Sentimiento de dolor y angustia, vectores de la vida psíquica

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REV. DE PSICOANÁLISIS, LXVI, 1, 2009, págs. 263-277
Sentimiento de dolor y angustia,
vectores de la vida psíquica
*Marta Kreiselman de Mosner y
**Marisa Ingrid Mosner
Introducción
El sentimiento de dolor es nodal como concepto de la teoría psicoanalítica y en la comprensión clínica. Investigamos las ocasiones donde el displacer que la angustia promueve en el yo no es suficiente para morigerar
la intensidad de dolor. Encontramos que la pena y tristeza le exigen al
aparato psíquico una elaboración muy sofisticada. De hecho, mantener
en el yo grandes magnitudes de displacer imposibles de disolver por la
angustia es una prioridad en los procesos de elaboración de duelos.
Encontramos en las personas la utilización de medidas paliativas para
evitar el sufrimiento al modo de quitapenas o manías que son anestésicos del yo. Ante la imposibilidad de conexión con emociones de tristeza
se borran los enlaces con el contenido traumático y los dolores se disuelven. Planteamos la necesidad teórica y clínica de repensar los destinos de
los afectos cuando se refieren a circunstancias extremadamente penosas.
Se puede seguir el derrotero de los mismos bajo otras presentaciones:
psicosomática, psicosis, accidentes o el dolor necesario para el crecimiento. Pensamos que la clínica psicoanalítica abre las puertas a este
tipo de figurabilidad, y da cuenta de memorias no inscriptas como archivos accesibles en la mente de los sujetos que constituyen las criptas o sepulturas secretas de traumas familiares no explorados. Es decir, el afecto doloroso es la brújula orientadora hacia este tipo de fenómenos que
comprometen o hipotecan la vida de los sujetos.
* Dirección: Avda. Las Heras 1750, 2º “B”, (C1018AAO) Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, Argentina.
[email protected]
** Dirección: Rep. de la India 2945, 2º “D”, (C1425FCE) Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, Argentina.
[email protected] Traducción de Diccionario Alemán – Castellano DIX.
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El sentimiento doloroso es necesario para iniciar un trabajo de duelo.
La angustia se acerca a la vivencia de desgarro psíquico (dolor, vivencia
de fin de mundo, angustia de fragmentación) sólo cuando es angustia
por pérdida de objeto. En el duelo encontramos anudados los dos afectos, angustia y dolor. Cuando estos afectos no quedan fusionados en el
trabajo de la elaboración de un duelo, el destino del afecto doloroso toma
diversos caminos, a saber: colisión con el mundo exterior, o en expresiones psicosomáticas o psicosis. Freud muestra las diferencias entre las
fuentes libidinales y las fuentes de producción del dolor. Freud dice
(1929-1930):
El sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo que, condenado a la decadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los
signos de alarma que representan el dolor y la angustia; del mundo exterior,
capaz de encarnizarse con nosotros con fuerzas destructoras omnipotentes e
implacables; por fin, de las relaciones con otros seres humanos. El sufrimiento que emana de esta última fuente quizá nos sea más doloroso que cualquier otro; tendemos a considerarlo como una adición más o menos gratuita,
pese a que bien podría ser un destino tan ineludible como el sufrimiento de
distinto origen.
Aun cuando el ser humano pretenda como objetivo vital el programa que
propone el principio de placer, éste se ve obstaculizado por las tres fuentes de sufrimiento mencionadas. El principio de placer contrasta con la
tan generalizada y universal “experimentar la desgracia”. Sufrimiento,
pena y dolor son exigencias de trabajo para el psiquismo; cuando las vivencias displacenteras no son toleradas, se convierten en enfermedad
mental o daño del cuerpo.
Acerca de la transmisión transgeneracional del dolor.
De secretos y dolores
Haremos un recorrido por autores que investigan estos temas. En especial, enfatizar en estos autores los efectos compulsivos del trauma a
través de las generaciones. La existencia en un sujeto de “vidas otras”
que lo exponen a un estallido, enfermedad o psicosis por retorno compulsivo. Son modos de ingreso de grandes cantidades de dolor en el yo.
Modos de aparición de un trazo de las vidas de los ancestros. La temática de lo que se transmite a través de las generaciones es un tema que a
Freud no le pasó inadvertido. En “Introducción del narcisismo” (1914),
Freud señala: “El individuo lleva realmente una existencia doble, en
cuanto es fin para sí mismo y eslabón de una cadena de la cual es tributario contra su voluntad o, al menos, sin que medie ésta”. Es decir,
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Freud propone que desde el nacimiento hay marcas de la cadena generacional.
