EL PEYOTE COMO MEDICINA TRADICIONAL Introducción

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EL PEYOTE COMO MEDICINA
TRADICIONAL
Introducción
El objetivo de este librillo es dar una visión general y sintética
de la situación actual del peyote en México y el mundo, como
medicina y planta sagrada; sus orígenes míticos y culturales, su
trasfondo espiritual, científico, medicinal, y la situación legal y
ecológica que lo envuelve en estos días.
Cuenta una antigua leyenda que "Tatewari", el Abuelo Fuego,
condujo a los dioses ancestrales en la primera búsqueda ritual
del peyote. Tatewari apareció cuando los dioses ancestrales se
hallaban en un templo wirrárica (Huichol), sentados en círculo,
quejándose de distintos males. Preguntaron entonces al Gran
Dios Fuego cuál era la causa de sus padecimientos. Éste les
respondió que sufrían porque no habían ido a cazar el "venado
divino", hikuri o peyote a Wirikuta (localidad situada al
noroeste del territorio Wirrárica, (entre San Luis Potosí y
Zacatecas) y por eso habían sido privados de la "carne divina".
Los dioses ancestrales, en asamblea, decidieron tomar sus arcos
y flechas y seguir a Tatewari para "encontrar sus vidas" en la
tierra del "venado divino" o "amo de la especie de los venados"
Los dioses ancestrales, en ayunas y en continencia sexual,
después de confesarse para volverse espíritu, llegaron a
Wirikuta y encontraron, bajo arbustos apenas visibles sobre el
suelo, las cabezas verdes del peyote (que pasan inadvertidas
para ojos inexpertos). Atribuyeron su origen a huellas de pata
de venado. Lo llamaron "venado divino" o "amo de los
venados". Buscaban un venado de 5 puntas (peyote con 5
costillas), lo que corresponde, según ellos, a los 4 puntos
cardinales y el zenit. Hundieron en el hikuri sus flechas
ceremoniales con adornos, alrededor del "hermano mayor".
Muchos sollozaban, todos rezaban en voz alta. Dividieron el
peyote entre todos los participantes. Con el cargamento de
peyote regresaron caminando a sus pueblos.
Es así como muchos de los pueblos indígenas mexicanos han
sostenido una relación estrecha con el peyote, donde éste ocupa
un lugar trascendental en sus vidas y constituye la Medicina
principal que sustenta el equilibrio de la salud de sus pueblos.
La inspiración que reciben con esta planta lo podemos ver
representado hasta hoy, en las innumerables y hermosas obras
artísticas que realiza el pueblo Wirrarica (Huicholes) con
cuentas de chaquira y estambres, donde en muchas de ellas
representan al híkuri como a un gran sol. Un sol que esperan
siga brillando para sus futuras generaciones.
Biología, etnografía e historia del peyote
El peyote es un pequeño cactus conocido científicamente como
Lophophora williamsii, que contiene más de cincuenta
alcaloides aislados hasta ahora (Hofman & Schultes,
1979/1992), siendo la mezcalina el componente psicoactivo
más estudiado por la farmacología moderna. Es endémico del
desierto mexicano y se estima que su uso ceremonial data de
varios miles de años. La evidencia mas antigua del uso del
peyote data de 5700 años, por indígenas americanos habitantes
de lo que ahora es el Estado de Texas, en la cueva de Shumla
(Bruhn & al., 2002).
En México, todo vestigio de su influencia cultural y científica
quedo prácticamente extinto por más de quinientos años de
persecución y castigo. Las crónicas de la conquista y la
temprana colonia atestiguan el uso común tanto del peyote
como de otras plantas psicoactivas en ceremonias y ritos de los
habitantes del México Antiguo.
El uso ritual del peyote entre los indígenas centro y
norteamericanos fue considerado un pecado por la Iglesia
Católica, que prohibió su consumo en 1620 a través de un
Edicto de Fe publicado en todos los territorios españoles de la
época. La persecución del peyote era extrema y en ciertos
manuales de la Inquisición se incluía esta planta entre las
preguntas imprescindibles sobre los pecados abominables para
la confesión de los conversos (Stewart, 1993).
