Gracia radical – Parte 08

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Gracia radical – Parte 08
“¿Puede un creyente ser desechado?”.
Pastor Erich Engler
Para comenzar en el día de hoy vamos a leer juntos un pasaje en el libro de Efesios cap. 5
vers. 18 donde encontramos lo siguiente:
No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.
Dios no tiene nada en contra que nos embriaguemos, solo que debe ser con la substancia
correcta: el Espíritu santo.
La primera mención de la palabra vino en la Biblia la encontramos en la historia de Noé.
Esto lo encontramos en Génesis cap. 9 vers. 20 y 21:
Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña;
(21) y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.
Este pasaje tiene una aplicación natural y otra espiritual. Obviamente, no voy a referirme a lo
natural en este caso porque está más que claro lo que sucedió. Si no has experimentado lo
que se siente en estos casos, te aconsejo que no lo intentes porque no va a ser necesario.
Yo voy a referirme solo a la aplicación espiritual. Sabemos por las escrituras que el primer
milagro de Jesús durante su ministerio en la tierra fue convertir agua en vino en las bodas de
Caná de Galilea.
De acuerdo a la tipología bíblica, el agua representa la Palabra de Dios y el vino, y más
precisamente el vino nuevo, a Jesucristo y a la inmensa gracia divina.
El cuadro espiritual que representa a Jesús cuando convierte el agua en vino es que Él le da
un nuevo y fresco significado a la Palabra. Él cumplió con todas las demandas del antiguo
pacto y la totalidad de la ley y nos trajo el nuevo pacto.
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El nuevo pacto se puede resumir de la siguiente manera: todo aquel que cree en Jesús y le
recibe como salvador personal, no se pierde eternamente.
El milagro de la transformación del agua en vino tiene un significado especial en relación al
nuevo pacto que vino a traernos Jesucristo. Siempre digo que podemos encontrar a Jesús
prácticamente en cada una de las páginas de la Biblia. Todos los detalles mencionados en la
Biblia tienen un significado especial, nada está por casualidad y en cada uno de dichos
detalles podemos ver algo de Jesús. Desde esa perspectiva el antiguo testamento cobra un
significado especial y se hace vivo.
No son los rituales de la ley lo que le da vida al antiguo pacto, sino que en cada uno de los
detalles aparece una simbología que señala hacia Cristo.
En el antiguo testamento Jesús aparece velado o encubierto, mientras que en el nuevo es
revelado o manifestado.
Si estudiamos el antiguo testamento desde la perspectiva del nuevo, vamos a descubrir
todas las diferentes simbologías sobre Jesús. Todo eso que para aquellos que vivían bajo la
ley estaba escondido como un misterio, es revelado en el nuevo testamento.
Si consideramos el antiguo testamento desde la perspectiva del nuevo pacto, su estudio se
hará sumamente interesante y nos llenará de gozo ir descubriendo los detalles del plan de
redención en la persona de Jesucristo.
Justamente la historia de Noé tiene que ver con uno de esos simbolismos. Debemos tener
en cuenta que el pacto que Dios hizo con Noé fue un pacto de gracia. La señal que
caracteriza dicho pacto es el arco iris y la Palabra nos dice claramente que Dios puso su
arco en nubes para hacerle saber a la humanidad que nunca más iba a ser destruida por las
aguas de un diluvio. El pacto que Dios hizo con Noé es uno de los precursores del nuevo
pacto, siendo el pacto Abrahamítico el más representativo entre todos ellos.
En todos los pactos que Dios selló con el ser humano en el antiguo testamento vemos
tipologías y simbolismos de la gracia.
En el cap. 6 de Génesis encontramos la expresión: “Noé halló gracia ante los ojos del Señor”
Dicho sea de paso, el nombre Noé en hebreo significa: descanso, reposo. Podríamos decir
entonces que reposo encontró gracia.
Lo mejor que podemos hacer es descansar en la obra completa de Cristo a nuestro favor, en
lugar de estar continuamente dudando de nuestra salvación o estar preguntándonos si
hemos hecho lo suficiente para que Dios no se enoje con nosotros, etc., etc.
Cuando entramos en el reposo, es cuando mejor podemos disfrutar del favor y de la gracia
de Dios.
