Lección 12: Segundo viaje misionero de Pablo. - Hechos 15:36

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CAPITULO 23
5. EL SEGUNDO VIAJE MISIONERO (15:36–18:22)
36
Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las
ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están. 37Y Bernabé quería que
llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; 38pero a Pablo no le parecía bien llevar
consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. 39Y hubo
tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a
Chipre, 40y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, 41y
pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.
RESUMEN DE LA OBRA
La decisión de una nueva gira
La razón para la decisión—El celo de Pablo.
No había sido llamado a quedarse en Antioquía sino a salir (22:21).
El pastor no puede abandonar el rebaño a los peligros (1 Ts. 2:17–18; 3:10).
La decisión de salir
¿Quiénes deben formar el equipo? Tienen diferencias:
distinta visión;
) distintas personas;
distinta dirección.
El plan para el viaje
Revisitar antiguos campos. Necesitan:
Simpatía—por las pruebas que sufren
Inspección—para “ver cómo están”
Instrucción—por las muchas incógnitas y las nuevas normas de ética (15:29).
Prepararse para la extensión (16:1–5)
Esperar nuevas indicaciones del Señor Llevados a una encrucijada para confiar en Dios:
al norte Bitinia—buen campo para labrar. ¡No!
a la izquierda—grandes ciudades: Colosas, Éfeso, Sardis. ¡No!
al noroeste—Misia de lado, llegaron a Troas, el mar ¡Sin destino! Esperar.
Como el concilio de Jerusalén había dirigido la carta a las iglesias de Antioquía, Siria y Cilicia
(15:23), es justo pensar que los delegados quisieran realizar una gira también por estas últimas. Así que,
“después de algunos días” (quizás cuando hubo pasado el invierno) Pablo le sugiere a Bernabé iniciar la
gira volviendo a visitar los lugares conocidos, llevando ahora la misión de tranquilizarlos con la carta
del Concilio.
Bernabé está de acuerdo en salir. El tema se vuelve áspero cuando Bernabé quiere imponer como
condición llevarlo a Marcos (v. 37). “Pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había
apartado [gr. apostante, v. 38] desde Panfilia”. La dura expresión claramente refleja la indignación de
Pablo. Apostanta significa “actuar de apóstata” como si la defección de Marcos hubiera sido algo más
que simplemente un abandono por las circunstancias (comp. 21:21; 2 Ts. 2:3) y hubiera estado
relacionada con la enseñanza de Pablo, o el mismo ingreso de los gentiles (13:13).
Bernabé insiste, tal vez conociendo mejor las nuevas actitudes de Juan Marcos después de su visita a
Jerusalén. Pero la disputa se profundiza sin que Lucas nos aclare cómo fueron las respectivas
posiciones. Observamos por una parte, el entusiasmo apasionado que sacrifica todo por una causa
sagrada, y considera traición a Dios toda defección; y por la otra, una dulce razonabilidad que siempre
confía, siempre espera y siempre tolera (Lc. 6:35; 1 Co. 13:7). Pablo mira la “obra del Señor” como la
misión de llevar a Cristo a las naciones, plantando iglesias y discipulando mucha gente (11:23; 13:41;
14:22). Bernabé, en cambio, como lo había hecho con Pablo (9:26, 27) pone la atención en cada persona
individualmente. Las posiciones se tornan irreconciliables y “hubo tal desacuerdo entre ellos que se
separaron”. El término “desacuerdo” en griego es paroxismos y significa realmente irritación o
provocación (17:16; 1 Co. 13:5). Muestra la vehemencia de estos dos hombres al sostener sus
respectivas posiciones. La separación es completa. Sin embargo, en verdad parece que los viejos
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camaradas se apartaron en paz, porque dividieron los campos de labor evitando interferir uno en los
trabajos del otro (v. 39). “Bernabé, 1 tomando a Marcos, navegó a Chipre”, que era su país natal (4:36) y
“Pablo escogiendo a Silas”—entre otros candidatos que con seguridad se postulaban—satisfecho por el
ministerio que éste había cumplido en Jerusalén y Antioquía, “salió encomendado por los hermanos a la
gracia del Señor” (v. 40). Encomendar (gr.
) significa entregar o poner en las manos de Dios
a personas que son siervos (14:26).
A. La visita a las iglesias de la Galacia
Debido a la separación entre Bernabé y Saulo, los planes tal como lo muestran los vv. 40 y 41,
sufren una modificación. Este cambio presenta una ventaja. Ya que la ruta por tierra pasaba por la
provincia de Siria–Cilicia, les permite a los misioneros visitar a las iglesias intranquilas para leerles “la
carta” y ayudarles. Así que “Pablo, escogiendo a Silas … pasó por Siria y Cilicia confirmando [o
fortaleciendo] a las iglesias” (14:22; 15:32; 18:23).
El plan consiste en que después de atravesar el sur de la Galacia (de este a oeste) avancen desde
Antioquía de Pisidia a la provincia de Asia para evangelizar las ciudades de Apamedia, Colosas,
Laodicea, Hierápolis, etc. que estaban por la misma ruta, para finalizar en Éfeso, la brillante capital de la
provincia.
1
Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de
una mujer judía creyente, pero de padre griego; 2y daban buen testimonio de él los hermanos que
estaban en Listra y en Iconio. 3Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa
de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego. 4Y al pasar
por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que
estaban en Jerusalén, para que las guardasen. 5Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y
aumentaban en número cada día
EL PASTOR MODELO
Fortalece a los nuevos convertidos
El método (v. 4), mostrando un estilo de vida (15:23–29).
El resultado (v. 5)
profundización espiritual: “las iglesias eran confirmadas” (Ro. 6:17; 1 Ti. 6:3; 2 Ti. 1:13).
aumento numérico: “aumentaban en número”.
Enrola nuevos ministros
Silas—hombre de experiencia (15:32).
Timoteo—hombre de buen testimonio (16:1–2).
Flexibiliza sus actitudes
Circuncida a Timoteo porque en los ojos judíos era un gentil. Para los gentiles ya era un
judío. Regularizó su status.
Espera las directivas del Espíritu (16:6–7).
Pablo y Silas visitan las iglesias que habían sido fundadas por el mismo apóstol unos diez años antes
(Gá. 1:21). Les explican los fundamentos de “las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los
ancianos”, tranquilizando a los hermanos y compartiendo experiencias de afecto y gozo.
Al observar la zona montañosa que debieron cruzar podemos imaginar los peligros y las inmensas
dificultades, especialmente al tener que valerse de los precarios pasos montañosos existentes.
Suponemos fundadamente que visitan Tarso, y cruzando la cadena montañosa del Tauro, tocan algunas
ciudades importantes hasta llegar a Derbe.
1
Es posible que cuando Bernabé visitó Jerusalén con motivo del concilio, haya mantenido una conversación con
Marcos. Conociendo el vínculo de sangre nos damos cuenta del esfuerzo de Bernabé por reivindicarlo. Sabemos
que Marcos se rehabilita y posteriormente Pablo lo desea tener como colaborador (Col. 4:10; Flm. 24; 2 Ti.
4:11). También acompaña a Pedro (1 P. 5:13). Marcos es el autor del evangelio que lleva su nombre.
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Aquí Pablo inicia su revisitación. El problema principal que había tenido en su primer contacto, fue
la hostilidad de los judíos. Así que con el propósito de evitar más inconvenientes a los hermanos, les lee
la carta que el concilio había preparado. 2
Aunque Pablo insiste en la libertad de los gentiles, no quiere dañar innecesariamente los
sentimientos hebreos. Una oportunidad se le presenta cuando llegan a Listra. Allí se encuentra con
Timoteo, su madre y su abuela Loida (2 Ti. 1:2, 5). Éstos habían demostrado ser fieles al Señor.
Timoteo, joven como es, ha probado devoción para el evangelio no solamente en Listra sino también en
la ciudad vecina de Iconio. “Daban buen testimonio de él”, es decir, destacaban sus cualidades
espirituales.
Pablo advierte que este joven puede ser increíblemente útil para el futuro y decide comprometerlo en
el servicio del evangelio dándole el espacio que había dejado vacante Juan Marcos. Su madre Eunice (2
Ti. 3:15) es “una mujer judía creyente” que tal vez se había convertido juntamente con Timoteo en la
visita anterior (comp. 1 Co. 4:17). El padre de Timoteo era griego (v. 1), de modo que la doble
nacionalidad puede darle la bienvenida entre gentiles y judíos sin dificultad.
Timoteo nunca había sido circuncidado, de modo que aunque no lo exigían los principios
doctrinales, Pablo lo circuncida a “causa de los judíos que había en aquellos lugares” (v. 3), porque
todos sabían que su padre era griego. 3 La circuncisión no era necesaria para la salvación como insistían
los judaizantes (15:1), pero sí útil para alcanzar al pueblo hebreo. 4 Timoteo es ordenado al ministerio
con “la imposición de las manos del presbiterio” (1 Ti. 4:14; 2 Ti. 1:6). Su salida, a diferencia de la de
Juan Marcos, lleva todo el respaldo de la iglesia.
Pablo, Silas y Timoteo viajan hacia el oeste de ciudad en ciudad y de iglesia en iglesia hasta llegar a
Antioquía de Pisidia. A continuación Lucas predice una pausa para proporcionar el tercer breve informe
sobre el progreso alcanzado (comp. 6:7; 9:31). El informe consta de dos partes: 1) “las iglesias eran
confirmadas en la fe” (18:23; Ro. 1:11; 1 Ts. 3:2; 3:13); 2) “y aumentaban en número cada día” (v. 5).
Es bueno que observemos el orden en que ocurren las experiencias. La primera preocupación es
consolidar y la segunda aumentar.
Reflexión
Es interesante notar que la presión de los judaizantes para lograr que la circuncisión fuera parte de la
confesión de fe se basa en la seguridad de que Jacobo mantenía esa postura. Estaban seguros de que la
palabra de este prominente siervo de Dios sería un freno para el avance de la enseñanza de Pablo. Así,
tres hombres importantes aparecen totalmente enfrentados ante los hermanos. Pablo contra Jacobo, y
Pedro—según el caso—contra uno o contra el otro.
Sin embargo, en el concilio de Jerusalén las cosas cambiaron porque los tres hermanos están de
acuerdo produciendo una saludable unanimidad (15:22, 28) que la iglesia observa con un alivio singular.
Los hermanos ven cómo se conducen hombres maduros en el Señor, hombres puestos para guiar el
rebaño y no para confundirlo. Solucionan problemas muy graves manteniendo la unidad doctrinal pero
flexibilizando la conducta. Todos tienen que ceder bastante. Este proceder es un modelo para el
liderazgo de la iglesia del Señor en todos los tiempos.
B. El evangelio entra en Europa (16:6–10)
6
Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la
palabra en Asia; 7y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.
8
Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. 9Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón
macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. 10Cuando vio la visión,
2
Recordemos que la carta había sido expresamente preparada para las iglesias en Antioquía, Siria y Cilicia
(15:23). Estos hermanos la reciben: 1) Porque habían sido evangelizados desde Antioquía por las mismas
personas que intervienen en la solución de la controversia; 2) porque estas iglesias son centros para la extensión
del evangelio en toda la zona; 3) porque es necesario que el problema no se produjera en otras partes en el
futuro.
3
Algunos creen que como el verbo hyperquen (v. 3) está en tiempo imperfecto, el padre había muerto (Stott).
4
Pablo se niega a circuncidar a Tito (Gá. 2:3) porque era gentil y porque los que exigen el rito lo hacen para
“completar la salvación”, lo cual es inadmisible.
