Entre la dictadura y la transición democrática

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UNC 4OO AÑOS
HISTORIA
Y FUTURO
Córdoba, miércoles 24 de octubre de 2012
Entre la
dictadura y la
transición
democrática capítulo
9
Observatorio Astronómico, UNC. Fotografía : Laura Lencina.
Auspicia:
Victoria Chabrando(*) L
La gran polémica
después de los jesuitas
Universitarios para la
patria nueva
Se abren las puertas
de la modernidad
La rebelión de los
hombres libres
Irrupción del peronismo
en la Universidad
La Universidad
devastada
Una isla autoritaria
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
Miércoles 24 de octubre de 2012
Entre la dictadura y la
transición democrática as prácticas represivas
durante el terrorismo
de Estado y la posterior
reapertura democrática
propiciaron singulares formas
de intervención juvenil en
el espacio público, no sólo
al interior del entramado
universitario sino también
en la vida política y social de
Córdoba. Durante la transición
democrática, la participación
de los estudiantes estuvo
atravesada por la tensión entre
los legados de la década de 1970
y las promesas de construcción
de una república democrática. Estuvo marcada, también,
por dos procesos paralelos
e interrelacionados. Por un
lado, por las heridas que había
sufrido la Universidad durante
los años del terrorismo
de Estado; por otro, por la
influencia gravitante de las
organizaciones partidarias que
estaban en juego en la escena
extrauniversitaria. Se trataba,
de hecho, de una situación
en donde la historia reciente,
vinculada a los efectos directos
de la dictadura militar sobre
la sociedad civil, invadía y
penetraba la reorganización
de la vida dentro del claustro.
A su vez, se debían sostener
y definir nuevos canales de
discusión en el escenario
abierto con la transición. En
otras palabras, se dibujaba
una permanente tensión entre
reconstruir lo que había sido el
movimiento estudiantil en los
años previos al ‘76 o pensar un
nuevo modelo de organización
y lucha.
Una de las primeras medidas
del delegado militar en la UNC
fue el cierre de la Secretaría
de Asuntos Estudiantiles y la
prohibición de los centros de
estudiantes.
Sin embargo, siguieron
existiendo algunas
agrupaciones, como Franja
Morada, la Federación Juvenil
Comunista y el Movimiento
Nacional Reformista, aunque
restringidos en su acción y sin
lugares físicos para reuniones
en el espacio universitario.
Entre 1976 y 1982, las
actividades fueron escasas
y limitadas a eventos como
la organización de peñas,
partidos de fútbol, encuentros
con profesores cesanteados
por la dictadura e intentos de
establecer lazos con referentes
de partidos políticos. Todas
estas acciones tuvieron como
principal objetivo “ganar
legalidad”, esto es, en palabras
de exmilitantes, dar visibilidad pública a la existencia de los
centros de estudiantes, para
que quedara un registro que
resguardara estos espacios;
pero, por sobre todas las cosas,
procurar la supervivencia
de quienes militaban en un
contexto de represión. Actuar
en una agrupación relacionada
con algún partido político era
parte de ese objetivo.
Normalización En septiembre de 1982, la
UNC comenzó a transitar el
proceso de normalización.
El rector Carlos Morra,
procedente de una familia con
tradición de militancia en el
antirreformismo cordobés,
manifestó que correspondía
“iniciar la normalización
del claustro universitario
mediante la realización de
los respectivos concursos de
provisión de cátedras”, a la
vez que afirmó que se debían
restituir las secretarías de
Asuntos Estudiantiles en todas
las facultades. La participación de los
estudiantes en este proceso
fue clave. El claustro, a través
de representantes elegidos
a través de la Federación
Universitaria de Córdoba
(FUC), tuvo intervención
en el consejo normalizador
con carácter de provisorio,
espacio donde se discutió cómo
debía darse la reapertura
democrática. En ese momento, las
discusiones más acaloradas
al interior de la FUC se
dieron en torno de los
estatutos de representación
estudiantil. Franja Morada
(FM), el Partido Intransigente
(PI) y el Movimiento
Nacional Reformista (MNR)
promovieron la participación
a través de una asamblea
general como órgano soberano
de las decisiones. Tanto la
FUC como los centros fueron
una síntesis del trabajo por
comisiones de curso, que
comenzaron a reactivarse en
todas las facultades durante
los primeros meses de 1982. Para marzo de 1983, el
claustro estudiantil estuvo
representado en el Consejo
Superior Provisorio por las
dos primeras fuerzas que
participaban de la FUC. Por
Franja Morada, José Serra,
estudiante de Medicina,
quien estuvo al frente de la
Federación hasta 1986, y como
secretario General Medardo
Ávila Vázquez (Medicina).
La segunda fuerza fue el PI,
representado por Amadeo
Sabattini (Ciencias Químicas)
y Eugenio Reatti (Abogacía). Entre los temas centrales a
discutir en este proceso de
normalización, se encontraba
el problema edilicio y la falta
de presupuesto, dos cuestiones
que intentaron justificar el
cupo.
Esta medida fue rechazada
por todas las agrupaciones
estudiantiles. A su vez, el
pago de aranceles había sido
una propuesta del rector
provisorio, en 1982.
Movilizaciones
Entre febrero, marzo y abril
de 1983, los representantes
estudiantiles, con el apoyo
de algunos docentes, se
opusieron a estas medidas y
organizaron manifestaciones
en repudio que lograron que
se diera marcha atrás con el
arancelamiento.
Este –a diferencia de otros
momentos– fue un período
caracterizado por una
intensa relación de diálogo
y trabajo conjunto entre las
agrupaciones estudiantiles
y algunos docentes, en su
mayoría aquellos que habían
sido cesanteados por la
dictadura. Empero, al interior
de ambos claustros se observan
algunas diferencias en función
de intereses y reivindicaciones
propias. En el caso de los
docentes, la dictadura
consolidó a algunos y destituyó
a otros, condición que fue
una de las determinantes a
la hora de definir espacios de
participación en el proceso de
normalización. Para los estudiantes
organizados, otras de las
discusiones importantes
giraron en torno de la
supresión del examen de
ingreso, la eliminación de
los cupos, la derogación
de los planes de estudios
impuestos por el gobierno
de facto y la intervención del
estudiantado en la designación
de los decanos y directores de
escuelas, como así también en
los concursos docentes. Eliminación del cupo
En los primeros días de marzo
de 1983, la FUC organizó
una movilización en la que
se elaboró un petitorio para
exigir al entonces rector
interventor que se eliminaran
los cupos de ingreso. También
se planteaba la derogación
de los exámenes, ya que los
consideraban excluyentes
para un país caracterizado por
defender la educación pública. La falta de respuestas por
parte del Rectorado produjo un
intenso malestar. Unos meses
más tarde, en septiembre,
los aspirantes que no habían
accedido a la matriculación
–en su mayoría de las
facultades de Derecho,
Arquitectura y Medicina–
convocaron a una “masiva
huelga estudiantil contra
el ingreso restrictivo”. La
medida duró poco menos de
una semana y tuvo buenos
resultados, pese a no haber
logrado su cometido, que
era la eliminación del
examen en el ingreso. Pero el
acontecimiento dio visibilidad
a un movimiento estudiantil
organizado. Otra de las prioridades
–sobre todo en facultades
como Derecho, Filosofía y
Humanidades, Arquitectura y
Medicina– fue la de desplazar a
los profesores cómplices de la
dictadura. Los representantes
estudiantiles del PI fueron
quienes intervinieron
constantemente en el Consejo
Superior Provisorio con esta
reivindicación. Partidos políticos
La pertenencia o no a
partidos políticos modificaba
los programas de cada
agrupación. Por ello, las
pugnas por detentar espacios
de poder al interior de la
Universidad estuvieron
influenciadas por las
discusiones que se dieron en el
espacio extrauniversitario. En este sentido, el clima que
se vivió en la UNC durante
el primer quinquenio de los
años ‘80 fue de entusiasmo
e ilusión política para los
jóvenes universitarios, que se
plasmaron –entre otras cosas–
en la intensa politización y
entusiasta reorganización de
la actividad estudiantil. Esto
se explica si tenemos en cuenta
la hegemonía por parte del
brazo estudiantil del partido
radical, Franja Morada, en los
comicios para la conducción
de los diferentes centros de
estudiantes a principios de
los años ‘80. El “fenómeno”
alfonsinista en tanto expresión
mayoritaria de la política
nacional se proyectó en los
espacios de participación
universitaria. En este contexto,
en 1984 la mayoría de los
centros estuvieron conducidos
por FM, con excepción del
de la Facultad de Filosofía
y Humanidades, en manos
de una agrupación cercana
a la Juventud Peronista (el
GEFFyHL). Entre 1983 y 1986, la mayoría de
los estudiantes se congregaron
en torno de la figura del
Ejecutivo Nacional, aunque
muchos de ellos no adscribían
al partido radical sino que
apoyaban algunas medidas
tomadas por el Presidente.
