los medios de comunicación y la democracia

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN, PERIODISTAS Y DEMOCRACIA
DURANTE EL PRIMER GOBIERNO DE LA CONCERTACION
El Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual
debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la
comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y
garantías que ésta Constitución establece.
Constitución Política de Chile, Artículo 1.
Dos son los temas que forman parte del gran telón de fondo para analizar a los Medios de
Comunicación y los periodistas y su relación con la democracia y la ciudadanía: de una parte, el
desarrollo acelerado en el ámbito científico y
tecnológico que generó, además de nuevas
demandas en el mundo entero, una cada vez más creciente industria comunicacional y de otra,
en el caso chileno, los amarres dejados por el régimen militar que significaron una verdadera
“camisa de fuerza” para impedir un acción de los Medios de Comunicación como agentes
democráticos y democratizadores
Con la globalización, adquiere más importancia el rol que juegan los Medios en una
sociedad, especialmente con el objeto de interrelacionar a la ciudadanía con la dirigencia política
y esto es particularmente válido, en el caso de las instituciones políticas que representan a la
Nación.
La utilización política de los medios, cada día con mayor fuerza, esta produciendo dos
fenómenos: que la virtualidad es absorbida como realidad por algunos, o por muchos, y que
otros, más concientes de la manipulación no sólo son críticos al actuar de los medios, sino que
los acusan directamente de ser agentes de deformación y de desinformación.
Inspirados en lo primero, que la virtualidad presentada en los medios pasa a ser la realidad
de lo que se percibe del mundo, cada día más la ciudadanía está adquiriendo conciencia, de una
parte, sobre la importancia política de manipular las noticias, es decir, manipular la información, y
de otra, que esa manipulación es percibida por algunos como parte de las grandes mentiras que
lee diariamente en los diarios o escucha y ve en la Televisión.
Estos fenómenos hacen que los líderes de opinión, tengan, muchas veces, mejor imagen y
reputación que sus propios gobiernos e incluso que los partidos políticos que estos puedan
representar, como ocurre en estos momentos en Chile. La política se hace mucho más, a través
de los medios de comunicación, y del dirigente político quien debe tener las condiciones
1
adecuadas para transmitir determinado mensaje, y también hacer brotar las esperanzas y sueños
de los llamados “excluidos” ( Mendes, 1992).
En esta materia, todos parecen coincidir en la importancia del rol que debe cumplir el
Estado, entendiendo por Estado a la organización jurídica y política de la sociedad (1)
Pero, también se coincide en destacar el rol de los Medios, aún cuando es necesario
intentar una respuesta actual a la pregunta sobre ¿cuál es el rol que desempeñan los Medios de
Comunicación, y los periodistas en las democracias?.
Una respuesta la podemos encontrar en Alain Touraine quien ve que existe una crisis en la
representación democrática y que por lo tanto, los que representan a los ciudadanos son los
Medios de Comunicación, más que sus elegidos para cargos de representación popular.
Este mismo autor, se refiere también, a que el tema de los Medios de Comunicación debe
ser tomado no a nivel general, sino como él dice “partiendo de una observación concreta: la crisis
de la representación política” (2).
Para Touraine, debiera existir una relación directa de representación entre demandas
sociales y oferta política, pero en vez de eso se desarrollan
o se promueven actividades
separadas e independientes sin conexión alguna. Cada vez más, se muestra la separación o la
brecha existente entre el Estado y la sociedad civil.
En un escenario como el descrito el papel de los Medios de Comunicación, es cada vez
mayor. Manuel Castells señala que “la política de los medios no es toda la política, pero que toda
política debe pasar a través de los medios para influir en la toma de decisiones”. (3)
Para Giovanni Sartori la televisión por ejemplo, tiene una enorme influencia en la forma
de actuar de la opinión pública en relación a los procesos políticos “Actualmente, el pueblo
soberano, opina sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar. Y en el hecho de
conducir a la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la
política contemporánea, ya que puede condicionar fuertemente tanto el proceso electoral como
las decisiones de gobierno” (4)
(1) Borja, Rodrigo. Enciclopedia de la Política. Fondo de Cultura Económica. México. 1997.
(2) Touraine, Alan. Comunicación política y crisis de representatividad. En: Jean-Marc Ferry, Dominique Wolton y otros. El nuevo
espacio público. Gedisa Editorial. Barcelona, 1995. pp. 47 – 50.
(3) Castell, Manuel. El Poder de la Identidad. Alianza Editorial. Madrid. 1997
(4) Sartori, Giovanni. La Sociedad Teledirigida. Ed. Taurus. Buenos Aires. 1998
2
LAS DEMANDAS DE LOS ACTORES COMUNICACIONALES.
En el tiempo que transcurrió del Plebiscito que derrotó a Pinochet (5 Octubre de 1988) a la
elección presidencial del 11 de Diciembre de 1989, diversos sectores de la Comunicación y el
Periodismo, levantaron lo que serían sus demandas a la nueva democracia en materia de libertad
de expresión y de prensa.
Si gran parte del pueblo miraba a la nueva democracia por instalarse con la gran
esperanza de un mundo nuevo y de cambios más o menos radicales, también ocurría lo mismo
entre quienes durante casi 17 años, habían sido sometidos sistemáticamente a la censura,
autocensura y la persecución por tratar de defender la libertad de expresión.
En lo que respecta a las demandas de los actores comunicacionales, el propio candidato
Patricio Aylwin, en 1989, incluso antes de ser nominado candidato presidencial de la CPPD, las
resumió, en un discurso ante los Corresponsales Extranjeros, al señalar que “Deberá cumplir con
5 requisitos: democrática, pluralista, solidaria, participativa y transparente”, agregando que
“mantener el actual sistema que favorece únicamente una libertad total para las empresas y los
grupos de poder significa establecer para el futuro que quienes tienen el dinero y el poder político
manipulen a su gusto las comunicaciones”. (5)
En la ocasión Aylwin señaló, además que, “esta situación se tornará perjudicial para la
estabilidad democrática, porque para las grandes organizaciones empresariales, la defensa de la
total libertad en este campo, se ha traducido en la defensa de sus propios intereses, por sobre el
derecho universal a ser informado y a informar verazmente”.
