Apunte alfalfa 2014 Actualizado Archivo

Anuncio
Cultivo de alfalfa
Panorama actual de la alfalfa en la Argentina
Introducción
Evolución de la superficie de siembra
Superficie sembrada en Mendoza
Morfología de la alfalfa
Semilla, raíz, tallo, corona, flor y fruto.
Elección de cultivares de alfalfa
Grado de reposo invernal (GRI)
Resistencia a plagas y enfermedades
Potencial de producción y persistencia
Producción de heno, silaje y henolaje de alfalfa
Introducción
Establecimiento del cultivo
Conservación en seco: fardos, rollos y cubos
Conservación en húmedo: silaje y henolaje
Manejo y utilización de pasturas de alfalfa
La alfalfa como eje de las cadenas forrajeras
Utilización de la alfalfa en condiciones de pastoreo
Pastoreo rotativo: herramienta disponible para el manejo de las pasturas base
alfalfa
Criterios para determinar el momento de utilización
Duración del periodo de descanso, producción y persistencia de los alfalfares
Duración del periodo de pastoreo
Meteorismo espumoso (empaste) en pastoreo
Producción de semilla de alfalfa
Introducción
La producción de semilla como industria especializada
Áreas de producción en la Argentina
Requerimientos climáticos
Establecimiento del cultivo
Control de malezas
Control de insectos
Polinización
Cosecha
Panorama actual de la alfalfa en la Argentina
Introducción
La alfalfa (Medicago sativa L.) es la principal especie forrajera del país y la base de la
producción de carne y de leche en la Región Pampeana. La difusión del cultivo se
apoya en sus altos rendimientos de materia seca por hectárea (MS haֿ¹), su excelente
calidad forrajera y su gran adaptabilidad a diversas condiciones ambientales (suelo,
clima y manejo). Por otro lado, su capacidad para la fijación del Nitrógeno atmosférico
a través de la simbiosis con Sinorhizobium meliloti la convierten también en un
importante componente de la sustentabilidad de los sistemas productivos.
Para una alta producción de forraje, la alfalfa requiere suelos profundos (>1,2 m), bien
aireados, de reacción más bien neutra (pH 6,5 a 7,5) y buena fertilidad (especialmente
P y, en menor proporción, S). A medida que las condiciones reales se alejan de este
marco ideal, el cultivo disminuye su rendimiento y su persistencia. Los rendimientos
promedio en forraje obtenidos en parcelas de cultivos puros, correspondientes a la red
de evaluación de cultivares del INTA, fluctuaron entre 8 tn MS ha ¹ año ¹ en Anguil y
20,5 tn MS ha ¹ año ¹ en Marcos Juarez.
Superada la implantación –etapa en la cual la disponibilidad de humedad es
fundamental- la alfalfa está morfológica y fisiológicamente adaptada para tolerar
períodos de deficiencia hídrica de cierta duración. De no existir impedimentos en el
perfil sus raíces pueden extraer humedad desde los 2 m de profundidad a los dos años
y desde los 4 m a los tres años de vida. No obstante, para mantener altas
producciones de forraje, la especie requiere de una apreciable cantidad de humedad.
Algunos autores han estimado que para producir 1 tn MS haֿ¹ en zonas semiáridas se
necesitan 83 mm de agua.
Así como la alfalfa es tolerante a la sequía, es muy sensible al anegamiento del suelo.
El encharcamiento de los lotes produce la falta de oxigenación de las raíces, lo que
puede llevar a la muerte rápida de las plantas.
Evolución de la superficie de siembra
En los años 1996/97 la superficie implantada con alfalfa en la Argentina, sea pura o
consociada con otras forrajeras, era de poco más de 7 millones de ha. A partir de
1998/99 comienza a registrarse un descenso del área de siembra, para ubicarse en
2000/01 en las cercanías de los 5 millones de ha.
Indudablemente, esa disminución de la demanda está relacionada con la baja
rentabilidad de la actividad ganadera en ese periodo, particularmente de la producción
lechera.
Como promedio general para 1996-2001, el 46,2% de toda el área alfalfada se ubicaba
en la provincia de Buenos Aires, el 23,6% en Córdoba, el 15,8% en Santa Fe, el 10,7%
en La Pampa y el 3,7% en Entre Ríos.
La nueva paridad cambiaria y las condiciones internacionales produjeron que mientras
los precios de los granos en general y de la soja en particular se incrementaran, los
precios de los productos pecuarios –la carne y especialmente la leche- se mantuvieran
sin mayores cambios. Esta situación provocó que en las zonas mixtas de la Región
Pampeana se experimentara una notoria preferencia por el cultivo de soja en
detrimento de las actividades ganaderas. La incertidumbre por que atravesaba el
sector agropecuario en materia de precios de insumos y productos originó que en
2002 no se superaran los 3,5 millones de ha implantadas con alfalfa, la cifra más baja
de las últimas décadas.
Durante el 2004, el flujo de dinero generado por las exportaciones agropecuarias
generó mejores condiciones para el país en general y para el sector rural en particular;
paralelamente, se evidenció una franca recuperación de los precios de la leche y de la
carne. En ese contexto, las buenas perspectivas para la producción ganadera se
tradujeron en una mayor demanda de semilla de alfalfa para la siembra de nuevas
pasturas. La superficie de alfalfa para ese año se estimó en unos 4,7 millones de ha.
Durante el 2005 la superficie alfalfada rondó los 5 millones de ha.
En la actualidad la superficie sembrada con alfalfa ronda los 4 millones de ha. De
todos modos, hay una cierta tendencia a la disminución, lenta y paulatina, más que
nada por el avance de la agricultura y la ausencia de una política clara para las
producciones sostenibles de carne y leche (Basigalup, D., 2012, comunicación
personal).
Superficie sembrada en Mendoza
Según datos del Censo Nacional Agropecuario 2008 (CNA 2008) existen en la
provincia de Mendoza un total de 15.950,90 hectáreas destinadas a la producción de
forrajes. El 79% de estas especies forrajeras son perennes, de las cuales la más
importante es la alfalfa. El cultivo de esta especie presenta el 4,1% del área cultivada
en la provincia y el 60% de la superficie de cultivos forrajeros. Según datos del CNA,
en el año 2002 se cultivaban en la provincia, 11.108,7 hectáreas, entre alfalfa pura
(8.557 ha) y consociada (2551 ha). El CNA 2008 revela que esta superficie se ha
reducido a 9.508,2 ha en total, de las cuales 8.639,5 son de alfalfa pura y 868,7 de
alfalfa consociada.
Cuadro 1:Superficie cultivada con alfalfa pura y consociada, en Mendoza, según CNA 2008.
Superficie
(ha)
Alfalfa
Departamento Alfalfa Pura consociada Total
General Alvear 1.365,50
264
1.629,50
Godoy Cruz
0
0
0
Guaymallén
11
0
11
Junín
97,1
0
97,1
La Paz
37,5
0
37,5
Las Heras
150,5
105
255,5
Lavalle
580,9
6,5
587,4
Luján
44
17
61
Maipú
231,5
0
231,5
Malargüe
178,5
5
183,5
Rivadavia
71,1
120,5
191,6
San Carlos
631,8
93,5
725,3
San Martín
139,5
0
139,5
San Rafael
4.852,10
211,2
5.063,30
Santa Rosa
199,5
46
245,5
Tunuyán
15
0
15
Tupungato
34
0
34
Total
8.639,50
868,7
9.508,20
Fuente: Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas, sobre la Base de Datos del Censo
Nacional Agropecuario 2008 – INDEC (*Datos provisorios)
La zona sur de Mendoza es la más importante en cuanto a la producción de forrajes
(73% del total provincial) y también de alfalfa (74% de la superficie total de alfalfa
pura). Los departamentos del sur provincial conforman un polo de producción ya que
comparten algunos cauces de riego, los modelos productivos son similares y
conforman un área con cierta especialización en la producción de forrajes y
especialmente de alfalfa. Esto ha generado también el desarrollo de otras actividades
en esta zona, asociadas a la producción de forrajes y especialmente de alfalfa tales
como la ganadería.
Como se observa en el siguiente gráfico, existe una concentración de más de la mitad
de la superficie cultivada en el oasis Sur de la Provincia; los departamentos con
mayores superficies son San Rafael (5.063,30 ha) y General Alvear (1.629,5 ha). San
Carlos se encuentra en tercer lugar con 725,3 ha. y Lavalle presenta una superficie de
587,4 ha. Siendo estos cuatro departamentos los que presentan mayor superficie
sembrada con alfalfa en la provincia de Mendoza.
Figura 1: Distribución porcentual de la producción de alfalfa en Mendoza, por departamentos.
Otros
16%
Lavalle
6%
San Carlos
8%
San Rafael
53%
General Alvear
17%
Morfología de la alfalfa
Semilla
Las semillas poseen generalmente forma arriñonada y color amarillento, también se
pueden encontrar semillas angulares y de coloración que varía desde el verde oliva a
distintas tonalidades de marrón.
Las semillas en estado maduro, tienen aproximadamente 1-2 mm de longitud por 1-2
mm de ancho y 1 mm de espesor.
Figura 2: Semillas de alfalfa
Figura 3: Partes de la semilla de alfalfa
(https://www.google.com.ar/searchq=semillas+de+alfalfa&hl=es&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ei=jhZvUbiTBo208QSGvoGgDA&sqi=2&ved=0CAcQ_AUoAQ
&biw=1024&bih=673#imgrc=nmF-pqxt-Qq0oM%3A%3B46S26Ym1278GRM%3Bhttp%253A%252F%252Fwww.innatia.com%252Fimagenes%252Fgaleria%)
Germinación y primeras etapas de desarrollo:
En el proceso de germinación, la semilla en contacto con el suelo comienza a
embeberse en agua, lo que desencadena una serie de transformaciones que se
resume en el desarrollo de una raíz y de un talluelo, que se alarga hasta sacar los
cotiledones por encima de la superficie del suelo.
A medida que el desarrollo de la parte aérea de la plántula continua, el talluelo se
alarga y expone los cotiledones por encima de la superficie del suelo. Posteriormente,
la plántula exhibe primero una hoja unifoliada y luego las hojas trifoliadas, también
llamadas “verdaderas”.
Figura 4: Primeras etapas de desarrollo vegetativo:
cotiledonal (a y a¹) y hoja unifoliada (b y b¹)
Raíz
En general, el sistema radical de la alfalfa es robusto y profundo, y su función principal
es la absorción de agua. Si no existen impedimentos en el perfil de suelo, la raíz
puede alcanzar los 2 a 5 metros en sólo 2 a 4 años de vida, de modo que la posibilidad
de extracción de las capas profundas del suelo le ha conferido a la alfalfa su
reputación de tolerante a la sequía.
Figura 5: Raíces de alfalfa
(http://www.pasturasyforrajes.com/alfalfa/requerimientos-del-suelo/desarrollo-normal-de-la-raiz)
Tallo y corona
El tallo primario es cuadrado en su sección transversal y presenta estomas y pelos. No
solo tiene crecimiento primario sino que también posee un crecimiento secundario que
da origen a un eje leñoso o porción perenne, que forma parte de la corona. En su parte
herbácea, presenta nudos desde donde nacen las hojas. El número de los tallos
depende de la edad y el vigor de la planta, y puede llegar hasta 20. El crecimiento de
los tallos es inducido por su utilización (pastoreo o corte) o por un nuevo ciclo
fisiológico de crecimiento.
A medida que el desarrollo de la planta continua, el conjunto de la parte basal de tallos
nuevos y viejos forma, entre la parte aérea y la raíz, una estructura que recibe el
nombre de corona. Más adelante, en la planta adulta, la corona incluirá la porción
perenne de los tallos.
Además de su constitución morfológica, es conveniente resaltar la importancia
funcional de la corona como estructura almacenadora de sustancias de reserva y sede
de yemas a partir de las cuales se producirán los nuevos rebrotes de la planta y
condiciona las prácticas de manejo del cultivo.
El tamaño (pequeño, intermedio, grande) y el tipo (compacta o cerrada, intermedia,
abierta) de la corona depende de factores genéticos y ambientales.