Dicha experiencia fue crucial a
la hora de delimitar proyectos
de trabajo al calor de la
transición democrática hasta
1985, cuando al interior de
Franja Morada comenzaron
a evidenciarse las primeras
tensiones que, más adelante,
produjeron rupturas y la
creación de nuevos espacios,
como la agrupación Santiago
Pampillón, por las críticas
a las medidas adoptadas
por Alfonsín respecto de
la economía nacional y los
militares. Pese al clima de ilusión
y optimismo, en pocos
años la experiencia de
organización estudiantil quedó
desarticulada y desprovista
de sentido al calor de los
acontecimientos políticos
que se sucedieron a nivel
nacional. La experiencia
vivida tras la salida de la
dictadura se desmoronó y
fue la apolitización de los
sectores juveniles una de las
dificultades más grandes para
los estudiantes organizados en
la década de 1990
(*) Lic. en Historia UNC
Sí que fue una brisa de primavera abriendo camino en
la historia: otra vez la vida y las calles eran nuestras.
La dictadura terminó y la democracia volvió ungiendo
al candidato radical Raúl Alfonsín, mientras que el
peronismo, desde su creación, perdía por primera vez en la
decisión de las urnas.
Más del 50 por ciento del país apoyaba a Alfonsín y
la democracia se presentaba como una panacea que
enseguida comenzó a tener sus tropiezos. La dictadura
había dejado una deuda externa condicionante, que nos
ponía bajo los ojos del FMI y de poderes económicos
locales. Mientras se daban pasos de inmensa reparación
histórica, como el Juicio a las Juntas Militares, se afrontaron
episodios desestabilizantes, como la asonada militar de
Semana Santa de 1987. Finalmente, el Gobierno terminó
acorralado por una crisis que llevó la hiperinflación a cifras
astronómicas y hundió a la población en la zozobra.
Esa zozobra, ese miedo que quedó inoculado en la gente,
hicieron posible que Carlos Menem llegara con un discurso
popular y apenas sentado en el gobierno se convirtiera
en el campeón del neoliberalismo, el que fue capaz de
privatizar a cualquier costo (a veces, a precio de regalo),
incluso bienes tan estratégicos como el petróleo.
La cotización del dólar estaba atada al peso y eso hizo
posible consumir bienes importados y viajes al exterior,
pero la producción nacional fue sensiblemente afectada
y pronto comenzaron a multiplicarse las cifras de
desocupados.
Menem gobernó más de una década (Pacto de Olivos
mediante) y le sucedió Fernando de la Rúa, quien pretendió
sostener el neoliberalismo convocando a Domingo Cavallo,
el ministro autor de la convertibilidad. Pero todo terminó
en un derrumbe sin igual, con ahorros incautados a través
del corralito, más de la mitad de la población por debajo de
los índices de pobreza y una represión final a las protestas
populares que dejó una treintena de muertos.
Luego de cuatro presidentes fugaces, llegó Eduardo
Duhalde, con palabras que no pudo sostener y un estado
de cosas que abrieron el camino otra vez a las elecciones.
En 2003, Néstor Kirchner fue ungido presidente después
de que Menem rechazara una segunda vuelta.
El paradigma comenzó a cambiar a partir de la apuesta
a la producción industrial, el consumo interno y la
profundización de la integración con Sudamérica. Después
asumió su esposa Cristina Fernández y, tras una larga
confrontación con las entidades rurales por los términos
del impuesto a la soja, se tomaron medidas como la
reestatización de los fondos de los aportes jubilatorios,
la Asignación Universal por Hijo y las recuperación del
control por parte del Estado de las empresas Aerolíneas
Argentinas e YPF.
El año próximo se habrán cumplido 30 años de democracia
ininterrumpida. Todo un hito en nuestra historia
bicentenaria.
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
Entre la
dictadura y la
transición
democrática Miércoles 24 de otubre de 2012
Participación estudiantil en la UNC
Los estudiantes
y la democracia
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
Miércoles 24 de octubre de 2012
Por Hernán Faure (*)
Raúl Alfonsín dictó el decreto 154 apenas asumió la
presidencia de la Nación, y dio inicio a la normalización
de todas las universidades públicas, en el marco de los
principios de la Reforma Universitaria de 1918. Abolió
todas las proscripciones que existían para ocupar cargos,
garantizó la participación estudiantil en los consejos,
reconoció los centros de estudiantes y las federaciones
universitarias.
Fue el inicio de la democratización universitaria, que
concluyó en forma exitosa con la normalización de todos
los claustros, la elección de autoridades, la aprobación
de estatutos, los concursos docentes y la vigencia de la
autonomía.
Los estudiantes participamos en forma masiva de
dicho proceso y fuimos protagonistas en el cogobierno
universitario. Para la mayoría, esa experiencia democrática
constituyó una novedad absoluta: desde el golpe de
1976, estuvo prohibido el ejercicio de cualquier forma
de participación política y las universidades fueron
celosamente vigiladas por los servicios de inteligencia.
Franja Morada fue la principal fuerza estudiantil desde 1983,
al lograr el apoyo mayoritario de nuestros compañeros
para conducir centros y federaciones universitarias. Los
estudiantes de aquellos primeros años de la década de
1980 votaron a favor de la educación pública de calidad,
contra cupos y trabas al ingreso y a favor de la paz, del
pluralismo, en contra de la violencia y del sectarismo. Esa
fue nuestra propuesta y nuestra lucha.
De la Universidad pequeña y cerrada, se pasó a una
Universidad abierta y de masas, de un año para otro.
El debate en aquellos años fue apasionante. Nosotros,
desde la Franja, sosteníamos que era posible y necesario
conciliar masividad con calidad. Que era un proceso que
debía realizarse y para ello debían existir mayores recursos
del Estado, que debían administrarse en forma responsable.
La autonomía no podía ser una excusa para despilfarrar.
En cada facultad, luchamos por la plena vigencia y
respeto de las reglas democráticas. Hubo quiénes desde
posiciones seudoprogresistas se apresuraron a descalificar,
caracterizando como “democracia formal” al proceso de
transición que, con enormes dificultades, se desarrollaba
en el país, sin comprender que la democracia, con sus
instituciones, es el único sistema para vivir en paz, con
libertad, igualdad, justicia y pleno respeto a los derechos
humanos.
Lamentablemente, desde la más alta magistratura del país
se promueve una división en la sociedad argentina y se
observa un claro retroceso de la convivencia democrática.
No tengo dudas de que la UNC y los estudiantes de hoy se
mantendrán firmes en la defensa de valores y principios que,
cuando ceden, hacen retroceder a los pueblos a la condición
de súbditos del tiranuelo de turno. ¡FUC, FUC, FUA, la lucha
continúa!