En esta historia de Noé encontramos, como dije anteriormente, la primera mención de la
palabra vino en la Biblia. Debemos recordar también que Noé estaba bajo un pacto de
gracia. De allí pues que en todo esto encontramos un simbolismo de lo que Pablo menciona
más tarde: no embriagarse con vino sino con el Espíritu o la gracia de Dios.
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Deberíamos “embriagarnos” diariamente con el “vino nuevo” de la gracia de Dios. Este
nuevo vino se coloca en odres nuevos y no en viejos. Embriaguémonos diariamente con la
gracia divina, dejémonos llenar de su favor inmerecido. ¡Eso es lo que más necesitamos en
nuestra vida!
Dios desea alcanzarnos con todas y cada una de sus olas de gracia. Esto es lo que sintetiza
este pasaje.
Cuando hablamos de “embriagarnos” no nos estamos refiriendo lógicamente al aspecto
natural, sino a “beber” de su gracia hasta rebalsar.
El maravilloso pasaje que encontramos en el evangelio de San Juan sobre la vid y los
pámpanos, nos muestra un aspecto muy importante de la gracia divina. Te invito a ir
conmigo al cap. 15 y allí vamos a ver juntos un par de cosas muy importantes que se
relacionan con la vid y los pámpanos. Comenzaremos leyendo desde el verso 1:
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
Aquí está hablando Jesús. Anteriormente, en el cap. 14, Él se refiere también a sí mismo
cuando dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Él es la vid verdadera y la vida. En
Génesis leemos que en el huerto del Edén estaba el árbol de la vida. ¿Qué tipo de árbol era
este? Era una vid, y de hecho: la vid verdadera.
Podemos especular bastante sobre cómo era el árbol de la vida, y de acuerdo a las
conclusiones que saquemos podemos imaginarnos diferentes tipos de árboles ¿verdad?
Jesús nos dice bien claro que Él es la vid verdadera y que es la vida.
Tanto en Génesis, al comienzo de la Biblia, como en Apocalipsis, al final de la misma, habla
de un árbol muy importante en el medio de todo y se refiere a Jesús.
Jesús dice aquí que Él es la vid, y que su Padre es el labrador de la viña. ¿Qué pues somos
nosotros? Los pámpanos. Sigamos leyendo:
(2) Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo
limpiará, para que lleve más fruto.
Lamentablemente, el término “quitará”, se ha interpretado casi siempre erróneamente. Esta
interpretación nos hace pensar que si no somos útiles en el reino de Dios, el Padre nos ha
de cercenar, recortar y quitar del medio como algo inútil e inservible. Sin embargo, no es eso
lo que este término quiere decir. La palabra griega que se ha traducido aquí como “quitar”
es: “airo” y no significa nada de lo que mencionamos anteriormente, sino: “levantar, poner en
alto”.
Los que conocen como se trabaja en los viñedos, saben que el viticultor ejerce su tarea a lo
largo del año en diferentes fases, por ejemplo: la plantación, la «educación» de las vides
(cercos de alambre para ayudar a las plantas a trepar), la poda de las vides, el doblado, la
ligadura, el cultivo del suelo, el abono, la eliminación del follaje, la protección de las plantas
contra los parásitos y las enfermedades fúngicas, la vendimia y la crianza del vino.
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En la primera fase, fin del otoño y comienzo del invierno, el viticultor poda la vid de manera
que la planta esté en óptimas condiciones para la próxima cosecha. En esa época del año
no hay ningún sarmiento en la vid y el tronco tiene un aspecto casi seco, por lo tanto el
viticultor no corta ni poda ningún fruto sino que se limita solo a hacer los preparativos para
que cuando estos más tarde comiencen a crecer, la planta esté en las mejores condiciones.
El viticultor va haciendo diferentes tareas de mantenimiento y tratamiento a través de los
meses del año, pero durante el verano, cuando los sarmientos están en la máxima fase de
desarrollo, él presta especial atención a los racimos que puedan estar cubiertos de hojas
que impiden el paso de los rayos solares. Cuando esto sucede, él levanta y posiciona dichos
racimos de manera que les dé la luz y el calor del sol para que puedan crecer mejor. Él no
poda dichos racimos para desecharlos, sino que los levanta y los ubica mejor de manera que
las hojas no le den sombra para que lleven más fruto y la cosecha sea óptima.