Figura 6: Diferentes partes constitutivas de coronas ya formadas en plantas de 1 (a), 2 (b), 3 (c) y
4 (d) años de vida.
Hoja
La primera hoja de la plántula de alfalfa es unifoliada y de forma orbicular. Las
segundas y subsecuentes son pinnaticompuestas o imparipinnadas, y se originan en el
ápice del tallo. Posteriormente, cuando la planta ya está desarrollada, las hojas
pueden originarse del ápice del tallo o de las yemas laterales ubicadas en los nudos
de los tallos.
Las hojas se unen al tallo por el peciolo y son usualmente trifolioladas, vale decir que
se componen de tres folíolos peciolulados. Los folíolos son normalmente oblongos u
obovados, pero se pueden encontrar formas desde redondeadas a obovado-oblongas
e incluso lineales. El borde de los foliolos es dentado usualmente solo en el tercio
superior.
Las hojas se disponen a lo largo del eje del tallo en forma alternada. En el nacimiento
de las hojas se observan las estipulas, que son unos apéndices delgados a modo de
pequeñas hojas modificadas situadas en la base del pecíolo y adheridas a sus lados.
Las estipulas son normalmente laciniadas, aunque también pueden ser lisas.
Los folíolos tienen una nervadura central prominente, que se extiende a lo largo de la
lámina y de la cual parten nervaduras laterales pinnadas, que se subdividen formando
una red. Las nervaduras son más notables en la cara abaxial del folíolo, que es
pubescente. Los estomas son más numerosos en la cara superior y en el ápice del
folíolo.
Figura 7: Tallos de alfalfa, con nudos desde donde salen las hojas trifoliadas.
(http://www.cuencarural.com/agricultura/81091-tenemos-que-empezar-a-tratar-a-la-alfalfa-como-un-cultivo-agricola/)
(http://chinchilla.com.ar/ichin/laalfalfa.html)
Figura 8: Los dos tipos de estipulas que se observan en hojas de alfalfa: (a)
laciniada, en una planta de tres años; y (b) lisa, en una planta de 1 año.
Flor
La flor se desarrolla cuando el ápice del tallo pasa del estado de crecimiento
vegetativo al reproductivo. Este cambio, que se llama transición, comienza con la
aparición de una protuberancia en la axila del primordio foliar, adyacente al ápice del
tallo. De cada primordio se origina una inflorescencia en forma de racimo simple.
La flor de la alfalfa es completa y está formada por el cáliz, la corola, los estambres y
el gineceo. Posee una corola papilionada en forma de mariposa. El cáliz consta de
cinco sépalos soldados formando un tubo; sin embargo, cada sépalo termina en un
lóbulo o diente que es mayor en longitud al largo del tubo calicino. La corola está
formada por cinco pétalos desiguales: el estandarte, que es el superior y el más
grande de los cinco; las alas, que son dos pétalos más pequeños que se ubican a
ambos lados del estandarte; y la quilla, que está envuelta por las alas y que se forma
por dos pétalos soldados que se ubican más internamente.
Los estambres son 10 y están divididos en dos grupos: uno constituido por nueve,
soldados en la base; y el restante formado por el décimo, que está libre y más cerca
del estandarte. Esta disposición, que recibe el nombre de diadelfa, indica que los
estambres de la alfalfa son diadelfos.
Los filamentos de los 9 estambres soldados tienen distinta longitud y, al fusionarse
para formar el tubo, se alternan los largos con los cortos. Por el interior del tubo que
forman pasa el estilo, que remata en un estigma rodeado por las anteras de los
estambres fusionados. El gineceo presenta un carpelo, que desarrolla un ovario
súpero, y posee un estilo y un estigma bien definidos.
La flor es generalmente de color púrpura, con extremos que van desde el violeta claro
al morado oscuro. También se pueden encontrar flores blancas, azules, amarillas y
variegadas, que son mezclas de colores o tonalidades que van cambiando a medida
que la flor desarrolla.
Figura 9:Estructura de la flor de alfalfa: vista superior (izquierda) y vista lateral (derecha)
Figura 10:Estructura de la flor de alfalfa e inflorescencia de la alfalfa
(http://malinalli-herbolariamedica.blogspot.com/2010/09/alfalfa-alfalfa-medicago-sativa.html) (http://www.cuidarlasalud.com/alfalfa/)
Desenlace floral y polinización
La quilla, que como se mencionó anteriormente está formada por dos pétalos
soldados, posee en su interior al androceo y gineceo (columna sexual). De ese modo,
la polinización solo es posible cuando al separarse los pétalos que forman la quilla a
través de un proceso que se denomina desenlace floral - la columna sexual se libera e
impacta con el estandarte. Ese movimiento brusco que se produce al liberarse la
columna sexual provoca la apertura de las anteras maduras y la consiguiente
diseminación de los granos de polen.
Diversos mecanismos naturales pueden provocar el desenlace floral, como la acción
de insectos y las variaciones de temperatura, humedad y velocidad del viento. La flor
puede fecundarse con su propio polen (autogamia) o con el polen de otra flor
(alogamia). No obstante, la alfalfa es una especie de fecundación preponderantemente
alógama, favorecida por mecanismos naturales autoincompatibilidad y autoesterilidad.
En condiciones naturales, la polinización de la alfalfa es entomófila y es consecuencia
principalmente de la acción de distintas especies de abejas y abejorros. Cuando los
insectos acuden a la flor para liberar el néctar y/o recolectar el polen, la presión que le
ejercen al posarse es suficiente para provocar el desenlace floral, haciendo que la
columna estaminal impacte sobre su abdomen.
Figura 11: Inflorescencia de la alfalfa: a) racimo con flores cerradas y b) racimo con flores
abiertas
(http://www.floradecanarias.com/medicago_sativa.html)
(http://mallorcaesasitambien.blogspot.com.ar/2010/06/preciosidades-en-miniatura.html)
Figura 12: Desenlace de una flor de alfalfa
http://www.inta.gov.ar/ediciones/idia/alt/api04.pdf
Fruto
El fruto de la alfalfa es del tipo legumbre o vaina, monocarpelar, seco e indehiscente,
generalmente alargado y comprimido, con las semillas alineadas en la hilera ventral.
La vaina por encorvamiento desarrolla una espiral que generalmente posee 1 espira
con autofecundación y 3 a 5 vueltas con fecundación cruzada. Cada fruto contiene un
número variable de semillas arriñonadas: 2-3 con autofecundación y alrededor de 9
semillas con fecundación cruzada.
Figura 13: Legumbres de alfalfa con varias espiras
(http://es.wikipedia.org/wiki/Medicago_sativa)(http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Alfalfa_frutos-7.JPG)
Elección de cultivares de alfalfa
La extensa distribución que la alfalfa tiene en la Argentina supone un amplio rango de
adaptación a las particulares condiciones de precipitaciones, suelos, temperatura,
plagas, enfermedades y modalidades de manejo de cada zona. Vale decir que el
productor ganadero, a fin de aumentar su producción y maximizar su rentabilidad,
debe identificar aquellos cultivares (= variedades) que mejor se adapten a las
condiciones particulares de su explotación. Esto último no siempre es sencillo dada la
enorme cantidad de variedades que se ofrecen en el mercado.
A continuación se resumen algunos puntos importantes a considerar:
Grado de reposo invernal (GRI)
El reposo invernal es una característica genética de la alfalfa por la cual, en respuesta
a la disminución del fotoperíodo y a las bajas temperaturas de otoño-invierno, las
plantas reducen su crecimiento. Esos factores ambientales desencadenan un proceso
de aclimatación que permite la supervivencia de las plantas hasta tanto se reinstalen
las condiciones ambientales apropiadas para volver a crecer y desarrollarse. La teoría
fisiológica más aceptada indica que, durante este período de aclimatación, se produce
una acumulación de hidratos de carbono y compuestos nitrogenados en la raíz y la
corona que posibilitarán el reinicio del crecimiento en primavera.
En la Argentina, el legajo para la inscripción de variedades de alfalfa aprobado por el
INASE reconoce 11 categorías de GRI y define los testigos a utilizar para la realización
de las determinaciones, conforme se muestra en el cuadro.
Cuadro 2: Grupos y grados de reposo invernal (GRI) y cultivares testigo definidos por el INASE *
para la clasificación del reposo invernal de las variedades de alfalfa.
*Instituto Nacional de semillas
Grupos de reposo GRI
Con Reposo
1
2
3
4
5
Reposo
Intermedio
Sin Reposo
6
7
8
9
Extremadamente
Sin
10
Reposo
11
Cultivares
Norserman - Spredor
2
Vernal - Alfagraze
Painé INTA - Dekalb
120
WL 320 - Cimarrón
P 205 - Cimarrón VR
Victoria SP INTA Meteor
P 105 - Dekalb 170
WL 516 - dekalb 187
Cuf 101 - 5929
Hejazi
Ne NAF 3
Los cultivares, dependiendo de su GRI, responden de diferente manera a las
temperaturas y al fotoperíodo otoño-invernal. Así, las variedades con reposo (GRI 1-4),
que son más sensibles a las señales fisiológicas disparadas por las bajas
temperaturas y a la menor longitud del día, detienen su crecimiento a principios del
otoño como expresión de un mecanismo de protección contra el frío y las heladas. Por
el contrario, los cultivares sin reposo, son menos sensibles a estas condiciones
ambientales, y continúan su crecimiento mientras la temperatura se mantenga por
encima de 5 °C, aun a costa de sufrir daños por las heladas. Por esto último, el uso de
este tipo de cultivares se recomienda principalmente para áreas templadas, con
inviernos no excesivamente rigurosos.
En general, los cultivares con reposo exhiben en el otoño tallos cortos y postrados, y
presentan durante el verano tasas de elongación de rebrotes relativamente bajas. Por
el contrario, los cultivares sin reposo presentan en el otoño tallos más erectos y
alcanzan tasas de crecimiento más altas, durante la primavera y el verano. Las
diferencias en las tasas de crecimiento entre estos grupos se deberían a que los
cultivares con reposo maduran más lentamente que los sin reposo. Otro aspecto que
podría relacionarse con el reposo invernal es la calidad forrajera. Algunos trabajos
publicados concluyeron que los cultivares sin reposo, debido a sus tallos más erectos
y fibrosos, poseen menor digestibilidad y proteína y mayor cantidad de fibra que los
de mayor reposo.
Resistencia a plagas y enfermedades
Además del efecto que las plagas y las enfermedades ejercen per se sobre la
productividad y la persistencia de la alfalfa, se debe tener en cuenta su acción en
detrimento de la calidad del forraje y en la predisposición para intensificar el daño de
otros agentes de estrés, tanto bióticos como abióticos. Para la elección de los
cultivares de alfalfa se deben conocer las plagas y las enfermedades que mayor
importancia tienen en el área donde se va a sembrar, especialmente de aquellas que
pueden disminuir económicamente la producción o la persistencia. Entre los
principales problemas, para los que se cuenta con variedades resistentes, se pueden
citar: podredumbre húmeda o fitóftora (Phytophtoramegasperma f. sp. medicaginis),
fusariosis(Fusarium oxysporum f. sp. medicaginis), antracnosis (Colletotrichumtrifolii), y
pulgones moteado (Therioaphistrifolii), verde (Acyrthosiphumpisum) y azul (A. kondi).
Existen otras importantes enfermedades como la corchosis, el complejo de
podredumbres de corona y raíz y las enfermedades foliares y plagas (como orugas
cortadoras, isocas, tucuras, trips, gorgojos, etc.) para las cuales todavía no se cuenta
con adecuados niveles de resistencia en los cultivares comerciales.
Las condiciones climáticas de la región de Cuyo (baja humedad relativa y escasas
precipitaciones) hacen que el problema de las enfermedades no tenga la magnitud que
tienen en otras zonas productoras. Es notorio el avance logrado en los últimos años en
la producción de forraje, alcanzándose niveles que duplican los obtenidos en la
década del 70 y parte del 80, con valores de producción superiores en un 50-60% a
los mejores ecotipos.
