TESIS: PEDRO PÁRAMO Y THE SOUND AND THE FURY: UNA

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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Maestría y Doctorado en Letras
Literatura comparada
Pedro Páramo y The Sound and the Fury: una
comparación a partir de los personajes femeninos
Tesis que para optar por el grado de:
Maestra en Letras en Literatura Comparada
Presenta:
Lic. Marisol Ruiz Monter
Tutor:
Mtro. Hernán Lara Zavala
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
MÉXICO, D. F., ENERO 2014
UNAM – Dirección General de Bibliotecas
Tesis Digitales
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AGRADECIMIENTOS
A la familia Ruiz Monter por estar conmigo
A María del Carmen por ser y estar
Al Mtro. Hernán Lara por su tiempo, dedicación y amistad
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO,
gracias, una vez más
Índice
Introducción ……………….…………………………………………….
5
1. Pedro Páramo…………….…………………………………………….
9
2. The Sound and the Fury…………………………….………………… 23
3. Personajes femeninos en Pedro Páramo………………………............ 38
4. Personajes femeninos en The Sound and the Fury……………............. 52
5. Personajes femeninos: Pedro Páramo y The Sound and the Fury
5.1 Susana San Juan y Candance Compson …………………………….. 77
5.2 Caddy y Dolores Preciado…………………………………………… 94
5.3 Damiana Cisneros y Dilsey………………………………………...... 103
5.4 Susana San Juan y Caroline Compson…………………….………..
113
Conclusión……………………………………………………………….. 125
Bibliografía………………………………………………………………. 129
Introducción
Pedro Páramo se considera la gran novela mexicana del siglo XX y también una de
las más originales de este siglo a nivel mundial; de ahí que haya sido traducida a casi
cincuenta idiomas. Sin embargo, a pesar de todos estos reconocimientos existen
algunas críticas que han cuestionado su compleja estructura y las posibles influencias
que la alimentaron.
Pedro Páramo marca un parteaguas en la historia de la literatura mexicana y
latinoamericana; con ecos de la novela de la revolución mexicana, tan importante en
nuestra tradición literaria, Rulfo abre las puertas a la literatura vanguardista en la que
realidad y fantasía se mezclan indiscriminadamente, el tiempo se trata de manera
subjetiva y, sobre todo, donde no existen fronteras entre el mundo de los vivos y el de
los muertos.
Contemporáneos de Rulfo surgen todos los autores que se convertirán en los
antecedentes del boom: Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges, Juan
José Arreola, José Lezama Lima, Felisberto Hernández, Agusto Roa Bastos.
Después de esta generación surge el llamado boom latinoamericano cuyos
grandes representantes son Carlos Fuentes (México), Gabriel García Márquez
(Colombia), Mario Vargas Llosa
(Perú), Julio Cortázar (Argentina).
Particular
importancia tiene en el desarrollo creativo de este grupo la presencia ineludible de la
obra de William Faulkner, quien da continuidad y revoluciona la narrativa creada en
Europa por James Joyce y Virginia Woolf, dándole su propio estilo en los monólogos
interiores, soliloquios…
El novelista estadounidense ejerce una fuerte influencia en toda la literatura
latinoamericana; enseñó que la provincia tiene su propio pathos, una parte dramática,
que la tragedia existe, no importa el lugar ni la circunstancia.
De lo anterior que a la novela rulfiana se le cuestione su originalidad e
importancia en la literatura nacional y se le hayan atribuido deudas, principalmente,
con El luto humano de José Revueltas, como lo menciona José Agustín.
Por ello es necesario mencionar que la misma novela de Revueltas evoca en
gran medida a la novela de Faulkner, As I Lay Dying. José Luis Martínez apunta
sobre la novela de Revueltas “[…] en sus lineamientos generales, recuerda no poco a
una gran novela del norteamericano William Faulkner, Mientras yo agonizo, con
quien tiene estrechas afinidades el joven novelista mexicano −en el tono, en el
tratamiento de sus temas y en su apasionado y torrencial aliento.”1
Aunque la influencia del escritor estadounidense se encuentra presente en la
creación de Rulfo y Comala en el sentido de que evoca el ambiente sórdido y
desesperanzador del Yoknapatawpha de Faulkner no por ello la creación de Pedro
Páramo es menos original. Rulfo aprende de Faulkner, pero tiene su propio
imaginario, describe su propio mundo con total independencia de la creación del
estadounidense; el autor jalisciense tiene su propio mundo interno integrado, lo que le
da su propia esencia.
A pesar de ser poco prolífico, Rulfo logra armar con excepcional creatividad
lingüística su propia historia con retazos de voces y experiencias de su vida en
Colima y Jalisco. De manera semejante a lo que ocurre con la narración de Faulkner,
“el lector debe recolocar las partes, para armar las historias particulares” 2 de los
personajes.
Pedro Páramo, además de cerrar y abrir un ciclo en la literatura mexicana, da
pauta para el desarrollo del realismo mágico, en el que el suceso más extraordinario
es considerado como ordinario; el realismo mágico evita provocar sorpresa o
extrañamiento ante lo imposible para el lector. Por ello es que Comala es un pueblo
vivo en muerte, donde sus habitantes −los muertos− deambulan por las calles, ríen y
lloran, porque son muertos muy vivos, por ello es que en el territorio creado por
Rulfo se vive la muerte “cotidiana”.
J. L. Martínez, “Premio Nacional de Literatura ‘El luto humano’ de José Revueltas” en Literatura mexicana del siglo
1910-1949, 1ª parte, p. 224.
2
J. Volpi, “Me mataron los murmullos” en La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la crítica, p. 506.
1
XX,
6
De manera similar, Macondo, este locus creado por García Márquez, es una
comarca de vivos y muertos inspirado primordialmente en Pedro Páramo, pero “lo
más importante es la apropiación creadora por parte de García Márquez […] del
método narrativo de Rulfo, definitivamente convertido desde entonces en la estética
rectora de un realismo mágico americano en tanto que una visión mágica de una
realidad desde la perspectiva de unos personajes pertenecientes a ese mismo
contexto.”3
Y tras hacer énfasis la originalidad e importancia de la novela de Rulfo tanto en
la literatura mexicana como en la latinoamericana, regreso al propósito de esta tesis:
la comparación entre Pedro Páramo y The Sound and the Fury; investigar la
influencia de Faulkner sobre Rulfo y ver de qué manera la comparación ayuda a
iluminar una y otra obra al poner de relieve sus semejanzas y diferencias, pues ambos
creadores tienen algo en común, un parecido inconsciente que hace que los
comparemos.
The Sound and the Fury y Pedro Páramo, narraciones fragmentadas y
exigentes del total involucramiento de sus lectores, describen dos mundos
decadentes, en el que la anarquía, la desilusión y la desesperanza constituyen el timón
de la vida de sus personajes.
Aunque en la novela mexicana resulta más fácil seguir la historia del cacique y
Comala, la reconstrucción de los hechos es más impactante que en la novela
faulkneriana; el lector carece de una guía que le ayude a hilvanar esos trozos de
áridas narraciones y únicamente al avanzar simultáneamente al lado de Juan Preciado
logrará reconocer los terrenos por los que transita este peregrino ilusionado.
Si bien Pedro Páramo acusa ciertas influencias de The Sound and the Fury lo
más importante en esta tesis es la comparación que se puede establecer entre los
personajes femeninos de una y otra novela; el tema de esta investigación. Esto no
significa en modo alguno falta de originalidad de Rulfo, al contrario, las semejanzas y
diferencias muestran su absoluta independencia en la creación de sus personajes.
3
L. Padura Fuentes, “Juan Rulfo y el realismo mágico americano” en Ecos y murmullos en la obra de Rulfo, p. 33.
7
Para conseguir este propósito se empieza por contar las historias de cada
novela; se establecen diversas semejanzas, como la presencia en ambas narraciones
de un macrocosmos que altera o modifica el microcosmos representado por cada uno
de los personajes. Posteriormente, se ponen de relieve las aportaciones de los
personajes femeninos a las respectivas narraciones y finalmente se elucidan las
semejanzas entre Susana San Juan y Candance Compson, Dolores Preciado y
Candance Compson, Damiana Cisneros y Dilsey, Susana San Juan y Caroline
Compson a través de temas o motivos literarios (de los cuales algunos se convierten
en leitmotiv), como el amor, la maternidad, la ambición, el incesto, el desengaño, la
traición, la locura, la muerte.4
Véase Claudio Guillén, “Los temas: tematología” en Entre lo uno y lo diverso, Introducción a la Literatura
Comparada.
4
8
1. Pedro Páramo
Pedro Páramo es la historia de un cacique que ha sembrado hijos por todo Comala
aprovechándose de los vientres cálidos y fértiles de las mujeres que seduce o le
consiguen.
Pedro Páramo es un hombre desalmado, hábil, irreverente y desafiante que
no le teme a Dios, ni a la ley ni a la muerte y que sólo sucumbe ante el amor de una
mujer: Susana San Juan. Un hombre que con su derrumbe provoca la decadencia
de todo un pueblo cuya tierra en algún momento tuvo que ser protegida de las
fuertes lluvias “para que las milpas crecieran bien”. El amor insatisfecho que Pedro
siente por Susana hace de esa tierra fértil un páramo; una tierra baldía, un yermo
habitado sólo por ecos y murmullos.
Pedro Páramo narra la historia de la decadencia de Comala y de la gran
familia conformada por ella. Las épocas de prosperidad y adversidad se dan en la
alternancia de dos ámbitos perfectamente entretejidos a manera de macrocosmos y
microcosmos en los que los acontecimientos del exterior causan estragos en la
región de Comala y sus habitantes.
Como un desencadenamiento de sucesos los motivos de la novela son el
amor y la orfandad; la partida de los San Juan y el asesinato de Lucas Páramo,
padre del cacique, marcan el corazón de este hombre endurecido y definen el fatal
ineludible destino de Comala, por lo que en la novela rulfiana “se pasa así del
infierno cierto y sin salida a una gloria fugaz y desgraciadamente ilusoria.”1
En este capítulo se relatará la historia de Pedro Páramo, ese hombre cuyo
nombre evoca y anticipa su final2; se narrará cómo el personaje construye y
E. Carballo. “Juan Rulfo” en Protagonistas de la literatura mexicana, p. 415.
A lo largo de esta tesis se hará referencia a la onomástica de la literatura, pues los nombres de los personajes
sugieren o pronostican sucesos o acciones de la historia y el desarrollo de los personajes. En el caso de Pedro
Páramo, éste es un nombre descriptivo; al final de la novela, ese edén construido por él será derribado por él mismo
a causa de la desilusión para convertirlo en un terreno yermo: un páramo.
1
2
destruye ese imperio cerrado que es Comala como resultado de los efectos de su
drama interior así como de las causas externas que los propician, pues al final
Páramo es presa de su insatisfacción y el desamor.
La novela empieza con la orden de Dolores Preciado a su hijo de ir a Comala
en busca de su padre para exigirle lo suyo y cobrarle caro el olvido en el que los
tuvo. Obedecerla le permite a Juan Preciado internarse en la tierra de ella y
enterarse de quién fue su padre: un tal Pedro Páramo. Así, al recordar las palabras
de su moribunda madre, Juan Preciado, “sets in a quest” y así nos lleva a conocer
las consecuencias de la gran fractura familiar: “un suceso que regirá la [novela]: la
ausencia del padre y sus efectos.”3
Sin embargo, no es la obediencia ni el cumplimiento de aquella promesa
hecha a su madre en sus últimos momentos lo que motiva su visita a Comala, sino
los sueños y la esperanza que para él significa el marido de su madre, que también
es su padre.
Juan Rulfo narra la experiencia de Juan Preciado en Comala a través de una
serie de voces que le permitirán a este recién llegado penetrar las hendiduras del
pasado y descubrir qué ocurrió en este pueblo donde el aire sofocante y la acidez
hacen su permanencia angustiante, efímera-eterna, y mortal-vital a la vez, pues
Juan es un extraño que llega a la tierra de su madre de donde no saldrá jamás.
El recorrido de Juan del aire sofocante al puro calor sin aire es una especie
de descenso a los infiernos y donde empieza a percibir las “rarezas” del pueblo al
que acaba de llegar. A su arribo se destiñe ese sublime paisaje que él mismo recreó
en su mente a través de las vívidas y coloridas descripciones de su madre, las
cuales se han difuminado en el pasado.
Empero, a su llegada Juan Preciado tiene la suerte de encontrarse a dos
compañeros de viaje. Abundio, el arriero que se encuentra en las subidas y bajadas
antes de llegar a su bochornoso destino, lo guía hasta el umbral de Comala: la
ilusión. No obstante, tal vez sin proponérselo o tal vez sí, este primer compañero le
3
A. Vital. “Años de formación” en Juan Rulfo, p. 6.
10
arrebata sus sueños al decirle que el padre de ambos ya está muerto. Por otro lado,
Eduviges, la mujer que pudo haber sido su madre, lo acoge para que
espiritualmente él se interne en el mundo de los muertos a través de sus extrañas y
sugerentes respuestas, mismas que al final de su primera entrevista lo hacen sentir
en un mundo muy, muy lejano. “Mi cuerpo, que parecía aflojarse, se doblaba ante
todo, había soltado sus amarras y cualquiera podía jugar con él como si fuera de
trapo.” (Pedro Páramo, p. 74.)
La transición de esta atmósfera asfixiante a un ambiente húmedo en el que
las gotas de agua suenan “plas, plas” le da a este forastero la bienvenida al mundo
de aquel hombre desconocido para él y padre de toda Comala, y cuya imagen,
personalidad y comportamiento se transformarán gradualmente a lo largo de este
ineludible descenso.
El verde y colorido tiempo en el que transcurre la plácida infancia de Pedro
Páramo es la etapa de más satisfacciones emocionales para él gracias, únicamente,
a los vívidos recuerdos de Susana San Juan, evocaciones que se dan, al igual que
las revelaciones joycianas-faulknerianas4, en medio de situaciones triviales y
cotidianas de la vida.
<<Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes. Cuando volábamos
papalotes en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del
pueblo mientras estábamos encima de él, arriba de la loma, en tanto se
nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento. ‘Ayúdame, Susana.’ Y
unas manos suaves se apretaban a nuestras manos ‘Suelta más hilo.’
>>El aire nos hacía reír; juntaba la mirada de nuestros ojos,
mientras el hilo corría entre los dedos detrás del viento, hasta que se
rompía con un leve crujido como si hubiera sido trozado por las alas de
algún pájaro. Y allá arriba, el pájaro de papel caía en maromas
arrastrando su cola de hilacho, perdiéndose en el verdor de la tierra.
>>Tus labios estaban mojados como si los hubiera besado el
rocío.>>
—Te he dicho que salgas del excusado, muchacho.
—Sí mamá. Ya voy. […]
(Pedro Páramo, pp. 75-76.)
Influido por James Joyce, Faulkner recurre al concepto de epifanía del autor dublinés: “a sudden spiritual
manifestation, whether in the vulgarity of speech or of gesture or in a memorable phase of the mind itself.” Así, con
las lecturas de estos autores, Rulfo también utiliza este recurso literario.
4
11
Antes de regresar a la mórbida atmósfera sofocante habitada por ecos que ha
comenzado a envolver a Juan Preciado como una gigantesca nube sofocante, Rulfo
nos allana el camino para ver qué sucederá con este viajero. De manera progresiva
hace a un lado las placenteras descripciones que anuncian y sugieren la plenitud
espiritual del joven Pedro a pesar de las limitaciones económicas de su familia.
Antes de apartarnos de este locus amoenus Rulfo hilvana con los rezos del
novenario del abuelo de Pedro estos dos telones con representaciones yuxtapuestas
de lo que fue y es este lugar; de este modo la intromisión de las oraciones del
rosario entre las líneas de esta narración paradisíaca nos familiariza −antes de
internarnos por completo− con aquel mundo oscuro, desolado y plagado de
abstracciones al mismo tiempo que lo experimenta Juan.
El autor hace que in medias res el lector, ajeno a esa tierra y al mundo de
Eduviges, se convierta en un visitante inesperado y participe pasivamente en la
conversación entre ella y Juan Preciado. Así pues, en esta plática con la Dyada
Juan se entera de cómo era su madre, lo sucedido en su noche de bodas con Pedro
Páramo y del maltrato que ella padeció al casarse con él.
Entre humor, ironía, espectros fantasmales y remembranzas del verde e
idílico recuerdo de Comala –estas últimas descripciones que Doloritas hizo a su
hijo en vida– dicha conversación resulta reveladora para quien será otro perpetuo
habitante del pueblo. Por un lado, le ayuda a comprender las palabras de su madre
durante su agonía: “No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro”; por otro, le
permite entender tanto las continuas quejas de su tía Gertrudis de que él y su mamá
vivieran con ella así como el eterno abandono en el que los dejó ese tal Pedro
Páramo.
En medio de indiscreciones y cinismo, Eduviges le esclarece a Juan
situaciones de su pasado; simultáneamente lo interna y le da la bienvenida a la vida
y muerte cotidiana de este pueblo, las cuales terminan y comienzan,
respectivamente, con las bajezas de Pedro Páramo, pues aunque todos los
habitantes del pueblo gobernado por el cacique a su antojo mediante sus propias y
12
mutables leyes están aún con vida, la vileza de sus actos ha arrancado de tajo la
esperanza y las ilusiones, transformando la tierra comalense en un cementerio
viviente.
Así, mientras acompañamos al hijo de la Preciado en su recorrido,
vislumbramos el futuro de Pedro Páramo a través de sus propias palabras y de las
de su abuela, quien como pitonisa profetiza el desastre. Después, por boca de
Eduviges nos enteraremos de una de las historias más nombradas en el pueblo y de
las pocas situaciones que “conmueven” al cacique: la muerte de su hijo Miguel
Páramo.
Iba a platicar con su novia a un pueblo llamado Contla, algo lejos de
aquí.
[…]
<<—¿Qué pasó? –le dije a Miguel Páramo—. ¿Te dieron calabazas?
>>—No. Ella me sigue queriendo —me dijo—. Lo que sucede es que yo
no pude dar con ella. Se me perdió el pueblo. Había mucha neblina o
humo o no sé qué; pero si sé que Contla no existe. Fui más allá, según
mis cálculos, y no encontré nada. Vengo a contártelo a ti, porque tú me
comprendes. Si se los dijera a los demás de Comala dirían que estoy loco,
como siempre han dicho que lo estoy.
>>—No. Loco no, Miguel. Debes estar muerto. Acuérdate que te dijeron
que ese caballo te iba a matar algún día. Acuérdate, Miguel Páramo. Tal
vez te pusiste a hacer locuras y eso ya es otra cosa.
>>—Sólo brinqué el lienzo de piedra que últimamente mandó poner mi
padre. Hice que el Colorado lo brincara para no ir a dar ese rodeo tan
largo que hay que hacer ahora para encontrar el camino. […]
>>—Mañana tu padre se torcerá del dolor —le dije—. Lo siento por él.
[…]
(Pedro Páramo, p. 87.)
A medida de que ahondamos en el pasado de Comala se percibe un cambio
progresivo en el entorno de Pedro Páramo. Los paisajes aromáticos cubiertos de
gotas de rocío son reemplazados paulatinamente por lágrimas, rencor y muerte.
Una orden insistente “<<¡Despierta!>>” separa por completo al joven
Pedro del sueño para ubicarlo de golpe en la realidad y su vida cambiará
13
drásticamente. Entre sollozos y disturbios su madre le anuncia que Lucas, su padre,
ha muerto.5
Después, a manera de narración cinematográfica6, escuchamos los sólidos
golpes en el portón de la Media Luna, el cual lleva el lúgubre símbolo de la muerte
y la decadencia; esta puerta es el pasaje que permite al lector y a Juan trascender;
pasar de un mundo a otro, tener acceso a este pueblo atestado de asesinatos y
habitado por fantasmas.
Tocó con el mango del chicote la puerta de la casa de Pedro Páramo. […]
Miró también, como lo hizo la otra vez, el moño negro que colgaba del
dintel de la puerta. Pero no contento consigo mismo: <<¡Vaya! Los han
encimado. El primero ya está descolorido, el último relumbra como si
fuera de seda; aunque no es más que un trapo teñido>>.
(Pedro Páramo, pp. 100-101.)
Fulgor Sedano, administrador de la hacienda de Lucas Páramo, llama a la
puerta de la Media Luna en busca del heredero de su difunto patrón para ponerlo al
tanto de la situación económica familiar. Al enterarse Pedro de que su padre le ha
heredado deudas con “los Fragosos, los Guzmanes y las Preciados” determina
casarse con la heredera de esta última familia para “de un jalón” saldar la mayor de
las deudas y adueñarse del rancho de Enmedio, propiedad de su futura y
menospreciada esposa.
A partir de este momento la ambición y crueldad de Pedro Páramo así
como el endurecimiento del corazón de aquel niño noble y obediente son cada vez
más evidentes en la narración. Porque en un mundo en donde hay carencias,
“Entre los papeles hallados por la familia de Rulfo en el archivo personal de éste había un texto inédito en el que
recordaba aquella medianoche en que lo despertaron para que viera a su padre asesinado, una desgracia de la que
Rulfo nunca pudo sobreponerse.” S. López Mena, “Nacimiento de Pedro Páramo” en Los caminos de la creación en
Juan Rulfo, p. 78.
6
Juan Rulfo era aficionado a la fotografía y al cine, por ello recurre al impacto de las imágenes para narrar su
historia. D. J. Weatherford en su ensayo “Citizen Kane y Pedro Páramo: un análisis comparativo” en Tríptico para
Juan Rulfo. Poesía, Fotografía, Crítica menciona: “En la producción literaria de Rulfo”, coincide Gustavo Fares,
“llama la atención la cantidad de recursos con origen de técnicas cinematográficas.”
5
14
injusticias y desilusiones uno debe aplicar la justicia por su propia mano y recrearla
tantas veces sea necesario para lograr sobrevivir.
Alzó la vista y miró a su madre en la puerta.
—¿Por qué tardas tanto en salir? ¿Qué haces aquí?
—Estoy pensando.
—¿Y no puedes hacerlo en otra parte? Es dañoso estar mucho tiempo en
el excusado. Además debías de ocuparte en algo. ¿Por qué no vas con tu
abuela a desgranar el maíz?
—Ya voy, mamá. Ya voy.
(Pedro Páramo, p. 78)
Aquel niño dócil que por órdenes de su madre ayudaba en las tareas de la
casa, al igual que los frondosos paisajes de Comala, es sólo un recuerdo sombrío
que poco a poco se decolorará. Empero el cambio en el comportamiento de Pedro
no es repentino; ya desde la adolescencia se percibe a un futuro hombre rebelde e
inconforme, decidido a todo para obtener dinero, por ello le aclara su abuela:
—¿Qué haces aquí a estas horas? ¿No estás trabajando?
—No, abuela. Rogelio quiere que le cuide al niño. Me paso paseándolo.
Cuesta trabajo atender las dos cosas: al niño y el telégrafo, mientras que
él se vive tomando cervezas en el billar. Además no me paga nada.
—No estás allí para ganar dinero, sino para aprender; cuando ya sepas
algo, entonces podrás ser exigente. […] Pero para eso se necesita
paciencia y, más que nada humildad. Si te ponen a pasear al niño, hazlo,
por amor de Dios. Es necesario que te resignes.
—Que se resignen otros, abuela, yo no estoy para resignaciones.
—¡Tú y tus rarezas! Siento que te va a ir mal, Pedro Páramo.
(Pedro Páramo, p. 85.)
Impulsado por las necesidades económicas familiares, arrastrado por la
profunda tristeza que le provoca la partida de Susana San Juan y el presentimiento
de que la mujer de sus ensoñaciones jamás regresará, Pedro Páramo reafirma su
reacia actitud ante la vida, porque al partir Susana, se lleva consigo las esperanzas
e ilusiones del futuro cacique y por consiguiente las del pueblo entero.
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Unido a esto, la muerte de Lucas Páramo acarrea consigo un cambio radical
en Comala. Pedro Páramo da rienda suelta a su deseo de hacerse rico y
abiertamente se propone satisfacerlo a como dé lugar. Su matrimonio con Dolores
Preciado es sólo el comienzo de una serie de abusos y crueldades que terminarán
por arruinarlo. A partir de ahora su inconstante y mudable palabra regirá a este
pueblo y Páramo crecerá recordando a Susana, “construyendo el vasto mundo de la
hacienda de la Media Luna, avasallando al pueblo, convirtiendo la vida que lo
rodea en una prolongación demoníaca de sí mismo.”7
El deceso de Lucas Páramo y la consecuente orfandad de Pedro se
convierten en el parteaguas de la vida de Comala; por un lado, para vengar la
muerte de su padre el nuevo cacique casi aniquila a todos los invitados de la boda
en la que por error lo asesinan. Por otro, a partir de entonces crea nuevas argucias
para saldar –mediante robos y asesinatos– la deuda que tiene con Toribio Aldrete y
muchos más, como un tal Galileo, que es exterminado para arrebatarle sus tierras.
El recién incorporado a su cacicazgo no sólo recurre al crimen para
enriquecerse, satisfacer las necesidades de su corazón endurecido por la hambruna
de venganza, el abandono, el desencanto y su reciente orfandad. El recuerdo de la
muerte de su padre, aquel recuerdo que hacía tiempo había querido mantener
enterrado, es exhumado por un amanecer gris y triste; el mismo en que muere su
hijo Miguel. El vívido recuerdo de la muerte de su padre anticipa la de su hijo. “No
sintió dolor” nos dice el narrador.
“Esperaba oír: <<Lo han matado.>> Y ya estaba previendo su furia,
haciendo bolas duras de rencor; pero oyó las sinceras y comprensivas palabras de
Fulgor Sedano que decían:
—Nadie le hizo nada. Él solo encontró la muerte.” (Pedro Páramo, pp. 136, 137.)
A través de la violencia el cacique intenta escapar del dolor y desamor. En
un entorno acometedor, lleno de carencias materiales por el que se escabullen ecos
J. de la Colina, “Susana San Juan. El mito femenino en Pedro Páramo” en La ficción de la memoria. Juan Rulfo
ante la crítica. p. 58.
7
16
de las sediciones revolucionarias, pero en el que sus efectos son evidentes es
imposible no reaccionar a esta sinergia, por lo que el pater familias de Comala
sojuzga y somete; a través de las reacciones del cacique Rulfo devela conflictos
individuales y colectivos, éstos últimos relacionados con las consecuencias de la
Revolución mexicana, “la inevitable lucha armada generó espiral de violencia, las
crisis y las tensiones del proyecto revolucionario y los atavismos del campo
también engendraron violencia, y ésta adquirió una dinámica propia, de modo que
ya no pedía un pretexto, pues ella sola era la causa de sí misma: no resultaba
necesario buscarles razones [...]”8
De forma similar, a través de una serie de artimañas don Pedro logra
recuperar a la única mujer que ha amado: Susana San Juan. Para cumplir su
propósito, manda matar al padre de ella en las minas de la Andrómeda. Huérfana
Susana, él se vería “obligado” a amparar a alguien y podría tenerla al fin para él,
sólo para él, porque desde joven Pedro ya deseaba tenerlo “todo” de manera que el
único deseo por satisfacer fuera el de los dos amantes; el deseo de Pedro de Susana
y viceversa.
Pero al llegar a La Media Luna Susana trae consigo una vez más el
desencanto; a partir de que Pedro se hace cargo de ella, él no puede disfrutarla ni
poseerla. Su mayor logro es observarla desde de la puerta de su habitación y
describir, sin poder entender, sus doloridas e interminable noches de inquietud.
Frustrado, el cacique sólo se queda con el deseo de brindarle sosiego a aquello que
la mantenía muerta en vida, sumergida en sueños, recuerdos y locura.
Si al menos fuera dolor lo que sintiera ella, y no esos sueños sin sosiego,
esos interminables y agotadores sueños, él podría buscarle algún
consuelo. Así pensaba Pedro Páramo, fija la vista en Susana San Juan,
siguiendo cada uno de sus movimientos. ¿Qué sucedería si ella también
se apagara cuando se apagara la llama de aquella débil luz con que él la
veía?
(Pedro Páramo, p. 171.)
8
A. Vital, “Diáspora interior” en Juan Rulfo, p. 25.
17
Desafortunadamente, el ya agotado amo de Comala no logra tenerla ni
entenderla a pesar de que ya no hay impedimento para adentrarse en ella; en su
cuerpo, en su espíritu, en su mente. La demencia la hace tan impenetrable y
hermética que Pedro poco puede indagar sobre ella; sólo puede escuchar sus
murmullos. Empero, la locura es para Susana un presente, pues le permite huir del
sufrimiento causado por la pérdida de Florencio, su marido; además le brinda la
posibilidad de recrear vívidamente sus noches de pasión con él. En este estado
febril ella logra separarse de los tumultos del pueblo y dar rienda suelta a su
erotismo.
Fracasado y arruinado por la situación de la mujer amada Pedro pierde todo
interés por el movimiento revolucionario que amenaza sus tierras y riquezas; que el
Tartamudo le avise que los revolucionarios lo visitarán no le preocupa. Una vez
enterado de esto dirige sus pensamientos únicamente a Susana San Juan “metida
siempre en su cuarto, durmiendo, y cuando no, como si durmiera.”
A estas alturas de la novela y de su vida, Pedro Páramo ya se siente viejo y
cansado; la derrota del Tilcuate a causa de los villistas no lo asombra y hasta se
empieza a resignar. “–¡Qué caray Gerardo! Estoy viendo llegar tiempos malos.”
[...] (Pedro Páramo, p. 172.). Así, al entrevistarse con Damasio y enterarse sobre cómo le
ha ido, don Pedro le aconseja asaltar Contla y ver por sus intereses. De este modo,
con esta lacónica sugerencia le retira su apoyo económico y se desentiende por
completo del movimiento armado, el cual nunca es su interés primordial, porque
para él el amor de la San Juan sobrepasa todo.