(*) Presidente del Centro Estudiantes de Derecho en 1987,
presidente de la FUC en 1989
el congreso
de la fuc de 1983
Por Carlos Vicente (*)
E
n noviembre de 1983, se realizó el Cuarto Congreso de la Federación
Universitaria de Córdoba, con la participación de unos 250 delegados que
debatieron tres fines de semana consecutivos. Atrás empezaba a quedar la
dictadura, la enorme represión del terrorismo de Estado que se ensañó con la UNC
y particularmente con sus estudiantes. Adelante, el inicio de una nueva transición
democrática en el país y en la Universidad. Este Congreso fue la culminación de un trabajo de reorganización de los centros
de estudiantes mediante elecciones masivas que se había producido desde
mediados de ese año y que expresaba también la reconstrucción paciente que
distintas agrupaciones estudiantiles habían emprendido desde 1979/80. Construcción de grupos de actividades culturales, de impresión de apuntes,
deportes o petitorios por reivindicaciones gremiales y comisiones de solidaridad
con los estudiantes presos y desaparecidos; esos eran los espacios que se
inventaban para vivir y resistir al autoritarismo dictatorial. En octubre de 1981,
todas esas expresiones confluyeron, convocadas por el Centro de Estudiantes de
Derecho, en la primera movilización contra la dictadura en Córdoba. Esa marcha
fue un hito que marcó la recuperación de la calle como lugar donde se expresaban las voces y el rechazo al autoritarismo y también la progresiva “reaparición” de
las reuniones y discusiones en las aulas. Poco a poco, las pequeñas asambleas
fueron creciendo y terminaron con la toma del Rectorado, en septiembre de
1983, y más de cinco mil estudiantes recorriendo las calles y reclamando por la
eliminación de los aranceles y el ingreso irrestricto. En ese contexto, algunos pocos dirigentes con experiencia de lucha contra la
dictadura y una amplia camada surgida de la apertura política que se produjo
ante el desmoronamiento del régimen militar, debatieron la formulación de un
programa universitario y un plan de acción ante la nueva realidad dominada por
la transición democrática que se iniciaba, y que ninguno, aun los más optimistas,
pensaban sería el período más extenso de continuidad institucional de la
Argentina. En lo universitario, el gran desafío era transformar la Universidad, de un ámbito
oscurantista, en un espacio de libertad de pensamiento. En lo político general, el
eje era la lucha por los derechos humanos, que tuvo como consigna aglutinante el
juicio y castigo por los crímenes del terrorismo de Estado. Así, el trabajo de mayor densidad de la FUC en esos años fue lo relacionado a la
lucha por la apertura de los juicios a los responsables del terrorismo de Estado.
La campaña en reclamo del encarcelamiento al genocida Luciano Menéndez y
las grandes movilizaciones que se realizaron, son su seña de identidad. En esa
lucha, se fue hermanando con los organismos de derechos humanos. En esa lucha
conoció el apoyo invalorable de un viejo referente universitario, que presidió en
1984 la Conadep-Córdoba, el arquitecto Luis Rébora, quien había sido decano de su
facultad y uno de los expulsados en la dictadura de Onganía y luego del ‘76. La FUC, con el consenso de la mayoría de las agrupaciones, propuso al maestro
Rébora y la Asamblea Universitaria de abril de 1986 lo eligió rector. El primero
elegido democráticamente por los claustros en este último cuarto de siglo y que construyó el cimiento del clima de libertad que hoy se respira en la UNC
(*) Presidente del Centro de Estudiantes de Derecho 1980/83 i se mira la militancia
estudiantil de fines de los
‘70 y principios de los ‘80, lo
primero que llama la atención
es la profunda transformación
que ha vivido la Universidad
pública argentina, en el marco
de las transformaciones que
ha vivido el país. Nuestra
experiencia de militancia
en aquellos años fue la
de enfrentar el proyecto
universitario (y educativo en
general) de la dictadura y los
sectores dominantes, que se
expresaba en los aranceles,
los exámenes de ingreso,
los cupos, la inexistencia de
instituciones democráticas,
los planes de estudio
diseñados según los intereses
de las clases dominantes,
Para los estudiantes era
necesario reincorporar
a los docentes
cesanteados y realizar
concursos abiertos y
legítimos para estar
en condiciones de
normalizar la Facultad.
completamente desvinculados
de las necesidades de los
sectores populares.
En la Facultad de
Filosofía y Humanidades,
específicamente, había dos
carreras cerradas (Teatro
y Cine), gran cantidad de
profesores cesanteados,
estudiantes desaparecidos o
que habían debido abandonar
las carreras, prohibición
de muchísimos autores,
bibliografía y líneas teóricas
completas, por sólo nombrar
los hechos más notorios.
Además, como ocurría en
todas las universidades y en
el país en general, la actividad
política estaba prohibida y,
por lo tanto, los centros de
estudiantes y la Federación
Universitaria no podían
funcionar.
En ese marco, el primer eje de
trabajo que empezó a gestar
una militancia estudiantil fue
la necesidad de reconstruir
los centros de estudiantes.
Desde 1978, con “Psicocor” en
Psicología, hasta la Comisión
procentro que se reunía en
la sede de los salesianos, una
serie de iniciativas fueron
apuntando en esa dirección.
Entre 1980 y 1981, se forma
la Comisión de Cultura de
Filosofía y Humanidades,
que se reunía en “El Tambo”,
sobre la calle Independencia,
y estaba conformada en su
mayoría por estudiantes
de Historia. Sus objetivos
eran generar algún tipo de
actividad intelectual diferente
de lo que era dominante en
la facultad en ese momento,
que era absolutamente chato
y mediocre porque estaba casi
todo prohibido.
Pero la experiencia que
más decididamente
contribuyó a avanzar hacia la
reconstrucción del Centro de
Estudiantes fue el GTH (Grupo
de Trabajo de Humanidades).
Esta experiencia pluralista,
en sus inicios fue activadora
de agrupamientos de otras
facultades, que estaban fuera
de lo que en ese momento eran
los centros oficiales o lo que
había quedado de ellos. El
GTH fue un espacio clave, que
permitió los comienzos de una
politización del estudiantado
de la facultad y contribuyó
a generar las condiciones
para la reconstrucción del
Centro. A fines del ‘81, los
estudiantes nucleados en
el GTH participamos en la
primera marcha universitaria,
que congregó a unas 200
personas frente al Rectorado
al grito de “Democracia,
democracia” y “se va a acabar
la dictadura militar”. Después
de la guerra de Malvinas, en
1982, comenzó la apertura
política que culminaría con
las elecciones de 1983. Antes
de las presidenciales de
octubre, en septiembre de ese
año se hicieron por primera
vez las elecciones de Centro
de estudiantes. A partir
de 1984, cuando ganamos
la conducción, como parte
de la agrupación GEFyHL
(Grupo de Estudiantes de
Filosofía y Humanidades
para la Liberación) nos
tocó conducir las luchas
por la democratización de
la Facultad. Se trataba de la
conducción de un organismo
de masas, participativo, en
el marco de una democracia
condicionada que tenía su
En lo estrictamente
académico hubo un
proceso de lucha muy
intenso orientado a
reformar los planes de
estudio impuestos por
la dictadura.
expresión específica en la
Facultad. Una de las formas
de ese condicionamiento
fue el intento del decano
normalizador Segretti de
“normalizar” la facultad en
las condiciones en que se
encontraba. Los estudiantes
nos movilizamos para
impedirlo, porque sólo el
20 por ciento de la planta
estaba concursada, se habían
realizado concursos ilegítimos
y había muchos profesores
cesanteados, e incluso todavía
algunos permanecían en el
exilio. Para los estudiantes,
era necesario reincorporarlos
y realizar nuevos concursos,
esta vez abiertos y legítimos,
para estar en condiciones de
normalizar la facultad.
Otra lucha que hubo que
librar en ese contexto estaba
orientada a la construcción
de verdaderos órganos de
cogobierno, puesto que en esos
primeros años eran meramente
consultivos con escasa
participación estudiantil.
Pero esa participación no
la pensábamos sólo acotada
a esas instancias, sino que
la extendíamos a toda la
cotidianeidad de la vida
universitaria. Y en ese marco,
durante esos años fueron
claves para nosotros las luchas
por el ingreso irrestricto y el
fin del arancelamiento.
Desde el punto de vista
estrictamente académico,
hubo otro proceso de luchas
y trabajos muy intensos,
orientados a la reforma
de los planes de estudio
impuestos por la dictadura.
En el plan 78, se habían
consagrado los principios
ideológicos y teóricos de lo
que la dictadura pensaba que
debía ser la enseñanza de las
Humanidades y las Ciencias
Sociales. Entre 1985 y 1987,
con participación masiva en
asambleas multitudinarias,
los estudiantes discutimos
la nueva orientación de
los planes de estudio.
Nuestra militancia estuvo
orientada, por una parte, a
la incorporación de autores,
bibliografías y líneas
teóricas que habían sido
censuradas o prohibidas,
actualizando así los contenidos
y metodologías. Pero por
otra parte, postulábamos que
debían tenerse en cuenta
las necesidades sociales,
los intereses de los sectores
populares y una concepción
liberadora, y no meramente
instrumental, de la educación.