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en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les
anunciásemos el evangelio.
Después de viajar por Antioquía de Pisidia y regocijarse con el adelanto de la iglesia, Pablo y sus
compañeros visitan la Frigia Galática (donde estaban las ciudades de Neápolis, Mistia, etc.).
Posiblemente visiten también otras partes de la provincia de Galacia con la intención de seguir al oeste,
a la provincia de Asia—muy próxima a la frontera—y andar por la ruta real a Colosas. Por un medio no
identificado en el texto, Lucas dice que “les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en
Asia” (v. 6). No parece que se trate de una revelación sino más vale de un hecho providencial (comp.
20:3) por el cual Dios muestra su desacuerdo con el plan.
Con esta probabilidad interrumpida, van hacia el norte quizás retrocediendo hasta Antioquía de
Pisidia para tomar la ruta que los llevará por Nikolía hasta Nicea, cruzando la cordillera Sultan Dagh.
Deben transitar una parte difícil y riesgosa de esta ruta hasta llegar a Misia. Intentan seguir hacia el
norte para alcanzar la provincia de Bitinia, pero nuevamente, de un modo que no conocemos, “el
Espíritu no se lo permitió” (comp. 20:23; 21:4, 11).
Habiendo venido del sureste y teniendo los caminos del suroeste y norte prohibidos, la única
dirección posible es el noroeste. De modo que, “pasando junto a Misia, descendieron a Troas” (v. 8)
(comp. 20:5).
1) Preparativos para cruzar a Macedonia
Troas era una ciudad ilustre. Había sido fundada por Antígono (320 AC), razón por la que
originariamente se denominó Antigonia. Posteriormente fue Alejandría. Para distinguirla de la
Alejandría egipcia, le pusieron el aditamento de Alejandría de Troas. Augusto César la convirtió en
colonia romana y Julio César intentó en un momento hacerla el asiento de su gobierno imperial. Era el
puerto común para las navegaciones desde y hacia Macedonia (comp. 20:5).
Mientras la intención de Pablo es visitar lugares de menos importancia, Dios tiene otro propósito, y
sin quererlo ellos, los lleva a un centro de vital importancia. La ciudad en sí misma presenta un desafío
fenomenal para el evangelio. Pero mientras esperan la dirección del Señor “se le mostró a Pablo una
visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y
ayúdanos”. 5 William Ramsay6 supone que este varón era Lucas mismo. Pero sobre esta hipótesis no hay
nada firme. Lo cierto es que Lucas se une al contingente en Troas y los acompaña por primera vez hasta
Filipos (v. 17).
Pablo comenta la experiencia a sus compañeros. Conversan juntos hasta tener la seguridad de que
Dios los llamaba a un campo nuevo. Sin quedarse en Troas lo suficiente como para plantar una iglesia
(se estableció una después, 2 Co. 2:12), Pablo y sus compañeros se embarcan “dando por cierto [gr.
symbibazontes, 9:22, “seguros en unanimidad”] que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el
evangelio” (v. 10).
C. La misión en Filipos (16:11–12)
11
Zarpando, pues de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis;
12
y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos
en aquella ciudad algunos días.
Pablo, Silas, Timoteo y Lucas se embarcan para “Samotracia”, una isla rocosa del mar Egeo, donde
posiblemente pasan la noche para seguir al día siguiente rumbo a Neápolis (puerto moderno de Kavalla)
(v. 11). El viento es favorable en esa época del año y pueden completar los aproximadamente 250
kilómetros de distancia en sólo dos días (en el viaje de vuelta la navegación fue diferente porque
emplean cinco días—20:6). Desde allí se internan unos 16 kilómetros hasta Filipos. 7 Lucas, además de
5
“Troas era sin duda muy frecuentada por los macedonios que se distinguían por el gorro de alas anchas
denominado causia y el clamys (capa pequeña generalmente de lana que se sujetaba al hombro derecho con un
broche). El apóstol pudo identificar de inmediato la nacionalidad de la figura que veía en el sueño”. (G.W. Wade,
New Testament History, pág. 543)
6
St. Paul the Traveller, pág. 195.
7
Filipos deriva de Felipe, el macedonio que la conquistó de los Tasianos (300 AC). Felipe la fortificó para
defenderla de sus enemigos, mientras desarrollaba la explotación de las minas de oro. Con el resto de la
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destacar la importancia de Filipos, dice también que era “una colonia”. Es “como un pedazo de Roma o
de Italia trasplantada en el extranjero” (F.F. Bruce), porque los ciudadanos disfrutan los mismos
derechos que si estuvieran en Italia. Sus autoridades políticas asumen la alta designación de “pretores”
(para nosotros alguaciles).
La población está compuesta de tres elementos principales: 1) los colonos romanos que es la casta
dominante; 2) los macedonios que son numéricamente los más importantes; 3) una mezcla considerable
de inmigrantes orientales incluyendo unos pocos judíos.
Pablo y su comitiva se detienen en Filipos “algunos días”, que seguramente fueron varias semanas.
Aunque la labor debe de haber sido intensa, Lucas sólo escoge los episodios centrales para ilustrar la
actividad evangelística en la ciudad.
1) Lidia—una comerciante convertida (16:13–15)
13
Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y
sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. 14Entonces una mujer llamada Lidia,
vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el
corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. 15Y cuando fue bautizada, y su familia,
nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó
a quedarnos.
LA CONVERSIÓN DE LIDIA
Es una labor de corazón
Motiva el asiento del sentimiento.
Adora a Dios.
Está oyendo.
El Señor “abrió su corazón” (Pr. 4:23; 23:7).
Ejercita su fe.
Cree.
Es bautizada (Sal 27:8).
Demuestra un cambio.
Abre su casa en hospedaje (v. 15).
Los resultados permanentes de la conversión
Sujeción a la autoridad apostólica: “Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor”.
Disposición de testificar para el Señor: “Entrad en mi casa y posad” (Ro. 16:23).
Confirmación de su anhelo de servir: “Y nos obligó a quedarnos”.
Manteniendo el sistema seguido hasta ese momento, Pablo trata de hablar primeramente a los judíos.
Aunque esa colectividad es escasa en Filipos (no había sinagoga), no obstante conservan sus costumbres
religiosas y tienen un lugar para hacer “la oración” situado como a un kilómetro y medio “fuera de la
puerta” de la ciudad, a orillas del río Gangites. El río era útil para las ceremonias hebreas en las que se
necesitaba mucha agua.
La presencia femenina por lo menos explica dos cosas interesantes: 1) confirma que no hay sinagoga
porque se requerían por lo menos diez hombres para formarla; 2) que la vida social de Macedonia ha
avanzado hasta otorgarle a la mujer una libertad singular. Lucas dice: “sentándonos, hablamos a las
mujeres que se habían reunido” (v. 13).
Entre ellas hay “una mujer llamada Lidia” proveniente de Tiatira 8 ciudad que juntamente con
Smirna, Sardis y Filadelfia está situada en la región de Asia Menor denominada Lidia. Esto hace posible
que su nombre haya sido otro, pero se la conocía como la ’mujer de Lidia’ o simplemente Lidia. Tiatira,
por su parte, era el asiento de una famosa industria de telas de altísima calidad, y de una colonia judía
Macedonia pasó a manos romanas en el año 168 AC. Cuando Macedonia fue dividida en cuatro partes con
propósitos administrativos, Filipos fue incluida en el primero de los cuatro distritos. Por esta causa dice que era
“la primera ciudad” (o la ciudad principal), aceptado en sentido general (J.D. Douglas, pág. 985).
8
Fundada por Seleuco Nicanor a principios del siglo III AC como una guarnición para la defensa contra Lysimaco.
Los colonizadores originales eran macedonios. Pasó al control romano en el 190 AC y formó parte de la provincia
de Asia después del 133 AC. (F.F. Bruce, pág. 314).
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donde posiblemente Lidia se relaciona con la religión hebrea. No es judía sino una mujer “temerosa de
Dios” (10:2), y de posición económica holgada según surge del relato bíblico.
Al oír el mensaje de Pablo “el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta” (v. 14; Lc.
24:45). Notemos que aunque el mensaje es de Pablo, la iniciativa para la salvación vino de Dios (comp.
11:18). Es Dios quien salva a quienes él quiere (2:47; 13:48), utilizando a los siervos que envía como
instrumentos para llamar a los que quieran oír.
Seguramente Lidia necesita más de una explicación para comprender plenamente el propósito de
Dios y tomar una decisión. Después de su conversión, “fue bautizada ella y su familia”, mostrando que
todo su hogar ha recibido a Cristo (10:33; 16:33; 18:8). La primera evidencia de su cambio de
experiencia está en que invita a Pablo y a los demás a hospedarse en su casa. La generosidad es
característica de la iglesia en Filipos (Fil. 4:15), como Pablo lo destaca en su epístola unos diez años
después. Este dato enseña que la iglesia refleja el carácter y proceder de sus líderes.
Lidia invita a los hermanos en un tono delicado, diciéndoles: “Si habéis juzgado que yo sea fiel al
Señor”, o dicho en otros términos: “Si ustedes creen que yo soy una creyente en el Señor”. “Entrad en
mi casa y posad”. No solamente los invita sino que además los “obliga” (v. 15) a quedarse (comp. Lc.
24:29). Desde ese momento en adelante la casa de Lidia se convierte en la morada de los misioneros (v.
40), y con seguridad en el lugar de inicio de la primera iglesia en Europa.
2) La esclava con espíritu de adivinación (16:16–18)
16
Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía
espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. 17Esta, siguiendo a Pablo y
a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el
camino de salvación. 18Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y
dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma
hora.
Las mentes paganas eran tolerantes con cualquier idea nueva y le daban gustosa bienvenida a
cualquier religión. Los apóstoles, por lo tanto, no encuentran en esas comunidades el resentimiento por
sus innovaciones doctrinales que hallan en las mentes judías. No obstante, el evangelio es una ofensa
tanto para los judíos como para los gentiles, como lo demuestra el episodio que estudiamos.
Un día sábado cuando Pablo y sus compañeros van “a la oración”, les “salió al encuentro una
muchacha que tenía espíritu de adivinación”, o como dice el texto griego: “tenía un espíritu pitón”. La
mitología afirmaba que Apolo se había encarnado en la serpiente pitón inspirando a sus devotas,
dándoles distintas capacidades extrasensoriales como clarividencia y hechicería. A estas mujeres se las
denominaba pitonisas.
El reino de las tinieblas está en actividad desde la caída de Lucifer, y por su actividad constante
procura atacar a los que obedecen a Dios tratando de oponerse a la justicia divina (Dt. 18:11). La
muchacha motivada por Satanás para confundir a los creyentes, toma la iniciativa de hacer de heraldo
para Pablo y sus compañeros, tal vez estimulada además por sus amos a quienes “daba gran ganancia”
adivinando. Quiere demostrar que lo que Pablo enseña es parecido a lo que ella hace. Así podría
aumentar su actividad atendiendo posteriormente a los seguidores del evangelio.
Pero el contratiempo de tener semejante heraldo colma la paciencia de Pablo quien no tolera más el
anuncio: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de la salvación”
(v. 17) y decide detenerla. Debemos agregar que en una boca pagana “el Dios Altísimo” puede ser Zeus,
Apolo o cualquier otro, y el camino de la salvación puede ser el que ella practica, el que Pablo anuncia o
cualquier otro. De modo que la confusión es total.