La Iglesia Católica no se hubiera molestado de publicar dicho
decreto si el consumo de peyote fuera aislado y sólo por
algunos cuantos grupos étnicos localizados. La impresionante
campaña que emprendió la Iglesia Católica para erradicar el
consumo del peyote es indicativa de que el uso de este cactus
era prevalente en todo México. El Archivo General de la
Nación de México cita noventa juicios de la Inquisición por
posesión de peyote en 45 localidades documentadas en
territorio Español a lo largo de un periodo de 265 años. En
México, estos sitios incluyen lugares como Tehuacan,
Tepoztlán, Huejotzingo, Zacualpan, Taxco, Puebla, Atlixco,
Cuautla y Chalco, entre otros, aun cuando estos lugares no
forman parte de los territorios que hoy se documentan como
zonas de consumo tradicional. Tres citas llaman la atención
porque corresponden a lugares remotos: Antequera en el
Caribe, Nuevo México en EUA y Manila, en las Filipinas. El
extenso alcance que tenía este pequeño cactus en los tiempos de
la Colonia es evidencia de la prevalencia del consumo del
Peyote por su influencia en los usos y costumbres de diversas
etnias mexicanas de la época, algunas que hoy día han perdido
prácticamente por completo su tradición peyotera, como por
ejemplo el pueblo Otomí y entre otros.
¿El Peyote: medicina tradicional mexicana o droga
lúdica?
La cosmovisión indígena tanto en América del Sur como del
Norte ha definido a las plantas medicinales psicoactivas como
sagradas, reconociéndolas y venerándolas por su espíritu
maestro. Han sido empleadas como herramientas para acceder a
la fuente del conocimiento y se les atribuye el más alto grado
de Maestras por las enseñanzas implícitas en el trance de
comunión con el espíritu de la planta. Diversas plantas
denominadas psicotrópicas (como la Ayahuasca, el Yopo, el
San Pedro, el Peyote, Daturas y Hongos), que hoy día están en
listas que prohíben su posesión para consumo, han sido pilares
fundamentales de los sistemas médicos y religiosos de diversas
culturas indígenas desde el Amazonas y los Andes, hasta las
selvas de México y planicies de Norteamérica.
El uso del peyote en la actualidad
Hoy, en Estados Unidos como en México, está prohibido el
consumo del peyote, ya que la mezcalina está catalogada junto
con la cocaína o heroína como una droga con un alto potencial
de abuso, cuyo uso es inseguro y que carece de valor
terapéutico aceptado. Estos criterios de clasificación del peyote
son claramente etnocéntricos desde la perspectiva de la
medicina indígena y debatibles desde una perspectiva
científica. Sin embargo, a pesar de las estrictas restricciones
legales, se ha autorizado el uso del peyote en México a ciertas
poblaciones indígenas que han empleado este cactus
psicoactivo de manera tradicional: Wirrarikas, (Huicholes),
Raramuris (Tarahuamaras), (Nayeri) Coras y Tepehuanes. En
los EEUU, a su vez, indígenas asociados a la Iglesia Nativa
Americana (INA) pueden usarlo ceremonialmente en sus
reservaciones. En las ceremonias de la INA el peyote es
utilizado como sacramento religioso en ceremonias de velación
de un fuego, por lo general en un tipi alrededor de un altar con
una media luna, a lo largo de toda la noche (Anderson, 1980).
Se estima que por lo menos existen 300,000 miembros activos
de la Iglesia Nativa Americana en los Estados Unidos; sin
embargo, su número aumenta considerablemente al incluir a la
población internacional no indígena que participa en
ceremonias de peyote dentro del modelo del altar de la media
luna utilizado por la Iglesia Nativa Americana en diversos
países del mundo. Existen asociaciones culturales y religiosas
en España, Alemania, Francia, Ecuador, Perú, Brasil, Uruguay,
Chile, y Colombia, entre otros, que sostienen que el peyote es
una medicina ancestral que debe ser reconocida como un
sacramento de libre culto dentro de las formas ceremoniales.
Cada año, más de dos millones de peyotes son distribuidos
legalmente dentro de los Estados Unidos y Canadá para uso
religioso, dato que pone en duda la creencia generalmente
aceptada de que el peyote es “una droga peligrosa e
impredecible para el consumo humano”. Utilizado en el
contexto de la Iglesia Nativa Americana, los efectos adversos
del peyote son prácticamente nulos. En un estudio que evaluó
la seguridad del uso del peyote entre los indígenas Dine
(Navajo) se calculó que la probabilidad de una reacción adversa
al consumo del peyote es de uno a 70,000 (Bergman, 1971). El
hecho de que el peyote está culturalmente integrado y validado
por el grupo social es determinante en proveer un contexto
psicológico de mayor seguridad, debido a que los participantes
no se perciben cometiendo un acto ilegal o sancionado por el
grupo social como inmoral.