Potencial de producción y persistencia
La adaptación que tiene una variedad a un ambiente determinado se expresará a
través de su producción de forraje y su persistencia a lo largo de los años. Por ello es
importante que la variedad a utilizar se defina también por el comportamiento
agronómico que haya exhibido en ensayos de evaluación conducidos en las
localidades más próximas al área en que la pastura se quiere implantar.
Producción de heno, silaje y henolaje de alfalfa
Introducción
Por su gran potencial de producción de forraje con altos niveles de proteína y energía,
la alfalfa es uno de los pilares sobre los cuales se asienta la ganadería argentina. A
esto debe sumarse su alto contenido de vitaminas (o sus precursores) A, E y K y de la
mayoría de los minerales requeridos por el ganado productor de leche y carne, en
especial calcio, potasio, magnesio y fósforo. Estas características justifican los
esfuerzos dedicados a conservar el forraje de alfalfa, lo que permite transferir su
producción primavero-estival a otras épocas del año y/o a otras regiones fuera de su
área de cultivo. Para ello se utilizan diversas técnicas de conservación de forraje, tanto
en seco como en húmedo.
La principal forma de conservación de la alfalfa en el mundo es la henificación. En los
Estados Unidos solo el 15-20% es conservada en forma de silaje y henolaje, mientras
que el 80% lo es en forma de heno, sea como fardos prismáticos convencionales o
gigantes (55%) o como rollos (25%). Si bien en la Argentina no se cuenta con
estadísticas recientes, se estima que el heno de alfalfa pura se produce en
proporciones similares como fardos y como rollos, y que en el caso de pasturas de
alfalfa consociadas predomina la forma de rollos (85%) sobre la de fardos (15%). Una
porción menor de la producción de alfalfa se conserva como silaje o henolaje. Otra
forma de conservación de la alfalfa es por medio del deshidratado y posterior
compactado para producir pequeños cubos o pellets de alta densidad, aunque en la
Argentina –al menos en la actualidad- el volumen procesado de esta manera es de
poca importancia.
Cualquiera que sea el método de conservación de alfalfa que se elija, es muy
importante tener en cuenta que ninguno de ellos puede incrementar la cantidad ni la
calidad del forraje en pie que se quiere conservar. Esto es así porque a partir del corte
se producen perdidas por diversos motivos (respiración, lixiviación, fermentaciones
indeseables, caída de material, insolación, contaminación con microorganismos y
suelo, etc.) que afectan, en mayor o menor grado, el volumen y la calidad de la reserva
producida.
De acuerdo con estudios realizados en INTA, en zonas irrigadas los rendimientos
promedios anuales varían entre 10 a 18 tn de materia seca (MS) por ha. Sin embargo
experiencias locales de INTA estiman rendimientos óptimos de 20.000 kg MS/ha/año.
Establecimiento del cultivo bajo riego
Preparación del suelo
La alfalfa es una especie de gran plasticidad que se adapta a suelos de diferentes
texturas. Requiere de suelos bien aireados y es muy sensible a la falta de oxigenación
a nivel radicular que suele producirse cuando existe anegamiento del suelo. Al estado
de plántula, un anegamiento por espacio de 24-36 horas y con temperaturas de 30 ºC
se convierte en letal.
Dado el pequeño tamaño de la semilla de alfalfa es necesario que al momento de la
siembra se cuente con un suelo refinado, bien preparado, con una cama fina y firme.
Una pendiente del 0,2% al 0,5% facilitará la distribución del agua, para lo cual debe
considerarse la textura, profundidad del suelo y longitud del riego. Lotes nivelados a
cero pendiente pueden dificultar la aplicación de una lámina baja en intervalos cortos o
favorecer el encharcamiento en suelos pesados. Las capas duras existentes
(naturales o pisos de arado) deben, en lo posible, destruirse con labores profundas
(subsolado) antes de iniciar la preparación definitiva. Es importante tener en cuenta
los siguientes aspectos:




El cultivo que precede a la alfalfa debe finalizar su ciclo lo
suficientemente temprano como para permitir una adecuado control de
malezas y preparación del suelo.
Planificar con tiempo la siembra para poder organizar la preparación del
suelo de la mejor manera posible.
Considerar la presencia de las malezas problemas en el lote que se va a
sembrar. Malezas como cañota (Sorghumalepense), Chilquilla (Wedellia
glauca), Chepica (Cynodondactylon) y trébol de olor (Melilotussp.) tienen
que ser controladas, en lo posible, antes de la siembra.
Conocer la textura y profundidad del suelo implicará una elección
adecuada de la longitud de riego y posterior manejo del cultivo.
Época de siembra
La alfalfa germina en un rango muy amplio de temperatura, desde 5 ºC a 35 ºC,
ubicándose el óptimo entre 19 ºC y 25 ºC. Para lograr una planta que se establezca
adecuadamente con un rápido desarrollo radicular, es prioritario realizar las siembras
en otoño, considerando a los meses de marzo-abril como los más convenientes. Esta
época le permite a las plantas desarrollar algún crecimiento radicular más o menos
importante con la consiguiente acumulación de reservas en raíces, antes de las
primeras heladas.
La siembra de primavera es otra opción disponible, pero no siempre aconsejada en
nuestra zona. Algunos de los factores que deben considerarse en esta época de
siembra son: una mayor infestación de malezas, posibilidades de ataques de insectos
en estados juveniles, las altas temperaturas de la época, tener una mayor
disponibilidad de agua para riego ya que estos deben realizarse frecuentemente y un
menor rendimiento para el primer año en la producción de forraje.
Calidad de semilla
Es fundamental reducir los riesgos -en un cultivo que va a durar varios añosinvirtiendo en una semilla de alta calidad.
Al elegir la semilla se deben considerar dos parámetros: la calidad física (está
definida por el grado de contaminación con malezas, cuerpos extraños y el grado de
dureza de la semilla) y la calidad genética (asociada al rendimiento de forraje, grado
de reposo invernal, comportamiento ante plagas, velocidad de crecimiento,
persistencia, etc.)
Muchas veces se ofrece en el mercado semillas a precios bajos, pero de dudosa
calidad física o genética. Siempre se debe comprar semilla fiscalizada que provenga
de semilleros reconocidos y las bolsas deben estar perfectamente identificadas por
rótulos que especifiquen las características y la calidad del producto adquirido.
Inoculación de la semilla
La alfalfa, como otras leguminosas, posee la particularidad de realizar una simbiosis
con bacterias fijadoras del nitrógeno atmosférico (Rizobios) lo que la convierte en una
fuente interesante para la recuperación de la fertilidad química de los suelos.
Debido a la ausencia de rizobios naturales o a la ineficiencia de los mismos, es
conveniente la inoculación de las semillas antes de la siembra para lograr una efectiva
fijación simbiótica del nitrógeno atmosférico. Si bien es una práctica discutida, el muy
bajo costo que implica el uso de inoculantes hace que generalmente sea
recomendada.
Densidad de siembra
La cantidad de semillas utilizadas en nuestra región se encuentra entre 10 y 12 kg/ha
(siembras al voleo y distribución manual). Se necesitan ente 50 y 70 plantas
establecidas por m² para alcanzar los máximos rendimientos y ofrecer buena
competencia a las malezas. Inicialmente el número de plantas logradas por m2
depende fuertemente de la densidad de siembra. Durante los primeros meses de vida
de la alfalfa se produce una abrupta declinación en el stand de plantas, donde los
inicialmente muy densos se ralean en mayor medida que los ralos, alcanzando ambos
en un plazo muy corto el equilibrio con un número de plantas similar. Un aspecto
negativo a las densidades excesivas es el retraso en el desarrollo radicular. En
siembras mecanizadas las densidades bajan considerablemente (6 kg/ha).
Riego
El manejo del agua de riego se basa en una serie de principios fundamentales que
deben aplicarse a cada situación particular, debiendo considerarse la variabilidad de
los suelos (textura y profundidad), época del año, estado fenológico del cultivo,
diferentes sistemas de riego, cantidad y calidad del agua disponible, grado de reposo
invernal, duración del cultivo, etc. La diversidad de suelos presentes hace difícil
establecer un esquema de riego.
En todo el periodo de implantación es necesario controlar con frecuencia la humedad
del suelo, cuidando especialmente que las raicillas estén en contacto permanente con
suelo húmedo. Se deben efectuar riegos cortos y frecuentes para mantener húmeda
el área de exploración de las raíces y reponer solamente la humedad perdida por
evaporación y transpiración.
En términos generales puede decirse que para obtener rendimientos óptimos en alfalfa
el cultivo debe disponer de 1.500 mm de lámina durante su ciclo de crecimiento anual.
El manejo del riego debe compatibilizarse con el manejo de los cortes y recolección
del forraje de manera que no interfiera en estas prácticas y no se someta a las plantas
a un estrés hídrico que afecten futuras producciones.
Cultivo acompañante
Cuando el objetivo es la mayor producción de forraje en el menor tiempo posible, el
suelo no presenta riesgos de voladura y no existen problemas de malezas, es
aconsejable no usar cultivos acompañantes y así obtener un rápido establecimiento y
una alta producción inicial de la alfalfa.
La utilización de un acompañante (avena, centeno y trigo) presenta mermas
importantes en la cantidad y calidad del forraje en los primeros dos cortes e interfiere
en el manejo general del cultivo.
Conservación en seco: fardos, rollos y cubos
La conservación en seco, o henificación, consiste en reducir lo más rápidamente
posible el contenido de humedad del forraje fresco. En el caso de la alfalfa, y partiendo
de un contenido de humedad que oscila entre 70 y 85%, el objetivo es llegar a 1820%, nivel en que la respiración celular y la actividad de los microorganismos
descomponedores son casi nulas. Esta rápida desecación permite no solo capturar la
mayoría de los nutrientes presentes en el forraje sino también almacenarlos por largos
periodos, sin que se produzcan cambios sustanciales en su composición. Los
rendimientos promedio en fardos, en la provincia de Mendoza fluctúan entre 500 y
1.000 fardos/ha/año.
Figura 14: Conservación en seco: Rollos de alfalfa en el departamento de Malargüe, Mendoza.
Podemos dividir el proceso de henificación en cuatro etapas: 1) corte; 2) secado; 3)
recolección; y 4) almacenamiento. En cada una de ellas pueden actuar factores que
afecten el rendimiento y la calidad del producto final.
1) Corte
Estado de madurez
El estado fonológico o de madurez de la planta es el factor individual más importante a
tener en cuenta en el momento del corte para producir forraje conservado de alta
calidad, ya que expresa el efecto acumulado que el medio ambiente y el genotipo tiene
sobre la planta. El desarrollo fonológico de la alfalfa puede caracterizarse de varias
formas. En términos generales se habla de cuatro estados: vegetativo, botón floral,
floración y semillazón.
Numerosos trabajos han demostrado no sólo los cambios que se producen en la
composición química de la alfalfa asociados a cambios en el estado de madurez, sino
también la alta correlación existente entre la calidad del forraje en pie y la calidad del
heno. En los estados maduros la alfalfa es menos digestible y posee menor potencial
de consumo voluntario y de producción animal que en los estados inmaduros; estos
cambios están asociados a una declinación en el contenido de proteína bruta y un
incremento en la concentración de fibras y lignina.
La relación que existe entre madurez, valor nutritivo y rendimiento de materia seca de
alfalfa también ha sido claramente demostrada por numerosos investigadores. A
medida que se va postergando el corte de la alfalfa hacia el estado de floración, el
rendimiento por hectárea aumenta linealmente debido al incremento en peso de la
fracción tallo; a su vez, esto va asociado a una disminución de la relación hoja/tallo y a
cambios en la composición química que determinan un menor valor nutritivo. A partir
del estado de floración tardía el valor nutritivo sigue declinando, y el rendimiento
también comienza a disminuir debido a la caída de las hojas basales. Por otro lado, los
cortes en estados muy inmaduros (vegetativo a pre-botón floral) producen forraje de
alta calidad pero –además de producir menores rendimientos- pueden comprometer la
supervivencia del cultivo por no permitir una suficiente acumulación de reservas en las
raíces.