El texto dice que “esto lo hacía por muchos días”, y se produjo la crisis. Pablo entonces expulsa al
espíritu en el nombre de Jesucristo. El proceder nos guía a la siguiente reflexión: 1) Pablo no dedica su
ministerio a arrojar espíritus, porque su función es predicar el evangelio. 2) Pablo no actúa intempestiva
sino cuidadosamente. Actúa contra el espíritu cuando descubre la intención del diablo. 3) Utiliza la
autoridad del Señor Jesucristo (3:6; comp. 19:13).
Pese a que es un acto misericordioso, es mal recibido especialmente por sus amos porque ha
quedado destruido el negocio.
3) El encarcelamiento de Pablo y Silas (16:19–34)
19
Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas,
y los trajeron al foro, ante las autoridades; 20y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos
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hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, 21y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni
hacer, pues somos romanos. 22Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las
ropas, ordenaron azotarles con varas. 23Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel,
mandando al carcelero que los guardase con seguridad. 24El cual, recibido este mandato, los metió en
el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. 25Pero a medianoche, orando Pablo y
Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. 26Entonces sobrevino de repente un gran
terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las
puertas, y las cadenas de todos se soltaron. 27Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de
la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. 28Mas Pablo clamó a
gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. 29El entonces, pidiendo luz, se
precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; 30y sacándolos, les dijo:
Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? 31Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú
y tu casa. 32Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33Y él,
tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con
todos los suyos. 34Y llevándolos a su casa, les puso a la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber
creído a Dios.
LA CÁRCEL DE FILIPOS
Los hombres apresados: “Pablo y Silas”
El lugar al cual fueron confinados: “la cárcel”
Este es el sitio que los hombres tienen para Dios.
El mundo prefiere la ignorancia y mata la verdad.
El mal está libre y la verdad en prisión.
La forma en que son tratados: “castigados”, “calabozo de más adentro”, “cepo” (1 Ts. 2:2;
comp. Job. 13:27; 33:11; Jer. 29:26)
La hora en que Dios interviene: “a medianoche”
No es la hora habitual para la devoción, pero el oído de Dios no se guía por los horarios.
Hora especial—el mundo duerme.
Hora decisiva—el mal “ha triunfado”.
Hora de alabanza—momento de testimonio para los presos (comp. Mt. 28:20).
El resultado inesperado: “un terremoto”
Se sacude la cárcel, las puertas se abren.
Se moviliza el carcelero, corre, tiene temor, busca, decide equivocadamente, pone fe, se
convierte.
Se transforma una familia: salvación, testimonio, frutos, gozo.
Concluye la persecución.
Ahora la mujer es inútil porque ha cesado la adivinación y el tráfico de dinero. Los amos de la
muchacha prenden a Pablo y Silas por ser responsables, y los llevan a la agora (plaza del mercado o
espacio abierto donde había una o más cortes judiciales llamadas foro—17:17) (comp. Mr. 7:4; Mt.
) que son los dos pretores que
11:16; Lc. 7:32) y los presentan “a los magistrados” (gr.
gobiernan la ciudad.
Lo increíble en la actitud de los amos es que si los misioneros alborotan la ciudad enseñando
“costumbres que no les era lícito recibir ni hacer”, ¿por qué permitieron que la esclava los anunciara
“por muchos días”? Ellos quieren disimular la verdadera razón, disfrazándola con un manto de color
político–religioso que pueda valer ante los mandatarios romanos.
Las autoridades se informan de las “actividades ilegales” de los misioneros judíos y proceden. Los
acusadores logran encender la llama del orgullo racial romano (v. 21, en contra de la religión hebrea en
declinación—comp. 18:2). Cuando son traídos delante de los magistrados, los opresores no pierden
demasiado tiempo en juzgar a Pablo y Silas, máxime que se “agolpó el pueblo contra ellos” (v. 22).
Inmediatamente, “rasgándoles las ropas”, “ordenaron azotarles con varas” sin hacer investigación
alguna. Por una parte, el castigo es en sí cruel y despiadado, y por otra una violación a la ley romana que
establecía la defensa en juicio. Pablo y Silas son ciudadanos romanos, de modo que los acusadores
violan la verdad, y los jueces la ley suprema del imperio. Es extraño que Pablo se haya sometido a ese
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castigo terrible en más de una oportunidad (2 Co. 11:25) sin invocar su calidad de ciudadano romano
como lo hace posteriormente en Jerusalén (Hch. 22:24–29).
Dice el texto que “después de haberle azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al
carcelero que los guardase con seguridad” (v. 23). Parece que tienen miedo que les suceda como a Pedro
(12:7–8). Además el carcelero “recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les
aseguró los pies en el cepo” (v. 24). 9
Al llegar la media noche y no poder dormir por los intensos dolores y abatimiento físico, Pablo y
Silas ven la oportunidad para una vigilia de alabanza y adoración. Están cantando un himno que todos
los presos oyen cuando “sobrevino … un gran terremoto” tan violento que “los cimientos de la cárcel se
sacudían” y al instante se abren todas las puertas y las cadenas de todos se sueltan (v. 26). El carcelero,
que vive junto a la cárcel, al oír el ruido fenomenal sale para ver lo sucedido y encuentra “abiertas las
puertas de la cárcel”. En profunda desesperación “pensando que los presos habían huido”, y sabiendo
que es responsable por la seguridad de esos hombres (comp. 12:19), “sacó la espada y se iba a matar”
antes que por indigno sea sentenciado a muerte por el tribunal romano. Pablo, oyendo el horror del
hombre y advirtiendo su intención “clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos
estamos aquí” (v. 28).
La noticia es tan alentadora que pide luz para verificarla. Mientras llegan las antorchas, tiene una
pausa para tranquilizarse y reflexionar sobre lo acontecido y lo que ha oído de los misioneros. Está
impresionado por el mensaje de salvación y su poder, y está listo para tomar una decisión. “Y
sacándolos les dijo: 10 Señores ¿qué debo hacer para ser salvo?” Esta pregunta responde en parte a los
anuncios de la esclava pitonisa y en parte a la conducta que ellos han observado. Para él, la salvación es
distinta a todo lo que había oído, es una posesión personal.
Allí mismo, en la penumbra de la cárcel, “le hablaron la palabra del Señor” a él y a toda su casa (v.
32). Todos son ganados por el evangelio y los frutos están a la vista. Como resultado del cambio
operado, “tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él
con todos los suyos”. El lavado y el bautismo se llevaron a cabo en el mismo lugar, probablemente en el
tanque o fuente de la misma cárcel.
La familia bautizada da la bienvenida a Pablo y Silas a su hogar. Aún eran prisioneros, y el carcelero
debe mantenerlos sujetos a los magistrados, pero no los confina nuevamente a la celda sino que
“llevándolos a su casa, los puso a la mesa”, para alimentarlos y para celebrar exteriormente la fiesta que
vive en el alma. El texto dice que “se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios” (v. 34; 18:8).
35
Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres. 36Y el
carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así
que ahora salid, y marchaos en paz. 37Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin
sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan
encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos. 38Y los alguaciles hicieron saber
estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oir que eran romanos. 39Y viniendo, les
rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad. 40Entonces, saliendo de la cárcel,
entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron.
Venida la mañana (el tribunal romano abría a las 8 de la mañana) los magistrados envían a los
alguaciles para ordenar al carcelero la libertad de Pablo y Silas (v. 35). Sin duda estas autoridades creen
que el castigo aplicado más una noche de prisión basta para intimidarlos y silenciarlos. Pero además,
enterados del terremoto, se ven heridos sentimentalmente con alarma supersticiosa, pensando que con lo
acontecido han ofendido al Dios (para ellos dios) que Pablo y Silas proclaman. El carcelero transmite la
orden gustosamente y ordena que se vayan en paz. Pablo decididamente rechaza la orden. Quieren
enseñar una lección a los magistrados y asegurar a los creyentes de Filipos que no serán molestados
cuando ellos se fueran.
“Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos nos echaron
en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos”
Cepo (gr. xylon) era un marco de madera con cinco aberturas para los pies, las manos y el cuello. Sin embargo,
solamente los pies eran asegurados” (D. Smith, pág 132).
10
Algunas versiones agregan en el v. 30: “después de asegurar a los demás y les dijo”.
9
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(v. 37). Cuando los magistrados saben lo que sucede se atemorizan más aún. Es la primera reacción del
pueblo a sus excesos, y esta vez contra ciudadanos romanos. Advierten la gravedad de la situación y se
apresuran a humillarse delante de los misioneros, “les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran
de la ciudad” (v. 39). Seguramente lo hicieron para evitar que todos se enteren de la actitud que tuvieron
que asumir y prevenir la formación de nuevos tumultos.
Satisfechos con la actitud, salen y van a casa de Lidia para reunirse con la iglesia y despedirse (v.
40). Así Pablo, Silas y Timoteo siguen viaje, pero Lucas se queda en Filipos hasta reunirse con ellos
nuevamente más adelante (20:4).
“CREE EN EL SEÑOR JESUCRISTO Y SERÁS SALVO”
¿Qué es creer en Cristo?
Conocerlo íntimamente (1 Co. 2:2; Jn. 17:3).
Confiar totalmente (Jn. 11:27).
Esperar reposadamente (Ef. 1:12).
¿De qué nos salva? De:
La culpa del pecado (Gá. 3:13).
La fortaleza del mal (Gá. 1:4).
El poder del enemigo (He. 2:14).
La ira de Dios (Ro. 5:9; Ef. 2:3).
¿Para qué salva?
Para justificar (1 Co. 6:11).
Para regenerar (2 Co. 5:17).
Para consolar (2 Co. 1:5).
Para guardar (He. 7:25).
¿Cómo disfrutamos la salvación?
Estando seguros de ser salvos (Ef. 2:5; 2 Ti. 2:10).
Viviendo sus frutos
cambio de carácter (v. 32).
cambio de actitudes (v. 33).
cambio de estilo de vida (v. 34).
Reflexión
1. El llamado a Macedonia es claro y majestuoso (v. 10).
2. La recepción en cambio es indiferente (v. 12).
3. Los misioneros demuestran seguridad en el llamado, pero no buscan al varón macedonio, sino la
ocasión para testificar (v. 13).
4. Pablo utiliza los medios que conoce para lograr su propósito. No espera a nadie para buscar las
almas (v. 13).
5. Comienza en forma modesta. No se desanima. No hay paganos. No hay hombres. Se convierte
una mujer.
6. Establece la comunión. Lidia trajo su hogar al Señor. Cuando formaron la comunión, aseguraron
la misión.
7. El enemigo puede resistir con oposición (13:8–10) o con propaganda (16:16). A veces le conviene
diferenciarse y otras parecerse, pero siempre es el mismo.
8. Las mejores leyes del mundo pueden ser utilizadas en contra del evangelio (16:37). El sufrimiento
de los misioneros es humillación para los soberbios (16:38–39).
9. El mensaje que abre el corazón y la casa de Lidia, es el mismo que abre el corazón y la casa del
carcelero. Ellos son totalmente distintos, pero el Dios que opera es el mismo y los resultados son
iguales.
CAPÍTULO 24
D. La predicación en Tesalónica (17:1–9)
1
Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos.
2
Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, 3declarando y
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exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los
muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. 4Y algunos de ellos creyeron, y se
juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas.
5
Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos,
y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al
pueblo. 6Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad,
gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; 7a los cuales Jasón ha
recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. 8Y
alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas. 9Pero obtenida fianza de
Jasón y de los demás, los soltaron.