De igual modo, ahora que ha recuperado a Susana y ha observado los
disturbios de su espíritu recurre al padre Rentería para darle descanso a través de
rezos y del sacramento de la comunión. Empero no recurre a él con ferviente
devoción para aliviar al alma aturdida de Susana, que también es la suya, sino que
en su desesperación por resucitarla probablemente también hubiera recurrido a los
indios de Apango que bajaban del cerro con sus yerbas para que con ellas
apaciguaran los disturbios de aquella mujer que ahora es suya, pero no de este
18
mundo. De esta manera el cacique refleja un lado místico; la necesidad de ese algo
misterioso o razón oculta que genere en él algún sentido de pertenencia y le brinde
redención, pues él es la sinécdoque de las necesidades espirituales de todo Comala
y el México revolucionario; aunque deliberadamente la única religión del cansado
y resignado terrateniente es la figura sagrada y virginal que él mismo ha creado de
aquella mujer hundida en las sábanas de su cama y por la que hubiera hecho
cualquier cosa para sustraerla del pasado.
Y siguió: <<Hace mucho tiempo que te fuiste, Susana. La luz era igual
entonces que ahora, no tan bermeja; pero era la misma pobre luz sin
lumbre, envuelta en el paño blanco de la neblina que hay ahora. Era el
mismo momento. Yo aquí, junto a la puerta mirando cuando te ibas,
siguiendo el camino del cielo; por donde el cielo comenzaba a abrirse en
luces, alejándote, cada vez más desteñida entre las sombras de la tierra.
[...] >>
(Pedro Páramo, p. 188.)
Con esta imagen pura e idealizada Pedro se despide de Susana San Juan
como una Ofelia shakesperiana o una Beatriz dantesca. Por esta razón el día en que
ella “asciende” al cielo Pedro Páramo ordena el repique de las campanas de todas
las iglesias para dar a conocer que Comala está de luto.
Sin embargo, continuar con sus festividades y la indiferencia ante la muerte
de Susana le cuesta caro a Comala: Pedro Páramo se cruza de brazos para que el
pueblo se muera de hambre. Y así sucede.
Con su venganza Pedro Páramo acaba con el pueblo e irónicamente la
venganza también acaba con él, cumpliéndose así un mordaz ciclo vital donde se
enfatiza la ruptura del núcleo familiar. Con la vida de su padre, Abundio Martínez
se cobra la ayuda que él le pidiera para enterrar a su esposa Refugio. De igual
manera, al asesinar a su padre, Abundio libera al pueblo de la brutalidad y
rapacidad de don Pedro, pero sobre todo de la desilusión, porque con su
comportamiento el cacique no sólo ha derribado linderos, también le ha arrebatado
a los comalenses las ilusiones.
19
La novela de Rulfo nos cuenta la vida de un pueblo antes de su catastrófico
final bajo la influencia de un macrocosmos revolucionario que no sólo despoja de
tierras y animales las afueras de Comala, sino que después de un tiempo le arranca
a los comalenses todo tipo de esperanza. Por ello, mientras esto ocurre el autor
presenta imágenes intermitentes de ese lugar paradisiaco, de ese microcosmos, que
hasta el momento es Comala y del infierno en que se convertirá.
Por un lado, mientras se gesta la destrucción del pueblo, aquel muchacho
enamorado se entrega ‒a manera del poeta inglés John Keats‒ a la
autocomplacencia9. Una variedad de colores, olores, sabores y sonidos se pueden
percibir plácidamente a través de la lectura de aquellas líneas en que Juan Rulfo
describe la Comala de las ensoñaciones. Por otro, años más tarde, cuando Pedro se
convierte en hombre, los tumultos de Comala causados por ese rencor vivo que es
él son repercusiones de las revueltas del movimiento revolucionario, ya que a
causa de estos alborotos matan a su padre y Bartolomé San Juan se ve obligado a
abandonar el pueblo por falta de dinero.
Sin embargo, aquel macrocosmos no deja de entrometerse ni causar sus
efectos en Comala. Durante la niñez sus ensoñaciones sobre Susana San Juan son
interrumpidas por la realidad exterior. La orden que su madre le da de ir a ayudar a
su abuela a desgranar el maíz por un momento lo separa de ese idílico mundo que
él recrea en su mente. Así, la abundancia y prosperidad del paisaje sublime quedan
naturalmente entretejidos con las limitaciones económicas de los Páramo.
[…] Sería bueno que fueras a ver a doña Inés Villalpando y le pidieras
que nos fiara [el molino] para octubre. Se lo pagaremos en las cosechas.
—Sí, abuela.
9
Véase, por ejemplo,“To Autum” de John Keats: I. SEASON of mists and mellow fruitfulness,/ Close bosom-friend
of the maturing sun; / Conspiring with him how to load and bless/ With fruit the vines that round the thatch-eves
run;/ To bend with apples the moss’d cottage-trees,/ And fill all fruit with ripeness to the core;/ To swell the gourd,
and plump the hazel shells/ With a sweet kernel; to set budding more,/ And still more, later flowers for the bees,/
Until they think warm days will never cease,/ For Summer has o’er-brimm’d their clammy cells.
[…]
20
—Y de paso, para que hagas el mandado completo, dile que nos
empreste un cernidor y una podadera; con lo crecidas que están las matas
ya mero se nos meten en las trasijaderas. […] Dile a doña Inés que le
pagaremos en las cosechas todo lo que le debemos.
—Sí, abuela.
Había chuparrosas. Era la época. Se oía el zumbido de sus alas
entre las flores de jazmín que se caía de las flores.
Se dio una vuelta por la repisa del Sagrado Corazón y encontró
veinticuatro centavos. Dejó los cuatro centavos y tomó el veinte.
[…]
(Pedro Páramo, pp. 77-78.)
Empero el deceso de su padre agudiza la débil situación económica de los
Páramo. Por ello de inmediato ese joven aún enamorado de los recuerdos de
Susana decide adueñarse del rancho de Enmedio al casarse con Dolores Preciado,
dando así lugar a la etapa de esplendor de ese universo comalense.
Una vez que conquista la riqueza y el poder, Pedro Páramo crea un entorno
armonioso interno y externo; su estado de ánimo repercute siempre en el ambiente
de Comala, pues aunque él hace de las suyas en su tierra, Comala es un pueblo
fértil en el que la armonía se percibe en los árboles, el maíz, el ganado y la lluvia.
Por ello la Media Luna se convierte en la hacienda más importante del pueblo y
aunque el respetado cacique sigue amando a Susana, este sentimiento lo mantiene
inhumado en su corazón sin que le provoque disturbios ni conflictos. No obstante,
“[…] la alternancia de campos fértiles, donde crecen los pastos, y de amplias
regiones amarillas, donde apenas se alzan cactos y nopales […] en la prosa rulfiana
[son] como un péndulo entre la esperanza y la frustración, entre la construcción de
un mundo abundante y la vertiginosa destrucción de éste por el efecto de sus
propios impulsos.”10
Por ello, la inestabilidad del pueblo comienza con el regreso de Susana San
Juan a Comala; ese sentimiento hacia ella que Pedro Páramo había sepultado es
puesto al descubierto y el amor frustrado derrumba y sacude, como efecto en
10
Op.cit. A. Vital, p. 5.
21
cadena, a Pedro Páramo, al pueblo y a cada uno de sus habitantes. “Pedro Páramo
descuida sus tierras y pasa el resto de su vida al borde del camino con la mirada
fija en la cuesta por donde fue llevada Susana al cementerio. El drama interior [ese
microcosmos] ‒en la medida en que lo hay‒ tiene sus equivalentes exteriores. Los
ríos se secan, la gente se va. Es como si la existencia de Comala [el macromosmos]
dependiera de la voluntad de un solo hombre.”11
11
L. Harss, “Juan Rulfo o la pena sin nombre” en La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la crítica, p. 83.
22
2. The Sound and the Fury
The Sound and the Fury narra la historia del auge y la decadencia económica y
moral de la familia Compson en Jefferson, Mississipi, al sur de Estados Unidos.
Durante la infancia de los hijos del matrimonio Compson Bascomb se percibe
cierta armonía y estabilidad económica, característica de las familias blancas
terratenientes antes de la Guerra Civil. Sin embargo, a partir de la boda de Caddy,
los paseos por el campo y las cálidas reuniones familiares alrededor de la chimenea
desaparecen y los personajes experimentan una prolongada caída física y
espiritual; la calidez de aquellas reuniones de antaño se transformará en una
decadencia que se esparcirá como fuego por toda la mansión Compson calcinando
a la familia, de la cual, al final de la novela, sólo quedarán algunas cenizas
dispersas.
Para armar su novela plagada de fatalismo, Faulkner remite a los efectos del
mundo exterior en la finca, específicamente, al contexto social del Sur de
principios del siglo
XX
–macrocosmos– y su impacto en los personajes, quienes
internados en ese pequeño gran universo conformado por la mansión y apartados
del mundo real que los circunda, envueltos en un microcosmos armónico que
resulta ser un espejismo, resienten los efectos de la Guerra Civil sureña. Así,
incapaces de enfrentar la transición del siglo XIX al XX y todo lo que esto conlleva,
como aceptar su nueva condición en la sociedad, los Compson se convierten en
presas de conflictos internos que terminarán por destruirlos. Como reflejo de esta
situación los hijos de Caroline Bascomb y Jason Lycurgus Compson
III
difícilmente traspasarán esa línea divisoria que como una gran herida separa la
infancia de la edad adulta. La juventud será un camino accidentado que deberán
transitar dolorosamente solos con todas sus consecuencias antes de alcanzar la
madurez, si logran conseguirlo. Por ello, antes de que la anarquía reine en la finca,
de manera intermitente en la narración encontraremos paisajes yuxtapuestos que
evocan abundancia, escasez, complacencia, frustración, paraíso, infierno… El
desorden familiar alterará el papel de los personajes dentro de la historia; de esta
manera quienes alguna vez gozaron de ciertos privilegios serán despojados de los
mismos y quienes fueron desdeñados e ignorados cobrarán fuerza para dar rienda
suelta a su propio sentido de justicia.
Jason Lycurgus Compson
III
muere a causa de su alcoholismo; Caroline
Bascomb, inmovilizada y hundida en su severa hipocondría e incapaz de dirigir su
casa y familia, finalmente le entrega a su cruel hijo Jason las riendas de ésta.
Después de su boda, Caddy padece el destierro de ese microcosmos armonioso
representado a través de la mansión Compson; esto como consecuencia de su
temprano embarazo, su matrimonio organizado a través de artilugios prontamente
descubiertos por su esposo y consecuentemente su ineludible ruptura. Toda esta
serie de acontecimientos la fuerzan a dejar a su recién nacida hija a cargo de su
madre. Por su lado, Quentin vive atrapado en su propio obsesivo mundo sureño y
se suicida al darse cuenta de que no es posible defender el código de honor de “the
Old South” ya sin vigencia en su tiempo; Jason, luego del deceso de su padre, del
exilio de Caddy y de la muerte de Quentin, se convierte en un jefe de familia
frustrado y perseguido por sus propias limitaciones y ambiciones; mientras que
Benjy olvidado y abandonado por su madre y por Caddy, y a cargo del niño negro
que lo maltrata finalmente va a parar a Jackson, un hospital público para enfermos
mentales. Asimismo, Quentin, la hija de Caddy, sufre la persecución y los
maltratos de su tío Jason, a quien finalmente y a su manera le cobra lo que le
pertenece burlándose y vengándose así de él.
Con los binomios prosperidad-adversidad, armonía-caos, ascenso-descenso,
con este efecto de sube y baja, Faulkner desarrolla su novela y coloca en el lugar
preciso a cada uno de los personajes, cuya personalidad y comportamiento es una
24
antítesis de sí mismos. Este efecto de sube y baja es lo que Lawrence Thompson
describe como: “the persistent allusion to mirrors in The Sound and the Fury,
[which] would seem to invite the reader to notice that Faulkner has adapted the
ancient literary mirror device and mirror principle to his own peculiar purposes, as
means of reflecting various kinds of correspondences, anthithesis, parallelisms,
analogues –even as a means of illuminating certain thematic concerns which are
implicit throughout the total action.”1
En este capítulo se contará la historia de los Compson no sólo desde el punto
de vista narratológico; se hará énfasis en los sucesos que retratan el ascenso y
constante descenso de los personajes, acontecimientos, que como repeticiones
temporales y espaciales, forman un ciclo repetitivo de decadencia, pérdida y
desilusión generacional. Para ello, se analizarán los efectos del impacto de ese
macrocosmos circundante en la narración y sus efectos en cada microcosmos
representado por cada uno de los personajes.
En el primer capítulo de la novela William Faulkner, en un tour de force
excepcional, recrea lo que ocurre en la mente de Benjy, un retrasado mental, y
describe así su pequeño pero complejo y agitado mundo. A través de este stream of
consciousness –que va del pasado de la infancia y la adolescencia al turbulento
presente– Faulkner nos da cuenta de lo sucedido a los cuatro hijos de Caroline
Bascomb y Jason Lycurgus Compson III.
El contexto de la infancia de Quentin, Caddy, Jason y Benjy está plagado de
sensaciones que evocan el mundo acogedor de la niñez; el olor de los árboles, los
ruidos de la vaca Quennie en el establo, el olor y el vapor de la cocina de Dilsey, el
agua del pequeño río y el lodo del campo. En ese entorno fértil delimitado por la
gran finca Compson los hijos de Jason Lycurgus Compson y Caroline Bascomb se
sienten libres y completamente felices.
L. Thompson, “Mirror analogues in The Sound and the Fury” en William Faulkner, Three decades of criticism, p.
211.
1
25
Roskus was milking at the barn. He was milking with one hand, and
groaning. Some birds sat on the barn door and watched him. One of them
came down and ate with the cows. I watched Roskus milk while T. P.
was feeding Queenie and Prince. The calf was in the pig pen. It nuzzled
at the wire, bawling.
(The Sound and the Fury, p. 28.)
Durante la niñez los cuatro hermanos conviven y pasean por el campo, donde
juegan y pelean en las aguas del arroyo. Ya desde entonces se perciben los rasgos
de la personalidad de cada uno de ellos. El temperamento rebelde y autoritario de
Caddy se contrapone y complementa con la inteligencia, la sensibilidad y los
tabúes de Quentin, quien en uno de esos paseos por el arroyo pelea con su hermana
porque en sus jugueteos ella se ha empapado el vestido y desea quitárselo. En esta
ocasión el negro sirviente Versh le advierte que Miss Cahline, como la llama
Dilsey, la castigará; aun así Caddy decide quitárselo para que pueda secarse.
Quentin trata de impedírselo, pero las amenazas de la pequeña a Versh le hacen
entender que lo más conveniente para él es obedecer. “You just take your dress
off.” Quentin said. Caddy took her dress off and threw it on the bank. Then she
didn’t have on anything but her bodice and drawers, and Quentin slapped her and
she slipped and fell down in the water. When she got up she began to splash water
on Quentin, and Quentin splashed water on Caddy. […] >>”
(The Sound and the Fury, p.
18.)
Por otro lado, Faulkner también deja al descubierto la dualidad del carácter de
Jason. Durante el regreso a casa, después de la riña contra Caddy, Quentin, por
medio de persuasiones y chantajes, intenta convencerlo de que no comente con sus
padres aquella travesura. Para lograrlo, le recuerda que él le hizo unas flechas; sin
embargo, Jason no sólo no se lo agradece sino que a manera de reproche le dice
que éstas ya se han roto. A través de tales experiencias pueriles se percibe la
naturaleza de su carácter; Jason no es fácil de manipular ni da muestras de
solidaridad o confiabilidad a sus hermanos. No obstante, esta resistencia se
26
contrapone con su torpeza motriz y sentimentalismo. Durante alguno de aquellos
paseos por el campo tropieza, cae y lo tienen que ayudar a incorporarse. Por otro
lado, es un niño endeble y frágil que llora constantemente, casi siempre a causa de
su abuela. Algunas veces las lágrimas corren por su regordete rostro porque ya no
puede dormir con Dammudy; otras, porque dentro de su inocencia cree que los
buitres desnudarán a su recién fallecida abuela.
“After a while even Jason was through eating, and he began to cry.
“Now you got to tune up.” Dilsey said.
“He does it every night since Dammudy was sick and cant sleep with
her.” Caddy said. “Cry baby.”
(The Sound and the Fury, p. 26.)
Por su parte, Benjy es siempre ese niño deseoso de jugar con Caddy, pues al
no tener noción del paso del tiempo vive en un eterno presente; para el más
pequeño de la familia el tiempo se ha congelado, el tiempo no pasa por él, sino que
él pasa por el tiempo, y es esta permanencia temporal la que le permite resistir las
futuras turbulencias familiares; lo mismo recuerda con alegría uno de esos paseos
invernales con Caddy que el fuego que le quema las manos cuando hace desesperar
a Versh, el negro sirviente encargado de cuidarlo cuando físicamente se ha
convertido en un hombre.
A diferencia de Quentin y como otra cara de la moneda, a Benjy no le agobia
el paso del tiempo porque no alcanza a percibirlo. Para Quentin, en cambio, el
tiempo es una gigantesca roca aplastante que lo empuja al suicidio. Educado con
ideas del “the Old South”, con la mirada siempre fija en el pasado, apropiándose de
las ideas de mediados del siglo XIX y reforzando este sentimiento de nostalgia por
el esplendor de una época que no le tocó vivir, pero que conoce bien debido a los
constantes lamentos y recuerdos de su madre sobre ésta, el intelectual de la familia
27
Compson se impacta constantemente contra la realidad de su tiempo, el siglo
XX,
hasta quedar destruido.
The forces that shape the archetypal boy hero’s traumatic collision with
modern life extend back to the Civil War. The family patriarch came
into the Mississippi wilderness and in a few decades became an
important and wealthy planter. The defeat of the South drastically
altered the fortunes of the family. During the hardships of the
Reconstruction Period, the family compensated for its vanished grandeur
by keeping the past alive in memory and stories.2
Durante la adolescencia, los hermanos Compson aún se deleitan con ese
paisaje edénico de la infancia ligeramente nublado por las riñas infantiles, mismas
que se agravarán con el paso del tiempo. En esta etapa de juventud los conflictos
entre ellos aparentemente desaparecen para luego intensificarse, sobre todo entre
Caddy y Jason; sin embargo, cada uno empezará a sufrir silenciosamente mientras
de manera progresiva la relación entre ellos se transforma y deforma.
En esta etapa de la vida de los personajes la relación más íntima se da entre
Caddy y Quentin, quien preocupado por su hermana y su relación con Dalton
Ames, se siente obligado a protegerla para así también proteger, salvar y defender
el honor de su familia.
Quentin considera a Caddy la imagen pura e incorruptible de la familia, por
ello lo más importante es conservar –para sí mismo– intacta esta figura.
During the antebellum period, Southern white males of the owning class
idealized womanhood, by raising the female gentry on pedestals above
the reality of interracial sex between slave women and slave owners. As
the color line was crisscrossed in the quarters, so the pedestals soared at
the plantation house. In the words of one Southern historian, the white
woman became “the South Palladium…−the shield-bearing Athena
gleaming whitely in the clouds, the standard of its rallying… She was the
lily-pure maid of Astolat... and she was the pitiful mother of God.3
2
3
E. Volpe, “Character types and themes” en A Reader’s Guide to William Faulkner, p. 18.
W. J. Cash apud N. Polk, New Essays on The Sound and the Fury, p. 107.
28
Así, cuando descubre que Caddy ha tenido relaciones sexuales fuera del
matrimonio pretende engañarse al negarse a aceptar aquello que tanto le afecta y su
hermana misma le confiesa. “Quentin’s emotional dependence on his sister is so
great that he centers all his idealism upon her. Religious and moral are equated
with her sexual innocence, and with her conduct. Thus only in his childhood
relationship with Caddy can Quentin keep his world intact.”4
Entre la hierba y envuelto por el olor de las madreselvas, sumido en una lucha
interna, Quentin intenta creer que lo que Caddy ha hecho no ha sido por amor,
como si sólo en esta condición pudiera conservar la pureza suprema que le
adjudica de acuerdo con su educación decimonónica.
do you love him
her hand came out I didn’t move it fumble down my arm and she held my
hand flat against her chest her heart thudding
no no
[…]
Caddy you hate him dont you
she moved my hand up against her throat her heart was hammering there
poor Quentin
[…]
yes I hate him I would die for him Ive already died for him
I die for him over and over again everytime this goes
[…]
poor Quentin
(The Sound and the Fury, p. 151.)
La relación entre Quentin y Caddy se basa en una gran complicidad, la cual se
fortalece gracias a la confianza, la solidaridad, el amor filial y la protección
uniéndolos emocionalmente cada vez más. Ahora Caddy ya no lo reta como
sucedía en la infancia; en esta etapa él es su igual. Su relación entraña una
inextricable camaradería que les causará un profundo y auténtico sufrimiento. A
Quentin le lastima que Dalton Ames se haya burlado de los sentimientos de Caddy
y a ella le duele que Quentin la idealice. “[…] I am dont cry Im bad anyway you
4
E. Volpe, “The novels” en A Reader’s Guide to William Faulkner, p. 111.
29
cant help it/ theres a curse on us its not our fault is it our fault”. (The Sound and the Fury,
p. 158.)
Al igual que para Quentin y la sociedad en la que fue educada, el concepto
de las mujeres como moralmente puras e inocentes persigue y condena a Caddy;
por ello relaciona la virginidad con la bondad y hasta las considera sinónimos. Sin
embargo, su bondad y amor filial jamás se debilitan, pues siempre intenta proteger
a Benjy. Aun cuando sabe que debe resolver su difícil situación y pronto tendrá
que dejar la casa paterna porque debe casarse “con alguien”, le pide a Quentin que
se encargue del hermano menor y su padre; le encomienda evitar a pesar de todo
que lleven al pequeño Benjy a Jackson, aquel hospital para enfermos mentales.
De manera similar, como resultado de la educación anacrónica que ha
recibido, Quentin refleja una actitud protectora y, hasta cierto punto,
misericordiosa. Por un lado, para proteger a su hermana de las habladurías de la
gente y preservar así el honor familiar y el de Caddy está dispuesto a “confesarle”
a su padre su imaginario comportamiento incestuoso. Por otro, demuestra un
profundo sentido de sacrificio al intentar renunciar a su inscripción en Harvard
para que los tres −Caddy, Benjy y él− puedan huir a un lugar en el que nadie los
conozca ni sepan de ellos. “His desperate need for security of family is symbolized
by his fascination with the idea of incest and his horror of miscengenation.”5
Sin embargo, al ser más realista, Caddy le hace entender las inconveniencias
de su propuesta para Benjy; le recuerda el propósito de la venta de una parte de la
finca: poder ingresar a Harvard y terminar sus estudios. Al no cumplir este
objetivo, Benjy no tendría nada y haber vendido los terrenos habría sido inútil.
Contrariamente a la solidaridad presente en la relación entre Caddy y Quentin,
las interacciones que ella mantiene con Jason reflejan aquellos espejos invertidos a
los que Faulkner recurre para desarrollar su narración. Los continuos
desencuentros entre ambos desaparecen en esta etapa; ahora ella ya no se burla de
él por ser llorón y gordo. De igual forma, él ya no le reclama ni disputa la
5
Op. cit., E. Volpe, “Character types and themes”, p. 20.
30
autoridad que la noche del velorio de Dammudy su padre le confirió a ella. En
ocasiones únicamente le dice que cree que ha crecido sólo porque tiene catorce
años; sin embargo, él permanece inmerso en su propio mundo, del cual –en esta
época de su vida– el narrador nos cuenta muy poco o nada, salvo que Herbert
Head, el futuro marido de su hermana, le ha prometido empleo en el banco.
Probablemente, a esta edad su único pesar o conflicto consigo y con la familia es
que a él no lo hayan mandado a Harvard y a Quentin sí; a pesar de haber crecido
dentro del mismo entorno familiar Jason no queda atrapado en pasado ancestral, no
le preocupan ni el paso del tiempo ni los códigos de honor ni morales que a cada
instante abruman tanto a Quentin como a su madre, y también a Caddy.
Jason reacts logically rather than emotionally. […] His particular method
of ordering and explaining his actions in terms of cause and effect, profit
and loss, is all too familiar. Yet logic, presumably the basis of human
communication and hence society isolates Jason as effectively as the
moral abstractions of Quentin or the complete dependence on sensations
of Benjy. […] One of Jason’s dominant characteristics […] is his pride
that he has no illusions about his family or himself.6
Por otro lado, la relación entre Caddy y Benjy se mantiene estable. El amor de
la chica hacia él no perece, aunque sí disminuye, pues ella debe repartir este cariño
entre el menor de los Compson y Dalton Ames, por lo que su dedicación al
primero ya no será la misma; ahora Caddy responde libremente a los sentimientos
y sensaciones propias de su edad: se ha enamorado. Sin embargo, Benjy sufre las
consecuencias de este gran sentimiento y el día de la boda de Caddy con Herbert
alcanza a percibir que “algo” ha ocurrido; descubre que a partir de ahora Caddy ya
no emana el aroma de los árboles y se aleja de ella, como si la pureza y cualidades
extraordinarias que Quentin y toda la sociedad le adjudicaran a la pequeña líder
O. W. Vickery, “The Sound and the Fury: A Study in Perspective” en The Sound and the Fury. A Norton Critical
Edition, p. 286.
6
31
estuvieran sólo en el aroma de las madreselvas, en el olor de la tierra mojada y de
los árboles.
[…] But my throat kept on making the sound while T.P. was pulling me.
It kept on making it and I couldn’t tell if I was crying or not, and T.P. fell
down on top of me, laughing, and it kept on making the sound and
Quentin kicked T.P. and Caddy put her arms around me, and her shining
veil, and I couldn’t smell trees anymore and I began to cry.
Benjy, Caddy said, Benjy. She put her hands around me again, but I
went away. “What is it, Benjy.” she said. “Is it this hat?” She took her hat
off and came again, and I went away.
“Benjy.” She said. “What is it, Benjy. What has Caddy done.”
“He dont like that prissy dress.” Jason said. “You think you’re grown up,
don’t you. You think you’re better than anybody else, don’t you. Prissy.”
(The Sound and the Fury, pp. 40-41.)
La boda de Caddy es un importante acontecimiento en la mansión Compson
y en la comarca. Caroline Bascomb se siente orgullosa de este suceso, pues su hija
contraerá matrimonio con un importante joven de la sociedad de Jefferson. El
anuncio de la boda de Candance Compson con el Señor Sydney Herbert Head
cambiará la vida familiar. Este matrimonio representa ascender un escalón en la
sociedad de Jefferson, como también lo es que Caddy posea un auto, lo cual es otro
gran evento en la región. No obstante, la vida de los Compson cambiará de manera
trágica. La armonía que alguna vez existió en ese microcosmos de la finca es
sustituida por la anarquía resultado de la ira, el rencor, el dolor, la ambición, los
deseos y la desesperación de sus habitantes.
El engaño de Caddy a Herbert tiene graves consecuencias; primero, su
divorcio y por consiguiente, la severa crítica de la sociedad. A partir de entonces
Caddy es expulsada de ese espacio edénico conformado por la finca de sus padres,
ese lugar que algún día caprichosamente gobernó. Obligada a renunciar a su hija
Quentin, Caddy se aleja de la familia con el propósito de que la recién nacida viva
con su abuela y entonces pueda tener un hogar. Así, Caddy asume las
32
consecuencias de su comportamiento y debe enfrentar su nueva condición,
demostrando una extraordinaria valentía, al igual que cuando se atrevió a trepar por
un peral con la finalidad de descubrir qué sucedía realmente en la sala de su casa:
el velorio de Dammudy. Como una pueril Eva, con gallardía desobedece y se
acerca al árbol prohibido para descubrir el funesto acontecimiento:
We look up into the tree where she was.
“What she seeing, Versh.” Frony whispered.
“Shhhhhhh.” Caddy said in the tree. Dilsey said,
“You come on here.” She came around the corner of the house. “Whyn’t
you all go on up stairs, like your paw said, stead of slipping out behind
my back. Where’s Caddy and Quentin.”
“I told her not to climb up that tree.” Jason said. “I’m going to tell on
her.”
“Who in what tree.” Dilsey said. She came and looked up in the tree.
“Caddy.” Dilsey said. The branches began to shake again.
“You, Satan.” Dilsey said. “Come down from there.”
“Hush.” Caddy said. “Dont you know Father said to be quiet.” Her legs
came in sight and Dilsey reached up and lifted her out the tree.
(The Sound and the Fury, p. 45.)
Quentin, inteligente, sensible e idealista, queda abatido por la pérdida de la
virginidad de Caddy y su incapacidad de salvaguardar el honor familiar, por lo que
una vez derrotado en su quest decide poner fin a esta angustia quitándose la vida.
Su torpeza y titubeos al momento de quitarle la vida a su hermana e
inmediatamente suicidarse es sencillamente una señal de su debilidad tanto física
como mental; una muestra de que, al igual que otros héroes faulknerianos, este
joven tiene dificultades para pasar de la adolescencia a la edad adulta, por lo que
inevitablemente fracasa.
[…] then I was crying her hand touched me again and I was
crying against her damp blouse then she lying on her back
looking past my head into the sky I could see a rim of
white under her irises I opened my knife
do you remember the day dammuddy died when you sat
33
down in the water in your drawers
yes
I held the point of the knife at her throat
it wont take but a second just a second then I can do
mine I can do mine then
all right you can do yours by yourself
yes the blades long enough Benjys in bed by now
yes
it wont take but a second Ill try not to hurt
all right
will you close your eyes
no like this youll have to push it harder
touch your hand to it
but she didnt move her eyes were wide open looking past
my head at the sky
Caddy do you remember how Dilsey fussed at you because
your drawers were muddy
dont cry
Im not crying Caddy
push it are you going to
do you want me to
yes push it
touch your hand to it
dont cry poor Quentin
[…]
(The Sound and the Fury, pp. 151-152.)