Lamentablemente, aquella
democracia condicionada no
pudo encontrar un cauce de
profundización. Los embates
de los sectores dominantes
tomaron en la década siguiente
la forma de la privatización
general de la vida y de la
muerte de los argentinos. En
la Universidad, se expresó en
la penuria presupuestaria,
el ajuste permanente, la
imposición de una Ley de
Educación Superior neoliberal
y un modelo académico que
tendía al individualismo y la
despolitización.
Aquella rebelión contra la
democracia condicionada que
se pretendía imponernos puede
y debe ser hoy resignificada.
Vivimos un proceso complejo
de nuevas transformaciones
y desafíos. Aquel proceso
de construcción de la
democracia que empezamos
hace 30 años y que fue
Postulábamos que
debían tenerse en
cuenta las necesidades
sociales y los intereses
de los sectores
populares y una
concepción liberadora
de la educación.
metodologías.
reinventado desde 2003 debe
ser profundizado. El pueblo
argentino enfrenta enormes
desafíos: la transformación
de la estructura productiva y
tributaria, la democratización
de los medios y la igualación
real de las oportunidades
educativas son algunos de
ellos. Se trata, en definitiva, del
viejo anhelo de justicia social.
Como militantes
estudiantiles de aquellos
años ‘80, pensábamos que la
Universidad pública debía
asumir como propios esos
desafíos. Hoy pensamos lo
mismo
(*) Estudiantes Facultad de Filosofía
y Humanidades en la década del 80.
Miércoles 24 de otubre de 2012
S
Por Guillermo Hossly,
Claudio Díaz
y Claudio Barragán (*)
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
Con la misma
rebeldía
Una lección
de la historia
Por Mariano Faraci (*)
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
Miércoles 24 de octubre de 2012
P
romovidas por un reducido
grupo de compañeros
que habían alcanzado a tener
algún grado de participación
en los centros de estudiantes
antes de su prohibición en
los ‘70, durante 1980 tienen
lugar algunas iniciativas
básicamente de índole
deportivas que dan origen, ya
entrado 1981, a las Comisiones
Pro-Centro de Estudiantes,
todavía en el marco del
gobierno decadente de la más
terrible dictadura. El clima de temor no impidió
la participación plural de un
grupo de jóvenes, la mayoría
sin ninguna experiencia, pero
con un común sentimiento
de justicia y de libertad y la
fuerte necesidad de plasmarlo
en el ámbito de la Universidad.
Comenzamos a intercambiar
ideas que articulaban desde la
orientación de la especificidad
disciplinar al tipo de
organización social, a delinear
estrategias que permitiesen
generar lugares de encuentro,
a impulsar unas incipientes
actividades y a acordar formas
de organización y modos de
funcionamiento, todo lo cual
derivó, a inicios de 1982, en un
espacio de creciente esperanza. Fue un movimiento desde el
origen claramente político,
porque entendíamos, no sin
confusiones y contradicciones, que para el logro de nuestros
anhelos había que derrocar
a la dictadura. De ahí la
interacción con las juventudes
políticas y los sindicatos.
De ahí la cada vez mayor
adhesión e identificación con
alternativas políticas que se
iban legitimando. “Con lucha se van, con unidad
no vuelven”. Después de
Malvinas se incrementó de
un modo sorprendente el
interés del estudiantado, en
conjunción con la sociedad
toda, primero por escuchar
y entender y luego por
sumarse y participar de una
etapa caracterizada por la
recuperación de lo público, de
la identidad colectiva, de la
democracia. Antes de las elecciones
generales que consagraran a
Raúl Alfonsín, ese otro enorme
líder que tuvo la virtud de
comprender el fenómeno
político de la etapa y aportar
con grandes aciertos y grandes
errores a la construcción de
la democracia, se sucedieron
durante agosto de 1983 las
elecciones de los centros de
estudiantes. En muchos de los
casos, resultaron triunfantes
agrupaciones de carácter
programático, políticas e
independientes impulsadas
desde aquella Franja Morada
junto a un conjunto de
fuerzas de las juventudes
universitarias del PI, del PC,
sectores diversos de la JP y
una cantidad impresionante de
independientes. Desde un enfoque anclado en
los principios de la Reforma
Universitaria del ‘18, tres
fueron los ejes sobre los que
se construyó el movimiento
estudiantil de los ‘80: la
democratización de la
enseñanza, la construcción
de instancias colectivas de
perfil juvenil y la defensa de
la democracia y los derechos
humanos. En el Centro de Estudiantes
de Arquitectura, del que me
tocó ser su primer presidente,
hubo una intensísima
intervención de más de
una centena de militantes
distribuidos en comisiones, que aportaron para canalizar
la participación de cientos de
estudiantes, logrando incidir
en la designación de unos
insuperables decano y vice
del período normalizador
(arquitectos Bernardino
Taranto y Hubert Hobbs), en
la elaboración del nuevo Plan
de Estudios, en la creación de
la revista, en el desarrollo de
ciclos de cine, la realización de
peñas y fiestas, la recuperación
de la cantina, el juicio
académico a las autoridades
de la dictadura, y la
La ley
y la obra
Por Ricardo Caracciolo (*)
revitalización de la biblioteca,
por sólo mencionar algunas
actividades.
Se logró, luego, llevar al
maestro Rébora, expresión
de lo más democrático y
progresista, al Rectorado de la
UNC. Se reabrió el Comedor
Universitario, se realizaron
las masivas campañas de
extensión y solidaridad, se
realizaron los increíbles
festivales en Instituto con
Silvio Rodríguez y Pablo
Milanés, o los Mejías Godoy
y la gran fiesta del Comedor
con “la Mona” Jiménez y su
Agujita de Oro, por primera
vez dentro de la UNC.
Se trató de una verdadera
construcción política,
compleja, contradictoria, no
sin equívocos, pero sumamente
honesta, profundamente
comprometida con el período
histórico que nos tocaba,
jugando un papel que sin
duda incidió en la política
de Córdoba y de todo el país.
Una experiencia intensa,
participativa, de una enorme
creatividad y espíritu juvenil,
que fue parte y a la vez
aporte a la construcción de
aquel proceso democrático
de la Universidad y del país.
Muchos nos formamos en
aquella experiencia, muchos
resistimos la política del
menemismo en la UNC. Y
muchos en la actualidad
trabajamos en y por esta
Universidad que va camino
a sus 400 años en el mejor
momento de su historia. Sin
dudas, los ‘80 contribuyeron
en la orientación que hoy
la distingue, en la que nos
seguimos preguntando por
qué no, en pos de alcanzar
una sociedad más justa, libre
y democrática, desde un
sentimiento profundamente
humano
(*) Profesor Titular Arquitectura
4B y 1A - UNC. Presidente del CEA
(1982-84). Secretario General
FUC (1984-85). Secretario SEU
(Rectorado Rébora 1986-88).
Durante los primeros años de la década de 1970, se había
conformado en el Instituto de Filosofía del Derecho de
la UNC un grupo de jóvenes intelectuales preocupado
por la elucidación y discusión de complejos problemas
de la filosofía contemporánea, en especial de la filosofía
del derecho. La promoción, el aliento y la dirección
de un sinnúmero de actividades –incluyendo cursos y
seminarios– estaba a cargo del profesor Ernesto Garzón
Valdés, titular de la cátedra de Filosofía del Derecho.
Recién llegado de Buenos Aires, pude incorporarme a
esas reuniones en agosto de 1972. Pocos meses después,
inicié mi carrera universitaria, al obtener por concurso un
cargo de JTP en esa cátedra. Al mismo tiempo, obtuve
una beca del Conicet para realizar mi tesis doctoral, con
la dirección de Garzón Valdés. Así, pude participar en una
experiencia realmente notable dirigida a obtener una
combinación exitosa de investigación y docencia, cuyo
resultado fue la extrapolación de las mejores ideas a las
clases de grado. Hay dos circunstancias que muestran la
calidad de semejante labor. Por un lado, Garzón Valdés
había logrado conformar en el Instituto –muchas veces
gracias a su esfuerzo personal– una biblioteca esencial
dedicada al pensamiento filosófico, especialmente a las
controversias contemporáneas. Por otro, atendiendo a
su iniciativa, la editorial de la UNC llevó a cabo la tarea
de difusión y expansión de ese pensamiento, mediante
la publicación de una serie de libros de alto valor en la
disciplina, tanto provenientes de la tradición filosófica
como de aquellos que podían asumirse como indicadores
de la agenda actual de problemas. Toda esa empresa se
frustró definitivamente en junio de 1976, después del golpe
militar y la consiguiente intervención de las universidades,
aunque es verdad que las convulsiones de la época
inmediatamente anterior habían ya dañado de múltiples
maneras la vida universitaria. De hecho, Garzón Valdés
tuvo que abandonar el país a principios de 1974. Sea como
sea, casi todos los integrantes del grupo –incluyendo a
la secretaria del Instituto– fuimos expulsados en el triste
invierno del ‘76 por un mayor de la Aeronáutica, titulado
“delegado interventor” en la Facultad de Derecho. Historias
como esta se multiplicaron en cátedras, departamentos,
institutos y facultades de toda la UNC y en todas las
universidades públicas, es decir, el ámbito institucional
que había que desmantelar para eliminar esa clase de
oposición. Como institución, la Universidad se convirtió en
una especie de oficina burocrática generadora de títulos,
sin ningún espacio para la libre expresión del pensamiento.