En Tótem y tabú (1912-1913), Freud investiga de qué modo se transmiten de una generación a la otra los estados psíquicos. En El yo y el ello
(1923, pág. 40), Freud enuncia la presencia en el ello de las existencias
yoes-ancestrales:
[…] el ello hereditario alberga en su interior los restos de innumerables existencias yo, y cuando el yo extrae del ello {la fuerza para} su superyó, quizás
no haga sino sacar de nuevo a la luz figuras, plasmaciones yoicas más antiguas, procurarles una resurrección.
Para Freud, por lo tanto, la transmisión se da a través del superyó, en
tanto mediador entre el yo y el ello. La idea de cómo se transfiere el pensamiento la investiga también en “Psicoanálisis y telepatía” (1941
[1921]), donde plantea la posibilidad de “leer” el inconsciente de otro.
En 1939, Freud refiere: “[…] en la vida psíquica del individuo pueden
tener eficacia no solo contenidos vivenciados por él mismo sino por otros
que le fueran aportados con el nacimiento, fragmentos de origen filogenético, una herencia arcaica […] lo que se reconoce como el factor
constitucional en el individuo”. Allí se puede ver una nueva vía de transmisión, además de la cultural, en la que pedazos de la vida psíquica de
las generaciones anteriores se convierten en el bagaje inconsciente de
generaciones posteriores.
Mas contemporáneamente, René Kaës (1993) hace una investigación
del concepto de transmisión en los textos de Freud, que es designada por
cuatro términos: Vererbung (herencia genética, transmisión hereditaria), que remite a lo que se ha legado; Erwerbung (adquisición), que es
lo recibido por transmisión; Erblichkeit (carácter hereditario, heredabilidad1), que designa aquello que ha heredado, y Ubertragung (transferencia), que es el único término activo, que corresponde a transmitir y a
transferir. El autor atribuye un fuerte carácter pulsional a la transmisión de los legados culturales, en cuya red de discursos, fantasías e historias contadas está siempre inserta la existencia del sujeto. Define un
conjunto de “[…] exigencias pulsionales inconscientes, en las que prevalecen a veces las exigencias narcisistas de conservación y continuidad
de la vida psíquica, a veces las del Ideal del Yo y del Superyó, más precisamente, la transmisión de las prohibiciones fundamentales. […] siempre aparece la necesidad de transferir-transmitir en otro aparato psíquico [...]”.
1. Traducción de Diccionario Alemán-Castellano DIX.
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Del mismo modo, respondiendo una inquietud de Marilú Pelento, en
una conferencia, Haydée Faimberg (2005) plantea:
[…] esto no tiene que ver con lo que el paciente cree que es, ni lo que el paciente se cuenta a sí mismo o a un otro, ni siquiera con lo que se dice explícitamente; es una dialéctica entre lo dicho y lo no dicho, es una dialéctica que
se desarrolla sobre todo con lo que insiste en lo no dicho y que el paciente ni
nadie sabe que está no dicho. Y al mismo tiempo es una situación paradojal
porque en la Verleugnung freudiana, o sea la desmentida, el objeto del desmentido es conocido, contrariamente a lo que la tradición hace creer. Es tan
conocido que se lo evita siempre, a diferencia de la represión. En la desmentida, lo que insiste es lo no dicho y ésta es la gran solución que tenemos porque se empieza a dibujar un no dicho muy particular. […] Es ese no dicho, es
ese mensaje que el otro va transmitiendo e insistiendo en lo que no puede
decir.
Kaës (1993) también propone cuatro territorios de la transmisión en la
obra de Freud: La transmisión intrapsíquica, la intersubjetiva, la transpsíquica y la cuestión de la formación del yo. La transmisión intrapsíquica
daría cuenta de lo que se transmite o se transfiere y de cómo se efectúan
estos pasajes. La transmisión intersubjetiva “describe e interpreta los emplazamientos correlativos de los sujetos en sus relaciones imaginarias,
simbólicas y reales” (1993, pág. 34). La transmisión transpsíquica supone
la abolición de los límites y de espacios subjetivos. Y en cuanto a la formación del yo, lo concibe como una instancia psíquica particularmente requerida en los procesos y las funciones de la transmisión psíquica en razón de
su posición intermediaria.
Kaës (1993) también investiga otros modelos de transmisión no provenientes del psicoanálisis y menciona:
– Modelo de la degeneración de Buffon (1749), en el que se transforman
caracteres adquiridos y se transmiten cada vez más lejanos a un modelo ideal de hombre. Es decir, se degenera la raza.
– Modelo epidemiológico y la barrera inmunitaria que sigue el modelo
médico y bacteriológico. “La transmisión se efectúa por la penetración de un agente infeccioso vivo en el organismo que lo recibe”
(1993, pág. 39). La transmisión se daría por la liberación de un agente infeccioso por un organismo infectado, el pasaje del agente al
medio externo y la penetración de este agente en el organismo sano.