La flaqueza de Quentin se refleja también en que a pesar de sus cavilaciones
no logra entender las palabras de su padre, mismas que recuerda el día en que se
suicida mientras observa su propia sombra en el agua por encima del puente.
“Women are never virgins. Purity is a negative state and therefore contrary to
nature. It’s nature is hurting you not Caddy and I said That’s just words and he said
So is virginity and I said you don’t know. You cant know and he said Yes.”
(The
Sound and the Fury, p. 116.)
El divorcio de Caddy también cambia la vida de Jason, esta ruptura se
traduce en el fin de sus sueños y aspiraciones, pues significa la pérdida del futuro
empleo en el banco que su efímero cuñado le prometió. A partir de entonces y de la
muerte de su hermano mayor su vida se convierte en un eterno reproche; les echa
34
en cara a sus padres que hayan vendido el terreno de la mansión para que Quentin
fuera a Harvard y finalmente terminara suicidándose.
Al mismo tiempo, a partir de que Caddy es expulsada de la finca, Jason la
extorsiona a cambio de permitirle ver a su pequeña hija únicamente unos instantes.
La gran capacidad de dar con profusión y abundancia amor materno la fuerzan a
ponerse a merced del mezquino Jason, a quien ahora le implora, suplica y pide
ayuda para ver a su pequeña hija.
La muerte de su padre, el fracaso matrimonial de Caddy y la crisis
económica familiar permiten que Jason ocupe el lugar que desde niño su padre le
negó y siempre le asignó a su hermana. En esta época de conflictos familiares él
asume el poder dentro de lo que algún día fue la gran hacienda Compson dando
rienda suelta a su ira e inconformidad contra su sobrina y en ocasiones también
contra la fiel sirvienta negra y su hipocondríaca madre. Empero, aunque él se
convierte en la máxima autoridad dentro de la casa, fuera de ella es sólo un
vendedor de la tienda de Earl que al final queda atrapado en su propia red de
mentiras, artimañas y abusos para quedar frustrado y sin dinero cuando su sobrina
recupera todo el que él obtuvo durante diecisiete años al cobrar los cheques
legítimos que Caddy mandaba a su madre para su manutención, mismos que Miss
Cahline le ordenaba quemar, con la idea de purificar tanto al dinero mal habido
como a su hija.
“His stealing systematically the money that Caddy is sending for the benefit
of her daughter answers to his mercantilism, but Jason is not content to steal
Quentin’s allowance. He also wants the enjoyment of teasing and hurting the
girl.”7
En la novela se da una vuelta de tuerca en todos los sentidos; luego del
paraíso que fue la finca, el lugar se convierte en un espacio anárquico, pues
quienes alguna vez tuvieron poder se tornan vulnerables y viceversa debido al
7
C. Brooks, “Man, Time and Eternity” en The Sound and the Fury. A Norton Critical Edition, p. 292.
35
deterioro moral y económico: “the novel dramatizes a deterioration from past to
the present. A tragic sense of loss is so predominant and pervasive in each section
and in almost every scene, that it can be considered the basic theme of the novel.”8
El lugar privilegiado del que alguna vez gozaron Caddy y Quentin –en
especial la primera– es ocupado por el frágil, acomplejado e ignorado Jason, quien
después de la muerte de su padre y del agravamiento de su hipocondríaca madre se
convierte en el jefe supremo de la derruida mansión Compson. “Throughout The
Sound and the Fury Faulkner employs the convention of using some of his
characters to serve as mirrors of other characters; mirrors set at different angles so
that they provide contrasting angles of vision.”9
Por ello, si el ascenso de Caddy al peral es una de las escenas más
conmovedoras y detonantes de la historia; el motivo10 principal del autor, al final
de la narración esta imagen se reemplaza por el descenso del peral de la joven
Quentin para escapar de este hogar full of sound and fury carente de amor,
comprensión e ilusión.
Así se describe la habitación de Quentin al momento en que se descubre su
ausencia.
The bed had not been disturbed. On the floor lay a silk undergarment
of cheap silk a little too pink, from a half open bureau drawer dangled a
single stocking. The window was open. A pear tree grew there, close
against the house. It was in a bloom and the branches scraped and rasped
against the house and the myriad air, driving in the window, brought into
the room the forlorn scent of the blossoms. […]
(The Sound and the Fury, p. 282.)
E. Volpe, Op. cit., “The novels. The Sound and the Fury”, p. 95.
Op. cit., L. Thompson, p. 211.
10
Elizabeth Frenzel define el motivo principal como una situación significativa elaborada por el autor. Véase “Los
temas: tematología” en Entre lo uno y lo diverso, Introducción a la Literatura Comparada.
8
9
36
Poco después de que Jason descubre la huída de Quentin y sale de
prisa a denunciarla, el niño negro encargado de cuidar a Benjy inquiere
sobre la joven y revela su comportamiento.
“Whut he done to Miss Quentin, mammy?” Luster said.
“Aint done nothing to her. You all git on outen here.
“I bet she aint here,” Luster said.
Dilsey looked at thim. “How you know she aint here?”
“Me and Benjy seed her clamb out de window last night. Didn’t us,
Benjy?
“You did?” Dilsey said, looking at him.
“We sees her doin hit ev’y night,” Luster said. “Clamb right down dat
pear tree.”
(The Sound and the Fury, p. 286.)
37
3. Personajes femeninos en Pedro Páramo
Pedro Páramo no sería posible sin la presencia de sus personajes femeninos,
personajes que, por cierto, no gozan de ningún lugar privilegiado en la narración,
excepto la presunta heroína, Susana San Juan. En esta novela las mujeres quedan
relegadas a un mundo en el que el poder pertenece únicamente al género
masculino, específicamente a Pedro Páramo, pues los demás hombres de la
narración son sus subordinados o bien asesinados por órdenes de él. Sin embargo,
los personajes femeninos, aparentemente sometidos en la narración, dan vida y
movimiento a esta novela de ánimas y muertos.
“En esta historia de robo y enriquecimiento ilícito, de amores frustrados,
decadencia y muerte de los Páramo, las mujeres desempeñan un papel
importantísimo, pues Juan Rulfo armará su novela principalmente a través de ellos,
de sus voces, vivencias, amores, penas, frustraciones, rencores y recuerdos.”1
Con las mujeres empieza y termina este caluroso recorrido; ellas impulsan,
acogen a Juan Preciado en este peregrinaje plagado de sorpresas y decepciones; lo
guían y acompañan en este inesperado periplo al mundo de los muertos.
Juan Preciado, como un Cristo, es acompañado sólo por mujeres en este
viacrucis, y de alguna manera también resucitará, pues aunque muere a mitad de la
novela seguirá interactuando en ella y sólo en esta condición de muerto viviente
podrá sondear lo ocurrido en aquella tierra ahorra desolada.
Las mujeres reciben a Juan como hijo de Doloritas, aquella muchacha de
ojos dulces, que daba gusto quererla y con cuya familia Pedro estaba endeudado.
Por ello lo reciben como a un hijo, pues él es “Preciado”2, al igual que su madre;
de modo que ellas lo guían y protegen al mismo tiempo que dejan que por sí
H. Lara Zavala, “Las ánimas en Rulfo” en Casa del Tiempo, p. 55.
De acuerdo con la onomástica de la literatura, Dolores Preciado es un nombre descriptivo; evoca el aprecio, la
estimación con que se refieren a ella.
1
2
mismo tome conciencia de su nueva condición y desenmarañe su propia historia
familiar así como todo lo acontecido en aquel pueblo del que salió su madre.
El cumplimiento de la promesa hecha a su madre en su lecho de muerte
motiva a Juan Preciado a buscar a su padre. Aquel juramento que Dolores le
arranca a su hijo despierta la curiosidad del lector, quien se internará en un mismo
tiempo y un mismo espacio junto con Juan en Comala para conocer la historia de
ese hombre irreverente, cruel, despiadado: Pedro Páramo.
En la novela rulfiana la ausencia de un narrador que anticipe o ilumine
alguno de los aspectos de la historia al lector o a Juan Preciado hacen que lector y
personaje emprendan juntos esa travesía a Comala y acompañados armen la
fragmentada historia de Pedro Páramo, pues sólo cuentan con la información que
sus interlocutores les dan o les quieren dar. Desde su arribo al suelo comalense
Juan recibe sólo parte de los hechos ocurridos en Comala; Abundio, el arriero que
encuentra a su llegada “no parece dispuesto a quitar el velo de los ojos de Juan,
pues incluso sus paulatinas revelaciones no se desgranan conforme a una secuencia
lógica, guiada por la importancia que les otorgaría un hablante normal: por
ejemplo, cuando el forastero dice que busca a Pedro Páramo, el arriero no le
responde [inmediatamente] que ya murió y mucho menos que él lo mató.”3
Eduviges Dyada, amiga de Dolores durante la niñez, recibe a Juan en su casa
habitada sólo por ecos. Como el puente cercano a su vivienda, Eduviges ayuda a
Juan a cruzar esa línea casi imperceptible que separa el mundo de los vivos del de
los muertos. Con ella, Juan Preciado empezará a percibir lo extraño de ese lugar
árido y desolado; aquellas llanuras verdes, aquel olor de la alfalfa y del pan de ese
pueblo deleitosamente descritos por su madre ahora existirán sólo en su memoria.
Damiana Cisneros, la mujer que durante mucho tiempo trabajó en la Media
Luna y que a manera de Celestina le conseguía las mujeres a don Pedro, ahora lo
cuida −al igual que cuando Juan era un niño− y lo guía por ese mundo ignoto para
3
A. Vital. “Juan por la boca muere” en Lenguaje y poder en Pedro Páramo, p. 54.
39
finalmente confirmarle y revelarle que desde su llegada a Comala ha estado
conviviendo con muertos.
Por su parte, Dorotea le brinda a Preciado el último y perpetuo refugio. Ella
y Donis –el hermano incestuoso– encuentran al hijo de Doloritas en la plaza poco
después de haber muerto, literalmente, de miedo. Al igual que Eduviges, Dorotea
lo recibe y lo acoge, además de brindarle el descanso eterno y maternal en el seno
de la tierra para escuchar juntos los murmullos de sus nuevos vecinos. Con esta
nueva y perpetua compañera Juan emprende, a través de las voces de quienes
murieron antes que él, ese viaje al pasado y conocerá la historia de Comala así
como la causante de que ahora sea un pueblo desierto y sórdido: Susana San Juan.
Aquel consejo de la moribunda Lola −como la llama Pedro Páramo−, al
único hijo legítimo de éste, aunque no lleve su apellido, da pauta a la novela:
“<<No dejes de ir a visitarlo –me recomendó–. Se llama de este modo y de este
otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.>>”
(Pedro Páramo, p. 64.)
Por
recomendación, mandato, cumplimiento de una promesa y la ilusión de saber quién
es su padre, Juan –como una representación invertida del mito del hijo ilegítimo
que busca a su padre desconocido– sale a enfrentarse a su pasado.
En este capítulo se pondrán de relieve las contribuciones de cada personaje
femenino al desarrollo de la narración y los recursos utilizados que hacen de esta
novela lo que su creador quiso que fuera: “[…] el relato de un pueblo: una aldea
muerta en donde todos están muertos, incluso el narrador, y sus calles y sus
campos son recorridos únicamente por las ánimas y los ecos capaces de fluir sin
límites en el tiempo y en el espacio.”4
Para cumplir este propósito, se analizarán los personajes femeninos a partir
de que Juan Preciado llega a Comala, por lo que se trabajará primordialmente con
Eduviges Dyada, Damiana Cisneros y Dorotea, la Cuarraca; se tratará a cada uno
de ellos en el mismo orden en que se encuentran en la historia con Juan Preciado,
este apátrida ilusionado que debe morir para así poder hurgar en las voces, los
4
J. Rulfo apud E. Carballo. “Juan Rulfo” en Protagonistas de la literatura mexicana, p. 418.
40
recuerdos y los sentimientos de las ánimas, y entonces conocer el nacimiento, auge
y derrumbe de Comala.
Dolores Preciado y Susana San Juan se tratarán en este capítulo con menos
énfasis, pues se analizarán con más detenimiento en apartados posteriores.
Eduviges Dyada
Tras recorrer aquellos caminos que bajan o suben, según donde uno se encuentre, y
después de siete días de viaje Juan Preciado llega a la casa de Eduviges Dyada,
quien ya lo esperaba. A partir de este sugerente y significativo encuentro, Juan
empieza a percibir las “rarezas” del ambiente de Comala.
Como buena anfitriona, Eduviges lo recibe con familiaridad y lo conduce a
la habitación en que pernoctará sólo una noche. A través de un lúgubre recorrido
por el pasillo oscuro que atraviesa una serie de cuartos abandonados Juan se da
cuenta de que transita por un túnel del tiempo cavado en las profundidades del
desconcierto y la indefinición. Con humor, ironía y certeza, esta mujer desafiante e
irreverente le brinda al que “debió ser su hijo” un lugar donde descansar para que
él, su nuevo huésped, pueda proseguir su camino por la historia de Pedro Páramo:
—Este es su cuarto —me dijo.
No tenía puertas, solamente aquella por donde habíamos entrado.
Encendió la vela y lo vi vacío.
—Aquí no hay donde acostarse —le dije.
—No se preocupe por eso. Usted ha de venir cansado y el sueño es muy
buen colchón para el cansancio. Ya mañana le arreglaré su cama. Como
usted sabe, no es fácil ajuarear las cosas en un dos por tres. Para eso hay
que estar prevenido, y la madre de usted no me avisó sino hasta ahora.
—Mi madre —dije— mi madre ya murió.
—Entonces ésa fue la causa de que su voz se oyera tan débil, como si
hubiera tenido que atravesar una distancia muy larga para llegar hasta
aquí. Ahora lo entiendo. ¿Y cuánto hace que murió?
(Pedro Páramo, p. 74.)
A través de su conversación con Eduviges, Juan ‒extraño y ajeno a esa
tierra− se familiariza con la vida del pueblo. Además de contarle algunos sucesos
41
de la vida de algunos habitantes, como la causa de la sordera de Abundio, la casera
del pueblo le cuenta de manera natural cómo sucedieron las cosas la noche de
bodas entre Doloritas y Pedro Páramo. Gracias a su indiscreción Juan traspasa los
gruesos muros del tiempo y se interna en el pasado de su madre; sólo así logra
comprender el porqué de sus exigencias en sus últimos momentos. “–No vayas a
pedirle nada. Exígele lo nuestro. […]” (Pedro Páramo, p. 64.)
Eduviges reproduce con exactitud el trato que don Pedro le dio a Doloritas
Preciado: le revela los motivos por los que su amiga de la infancia dejó la Media
Luna. Con esto Juan adquiere una idea clara del pasado de su madre y del suyo; el
nuevo y fugaz huésped se entera de cómo ese tal Pedro Páramo que fue su padre
manda a él y a su madre al exilio y nunca vela por ellos. Entre queja, lamento y
rencor Juan le cuenta a esta mujer, cuyo rostro no parece tener sangre, cómo su tía
Gertrudis les echaba en cara que estuvieran de “arrimados” en su casa.
De esta forma, tal y como Dolores lo anticipó, ahora Juan puede encontrar el
sentido del rencor de su moribunda madre. <<Allá me oirás mejor. Estaré más
cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte,
si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz.>> (Pedro Páramo, p. 71.)
Al igual que el espectro en Hamlet, Eduviges desaparece fantasmalmente
luego de ubicarlo en el pasado de sus padres y mostrarle cómo sucedieron las cosas
entre ellos; no obstante, antes de esfumarse lo confunde haciéndole creer que tanto
ella como él pertenecen al mismo mundo. “Eduviges se aprovecha de su ignorancia
y su debilidad en el diálogo. Y al aceptar sin ninguna duda el plano de la
comunicación con los muertos, la mujer –que no se reconoce como una de éstos−
se apodera de una fuente de información que Juan no le cuestiona y que la sitúa en
una situación de superioridad definitiva.”5 Por tal motivo, tras preguntarle si su
madre no le había hablado de ella y al escuchar la negativa respuesta de Juan,
agrega: “—Me parece raro. Claro que entonces éramos unas chiquillas. […] ¿De
5
Op. cit., A.Vital. p. 56.
42
modo que me lleva ventaja, no? Pero ten la seguridad de que la alcanzaré. Sólo yo
entiendo lo lejos que está el cielo de nosotros, pero conozco cómo acortar las
veredas. […]” (Pedro Páramo, p. 74.)
Damiana Cisneros
Después de un sueño sobresaltado, a Juan se le presenta Damiana Cisneros, quien
lo conoció desde que él nació. Como quien pide ayuda para comprobar que lo que
ha percibido es cierto, Juan le pregunta si también ella escuchó el grito desolador
que penetró en las paredes del cuarto en el que se hallan. Para tranquilizarlo, de
manera espeluznante y lacónica ella le explica que lo que acaban de percibir sus
oídos tal vez sea algún eco encerrado de los gritos de Toribio Aldrete, un hombre
al que ahorcaron en la misma habitación. También le esclarece que la mujer que lo
ha recibido a la entrada del pueblo es un ánima en pena. De modo natural y
espontáneo lo familiariza con el pueblo haciéndole una enumeración minuciosa y
mórbida de los infinitos ecos fantasmales que pueblan su tierra natal; le habla de
las risas cansadas de reír, de las voces desgastadas, de las alegrías de las fiestas, de
los aullidos de los perros, de las hojas arrastradas por el viento, de los rezos de los
velorios… Y como si después de esta ruidosa y lúgubre enumeración Juan
Preciado ya formara parte del pueblo, le describe lo ocurrido a su hermana Sixtina:
<<Mi hermana Sixtina, por si no lo sabes, murió cuando yo tenía 12 años. Era la
mayor. Y en mi casa fuimos dieciséis de familia, así que hazte el cálculo del
tiempo que lleva muerta. Y mírala ahora, todavía vagando por este mundo. Así que
no te asustes si oyes ecos más recientes, Juan Preciado>>. (Pedro Páramo, pp. 108, 109.)
Damiana le da la bienvenida al mundo de los muertos, a ese mundo donde ya
no hay tiempo ni espacio, insinuando así su pertenencia a este universo en el que
las voces son murmullos y las acciones, recuerdos. Al llamarlo por su nombre
provoca que el fugaz inquilino de la casa de Eduviges sarcásticamente le pregunte
si también ella estaba enterada de su llegada. Que la Cisneros lo llame por su
nombre y lo tutee provoca la ira y desesperación del Preciado así como un duelo
43
verbal entre ellos plagado de cuestionamientos donde aparentemente él resulta
vencedor. “El autor cuida siempre dos aspectos en la caracterización de Juan: que
éste nunca acierte en sus preguntas y que invariablemente la cambiante realidad lo
abrume. […] Este dato y la familiaridad del tú por parte de Damiana son
evidencias del contraste entre la tranquilidad seguridad de las mujeres y la
incertidumbre del forastero.”6
La serie de preguntas y respuestas de Damiana provocan que él mismo
deduzca su próxima unión a la población espectral comalense, pues puede
intercambiar voces (o más bien murmullos) con sus habitantes.
—¿También a usted le avisó mi madre que yo vendría? —le pregunté.
—No y a propósito, ¿qué es de tu madre?
—Murió —dije.
—¿Ya murió? ¿Y de qué?
—No supe de qué. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho.
—Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se
deshace. ¿De modo que murió?
—Sí. Quizá usted debió saberlo.
¿Y por qué iba a saberlo? Hace muchos años que no sé nada.
—Entonces ¿cómo es que dio usted conmigo?
—…
—¿Está usted viva, Damiana? ¡Dígame, Damiana!
Y me encontré de pronto solo en aquellas calles vacías. […]
(Pedro Páramo, p. 109.)
A través de esta controversia y muy al estilo de Henry James, pero no sin
menos originalidad, Rulfo hace de Juan Preciado −este recién llegado que se ha
atrevido a traspasar las fronteras de la vida y la muerte− un extranjero, un intruso,
“el otro” en esta aldea abandonada, en este mundo de muertos perfectamente
entretejido con el de los vivos, en este mundo confuso y difuso en donde es
imposible distinguir a unos y a otros, porque sus habitantes, esas ánimas en pena se
aferran a la vida. “Juan Preciado […] es un fantasma al revés, porque viene del
mundo de los vivos. Al toparse con las primeras sombras y voces que circulan por
6
Ibid., p. 61.
44
el pueblo comienza a dudar si se trata de seres vivos o de apariciones. Pero llega un
momento en que su ignorancia desaparece”.7
Abandonado por la huidiza fantasma en las calles de este mundo perturbado
en las que el ruido de las carretas se ha quedado grabado en las piedras, Juan
escucha desde el ladrido de los perros y rompimientos amorosos de los comalenses
hasta las conversaciones que develan tanto el lascivo comportamiento de Pedro
Páramo como sus fraudulentas acciones.
Dorotea
En este mundo invertido en el que los muertos hablan, lloran y ríen, Rulfo coloca
en el camino de Juan a la pareja de hermanos incestuosos, evocando de manera
igualmente inversa el mito de Adán y Eva. “La pareja debería engendrar niños,
debería representar armonía y plenitud. En lugar de eso está desunida porque el
marido sólo quiere dormir, mientras la mujer se mantiene despierta por el
remordimiento.”8 Además de que no intentan cubrirse sino que permanecen
desnudos tampoco son desterrados ni errabundos, pues alojan a Juan Preciado en
su derruida y empobrecida casa, de la cual huye sofocado por el sudor del cuerpo
de la mujer en busca de un poco de aire, pues el poco que le quedaba en los
pulmones se le escapa entre los dedos. El aire espeso y escaso le arrebatan ese
pedazo de conciencia que aún tenía. Al describir cómo espumosas nubes cubren
sus ojos, Rulfo alude la muerte de su héroe.
Al día siguiente, Dorotea a manera de crónica le describe a Juan cómo ella y
Donis lo encontraron muerto en la plaza. A su vez, Juan relata su experiencia sobre
cómo murió de miedo; detalla cómo las voces, los murmullos y el cuchicheo que
secretaban las paredes llegaron hasta sus oídos para finalmente arrebatarle la vida.
Dorotea rescata a Juan Preciado de la masificación de las ánimas; no permite
que sea parte del “montón” de muertos ambulantes de Comala. De la misma
7
8
M. Gallo, “Fantasmas mexicanos” en Casa del Tiempo, p. 61.
J. Franco, “El viaje al país de los muertos” en La ficción de la memoria Juan Rulfo ante la crítica, p. 146.
45
manera que lo hubiera hecho con el hijo que nunca tuvo y que fue a buscar al cielo,
la Cuarraca aprovecha para brindarle alojamiento junto a ella en el seno de la
tierra, paño mortuorio en el que juntos iniciarán su jornada para adentrarse en las
profundidades del pasado y de la muerte de este pueblo cuyo suelo algún día
estuvo lleno de arrayanes. “El diálogo con la Cuarraca se sitúa explícitamente en
un contexto insólito: la tumba. Pero un rasgo de esa charla es la relativa cala de
Juan, quien por fin se siente admitido y puede hablar sin prisa, desconcierto o
terror.”9
Un día después y ya instalados en su lecho sempiterno, los golpes huecos de
la lluvia sobre la tierra quedan retóricamente entretejidos con los pasos de Fulgor
Sedano10 sobre el suelo labrado para remitir al lector y a los eternos compañeros de
fosa al pasado de este pueblo en el que las ilusiones no sólo han dejado de existir,
sino que les ha arrebatado la vida. A través de esta introspección es posible
conocer un poco más a Dorotea; vivía de la caridad y las limosnas, era conocida
como la Cuarraca y la encargada de conseguirle las muchachas a Miguel Páramo.
Ahora las conversaciones entre Juan y Dorotea ocurren en un espacio
reservado para la muerte, debajo de la tierra. Los pasos de Fulgor Sedano sugieren
la separación de dos espacios; arriba, donde los recuerdos se vuelven acción y
abajo, donde los muertos escuchan los recuerdos traídos al presente. Con
optimismo, resignación y descanso, la Cuarraca invita a Juan a disfrutar su
estancia no si antes advertirle la perennidad de su convivencia.
En este momento de la narración, Preciado ha dejado de ser parte de la
otredad, el extraño, el fuereño; él acepta su nueva condición al indagar de manera
natural dónde cree se halla su alma. A partir de este momento lo mórbido es
inherente a él; de manera escalofriante se ha convertido, sin sospecharlo, en un
9
Op. cit., A.Vital. p. 67.
Fulgor Sedano, según la onomástica de la literatura, es un nombre paradójico, pues no hay fulgor ni brillo en él;
fracasa en su intento de manejar la Media Luna al morir su patrón Lucas Páramo. Confiado en que según éste Pedro
no servía para nada, intenta tomar las riendas de la hacienda, mas Pedro ni siquiera le da oportunidad y le ordena
llamarlo “Don Pedro”.
10
46
miembro más de la gran familia de Comala: un fantasma. Sólo al dejar de ser
apátrida logra su propósito: recobrar su lugar en la tierra de su madre.
Una vez enterrado y ya no más desterrado, Juan Preciado se encuentra con
las voces del pasado de su madre. Ahora se entera de la segunda parte de la historia
que Eduviges le contara a su llegada: cómo Pedro recibió la noticia de la muerte de
Miguelito Páramo y todo lo relacionado con el trágico suceso.
Por los resquicios de la tierra el recién reintegrado a su patria escucha
rumores y soliloquios que le permitirán adentrarse más en esta tierra baldía.
—¿Eres tú la que dicho todo eso, Dorotea?
—¿Quién, yo? Me quedé dormida un rato. ¿Te siguen asustando?
–Oí a alguien que hablaba. Una voz de mujer. Creí que eras tú.
—¿Voz de mujer? ¿Creíste que era yo? Ha de ser la que habla sola. La de
la sepultura grande. Doña Susanita. Está aquí enterrada a nuestro lado. Le
ha de haber llegado la humedad y estará removiéndose entre el sueño.
—¿Y quién es ella?
—La última esposa de Pedro Páramo. Unos dicen que estaba loca. Otros,
que no. La verdad es que ya hablaba sola desde en vida.
—Debe haber muerto hace mucho.
—¡Uh, sí! Hace mucho. ¿Qué le oíste decir?
—Algo acerca de su madre.
(Pedro Páramo, p. 147.)
La Cuarraca explica a Juan que Susana es la causa de que el pueblo
pintoresco minuciosamente descrito por Dolores se haya llenado de achaques para
finalmente quedar en ruinas. A partir de este momento Dorotea será la eterna
compañera de Juan y al lado de ella vivirá, a través de ecos, el catastrófico destino
de Comala. Ella representa la última puerta que lo lleva a las honduras del pasado;
abre el camino para que Juan −literalmente− penetre cada vez más en la vida de
ese pueblo ahora arruinado.
La Cuarraca, magnífica fuente histórica, introduce el tema de Susana, la
guerra Cristera, la muerte del cacique y la desolación de la tierra en que ahora
yacen; después, entre los recuerdos de Susana y la voz de un narrador en tercera
persona, tanto Juan como el lector logran armar el rompecabezas sobre la trágica
47
historia de Comala y Pedro Páramo; aquel hombre que después de treinta años
logra recuperar a la única mujer que amó y “la más bella que esa tierra había
dado”: Susana San Juan.
Dorotea introduce varias tramas, pero a partir de que la voz de Susana San
Juan se hace presente en la narración no sólo renacen aquellos días lluviosos y
olorosos a manzanilla y a romero, también se conocen otros aspectos de la
personalidad o el comportamiento de algunos personajes, como la avaricia e
incestuoso comportamiento de Bartolomé San Juan, la doble moral y falsa
religiosidad del padre Rentería, así como la flaqueza del despiadado Pedro Páramo.
Al escucharse vívidamente la voz de Susana en la narración ‒y no a través
de los recuerdos de Pedro Páramo‒ las historias que Juan Preciado ha estado
escuchando a medias empiezan a adquirir sentido.
A través de los murmullos de Susana el autor revela al lector y a Juan,
simultáneamente, su pasado, la causa de su locura y, por consiguiente, las causas
del derrumbe de Comala. Rulfo infunde con maestría vida a los recuerdos de
Susana, logrando que éstos se confundan con acciones en un presente eterno; por
ello es claramente visible el resurgimiento de sus experiencias, pasiones, temores y
resentimientos. Así, al recordar las noches de pasión con Florencio, con su “cuerpo
desnudo y caliente de amor, hirviendo en deseos”, ella se retuerce inquieta ante la
mirada de don Pedro parado junto a la puerta de su habitación. La fuerza de su
memoria revive un pasado que por sus recurrentes intromisiones se hace presente.
Por ello, su memoria y la de los muertos logran mantener con vida a este pueblo
que un día se llenó de adioses y despedidas. “Al recordar, los personajes
reconstruyen sus vidas, la vida de Comala (del pasado esplendor al presente en
ruinas), la de sus habitantes: de ese modo el pasado se convierte en presente y la
muerte se confunde e identifica con la vida.”11
11
Op. cit. E. Carballo, p. 417.
48
El ímpetu de los recuerdos12 permite que la novela exista; el pasado no
termina sino que se filtra en la continuidad, en el presente, de modo que el trayecto
que recorremos con Juan es tan efectivo porque los muertos del pueblo son ánimas
inquietas, vivas, que se confunden fácilmente con los vivos, híbridos que no están
ni muertos ni vivos y “no tratan de asustarnos […] [aunque sí lo hacen]. En pocas
palabras, lo que ocurre con los fantasmas de Rulfo es que son fantasmas de
verdad.”13
Dentro del mundo rulfiano “el autor se incorpora a una tradición en la cual la
mujer juega un papel a tal punto decisivo que es ella quien determina hasta dónde
puede llegar un individuo.”14 Por ello, como el efecto de cajas chinas, el encuentro
de Juan Preciado con cada mujer permite profundizar cada vez más en los
acontecimientos que han convertido a Comala en un paraíso perdido.