Es decir, en una seudo Universidad, en una Universidad
fraudulenta. Con la recuperación de la democracia, en 1983,
muchos fuimos reintegrados a nuestros cargos docentes.
Un acto de verdadera justicia. Fue el primer paso para
reiniciar la frustrada carrera haciéndolo ahora, aunque
ya jubilado, en la compleja y difícil tarea de reconstruir,
pensar y diseñar una Universidad digna de su nombre, la
Universidad democrática que hoy está disponible para
los jóvenes intelectuales, científicos y artistas del futuro.
Porque sólo la democracia puede asegurar las condiciones
necesarias del libre desarrollo de la ciencia y la cultura.
Simplemente, porque es incompatible con la imposición de
cualquier forma de pensamiento oficial. Esa es una lección
de la historia que todos deberíamos aprender. Por Horacio Javier Etchichury (*)
C
Fotografía: Antonio Carrizo. La Voz del Interior.
Fotografía: Raimundo Vuñuelas. La Voz del Interior.
arlos Menem acaba de ser reelegido. Los trenes ya no pasan,
los teléfonos y el gas son privados, YPF también está en
venta. Un ministro graduado en Harvard nos tiene atados al
dólar. Todos los represores gozan de impunidad y a veces te
los cruzás por la calle. Nuestro canciller celebra cada gesto de
“amor carnal” con el gobierno norteamericano. El desempleo
está, oficialmente, en el 18 por ciento, la cifra más alta en
muchas décadas. “Economía popular de mercado”, según Álvaro
Alsogaray.
En ese invierno de 1995, el estudiantado está metido en una
pulseada política tremenda. Hay que resistir la aprobación de
una ley, denunciada como el grito de guerra neoliberal contra
la Universidad. La agitación en todos los centros de estudiantes
crece. Chicos y chicas se vuelcan a la calle, con las caras pintadas
con códigos de barras, símbolo de la comercialización del
conocimiento. La Reforma del ‘18 se invoca como un conjuro, la
defensa de la educación pública se propone como consigna de
todas las pancartas.
Pero nada pueden las marchas, la ocupación de calles y avenidas,
las sentadas y los discursos: el 20 de julio de 1995, el Congreso
menemista aprueba la ley 24.521, Ley de Educación Superior
(LES). Aun hoy, cuando tantas cosas han cambiado, sigue vigente.
Sigue determinando el perfil de las universidades argentinas.
¿Llegará a cumplir dos décadas?
Nuestra Constitución asegura la gratuidad y la equidad como
principios de la enseñanza pública, y la autonomía universitaria
(artículo 75 inciso 19), además del derecho amplio a la educación.
La LES, diseñada a partir de las propuestas del Banco Mundial,
contradice estas normas constitucionales.
Se permite cobrar por los estudios de grado y posgrado
(artículo 59). Cinco años antes de aprobarse esa ley, la UNC
había establecido la “contribución estudiantil”, que sólo pudo
derogarse –tras una larga lucha– en 2011. En 1991, se dictó la
ordenanza que todavía hoy reglamenta el arancelamiento del
posgrado. Cabe destacar que desde 2009, el nivel de doctorado es
gratuito para docentes y no docentes de la UNC.
La LES creó también la Coneau, encargada de evaluar y
acreditar las carreras. En su integración, tienen mayoría los
representantes de la Presidencia y del Congreso. No es sólo una
revisión académica: también se valora la gestión, cómo se lleva
adelante la vida institucional. Pero no sólo se afecta la autonomía
por esta vía. En lugar de guiarse por el interés en la búsqueda
del conocimiento, la LES fomenta el vínculo entre la Universidad
y el mercado y la producción, permitiendo la venta de bienes
y servicios (artículo 59 inciso c). Esta lógica se encadenó con
un sistema (iniciado en 1994) de “incentivos” individuales para
que cada docente investigue. El conocimiento se convierte en
apropiable, negociable.
La posibilidad de acceder a la educación también se recortó:
el artículo 50 permite a cada Facultad (en las universidades
con más de 50 mil estudiantes) adoptar sistemas de entrada,
permanencia y egreso de sus cursantes. El régimen de cupos en
nuestra Facultad de Ciencias Médicas nace con ese permiso.
Este legado del neoliberalismo educativo sigue entre nosotros.
Algún día, no muy lejano, se podrá derogar su texto. La tarea
mayor es deshacer su obra
(*) Ex profesor titular de Filosofía del Derecho.
Fotografía: Antonio Carrizo. La Voz del Interior.
(*) Profesor Asistente, UNC.
Investigador, CONICET
Miércoles 24 de otubre de 2012
“Hay quienes observan la realidad tal cual es y
se preguntan por qué, y hay quienes imaginan la
realidad como jamás ha sido y se preguntan por
qué no”. George Bernard Shaw UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
reconstrucción
de los Centros
E
n 1983, con el advenimiento de la democracia, se
instaló en la Facultad de Odontología la necesidad
de una reforma curricular, con la que se intentó superar
el tradicional modelo de educación odontológica,
predominantemente individualista y atomicista basado
sólo en lo profesional-técnico.
Se implementó entonces el plan 1985, que tiende a formar
un profesional odontólogo con un fuerte compromiso con
la salud y la realidad social, con un enfoque más preventivo
que reparativo del daño, a partir de un aprendizaje basado
en la evidencia científica y el trabajo en equipo.
La Facultad de Odontología encuentra sus orígenes en los
primeros años del siglo 20, cuando por iniciativa del decano
de la Facultad de Ciencias Médicas Alejandro Centeno, se
presenta en 1915 un proyecto para la creación de la Escuela
de Odontología, que nace el 5 de noviembre de ese año,
cuando el Consejo Superior aprueba su fundación.
Al iniciarse el primer curso en el ciclo lectivo de 1917, la
Escuela tuvo 35 alumnos y en 1921 egresan las primeras
doctoras en Odontología: Ana María Corominas y María
Giménez del Valle.
Entre fines del siglo 19 y principios del 20, en las
universidades argentinas la enseñanza de la odontología
se incluía entre las denominadas “ramas menores” de la
medicina. Sin embargo, la inserción en la Universidad que la
disciplina logró en ese período permitió que muy pronto la
Odontología se configurara como un espaci
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
Miércoles 24 de octubre de 2012
Dr. Tomás Villafañe Lastra
Aclaración
Por un error involuntario, en la página 7 del capítulo 8 de
los fascículos UNC 400 años. Historia y Futuro, se consignó
que el Dr. Tomás Villafañe Lastra había sido Rector durante
la dictadura de Onganía. En realidad, Villafañe Lastra se
desempeñó como Decano de la Facultad de Ciencias
Médicas durante el gobierno del presidente Arturo Illia.
Esporádicamente quedaba a cargo del Rectorado por ser
el Decano más antiguo cuando el Rector de ese momento,
Eduardo Camisa Tecco, se ausentaba. El 30 de julio de
1966 Villafañe Lastra renunció a su cargo junto a otros
decanos y el 11 de agosto de ese mismo año asumió Ernesto
Gavier como Rector de la UNC.
Por Omar Gani (*)
E
n 1983, con el advenimiento de la
democracia, se instaló en la Facultad de
Odontología la necesidad de una reforma
curricular, con la que se intentó superar el
tradicional modelo de educación odontológica,
predominantemente individualista y atomicista
basado sólo en lo profesional-técnico.
Se implementó entonces el plan 1985, que tiende
a formar un profesional odontólogo con un
fuerte compromiso con la salud y la realidad
social, con un enfoque más preventivo que
reparativo del daño, a partir de un aprendizaje
basado en la evidencia científica y el trabajo en
equipo.