Figura 15: Variación de la producción de materia seca (MS),
del rendimiento de materia seca digestible (MSD) y del porcentaje de
digestibilidad total (DIGESTIBILIDAD) de la alfalfa en función de los
estados de madurez a lo largo de un ciclo de crecimiento primaveral.
Adaptado de Wilken y col.
No existe un estado de madurez óptimo para cortar alfalfa, dado que este dependerá
del objetivo de producción al que se destina el forraje conservado y de los
requerimientos de los animales. Por lo común, se trata de alcanzar un equilibrio entre
el rendimiento de materia seca y su valor nutritivo. La floración es el parámetro más
utilizado en nuestra zona. Se debe tener en cuenta que una alfalfa cortada a botón
floral o 10% de floración es cuando se obtiene una mayor cantidad de materia seca
con alto valor nutritivo. Es en este período de floración cuando se compatibiliza
cantidad y calidad. La aparición de rebrotes en la corona es un buen indicador en
épocas - inicio de primavera o fines de otoño-, que como consecuencia de días más
cortos, las plantas no tienden a florecer a pesar de estar en condiciones de ser
utilizadas para el corte. Rebrotes de aproximadamente 7 cm son parámetros
semejantes al 10% de floración en cuanto a la calidad del forraje.
Altura de corte
La alfalfa presenta marcadas diferencias en el valor nutritivo de las porciones superior
e inferior de la planta. La digestibilidad de la materia seca, el contenido de
carbohidratos no estructurales y el contenido de proteína bruta disminuyen desde el
ápice hacia la base de la planta. Estas diferencias se deben a una menor proporción
de hojas y a una mayor concentración de lignina y de pared celular en la porción
inferior de los tallos.
Para un correcto cuidado del cultivo, un óptimo aprovechamiento de la materia seca y
un rápido y eficiente secado, el pasto debe ser cortado a una altura que oscile entre
los 5 y 10 cm. Como regla práctica para el trabajo a campo se puede tomar la altura
del puño.
Un corte demasiado alto estará dejando forraje sin cortar en el campo con la
consiguiente pérdida en cantidad de pasto además de demorar la velocidad de
rebrote. Si por el contrario la altura de corte es excesivamente baja, se corre el riesgo
de dañar a los meristemas de crecimiento de las plantas y el aporte de tierra a la
andana.
Presencia de malezas
La presencia de malezas en cultivos destinados a henificación tiene efectos
indeseables indirectos comunes en el caso de malezas suculentas y/o de tallos
gruesos como las dificultades que presentan para la maquinaria de corte
(atascamientos, rotura de cuchillas, etc.) y su lenta tasa de secado, inferior a la de la
alfalfa-esto último impide el secado rápido y parejo de la andana, con las
consiguientes pérdidas de materia seca y de nutrientes y con el aumento del riesgo a
factores climáticos adversos.
Las malezas también pueden afectar la calidad del heno si son no palatables,
presentan espinas que hacen que el animal las rechace, o contienen compuestos
tóxicos para el ganado.
Por ello su presencia en alfalfares destinados a la producción de reservas de calidad
debe ser evitada. Se espera que la posible aparición en el mercado de variedades
resistentes al herbicida glifosato (alfalfas RR) contribuya con el futuro a lograr este
objetivo.
Plagas y enfermedades
El rendimiento y la calidad del heno pueden ser reducidos por la presencia de diversas
plagas y enfermedades, que causan la caída de hojas y consecuentemente la
reducción de la relación hoja/tallo, el incremento en el contenido de fibra y/o la
disminución en el contenido de proteína bruta y caroteno. Algunas de las
enfermedades foliares que afectan la producción de heno en nuestro país son: tallo
negro
de
verano (Cercosporamedicaginis),
tallo
negro
de
primavera
(Phomamedicaginis), mancha ocular de la hoja (Leptosphaerulinabriosana), manchón
foliar amarillo (Leptotrochilamedicaginis).
Existe abundante evidencia de que ataques severos de pulgones, una de las
principales plagas del cultivo en la Argentina, producen un aumento en el contenido de
lignina y una reducción en el contenido de proteína bruta y caroteno. Otras plagas
importantes en nuestro país como la isoca de la alfalfa (Colias lesbia), la isoca
medidora (Rachiplusianu y R. includens) y la isoca militar tardía
(Spodopterafrugiperda) también afectan negativamente la producción de heno por
perdida de materia seca y disminución de la fracción hoja, especialmente en ataques
severos. Otros efectos de la incidencia de plagas y enfermedades, que aunque menos
importantes, son los relacionados con la acumulación de compuestos estrogénicos en
el forraje. Ataques de pulgón verde (Acyrthosiphonpisum) y de enfermedades foliares
de origen fúngico han sido correlacionados con aumentos en la concentración de
cumestrol y de otros compuestos fenólicos, los que pueden producir desordenes en el
ganado que posteriormente se alimenta con ese heno.
Hora del día
La práctica del corte debe iniciarse siempre durante la mañana, y en épocas de rocío
después que este se halla levantado, asegurando así una disminución rápida del
porcentaje de humedad del forraje durante el transcurso del primer día y una reducción
de las pérdidas por respiración ya que una vez cortada la planta, continua respirando
hasta alcanzar porcentajes de humedad cercanos al 50%, momento en que la
respiración se reduce. Este es el fundamento del secado rápido del forraje, es decir
procurar que las células interrumpan la respiración cuanto antes para disminuir el
consumo de carbohidratos.
Cortes realizados en las últimas horas de la tarde no aprovechan las horas de mayor
temperatura e insolación aumentando las perdidas por respiración y alargando el
período de secado.
Ancho de corte
El ancho de corte más común de las maquinas utilizadas en nuestra zona oscila entre
1.5 m y los 2.5 m. Cuando se tienen alfalfas con mucho desarrollo vegetativo se debe
tener cuidado con el ancho de labor de corte debido a que se for maran andanas muy
densas demorando su secado en el campo. Una solución a este problema es el uso
de acondicionadores mecánicos incorporados en las segadoras, que aceleran el
deshidratado al hacer pasar el forraje recién cortado entre dos rodillos que rotan en
dirección opuesta y a una velocidad mayor que la de avance. Estos rodillos causan
fricción, aplastamiento y quebradura de tallos a intervalos regulares. La fricción
reduce, por abrasión, la cutícula serosa que dificulta la difusión de agua,
especialmente desde los tallos.
Las andanas deberán tener un volumen constante en todo su ancho. Teóricamente
deberían tener 2 kg de pasto por metro lineal de andana, una altura pareja en todo su
ancho y un ancho aproximado a 1 m.
Cantidad de forraje a cortar
Uno de los errores más frecuentes es cortar mucha más alfalfa por día de la que se
puede enfardar. Así se trabaja con andanas pasadas de su momento óptimo de
recolección y con elevadas pérdidas de hoja. Resulta conveniente cortar la superficie
que se tenga capacidad para enfardar en un día, debido a que el forraje se conserva
mejor en la planta que en la andana; disminuyendo el tiempo de permanencia del
forraje cortado en el campo
Calidad del corte
La maquinaria más conveniente será aquella que realice un corte neto y sin
deshilachar, que no haga el repicado del forraje para evitar pérdidas de hoja. La
andana dejada por la segadora debe ser uniforme en ancho y densidad, esponjosa y
aireada para permitir un rápido secado
El repicado -ocasionado generalmente por las segadoras a hélice- se produce cuando
las cuchillas de corte impactan más de una vez con la planta cortada. Esto trae
aparejado por un lado la caída de hojas por golpe con la consiguiente pérdida de
calidad, y por el otro, que los trozos de forraje que tienen menos de 10 cm de largo no
son recogidos por la enfardadora, produciéndose pérdidas en cantidad de forraje.
Figura 16: Corte de alfalfa con segadora de tambor
2) Secado
La deshidratación o secado implica la eliminación, en el menor tiempo posible y con
mínimas pérdidas de materia seca y nutrientes, de la mayor parte del agua presente
en el forraje. El objetivo en la alfalfa es “secar rápido y retener las hojas”. La etapa de
secado a campo dura normalmente 2 y 4 días, aunque dependiendo de las prácticas
de manejo y de las condiciones climáticas este periodo puede extenderse desde 1 día
hasta más de 15 días. Diversos modelos de predicción han identificado a la radiación
solar y al potencial de evapotranspiración como los factores ambientales de mayor
influencia en el secado, asignando también importancia al tenor de humedad del suelo
y a la densidad de andana.
Fases en el secado a campo de alfalfa cortada



Desde el corte al 60% de humedad: la alfalfa elimina por evaporación el agua
depositada en la superficie de la planta (rocío, lluvia) y, a través de los
estomas, el agua contenida en las células exteriores de los tejidos. Para
facilitar esto último, pueden realizarse tratamientos mecánicos que, como el
rastrillado, aceleran el secado sin que se produzcan pérdidas importantes de
hojas.
Desde el 60% hasta el 30% de humedad: para poder evaporarse, el agua
menos superficial necesita moverse por difusión desde las células interiores
hacia el exterior, atravesando la cutícula de composición serosa que recubre a
hojas y tallos. La diferente tasa de secado de hojas y tallos hace que, por
ejemplo, cuando la andana tiene una humedad promedio de 40%, la mayoría
de las hojas ya esté cerca del 20%, lo que las hace quebradizas y susceptibles
a pérdidas si se aplicaran tratamientos mecánicos para favorecer el secado.
Desde el 30% hasta el 18-20% de humedad: la pérdida de agua se hace más
difícil, requiere más energía y depende en mayor medida de las condiciones
atmosféricas. Cualquier tratamiento mecánico aplicado en esta fase provocara
una alta pérdida de hojas.
Perdidas de materia seca y nutrientes durante el secado
Perdidas por respiración: a partir del momento en que la planta es cortada, la tasa de
fotosíntesis disminuye abruptamente. Por el contrario, el proceso de respiración celular
disminuye a una tasa mucho menor. La respiración se hace insignificante cuando la
humedad baja hasta el 25-30%. El proceso de respiración implica oxidación completa
de hidratos de carbono solubles (principalmente glucosa y fructuosa), con eliminación
de CO2, H2O y energía. Esto resalta una vez más la importancia de lograr un secado
rápido y parejo de la andana para minimizar la respiración, ya que este tipo de
perdidas tiene el agravante de que los carbohidratos respirados son los de mayor
calidad, es decir, los más fácilmente digeribles por el animal.
Perdida por lixiviación o lavado de nutrientes: la alfalfa es un cultivo particularmente
susceptible al lavado de nutrientes hidrosolubles por acción de las lluvias durante la
etapa de secado.
Perdidas mecánicas: están ligadas principalmente a la caída de hojas como
consecuencia de la acción de vientos y/o lluvias fuertes y de la acción de la maquinaria
utilizada para uniformar y/o acelerar el secado, juntar las andanas, etcétera.
3) Andanado o rastrillado
La alfalfa es cortada y dejada sobre el suelo sin hilerar hasta que la humedad baja al
50%-60%; luego se usa el rastrillo para formar las andanas. Si en el momento de
rastrillar la humedad del forraje es baja (menos del 40%) las pérdidas de hoja serán
considerables.
Se debe rastrillar, para dar vuelta la andana y uniformizar el oreado, en horas de
máxima humedad (noche o madrugada), pero siempre sin rocío, para evitar el
desprendimiento de hojas.
Si bien los rastrillos son implementos livianos y que no requieren demasiada potencia,
no es aconsejable trabajar a velocidades que excedan los 5 km/h. Esto es a los
efectos de evitar la caída de hojas por impacto.
Debe procurarse trabajar a una altura tal (2,5 cm aproximadamente) que las púas no
lastimen a los meristemas de crecimiento de las plantas, que no se levante rastrojo de
cortes anteriores, y que se incorpore tierra a la andana.
