EL COLESTEROL EN LA AFECCIÓN CORONARIA

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CARDlo~oaIA
EL COLESTEROL EN LA AFECCIÓN CORONARIA
L Dr. MILTON PLOTZ discute en un trabajo reciente el papel de las dietas
ricas en grasas en la patogenia de la afección córonaria. Se presentan diez
casos en los que se produjo la muerte varios meses después de comenzar
una dieta rica en grasa. Todos estos pacientes tenían afecció:ncorO'naria previa.
En otra serie de 17 pacientes con afección coronaria en los que se desarrO'lló úlcera péptica, los síntomas de afección coronaria empeoraron en el plazo de tres
meses desde la institución de una dieta rica en grasa.
.
Como términO' de comparación aproximado, se seleccionaron 17 paCIemes
con afección coronaria conocida que habían sido sometidos a dietas especiales
por defecto de la función de la vesícula biliar. Tres meses después de comenzar
sus dietas ricas en grasa, dos de éstos mostraban un .empeoramiento de su ,estado
cardíaco, uno de ellos con un infarto reciente de miocardio. Se sugiere que
quizá la dieta pobre en colesterol de los chinos y de los indígenas de Okinawa
puede tener alguna relación con la rareza de la afección coronaria entre ellos.
La frecuencia de la afección coronaria disminuyó tanto en Alemania como
en Inglaterra cuando la grasa de la dieta era escasa. El autor manifiesta también que hay considerables pruebas de que existe alguna clase de ,relación entre
la ateromatosis coronaria yel metabolismo del colesterol, y que es un hecho
de observación clínica común el que en aquellos estados en los que está elevado
el nivel de colesterol de la sangre, la fr,ecuencia de la a~eromatosis coronaria es
mucho mayor. Se llega por lo tanto a la conclusión de que, por lo menos como
medida de precaución, la dieta habitual para la úlcera debería evitarse en los
pacien~es que son probables candidatos al ateroma coronario, xantomatosis e
hipercolesterolemia, Se recomiendan nuevas investigaciones.
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J, Amer, MEd. Ass. Marzo 1949
•
CIRUaIA
INFECCIONES DESPUÉS DE LA RESECClÓN PULMONAR. ACCIÓN
DE LAS SULFAMIDAS y DE LOS ANTIBIÓTICOS
Dres, CARROLL C. MILLER y RICHARD H. SWEET
'E
Cirujano en el Massachusetls General Hospital, y Prof. de Cirugía
en Harward Medical School, respectivamente.
N los seis años anteriores a 1947 se han practicado 4l:7 neumonectomías
y lobectomías en el Hospital General de Massachusetts, en las, cuales se
registraron complicaciones tratadas con sulfamidas y otros antibióticos.
'Casi siempre estas complicaciones ocurrieron en el período postoperatorio; sólo
«New Eng. J, of, Med», 14 abril, 1949.
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en algunos casos fueron tardías y requirieron nueva hospitalización. Al principio se administraron las sulfamidas a dosis insuficientes, según los conceptos
actuales de la bacteriostasis; al disponer de la penicilina en 1944, se tendió a
su empleo, de modo que, a finales de 1946, todos los enfermos operados fueron
sometidos a sus efectos. En 1946, un pequeño grupo se trató con estreptomicina. Quedaron así demostrados el descenso de la mortalidad y de la fr,ecuencia
de empiema en los últimos 6 años, en correlación con la aplicación cada vez
más frecuente de la quimioterapia.
Además de los antibióticos, otro factor ha contribuído a mejorar los resultados de las intervenciones, o sea el empleo menos frecuente del torniquete y
la ligadura aislada' de las estructuras hiliares, con disminución considerable de
las complicaciones.
• A causa de la diversidad de las afecciones pulmonares tratadas mediante la
resección y de los diferentes procedimientos operatorios la estadística total, en
conjunto, es de escaso significado; por otro lado, la división en pequeños subgrupos impide la presentación de cifras con valor estadístico. Aquí consideramos cuatro grupos básicos de enfermedades: bronquiectasia, abscesos pulmonares, tuberculosis y carcinoma, tratadas mediante dos operaciones: neumonectomía y lobectomía. Esta última, en casos ,de bronquiectasia, se practicó en 60 enfermos en los años 1943', 44 Y 46, sin una sola defunción. La mortalidad total de
los seis años analizados representa el 3.9 %. En este grupo hemos visto cuatro
empiemas en 1943, uno en 1944, tres en 1945 y ninguno después. En los abscesos
pulmonares .Remos encontrado complicaciones con más frecuencia, pero la mejoría fué evidente en los dos últimos años, uues se han practicado más lobectomías y neumonectomías con métodos de tratamiento que permiten suprimir el
drenaje. En la tuberculosis los datos son esencialmente los mismos de 1946. En
el carcinoma son muchos los factores que pueden influir en la mortalidad y la
frecuencia del empiema : estado g-eneral del enfermo, infección, resección como
operación paliativa, etc.
