Una de las sectas mas falsa, hipócrita, dañina

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Una de las sectas mas falsa, hipócrita, dañina, criminal
y asesina que ha existido en toda la historia de la humanidad
En verdad te digo que quien participa o apoya a una secta cuya historia está llena
de injusticias, torturas, crímenes y asesinatos de personas que pensaban diferente,
es participante y cómplice de todo ello. Maldito malnacido todo aquel que ha provocado o
permitido sufrimiento y muerte en mi nombre o en el de "dios" (Amor: Verdad, Justicia, igualdad, compartir y austeridad). Constato su maldición que repercute en su descendencia. Todas
estas sectas son las iglesias del "diablo" (individualismo: hipocresía, injusticia, poder, acumulación y dinero).
La mayor prueba de la falsedad de la "iglesia católica, apostólica y romana" está
impresa en su propio nombre: "Romana", cuando fue el imperio romano quien intentó
matarme y persiguió y exterminó a los únicos verdaderos cristianos que vivían en comunidad
compartiéndolo todo. Constantino I fue el emperador romano que inicialmente compró a unos
pocos hipócritas con riquezas y poder para crear dicha maldita secta que continúa representando su poder y ostentación demoníaca en el vaticano. Dicen representarme como
“Luz” y como “Camino, Verdad y Vida” y dentro de esta secta predomina mayoritariamente la
oscuridad, el inmovilismo, la hipocresía y la muerte. Ésta no es mi casa ni sus miembros mis
hermanos; son falsos cristianos, sepulcros blanqueados, seguidores del “diablo” (individualismo: hipocresía, injusticia, poder, acumulación y dinero). Los que aparentan ser "buenos"
son los peores, hipócritas, terroristas contra la Verdad.
Todas las religiones e ideologías son sectas, no creas en ninguna. Cree sólo en el Amor
auténtico y practícalo en todos los momentos de tu vida. Este es el paraíso.
Si dentro de estas sectas todavía queda alguien que después de haber leído esto lo asume y
empieza a cambiar lo reconoceré por sus hechos como de mi familia. Las señales visibles
del cambio son: VERDAD (Decir toda la Verdad), JUSTICIA (trabajar por la Justicia),
IGUALDAD (sentirse igual a todos los demás seres y sentir con ellos), COMPARTIR
(compartir todo lo que se tiene) y AUSTERIDAD (vivir con mucha austeridad). Haciendo todo esto se vive en estado de Amor auténtico. No hay otro camino. Quien lo haga o quien
empiece a hacerlo, que me acompañe en el paraíso.
Jesús
(+0034 693 391 587)
Claro ejemplo: GIORDANO BRUNO tenía razón,
y la IGLESIA ROMANA es culpable de su asesinato.
Los astrónomos de las universidades de California y Santa Cruz, y del Instituto Carnegie,
han comentado alborozados el descubrimiento de un planeta, conocido como Gliese 581g, que
reúne las condiciones imprescindibles para tener vida. Orbita junto a otros cinco planetas
alrededor de la estrella Gliese 581, una enana roja situada a veinte años luz de nuestro
sistema planetario. Su descubridor, el profesor Steven Vogt, ha declarado su convicción de
que es segura la existencia de vida en él. Por supuesto, se trata de investigaciones científicas,
imposibles de confirmar en la práctica, dadas las enormes distancias siderales que nos
separan.
Sin embargo, todo hace suponer que las hipótesis son ciertas, y que podemos admitir que
hay vida en otros planetas de otros sistemas estelares en un Universo que parece ser infinito.
La divulgación de este descubrimiento ha servido para que el profesor Vogt reciba las
felicitaciones de científicos de todo el mundo. En cambio, esas mismas ideas llevaron a
Giordano Bruno a morir quemado vivo en una hoguera encendida por la Iglesia catolicoromana hace cuatro siglos.
Bruno (1548-1600) creía en la doctrina de esa misma Iglesia, tanto como para ingresar en
la orden dominica, la encargada de manipular el llamado Tribunal del Santo Oficio de la
Inquisición, para perseguir, torturar y quemar vivos a los acusados de herejía, brujería,
sodomía, leer la Biblia en lenguaje común, discutir los dogmas, poseer libros prohibidos,
etcétera. Fue el mayor error de su vida.
Pero este creyente no era un crédulo, sino un filósofo y teólogo, que meditaba sobre las
bases de su religión. No fue un científico, aunque sus deducciones se aplicaran a la ciencia.
Ordenado sacerdote en 1572, solamente cuatro años después fue acusado de herejía, lo que le
obligó a huir de Italia, y peregrinar en busca de libertad por Suiza, Francia, Inglaterra y
Alemania, países en los se consideraba a salvo de la Inquisición dirigida por sus antiguos
compañeros de la orden dominica.
Sus deducciones filosóficas le obligaron a rechazar las teorías religiosas impuestas por la
Iglesia romana, según las cuales nuestro planeta Tierra está fijo en el centro del Universo,
que es finito y lo rodea. Bruno llegó a la conclusión de que la Tierra gira alrededor del Sol, y
de que hay innumerables planetas orbitando alrededor de sus estrellas en un Universo
infinito, por lo que es factible que exista la vida en muchos de ellos. Explicó que el Universo
es una unidad en la que reina el orden, lo que le animó a decir que la materia está animada, y
su ánima o alma es la natura naturans, el espíritu de los espíritus, por otro nombre Dios.