Habiendo recibido ánimo y posiblemente consejo sobre el camino a seguir, Pablo, Silas y Timoteo
dejan Filipos y se dirigen por la Vía Ignacia en dirección a Anfípolis y Apolonia, ciudades por las que
pasan, quizás por no existir en ninguna de las dos una población judía importante y por lo tanto ser
ciudades sin sinagoga. Posiblemente, dada la distancia, pasan una noche en cada una. Al tercer día
llegan a Tesalónica (actualmente Salónica), 1 a unos 55 o 60 kilómetros de Apolonia; es el puerto
principal en el golfo Térmico, donde “había una sinagoga de los judíos” (v. 1). Pablo y sus compañeros
se hospedan en la casa de Jasón, probablemente un judío cuyo nombre verdadero era Jesús o Josué.
Aunque Pablo ha dedicado su ministerio a los gentiles (13:46), mantiene el principio de predicar
primeramente a los judíos. Así que, “como acostumbraba” va a la sinagoga y por “tres días de reposo
discute con ellos” (v. 2). Por lo que leemos en el v. 3, dos son sus temas centrales:
1) La necesidad de que el Cristo padeciese
Pablo discute “con ellos declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que
el Cristo padeciese” (v. 3). Para los hebreos el Mesías era el libertador, y no el siervo sufriente y
transformado en vergüenza. La discusión (gr. dialegomai) muestra la lucha de ideas encontradas en
busca de la verdad (17:17; 18:4, 19; 19:8, 9; 24:25). El verbo castellano dialogar no traduce el
significado de oír opiniones para hacer prevalecer la verdad que sí trasunta el texto bíblico. Más vale,
nosotros dialogamos para traer varias opiniones y sacar una conclusión. Pero no es así con las
Escrituras, se dialoga hasta hacer prevalecer el dicho de Dios.
La discusión tiene su fundamento en las Escrituras y no en las tradiciones. Pablo vuelve sobre los
pasajes que ya el Señor Jesús mismo había mencionado a los dos discípulos camino a Emaús (Lc.
24:44–46).
2) Jesús es el Cristo
Si es difícil para los judíos creer que el Mesías tenía que morir, más difícil les resulta creer que ese
Mesías fuera Jesús (2:16–33). Pero tal como ya lo hemos visto al estudiar la predicación de Pedro en
Pentecostés, esta cláusula es básica en el
apostólico (Lc. 24:26; Hch. 2:31–32; 3:18; 23:6–8;
26:23; 1 Co. 15:3–6). Sin duda las Escrituras a las que Pablo se refiere son bien conocidas por asistentes
a la sinagoga (Sal. 2:1–7; 16:8–11; 110:1; 118:22; Is. 50:6; 52–53; Os. 6:2), pero no con la
interpretación que él les da ahora. Lucas sintetiza en pocas palabras la argumentación de tres sábados.
Por lo que dice (
—que significa declarar con vehemencia—16:17; 26:23) moviliza a los
presentes, sacudiéndolos y dividiéndolos (comp. 1 Ts. 1:5). La identificación de la historia con la
Escritura, puesta en claro en los oídos de los asistentes, produce la inescapable confrontación.
Por una parte, debido al poder con que el mensaje es anunciado, muchos creyeron. “Y se juntaron
con Pablo y con Silas” (v. 4). Entre éstos está Aristarco, que resulta ser un compañero fiel y sumamente
útil, y tal vez también haya estado Jasón (Col. 4:10, 11; Ro. 16:21). También se convierten “de los
griegos piadosos gran número, y mujeres nobles [destacadas] no pocas”. 2
1
Originalmente Tesalónica se denominó Terme. Fue fundada nuevamente por Casando cerca del año 315 AC y
llamada Tesalónica como su esposa, la hermanastra de Alejandro el Grande. Después del 145 AC se transformó
en capital de la provincia de Macedonia. Fue convertida en ciudad libre en el 42 AC. (F.F. Bruce).
2
Otras versiones dicen: “muchas de las mujeres de hombres principales”, que está de acuerdo con la
independencia que disfrutaban las mujeres en la sociedad macedónica. No pocas de estas mujeres son esposas
de hombres prominentes (David Smith).
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Por otra parte, los judíos incrédulos “teniendo celos, tomaron consigo algunos ociosos, hombres
malos, y juntando una turba alborotaron la ciudad” (ver 13:45). Cierran las puertas de la sinagoga para
los apóstoles al ver la conversión de los gentiles y la deserción de personas próximas a aceptar la
tradición hebrea. Prefieren esta forma de confrontación a la que Pablo propone. Esto continúa por cierto
tiempo, produciendo una conmoción en la ciudad. La turba finalmente asalta “la casa de Jasón”
procurando “sacarlos al pueblo” para ser juzgados por un concilio popular. Los misioneros no son
hallados en la casa, quizás porque tal como leemos en las cartas de Pablo a la iglesia, están trabajando
para ganarse el sostén (1 Ts. 2:9; 2 Ts. 3:8).
No obstante, los asaltantes “trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad 3
acusándolos concretamente: 1) “estos que trastornan el mundo entero también han venido acá”; 2)
“todos estos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús”.
Lo primero quiere decir que debido al contenido de la predicación están provocando una sedición. El
verbo
significa excitar, inestabilizar, de modo que el trastorno se interpreta en términos de
subversión (comp. 21:38). Es un cargo de alta traición, hecho sobre la misma base con la que el Señor
Jesús había sido acusado de sedición delante de Pilato. Sus vidas corren serio riesgo.
Lo segundo explica que ya sea por celo, por ignorancia o malentendido, la predicación de Pablo
sobre la segunda venida de Cristo había causado falsas expectativas para unos y alarma para otros. Los
acusadores tienen su propia interpretación del tema y denuncian al evangelio como una propaganda a la
subversión. Según ellos, la inminente venida de Cristo es para expulsar al Imperio Romano y entronizar
a Jesús como soberano. El término parousia utilizado por Pablo, es el que empleaban en el imperio para
anunciar la visita del emperador. Según Pablo mismo aclara posteriormente en sus cartas, lo que él
enseñó había sido mal entendido (2 Ts. 2:1–2), y había traído confusión.
Los acusadores “alborotaron al pueblo” y a las autoridades de la ciudad, pero no pueden lograr lo
que desean porque los politarcos tienen buena disposición para con los misioneros y evalúan los cargos.
Estos magistrados no pueden descartar lo que oyen porque es muy grave; pero utilizando una dosis de
sabiduría siguen el curso más aconsejable. Consiguen que Jasón y los demás juramenten que harán salir
de la ciudad a Pablo y sus compañeros y evitarán que retornen. Esta política estará vigente por el tiempo
pactado. Pablo denomina a este arreglo como un estorbo de Satanás (1 Ts. 2:18). En tanto, los judíos
continúan fomentando la persecución contra la iglesia recientemente constituida, a fin de desanimar a
los creyentes (1 Ts. 2:13; 3:3). Es posible que algunos vacilen (1 Ts. 2:14), pero el grueso se convierte
en fuertes y constantes propulsores del mensaje, y transforman a Tesalónica en uno de los centros más
importantes de su día (1 Ts. 1:7–8).
LA PREDICACIÓN EN TESALÓNICA
Es evangelística (v. 3)—Cristo es el tema central (comp. Dt.
18:15).
Basada en las Escrituras—Pablo no utiliza argumentos
humanos sino la Biblia (comp. Gn. 49:10; Is. 40:1–10; Mi. 5:2–
6, etc.)
Utiliza la vehemencia: El gr. dialegomai significa explicación
y alegato mostrando pruebas (Is. 28:16) (ver Hch. 17:17; 19:8,
9).
Gana personas (v. 4) “devotos griegos”
Son muchos—“gran número”
Son gente de influencia—“mujeres nobles”
Se comprometen—“se juntaron a Pablo y Silas”
Genera oposición (v. 5)
La fuerza de la envidia—Mr. 15:10; Ro. 1:29 desata el mal.
El servilismo de las masas—Mt. 26:47; Hch. 16:22 modifica
3
“Las autoridades de la ciudad” eran denominadas “politarcos”. Este título se usaba en la mayoría de los casos
para magistrados en las ciudades de Macedonia (F.F. Bruce). Tesalónica es una ciudad “libre” y los ciudadanos
pueden elegir sus propios politarcos.
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rápidamente de actitud.
El poder revolucionario del evangelio (v. 6)—Los enemigos
dicen la verdad sin saberlo: el evangelio trastorna el mundo.
La falsedad de la iniquidad (v. 10)—cargos falsos de sedición
contra el imperio.
En verdad se oponen porque es una doctrina nueva y no
quieren pensar (comp. 1 R. 18:17; 22:7, 8).
E. La presencia en Berea (17:10–15)
El arreglo logrado por los magistrados de Tesalónica no es del agrado de los judíos; sin embargo, se
ven gratificados con la desaparición de escena de los misioneros. Fue imposible que se quedaran en
Tesalónica porque exponían a muerte a Jasón y “los demás”. De modo que salen a toda prisa,
procurando la noche para evitar la venganza de los adversarios.
10
Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo
llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. 11Y éstos eran más nobles que los que estaban en
Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para
ver si estas cosas eran así. 12Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no
pocos hombres. 13Cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea era anunciada la
palabra de Dios por Pablo, fueron allá, y también alborotaron a las multitudes. 14Pero inmediatamente
los hermanos enviaron a Pablo que fuese hacia el mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí. 15Y los que
se habían encargado de conducir a Pablo le llevaron a Atenas; y habiendo recibido orden para Silas y
Timoteo, de que viniesen a él lo más pronto que pudiesen, salieron.
Abandonando la Vía Ignacia, Pablo y Silas viajan unos 60 kilómetros hacia el oeste hasta llegar a
Berea. Al sábado siguiente van a la sinagoga para recibir una agradable sorpresa. Aunque Lucas no dice
la causa, estos judíos son más generosos y amplios que los de Tesalónica. Oyen atentamente a Pablo y
reciben “la palabra con toda solicitud”, es decir que escuchan con profunda atención, y gratamente
impresionados por el mensaje, examinan “cada día las Escrituras” para cotejar juntamente con Pablo la
confirmación de lo que predica, o como dice nuestro texto, “para ver si estas cosas eran así” (v. 11).
El estudio trae convicción a sus corazones, “así que creyeron muchos de ellos”. El examen de las
Escrituras en busca de la verdad tiene sus resultados, porque lo hacen con integridad y sin prejuicios.
Muchas “mujeres griegas de distinción y no pocos hombres” se suman a los cristianos, transformando
las jornadas de labor en una experiencia grata y totalmente singular en la vida de los misioneros. Aun
los que no comparten la enseñanza se mantienen cautelosos sin provocar hostilidad alguna. Así se crea
una buena relación con la sinagoga. Entre los convertidos figura Sópater (20:4), que se une a la caravana
que acompaña a Pablo hasta Asia.
Seguramente las cosas andan por el camino de la prosperidad durante dos o tres meses, pero de
repente se encuentran con la oposición porque “cuando los judíos de Tesalónica supieron que también
en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron allá, y también alborotaron a las
multitudes” (v. 13). Los judíos de Tesalónica repiten la experiencia de los de Antioquía de Pisidia e
Iconio en Listra (14:19), usando las tácticas que han sido exitosas en su ciudad. Acusan a los misioneros
de traición y enfurecen a los contrarios, sobre todo a la turba.
Pablo es en especial el blanco del ataque, y la hubiera pasado mal si no hubiese sido arrestado por la
segunda turba con la misma acusación. Estrechamente vigilado, no conviene que siga por tierra, de
modo que los hermanos le proveen escolta y “enviaron a Pablo que fuese hacia el mar”, como si tuviera
la intención de navegar desde el puerto de Pidna. No sabemos si embarcó, o si una vez que abandona la
ciudad, sus guías toman hacia el sur y lo conducen por tierra hasta llegar a Atenas—un viaje de más de
400 kilómetros—, dejando órdenes para que “Silas y Timoteo viniesen a él lo más pronto que pudiesen”
(v. 15).