Eduviges lo recibe, le proporciona alojamiento al mismo tiempo que le
sugiere las extrañezas de esa tierra nueva para él a través de engaños y trampas.
Irreverente, indiscreta, trasgresora y mañosa, intenta convencerlo de que está viva,
además de que es la que mejor relación tiene con los muertos, pues se despide de
manera muy familiar del ánima de Miguel Páramo: “—Mañana tu padre se torcerá
del dolor —le dije—. Lo siento por él. Ahora vete y descansa en paz, Miguel. Te
agradezco que hayas venido a despedirte de mí.” (Pedro Páramo, p. 87.)
Damiana Cisneros, el ánima que se esfuma al saberse descubierta, despoja a
Juan de su ignorancia al ayudarle a reconocer su arribo al mundo de los muertos.
“Nana de Juan Preciado, ama de casa de La Media Luna y única sobreviviente de
la saga de Pedro Páramo [Damiana] funge como testigo de toda la historia y es la
única que presencia el asesinato de Páramo a manos de Abundio Martínez.”15
Dorotea salva a Juan de la orfandad comalense al convertirse en su madre
adoptiva luego de su muerte; ella le brinda el último y eterno hospedaje en las
Véase el concepto del término posmemoria en el capítulo “5.3 Damiana Cisneros y Dilsey” de esta tesis.
A. Monterroso, “Los fantasmas de Rulfo” en La ficción de la memoria Juan Rulfo ante la crítica, p. 501.
14
A. Vital. Juan Rulfo, p. 51.
15
Op. cit., H. Lara Zavala, p. 57.
12
13
49
entrañas de la tierra; gracias a su voz es posible armar ese rostro resquebrajado de
Pedro Páramo y todas las historias a su alrededor. Junto con él, la Cuarraca
conocerá más detalles sobre la vida de algunos de los oriundos de Comala.
Por ello, aunque el título de la novela rulfiana sea Pedro Páramo; la vida,
construcción y destrucción de este personaje, en la narración, “los caracteres
femeninos, semiocultos, son lo que irradian verdadera luz.”16
De ahí también que Dolores Preciado y Susana San Juan, las dos mujeres
que por alguna razón fueron únicas para Pedro Páramo, sean los ejes de la novela;
personajes antagónicos, polos opuestos, anverso y reverso dan vida y muerte a esta
historia plagada de yuxtaposiciones: del edén y el infierno de Comala.
Sin aquel mandato lleno de rencor de quien fuera su única esposa, la madre
de su único hijo legítimo y la causa de que Comala se convirtiera en un lugar
próspero, la historia del terrateniente hubiera quedado en el olvido; al contraer
Pedro Páramo matrimonio con Dolores surge la época de oro de Comala, la época
de ilusiones y la abundancia. De modo contrario, Susana, la única mujer a quien
amó el cacique se convierte en la causa de las desgracias del lugar. Por un lado su
salida de Comala provoca la denigración del cacique hasta acabar con el pueblo;
por otro, ella se convierte en la inspiración de Pedro para transformar a Comala en
un efímero paraíso; sin embargo, durante la niñez y a manera de auspicio, luego de
su descenso a las profundidades de la tierra, Susana no trae la abundancia (ruedas
de oro) esperada por su padre, sino que “enloquece después de que ha llevado
simbólicamente la muerte a la superficie de la tierra”17, pues le entrega a
Bartolomé una calavera, desenterrado así a la propia muerte para que a partir de
ese instante recorra como pólvora el suelo comalense y llegue a su fin junto con su
fundador: Pedro Páramo, pues el autor “lo va creando con palabras hasta
engrandecerlo en sus iniquidades a tal grado que […] no tiene más remedio que
E. Romano-Thuesen, “El personaje femenino: un sol para develar en dos cuentos de Rulfo” en Literatura
Mexicana, p. 136.
17
Op. cit., A. Vital, Pedro Páramo, p. 47.
16
50
condenarlo al desamor más infernal, pues quien viola y seduce termina casto frente
a la única mujer que le inspira un afecto leal, mientras ella se revuelca en la
delirante alucinación del marido muerto. Más que el ejercicio de la sensualidad, la
erotomanía del cacique era un rasgo de poder y debe terminar desmoronándose,
como ha desmoronado, por resentimiento, el pequeño imperio que levantó”.18
18
A. Adame, “Juan Rulfo, extraño en tierra extraña” en Casa del Tiempo, p. 54.
51
4. Personajes femeninos en The Sound and the Fury
La historia de la familia Compson va de la prosperidad a la decadencia, de la
esperanza a la desesperanza. Antes del total desmoronamiento de la familia, en la
novela hay momentos de crisis y calma provocados, primordialmente, por los
personajes femeninos –Caddy, Caroline, Quentin y Dilsey–, mismos que propician y
sostienen los principales conflictos de la narración. Sin la presencia de alguno The
Sound and the Fury no sería una de las grandes novelas estadounidenses del siglo XX.
Para analizar la función y el impacto en la novela de cada personaje femenino
se recurrirá a la clasificación que Edmond Volpe hace de los personajes de Faulkner.
Como contraparte de the social man, este grupo de personajes rehenes de la sociedad
y confundidos, cuyas acciones, pensamientos y sentimientos son determinados por la
relación que tienen con sus padres y la sociedad, y psicológicamente condicionados a
descartar la oportunidad de reaccionar de modo natural a sucesos como la vida y la
muerte, Volpe ubica a the primitive man.
Against this imprisioned, confused, and fragmented social man, Faulkner
sets an anthitesis, primitive man. And against the concept-ridden, complex
world of society, he sets the natural world. Primitives […] all are simple
non-intellectual people who have somehow escaped social conditioning.
They do not bring any preconceptions to their experiences and are therefore
free to respond naturally.
[…]
Social man, alienated from his own being and from the world of nature, is
often not free to respond naturally to experience. He constantly attempts to
understand life, to find an explanation for death. He resists the idea of death
with a variety of concepts that are designed to rationalize it away. He wants
life to be logical and explicable. Because he places much faith in a rational
view of existence […]1
Caddy, la heroína de la novela, pertenece al primer grupo de la clasificación ya
mencionada; sin embargo, entra en caos al permitirse responder libremente a sus
emociones. Durante la infancia, ella promueve los paseos por el campo, la diversión,
da amor y provoca los conflictos que surgen entre los hermanos Compson. Con su
ferviente deseo de ser la cabeza de la familia, despierta la envidia e inconformidad de
Jason. Rebelde y curiosa, acaba con la armonía de los juegos, así como con el sosiego
de ciertas situaciones familiares. Ella da vida y emoción a su niñez y a la de sus
hermanos, porque, inclinada hacia la aventura, indaga en todo momento sobre lo que
ocurre en su casa al mismo tiempo que cuestiona las diferentes situaciones familiares.
Todas las anécdotas y peleas contra sus hermanos prefiguran ciertos aspectos del
futuro familiar. Durante su adolescencia, Caddy provoca el desequilibrio familiar con
su inesperado embarazo, acabando así con el prestigio familiar y las aspiraciones
sociales de los Compson. De ahí que luego de ser la hija predilecta de su padre, se
convierte en afrenta.
Caroline Compson es el prototipo de este grupo de personajes: social man, pues
dominada por los patrones de conducta socialmente establecidos permanece sumida
en el sopor de su habitación, de su almohada y de sus sábanas, dejando a su familia al
garete. Atrapada en el berenjenal de sus supuestas dolencias, dimite de su función de
madre y permite que Dilsey y Caddy se hagan cargo de ésta.
Durante la adolescencia de sus hijos, preocupada por la economía familiar, por
asegurarle un trabajo a Jason, pero sobre todo por la reputación de Caddy, quien ha
concebido un hijo fuera del matrimonio, Caronline termina por deshacer los lazos
1
E. Volpe, “Character types and themes” en A Reader’s Guide to William Faulkner, p. 26.
53
interfamiliares al alejar a su hija de la casa paterna, provocando sufrimiento y dolor en
la familia.
La historia se repetirá y durante la adolescencia de Quentin2, nieta que lleva el
nombre de su hijo ya fallecido, “Miss Cahline” aviva el caos familiar al dejar en
manos del ambicioso e inconforme las riendas de la familia.
El anuncio del nacimiento de la joven Quentin modifica drásticamente la vida
de los Compson, y Caddy se ve obligada a casarse para intentar restaurar el honor de
la familia. Las consecuencias de su madurez física agravan la situación financiera
familiar; gran parte del terreno de la finca se vende para sustentar los gastos de su
boda y sostener provisionalmente el prestigio familiar.
La llegada de la futura Quentin no sólo trae consigo la inestabilidad económica,
sino también la muerte de su tío del mismo nombre, quien al enterarse de que Caddy
se siente obligada a contraer matrimonio sufre una crisis e intenta recuperar el honor
de su familia a través de distintas justificaciones: inventar un incesto, convencer a
Caddy de huir de Jefferson para evitar las habladurías, matar a Caddy e
inmediatamente después quitarse la vida.
[…] we did how can you know it if youll just wait Ill tell you how it was it a
crime we did a terrible crime it cannot be hid you think it but wait Poor
Quentin youve never done that I have you and Ill tell you how it was Ill tell
Father then itll have to be because you love Father then well have to go
away amid the pointing and the horror the clean flame Ill make you say we
did Im stronger than you Ill make you know we did you thought it was them
but it was me listen I fooled you all the time it was me you thought I was in
the house where the damn honeysuckle trying not to think the swing the
cedars the secret surges the breathing the wild breath the yes Yes Yes yes
(The Sound and the Fury, pp. 148-149.)
2
En la onomástica de la literatura, el hecho de que dos personajes tengan el mismo nombre produce la desestabilización
de éste, restringiendo así su univocidad, al mismo tiempo que causa confusión, por lo que, en este caso, la lectura de la
novela faulkneriana se vuelve aún más exigente; el lector además de armar la historia de los Compson a través de las
interrumpidas narraciones de los personajes, debe estar muy atento a cuál de los dos personajes se refiere el autor al
hablar de Quentin: el hermano de Caddy o la hija de Caddy.
54
Abrumado, sin lograr reparar o siquiera defender la reputación de su hermana ni
la de los Compson, Quentin decide quitarse la vida sin remediar nada, ni siquiera
concluir sus estudios en Harvard; agobiado por la filosofía de una sociedad en
decadencia el mayor de los Compson fracasa en su quest.
La pequeña Quentin no sólo cambia de manera particular lo que pudo haber
sido la vida de cada uno de los Compson sino que, una vez llegada su adolescencia,
alimenta la ira de su tío Jason, a quien reta y enfrenta repetidas veces para finalmente
hacerse justicia por su propia mano y burlarse abiertamente de él. Ella sobrevive en
este ambiente familiar permeado por códigos de honor sin vigor y escapa
violentamente de las manías persecutorias de su abuela al atreverse a rechazar las
aplastantes normas de conducta que derrocaron a la familia.
A diferencia de las mujeres de la familia Compson, Dilsey, la negra que ayuda
en las labores de la casa, asume el papel de guía y responsable de los hijos de los
descendientes de esta familia y funge como madre de estos niños, entregándole
incondicionalmente a cada uno su tiempo y dedicación, particularmente al desvalido
Benjy. A la fiel sirvienta no la sacuden las continuas turbulencias que enfrenta la
familia, ella simplemente “endures” y es precisamente su gran fortaleza la
reivindicación de la novela. Ella conforma los derruidos cimientos que de cierta
manera mantienen de pie a los Compson; con buen juicio, valentía y principalmente
con su capacidad para amar de manera incondicional, Dilsey aminora los efectos de la
anarquía familiar. Gracias a la estabilidad que es capaz de ofrecer, la novela se
desarrolla mostrando los altibajos de la familia antes de su inevitable precipitación,
porque sin intentar explicar nada de lo ocurrido y simplemente aceptarlo, Dilsey
encarna al grupo denominado por Volpe como the primitive man.
55
Candance Compson
El frío de una tarde invernal durante una charla entre los hermanos Bascomb y el
fuego de la chimenea en la sala de los Compson forman el escenario en el que Caddy
hace su primera aparición en la novela. Preocupada por Benjy, la inquieta Candance
logra, tras suplicar, que su madre le autorice dar un paseo con su hermano menor.
Durante estos paseos por el campo es posible anticipar un retrato de cada uno
de los hijos de Caroline Bascomb y Jason Lycurgus Compson; situaciones de la vida
cotidiana de estos niños permiten vaticinar qué será de ellos años después.
Amorosa y de carácter firme, Caddy asume desde niña el papel de madre. A su
lado Benjy tiene la posibilidad de experimentar diversos sentimientos, pero sobre todo
el afecto y el amor de quienes se preocupan por él. Con su paciencia y cuidados,
Caddy consigue que el menor de sus hermanos experimente la felicidad y la
protección negadas por sus padres al considerarlo una afrenta por ser un enfermo
mental, parte de un castigo de Dios y creer, al igual que Roskus, que es un “mal
agüero”.
Mediante Caddy, Benjy se aproxima e intuye el mundo que lo rodea. Ella lo
pone en contacto con el frío, el calor, el agua, el olor del establo y el aroma de los
árboles. A través de su hermana y, años más tarde, también de Dilsey, Benjy
experimentará tantos sentimientos como cualquier otra persona. Empero, no sólo el
amor y la protección de Caddy le provocan fuertes emociones, sino también la
sensación de su abandono. “I wont go. Stop bellering”, le dice Caddy aún niña a
Benjy, como si él presintiera el peligro y estuviera profetizando su exilio.
Entrañable y maternal, Caddy es profundamente inocente, característica propia
de su edad. Aquella tarde, después de pelear contra sus hermanos durante el paseo en
el que se moja los calzoncitos, al llegar a la finca de su padre y ver todo iluminado
cree que su familia está ofreciendo una fiesta, sin considerar o simplemente acordarse
56
del estado de salud de Dammudy. Sin embargo, Quentin, reflexivo e intelectual, le
hace ver la imposibilidad de esto. “How can They have a party when Dammuddy’s
sick” […] “Mother was Crying” Quentin said. (The Sound and the Fury, p. 26.)
Quentin, siempre observador, inteligente y sensible, recurre tanto a la lógica
como a la intuición para hacer que Caddy descubra y se dé cuenta de que hay “algo”
distinto de una fiesta; sin embargo, no resulta ser tan elocuente como para
convencerla. Su razonamiento o lógica elemental lejos de hacer que Caddy acepte sus
conjeturas provoca que ella se imponga un reto; descubrir por sí misma qué acontece
en la finca. A diferencia de Quentin, ella no se deja manejar por la mente ni por
reflexiones, ella se guía fundamentalmente a través de sentimientos e impulsos; de la
curiosidad y la pasión.
Siempre inquisitiva, Caddy se dispone a comprobar lo que anteriormente ha
afirmado. Escala el peral para ver a través de la ventana qué sucede en la estancia de
la mansión. La pequeña guerrera defiende sus creencias, lucha por tener la razón,
logrando ser, en más de una ocasión, la cabecilla de sus hermanos y de toda la familia,
incluyendo a la servidumbre. Así, tras sostener una larga discusión con Frony sobre si
los visitantes lloran o no, si lo que se está celebrando es un funeral o no, si los blancos
tienen funerales o no y si mueren al igual que los negros y los animales o no, Caddy
los anima a comprobar los hechos: “Come on.” Caddy said. “Let’s go around to the
front.” We started to go.” (The Sound and the Fury, p. 36.) De esta manera, como una reina con
su séquito, se enfrenta por primera vez a una experiencia que años más tarde será muy
dolorosa: la muerte.
Por otro lado, como integrante de la clase privilegiada del Sur, Caddy está
consciente de la diferencia existente entre blancos y negros en Yawknapathawa. Ella
se da cuenta de su condición de “white people”, pues ha crecido dentro de una familia
que gozó de los beneficios de pertenecer a la clase blanca terrateniente; además, cerca
57
de ella se encuentra su madre para recordarle, indirectamente a través de las
conversaciones con su tío Maury, el esplendor de los Compson.
Por ello, de manera inconsciente e ingenua, hace grandes distinciones entre su
familia y la servidumbre, haciendo hincapié en la posición privilegiada de los
Compson. Aquella discusión sobre la muerte que sostiene con Frony, una niña
semejante a ella en ciertos aspectos pero no su igual en muchos otros, pone al
descubierto las ideas racistas arraigadas tanto en la mente como en el corazón de una
niña tierna e inteligente.
[...]
“T.P. dont mind nobody.” Frony said. “Is they started the funeral yet”
“What’s a funeral.” Jason said.
“Didn’t mammy tell you not to tell them.” Versh said.
“Where they moans”. Frony said. “They moaned two days on Sis Beulah
Clay.”
[…]
“Oh.” “Caddy said “That’s niggers. White folks don’t have funerals.”
“Mammy said us not to tell them, Frony”. Versh said.
“Tell them what.” Caddy said.
[…]
“I like to know why not.” Frony said. “White folks dies too. Your
grandmammy dead as any nigger can get, I reckon.”
(The Sound and the Fury, p. 33.)
Más aún, Caddy no sólo establece diferencias entre los blancos y negros; a
éstos los llama niggers y los priva de su condición humana al considerarlos animales;
tanto ellos como los negros perecen mientras que los blancos tienen el privilegio de la
inmortalidad. Así, inmediatamente después de que Frony le hace ver que ante las
leyes naturales no hay diferencias raciales, Caddy arremete diciendo: “Dogs are
dead.” Caddy said. “And when Nancy fell in the ditch and Roskus shot her and the
buzzards came and undressed her.” (The Sound and the Fury, p. 33.)
58
Durante esta discusión entre las pequeñas se percibe claramente la tensión entre
clases sociales existente en el Sur moderno. Muchos de los personajes de Faulkner
crecen, comen y duermen con niños negros de su edad, como es el caso de los niños
Compson y los hijos de Dilsey. Sin embargo, los niños de raza blanca al ir creciendo
se dan cuenta de esta herencia sobre las diferencias raciales, como Caddy. Estos
personajes de Faulkner, nos dice Volpe: “As both grow up, however, they are
indoctrinated into the traditional code that governs race relations. […] An
impenetrable barrier has been raised between them. From then on their relations are in
accord with the Southtern code.”3
Otra manera de ostentar su condición privilegiada de “white people” es ordenar,
desafiar y dominar, pues está acostumbrada a ello y es lo que a través de la
observación ha aprendido en la finca de sus padres, quienes ordenan y dominan a la
servidumbre de color. Por ello, durante aquel paseo en el que se moja el vestido, le
ordena a Versh que se lo desabroche para ponerlo a secar. Ante la negativa del negro
sirviente y las prohibiciones de su hermano Quentin de que lo haga, la pequeña de
siete años ejerce su poder y amenaza para obtener lo que quiere de Versh.
‘“You know she whip you when you get your dress wet.” Versh said.
[…]
“You unbutton it Versh.” Caddy said. “Or I’ll tell Dilsey what you did yesterday.” So
Versh unbuttoned it.’ (The Sound and the Fury, p. 18.)
Con unos cuantos años de edad, Caddy, aún partidista de los códigos sociales
vigentes antes de la Guerra Civil, “unquestionabl[y] e accepts [her] natural superiority
to the Negro and [her] natural right to use it for [her] profit and pleasure.”4
Caddy goza de libertad y la defiende. Por ello, simultáneamente se comporta
valientemente y desafía para no quedar atrapada en las amenazas e imposiciones de la
3
4
Ibid., p. 23.
Id.
59
familia; pues mientras Quentin intenta convencer a Jason de que no hable sobre la
travesura hecha durante el paseo, Caddy anuncia que ella misma lo hará para entonces
evitar someterse al yugo de su hermano, de quien desconfía y se mofa por ser gordo,
torpe y llorón.
“Are you going to tell, Jason.” Caddy said.
“Tell on who.” Jason said.
“He wont tell.” Quentin said. “Will you, Jason.”
“I bet he does tell.” Caddy said. “He’ll tell Damuddy.”
[…]
“I don’t care whether they see or not.” Caddy said. “I’m going to tell,
myself. […]”
(The Sound and the Fury, p. 20.)
Además de todo lo anterior, Caddy tiene la capacidad de convencer y tras
insistir, su padre le otorga el mando familiar durante la noche en que perece
Dammudy.
Sin embargo, conforme Candance crece y se acerca a la adolescencia, su
condición privilegiada dentro de la familia y la sociedad se modifica drásticamente. Si
bien para Benjy sigue siendo cariñosa, protectora y defensora, el contacto con ella
disminuye. Ahora, los recurrentes paseos por el campo dependen de los encuentros de
Caddy con su novio, pero lo más evidente para Benjy es que Caddy ha dejado de
“smell like trees”.
Caddy, a pesar de haber sido educada y haber crecido con la idiosincrasia de las
familias del “the Old South”, una visión de la vida ya sin validez durante su
adolescencia, logra escapar a su pasado ancestral y responde naturalmente a sus
sentimientos y sensaciones; se olvida de ese código de honor y pureza moral
impuestos a las mujeres blancas por la sociedad del siglo
XIX.
Ahora Caddy se
interesa en asuntos propios de su edad y de la sociedad de su tiempo, en aspectos
banales como los perfumes y los vestidos. Sin perder su inocencia, Caddy se ubica en
60
su realidad y su tiempo; sin miedo e instintivamente se adentra en la etapa de
enamoramiento juvenil, aunque después sienta remordimiento y lo pague caro, pues
aunque su proceder es natural, Benjy, Quentin y Miss Caroline reaccionan
violentamente ante su madurez sexual.
Más sensible y sensata que su hermano Quentin, aunque menos racional, Caddy
actúa de la misma manera que los personajes primitivos (primitive man) de Faulkner.
A diferencia del hombre de sociedad (social man), “they are open to experience; they
are spontaneous and natural. Because man is part of the natural world, his natural or
unconditioned responses are in harmony with nature.”5 Por esto ella no reprime sus
sentimientos ni sensaciones.
Conjuntamente, poco a poco pierde tanto su libertad como sus privilegios;
ahora ha dejado a un lado la valentía de enfrentarse a los demás para evitar ser su
presa. Por un lado tiene que escabullirse entre la espesura del campo para dar rienda
suelta a sus pasiones y como resultado de obedecer a sus sensaciones y sentimientos
pierde las prerrogativas que gozaba en la familia y la finca, convirtiéndose en víctima
del espionaje y la persecución. Por otro lado, se ha olvidado de las evidentes
diferencias entre “white and black people” que tanto enfatiza durante su niñez. Por
este motivo Quentin le pide que deje de hacerlo al igual que las negras, refiriéndose a
sus encuentros furtivos con Dalton Ames. “Why wont you bring him to the house,
Caddy? Why must you do like nigger women do in the pasture the ditches the dark
woods hot hidden furious in the dark woods” (The Sound and the Fury, p. 92.)
Al responder a sus pasiones, Caddy se libera paulatinamente de la rígida
herencia social familiar, mas experimentará las consecuencias de hacerlo.
A partir de la adolescencia, el comportamiento y la imagen de Caddy hacia los
demás cambia. Acostumbrada a salirse con la suya, Caddy hará lo que esté a su
5
Ibid., p. 26.
61
alcance, bueno o malo, para lograrlo. “A liar and a scoundrel Caddy was dropped
from his club for cheating at cards got sent to Coventry caught cheating at midterm
exams and expelled
Well what about it I’m not going to play cards with” (The Sound and the Fury, p. 123.)
Desafortunadamente, su curiosidad e instintos ya no resultarán tan benéficos
para Caddy, quien, a partir de su relación con Dalton Ames, se sentirá muerta en vida,
además de que será víctima del exilio familiar, de los insultos y chantajes de Jason, y
de vivir en la oscuridad, intentando ver a hurtadillas a su hija; vivirá en el olvido, pues
en aquella finca cuyas riendas tomó alguna vez estará prohibido mencionar su
nombre. Su destino será “Once a bitch always a bitch.” como dice Jason, quien refleja
así los prejuicios heredados de su madre. Para Caroline Compson, quien ha luchado
por conservar su filosofía familiar, se es una dama o no se es. “I was unfortunate I
was only a Bascomb I was taught that there is no halfway ground that a woman is
either a lady or not [...]” (The Sound and the Fury, p. 103.)
Irónicamente su profundo amor maternal convierte a Caddy en presa de Jason.
Caroline Compson
Abrumada por el peso de los prejuicios, complejos y falsa moral, Caroline Compson
sufre debido a la actual condición de su pequeña hija, quien la avergüenza y a quien
juzga severamente, pero de quien nunca se encargó y a quien jamás le dedicó tiempo
para inculcarle genuinamente su ethos familiar: “ser una dama.” Y no es que Caddy
no lo supiera, sino que sólo fue condicionada psicológicamente a través de palabras,
nunca a través del ejemplo ni de la experiencia, pues todas las ideas sobre resguardar
la moral, considerar a la mujeres criaturas moralmente puras, inocentes y de
extraordinarias cualidades morales está fuera del alcance de Caddy debido a que todo
esto estuvo en vigor durante el legendario pasado familiar.
62
Caroline Compson no logra heredarle de manera natural a su hija sus estrictos y
anacrónicos principios morales; en lugar de esa filosofía sin vigencia le confiere a
muy temprana edad su maternidad al fomentar que desde pequeña se haga cargo de
Benjy en todo momento; no obstante, de manera incongruente años más tarde le
arrebatará a Caddy el derecho de ver crecer a su hija, pues al deshonrar a los
Compson, Candance es desterrada de la finca; para Mrs Compson la moral, el pecado
y “el qué dirán” son algunos de los temas que rigen y agobian su existencia.
Sin embargo, Caroline no fracasa en su deseo de transmitir esta filosofía moral
a su hijo mayor, quien, regido y agobiado por un código de honor semejante al de ella,
intenta evitar la deshonra de su hermana y de los Campson al alegar un supuesto
incesto para justificar el desliz de Caddy; no obstante, no lo consigue.
Inteligente, sensible y poco elocuente desde pequeño, luego de intentar acabar
con Dalton Ames, Quentin intenta hacerle creer a Caddy que ha sido él con quien ha
tenido todos sus furtivos encuentros nocturnos y no con todos los hombres con los
que ella ha estado. Sin embargo, el único sentimiento que él despierta en su hermana
es compasión, pues deja al descubierto que aún es virgen, lo cual de acuerdo con los
ideales de la sociedad contemporánea del Sur no puede ser, por ello Caddy se
compadece de él. “Caddy sees Quentin as simply meddling in her affairs, the quixotic
Little brother who is to be pitied but not feared or respected.”6
we did how can you not know it if youll just wait Ill tell you how it was it
was a crime we did a terrible crime it cannot be hid you think it can but wait
Poor Quentin youve never done that have you and Ill tell you how it was Ill
tell Father then itll have to be because you love Father then well have to go
away amid the pointing and the horror the clean flame Ill make you said we
did Im stronger than you Ill make you know we did you thought it was them
but it was me listen I fooled you all the time it was me you thought I was in
the house[...]
(The Sound and the Fury, pp. 148-149.)
6
C. Brooks, “Man, Time and Eternity” en The Sound and the Fury, p. 293.
63
Por medio de las conversaciones de su madre con su tío Maury, Quentin ha sido
condicionado para seguir el patrón de conducta del Old South, donde se entiende
mejor el incesto que la frivolidad sexual; el primero es un recurso para evitar las
mezclas raciales entre blancos y negros para así conservar la pureza de sangre blanca,
‘where the hymen stores the family “blood,” protecting it
from any risk of
contamination through crossing, incest ensures that where crossing has occured it
shall be between like “bloods,”’7 Por su parte, la segunda alude a los negros, pues una
vez que han dejado de ser esclavos y reivindicados pueden tener acceso a las mujeres
blancas que anteriormente no estaban a su alcance:
In the white mind, since the “freed” man now served the libidinous black
females, his nature shifted from child (“Sambo”) to satyr. By definition, a
satyr cannot be sated, and, unsated he will necessarily seek the white women
earlier denied him. Within this pervasive fantasy, white men, having
impeded their own intimacy with white women, projected onto the black
male extravagant and guilt-free versions of sexual behavior they were
condemning and denying to themselves.8
Por lo tanto, con ideas como éstas arraigadas en su modo de vida se espera que
el mayor de los hermanos Compson Bascomb se comporte de acuerdo con estos
códigos de comportamiento, y así, apegado a este patrón de vida “ficticio”, irreal y
plagado tanto de símbolos como de palabras sacrifica su sensibilidad rechazando
entonces su propia realidad. Por ello es incapaz de entregarse al amor, aunque ha
tenido la oportunidad de hacerlo; se resiste a tener relaciones sexuales con Natalie,
una compañera de Caddy.
The power of symbols, of words, over the mind and life of man is illustrated
by the basic experience of love. A young person can form by reading or
simply listening to adults a conception of romantic love. Without ever
7
8
N. Polk, New Essays on The Sound and the Fury, p. 107.
Id.
64
having experienced the emotion, he knows exactly the way he should and
will feel when he falls in love. His reactions to real experience are to a great
extend already determined by this process of verbal conditioning.9
A diferencia de Caroline y Quentin, y a su vez más cercano a la filosofía de
Jason, Mr. Jason Lycurgus Compson no se agobia por lo que ha hecho su hija. Para él
la virginidad es simplemente un estado no natural e intenta hacerle ver a Quentin la
diferencia entre la moral y el pecado. “[...] you are confusing sin and morality women
dont do that your mother is thinking of morality whether it be sin or not has not
occurred to her”
(The Sound and the Fury, p. 102.),
sugiriendo así que a su esposa le agobia y
afecta más el comportamiento de Caddy que a la misma Caddy, pues para Caroline
Compson, mórbidamente religiosa, escrupulosa y supersticiosa, todo lo ocurrido en su
familia es el resultado de los designios de Dios, un castigo para ella por haber hecho a
un lado su orgullo y haberse casado con un hombre que se sentía superior a ella y a su
familia.