De modo que Bruno creía en la existencia de Dios, pero por su presencia en el Universo, y
no por las revelaciones de la Biblia judeocristiana. Rechazó tanto las declaraciones cosmológicas judías sobre la creación del Universo, como las enseñanzas cristianas a partir de la
encarnación milagrosa de Jesús en el seno de una virgen, porque se oponen a ese orden lógico
imperante en el Universo, y por lo mismo deben ser falsas.
Escribía en latín y en italiano, y la Iglesia romana quemó en la plaza pública sus obras,
además de incluirlas todas ellas en el Index librorum prohibitorum, con pena de muerte para
quienes osaran leerlas.
El autor fue detenido por la Inquisición, y encarcelado en sus prisiones romanas el 27 de
enero de 1593. Allí fue torturado durante siete años, sin lograr que renegase de sus ideas, por
lo que el 8 de febrero de 1600 se le condenó a morir quemado vivo en la hoguera, inculpado
de ser un hereje impenitente y contumaz. Según relató un testigo, tuvo la serenidad de decir a
sus jueces: “Tembláis más vosotros al dictar esta sentencia que yo al oírla.” Sabía que sus
deducciones eran ciertas, y por eso no podía desdecirse de ellas, por fidelidad a la ciencia
antes que a una religión falsa.
El 17 de febrero se cumplió la sentencia, y Bruno fue quemado vivo en el Campo dei Fiori
de Roma. Era papa Clemente VIII. El impulsor del proceso condenatorio fue el cardenal
Roberto Belarmino, el mismo que llevó dieciséis años después el proceso contra Galileo por
difundir unas ideas cosmológicas semejantes a las de Bruno, pero con mejor suerte para el
acusado por acceder a retractarse de ellas.
La muerte de Bruno y la condena a Galileo sirvieron para que los científicos de los países
sometidos a la Iglesia catolicorromana se callaran. Por este motivo la ciencia quedó estancada
en esas naciones, mientras se desarrollaba en los países de religión reformada, en los que
carecía de autoridad la Inquisición romanista. Es el motivo del atraso científico padecido
todavía en Italia, España, Portugal, Bélgica, las naciones hispanoamericanas, y en menor
media en la Francia católica, pero enfrentada al poder temporal de Roma con sus ejércitos.
Es culpa de la Inquisición, naturalmente, pero también de los monarcas que aprovecharon
el terror impuesto por el sanguinario Tribunal del Santo Oficio para librarse de sus opositores.
A los reyes católicos europeos les resultaba muy beneficioso mantener a sus vasallos en el
miedo a ser acusados de herejía, con su secuela inevitable en la hoguera, para que no se
atrevieran a discrepar de sus órdenes.
Pero la ciencia avanzó en los países libres del fanatismo romanista, y ha demostrado que la
Iglesia catolicorromana es una secta integrista enemiga del saber, porque necesita retener a
sus fieles en la ignorancia, para así conservar sus privilegios opresores del pueblo.
Nadie, por muy retrógrado intransigente que sea, puede negar hoy que Giordano Bruno
estaba en lo cierto, y que la Iglesia romana sostenía creencias erróneas contrarias a la
realidad confirmada por la ciencia. Si en el Vaticano cupiese la vergüenza, se declararía santo
a Giordano Bruno, puesto que murió por defender la verdad frente a los errores postulados
por la Iglesia. Pero esto es imposible, dado que la misma Iglesia defiende la suposición de que
no puede equivocarse, al estar dirigida por el Espíritu Santo, y tener al frente a un dictador
absoluto que es infalible, según decretó el Concilio Vaticano I.
Sin embargo, la astronomía confirma que Bruno tenía razón, y el papa Clemente VIII era un
ignorante, además de un asesino.
Por eso, y por toda su historia de errores y crímenes continuados, el Tribunal Internacional
de Justicia debiera prohibir la existencia de esta secta genocida. […]
Arturo del Villar
Pido ayuda a todas y todos
para divulgar este documento
Si quieres envíalo a todos tus contactos y a los foros y listas en los que participas.
Es muy importante, en este momento de la historia, localizar a todas las personas
justas o que tratan de serlo para aumentar la consciencia de la realidad.
Reenviando este mismo mensaje me estás ayudando a hacerlo.
También si quieres imprime la primera hoja (página 1 y 2) del presente pdf
y entrégala a todos los miembros de religiones que conozcas o incluso
puedes fotocopiarlas y repartirlas en las puertas de las iglesias.
Jesús
Nota.- Si alguien de los que leéis este mensaje quiere dialogar conmigo puede
hacerlo. Mi número de teléfono es: (+0034) 693 391 587. Vivo precario en una zona
sin cobertura por lo que os daré unos toques cuando vea vuestra llamada perdida
para que me llaméis. También puedes descargarte un nuevo extracto del libro que
acabo de terminar de escribir, “El Libro de la Vida 1 - Salud, Alimentación y Sanación”, lo tienes en archivo adjunto en formato pdf. Si decides leerlo quiero saber tu
opinión (sea positiva o negativa).
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