– Modelo del contagio mental y las psicologías de las multitudes, se basaría en que la multitud le confiere poder al individuo. El estado normal de la multitud es la furia y la credulidad. “En los seres sugestionados, la idea fija tiende a transformarse en acto” (1993, pág. 42). En
esto coincide con el autor de preferencia de Freud, LeBon.
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Kaës (1993), basándose en Bion (1965), establece una diferencia
entre la transmisión de objetos transformables y la transmisión de objetos no transformables. Los objetos psíquicos transformables tendrían la
estructura del síntoma o del lapsus, en cambio, los no transformables
permanecerían enquistados, inertes.
Otras investigaciones importantes sobre la temática de la transmisión fueron realizadas por Tisseron (1995), quien propone que la realidad psíquica de los padres nunca modela la vida psíquica de los hijos en
forma pasiva. La vida psíquica de cada niño se constituye en interrelación con la vida psíquica de sus allegados. La palabra transmisión, para
Tisseron (1995), refiere únicamente a las situaciones que implican objetos concretos claramente identificables. Propone la palabra “influencia”, que designa una acción que una persona ejerce sobre otra y deja la
posibilidad de interpretación por parte del receptor.
Tomando a Abraham y a Torok (1961-1975), Tisseron (1995) plantea
una clara diferencia entre las influencias intergeneracionales y las
transgeneracionales. Las primeras se producen entre generaciones adyacentes en situaciones de relación directa. Las otras se producen a
través de la sucesión de las generaciones: los contenidos psíquicos de los
hijos pueden estar marcados por el funcionamiento psíquico de los abuelos o de ancestros que no han conocido, pero cuya vida psíquica ha marcado a sus propios padres.
La vergüenza en relación con estas influencias suelen expresarse
más tarde por la enfermedad psíquica o física en los descendientes
(Tisseron, 1995, pág. 18). Por lo tanto, los traumatismos no superados
pueden ser de naturaleza personal pero también estar ligados a la historia colectiva.
Cuando una generación sufre un traumatismo que no elabora, la resultante es un clivaje que instituirá para las siguientes generaciones la
prehistoria de su historia personal. El acontecimiento en cuestión puede
denominarse “indecible” en la medida en que esté presente en el psiquismo de quien lo haya vivido, pero de tal manera que no puede hablar
de ello. Este sujeto es portador de una “cripta”. En la generación siguiente, el hijo criado por padres portadores de un traumatismo no elaborado y clivado será afectado en el conjunto de su psiquismo. Será portador de un “fantasma”. Los acontecimientos que corresponden a la generación precedente son para esta generación “innombrables”. Sus contenidos son ignorados y su existencia es presentida e interrogada. Los
hijos de padres portadores de un traumatismo pueden desarrollar dificultades de pensamiento, de aprendizaje, etc. En la generación siguiente los acontecimientos se vuelven “impensables”. El niño puede percibir
en sí mismo sensaciones, emociones, imágenes o tener conductas que parecen bizarras (Tisseron, 1995, págs. 18-19).
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En cuanto a los momentos facilitados para la transmisión, Tisseron
(1995, pág. 23) plantea que ésta se da desde el estado fetal, los primeros
contactos del niño con su entorno y las primeras manifestaciones del
bebé. La historia materna y su prehistoria transgeneracional constituyen para el bebé las primeras referencias de su mundo interno. Otro momento importante de la vida psíquica se organiza en torno a las identificaciones del niño con cada uno de sus padres (identificaciones edípicas). Momentos de nacimientos y muertes son ocasiones privilegiadas en
toda familia para integrar acontecimientos que hasta el momento
habían sido separados de su vida psíquica. Toda experiencia nueva obliga a un nuevo trabajo de introyección:
[...] en el caso de que esto no ocurra, estas experiencias no se integran en
forma armoniosa a la vida psíquica y pueden imponer a los descendientes, a
veces por varias generaciones, la necesidad de simbolizar aquello que lo fue
sólo imperfectamente en los ascendientes (Tisseron, 1995, pág 25).
Por último, otra vía facilitada para la transmisión es por medio de la
transferencia de objetos materiales de una generación a la otra.
Eiguer (1997, pág. 28) señala:
[...] lo transgeneracional vehiculiza además el modelo de parentesco, el
mismo que organiza atracciones y rechazos, prescripciones y proscripciones,
que distribuye el lugar de cada uno de los miembros de la familia. Está en el
origen de la transmisión de los mitos, de los ideales, modula los proyectos de
vida e interviene en la organización del superyó individual.
Quiere decir que lo ancestral aparece como un otro del padre que vehiculiza mitos de origen que estructuran la familia.
