El “James Dean” de la Luftwaffe

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LATERCERA Sábado 3 de agosto de 2013
The Star of Africa
Mundo
[COLIN D. HEATON Y
ANNE-MARIE LEWIS]
Editorial: Motorbooks intl.
Precio: 22,4 euros (amazon.es)
Páginas: 240
[HANS-JOACHIM MARSEILLE]
Una nueva biografía muestra la
faceta rebelde de uno de los más
destacados aviadores alemanes
de la Segunda Guerra Mundial.
Por Jacinto Antón (Diario El País)
El “James
Dean” de la
Luftwaffe
L
a vida de
Hans-Joachim Marseille, el “14
amarillo”,
por el número pintado en
el fuselaje de su aeroplano, no fue muy larga -murió a los 22 años-, pero sí
fulgurante y duró lo suficiente para que el joven piloto alemán de apellido
francés se convirtiera en
una leyenda de la aviación.
El 1 de septiembre de 1942,
a los mandos de su Messerschmitt Me-109, derri-
RR Hans-Joachim Marseille, en una imagen tomada en 1942 en Martuba, Libia.
bó la friolera de 17 cazas
enemigos, ocho de ellos en
la misma acción, con intervalos de minutos.
Los números de Marseille son espectaculares: 158
derribos, un promedio de
tres por combate.
Su extravagante personalidad acrecentó su mito. Desobediente, insubordinado,
bohemio, auténtico “James
Dean de la Luftwaffe”, rebelde sin causa del aire, era
un soldado que ignoraba la
disciplina, las convenciones y las normas. Llevaba el
pelo largo, su uniforme era
un desastre incluso para los
relajados estándares del
Afrika Korps (se presentó
con botas de faena el día en
que Hitler le entregó la Cruz
de Caballero; al menos no
iba con shorts y su famosa
sombrilla de colores), se escapaba de la base y andaba
siempre metido en líos de
faldas. Entre sus conquistas
figuran muchas actrices de
la época y la cineasta Leni
Riefenstahl.
Sostenía que el alcohol
ayudaba a luchar en el aire.
Una vez aterrizó con su
caza en una autopista ale-
mana para correr tras un
árbol bajándose los pantalones por una llamada de la
naturaleza. Cuando Mussolini le impuso la mayor
condecoración al valor italiana, le comentó a Ciano
(yerno del líder fascista) si
no le parecía que el Duce se
creía muy importante. En
una ocasión, en presencia
de Hitler y el propio mariscal del Reich, preguntó en
voz alta si el dirigente Hermann Goering era gay.
Marseille incluso era, contraviniendo las leyes raciales, amigo de un negro.
Su carisma, su prestigio
como piloto y su aparente
candor lo protegían. Pero un
nazi como Axman sintetizó
perfectamente las dificultades para manipular su imagen: “Marseille es el modelo
perfecto para la juventud
alemana, hasta que abre la
boca”. Varias veces sobre-
voló aeródromos enemigos
para arrojar notas indicando
dónde había derribado a un
piloto, para que acudieran a
rescatarlo o recuperar su
cuerpo. Una nueva biografía
de Marsei-lle -The Star of
Africa, de Colin D. Heaton y
Anne-Marie Lewis- nos
muestra a un Marseille
abiertamente antinazi, que
rehusó hacerse miembro del
partido y al que le torturaba
la suerte de los judíos.
Su carrera estuvo a punto de irse a la basura. Pero
sus jefes siempre acababan
viendo algo en él. Desobedecía las órdenes y violaba
las estrictas reglas de la
aviación de caza alemana
experimentando nuevas
formas de volar.
Llegó el día en Africa en
que todo lo que había aprendido se manifestó y eclosionó en los cielos. Comenzó a
contar derribos múltiples
que engrosaban la cuenta
pintada en su timón de cola.
El peso de la guerra y el
impacto de ver a tantos
como él convertidos en espirales de fuego, además de
la muerte de su hermana
Inge asesinada por un
amante celoso, ensombrecieron al joven. El destino le
reservaba morir invencible.
No cayó por mano del hombre. La muerte se le presentó el 30 de septiembre de
1942 en forma de humo negro que inundó su cabina
por un fallo del motor. Medio asfixiado, incapaz de
ver, Marseille colocó el
avión boca abajo en la maniobra estándar para saltar.
Pero al abandonar el avión
se golpeó con el pecho contra el alerón de cola y sus camaradas de escuadrilla observaron horrorizados
cómo caía al desierto sin
abrir su paracaídas.b
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