En aquella oportunidad Aylwin propuso que, en el futuro gobierno democrático se creara
un Consejo Nacional de la Comunicación y un Banco de Fomento para la Comunicación
proponiendo, en materia de Publicidad estatal, que se hiciera un reparto equitativo de ella, por
una nueva forma de otorgar las concesiones de radiofrecuencia y por el apoyo a los medios de
comunicación, que representaran a grupos importantes de trabajadores y gremios.
En cuanto a los profesionales de la Comunicación Social, Aylwin fue tajante en apoyar
decididamente que el ejercicio del periodismo quedara reservado sólo a los titulados
universitarios, como una de las principales medidas a garantizar el tratamiento profesional, y no
partidista ni interesado, de las noticias.
(5) Aylwin Patricio. Discurso a Corresponsales Extranjeros. 4 de Noviembre de 1988.
3
En suma, Aylwin, en ese discurso a los Corresponsales extranjeros, sintetizó lo mejor, lo
más claro
y lo más radical en materia de comunicación democrática que se había venido
elaborando en distintas instituciones políticas y gremiales, incluido el Colectivo de Periodistas de
los Partidos de la Concertación Democrática (6)
Estas propuestas de Comunicación para la futura Democracia, fueron inmediata y
tajantemente rechazadas por los empresarios privados de la Comunicación, los que impusieron a
sus hombres en los meses siguientes, en los puestos claves de los programas de comunicación
política del gobierno, cuando ya Aylwin fue nominado oficialmente como candidato, y su discurso
ante los Corresponsales extranjeros no paso de ser una pieza de museo.
Con todo, allí estaban los documentos de los grupos de profesionales de la comunicación
de todos los partidos de la CPPD, e incluso un documento de los Periodistas de la Coalición, del
año 1988 en el que se dice, entre otras cosas, que «la Comunicación Social a que aspiramos
para la futura democracia deberá ser democrática, «Pluralista, Solidaria, Participativa y
Transparente». Parte importante del documento se refiere a la necesidad de corregir el «carácter
monopólico» de la prensa escrita. (7)
Respecto del tema de la televisión, el documento señalaba que, se debía garantizar que
su uso respondiera a los intereses de los diversos sectores sociales, culturales y políticos y casi
con carácter profético, advirtió respecto de la televisión privada, indicando que dar luz verde de
manera indiscriminada a los intereses económicos de controlar la televisión, accederían unos
pocos grupos al control de las estaciones, en circunstancias que la empresa privada no es
expresión de neutralidad y por los altos costos de manutención de las estaciones finalmente la
televisión caerá en manos de monopolios extranjeros.
Con todo, el documento no se opone a la privatización de las estaciones televisoras, pero,
la condiciona a varios requisitos, especialmente destinados a «cautelar los grandes valores
nacionales»
En otros sectores, especialmente de la izquierda no concertacionista, también el tema de
la Comunicación Social, comenzaba a ocupar los primeros lugares de atención.
(6)
El Colectivo de Periodistas Reunió a todos los representantes de los grupos de profesionales de la prensa de los Partidos que
integraban la Concertación los años 1988 y 1989.
(7) Declaración Pública. Colectivo de Periodistas de la Concertación por la democracia. Mayo de 1988.
4
Entre los técnicos, cientistas de la comunicación y periodistas, especialmente, de la
Concertación y los de la izquierda existía una suerte de acuerdo en que el nuevo gobierno
democrático debía profundizar cambios en el sistema informativo dejado por la dictadura, a lo
menos, en dos sentidos:
1.
Democratizar la entrega de la información, mediante el reconocimiento y apoyo real
a quienes teniendo importancia social no tenían los medios para hacerse oír, y
además, por la labor que le competiría al gobierno democrático para corregir el que
sólo los que tienen dinero pudieran tener medios de comunicación.
2.
Posibilitar que el manejo del sistema y de los medios de comunicación social fueran
puestos en manos de los trabajadores y de los profesionales expertos en el tema y
reconocidos socialmente para ello y resguardados, además, por una legislación
que impidiera el ocultamiento de las noticias o las verdades a medias.
Con la llegada de la Democracia a Chile (1990) se pensó, que las demandas que por tanto
tiempo habían sido estudiadas y largamente esperadas por los sectores de la prensa y las
comunicaciones iban a ser finalmente transformadas en realidades.
Así como la inmensa mayoría de la sociedad chilena creyó en el eslogan presidencial de
Aylwin, que con la vuelta de la democracia “la alegría ya viene”, de la mano de la justicia, de la
libertad y de la verdad, una gran mayoría de comunicadores y periodistas también creyó en que
el retorno a la democracia traería, muy rápidamente, los cambios que harían posible una
auténtica libertad de expresión y de prensa.
PRIMER GOBIERNO DE LA CONCERTACIÓN
Y LA COMUNICACIÓN POLÍTICA (1990-1994)
En las negociaciones entre los dirigentes de la CPPD y los dirigentes de la derecha
política, representantes de Pinochet y las Fuerzas Armadas, se impuso la tesis de estos últimos
respecto a que para salvaguardar la transición ordenada hacia la democracia y para evitar la
posibilidad de un quiebre para la nueva institucionalidad recién emergente, era necesario no
reformar aquellas partes de los enclaves políticos que los militares consideraban fundamentales.
5
Para los militares era fundamental no retirarse del gobierno como derrotados y ellos
pensaban que el país debiera estarle agradecido y, en ningún caso, cobrarle cuenta alguna. Al fin
y al cabo, ellos habían salvado a Chile del comunismo. Otra cosa es lo que pensaran los demás,
y aún cuando esos demás fueran una mayoría, más del 58 por ciento de los chilenos según el
plebiscito de 1988, no tenían derecho a dejar la impresión que Pinochet y su Ejército se iba
derrotado del gobierno. Esta tesis, aceptada por los políticos, significaba el respeto a los llamados
enclaves que dejaban los militares a la naciente democracia. Entre estos amarres o enclaves
figuraron: La Constitución Política de 1980, el Consejo de Seguridad Nacional, el Tribunal
Constitucional,
el
sistema
binominal,
los
senadores
designados
y
los
vitalicios
el
presidencialismo, la inamovilidad de los Comandantes en Jefes de las FF.AA. y la imposibilidad
de revisar las privatizaciones realizadas por el régimen militar.