La Facultad de Odontología encuentra sus
orígenes en los primeros años del siglo 20,
cuando por iniciativa del decano de la Facultad
de Ciencias Médicas Alejandro Centeno, se
presenta en 1915 un proyecto para la creación
de la Escuela de Odontología, que nace el 5
de noviembre de ese año, cuando el Consejo
Superior aprueba su fundación.
Al iniciarse el primer curso en el ciclo lectivo
de 1917, la Escuela tuvo 35 alumnos y en 1921
egresan las primeras doctoras en Odontología:
Ana María Corominas y María Giménez del
Valle.
Entre fines del siglo 19 y principios del 20, en
las universidades argentinas la enseñanza de la
odontología se incluía entre las denominadas
“ramas menores” de la medicina. Sin embargo,
la inserción en la Universidad que la disciplina
logró en ese período permitió que muy pronto
la Odontología se configurara como un espacio
reconocido. Se consolidó así un proceso en el
que cobró mayor relevancia la identificación de
los odontólogos con un cuerpo de conocimientos
específicos, científicamente habilitados.
La Escuela funcionó en el pabellón de
Otorrinolaringología del Hospital de Clínicas
hasta 1956, cuando se transformó en Facultad.
Entonces se trasladó el Decanato y las oficinas
administrativas a una casa ubicada al 1809
de la calle Santa Rosa, mientras las cátedras
permanecían en el Hospital de Clínicas.
El 5 de noviembre de 1956, el Consejo Superior
aprobó la transformación de la Escuela de
Odontología en Facultad y el 24 de diciembre
de ese año, por decreto del Poder Ejecutivo
Nacional, se designó como decano interventor
a Florencio Basilio Ponce. Pero a mediados
de 1957 la Facultad conformó sus órganos de
gobierno y el Consejo Directivo eligió a Luis
Moreyra Bernan como el primer decano.
Ya en 1958, Odontología se encuentra
funcionando en el ala este del Pabellón
Argentina de la Ciudad Universitaria.
Desde el punto de vista educativo, la institución
logró un significativo avance al poner en
marcha un nuevo modelo de educación
odontológica y de formación de profesionales.
Esto se ve reflejado en la incorporación de
conocimientos y enfoques sobre el proceso
salud-enfermedad proveniente del campo
de las ciencias sociales, los cuales ocupan
un significativo espacio dentro del diseño
curricular del plan de estudios, lo que era
impensable en períodos anteriores, donde
imperaban concepciones de corte más
tecnocrático
(*) Odontólogo. Profesor Emérito.
Facultad de Odontología. UNC.
Creación de la
Facultad de Psicología Derrumbe institucional,
represión y rehabilitación
Por Ana María Alderete (*)
Por Roberto Tagashira (*)
El 3 de octubre de 1998, la Asamblea
Universitaria resolvió por unanimidad la
creación de la Facultad de Psicología.
Hacía 40 años que el máximo órgano de
gobierno de la UNC no se reunía con ese
objetivo, ya que –por la interrupción de
la vida democrática y la intervención de
las universidades– las últimas unidades
académicas habían sido fundadas por
decreto. Se cumplía un viejo anhelo de nuestra
comunidad educativa y del conjunto de los
psicólogos: lograr mayor nivel de autonomía
de estas carreras en el país fue un objetivo
de la Asociación de Unidades Académicas
de Psicología (AUAPsi) al momento de su
creación en 1991. Entre las reflexiones de la Asamblea, se
señalaba “la importancia de defender el
desarrollo de una ciencia comprometida,
como forma de encontrar alternativas a un
sistema social en crisis, con un predominio
de las leyes del mercado, concentración del
poder en los centros financieros, pérdida
de autonomía de los estados nacionales y
exclusión de grandes masas de población.
Observándose síntomas como violencia,
depresión, individualismo, escepticismo,
relaciones afectivas inestables, entre otros”. Se planteaba, además, “la importancia de
desarrollar una psicología que atienda a
las necesidades de la población, capaz de
elaborar teorías y estrategias metodológicas
apropiadas a nuestra realidad, que
permitan llevar a cabo acciones preventivas
y de cambio”. La nueva facultad asumía en
ese acto “el compromiso de poner todo su
esfuerzo y capacidad para el desarrollo de
la disciplina a través de la investigación en
áreas básicas y prioritarias y la formación
de excelencia de sus graduados a fin de
brindar las respuestas adecuadas para una
sociedad que tanto lo necesitaba”. La facultad comenzó con 7.500 estudiantes,
210 docentes y seis no docentes, con el
mismo presupuesto y espacio físico de
la Escuela de Psicología. Se dictaban
dos carreras de grado, licenciatura
y profesorado; un doctorado y una maestría; y contaba con varios grupos de
investigación, dos laboratorios y una intensa
actividad de extensión. Al cabo de 14 años, el balance es positivo.
Posee un doctorado de excelencia y varias
carreras de posgrado, 14 laboratorios y
áreas de investigación donde se desarrollan
58 proyectos. Si bien aún faltan recursos
materiales para su desarrollo óptimo, la
expansión del espacio físico y el crecimiento
presupuestario han sido muy importantes.
Sigue en pie el compromiso de aportar a la
construcción de una sociedad más justa y a
su bienestar psicológico. (*) Primera decana de la
Facultad de Psicología.
E
l Instituto de Matemática, Astronomía y
Física (Imaf) atravesaba una complicada
situación institucional en los meses anteriores
al golpe militar que derrocó a Isabel Perón.
A fines de 1974, el gobierno nacional había
intervenido la UNC y las autoridades
designadas por el peronismo de derecha
–representado cabalmente por el ultramontano
ministro de Educación Ivanissevich– alteraron
la posición del Instituto, que desde su fundación
en 1956 dependía directamente del Rectorado,
subordinándolo a la Facultad de Ciencias
Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN).
La destitución implicaba una reprimenda
al activismo político sostenido por buena
parte de los miembros del Imaf e incluyó el
desplazamiento del grupo académico que
lo había conducido tras el triunfo electoral
de Héctor Cámpora, en 1973. Pero si todavía
resonaba entre sus paredes algún eco de las
discusiones y controversias –acérrimas,
mordientes– sobre política universitaria o
nacional que enardecieron las asambleas
realizadas en ese efímero pero intenso ínterin,
el golpe del 24 de marzo clausuró cualquier
debate, discrepancia u opinión crítica por la vía
del terrorismo de Estado, brutalmente efectivo
y explícito. El Tercer Cuerpo del Ejército fue una feroz
maquinaria represiva que quebrantó a la
Universidad, con el resultado de centenares
de sus integrantes cesanteados, detenidos o
asesinados, y el Imaf sufrió ese trance. Las
Fuerzas Armadas secuestraron en abril de 1976
a Gabriela Carabelli, quien fue vista en el centro
clandestino de detención La Perla y permanece
desaparecida. En agosto apresaron al estudiante
Daniel Sonzini, con igual resultado. Cuando
Argentina recuperó la democracia, en 1983, la
comisión formada para analizar la situación
de los docentes del Imaf exonerados durante
la dictadura elaboró un listado de 13 físicos
y dos astrónomos en esa condición. Tres de
estas personas habían sido cesanteadas por
resoluciones del delegado militar en la UNC
apelando a la Ley de Prescindibilidad o a la Ley
Universitaria, pero para la mayoría el recurso
consistió en no renovarles la designación por
estar incluidos en una lista denominada “Nota
73-R”. La vida académica durante el Proceso El vicecomodoro Néstor Pelliza, ingeniero
aeronáutico, gobernó el Imaf durante un
año, como delegado militar. El Instituto había
vuelto a la órbita del Rectorado y en 1977
las autoridades de la UNC designaron en la
dirección a un matemático que había emigrado
a Brasil dos años antes. Repitiendo el trauma originado por la
intervención universitaria del general
Onganía en 1966, el Imaf había perdido en
esta ocasión la tercera parte de sus docentes.