De allí la palabra griega “airo” que significa: levantar, elevar, subir. El viticultor levanta el
sarmiento o racimo para que crezca mejor, y lo prepara así para la fase final la cual es la
cosecha.
El viticultor recorre el viñedo y va levantando aquellos sarmientos que están caídos o
tapados por la sombra de las hojas y los amarra al tronco para que se mantengan firmes.
Nunca debemos interpretar este versículo como que Dios nos pone de lado o nos desecha,
ya que este no es el sentido del mismo. Por el contrario, Dios nos ayuda para que llevemos
fruto, y para eso nos sostiene, fortalece y levanta. Su plan es que podamos llevar fruto
diariamente y que aprendamos de Él. Seguimos leyendo:
(3) Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
La manera como Jesús nos limpia y purifica, es por medio de su Palabra. En este momento,
mientras escuchas o lees este mensaje, estás siendo limpiado y purificado. Cada vez que
escuchamos las palabras del Señor, somos limpiados. Cada vez que leemos sobre Jesús en
su Palabra, somos purificados. Esta es la forma en que Él nos limpia.
En este versículo que acabamos de leer, Jesús se refiere a las palabras que Él les hablaba a
sus discípulos mientras estaba con ellos. Y así también, por medio de su Palabra, es como
nos limpia a nosotros hoy. Leamos el versículo siguiente:
(4) Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí
mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Desde el versículo 4 en adelante hay una palabra que se repite constantemente y que
debemos comprender correctamente. Me refiero al verbo permanecer. Estas palabras de
Jesús, y sobre todo en relación también al verso 6, han causado gran confusión y temor en
muchos hijos de Dios. Hay muchos creyentes que interpretan erróneamente estas palabras y
solo la lectura de este maravilloso pasaje produce en ellos sentimientos de temor. A raíz de
esta falsa interpretación, estos preciosos hijos de Dios tienen temor de ser desechados por
el Señor y ser echados en el fuego llegando así a perder la salvación como consecuencia de
hacer algo equivocado y no permanecer en el Señor. Más adelante vamos a aclarar esto
oportunamente para erradicar todo mal entendido en cuanto a estas palabras.
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En realidad, este ejemplo de la vid y los pámpanos comparado con nosotros como creyentes
unidos a Jesús, es uno de los cuadros más tiernos que nos pueda presentar el Señor y no
debería dar motivo a despertar sentimientos de temor en nuestros corazones.
El cuadro comparativo de la vid en relación a los pámpanos es uno de los que más claro
expresa el amor, la dedicación y cuidado de Dios hacia nosotros sus hijos. Este es uno de
los cuadros más hermosos en toda la Biblia en que Dios nos expresa su amor.
Sin embargo, hay muchos que se llenan de temor al leerlo creyendo que han de ser
desechados por Dios y echados en el fuego. Creo que ha llegado el momento de aclarar
este falso concepto para que cada creyente pueda disfrutar la lectura de este maravilloso
pasaje en su totalidad.
La palabra griega que se traduce aquí como permanecer es: “meno” y el significado más
acertado sería: un lugar de estancia, domicilio o residencia. En realidad sería algo así como
una morada o un albergue donde alojarse. Y este es precisamente el cuadro que nos quiere
transmitir esta palabra: un hogar o lugar seguro donde establecerse. Si siguiéramos
estudiando el significado de esta palabra en forma más precisa y exacta podríamos decir
que sería: llegar al hogar o alcanzar la meta.
Deseo compartir con vosotros ahora una versión de este versículo en la cual este concepto
está expresado mucho más claro que en las otras versiones de la Biblia. La traducción en
inglés denominada Gods Word Translation lo expresa así: “si alguno vive en mí…” Aquí no
solo se refiere a permanecer como una posición sujeta a cambio, sino que expresa
claramente el concepto de morada permanente.