Silvia Gomel (1997) dice: “Transmisión generacional será entonces el
modo peculiar en el que verdades y saberes, odios y amores, deudas y legados, posibles e imposibles, se traspasan de los odres viejos a los nuevos sosteniendo que la voz de las generaciones no se silencie”. Por lo
tanto, la transmisión implica un trabajo doble: adueñarse de lo recibido
de manos de nuestros antecesores y, al mismo tiempo, imprimir a ese bagaje nuestro propio sello.
Freud (1939 [1934-38]), en “La analogía”, punto C del Moisés…, refiere a los traumas de la infancia y los efectos positivos (fijación al trauma y compulsión a la repetición) y negativos (reacciones de defensa).
Luego plantea (pág. 81): “[…] se discierne en las doctrinas y ritos religiosos dos órdenes de elementos: por un lado, fijaciones a la antigua historia familiar y supervivencias de ella; por el otro, restauraciones del pasado, retornos de lo olvidado tras largos intervalos”. En el mismo texto,
Freud se pregunta cómo se pasan las tradiciones y los modos de ser de
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una generación a la otra. Plantea que lo que entró vía ello en el individuo son huellas difíciles de asir. Para que se instalen como tradición, síntoma o carácter necesitan conectarse con el vivenciar en uno mismo y,
de ese modo, se actualizan. Así se produce un puente entre lo que entra
vía ello habiendo sufrido el paso del tiempo, y lo que es yo y es actual.
Entonces se mantiene viva una memoria del trauma. Lo que se repite,
por lo tanto, son sucesos traumáticos que dejaron marcas y que fueron
silenciados. En este sentido, Gomel (1997, pág. 19) dice: “No me planteo
otra temporación que la retroactiva en las cuestiones ligadas a lo transgeneracional. La historia de una familia se construye en su transmisión:
transmitir un pasado es, en verdad, construirlo”.
Las consecuencias del retorno de lo reprimido podrían ser los síntomas.
Hay muchas investigaciones respecto a este tema. En la “Conferencia 17”
(1917 [1916-17]), Freud dice que el “síntoma es rico en sentido y se entrama con el vivenciar del enfermo” (pág. 235). Amplia esta idea más adelante (pág. 247): “La tarea que se nos plantea no es otra que ésta: para
una idea sin sentido y una acción carente de fin, descubrir aquella situación del pasado en que la idea estaba justificada y la acción respondía a un fin”. En un principio, Freud es guiado por las histéricas,
podríamos decir por esos cuerpos hablantes, escuchando el deseo inconsciente. El cuerpo a través de sus síntomas se va delineando como
brújula, como verdadera huella clínica, y la palabra se va manifestando
como instrumento de un trabajo, a través del cual el inconsciente irá revelándole a Freud sus mecanismos. Los síntomas son el resultado de un
conflicto que se libra en torno de la satisfacción pulsional. Las dos fuerzas que se han enemistado tienen como resultante el síntoma. Una de
las fuerzas del conflicto es la libido insatisfecha, rechazada por la realidad, que ahora tiene que buscar otros caminos para su satisfacción. Por
lo tanto (Freud, 1916-1917, pág. 328), “Así, el síntoma se engendra
como un retoño del cumplimiento del deseo libidinoso inconsciente,
desfigurado de manera múltiple; es una ambigüedad escogida ingeniosamente, provista de dos significados que se contradicen por completo
entre sí”. ¿No deberíamos proceder de un modo similar con el sentimiento doloroso?
Cuando el sentimiento doloroso se vuelve psicosis
Un joven con diagnóstico de psicosis discute enardecidamente con su
hermana, grita y amenaza con pegarle. La madre dice: “Pongan paños
fríos… enfríen la bronca”. A la mañana, el joven despierta con gripe,
explica que durante la noche tuvo un enfriamiento. Observamos que
hubo un proceso de traducción inconsciente que permitió el desliza-
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miento del enfriar en sentido figurativo (poner “paños fríos” a una discusión) al enfriamiento como enfermedad real del cuerpo. Se trata de
un salto cuantitativo. El lenguaje de órgano asiste al psicótico con la finalidad de sostener al yo antes que colapse en una vivencia catastrófica de desamparo, de ese modo el yo vuelve a configurarse. Decimos
“asiste” aludiendo al concepto de “objeto asistente” o “individuo auxiliador” desarrollado por Freud2 (1886 -1899) en el “Proyecto de psicología”. Esta asistencia, frente a la vivencia de dolor, evita el desvalimiento (Hilflosigkeit) y la consecuente fragmentación del yo, pero
muestra la regresión tópica y temporal que debe realizar el psiquismo
para controlar un conflicto, ahogándolo en la mismidad, imposibilitado
el acceso a una demanda del mundo externo. En “Introducción del narcisismo” (1914) leemos que la hipocondría es en la psicosis un equivalente de la angustia en la neurosis.