Figura 17:Andanado de forraje con rastrillo tipo estelar
4) Recolección y compactación
Una vez finalizada la etapa de secado, el heno de alfalfa está listo para ser
recolectado y compactado. Entre los factores que más influyen en esta etapa sobre la
calidad final del producto se encuentran:
Humedad del forraje
Existen varios métodos subjetivos para estimar la humedad del heno, como por
ejemplo determinar que una andana de alfalfa esta lista para enfardar si al retorcer un
manojo este se corta fácilmente, pero sin deshojarse; o cuando ya no es posible pelar
la cutícula de los tallos con la uña. No obstante la forma más confiable es utilizando
humedímetros que trabajan por conductividad eléctrica. Estos permiten medir la
humedad directamente sobre una muestra tomada en la andana o en el interior de un
rollo o fardo confeccionado para prueba. Si el forraje no fue secado adecuadamente y
es enfardado con un contenido de humedad superior al nivel crítico de 18-20%, se
produce un deterioro en la calidad del heno.
Condiciones ambientales
Las variables que más influyen al momento de enfardar alfalfa son la humedad relativa
y la radiación solar, ya que afectan el grado de humedad de la andana y la perdida de
hojas. En general, se recomienda enfardar o arrollar durante la noche si no hay rocío,
o durante el día a partir de que este se disipa, teniendo la precaución de no hacerlo
durante las horas del mediodía y las primeras horas de la tarde si el ambiente está
caluroso y seco.
Maquinas recolectoras-compactadoras
Las pérdidas de materia seca y de calidad de heno de alfalfa debidas a la recolección
y enfardado son de variada magnitud y se deben principalmente a la perdida de hojas
y a una compactación deficiente. El deshojamiento se produce durante la recolección
de las andanas y durante el compactado en la cámara. Por el contrario, el grado de
compactación del heno no tiene un efecto inmediato sobre la calidad del fardo o rollo,
sino que influye sobre su hermeticidad a las lluvias durante la etapa de
almacenamiento.
Otra forma de compactar alfalfa es la producción de pequeños cubos o pellets
cilíndricos de alta densidad. La materia prima es alfalfa deshidratada. Esta técnica de
conservación utiliza maquinas que muelen el heno a un tamaño de partícula de 2-3
mm, lo humectan y lo comprimen en cubos que luego son llevados a un contenido de
humedad no mayor del 14%.
La densidad de un cubo o pellet es el doble o más de la de un fardo convencional, lo
que facilita y abarata su transporte, almacenamiento y suministro. Debido a su alta
demanda energética, este sistema representa solo una pequeña parte de la alfalfa
conservada en la Argentina y se destina a la formulación de alimentos especiales para
conejos, chinchillas, equinos y porcinos, y solo eventualmente para vacas lecheras.
Figura 18: Enfardadora de alfalfa que produce Figura 19: Rollos de alfalfa
Fardos prismáticos
5) Transporte y almacenamiento
El heno de alfalfa es un producto perecedero, y como tal su manejo durante el
transporte y almacenamiento influirán en la calidad final del forraje suministrado al
ganado. En la Argentina los fardos prismáticos son recolectados del campo en forma
manual, ya que no existe una mecanización de esta tarea como es común en otros
países. Una alta proporción de los fardos prismáticos son almacenados bajo techo, en
estructuras permanentes o temporarias, lo que garantiza mínimas perdidas de calidad.
Por el contrario, en el caso de los rollos gigantes el traslado es mecanizado y
demanda escasa mano de obra. Casi la totalidad de los rollos de alfalfa producidos en
el país son almacenados a la intemperie, lo que los hace susceptibles a pérdidas de
materia seca y de valor nutritivo por efecto de los factores ambientales. El
almacenamiento en lugares altos, sobre postes o grava, bajo cubierta plástica y en
estibas separadas entre sí y ubicadas a favor de los vientos predominantes, ayudan a
minimizar estas pérdidas.
Figura20: Transporte y almacenamiento de fardos
Figura 21: Transporte de rollos de alfalfa
prismáticos de alfalfa
Conservación en húmedo: silaje y henolaje
El ensilaje es una técnica de conservación de forrajes por la vía húmeda, basada en el
desarrollo de un proceso fermentativo provocado por la actividad de microorganismos
en ausencia de aire (condiciones de anaerobiosis) y que tienen por finalidad limitar las
pérdidas del valor nutritivo y evitar la formación de sustancias toxicas para los
animales. La conservación de alfalfa como silaje y henolaje tiene en nuestro país una
difusión considerablemente menor a la conservación como heno.
Se denomina silaje de alta humedad o silaje de corte directo cuando el forraje es
almacenado con más del 70% de humedad; y se denomina henolaje,
silajepremarchitado o silajepreoreado cuando el forraje es almacenado con un rango
de humedad del 40 al 60%. En cualesquiera de los casos anteriores, la alfalfa ensilada
sufre un proceso fermentativo (ambiente anaeróbico) a bajo PH. Entre las principales
ventajas de este tipo de conservación se incluyen la escasa pérdida de hojas desde el
corte hasta el ensilado, la baja pérdida de nutrientes por respiración, la corta
exposición a factores climáticos adversos luego del corte, el alto grado de
mecanización del proceso y la posibilidad de conservarlo por períodos prolongados
con pérdidas mínimas de calidad. Sin embargo la alfalfa no es un cultivo ideal para el
ensilado debido a que posee un bajo tenor de carbohidratos solubles (precursores de
los ácidos orgánicos) y una alta concentración de proteínas y cationes (que actúan
como atenuadores de los cambios de PH). Las pérdidas totales de materia seca y
nutrientes durante el proceso de ensilado de alfalfa pueden variar desde valores
mínimos de 3 a 6% bajo condiciones adecuadas hasta el 70% o más cuando el forraje
sufre serias alteraciones.
Manejo y utilización de pasturas de alfalfa
La alfalfa como eje de las cadenas forrajeras
La alfalfa es una especie de alta producción de forraje durante el período comprendido
entre la primavera y el otoño. La misma puede prosperar en un amplio rango de
situaciones ecológicas, lo que permite integrar su cultivo en las rotaciones de los
principales sistemas de producción agrícola-ganaderos.
La productividad de forraje de esta leguminosa se haya fuertemente afectada por el
ambiente ecológico. En la región pampeana Norte, las pasturas de alfalfa y sus
mezclas pueden alcanzar, en condiciones de pastoreo, un rendimiento anual promedio
de 10,5 a 12 tn MS (materia seca) ha‫־‬¹ durante el ciclo de vida útil de la pastura. Esta
alta capacidad productiva coloca a la alfalfa como eje de cualquier planteo forrajero en
todas aquellas zonas con condiciones edafoclimáticas para su implantación y
desarrollo.
Utilización de la alfalfa en condiciones de pastoreo
En la Argentina, la mayor parte de las pasturas base alfalfa se utilizan bajo pastoreo
directo. El pastoreo continuo de esta especie, muy difundido en el pasado, ha sido
sustituido progresivamente por sistemas rotativos con grados variables de
intensificación en lo que respecta al número de subdivisiones de los potreros.
Un eficiente aprovechamiento de las pasturas base alfalfa debiera centrar el esfuerzo
en lograr una alta producción de forraje en cantidad y calidad, con una buena
distribución a lo largo del año, y en la aplicación de criterios de manejo compatibles
con la persistencia del cultivo.
Las particularidades del crecimiento de la especie requieren especial consideración,
pues de ello depende en gran medida la productividad de forraje. Sus características
morfológicas, fisiológicas y el grado de latencia invernal de cada cultivar condicionan el
sistema de utilización. En condiciones de pastoreo, este proceso adquiere tal
dinamismo que requiere, a su vez, ajustes permanentes.
El conocimiento del impacto de las distintas variables de manejo del pastoreo sobre la
productividad, calidad y longevidad de las pasturas, así como sus efectos sobre el
animal, aporta elementos decisivos para mejorar la eficiencia global de utilización de la
alfalfa. En este sentido, la carga animal y el sistema de utilización constituyen dos
pilares fundamentales de manejo que determinan el rendimiento de un sistema de
producción animal.
La mayoría de los investigadores coinciden en que la alfalfa responde con mayor
producción y persistencia cuando se la somete a un sistema de pastoreo rotativo que
respete sus ciclos de crecimiento. En condiciones prácticas, y en buena medida, la
productividad animal dependerá de la carga, del cultivar implantado, de la intensidad y
la frecuencia de defoliación y del tipo de animal utilizado. La integración y el ajuste de
estas variables con el resto de los componentes del sistema de producción constituyen
uno de los mayores desafíos de los planteos de intensificación de las invernadas
pastoriles, dentro de un marco de alta productividad y eficiencia.
Pastoreo rotativo: herramienta indispensable para el manejo de las
pasturas base alfalfa.
Bajo pastoreo continuo, las plantas individuales de alfalfa se encuentran sometidas a
una defoliación tan frecuente que conduce a un debilitamiento general de las mismas,
con menor producción de forraje y reducción de su sistema radicular. Esto acelera la
muerte de la planta ante situaciones adversas como períodos de sequía, ataques de
plagas o enfermedades, heladas intensas, etc.
Por lo tanto, la utilización de un sistema rotativo en pasturas base alfalfa es un
componente de manejo del pastoreo que admite pocas discusiones, al menos para el
grueso del germoplasma más difundido en la actualidad. Este método de pastoreo
posibilita brindar a la alfalfa el descanso necesario entre defoliaciones para que la
recomposición de reservas en las raíces permita rebrotes vigorosos y praderas
longevas y productivas.
Uno de los pilares que sustenta el adecuado aprovechamiento de la alfalfa bajo
pastoreo rotativo es el conocimiento de los procesos que gobiernan el crecimiento y la
acumulación de forraje. En este sentido, resulta de gran importancia la dinámica de
acumulación y movilización de los carbohidratos (CHO) de reserva. Estas sustancias
son la fuente energética utilizada por la planta para sobrevivir en invierno, iniciar el
crecimiento primaveral y sostener la primera fase del rebrote después de cada período
de utilización.
En la alfalfa, la acumulación y utilización de CHO obedece un fuerte patrón cíclico, de
crecimiento “por ondas”. Que puede ser alterado por el sistema de utilización y que es
muy sensible a los errores de manejo, pudiendo estos últimos repercutir severamente
sobre la persistencia de los alfalfares.
La principal ventaja del pastoreo rotativo radica en que éste respeta los ciclos de
crecimiento de la planta, lográndose así una mayor acumulación de forraje y
longevidad de la pastura. A esto deben sumarse sus beneficios secundarios o
indirectos como el mejor control de la cantidad de forraje ofrecido, de la profundidad de
defoliación y de las pérdidas de forraje; además, facilita la confección de reservas y el
monitoreo de las características del remanente a la salida de una parcela de pastoreo.
Criterios para determinar el momento de utilización de la alfalfa.
Se ha intentado fijar criterios prácticos para establecer de manera simple el momento
apropiado para el inicio del pastoreo de un rebrote de alfalfa, basado en la llamada
madurez fisiológica de la planta. Este estado se asocia con la aparición de flores o de
rebrotes basales desde la corona.
El indicador más generalizado para determinar el momento de uso es el inicio de
floración, el cual tiene una alta correlación con el fin de la acumulación de
carbohidratos de reserva en las raíces. La dificultad surge en determinadas épocas del
año con las variedades sin reposo invernal que, aunque pueden seguir creciendo, no
florecen, o bien el proceso se encuentra demasiado afectado por procesos
ambientales; esto hace sumamente errática la definición de periodos de descanso y
de pastoreo basados solamente en este criterio. Por ello se recomienda considerar
también la aparición de rebrotes de la corona, especialmente durante fines de otoño,
invierno y principios de primavera. En este período, las pasturas, a pesar de estar en
condiciones de ser utilizadas, tienen la floración retardada por efecto de las bajas
temperaturas y un fotoperíodo de días cortos.
Por lo tanto, el comienzo del pastoreo podría definirse como el momento en que se
produce el 10% de floración o cuando los rebrotes basales (desde la corona) alcanzan
5 cm de altura. Procediendo así, resulta posible compatibilizar la productividad y la
persistencia del alfalfar con aceptables parámetros de calidad del forraje.