F. La llegada a Atenas (17:16–34)
Antes de ingresar en la importante tarea que Pablo desarrolla en esta ciudad, es bueno repasar las
circunstancias para descubrir algunas decisiones que tanto él como sus compañeros debieron tomar.
Aunque Pablo tiene bastante labor por delante en Atenas, es su esperanza que con los informes
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favorables que trajeran Silas y Timoteo pudiera volver para continuar los trabajos interrumpidos. Pero
cuando estos dos colaboradores llegan le dan noticias desalentadoras. La animosidad de los judíos de
Tesalónica que lo habían perseguido hasta Berea seguía firme, más vale en aumento (1 Ts. 2:14–16). De
modo que es imposible que vuelva. Pero está preocupado por los hermanos porque teme que el
terrorismo los haga vacilar de su confianza en Cristo. Tampoco puede abandonarlos a su suerte, sin
hacer un esfuerzo.
Decide, entonces, que Timoteo vaya a Tesalónica para animar y consolar a los creyentes
perseguidos. Es una carga pesada para el joven evangelista, que tal vez Silas hubiera cumplido mejor,
pero no es prudente enviar a éste, dadas las circunstancias. De modo que envía a Timoteo, no sabemos si
por tierra o por mar con algún buque costero. Como el problema es serio en toda la región, también Silas
deja a Pablo y se va probablemente a Filipos. Pablo se queda solo en Atenas. 5
16
Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la
idolatría. 17Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que
concurrían.
Pablo no tiene la intención de predicar en Atenas, porque anhela retornar a Macedonia a donde había
sido llamado. Sin embargo, la circunstancia de encontrarse providencialmente en un campo tan
necesitado, le hace ver que la mano de Dios le ha conducido a un ministerio mucho más extenso.
Atenas, que es preeminente en arte, literatura y filosofía, tiene una extraña aptitud hacia la religión.
1) La observación de Pablo
La ciudad de Atenas se parece a Roma por la disposición de dar la bienvenida a todo tipo de sectas y
cultos extraños. Está atestada de templos, figuras y altares que impactan la mirada de Pablo.
El hermoso templo (Partenón) dedicado a la diosa Atena edificado en el siglo V AC, deslumbra por
su arquitectura, riqueza y arte colosales. La diosa de marfil hermosamente adornada con oro y piedras
preciosas despierta la admiración de todos. Además de esculturas conocidas (Júpiter, Venus, Apolo,
Baco, Diana, etc.) hay una infinidad de altares a otros dioses menos conocidos que dan vida al dicho que
en Atenas es más fácil hallar a un dios que a un hombre.
Mientras Pablo espera a Silas y Timoteo (v. 16) “su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada
a la idolatría”. Aunque parece admirar la belleza de las esculturas, en su corazón hay un profundo
rechazo a todo aquello. La ciudad con su idolatría y la plaza con sus debates huecos le producen un
extraño impacto. El verbo “enardecía” (gr.
) es muy fuerte e incluye provocación, irritación,
violencia interior (comp. 15:39; 1 Co. 13:5; He. 10:24), y muestra el estado de ánimo de Pablo por lo
que ve. Contento con las apariencias, el pueblo está sumergido en el miedo, la culpa y la confusión
espiritual. Para Pablo el arte, la belleza natural, la tradición, así como la filosofía y las letras, han
perdido valor y se han convertido en un obstáculo para que esas personas lleguen a solucionar el
problema espiritual de sus almas. El adjetivo k
que Lucas utiliza, significa más que
simplemente vivir en la idolatría. Significa estar “bajo la idolatría”. No solamente hay ídolos, sino que
éstos dominan la vida ciudadana. Pablo se encuentra en una fortaleza de Satanás.
Dios había advertido a Israel contra toda relación con la idolatría porque muy pronto caerían en la
misma situación y provocarían la irritación divina (Ex. 34:7; Dt. 5:8; 9:7). El programa del diablo para
desplazar a Dios ha sido humanamente exitoso en muchas áreas. El siervo de Dios siente indignación
por la vigencia de la idolatría; su ardor contra lo que contempla demuestra su reverencia por Dios.
Siente un celo santo y aborrece toda la provocación del paganismo contra su nombre. La idolatría
denigra a los hombres y los aparta del verdadero culto.
5
Atenas era en tiempos antiguos la famosa capital de Ática, uno de los estados griegos. Hoy es la capital de
Grecia. La ciudad lleva el nombre de su diosa patrona Atene. Está edificada en torno a una colina rocosa llamada
Acrópolis donde estaba el castillo de la municipalidad y a una distancia de 6 o 7 km. del mar. De acuerdo a la
tradición había sido fundada por Cecrops de Egipto en los alrededores del año 1556 AC. En el 594 AC Solón dictó
su constitución. El período de mayor gloria para los atenienses fue durante el gobierno de Pericles (459–431 AC)
quien levantó hermosos edificios públicos e hizo florecer la literatura y el arte. Aunque fueron desafortunadas
varias guerras que mantuvo posteriormente, los conquistadores la trataron con generosidad, permitiendo que
retuviera su antigua libertad. Aun los romanos que entraron en el 146 AC y la constituyeron parte de la provincia
de Acaya, permitieron la libertad de las instituciones.
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La reacción de Pablo (v. 18)
18
Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué
querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba
el evangelio de Jesús, y de la resurrección.
No le falta oportunidad para iniciar su predicación, pero primero estudia bien la situación. El v. 17
muestra los tres tipos de personas a los cuales presenta la verdad. Primero, como es su costumbre (v. 2)
va a la sinagoga aunque en verdad el impacto lo tiene con el pueblo que concurría a la plaza. Con los
judíos y piadosos inicia la discusión que ya se ha planteado en Tesalónica. Trata de confirmar que Jesús
es el Mesías de las Escrituras. Tal como en el v. 2, Lucas utiliza el verbo “discutir”, demostrando la
firmeza de la posición de Pablo frente a los argumentos de los religiosos. En segundo lugar, también lo
hace “en la plaza cada día con los que concurrían”, echando mano a una ventaja natural para alcanzar al
pueblo. Es la modalidad de los filósofos conferenciar y hablar públicamente en la plaza. Pablo
aprovecha la costumbre y dialoga con los ciudadanos interesados “en oír algo nuevo” (v. 21). Así se
establecen intercambios de preguntas y respuestas que para algunos es el modo de pasar el tiempo, y
para otros de conocer algo nuevo. Sin embargo, con Pablo sucede otra cosa, porque su mensaje provoca
un interés genuino en el pueblo. Su popularidad muy rápidamente lo involucra en un problema de celos
con los filósofos.
Nos encontramos con el tercer tipo de personas que muestra el v. 17 y con las cuales Pablo se
enfrenta ásperamente: los filósofos. Éstos, que pertenecían a dos escuelas distintas de pensamiento, 6 se
ponen de acuerdo para investigar al apóstol. Los epicúreos insistían en que el placer de la vida presente
es lo mejor que podemos ansiar, y los estoicos—que derivan su nombre del griego stoa o pórtico (lugar
donde solían enseñar)—, la sujeción al fatalismo. Ninguna de las dos escuelas cree en la vida después de
la muerte y mucho menos en el juicio ante un Dios personal, porque son panteístas (Dios puede ser todo
lo que nos rodea).
Ambos tipos de pensadores ven a Pablo como a un intruso sin autoridad que enseña en su propio
terreno. Se olvidan por un momento de sus rivalidades y arremeten juntos contra él. Algunos, para
menospreciarle, le tildan de “palabrero” (gr. spermologos), un término del lunfardo ateniense compuesto
por dos palabras: sperma (semilla) y
(juntar), dicho del pájaro que pica por aquí y por allí (Mt.
13:4). Posteriormente la palabra parece haberse utilizado para una persona acostumbrada a vivir a costa
de los demás, mendigando en calles y mercados, levantando todo lo que caía de las cargas. De ahí que
signifique parásito, o alguien que vive a expensas de otro. En el caso que nos ocupa quiere decir que el
enseñador no tiene ideas propias ni originales sino que une conceptos que ha “juntado” por aquí y por
allí.
Otros, en cambio, son más serios. La predicación del apóstol no contiene restos filosóficos juntados,
sino un tema definido muy diferente y concreto de carácter histórico y teológico. Se trata de la pasión
del Señor Jesús, su resurrección y retorno. Como ponen poca disposición para oír, reconstruyen el
mensaje como les parece mejor: “Parece que es predicador de nuevos dioses”, que era uno de los
temores de los filósofos, y por cuya razón habían condenado a alguno de sus más prestigiosos
predecesores (Sócrates entre otros). Los “nuevos dioses” para ellos eran dos: Jesús y la resurrección,
6
Epicúreo (341–270 AC). Filósofo que creía que el universo es eterno e infinito y está compuesto por la unión
casual de átomos indivisibles e inmutables. El mejor bien es el placer, definido por él como la paz de la mente.
Los placeres intelectuales eran los más grandes. Los seguidores de Epicúreo sostenían que los dioses estaban
desinteresados en la vida humana y que por lo tanto debemos disfrutar el presente en lugar de preocuparnos
por el futuro.
Los estoicos, por su parte, eran una escuela filosófica fundada por Zenón (340–265 AC) basada en la vigencia
de la naturaleza y la necesidad de vivir en armonía con la ley natural. Según el estoicismo, el mundo es material
pero permeado de energía divina (fuego, espíritu y razón o designio) (Logos). El hombre debe sujetar sus
pasiones a la razón y a las leyes de la naturaleza. De ahí que el estoico en el pensamiento popular vive sobre el
dolor y el placer. (Donald Kauffman, The Dictionary of Religious Terms, págs. 171, 402).
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tomando a esta última como una diosa unida a Jesús. Tenemos entonces a: Jesús y su consorte Anastasis
(resurrección). Crisóstomo es el primero que sacó esta conclusión.
Las mentes paganas no parecen preparadas para oír de un solo Dios verdadero y su manifestación
encarnada en Jesucristo. Tanto en Listra con la gente del pueblo, como ahora entre los más educados, la
confusión es grande y difícil. Las reacciones—aunque distintas—dan lugar a conclusiones diferentes en
cuanto a la verdad.
19
Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de
que hablas? 20Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto.
21
(Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí en ninguna otra cosa se interesaban sino
en decir o en oir algo nuevo.)
La corte que debe juzgar estos casos es el Concilio del Areópago. La palabra Areópago (en griego
son dos palabras) significa Colina de Ares, siendo Ares el equivalente griego de Marte. Estaba ubicada
al noroeste de la Acrópolis y había sido el lugar donde se reunía el augusto tribunal creado por el sabio
Solón. En los tiempos del NT el nombre se refería al concilio y no al lugar en sí. La principal función de
esta corte—cuyos poderes habían disminuido sensiblemente—era la investigación de casos de
homicidio, sacrilegio, conspiración o traición. Supervisaba la vida cívica, castigando la inmoralidad e
impulsando la educación. Se reunía por lo general en el pórtico real de la plaza. En esta oportunidad
debe investigar el cargo contra Pablo de ser predicador de “nuevos dioses” y de introducir formas
nuevas de adoración.
Está en juego el prestigio de los filósofos y en su resentimiento olvidan ciertas normas de cortesía.