La pregunta es: ¿por qué en la psicosis no alcanza el nivel discursivo
simbólico para sostener el conflicto psíquico? ¿Cómo se pasa de poner
paños fríos a enfermar de un enfriamiento? El trabajo (Arbeit) de la psicosis consiste en construir una neo-realidad convincente para el “delirante” mediante vivencias hipocondríacas y alucinaciones. La pulsión se
expresa en los límites. Para este joven, enfriarse fue el modo de evitar
una explosión de sentimientos agresivos y punitivos hacia su hermana.
La orden materna evitó la descarga en el mundo exterior de emociones
vividas con mucho placer: aniquilar a su hermana, pegarle, poseerla, humillarla, destrozarla. Todo este imaginario anal está al servicio de la rivalidad fraterna edípica. Para frenar la acción recurre al uso de defensas extremas y primitivas: la vuelta contra su propia persona. Sin embargo, ¿qué contra-carga se debe utilizar para evitar que la descarga se
produzca en el afuera? La fuerza agresiva vuelta contra sí mismo llena
al yo de masoquismo y pulsión de muerte; es concentrar toda la mente
en ideas recurrentes y perseverantes que sustituyen a la esperable rebelión.
Pero ¿por qué un sujeto tiene una regresión psicótica frente a una demanda del mundo exterior en lugar de sostener y defender su punto de
vista? Una hipótesis estrictamente psicoanalítica: no sólo se necesita la
fuerza pulsional para modificar el mundo exterior, sino que la alteración
2. S. Freud (1886-1899, págs. 362-363):“El organismo humano es al comienzo incapaz de llevar a cabo la acción específica. Ésta sobreviene mediante auxilio ajeno: por la
descarga sobre el camino de la alteración interior, un individuo experimentado advierte
el estado del niño. Esta vía de descarga cobra así la función secundaria, importante en
extremo, del entendimiento, y el inicial desvalimiento del ser humano es la fuente primordial de todos los motivos morales”.
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a realizar no tome un valor incestuoso. Observamos que el joven tiene la
fuerza necesaria, pero está imposibilitado de utilizarla por su connotación edípica incestuosa. Entonces, la vuelta contra sí mismo implica seguir siendo, en el delirio, el poseedor de su hermana, dueño de todas las
mujeres de su familia y no corre el riesgo de perderlas. Tal como lo plantea Freud (1912-13), la vuelta contra sí mismo evita el duelo, el reconocimiento de la pérdida. Prefiere ceder un pedazo de su yo y así obviar la
angustia de castración. De ese modo sigue sujeto a la sexualidad y a los
padres de la infancia, renuncia a los riesgos de la sexualidad adulta.
Crecer es tolerar el dolor del desasimiento.
Crecer es tolerar el dolor de desasimiento
En el período de latencia, los niños recuperan la curiosidad infantil ardientemente explorada en la infancia bajo el modo discursivo de las teorías sexuales infantiles (1908). De ellas se ocupan los niños pequeños.
Investigan las teorías sexuales infantiles por medio del juego (el falocentrismo, la teoría de la cloaca y el coito sádico) (Freud, 1908). En el
período de latencia, la curiosidad construye una nueva formación discursiva llamada novela familiar (Freud, 1909) con dos estadios significativos: el asexual (el latente desconoce el poder reproductor del semen
y la función de la vagina) y el sexual (cuando ese saber se inscribe como
verdad). Este saber provoca un crecimiento en el nivel del pensamiento,
la capacidad de deducciones independientes del plano perceptivo o de los
sentidos que Freud metaforiza como “la madre es certidumbre y el
padre es incierto”. Las fantasías vergonzosas de la latencia alejan a los
niños de los padres, producen intrigas y novelas. Evitan la mirada de los
adultos, se cierran puertas. Se va produciendo el desasimiento. Freud
(1909), en “La novela familiar del neurótico”, dice:
[...] en el individuo que crece, su desasimiento de la autoridad parental es
una de las operaciones más necesarias, pero también más dolorosas. Es absolutamente necesario que se cumpla, y es lícito suponer que todo hombre devenido normal lo ha llevado a cabo en cierta medida. Más todavía: el progreso de la sociedad descansa, todo él, en esa oposición entre ambas generaciones [...]