Muchos profesores debieron aumentar las
asignaturas que dictaban para suplir a los
ausentes y hubo que reorganizar líneas de
investigación desmanteladas. La recuperación
de capacidades fue lenta, pero bajo la ordenada
dirección de Juan Tirao y los auxilios del
Conicet, la Cnea y el Consejo de Investigaciones
Científicas y Tecnológicas de la Provincia de
Córdoba (Conicor), fundado en 1982, los grupos
de investigación pudieron estabilizarse a
principios de la década de 1980. Retorno a la democracia como Facultad En mayo de 1983, Tirao logró que el Conicet
estableciera un convenio con la UNC para
crear el Centro de Investigación y Estudios
de Matemática, lo que abría el camino para
establecer también un instituto de Física del
Conicet en el Imaf. Esto no se concretó, pero
en esa circunstancia surgió la iniciativa de
transformar el Imaf en una Facultad, con
el objetivo de jerarquizarlo. Se inició con
premura una diligencia en tal sentido, que
no tuvo objeciones en el Rectorado para ser
trasladada al Poder Ejecutivo Nacional. Dado
el marco normativo de la época, era allí donde
debía definirse. Sin embargo, en el Palacio
Pizzurno un funcionario que no conocía la
situación de la UNC recomendó al ministro
Cayetano Licciardo denegar el pedido y todavía
sugirió la anexión del Imaf a la FCEFyN.
Cuando en las postrimerías de agosto llegó a
Córdoba la noticia del rechazo, sólo quedaba
acudir a la red de contactos personales. Esto
debía hacerse con urgencia, porque el 30 de
octubre se realizarían las primeras elecciones
nacionales postdictadura y seguramente habría
cambios de políticas y autoridades. Alguna de
las acciones emprendidas en esa trastienda
fue eficaz, porque el 9 de noviembre el propio
ministro dirigió una nota de puño y letra al
Secretario de la Presidencia solicitándole
que dé trámite favorable al pedido. Licciardo
consideró en la misiva que quienes preparan
estos informes (en su propio ministerio) no
distinguen entre las situaciones académicas
y las situaciones administrativas y que, por
otra parte, no admiten que la Universidad
es autónoma. Explicaba que, en este caso,
el problema académico entrañaba una
consecuencia política dado que el estatus de
facultad cuenta mucho, porque le da autonomía
dentro de la propia Universidad y, además,
permite que los profesores tengan voz y voto
en los consejos académicos. Esa imbricada
argumentación, expresada por el ministro de un
régimen ilegítimo y caduco, fue finalmente útil.
El general Reinaldo Bignone firmó el decreto
por el que se creó la Facultad de Matemática,
Astronomía y Física el 21 de noviembre de 1983. Así, portando valiosos créditos y a la vez
cargando frustraciones del pasado, la Famaf
iniciaba, junto con la democracia argentina, un
nuevo ciclo (*) Mg. en Política y Gestión de la CyT.
Universidad Nacional de Tucumán Miércoles 24 de otubre de 2012
Por Omar Gani (*)
Instituto de Matemática, Astronomía y Física
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
Un nuevo modelo de
educación odontológica
Un nuevo modelo
de educación
odontológica
25 de octubre
La UNC fue elegida sede
de las Olimpíadas
Universitarias, que
convocaron a atletas de
más de 20 universidades
de Argentina.
25 de febrero
Por resolución rectoral, se
dispuso la gratuidad de
los servicios de salud que
brinda la Dirección de
Salud de la UNC.
Ciudadanía
universitaria para
interinos de la UNC
Comisión de Reforma
Política del Consejo
Superior. Ahora, las
autoridades
unipersonales (rector y
vicerrector, decanos y
vicedecanos) sólo
pueden ser reelegidas o
sucederse mutuamente
por un período. Para
ocupar nuevamente
alguno de esos cargos
directivos, deberán dejar
pasar tres años y sólo
podrán hacerlo por una
única vez. En total,
ninguna persona podrá
ejercer un cargo en más
de tres oportunidades. En
la misma sesión se
dispuso la elección
directa de los consiliarios
docentes, mediante el
voto secreto de sus pares.
Hasta ese momento, esos
delegados ante el
Consejo Superior eran
seleccionados por los
consejos directivos de las
facultades.
Inauguración de la
Plaza de la Memoria,
la Verdad y la Justicia
7 de mayo
La UNC inauguró su Plaza
de la Memoria, la Verdad y
la Justicia. Este espacio
público, emplazado en las
proximidades de la
Facultad de Filosofía y
Humanidades, incluye una
placa donde por primera
vez se registran los
nombres de los 203
miembros de la comunidad
universitaria muertos o
desaparecidos durante la
última dictadura militar.
Reconocimiento a
Canal 10
30 de julio
El Concejo Deliberante de
la ciudad de Córdoba
distinguió el trabajo
periodístico de Canal 10
en la cobertura del
histórico juicio que
encontró culpables de
crímenes de lesa
humanidad a Luciano
Benjamín Menéndez y a
otros siete represores, en
el marco de la causa que
investigó el secuestro,
tortura y asesinato de
Hilda Palacios, Humberto
Brandalisis, Carlos Lajas y
Raúl Cardozo en 1977.
Se crea el Programa
de Becas para
Ingresantes
Septiembre
El Consejo Superior
aprueba el Programa de
Becas para ingresantes.
Por primera vez, la UNC
otorga ayudas
económicas a los
estudiantes más
desfavorecidos, desde el
inicio mismo de sus
carreras.
Implementación del
Digesto Electrónico
de la UNC
Noviembre
La UNC puso en línea su
Digesto Electrónico, que
brinda acceso público a
normativas, ordenanzas y
resoluciones del Consejo
Superior, del Rectorado y
de las unidades
académicas.
Nuevo método de
detección de VIH y
hepatitis
Noviembre
El Instituto de
Hematología y
Hemoterapia incorporó
un método de biología
molecular para detectar
VIH y Hepatitis C en las
extracciones de sangre
que realiza a sus
donantes. La técnica fue
desarrollada por el Centro
de Química Aplicada de la
Facultad de Ciencias
Químicas (UNC) y reduce
el período ventana a sólo
11 días.
Creación del Parque
Científico
Tecnológico de la
UNC
investigación con las del
sector productivo. Su
propósito es alentar la
formación y crecimiento
de empresas de base
tecnológica. El proyecto
contempló la instalación
de un anexo de la
Fundación para la
Incubación de Empresas,
destinada a proyectos
generados por docentes,
investigadores, becarios y
alumnos de la UNC.
9 de diciembre
Por resolución 643, el
Consejo Superior creó el
Parque Científico
Tecnológico de la UNC,
con el objetivo de
complementar las
actividades de
2007
21 de julio
En el marco de la Cumbre
de los Pueblos, los
presidentes Fidel Castro y
Hugo Chávez fueron
distinguidos por la UNC.
Castro habló ante más de
80 mil personas que se
habían reunido en el
predio deportivo de la
Ciudad Universitaria.
1º de agosto
El Colegio Nacional de
Monserrat celebra sus
320 años de vida y el
centenario de su
incorporación a la UNC.
Incompatibilidad
entre cargos de
gestión y de
representación
8 de agosto
El Consejo Superior
estableció la
incompatibilidad en el
ejercicio de cargos de
gestión y de
representación en los
cuerpos colegiados de la
UNC. La medida apuntó a
garantizar la división de
funciones en los órganos
de gobierno y la efectiva
participación de la
comunidad universitaria
en el cogobierno.
Se funda la editorial
de la UNC
22 de agosto
El Consejo Superior
aprobó la creación de la
Editorial de la UNC,
especializada en la
edición de obras
científicas y literarias, así
como de materiales de
interés cultural en
general.
18 de septiembre
Daspu festeja su
cincuentenario con el
lanzamiento de
campañas para promover
la afiliación y aumentar la
cantidad de prestaciones.
La UNC y los SRT
comienzan a
reconstruir sus
vínculos
20 de setiembre
Los SRT participan del
Primer Encuentro
Nacional de la Televisión
Pública. En ese marco, la
rectora de la UNC resaltó
la necesidad de refundar
Nuevo sistema de
evaluación del
desempeño docente
los Servicios de Radio y
Televisión.
La UNC, en el Nobel
de la Paz
12 de octubre
Sandra Díaz, bióloga
investigadora del Instituto
Multidisciplinario de
Biología Vegetal de la
UNC, integra el cuerpo
intergubernamental de la
Organización de las
Naciones Unidas que
recibe el galardón junto al
ex vicepresidente de
Estados Unidos Al Gore.