El texto dice: “Y tomándole, le trajeron al Areópago” (v. 19) mostrando que lo arrestaron, y le
preguntaron: “¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?” Las sesiones del concilio
eran abiertas, de modo que cuando Pablo se pone en pie para responder a la pregunta, no se halla frente
a los jueces solamente, sino a una cantidad de otras personas, algunos espectadores curiosos y otros
asistentes inquietos. Aprovecha la oportunidad no sólo para responder, sino además para producir una
defensa del evangelio que pueda satisfacer el hambre espiritual de muchos presentes.
3) El discurso de Pablo (vv. 22–34)
22
Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo
que sois muy religiosos; 23porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el
cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle,
es a quien yo os anuncio. 24El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del
cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, 25ni es honrado por manos de
hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. 26Y de
una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra y les
ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; 27para que busquen a Dios, si en
alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.
28
Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han
dicho: Porque linaje suyo somos. 29Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad
sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. 30Pero Dios,
habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo
lugar, que se arrepientan; 31por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia,
por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. 32Pero cuando
oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de
esto otra vez. 33Y así Pablo salió de en medio de ellos. 34Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre
los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
Pablo logra su deseo y se dispone a pronunciar un discurso sintetizado por Lucas en estos versículos.
Lo que ha dicho hasta el presente son tentativas preparando el terreno para decir todo lo que siente. El
discurso es exactamente lo que un predicador debe presentar ante un auditorio de filósofos. Tiene que
responder en el lenguaje de ellos al cargo de estar introduciendo “nuevos dioses”. Debe mostrarles que
son ellos los que han dado la bienvenida a esas deidades y les han levantado un altar. Pero además, tiene
que utilizar bien la oportunidad, sumando a su agudeza, tacto y honestidad.
Como si hubiera utilizado las reglas modernas de la homilética, Pablo divide su discurso en tres
partes:
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Introducción: “Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos”. Pablo toma como
introducción el miedo griego a los dioses y así inicia su exposición. El término “religioso” puede
traducirse “temeroso de dioses paganos”—aunque aparentemente decir “religioso” o “reverente” parece
ser un cumplido, y puede también interpretarse como una ironía. Aunque son religiosos, son ignorantes.
Los epicúreos adoraban a dioses simbólicos porque su maestro les había enseñado que el bien más alto
en la vida era la felicidad, y que la infelicidad en general partía de los dioses que premiaban o
castigaban. Para tener tranquilidad, entonces, había que quitar el miedo a los dioses. Los estoicos, en
cambio, creían en muchos dioses (panteístas). El “Dios no conocido” es uno entre miles de deidades
mitológicas. Para ellos, es un dios todo ser viviente que puede gobernar la vida humana. Cada dios está
sometido a otros dioses, siendo Zeus el más grande. Nos imaginamos ahora el apremio de Pablo por
sacar a Dios de ese altar (para unos simbólico y para otros panteísta) a fin de ponerlo en el lugar que le
corresponde.
(b) Desarrollo—Dios es el Creador: “El Dios que hizo el mundo …” (Sal. 19:1, 6). Esta manera de creer
en un mundo diseñado y creado es totalmente opuesta a la filosofía epicúrea de la combinación casual
de átomos y la aparición desconocida del universo. Es también totalmente distinta a la actividad
vengativa de los muchos dioses estoicos. Dios puede revelarse por la creación (Ro. 1:19). Las obras que
componen el vasto universo hablan de la infinitud de su Creador (Is. 42:5; Hch. 14:15) (comp. Is. 37:17;
Jer. 23:24).
Dios es el Señor de la creación: “Siendo el Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos
hechos por manos humanas”. El conflicto sobre la jurisdicción de los dioses había sido el principal
factor para las muchas deidades en distintas esferas. Dios es “el Señor del cielo y de la tierra”, no forma
parte de la creación, en consecuencia es vigorosamente trascendente (7:48–50; 1 R. 8:27; Is. 66:1–2).
Por esta razón “no habita en templos hechos por manos humanas” (comp. Jn. 4:20, 21). Cualquier
intento para localizarlo sea por la religión o por la filosofía es una acción fallida y ridícula (2 Co. 6:18;
Dn. 2:28).
Dios es el Sustentador de lo creado: “El es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (v. 25).
Posiblemente aquí Pablo usa dos conceptos que ellos predican: Por ser Dios la fuente de vida (v. 28)—
estoicos—, no necesita auxilio de los hombres—epicúreos—para que estén atentos al principio bíblico
de providencia (Sal. 50:9–12; Mi. 6:6–8). Si él es el sustento de todo, es impensable que algo o alguien
tenga que sostenerlo a él (14:17; He. 1:3).
Dios es el Legislador de la vida: “De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres”. Adán es el
progenitor de nuestra raza. Los atenienses aseguraban ser superiores, nacidos de una casta especial de
inmigrantes milenarios que poblaron esa parte de su territorio. Pero aquí Pablo destruye cualquier
principio de superioridad o de creación especial. Al estudiar Ro. 5:12–20 podemos ver lo esencial que es
para la doctrina de la redención que la vida haya tenido comienzo en una persona. Además, les dijo que
Dios fijó los límites geográficos y las épocas de la historia mientras los hombres vivan “sobre toda la faz
de la tierra” (Gn. 2:6; 11:8; Lc. 21:35), mostrando su control sobre la marcha de las naciones (Is. 45:21;
46:10). El propósito principal suyo es que los humanos “busquen a Dios, si en alguna manera, palpando,
puedan hallarle” (v. 27). Dios suministra la vida, el sostén y todas las cosas para que los hombres lo
busquen. El suministro divino es para que las personas como seres racionales se den cuenta de que
alguien se interesa personalmente y procuren como ciegos “si en alguna manera, palpando, puedan
hallarle”. Pablo quiere que adviertan que las provisiones no son el resultado de la casualidad sino de la
presencia viva de Alguien “que ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros”.
Con estas declaraciones, Pablo veladamente les demuestra la ignorancia en que vivían, y les señala
que a pesar de todas las deducciones de su conocimiento, no han advertido la cercanía del Dios que
necesitan. Dios no es un Padre universal como algunos de ellos sostenían, sino personal. Y no es por un
problema de revelación que no lo hallan, pues “no está lejos de cada uno de nosotros”, sino un problema
de visión, porque ni “palpando” como no videntes son capaces de encontrarlo. De modo que no es Dios
que está lejos de nosotros, sino nosotros que estamos apartados de él.
Dios es el Padre de la raza humana: “Linaje suyo somos”. Para arribar a esta difícil conclusión,
Pablo echa mano a dichos de dos poetas muy respetados por ellos. El primero es: “porque en él vivimos,
nos movemos y somos” del poeta Epiménides del siglo VI AC. En sí misma esta cita no parece tener
mucha importancia, si no fuera por la segunda de la cual fue el prefacio: “como algunos de vuestros
propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos” (v. 28). Esta cita es de Arato, un poeta
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estoico del siglo III AC. En el dios Zeus de estos poetas estoicos está el Logos o principio universal que
anima todas las cosas. Su lenguaje, sin embargo, es altamente adaptable al Dios de la revelación. “Al
presentar a Dios como Creador y Juez, Pablo hace énfasis en su personalidad en contraste con el
panteísmo materialista de los estoicos”. 7
¿Por qué citó Pablo a autores profanos? Lo hizo para tomar los vestigios de verdad que abrigaban los
griegos utilizando la revelación general de Dios, y así ampliarlos y aplicarlos a su auditorio. En verdad,
tal como lo señalamos más arriba, Arato se refería a Zeus (y éste de ninguna manera es Dios), pero
como ellos identificaban a Zeus con el Logos, Pablo utiliza el argumento para su explicación. Nosotros
como cristianos sabemos que solamente son “familia” o descendencia (gr. genos) de Dios (1 P. 2:9)
todos los que han sido salvos por Cristo Jesús (Jn. 1:12). Al hablar de la creación, Dios es el origen de la
humanidad, y no otro. Todos los seres humanos llevan la imagen y semejanza del Creador (Gn. 1:26).
Pensando aun en un dios griego, si esa deidad tiene linaje, entonces no puede ser una piedra. Pablo,
al desarrollar su tesis les dice que ese Dios que ha descrito no puede ser “semejante a oro, o plata, o
piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres” (v. 29) porque dejaría de ser Creador para ser un
objeto de los creados (comp. Sal. 135:15–18; Is. 40:18). La idolatría, sea cual fuere el pueblo que la
practique o los modos en que la desarrolle, no tiene razón de ser y fue introducida para contrariar la
voluntad de Dios y para dar espacio al diablo (Lv. 19:4; 26:1; 1 R. 16:26; 1 Co. 5:11; 10:14; Col. 3:5).
La idolatría trata de someter a Dios a nuestros pareceres, procurando mostrarle la conveniencia de lo que
pensamos o hacemos. La idolatría es rebelión contra Dios.
(c) Conclusión—El argumento histórico–filosófico de Pablo que los filósofos reciben expectantes, tiene
una aplicación inesperada. El apóstol clarifica la presencia activa de Dios para ingresar posteriormente
en el terreno espiritual de la redención. Lo hace mostrando sus acciones presentes y futuras. En primer
lugar: Lo que Dios manda. Pablo puntualiza que la ignorancia no tiene justificativo. Los atenienses han
verificado por la inscripción en el altar que no conocen a Dios. Pero ahora, habiendo tenido una
explicación personal, esa ignorancia se les vuelve aguda responsabilidad.
El rechazo voluntario de la revelación los convierte en transgresores (Ro. 1:21) (comp. 1 Co. 1:21;
Ef. 4:18). En consecuencia, aunque Dios en su misericordia ha pasado “por alto los tiempos de esta
ignorancia” (comp. 14:16), no interviniendo en juicio como lo merecían, las cosas han cambiado. Ahora,
“manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (v. 30). Ahora que la revelación en su
persona está completa, ahora que Cristo ha venido y realizado su obra, ahora que quedó en evidencia el
fracaso de otros sistemas para la salvación, ahora Dios “manda”, es decir “da la orden” (5:28; 16:24)
para cumplir de inmediato. ¿Cuál es esa orden? “Que se arrepientan”. Imaginamos la incomodidad que
sienten al oír el término
que significa “cambio de percepción”. La mente es el asiento de la
reflexión o propósito, que esta gente tiene que cambiar (3:19; 5:31; 11:18; 20:21; 26:20). Arrepentirse
para ellos (como para los demás 2:38) es dejar una manera de ser para abrazar lo que Dios les demanda
(Mt. 21:29) con confesión y abandono del pecado (Lc. 15:18; Is. 55:7). Como ellos pensaban ser una
raza superior y tenerlo todo, esta primera conclusión del discurso resulta inquietante.
Pero Pablo en segundo lugar continúa diciendo lo que Dios hará. Es bueno notar que Dios dicta
leyes sobre todos los hombres y no solamente como una deidad jurisdiccional. Así como “ha prefijado el
orden de los tiempos y los límites de su habitación” (v. 26), también “ha establecido un día en el cual
juzgará al mundo con justicia” (v. 31). Aun nosotros, que sabemos que será así, nos sorprendemos de lo
mucho que dice Pablo en tan pocas palabras. Primero, que el juicio está decretado (Ro. 2:5, 16; 1 Ts.
5:2, 4); segundo que el juicio será universal: Dios “juzgará al mundo”, que es una cita tomada de los
Salmos donde se aclara cuál es el pensamiento de Dios (Sal. 9:8; 96:13; 98:9). Lo que Pablo quiere decir
es que nadie escapará al juicio divino—sean vivos o muertos, ricos o pobres, educados o ignorantes.
Tercero, el juicio será imparcial, “con justicia”, porque sacará a luz los secretos para que cada uno
conozca lo que ocurre y compruebe la actividad pura de Dios.