Así, entre otras cosas, para
cautelar que los políticos honraran sus compromisos de respetar esos enclaves, el General
Pinochet, según su propia Constitución mantuvo el cargo de Comandante en Jefe del Ejército por
otros 10 años, en pleno gobierno democrático.
La Concertación fue más allá aún y no sólo respetaron el mantenimiento de los enclaves,
sino que no fueron capaces de producir reformas en otras áreas de la política más allá de los 10
años que se quedó Pinochet como Comandante en Jefe del Ejército.
Entre esas reformas que no formaron parte de los llamados enclaves, porque venían de
mucho antes del régimen de Pinochet, figura una de extraordinaria importancia como es el
financiamiento de los partidos y de las campañas políticas. El que cada candidato debía financiar
sus candidaturas hacía que una gran mayoría que llegaba al poder era porque tenía dinero para
financiar sus campañas. A su vez, transformándose las elecciones en una danza de millones que,
al fin de cuentas, proviene casi siempre para la mayoría de las candidaturas de los empresarios
privados más grandes del país, este apoyo compromete también a los medios de comunicación
que pasan a ser agentes del mismo sistema.
El que los candidatos políticos tengan acceso a los Medios de Comunicación es importante
para la democracia, especialmente porque nuestras sociedades giran en torno a los Medios. (8).
(8) Sartori, Giovanni. Homo Videns, La Sociedad Teledirigida. Editorial Taurus. Buenos Aires, 1998
6
En Chile se utilizan los medios de comunicación como un instrumento de manipulación y
de imposición de ideologías de unos pocos sobre las mayorías, en donde vemos claramente que
el sistema democrático comienza a debilitarse.
El Mercado no nos garantiza que tengamos una pluralidad de informaciones como algunos
han querido demostrar, sino todo lo contrario, el que tengan el control de los medios de
comunicación en manos de unos pocos, deja de lado sin duda a la mayoría del país.
Si a lo anterior, se agrega que el gobierno dejó sin apoyo económico a los Medios que
habían sido los que se la habían jugado por el retorno democrático, en definitiva se estrechó más
el círculo para la libertad de expresión, pudiendo sobrevivir sólo los grandes Medios controlados
por los más grandes grupos económicos. Quedará para la historia la gran pregunta del ¿por qué
el primer gobierno democrático en Chile, optó por quedarse sin prensa y entregar la iniciativa
comunicacional a los grupos económicos de derecha?
El Colegio de Periodistas, en 1994, en una presentación que se efectuó en la Comisión de
Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados afirmó: “la oportunidad de adoptar las medidas
que garanticen el pluralismo o de cerrar los ojos a la realidad y deslizarnos por una pendiente sin
retorno que derive en una sociedad sectaria en que se exprese una sola postura ideológica. Allí
estaremos en presencia de una democracia meramente formal o en la antesala de perderla”. (9)
DOS TENDENCIAS Y UN SOLO PROGRAMA DE GOBIERNO.
Desde el plebiscito del 5 de Octubre de 1988, que derrotó en las urnas a Pinochet, y de
paso abrió las puertas a la realidad de que era muy posible que en un año más la oposición
llegara al poder, en las presidenciales del 11 de diciembre de 1989, se enfrentaron varias
tendencias al interior de la Concertación de Partidos Por la Democracia. Y muy especialmente,
esas tendencias se enfrentaron con mayor fuerza cuanto más cercana se veía la posibilidad de
que la coalición llegase al poder.
No obstante, no sólo había que ganar la elección presidencial, sino que había que hacer
un gobierno de 4 años capaz de enfrentar con éxito los enclaves y el gran poder que seguirían
manteniendo los militares.
(9) Declaración del Colegio de Periodistas de Chile, Marzo 1995.
7
Todos los dirigentes de la coalición, tras el triunfo del plebiscito concordaron en que si
Patricio Aylwin, como abanderado de la Concertación, había conducido al éxito del plebiscito,
también sería el nombre ideal para conducirla al triunfo en la presidencial, ante cualquier otro
nombre que pusiera la derecha.
El día 6 de octubre, mientras las últimas celebraciones todavía se producían en las
principales ciudades de Chile, los dirigentes de la coalición comenzaron a poner en movimiento
todo el aparato organizacional montado, en principio, para ganar el plebiscito, ahora ya en función
de elaborar lo que sería una campaña Presidencial, la primera en casi 20 años, cuya parte central
estaba destinada al Programa del Primer Gobierno de la Concertación.
El programa del primer Gobierno de la Concertación, fue objeto de innumerables
discusiones, análisis y propuestas y contrapropuestas y en los partidos de la coalición se
produjeron enfrentamientos de todo tipo entre los profesionales de la comunicación y los políticos.
Los profesionales argumentaban que después de 17 años de dictadura era el momento de
introducir cambios profundos que permitieran una nueva institucionalidad democrática para la
comunicación. Para ello, argumentaban, el eslogan levantado en 17 años de dictadura, primero
por los periodistas y después por los políticos de que
“sin democracia no hay libertad de
expresión y sin libertad de expresión no hay democracia”, (10) debía traducirse en medidas
concretas y drásticas en los primeros meses de gobierno, porque después, a medida que pasara
el tiempo las fuerzas de derecha y de Pinochet se reagruparían.
Los políticos, por su parte, decían que lo primero a considerar era no introducir cambios en
el país que molestaran a los militares porque en el primer gobierno civil siempre estaría presente
el fantasma de un nuevo golpe militar del propio Pinochet, con los cuales ellos habían llegado al
acuerdo que podría seguir como Comandante en Jefe del Ejercito por casi otros diez años más.
Era como si la estabilidad democrática exigiera que “todo tiene que cambiar, para que todo siga
igual”. (11)
La prueba de fuerza entre profesionales de la comunicación, periodistas finalmente, y
políticos fue ganada ampliamente por los políticos y así como en otros sectores del gobierno, en
el área de comunicaciones, se buscaron figuras de la izquierda y del progresismo que proyec(10)El eslogan fue levantado por el Colegio de Periodistas de Chile a fines de los años 70 y adoptado por toda la oposición política
con ocasión de la censura a los medios a partir de las Protestas Nacionales de 1983.