Los efectos del peyote en la salud mental
A pesar de la limitada investigación, existen algunos estudios
científicos que apuntan a la seguridad toxicologíca del uso
ceremonial del peyote y que sus efectos pueden contribuir al
bienestar psicoemocional de quienes lo consumen
regularmente. Un estudio reciente de buen diseño
metodológico, evaluó el impacto del peyote en la salud mental
de miembros de la Iglesia Nativa Americana y concluyó que la
ingesta periódica de peyote no conduce a ningún impedimento
psicológico o cognitivo sino que, por el contrario, contribuye
positivamente al bienestar psicológico de los sujetos que lo
consumen en este contexto (Halpern & al, 2005). Los
participantes en este estudio fueron miembros activos de la
Iglesia Nativa Americana que han ingerido el peyote entre 150
a 500 veces. El consumo total de peyote a lo largo de la vida de
los sujetos no se asoció de manera negativa a indicadores de
funcionamiento neuropsicológico. Los resultados de las
pruebas psicométricas del grupo experimental (consumidores
regulares de peyote en contexto de la INA) fueron inclusive
mejores que los del grupo control en diversas pruebas de
funcionamiento neuropsicológico, sin presentar déficit en
ninguna escala del inventario de salud mental (RMHI),
pudiendo concluir así que el uso del peyote no conlleva
secuelas psicológicas o cognitivas en este contexto
estructurado.
El peyote en el tratamiento del alcoholismo y la
drogadicción
El peyote es considerado por muchas tribus nativo-americanas
como una de las medicinas más fuertes y poderosas con un
amplio espectro de aplicaciones incluyendo el tratamiento del
alcoholismo y la drogadicción (Anderson, 1996). La
efectividad del peyote en propiciar la recuperación exitosa del
alcoholismo ha sido reportada por numerosos etnógrafos de la
Iglesia Nativa Americana. En un extenso estudio de campo
realizado en la población indígena Diné (Navajo), Calabrese
reporta: “ para muchos, la Iglesia Nativa Americana es el pilar
que sustenta su recuperación del alcoholismo, drogadicción y
de otras condiciones de orden psicológico y conductual”
(Calabrese, 2007). El psiquiatra Karl Menninger llegó a una,
conclusión similar: “ El peyote no representa daño alguno para
esta gente, por lo contrario, les inspira, es benéfico, confortante
y parece ser espiritualmente nutritivo … ha sido un mejor
antídoto contra el alcohol que cualquier otro remedio ofrecido
por los misionarios, el hombre blanco, la Asociación Médica
Americana y los Servicios de Salud Pública” (Menninger,
1971). En efecto, la participación indígena en servicios de
atención a la salud publica regionales se incrementó de 20% a
80% cuando las juntas de Alcohólicos Anónimos fueron
reemplazadas por ceremonias de la INA como alternativa
terapéutica (Stubben, 1997). Así mismo, las ceremonias de
peyote han demostrado jugar un papel crucial en el tratamiento
y la planificación de estrategias de post tratamiento para
problemas adictivos (Calabrese, 2007). Cabe resaltar el hecho
de que el gobierno federal de los EEUU le ha otorgado al
peyote la categoría oficial de alternativa terapéutica, con su
propio código de servicios al cliente, en los manuales
gubernamentales de los Servicios de Salud Indígena (IHS) para
el tratamiento de la drogadicción y alcoholismo.
La eficacia terapéutica de las ceremonias de peyote observada
en indígenas norteamericanos en el tratamiento del alcoholismo
parece residir en una combinación de diversos elementos; por
un lado, se han propuesto acciones farmacológicas, que
presentan propiedades que disminuyen el apetito por el alcohol
(anti craving). Esto se puede explicar en parte por que se han
encontrado isoquinolinas como metabolitos del peyote.
Algunos estudios neurofarmacológicos implican a las
isoquiloninas por sus preferencias a receptores dopamínicos y
endorfínicos como efectivas en disminuir el apetito por el
alcohol y los opiacios (BlumFuttermann & Pascarosa, 1977).
