leccion 2: EL PODER CONSTITUYENTE

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leccion 2: EL PODER CONSTITUYENTE
1. La elaboración de la constitución y el concepto de poder constituyente
El poder constituyente es aquél que puede elaborar o modificar la Constitución. El concepto del poder
constituyente debe conectarse con otras ideas fuerza liberales, como las del pacto social, la soberanÃ−a
popular o nacional, la democracia representativa y la de la necesidad de limitar jurÃ−dicamente el poder
polÃ−tico.
2. Los orÃ−genes de las doctrinas sobre el poder constituyente
Coincidencias entre la doctrina constitucional clásica norteamericana y la francesa:
• El concepto jurÃ−dico de poder constituyente es imagen del concepto polÃ−tico de la soberanÃ−a popular.
La forma en que el pueblo opera como PC será concebida de diversa manera en Norteamérica y en el
pensamiento revolucionario francés.
• La naturaleza del PC es la propia de un poder soberano. El PC será total y absoluto. Es el único poder
absoluto que concibe el pensamiento democrático liberal, mientras los poderes constituidos tienen
establecidos sus funciones y procedimientos para desempeñarlos en la Constitución, el PC previo a
ésta, no tiene ni puede tener previamente definido el cauce para su ejercicio
2.1. En Norteamérica
Aportaciones del constitucionalismo americano
• La conexión entre el principio polÃ−tico democrático de la soberanÃ−a popular con la noción de PC.
Es decir, titularidad del poder constituyente corresponde al pueblo soberano, único que puede ejercerlo.
• Que los restantes poderes, en cuanto constituidos por la Constitución, ha de desenvolverse en el marco de
ésta, que los limita.
El principio de la supremacÃ−a de la Constitución es el que obliga a concebir a ésta como Lex Superior
no modificable por la ley ordinaria, fenómeno éste que se constatará con la expresión: rigidez de la
norma constitucional.
2.2 En Francia y en la tradición europea
Montesquieu expone y perfila mejor la teorÃ−a limitadora del poder.
Hay numerosos puntos básicos comunes: las ideas de Rousseau sobre el contrato social y sus tesis, de que
siendo el pueblo soberano sólo debe obedecerse a sÃ− mismo; y la concepción norteamericana del PC
influyó en la Revolución francesa.
Doctrina de Sieyès: corresponde a la Nación soberana la titularidad de PC que ha de ser ejercido por
representantes extraordinarios (los ordinarios son poderes constituidos) La idea de representación es una
aportación original francesa.
3.-Concepción actual del poder constituyente
Del Poder constituyente algunos aspectos básicos:
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• Presencia de un poder unitario y previo a la aplicación de la doctrina de la división de poderes.
• Por ser el PC fruto de la idea de soberanÃ−a del pueblo y previo a cualquier otro poder constituido, es un
poder originario y autónomo de cualquier poder constituido.
• El legislador ordinario está sometido a la obra del PC- Constitución- y no puede contravenirla.
• Sus actuaciones son esencialmente creadoras e intermitentes.
La teorÃ−a del PC es el basamento de la teorÃ−a de la Constitución, pues es su primera piedra, colocada
sobre el principio de legitimación de todo sistema democrático, de la soberanÃ−a del pueblo.
La vinculación del concepto de PC con la noción de la soberanÃ−a del pueblo, le dota de pleno sentido en
el marco del Estado democrático, único marco en el que goza de razón de ser la idea de Constitución.
1º.- El poder constituyente originario.Es preciso constatar que cierto número significativo de constituciones en la Historia no tienen ninguna
conexión con el ordenamiento jurÃ−dico que las precede. En estos casos, el PC nos puede dar más noticia
y explicación de los hechos que el Derecho. El acto de fuerza no va precedido de una manifestación
ordenada de la voluntad popular, es la fuerza pura de todo asidero de legitimación jurÃ−dica la que derroca
un régimen polÃ−tico y abre una etapa constituyente.
Poder constituyente originario.- Constitución fruto de una Revolución, golpe militar.
