, no se
necesitaba de una declaración de esta
naturaleza para que yo abandonara
este puesto, ya que soy el primero en
reconocer que mi permanencia en él
ha sido demasiado prolongada y que
mi persona es ya uri obstáculo para el
curso regular de los asuntos que se
discuten o que promueve el Departamento de mi cargo. No era necesario
este voto. Varios de los Honorables
Senadores que me escuchan saben que
- 191 -
yo me había adelaptado a tomar el
camino que hoy me señala el voto que
se acaba de proponer al Senado. Sin
embargo, señor Presidente, en estos
últimos momentos me atrevo a invocar
el patriotismo de Sus Señorías a fin
de que consideren la situación gravísima que traería la aprobación del voto propuesto, ya que el Tratado de Ancón, a juicio del Gobierno, a juicio de los
Delegados en Wáshington y, en general, de todas las personas que han tenido los hilos de la negociación, no ha
sido abrogado ni debilitado y que, por
el contrario, permanece incólume.
¿Asumen Sus Señorías la responsabilidad plena de la situación que se
produciría si el protocolo fracasa?
¿Asumen Sus Señorías la responsabilidad de que en el futuro tengamos
que discutir y aprobar, tal vez, proposiciones en que no se considere el Tratado de Ancón?
Para terminar, creo me será permitida una gracia que nunca se le ha
negado ni aun al ajusticiado por los
crímenes más infames, y es ésta:
qui~ro cumplir con un deber de cortesía para con los Honorables Senadores
que han impugnado el acuerdo de
Wáshington, dándoles una respuesta a
sus observaciones, deber de cortesía al
cual no querría faltar.
Mi ánimo es simplemente justificar
mi actuación.
Tal vez están jugando en este asunto
-
192 -
elementos un tanto extraños al interés
público de parte je algunos personaJes; y yo creo que tengo derecho para
justificar mi posición y- explicar al país
cuál es la mteligencia técnica que'
tienen algunos puntos del Protocolo y
Acta Complementaria, llegando así a
decir mi última palabra sobre este
asunto.
El señor CLAROSOLAR (Presidente).-EI concepto que el señor Ministro
acaba de explicar no es parlamentario,
no puede atribuirse a los Senadores
intenciones contrarias al interés público; lo prohibe el Reglamento. Por lo
demás, la Cámara oye con mucho
agrado al señor Ministro.
El señor BARROS JARPA (Ministro
de Relaciones Exteriores).-Lamento
mucho que el señor Presidente haya
podido creer que mi propósito fuera
querer herir la dignidad de los miembros del Senado con las palabras que
he pronunciado.
Pero este debate está tomando formas tan extrañas, se ha empleado
aquí procedimientos tan raros, que he
podido dejarme llevar un poco de la
nerviosidad del momento para decir
palabras que no son apropiadas. Considérelas Su Señoría como no dichas.
Voy a agregar algunas palabras que
llevarán al Senado la convicción que
no me guía en este asunto otra cosa
que el más alto interés público.
-
193 -
Hoy mismo, momentos antes de
venir al Senado, he recibido un nuevo
cablegrama de don Carlos Aldunate
Solar, que pondré a la disposición del
señor Presidente del Senado para que
los señores Senadores lo conozcan. Por
él se ve que el señor Aldunate es un
mistificador t.an grande como yo, por
cuanto sigue sosteniendo la pesadilla
de q'ne vamos al cumplim~ento del
Tratado de Ancón. La palabras de este
hombre de Estado, tan respetable,
que tiene una hoja de servicios públicos
bien limpia, y una personalidad no
discutida, son un feliz amparo para mí.
Si yo me he contradicho, me he
contradicho junto con él. Sin embargo,
si el Senado estima que el Tratado de
Ancón no tiene otra solución que el
plebiscito y sostiene que toda otra
fórmula importa la abrogación del
Pacto, los señores Senadores sabrán
asumir las responsabilidades y afrontar las consecuencias que de tal doctrina derivarán_ en contra del país.
El señor ZAXARTU (don Enrique).
-Vaya
decir muy pocas palabras.
Debo comenzar por hacer una observación que me parece imprescindible
en este momento.
El señor Ministro se ha referido a
un acta con la firma de varios Senadores y a que se ha dado lectura. Entre
estas firmas está la mía, y sobre mi
firma escribí un concepto que ruego al
señor Secretario dar lectura.
13
- 194 -
El señor SECRETARIO.-Dice así:
"Lo expuesto por mí en la sesión
está de acuerdo con el acta
El señor ZAÑARTU (don Enrique).
-Entiend0 señor Presidente que en
un documento de esta naturaleza cada
uno de los que lo firman no sostienen
otra cosa que loexpuesto por él; está de
acuerdo con la versión que allí se da
de sus palabras. Así es que mientras
el señor Ministro de Relaciones-a
quien no sabía yo que no se le hubiera
presentado el acta para su firma, ya
1
'.
1
1
que yo mismo la firmé solamente ayer,
y después de leer únicamente mis palabras,-mientras
Su Señoría, digo, no
justifique con su firma puesta al pie de
este documento que lo en él aseverado
está conforme con sus propias declaraciones no tiene por qué inquietarse.
De modo que en realidad, el acta
no tiene el carácter extraordinario que
le ha atribuído el señor Ministro porque para que tenga fuerza debe llevar, a mi entender, repito, la firma de
Su Señoría. Así lo he entendido yo
cuando me fué presentada el acta y
cuando, para que a este respecto no
hubiera duda, puse el concepto que se
ha leído encima de mi firma.
Me ha parecido oportuno aclarar
este punto, por lo insólito de la forma,
que repito ignoraba, en que se ha ge1
1
1
nerado este documento.'