El concepto de desasimiento introduce en la teoría psicoanalítica el valor
del afecto doloroso como displacer necesario dentro del yo, y lo diferencia del afecto de angustia, que consideramos acompaña los movimientos
de la libido conquistando el mundo erógeno. “Desasimiento” en la obra
freudiana es separación de cuerpos, es salida del narcisismo, es fracaso
de la salida alucinatoria como otorgadora de sensaciones. Si vivir signi-
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fica un progreso, debe haber desasimiento de la autoridad parental y ello
sólo es posible si se conquista la sensación de autonomía que implica separarse de los mandatos superyoicos de la infancia. El desasimiento es
doloroso pues implica un trabajo de duelo, tal como nos lo expresa
Arminda Aberastury (1974) como “trabajo de la adolescencia”. Progreso
es movilidad psíquica, alteración del mundo exterior, exogamia, y la presencia del sentimiento de dolor es el único ingrediente que permite soltarse del cuerpo de los padres, a favor de la conquista de sensaciones en
el yo voluptuosas y excitantes para ser grandes. En este proceso no alcanza con la angustia. Así como el duelo se inicia con el examen de realidad que reconoce la pérdida del objeto y la imposibilidad de su reencuentro, soportar dentro del psiquismo una cierta carga de sentimiento
de dolor procura autonomía. No se puede seguir siendo todo bueno, pequeño y sometido a los padres superyoicos, y para eso es importante
aprender a soportar un poco de dolor.
Sentimiento de dolor para el desasimiento o
sentimiento de culpa en la neurosis
Juan tiene 7 años y es brillante en su desempeño escolar, es hijo de padres vinculados a cuestiones de la cultura y la educación, la escuela es
una continuación de su hogar. Un día se desata una tormenta de intensa angustia, llanto inconsolable y arrepentimiento cuando la maestra
de inglés le hace una advertencia severa al encontrarle malas palabras
escritas en el cuaderno de clases. Se trataba de una picardía compartida entre varios compañeros: cuando entra la maestra, los amigos borran rápido las malas palabras, en cambio Juan no advierte que debe
borrarlas y se expone a que ella advierta el texto obsceno, cosa que sucede. Podemos pensar que la escena de mortificación en lo real, la severa sanción moral de la maestra introduce en el psiquismo de Juan un
sentimiento de dolor necesario para el desasimiento de la autoridad.
Crea una escisión entre el mundo de los grandes y los chicos. El sentimiento doloroso obtenido en base a mortificaciones y sometimientos es
producto de la idealización a los padres. Obtiene el sentimiento de dolor
pero padece mortificaciones narcisistas en los vínculos con las autoridades escolares. Por lo tanto, no obtiene adecuadamente el sentimiento de crecer que proviene del desasimiento, en cambio siente que es culpable de “ensuciar” el nombre del padre, que es chico y no merece que
confíen en él.
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Duelos patológicos en lugar de sentimiento de dolor.
Una familia y la niña epiléptica
Florencia padece convulsiones desde sus 5 años. La mamá nos aporta un
dato relevante: las convulsiones se produjeron muy cercanas a los cumpleaños de 5 y 6 años de la niña. La escucha analítica nos orienta para
discriminar que las descargas eléctricas, “escalofríos” en el lenguaje de
la niña, constituyen un fenómeno episódico que retorna y tienen una
data. Desde esta perspectiva, vemos que no es una descarga anárquica
neuronal sino que hay un dominio de lo pulsional, es decir, del campo de
la fantasía inconsciente. Los cumpleaños en los niños son significativos
en relación con el desasimiento de la autoridad parental, signo inequívoco de envejecimiento de los padres (castración) e interroga los lugares
de filiación del niño frente al Edipo, tal como éste ante la Esfinge. El síntoma de Florencia cuestiona su estructura familiar, devela en cada borde
aquello del deseo que se le hace imposible conquistar para su crecimiento, es exigencia de trabajo para develar su posicionamiento en la estructura familiar. Los escalofríos, desde los 7 años, se manifiestan sólo antes
de conciliar el sueño, no peligra la supervivencia.
Florencia, en su psicoanálisis, descubre que su mamá está impregnada por un duelo patológico. Su abuela materna tenía una hermana que
enfermó a los 17 años y se murió a los 23. Poco antes de morir, cuenta la
leyenda, le dice a su hermana: “Ahora vas a ser única hija”. A los 5 años,
Florencia queda como única hija de su mamá y nieta de una abuela que
fue única hija por la terrible muerte de su hermana. Interpretamos que
las descargas eléctricas de Florencia son un electroshock a la mamá para
sacarla del embrujo de esa frase del pasado pero aún vigente. La madre
se sorprende: “¿Yo te conté que a mi mamá le dieron electroshock por
sus depresiones?”. Florencia debe indagar, para desear y crecer, los duelos no elaborados de su madre y abuela. ¿Qué produjo en Florencia la
muerte de su tía-abuela a la que no conoció? Encontrar a través de las
napas de la resistencia el significante “electroshock” fue remedio para el
cuerpo orgánico, inscribe la única vacuna para limitar los escalofríos.