1.- La doctrina del PC ha de aceptar partir de una paradoja: el acto de elaboración de la Constitución puede
ser un acto abiertamente antijurÃ−dico.
2.- Una segunda paradoja: éste es por esencia un poder creador de un orden, si parte de una ruptura plena
con el sistema anterior, es un poder huérfano, ausente de organización propia y aun de reglas de
funcionamiento.
Los cimientos del PC originario no se pueden construir sobre el orden jurÃ−dico positivo. AsÃ−, frente a una
situación de tiranÃ−a, la rebelión se basará en el Derecho natural del que derivan los derechos
fundamentales de las personas que están siendo vulnerados, pero no en el ordenamiento jurÃ−dico dictado
por el tirano. En estos supuestos el PC carece de raÃ−ces jurÃ−dicas y se ejerce invocando el llamado
derecho a la revolución.
Ello era explicable en los siglos XVIII y XIX, pero hoy en dÃ−a en las democracias auténticas, los
fenómenos revolucionarios deben contemplarse como fenómenos abiertamente antijurÃ−dicos y no
legitimables desde nuestra cultura cÃ−vica. En un Estado de Derecho democrático no cabe el derecho a la
rebelión. Las constituciones normativas contemporáneas son altamente consensuadas. El sistema polÃ−tico
puede ser sometido a debate y a revisión por los cauces que para su reforma prevé la ley suprema. En estas
condiciones es obvio que carece de toda legitimidad jurÃ−dica e, incluso, moral, la llamada a la
revolución más o menos violenta para modificar el orden constitucional.
Dos fenómenos son comunes al primer perÃ−odo de toda insurrección violenta: una progresiva
concentración del poder en un puñado de dirigentes del movimiento y una continúa radicalización del
hecho revolucionario.
Ambos fenómenos tienen claras consecuencias: el desplazamiento de los moderados. El desbordamiento de
los moderados constituye el preámbulo del perÃ−odo del terror. El torrente revolucionario se muestra más
capaz de destruir que de construir y encierra, el peligro de desencadenar una escalada del proceso
acción-reacción que tienda al infinito. El empleo de la fuerza engendra un nuevo empleo de la fuerza para
destruir la solución impuesta de esa manera. Desde la óptica del Derecho público de nuestro tiempo, el
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derecho de rebelión revolución violenta sólo es concebible en sistemas tiránicos y en general en
aquéllos que conllevan grave opresión de los súbditos.
Desde la lógica del Estado de Derecho, dotado de una auténtica Constitución normativa, no puede
confiar al derecho de resistencia la solución de los problemas que generen los abusos en que puedan incurrir
los titulares del poder polÃ−tico.
En los modernos Estados de Derecho, como el que nos proporciona a los españoles la Constitución de
1978, los excesos de los poderes constituidos están en unos casos evitados y, en otros, previstos como
una posibilidad real, frente a la que se instauran los mecanismos de sanción y reposición, bien del pleno
disfrute por las personas y grupos de los derechos y libertades de que fuesen titulares y se les hubieran
violado, bien de la plena vigencia del orden constitucional y de sus valores, con cuanto ello comporta.
Consiguientemente, el PC originario hay que entenderlo como propio de naciones que salen de una dictadura
o que se emancipan al término de un perÃ−odo colonial.
2º. El poder constituyente derivativo
La doctrina mayoritaria admite desde antiguo el que junto al PC ordinario existe otro, derivativo, previsto y
articulado en una Constitución vigente, que debe actuar conforme al procedimiento al efecto previsto en la
propia Constitución.
¿Debe ser considerado como auténtico PC derivativo o, estamos ante un simple poder constituido dotado
de funciones de mayor trascendencia?
• Desde un ángulo: el PC derivativo es un poder constituido por el PC originario, de forma que la
soberanÃ−a popular se autolimita por el pueblo mismo. No es paradoja sino consecuencia de que el
PC originario, aún siendo manifestación de la soberanÃ−a popular, necesariamente busca limitar a
los poderes polÃ−ticos que funda y organiza.