Fanática y enferma, Caroline llega a creer que con el nacimiento de Benjy
quedaría absuelta de todos y cada uno de sus pecados, pues Benjy nace con un retraso
mental y eso se convierte en un castigo divino más. Empero, el comportamiento de
Caddy es otra condena que debe pagar; por ello chantajea a su marido con abandonar
la finca si consiente la permanencia de Caddy en casa; está convencida de que alejar a
su hija de ese universo la liberará de las presiones sociales y, más importante aún,
protegerá a Jason de este nuevo curse.
Arrogante y con su falsa religiosidad, se asume como una figura redentora
semejante a Cristo; argumenta que sobre ella recaen no sólo sus pecados, sino
también los de su familia. Sin embargo, ella no perdona, más bien enjuicia el
comportamiento de sus hijos. Con falso ímpetu, desea pedir perdón para obtener la
redención de los suyos mediante el sufrimiento. “I see now that I have not suffered
9
Op. cit., E. Volpe, p. 25.
65
enough I see now that I must pay for your sins as well as mine what have you done
what sins have your high and mighty people visited upon me [...]”
(The Sound and the Fury,
p. 103.)
Caroline Compson, víctima de su bagaje religioso y juiciosa moral, y tras
fracasar en imponer a su hija cierto patrón de conducta, es incapaz de enfrentar y
modificar la realidad, por lo que se refugia en su hipocondría abandonando y
señalando a su familia. Sus arraigadas ideas calvinistas la condenan a un sinnúmero
de enfermedades, pues de acuerdo con la filosofía de Calvino, “a man could not alter
his inmortal destiny but he could prove that he was among the elected by obeying a
prescribed pattern of conduct.”10 Por ello se aferra a los patrones conductuales de su
tiempo para lograr sobrevivir, aunque sea a costas de la realización personal de cada
uno de los integrantes de la familia.
Igualmente, además del pecado reinante en su familia, la indiferencia y el
desamor de sus hijos, excepto el de Jason −quien no puede hacer mal alguno porque
según ella, él tiene más sangre Bascomb que Compson−, le causan dolor. Los “otros”,
como ella los nombra, son egoístas y falsamente orgullosos porque para los de sangre
Compson ella no significa nada. Caroline Compson al mismo tiempo que sufre y se
queja es capaz de juzgar y desconocer a sus hijos como propios, pero su orgullo y
obstinación no le permiten darse cuenta de que contribuyó a la disolución de los lazos
familiares al abandonar a su familia para refugiarse en su cama y sus múltiples
enfermedades.
Miss Quentin
Si con el embarazo de Caddy se interrumpe la armonía y viene el derrumbe
económico familiar, con el producto de este embarazo, la caída moral y económica de
los Compson se agudizará. La llegada de Miss Quentin simboliza para Jason la razón
10
Ibid., p. 24.
66
de su fracaso y demás desgracias, pero también el medio para vengarse de su
hermana, a quien responsabiliza de haber perdido aquel trabajo en el banco que le
habían ofrecido. Por esta razón la joven Quentin es la mayor fuente de ingresos de
Jason y la víctima en la que recala su anhelo de venganza, rencor y odio; porque
desde niño ha sido greedy y en todas las etapas de su vida padece desamor. A pesar de
que siempre fue el hijo consentido de Caroline, ella pocas veces −o ninguna− le
demuestra cariño; al morir Damuddy, esa única fuente de amor para él, este pequeño
niño torpe queda abandonado, sometido a la indiferencia de Quentin, así como a las
burlas y peleas contra Caddy. A través de Jason, Faulkner retrata, al igual que los
humoristas del Sur “Washinton Harris, Johnson Jones Hooper, Joseph Glover
Baldwin, and Mark Twain, al ser humano como “feckless, greedy, lazy, "no count,"
and uproariously.”11
Así, ahora que Quentin tiene 17 años se convierte, literalmente, también en el
dolor de cabeza del cruel Jason. Abandonada y rechazada por su abuela, criada bajo
los cuidados de Dilsey, la joven no recibe ninguna guía moral. Rebelde e insolente,
anda por la vida y por ahí con muchos hombres, escabulléndose por las calles,
divirtiéndose con ellos mientras se burla de las autoridades escolares y familiares,
pues en el que pudo ser su hogar también reina la anarquía en vista de que Jason
fracasa en la tarea de llevar el control del mismo.
Independiente e intrépida como su madre, la adolescente Quentin no sólo
desobedece a su tío, sino que además de desafiarlo se atreve a golpearlo. Porque la
joven lo conoce bien y sabe que le ha estado robando el dinero que su madre le envía
para su manutención.
V. Makowsky, “Walker Percy and Southern Literature” en www.ibiblio.org/wpercy/makowsky.html, 06 de abril de
2008.
11
67
“You turn me loose,” Quentin says. “I’ll slap you.”
“You will, will you?” I says. “You will will you? She slapped at me. I caught that
hand too and held her like a wildcat. “You will, will you?” I says. “You think you
will?” (The Sound and the Fury, p. 183.)
Aunque a la joven Quentin tampoco se le inculcó filosofía alguna de la vida o
religión, ella refleja de modo sarcástico e irónico cierto conocimiento religioso,
seguramente adquirido por medio de las interminables referencias de su abuela al
pecado. Y así, ante su tío se reconoce a sí misma como mala y admite que por ello se
irá al infierno, no sin desaprovechar la ocasión para manifestarle todo el desprecio que
siente por él, aclarándole que ahí, en el infierno, estará mejor que en cualquier lugar
donde él se encuentre. De este modo, el odio recíproco entre sobrina y tío se alimenta
en cada uno de sus encuentros.
Sin embargo, aparte de rebelde, valiente y poco arraigada a su familia, Quentin
sufre a causa del desamor. Sus conflictos no se limitan a los que tiene con Jason. En
realidad es una joven que al igual que su madre y sus tíos vive en la orfandad
(“Dilsey,” she says.“Dilsey, I want my mother.”) y hasta ella misma se lamenta haber
nacido. Así, en medio de conflictos emocionales lo mismo maltrata a Dilsey y a su
abuela que busca en ellas consuelo para aliviar las penalidades de su vida plagada de
violencia, escándalos y abandono.
La joven Quentin refleja la caótica situación en que se halla lo que algún día fue
la gran finca Compson. El desamor, la angustia, la soledad y la ambición rodean su
vida y responde de igual manera para lograr sobrevivir en este ambiente anárquico
que ha destruido de manera progresiva, continua y generacional la vida de los
Compson. Por otro lado, logra sobrevivir porque este ambiente de la finca es igual al
que hay fuera de ella. Quentin, como integrante de la sociedad moderna, de principios
del siglo
XX,
vive de acuerdo con los valores profesados en ella; por eso es rebelde,
68
ladrona, irrespetuosa e irresponsable: “The image of modern society as a wasteland
pervades Faulkner’s writing. The mechanized, industrialized society dehumanizes
man by forcing him to cultivate false values and by encouraging atrophy of essential
human virtues− courage, fortitude, honesty, and goodness.”12
Dilsey
A diferencia de la joven Quentin, Dilsey, siempre noble y sumisa, soporta durante
largos años el caos, la muerte y el desamor que ha envuelto a los Compson por más de
una generación.
Dilsey es, sólo en parte, una antítesis de Caroline y Miss Quentin, a quien desde
sus primeros días de vida le provee de los cuidados básicos para la supervivencia, así
como de la calidez de su humilde y austera habitación. A cambio de esto, la anciana
sirvienta recibe ingratitud y desdenes. Luego del destierro de Caddy, ella es la única
que conserva la capacidad de amar y manifestar este sentimiento de la manera más
desinteresada imaginable.
Acostumbrada a servir a los demás, ella entrega su vida a la familia Compson,
logrando así mantener en ella cierto equilibrio. Lo mismo controla las recurrentes
crisis de Miss Cahline, como la furia de Jason, a quien enfrenta con valentía y
dignidad; es la única que defiende a la ausente Caddy, a la descontrolada Quentin, a
Benjy y a Luster, cuestionando así la autoridad del frustrado jefe familiar.
Al comportarse de acuerdo con las circunstancias en lugar de oponerse a ellas,
Dilsey es capaz de crear orden en el desorden, pues no enfrenta conflicto alguno en
ninguna de las situaciones que padece la familia Compson; ella mantiene la calma
cuando Caddy debe casarse, cuando muere Quentin, y también cuando nace la bebé
Quentin; ella acepta de la vida lo que le da. “Dilsey’s attitude, as she lives it, is
12
Op. cit., E. Volpe. p. 21.
69
formed by her instinctive feeling that whatever happens must be met with courage and
dignity in which there is no room for passivity or pessimism.”13
Al adaptarse a la serie de cambios en la mansión, la leal sirvienta consigue
mantener en este pequeño y agitado mundo una sensación de armonía y esperanza. Al
dejarse guiar libremente más por los sentimientos que por el razonamiento abstracto y
el análisis, la negra sirvienta representa la contraparte del ser humano integrado a la
sociedad. Al igual que Caddy, sólo que de manera potencial, ella es uno de los
personajes primitivos de Faulkner. Sin racionalizar ni indagar sobre todo, como hace
Quentin, Dilsey no se ata a las convenciones sociales de sus patrones ni de la sociedad
en general. “The primitive, natural man does not attempt to interpret life, to explain
away death. He accepts the life-and-death pattern of existence unquestioningly, and
through this acceptance attains an enviable strength and peace.”14
Simultáneamente Dilsey es estricta, sensata y realista. Puede educar a sus hijos
y hacerse obedecer tanto por ellos como por el despiadado Jason. Distinta a su
patrona, rechaza las supersticiones, las creencias en el destino o la fortuna como
medio para entender o explicar su realidad. “Huh, Dilsey said. Name aint going to
help him. Hurt him, neither. Folks dont have no luck, changing names. My name been
Dilsey since I could remember and it be Dilsey when they’s long forgot me.” (The Sound
and the Fury, p. 58.)
De este modo manifiesta su filosofía de la vida al hacer referencia al
momento en que Benjy recibe ese nombre, pues antes de que sus padres descubrieran
su retraso mental el menor de los Compson se llamaba Maury, como su tío materno.
Los personajes primitivos de Faulkner o también llamados “natural men” no
intentan explicar ni la vida ni la muerte; simplemente las aceptan y al hacerlo
adquieren una fuerza interior y una gran voluntad. Por ello Dilsey, alejada de los
códigos o patrones sociales logra aguantar, tolerar (endures) sin conflicto los reveses
13
14
O. W. Vickery, “The Sound and the Fury: A Study in Perspective”, p. 288.
Op. cit., E. Volpe, p. 26.
70
de esa familia que siente como suya y a la cual le ha dado innumerables momentos de
tranquilidad. Al estar libre de las convenciones sociales, puede experimentar y unirse
a Dios y por lo tanto ser portadora también de la redención. Con su profundo amor y
sensibilidad hace que los últimos integrantes de la familia sobrevivan a pesar de que
los valores y prejuicios vigentes de la sociedad a la que pertenecen los han atrapado y
convertido en corruptos, perversos y egoístas.
La decadencia de los Compson comienza con el precoz embarazo de Caddy,
quien es víctima de su comportamiento. Sin embargo parece que de modo alguno ella
no habría podido evitar su destino; como si la naturaleza la hubiera creado para ser
madre a temprana edad Caroline la hace heredera de esta condición al dejarle a su
cargo el cuidado de Benjy; al mismo tiempo la considera muerta al saber que se ha
embarazado fuera del matrimonio, por lo que la condena a adoptar una postura de
proscrita, casi fantasmal al forzarla a rondar por los alrededores de la finca para poder
ver a su hija a hurtadillas.
Además de este evidente hecho hay otros factores que determinan el destino de
Candance Compson. Aquella noche en que desafía a sus hermanos descubre el funeral
de su abuela al escalar un árbol, que en la mayoría de las tradiciones religiosas y
literarias es símbolo de vida y fecundidad. Estas características hacen que Caddy, al
responder naturalmente a su sensualidad y al mundo que la rodea, a pesar de haber
sido educada para lo contrario, no viva sino sobreviva –aunque en el exilio– en esa
sociedad cuyos rígidos prejuicios condenan, señalan, aplastan y matan. Caddy logra
sobrevivir porque desde niña ha sido un ser lleno de vitalidad y amor; por ello puede
generar alegría, amor y esperanza en sus hermanos. Durante la infancia ella daba a los
juegos este toque de magia y emoción que hacía de sus paseos por el campo una
experiencia única. Su relación con Benjy y Quentin es sencillamente amorosa,
mientras que la que mantiene con Jason es sólo un símbolo de “esperanza”, la única
71
posibilidad de obtener un empleo en el banco, el deseo de salir adelante, ya que a él se
le han negado todas las posibilidades de progresar, pues todo lo que tenían los
Compson se invierte en el futuro de sus hermanos mayores: la boda de Caddy y los
estudios de Quentin en Harvard.
Caddy, al comportarse más como los personajes primitivos de Faulkner, aunque
pertenece a los de sociedad, maniatados por las inflexibles convenciones sociales,
morales y religiosas, logra “sobrevivir”. “Caddy’s dilema is that she must sacrifice
her own response to life if she is to keep her brothers happy; but she is too passionate,
too vibrantly alive, too vital to immolate herself.”15
I held the point of the knife at her throat
it wont take but a second just a second then I cant do
mine I can do mine then
all right can you do yours by yourself
yes the blades long enough Benjys in bed by now
yes
it wont take but a second Ill try no to hurt
all right
will you close your eyes
no like this youll have to push it harder
[…]
dont cry poor Quentin
but I couldn’t stop she held my head against her damp hard
breast I could hear her heart going firm and slow now not
hammering and the water gurgling among the willows in
the dark and waves of honeysuckle coming up the air my
arm and shoulder were twisted under me
what is it what you are doing
her muscles gathered I sat up
its my knife I dropped it
she sat up
what time is it
I dont know
she rose her feet I fumbled along the ground
[…]
(The Sound and the Fury, p. 152.)
15
E. Volpe, “The Sound and the Fury” en A Reader’s Guide to William Faulkner, p. 100.
72
Ahora bien, si Caddy provoca la caótica situación familiar durante la niñez y la
adolescencia, el pesimismo, la depresión y la hipocondría de su madre generan el
desorden durante el crecimiento y adolescencia de sus hijos y su nieta. Por un lado,
por medio de chantajes a su esposo logra mandar a Caddy al exilio y separarla de la
pequeña Quentin, a quien también aleja de su propia vida al pedirle a Dilsey que la
mantenga fuera de su alcoba, pues como producto del mal puede contaminar el
ambiente familiar del mismo modo que su “pequeña Caddy” lo hizo.
Aunado a lo anterior repite patrones de comportamiento y pide a Jason que, al
igual que lo hizo en su momento con Caddy, vigile ahora a Quentin, avivando así la
ira y el odio entre ambos, aunque contradictoriamente durante los desayunos, las
comidas y las cenas familiares intenta ser la mediadora en estos continuos conflictos
al pedir a ambos mantener una relación cordial.
A través de Jason, Caroline Compson castiga a Caddy por su mal
comportamiento. Al evadir una vez más su responsabilidad y dejarlo a la cabeza de la
familia, le da a Jason la oportunidad de vengarse de sus hermanos, ya que además de
que él nunca recibió las mismas oportunidades que ellos, tampoco provocó problemas
en la familia; sólo había sido un espectador pasivo de la situación familiar.
Caroline, emisora de mensajes de doble significado e incongruente, lo mismo
puede condenar y señalar a su pequeña como “a fallen woman” que sufrir por su
comportamiento, el cual para ella es sinónimo de muerte. “[...] when she happened to
see one of them kissing Caddy and all the next day she went around the house in a
black dress and a veil and even Father couldn’t get her to say a word except crying
and saying her little daughter was dead [...]” (The Sound and the Fury, p. 230.)
Alejada de la figura redentora que pretende ser, Caroline Compson es tan cruel
y malvada como Jason; alimenta el rencor que él siente hacia sus hermanos al dividir
73
a su familia en dos grandes bandos: los Bascomb y los Compson; además, hace un
retrato de su hija como si estuviera mirándose al espejo.
“They deliberately shut me out their lives”, she says “It was always her and
Quentin. They were always conspiring against me. Against you too, though
you were too young to realise it. They always looked on you and me as
outsiders, like they did your Uncle Maury. [...] She couldn’t bear for any of
you to do anything she couldn’t. It was vanity in her, vanity and false pride.
And then when her troubles began I knew that Quentin would feel that he
had to do something just as bad. But I didn’t believe that he would have been
so selfish as to —I didn’t dream that he—”
(The Sound and the Fury, p. 261.)
Caroline Compson, poco confiable, obstinada y cegada por sus propios
conflictos, no logra darse cuenta de que a quienes llama “the others” −refiriéndose a
Caddy y Quentin− son más Bascomb que Compson, tan parecidos a ella que
permanecen atrapados en un pasado espectral persecutorio, por ello de alguna manera
u otra mueren: no logran sobrevivir dentro del anacrónico ambiente de la finca, pues
su valores morales no corresponden con los de la sociedad actual en la que viven y
conviven; así, al no soportar la realidad y la deshonra familiar, Quentin se suicida;
Caddy, muerta en vida por el engaño de Dalton Ames y la separación de su hija, debe
desaparecer de su hogar, pues para su madre está muerta y debe irse porque en la
finca ya no existe lugar para ella; Caroline aparenta estar muerta y se considera
muerta en vida al saber del lascivo comportamiento de Caddy. Así, todos estos
personajes integrados a una sociedad que cronológicamente ya no les corresponde,
viven condenados al conflicto, pues están situados en medio de dos convenciones
sociales, y adoptar una u otra es peligroso y desgarrador porque no han logrado
traspasar la línea que demarca y separa una de otra: “Man, by turning his face away
from reality, by alienating himself from truth with his attempts to explain the
74
inexplicable, becomes weak and cowardly, confused and ineffectual. His body
anchors him to the life-death cycle, but his mind separates him from it, and he
becomes fragmented.”16
Caroline y Jason, agobiados por las apariencias, arrogantes, vanidosos,
autocompasivos e incoherentes, propician la decadencia familiar y por lo mismo
logran sobrevivir en una sociedad similar a ellos, carente de valores y amor, razón por
la cual también la joven Quentin triunfa sobre la crueldad y mezquindad de su tío. A
diferencia de él, la joven no vive su adolescencia en los primeros años del siglo
XX
sino durante este periodo, por lo que las ideas del pasado no provocan en ella
conflicto alguno. Quentin se encuentra perfectamente ubicada en el tiempo e integrada
a la sociedad actual; está en armonía con los valores que en ella se profesan.
“Throughout Faulkner’s fiction, twentieth-century society is seen as the enemy,
encroaching upon the individual’s integrity and strangling humanistic values.”17
Quentin presenta las características que irónicamente su tío, de quien lleva su nombre,
condenaba y al mismo tiempo, y de cierta manera, aceptaba.
To Quentin, the Blands represent the deterioration of Southern society, but
despite his contempt for them, Quentin is drawn into their company, because
they represent, however burlesque, the traditional world he considers his
heritage. When he thinks of Gerald and Mrs. Bland, Quentin frequently
draws upon images of royalty. The images are tinged with irony, but the real
irony in the presence of the Blands in the novel is that they are probably a
closer representation of plantation aristrocracy than Quentin’s idealized
vision of it. Gerald is crude, egotistical, arrogant, and immoral; and his
mother is silly, superficial and bigoted.18
Alejada de las complejidades de la sociedad, Dilsey es símbolo de vida y
esperanza, es como los personajes primitivos de su creador: están abiertos a diversas
Op. cit., E. Volpe, “Character types and themes”, p. 27.
Ibid., p. 20.
18
Op. cit., E. Volpe, p. 100.
16
17
75
experiencias, son espontáneos y naturales. Sus reacciones naturales e incondicionadas
están en armonía con la naturaleza. Como la otra cara de la moneda, Dilsey es la
figura redentora y cristológica que Miss Cahline pretende ser. La fiel sirvienta acepta
sin intentar explicar su condición dentro de la finca; no juzga ni castiga, sólo ama y
se entrega a su familia: los Compson.
Below the layers of social encrustation, there is in every human being the
natural man, just as in every man there are those potentials for love and selfsacrifice that are embodied in the Christ myth. In his primitive characters
[…] the innate human virtues —honor and pride and pity and justice and
courage— can operate freely. These primitive characters are living proof
that, despite the injustice, pain and brutality of life […] man can and will
survive.19
19
Op. cit., E. Volpe, “Character types and themes”, p. 28.
76
5. Personajes femeninos: Pedro Páramo y The Sound and the Fury
5.1 Susana San Juan y Candance Compson
La lectura de Pedro Páramo y The Sound and the Fury requieren de cuidado y
atención especiales debido a su compleja y “enmarañada” estructura. Asimismo, un
escritor tan exigente como William Faulkner presenta no sólo una novela cuyos
sucesos son poco fáciles de rastrear dentro de esta problemática, sino también una
serie de personajes femeninos atractivos y complejos, mismos que tienen puntos de
contacto con los personajes femeninos de una novela mexicana igualmente importante
y compleja, y no menos original: Pedro Páramo, de Juan Rulfo.
Cuidadosos e interesantes análisis literarios exploran de manera individual a los
personajes de estas obras literarias, incluyendo a los femeninos. En esta ocasión se
analizarán simultáneamente los personajes femeninos de una y de otra, y se
dilucidarán los puntos de contacto entre ellos.
Las analogías más evidentes surgen entre las heroínas Susana San Juan y
Candance Compson, mismas que se describen desde la niñez hasta la edad adulta. A
través de temas como el amor, la fertilidad, la creación, la pureza, la sensualidad, la
muerte, la ambición, el engaño, el incesto, el poder, la religiosidad, la locura, la
fidelidad es posible considerarlos personajes similares y antitéticos a la vez.
En este capítulo se empezará por colocar sobre un mismo plano a los
principales personajes femeninos de Pedro Páramo y The Sound and the Fury:
Susana San Juan y Candance Compson, respectivamente. Posteriormente, se tejerá a
través de semejanzas y diferencias esa red que une y separa simultáneamente a cada
uno de los personajes de estas narraciones por medio de temas o motivos literarios (de
los cuales algunos se convierten en leit-motiv) y situaciones específicos.
Susana y Candance (Caddy) determinarán con su comportamiento y
experiencias el rumbo de cada una de las narraciones, así como el destino de sus
personajes y entorno. Ambas heroínas reflejan su condición y naturaleza en el
ambiente de Comala y la finca Compson, respectivamente, e influirán en todo
momento en la vida de todos los que las rodean.
Empezaremos por esclarecer al personaje de Rulfo. Susana San Juan es la
inspiración y el motivo de vida de Pedro Páramo, por ella desea convertirse en dueño
y señor de esa tierra aún frondosa, llena de arrayanes donde los cuervos hacen “cuar,
cuar, cuar”. Por ella Páramo intenta convertirse en ese ser todopoderoso a quien nadie
se le resiste y todos temen, ese ser que lo mismo construye que destruye. Susana, “ese
puñadito de carne”, evoca a la Ofelia shakesperiana, aquella mujer idealizada, con
cualidades extraordinarias que él ama desde niño y tiene el don de cubrir de esplendor
todo cuanto la rodea. Susana es una Deméter dentro de ese pequeño y agitado
universo, una diosa joven de la tierra verde y el ciclo renovador de la vida y la muerte;
es como la diosa griega de los trigales, a los que protege asegurando los cultivos, una
diosa de la fertilidad pues mientras ella vive y está en Comala todo reverdece, y se
reproduce: Susana “es una personificación de la fertilidad y la riqueza agraria.”1
Como representación del paisaje edénico comalense antes de convertirse en
yermo, la mayoría de las veces en que Susana aparece en la narración es posible sentir
la lluvia2, percibir el olor de la manzanilla, el tomillo, el romero. Ella estimula –en el
J. A. Pérez Diestre, “Deméter y Ceres: las diosas de la fertilidad” en www.filosofia.buap.mx/Graffylia/4/53.pdf,
consultada el 04 de mayo de 2012 a las 7:014 p.m.
2
Según la onomástica de la literatura, se puede decir que el nombre de Susana San Juan entra en la categoría de los
nombres simbólicos; ella de manera recurrente está vinculada al agua, ese elemento purificador, fuente de vida y
regeneración. De ahí que su apellido haga referencia directa a San Juan Bautista. Véase Diccionario de símbolos de
Jean Chevalier y Alain Gheerbrant. Además, Douglas J. Weatherford en su ensayo “Citizen Cane y Pedro Páramo: un
análisis comparativo” apunta: “Rulfo nunca buscó velar el vínculo entre Susana y el poder simbólico del agua. De
hecho estableció esa relación obvia por medio del apellido que escogió para su protagonista femenina: San Juan. En una
Comala sumida en la violencia, la muerte y el pecado, esta referencia a San Juan Baustista es, por supuesto, destacada.”
1
78
sentido más puro y natural– los sentidos tanto del cacique como del lector. Sin
embargo, esa figura incorrupta que el cacique anhela para sí y alimenta durante toda
su vida se va transformando paulatinamente sin que él logre darse cuenta de ello.
Luego de los recuerdos plácidos de Páramo sobre la niñez, con el paso del
tiempo Susana crece y se convierte en toda sensualidad hasta el punto de proyectar un
intenso erotismo, incluso aquella mañana de febrero en la que fallece su madre. Su
desbordante sensualidad y vitalidad logran sofocar el posible sufrimiento por su
reciente orfandad.
Que yo debía haber gritado; que mis manos tenían que haberse hecho
pedazos estrujando su desesperación. Así hubieras querido tú que fuera.
¿Pero acaso no era alegre aquella mañana? Por la puerta abierta entraba el
aire quebrando las guías de yedra. En mis piernas comenzaba a crecer el
vello entre las venas, y mis manos temblaban tibias al tocar mis senos. Los
gorriones jugaban. En las lomas se mecían las espigas. Me dio lástima que
ella ya no volviera a ver el juego del viento en los jazmines; que cerrara sus
ojos a la luz de los días. ¿Pero por qué iba a llorar?
(Pedro Páramo, p. 145.)
Estas imágenes plagadas de sensualidad más tarde serán desvirtuadas por las
insinuaciones del incesto, pues Susana es el deseo no sólo del cacique y de su esposo
Florencio, sino también de su padre, por lo que esta figura inmaculada terminará por
marchitarse, aunque nunca ante la mirada de su eterno enamorado. Para don Pedro,
Susana San Juan será siempre el símbolo de la inocencia pueril; sólo esta niña de ojos
aguamarina le despertará sentimientos libres de malicia; únicamente con ella será
capaz de experimentar el verdadero amor incondicional.
<< Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes. Cuando volábamos papalotes
en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del pueblo mientras
estábamos encima de él, arriba de la loma, en tanto se nos iba el hilo de su
cáñamo arrastrado por el viento. ‘Ayúdame, Susana.’ Y unas manos suaves
se apretaban a nuestras manos. ‘Suelta más hilo.’ [...] >>
(Pedro Páramo, p. 75.)
79
Susana es una mujer de impulsos y sensaciones, y los manifiesta abiertamente
con la misma naturalidad que un niño; como si el paso del tiempo no modificara su
comportamiento, lo mismo se entrega totalmente al juego con Pedro al volar papalotes
durante la infancia, que se consagra sin reservas durante su juventud al amor de su
esposo Florencio; no esconde ni reprime sus deseos, sino que se regodea en los
placeres del pasado; por ello se retuerce desnuda en su cama mientras Pedro
únicamente la observa.
Susana San Juan es símbolo de fertilidad, prosperidad, abundancia y el recurso
para obtener estos dones. Además de ser la inspiración del cacique y por consiguiente
el motivo de la bonanza de Comala, también es para su padre el medio para subsanar
sus problemas económicos. Por ello, la obliga a descender, hurgar y profanar las
entrañas de la tierra, hecho que tendrá graves consecuencias tanto para ella como para
el pueblo entero.
Baja Susana, y dime lo que ves.
Estaba colgada de aquella soga que le lastimaba la cintura, que le sangraba
sus manos; pero no quería soltar: era como el único hilo que la sostenía al
mundo de afuera.
No veo nada papá.
...
Habría entrado por un pequeño agujero abierto entre las tablas. Había
caminando sobre tablones podridos, viejos, astillados y llenos de tierra
pegajosa:
...
Y ella bajó y bajó en columpio, meciéndose en la profundidad, con sus pies
bamboleando en el <<no encuentro dónde poner los pies>>.
Más abajo, Susana. Más abajo. Dime si ves algo.
Y cuando encontró el apoyo allí permaneció, callada, porque se enmudeció
de miedo. La lámpara circulaba y la luz pasaba de largo junto a ella. Y el
grito de allá arriba la estremecía:
¡Dame lo que está allí, Susana!
Y ella agarró la calavera entre sus manos y cuando la luz le dio de lleno la
soltó.
Es una calavera de muerto dijo.
Debes encontrar algo más junto a ella. Dame todo lo que encuentres.
...
80
Busca algo más, Susana. Dinero. Ruedas redondas de oro. Búscalas,
Susana.
(Pedro Páramo, pp. 160, 161.)
Empero, la prosperidad en Comala es transitoria; el pasaje anterior evoca los
estragos, la carestía económica causada por los levantamientos de la Revolución
mexicana, por lo que Bartolomé San Juan se ve obligado a profanar las tumbas del
pueblo para obtener algo de dinero.