El empleo creciente de sulfamidas y penicilina y, más tarde, deestreptomicina, ha reducido extraordínariamente la frecuencia del empiema, así como
ha disminuído la mortalidad, la cual descendió en 6 años del u.4 % al
8·7 % para la neumonectomía, sin distinción de enfermedades; del 8.3 % al
2·9 % para la lobectomía. Ninguna de las muertes de 1947 se debió a complicación séptica, sino a contratiempos técnicos en el curso de la operación, como
la hemorragia incoercible o el bloqueo del árbol bronquial opuesto por las mucosidades o la sangre. Las cifras del empiema son respectivamente 21.4 % a
3·7 % y 27·7 % a .:: %.
La lobectomíaen las bronquiectasias da el mejor ;pronóstico postoperatorio inmediato de nuestra estadística; los progresos técnicos recientes en la protección de la superficie seccionada contribuyen al curso favorable. Debe señalarse además, que en la mayoría de enfermos con bronquiectasia, absceso pulmonar
tuberculosis se encuentran infecciones asociadas, muchas veces poco
sensibles a lo.s actuales medios quimioterápicos. Cabe esperar que en un próximo futuro se obtendrán substancias más eficaces. En las bronquiectasias húmedas el empleo de aerosoles de penicilina ha reducido el volumen de la expectoración y ha mejorado el estado general.
Debe mencionarse también la inyección intrapleural de penicilina de estreptomicina ,en presencia de empiema franco. Hemos obtenido la curación totalen dos casos, uno con cada medicamento, sin necesidad. de resección costal
ni drenaje; esperamos buenos resultados de la inyección precoz repetida diariamente y precedida de la aspiración del mayor exudado posible.
Es difícil reseñar con detalle los diferentes aspectos del estudio estadístico.
En el período anterior a la resección pulmonar se inyectaban 300,000 unidades
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NoYicmbrc 1949
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diarias de penicilina por vía intramusoular, divididas en tres inyecciones cada
8 horas, además de 1 gm. de estreptomicina al día, dividido en 4 fracciones.
Ante la fiebre u otro signo de intoxicación, expectoración profusa o evidencia
radiológica de neumonitis, administramos la penicilina durante 8 a 10 días antes de la operación, a veces junto a la aspiración de aerosoles. Durant·e la intervención, antes de cerrar el tórax, instilamos en la cavidad pleural 100,000
unidades de penicilina y 1 gm. de .estreptomicina disueltos en 30 cc. de suero
fisiológico. En el curso pos topera torio prescribimos inyecciones intramusoulares de ambos agentes cada 6 horas, hasta que la temperatura sea nonnal decisivamente. Hemos descrito en otra ocasión el empleo de antibióticos por vía intrapleural en caso de empiema. Naturalmente, las dosis habituales indicadas se
modifican, <tn tes y después de la operación, según el grado de la infeoción y
los caracteres de la evolución clínica.
Hemos de mencionar también, que posteriormente hemos administrado
penicilina y estreptomicina a todos los casos de resección pulmonar, mn resultados que indican algún progreso sobre las cifras señaladas. Una de las posibilidades futuras es que los agentes quimioterápicos disminuyan la tendencia a
la evolución de neumonitis en las zonas atelectásicas, complicación postoperatoria que se registraba antes con gran frecuencia y vista pocas veces en los últimos años.
•
EFECTO DE LA ESTREPTOMICINA, LOCAL Y GENERAL, SOBRE LAS
HERIDAS SUTURADAS INFECTADAS
de citar las desventajas de las sufonamidas y de la penicilina para
la aplicación local en el tratamiento de las heridas, KIRBY y sus colaboradores afirman que la estreptomicina, con menos limitaciones que las
sulfonamidas· y la penicilina, parece ser, por lo menos en teoría, un agente más
adecuado para la aplicación a las heridas. Tiene un amplio margen antibacteriamo, siendo eficaz contra microorganismos tanto grampositivos como gramnegativos y contra muchos gérmenes que son resistentes a las sulfonamÍdas y a la
penicilina. Actúa rápidamente en presencia de sangre y pus y es relativamente
atóxica para los tejidos. En los experimentos comunicados en este trabajo, heridas suturadas producidas de forma estandardizada en' perros fueron inoculadas
con una dosis tipo de microorganismos grampositivos y gramnegativos., método
que determinó el 100 por 100 de infección de las heridas y el 53 por ciento de
mortalidad en los animales testigos. La ·eficacia de la estreptomicina para combatir la infección fué investigada mediante: 1. administración general (intraumscular) de estreptomicina después de la inoculación de los microorganismos;
2. aplicación local de estreptomicina en el momento de la inoculación de los
microorganismos; y 3' aplicación local de estreptomicina ocho horas después
de la inoculación de los gérmenes.
La administración general (intramuscular) de estreptomicina resultó eficaz
para controlar la infección, como lo indíca la reducción de la mortalidad" de
la toxicidad y de la septicemia (hemocultivos positivos) y la eliminación de las
infecciones graves de las heridas.
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ESPUÉS
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