(11)El Gatopardismo, derivación del personaje de Giussepe Tomasi di Lampedusa, para disfrazar de cambios lo que permanece
igual.
8
Taran la imagen de que se producirían avances importantes, obstaculizando a la vez, toda
iniciativa de reformas.
El programa de gobierno de Aylwin, en el tema de comunicaciones, después de todos los
análisis y proposiciones de los partidos de la coalición fue una clara demostración de lo anterior,
ya que recogió un resumen tan general que prácticamente no decía nada y en su párrafo principal
sólo proponía como una novedad la formación de un Consejo Nacional de la Comunicación. En
su enunciado este compromiso de campaña señalaba que este Consejo sería “autónomo y con
personalidad jurídica,
de
integración
pluralista, encargado de velar por el correcto
funcionamiento de los medios de comunicación”, agregando que “una ley orgánica constitucional
establecerá la organización y demás funciones y atribuciones del referido Consejo”. Todo esto
sabiendo los políticos, que jamás en un primer gobierno posdictadura habría posibilidad alguna
de una ley de altísimo quórum, como el que necesita una ley orgánica constitucional.
Este compromiso fue rápidamente olvidado tras el triunfo y ya cuando se notificó al país de
los nombramientos en el área comunicacional del nuevo gobierno, se concretó la más clara
advertencia de que el gobierno no se proponía hacer cambios profundos en el tema de hacer
realidad una verdadera libertad de expresión, ni abordar la urgente necesidad de una nueva
fundación institucional para las comunicaciones.
El haberse entregado el Ministerio de la Información a socialistas y demócratas cristianos
progresistas se estimó como un buen augurio, pero, con el correr del tiempo el gobierno se
mostró poco dispuesto a avanzar mucho en materia de reformas.
La orfandad de proposiciones del programa del Gobierno de Aylwin en materia de
comunicaciones, extensiva a, la nula idea sobre el tema de sus autoridades en esa materia
contrastó con la primera avalancha de peticiones de los sectores profesionales.
LOS COMPLEJOS VERSUS LAS NECESIDADES.
Las autoridades del ámbito de las Comunicaciones del nuevo gobierno democrático,
plantearon desde un comienzo la necesidad de dejar en claro que habría una diferencia total con
la pasada dictadura, cual era, que la gente captara desde el primer momento que así como
durante Pinochet se había controlado todo en materia de libertad de expresión, ahora nada sería
controlado.
9
Una segunda cuestión importante para las comunicaciones del nuevo gobierno era la
imposición de su tesis de que “la mejor política de comunicaciones era la ausencia de política de
comunicaciones” (12)
Frente al liberalismo mostrado por el Gobierno de Aylwin se plantearon innumerables
posiciones. Las más amargas que aducían a que “hemos luchado para cambiar un régimen
conservador autoritario, por otro liberal a ultranza”. Las más documentadas, que alegaban que
era el absoluto desconocimiento e ignorancia de las nuevas autoridades lo que hacía que un
gobierno pudiera no tener política de comunicaciones, porque quien dice no tener política de
comunicaciones es porque ya la tiene, y ella no es otra que la de dejar en manos del adversario
las iniciativas comunicacionales.
En una carta de un conocido periodista democratacristiano a la directiva de su partido en
1991 se deja constancia de todos estos alegatos, tildándose a la política de comunicaciones del
nuevo gobierno, como la manifestación del “complejo de no ser tildado de controlador como
Pinochet, pero, dejando al Estado sin política de comunicaciones para que ella la asuma la
derecha de Pinochet, desde los medios de la derecha económica, ampliamente mayoritarios en el
país”. (13)
En Mayo de 1990, el Colegio de Periodistas presenta un resumen de sus principales
demandas urgentes y que podrían sintetizarse en: No deben existir normas, entidades, o leyes
que regulen, restrinjan o controlen la libertad de expresión, los posibles delitos cometidos por la
prensa deben ser juzgados por tribunales civiles y no militares;
una nueva ley de prensa
orientada a posibilitar la libertad de expresión más que a castigar a los periodistas; término de la
concentración en la propiedad de los medios; y, en cuanto a la profesión de periodista:
reconocimiento al carácter universitario de la enseñanza de la profesión y al ejercicio de ella sólo
por parte de titulados universitarios; reconocimiento de la cláusula de conciencia y del secreto
profesional y derogación completa y reemplazo de todas las normas sancionatorias de ley sobre
abusos de publicidad (14)
(12) Ver cita Capitulo 1, pagina 7.
(13) Carta Periodistas Democristianos a Directiva de su partido, Marzo 1990.
(14) “Los Periodistas y la futura Ley de Prensa”, Agosto de 1993, Comisión Legislación del Colegio de Periodistas de Chile
10
Una semana después, la misma instancia profesional volvía sobre el tema exigiendo ya la
derogación de varios artículos de las leyes sobre Seguridad Interior del estado, Ley Orgánica
Constitucional de los estados de Excepción, Código de Justicia Militar, Ley sobre Control de
Armas, Ley sobre conductas terroristas, Constitución Política del estado y el Código de
Procedimiento Penal.
HACIA UNA DEFINICIÓN DEL ROL DEL ESTADO
Alain Touraine y Jean – Marc Ferry afirman que, “existe una crisis de representación en
todo sentido, especialmente democrática y según estos autores los que deben asumir ese papel
son los Medios de Comunicación”.(15)
Para Jean – Marc Gerry “la opinión pública legítima cierto poder de los medios de
comunicación, este cuarto poder es el que los representa, interactúa con el público, lo cual no es
realizado por las estructuras democráticas”.
Para Touraine por ejemplo, “el tema de los Medios de Comunicación debe ser abordado
no en un nivel general, sino partiendo de una observación concreta: la crisis de la representación
política, y esta surge según el, porque ningún grupo social parece ser portador de intereses
generales y por la disminución de la correlación entre la pertenencia social y el voto político”.
Y en este sentido cabe preguntarse cuál es el papel del Estado en todo esto?
El Estado es una sociedad políticamente totalizarte o para expresarlo en palabras del
Profesor John Rawls, de la Universidad de Harvard, “completa y cerrada”.