Por otra_ parte, hay en el discurso
del señor Ministro una frase que no
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195 -
conviene que quede en pie sin una
contestación.
S. S. parece haber entendido que la
presentación de este voto significaría
el fracaso de las negociaciones de
Wáshington o sea, la no aprobación
del Protocolo.
N o creo que se pueda dar a la presentación del voto este alcance, y no
creo tampoco que haya ventaja alguna
en que tal concepto quede en el ambiente público y consignada en el acta
de esta sesión la opinión del señor
Ministro, sin ser contradicha, porque
ello puede perturbar las negociaciones
mismas, y porque además no es natural que la suerte de un protocolo venga
a resolverse mediante la presentación
de un proyecto de acuerdo. Esto significaría que individualmente
cada
miembro del Senado puede hacer fracasar un arreglo internacional. Sería
por demás inaceptable que cada vez
que un Senador o un grupo de Senadores presentara un proyecto de acuerdo, por ese sólo hecho se resolviera
una cuestión antes de que recayera
sobre ella el pronunciamiento de la
Cámara sobre el protocolo mismo. Aun
recayendo un pronunciamiento sobre
el voto que se ha presentado, dicho
pronunciamiento no afectaría el fondo
mismo de la cuestión; de modo que,
repito, no hay razón para prejuzgar
sobre la actitud y la opinión del Senado respecto del Protocolo. En la misma
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196 -
discusión previa que se verificó entre
algunos senadores antes de presentar
el voto formulado, se vió que había
un número considerable de ellos que .
era partidario del Protocolo y -aunque
otros no ·10 eran, creo que el voto del
Senado le será favorable.
Este proyecto de acuerdo nada tiene
que ver con el Protocolo mismo y hay
ventaja de dejarlo claramente consig~
nado, porque no habría conveniencia
alguna en que la opinión pública pudiese pensar que ya estaba acordado
rechazar el Protocolo firmado en Wáshington.
Hay también una razón de lógica
para proceder en la forma que insinúo.
Si la Comisión de Relaciones del Ho~
norable Senado acaba de acordar no
tratar acerca del Protocolo mientras
no lleguen los documentos originales
¿cómo vamos a pronunciarnos sobre
el Protocolo antes de que lleguen los
tales documentos? .
Ahora quiero referirme a otro aspecto de este asunto.
Creo que nuestra Constitución Política, como lo dije, hace caer las responsabilidades de estas gestiones en
el Presidente de la República y en el
Ministro del ramo. Sin embargo debo
recordar' que dentro de nuestro régimen parlamentario hay cierta respon~
sabilidad en el Parlamento, puesto que
los Ministros de Estado son el reflejo
de las mayorías de los partidos políti-
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cos; es lógico que estando según nuestro mecanismo, constitucional unidas
las responsabilidades del Parlamento
y de los Ministros de Estado, se trate
de deslindarlas claramente, como en el
caso actual, puede creer el Congreso
que no se le tomó en cuenta en el
momento decisivo de las resoluciones.
Debo 'recoTdar que en el curso de estas gestiones el Presidente de la República ha coní:mltadoa ocho o diez miembros de la HonoTable Cá1na'/'a para
escucha'/' sus opiniones.
Por consiguiente cada uno de los
que hemos manifestado nuestras opiniones hemos tenido pade en algunas
lases de las negociaciones. Según consta del reportaje hecho al Presidente
de la República, se desprende que las
responsabilidades de estas gestiones
caen d.e hecho sobre los miembros del
Honorable Senado que han tomado
parte en las deliberaciones. Debemos
obligadamentc explicar cada uno la
actitud asumida. Yo por mi parte no
deseo otra cosa y lo haré tan pronto
como termine el señor Ministro.
No sería serio eludir responsabilidades, ni es justo asumir las que no nos
corresponden.
Por mi parte declararé, en el Senado, lo que declaré en los Consejos de
Gobierno cuando fuí llamado.
El señor ERRAZURIZ.-Es
necesario dejar en claro un sólo punto relacionado con el proyecto de acuerdo
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que he presentado señor Presidente;
los demás irán exclareciéndose en el
curso del debate. Me refiero al contexto de mis palabras, al fundar mi
indicación ..
Del texto mismo de mi indicación
fluye con nitidez absoluta que no nos
pronunciamos, ni adelantamos opinión
alguna relacionada con el Protocolo y
demás actos preliminares desarrolla~
dos en Wáshington.
El señor BARROS J ARPA (Ministro
de Relaciones).-Quiero
decir unas
cuantas palabras con respecto a esta
Acta a que se dió lectura hace pocos
momentos, y cuyo contenido estoy
leyendo. No se ha seguido en este
caso la práctica observada por la Mesa,
de proporcionar al Ministro que habla,
gentilmente, todas las actas de las se··
siones secret~s en que yo he interve··
nido. He tenido oportunidad de revisarIas, por una gentileza de la Mesa
del Honorable Senado, antes de que
se diera cuenta de ellas.
A mi juicio, en este caso pudo haberse seguido este mismo temperamento; porque ¿qué gana el país con
saber que el Ministro de Relaciones se
ha contradicho? En cambio ¡cuánto
pierde el país ante el alcance arbitrario que a estas supuestas contradicciones se les está dando! El Acta en
lo que a mí respecta no es fiel.
El señor CLARO SOLAR <Presidente ).--Terminados los incidentes.
1\DVE~TENCI1\:
Se advierte al lector que los documentos que se insertan como versiones cablegráfieas, se publican así porque este libro entró en prensa con
anterioridad a la llegada de los textos
originales los que coinciden exactamente con aquellas.
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