Durante cada ciclo de crecimiento, a medida que la planta avanza en su estado de
madurez, la composición química del forraje sufre cambios. Como regla general puede
decirse que los aprovechamientos tardíos de un rebrote aumentan la cantidad de MS
acumulada pero en detrimento de la calidad y de la facilidad de cosecha; de este
modo, el consumo animal y las ganancias de peso, en los sistemas pastoriles puros,
normalmente se resienten.
Como las hojas tienen mayor contenido de nutrientes que los tallos, el principal
objetivo del manejo del pastoreo debería estar orientado a cosechar principalmente
esta fracción del forraje. Pese a que las hojas sufren pocos cambios en su
digestibilidad a medida que el rebrote envejece, su proporción en la planta decrece y,
en consecuencia, la participación porcentual de los tallos aumenta. Paralelamente,
también se incrementa el contenido de fibra (especialmente lignina) de los tallos, de
modo que la digestibilidad del forraje y el consumo animal disminuyen.
En contraposición, la utilización temprana –como en estado de prebotón floral- mejora
la calidad pero disminuye la cantidad de forraje acumulado durante el período de
reposo y, si estos manejos se repiten en el tiempo, atentan contra la persistencia del
alfalfar.
Duración del período de descanso, producción y persistencia de los
alfalfares
Ya se ha hecho referencia a la necesidad de utilizar un sistema de pastoreo rotativo
que con adecuados descansos entre pastoreos, permita recomponer el nivel de CHO
de reserva para lograr rebrotes productivos y vigorosos.
Los parámetros que definen un sistema rotativo son los períodos de descanso y de
pastoreo. Independientemente del grado de latencia del cultivar, se recomienda
períodos de 35 a 42 días de recuperación entre pastoreos para lograr alta producción
de forraje y buena persistencia en alfalfa.
En virtud de la asociación entre el contenido de carbohidratos de reserva en raíces y la
longevidad de la alfalfa, resulta fundamental que ante la aparición de los primeros fríos
el nivel de reservas se encuentre lo más elevado posible. Este último está afectado por
el umbral térmico en que cada cultivar detiene su crecimiento. Las bajas temperaturas
tienen menor influencia sobre la detención del crecimiento sobre las variedades sin
latencia, lo que puede resultar una desventaja puesto que al continuar creciendo
siguen consumiendo reservas. Experiencias realizadas en INTA General Villegas
indican que para cultivares de reposo intermedio a sin reposo es necesario disminuir la
frecuencia de utilización a 45 días en otoño y hasta 70 días en invierno. En ambientes
con utilización de las alfalfas durante casi todo el año, tal como sucede en el sudeste
de Córdoba o en el sur de Santa Fe, un adecuado manejo debe contemplar descansos
otoño-invernales no menores a 45 días.
Duración del período de pastoreo
Períodos de pastoreo de 5 a 10 días serían suficientes para asegurar una alta
producción y persistencia de la alfalfa, sin necesidad de utilizar sistemas con períodos
de pastoreo más cortos.
La producción de forraje y la persistencia se reducen con los pastoreos de duración
extrema. En ese contexto, los cultivares sin reposo son los más afectados y los de
reposo intermedio, los menos perjudicados.
En los pastoreos de larga duración (ejemplo: 18 días), el animal suele consumir los
rebrotes basales, provocando con ello el agotamiento de las reservas de raíz. Un
período de 2 días de pastoreo no afecta la persistencia de ninguna de las variedades.
En igual sentido, una posible explicación de por qué los pastoreos demasiado cortos
pueden afectar negativamente la persistencia, podría estar vinculada con diferencias
de comportamiento de la alfalfa frente a la defoliación por corte o pastoreo. Mientras
que en un sistema de utilización bajo corte la cosecha mecánica reduce el área foliar
de manera drástica e instantánea, en un sistema de uso bajo pastoreo con
permanencia relativamente larga los animales realizan una defoliación gradual de la
cubierta vegetal. En este último caso las hojas remanentes, que normalmente tienen
una actividad fotosintética relativamente baja, pueden recuperar esta capacidad frente
a una mejor exposición lumínica y así contribuir significativamente a la maduración de
las yemas de la corona, que darán origen a un nuevo crecimiento.
Según Cosgrove y White, la generación y maduración de yemas de la corona se
favorece con pastoreos de hasta 12 días, especialmente cuando la alfalfa es
consumida en estado de madurez temprana. Según estos autores, el período óptimo
de pastoreo depende también del estado fenológico del alfalfar al momento del
pastoreo, a punto tal que la permanencia de los animales en una parcela puede
acortarse si la alfalfa se encuentra en un estado relativamente avanzado de madurez.
De todo lo expuesto, se infiere la dificultad de definir una única recomendación de
manejo para las pasturas a base de alfalfa. En consecuencia, se concluye en que el
período de permanencia en la parcela debe adecuarse a las diferencias de crecimiento
del cultivo, que son propias del lugar geográfico, de la época del año, de las
condiciones climáticas, de la longitud del ciclo de utilización y del grado de reposo
invernal del cultivar.
Meteorismo espumoso (empaste) en pastoreo
Los sistemas ganaderos se ven sujetos a una elevada exigencia en cuanto a
resultados económicos. Esto ha generado la necesidad de aumentar los niveles de
producción y la calidad de los recursos forrajeros y a intensificar su utilización.
La principal especie forrajera que responde a esta necesidad es la alfalfa que, como
pastura pura o en mezcla con otras especies, está ampliamente difundida en grandes
áreas de producción de carne y leche de la Argentina. Los altos niveles de producción
que es capaz de generar esta forrajera están asociados al problema del empaste o
meteorismo espumoso de los vacunos, que se ha extendido a gran parte del período
de utilización de la especie por la difusión de cultivares con bajo o nulo reposo
invernal.
Mecanismos del empaste
El forraje consumido, tras la primera masticación, ingresa en el rumen, donde sufre un
proceso de fermentación a partir del cual se originan gases (anhídrido carbónico y
metano) que normalmente se separan del resto del contenido ruminal y son eructados.
Las leguminosas meteorizantes como alfalfa, trébol blanco (Trifolium repens L.) y
trébol rojo (Trifolium pratense L.), de muy buena calidad forrajera, tienen una velocidad
inicial de desaparición ruminal 25-30% más rápida que la de las leguminosas no
meteorizantes, lo que hace que en las etapas tempranas de la digestión produzcan un
elevado volumen de gases y una gran acumulación de partículas vegetales en el
rumen. Estas últimas, junto con proteínas vegetales y polisacáridos microbianos, dan
origen a una masa espumosa formada por pequeñas burbujas estables que retienen
los gases e inhiben la eructación, provocando un aumento progresivo de la presión en
el rumen. Las consecuencias varían entre una disminución en el consumo en los
casos leves, hasta la muerte por asfixia en los cuadros graves.
Manifestación del empaste
El empaste se manifiesta a través de la distensión (hinchazón) del flanco izquierdo del
vientre que es donde se ubica el rumen (Figuras 22 y 23). La intensidad o grado puede
variar, desde una leve o moderada distensión (Figura 24.A) con poco efecto sobre la
performance animal, pasando por una marcada distensión del flanco izquierdo y leve
del derecho (Figura 24.B), hasta cuadros muy severos, con ambos flancos muy
distendidos (Figura 24.C). En casos peligrosos se puede producir la muerte del animal
por fallas circulatorias y asfixia debido a la presión que ejerce el rumen sobre el
diafragma, evitando la normal respiración y ocasionando que finalmente el corazón
deje de funcionar.
Figura 22: Vaquillona empastada
Figura 23: Novillito empastado en pastura de alfalfa pura
Figura 24: Distintos grados de empaste en bovinos.
A: Leve, B: Moderado, C: Severo.
Figura 25: Zona del flanco izquierdo donde se
Debe “chuzar” a los bovinos empastados
Los síntomas pueden observarse muy rápidamente, a los pocos minutos de iniciado el
pastoreo. Frecuentemente el animal empastado deja de comer y se muestra molesto y
angustiado. Si el proceso se acentúa se hincha el rumen, el animal orina y defeca
frecuentemente hasta que se acuesta, esto acelera aún más el proceso y aumenta el
riesgo de muerte.
¿Cuándo es probable que se produzca?
El empaste se puede producir con cualquier forraje que contenga poca fibra y alta
proteína, lo que produce una muy rápida fermentación ruminal, pero es más común en
leguminosas inmaduras (alfalfa y tréboles) debido que contienen sustancias
(saponinas, proteínas solubles, pectinas, fragmentos celulares) que producen una gran
cantidad de espuma muy estable.
Es muy probable que ocurra cuando el ganado pastorea leguminosas puras por
primera vez y muy rara vez en pasturas de gramíneas, mezclas de gramíneas y
leguminosas (con más de 50% de gramíneas) o con henos (fardos o rollos) aunque
sean de leguminosa pura.
Muchas veces el problema aparece luego de épocas de clima seco o frío donde los
animales están hambrientos o mal alimentados. Lo mismo ocurre cuando los animales
son movidos a pasturas o franjas nuevas, si el pastoreo previo fue hecho con alta
intensidad. La incidencia aumenta durante los períodos de rápido crecimiento de las
plantas, al inicio de la primavera o en el verano luego de una lluvia siguiendo a un
período de sequía.
¿Cómo se puede reducir el riesgo?
Existen numerosas medidas preventivas para el empaste, que deben luego adecuarse
a cada situación en particular. Sin embargo es importante saber que aún usando
varios métodos combinados se logra disminuir significativamente el riesgo de empaste,
pero nunca eliminarlo por completo.
 Evitar que el animal seleccione únicamente las partes tiernas de la pastura,
forzándolo a comer la planta entera. Esto puede lograrse dividiendo los lotes en
pequeñas parcelas con el uso de boyeros eléctricos.
 Cortar con desmalezadora la franja de pastura que se comerá por la tarde o
mañana siguiente, permitiendo que el forraje se marchite.
 Utilizar pasturas mezclas con menos del 50% de leguminosas.
 En determinadas condiciones se pueden utilizar especies de leguminosas no
timpanizantes (ej. lotus) pero de menor producción de pasto. También se están
evaluando variedades de alfalfa (ej. Carmina INTA) seleccionadas por su
menor velocidad de fermentación ruminal.
 En primavera empezar el pastoreo en pasturas que permitan la adaptación
gradual del animal.
 Asegurarse que los animales no entren hambrientos a pasturas "riesgosas", ni
cuando hay rocío o lluvia.
 Empezar el pastoreo en forma progresiva. Por ejemplo, dejar los animales una
hora el primer día y luego ir aumentando el tiempo en forma paulatina hasta los
5-7 días.
 Observar los animales durante unos 15 minutos cuando entran a la pastura y
luego revisarlos cada 2 o 3 horas.
 Cuando los animales se cambian de lote hacerlo lo suficientemente rápido para
evitar el "hambreado".
 Los animales que reciben suplemento (balanceado o grano) son menos
propensos al empaste, porque la proporción de leguminosa fresca en la dieta
es menor.
 Suplementar con forrajes ricos en fibra, como pueden ser los henos o silajes de
maíz, antes de que los animales entren a la pastura.
 Aplicaciones sobre la pastura de aceites emulsionables, productos desecantes
o bien herbicidas en bajas dosis.
 Suministrar productos antiespumígenos (Ej. aceites, detergentes, siliconas,
plurónicos) o antibióticos selectivos (monensina). Estos últimos actúan sobre la
flora ruminal modificando la fermentación. Estos productos pueden ofrecerse
en el agua de bebida, mezclados con la ración de concentrado o mediante
cápsulas intraruminales de liberación controlada.
 Hay animales que son muy susceptibles al empaste, lo mejor sería eliminarlos
del rodeo.
¿Qué se puede hacer cuando ocurre?
El empaste puede causar la muerte en menos de una hora así que es muy importante
actuar rápidamente apenas se observan los síntomas. Se pueden tomar las siguientes
medidas curativas:




Se deben sacar los animales de la pastura y ofrecerles heno bien seco.
Hacer caminar a los animales afectados y evitar que se acuesten, y así facilitar
la eliminación de los gases.