Según el profesor Rodrigo Borja, el Estado lo “es todo en el sentido de que el ser humano
encuentra en ella cabida para todos los propósitos importantes de su vida, sean estos, físicos,
espirituales y morales y de que además no puede retirarse de él como pudiera hacerlo de
cualquier otra Asociación. En efecto, el hombre no puede aislarse del Estado o salir de él sino
para insertarse en otro Estado, bajo cuyo ordenamiento legal y autoridad queda obligado” (16).
En Ciencia Política, las palabras libertad, justicia, derecho, democracia y desarrollo, las
definiciones sobre Estado no son muy claras y están sujetas bajo los puntos de vista ideológicos
con los que se mire o se quiera definir. Según el profesor Borja existirían dos grandes vertientes,
(15)
(16)
Alain Touraine, Comunicación política y crisis de representatividad. En: Jean – Marc Ferry, Dominique Wolton y otros. El
nuevo espacio público. Gedisa Editorial. Barcelona, 1995.pp. 47-50.
Borja, Rodrigo, Enciclopedia de la Política, Fondo de Cultura de México, 1997.
11
una de ellas el denomina la optimista que representa a “los conservadores, liberales, neoliberales
y demás tendencias afines que consideran al Estado, como una entidad útil y necesaria que debe
mantenerse tal y como está, puesto que representa los intereses de toda la sociedad o
colectividad y la otra tendencia que él denomina pesimista “ donde están las doctrinas de tipo
socialista que niega que el Estado, represente los intereses de toda la sociedad sino tan sólo los
de la clase opresora y que sea capaz de conciliar las posiciones encontradas de los distintos
estratos sociales.” (17)
En Chile con el regreso de la Democracia y al asumir el cargo de presidente de la
República el ex presidente Aylwin afirmaba lo siguiente “la crueldad del Mercado, ha hecho sentir
su peso en las comunicaciones, donde no opera con la misma eficacia que puede hacerlo cuando
se trata de la venta de un producto tangible”. (18) El Estado, es el que debe cuidar el bien de la
sociedad y el Estado debe ser capaz de tomar las medidas para que las personas tengan acceso
a los Medios de Comunicación, ya que es algo esencial.
Asumido el primer Gobierno de la Concertación, con un programa de Comunicaciones de
sólo, 20 líneas y tan genérico como la sentencia de que “no será admisible restricción alguna a la
importación y comercialización de libros, impresos, revistas...”.
Es verdad que la función o rol del Estado, ha ido cambiando con el paso del tiempo, y debe
delegar funciones en la empresa privada, pero no debe olvidar que sobre todo en el área de las
comunicaciones, debe representar a la sociedad en su conjunto y no sólo a una parte de ella.
“La Democracia necesita contar con alternativas y posibilidades de expresión para las
mayorías y las minorías. Es la libertad para expresarnos, pero también es el derecho que nos
asiste a ver el mundo desde las distintas visiones que hoy nos presenta la globalización. No
puede ser que nuestra realidad, en el más amplio sentido del término, este constreñida a ser
mirada desde una sola perspectiva.
El Estado es el cautelador del bien social y siendo la comunicación un derecho
fundamental, el Estado debe ser capaz de regular y tomar las medidas que aconseja la situación
para que los ciudadanos tengan libre acceso a este bien esencial. El rol del Estado es aún más
importante cuando el mercado de la comunicación mediatizada es imperfecto, poco pluralista
(17) Ibídem
(18) Informe de Comunicación Social, Marzo 1990.
12
concentrado en grandes grupos económicos y con escasa cobertura de zonas del país. Además
resulta preocupante la dependencia de los medios de comunicación de la publicidad, la que a su
vez condiciona fuertemente su inversión” (19)
John Stuart Mill, dijo sobre la libertad de los individuos que sólo debe ser limitada
“.......cuando se trata de evitar daños a otros.......” (On Liberty, Londres, 1859; Sobre la libertad,
México, Gernika, 1991.),......”no tiene aplicación a cualquier estado de cosas anterior a la época
de la humanidad haya sido capaz de progresar mediante una discusión libre y equitativa.....” ( Op.
Cit., p.21). Lo que queda claro o mejor dicho lo que se entiende que quiso decir, es que es
necesario e imprescindible una discusión y una plena libertad de los individuos y es que ésta no
debe ser suprimida por nadie, y es el Estado a quien le corresponde garantizar esta libertad.
Ahora bien, si siguiéramos con la tesis de Mills en el sentido de la libertad plena o mejor
dicho el acceso a una información plural sería lo ideal y que el Estado debiera garantizar esto, y
éste último es el que tiene la obligación de crear los espacios o estamentos para que la voluntad
del pueblo se vea representada, e igualmente debieran estar representadas todas las voces
ciudadanas y tener por supuesto el tan anhelado derecho a réplica. Según Mills todo esto sería
beneficioso para la sociedad en su conjunto, “...el daño peculiar de acallar la expresión de una
opinión consiste en despojar a la raza humana, tanto a las generaciones futuras como a la
existente, y más aún los que no participan de esa opinión que a los que la aceptan. Si la opinión
es justa, se les priva de la oportunidad de cambiar el error por la verdad, sino lo es, pierden un
beneficio que es casi tan importante como aquel, la clara percepción y la impresión viviente de la
verdad, que resulta de su choque con el error.” (p. 32).
EL GOBIERNO DE AYLWIN Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
En los cuatro años del gobierno del Presidente Patricio Aylwin, su política hacia la
Comunicación, llámense Medios de Comunicación o profesionales de los mismos, se propuso,
casi únicamente, terminar con aquellas normas dejadas por Pinochet que eran más abiertamente
atentatorias contra la libertad, pero poco o nada, se hizo por cambiar un sistema comunicacional
que le era cómodo a la derecha.
(19) Informe de Comunicación Social. Gobierno de la Concertación, Mayo 1999
13
Había que mostrar al mundo que aquella dictadura de Pinochet, que como toda dictadura,
usó y abusó de la prensa para lo cual dictó normas a su medida, quedaba ahora atrás, mediante
la derogación de muchas de esas disposiciones legales. Para ello se buscó la derogación casi
inmediata de algunas leyes del autoritarismo y para lo grueso, lo contundente que significaba una
nueva comunicación para una nueva democracia, sólo se iniciaban los estudios que permitieran
un nuevo ordenamiento legal.