Vamos a poner un ejemplo práctico: yo me encuentro dentro de un edificio o vivienda y lo
expreso de dos maneras diferentes. Una forma sería diciendo: “yo estoy aquí porque este es
mi hogar o lugar de residencia”; la otra manera sería: “yo estoy aquí dentro por temor a que
afuera me suceda algo malo”. Hay una diferencia entre las dos maneras de formularlo,
¿verdad? Yo puedo quedarme dentro porque ese es el lugar donde yo resido, o estoy allí por
miedo a lo que me pueda suceder si salgo. Así, de la misma manera es como tenemos que
ver la palabra permanecer en los versículos que leímos, un lugar de morada permanente.
“Permaneced en mí, y yo en vosotros” dice aquí y se refiere a sitio de morada permanente.
En Juan cap. 14 Jesús nos habla de que el Espíritu santo mora en nuestro interior por medio
de la fe.
Continuemos leyendo el versículo 4:
Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así
tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Los pámpanos no pueden llevar fruto por sí mismos, de igual manera que nosotros no
podemos llevar fruto si no estamos en Jesús. Llevamos fruto solo estando en Él y por medio
de Él.
Lo decisivo para poder llevar fruto es morar en Cristo como sitio de estadía permanente. La
Palabra nos habla de que fuimos trasladados con Cristo hacia donde Él está.
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Un ejemplo más para que me puedas comprender lo que quiero decir: cuando tú todavía no
eras creyente, no cantabas canciones de alabanza como lo haces ahora ni tampoco llevabas
fruto para el reino de Dios como es posible hacerlo ahora. Este es el cuadro que nos
presenta aquí el capítulo 15 de Juan. Podemos llevar fruto para el reino de Dios porque
nuestra morada espiritual es Cristo. Esto es lo que quiere decir el versículo que acabamos
de leer. Continuemos leyendo:
(5) Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece (=mora o vive) en mí, y yo en él,
éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
La última frase de este versículo nos indica claramente que sin Cristo no podemos hacer
nada. Estar en Cristo o permanecer en Él se refiere a la salvación.
No sé si te has dado cuenta que hasta aquí el Señor le habla a sus discípulos en pronombre
personal y de forma cariñosa. Leamos otra vez algunos párrafos de los primeros versículos
de este capítulo, por ejemplo:
…Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
…Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí
mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
…Yo soy la vid, vosotros los pámpanos…
Cuando Jesús habla en pronombre personal nos está hablando a nosotros sus hijos.
En el verso 4 dice:
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí
mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis (=lugar de
morada) en mí.
En otras palabras Él nos está diciendo: “Vosotros sois salvos; vosotros habéis hallado el
lugar de morada en mí”. Jesús nos habla en forma cariñosa y en pronombre personal.
En el verso 5 nos dice:
(5) Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece (=mora o vive) en mí, y yo en
él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Él nos habla de manera personal. Sin embargo, en el verso 6, Él habla de manera
impersonal o indirecta y ya no se refiere a sus discípulos.
(6) El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los
recogen, y los echan en el fuego, y arden.
El que en mí… aquí ya no menciona el pronombre personal sino que se refiere a “alguien”
en general. Este es el único versículo en todo este pasaje en que Jesús se refiere a “alguien”
de manera general. La palabra griega para referirse a “alguien” en general sin especificar a
quien es: “tis” y se usa cuando no se desea nombrar a una persona en particular. Este
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versículo no se refiere a nosotros. En el versículo 6 Jesús no usa pronombre personal sino
que habla en general sin especificar.
Esa forma impersonal de referirse a alguien se usa cuando no se desea aclarar
concretamente a quien. Y eso es lo que dice Jesús aquí:
(6) El que en mí no permanece (= o que no ha hecho su morada en mí), será echado fuera
como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
Jesús se refiere aquí a aquellos que no son salvos y no a sus discípulos. Si Él se estuviera
refiriendo a ellos en este versículo también, hubiera seguido hablando como lo hizo hasta allí
o como lo sigue haciendo en el versículo siguiente, o sea en pronombre personal.
Pero, Él habla de aquellos que no han hecho su morada en Él, o sea de los inconversos, de
los que no son salvos. Por eso dice que
serán echados fuera como pámpanos, y se secarán; y los recogen, y los echan en el fuego,
y arden.