• Desde otro: el PC derivativo, a diferencia de los poderes constituidos no está limitado por la
Constitución, pues encuentra su razón de ser precisamente en poder reformarla y aún sustituirla
por otra, y en este sentido no cabe duda de que se trata de un auténtico poder constituyente.
En consecuencia, el poder constituyente derivativo está alejado de la teorÃ−a de la revolución, pues no
puede tener otro titular que el que prevé la Ley de leyes que lo establece, a través de los órganos y
procedimientos establecidos por ésta al efecto. Hay autores que afirman si hay un poder constituyente del
que el pueblo es titular, éste puede actuar al margen de lo dispuesto en la Constitución, reformándola
también al margen del procedimiento de reforma que la Constitución prevea, si una situación de
profunda crisis condujera a la alteración del ordenamiento constitucional por vÃ−as democráticas pero
anticonstitucionales nadie negarÃ−a la validez de la nueva Constitución. En la época constitucional actual
es muy discutibles, pues permiten legitimar la actuación por vÃ−as revolucionaria, impacientes polÃ−ticos
partidarios de tomar el atajo inconstitucional. Este criterio era más lógico en momentos en que el PC
derivativo estaba recogido en los textos constitucionales con infinidad de cortapisas, como:
a) En el primer constitucionalismo: Se desconoció el poder constituyente derivativo, que se disimulaba mal
el afán por perpetuar la constitución revolucionaria que se acababa de establecer. El caso de la
Constitución americana de 1787, que prevé cuatro mecanismos diferentes de reforma, de los cuales sólo
uno es transitable para introducir su adaptación a las circunstancias cambiantes. La Constitución Francesa
de 1791, reúne cautelas inimaginables frente a la potencial reforma, confÃ−a el PC derivativo a un órgano
especial irreunible le cercenaba ampliamente sus poderes de revisión constitucional. En España, a la Pepa
no era posible retocar una sola coma.
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b) PerÃ−odo de la MonarquÃ−a constitucional: sistema polÃ−tico de transición (Europa XIX y comienzos
XX), en que la soberanÃ−a estaba compartida por las Cortes y el Rey, el PC derivativo fue entendido como
compartido por ambas instituciones históricas, pero sin lograr plasmar la cuestión en una fórmula
doctrinal clara.
En España esta etapa polÃ−tica, las tres constituciones que presiden el perÃ−odo, las de 1837,1845 y 1876
no prevén la existencia de un PC derivativo. La concepción de la soberanÃ−a por los doctrinarios, como
compartida por las Cortes y por la Corona, dejaba en la práctica en manos del entendimiento entre ambas
instituciones el poder de reforma de la constitución.
c) Constitucionalismo contemporáneo: Se ha generalizado la previsión por el PC originario de que el Texto
constitucional defina el PC derivativo, que será el legislador ordinario y no un órgano especial. El
Parlamento ha de comportarse de manera diferente cuando actúa como PC a como actúa a diario como
mero poder constituido. Es la idea básica sobre la que se construye el TÃ−tulo X CE y que recoge nuestro
Tribunal Constitucional “lo que las Cortes pueden hacer es colocarse en el mismo plano del PC realizando
actos propios de éste, salvo en el caso en que la propia Constitución les atribuya alguna función
constituyente.
La distinción entre PC y poderes constituidos no operan tan sólo en el momento de establecerse la
Constitución; la voluntad del PC fundamenta permanentemente el orden jurÃ−dico y estatal y suponen
un lÃ−mite a la potestad del legislador.
El poder constituyente constituido- el Parlamento- se distingue del legislativo constituido, especialmente, por
la técnica más rÃ−gida que ha de aplicar a su cometido.
¿Estando previsto un PC derivativo, puede el PC originario actuar al margen de la Constitución,
reformándola? Ni desde los principios de la legitimidad democrática, ni desde los de orden técnico
jurÃ−dico cabe una respuesta afirmativa.
Hoy la legitimidad democrática del pueblo no se confronta con otras fuentes de legitimidad porque la única
comúnmente asumida en las sociedades democráticas de nuestro tiempo es precisamente la que cuenta con
el consentimiento de la población.
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