Por otro lado, existe una compleja dinámica psicosocial en
torno a las ceremonias que puede transformar la conciencia de
sus participantes (inclusive sin haber ingerido peyote). En una
ceremonia de peyote la persona se encuentra entretejida en una
narrativa de auto transformación y renacimiento. El peyote
altera los procesos de sugestionabilidad, atención, y autoconciencia, de tal manera que facilita aperturas que pueden
conducir a cambios en la vida cotidiana. La estructura
cuidadosamente calibrada de la ceremonia, hace a la mente más
sugestionable para recibir mensajes curativos e induce un
estado espiritual de auto-reflexión que permite una
reestructuración cognitiva y emocional.
No existen investigaciones clínicas controladas sobre los
efectos terapéuticos del peyote, sin embargo, sí hay numerosos
estudios de caso que han documentado sus aparentes efectos
positivos. Las experiencias curativas reportadas por
consumidores de peyote incluyen: elaboradas visiones
interpretadas como enseñanzas de orden superior, mensajes
divinos o advertencias, realizaciones importantes sobre uno
mismo, catarsis emocionales, experiencias de transcendentales
acompañadas por un deseo de transformar comportamientos de
desadaptación. Muchas personas reportan también haber
vivenciado experiencias de muerte, renacimiento y
autorreflexión profunda que han sido fundamentales para lograr
cambios de patrones disfuncionales (Calabrese, 2007). Un periodo de
“traslape” o de permanencia duradera del efecto, casi imperceptible,
descrita como una sensación prolongada de bienestar
generalizado, se observa frecuentemente y es reportado por
varios grupos indígenas. Este bienestar prolongado puede durar
de 7 a 10 días y está marcado por un aumento en la “sensación
de apertura y una gran disposición hacia la comunicación”
(Albaugh & Anderson, 1974). Este efecto del peyote debe ser
mejor estudiado en el contexto de la salud mental y programas
de mantenimiento de abstinencia. El peyote parece inducir
cambios positivos duraderos, particularmente en aquellas
personas que participan en varias ceremonias consecutivas, con
intervalos apropiados entre cada ceremonia, factor que también
debe de ser tomado en cuenta en el diseño de un tratamiento.
Aplicaciones del peyote como medicina herbolaria
Como parte de la amplia farmacopea herbolaria de los pueblos
indígenas, el peyote parece tener múltiples aplicaciones y sus
propiedades curativas son consideradas efectivas para los más
diversos casos clínicos. Por ejemplo, la pomada de peyote
aplicada como ungüento puede ser utilizada para aliviar
quemaduras, reumatismo, insolación e inflamación muscular o
trauma por golpe. Las compresas de peyote son también
aplicadas en el caso de mordeduras de insectos ponzoñosos o
de víbora. El peyote parece estimular el sistema inmunológico
y tener efectos anti-tumorales (Franco- Molina & al., 2003).
También puede ser utilizado como antiséptico y se le reconocen
efectos antibacteriales y antiparasitarios (Anderson, 1996;
Raetsch, 1987). El peyote es recetado por médicos indígenas
tradicionales para curar enfermedades como tuberculosis,
cáncer, artritis, sífilis, etc. Se recomienda también para
fortalecer el corazón y como tónico cardiovascular. Para
aquellos pueblos indígenas que utilizan al peyote en un
contexto ceremonial y lo definen como sacramento divino, este
cactus lo cura todo. Diversas etnias entienden al peyote como
un tipo de panacea, una medicina sagrada que es todapoderosa
y puede ser utilizada para curar cualquier enfermedad. Todas
estas atribuciones que se le reconocen al peyote como planta
medicinal no han sido comprobadas científicamente debido a
las restricciones legales. Sin embargo, tampoco se puede
determinar que el peyote no tiene estas cualidades curativas,
precisamente, porque eso tampoco se ha comprobado
científicamente. Más aún, sí existen suficientes datos
etnográficos, psicológicos, sociales y de la medicina indígena
institucionalizada que sostienen empíricamente el estatus del
peyote como una legítima medicina herbolaria.
. Falta mucha investigación para seguir conociendo los efectos
terapéuticos de esta planta y su potencial como agente curativo
y preventivo de enfermedades físicas y mentales.
Consideraciones en la aplicación del peyote como
medicina psicosocial
En un contexto ceremonial, el peyote ha demostrado ser una
medicina
efectiva
para
diversos
padecimientos
psicoemocionales, como por ejemplo: depresión, ansiedad,
trauma y diferentes condiciones de crisis existencial o
momentos críticos de vida que requieran de apoyo y dirección.