No obstante, la planificación, la táctica y la estrategia proyectan una cosa y la política
obedecía otras dinámicas.
La situación rápidamente deterioró las relaciones de los sectores políticos gobernantes con
los periodistas que veían que todo lo que se proponía hacer por el primer gobierno de la coalición,
derogar unas cuantas leyes, pero no ingresar al tema de fondo: institucionalizar el camino que
permitiera alcanzar una auténtica libertad de expresión, especialmente en el manejo de una de sus
vertientes, la libertad de información.
Otros hechos vinieron a sumarse a las declaraciones despejando definitivamente lo que fue
el Rol del Estado, en las comunicaciones durante el primer gobierno de la Concertación de Partidos
Por la Democracia: el gobierno demoró al máximo la presentación de un proyecto de ley para
reemplazar la obsoleta “Ley de Prensa”, se aprobó en el Congreso una nueva ley de Televisión
Nacional de Chile, que dejó satisfechos a empresarios y políticos, pero no así a los periodistas. Se
cortaron todo tipo de asistencias a los medios de la propia Concertación (lo que significó la rápida
desaparición de los mismos) y se negó la posibilidad de que los Colegios Profesionales
recuperaran su capacidad legal para cautelar la conducta ética de sus asociados.
REFORMAS LEGALES DEL GOBIERNO AYLWIN.
LAS QUE FUERON Y LAS QUE NO FUERON.
A pocas semanas de asumir el poder Aylwin convocó a los gremios empresariales y de
profesionales de la Comunicación para que, bajo la coordinación del Ministerio Secretaría
General de Gobierno, le propusieran cuáles eran aquellas disposiciones que se consideraban de
primera importancia para ser derogadas por la nueva democracia.
Esta comisión compuesta por los representantes de los dueños de la prensa escrita, de las
radioemisoras y de los Canales de Televisión, más un representante del Colegio de Periodistas
14
concluyó el trabajo en pocos meses entregando a Aylwin
un borrador de proyecto de ley
derogando las principales disposiciones abiertamente lesivas a la libertad de expresión dejadas
por el régimen de Pinochet. (20)
Aylwin despachó de inmediato al Congreso ese proyecto, el que fue aprobado por el
Parlamento y antes de seis meses de gobierno el Presidente Aylwin podía mostrar al mundo que,
en conjunto con quienes eran los dueños y los trabajadores de los Medios, su gobierno había
derogado las principales trabas dejadas por Pinochet, para lo cual, además, había logrado el
concurso unánime del Congreso chileno.
Entre las reformas más importantes, figuró la derogación de la Ley 18.313 que establecía
sanciones a los periodistas que difundieran informaciones relativas a actividades consideradas
como pertenecientes a la vida privada de las personas y, la derogación de las leyes
complementarias a la Constitución del 80, especialmente en aquellas disposiciones que habían
sido derogadas en virtud de una reforma constitucional hecha por Pinochet con acuerdo de la
oposición.
Dos de las disposiciones más controversiales, sin embargo, no fueron derogadas, los
artículos 284 y 317 del Código de Justicia Militar, proposición del Colegio de Periodistas y que no
fue recogida ni siquiera por los representantes del Presidente de la República en esa comisión,
argumentándose que ambos artículos formaban parte de otro proyecto sobre esa materia que se
tramitaría en el Congreso. De esta manera, quedaba a salvo el enclave de los militares que
podían seguir contando con las disposiciones que les permitían seguir juicios militares contra
aquellos que “amenazaren, ofendieren o injuriaren” a personal uniformado, entre otras normas de
protección para los militares. (21)
A la vista del éxito del primer intento reformista de su gobierno, sancionado por la
unanimidad del Congreso que aprobó el trabajo realizado por la Comisión, el Presidente de la
República creyó encontrar una muy buena instancia para avanzar en el ámbito de las reformas a
la legislación de prensa, especialmente porque la actividad comunicacional estaba regida por una
Ley de la década del 50 (la reforma más significativa era de los años 60). En suma una ley que
su sólo título indicaba su carácter penalizador y antidemocrático: “Ley sobre Abusos de
Publicidad”.
(20) Comision de Reforma a Legislación sobre la prensa. Memorando 28 de marzo de 1990
(21) Comisión de Reforma a Legislación sobre la prensa. Memorando 28 de marzo de 1990
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El Presidente Aylwin encomendó a la misma Comisión que le presentara un nuevo
proyecto de Ley para reemplazar a esa ley del pasado.
El trabajo no sólo no fue fácil, sino muy difícil, especialmente porque los representantes del
gobierno en la Comisión, desde un comienzo, se alinearon con las tésis de los gremios
empresariales de la comunicación, los que tuvieron a otro gran aliado: los representantes de la
Pontificia Universidad Católica de Chile. Por el otro lado, siempre en franca minoría, el Colegio de
Periodistas y el representante de la Universidad de Chile.
Los grandes centros de la discusión se dieron en 4 áreas
:- Si siendo la enseñanza del periodismo exclusivamente universitaria, ¿podía su ejercicio seguir
siendo realizado por cualquiera, sin instrucción especial ninguna?.
- Si siendo los periodistas profesionales universitarios ¿no merecían ser reconocidos como tales
en la ley, es decir, reconocerles la posibilidad, por ejemplo, del uso de una cláusula de
conciencia y del secreto profesional?.
- Si el nuevo modelo era la democracia ¿no se debiera terminar con la enorme concentración en
la propiedad de los medios imperante en Chile?
- ¿Cómo entender un estado democrático con un sistema de comunicación regido por
libremercadismo y su ley de la oferta y la demanda? Y ¿Cómo en democracia no va a existir
algún tipo de limitante que rescate la necesidad de respeto al bien común?.
El desenlace del ejercicio propuesto por el Presidente Aylwin fue el proyecto para una
nueva “Ley sobre las Libertades de Información y de Opinión y el Ejercicio del Periodismo”, en
donde no se recogían las principales aspiraciones y proposiciones de los profesionales de la
prensa.