Finalmente, Pablo termina diciendo cómo hará Dios el juicio. El ha indicado que el Juez es una
persona determinada. Confirma la enseñanza de Dn. 7:13 y de la cual el Señor Jesús dio algunas
precisiones (Jn. 5:27). Pablo les dice que el juicio se realizará por medio de “aquel varón a quien
7
F.F. Bruce.
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designó”, sin dar su nombre porque no les hubiera interesado, pero sí su credencial: “dando fe a todos
con haberle levantado de los muertos” (v. 31; comp. 10:42).
Con esa encendida conclusión, Pablo les muestra que se refería a “Jesús y la resurrección”. Por eso
cuando lo oyeron “unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez”. Para ellos,
la resurrección del cuerpo era totalmente inaceptable.
En un ambiente general de rechazo (o indiferencia) “Pablo salió de en medio de ellos”, lo cual es en
sí ventajoso para su ministerio. Seguramente se fue animado porque “algunos creyeron, juntándose con
él”. Entre estos “estaba Dionisio”, un miembro del areópago, “una mujer llamada Dámaris y otros con
ellos” (v. 34). Posiblemente entre estos últimos se encuentre Estéfanas, a quien Pablo menciona cuatro
años más tarde en su primera carta a los corintios, como las “primicias de Acaya” (1 Co. 16:15).
Reflexión
Aunque algunos comentaristas critican este discurso de Pablo porque se aparta—según ellos—de la
propuesta evangélica del apóstol, a nosotros nos parece justo observar algunos detalles importantes.
Primero, tiene que exaltar la personalidad de un Dios que para los griegos es totalmente secundario.
Segundo, quienes trajeron al apóstol al foro quieren oír más de “Jesús y Anastasis” como dos deidades
complementarias. Para llegar a explicar ese tema tiene que comenzar desde el principio. Tercero, Pablo
tiene que limpiar el camino de los prejuicios filosóficos centenarios antes de llegar a su objetivo para
con los interlocutores.
La tarea es grande y difícil, pero la encara con sabiduría. Proclama a Dios como Supremo: es el
Creador, el Sustentador, el Legislador, el Padre y el Juez. Siendo lo que Dios es, muestra su relación con
los hombres no sólo revelándose por la naturaleza, sino muy especialmente por la redención. Aunque
Lucas no lo indica en el texto, Pablo también menciona la muerte de Cristo para poder explicar el
enigma de la resurrección (anastasis) y su importancia en el juicio venidero.
Pablo deja en claro la unicidad de Dios entre los dioses y su acción trascendente en favor de los
seres humanos a quienes ordena sujeción a él en vista de lo que acontecerá en el futuro. No espera una
respuesta, aunque la tiene, sino que quiere dejar en claro el evangelio del Dios viviente.
CAPÍTULO 25
G. La predicación en Corinto (18:1–22)
1
Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. 2Y halló a un judío llamado Aquila,
natural de Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que
todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, 3y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y
trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. 4Y discutía en la sinagoga todos los días de
reposo, y persuadía a judíos y a griegos. 5Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo
estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el
Cristo. 6Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea
sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles. 7Y saliendo de allí, se fue a
la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga. 8Y Crispo, el
principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían
y eran bautizados. 9Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no
calles; 10porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo
mucho pueblo en esta ciudad. 11Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.
(18:1–11)
Pablo abandona Atenas, el centro intelectual del mundo antiguo para dirigirse a Corinto, una ciudad
totalmente diferente. Es un gran centro comercial, capital de la provincia romana de Acaya. Su
prosperidad se debe, en parte, a su posición geográfica privilegiada en el estrecho istmo que une el
Peloponeso con el continente. Esta es una franja de tierra de unos 6 o 7 kilómetros de ancho que permite
la formación de dos importantes golfos, uno a cada lado. Así los buques de oriente descargan en
Cencreas y los de occidente en Lecaem (Lejaion). El istmo sirve para transportar la mercadería de un
puerto a otro tomando la carretera para llevarla hacia el interior. Si a este tráfico le agregamos los juegos
atléticos ístmico (casi como los olímpicos), nos damos cuenta de la importancia que Corinto había
adquirido desde que Julio la convirtió en colonia romana en el año 27 AC.
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Corinto era una ciudad rica y próspera. Lamentablemente no era ésta la distinción más sobresaliente,
porque en la cima del Acrocorinto había un templo dedicado a Afrodita 1 con un millar de prostitutas
libres para todos los “adoradores”, especialmente los hombres del mar. Aunque no tanto como Atenas,
Corinto también era conocida por su renombre intelectual, su arte, pinturas, estatuas y esculpidos en
bronce.
PABLO EN CORINTO
El trabajo de siervo
Fabricando carpas durante la semana.
Discutiendo en la sinagoga cada sábado.
Las amistades de obrero—Aquila y Priscila
Tenían la misma nacionalidad.
Habían sido todos despreciados.
Tenían el mismo oficio (1 Co. 4:12; 9:9 y sig.; 1 Ts. 2:9).
Experimentaron la misma convicción (Aquila y Priscila aprendieron a ayudar a otros—Ro.
16:3–5).
El mensaje del misionero
Cuando Silas y Timoteo vinieron lo ayudaron en la labor manual (2 Co. 11:9). Entonces tuvo
tiempo para la palabra (1 Co. 9:16).
Pablo habla primeramente a los judíos—el testimonio fue rechazado (18:6) (comp. Ez.
33:8, 9).
Después habló a los gentiles:
trabajó primero (18:11);
vio resultados después (comp. 1 Co. 1:14; 16:5).
Los riesgos del hombre de Dios
La promesa de protección (vv. 9–10) (1 Co. 2:3).
La promesa se cumple (vv. 12–13).
Los acusadores derrotados (vv. 15–17).
“Después de estas cosas”, es decir de la actividad que había desarrollado y sus consecuencias,
“Pablo salió de Atenas y fue a Corinto”, un viaje de aproximadamente 65 a 70 kilómetros. El orgullo y
la inmoralidad que observa en el viaje y sus primeras impresiones de la gran ciudad lo hacen reflexionar
mucho. Probablemente, es ésta la experiencia que posteriormente describe diciendo: “Y estuve entre
vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras
persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (1 Co. 2:3–4). Los
corintios se sientes fuertes con una bella ciudad que disfruta de un status político muy especial, y Pablo
está humillado ante la tarea de tener que enfrentarlos con la cruz de Cristo.
1) Pablo se relaciona con Aquila y Priscila
Al llegar a Corinto, Pablo posiblemente es recibido por Estéfanas, pero no quiere abusar de su nuevo
convertido y se hospeda definitivamente con Aquila y Priscila, un matrimonio con quienes traba una
profunda amistad. Éstos son un modelo para las iglesias de aquellos días, y con su conducta fortalecen
las enseñanzas de Pablo. Aquila había nacido en el Ponto, en la costa sur del Mar Negro (Euxino) y
posteriormente había emigrado a Italia.
En tiempos del emperador Claudio, se producen en Roma constantes enfrentamientos religiosos a
causa del evangelio, por lo que el monarca opta por expulsar a los judíos de sus contornos. Entre estas
expulsiones, hay algunas de judíos cristianos; tal es el caso del matrimonio de Priscila y Aquila (v. 2).
Sabemos que comprometidos con el evangelio viajan posteriormente a Éfeso y tal vez a otros lugares
(18:18, 19, 26; Ro. 16:3; 2 Ti. 4:19). Aquila y Priscila se ubican en Corinto, porque como capital de la
provincia y centro de la administración militar, tienen allí abundante oportunidad para comerciar con el
trabajo que realizan.
La raza, la fe y el trabajo los une a Pablo y tal como lo dice el texto, “Pablo fue a ellos, y como era
del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos” (v. 3), “pues el oficio de ellos era hacer
1
Diosa griega del amor y belleza, correspondiente a la romana Venus y a la semita Astarte.
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tiendas”. 2 Aunque Pablo tiene la convicción de que los creyentes deben sostener a sus enseñadores (1
Co. 9:11; Gá. 6:6), usa otra filosofía para su caso particular (comp. 20:24; 1 Co. 9:12; 2 Co. 12:13; 1 Ts.
2:9; 2 Ts. 3:8) quizás por tres razones: a) visitando las sinagogas quiere mantener el principio de los
rabinos sobre el sostén de los enseñadores; b) quiere prevenir que la crítica de los judíos se una a la de
los hermanos carnales (1 Co. 9:15; 2 Co. 11:7); y c) desea evitar ser una carga pesada para iglesias
incipientes.
Hoy se denomina “ministerio de fabricante de carpas” a los que manteniendo el principio de
autosostén predican el evangelio, especialmente en aquellos países donde es difícil obtener visa para
alguien en calidad de misionero.
Aunque no le quedan muchas fuerzas durante la semana después de un trabajo tan pesado, “discutía
en la sinagoga todos los días de reposo y persuadía a judíos y a griegos” (v. 4). Otro manuscrito dice:
“Yendo a la sinagoga cada día de reposo, discutía introduciendo el nombre del Señor Jesús,
persuadiendo no solamente a judíos, sino también a griegos”.
Este posiblemente es un cambio en el método de Pablo, especialmente mientras espera a Silas y
Timoteo. Cuando leen y estudian las Escrituras, Pablo inserta una reflexión oportuna sobre el nombre
del Señor Jesús, con lo que obtiene resultados positivos porque muchos se persuadían (13:43; 19:8).
Esto continúa así por varias semanas hasta que “Silas y Timoteo vinieron de Macedonia” (v. 5).
Silas vino de Filipos con otros hermanos (2 Co. 11:9), trayendo además de los saludos, una generosa
ofrenda. La contribución no puede ser más oportuna porque libera a Pablo de la labor diaria,
permitiéndole proseguir más de lleno en el ministerio de la palabra. Además, llega también Timoteo
desde Tesalónica. Le trae información acerca de los sucesos en el seno de la iglesia (1 Ts. 2:14–16) y el
consejo que necesita. La persecución ha continuado y se ha tornado más feroz aun (1 Ts. 3:6–7), pero la
fe de los hermanos crece. Por otro lado, tal como ya lo hemos estudiado, la interpretación errónea sobre
la venida del Señor dañó las relaciones políticas con las autoridades del imperio (17:7; 2 Ts. 2:2–3).
Así que Pablo, habiendo abandonado la fabricación de carpas, “estaba entregado por entero a la
predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo” (v. 5). Durante un tiempo no
encuentra dificultades, pero los judíos vigilan con preocupación el progreso del evangelio, hasta que el
celo pudo más que la prudencia y se lanzan a una oposición abierta y despiadada (comp. 13:51; 22:22).
Pablo les dice “sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza; yo, limpio; desde
ahora me iré a los gentiles”. El dicho tomado del libro de Ezequiel muestra la responsabilidad completa
de ellos asumida por la decisión de oponerse (Ez. 18:13; 33:4) (comp. Mt. 23:35; 27:25; Hch. 20:26).
2) Pablo se dedica a los gentiles
El v. 7 dice que Pablo “saliendo de allí [la sinagoga], se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso
de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga”. En esta corta frase, Lucas dice más de lo que leemos a
simple vista. Dice que Pablo abandona la jurisdicción judía para entrar en casa de un gentil donde
pueden ser alcanzados los que realmente están interesados. Justo es un ciudadano romano perteneciente
a la colonia radicada en el lugar. Es “temeroso de Dios” (comp. 10:2) y gustoso de que su hogar sirva
para la extensión del mensaje.