Luego de esperar tres decenios a que volviera Susana al pueblo, el cacique se
llena de júbilo al saber de su regreso pues cree que al fin podrá satisfacer su deseo de
tenerla junto a él y poseerla. “Sentí que se abría el cielo. Tuve ánimos de correr hacia
ti. De rodearte de alegría. De llorar. Y lloré, Susana, cuando supe que al fin
regresarías.”
(Pedro Páramo, p. 152.)
No obstante, este regreso será el inicio del deterioro
del cacique y consecuentemente de Comala.
Así, luego de que Páramo intenta por todos los medios reintegrarla al aquí y
ahora, queda frustrado y desilusionado pues Susana está fuera de sus cabales y este
hombre rudo “ve llegar tiempos malos”, pues con el regreso de Susana a Comala
desaparecen lentamente las ilusiones y las esperanzas; el todopoderoso de esa tierra
no logra internarse en el mundo de aquella mujer debido a que su locura la mantiene
en cautiverio y presa tanto de sus deseos como de sus vívidos recuerdos. “El
desconocimiento del mundo propio de Susana San Juan hace que el mundo de Pedro
Páramo se le haga ajeno a su propio constructor. La resistencia del Otro, del único ser
que Pedro Páramo no ha logrado hacer suyo, corrompe todo el poder del cacique,
erosiona lentamente su voluntad”3; por esta razón permite y decide que ese pequeño
gran imperio construido por medio de la fuerza se llene de achaques y enfermedades
al igual que su creador.
J. de la Colina, “Susana San Juan. El mito femenino en Pedro Páramo” en La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la
crítica., p. 59.
3
81
De manera semejante a la heroína rulfiana, Caddy también es creación y
destrucción; tierna e inocente, no sólo da vida a los juegos infantiles, también emana
el olor de los árboles, el lodo y el campo. Cuando es niña, todo ese universo de la
finca es verde, aromático, productivo, y Benjy, el más sensible a este cosmos lleno de
aromas y la pureza de Caddy, percibe y se deleita con todos estos perfumes naturales
no sólo cuando pasea por el campo sino también cuando está con su hermana dentro
de la casona, pues Caddy es incorrupta y natural, como el olor del campo, el agua del
río en que juega con sus hermanos, el mugido de las vacas y los olores producidos en
la cocina de Dilsey. Caddy tiene la capacidad de producir el amor más desinteresado
en sus hermanos, especialmente en Benjy.
Caddy, al igual que Susana, llena de vitalidad su entorno y el de sus hermanos.
Cuando ella está en la finca la armonía también se hace presente.
... We went around the barn. The big cow and the little one were standing
in the door, and we could hear Prince and Queenie and Fancy stomping
inside the barn. If it wasn’t cold, we’d ride Fancy.” Caddy said. “But it’s too
cold to hold on today.” Then we could see the branch, where the smoke was
blowing. “That’s where they are killing the pig.” Caddy said. “We can come
back by there and see them.” We went down the hill.
(The Sound and the Fury, p. 12.)
Sin embargo, el personaje de Faulkner refleja durante la niñez una personalidad
más atractiva y compleja que la de Susana, al manifestar un genuino comportamiento
maternal hacia Benjy, su pequeño retrasado hermano. Todos sus cuidados hacia él al
principio de la novela podrían considerarse propios de una niña de siete años para con
su hermano menor, pero a medida de que nos adentramos en la interrumpida narración
de Benjy es posible rastrear y darse cuenta del maduro comportamiento materno de
Caddy, quien en todo momento le demuestra afecto y protección con gran
responsabilidad y entrega. Además, sin limitante alguna, la pequeña no sólo da amor
82
maternal; este profundo sentimiento también extiende sus ramas hacia el terreno de lo
filial, y aún en las situaciones más difíciles de su vida –cuando sabe que de alguna
manera debe restaurar el honor familiar que ha destruido al entregarse por amor a
Dalton Ames– se preocupa por la salud de su padre alcohólico y por el que puede ser
el destino final de Benjy: ir a parar a un asilo para enfermos mentales en Jackson.
Además de representar una pequeña diosa madre, una Deméter, una diosa
símbolo de la fecundidad, como Ceres, y virginal, como Artemisa, Caddy simboliza la
autoridad y el valor inherentes a cualquier madre, pues una tarde, a punto de caer la
noche, se atreve a escalar un peral para ver a través de la ventana y averiguar qué
acontece en la finca. Sin siquiera sospecharlo, tiene su primer encuentro con la muerte
al observar un funeral, un suceso totalmente desconocido para ella que gracias a su
corta edad no le causa impacto alguno, pues al ser pura, inocente y sin prejuicios no
intenta indagar más allá de lo que la naturaleza ha impuesto; simplemente la acepta
sin cuestionamientos, reflejando así una característica más de lo que Edmond Volpe
llama los personajes primitivos de Faulkner.4
Pero mientras el tiempo transcurre y Caddy pasa de ser niña a mujer, su imagen
también se transformará, será otra ante los ojos de sus hermanos, y el más sensible de
ellos, el instintivo Benjy, será el primero de la familia en percibir estos cambios, pues
Caddy ya no despedirá el aroma de los árboles. El perfume artificial que ella usa
durante la adolescencia ya no le brindará esa amorosa protección, sino por el
contrario, le provocará una angustiante repugnancia, pues para Benjy es como si en
ese olor artificial creado por el hombre hallara en el cuerpo de su hermana rastros de
los hombres con los que Caddy ha mantenido relaciones sexuales.
We went to Caddy’s room. She sat down at the mirror. She stopped her
hands and looked at me.
4
Véase el capítulo 4. Personajes femeninos en The Sound and the Fury” de esta tesis.
83
“Why, Benjy. What is it.” she said. “You mustn’t cry. Caddy’s not
going away. See here.” she said. She took up the bottle and took the stopper
out and held it to my nose. “Sweet. Smell. Good.”
I went away and I didn’t hush, and she held the bottle in her hand,
looking at me.
“Oh.” She said. She put the bottle down and came and put her arms
around me. “So that was it. And you were trying to tell Caddy and you
couldn’t tell her […].”
(The Sound and the Fury, p. 42.)
Así como Susana es el instrumento de Bartolomé San Juan para saciar su
ambición, Caroline Compson halla en Caddy el medio para recuperar su posición
privilegiada y revivir la etapa de esplendor económico familiar; por ello desea con
vehemencia la boda de su hija con Herbert Head, quien será elemento clave para
mejorar su economía y, lo más importante, reconstruir el honor familiar, ya que
Caddy es soltera y está en cinta. Empero, llevar a cabo la solución tiene consecuencias
importantes para toda la familia; a largo plazo viene el desmoronamiento económico,
moral y emocional de los Compson. A partir de entonces Benjy ya no disfrutará de los
paseos por el campo ni de las sensaciones de amor y protección que Caddy
incondicionalmente le proporcionaba; los terrenos de la finca se han vendido y su
hermana ya no vive en la mansión. Además su ansiedad aumentará al ver a Caddie en
cada una de las colegialas que caminan al otro lado de la valla que se halla en la finca.
I could hear them talking. I went out the door and I couldn’t hear them, and I
went down to the gate, where the girls passed with their booksatchels. They
looked at me, walking fast, with their heads turned. I tried to say, but they
went on, ... and I came to the corner of the fence and I couldn’t go any
further, and I held to the fence, looking after them and trying to say.
(The Sound and the Fury, p. 52.)
Del mismo modo que en la novela de Rulfo, en la mansión de los Compson la
ilusión es pasajera. Si bien las heroínas de cada una de las narraciones son co84
creadoras de la prosperidad que las rodean, también son la causa de la caída de los
señoríos en que surgen. Estos personajes son, como define Octavio Paz a la mujer en
el contexto en que se desarrolla la novela rulfiana, “imagen de la fecundidad pero
asimismo de la muerte.”5
El personaje faulkneriano provoca toda la situación caótica de la familia: su
comportamiento agudiza la situación económica de los Compson, arrebata la
estabilidad emocional de Benjy y Quentin, y destruye las ilusiones de Jason de
obtener un empleo. Caddy no sólo siente que debe pagar por su manera de proceder,
sino que lo hace y sufre al hacerlo. Su imagen ante los ojos de sus hermanos se
modifica drásticamente. Por un lado, si Jason reitera su negativa a aceptar la supuesta
autoridad y el poder representados por su hermana y si Quentin no sólo no la
cuestiona, sino que intenta redimirla asumiendo el pecado de ella como suyo, para
ambos Caddy ya no será símbolo de fortaleza, autoridad ni pureza; mientras que para
Jason es una “zorra” y la causa de su propia ruina económica, para Quentin es el
desmoronamiento del honor familiar.
La desilusión y el desamor abren paso al caos en la finca de los Compson; todo
ese locus amoenus se convierte en un valle de lágrimas plagado de estridentes ruidos
originados principalmente por las interminables quejas de Caroline Compson y los
gritos de los jugadores de golf en el campo que tuvieron que vender para enviar a
Quentin a Harvard.
Asimismo, después de que Herbert Head se divorcia de Caddy, ella es
expulsada de la familia. Luego de ser la alegría y la luz de los Compson, se ve
obligada a vivir en el olvido, la prohibición y la oscuridad, a habitar un mundo
clandestino, a rondar como ánima en pena la casa paterna para saber de su hija recién
nacida. Y así, de manera simultánea, es víctima del exilio y de Jason, por lo que el
vigor demostrado durante su niñez al inquirir sobre qué ocurre en la casa familiar la
5
Véase Octavio Paz, “Los hijos de la Malinche” en El laberinto de la soledad.
85
noche en que fallece Damuddy se convierte y reduce en la época de juventud a la
vulnerabilidad ante los chantajes y engaños de su rencoroso hermano Jason; por ello
Caddy tiene que acceder a lo que él disponga, confiar en él y pagarle lo que pide a
cambio de ver sólo durante unos instantes a su hija. Porque Caddy, al igual que
Deméter, es “madre, pero no esposa; tiene un espíritu apacible y generoso y es capaz
de dar su vida por la de un hijo.”6 Por ello se ve obligada a abdicar de su voluntad.
“Yes,” she says. “Just like you say do it. Just so I see her a minute. I wont
beg or do anything. I’ll go on right away.”
“Give me the money,” I says.
“I’ll give it to you afterward,” she says.
“Dont you trust me?” I says.
“No,” she says. “I know you. I grew up with you.”
...
“Well,” I says. “I got to get on out of the rain. Goodbye.” I made to go
away.
“Jason,” she says. I stopped.
“Yes?” I says. “Hurry up. I’m getting wet.”
“All right,” she says. “Here.” ...
(The Sound and the Fury, p. 204.)
Caddy, al igual que Dorotea, se ha entregado a los placeres carnales y ambas
profesan religiosamente el amor materno. Caddy se dedica a destiempo a la
maternidad, pero irónica y desafortunadamente su madre le arrebata la oportunidad de
ejercer la suya al separarla de su hija.
Por su parte, Dorotea lleva y protege en su regazo a aquel hijo que nació de un
sueño y la ilusión. De ese sueño <<bendito>>, como ella misma lo llama, nace ese ser
ficticio y real que lleva por doquier en su rebozo. Así le cuenta a Juan Preciado su
historia: “Y mientras viví, nunca dejé de creer que fuera cierto; porque lo sentí entre
mis brazos, tiernito, lleno de boca y de ojos y de manos; durante mucho tiempo
6
Op.cit. J. A. Pérez Diestre.
86
conservé en mis dedos la impresión de sus ojos dormidos y el palpitar de su corazón.”
(Pedro Páramo, p. 129.)
Tan real y grande es la ilusión del personaje rulfiano mientras vive, que en
verdad cree haber perdido a su hijo y hasta sube al cielo a buscarlo. “Llegué al cielo y
me asomé a ver si entre los ángeles reconocía la cara de mi hijo. Y nada. Todas las
caras eran iguales, hechas con el mismo molde. Entonces pregunté. Uno de aquellos
santos se me acercó y, sin decirme nada, hundió una de sus manos en mi estómago
como si la hubiera hundido en un montón de cera.” (Id.)
A diferencia de Dorotea, Caddy sí pierde a su hija a causa de su
comportamiento –según lo dictamina su madre. Obedecer a su naturaleza la lleva a
perder el derecho y la oportunidad de estrechar en sus brazos a su hija recién nacida y
debe conformarse con verla sólo unos segundos a través del vidrio del carruaje en que
Jason se la lleva el día del funeral de Quentin.
[…] “Jason,” she says, looking at the grave, “if you’ll fix I so I can see her a
minute I’ll give you fifty dollars.”
[…]
“Just a minute,” I says. “And just like I say. I wouldn’t have her know it for
a thousand dollars.”
[…]
“Yes,” she says. “Just like you say do it. Just to see her a minute. I wont beg
or do anything. I’ll go right on away.”
[…]
She and Ben were with Dilsey. I said Mother wanted her and I took her into
the house. I found Uncle Maury’s raincoat and put it around her and picked
her up. […] I told Mink to drive closet to the walk and when I said Go on, to
give the team a bat. Then I took the raincoat off of her and held her to the
window and Caddy saw her and sort of jumped forward.
[…] “Now get on that train like you promised,” I says. I coud see her
running after us through the back window.”
(The Sound and the Fury, pp. 203-205.)
Madres amorosas y proclives a la lujuria, a ambas se les puede aplicar aquel
mensaje que le dan a Dorotea en el cielo: “En el cielo me dijeron que se habían
87
equivocado conmigo. Que habían dado un corazón de madre, pero un seno de
cualquiera.” (Pedro Páramo, p. 129.)
Una cualquiera (“Once a bitch, always a bitch!”) es el concepto que Jason tiene
de Caddy, y al poco tiempo de su destierro, sin proponérselo él obtiene el poder años
antes cuestionado con sagacidad a su hermana: al morir su padre por fin logra
ascender dentro de la jerarquía de los Compson y asumir el único mando familiar.
De modo contrario, Susana no sucumbe ante la voluntad de nadie, ni siquiera a
la del despiadado cacique, quien acostumbra poseerlo todo a través de cualquier
artilugio –lo mismo soborna que falsifica escrituras, desplaza linderos y toma
decisiones a mano armada– no se atreve a ultrajarla, pues no puede penetrar su mundo
porque no pertenece a él, “al mundo mítico de la locura, la infancia, el erotismo y la
muerte[;] Pedro pertenece al mundo histórico del poder, la conquista física de las
cosas, la estrategia maquiavélica para subyugar a las personas y asemejarlas a las
cosas.”7
Mientras Susana San Juan espera pacientemente la muerte, los árboles
frondosos empezarán a desaparecer; la luz de la vida de Pedro Páramo se consumirá y
él esperará la muerte; así ella se convertirá en el motivo de que Comala se torne un
pueblo cuyo suelo agrietado presente las profundas cicatrices de la desilusión, el
amor, la ausencia, el abandono y el olvido.
De esta manera Dorotea narra a Juan Preciado el destino del pueblo después de
la muerte de Susana:
—No creas. Él la quería. Estoy por decir que nunca quiso a ninguna mujer
como a ésa. Ya se la entregaron sufrida y quizá loca. Tan la quiso, que se
pasó el resto de sus años aplastado en un equipal, mirando el camino por
donde se la habían llevado al camposanto. Le perdió interés a todo. Desalojó
sus tierras y mandó a quemar lo enseres. Unos dicen que porque ya estaba
7
C. Fuentes, “Juan Rulfo: el tiempo del mito” en La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la crítica., p. 265.
88
cansado, otros que porque le agarró la desilusión; lo cierto es que echó fuera
a la gente y se sentó en su equipal, cara al camino.
<<Desde entonces la tierra se quedó baldía y como en ruinas. Daba pena
verla llenándose de achaques con tanta plaga que la invadió en cuanto la
dejaron sola. De allá para acá se consumió la gente; se desbandaron los
hombres en busca de otros ‘bebederos’. […]>>
(Pedro Páramo, p. 149.)
Además de que Caddy y Susana inspiran pureza, se transforman y causan
desgracia en su propia tierra, hay en cada una de las narraciones otros sucesos que
permiten equipararlas; ambas tienen la capacidad de experimentar placer y dolor
intensamente en distintos momentos de su vida; lo mismo se deleitan en su
sensualidad que sufren el dolor causado por la muerte o pérdida de un ser querido. De
igual modo, el incesto permeará sus vidas.
Por un lado, a Susana la muerte de su madre la conmueve, pero su sensualidad
y vitalidad logran desvanecer el posible dolor, sin embargo, no ocurre lo mismo
cuando asesinan a Florencio; su pesar y desconsuelo la llevan a renegar de Dios.
Florencio ha muerto, señora.
¡Qué largo era aquel hombre! ¡Qué alto! Y su voz era dura. Seca como la
tierra más seca. Y su figura era borrosa, ¿o se hizo borrosa después?, como si
entre ella y él se interpusiera la lluvia. <<¿Qué había dicho? ¿Florencio? ¿De
cuál Florencio hablaba? ¿Del mío? ¡Oh!, por qué no lloré y me anegué
entonces en lágrimas para enjuagar mi angustia. ¡Señor, tú no existes! Te
pedí tu protección para él. Que me lo cuidaras. Eso te pedí. Pero tú te ocupas
nada más de las almas. Y lo que yo quiero de él es su cuerpo. Desnudo y
caliente de amor; hirviendo de deseos [...] >>
(Pedro Páramo, p. 170.)
Por su parte, Caddy sufre a causa del amor de Dalton, quien la ha engañado,
pues ella se entregó a él con toda su vitalidad y sensualidad. De aquí que también
padezca las consecuencias que este enamoramiento ha causado en su familia,
89
especialmente en su hermano Quentin; por ello anhela la muerte, para liberarse de
todo este sufrimiento y accede a aquel pacto de muerte frustrado en el que Quentin
intenta quitarle la vida y posteriormente suicidarse. Al igual que Ofelia, desea
entregarse a los brazos de la muerte en el río y tal vez limpiarse y renovarse. “[...] she
was lying in the water her head on the sand spit the water flowing about her hips there
was a little more light in the water her skirt half saturated flopped along her flanks to
the waters motion in heavy ripples going nowhere renewed themselves of their own
movement [...]” (The Sound and the Fury, p. 149.)
Así como siente esta muerte espiritual, Caddy también sufre a causa de la
muerte de su querido hermano, por lo que al nacer su hija le pone su nombre para
homenajearlo y de alguna manera seguir unida a su cómplice de juegos y amores
luego de la muerte. Simultáneamente experimenta un gran pesar por perder a su hija;
al ser madre por naturaleza opta por el sacrificio y decide separarse de ella para que la
pequeña pueda disfrutar de una vida familiar dentro de las ruinas de la mansión.
Aunado a la capacidad de ambas heroínas de experimentar placer y dolor existe
un persecutorio clima incestuoso; la relación de Susana con su padre se modifica al
quedar huérfana de madre, surgiendo así este ambiente turbio, pues se dice que
Bartolomé la trataba como si fuera su esposa.
En la novela de Faulkner, Caddy se ve envuelta en un supuesto incesto para
salir bien librada de la situación en que se halla, pues para Quentin, quien sigue los
rígidos valores del Old South el incesto es preferible a la promiscuidad.8 Por otro lado,
Caddy representa para él la fuente de amor maternal, de ahí que la quiera únicamente
para él y surja su amor incestuoso, aunque sólo en su imaginación. “The oedipal
dragnet has been much run through Faulkner’s preoccupation with incest. What
8
Véase el capítulo “4. Personajes femeninos en The Sound and the Fury” de esta tesis.
90
generally results is a version in which brother challenges father by loving sister as
surrogate for inadequate mother.”9
Un hecho importante que delinea el futuro de estos personajes femeninos es que
ambos experimentan la muerte en distintos ambientes y contextos; Susana por órdenes
de su padre, y Caddy por voluntad propia, al desobedecer a los suyos.
En el caso de Susana, el inesperado e impactante encuentro con la muerte al
descender a una tumba es la causa de su locura, padecimiento que después provocará
el desplome de aquella tierra que jamás amó, pues una vez loca el terrateniente nunca
podrá tenerla en sus brazos, quedando desilusionado y acabado. Así recuerda el joven
Pedro las palabras de Susana: “El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver.
[…] Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: ‘Lo quiero por ti; pero
lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él.’ […]” (Pedro Páramo, p. 85.)
Para Caddy, lo que pudo ser un funesto enfrentamiento con la muerte hace que
su padre le otorgue cierta autoridad. Ella asciende al peral y desde lo alto se proclama
guía y líder de sus hermanos; así, esta pequeña de calzoncitos enlodados generará
todas las experiencias lúdicas y divertidas durante la niñez, adquiriendo gran fortaleza
durante la convivencia con sus hermanos.
No obstante, en la adolescencia o edad adulta Caddy tiene que vivir las
consecuencias de expresar naturalmente su sensualidad y sentimientos: su madre la
fuerza a desocupar el lugar favorecido ganado mediante la valentía; se convierte en “a
fallen woman”, como dice Caroline.
Por su parte, Susana desciende a un pozo; es sometida y obligada a desentrañar
lo que se halla en ese infierno que es Comala: la destrucción, el fin, la muerte, y en
lugar de darle las monedas del entierro a su padre le entrega una calavera.
Sin embargo, al mantener siempre un lugar especial e intocable en la vida de
Páramo, ella rige su vida y como resultado la de todo el espacio comalense,
9
Cfr. N. Polk, New Essays on The Sound and the Fury, p. 104.
91
incluyendo los árboles, las vacas y las gallinas, pues el amor y la ilusión que ella
genera en él se ve manifestado en el lugar edénico que el cacique hace de esta tierra.
De esta manera, el cacique alcanza la dimensión de un Dante extraviado y
rendido antes de que la corrupción lo invada. […] Susana no sólo es una
Beatriz que alcanza la gloria: es parte esencial del misterio mismo de la
Divina Providencia, pues gracias ella el cacique convierte a Comala en un
paraíso. […] El amor y luego la obsesión de Pedro logran que se abra un
espacio benévolo en Comala, a pesar del dominio férreo sobre bienes y
mujeres.10
Así, al fallecer Susana −la fuente de amor del cacique−, también muere la
esperanza en él, y como resultado, el creador de ese universo, desilusionado,
insatisfecho y berrinchudo, se cruza de brazos para dejar secar la tierra. “Frustrado
por su pérdida, Páramo llega a asemejarse a un niño caprichoso que no ha podido
lograr que las cosas salgan a su modo. Este hombre, antes creador de un emporio, está
ahora atrapado en la despreciable destrucción de la riqueza material que no pudo darle
solaz.”11
Como se ha podido constatar, existen semejanzas entre ambos personajes
femeninos. Esto no significa, sin embargo, que no existan diferencias. Aunque la
heroína de la novela estadounidense sufre más y cada vez se vuelve más vulnerable
dentro de la finca, paradójicamente, la fortaleza y habilidad que desarrolla para
sobrevivir fuera de ella en una sociedad con valores morales distintos a los que
recibió de niña hacen que la novela cobre sentido y los personajes se desenvuelvan
para hacer de The Sound and the Fury una novela de decadencia y desesperanza. Así
pues, contrariamente a Caddy, la heroína de la novela mexicana logra desafiar a sus
agresores, siempre se mantiene llena de vida y sensualidad gracias a su desequilibrio
mental; la locura le permite traspasar las fronteras del tiempo y mantener vivas las
D. García, “Vanidad humana, pompa vana: humo hoy y polvo mañana” en Morir en Comala. p. 34.
Cfr. D. J. Weatherford, p. 526. Así se refiere el autor de este ensayo a Páramo y a Kane en su estudio comparativo. El
texto se ha adaptado al singular.
10
11
92
noches de amor con su marido ya difunto; por eso sobrevive. “Susana San Juan [es]
una especie de loca o visionaria, de esas inocentes portadoras de la desgracia cuya
estirpe se remonta a Helena y que atraviesa toda la historia de la literatura hasta llegar
a los personajes dementes y luminosos de Faulkner.”12
12
J. Volpi, “Me mataron los murmullos” en La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la crítica, p. 507.
93
5.2 Caddy y Dolores Preciado
En el capítulo anterior se pusieron de relieve los aspectos que permiten comparar a las
heroínas de Rulfo y Faulkner; Susana San Juan y Caddy, respectivamente. Empero, es
necesario equiparar a la segunda con el personaje rulfiano promotor de la historia:
Dolores Preciado.
El comportamiento de cada una suscita los principales sucesos y cambios en
cada novela; las intervenciones de Dolores Preciado, aunque pocas en el texto de
Rulfo, precisan el desarrollo de la sofocante historia de Pedro Páramo. Por ello, en el
presente capítulo se resaltarán las semejanzas y diferencias entre el personaje rulfiano
y el faulkneriano.
Dolores y Caddy propician el movimiento de cada una de las narraciones; la
primera al incitar a su hijo a ir a Comala para recuperar su legado; la segunda, al
desencadenar una serie de sucesos que acarrearán la autodestrucción de los Compson.
Además, estos personajes son instrumento sexual y económico de los hombres, y
ambos sufren las consecuencias del exilio.
Sin la presencia de Dolores Preciado no habría historia sobre Comala qué
contar, pues aunque el personaje femenino principal es Susana San Juan, Dolores –un
personaje secundario− es la que motiva el desarrollo de la historia; la novela se inicia
con la voz de Juan Preciado relatando las palabras de su madre en su lecho de muerte.
A través del peregrinaje de Juan por Comala se desenredará la maraña de sucesos
ocurridos en esa tierra baldía.
Alimentado por el rencor, la promesa hecha a su madre, pero sobre todo por la
ilusión nacida de los recuerdos de Doloritas sobre la tierra comalense, Juan Preciado
se lanza a indagar sobre su pasado, el de su madre y el que fuera el destino de
Comala. “Tan profunda es la fuerza de las palabras de Dolores, que Juan se dirige a
un lugar incierto buscando esa utopía, a tal grado que se sentirá decepcionado y
perdido cuando se topa con el infierno que en ese momento ya es Comala, pues piensa
que su madre se equivocó al darle las señas del padre y del pueblo.” 1 <<Hay allí,
pasando el puerto de Los Comilotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo
amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra,
iluminándola durante la noche.>> (Pedro Páramo, p. 66.)
Tan importante como Susana en la novela, pero menos perceptible en el texto,
Dolores propicia la historia al arrancarle a su hijo la promesa de ir en busca de su
padre, “un tal Pedro Páramo”, para cobrarle el olvido en el que los tuvo. De este
modo, una vez internado en el desértico ambiente de Comala, Juan Preciado descubre
su origen y hasta aspectos de la vida íntima de su madre gracias a la indiscreción de
Eduviges Dyada, quien aclara una de las primeras rarezas que percibe el fuereño al
llegar a la tierra de su madre: qué fue de Inocencio, la persona que lo guió hasta su
casa. “…Ese sujeto del que te estoy hablando trabajaba como <<amansador>> en la
Media Luna; decía llamarse Inocencio Osorio […] pero lo cierto es que él tenía otro
oficio: el de <<provocador>>. Era provocador de sueños. Eso es lo que era
verdaderamente. Y a tu madre la enredó como lo hacía con muchas. Entre otras,
conmigo.”2 (Pedro Páramo, p. 81.)
D. García, “Infierno y gloria, dos nombres en discordia” en Morir en Comala, p. 58.
Juan idealiza una figura femenina que se derrumba al interactuar con Eduviges. “La mujer desmorona todo un mundo
interior.” Véase A. Vital, “Juan por la boca muere” en Lenguaje y poder en Pedro Páramo.
1
2
95
Aparte de enterarse de asuntos irrelevantes −hasta ese momento− para él, y que
describen acontecimientos de la vida cotidiana del lugar, como la causa de la sordera
de Abundio, Juan Preciado se entera de todo lo que padeció su madre al lado del tal
Pedro Páramo. Es entonces cuando entiende el sentido de las palabras de su
agonizante madre; durante este viaje descubre el porqué de ese resentimiento tan
arraigado: “Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El
olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.” (Pedro Páramo, p. 64.)
Dolores, la única mujer legítima de Pedro Páramo, no se hace merecedora de
respeto ni consideración alguna por parte de él. Así, luego de casarse con Pedro
Páramo y anexar sus tierras a la Media Luna, es despojada de sus bienes y expulsada
de su propia tierra en la primera oportunidad que halla su marido.3
Cansada de la indiferencia y del maltrato de su esposo y con el propósito de
generar en él cierto temor de perderla o despertar algún interés por ella, Dolores
manifiesta una falsa nostalgia de irse a vivir con su hermana. Mas Páramo encuentra
en esta reflexión la oportunidad para deshacerse de ella de una vez por todas y le
cumple a Doloritas su deseo.
[…]
>>Entonces comenzó a suspirar.
>>¿Por qué suspira usted, Doloritas?
>>Yo los había acompañado esa tarde. Estábamos en mitad del
campo mirando pasar las parvadas de los tordos. Un zopilote solitario se
mecía en el cielo.
>>¿Por qué suspira usted, Doloritas?
En el capítulo “3. Personajes femeninos en Pedro Páramo” de esta tesis se menciona que Dolores Preciado es un
nombre descriptivo, pues sugiere el aprecio que sienten por ella quienes la conocieron. No obstante, también es un
nombre paradójico; su nombre es una contradicción entre el nombre y el personaje, pues aunque es preciada también
sufre por el dolor provocado por el cacique, su desdén y abandono. Alberto Vital, en Los nombres en la literatura,
Seminario de Teoría Literaria, afirma: “Dolores Preciado y Juan Preciado son despreciados por el cacique. De hecho,
Dolores Preciado es paradójico por el apellido y es una mujer que vive y muere por el abandono.”
3
96
>>Quisiera ser zopilote para volar adonde vive mi hermana.
>>No faltaba más Doloritas. Ahora mismo irá usted a ver a su
hermana. Regresemos. Que le preparen sus maletas. No faltaba más.
>>Y tu madre se fue:
>>Hasta luego, don Pedro.
>>¡Adiós!, Doloritas.
(Pedro Páramo, pp. 83, 84.)