Paralelamente, dos años antes, los Senadores Jaime Guzmán (de derecha) y Humberto
Palza (DC) habían presentado un proyecto con artículo único, transformado en Ley por el
Congreso y promulgado por el Presidente Aylwin, devolviendo al periodismo su carácter de
profesión de enseñanza exclusivamente universitaria. No obstante, estos avances lo principal era
no sólo que se enseñara periodismo en la universidades, sino que quien lo practicara tuviera la
capacitación que entregaba la universidad. De otra manera, tampoco se justificaba la existencia
de una carrera universitaria para una profesión que no requería de título para ser ejercida.
16
No obstante la resistencia del gobierno para regular el ejercicio del periodismo, por
iniciativa del propio Ejecutivo fue sancionada otra ley que dejó plenamente satisfechos a políticos
y empresarios de los grandes Medios: la Ley sobre televisión Nacional de Chile.
LA LEY SOBRE LA TELEVISIÓN DE “SERVICIO PÚBLICO”
En todo el mundo civilizado una televisión denominada de “servicio público” debía, primero,
financiarse o por el aporte directo de los usuarios o por los aportes del Estado y, además, su
administración debía ser independiente de los poderes, especialmente el político. Eso enseñaba
la experiencia mundial en la materia.
La ley que finalmente promulgó el gobierno de Aylwin, entre los aplausos de los políticos y
de los empresarios privados, estableció que, en el caso chileno, la televisión de “servicio público”
es todo lo contrario a como la entiende el resto del mundo: es una televisión financiada por las 20
más grandes empresas del país y está administrada por un Directorio nombrado por los partidos
políticos, de acuerdo a cuotas para cada partido, entre los representantes del gobierno y los de
la oposición.
La ley de Televisión Nacional de Chile establece que su Directorio es designado por
acuerdo entre el Presidente de la República y el Senado y que no teniendo fines de lucro debe
“autofinanciarse”, porque no puede recibir dinero del Estado, ni comprometer créditos del Estado,
estando sometida no a las normas administrativas de una empresa Estatal, sino a la de las
sociedades anónimas abiertas, pudiendo, además, constituir otras empresas complementarias a
su actividad. (22)
Una estación de TV que debe autofinanciarse es tributaria de lo que decidan las 20 más
grandes empresas avisadoras, especialmente en un país profundamente politizado y en donde la
publicidad privada se reparte con indudable discriminación ideológica. Lo que ocurrió con esta
disposición es que si antes los periodistas recibían llamados para “tratar bien” a los políticos,
ahora los reciben también para “tratar bien” a los empresarios. A partir de esta exigencia de
“autofinanciarse”, por ejemplo, es que se vulgarizó hasta el más humilde de
los programas
porque toda la programación debe rendirse ante el rating y ante la orientación que guste a las
(22) Ley 19.132 de 1992. Arts. 2-4-22-24-25-35
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empresas que avisan. Y en esto, reside el éxito económico
la televisora porque captó los
grandes recursos de la empresa privada por la vía de “sujetar” o censurar incluso a sus propios
periodistas, respecto de temas y nombres que no podían ser tocados durante los años de los
primeros gobiernos de la Concertación.
Como si lo anterior fuera poco, esta nueva televisión “de servicio público” además de
autofinanciarse, es administrada por un Directorio nombrado por dos poderes del Estado: el
Presidente de la República y el Senado. El resultado es que ambos se ponen de acuerdo y
nombran un grupo administrador en donde los elegidos son escogidos en razón al partido al que
pertenecen y que los propone. Así, se refuerza el control político sobre el medio, pero ya no sólo
el control del gobierno, sino también ahora el de la oposición que, a lo menos tiene 3 de los 7
miembros del Directorio que administra la televisora. (23)
Otra de las disposiciones “interesantes” es aquella que le permite a televisión nacional de
Chile, constituir otras empresas complementarias porque mediante esta norma se pensó en un
comienzo privatizar toda la televisión chilena. El proyecto era que, la sección de producción del
Canal Nacional, se constituiría en la productora más grande del país que sería licitada a los
privados, y por esa vía los privados entrarían a controlar directamente el contenido de los
mensajes
Finalmente, se optó por el expediente de controlar todo el sistema estatal, por una jefatura
política, de todos los sectores políticos, acordada por los propios políticos, propuesta por el
Presidente de la República y ratificada por el senado, lugar este último, en donde gracias al
sistema binominal dejado por Pinochet, la oposición siempre estaría, a lo menos, en condiciones
de empatar al gobierno.
De esta manera, aumentando aún más la enorme concentración en la propiedad,
comenzaba
a
cerrarse el círculo, que terminó con prácticamente todos los medios de
comunicación de inspiración democrática.
(23)
El borrador inicial del proyecto establecía en primer lugar que para nombrar al Directorio de Televisión Nacional sería
entre el Presidente y la Cámara de Diputados, pero el gobierno del Presidente Aylwin lo cambió para un acuerdo entre el
Presidente y el Senado, donde tenía mayoría la oposición
18
LA CONCENTRACIÓN EN LA PROPIEDAD DE LOS MEDIOS.
Las estadísticas indican que durante el gobierno del general Augusto Pinochet hubo
mucho más prensa de la Concertación de Partidos Por la Democracia que en todos los años de
gobierno de la propia coalición. Esto significa que en el gobierno de Aylwin, al parecer, se habría
llevado a cabo un verdadero plan de exterminio de los Medios de Comunicación, que respondían
a su misma ideología, dejando que la oposición a sus gobierno llegase a controlar más del 70 por
ciento de lo que leían los chilenos. Hasta el Canal de Televisión del Estado, se transformó en un
ente cuya administración comparte el gobierno con la oposición. Baste consignar que en el
gobierno del Presidente Salvador Allende, los partidos que después formaron la CPPD, tenían 6
diarios, dos revistas, 10 radios y una agencia informativa. Durante los ochentas, los Medios de
ese mismo sector llegaron a 3 revistas, 1 diario y 3 radios. Al finalizar el gobierno de Aylwin, sólo
contaban con 1 radio.
