PRODUCCION DE OBRAS Niveles II y III FICHA EL SUBMARINO

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PRODUCCION DE OBRAS Niveles II y III
TALLER CREMASCHI - NIZAN - LAFALCE
CICLO DE CINE 09.
Miércoles 17 de junio a las 20:00 horas
FICHA EL SUBMARINO AMARILLO (Yellow Submarine)
DIRECTOR
GUIÓN
George Dunning
Historia original de Lee Minoff basada en la canción homónima.
Guionistas: Lee Minoff, Al Brodax, Jack Mendelsohn y Erich Segal
MÚSICA
The Beatles y George Martin
DISEÑO
Heinz Edelmann
DIRECTOR
ANIMACION
EDITOR
PRODUCCION
G.Bretaña 1968
Jack Stokes y
Robert Balser
Brian J. Bishop
King Features Production - Al Brodax
“Liverpool puede ser un lugar solitario un sábado a la noche…..y hoy sólo es jueves por la
mañana….” Ringo Starr
Sobre la película:
Pepperland, una sociedad idílica que habita a 80 mil leguas bajo el mar, se ve
atacada por los Malditos Azules (Blue Meanies), unos seres que pretenden eliminar
el color y la música del lugar; durante el ataque, el viejo Fred, un habitante de
“Pimientalandia”, consigue escapar en un submarino amarillo y decide ir en busca
de ayuda, pidiéndoles a John, Paul, George y Ringo (The Beatles) que salven al
pueblo del ataque de los Malvados. Esta estructura tan simple y esquemática, sirve
de base a un viaje "odiseico" a través de mundos psicodélicos, estableciendo,
mediante el uso de diversas canciones, bloques narrativos interconectados que
podrían incluso considerarse videoclips de animación, cada uno de los cuales tiene
un estilo y referencias propias, en función de la música y el concepto que los
acompaña, se convierte en un catálogo de referencias a las más importantes
manifestaciones y corrientes artísticas del siglo XX.
Sobre la producción de la película:
Fue una iniciativa del productor Al Brodax (responsable también de una serie de
animación de la cadena televisiva ABC con The Beatles como protagonistas, entre
los años 1965 y 1967), quien acudió al manager del grupo, Brian Epstein, para
hacerle la propuesta y lograr su autorización.
George Dunning, que también había estado involucrado en la serie de dibujos para
la televisión, se puso al frente de un extenso equipo que elaboró 14 guiones
distintos y en el cual trabajaron 40 diseñadores de animación y 140 artistas
técnicos, en tiempos en los que las ilustraciones se hacían íntegramente “a mano”.
La producción total demandó casi dos años de trabajo. La original estética de los
dibujos de Yellow Submarine emanó del estilo y el trazo de Heinz Edelmann, un
conocido ilustrador y diseñador alemán, influenciado por el trabajo de otros artistas
de la época.
Se dan cita desde los relojes blandos de Dalí, los bombines y las manzanas de
Magritte hasta superhéroes de cómic y alusiones a los artículos de consumo de
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Andy Warhol, pasando por iconos literarios como el monstruo de Frankenstein o
cinematográficos como Marilyn y King Kong, entre muchos. Esta intersección entre
los diferentes periodos de la historia del arte abrió las puertas a una nueva
concepción de la animación, alejándose del academicismo y purismo de Disney, y
demostró que había otra manera de hacer y entender los dibujos en movimiento.
Si se observa en profundidad, se descubre el gran esfuerzo de los ilustradores y
técnicos para conseguir nuevos efectos y estéticas que innovasen en el campo de la
animación y enriquecieran la sintaxis de este tipo de lenguaje audiovisual.
Este filme de vanguardia marca un antes y un después en la historia de la
animación, y establece unas bases que formarán parte de las generaciones
posteriores de ilustradores y diseñadores.
Y un renombrado escritor escribió:
Así es: la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de
Los Beatles. Cada quien por motivos distintos, desde luego, y con un dolor distinto,
como ocurre siempre con la poesía. Yo no olvidaré aquel día memorable de 1963,
en México, cuando oí por primera vez de un modo consciente una canción de Los
Beatles. A partir de entonces descubrí que el universo estaba contaminado por
ellos. En nuestra casa de San Angel, donde apenas si teníamos donde sentarnos,
había solo dos discos: una selección de preludios de Debussy y el primer disco de
Los Beatles.
Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbres: “Help, I
need somebody”. Alguien volvió a plantear por esa época el viejo tema de que los
músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: Bach, Beethoven,
Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería de siempre: que se
incluyera a Bosart. Alvaro Mutis, que como todo gran erudito de la música tiene una
debilidad irremediable por los ladrillos sinfónicos, insistía en incluir a Bruckner. Otro
trataba de repetir otra vez la batalla a favor de Berlioz, que yo libraba en contra
porque no podía superar la superstición de que es “oiseau de malheur”, es decir,
pájaro de mal agüero. En cambio, me empeñé, desde entonces, en incluir a Los
Beatles. Emilio García Riera, que estaba de acuerdo conmigo y que es un critico e
historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, sobre todo después del
segundo trago, me dijo por esos días: “Oigo a Los Beatles con un cierto miedo,
porque siento que me voy a acordar de ellos por todo el resto de mi vida”. Es el
único caso que conozco de alguien con bastante clarividencia para darse cuenta de
que estaba viviendo el nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el
estudio de Carlos Fuentes, y lo encontraba escribiendo a máquina con un solo dedo
de una sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de
humo y aislado de los horrores del universo con la música de Los Beatles a todo
volumen.
Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la nieve,
con más de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quien soy, ni que
carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi
nacimiento hasta que Los Beatles empezaron a cantar. Todo cambio entonces. Los
hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a
desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inició la
liberación del sexo y otras drogas para soñar. Fueron los años fragorosos de la
guerra de Vietnam y la rebelión universitaria. Pero, sobre todo, fue el duro
aprendizaje de una relación distinta entre los padres e hijos, el principio de un
nuevo dialogo entre ellos que había parecido imposible durante siglos.
Gabriel García Márquez
16 de diciembre de 1980
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