Novedoso sistema
para encuestar a los
graduados
17 de octubre
Por primera vez en su
historia, la UNC entrevista
a sus graduados al recibir
el título. La consulta
permite diagnosticar y
evaluar el perfil de los
egresados y analizar su
inserción en el mercado
laboral.
4 de noviembre
La Asamblea Universitaria
aprobó el proyecto que
establece un sistema de
r evaluaciones periódicas
para profesores que
hayan ingresado por
concurso. Al vencerse la
vigencia de estos, un
comité evaluador analiza
su desempeño docente,
sus proyectos de
investigación y extensión,
así como la formación de
recursos humanos junto
a los resultados de una
consulta periódica
efectuada a los
estudiantes.
Se crea la Dirección
de Inclusión Social
4 de diciembre
Funciona en la Secretaría
de Asuntos Estudiantiles
con el objetivo de
garantizar el acceso a los
estudios superiores, en
igualdad de condiciones,
a todos los sectores
sociales.
Miércoles 24 de otubre de 2012
Fidel Castro y Hugo
Chávez en la UNC
25 de abril
Asume Carolina Scotto
como Rectora. El
Vicerrector para el
período 2007-2010 fue
Gerardo Fidelio, Ambos
resultaron elegidos en la
Asamblea Universitaria de
diciembre de 2006.
Los ejes centrales de la
nueva gestión fueron
mayor presupuesto
universitario,
acercamiento a la
sociedad, evaluación de
las carreras de grado
posgrado, reforma de la
estructura de gobierno y
políticas de contención
para los estudiantes.
La obra social
universitaria cumple
50 años
Doble aniversario en
el Monserrat
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
20 de noviembre
La UNC implementó la
preinscripción on line para
sus carreras de grado.
Hasta entonces, las
planillas se llenaban
manualmente en los
despachos de Alumnos
de las Facultades.
juicios a Videla y
Menéndez.
18 de marzo
El Consejo Superior
amplió la ciudadanía
universitaria a docentes
Distinción a la labor
interinos con más de dos
en defensa de los
años ininterrumpidos de
Derechos Humanos
antigüedad. Eso los
habilitó a votar en la
18 de marzo
La UNC creó la "Distinción elección para los
representantes de su
a la labor científica y
estamento.
social en defensa de los
derechos humanos, la
Limitación de la
memoria, la verdad y la
justicia". Los primeros en reelección para
autoridades
recibirlo fueron los ex
unipersonales
miembros de la
Delegación Córdoba de la
Conadep. También le fue 19 de abril
entregada a León Gieco y La Asamblea Universitaria
aprueba las reformas
al periodista de Radio
Universidad Jorge Vasallo estatutarias
por sus coberturas de los consensuadas en la
Asume por primera
vez una mujer en el
Rectorado de
la UNC
Habilitación de la
preinscripción “on
line” en carreras de
grado
Gratuidad de los
servicios de salud
2008
Hemoderivados fue
autorizado por la
Administración Nacional
de Medicamentos,
Alimentos y Tecnología
Médica (Anmat) para
elaborar y comercializar
Factor VIII, un
medicamento para
pacientes con hemofilia
A. Fue el primer y único
laboratorio de Argentina,
y el segundo en
Latinoamérica, habilitado
para elaborar ese
coagulante.
Olimpíadas
Universitarias en la
UNC
2006 2005
línea de tiempo 4OO años UNC
1610- 1876
1877- 1918
1967- 1974
1984- 2000
2005- 2008
1974- 1984
1957- 1966
1942- 1956
1918- 1938
capítulo 1
capítulo 2
capítulo 3
capítulo 4
capítulo 5
capítulo 6
capítulo 7
capítulo 8
capítulo 9
capítulo 10
Miércoles 24 de octubre de 2012
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
10
Hemoderivados,
autorizado para
producir Factor VIII
11
Pieza arqueológica, Museo de Antropología, UNC. Fotografía : Bibiana Fulchieri.
Museos de la UNC
Tesoros
de puertas
abiertas
Los 17 museos de la Casa de Trejo albergan variadas y ricas colecciones.
El próximo 23 de noviembre, cuando se vuelva a celebrar la Noche de los
Museos, será una buena oportunidad para recorrerlos.
UNC 400 AÑOS
HISTORIA Y FUTURO
Miércoles 24 de octubre de 2012
T
12
odas esas colecciones
que la UNC ha ido
reuniendo a lo largo de
los siglos han dejado de
ser entidades separadas
para convertirse en una
propuesta conjunta, sobre
todo desde que en 2008 se
creó el Programa de Museos
(Promu). Mirta Bonnín,
subsecretaria de Cultura
de la UNC y directora del
Programa, cuenta sobre los
frutos de la experiencia.
–¿Cuál fue el espíritu
que alentó la creación del
programa?
–Surge de visibilizar y
consolidar los museos
de la UNC, con sus ricas
colecciones científicas e
históricas, la información que
albergan, y los saberes que
poseen sobre ellas quienes
trabajan en cada uno de los
museos, para llegar a más
y más diversos públicos.
Fue una definición que dio
continuidad a una política de
museos universitarios que
la UNC había iniciado en la
gestión del rector Staricco,
en 1997, con la creación
de la Red de Museos de la
UNC, y que después el rector
González también continuó
con el Subprograma de
Museos de la UNC. Con la
gestión de la rectora Scotto,
se consolidó notablemente,
al generarse el Promu, ahora
de gestión mixta Secyt-SEU,
y al constituirse un fondo
especial para mejoras de
todo tipo que impactan en
la calidad de los programas,
la formación del personal,
el estado de los edificios,
la conservación de las
colecciones y el modelo de
gestión de los museos.
–Cuatro años después,
¿cuál es el balance? ¿Se
intensificó la relación con la
comunidad? ¿Los museos
crecieron?
–Sí, crecieron en varios
sentidos. En primer lugar
se ampliaron los horarios
de apertura. Otros
reabrieron sus puertas,
incluso después de estar
más de 100 años cerrados
por falta de estímulo y
apoyo. Luego ha mejorado
sustancialmente el estado
de conservación de sus
colecciones e instalaciones,
sobre todo los estilos de las
muestras, actualizándolas
tanto en diseño como
didácticamente, lo que hizo
que se crearan servicios
educativos con personal
capacitado. Crecieron
institucionalmente al
mejorar y establecer
con mayor claridad los
vínculos con las facultades
o dependencias que los
contienen, al trabajar por
proyectos evaluables, al
aprender a conformar
presupuestos mixtos
mediante la obtención de
subsidios por presentación
de proyectos nacionales e
internacionales. Algunos han
recuperado y otros creado
sus áreas de investigación.
De nueve museos que eran
en 1997, se pasó a 12 en
2005, y hoy son 17. Crecieron
en número porque varias
facultades entendieron la
importancia de preservar
y difundir su patrimonio,
de historizar o de valorizar
los modos de educación
científica asociados a los
museos y colecciones.
También se recibe mucho
más público que antes;
hablamos de varios miles
al año. Por ejemplo,
Antropología recibe más de
20 mil, el Museo Histórico
de la UNC más de 30 mil, el
recientemente abierto de
Ciencias de la Salud recibió
en un año 15 mil visitantes.
–¿Cuántos están en pleno
funcionamiento?
–De los 17, sólo uno aún no
se ha abierto: Mineralogía y
Geología. Los demás están
trabajando para ampliar sus
horarios de atención, mejorar
la comunicación para captar
más y más diversos públicos;
tenemos un Laboratorio
de Estudios de Públicos,
localizado en el Museo de
Antropología desde 2009,
que nos permite conocer a
los que van y a partir de allí
definir nuevas políticas de
formación y captación de
visitantes.
–¿”La noche de los
museos” es una de las
iniciativas clave del
programa?
–Es parte de las estrategias
de posicionamiento en
la sociedad, de hacer
conocer nuestro patrimonio
universitario, de hacer que
públicos potenciales se
conviertan en reales. Que
gente que se autoexcluye,
o que no le interesa, o
que prejuzga, se permita
entrar a los museos, los
recorra y se divierta con un
espectáculo, con la atracción
de la noche, la gratuidad y
el hecho de que lo pueda
hacer en familia, es todo un
acontecimiento. La política
de museos de la UNC hoy
es pionera en cuanto al
apoyo y reconocimiento,
comparada con otras
universidades. El Promu
tiene una dirección que se
organiza y establece las
líneas de trabajo mediante
un consejo integrado por
los representantes de los 17
museos universitarios.
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