Sin embargo, como se ha mencionado, los efectos terapéuticos
de las ceremonias de peyote no se pueden explicar
exclusivamente por la acción farmacológica del cactus y es por
eso que sus efectos en un contexto hospitalario no podrían ser
replicados y serían diferentes. El contexto estructurado de las
ceremonias, las intervenciones del facilitador, la dinámica
social, los símbolos y las metáforas del ritual son elementos
inseparables que coadyuvan conjuntamente a generar la
experiencia subjetiva en aquellos que participan en las
ceremonias de peyote indígenas. Esta interrelación simbiótica
entre planta y ceremonia no puede ser discretamente separada.
La efectividad del peyote como medicina psicosocial depende
de la ceremonia misma y del manejo instruido de todos los
elementos del ritual por facilitadores capacitados. Esto
representa un reto metodológico para los sistemas de salud
pública, ya que es imperativa la colaboración entre médicos,
terapeutas y hombres o mujeres del camino de la medicina
ancestral. Falta mucha investigación para seguir conociendo
los efectos terapéuticos de esta planta y su potencial como
agente curativo y preventivo de enfermedades mentales.
La medicina tradicional indígena puede ofrecer nuevos
conocimientos a la medicina occidental moderna para encontrar
alternativas terapéuticas tanto para poblaciones indígenas como
no indígenas. En un mundo plural y democrático todos los
ciudadanos tienen derecho a la salud y deben poder elegir el
tratamiento de su elección. Las medicinas complementarias
pueden, así como el conocimiento ancestral, ofrecer un mayor
número de opciones de cuidado y tratamiento. Esto es
particularmente relevante en el campo del tratamiento de las
adicciones.
El reto está en empatar dos paradigmas
parametricamente diferentes con aparentes polaridades
conceptuales. Lo que para la medicina indígena representa una
medicina prestigiada, para la medicina occidental alópata es
una droga lúdica sin valor terapéutico. Esta notoria
discrepancia radica, por un lado, en la actitud culturalmente
adoptada hacia los estados modificados de conciencia y hacia la
definición que el grupo social adopta y proyecta a sus objetos
de consumo. Las sociedades industriales no valoran la
transformación de la conciencia como un valor positivo o
adaptativo, sino que la entienden sólo desde una óptica lúdica,
como el alcohol y las drogas narcóticas. En cambio, las
sociedades indígenas han recurrido frecuentemente a la
transformación de la conciencia para cumplir con diversas
funciones al servicio del colectivo o sus miembros, y ha sido un
valor frecuentemente institucionalizado.
Así mismo, la
sociedad occidental ha definido al peyote como una droga
recreativa con escaso valor terapéutico y extremadamente
nocivo para la salud, mientras que para decenas de diversas
tribus indígenas en todo el continente, este cactus es definido
como una planta sagrada y como medicina prodigiosa. La
definición adoptada por las autoridades internacionales y
difundida al público en general merece ser cuestionada,
validando el conocimiento de la medicina tradicional indígena
y tomando en cuenta los efectos terapéuticos documentados en
múltiples estudios de campo.
Aspectos Jurídicos de Peyote
La Convención Única en materia de psicotrópicos entró en
pleno vigor de ley internacional el 16 de Agosto de 1976 y ha
sido el modelo de clasificación adoptado por la mayoría de
países en la comunidad internacional, siendo determinante en
las políticas adoptadas por México. El artículo 245 de la Ley
General de Salud clasifica al peyote por contener la mezcalina.
El ejercicio de esta clasificación incluye en nuestro país la
aplicación del Código Penal con penas de hasta 10 o más años
de prisión, por ser su posesión considerada un delito contra la
salud. Debe de llamar la atención cómo estas plantas, que
forman parte de los sistemas médicos indígenas y que son
reconocidas como medicinas por ser consideradas promotoras
de la salud y bienestar, pueden, a la vez, representar un grave
riesgo a la salud y carecer de valor terapéutico para el sistema
nacional de salud.