Y aunque siempre fue de ojos humildes –según la Dyada– los ojos de la Lola,
como la llamaba Pedro, se endurecieron a causa del maltrato que le dio su esposo;
Dolores no sólo fue acreedora al desamor e indiferencia del cacique, sino también a
sus agravios:
>>Ella siempre odió a Pedro Páramo. ‘¡Doloritas! ¿Ya ordenó que me
preparen el desayuno? Y tu madre se levantaba antes del amanecer. Prendía
el nixtenco. […]
>>¿Cuántas veces oyó tu madre aquel llamado? ‘Doña Doloritas, esto está
frío. Esto no sirve.’ ¿Cuántas veces? Y aunque estaba acostumbrada a pasar
lo peor, sus ojos humildes se endurecieron.>>
(Pedro Páramo, p. 83.)
A pesar de que lo odiaba −según Eduviges−, Dolores nunca lo manifestó ni
expresó inconformidad alguna. La humildad reflejada en sus ojos la condenó a vivir
olvidada y defraudada desde el principio de su relación con el cacique; no sólo perdió
y se le arrebató la parte de la Media Luna que legalmente le correspondía, sino que
Pedro Páramo también la despojó del rancho de Enmedio al casarse con ella y liquidó
de este modo la deuda que tenía con las Preciado.
No hay de dónde sacar para pagar. Ése es el asunto.
¿Y por qué?
97
Porque la familia de usted lo absorbió todo. Pedían y pedían, sin devolver
nada. Eso se paga caro. Ya lo decía yo: <<A la larga acabarán con todo.>>
Bueno pues acabaron.
[…] Mañana comenzaremos arreglar nuestros asuntos. Empezaremos por las
Preciado. ¿Dices que a ellas les debemos más?
Sí. Y a las que les hemos pagado menos. El padre de usted siempre las
pospuso para lo último.
(Pedro Páramo, p. 102.)
Apoderarse del rancho de Enmedio fue quehacer fácil para Pedro, pues Dolores
aceptó gustosa casarse con el futuro cacique, hecho que tendrá grandes repercusiones
en el pueblo y en su vida; a partir de entonces Páramo empezará a enriquecerse ilícita
e ilimitadamente y a cualquier costa para incrementar el número de sus propiedades e
impondrá su ley absoluta en Comala. Así, luego de arreglar los términos de la boda
con Dolores, el cacique y el administrador de la Media Luna hablan sobre el asunto de
Aldrete, los límites territoriales y los lienzos. Durante esta conversación, Páramo
ordena, si es necesario, derrumbar los lienzos a pesar de que Aldrete ha hecho sus
mediciones del terreno correctamente.
—¿Y las leyes?
—¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley de ahora en adelante la
vamos a hacer nosotros. 4
(Pedro Páramo, pp. 102-106.)
“Dolores es uno de los signos clave de la degradación del paraíso comalense al
entregarse al cacique de modo lascivo y entonces [es] la antípoda de Susana San
“El aprovechamiento de las leyes colectivas como bien de uso personal afilia definitivamente a Pedro
Páramo en la categoría de los grandes caciques. […] En el pasaje citado se marca el destino de la región
como efecto de la estrategia de quien quiere ser el más poderoso.” Cfr. A. Vital. “El látigo del cacique” en
Lenguaje y poder en Pedro Páramo, p. 79.
4
98
Juan, por eso es que su historia sirv[e] para entender el modo en que Comala cae
indefectiblemente.”5
Fue muy fácil encampanarse a la Dolores. Si hasta le relumbraron los ojos
y se le descompuso la cara.
—Perdóneme que me ponga colorada, don Fulgor. No creí que don Pedro
se fijara en mí.
—No duerme pensando en usted.
[…]
La Dolores, en cambio, corrió a la cocina con un aguamanil para poner agua
caliente. <<Voy a hacer que esto baje más pronto. Que baje esta misma
noche. Pero de todas manera me durará mis tres días. No tendrá remedio.
¡Qué felicidad! ¡Oh, qué felicidad! Gracias, Dios mío, por darme a don
Pedro.>> Y añadió: <<Aunque después me aborrezca.>>
(Pedro Páramo, pp. 102-106.)
Dolores Preciado y Susana San Juan evocan el paraíso conformado por
Comala; sus palabras y recuerdos retratan la fecundidad del pueblo. Dolores, lo
mismo que Susana, es una figura mítica de la fertilidad; por medio de su voz es
posible recorrer el frondoso lugar. “…Llanuras verdes. Ver subir y bajar el horizonte
con el viento que mueve las espigas, el rizar de la tarde con una lluvia de triples
rizos. El color de la tierra, el olor de la alfalfa y del pan. Un pueblo que huele a miel
derramada…” (Pedro Páramo, p. 83.)
Al momento en que la fertilidad (representada por Dolores) cae en manos del
mal (representado por Pedro Páramo) no tiene otro destino que consumirse y
desaparecer. Por ello, Dolores, el olor del pan y de la miel desaparecen del suelo
comalense.
Caddy, como se ha mencionado a lo largo de esta tesis, es vida, fertilidad,
fecundidad, una Deméter o Ceres. Los recuerdos de Benjy sobre ella se dan
5
Op. cit. D. García. Id.
99
primordialmente en ese espacio boscoso que alguna vez fue la finca Compson
envuelta en los olores del campo, la cocina de Dilsey...
Al ser toda sensualidad, Caddy se entrega al supuesto amor que Dalton Ames
siente por ella. Engañada y preñada, debe casarse para reconstruir su vida y la de su
familia. Sin embargo, este intento acarrea una serie de sucesos trágicos lo que la
convierte en víctima de Jason, cuya concepción de la vida es una mera transacción
mercantil. “Jason’s ostentible code is purely practical, reducing every action to its
cash value.”6
De modo contrario a Caddy, Dolores siempre muestra ser una mujer
subordinada, aunque más orgullosa, pues jamás busca a Pedro Páramo, ni siquiera
para recuperar sus propiedades y su lugar en la Media Luna. No obstante, este
proceder condena a ella y a su hijo al olvido, tanto en la historia como en el texto; el
terrateniente jamás la recordará y sus intervenciones en las páginas de la novela son
pocas, aunque no menos importantes o determinantes que las de la heroína: Susana.
Al ser un personaje más activo que Dolores, Caddy tiene presencia en la finca
Compson no sólo porque en esa tierra vive su hija, sino porque desde pequeña, a
través de su vitalidad, valentía y sensualidad, dejó huella en aquellos caminos
húmedos de los juegos y los paseos de la infancia. Además, al ser indirectamente la
causante de la muerte de su hermano predilecto y del fracaso de Jason, ella sigue
alimentando el espíritu de Benjy, quien mediante su capacidad y memoria sensorial
accede mediante un presente duradero al cariño y olor de Caddy, a pesar de su
ausencia física.
Otras relaciones que se pueden establecer en los personajes femeninos de
ambas narraciones es que son utilizadas sexual y económicamente por los hombres, al
6
C. Brooks, “Man, Time and Eternity” en The Sound and the Fury, p. 293.
100
mismo tiempo que son relegadas. Doloritas es víctima sexual de Inocencio Osorio,
como lo sugiere Eduviges, y presa económica de Pedro Páramo. Por su parte, Caddy
sufre el desengaño del amor de Dalton Ames y las extorsiones de Jason.
Al ser maltratadas y utilizadas por los hombres, al final Caddy sufre porque le
arrebatan a su hija, volviéndose así más vulnerable que Dolores; por ello debe ponerse
a merced de Jason, pues Candance prodiga −primordialmente− amor maternal.
Dolores y Caddy son expulsadas de su propio universo. La primera sufre la
indiferencia en la vida de Pedro y los habitantes de Comala al irse con su hijo, sin
dejar a alguien como testimonio de su existencia; la segunda, empero, se mantiene
presente en cada uno de los Compson, pues los estragos resultado de su
comportamiento siguen surgiendo efecto en la finca; cada integrante de la familia
queda mórbidamente asido a su propia concepción del tiempo: Benjy en su perenne
presente de forma simultánea disfruta de Caddy y sufre su ausencia; Caroline
permanece lastimeramente atada a un pasado glorioso y revive constantemente el
agravio de tener un hijo retrasado mental, así como la vergüenza y deshonor
representados por Caddy; por su parte, Jason se halla encadenado a su propósito de
prepararse para el futuro sin lograr satisfacer sus deseos. Y aunque Caroline intentó
sacarla de sus vidas, Caddy siempre está en las conversaciones de su hija con su
abuela, en las riñas constantes entre la joven Quentin y Jason, y, por su puesto en el
cheque mensual emitido para la manutención de ella.
Aunque Caddy es un personaje con mayor presencia en la narración
faulkneriana que Dolores en la rulfiana, no significa que el personaje del mexicano
carezca de fuerza e importancia en la novela. De manera sencilla y contundente,
Dolores da pauta a la historia de Pedro Páramo; el impacto de sus contables
intervenciones es tan impetuoso que sin ella la historia de Comala hubiera quedado
101
inhumada en el suelo baldío comalense. “Los caracteres femeninos en cuanto a su
“activa pasividad”, a su segundo plano [como es el caso de Dolores], condicionan y
determinan el primer plano de la acción.”7
Del mismo modo que Susana exhuma la muerte al entregarle a su padre una
calavera en vez de abundancia en su descenso al interior de la tierra, Dolores
desentierra el pasado de esa tierra “llena de achaques”: “Tan profunda es la fuerza de
las palabras de Dolores, que Juan se dirige a un lugar incierto buscando esta utopía
[creada por su madre].”8
Cfr. E. Romano-Thuesen, “El personaje femenino: un sol para debelar en dos cuentos de Rulfo” en Literatura
Mexicana, p. 137.
8
Loc. cit. D. García. Id.
7
102
5.3 Damiana Cisneros y Dilsey
En la jerarquía de los personajes femeninos en ambas novelas, Damiana Cisneros y
Dilsey ocupan un lugar preponderante, pues representan la conciencia moral de cada
historia. La ferviente religiosidad, la maternidad adoptiva, la fidelidad que mantienen
hacia sus respectivos patrones, pero sobre todo ser testigos de la historia de los
Páramo y los Compson, las hace casi tan o más importantes que las heroínas, pues sin
ellas Pedro Páramo y The Sound and the Fury carecerían de una memoria y
conciencia colectiva de cada uno de los sórdidos mundos que describen Rulfo y
Faulkner; ellas “dan cuenta de la perdurabilidad de los hechos traumáticos a través de
las generaciones”1 de cada historia.
En la novela de Rulfo, el primer encuentro del lector con Damiana Cisneros se
da luego de que Eduviges Dyada le cuenta a Juan Preciado, recién llegado al pueblo,
sobre la muerte de su desconocido medio hermano Miguel Páramo y posteriormente
lo deja descansar en una de las habitaciones de su casa. La “hondura del silencio” de
aquel cuarto en que ahorcaron a Toribio Aldrete y un grito del mismo difunto “untado
en la pared” hacen que el nuevo huésped de Eduviges despierte.
Y así, como quien entra en escena abriendo la puerta de par en par, aparece la
fiel sirvienta de Pedro Páramo, Damiana Cisneros, a quien Juan confunde con
Eduviges, pues fue con la última persona que habló antes de dormir, mas una vez
aclarada su identidad, ella le ofrece posada en la Media Luna.
1
En el Diccionario de estudios culturales lationamericanos el término posmemoria se acuña para estudiar sucesos que
exploran la perdurabilidad de las experiencias traumáticas a través de las generaciones.
―No me llamo Eduviges. Soy Damiana. Supe que estabas aquí y vine a
verte. Quiero invitarte a dormir a mi casa. Allí tendrás donde descansar.
―¿Damiana Cisneros? ¿No es usted de las que vivieron en la Media
Luna?
―Allá vivo. Por eso he tardado en venir.
―Mi madre me habló de una tal Damiana que me había cuidado cuando
nací. ¿De modo que usted…?
―Sí, yo soy. Te conozco desde que abriste los ojos.
―Iré con usted. Aquí no me han dejado en paz los gritos. ¿No oyó lo que
estaba pasando? Como que estaban asesinando a alguien? ¿No acaba usted
de oír?
―Tal vez sea algún eco que está aquí encerrado. En este cuarto ahorcaron
a Toribio Aldrete hace mucho tiempo. Luego condenaron la puerta […] No
sé cómo has podido entrar, cuando no existe llave para abrir esta puerta.
―Fue doña Eduviges quien me abrió. Me dijo que era el único cuarto que
tenía disponible.
―¿Eduviges Dyada?
―Ella.
―Pobre Eduviges debe andar penando todavía.
(Pedro Páramo, pp. 98, 99.)
Esclarecida la situación de Eduviges, Juan y Damiana atraviesan el pueblo.
Excelente guía, Damiana acompaña a Juan Preciado describiéndole los ecos que
brotan del suelo y las paredes. Durante este recorrido se percibe la religiosidad que
rige o rigió la vida de Comala. Al unirse e involucrarse Damiana en el pesar ajeno,
Rulfo presenta a una mujer sensible y solidaria con el pueblo, a pesar de que ella
forma parte de ese otro mundo conformado por el cacicazgo de Pedro Páramo; pues al
vivir en la Media Luna, tiene una posición privilegiada; ella es parte de ese espacio
infinito y cerrado a la vez, que es la Media Luna, ese paraíso donde parece haber
esperanza y que “a uno se llena la vista con verlo.” Además, es una de las pocas
mujeres que no fue víctima de Páramo y pudo presenciar su ascenso y su caída.
Fiel devota, fanática religiosa o simplemente seguidora de las costumbres del
pueblo, Damiana se detiene a rezar un padrenuestro en un velorio que encuentra
104
cuando va en busca de Juan. En ese lugar se reencuentra con su hermana Sixtina, que
murió cuando Damiana apenas tenía doce años.
“>>―¡Damiana! ¡Ruega por mí, Damiana!
>>Soltó el rebozo y reconocí la cara de mi hermana Sixtina.
>>―¿Qué andas haciendo aquí? ―le pregunté.
>>Entonces ella corrió a esconderse entre las demás mujeres.”
(Pedro Páramo, p. 108.)
Su fervor religioso es más notable al descubrir a Abundio aproximarse a la
Media Luna pidiendo ayuda para enterrar a su recién fallecida Cuca. “Damiana
Cisneros rezaba: <<De las asechanzas del enemigo malo, líbranos, Señor.>> Y le
apuntaba con las manos haciendo la señal de la cruz.” (Pedro Páramo, p. 191.)
No sólo Damiana en su papel de plañidera, ni aquellas mujeres que rezan y
lloran durante el velorio de Miguelito Páramo por convicción, tradición o sólo por
quedar bien con el patriarca Pedro Páramo se refugian en Dios para aliviar sus penas y
rencores, o para encontrar en el Todopoderoso una esperanza. El cruel cacique, aquel
“rencor vivo”, como lo llama Abundio, y la “pura maldad” como lo describe
Bartolomé San Juan, también se siente obligado a pedir redención o pagar por ella ‒si
es necesario‒ en favor de su difunto hijo Miguel.
Pedro Páramo se acercó, arrodillándose a su lado:
―Yo sé que usted lo odiaba, padre. Y con razón. El asesinato de su
hermano, que según rumores fue cometido por mi hijo; el caso de su sobrina
Ana, violada por él según el juicio de usted; las ofensas y la falta de respeto
que le tuvo en ocasiones, son motivos que cualquiera puede admitir. Pero
olvídese ahora, padre. Considérelo y perdónelo como quizá Dios ya lo haya
perdonado.
105
Puso sobre el reclinatorio un puño de monedas de oro y se levantó:
―Reciba eso como una limosna para su iglesia.
(Pedro Páramo, p. 91.)
La religiosidad desesperada de los comalenses sugiere la necesidad y
desesperación de sentirse orientados y protegidos, de estar regidos por alguna ley
distinta a la del cacique, quien ha gobernado y manejado todo el pueblo según su
propio juicio, necesidades y antojos. Sin embargo, el padre Rentería no da esperanza
ni perdona.
Además de religiosa, Damiana posee una gran firmeza y vigor. Por ello no
sucumbe ante el apetito sexual de su patrón. Ella y Susana son las únicas mujeres que
Pedro Páramo no puede poseer a pesar de que a las dos las tuvo bajo su propio techo y
dominio.
―¡Ábreme la puerta, Damiana!
Le brincaba el corazón como si fuera un sapo brincándole entre las
costillas.
―¿Pero para qué patrón?
―¡Ábreme, Damiana!
―Pero si ya estoy dormida, patrón.
Después sintió que don Pedro se iba por los largos corredores, dando
aquellos zapatazos que sabía dar cuando estaba corajudo.
(Pedro Páramo, p. 176.)
Si bien es cierto que Damiana se arrepiente de no haber aceptado a don Pedro
en su cama, gracias a este rechazo ella se gana el respeto y la confianza del
terrateniente; por “haberse dado a respetar” no se suma a su listado de víctimas y por
esto, luego de que él echa de su casa a Dolores, su legítima esposa, Damiana se
106
convierte en la caporala de la Media Luna, en la madre adoptiva de aquel niño que
retorciéndose como víbora le presentan a Páramo y “sólo Dios sabe por qué” lo
reconoce como suyo: Miguelito Páramo.
―¡Damiana! Encárgate de esa cosa. Es mi hijo.
(Pedro Páramo, p. 139.)
Aparte de cuidar los intereses del dueño de la Media Luna, Damiana sacrifica
su vida para salvarlo. Cuando el cacique decide de manera antojadiza y desafiante
cruzarse de brazos para que Comala se “muera de hambre” tras la muerte de Susana,
Abundio Martínez se aproxima a él para pedirle una ayudita y enterrar a su difunta
esposa. Así, ante el peligro representado por el recién viudo, Damiana intenta
inútilmente alejarlo de su patrón mediante gritos y rezos. Enloquecida de miedo y
desesperada, pide auxilio para Páramo, y mientras la ayuda llega, aquella mujer que lo
rechazara años atrás, lo libra de ser asesinado.
<<De las asechanzas del enemigo malo, líbranos señor.>> Y le
apuntaba con las manos haciendo la señal de la cruz.
Abundio Martínez vio a la mujer de los ojos azorados, poniéndole aquella
cruz enfrente y se estremeció. Pensó que tal vez el demonio lo había seguido
hasta allí, y se dio vuelta esperando encontrarse con alguna mala figuración.
―Vengo por una ayudita para enterrar a mi muerta.
El sol le llegaba por la espalda. Ese sol recién salido, casi frío,
desfigurado por el polvo de la tierra.
La cara de Pedro Páramo se escondió debajo de las cobijas como si se
escondiera de la luz, mientras que los gritos de Damiana se oían salir más
repetidos, atravesando los campos:
>>¡Están matando a don Pedro!>>
[…]
―¡Ayúdenme! ―dijo―. Denme algo.
Pero ni siquiera él se oyó. Los gritos de aquella mujer lo dejaban sordo.
107
Por el camino de Comala se movieron unos puntitos negros. De pronto
los puntitos se convirtieron en hombres y luego estuvieron aquí, cerca de él.
Damiana Cisneros dejó de gritar. Deshizo su cruz. Ahora se había caído y
abría la boca como si bostezara.
Los hombres que habían venido la levantaron del suelo y la llevaron al
interior de la casa.
―¿No le ha pasado nada a usted, patrón? ―preguntaron.
Apareció la cara de Pedro Páramo que sólo movió la cabeza.
(Pedro Páramo, pp. 192, 193.)
El fervor religioso también se percibe en The Sound and the Fury. La
vehemente devoción de Damiana y las demás mujeres evocan el entusiasmo con que
Dilsey y la congregación entera escuchan el conmovedor sermón que aquel líder
religioso con cara de mono dirige a sus feligreses ese domingo de pascua del 8 de
abril de 1928.
“O blind sinner! Breddren, I tells you; sistuhn, I says to you, when the Lawd
did turn His mighty face, say Aint gwine overload heaven! I can see de
widowed God shet His do; I sees de whelmin flood roll between; I see de
darkness en de death everlasting upon de generations. Den, lo! Breddren!
Yes, breddren! Whut I see! Whut I see, O sinner? I sees de resurrection en de
light, sees de meek Jesus saying Dey kilt me dat ye shall live again […]”
(The Sound and the Fury, p. 296.)
Aunque las manifestaciones religiosas se dan en situaciones específicas en cada
una de las narraciones, ambas reflejan un profundo sentimiento. Damiana expresa su
vehemente religiosidad al enfrentarse a la amenaza representada por Abundio y la
urgente necesidad de librarse de él. La experiencia religiosa de Dilsey durante el
sermón de resurrección es esperanzadora y de total entrega; una vivencia mística
colectiva, una oración pura en la que ningún don o beneficio específico se implora.
108
“And the congregation seemed to watch with its own eyes while the voice
consumed him [the preacher], until he was nothing and they were nothing and there
was not even a voice but instead their hearts were speaking to one another in chanting
measures beyond the need for words.” (The Sound and the Fury, p. 294.)
En la novela de Faulkner, la religiosidad aparece primordialmente como un
signo renovador, de esperanza y vida, aunque Caroline Compson la profesa sin
coherencia, pues en lugar de redimir a sus hijos por sus acciones, los juzga y condena.
Con sus interminables lamentos y enfermedades aparentemente intenta purgar no sólo
sus pecados sino también los de ellos, pues se ha adjudicado el papel de redentora.
Caroline es una representación invertida del mito de Cristo salvador, pues en
vez de amar incondicionalmente a sus hijos, ser incluyente, aceptar su situación y
apoyarlos los señala y juzga severamente, hasta excluirlos y convertirlos en los otros:
los Compson. “They always looked on you and me as outsiders, like they did your
Uncle Maury. […] ”
(The Sound and the Fury, p. 261.)
“Jason was the only one my heart went
out without dread […] since she opened her eyes [Caddy] has she given me one
unselfish thought at times I look at her I wonder if she can be my child except Jason
he has never given me one moment’s sorrow since I first held him in my arms I knew
then that he was to be my joy and my salvation […]” (The Sound and the Fury, pp. 102-103.)
En la caso de Dilsey, su genuina religiosidad impide el desastre familiar.
Dilsey, como contraparte de Miss Cahline y al igual que otros personajes
faulknerianos, no es víctima de un contexto religioso permeado por ciertas
convenciones sociales que les impiden reaccionar libremente a la fuerza omnipotente
de Dios. Dilsey, como “primitive character” “[is] open to experience, [is] spontaneous
and natural. Because man is part of the natural world, his natural or unconditioned
109
responses are in harmony with nature.”2 Por esta razón, no intenta entender lo que no
es entendible ‒como la vida y la muerte‒, explicar lo inexplicable ni indagar sobre el
porqué de lo sucedido a su alrededor; la negra sirvienta simplemente acepta sin
cuestionar, por ello no hay choque entre la realidad y ella; no existe confrontación o
incongruencia entre lo que es y lo que ella quisiese descubrir o confirmar; es decir,
permanece entera, intacta, y todo esto la fortalece y asegura su permanencia. Por ello,
in The Sound and the Fury, in which despair is the dominant mood, only the Negro
Dilsey provides a measure of hope.”3
De este modo, Dilsey es una representación femenina de Jesús capaz de
sacrificarse, dar su vida a sus hijos y a los de los Compson, a quienes ha criado como
suyos hasta convertirse en su madre adoptiva, de manera particular de Benjy. Al
imitar con hechos la figura del redentor, además de mostrar congruencia y elocuencia
con sus pensamientos y conducta desarrolla un gran sentido de justicia, por ello
enfrenta al malvado Jason para defender a la inestable Quentin y proteger a Benjy.
“Below the layers of social encrustation, there is in every human being the
natural man, just as in every man there are those potentials for love and self-sacrifice
that are embodied in the Christ myth. In his primitive characters, Faulkner dramatizes
this buried natural man. In such people, the innate human virtues –honor and pride
and pity and justice and courage– can operate freely.”4
A diferencia de Damiana, Dilsey no demuestra su fidelidad al morir por sus
patrones; ella más bien vive para ellos; les entrega su trabajo, tiempo y amor. Sin
E. Volpe, “Character types and themes” en A Reader’s Guide to William Faulkner, p. 26.
Ibid., p. 27.
4
Ibid., p. 28.
2
3
110
amedrentarse a causa de las adversidades que deben enfrentar los Compson ella les
acompaña y sirve en todo momento. Al admitir de modo valiente y digno lo ocurrido
en la finca, se llena de calma y tranquilidad, hecho que le permite soportar el
estridente ambiente de la mansión. Por ello lo mismo puede reprender a Jason por
maltratar a la niña Quentin y a Benjy, que festejarle al menor de los Compson su
cumpleaños número 33.
Dilsey no sólo vive las experiencias que debe enfrentar el matrimonio de Jason
Lycurgus Compson y Caroline Bascomb. Ella da testimonio de la vida de las tres
últimas generaciones de los Compson: Jason y Caroline, los hijos de ellos y la única
descendiente de los tres hermanos: la joven Quentin.
De manera semejante Damiana da fe de todo lo que ocurre en Comala, de las
muertes del pueblo, de la gente que lo ha abandonado, pero sobre todo de las penas,
alegrías e ilusiones del cacique. “La gran paradoja de la novela es que la última
sobreviviente de toda esta tragedia rulfiana será Damiana Cisneros, que nunca pasó
por los brazos del cacique y queda como conciencia y testigo moral del ascenso,
descenso y destrucción de Pedro Páramo.”5
Además de ser testigo de la caída del imperio comalense, la respetable sirvienta
demuestra una fidelidad post mortem y desde allá, desde el mismo infierno regresa
para llevarse a su patrón y recuperarlo. Y así, sin desapegarse de la vida cotidiana de
la Media Luna viene por aquel hombre que se quedó esperando desnuda en su cama
“para que no tuviera dificultades” y entonces quedar unida a él en la eternidad.
―Soy yo, don Pedro ―dijo Damiana―. ¿No quiere que le traiga su
almuerzo?
Pedro Páramo respondió:
5
H. Lara Zavala, “Las ánimas de Rulfo” en Casa del tiempo, p. 58.
111
―Voy para allá. Ya voy.
Se apoyó en los brazos de Damiana Cisneros e hizo intento de
caminar. Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero
sin decir una sola palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue
desmoronando como si fuera un montón de piedras.6
(Pedro Páramo, pp. 194, 195.)
Tanto la resistencia como el vigor de Damiana y Dilsey las convierte en fieles
servidoras; sólo a través de estas virtudes podrán tolerar y enfrentar la caótica y
dolorosa vida de sus patrones y así ser testigos fidedignos de su final.
Por ello a Damiana también se le puede atribuir la descripción que Faulkner
hace de Dilsey en el Apéndice de su novela.
DILSEY. They
endured.
6
Ya se mencionó que Pedro Páramo es un nombre descriptivo, pues convierte ese pequeño Edén por él edificado en un
páramo, un lugar desértico; además, su nombre de pila sugiere su esencia: piedras, por ello se desmorona como nos dice
el texto. Por otro lado, el desamor hace que Pedro Páramo destruya su universo, por lo que este nombre también entra en
la clasificación de los nombres complejos, según la onomástica en la literatura. Así lo apunta Albert Vital en su
investigación Los nombres en la literatura, Seminario de Teoría Literaria: “Los nombres caracterizadores no son
exclusivos de los tipos. Un nombre caracterizador distingue a un tipo de manera diferente de cómo distingue a un
personaje redondo. El tipo se reduce a una característica o propiedad o rasgo, y el nombre caracterizador capta esa
característica y abarca a todo el personaje. No así es caracterizador al personaje, que es un complejo. Por ejemplo, Lucas
Lucatero tiende a ser un tipo, pues siempre se porta igual, mientras que Pedro Páramo es complejo y su nombre no nos
dice nada sobre su capacidad amorosa, que es altísima, sólo que procede de manera equivocada.”
112
5.4 Susana San Juan y Caroline Compson
En este capítulo se establecerán los puntos de contacto entre Susana San Juan y
Caroline Compson, haciendo énfasis en los desórdenes mentales de cada una: la
locura y la hipocondría; se expondrá qué efectos tienen estos padecimientos mentales
en ellas y en la historia narrada en cada una de las novelas. También se establecerán
analogías a través de temas como la muerte, la religiosidad.
La locura es provocada por una experiencia o sensación muy intensa, que
alumbra ciertas cosas que estaban oscuras y opaca otras que en algún
momento fueron luminosas. Este cambio de iluminación puede o no ser
aparente para el interesado, pero es indudablemente obvio para quien
observa desde el exterior. […]1
Susana San Juan, la heroína de Pedro Páramo, es tan importante como el
terrateniente, pues luego de ser la inspiración y motivación del cacique para hacer de
Comala un edén, ella es la portadora de la desgracia de esta tierra. Su partida y
regreso a este pueblo edificado sobre el uso de la fuerza resultan ser funestos, de ahí
que su presencia en este pequeño universo resulte trágica. Ella da vida y muerte a este
lugar plagado de historias de abusos y catástrofes. Su locura, resultado de acciones
igualmente atroces –el descenso a la tumba y el asesinato de su amadísimo
Florencio– provocan su separación de ese presente doloroso que termina por fulminar
al cacique y por consiguiente al pueblo entero.
En este mismo sentido, Caroline Compson provoca de manera indirecta el
ambiente fatalista y de degeneración en la finca. Al usar el velo de la demencia fuerza
a sus hijos a desempeñar papeles que no les corresponden dentro de la familia;
durante su infancia, Caddy se convierte en madre de sus hermanos y particularmente
de Benjy, Quentin adopta –como consecuencia de las pláticas de su madre sobre un
1
M. Mansour, “El discurso de la memoria” en La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la crítica, pp. 296-297.
pasado lejano y glorioso– una postura de “honor” decimonónica que lo llena de
prejuicios y lo mantiene en cautiverio; por su parte, Jason se convierte en un líder
familiar rapaz y frustrado, así como en la imagen devaluada del nuevo mercantilismo
en el Sur. Todo este desorden lleva a la familia a una ineluctable caída de la que
jamás se podrá recuperar.