La mamá se empeña en que Florencia se interese por la Biblia para
niños, se interesa particularmente por José, abandonado por los hermanos que convencen al padre de que José ha muerto. José reaparece como
onirocrítico y asesor del faraón. José, interpretador de los sueños, nos
pone en el camino del psicoanálisis y la curación de los síntomas de
Florencia. No dejaremos de señalar que la pequeña tiene medio hermanos de un primer matrimonio del padre, jóvenes adultos que ya han formado sus familias. El nacimiento de Florencia es una desagradable sorpresa por más “¡qué linda la nena!”, deberán modificar sus respectivos
y enraizados lugares en el sistema edípico, por ejemplo compartir la for-
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tuna del padre. Florencia lee los malos deseos. Nos acercamos entonces
a la problemática de las rivalidades fraternas, el lugar de Florencia en
las generaciones no sólo en relación con su mamá, sino también con su
papá. ¿Por qué el síntoma fue tan estruendoso? Justamente por que no
había salida, Florencia quedaba encerrada entre duelos patológicos de
ambos padres.
Entonces, para salir del peligroso estruendo convulsivo, es necesario
contar con la curiosidad (neurona de atención) para investigar las cuestiones transgeneracionales de la vida y la muerte. Y en ese sentido,
Freud es genial cuando nos advierte que para que emerja la curiosidad
infantil es necesario una articulación entre la energía de la pulsión de
ver y la sublimación de la pulsión de dominio o aprehensión: la pulsión
de apoderamiento no puede manifestarse como agresividad en acto, debe
morigerarse junto con la distancia espacial entre el ojo y el objeto a ser
capturado. Mirar para poder armar “la pulsión de saber”. Cuando este
mecanismo de relojería aparece disgregado, con los enlaces perdidos, es
el psicoanálisis el único medio para devolver ligadura. Sólo de ese modo,
descubriendo los significantes sustanciales, es posible evitar la electricidad anárquica, que intentamos mostrar, justamente, que no es anárquica sino que sigue los derroteros del inconsciente.
Asma, epilepsia, accidentofilia, alergias, afecciones intestinales, etcétera. Y más recientemente el tan trillado ADD. Éstos son modos de retorno de la compulsión repetitiva, intentos de inscribir una historia silenciada a través de manifestaciones estruendosas, “adentro” del cuerpo
o “afuera”, en el mundo exterior. Pero estos estallidos sólo pueden ser escuchados por un psicoanalista que se anime a juntar los pedazos escindidos por el trauma a los fines de rescatar lo omitido demoníaco (incesto y
parricidio) y darle vigencia para ser tramitado. Sin embargo, el inconsciente del niño seguirá dando cuenta demoníacamente, de ahí el susto
que provoca, de la urgencia de capturar un sentido de existencia para su
vida.
El desinterés de atención, el aburrimiento, la distracción constante,
no aparecen espontáneamente ni por desórdenes neuronales. Cien años
de psicoanálisis posibilitan dar cuenta de estas redes de significación, lugares de condensación de deseos y duelos no elaborados.
Conclusiones
Vemos, entonces, diferentes vicisitudes del sentimiento de dolor: tan intenso que el yo está amenazado de destrucción, o puede ser tolerado y
posibilita el crecimiento, o al servicio del masoquismo que conduce regresiones, etc. El sentimiento de dolor es una herramienta teórica y clíREV. DE PSICOANÁLISIS, LXVI, 1, 2009, págs. 263-277
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nica orientadora e insubstituible. Esta investigación del concepto de
sentimiento de dolor tiene como objetivo adicional subrayar la importancia del “desasimiento “del analista de las teorías, conceptos y autores
que a veces lo constriñen y someten consagrando un concepto en detrimento de otro, como podría ser el deseo o, en este caso, la angustia.
Resumen
El sentimiento de dolor es nodal como concepto de la teoría psicoanalítica y en
la comprensión clínica. Las autoras investigan las ocasiones donde el displacer
que la angustia promueve en el yo no es suficiente para morigerar la intensidad
de dolor. Sostienen que la pena y tristeza le exigen al aparato psíquico una elaboración muy sofisticada. De hecho, mantener en el yo grandes magnitudes de
displacer imposibles de disolver por la angustia es una prioridad en los procesos de elaboración de duelos. Se observa en las personas la utilización de medidas paliativas para evitar el sufrimiento al modo de quitapenas o manías que
son anestésicos del yo. Ante la imposibilidad de conexión con emociones de tristeza, se borran los enlaces con el contenido traumático y los dolores se disuelven. Las autoras proponen la necesidad teórica y clínica de repensar los destinos de los afectos cuando se refieren a circunstancias extremadamente penosas.
Se puede seguir el derrotero de los mismos bajo otras presentaciones: psicosomática, psicosis, accidentes o el dolor necesario para el crecimiento. Ellas
piensan que la clínica psicoanalítica abre las puertas a este tipo de figurabilidad, y da cuenta de memorias no inscriptas como archivos accesibles en la
mente de los sujetos que constituyen las criptas o sepulturas secretas de traumas familiares no explorados. Es decir, el afecto doloroso es la brújula orientadora hacia este tipo de fenómenos que comprometen o hipotecan la vida de los
sujetos.