Es notable que el primer creyente sea “Crispo, el principal de la sinagoga”, quien está a cargo de los
servicios (13:15). Este “creyó en el Señor con toda su casa”, y siguiendo su ejemplo “muchos de los
corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (v. 8). Crispo juntamente con otros se cuentan entre los
primeros corintios admitidos en la iglesia (1 Co. 1:14). La misión entre los gentiles comienza a tener
fuerte arraigo. Dios aprueba la decisión de Pablo de dejar la sinagoga, dándole una visión en la cual el
Señor Jesús le dice: “No temas, sino habla, y no calles” (comp. 9:10, 12; 10:3; 12:9; 16:9). Según el
testimonio de Pablo (1 Co. 2:3), él llega a la ciudad “con debilidad y mucho temor y temblor”, pero
2
“El llamado de Pablo está relacionado con la principal manufactura de su provincia natal: el cilicio, que era un
tejido preparado con cuero de liebre, usado para hacer carpas, cortinas, etc. Aunque el sentido etimológico de
es fabricante de de tiendas (o carpas), su significado real en ese momento era talabartero. Como la
enseñanza de los escribas y rabinos tenía que ser gratuita (por lo menos en teoría), tenían que ganar su sustento
de otro modo y muchos sumaban el comercio al estudio y enseñanza de la ley, método recomendado por el
Rabban Gamaliel III” (F.F. Bruce, pág 343).
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ahora recibe una palabra de ánimo diciéndole: “Yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano
para hacerte mal” (v. 10).
Además, con la confirmación “yo tengo mucho pueblo en esta ciudad”, Pablo debe pensar que su
ansiado retorno a Macedonia tiene que postergarse para concentrarse en las labores en Corinto. Pablo y
sus compañeros dedican tanto tiempo discipulando, que esta iglesia se transforma en una de las más
importantes plantadas por él. Sin embargo, no puede erradicar de su seno las consecuencias del orgullo,
el disenso y la tolerancia a la inmoralidad que tan malos resultados le trae. Durante el año y medio que
“se detuvo allí” (v. 11), Pablo extiende el mensaje al puerto de Cencreas y a otras partes de la provincia
de Acaya (Ro. 16:1; 2 Co. 1:1). Además durante su estadía escribe las dos primeras cartas dirigidas a la
iglesia en Tesalónica.
3) Pablo se enfrenta con la oposición
12
Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo,
y le llevaron al tribunal, 13diciendo: Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley. 14Y al
comenzar Pablo a hablar, Galión dijo a los judíos: Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh
judíos, conforme a derecho yo os toleraría. 15Pero si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de
vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas. 16Y los echó del tribunal.
17
Entonces todos los griegos, apoderándose de Sóstenes, principal de la sinagoga, le golpeaban delante
del tribunal; pero a Galión nada se le daba de ello. (18:12–17)
LA SITUACIÓN EN EL CAMPO DE LABOR
La intolerancia religiosa (v. 12)
La razón de la oposición a Pablo: simplemente “persuade” a la gente a adorar a Dios. Lo
hace de modo distinto.
El espíritu de antagonismo: Hablar y trabajar hasta provocar un espíritu de insurrección.
Los medios utilizados para la rivalidad: La envidia que sustituye al argumento. El abuso
cambia las condiciones legales.
La sobriedad del magistrado romano (vv. 14, 15)
No escucha argumentos falaces.
Juzga que los temas religiosos no están bajo su jurisdicción.
La represalia opositora (v. 17)
Toma la justicia en sus manos: golpean a Sóstenes.
La recompensa para el hombre conflictivo: Sóstenes había actuado primero contra Pablo y
ahora el castigo es para él.
El poder del evangelio: Sóstenes llega al conocimiento de la verdad y cambia su vida (1 Co.
1:2).
Acaya era una provincia senatorial gobernada por un procónsul que mantenía su mandato durante un
año. Cuando se inició una nueva administración, los judíos creyeron que había llegado la oportunidad
para ellos. El nuevo procónsul, hermano del filósofo Séneca, se llamaba Junio Anneo Galión y había
iniciado su labor en julio del año 51 DC. Tenía cualidades de persona honrada y amable.
Equivocando amabilidad por debilidad, los judíos piensan que pueden fácilmente ganar el favor del
magistrado. Se levantan “de común acuerdo contra Pablo”, mostrando la feroz animosidad que por tanto
tiempo los ha caracterizado. Mientras predica—posiblemente esta vez en la plaza pública—lo llevan “al
tribunal”, ejerciendo la libertad que el imperio les concede. El tribunal era una plataforma en medio de
la agora (plaza) frente a la residencia del procónsul y servía de foro para juzgar distintos casos. 3 El
término tribunal indica que puede haber acusadores y defensores en presencia de un nutrido auditorio.
Los judíos, lejos de mostrar la astucia de los tesalonicenses (17:6–7), proponen un cargo ambiguo que
3
El vocablo griego
, traducido aquí tribunal, significa en primera instancia un lugar donde asentar el pie
(Hch. 7:5) y se lo utilizaba para indicar un lugar alto o plataforma a la cual se accedía por medio de escalones. La
palabra llegó a ser utilizada con respecto a una tribuna. Dos de ellas se proveían en la corte de justicia
(tribunales) de Grecia, una para el acusador y una para el defensor. Se la utiliza para el tribunal de un
magistrado o gobernador romano (Mt. 27:19; Jn. 19:13; Hch. 12:21). En dos oportunidades la palabra se usa con
respecto al tribunal divino ante el cual los creyentes han de comparecer (Ro. 14:10; 2 Co. 5:10) (W. E. Vine).
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no tiene ningún sentido político. ¿Cuál era la ofensa? “Este”, dijeron, “persuade a los hombres a honrar
a Dios contra la ley”. Pero ¿a cuál ley se referían? ¿a la de Moisés o a la romana?
En principio, el procónsul entiende que se refiere a la ley romana y por lo tanto le da a Pablo la
oportunidad de defenderse, pero al “comenzar Pablo a hablar” descubre rápidamente que es un tema
doméstico de la religión y suspende la audiencia. Galión no quiere ingresar en “cuestiones de palabras y
de nombres, y de vuestra ley”, porque no debe ser “juez de estas cosas” (v. 15).
Naturalmente la corte está llena de espectadores, que ven cómo arrestan a Pablo y lo siguen. La
decisión de Galión les agrada y les da la oportunidad para manifestar la antipatía popular contra los
judíos. De modo que cuando son expulsados del tribunal (v. 16), la multitud de curiosos gentiles
“apoderándose de Sóstenes, principal de la sinagoga” (que evidentemente había reemplazado a Crispo)
que es (comp. 1 Co. 1:1) quien encara la acusación, “le golpeaban delante del tribunal”. Galión no
interviene porque está disgustado a causa del modo en que los judíos creen que se puede manipular la
justicia romana. Los judíos invocan la ley romana, pero esa ley falla en contra de ellos. En
consecuencia, Pablo no sólo está libre de posteriores acusaciones, sino que además gana la simpatía
popular. De modo que el tiempo que se queda en el lugar, goza del amparo de la religio licita que
conquista para el evangelio. 4 Pablo “habiéndose detenido aun muchos días allí” (v. 18) recibe por
intermedio del Imperio Romano la protección que el Señor le prometió.
4) Pablo emprende el viaje de vuelta
18
Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí, después se despidió de los hermanos y
navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque tenía hecho
voto. 19Y llegó a Éfeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos, 20los cuales le
rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió, 21sino que se despidió de ellos,
diciendo: Es necesario que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez
volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Éfeso. 22Habiendo arribado a Cesarea, subió para
saludar a la iglesia, y luego descendió a Antioquía.
Durante aproximadamente tres años Pablo había evangelizado Macedonia y Acaya. Por razones
particulares considera que su misión (al menos por esta oportunidad) está concluida. Lucas, que aún
permanece en Filipos, sigue muy de cerca los movimientos de Pablo, cuya figura crece en admiración. A
pesar de todo que el equipo (Pablo, Silas y Timoteo) abandona Corinto para ir a Siria, Lucas solamente
menciona a Pablo, quien en el futuro ocupa el centro de la escena. Silas, que no se menciona más
después de su relación con la segunda carta a los tesalonicenses, aparece de nuevo vinculado con Pedro
(1 P. 5:12).
Aquila y Priscila, que han sido los anfitriones de Pablo los dieciocho meses que estuvo en Corinto,
también salen con él y lo acompañan hasta Éfeso. Este matrimonio se quedó allí unos dos años (1 Co.
16:19). Alrededor del año 56 DC vuelven a Roma (Ro. 16:3). Como ya lo había hecho en otras
oportunidades (14:26; 15:35), después de tanto tiempo Pablo anhela informar a la iglesia en Antioquía
las experiencias vividas y las decisiones tomadas, buscando consejo para el futuro.
Lucas agrega un dato interesante pero sin ningún detalle explicativo: “habiéndose rapado la cabeza
en Cencrea, porque tenía hecho voto” (v. 18). Cencrea es el puerto oriental que sirve a Corinto. Nos
unimos a los muchos sorprendidos por este dato. Aunque la construcción del texto puede admitir que
fuera Aquila quien ha hecho voto, el sentido de la frase y su contexto hacen que sea Pablo el aludido.
Además, tratándose del cabello, el voto tiene que ser nazareo (Nm. 6:2), en el cual también entran otros
ingredientes. De todas las posibles causas del voto, la que nos parece más aceptable es la adoptada por
J.R.W. Stott: “Tales votos se hacían ya sea por gratitud por bendiciones recibidas (tal como el cuidado
de Pablo en Corinto) o como parte de una petición para bendiciones en el futuro (como el cuidado sobre
Pablo para el viaje a realizar). Una vez que Pablo fue liberado de los intentos para ser justificado por la
ley, su conciencia está libre para tomar parte en prácticas que, siendo ceremoniales o culturales,
pertenecen a ’temas indiferentes’; tal vez en esta ocasión a fin de conciliarse con los líderes judeo–
cristianos que entrevistaría en Jerusalén” (The Message of Acts, pág. 301).
Aunque su destino es Antioquía de Siria, para el cumplimiento del voto debe visitar Jerusalén. El
buque que aborda no hace el viaje directo a Cesarea, sino que fondea en Éfeso, donde se detiene por
algún tiempo. Pablo aprovecha la oportunidad para vincularse con la capital de la provincia de Asia a la
4
Religio licita: Cuando una religión adquiría el carácter de ser legalmente reconocida.
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cual fue impedido de ir al comienzo de su viaje (16:6). Allí “entrando en la sinagoga discutía con los
judíos” (v. 19). Aparentemente se forma un debate mucho más atractivo que en otras partes (comp. v. 4),
tanto que “le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo” (v. 20). Pablo no acepta porque tiene
que estar en Jerusalén para la fiesta próxima (Pascua o Pentecostés) y para dar por finalizado su voto.
Con todo, les promete volver si “Dios quiere” (ver 21:14; comp. Stg. 4:15) en otra oportunidad, y zarpa
de Éfeso (v. 21).
“Habiendo arribado a Cesarea, subió para saludar a la iglesia”. La iglesia a que se refiere es
seguramente Jerusalén, que estaba a unos 90 o 95 kilómetros del lugar. Los términos “subió” y
“descendió” generalmente se utilizan para mostrar un viaje desde o hacia Jerusalén (8:26) (comp. Lc.
2:42; Jn. 12:20).
Esta es la cuarta visita que Pablo efectúa a la ciudad después de su conversión. Pasa cierto tiempo
con los hermanos, finaliza el período de su voto, y después “descendió a Antioquía”, dando por
concluido su segundo viaje misionero.
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