A lo largo de la novela rulfiana se percibe una transformación paulatina en la
personalidad de Susana. Mediante las memorias de Pedro Páramo es posible conocer
a esa niña inocente y alegre que disfrutaba de los juegos en el campo y en el río con
el niño Pedro. Después sabemos que el corazón de Susana está ocupado por Florencio
y que odia ese pueblo en el que su antiguo amigo se ha convertido en cacique. Su
terrible encuentro con la muerte de Florencio y la muerte de su madre opacan esos
días soleados y frescos de Comala. Ya en la juventud, Susana se convierte en una
mujer entregada a la sensualidad hasta convertirse en la esposa de Florencio.
Bartolomé San Juan, su padre, le arrebata a Susana la inocencia al obligarla a
profanar aquella tumba para enriquecerse. “El hurto de Bartolomé tiene graves
efectos morales porque es la causa de la locura de Susana, y esta locura es a su vez el
motivo de la muerte de Comala.”2 También contribuyen a su desorden mental las
diversas pérdidas emocionales en su vida: su madre, Florencio, y el exilio con su
padre, quien cesa de cumplir con su hija al dejar de protegerla para saciar su
ambición y exigirle descender al mundo de los muertos, además de que se olvida de
los lazos familiares que los unen y mantiene con ella una relación incestuosa, misma
que sólo aparece implícita en el texto, pues sólo se dice que la trata “como si fuera su
esposa.”
Luego de todos estos sucesos nos encontramos con Susana, la loca del pueblo.
Con su locura queda prendida del pasado con su esposo, de aquel pasado
complaciente que la hace sentir viva, desde donde Pedro la desea intensamente pero
jamás llegará a tenerla, a pesar de que la tiene prisionera en su casa. En esta época de
2
A. Vital, “Susana en el columpio” en Lenguaje y poder en Pedro Páramo, p. 117.
114
su vida, en apariencia ya no hay impedimento para amarla libremente, pues al ordenar
el asesinato de Bartolomé el cacique se obliga a amparar a esta huérfana.
“Susana –imagen etérea que lleva siempre en el recuerdo como resabio de la
inocencia perdida, un anhelo imposible de felicidad– es una muchacha extraña, una
especie de Ofelia, frágil, sensual, siempre al borde la locura”3 y totalmente ajena al
mundo.
Es importante destacar el reconocimiento de Susana de su situación demencial
y los abusos de su padre, por ello le paga con malos tratos e insolencia el mal uso de
autoridad que en la niñez tuvo sobre ella al obligarla explorar a tientas aquella tumba
para saquearla.
>>Así que te quiere a ti, Susana. Dice que jugabas con él cuando eran niños.
Que ya te conoce. Que llegaron a bañarse juntos en el río cuando eran niños.
Yo no lo supe; de haberlo sabido te habría matado a cintarazos.
No lo dudo.
¿Fuiste tú la que dijiste: no lo dudo?
Yo lo dije.
¿De manera que estás dispuesta a acostarte con él?
Sí, Bartolomé.
¿No sabes que es casado y que ha tenido una infinidad de mujeres?
Sí, Bartolomé.
No me digas Bartolomé. ¡Soy tu padre!
[...]
¿Y yo quién soy?
Tú eres mi hija. Mía. Hija de Bartolomé San Juan.
[...]
No es cierto. No es cierto.
Este mundo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños
de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndonos en pedazos como si rociara la
tierra con nuestra sangre. ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué se nos ha podrido el
alma? Tu madre decía que cuando menos nos queda la caridad de Dios. Y tú
la niegas, Susana. ¿Por qué me niegas a mí como tu padre? ¿Estás loca?
¿No lo sabías?
¿Estás loca?
Claro que sí, Bartolomé. ¿No lo sabías?
(Pedro Páramo, pp. 153, 154.)
3
L. Harss, “Juan Rulfo o la pena sin nombre” en La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la crítica, p. 82.
115
Otra muestra de su desatino es que al morir su madre Susana sufre, pero se
abstiene de manifestar dolor, pues ese día es tan resplandeciente como para
ensombrecerlo con la partida de ella; después, contradictoriamente, toma el lugar de
ella en la cama o ataúd aunque no es posible afirmar si es cuando aún vive, pues las
palabras de Susana confunden, al principio se refiere a la cama y luego a un cajón,
además de que en la novela rulfiana ese hilo que separa la vida de la muerte y el
sueño de la realidad es tan difuso, que dichos planos son casi imperceptibles.
Estoy acostada en la misma cama donde murió mi madre hace ya muchos
años; sobre el mismo colchón; bajo la misma cobija de lana negra con la
cual nos envolvíamos las dos para dormir. […]
Creo sentir todavía el golpe pausado de su respiración; las palpitaciones y
suspiros con que ella arrullaba mi sueño… Creo sentir la pena de su
muerte…
Pero esto es falso.
Estoy aquí boca arriba, pensado en aquel tiempo para olvidar mi soledad.
Porque no estoy acostada sólo por un rato. Y ni en la cama de mi madre,
sino dentro de un cajón negro como el que se usa para enterrar a los
muertos. Porque estoy muerta.
(Pedro Páramo, p. 144.)
Por otro lado, además de reclamarle a Dios la muerte de su esposo, no llora por
su ausencia sino por la desaparición de las noches de pasión compartidas con él;
Susana queda muerta en vida y “su propia muerte se convierte en un [continuo] acto
sexual con él.”4
Pedro Páramo abrió la puerta y se estuvo junto a ella, dejando que un rayo
de luz cayera sobre Susana San Juan. Vio sus ojos apretados como cuando
se siente un dolor interno; la boca humedecida, entreabierta, y las sábanas
siendo recorridas por las manos inconscientes hasta mostrar la desnudez de
su cuerpo que comenzó a retorcerse en convulsiones.
(Pedro Páramo, p. 180.)
4
Op. cit., M. Mansour, p. 298.
116
La locura, al igual que “el sueño [,] es un conductor hacia la muerte, no hacia la
muerte física, sino al breve contacto en el que el ser humano tiene en su etapa de
inconsciencia para ver lo que hay más allá de lo que de manera común se denomina
como realidad”5; su falta de juicio le permite a Susana aislarse de la realidad, de su
universo plagado de un clima incestuoso y promiscuo, lleno de abusos, atrocidades,
crueldades, asesinatos, dolor y desamparo, de ese universo asfixiante que segundo
tras segundo le va arrebatando la vida. Por ello prefiere refugiarse en el Comala
edénico y dejarse regir por la memoria de sus sentidos y su sensualidad. Su mundo
ahora se erigirá sobre recuerdos y sensaciones más que sobre la vida cotidiana; por
eso eternamente se entregará6 a una muerte en vida donde lo único reparador y
liberador de todo sufrimiento es la autocomplacencia, accesible sólo a través de la
locura. “En efecto, en el marco de su locura, Susana recuerda a Florencio tal y como
ella lo amó, no queda en su pensamiento el amante que muere violentamente, sino el
ser que trasciende a la muerte y que regresa para hacer que goce nuevamente el amor
con el simple recurso del sueño.”7
Al igual que Benjy Compson, Susana se guía por sensaciones sin discriminar
las situaciones en que surgen, por ello revive sus noches de pasión con Florencio sin
pudor alguno, sin importar si alguien la observa o no; su desorden mental la mayoría
de la veces es un erotismo inconsciente, aunque otras veces, de manera similar que
Benjy, ella se instala en un eterno pasado, un pasado que revive para convertirlo en
presente.
Pienso cuando maduraban los limones. En el viento de febrero que rompía
los tallos de los helechos […]
El viento bajaba de las montañas en las mañanas de febrero. Y las nubes
se quedaban allá arriba en espera de que el tiempo bueno las hiciera bajar al
valle […]
D. García, “Mal de locura, sólo la muerte lo cura” en Morir en Comala. p. 40.
Susana decide aislarse del mundo para revivir libremente los encuentros amorosos con Florencio; la locura es un
instrumento mediante el que explica su comportamiento.
7
Ibid. p. 34.
5
6
117
Y los gorriones reían; picoteaban las hojas que el aire hacía caer, y reían;
dejaban sus plumas entre las espinas de las ramas y perseguían a las
mariposas y reían. Era esa época.
(Pedro Páramo, p. 145.)
Susana siente una nostalgia por aquel pasado glorioso, por ese espacio
paradisíaco que algún día envolvió a Comala y, para recuperarlo, lo mantiene
vívidamente en su memoria. “La locura suele ser un tipo especial de memoria, que no
establece jerarquías entre hechos ‘objetivos’ y las sensaciones que éstos provocan,
que son igualmente objetivas.”8
Sin embargo, no sólo Susana se aventura hacia aquel pasado armónico; Pedro,
Dolores y Juan Preciado también lo hacen. Pedro revive los momentos felices y
coloridos en que jugaba con aquella niña de ojos aguamarina; Juan y Dolores se
lamentan y sienten nostalgia por ese otro tiempo, buscando recuperarlo a través de la
memoria. Al igual que Quentin Compson, Juan Preciado revive un pasado glorioso
del cual sabe sólo mediante las pláticas con su madre.
Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre, de su
nostalgia, entre retazos y suspiros. Siempre vivió ella suspirando por
Comala, por el retorno, pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar.
Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para
ver: <<Hay allí, pasando el puerto de Los Comilotes, la vista muy hermosa
de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se
ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche.>>
(Pedro Páramo, p. 66.)
Por otro lado, “los locos parecen tener una visión más lúcida de las entretelas
de la realidad. Suelen ser considerados ‘malos’ por la sociedad, por diferentes, pero
en muchos casos, son los menos pecadores, los mejor intencionados.”9 Dentro esta
clasificación encontramos una vez más a Susana y Benjy. Por ello, el padre Rentería
cree que tal vez ella no tenga ningún pecado, nada de qué arrepentirse, nada de qué
8
9
Loc. cit.
Op. cit. M. Mansour, p. 298.
118
perdonarla. Y hasta las mujeres de pueblo que esperan los festejos de la Natividad y
temen que doña Susanita muera sin confesión la consideran libre de culpa. “–Ni lo
piense, Ángeles. Ni lo quiera Dios. Después de todo lo que ha sufrido en este mundo,
nadie desearía que se fuera sin los auxilios espirituales, y que siguiera penando en la
otra vida. Aunque dicen los zahorinos que a los locos no les vale la confesión, y aun
cuando tengan el alma impura son inocentes.” (Pedro Páramo, p. 182.)
Por su parte, la demencia o transtorno mental de Benjy representa, en primer
lugar, una maldición y un castigo para su propia madre y Jason; en segundo, se
considera un peligro para las colegialas que pasean del otro lado de la valla y a
quienes él intenta seguir sin mala fe. Sin embargo, lo castran sin entender su único
deseo: estar cerca de Caddy, aquella Caddy con mochila que evocan las niñas en edad
escolar que él ve al otro lado del campo.
Benjy, además, tiene una visión más lúcida de la vida, pues es el único que
descubre, a través de sus sentidos, que Caddy ya no es la misma, ha perdido su pureza
porque ahora ya no huele como los árboles, sino que usa perfume. Para él “sin and
perfume are equally resented as intrusions of change”.10
Susana no es la única loca en la novela de Rulfo. Dorotea también está
trastornada, pues cree haber tenido un hijo que siempre carga en su rebozo y hasta va
al cielo a buscarlo, pero lo único que encuentra es que la ilusión de haberlo tenido es
sólo eso, una ilusión. Al igual que Susana, Dorotea considera sus ensoñaciones
reales. Así le cuenta a Juan su historia cuando le pregunta qué lo trajo a Comala.
—¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido.
Pagué con eso la deuda de encontrar a mi hijo, que no fue, por decirlo así,
sino una ilusión más porque nunca tuve un hijo. […] Y todo fue por la culpa
de un maldito sueño. He tenido dos: a uno de ellos le llamo el <<bendito>>
y a otro el <<maldito>>. El primero fue el que me hizo saber que había
tenido un hijo. […]
(Pedro Páramo, p. 129.)
O. W. Vickery, “The Sound and the Fury: A Study in perspective” en The Sound and the Fury. A Norton Critical
Edition. p. 283.
10
119
En el caso de Caroline Compson, sabemos poco de su vida antes de su locura.
Desde su primera aparición en la novela aparece enferma, quejándose de las
circunstancias familiares.
“What is it now.” Mother said.
“He want to go outdoors.” Versh said.
“Let him go.” Uncle Maury said.
“It’s too cold.” Mother said. “He’d better stay in. Benjamin. Stop
that, now.”
[…]
“Let him go, Caroline.” Uncle Maury said. “You’ll worry yourself
sick over him.”
“I know it.” Mother said. “It’s a judgement on me. I sometimes
wonder.”
(The Sound and the Fury, p. 5.)
Su hipocondría, padecimiento mental que surge al momento en que se descubre
el retraso mental de Maury, el más pequeño de sus hijos, es el origen de la tragedia
familiar. El comienzo de este desorden está delimitado por el momento en que Maury
es despojado de su nombre por no ser digno de él, pues no merece llevar el nombre
de su tío materno, pues la sangre de los Bascomb es pura, por ello deciden llamarlo
Benjy. “Mrs. Compson, by removing her brother’s name from her son (when his
retardation is apparent) blackens her child, making him a slave to her willful
preoccupation with the purity of the Bascomb blood.”11
El rechazo de Caroline hacia Benjy, encubierto por sus múltiples enfermedades,
hace que Caddy tome su lugar no sólo para proteger a Benjy sino para convertirse en
la parte central de la vida de sus hermanos. Ella dirige los juegos y las caminatas por
los alrededores de la finca y, junto con Dilsey, provee de todo ese amor maternal que
su madre les negó.
En repetidas ocasiones es posible escuchar los lamentos de Caroline por la
desaparición de un tiempo glorioso y lejano; el motivo de sus quejas y reclamos a sí
“This cancelling of the name is what Historians refer as impositions of “natal death”; during slavery a master might
manifest his will by cancelling a slave’s name, thereby consigning the slave to thing status by severing his or her
genealogical ties at a stroke o a pen.” Cfr., N. Polk, “Quentin Compson: Tyrrhenian Vase of Crucible of Race?” en New
Essays on The Sound and the Fury, p. 103.
11
120
misma es haber permitido que su esposo se sintiera superior a ella; sus gemidos
surgen del comportamiento de sus hijos. Su desorden mental, su locura, le brinda la
posibilidad de desentenderse de su familia y evadir la realidad, la desgracia, el hecho
de haber dado a luz a un retrasado mental y el que su pequeña se haya convertido en
“a fallen woman”.
Por otro lado, su enfermedad mental también le permite mantener vivo,
mediante recuerdos, aquel pasado familiar próspero. De este modo, al igual que
Benjy, sólo en el pasado ella encuentra sosiego y felicidad, sólo que él los recupera a
través de su extraordinaria memoria sensorial.
Sin embargo la hipocondría, esta especie de locura o desorden mental, también
mantiene a Miss Cahline atada al dolor; sus perpetuas quejas así lo reflejan. De igual
modo, Benjy sufre eternamente, sobre todo debido a la sensación de pérdida y
separación de Caddy. El aroma del perfume, la pantufla, el fuego de la chimenea, las
niñas con mochila avivan su sufrimiento, además de que se inquieta al escuchar el
nombre de su hermana cuando los jugadores del campo de golf junto a lo que queda
de la mansión gritan caddie12. “Benjy must never grow up to where the grief of
bereavement could be leavened with the understanding and hence the alleviation of
rage as in the case of Jason, and of oblivion as in the case of Quentin.”13
Otro síntoma de la locura en Mrs Compson es su incongruencia y su doble
discurso, los cuales la convierten –aunque no abiertamente− en un ser tan mezquino
como Jason; por un lado añora una familia unida y armoniosa mas desde la niñez de
sus hijos se encarga de hacer distinciones entre los Bascomb y los Compson14,
12
En este contexto de los campos de golf, el nombre de Caddy resulta ser, en la onomástica de la literatura, un nombre
onomatopéyico; al escuchar que los jugadores de este deporte le llaman a sus ayudantes, Benjy espera ver a su hermana
y este sonido le causa tanto alegría como angustia.
13
W. Faulkner, “An introduction for The Sound and the Fury” en The Sound and the Fury, A Norton Critical edition, p.
230.
14
La diferenciación que Caroline hace entre unos y otros integrantes de la familia se refuerza con el uso de apellidos
que usa Faulkner: Bascomb y Compson. El autor desliza uno o varios fonemas o morfemas o lexemas o semas en
común para construir una constelación de personajes unidos por el mismo nombre. En su investigación “Los nombres
en la literatura” Alberto Vital explica que un personaje jamás existe sólo en una narración, se relaciona con los demás
elementos del mundo narrado, incluyendo a los personajes. Toma un sitio entre el personal de la narración, y éste está
determinado por la presencia de ese personaje [¿cuánto está presente y bajo qué condiciones?] Tal diferenciación y tal
agrupamiento son el resultado de una acentuación y de una constelación: una diferenciación de personajes importantes y
121
estableciendo comparaciones que la llevan a la ruptura familiar; por otro, es incapaz
de darse cuenta de que sus hijos son reflejo de sí misma; sus disturbios mentales,
obsesiones y frustraciones. Quentin se refugia en el pasado y vive agobiado a causa
de un concepto de honor familiar en vigor antes de la guerra civil, Jason sólo se
interesa en lo material y Benjy padece una enfermedad mental. “Caroline Compson is
not so much an actively wicked and evil person as a cold weight of negativity which
paralizes the normal relationships. She is certainly at the root of Quentin’s lack of
confidence in himself and his inverted pride.”15
Así al no poder resistir el periodo decadente familiar, Caroline elude la realidad
al darse por muerta en vida y vive un luto perenne, recorriendo los rincones de la
mansión como un ser fantasmal. Sufre incesantemente y viste de luto. Al igual que
Susana, se deja “hundir en la sepultura de sus sábanas”
(Pedro Páramo, p. 181.).
La
catástrofe familiar, la muerte civil que ella le da a su hija y el suicidio de Quentin la
hacen renegar de Dios, de modo que su irreverencia religiosa la acerca a la heroína
rulfiana, pues ambas sufren y viven la muerte; el personaje de Rulfo sufre al saber de
de los decesos de su madre y Florencio; por ello queda por momentos muerta en vida,
una muerta muy sensual y apasionada. Por eso Justina dice de ella cuando Pedro le
pregunta si se queja: “—No señor no se queja de nada; pero dicen que los muertos ya
no se quejan. La señora está perdida para todos. Y luego de tomar la hostia:
<<Hemos pasado un rato muy feliz, Florencio.>> Y se volvió a hundir en la sepultura
de sus sábanas.”16 (Pedro Páramo, pp. 180-181).
En ambas narraciones la locura o los padecimientos mentales son la puerta de
salida de un mundo lúgubre, mortífero y caótico. Por medio de estos padecimientos
es posible reencontrarse con la felicidad mediante la evocación de todo lo placentero
y el olvido o desconocimiento de lo funesto; “los seres rulfianos que viven para el
personajes no importantes y una subordinación de unas figuras a otras. Así pues, esta constante diferenciación entre los
Bascomb y los Compson, la inferioridad de unos y la superioridad de otros, respectivamente, es la que hace Caroline a
lo largo de la historia.
15
C. Brooks, “Man, Time and Eternity” en The Sound and the Fury. A Norton Critical Edition, p. 293.
16
“En la cama son posibles la vida y la muerte, la reproducción salvadora y la culpa que destruye.” Véase, A. Vital,
“Juan por la boca muere” en Lenguaje y poder en Pedro Páramo, p. 66.
122
placer ‒o su memoria– son desquiciados mentales (Susana San Juan y Macario)
[…]”17 Lo mismo se aplica tanto para Caroline como para Benjy. Además. Doloritas,
Juan, Pedro y Dorotea pueden considerarse, desde este punto de vista, enfermos
mentales porque en varias ocasiones rememoran vívidamente un pasado plácido para
evadir el presente opresivo, cerrado y asfixiante de Comala.
En el caso de Quentin, podría decirse que su obsesión por tantas abstracciones
como el tiempo y el honor, lo acerca más al nivel de locura de Susana o Benjy, “his
hopeless and endless brooding is but Benjy’s moan become articulate though not
rational. However, his order is based on emotions rather than sensations, on concepts
rather than physical objects.”18
De manera semejante a Benjy, Quentin revive el pasado y lo entreteje
fundiendo y confundiendo sucesos; por ello al recordar la discusión con Dalton Ames
en su intento de hacerle pagar la deshonra de Caddy, golpea a su amigo Shreve.
Los trastornos mentales redimen del presente tortuoso; al mismo tiempo que
traen a la memoria o reviven sucesos dolorosos e impactantes. Mientras los
personajes padecen disturbios mentales, lo mismo experimentan con vehemencia lo
placentero que perpetúan el dolor, como en el caso de Susana, quien trae al presente
la lúgubre noche en que velaron a su madre y su dolor a causa de la pérdida de su
esposo. De manera semejante Benjy sufre su separación de Caddy mientras que
Caroline y Quentin padecen a causa de la desaparición de una época de prosperidad y
la pérdida del honor familiar. En el caso de Susana y Benjy su memoria afectiva los
mantiene a la vez afligidos y complacidos. En el de Quentin y su madre intentar
entender la serie da acontecimientos trágicos y pérdidas familiares los llena de
aflicción.
El desorden mental en ambas novelas es un recurso para, por un lado, enfatizar
el trastorno y las alteraciones del ambiente que rodea a los personajes; el reflejo de
17
A. Vital, Juan Rulfo, p. 30.
O. W. Vickery, “The Sound and the Fury: A Study in Perspective” en The Sound and the Fury, A Norton Critical
edition, p. 283.
18
123
estos disturbios se manifiesta tanto en el macrocosmos ‒la experiencia social y
colectiva‒ como en el microcosmos ‒la memoria individual de ellos ‒; por otro, las
narraciones que surgen de este estado mental dan lugar a cada una de las historias y
conforman las piezas faltantes de cada trama; también remiten al pasado para poder
entender lo sucedido posteriormente, pues la locura como variante del padecimiento
mental “alumbra ciertas cosas que estaban oscuras”.
Además de dar luz a las historias, la locura transporta a un locus amoenus que
brinda alivio a los personajes que la padecen y al lector; un lenguaje lírico permite
estas intromisiones del pasado para así descansar del aplastante presente; estas
regresiones funcionan como una especie de tregua a todo ese sopor que se percibe
desde que uno llega con Juan Preciado a ese pueblo árido y “acedo” donde se sube o
se baja, según donde uno se encuentre y brindan un alivio a las quejas de Caroline, a
los llantos de Benjy, a las estridencias y las riñas familiares de los Compson.
Estas narraciones líricas no sólo estimulan los sentidos del lector sino que le
permiten penetrar, experimentar y comprender ese pasado tan doloroso como poético.
La alternancia de dos mundos opuestos en cada historia permite la tensión dramática
de la acción. Evocar con vehemencia la bonanza de cada uno de estos mundos realza
la belleza de estos lugares que se acercan a lo idílico al mismo tiempo que enfatiza lo
siniestro, lo insufrible, lo impenetrable y lo asfixiante que lleva a los Compson y a
Pedro Páramo a la destrucción.
124
Conclusión
El impacto que Pedro Páramo causó en sus lectores fue tal que igualó las ventas de
novelas como Los de Abajo de Mariano Azuela. Con un éxito fulminante, Rulfo y su
creación han recibido reconocimiento de la crítica nacional e internacional. Con su
novela, el autor jalisciense cierra el periodo de la narrativa rural; en su historia, el
folklore y el costumbrismo dan lugar a ecos, meras “radiografías que tienen que ver
con el amor, la muerte, la sociedad, la incomunicación, el feudalismo y sus peligros
adyacentes, la reforma agraria y sus errores consustanciales.”1
Por su parte, Faulkner narra a manera de experimento –según el mismo autor lo
afirmó− desde cuatro puntos de vista y experiencias diferentes la caída de una familia
terrateniente: los Compson. En su narración, evoca “the Old South” y sus herencias,
como la expropiación, las diferencias raciales, la esclavitud, al tiempo en que lo
contrapone con “the New South”, en donde la mentalidad de los negocios es
imperante y por la cual expresa rechazo al hacerla responsable de la carencia de
valores, como la honestidad, el amor, el honor…
“Pareciera que Faulkner se hubiera impuesto la misión de reconstruir una
cultura a partir de sus ruinas. Tal vez a causa de su tragedia social, su conocimiento
de la ruina y la decadencia, la culpa experimentada por los crímenes contra los
negros, el sur es el territorio artístico más fértil de Estados Unidos.”2
En su novela, el autor estadounidense mira al pasado para entender lo sucedido
a la colectividad sureña de la cual su familia formaba parte: el despilfarro, la
decadencia y la guerra resultante. El grupo de novelas de Yoknapatawpha, dentro de
las que se incluyen The Sound and the Fury, “forman un mundo de ficción autónomo,
[…] lleno de referencias externas: […] un país en miniatura que, multiplicado y
combinado, constituía todo el Sur.”3
E. Carballo, “Juan Rulfo” en Protagonistas de la literatura mexicana, p. 415.
Cfr. V. S. Pritchett, “Autores estadunidenses” en El viaje literario. Cincuenta ensayos. p. 242.
3
Cfr. W. Faulkner apud P. Conn, “El periodo de entreguerras” en Literatura Norteamericana, p. 272.
1
2
En ambas novelas, las referencias al contexto social y económico conforman
este macrocosmos –a manera de la tradición isabelina− causante de estragos en cada
microcosmos: los personajes. Dentro de estos mundos paralelos, los personajes
femeninos son los impulsores de estas historias permeadas por abusos, amores,
desamores, ilusiones, desilusiones, frustraciones, rencores… El proceder de cada uno
de estos personajes repercute de manera directa e impactante en el desarrollo de cada
historia; el desencadenamiento de sucesos creados a partir del caos hacen de ambas
novelas dos paraísos perdidos a causa de sus personajes femeninos, que provocan los
momentos más álgidos y trascendentales de cada historia con independencia y
originalidad, y cuyos contextos difieren entre sí.
Al igual que en la novela de Faulkner, Pedro Páramo evoca sucesos llenos de
“sadismo, efusión de sangre, incestos, castraciones, y linchamientos”4. Y aunque
Rulfo conoce bien la novelística europea y norteamericana contemporánea, y recurre
al monólogo interior, su narración revela su excelente manejo del suspense
enriquecido por el efectivo uso de onomatopeyas y recursos cinematográficos que
entrelazan con naturalidad y efectividad distintos tiempos narrativos.
De este modo, Juan Preciado, recién muerto y en compañía de Dorotea,
empieza a adentrarse en la cotidianidad comalense.
[…] ¿Oyes? Allá afuera está lloviendo. ¿No sientes el golpear de la lluvia?
—Siento como si alguien caminara sobre nosotros.
—Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar cosas
agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados.
Al amanecer, gruesas gotas de lluvia cayeron sobre la tierra. Sonaban
huecas al estamparse en el polvo blando y suelto de los surcos.
[…]
Fulgor Sedano sintió el olor de la tierra y se asomó a ver cómo la lluvia
desfloraba los surcos. Sus ojos pequeños se alegraron. Dio hasta tres
bocanadas de aquel sabor y sonrió hasta enseñar los dientes.
“Vaya —dijo—. Otro buen año se nos echa encima.”
(Pedro Páramo, pp. 130-131.)
4
Ibid., p. 274.
126
La superioridad de Rulfo sobre la novela del escritor estadounidense es que
coloca, con maestría, destreza y naturalidad, en un mismo plano, el mundo de los
vivos y el de los muertos. Así, sólo luego de convivir con espectros y fantasmas el
lector podrá conocer la historia de Pedro Páramo.
Pedro Páramo y The Sound and the Fury son un recuento de vívidos recuerdos
permeados por paraísos transitorios e infiernos continuos en donde los personajes
femeninos consiguen sobrevivir. Damiana y Dilsey, las encargadas de dirigir ambas
mansiones conquistan las adversidades enfrentadas por su patrones y por ello se
convierten en testigos fidedignos del ambiente catastrófico que habitan.
Aún más transcendental es el hecho de que Damiana, a diferencia de Pedro
Páramo, logra satisfacer su deseo: estar con la persona que durante muchos años
esperó en su cama: el patrón. Al dar su vida por él se deshace del anhelo −hasta
entonces frustrado− de estar con don Pedro y finalmente se une en la eternidad a él
más allá de la muerte.
Sintió que unas manos le tocaban los hombros y enderezó el cuerpo.
—Soy yo, don Pedro —dijo Damiana—. ¿No quiere que le traiga su
almuerzo?
Pedro Páramo respondió:
—Voy para allá. Ya voy.
Se apoyó en los brazos de Damiana Cisneros e hizo intento de
caminar. Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por
dentro; pero sin decir una sola palabra. Dio un golpe seco contra la
tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras.
(Pedro Páramo, pp. 194-195.)
En la novela faulkneriana, la única que logra satisfacer sus deseos es la joven
Quentin al recuperar lo suyo y vengarse de su tío. De esta manera, acaba con ese
modo de vida desesperanzador y destructor cíclico y generacional. “With the girl
Quentin’s departure, the sad story of the Compson family is now at an end.”5
5
C. Brooks, “Man, Time and Eternity” en The Sound and the Fury. A Norton Critical Edition, p. 297.
127
Pedro Páramo y The Sound and the Fury forman parte del gran canon literario
de América; las dos han sobrevivido los vaivenes de modas y corrientes literarias,
cada una tiene su propio lugar en la historia de la literatura, marcando momentos
específicos en el desarrollo de la novela y la literatura universal, de ahí que sean
consideradas magníficas obras literarias.
128
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