Suministrar productos antiempaste por vía bucal o intra-ruminal. La dosificación
intra-ruminal puede hacerse a campo desde el caballo con la utilización de
equipos con pistola recargable y conectada a un bidón con el producto. Ante
una emergencia hasta puede utilizarse aceite de cocina o vaselina líquida.
Como última alternativa puede "chuzearse" el animal, lo que permite liberar la
espuma y los gases. Debe usarse un trócar o un cuchillo afilado, perforando el
cuero y la pared del rumen en el lugar preciso (Ver Fig. 2). Ante esta
circunstancia sería conveniente consultar al veterinario y coser la herida.
Producción de semilla de alfalfa
Introducción
En muchas zonas de la Argentina, la producción de semilla de alfalfa –por ser uno de
los subproductos de la producción de forraje- ha sido de importancia secundaria. En
consecuencia, el mercado nacional se abastece en forma irregular de una producción
de semillas aleatoria, de bajos rendimientos y de usualmente baja calidad. La mayoría
de las áreas donde la alfalfa puede ser cultivada con éxito para la obtención de forraje
no son precisamente las adecuadas para una eficiente producción de semilla.
Esta situación junto al desarrollo de un importante mercado demandante de semilla de
calidad y de cultivares reconocidos, determinan que el país necesite imperiosamente
contar con una industria especializada en este rubro, que acompañe a su vez el
desarrollo de la actividad pecuaria.
La producción de semilla como industria especializada
Cuando se desean rendimientos altos, la producción de semilla debe considerarse
como una industria especializada, separada totalmente de la producción de forraje.
En la Argentina la existencia de un mercado que consume 7.000 tn añoֿ¹ de semilla
de alfalfa –cuyo 75% proviene de la importación- indica claramente que el desarrollo
de una industria especializada no sólo es posible sino también necesario.
Esta actividad, al exigir una tecnología específica y compleja, requiere de productores
capaces de asumir el adecuado grado de compromiso y dedicación. Durante los
últimos años la semilla producida en el país se ha caracterizado por presentar serias
deficiencias en cantidad y calidad.
Áreas de producción en la Argentina
Tradicionalmente, más del 50-60% de la superficie nacional dedicada a producción de
semilla de alfalfa se ha ubicado en áreas de secano, como alternativa de la producción
de forraje. En ese marco, los rendimientos han sido bajos y la calidad de la semilla
generalmente pobre.
En la Argentina los mayores rendimientos pueden esperarse en las zonas áridas bajo
riego y con ausencia de precipitaciones estivales.
Una consideración detallada de cada provincia, y aun de zonas determinadas dentro
de algunas de ellas, señala que es posible encontrar áreas de producción que se
destacan por su mayor potencial: más de 500 Kg haֿ¹ en Catamarca, San Juan,
Santiago del Estero, Salta y La Rioja; alrededor de 400 Kg haֿ¹ en Mendoza,
ChoeleChoel y el Valle Inferior del Río Colorado; y cerca de 300 Kg haֿ¹ en San
Rafael.
Sin embrago, cuando comparamos estos valores con los 150 Kg haֿ¹ de promedio
real que actualmente se obtienen en el país, se concluye que la brecha a corregir es
muy amplia.
Figura 26: Ubicación y rendimientos potenciales de las áreas
Productoras de semilla de alfalfa en la Argentina.
Requerimientos climáticos
Las condiciones climáticas que favorecen la producción de semilla son: a) un período
de crecimiento de por lo menos 150 días de duración; b) temperaturas promedio de
24-25º C día / > 18º C noche a lo largo del periodo de floración ; c) aire relativamente
seco (< 50% de HR), tanto en el día como en la noche, durante el momento de
floración; d) alta heliofanía y ausencia de vientos fuertes durante la floración, con un
mínimo de días nublados y frescos; e) días largos, con un mínimo de 14 horas de luz;
y f) una distribución de lluvias o riegos que provea de la adecuada humedad al suelo
para promover un crecimiento vegetativo temprano y una reducción gradual de la
humedad edáfica a partir del momento de la floración.
Estas características rigen la producción en regiones áridas y semiáridas, donde se
alcanzan los rendimientos más altos y se concentra la producción comercial de semilla
de alfalfa en el mundo. En climas áridos, donde se puede controlar el riego, la
producción puede llegar a 1.000 Kg ha‫־‬¹ o aún más; en zonas semiáridas, con lluvias
en la época de cosecha, los rendimientos son significativamente más bajos, ya que
una lluvia de tan solo 5 mm puede provocar la dehiscencia de las vainas y ocasionar
perdidas en semilla de cierta magnitud.
En líneas generales se puede decir que la formación de flores es favorecida por un
mínimo de 12 hs de luz, con alta intensidad luminosa y temperaturas mínimas por
encima de 20º C; requerimientos climáticos que se dan a partir de octubre en nuestra
zona.
Establecimiento del cultivo
Elección y preparación del suelo
El primer criterio para la elección del lote a sembrar se basa en las características
edáficas que –en la medida de lo posible- deben aproximarse al ideal, es decir, suelos
bien drenados, con bajo contenido de álcalis y sales solubles, y de una profundidad de
más de 1 metro.
En segundo lugar deben considerarse la presencia de malezas problemas, como
cañota
(Sorghumalepense),
clavel
amarillo
(Wedelia
glauca),
chepica
(Cynodondactylon) y trébol de olor (Melilotussp.), etc.
Las prácticas de preparación de suelo deben ofrecer una cama de siembra fina y
firme, y deben hacerse con la suficiente antelación como para posibilitar un barbecho
apropiado. Las capas de suelo duro deben destruirse con labores profundas antes de
iniciar la preparación definitiva.
Una pendiente de alrededor de 0,2-0,5% facilitará la uniforme distribución del agua e
impedirá el encharcamiento.
Época de siembra
En la mayoría de las zonas aptas para la producción de semillas, la época de siembra
apropiada es el otoño. Las siembras de primavera producirán cultivos de bajos
rendimientos en el año de implantación; por ello, esta práctica se recomienda
únicamente para las áreas donde las malezas de invierno ofrecen excesiva
competencia, las temperaturas invernales permanecen bajo cero durante periodos
prolongados o las excesivas lluvias invernales dificultan el establecimiento del cultivo.
Densidad de siembra
En nuestro país, en las zonas de riego de Cuyo y del NOA, se recomienda sembrar no
más de 1 Kg haֿ¹ en hileras distanciadas 0,70-1 m, dependiendo fundamentalmente
del tipo de sembradora a utilizar.
La profundidad óptima de siembra no debe exceder los 1,5-2 cm de profundidad en
suelos franco-arenosos y los 0,6-1,5 cm en suelos francos o franco-arcillosos. La
siembra profunda incrementa el número de días hasta la emergencia, lo que aumenta
los riesgos de perdida de plantas por tiempo desfavorable, invasión de malezas y/o
planchado de suelo.
Son conocidos los beneficios aportados por una eficiente nodulación en la alfalfa por lo
que es recomendable la inoculación de la semilla con el rizobio especifico
(Sinorhizobiummeliloti). En los últimos años se ha convertido en une práctica usual
que los criaderos y semilleros ofrezcan sus semillas “pelleteadas” o recubiertas, lo que
ofrece las siguientes ventajas: a) cantidad apropiada de la cepa rizobio; b) protección
contra hongos patógenos en las primeras etapas del desarrollo del cultivo; c) aporte
equilibrado de nutrientes y PH para el desarrollo temprano del rizobio y la plántula; y d)
protección de la semilla frente a posibles daños mecánicos durante su manipulación y
siembra.
Distancia entre hileras
Las siembras en hileras distanciadas a 0,35-0,70 m podrían –en determinadas
situaciones- incrementar los rendimientos y la calidad de la semilla de alfalfa. Entre las
ventajas de las siembras en hileras distanciadas se pueden mencionar las siguientes:
a) plantas de porte más erecto y de crecimiento más abierto, que no sólo facilitan el
acceso a las flores por parte de los polinizadores sino que también permiten una
mayor penetración de la luz y un aumento de la temperatura del suelo; b) disminución
del vuelco y reducción de la humedad en la canopia de la planta, que disminuye la
incidencia de las enfermedades de hoja y el manchado o “ardido” de las semillas; c)
reducción de la caída de flores y vainas; d) aumento de la penetración de los
productos químicos para el control de malezas e insectos y del defoliante para la
cosecha directa; e) incremento de los márgenes de flexibilidad para el manejo de los
riegos y el control de malezas; y f) mejor control de las plantas de resiembra natural, lo
que contribuye a asegurar la identidad genética y la pureza varietal del producto.
Distancia en la hilera. Raleo
La distancia entre plantas dentro de la hilera está directamente relacionada con el tipo
de maquina sembradora utilizada.
Cuando no es posible una siembra de precisión, puede hacerse necesario la
eliminación de plantas en la hilera para que, una vez establecido el cultivo, se provea
de la necesaria baja densidad de plantas. Por el contrario, si se usan sembradoras de
precisión que permitan depositar de 4 a 5 semillas cada 0,20 ó 0,30 m de hilera, la
práctica del raleo no es necesaria. En casos es más común referirse a “grupos de
plantas” que a “plantas individuales”.
Fertilización
No se conocen experiencias en el país referidas a resultados de fertilizaciones en
cultivos de alfalfa para la producción de semilla. Si se detectaran en el lote elegido
para la implantación del cultivo serias deficiencias de nutrientes, estas deberían
corregirse antes de la siembra.
Riego del cultivo
La cantidad y los momentos de aplicación del riego constituyen una de las prácticas
más difíciles de manejar en la producción de semilla de alfalfa. El exceso de agua
causa el desmedido desarrollo vegetativo y un aumento en el vuelco de las plantas,
una pobre producción de flores y un ambiente no demasiado atractivo para los
polinizadores. La excesiva deficiencia de agua origina plantas con muy poco desarrollo
vegetativo, pobre producción de flores y semillas muy pequeñas. Durante el año de
implantación, la demanda de agua del cultivo es de aproximadamente 900 mm en todo
el ciclo, incluyendo la humedad almacenada en el suelo durante el ciclo precedente y
la proveniente de los riegos presiembra. Los cultivos establecidos, como norma
general, deben recibir entre 1100 y 1200mm de agua haֿ¹ añoֿ¹.
Figura 27: Cultivos de alfalfa para semilla.
(http://www.diariodecuyo.com.ar/verde/verde_foto.php?foto_id=307175&noticia_id=514798)
Control de malezas
El control de malezas en todo semillero de alfalfa debe ser permanente, desde antes
del establecimiento del cultivo hasta el proceso final de limpieza y clasificación de la
semilla. La presencia de malezas constituye un factor condicionante del cultivo,
afectando de manera directa su rendimiento. Su efecto adverso se manifiesta en la
reducción o pérdida de plantas de alfalfa, principalmente en los primeros estadios de
desarrollo del cultivo; en la competencia por luz, agua y nutrientes; en la interferencia
sobre la labor de los polinizadores; en la dificultad para las prácticas de cosecha, y en
el aumento de los costos de producción y del trabajo y las pérdidas durante el
procesaminto de la semilla.
Es más sencillo y económico eliminar las malezas en el lote que hacerlo luego durante
el procesamiento de la semilla cosechada. Si se permite a las malezas madurar y ser
cosechadas junto con la alfalfa, indefectiblemente deberán ser eliminadas en el
proceso de limpieza, lo que no sólo aumenta los costos sino que produce mermas de
rendimiento. Las semillas de malezas más difíciles de separar de la semilla de alfalfa
son las de sorgo de alepo, rúcula (Eureca sativa G.), yuyo colorado (Amaranthussp.),
roseta (Cenchrussp.), lengua de vaca (Rumexcrispus L.), cuscuta, porotillo
(Hoffmanseggiafalcaria) y tréboles de olor. La separación de muchas de ellas
requieren el uso de máquinas adicionales a las comunes, incrementando los costos de
limpieza y la pérdida de semilla apta de alfalfa, que puede llegar al 11%.