Lamentablemente, la mayoría de los creyentes tiene temor al leer este pasaje que es a su
vez es uno de los más hermosos cuadros del amor de Dios, solo debido a una mala
interpretación del versículo 6. Ellos se mantienen meditando en la parte negativa de este
versículo, ignorando que no se refiere a los creyentes, y dejan de lado todo el resto. ¡Es hora
de cambiar la forma de pensar!
La gran mayoría de los creyentes temen leer este versículo pues piensan que a causa de
sus errores o yerros serán cortados de la vid y echados en el fuego. Ellos interpretan la
palabra “permanecer” como estar siempre al mejor nivel espiritual.
Si eso fuera así, creo que todos y cada uno de nosotros sin excepción alguna, estaríamos
descalificados pues todos cometemos errores y fallos a cada minuto.
Si la expresión “permanecer en Él” significara estar siempre al nivel espiritual más elevado,
según nuestra propia evaluación, tendríamos que estar siendo salvados continuamente una
y otra vez y esto no puede ser así. El versículo 6 no se refiere a nosotros, los que ya hemos
aceptado a Cristo como nuestro salvador personal, sino a aquellos que, generalmente
hablando, no tienen su morada en Él.
Volvamos a leer el verso 6 para aclarar algo sobre la vid.
(6) El que en mí no permanece (= o que no ha hecho su morada en mí), será echado fuera
como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
Hay una vid que pertenece al mundo y que no es la misma cosa que la vid a la que Jesús se
refiere aquí.
En Apocalipsis cap. 14 vers. 18 y 19 leemos:
Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la
hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus
uvas están maduras.
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(19) Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el
gran lagar de la ira de Dios.
Esto es juicio, y esta viña de la tierra es el lugar fuera de Cristo. Esta viña es un cuadro del
lugar del pecado y de los que no son salvos.
Aquí habla de las uvas que están maduras y el versículo 19 se refiere a la ira de Dios.
¿Tiene Dios ira? Por supuesto que sí, pero no contra nosotros sus hijos.
¿Hay una cosecha que será echada en el fuego? Por supuesto que sí, pero no es de la viña
del Padre celestial, sino de la viña de la tierra.
No sabemos si cuando Jesús les hablaba a sus discípulos en el capítulo 15 de Juan estaba
pensando en esta viña de la tierra al decir esas palabras del verso 6. Pareciera bastante
posible que así fuera aunque no lo podemos asegurar. Por otra parte, siendo que Jesús es
Dios mismo, sabe lo que va a suceder al final de los tiempos.
Volvamos ahora al versículo 6 de Juan 15:
(6) El que en mí no permanece (= o que no ha hecho su morada en mí), será echado fuera
como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
Aquí vemos la diferencia entre la viña de la tierra y la vid verdadera. La una es un lugar de
juicio, la otra un lugar de salvación. Son dos cosas diferentes que no tienen nada que ver la
una con la otra.
Ahora, viendo la diferencia entre estas dos vides, comprendemos mejor el pasaje de Juan
15:6 donde se habla de “alguien” en general sin especificar quien es en particular, pero que
para nada se refiere a nosotros los creyentes.
La otra particularidad del pasaje de Juan cap. 15 es que habla de permanecer en relación a
morada permanente. Los que no tienen esa morada son los que no conocen al Señor como
salvador personal, y por lo tanto no son salvos.
La otra particularidad de este versículo es que muy probablemente Jesús, quien conoce el
final de los tiempos, tendría en mente esta viña de la tierra cuando refirió estas palabras.
Si tú, quien estás escuchando o leyendo este mensaje hoy no conoces a Cristo como tu
salvador personal, tienes ahora la oportunidad de aceptarle y con ello cambiar de “viña”, o
sea pasar de la viña de la tierra a la vid verdadera.
Lo único que debes hacer es decirle a Jesús que deseas que Él sea tu salvador y Señor
creyéndolo en tu corazón, y con ello pasas a ser parte de la vid verdadera.
Cambiar de “viña” es un paso completamente fácil y sencillo.
Solo debes decirle a Jesús con tus propias palabras algo así como: “Jesús, deseo ser un
sarmiento en tu viña, te agradezco por la oportunidad que me brindas y por la obra que
hiciste por mí en la cruz. Yo lo creo en mi corazón y sé que así será. Amén”
8
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