Debido a que el peyote forma parte de los usos y costumbres de
los Wirrarika (Huicholes), los Raramuri (Tarahumara) y los
Nayeri (Cora), las autoridades del Ejecutivo Mexicano han en
efecto contemplado ciertas garantías individuales para estos
grupos indígenas, exentándoles cargos de delito por consumir y
portar este cactus. Sin embargo, por solamente mencionar
algunos casos, apenas en el 2009, un Marakame Huichol fue
detenido durante una semana por portar siete cabezas de
peyote, logrando salir libre después de haberle informado al
juez sobre los derechos indígenas aplicables, pero claramente;
no obstante, ni el Ministerio Público, ni la Policía estaban
actualizados en esta excepción a la Ley, y el Marakame y sus
acompañantes fueron privados de la libertad por supuesta
comisión de delito. Mas recientemente, y publicado en la el
periódico La Jornada del 28 de febrero de 2010, se dio la
injustificada interrupción de una peregrinación Wirrarika en
pleno rezo por agentes de la policía estatal, agrediendo de esta
forma una costumbre milenaria.
Hasta ahora, el Legislativo no se ha ocupado de revisar la
clasificación actual del peyote como droga psicotrópica, sin
valor terapéutico a la luz de la medicina tradicional indígena y
bajo los principios de libertad religiosa y de conciencia. La
evidencia antropológica y arqueológica que señala a estas
plantas como sagradas para los pueblos indígenas es vasta en la
literatura etnográfica y apunta a sus atributos terapéuticos y
sacramentales. Las leyes en nuestro país deben de considerar la
complexa relación que tiene una población de un México tan
socialmente dinámico ante los legados culturales de los pueblos
originales. El peyote, por ser endémicamente mexicano,
merece su propia norma, bajo una ley específicamente diseñada
para un México del siglo XXI, sin contraponer los intereses
políticos internacionales o poner en riesgo la salud pública.
Plan de manejo sustentable de la reserva ecológica
de Wirikuta desde la perspectiva de la medicina
tradicional
Debido a una serie de desafortunadas circunstancias sociales en
torno al desierto de Wirikuta, la depredación y desgaste de la
biota medicinal continúan debido a que no existe un plan de
manejo para el peyote, planta considerada actualmente como en
peligro de extinción. Este plan debería de contemplar el
consumo que generacionalmente ha conllevado y que
probablemente siga en incremento por la demanda generada
tras siglos de permanencia en un área bien delimitada en San
Luis Potosí. El proyecto de la reserva sagrada de Wirikuta
podría también contemplar la inclusión de proyectos en sitio,
que permiten a las comunidades indígenas que peregrinan al
desierto, así como a las comunidades rurales que allí habitan,
una explotación sustentable de la biota endémica,
particularmente el fomentar la investigación sobre las
potenciales propiedades terapéuticas de las plantas del desierto.
Ya se han realizado reuniones inter -regionales con
representantes indígenas de los pueblos Wirrarika para
establecer la ruta sagrada de peregrinación y su tránsito
ininterrumpido. Sin embargo, estos acuerdos distan mucho de
ser operativos debido a la complejidad del tema.
Epílogo
Terminamos este estudio dejando con ustedes un rezo, un
pensamiento vivo de un indígena wirrarica, para quien el cactus
sagrado “hikuri” o “peyote”, forma parte esencial de su sistema
de vida.
"Hay quienes tenemos alguna enfermedad física, del alma o del
corazón o simplemente no hemos podido encontrar nuestra vida. En
este desierto viviente y mágico, confín del mundo, el Venado Azul se
nos revelará para encontrar nuestra vida, él nos enseñará, él será
nuestra medicina. Una maximización del espíritu nos conducirá
hasta el punto de la transformación temporal en transición a la
exaltación espiritual, para encontrar las fuerzas del equilibrio. Esa
capacidad inefable para aventurarnos sin temor en el angosto puente
a través del gran abismo que separa el mundo ordinario del mundo
del más allá. Para lograr éstas fuerzas del equilibrio debemos vencer
nuestros miedos, quitar los malos pensamientos de nuestros
corazones y unirlos. Los peregrinos debemos de estar limpios de
todo mal de sentimiento, debemos de regresar al periodo de la vida
en que éramos inocentes, antes de que fuéramos adultos, mundanos,
ya que a ésta tierra madre venimos a nacer. El pasar de este mundo
al más allá podremos hacerlo, porque al recibir el Venado Azul,
dejaremos de ser ordinarios, seremos transformados. Pero hay que
recordar que es solamente temporal porque somos solamente
hombres y mujeres y no dioses"
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doi:http://www.drugabuse.gov/pdf/Monographs/Monog
raph168/Download168.html
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