La entrega de la comunicación a la derecha se produjo, especialmente durante el gobierno
de Aylwin. Desde el propio Gobierno se mandaron a realizar estudios comparativos sobre el
fenómeno de la concentración en la propiedad de los medios, según se dijo, para buscar una
legislación que impidiera ese fenómeno en Chile, pero una vez conocido los resultados de ese
estudio, el trabajo era escondido por las propias autoridades al constatarse que el régimen
imperante en el país, era uno de los que en el mundo permitían la más destructiva y deformadora
concentración en la propiedad de los medios. (24)
Hasta ese momento, en el mundo se daban dos formas de mantener controlada la
excesiva concentración en la propiedad de los medios de comunicación: Una por la vía de limitar
la propiedad de personas naturales o jurídicas en medios de alcance nacional
y la otra,
prohibiendo que un mismo propietario fuera autorizado a ser dueño de más de un medio de
alcance nacional y de distinto género. En síntesis, la primera no permite que una persona o grupo
controle más de un medio de alcance nacional y la otra, que una persona o grupo controle
medios nacionales de distinto genero, es decir, por ejemplo, una televisora y un diario nacionales.
En Chile, no sólo los gobiernos de la Concertación optaron por dejar el tema de la
propiedad de los Medios en las manos absolutas de una economía de mercado “cruel y salvaje”,
(24) “Pluralismo y Concentración de la propiedad de los Medios de Comunicación. Estudio de las regulaciones en la legislación
comparada de Europa y EE.UU. en función de garantizar el pluralismo”. Ministerio Secretaría General de Gobierno. 1995.
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como calificó en su momento el propio Presidente de la República al sistema económico al que
adhirió su gobierno, sino que, además, se optó por asfixiar económicamente a los pocos medios
que respondían a la orientación ideológica antilibremercadista, incluyendo a aquellos que viniendo
de la dictadura, eran de la misma orientación política democrática del gobierno.
A MODO DE CONCLUSION
En la “era de la información”, los contenidos y el conocimiento que cada sujeto logra
transmitir con efectividad, son la base de la relevancia y el éxito que adquiere en la sociedad. En
la formación de la Opinión Pública crece cada vez más la importancia de los Medios de
Comunicación, en perjuicio de las otras formas de debate y divulgación de ideas. (Habermas,
1985). Es por eso, que es tan difícil entender lo que pasó en esa área, en el primer gobierno de la
Concertación.
El Estado es el que tiene el rol de cuidar del bien social y siendo la comunicación un
derecho fundamental, el Estado debe ser capaz de regular y tomar las medidas que aconseja la
situación para que los ciudadanos tengan libre acceso a este bien tan esencial para ellos, de una
forma libre y democrática.
Para algunos, lo ocurrido con los medios de comunicación durante el primer año de
gobierno de la Concertación es una suerte de “comedia de equivocaciones”, para otros es sólo
fruto de la “ignorancia”, de quienes tuvieron a su cargo llevar adelante las políticas en esta área,
otros hablan de “intereses contrapuestos”. Todas y cada una de estas interpretaciones podrían
responder a “cualquier razón de la sin razón”, pero, hay que intentar una explicación juntando,
seleccionando y clasificando los datos principales, a fin de darle la coherencia que la coyuntura
pocas veces permite.
Sacados de su conjunto cada uno de los hechos que se generaron en los primeros 4
años de gobierno de la Concertación, pierden la perspectiva de lo que entrega lo que en el
periodismo se ha dado en llamar la “contextualización”. Presentados y analizados en su conjunto,
es posible entenderlos, al menos como fenómeno histórico.
No es posible interpretar sólo como una coincidencia el que un gobierno:
20
1. convierta un medio tan importante y decisivo como la televisión Estatal en un ente a
merced de la empresa privada y dirigida por los partidos políticos
2. impulse una legislación de acuerdo con los postulados de las grandes empresas
periodísticas
3. favorezca la privatización de los medios Estatales,
4. aniquile sistemáticamente los medios que él mismo creó cuando era oposición.
En el haber del gobierno de Aylwin, cabe destacar en materia de comunicación social
1. la derogación de las principales disposiciones legales dejadas por Pinochet,
abiertamente contrarias a la libertad de expresión
2. la recuperación del carácter de enseñanza exclusivamente universitaria para el
periodismo,
3. el proyecto de ley sobre “La Libertad de Información y de Opinión y Ejercicio del
Periodismo”.
En el “debe”, puede mencionarse:
1. la falta de decisión política para llevar adelante una comunicación social que ayudara a
desarrollar una sociedad más democrática.
2. la desaparición de los medios que venían ejerciendo el rol de foro público que le
correspondía al Parlamento, y que no eran otros que los fundados por la propia
Concertación. El gobierno de Aylwin llevó adelante una política de cierre de esos
Medios, por la vía de propiciar su cierre o negarles cualquier tipo de ayuda, e incluso
publicidad de las empresas del Estado.
3. la decisión del gobierno de favorecer aún más la gran concentración en la propiedad de
los Medios de Comunicación,
4. La política de comunicaciones del primer gobierno democrático que se autodefinió como
un gobierno sin política de comunicaciones.
La ausencia de una noción de lo que podríamos denominar Comunicación Política,
entendida en su forma más elemental como las definiciones fundamentales que permiten llegar a
estructurar una política de comunicaciones eficiente y eficaz, quizás sea una de las razones
21
primeras, no la única ni la principal, para que el gobierno Aylwin haya quedado en deuda con sus
propias promesas.
Por otra parte, la redemocratización de Chile, durante el primer gobierno de la CPPD, tuvo
un ritmo y una intensidad impuesta por los perdedores, los que fueron obligados a entregar el
poder formal, pero siguieron con gran parte el poder real.
Transitar de una dictadura unipersonal de casi 17 años, una de cuya características
centrales fue la unidad y la obediencia férrea de los que tenían las armas y de quienes le daban
sustentación política, hacia la democracia no es una tarea que pueda realizarse en un corto
plazo de tiempo.
No es menos importante considerar, además, que una de las características de la política
latinoamericana es la demagogia de nuestros dirigentes políticos. La falta de concordancia entre
“el decir” y “el actuar” es algo muy acendrado en la praxis política del continente y por ello no es
infrecuente que, no sólo en el ámbito de los Medios de Comunicación y de las Políticas de
Comunicaciones, lo escrito y prometido en una campaña sea fácilmente olvidado a la hora de
hacer gobierno.
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