El problema de malezas que aparecen en diferentes etapas del cultivo debe
solucionarse con un manejo racional, que utilice medidas de prevención y métodos de
control tanto culturales como mecánicos, químicos y sus combinaciones.
Control de la cuscuta
La cuscuta es una especie anual y parásita y constituye una de las malezas más
problemáticas que se pueden encontrar en lotes de alfalfa para semilla, siendo mucho
más grave en estos cultivos que en aquellos destinados a forraje. Las características
de manejo de los cultivos para semilla favorecen el crecimiento y desarrollo de la
cuscuta, permitiéndole completar su ciclo y producir semilla.
Cuando la semilla de cuscuta germina, la plántula que emerge comienza a rotar
lentamente en el sentido de las agujas del reloj en búsqueda de la planta hospedante;
una vez que la encuentra, se adhiere y la penetra por medio de haustorios para extraer
su savia. A partir de ese momento, la plántula pierde todo contacto con el suelo y
comienza a vivir a expensas de la planta hospedante. También tiene la capacidad de
producir semillas “duras” (tegumento impermeable), que pueden permanecer en el
suelo por períodos de 10-20 años y que, al requerirse períodos prolongados de
control, complican su erradicación efectiva. Por otro lado, las semillas de cuscuta
tienen forma, peso y tamaño muy similares a las de la alfalfa, lo que dificulta su
separación con las máquinas tradicionales y encarece el proceso de limpieza
posterior.
La cuscuta aparece generalmente en forma de manchones aislados que, si no son
controlados, pueden llegar a invadir todo el lote. Para su control es importante
considerar las acciones de tipo preventivo y el control químico. Las medidas
preventivas a tener en cuenta son: a) no sembrar un cultivo para semilla en lotes que
hayan tenido infestaciones importantes de esta maleza; b) no sembrar semillas de
alfalfa infestadas con semillas de cuscuta; c) asegurar una adecuada limpieza de la
cosechadora, especialmente cuando provenga de lotes infestados; d) controlar todas
las plantas de cuscuta y las malezas de hoja ancha (posibles hospedantes) que se
desarrollen a lo largo de caminos, alambrados y canales de riego; e) no permitir la
entrada de animales que hayan pastoreado un lote contaminado con cuscuta.
En las partidas de semillas infestadas, la separación de esta maleza puede hacerse
mediante un equipo especial conocido como “descuscutadora”, cuyo principio de
funcionamiento aprovecha la rugosidad propia de la semilla de cuscuta para hacer que
se le adhieran limaduras de hierro; luego, ese conjunto de semilla y hierro es separado
mediante un electroimán. Este proceso es efectivo pero costoso, no sólo
operativamente sino también por la pérdida de semilla de alfalfa agronómicamente
apta que –por pequeñas quebraduras o deformaciones a las que se adhieren también
limaduras de hierro- es separada durante el proceso de limpieza. Esto último ocasiona
mermas a menudo importantes, que en pueden llegar al 30%.
Figura 28: Cuscuta en alfalfa
(http://chihuahuahoy.com.mx/noticia.individual.php?id=2624)(http://www.pasturasyforrajes.com/alfalfa/control-de-malezas/herbicidas-a-usar/alfalfa-puraimplantada/malezas-problema)
Figura 29: semillas de alfalfa y de cuscutaFigura 26: semillas de cuscuta
(http://www.pasturasyforrajes.com/alfalfa/implantacion-de-alfalfa/calidad-de-la-semilla)(http://plants.usda.gov/java/profile?symbol=CUAP2)
Control de insectos
El daño de insectos-plaga puede reducir considerablemente los rendimientos de
semilla de alfalfa y en muchas ocasiones pueden requerirse tratamientos de control
químico; sin embargo, y en todo momento, deben evitarse las aplicaciones
innecesarias de plaguicidas de amplio espectro. El objetivo de los tratamientos es
alcanzar una reducción significativa de la población de la plaga con un efecto mínimo
sobre los insectos polinizadores y la fauna benéfica. En este sentido, es fundamental
el uso de los umbrales de daño económico como punto de referencia para la decisión
de realizar o no los tratamientos en un contexto de manejo de plagas.
La multiplicación de variedades resistentes; el corte de primavera y la quema de
rastrojos, que disminuye la reproducción de insectos perjudiciales; la aplicación de
insecticidas en estado de botón floral o antes de la entrada de los polinizadores y la
elección adecuada del insecticida (espectro de control, especificidad, dosis,
residualidad, etc.) son también prácticas de manejo que pueden reducir
considerablemente las cantidades de insecticidas utilizadas en semilleros de alfalfa. Es
importante familiarizarse con el concepto de control integrado de plagas a fin de no
alterar el equilibrio dinámico que existe en todo ecosistema natural.
Si bien los problemas de insectos son esencialmente los mismos en un lote para
producción de forraje que en uno para producción de semilla, en este último debe
prestarse especial atención a los insectos capaces de producir daños en las etapas de
floración, de fructificación y de maduración de las semillas. Paradójicamente, durante
estas etapas no solo se restringe el espectro de insecticidas a utilizar sino que deben
extremarse los cuidados para no perjudicar la fauna benéfica. Durante la floración, a
fin de preservar los polinizadores, se recomiendan las aplicaciones al atardecer o a la
noche. También debe tenerse presente que los productos aplicados en floración
disminuyen por un tiempo la frecuencia de visita a las flores por parte de los
polinizadores. Si se emplean insecticidas biológicos, preparados en base a
Bacillusthuringiensis, los tratamientos pueden hacerse a cualquier hora del día sin que
se verifiquen efectos detrimentales.
Entre las plagas principales se incluye a:
Pulgones: pulgón verde de la alfalfa (Acyrthosiphonpisum H.), pulgón azul de la alfalfa
(Acyrthosiphonkondoi S.), pulgón negro de las leguminosas (Aphiscraccivora K.) y
pulgón moteado de la alfalfa (Therioaphistrifolii M.).
Isocas defoliadoras: isoca de la alfalfa (Colias lesbia F.), isoca mediadora (Rachiplusia
un G.), isoca militar tardía (Spodopterafrugiperda) y oruga bolillera(Heliotissp.)
Chinches: chinche verde (Nezaraviridula L.) y chinche parda de la alfalfa
(Piezodorusguildinii W.)
Avispita de la alfalfa: (Bruchophagusroddi G.)
Arañuelas:
arañuela
roja
(Tetranychusdesertorum
B.)
y
arañuela
bimaculada(Tetranychusurticae)
Polinización
Para producir semilla en cantidad y calidad la alfalfa requiere de polinización cruzada
(alogamia), que se lleva a cabo a través de varias especies de insectos (entomófila)
que actúan como agentes de intercambio de polen. La alogamia en la alfalfa se ve
favorecida por mecanismos de autoesterilidad y autoincompatibilidad. Además, la
disposición de los órganos florales hace necesario un mecanismo de desenlace en el
que los insectos juegan un rol fundamental. El desenlace es la liberación de la
columna sexual de cada flor, lo que ocurre por la presión ejercida por los insectos. La
polinización cruzada tiene lugar cuando, en el momento del desenlace, la columna
sexual golpea el abdomen del insecto que, al transportar polen de otras flores, lo pone
al alcance del estigma para iniciar el proceso de fecundación.
La polinización deficiente es uno de los factores que más ha dificultado la producción
de semilla de alfalfa en el mundo. El polen de otra planta desarrolla más rápido y
alcanza el ovulo antes que el polen de la misma planta, produciendo una semilla de
polinización cruzada que tiene un mayor valor genético. Cuando ocurre
autofecundación, solo alrededor del 36% de las flores fecundadas forman vainas,
mientras que con polinización cruzada ese valor trepa al 60%. En general, rindes de
semilla de 50 a 150 Kg/ha y 1 a 3 semillas/vaina indican un alto nivel de
autofecundación.
Insectos polinizadores
Las abejas son los insectos de mayor valor como polinizadores de alfalfa. Existen
varias especies importantes: abeja melífera (Apis melífera), abeja cortadora de hojas
(Megachilerotundata), abejas silvestres, etc.
Cosecha
La cosecha de semilla de la mayoría de las especies forrajeras ofrece inconvenientes
que suelen provocar grandes pérdidas. En alfalfa, las principales causas son: 1)
condiciones climáticas desfavorables; 2) pobre preparación del terreno; 3) control
deficiente de malezas; 4) inadecuado método de cosecha (hilerado, recolección y trilla
o defoliado con cosecha directa); 5) ajuste incorrecto del equipo trillador, que produce
trillado incompleto y daño de semillas; y 6) separación inadecuada de semilla y granza.
Métodos de cosecha
Hay dos métodos de cosecha de semilla de alfalfa: a) hilerado y posterior recolección y
trilla con cosechadora provista de recolector, y b) cosecha directa, previa aplicación de
un defoliante.
Hilerado
El cultivo debe ser hilerado cuando el 70 al 75% de los carreteles viran al color marrón
oscuro, pero antes que las vainas comiencen a abrirse. La semilla esta lista para ser
cosechada cuando el contenido de humedad del follaje es del 12 al 18%.
Bajo condiciones óptimas de trabajo, las perdidas ocurridas en la barra de corte de la
hileradora normalmente no exceden los 5 a 10 Kg/ha.
Cosecha directa
La preparación del cultivo para la cosecha directa se realiza aplicando un desecante
químico cuando la casi totalidad de los carreteles se encuentran maduros, es decir,
cuando más del 75% de las vainas presentan un color marrón oscuro. Una vez que el
cultivo se encuentra desecado –con un contenido de humedad en hojas y vainas de 15
a 20% y de 50% en tallos- debe iniciarse inmediatamente la cosecha, a efecto de
evitar las grandes pérdidas que pueden ocurrir a partir de allí por desgrane.
La cosecha directa con desecantes químicos ofrece ventajas sobre el método del
hilerado. Entre ellas pueden mencionarse: a) reducción de la incidencia de factores
ambientales sobre la calidad y la cantidad de la semilla obtenida; y b) reducción
significativa de pérdidas de semilla, lo que aumenta los rendimientos; algunas
experiencias arrojaron incrementos del 20 al 32% en el rendimiento de semilla a favor
de la cosecha directa. La cosecha directa con desecantes permite un secado rápido y
homogéneo del cultivo, disminuyendo los riesgos del secado natural en el campo y
evitando el uso del implemento recolector de las hileras.
Manejo poscosecha
Una vez realizada la cosecha es aconsejable remover o destruir el rastrojo lo antes
posible. El mismo puede ser retirado mediante rastras, enfardado o quemado. Los
restos vegetales deben eliminarse para un mejor control de la avispita de la alfalfa. Un
riego de poscosecha mantendrá el vigor de las plantas, ayudara en la germinación de
las plantas voluntarias y acelerará la putrefacción de las semillas infectadas por la
avispita.
Bibliografía
Daniel H. Basigalup, 2007, El cultivo de la alfalfa en la Argentina, Ediciones INTA.
Eduardo Ramet, Laura Abraham, Manuel Viera, 2010, Estudio de la cadena de valor
de
forrajeras
bajo
riego
en
el
sur
mendocino,http://www.vinculacion.uncu.edu.ar/upload/Ramet_y_otros_RedMuniCuyo2
010.pdf
Ing. Agr. M.ª del C. Spada, C. Guzmán, D. H. Basigalup, 2007, Elección de cultivares
de alfalfa, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. INTA. Buenos Aires.
Eduardo M. Echevarria, 2004, INTA EEA Luján. (Falta Titulo)
Pablo Enrique Demin, 2010, Efecto del régimen de riego en el rendimiento de alfalfa
para corte en el Valle Central de Catamarca, Universidad nacional de Cuyo, Instituto
Nacional de Tecnología Agropecuaria, Facultad de Ciencias Agrarias, Maestría en
riego y drenaje. Disponible en Biblioteca FCA, UNCuyo. Chequear si está online.
Ing. Agr. (MSc) Julio R. Galli, 2006, Empaste y meteorismo espumoso en bovinos,
Revista agromensajes, Cátedra de Producción Animal, Facultad de Ciencias
Agrarias, Universidad Nacional de Rosario.
Descargar