En el transcurso del presente trabajo se desarrollan, junto con los conceptos
mencionados, dos casos que hacen alusión al sentimiento doloroso en una psicosis, el desasimiento doloroso en una neurosis y duelos no elaborados en una
niña epiléptica. Los autores seleccionados para dicho propósito son: S. Freud,
R. Kaës, S. Tisseron, A. Eiguer, M. Torok, entre otros.
DESCRIPTORES: DOLOR PSÍQUICO / AFLICCIÓN / DUELO / DEFENSA / PSICOSOMÁTICA / PSICOSIS /
ACCIDENTES
Summary
FEELINGS
OF PAIN AND ANGUISH, VECTORS OF PSYCHIC LIFE
The feeling of pain is a nuclear concept in psychoanalytic theory and in clinical
understanding. The authors investigate occasions when unpleasure promoted
in the ego by anxiety is not enough to moderate the intensity of pain. They find
that grief and sadness demand very sophisticated working through by the psy-
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DE
MOSNER Y MARISA INGRID MOSNER
chic apparatus. In fact, holding in the ego large quantities of unpleasure impossible to dissolve with anxiety is a priority of processes of working through of
mourning. The authors observe the use of palliative measures to avoid suffering in the form of “painkillers” or mania which anesthetize the ego. When it is
impossible to connect with emotions of sadness, ties with the traumatic content
and pains are dissolved. They propose a theoretical and clinical need to re-think
the vicissitudes of affects when they refer to extremely painful circumstances.
Their course may be followed in the form of other presentations: psychosomatic, psychosis, accidents or pain necessary for growth. They consider that psychoanalytic clinical work opens the door to this type of figurability and includes
memories not inscribed as accessible files in the mind of subjects who are crypts
or secret burial places of unexplored family traumata. That is to say that
painful affect is the compass pointing towards this type of phenomena which
compromise or place a lien on the lives of these subjects.
The above concepts are accompanied by two clinical cases which refer to
painful feeling in a psychosis, painful detachment in a neurosis and unworked
through mourning in an epileptic girl. The authors selected for this purpose
are: S. Freud, R. Kaës, S. Tisseron, A. Eiguer and M. Torok, among others.
KEYWORDS: PSYCHIC
CHOSIS/ ACCIDENTS
PAIN
/
AFFLICTION
/
MOURNING
/
DEFENSE
/
PSYCHOSOMATICS
/
PSY-
Resumo
SENTIMENTO
DE DOR E ANGÚSTIA, VETORES DA VIDA PSÍQUICA
O sentimento de dor é nodal como conceito da teoria psicanalítica e na compreensão clínica. Investigamos as ocasiões onde o desprazer que a angústia provoca no Eu não é suficiente para morigerar a intensidade da dor. Constatamos
que a pena e a tristeza exigem do aparato psíquico uma elaboração muito sofisticada. De fato, manter no Eu importantes magnitudes de desprazer impossíveis de serem dissolvidas pela angústia é uma prioridade nos processos de elaboração do luto. Percebemos que as pessoas utilizam medidas paliativas para
evitar o sofrimento como forma de “fuga” ou manias que são anestésicos do Eu.
Ante a impossibilidade de conexão com emoções de tristeza se eliminam os enlaces com o conteúdo traumático e as dores desaparecem. Propomos a necessidade teórica e clínica de repensar os destinos dos afetos quando se referem às
circunstâncias extremamente penosas. Pode-se continuar percorrendo este caminho analisando-os com outras apresentações: psicossomática, psicose, acidentes ou a dor necessária para o crescimento. Achamos que a clínica psicanalítica abre as portas para este tipo de figurabilidade e dá conta de memórias
não-inscritas como arquivos acessíveis na mente dos sujeitos que constituem as
criptas ou sepulturas secretas de traumas familiares não-explorados. Isto é, o
afeto doloroso é a bússola orientadora para este tipo de fenômenos que comprometem ou hipotecam a vida dos sujeitos.
No decorrer do presente trabalho foram desenvolvidos, junto com os conceitos mencionados, dois casos que fazem alusão ao sentimento doloroso em uma
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psicose, o desprendimento doloroso em uma neurose e luto não-elaborado em
uma criança epiléptica. Os autores consultados foram S. Freud, R. Kaës, S.
Tisseron, A. Eiguer, M. Torok, entre outros.
PALAVRAS-CHAVE: DOR PSÍQUICA / AFLIÇÃO / LUTO / DEFESA / PSICOSSOMÁTICA / PSICOSE / ACIDENTES
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(Este trabajo fue seleccionado para su publicación el 15 de febrero de 2009.)
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